THE DARK DEMON HUNTER
Capítulo 30 "Días de un futuro pasado"
Alrededor de un sendero oscuro que era tragado por la densa oscuridad de la noche, siendo que la luna actuaba como la única fuente de luz que decoraba todo el bello paisaje, se encontraban dos jóvenes de 16 años caminando a paso lento por la carretera que daba hacia la ciudad de Kuoh. Los jóvenes, quienes se abrazaban el uno contra el otro, daban la sensación para cualquiera que los viera, dirían que estaban regresando de una noche de diversión donde el licor jugó un papel fundamental durante toda su velada, y sería así, de no ser porque aquellos jóvenes se trataban de ni más ni menos que de Issei y Akame, quienes regresaban de aquel muelle donde el castaño había tenido su enfrentamiento con los demonios callejeros. Siendo brutalmente golpeado, cortado y empalado por aquellas criaturas, que habían dejado de ser humanas y ahora solo eran bestias sedientas de sangre, Issei a duras penas conseguía formular una o dos oraciones, logrando que Akame al notar que su mejor amigo se le desvanecía poco a poco la consciencia por la pérdida excesiva de sangre, no pudo evitar arrastrarlo por casi todo el camino.
— Resiste... Ya casi llegamos... Solo... Un poco más.
Decía Akame entre jadeos, mientras que cargaba a un moribundo Issei, el cual se encontraba bañado en sangre en la mayor parte de todo su cuerpo, su brazo que había sido mordido por el demonio reptil, ahora se encontraba totalmente destrozado, su carne y músculos desgarrados, cada parte de sus costillas totalmente lesionadas, su húmero quebrado como un trozo de leña que a duras penas podía mantenerse sujeto a su cuerpo, su cabeza la cual recibió varias contusiones por los demonios callejeros, y por último, sus ojos que lentamente transmitían la oscuridad de la muerte.
Habiendo pasado ya varios minutos desde que ambos abandonaron el muelle, la preocupación y enojo se hicieron notar en el rostro de la peli negra, cuando no tuvo otra opción que trasladarse en dirección del antiguo edificio, en donde estaba la única persona o en este caso demonio, quien tenía la capacidad de salvarle la vida a Issei, siendo que por pura suerte, ese alguien era no solo miembro del clan Fenix, sino que al ser la tercera hija de esa familia de tan alto renombre en el inframundo, no dudaba que la chica tuviera en su poder aquel liquido milagroso capaz de sanar cualquier herida.
Estando frente a frente de la entrada del antiguo edificio, Akame no esperó ni un segundo más y cuando iba a intentar tocar la puerta, está comenzó a abrirse casi de golpe sorprendiendo a la peli negra de ojos rojos, quien por mero instinto, dejó de sujetar al castaño sobre su hombro, dio un salto hacia arriba con toda la velocidad que podía tratando de no ser vista, siendo esto una táctica efectiva, ya que en el momento que Akame se apartó del camino, Issei empezó a desplomarse contra el duro piso de madera del viejo edificio, siendo rápidamente sujetado por un mero reflejo por Leone, quien junto con Ravel, habían decidido unos minutos antes ir en busca de Issei con el objetivo de regañarlo. Estando en shock, ambas chicas no pudieron formular ninguna oración por ver tan horrible escena que sería digna de un asesinato. Leone quien sujetaba a Issei entre sus brazos, veía con horror el cuerpo ensangrentado de su amigo, siendo que le parecía un milagro que siguiera con vida, y por parte de Ravel, que mantenía su rostro serio esperando el momento de encontrar a Issei para regañarlo por su negligencia, su expresión no pudo más que cambiar a una de completo pánico llevando su mano contra su boca por el espectáculo tan bizarro que estaba frente a ella.
— Leone, llévalo adentro ahora.
La rubia hizo caso a su rey y cargando al castaño sobre su hombro como un costal de papas, volvió a ingresar en el antiguo edificio recostando a Issei encima de la primera cama que se cruzó por su camino, siendo esta la de Ravel. Con el ambiente tenso y ambas rubias cambiando sus expresiones por unas más analíticas, pudieron ver con suma atención todas las heridas marcadas en su cuerpo, su brazo roto y carente de carne dejando el hueso a la vista, su hombro teniendo la marca de una mordida y tres agujeros de alrededor de 4 centímetros de diámetro. Estando muda la joven demonio conocida como Ravel no supo hacer otra cosa más que temblar, su rostro se volvió pálido como el de un fantasma y un sudor frío acarició su nuca al no entender quien le haría tal cosa a Issei.
Leone por su parte, en vez de sentir miedo, su rostro era adornado por enojo al saber que su amigo estaba al borde de la muerte. Mirando en dirección de la puerta que conducía a la salida del edificio, nuevamente el olor de otro individuo acarició su nariz. Sintiendo ese aroma, pudo percibirlo al instante.
— 'Una esencia extraña; huele a sangre; pero con un toque de acero. ¡No! esa fragancia otra vez, es la misma que... ese día en la cascada'
Abriendo grandes sus ojos lo reconoció al instante, ese era el mismo olor que sintió el primer día en que Issei llegó lastimado, pero ahora el rastro era más intenso que antes y no se permitiría a sí misma que su presa se escapara.
— Ravel Sama, cuida de Issei en mi ausencia.
— Oye espera, ¿A dónde vas?
Pregunto la pequeña rubia algo acomplejada, pues en verdad no quería tener que lidiar sola con esa situación. Leone por su parte, miró al frente decidida antes de responder ante la pregunta de su rey.
— Yo solo voy a... Cazar.
Diciendo esas últimas palabras con determinación, desde la cintura de Leone un pequeño resplandor amarillo se hizo notar, donde un pequeño cinturón con una hebilla circular de un material muy fino, comenzó generar llamas alrededor de todo su cuerpo, cubriendo principalmente las extremidades de la chica que en fracciones de segundo, aquellas llamas de un color rojo mutaron su cuerpo a la de un animal, siendo que sus esculpidas piernas, ahora estaban tonificadas; sus manos y antebrazos fueron reemplazados por patas como las garras de un león; sus ojos adquirían un tono más amarillento y su pupila se rasgaba como la de un reptil; su cabello corto, ahora era largo y sedoso igual a la melena del rey de la selva; dos orejas crecían en la parte superior de su cabeza similares a las de un felino y sus colmillos crecieron pareciéndose a los de una bestia salvaje.
Con el nuevo cambio en su apariencia, Leone atraída por el aroma de su presa, corrió a gran velocidad digno de un depredador, destrozó la puerta que daba al ingreso del antiguo edificio volviéndola astillas, miró con sumo detenimiento su panorama examinando de un lado a otro constantemente, hasta que al percibir la dirección en la que se había ido su presa, con enojo y sed de sangre, se desplazó en cuatro patas derrumbando a su paso árboles y rocas que se atravesaban en su camino.
Con Ravel.
La joven chica, después de que Leone se marchara de la habitación, comenzó a revisar las opciones que tenía, pues si ella no pensaba en algo pronto, la presencia de Issei terminaría por desaparecer provocando su obvia muerte. Su primera opción, fue tratar de utilizar algún hechizo de sanación que le ayudara al menos sanar las heridas más profundas como lo era su brazo, pero por su falta de experiencia en ese campo, esa idea estaba descartada; La segunda opción sería pedir ayuda al clan Gremory, específicamente a la alfil conocida como Asia Argento, pues sus poderes a parte de devolverle la vitalidad al castaño, ayudaría considerablemente el hecho de que ambos son del mismo clan de demonios, pero por la gravedad de su situación, no habría tiempo de contactarla; La tercera opción sería el intercambio de poder demoniaco entre ambos, el cual había sido el factor más importante que ella utilizó con él la última semana, pero por el hecho de que ambos no comparten la misma energía demoniaca del clan Phoenix, haría casi imposible la regeneración completa de sus heridas; Y por ultima y cuarta opción, se encontraba aquel tesoro del clan Phoenix capaz de sanar cualquier herida.
Observando su panorama, Ravel finalmente tomó la decisión más factible. Corriendo en dirección de su escritorio, la joven chica buscó con desesperación en cada uno de los cajones, encontrando a su paso una pequeña caja de madera hecha de caoba con adornos en plata y cobre, la tomó con recelo entre sus manos buscando en su interior la única ampolleta que había sido un regalo de su madre en su último cumpleaños, con fuerza Ravel la tomó y rompiendo la cabeza del frasco, acurrucó la cabeza del castaño sobre su regazo derramando a su vez el líquido en la boca del ex caballero Gremory.
Como si se tratara de un truco de magia, el cuerpo de Issei comenzó a arder, sus extremidades y laceraciones desprendían un pequeño vapor, que en pocos segundos generó que los moretones, heridas y huesos rotos, recibieran un impulso que comenzó a regenerar tendones, piel, órganos y articulaciones que habían sido afectados a causa de los callejeros, donde las heridas que en un principio condenaban al ex caballero Gremory a la muerte, ahora estaban totalmente curadas sin ningún rastro de su paradero; Sus costillas que habían sido rotas como pedazos de leña, ahora habían sido reparadas y puestas en su lugar; Los golpes junto con las marcas de las espinas del demonio Nutria, se cerraron en milésimas de segundo; sus ojos que se encontraban apagados y sin vida, ahora volvieron a transmitir ese brillo de volver nuevamente a la vida; y su respiración que antes parecía inexistente, volvió a la normalidad casi de inmediato, siendo que los únicos rastros de haber tenido alguna lesión, era solo su ropa manchada con su sangre y la de los demonios.
Al haber sido curado en menos de un minuto, Issei cayó rendido y agotado por su pelea, siendo que lo único que deslumbró antes de caer en la inconciencia, fue el hermoso rostro de Ravel, quien se le podía notar un poco más aliviada por ver que las heridas del castaño habían desaparecido.
Con Akame.
Caminando a paso lento perdida en sus pensamientos, en su cabeza se mostraban los acontecimientos que habían sucedido esa noche, teniendo en cuenta que su preocupación por su mejor amigo no había hecho más que aumentar segundo a segundo, debido a que no estaba segura si la chica Fenix lograría curar las heridas de Issei. No lo quería admitir, pero si Issei muriera, perdería la poca familia que aún le quedaba, ya que al haber perdido a su padre en la invasión al templo del clan Ozunu, lo único que le quedó fue Issei como una pequeña parte de su familia, así que perderlo significaría que estaría sola como última descendiente de la orden. En ese momento, mientras esos pensamientos invadían su cabeza, logró percibir algo que la desconcertó al segundo siguiente, donde sintió un peligro aproximarse, y antes de que tan si quiera pudiera saber que era, su cuerpo se movió involuntariamente dando un salto a un costado, notando a su vez como la figura de una chica con apariencia de una bestia la había atacado con un fuerte puñetazo que agrietó todas las baldosas hechas de concreto volviéndolas simples pedazos de escombros.
— ¡Bravo! lograste esquivar mi ataque.
Dijo Leone con toque de burla queriendo provocar un poco a Akame quien no se sintió intimidada de ninguna forma.
— ¿Quién eres?
Preguntó la peli negra desenvainando su Katana estando alerta de cualquier movimiento que hiciera la rubia.
— Quien soy no debería importarte en este momento. En lo que deberías mostrar interés es en tu propio bienestar.
Dijo Leone con un tono de amenaza muy claro, mientras levantaba su rostro observando con esos ojos felinos que transmitían un enorme instinto asesino.
Akame por su parte, no se intimidó por la declaración de guerra que le enviaba la chica rubia, y en vez de retroceder, tomó postura de combate demostrando que no se dejaría vencer sin antes dar pelea.
— Si no vas a apartarte, entonces... Te mataré.
Declaró Akame con rudeza, activando al mismo tiempo el modo asesina tan característica de ella, mientras levantaba su espada a la altura de su rostro.
— Jeje... esto va a ser divertido.
Rugiendo con fuerza y confianza, Leone se arrojó en contra de Akame quien hizo exactamente lo mismo, dando como resultado un fuerte estruendo entre ambas partes el cual creó una onda expansiva por la zona, levantando partículas de polvo y tierra en todas direcciones. El choque tan devastador entre las dos chicas que batallaban por ver cuál de las dos tenía más fuerza, dejaba en claro que no deberían ser interrumpidas por nadie. Continuando, Akame que sostenía el mango de su espada con toda la fuerza de su ser, era lentamente contrarrestada por Leone que a duras penas se estaba esforzando en su arremetida, pues en verdad le sorprendía mucho que una simple chica humana lograra hacerla utilizar el 40% de su fuerza, teniendo en cuenta que ella estaba potenciada no solo por su Sacred Gear, sino que la pieza de torre le daba un plus que ningún humano o demonio callejero lograría soportar.
— ¿Qué sucede? ¿Te hace falta fuerza?
Dijo Leone con su tono de burla ejerciendo poco a poco más energía en contra de una Akame que a pesar de no compararse con la potencia que tenía esa chica, pudo percatarse al instante de quien se trataba.
— Ahora lo entiendo. Tú eres la torre de la chica Phoenix ¿Cierto?
— Estás en lo correcto y no se quien rayos seas, pero siempre que Issei se encuentra herido, tú siempre estás presente, así que dime, ¿Quién eres tú?
Generando mucha más fuerza por el enojo que sentía, su musculatura estuvo cerca del 60% logrando que la peli negra por un momento estuviera contra las cuerdas. Akame por su parte, estaba lentamente cediendo a causa de la tremenda fuerza que poseía la torre Phoenix, logrando finalmente darse cuenta que las ventajas como demonio eran asombrosas, pero eso no significaba que se dejaría vencer tan fácilmente. De un momento para el otro, Akame por pura conveniencia y realizando un movimiento rápido, cedió ante la fuerza que Leone suministraba, provocando que la chica rubia perdiera el equilibrio por un momento, haciéndola inclinar hacia el frente dejándola vulnerable ante cualquier ataque. Aprovechando ese hecho, Akame le conectó una potente patada en su mejilla derecha, y como acto siguiente, tomó el mango de su espada con ambas manos, lanzó un corte con toda su fuerza el cual la rubia por unos pequeños milímetros de separación, consiguió esquivar el ataque que por poco le arranca la cabeza. Dejando escapar un hilo de sangre, Leone veía como la Katana de aquella chica poseía pequeños restos de su fluido proveniente de su cuerpo, logrando que sintiera una enorme satisfacción por saber que Akame no era alguien débil.
— Nada mal, pero si no quieres que te destroce con mis manos, me dirás todo lo que necesito saber.
Amenazó, mientras que en su rostro se dibujaba la expresión de un animal salvaje, la cual desprendía un enorme e inigualable instinto asesino, provocando que el suelo en el que se encontraba la chica rubia se agrietara por el incremento de su aura mágica.
— No quiero pelear contigo sierva del clan Phoenix. Pero no me estás dejando otra opción, así que terminaré esto rápido.
Declaró Akame con fuerza y autosuficiencia, donde al igual que Leone, incrementó su aura mágica de golpe enviando todo el mana que podía al filo de su hoja impregnándola de magia oscura que se hacía más intensa por cada segundo que pasaba. La densa y poderosa cantidad de magia suministrada a la Katana, brilló en una luz tan incandescente y poderosa, que incluso Leone juraría que en vez de acero, dicha arma parecía algún tipo de piedra preciosa. Con su guardia en alto, la rubia estaba lista para cualquier ataque que realizara su oponente, pero mucho antes de que tan si quiera Leone pudiera notarlo, Akame se arrojó en contra de ella a una velocidad superior a la de un caballero promedio, logró conectar un potente corte que iba en dirección de su pecho, pero Leone alcanzando a reaccionar, colocó sus brazos evitando que ese simple ataque la partiera por la mitad.
Con sus brazos expulsando chorros de sangre, la chica apretaba sus dientes aguantando el inmenso dolor que sentía, pues las dos heridas en sus brazos eran tan profundas, que gran parte de sus huesos eran visibles a través de su piel, que en un principio había sido difícil de penetrar, pero con el impulso de poder que había realizado la peli negra, no le quedaba duda de que hubiera muerto al no haberse defendido.
— Eso me dolió mucho... Pero eso si me gusta.
Declaró Leone con confianza y autosuficiencia cargando más poder demoniaco por todo su cuerpo aumentando más sus capacidades físicas e ignorando la peligrosa pérdida de sangre, se arrojó a una velocidad menor que un caballero, trató de golpear a la peli negra fallando miserablemente cuando su oponente se movió hacia su costado lista para volver a atacarla. Teniendo a Leone en la mira con su guardia expuesta, tuvo la intención de perforar un órgano vital de su cuerpo, pero no contó que la chica rubia con el uso de su brazo izquierdo, envió un puñetazo de abajo hacia arriba levantando partículas de concreto en dirección de Akame, quien tuvo que retroceder. Leone aprovechando esa distracción, volvió a arremeter enviando un puñetazo en todo el centro del abdomen de Akame, la cual no alcanzó a esquivarlo y colocó su espada en el camino absorbiendo la mayor parte del impacto. La peli negra fue enviada unos metros hacia atrás, cayó al suelo golpeándose la espalda, rodó por el césped llenado su ropa de polvo y tierra. Sin perder su tiempo, Akame se recompuso nuevamente con la ayuda de su espada, no quitando la vista ni un segundo de su oponente.
Con el ambiente tenso, siendo que ya eran alrededor de la una de la mañana, ambas chicas caminaban en círculos esperando una abertura que les diera la chance de volver a atacar, se mantuvieron en sus sitios observándose con expresiones serias.
— Habla.
Dijo Leone, llamando la atención de Akame quien no pudo evitar prestar atención en lo que diría.
— ¿Quiero saber quién eres y qué parentesco tienes con Issei?
Preguntó de manera más directa está vez, deseando definitivamente una respuesta.
— ¿Por qué lo haría? No te conozco, así que no estoy obligada a responderte nada.
Preguntó Akame, dejando en claro la profunda desconfianza que percibía de la rubia.
— Fácil, porque necesito confirmar que no eres una amenaza tanto para mi rey como para Issei. Es por eso que estoy aquí, y si tengo que romperte las piernas hasta que me digas lo que quiero saber, lo haré sin dudarlo.
Leone volvió a amenazar demostrando nuevamente su instinto asesino, pero esta vez en un estado más reducido que el de hace unos momentos atrás. Akame por su parte, al escuchar que estaba dispuesta a seguir peleando, no estaba segura si ella también lo estaba, pues si era honesta, el golpe que hace unos momentos recibió, le había causado más daño del que pensaba, que, aunque se protegió con ayuda de su Katana, eso no evitó que la onda de choque, junto con las vibraciones, provocaron daños en sus órganos internos. La única razón por la que parecía estar sin ningún rasguño, era gracias a su fuerza de voluntad y adrenalina, siendo uno de sus factores más importantes como una prodigio, que a diferencia de Leone, esta se encontraba sangrando a mares por sus brazos, creando literalmente un charco de sangre a sus pies.
— En ese caso, dame una buena razón para confiar en ti.
— Porque al igual que tú, me preocupa el bienestar de Issei.
Leone respondió con simpleza, pues ella no era tonta y podía percibir perfectamente lo especial que era Issei para ella. Akame sin decir ni una palabra, apretó fuerte el mango de su Katana no queriendo aceptar estar de acuerdo con las palabras de un demonio.
— Si, no te equivocas. Me preocupo por él y es la única familia que me queda. Es por eso que lo dejo a disposición de la chica Phoenix, ya que ella tiene la capacidad de salvarlo de la muerte.
Respondió con enojo, pues en verdad y aunque odiara admitirlo, la chica conocida como Ravel, era literalmente la única que podía salvar a Issei de sus heridas, y era por esa misma razón que ella lo llevaba cada día después de sus entrenamientos. Leone escuchando sus declaraciones, dio una ligera sonrisa en señal de complacencia, pues acababa de confirmar que ella no era una amenaza, al menos por ahora.
— Bien, eso era lo que necesitaba saber.
Dijo, antes de hacer desaparecer su aura mágica mientras que se cubría los brazos, los cuales ya estaban comenzando a regenerar su piel y tejidos.
— Por cierto, tengo entendido que Issei entrena todos los días por las noches, ¿Acaso se está enfrentando él solo a demonios callejeros?
Preguntó, queriendo aclarar esa duda en su cabeza.
— Si, ¿Y qué con eso?
— No es nada, solo son conjeturas mías.
Dando un suspiro en señal de cansancio, Leone miró por unos segundos al cielo pensando en una solución al problema que se plasmaba en su cabeza. Sonriendo brevemente, tuvo una idea curiosa y estúpida al mismo tiempo.
— Bien, es hora de irme. Por cierto, mi nombre es Leone, es un gusto conocerte.
Dijo por última vez, antes de irse caminando en dirección del antiguo edificio. Akame por su parte se le quedó mirando por unos momentos estando perpleja por la actitud de esa chica. No lo entendía del todo, pero parecía ser que esa chica solo quería hablar con ella, aunque fuera de una manera no muy amistosa, consiguió su objetivo. Con el ambiente ya calmado, Akame envainó su Katana a un lado de su cintura y comenzó a caminar en dirección de su hogar, mientras se sostenía con fuerza su abdomen que aún seguía lastimado.
Cambio de escena, en algún lugar del bosque a las afueras de Kuoh.
Fuertes estruendos, acompañados de gritos infundados por la profunda colera, eran escuchados por todo el valle cerca a la cabaña que actuaba como hogar del último maestro del viento. Una y otra vez, el enojo por la impotencia y desesperación que tenía Kanbe por haber visto como su aprendiz, había fallado en eliminar a 4 demonios que en su opinión se trataban de insectos, provocó que su rabia se crispara hasta tal punto, que al abanicar con fuerza su Katana hacia atrás, una potente onda de viento se concentró en todo el largo del filo de su arma, cargó al frente con el uso de Sweeping Blade, para que al segundo siguiente, girar sobre sus talones en un movimiento de 360 grados, envió una huelga con toda su fuerza de manera horizontal desprendiendo una ventisca la cual salió disparada en forma de tornado en dirección del oscuro bosque, talando a su paso la mayoría, por no decir todos los árboles que se atravesaron en el camino de dicho ataque
— Maldita sea.
Gritó Kanbe con todas sus fuerzas, observando con detenimiento los grandes estragos que había provocado con solo el aumentar su aura mágica elemental, imbuyendo su arma con toda la energía que había estado acumulando. Habiendo estado expulsando su energía de viento por un largo rato, Kanbe cayó al suelo agotado por excederse en su fuerza, debido a que esa noche había recibido más estrés que el que ya tenía gracias a la profunda decepción que sentía. Estando contra la pared de la cabaña y aun dando bocanadas de aire, su atención fue captada por una presencia extraña, que procedía de entre lo más recóndito del espeso bosque. Concentrando su atención en la línea del oscuro bosque, que generaba una notable y sombría neblina, Kanbe volvió a tomar su espada desde el mango con fuerza, y sin perder más su tiempo, se levantó rápidamente despegando su espalda de la pared en la que se encontraba recargado y con una mirada y voz amenazante, habló.
— ¿Vas a salir o te quedarás allí toda la noche?
Entre las sombras, la silueta de un hombre adulto se hacía presente, pues lo unico completamente visible de él, era su ropa, que se trataba de un traje Kimono de color café oscuro con algunos detalles en rojo; correas que se sujetaban en su cintura, brazos y antebrazos; pantalones de color gris y un par de botas negras que hacían juego con el resto de su vestimenta.
— Eres muy impaciente para ser un simple humano, ¿No lo crees?
Dijo el misterioso hombre con burla en sus palabras, mientras se cruzaba de brazos y se reía por lo bajo. Kanbe por otro lado, frunció más su ceño al escuchar como un individuo desconocido lo trataba como a un niño, y sin poder soportarlo más, se colocó en posición de ataque a la espera de un duro combate.
— Responde, ¿Quién eres y a qué viniste?
Preguntó con suprema autoridad, mientras concentraba nuevamente su aura mágica elemental en su hoja, tiñéndola de un ligero brillo azul traslucido que se hacía más intenso por cada segundo que pasaba. La silueta no dijo nada notando como la hostilidad proveniente de Kanbe, junto a sus deseos de pelear frenaban la verdadera razón por la que había venido, y en vez de tratar de razonar con él, dio un profundo suspiro al saber que tendría que usar la fuerza solo por esta ocasión.
— No he venido a pelear contigo, pero por lo que veo, no me dejas otra opción.
Cuando el desconocido terminó de hablar, en su mano se comenzó a materializar una especie de espada larga tan brillante como el sol, la cual irradiaba magia desbordante a la par de poderosa, siendo bastante obvio para Kanbe el elemento de luz puro perteneciente a la facción de los antiguos ángeles. De un parpadeo, la silueta se movió a gran velocidad desapareciendo de su lugar original dejando a Kanbe algo desconcertado, por no haberse dado cuenta en el momento que había desaparecido, y a la par que el hombre se había ocultado utilizando su velocidad, apareció de la nada a espaldas de Kanbe, quien ya lo estaba esperando con sus ojos que reflejaban determinación. La Katana de Kanbe chocó con la espada larga que sostenía la silueta, provocando que brincarán chispas al momento del impacto, en el que ninguno de los dos cedía al no querer sentirse inferiores al otro.
Estando frente a frente, siendo que ahora la silueta había salido de la línea del espeso bosque, finalmente Kanbe ahora tenía una vista más detallada de la apariencia de dicho hombre pudiendo ver a un individuo alto, ojos color violeta, cabello de color negro con algunos mechones al frente de color amarillo, una barba muy bien cuidada y lo más llamativo, eran 6 pares de alas más similares a las de un cuervo.
— No puede ser, esto tiene que ser una maldita broma.
Dijo Kanbe antes de dar un salto hacia atrás algo estupefacto por el hombre que estaba en frente suyo.
— Te vez muy sorprendido al verme, aunque es lógico después de tantos años.
Habló el hombre desconocido, siendo que en su rostro se dibujaba una profunda, pero clara sonrisa de confianza, pues se le notaba que estaba calmado. Por otro lado, Kanbe estaba confuso, pues en verdad no se esperaba encontrarse en ese lugar al líder de toda la facción de ángeles caídos. Bajando su espada estando un poco más calmado, habló queriendo ser escuchado.
— ¿Que estás haciendo aquí Azazel?
Preguntó Kanbe en dirección del hombre conocido como Azazel, quien hizo desaparecer la espada de luz en sus manos, y cruzó sus brazos estando relajado mientras se acercaba a Kanbe.
— ¿Qué sucede? ¿Acaso no puedo visitar a un antiguo amigo?
Preguntó de manera cortés, a lo que Kanbe levantando su ceja en señal de confusión, le parecía que la actitud del caído era rara. Pues a pesar de que no había visto al líder de los ángeles caídos en mucho tiempo, aún podía recordar que cada vez que se encontraban, significaba que malas noticias estaban por surgir.
— Déjate de formalidades y dime a qué has venido.
Borrando la sonrisa que tenía en su rostro, Azazel miró con más detenimiento a Kanbe quien esperaba su respuesta. Dando un suspiro en señal de cansancio, se recostó contra la pared de la cabaña mientras comenzaba a hablar.
— Vine porque tenemos un problema que nos involucra a ambos.
— ¿De qué hablas?
Kanbe levantó una oreja por lo escuchado, pues en verdad las palabras de Azazel habían llamado toda su atención sin poder evitar preguntar como un reflejo involuntario.
— Verás, hace poco recibí información de una fuente confiable, que en esta última semana, varios sacerdotes y miembros de la iglesia han estado desapareciendo. Pero eso no es todo...
Azazel de su mano creó un pequeño circulo mágico en donde se presentaba un holograma con algunas imágenes de sacerdotes asesinados.
— He estado investigando un poco, y al parecer los asesinatos a miembros de la iglesia, han sido provocadas en algunas ocasiones por un arma de fuego de algún exorcista renegado.
— Entiendo, pero no comprendo por qué esto nos involucra a nosotros dos.
Dijo Kanbe sin entender nada, pues en verdad toda esa charla solo le daba a entender que se trataba de un conflicto interno entre los miembros de la iglesia.
— Eso pensé al principio, pero todo cambió cuando vi esto.
Nuevamente los hologramas cambiaron, mostrando de fondo una grabación hecha hace poco, de como un sacerdote era brutalmente ensartado por dos armas filosas parecidas a Shurikens que fueron arrojadas atravesando su pierna izquierda y su pecho muy cerca de su corazón.
— 'Por favor, piedad'
— 'Lo siento, yo no tengo piedad'
La voz del sacerdote que suplicaba por su vida, se volvía un eco profundo mientras le hablaba a una esquina oscura en la que no se podía ver nada, hasta que de un segundo para el otro, Kanbe notó como una sombra humanoide se materializaba lentamente con sus ojos que brillaban en un profundo rojo carmesí, donde antes de que tan si quiera Kanbe o Azazel pudieran articular una sola palabra, la sombra se movió a gran velocidad con dirección del sacerdote, quien solo pudo articular un pequeño gemido de impresión, hasta que su cabeza se separó de su cuerpo, salpicando chorros de sangre en todas direcciones.
En el momento que el video terminó, Kanbe vio esto con horror y preocupación. En un principio cuando Azazel le mencionó que ese asunto lo involucraba de manera directa, pensó que estaba mintiendo, pero al ver lo que sucedió, no tuvo ninguna duda de lo que pasaría en un futuro, generando que su cabeza comenzara a dolerle por recordar memorias de su horrible pasado, que durante tantos años trató de reprimir, y ahora esos recuerdos volvían para atormentarlo.
— Ya basta.
Gritó molesto, no queriendo que esas memorias crueles volvieran a recordarle los errores que cometió en el pasado.
— Sabes tan bien como yo que esto era inevitable... Yo también estuve ahí, ¿Recuerdas? Ese día en el que tú...
— ¡Silencio!
Nuevamente, las palabras de Azazel provocaron que el dolor se siguiera remarcando, logrando que no lo soportara más y de un parpadeo, desenvainó su Katana tan rápido que no le dio tiempo al ángel caído de reaccionar, haciendo que enviara un corte con dirección de su cuello, el cual se detuvo a una pulgada de distancia de tan si quiera acabar con la vida del líder de los caídos. Azazel no hizo nada y se quedó quieto como una estatua, ignorando el hecho de que Kanbe estuvo a punto de asesinarlo.
— Quiero saber hace cuanto sabías de esto
— Hace un mes más o menos, pero ¿Es posible que sea él?
Azazel preguntó algo preocupado por saber si el individuo del video era quien se temía.
— Si, estoy seguro. Aunque han pasado más de 10 años, lo reconocería a donde fuera.
— En ese caso, será mejor que entrenes muy bien a tus aprendices, sobre todo al mocoso castaño.
Azazel suspiro un poco antes de seguir hablando.
— Es mejor que me retire, tengo cosas pendientes que hacer. Nos vemos luego, maestro Kanbe.
Dijo Azazel antes de crear un círculo mágico a sus pies desapareciendo del lugar al instante. Estando solo en la oscuridad de la noche, a Kanbe le había quedado algo muy en claro y eso era que ahora finalmente y desde hace muchos años atrás, los crudos actos de su pasado lo habían alcanzado al fin, y ahora debería rendir cuentas. Viéndolo nuevamente, la sangre que manchaba tanto su hoja como sus manos, le hacían sentirse miserable, tanto que si no fuera porque ese recuerdo pertenecía al pasado, posiblemente hubiera cometido suicidio hace mucho tiempo atrás. Estando inmóvil en su sitio, lo único que se le ocurrió fue enfocar su mirada en dirección de la brillante luna que iluminaba todo el lugar, donde al hacerlo, el recuerdo más amargo y por ende más oscuro proveniente de sus crueles actos y recuerdos, se hacían visibles nuevamente en su cabeza, siendo marcado literalmente de por vida por una gran impotencia.
Fin Capítulo 30
