¡Wenas Wenas! ¡Un Guadalupe reyes y una mudanza después he vuelto! ¿Feliz san Valentin por cierto? Disculpen la tardanza, tenía varias partes escritas en diferentes dispositivos por lo que tuve que armar un Frankenstein después y darle sentido. Un episodio un poco más largó que el anterior, pero espero tenerlos picados un buen rato. ¡Bonito inicio de semana! ¡Muchas gracias a kaoru-sakura y javiera4150 por los reviews!

Disclaimer: Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto

Notas:

(…) Inicio/Fin de un recuerdo.

Capítulo 3: El pacto

Sus amigas la tacharían como una completa lunática si les advertía del terror invisible que la acechaba. Gradualmente su energía se iba drenando por estar constantemente en estado de alerta. Añadiendo el insomnio que padecía a causa de unos extraños ruidos que surgían aleatoriamente durante la madrugada. Por vivir sola tenía que levantarse a investigar cada uno de ellos, pero a su fortuna o desgracia no encontraba nada en ese instante. Lo que le traía una sorprendente sensación de alivio pues no tenía que lidiar con "eso" por el momento. Poco a poco la evidencia de su escaso descanso se evidenció en forma de ojeras debajo de sus hermosos ojos aqua, lo que atraía preguntas curiosas sobre su bienestar entre sus conocidos. "Es solo cansancio", justificaba ella restándole importancia a su martirio.

Después de un ajetreado día de clases, regresó al edificio donde se encontraba su departamento y tomó el elevador. Presionó el botón número siete haciendo que las puertas metálicas se cerraran y este comenzara a subir. La rubia revisaba sus mensajes durante el corto trayecto hasta que el elevador se detuvo. Por inercia caminó hacia las puertas, pero cuando levantó la mirada estas permanecieron cerradas. Pasaban los segundos. El tiempo de respuesta de su transporte le pareció extraño y frunció el ceño al mirar fijamente a la pantalla. Lamentablemente no tardó mucho para que un pequeño foco rojo se encendiera cerca del tablero alertándola de que había surgido un problema. "No puede ser," rodó la mirada con molestia.

Nuevamente se acercó al panel de control, presionó el botón de emergencias y de mala gana se recargó en el muro metálico que tenía detrás de ella condenando su suerte. Su único deseo era dormir, pero por lógica suponía que quizás estaría ahí atascada por media hora más… si bien le iba. Repentinamente las luces comenzaron a titilar lo que atrajo su atención a ellas. Fue ahí que comprendió. Miró hacia las puertas levantando rápidamente su guardia. Rogando a sus adentros que eso no fuera obra de él. Entonces la luz se fue por unos segundos y retornó, demostrándole que ya no estaba sola dentro de ese elevador. Inmediatamente su cuerpo se tensó, pegándose lo más que podía contra el muro, pues del otro extremo del pequeño cubo apareció el mismísimo demonio que la acosaba. Con sus amenazadoras pupilas sobre ella, recargado en las puertas cerradas del elevador, mostrándose relajado ante tan "ordinaria" situación.

— Dime —pronunció por fin el ente haciéndola recordar su voz, la cual arrastraba con algo de pereza— ¿eres claustrofóbica?

— No.

La rubia luchaba por controlar su respiración y tratar de aminorar los alterados latidos de su inquieto corazón. Shikamaru tronó la lengua agachando su cabeza con una sonrisa. Cambió la posición de sus pies para acomodarse en su lugar mientras que la rubia casi ni parpadeaba para no perderlo de vista.

— Si es más complicado asustarte, ¿no es así? —Levantó la mirada—. Me pregunto, ¿qué podrá hacerlo?

Las luces del interior volvieron a parpadear, la pantalla mostraba de manera intermitente fragmentos de números aleatorios. El aura dentro de esa caja metálica se volvió más pesada y gélida. Temari se sujetaba de su cordura de la misma manera en que se aferraba del barandal que estaba empotrado en el muro. Sabía que mostrar aunque sea la más mínima expresión de miedo lo incitaba a continuar jugando con ella, pero sus verdaderos sentimientos salieron a flote cuando sintió que el elevador se movió sutilmente hacia abajo. Acompañado del inquietante sonido causado por la tensión de los cables que los sostenían.

— Estas enfermo. —Mustió entre sus dientes la de orbes aqua.

— ¿Yo? Al contrario me encuentro en pleno uso de mis facultades —comenzó a acercarse hacia ella, mientras que los sonidos metálicos parecían empeorar—. En cambio tú, tus sentidos están siendo consumidos por el pánico —el elevador dio un imprevisto jalón hacia abajo, como si se estuviera resbalando de los soportes que lo mantenían fijo. Perturbando con la brusca sacudida a la chica, quien ahora temía que cualquier movimiento suyo iba a empeorar la situación—. ¿Puedes imaginar que se sentirá una caída libre de seis pisos dentro de un elevador? Aunque si contamos los sótanos serian nueve.

— Detente. —Gruñó la rubia.

— Podríamos probarlo —tras decir eso el elevador se soltó descendiendo un par de metros más hacia abajo extrayéndole un gritó desesperado de los labios de Temari, para luego detenerse en seco y rebotar en su lugar. Su corazón se balanceaba al ritmo del inestable transporte. Le era inútil continuar ocultando la manera en que vibraba—. Mira, —dijo el muchacho viendo la pantalla— hemos llegado al piso seis.

— ¡Para! —Demandó jadeante con su corazón en la garganta.

— No te has desmayado —añadió gustoso—. Eso significa que estarías consiente para los otros ocho pisos.

— ¡Déjame salir de aquí! —Volvió a ordenar, pero el demonio le hizo caso omiso a sus palabras.

— Hagamos una prueba de sobrevivencia —pronunció con seriedad en lo que el elevador se volvió a mover bruscamente hacia abajo desequilibrando a la nerviosa Sabaku—. En una situación como esta ¿qué preferirías? ¿Quitarte la vida o morir aplastada dentro de esta caja de metal? —lo recién mencionado volvió a deslizarse hacia abajo acompañado de crujidos. Súbditamente se detuvo haciendo que se meneara nuevamente.

— ¡No! —Respondió la aterrada chica— ¡Ninguna!

— Tienes razón. ¿Cómo podrías tomar la primera?

Shikamaru miró a su alrededor. Topándose con su imagen proyectada en una de las paredes del elevador compuesta de un enorme espejo en forma de rectángulo. Se aproximó a esta y con un golpe certero de su codo fragmentó el reflejante cristal, provocando que las piezas cayeran al suelo. El demonio se agachó para tomar uno de los pedazos más grandes y punzocortantes, se reincorporó y volvió a acercarse a la temblorosa chica. Sin importar cuanto crujiera, moviera o meneara el elevador al Nara no le afectaba en lo absoluto. Estaba más concentrado en analizar el filo de la pieza que sostenía entre sus dedos. Mientras que la pobre Temari expiraba con cada poro de su piel la frustración que sentía al estar enclaustrada en dicho dilema. Sus dientes titiritaban, su expresión deletreaba su sentir con solo su mirada, dentro de su pecho tamboreaba sin cesar su corazón y había perdido el completo control del ritmo de su respiración. Las luces parpadearon nuevamente. El muchacho levantó sus pupilas para clavarlas en su rostro.

— Entonces, ¿qué eliges?

Filtrando su agitado aliento entre sus colmillos la rubia lo contempló. Por su previo encuentro sabía que era inútil tratar atacarlo físicamente y ahora él estaba armado. Un paso en falso, un movimiento sin razonamiento y en un segundo ese fragmento plateado terminaría clavado en algún punto importante de su cuerpo. Aquella criatura estaba orillándola a que cumpliera con su mortal juramento. ¿Quería una respuesta? Que así fuera. Su pecho continúo subiendo y bajando constantemente en lo que formulaba su respuesta. Bufó con una aterrada sonrisa y entre su quijada apretada logró emular:

— Vete al carajo.

Shikamaru negó con la cabeza con decepción.

— Respuesta incorrecta.

Las luces parpadearon violentamente y más alarmantes ruidos metálicos se hicieron escuchar en el interior. En uno de esos fugaces segundos de oscuridad, el demonio desapareció delante de sus ojos. De repente todo se volvió oscuro y el elevador comenzó a caer al vacío. A todo pulmón la Sabaku gritó su terror. Sintiendo como la fuerza de la gravedad jalaba su cuerpo hacia arriba, pero sus manos instintivamente se habían adherido al barandal como anclas. Casi al final de su mortal trayectoria, como si se hubiera activado algún tipo de freno de emergencia, el elevador empezó a vibrar intensamente y a disminuir gradualmente su velocidad. Hasta que frenó con brusquedad, haciendo que la rubia se soltara de su agarre y se desplomara con fuerza contra el piso. Se había detenido.

Las luces se encendieron, permitiéndole a Temari reaccionar. Continuaba estremeciéndose en el piso. Estaba al borde del llanto al darse cuenta que todavía seguía con vida. Un familiar "ding" llamó su atención. Levantó su rostro del suelo para mirar la pantalla digital que se encontraba sobre las puertas metálicas. Había llegado hasta el sótano dos. El elevador perturbó nuevamente a la mujer al volverse a mover y subir lentamente hacia su previo destino. Tomándose su tiempo, la Sabaku fue reincorporándose con la ayuda de sus debilitados brazos. Debajo de las palmas de sus manos se encontraban algunos fragmentos del espejo que el demonio había quebrado y en ellos se estaban reflejando pequeñas porciones del aterrorizado rostro de la chica. Al pasar el quinto nivel, por fin había logrado reincorporarse sobre sus pies ayudándose del muro para mantener su equilibrio.

Llegó al séptimo piso y en cuestión de segundos la puerta se abrió. La de orbes aqua salió caminando despacio de ahí para dirigirse hacia la puerta de su departamento. Batalló un poco al momento de introducir su llave en la cerradura por lo tembloroso que se encontraba su pulso. Consiguió abrir la puerta, entrar a su departamento y colocar llave. Estaba en casa… pero a que costo. El vértigo no había dejado su sistema y aún se sentía confundida. La memoria de su piel revivió una vez más la sensación de caer al vacío, su cabeza daba vueltas… su estómago no lo soporto más arrojándole una alerta que corriera al baño. Con pasos torpes y tambaleantes llegó como pudo al baño de visitas, para derrumbarse sobre sus rodillas e inclinar su cuerpo hacia el escusado. Devolviendo todo el contenido de su estómago dentro de este. Mas lagrimas surgieron de sus orbes aqua por el esfuerzo que le llevó a cabo hacerlo. Cada vez que intentaba levantarse, inmediatamente regresaba su rostro al inodoro y volvía a vomitar. Le tomó una hora poder calmarse a sí misma y detener completamente esa reacción nerviosa. Gravando con fuego en su mente que cada encuentro empeoraba la manera en como la ponía en peligro… ¿Tenia ella posibilidades de sobrevivir a todas ellas?

(…)

La niña reía con emoción respetando el espacio de tan peculiar criatura, ella continuaba creando su mundo imaginario a su alrededor añadiendo indirectamente al cervato. Incluso fingía su voz para tener una conversación con ella misma. Sus tardes de juego se volvían más divertidas en compañía del extraño animal, el cual le tomó un tiempo para confiar en ella. Acercándose gradualmente, hasta el punto de conseguir que se relajara con facilidad a su lado. Aunque no hacía más que estar echado sobre su costado y pastar en su lugar.

— Señor cervato, mi padre dice que usted es peligroso. ¿Es eso verdad? —El cervato se mantuvo quieto sobre su costado masticando pasto—. Si usted fuera peligroso no me dejaría tocarlo. ¿Cierto?

El cervato acercó su cabeza hacia ella como si quisiera olerla. La rubia se quedó estática en su lugar, dudosa si debía hacer lo que su curiosidad le demandaba. Lentamente acercó su mano hacia la cabeza del animal y lo tocó. Al cervato negro no le molestó en lo absoluto que lo hiciera. Únicamente agitó sus orejas y continuó masticando. Así que la pequeña niña empezó a acariciarlo con una amplia sonrisa.

(…)

— Hija, ¿estas comiendo bien? Te ves más delgada. —Señaló su madre.

Su comentario la sacó de sus pensamientos. Estaba sentada a un lado de sus hermanos en el comedor de su madre. Como era de costumbre los había citado a su comida mensual en familia. Karura estaba terminando los últimos platillos antes de proceder a sentarse con sus hijos y comer con ellos.

— Si madre —colectó algo de comida con su tenedor—. Como tres veces al día, siete días a la semana.

La expresión de la mujer demostró sus dudas al notar la diferencia en la complexión de la rubia.

— ¡Descuida mamá! —Habló confiado Kankuro—. De seguro entró a dieta para impresionar a un chico. ¡Ya era hora que bajaras algunos kilos, hermana! Esa silla no podrá soportarte más si seguías así.

— Sabes que yo no hago tonteras como esas —sintió una vena palpitarle en la frente—. A parte el único con sobrepeso aquí eres tú. —Pudo terminar su frase con un insulto, pero por respeto a su progenitora se contuvo mordiéndose su propia lengua.

— ¿Podrían estar en paz mientras comen? —Karura tomó asiento—. Solo me preocupo por tu bienestar mi niña.

— Estoy bien. —Hizo una pausa para forzar una sonrisa.

Entonces, un campaneo de llaves que se originó del otro lado de la puerta frontal invocó que un denso silencio se creara en la mesa. Temari frunció la nariz con desagrado. Vaya manera de agriarle la tarde. Por lo que prefirió concentrarse en continuar llevando comida a su boca. Tan pronto la puerta se abrió, Karura se puso de pie al ver de quien se trataba.

— ¡Raza, volviste pronto! —Sonrió ampliamente la castaña y se apresuró en reunirse con su marido.

— No realmente. Olvide algo. —Tal cual lo mencionó fue hacia un cuarto y regresó al umbral del ingreso en menos de un minuto.

— ¿Puedes tomarte unos minutos? —dijo la mujer al mismo tiempo que le echó un vistazo a sus desinteresados hijos—. Justo comenzamos a comer

— Tengo el tiempo contado —le plantó un corto beso en la mejilla—. Sera otro día.

Cerró la puerta después de su partida. Dejando en su lugar un pesado silencio entre las personas que ni siquiera se dignaron en comprobar su identidad con la mirada. Aunque por el modo que se fue sabían que se trataba de su padre. Karura regresó a la mesa, tomó asiento y agarró sus cubiertos para comer con sus hijos.

— Deberías de dejar de intentarlo madre. —Soltó certero el pelirrojo.

— Valió la pena preguntar —Respondió ella con un poco de indiferencia.

Temari no pudo contener que un profundo suspiro se escapara por sus fosas nasales. Solo eso bastaba para ponerla de malas. Un segundo de saber que estaba bajo el mismo techo que él o escuchar su voz, le tensaba los músculos y su garganta le apretaba. El susodicho se tardó una semana en desearle feliz cumpleaños y lo hizo por medio de un mensaje de texto: "Feliz cumpleaños." Para mensajes como ese mejor ni para que responder… como burla le daba crédito que al menos tuviera su número telefónico, porque de su parte no le inspiraba guardar el suyo. Ese día en específico estaba cansada de la misma mierda y la iban a escuchar:

— Me sorprende que no te moleste que vea esta casa como lugar de paso.

La castaña bajó los cubiertos con un semblante de incredulidad. Mientras que Kankuro negó con la cabeza, prediciendo como iban a terminar las cosas.

— Claramente no es así. —Reafirmó Karura.

— Desde que tengo memoria no ha dejado de pisotear todas nuestras… todas tus atenciones. Se nota a leguas que le vale un carajo cada una de ellas.

— Estas hablando de tu padre y no permitiré que continúes. —Elevó la voz su madre.

— Lo peor es que no quieres verlo y simplemente lo defiendes —la rubia arrojó sus cubiertos a la mesa—. ¡Ese hombre está mal! ¡Lo sabes!

— ¡Suficiente! No volveré a tener esta discusión contigo, me escuchas. Tu padre ha sacrificado muchas cosas por esta familia.

— ¡¿Sacrificado?! —Bufó irónicamente—. No tienes idea madre. Él ha sacrificado una mierda a comparación con lo que esta familia le ha dado.

— ¡He dicho suficiente!

Otro silencio gobernó el lugar. Kankuro y Gaara se hicieron de oídos sordos mientras seguían comiendo. Temari se asqueó, se notaba por como sus cejas delineaban la furia de sus orbes aqua y exhaló. Entonces la rubia se levantó de su silla.

— Tienes razón. Ya fue suficiente, por algo me largue de esta casa —la chica tomó sus cosas y se dirigió a la entrada—. Gracias por la comida.

— ¡Temari! —la castaña también se levantó de su lugar— ¡Vuelve en este mismo instante! ¡Temari!

Lamentablemente su hija solo azotó la puerta detrás de ella antes de irse. La orbes zafiros intento ir detrás de ella, pero Kankuro posó su mano sobre su hombro haciéndola desistir de sus intenciones.

— Déjala ir, madre —continuó el pelirrojo—. Esta es una guerra que no podrás ganar todavía.

El desconsuelo llenó el rostro de la mujer y sus ojos se cristalizaron.

— Me parte el corazón el pensar que ella odia su propio padre —se dejó caer sobre la silla—. Si tan solo supiera que él la ama más que nada en este mundo.

— Ese es un asunto que tienen que resolver los dos —suspiró Kankuro, tomando asiento a un lado de ella—. Por más que lo niegue, ella es la más sentimental de los tres. Al menos puedo decirte que jamás podrá odiarte a ti.

En lo que conducía de vuelta a su departamento, Temari se limpiaba las pocas lágrimas de rabia que había derramado por sus mejillas traicioneramente. Lo que hacía que se enojara aún más consigo misma, pues ese hombre no merecía que le dedicara ni una sola gota en su nombre. Al llegar al edificio su furia fue detenida al pie de la puerta al ver que unos técnicos estaban dentro del elevador, revisando el tablero y reemplazando el espejo que se había hecho añicos aquel día a causa de ese demonio. Había pasado apenas una semana. Los recuerdos de ese momento hicieron que su cuerpo se enfriara y que se abrazara a sí misma. Siguió caminando y pasó de largo a los técnicos con recelo. Aunque hicieran que ese elevador volviera a funcionar, no se atrevería a tomarlo por un tiempo. La paranoia que padecía la obligaba a pensar dos veces cada paso y decisión que tomaba, pues cualquier descuido podría volverla a poner en bandeja de plata para que él atentara contra su vida otra vez. Fue a las escaleras, pero con nerviosismo porque no olvidaba como la había empujado de unas también. Despacio, agarrándose del barandal como si su vida dependiera de ello fue subiendo escalón por escalón hasta su departamento.

(…)

Aquella niña de cabellos dorados había regresado a su usual área de juegos, pero algo en su humor se sentía diferente. La pequeña se acercó a un gran árbol, se derrumbó entre sus raíces, abrazó sus rodillas y hundió su rostro en ellas para llorar desconsoladamente. Regando lágrimas generosamente en su lugar por media hora sin parar. Hasta que un ruido ajeno la hizo levantar su rostro, pues temía que su madre hubiera encontrado su lugar secreto. En cambio se trataba de su buen amigo cervato, que con su conocida cautela se aproximó a ella. Normalmente lo recibía con una sonrisa, pero esta vez volvió a ocultar su rostro entre sus rodillas.

— ¿Por qué lloras?

Aquella voz sorprendió a la pequeña. Alzó su cabeza para mirar a su alrededor, pero solo parecían estar ella y él cervato azabache.

— ¿Q-quién? —Hipó— ¿Quién dijo eso? —Cuestionó ella al no reconocer la voz.

— Fui yo.

Temari se sorprendió más al descubrir que dicha voz masculina provenía de aquel cervato de brillantes ojos escarlata.

— Señor cervato —se puso a gatas para acercarse a la criatura— ¿Desde cuándo puede hablar?

— Siempre he podido —respondió sin mover su hocico—. Solo que no tenía nada bueno que decir. Dime, ¿por qué estas triste?

La niña se echó para atrás, quedando sentada sobre las raíces del árbol.

— Algo terrible ha pasado, señor cervato —apretó su vestido con sus puños—. Mi papá ha caído muy enfermo. Se encuentra muy mal de salud. Temó que él… —inhaló sus mocos— Temó perderlo.

— Entiendo. Ya, ya —el venado se acercó a su rostro y lamió su mejilla—. No ayudas a nadie con tus lágrimas. Sabes, creo tener la solución a tu problema.

— ¿Enserio? —La niña se limpió los residuos de agua sobre sus mejillas con ayuda de sus puños.

— Sí. No soy un cervato cualquiera, poseo magia de verdad. Tu nobleza me ha enternecido así que te diré como ayudar a tu padre, pero para eso necesitamos encontrarnos aquí a media noche.

— ¿A media noche? P-pero… mis padres no me dejan salir de la casa durante la noche.

— Sera necesario que los desobedezcas y que no le digas a nadie sobre esto. De otra manera no podremos curar a tu padre, ¿de acuerdo?

Temari dudó por un minuto. Cuestionándose en su cabeza si estaría bien hacerle caso al cervato. Aunque tenía razón sobre ser mágico, de otra manera ¿como podría hablar con ella tan de repente?

— Lo haré.

(…)

Dejó el agua correr en lo que se llenaba la bañera. Colocó música tranquila en su celular que estaba conectado a unas bocinas que se encontraban sobre su lavabo. El sonido del agua chocando entre si le resultaba sumamente relajante. Sumergió su mano en esta para probar su temperatura en lo que revisaba sus redes sociales. Hasta que la bañera por fin se llenó, cerró la llave y se despojó de su ropa. Metió un pie tras el otro y se deslizó lentamente dentro de la cálida agua. Logró aliviar su tenso cuerpo al liberar un profundo suspiro al aire. La música la estaba arrullando en su lugar, acompañado de un ocasional goteo que salía del grifo y se integraba al agua de la bañera. Los minutos transcurrían con tranquilidad, la pesadez del sueño la abordaba. Solo eso necesitaba. Un tiempo a solas con ella misma, un tiempo de tener paz a su alrededor. Sin nada de qué preocuparse. Sin pensar en el ayer, hoy o mañana.

Hasta que sintió una presencia pararse junto a ella. Abruptamente abrió los ojos, pero inmediatamente una fuerza la tomó del cuello y la sumergió en el agua impidiéndole que volviera a salir a tomar aire. A través de la turbia agua cristalina solo vislumbraba una silueta borrosa de quien la mantenía bajo el agua. Con sus manos trató de liberarse de su agarre, luego sacó una mano del agua para tomar el rostro de su atacante. Trató de rasguñarlo o infligirle cualquier daño para hacer que desistiera y se alejara de ella. A pesar de sus esfuerzos, el sujeto alejaba la mano de la chica de su cara y la obligaba a retornarla al agua. Ella pataleaba tratando de salirse de la bañera. Todo parecía inútil. Solo agitaba el agua y salpicaba todo a su alrededor. Abrió su boca al querer gritar su desesperación, pero su voz únicamente fue encapsulada en burbujas de aire que emergían hacia la superficie.

Dando una repentina bocanada al aire se levantó e inmediatamente llevó su mano hacia su cuello para masajearlo. Su piel estaba empapada de sudor y caliente por la adrenalina que corrió por sus venas por el producto de su atormentada imaginación. Una pesadilla. Gracias al cielo solo había sido eso. Exhaló agitada y se cubrió el rostro con ambas manos. Ahora lo soñaba. Ya estaba en el borde de su sanidad misma. Necesitaba ayuda. Necesitaba contarle a alguien, pero estaba aterrada de tan siquiera salir de su departamento para hacerlo. Tomó su celular con manos temblorosas y seleccionó el primer contacto que encontró.

"Lamento molestarte tan noche." Escribió "Últimamente no me he sentido bien por lo que me preguntaba si mañana podrías venir a verme. No es nada grave ni urgente, solo -borró no quiero estar sola- me gustaría tener un poco de compañía. Espero no despertarte. Descansa."

Presionó enviar. Dejo su celular a un lado y volvió a la seguridad de estar cubierta por completo entre sus sabanas. Por su mente pasaban todas aquellas ocasiones donde su vida peligró en manos de ese demonio. Se tocó sus palmas, donde estaban apenas curándose las heridas de cuando cayó encima del espejo roto del elevador, luego los moretones de sus brazos y espalda de cuando casi rodaba escalera abajo, descendió hacia las casi invisibles marcas de las costas de sus rodillas de cuando la empujaron para evitar que no la atropellaran. Su colección de evidencias de sus "accidentes", los cuales unos pocos apenas estaban desvaneciendo y otros todavía palpitaban con dolor. Se envolvió en sus brazos tratando de darse a sí misma seguridad, luego cerró los ojos con fuerza. Solo necesitaba de alguien que estuviera pendiente de su situación… si continuaba tolerándolo por su propia cuenta no iba a durar mucho. A la mañana siguiente se levantó con un mensaje que despertó la esperanza en ella:

"No molestas en lo absoluto. Claro que sí, solo resuelvo unos pendientes antes. Llegó a tu departamento al medio día."

Temari se cambió y esperó impaciente a que llegara la hora mientras tomaba un cálido café en la cocina. Tenía su mirada perdida en el horizonte, soplando de vez en cuando la humeante superficie del oscuro líquido para que no se quemara la boca en el momento que lo bebiera. Hasta que escuchó pasos aproximarse a su ubicación. La Sabaku levantó su guardia una vez más. Dejó su café a un lado de ella y miró fijamente el umbral del ingreso de la cocina. "No ahora", suplicó nerviosa. Entonces con mucha casualidad entró la imagen que le daba vida a la mayoría de sus temores, el cual cada vez que lo veía terminaba lastimada tanto física como psicológicamente. El muchacho con sus manos metidas en sus bolsillos, ancló su mirada en ella, trazó una sonrisa ladeada y se quedó plantado en su lugar.

— ¿Por qué esa cara? —Cuestionó un poco divertido.

Mil escenarios de cómo podría atentar contra su vida se proyectaron por su mente. Fastidiada de enfrentarse a la misma situación decidió que le haría frente. El demonio se estaba paseando adelante de ella, analizando su entorno con la mirada hasta acortar sus distancias a unos escasos metros. Accionando una alarma dentro de la rubia que le pidió que se defendiera, quien se giró sobre su eje, del porta cuchillos que tenía a sus espaldas sacó uno y no temió en apuntar su filo hacia él. Shikamaru se detuvo en seco alzando sus cejas por la reacción de la chica. Observando el filo dentado y plateado que estaba diseñado específicamente para cortar carne. Él ladeó la cabeza y redirigió sus pupilas hacia la rubia.

— No te acerques. —Exhaló tensa su aliento la rubia.

El muchacho pareció no importarle su amenaza, por lo que dio un paso hacia delante.

— Si no ¿qué? ¿Vas a matarme?

— Solo déjame en paz —mustió ella— o tendré que defenderme.

— Entonces es matar o morir. —La retó con deleite.

— ¡Atrás! —La de orbes aqua sintiendo como su corazón latía mil por hora levantó aún más el cuchillo.

Algo en la expresión del demonio cambió. De parecerle un simple juego, limpió cualquier emoción de su semblante haciendo que fuera más impredecible lo que tenía en mente.

— Deja de jugar con eso.

Dio indicios que iba a tomarla de la muñeca que sostenía el arma. La de orbes aqua entró en pánico blandiendo el cuchillo hacia su dirección, pero Shikamaru esquivó cada uno de sus movimientos, terminando a unos pasos de ella. Cegada por su consternación, la Sabaku empuño el cuchillo con ambas manos y dio una estocada hacia adelante. El arma se volvió una extensión de su cuerpo, pues logró sentir como el frío metal perforó la carne del costado del Nara quien jadeó al sentirlo. Cuando la rubia volvió en sí, su piel se le erizó. Espantada, con sus ojos queriendo salirse de sus cuencas soltó el mango del cuchillo y se cubrió la boca inhalando su incredulidad. El muchacho miró su grave herida, su expresión proyectaba su sorpresa y acercó su mano hacía el arma que seguía clavada en su abdomen. La chica estaba en shock. Tratando de convencerse a sí misma que lo que había hecho había sido en defensa propia. Ella… Le advirtió que se alejara, pero estaba tan harta de vivir bajo su tormento. Entonces descubrió que dentro de ella, en lo más profundo de su ser, en los sentimientos más primitivos de supervivencia se estaba cultivando esas ganas de poder contratacarlo de algún modo y lo había conseguido. Sin embargo, la culpa la abrumaba. ¿Qué había hecho? Entonces el demonio exhaló y luego sonrió.

— No te contuviste en lo absoluto —tomó el mango del cuchillo que tenía incrustado—. Felicidades. Acabas de asesinar a un hombre en tu propia cocina —la rubia retrocedía espantada, en sus orbes aqua se reflejó como aquel demonio sacaba el sangrentado objeto de su cuerpo y lamió su filo—. Dime ¿que ibas a hacer después de que colapsara? —Se acercó con el arma en mano— ¿Pensaste en como deshacerte del cuerpo? ¿Te sabes el procedimiento para limpiar sangre y no dejar rastro?

— A-aléjate. —Su voz vibró del miedo.

Temari sintió como chocó su cintura contra un mueble de la cocina, miró fugazmente hacia su espalda para identificar lo que había sido reconociendo que eran las puertas de su alacena y retornó su vista hacia su "victima".

— ¿Qué tal si hubiera sido una persona real? —Seguía aproximándose a ella—. No hubiera salido con vida eso es seguro. Eso te hubiera complacido, ¿no es así? Es sorprendente que fácil es deshacerse de alguien.

— N-no. ¡Solo déjame en paz!

La Sabaku intentó escapar, pero el demonio clavó el ensangrentado cuchillo a un lado de su rostro en la dirección que iba a tomar. Deteniéndola en seco. Sometiéndola que se quedara quieta y levantara sus atemorizadas pupilas hacia el rostro del Nara, quien no estaba nada contento por lo que había hecho.

— Aún así tuviste el coraje de atacarme y crees que lo voy a pasar por alto. ¿Cómo piensas compensarlo? —quedó a centímetros de ella—. Propongo un ojo por ojo.

Lo apuñaló. Jamás había pensado en lastimar a nadie, en cambio a él ni siquiera considero si estaba bien o mal acuchillarlo. La herida que le provocó no sangraba ni parecía dolerle. Únicamente consiguió enfurecerlo. Atrapándola con su mirada digna de un depredador y ella reflejándose en ella como su presa. Su respiración estaba en descontrol y era incapaz de parpadear. De un segundo a otro, la situación se tornó surreal. Al luchar por sobrevivir, se había recostado sobre la misma bandeja de plata ante él. Siendo acorralada nuevamente por su cuerpo y el arma que usó para atacarlo. Sin importar cuanto luchara, intentara lastimarlo o amenazarlo él continuaba con su propósito. Cortar el hilo del cual su vida pendía. Hasta que el eco de unos pequeños golpes en la madera de su puerta resonaron en su departamento. Atrayendo la atención de Shikamaru, desviando su mirada de la rubia y encausándola hacia el origen del ruido. El celular de la chica comenzó a sonar porque le estaba entrando una llamada y en la pantalla de este mostraba el nombre de Sakura Haruno. El demonio retornó su mirada hacia la Sabaku, quien le echaba vistazos fugaces a su móvil.

— Dile que se vaya. —Ordenó el castaño, extrayendo el cuchillo de la madera de la alacena.

Temari dejó que el celular continuara sonando. Luego con la mirada lo desafió a que se atreviera a atacarla. Shikamaru analizó ese cambio drástico en la rubia, frunciendo ligeramente el entrecejo, pero pronto entendió el motivo. Trazó una sonrisa ladeada y se desvaneció en el aire. Un escalofrió recorrió la columna vertebral de la de orbes aqua cuando el demonio se fue. Jaló aire violentamente al sentirse un poco a salvo y corrió a la puerta para abrirla. Tomó la perilla, aunque por alguna razón esta no giraba como si estuviera sólida en su lugar. No le quedo de otra más que ver a través del mirador de su puerta… y silenció una exclamación de horror dentro de su garganta. Por el pequeño orificio podía observar a Sakura aguardando a que le abriera la puerta mientras mandaba unos mensajes, pero detrás de ella estaba Shikamaru. Sabiendo que los estaba viendo se acercó a la pelirosa por detrás, pero la de orbes esmeraldas no podía ver ni sentir su presencia y con una sonrisa acercó el cuchillo al rostro de la chica.

— ¡Sakura! —Chilló detrás de la puerta, luchando por que no se le quebrara la voz.

— ¿Temari? —Atrajo la atención de la Haruno que le pareció extraño que le hablara a través de la puerta— ¿Todo bien? ¿Por qué no abres?

— Disculpa —sus orbes aqua se llenaron de lágrimas y sintió un pesado nudo en su garganta—. No estoy de humor para recibir a nadie hoy.

— ¿Huh? —Inclinó su cabeza confundida— Pero si me llamaste para que viniera. Dime ¿qué sucede? —Shikamaru seguía jugando con el ensangrentado cuchillo muy cerca de su piel.

— S-sí, me sentía mal —Le mintió tratando de mantener la calma. Lágrimas de impotencia se deslizaban por sus mejillas, pues sabía hasta que extremo era capaz de llegar ese demonio—. Pero ya consulté con un doctor y me dijo que mejor me resguardara.

— No te escuchas muy bien, ¿no quieres que te recomiende algo para que te sientas mejor? —Se acercó más a la puerta lo que incito al Nara a colocar el cuchillo a milímetros de su cuello. Estaba listo para dar el último corte de su vida. Listo para asesinarla a sangre fría delante de sus ojos.

— ¡No! —Gritó con fuerza, temblando y llorando. Con los puños pegados a la puerta. Deseaba bajar la mirada, pero temía que si lo hacia él actuaría—. Tengo paperas. Me duele hablar y es muy contagioso. No quiero molestar a nadie —tragó fuerte—. Así que gracias por venir. Es mejor que te retires.

Sakura se asustó por la reacción de Temari, quien rogaba en su mente que dejara de insistir y se fuera de una buena vez.

— E-está bien. —Bajó la mirada con un aspecto triste—. Si llegas a necesitar algo, no dudes en llamarme.

La pelirosa pudo irse ilesa sin saber que su vida corría un grave peligro. Desapareció de su rango de visión, dejando atrás al demonio que seguía delante de su puerta. Temari se desmoronó sollozando sobre sus rodillas con la cabeza agachada. No podría perdonarse que por su culpa hubiera expuesto a una de sus mejores amigas ante su atormentador.

— Buena chica. —Escuchó a sus espaldas.

El Nara apareció a unos metros detrás de ella, dándole la espalda y contemplando con cuidado el cuchillo que tenía entre sus manos. Lo que nunca se esperó, era que la Sabaku le daría vuelta, lo empujara contra la pared y lo tomara del cuello de su camisa. Era un remedo de furia. Sus ojos aqua ardían tanto que parecían brillar, sus mejillas seguían húmedas por sus recientes lágrimas y apretaba sus dientes entre sí. Poco le importó que él tuviera el cuchillo todavía.

— Escúchame bien mal nacido. —Dijo a regañadientes— Te soporto que me hagas la vida imposible y que trates de matarme todo el tiempo. Pero intenta acercarte a mis amigas de nuevo, intenta tan siquiera tocarles un cabello y te juro, que no me importa donde termine, iré a buscarte y te hace sentir que el infierno ha sido un paraíso comparado con lo que te voy a hacer.

Esa mujer lo había tomado por sorpresa. Parecía que lo tenía todo bajo control, pero amenazar a gente que era cercana a ella le daba más fuerza de voluntad a diferencia de sus previas tácticas. Nunca se esperó que esa variable provocaría tal resultado, pero no había desecho por completo sus tormentos con ese imprevisto. Él solo le sonrió y volvió a desaparecer entre sus dedos.

(…)

Se estaba escabullendo a través de su ventana. Llevaba consigo una lámpara de mano para iluminar su camino en la penetrante oscuridad de la noche porque ni siquiera la luna estaba presente. Hizo su recorrido usual hacia su escondite, reconociendo que el camino se veía bastante diferente entre las tinieblas. Los insectos estaban más activos a esa hora, comunicándose entre sí con la ayuda de su propia sinfonía. Hasta que llego por fin a su área de juegos favorito. Miró a su alrededor, pero el cervato azabache todavía no había llegado. Pasaron los minutos y las criaturas nocturnas seguían ambientando el bosque con sus sonidos. Hasta que todo se enmudeció de golpe. Asustándola con el denso silenció que la envolvía, la pequeña Sabaku iluminaba con inquietud su alrededor buscando si algo había ocurrido. Entonces escucho unas ramas crujir.

— ¿Señor cervato? ¿Está por ahí? —Preguntó temerosa. Otro crujido se escuchó a sus espaldas, haciendo que la niña soltara un diminuto grito e iluminara en dirección donde había creído que vino el ruido—. ¿Dónde está? Tengo miedo.

— Estoy aquí.

La voz surgió delante de ella, por lo que giró su rostro rápidamente hacia la oscuridad y sin necesidad de iluminarlo con su lámpara encontró los peculiares ojos escarlata que centellaban contrastando en medio de la penumbra. La rubia apuntó hacia la criatura que la miraba y volvió a sorprenderse.

— ¿Desde cuándo tiene cuernos, señor cervato?

— Los invoque para esta ocasión —dio media vuelta—. Sígueme.

— Mi padre me prohibió entrar tan profundo en el bosque.

— No te preocupes, yo te guiare. Todo sea por sanarlo.

— E-esta bien.

La pequeña corrió hacia el cervato para caminar junto a él. Colocó su mano sobre su lomo y lo utilizó de apoyo para darse coraje ante ese aterrador bosque. Caminaron por bastante tiempo, perdiendo por completo el rastro de como volver a casa y transitando por lugares que le parecían irreconocibles.

— Es aquí —la rubia iluminó con su lámpara los árboles que los rodeaban, pero parecía como cualquier otra sección del bosque—. Ahora invocaremos un hechizo para quitarle la terrible maldición que cayó sobre tu padre.

— ¿Qué tengo que hacer?

— Ven y toca una punta de mis cuernos —la niña obedeció e inmediatamente aparto su mano porque había perforado su piel. Observó su dedo y vio que salió una gota negra de este—. Tranquila, es parte del hechizo. Te concederé mis poderes, pero tendrás que repetir estas palabras

Las leyes del cielo y la tierra consideran mi fortuna lamentable,

Pues pactó unir mi vida con la tuya donde te resguardaras,

Un enorme aro rojo y deslumbrante se trazó en el suelo rodeando a la niña y al cervato azabache. Asombrándola, pues le parecía increíble que estaban invocando magia de verdad. Restándole importancia de que su lámpara de mano comenzó a titilitar.

Entregándome a voluntad a este lazo inquebrantable,

Bajo el manto negro espeso de mis andadas me seguirás,

Otro anillo apareció dentro del anterior junto a unas escrituras ilegibles. Entonces su lámpara dejó de funcionar, pero el brillo que emanaba los trazos a sus pies eran suficientes para iluminar su alrededor.

Cediéndote mi libertad, arrebatándole al sueño eterno mi posesión,

Criatura que buscas saciar la aridez de tu lengua con ríos color carmín,

Cuyo nacimiento es evocado del mismo añorado sagrado manantial,

Aliviaras tu apetito con el vital fruto palpitante cual festín,

Tomando la aurora de mí ser hasta el recinto sepulcral,

Un círculo más pequeño se dibujó en el suelo, junto a otras letras revelando que el centro de todos estos anillos se encontraba la niña que recitaba obedientemente las palabras del cervato. Luego se dibujó una estrella con sus aristas pegadas al aro mayor y todas las figuras comenzaron a girar lentamente en el eje de la Sabaku. De repente el suelo empezó a temblar, el lugar se inundó con una ominosa luz roja y de los círculos emergieron unas raíces oscuras que la hicieron perder el equilibro cayendo de bruces al suelo. Las extrañas raíces atraparon las extremidades de la niña para obligarla que se quedara quieta, y la mayoría de estas envolvían con fuerza el brazo donde se había pinchado el dedo.

— ¡¿Qué sucede?! —Chilló aterrada.

Levantó la mirada para buscar al cervato azabache, pero en su lugar lo que solía ser un amigable criatura se estaba transformando. Aumentando de tamaño, su ornamenta se desfiguraba hasta crecer más cuernos filosos sobre esta como si fueran espinas y convirtiéndose en una silueta oscura que ya no tenía forma. Conservando sus irradiantes pupilas carmín que la observaban con ansiedad. Los árboles que la rodeaban se torcían de una manera sobrenatural y las raíces acercaron su brazo hacia el monstruo que continuó recitando delante de la horrorizada niña sin despegar su mirada de su turbado rostro:

En mis manos atrapare tu último aliento,

Debajo de mí, tu cuerpo ha de colapsar,

En tus pupilas se impregnaran con la imagen de tu tormento,

Juro que tomare tu vida para entregarla a las llamas imperecederas,

Inocente alma buena,

Haz comenzado con tu trágica condena.

Las raíces que sostenían su brazo se volvieron más fluidas y se adentraron debajo de su piel transitando dentro de este con libertad. Temari gritaba asustada por el espeluznante espectáculo, viendo cómo unas líneas negras danzaban en su antebrazo y se acomodaban de cierta manera hasta crear una marca.

La Sabaku se despertó, levantándose lentamente de su cama y miró a su alrededor. Estaba en su cuarto dentro de la cabaña de sus padres. Miró con calma su brazo porque le llegó un fugaz recuerdo de unas marcas negras danzando dentro de este. Nada. ¿Había sido una pesadilla? Fue a la sala donde vio a su madre, quien le preguntó alegre como había dormido anoche. Era extraño. No estaba molesta de que se hubiera escapado…

— ¿Cómo esta papá? —Preguntó la pequeña de orbes aqua.

— ¡Mucho mejor! —Exclamó entusiasta—. Por fin podremos regresar a casa. —Se agachó para ponerse a su nivel y besarle su frente—. Desayuna algo y luego te ayudare con tus cosas. Nos iremos al atardecer.

La rubia seguía confundida en su lugar. Sus recuerdos de la noche eran fugaces y bizarros, algo dentro de su mente había bloqueado la mayoría de las partes que le ocasionaron miedo hasta el punto de olvidarlo. Volvió a observar su brazo que lucía como siempre. Cuestionándose si lo del cervato en verdad había pasado.