¡Hola! Ya paso el mes y aca les tengo continuación. Espero les guste ;) ¡Muchas gracias a Lirio-Shikatema, Kaoru-sakura (espero esto te levante los animos hermosa!), y Lu-sun por sus hermosos reviews! Wow tantxs lectorxs nuevxs, me llenan de alegriaaaa. Les mando muchos besos y buen fin de semana :)

Capítulo 7: Apetito voraz

Con su ausencia, los nervios de Temari estaban en punta. Temía que el demonio hiciera de las suyas a sus espaldas y, tratándose de él, no sabía que esperar. No. Era mejor ignorarlo. Recordó que su único propósito era colmarle la vida y no le iba a dar ese gusto. Ya no más. Con mucho pesar fue con Tenten, ya que no tenía caso que se quedara parada sola en esa fiesta donde no conocía nadie. Su intromisión no desagradó a la castaña, al contrario, la recibió con gusto y por fortuna omitió cualquier pregunta sobre su "acompañante". Para agradecer su discreción, la rubia se dispuso a elogiar a su amiga delante del Hyuga. Puliéndola como un diamante en bruto, guiando la atención del ojiperla a los mejores atributos de la chica de las dos cebollitas. Haciendo que ella riera tiernamente por la vergüenza que le causaba. Aunque tampoco desaprovechó la oportunidad para poner a prueba al muchacho a su manera para ver si era digno de acercarse a una de sus mejores amigas. Neji no pareció detectar sus sutiles tácticas de intuición femenina y sin saberlo fue ganándose su aprobación con sus respuestas y su primera impresión. Temari trataba de pasarla bien esa noche, pero no dejaba de voltear a todas partes preguntándose por la ubicación exacta del Nara.

— Ahora que lo recuerdo. No me habías mencionado antes a tu amigo Temari.

La recién mencionada despertó de su baúl de los recuerdos. Encontrándose en pleno receso de clases, recostada sobre su costado e inconscientemente jugueteando con el pasto entre sus dedos. Levantó la vista para descubrir que todas sus amigas la miraban fijamente y exhaló. En que lío la había metido la de orbes chocolates.

— ¿Un muchacho en la vida de Temari? —se entrometió Ino—. Tenía tiempo de no escucharle uno.

— No es lo que creen —mustió de mala gana la Sabaku—. Yo lo considero como una piedra en el zapato.

— ¿Qué dices? Si estaban echando fuego mientras bailaban.

— ¿Cómo se llama? —Susurró la Haruno.

— Shikamaru Nara.

— ¡Tenten! —Protestó golpeando el pasto con su puño. La rubia se reincorporó para sentarse en su lugar, luego apoyó su codo sobre su pierna, su mano apachurrada contra su mejilla y procedió por arrancar pequeñas hojas de la flora que estaba a su alcance—. A parte tuve que alejarme para que te quedaras a solas con Neji. —Terminó fastidiada.

Ese comentario logró que Hinata alzara su mirada de su lectura.

— Vaya. Las descuidamos unos segundos y salen a citas dobles ¿Dijeron que fueron a una fiesta de disfraces verdad? —Indagó la Yamanaka—. ¿De que fueron?

— Oh. Si —sacó su celular de su bolsillo y buscó en su galería de fotografías—. Aquí esta. —Le mostro una foto donde salían las dos tomándose una foto frente al espejo.

— ¡Wow! Que guapas se ven —la rubia tomó su celular para mostrárselo a la pelirrosa y deslizó su dedo por la pantalla para ver más fotos. Acción que intentó detener la castaña antes de... sus rostros se llenaron de emoción al encontrar algo bueno— ¡Aja! ¿Pero que tenemos aquí? —Sonrió de oreja a oreja y le mostró la foto que estaban mirando—. Mira nada más, ¡Tenten no pierde el tiempo!

Les mostró a las demás la fotografía de la castaña donde estaba abrazada del ojiperla. Hasta que la de orbes chocolates logró quitarles su celular un tanto abochornada.

— ¿Ese es Neji? Sí que es guapo —Añadió Sakura—. Debes de apresurarte en ganártelo, antes de que alguien más lo haga.

— ¡Chicas! —Protestó Hinata cerrando su libro.

— Lo siento, Hinata —trataba de controlar su risa Ino—. Solo aconsejamos a Tenten.

Sakura también reía y seguían molestando a la castaña pidiéndole detalles de esa noche. Mientras que la Sabaku sentía que necesitaba despejarse un poco. Se levantó excusándose de que iría al baño. Fue a uno que estaba a unos cuantos metros de donde estaban sentadas. Entró, fue directo a los lavabos y se lavó el rostro. Ya eran frecuentes las ocasiones en que se sentía abstraída de la realidad. A duras penas se recordaba tomando una decisión propia esa mañana. No era momento para divagar de más. Salió del baño arreglándose su flequillo y al levantar la mirada para dirigirse con su grupo de amigas descubrió que donde solía estar sentada ahora estaba un muchacho de cabellera castaña y larga, atada en una coleta alta dándole la espalda.

Su sangre inmediatamente se enfrió y su pulso tomó una pausa. No podía ser. Apresuró sus pasos para llegar pronto con ellas y posicionarse en un lugar donde pudiera verle el rostro al sujeto. Tan pronto lo identificó su furia se detuvo en seco. La chica de cabellos azulados notó su presencia y le sonrió entusiasta.

— Temari, —le habló fascinada la ojiperla— ¡Mira! Shino regresó del extranjero.

El recién mencionado alzó su mano para saludarla de lejos. Claro que lo conocía desde hace años, sin importar que fuera de día o de noche ocultaba la expresión de sus ojos con un par de lentes oscuros que jamás se quitaba. En su preparatoria tenían hasta la teoría que en las noches se los quitaba y los remplazaba con un antifaz para dormir antes de acostarse.

— Sí —continuó el chico—. Quise venir a saludar a Hinata. Espero no te moleste.

Su comentario destanteó a la rubia y pronto relacionó que la expresión de su semblante no era la más agradable al ver que ese muchacho no era quien sospecho.

— Para nada —soltó la rubia en lo que se sentaba a un lado de Tenten—. Me da gusto que volvieras.

Poco a poco fue borrando su sonrisa fingida, dejando que su mirada divagara en la nada sin poner mucha atención a lo que sucedía a su alrededor. Todavía cargaba con los estragos que le había dejado sus interacciones con el demonio. Inconscientemente mantenía su guardia en alto por si volvía a aparecer a molestarla como lo hizo el otro día. Por supuesto no iba a permitir que se acercara a sus amigas, mucho menos por lo que trató de hacerle a Sakura cuando fue a visitarla. Aunque no podía negar que le inquietaba el hecho que no lo sentía vigilándola y que no se había aparecido aún.

La luz rojiza del atardecer rebotaba en las errantes nubes que flotaban en el cielo. La rubia estaba en su clase de atletismo portando su uniforme de su equipo junto a Karui: el cual consistía en un short de licra de color azul marino y una blusa blanca y holgada de tirantes. Después de cumplir con ciertas rutinas que les ordenó su entrenador, tenían cinco minutos de descanso y de beber agua.

— ¿Te diste cuenta que ya estoy en la lista negra del profesor? —Bufó la morena—. ¿A mí? Una de las pocas que se graduará por promedio de toda la generación.

— Eso te ganas por contestarle de esa manera —respondió antes de darle un gran trago a su botella de agua—. Cuida esa lengua si quieres llegar a la graduación tan si quiera.

— ¡Oye! —Se cruzó de brazos—. No me ayudes. En vez de ponerte de mi lado.

Temari alzó los hombros.

— Así son los hombres. No te metas con su ego porque…

Enmudeció en un segundo. Sus orbes aqua no podían creer lo que estaban viendo a lo lejos. En las gradas estaba Tayuya, cruzada de piernas y sonriendo como boba, platicando muy cómoda con un muchacho que no solía estar durante las practicas.

— ¿Qué sucede? — Karui le siguió la mirada.

— ¿Con quién está hablando Tayuya? —Preguntó la rubia casi boquiabierta.

La pelirroja torció la boca al mismo tiempo que entrecerraba sus parpados como si quisiera tener mejor visión de lo que estaba pasando. Miró superficialmente las dos siluetas, tronó la boca y le restó importancia.

— ¿Quizás su juguete nuevo? Nunca lo había visto por aquí.

La respuesta de la pelirroja fue suficiente para saber que su mente no le estaba fallando. En definitiva había alguien mas ahí.

— Espera aquí. —Le entregó su botella de agua.

— ¿Okay? —Frunció el entrecejo.

Tan pronto bajó su botella de agua, tomó rumbo con un poco de prisa hacia ellos. A medida que se acercaba, más confirmaba sus sospechas que su visión no le estaba jugando una broma cruel. Estaba a unos pasos de llegar, cuando su profesor vocifero el nombre de la pelirroja para que tomara su puesto en la pista. Tayuya asintió en la distancia y se levantó, no sin antes girarse un poco para despedirse con un ademán del muchacho y bajó los escalones. En lo que descendía se topó con Temari, quien solo la miró con indiferencia y las dos siguieron con sus rumbos sin detenerse. Hasta que la rubia se plantó enfrente del intruso y se cruzó de brazos. Tal como se lo esperaba el chico con su usual pose relajada la recibió con una sonrisa ladeada al notar su fastidio, por supuesto esa era su profesión.

— ¿Se puede saber qué mierdas estás haciendo? —Sus cejas se curvearon de manera prominente.

— Tus enemigos son mis amigos.

Temari bufó y rodó la mirada.

— No hay tal cosa como "enemigos" en mi vida —cambió el peso de su cuerpo sobre sus pies—. Solo gente que me saca de quicio y tú los encabezas.

— ¿Qué me dices de tu padre? —Sonrió complacido al ver la reacción de la rubia.

— Tú sigues cargando la corona. —Escupió a secas tratando de sostener sus debilidades ante él.

Shikamaru suspiró con tedio.

— Nuestro trato no me deja muchas alternativas, —se hizo hacia atrás para recargar sus brazos en los asientos que estaban detrás de él— así que exploro mis opciones. Yo no puedo lastimarte, pero otros quizás si puedan hacerlo por mí. Entonces pruebo si puedo influenciar ciertas acciones, solo necesito mitigar la voz de su conciencia a la gente que no le agradas y quien sabe —pronunció con cierto toque de arrogancia— ver qué pasa con eso.

La chica lo barrió de pies a cabeza.

— Te sacaran de este lugar cuando vean que no eres de aquí. Así que esfúmate.

Se mofó por la nariz y buscó algo en su bolsillo. De este sacó un pequeño rectángulo blanco de plástico que le resultó un tanto familiar a la chica, hasta que lo reconoció y la sorpresa llenó su rostro. Pretendió arrebatárselo para comprobar su veracidad, pero el demonio puso la identificación fuera de su alcance.

— ¿De dónde sacaste eso?

El muchacho alzó los hombros y ladeo su cabeza.

— Dejaron varios equipos sin supervisión. Fue sencillo escabullir un registro falso a su base de datos. Según ellos vengo de intercambio y no necesito tomar clases. Solo cumplir con un tonto servicio social que también será sencillo falsificar — guardó la identificación en su bolsillo—. Así que podré rondar libremente este lugar.

Sabía que era inútil preguntarle por qué había hecho tal cosa, pues la respuesta era muy obvia. Se limitó a verlo con desdén.

— Eres detestable. —Dijo a regañadientes.

La expresión juguetona del Nara se drenó para convertirse en una seriedad infinita mezclada de odio.

— Y a mí me repugna que sigas con vida.

— Pues acostúmbrate. Porque seguiré aquí hasta el fin de mis...

Su vista no fue capaz de percibir en qué momento el demonio se puso de pie y la empujó de las gradas haciendo que se tambaleara al retroceder. Justo en el momento en el que los talones de la rubia quedaron en el borde del escalón y su espalda se inclinaba hacia atrás, Shikamaru la detuvo de su muñeca. Deteniendo con el simple agarre de su mano la función de la gravedad sobre ella y dejándola suspendida en la moción. El corazón de la chica dio un brincó y trato de equilibrar su peso con el brazo que tenía libre. Entonces sus pupilas aqua bajaron hacia el brazo del Nara que aun la sostenía, y lo único que evitaba que se cayera, porque la marca negra de su pacto se hizo presente en el antebrazo del vil ser.

— El que bajes tanto la guardia ante mi te hace una presa fácil —pronunció con una expresión en blanco—. No olvides que solo corriste con suerte esta vez, pero sigues sentenciada a la muerte por nuestro pacto.

La jaló hacia él, permitiéndole retornar sus pies a una zona más estable. Quedando cara a cara. Temari mantuvo su compostura para no delatarle lo sacudida que la dejó su movimiento. Permaneciendo firme en su lugar y sin apartarle la mirada. Mostrando su disposición de luchar con tan solo sus pupilas. Aunque el chico de la coleta sabía que era mera apariencia, ya que por ser una criatura del inframundo podía escuchar sin problemas el palpitar del acelerado corazón de su víctima.

— ¡Sabaku! A la pista. —Ordenó su entrenador.

Sin pronunciar otra palabra, la rubia retrocedió lentamente y con cautela las gradas sin perder de su vista la silueta del Nara. Hasta que lo dejó por su cuenta, parado en su lugar y con sus pupilas clavadas en su espalda como dagas. Regresó a la pista, sacudió su cabeza y se dispuso a concentrarse en lo suyo. Cosa que le resultó un poco difícil porque la molesta voz de Tayuya no dejaba de describir lo agradable que fue platicar con ese desconocido de las gradas. Temari llevó sus dedos al puente de su nariz. Entre más se enredaba en su vida, más problemas le atraía.

— Entonces —rompió el silencio la de orbes dorados al regresar con ella— ¿conocías a ese sujeto?

— Quisiera no hacerlo —suspiró—. No le des importancia. —Finalizó colocándose en su carril designado para trotar en la pista.

...

Al pasar los días, la Sabaku ignoraba la existencia del demonio que seguía rondando notoriamente su departamento. De vez en cuando él estaba muy pendiente de su ubicación, pues la seguía y la hostigaba con su mirada filosa. Solía hacerlo cuando le daba la espalda en el momento que se ponía a hacer sus mundanas tareas. Por la periferia de su vista lo veía recargado en algún muro o en el marco de una puerta. Cuando lo atrapaba haciéndolo este no le apartaba la mirada. Al menos mantenía su distancia al acosarla y no le dirigía la palabra. Sí que debía estar loca por considerarse afortunada en ese tipo de situación. Apenas podía tolerar su existencia. Incluso lo clasificó como un compañero muy molesto. Porque si no estaba ahí, estaba presente en sus prácticas platicando con Tayuya o vigilándola a lo lejos entre clases. Le tomó un par de días aprender a hacerse de la vista gorda y pasar desapercibida su existencia voluntariamente. Hasta que la rubia se percató que el muchacho estaba constantemente presente en su rutina. Con la mirada en otro lado, pensativo, como si estuviera limitándose por lo tenso que se veía. Estaba más estático y cerraba los ojos. La mayor parte del tiempo "dormía" en uno de los sillones de su sala y se quedaba ahí por horas. Sin entrometerse tanto como antes. Ya no metía sus narices en sus clases de atletismo y mucho menos lo encontraba en su universidad fisgoneando como siempre lo hacía. Por primera vez en mucho tiempo consiguió tener una semana de paz.

Con ese problema menos, pudo enfocarse en la semana de exámenes que se avecinaba. Ella creía que estaba preparada con sus apuntes y guías de estudio, pero era evidente que tenía un conflicto mental por asegurarse de recordarlo todo. Deambulaba por su sala con su pijama puesta a altas horas de la noche, recitando la información que sabía que vendría en su examen en un murmullo y ocasionalmente consultaba sus notas para refrescar los datos en su memoria. Estaba tan concentrada en su estudio que inconscientemente revivió un mal hábito suyo el cual era morderse los labios. Tendía a ruñir su labio inferior y arrancarse pequeñas porciones de piel muerta de este con la ayuda de sus dientes. Aunque en una de esas veces, terminó tirando una diminuta tira de su labio que le causo una punzada y la hizo sisear del dolor. Entonces el demonio que reposaba plácidamente en el sillón a unos metros de ella abrió los ojos de golpe. La rubia llevó la yema de su dedo a su boca a donde sentía ardor y lo regresó al campo de su visión solo para comprobar que se había sobrepasado, pues su huella dactilar se impregnó con poco de su sangre. "Bien hecho Temari", se reprendió a sí misma al mismo tiempo que tronó su lengua. Dio media vuelta para dirigirse al baño y ver la gravedad de su herida hasta que se topó con Shikamaru de frente y brincó del susto.

Definitivamente no se podía acostumbrar a ese horrible hábito suyo de aparecérsele de la nada. Los últimos días, la única vez que el demonio se movía del sillón era para cambiar de posición y volver a "dormir". En cambio, por fin había quebrantado su ciclo de quietud para alterarla o eso le pareció a ella. Temari dio un paso hacia atrás, frunció el entrecejo y lo analizó con la mirada. La mirada del muchacho era diferente también, pues con ella le generó un cierto sentimiento de incomodidad a la universitaria. Shikamaru deslizó sus pupilas hacia la boca de la fémina, las retornó en un santiamén a sus orbes aqua y tragó saliva. La rubia prevenía que estaba tramando algo y por su experiencia no era nada bueno, así que levantó la guardia. El muchacho dio el primer paso, avanzando hacia ella quien rápidamente tomó acción anteponiendo sus manos entre los dos y mantenerlo a raya. Sin embargo el demonio controló la situación sujetando sus delgadas muñecas con sus frías manos. Distancia. Esa era su prioridad. Ella seguía retrocediendo conforme él iba avanzando, hasta que terminó exhalando su sorpresa cuando su espalda topó con la pared. La había acorralado y su corazón empezó a acelerarse. Un sinfín de preguntas emergieron en la mente de la chica, pero volvió a imponer su fuerza para liberarse de su agarre y apartarlo de ella. Más sus esfuerzos fueron en vano ya que su agresor clavó sus muñecas contra el muro al igual que su cuerpo.

Haciéndola sentir diminuta, como la temblorosa presa que siempre alardeó que era. Entre sus forcejeos preparó su boca para formular una protesta a su comportamiento, pero la sombra la cayó al instante utilizando sus labios. En su semblante no cabía su desconcierto, cuestionándose a sí misma que estaba sucediendo. Por fortuna el dolor de su reciente herida la regresó a la realidad por la manera en la cual el Nara presionaba su boca contra la suya. Inundada en confusión, aumentó su fuerza para quitárselo de encima. Apretando sus parpados, luchando por recuperar sus manos y poder empujarlo lejos de ella. Lamentablemente a cambio de su burdo esfuerzo solo obtenía sonidos guturales del muchacho que continuaba rosando con sus labios contra su laceración. De repente giró su rostro despojándolo de su boca y dio una bocanada de aire al recuperar una fracción de su libertad, pues el batallar de esa manera la estaba dejando sin aliento.

— ¡¿Que mierdas estás haciendo?! — Jadeó temblorosamente la rubia.

Por el rabillo de su ojo contempló el semblante de su torturador personal. Su respiración estaba entrecortada también, pero su mirada reflejaba una sed insaciable que jamás le había presenciado. Una que le demando su silencio y le entregara aquello que anhelaba desde hace años. El Nara apretó los dientes, le soltó una de sus muñecas y en forma de regaño la tomó con violencia del rostro para regresarla a su lugar. Sofocando una vez más la rabia y el conflicto de la fémina con su boca. Al haber conseguido la movilidad de su mano nuevamente, la Sabaku colocó su antebrazo en las clavículas del muchacho e hizo palanca contra la pared, logrando separarlo de ella unos escasos milímetros de su rostro. Haciendo que no solo intercalaran sus incesantes jadeos sino sus intensas miradas entre sí. "Más". En un fugaz movimiento, el chico de la coleta atrapó las muñecas de la rubia y las presionó ahora por encima de su cabeza contra la pared y sin soltarle el rostro profanó su boca al estar esta entreabierta. Como pudo la de orbes aqua apretó sus dientes, pues sintió la forastera y húmeda lengua del demonio pasearse sobre sus labios, que al pasar por su herida la punzada le dolía más y más. Quería gritar, quería maldecir, pero sus más sinceras intensiones se traducían en meros quejidos en la boca de su agresor.

La adrenalina hacia que una sensación de calor recorriera todo su ser, su piel le hormigueaba, su corazón taladraba sus costillas. Ella siguió moviendo su cabeza buscando una manera de que dejara de besarla, pero los fuertes dedos de Shikamaru estaban anclados a su quijada. Mordiendo su labio inferior y succionándolo con impaciencia. Continuó peleando por zafarse de esa terrible situación, aunque su cuerpo ya estaba vibrando por el miedo que sentía de su osadía. Aborrecía su tacto. No era una presa. No era su presa. De repente la chica sintió que él se enfocaba más en su boca que mantenerla pegada a la pared, así que escabulló sus manos fuera de su agarre y lo aventó lejos de ella. El chico de la coleta retrocedió un par de pasos hacia atrás, pero no era lo suficiente para que la rubia se sintiera segura por lo que comenzó apartarse sin despegar su espalda de la pared. Ambos jadeaban de su intenso forcejeo. Shikamaru deslizó sus dedos índice y corazón por sus labios y después los lamió. El pecho de Temari subía y bajaba sin cesar, pero con los segundos se convirtió la mismísima furia

— ¡¿Qué jodidos te pasa?! — Estalló apartándose más de él y limpiándose con su antebrazo su boca.

— Muero de hambre. —Exhaló el Nara, revelando con su mirada acechadora que era capaz de volverlo a hacer.

— ¡¿De qué putas estás hablando?!

— Después de que un demonio y su presa hacen un pacto, nuestra hambre crece y nos ayuda a apresurar su muerte —comenzó a caminar hacia ella al mismo tiempo que ella retrocedía—. Solo nos alimentamos de su sangre y su carne, pero por nuestro maldito trato no puedo dañarte y han pasado dos meses desde entonces —tragó saliva—. Tenías una herida y yo mucha hambre. Solo tomo lo que puedo.

— ¡Atrás!

La Sabaku corrió hacia su habitación y se encerró con llave. Todavía tratando de normalizar su respiración, tragó fuerte y retrocedió a oscuras sin perderle la vista a su puerta. Hasta que una voz que provino detrás de ella rompió el silencio e invocó un escalofrió que recorrió toda su columna.

— ¿Tú crees que una puerta puede detenerme?

La atrapó desprevenida, envolviendo su cintura con sus brazos, jalándola hacia atrás y tirándola a la cama. Al caer en esta, el primer instinto de supervivencia de Temari era rodar y correr, pero no pudo. Estaba desorientada como si fuera a desmallarse. Eso lo había sentido antes. Era como ese día en el que un auto casi la atropellaba porque le fallaron los frenos. Había vuelto la sensación fría que envolvió su cuerpo, el zumbido ensordecedor sus oídos, incapaz de moverse, el mareo… esa era una de las tácticas que ejerció Shikamaru sobre ella. Le había drenado toda su energía de golpe para ahorrarse problemas. Apenas si podía respirar y mover sus extremidades. Su mirada entornada no podía distinguir la silueta del demonio en la oscuridad como para ver su siguiente movimiento y tampoco tenía la fuerza para oponer resistencia. Hasta que sintió que alguien se colocó a gatas encima de ella. Su turbado corazón no podía mas, su conciencia le gritaba a su cuerpo porque este no le reaccionaba. El Nara llevó su rostro hacia el delicado cuello de la rubia, pero esta giró su rostro para que se apartara. Este sonrió. A pesar de haberle quitado sus energías ella seguía luchando. Así que la tomó de su dorado cabello y la jaló de tal manera que expusiera su objetivo ante él. Temari llevó sus debilitadas manos a su agarre, pero a duras penas podía levantarlas.

Podía verlo. En las penumbras él podía ver el pulso de la dama que latía a través de su cuello. Frenético, transitando grandes cantidades de sangre. Se acercó más a este y le confesó con su aliento su deseo de querer probarlo. Exhalando una gran bocanada de aire caliente sobre su piel desnuda, causándole escalofríos a su inmovilizada víctima. Lo ansiaba. Su estómago le dolía por su abstinencia a esa sustancia escarlata. Sabía que estaba limitado, pero sacaría provecho de sus restricciones. Temari extrajo su exclamación de sus cuerdas bucales al sentir una serie de dientes morderla suavemente en su cuello y su piel se erizo.

— Detente. —Jadeó aturdida colocando sus manos sobre los hombros del hombre.

El demonio ahora succionaba como si su vida dependiera de ello la misma área, golpeteando su agitada respiración sobre su cuello. La Sabaku parecía que comenzaba a salir de su transe por como sus esfuerzos de aventarlo nuevamente iban en aumento.

— ¡Quítate de encima! —Bramó la de orbes aqua intentando usar sus piernas para alejarlo de ella. Su respiración evidenciaba su pánico, alterando cada vez más al demonio con ella. Alentando a intensificar su agarre— ¡Suéltame! —Gritó sin dejar de forcejear.

Shikamaru hizo caso omiso, succionando con violencia su cuello. Robándole un par de ruidosos jadeos más a Temari.

— ¡Kaka-!

Antes de lograr ocasionarle dolor por lo duro que le chupaba el cuello, alejó su boca de ahí y le soltó una muñeca para enmudecer su voz con su mano. La rubia pudo jurar que lo escuchó gruñir al oírla pronunciar las primeras silabas. Aunque enfrente de sus ojos pudo ver que la mano que utilizó para callarla era la misma del pacto, pues la marca de su contrato se hizo presente en su brazo. A diferencia de otras ocasiones, estaba brillando de un intenso color rojo en medio de la oscuridad. Iluminando tenuemente el rostro del demonio que la sometía, destellando sus pupilas que revelaban lo mucho que deseaba devorarla y su boca entreabierta de la excitación por los sentimientos de pánico que evocaba en ella. Su trato, se suponía que debía de protegerla de que la aterrorizara nuevamente. El demonio no le dio oportunidad de que utilizara su mano disponible, porque la tomó de ambas muñecas con una sola mano y las aprisionó a un costado de ella. Volviendo a restringirle su libertad y utilizando ese brazo de soporte para mantener su equilibrio encima de ella. Teniendo controlada la situación reanudó su ataque con su boca, pero esta vez sobre su blando pecho. En un punto que estaba más cerca de su frenético corazón. Temari exclamaba su exasperación a través de sus gritos ahogados entre los dedos del Nara, moviéndose constantemente debajo de su pesado cuerpo, pateando sin cesar, retorciéndose de pavor al sentir sus labios aprehenderse de su piel y hasta morderla.

Hasta que se añadió otro peso a la cama. Alguien se había colocado atrás de Shikamaru, rodeó con su brazo su cuello y lo jalo hacia atrás consiguiendo separarlo aunque sea unos centímetros de la chica. Sin desperdiciar su tiempo sacó un cuchillo y apunto su filo hacia la boca jadeante del chico de la coleta.

— ¡Temari cierra los ojos! —Ordenó la voz familiar y sin chistar ella obedeció—. ¡Contrólate de una vez! — El Nara la soltó por fin. Tomando el antebrazo del hombre y luchando por alejar el brazo que lo amenazaba con el arma blanca—. Tú no puedes lastimarme pero yo sí. No me molestaría arrancarte la quijada en este momento si continúas.

La Sabaku al sentir su libertad se arrastró hacia atrás con ayuda de sus codos. Pegando su espalda contra el respaldo de su cama, recogiendo sus piernas hacia su pecho, colocando su mano sobre el área que había atacado en su cuello y jadeando escandalosamente su desconcierto. Shikamaru impregnaba su cálido y sacudido aliento sobre el plateado filo del arma, el cual detenía ahora con sus dientes para prevenir que el arcángel le partiera la boca de un solo movimiento. A base de tirones, el hombre de cabellera plateada logró hacer que el demonio retrocediera lo suficiente y se bajara de la cama. La mano temblorosa de la rubia buscó el interruptor y encendió la lámpara de noche que estaba junto a ella. Iluminando la escena de Kakashi sujetando del cuello al Nara y amenazándolo con un cuchillo en su boca.

— ¿Te encuentras bien? —Interrogó al encontrar la mirada de la rubia, quien solo asintió y trató de normalizar su pulso—. Sigues encontrando fallos en nuestro pacto, ¿no es así hermano? —Apretó más su agarre contra su cuello—. Sé que estas confundida. ¿De casualidad probo tu sangre recientemente?

— Sí, —tragó saliva— me lastime sin querer y solo se lanzó sobre mí.

El Hatake forzó una sonrisa derrotada.

— Lo que ves ahora es una etapa de privación de su sustento. Tiene tanto tiempo que no ha probado la sangre humana que una vez que volvió hacerlo perdió el control sobre sí mismo. A pesar de nuestro pacto a descubierto que puede sacar beneficio de ti si te produce placer —solo hasta que él lo mencionó, Temari reconoció que su rostro estaba más caliente de lo normal—. Incluso su compostura tiene límites y no puede ignorar su verdadera naturaleza: La de una bestia.

Como si de un interruptor se tratara, tan pronto término su frase los dientes del chico de la coleta destrozaron la hoja del cuchillo que antes lo amenazaba. Eliminando una de las trabes del arcángel en un parpadeó. Kakashi plasmó su asombro en su rostro. Delante de sus ojos acababa de destruir su arma divina meramente con sus dientes y reconocía que eso no era fácil de conseguir. Con sus dos brazos ajusto más la llave que le estaba aplicando a su cuello, pues lo que estaba sujetando entre ellos no era un ser cualquiera si no uno más temible de lo que juzgo.

— Solo porque estas atado a ella no te erradico en este momento —le susurró con seriedad a su oído y continuo—. Si sentías miedo el pacto debió detenerlo, pero a pesar de que este le causo dolor, no logró desanimar su apetito. Llevándose hasta el extremo de quemarse el brazo dos veces —sus ojos aqua cambiaron hacia el brazo que se estaba refiriendo el de cabellos plateados y si notó unas cicatrices rojizas que estaban justamente en la marca del trato del Nara—. Eso pasara cada vez que quiera pasarse de listo. No me hagas cambiar de opinión de considerarte un ser pensante y que lo consideraras dos veces antes de perturbar esta pobre alma —hizo una pausa—. Asi que voy a soltarte. Presumo que te portaras bien ahora.

Tal como lo prometió, el Hatake soltó al demonio sin antes darle la espalda a la universitaria para interponerse en el camino del chico. Anticipando cualquier próximo movimiento que este planeara ejecutar. Shikamaru llevó su mano a su cuello para relajar los músculos que el agarre del arcángel tensó y con la otra atrapó los fragmentos restantes del arma divina que quedaron en su boca. Los dos seres se miraron fijamente, pero de vez en cuando las pupilas del chico de la coleta recaían en la rubia.

— Temo que tendré que quedarme esta noche aquí. —Declaró el arcángel retrocediendo lentamente—. Ya es tarde. Deberías de tratar de descansar, Temari. ¿Te molesta si te acompaño?

— ¡Aléjate de ella! —Bramó el Nara.

Kakashi no temió en invocar una daga del aire y apuntarla hacia él.

— ¡Ella no te pertenece! —Decretó el Hatake en lo que continuaba retrocediendo hasta que llegó a la cama y se sentó en ella—. No eres de confiar ahora. El de cabello plateado se deslizó hasta quedar a un lado de Temari quien seguía con sus piernas retraídas hacia su pecho—. Ya es algo tarde. Deberías de descansar, descuida yo lo mantendré al margen. Puedes recostarte junto a mí, si eso te hace sentir más segura.

La rubia lo observó con incertidumbre. A un lado de ella estaba el Hatake que no le despegaba sus ojos a Shikamaru, se veía preparado para levantarse y atacarlo de ser necesario. Luego, cambio su vista hacia su agresor. Sus nuevas heridas parecían molestarle bastante, pues no dejaba de sobarse sus cicatrices y tenía una mueca de dolor, pero no era suficiente para que apartara sus pupilas de ella. Kakashi tenía razón. Eran las dos de la mañana y al día siguiente presentaría un examen. Teniéndolo a su lado se sentía más segura y su palabra jamás le había fallado. La Sabaku apagó la luz de noche y retornó a su sitio. A pesar de estar en las penumbras, sintió como el arcángel se hizo más hacia abajo para recostarse sin dejar de tener recargada su cabeza sobre el respaldo.

— Ven .—Levantó su brazo invitándola a que se le acercara más.

La rubia se sonrojó ante su propuesta y le tomó un par de segundos en acceder. Se acercó hasta que su rostro estaba sobre el pecho del de cabello plateado. Este la rodeó con su brazo para pegarla más a él mientras sostenía la daga con la otra mano. La universitaria se sintió algo incomoda por estar recostada sobre alguien que apenas conocía, pero sabía que estaba mejor ahí que bajo las garras de la sombra. Empezó a concentrarse en tratar de dormir. En ese absoluto silencio escuchaba el calmado palpitar del Hatake, su lenta respiración y su pecho emanaba calidez. Sin embargo, su visión insistía en clavarse en el abismo, donde su atormentador aguardaba. Sabía que estaba mal que sus pupilas se posaran sobre su oscura silueta. No tenía que verlo para saber que desde ahí continuaba acechándola. Cerró sus ojos. Ahora comprendía que su sangre lo enloquecía, sin importar que fuera una pequeña pronto esta se expusiera al aire él volvería a lanzársele encima.