Después de una intensa presión de continuar con mi fic gracias a las cordiales invitaciones de Lirio-Shikatema, desbloquee un poco mi cerebro para poder escribir esta continuación. En verdad me está costando toda mi voluntad escribir y revisar porque mi cabeza se está partiendo de lo mucho que la exprimí. Pero ¡hey! Espero les agrade esta sorpresa, pues no tuvieron que esperar un mes para tener su continuación.
Kaoru-sakura: Me da gusto que si pudiera subirte el ánimo y que te lleves una enorme sorpresa al ver la notificación de que se actualizo.
Maoyess: Gracias por echarte una maratón y tus kilométricos reviews los amo. Como te dije estoy impresionada de que acertaste en unos puntos pero no te revelare cuales. P.d: Sip Kankuro sale mucho más acá, puedes seguir amándolo con todo tu cora.
Lu-sun: Gracias por leerme y como lo prometí también actualizo por acá. Que curioso jajja cuidado con ese hábito porque luego shikademonio se te aparecerá. Kakashi resulto un personaje perfecto para ser serio y aparte echarle limón a las heridas jajaja. Todo un caballero.
—Capítulo 8: Nuevos intereses—
Su alarma sonó. Como lo hacía todas las mañanas, sacó su mano torpemente de las profundidades de sus colchas y manoteaba sobre la cama para apagar su celular. Habiendo logrado su objetivo, volvió acomodarse en su lugar para darse unos cinco minutos más de sueño antes de empezar su día. Hasta que cayó en cuenta que su almohada respiraba. Sentir su cuerpo a primera hora en la mañana no era algo que esperaba. Inmediatamente la chica se levantó de un respingo, sin poderse quitar por completo el velo del sueño de sus ojos aguamarina a pesar de haberse asustado. A Kakashi no le ofendió su reacción, pues era lógico que hubiera olvidado lo que había pasado la noche anterior durante su descanso. Por lo que la recibió con un gesto amable y su usual reconfortante sonrisa. Se estaba volviendo costumbre que los dos desayunaran juntos, aunque en esta ocasión el arcángel optó por simplemente hacerle compañía en lo que la rubia comía.
— Que se reescriban los nuevos términos en su naturaleza toman tiempo. Debido a lo que pasó el otro día, creo que está de más recordarte que tengas extremo cuidado en ese día del mes hasta que sus objetivos cambien —las palabras del Hatake detuvieron en el aire la cuchara que la rubia se estaba llevando a la boca—. Bueno eso y cualquier otra herida. Antes lo detenía un sentido de anticipación, pero ya que probó tu sangre —hizo una breve pausa—. No puedo prometerte que no volverá a actuar de ese modo. Lo único que te puedo garantizar es que no puede violarte —la expresión estupefacta de la chica que seguía congelada y mirándolo fijamente lo hizo revalorar sus palabras—. Disculpa. Estoy arruinando tu desayuno.
— No. Está bien, —dijo nerviosa llevando su cuchara a su plato de cereal, sumergiéndola para tomar un poco más y regresándola a la altura de su boca— es algo que debo de tener en mente a pesar que sea muy obvio.
Temari asintió en silencio, todavía procesando su mañana.
— Otra cosa. No tienes que decir mi nombre completo para invocarme. Si por alguna razón te interrumpen y necesitas de mi ayuda, con que lo pienses yo vendré enseguida. Como alteré su pacto es mi responsabilidad vigilarlos. Así que nunca estaré lejos.
— Gracias. — Le dio un vistazo fugaz al arcángel y devolvió su mirada a su plato.
Únicamente el sonido de su cuchara de metal chocando con su plato de porcelana llenaba el denso silencio que flotaba entre los dos. Indeciso el de cabellos plateados se debatía si era prudente hacer otro comentario derivado al ataque del Nara, pues este podía afectar negativamente en sus emociones y reconocía que esa mañana no había sido para nada pacifica a su parecer. Al final decidió abstener esas palabras en su boca y enfocarse en otra cosa.
— ¿Segura de que te encuentras bien?
— Estoy algo sacudida, —suspiró— pero sigo en una pieza.
— Bueno —el Hatake se levantó de la silla—. Te dejare para que puedas seguir con tu rutina y no entretenerte, pero seguiré cerca para asegurarme de tu tranquilidad.
— Te lo agradezco.
Tan pronto el arcángel abandonó el comedor, Temari sacó su celular para revisar una aplicación donde registraba todo sobre su ciclo menstrual. Según la predicción de su app faltaban quince días para que comenzara su ciclo. Un tanto desalentada dejó su celular sobre la mesa. Cualquiera pensaría que una solución sencilla era usar algún anticonceptivo que le interrumpiera su regla, pero incluso eso era complicado. Todo gracias a su historial clínico y la sugerencia de su ginecólogo que se abstuviera de esos métodos por los adversos efectos secundarios que provocaban en su cuerpo. Entonces miró a su alrededor. Desde que despertó no había señales de la presencia de Shikamaru. Era consiente que este podía materializarse en cualquier momento, pero trataba de calmar sus nervios recordándose que el arcángel seguía rondando su departamento. Terminó de desayunar, lavó su plato y fue al baño para ducharse.
Se quitó su blusa y fue hacia su regadera, pero algo que vio de reojo en el espejo la detuvo. Giró sobre sus pies para acercarse hacia su reflejo, pues a duras penas podía creer los moretones que la boca de Shikamaru le plantó sobre su piel. El de su cuello era el más grande y tenía otro de menor tamaño sobre el nacimiento de su pecho izquierdo. Sus tonalidades púrpuras y oscuras se podían ver fácilmente a metros de distancia. Por supuesto que le dejo marca. Se inspeccionó meticulosamente sus chupetones y la preocupación se reflejó en su rostro. Lo que sucedió esa noche no era algo que podía barrer bajo la alfombra y olvidarlo fácilmente. Se acercó más al espejo para ver el principal causante de su traumática experiencia. La herida de su labio había cerrado muy bien y solo había una marca muy pequeña en su lugar. Sacudió la cabeza y terminó de desvestirse para meterse a bañar.
…
Inspeccionaba cada una de sus prendas que tenía colgadas en su guardarropa hasta que encontró una blusa ideal. Se trataba de una camiseta sin mangas y cuello de tortuga de color negro. Era perfecta para esconder las alarmantes marcas de su piel. La combinó con una falda de cuero color vino que le llegaba arriba de la rodilla. Se recogió su cabello en una cebolla alta, dejando su flequillo libre sobre su rostro. Llegó a su universidad y continuó repasando sus apuntes. Hasta que llegó el momento de presentar su examen, su salón estaba en completo silencio mientras sus compañeros y ella realizaban la prueba. Pacientemente iba leyendo inciso tras inciso y respondiendo cada una de las preguntas. De repente leyó una pregunta que le recordó cuando se lastimó su labio… Su mente tomó una breve pausa para regresar al forcejeo, los jadeos y su boca presionándose contra la suya. De la nada su cuerpo revivió la sensación del cálido aliento del demonio chocando contra su piel. Haciendo que un fugaz escalofrió erizara su espalda y se cubrió con su mano donde se encontraba el chupetón de su cuello. "¿Qué estás haciendo, Temari?" se preguntó a sí misma cerrando los ojos y exhalando lentamente. Estaba en medio de un examen. Lo que menos necesitaba era distraerse con tonterías y equivocarse en el cuestionario. Como pudo se forzó a concentrarse y terminar lo que había empezado.
Su profesor les dio la indicación a los que terminaban antes su examen que podían retirarse para que no distrajeran a sus otros compañeros. Karin se sentía muy confiada de su futuro resultado, así que para mimarse le sugirió a la Sabaku que fueran a la cafetería que estaba enfrente de su universidad. Hicieron sus pedidos, pagaron y fueron a sentarse en una de esas mesas pequeñas para dos personas.
— Te ves muy bien hoy —la elogió la pelirroja—. ¿Acaso saldrás después de clases?
— Para nada, de aquí me iré directo a mi casa. —Respondió antes de colocar el popote de su bebida entre sus labios y tomar de su frappuccino.
— Es una lástima. Te queda muy bien ese estilo —abrió un pequeño sobre de azúcar para verterlo en su latte y lo revolvió con ayuda de un delgado palo de madera —. No puedo creer que Karui se haya quedado más tiempo en ese examen. Estaba muy fácil.
— Ya sabes cómo es —sonrió la rubia—. Le gusta revisar todo incluso hasta tres veces para no equivocarse en algo tan simple.
Entonces, sintió que una mano se posó sobre su hombro desnudo. Temari brincó en su lugar por el inesperado tacto y giró su rostro rápidamente. Al averiguar de quien se trataba, colocó su mano sobre su pecho y exhaló molesta.
— Santo cielo Kankuro. ¡No te aparezcas así!
El castaño tomó una silla vacía para acercarla hacia la mesa de las chicas. La giró para que el respaldo quedara enfrente de la mesa y tomó asiento. Envolvió el respaldo de la silla con sus brazos y apoyó su mentón sobre este.
— Tranquila hermana. Te ves tensa, ¿acaso estas ocultando algo?
— Lo único que quisiera ocultar es mi prueba de ADN que demuestra que somos familia. —Tomó el popote entre sus dedos y con este comenzó a picar el hielo acumulado de las orillas de su bebida.
La rubia seguía nivelando su enojo por el tremendo susto que le dio Kankuro que no había notado que llegó acompañado. El muchacho tenía la misma estatura que su hermano, era pelirrojo, de ojos café claro y su tez clara. Portaba una sudadera gris oscura sin mangas, unos jeans de mezclilla y un par de tenis blancos.
— También te extrañe —sonrió de oreja a oreja y luego carraspeo—. ¿Dónde están mis modales? Chicas este es mi amigo, se llama Sasori Akasuna —el recién mencionado levantó su mano como gesto de saludo—. Sasori, esta fiera es mi hermana Temari y ella su amiga Karin, quien es mucho más agradable que ella.
— Gracias Kankuro, eso fue lindo. —Respondió la Uzumaki con una sonrisa.
Temari barrió con la mirada al pelirrojo. De todos los fenómenos que solían rodear a su hermano, tenía que admitir que el que lo acompañaba esta ocasión era bastante atractivo. Su rostro parecía de porcelana y tenía unas pestañas muy lindas, pero si toleraba a Kankuro debía de ser porque compartían un gusto extraño. La rubia hizo una ligera mueca de duda en su cara y devolvió sus pupilas a su café.
— ¿Qué quieres?
— ¿Qué? —Su falsa sorpresa abarcó todo su rostro—. ¿Acaso no puedes creer que solo vine a ver como estaba mi adorada hermana mayor? Con la cual no he convivido desde hace mucho tiempo —la rubia solamente lo atravesó con su mirada—. ¿Me prestas tu auto? —Hasta su tono de voz cambió.
— ¿Qué le pasó al tuyo? —Lo miró como si estuviera loco y frunció el entrecejo.
— Digamos —cambió su vista al techo y disminuyó su voz— que me fue confiscado temporalmente por nuestro padre.
— ¿Qué hiciste?
— ¿Por qué crees que paso algo?
— Necesito saber la gravedad de tus acciones para saber si te dejo llevarte mi auto.
— Bah. Conoces a papá. Se enteró que lo usaba para unos arrancones clandestinos los fines de semana y pues —se encogió de hombros— el resto es historia.
— Sí que eres un idiota. Sabes que eso es ilegal. Imagínate que los atrapen, luego tendrías que pagar una fianza y ni creas que yo te prestare dinero para sacarte de la cárcel —volvió a tomar de su frappuccino—. Pero ¿tu carro sigue intacto?
— Por supuesto —sonrió ampliamente—. Es mi adoración.
— Y supongo que quieres mi coche para otras cosas que no son carreras de arrancones —enarcó una ceja la rubia— ¿verdad?
— Sí. Tu auto no tiene la potencia para esas cosas. Solo quiero ir al cine con mis amigos. —Terminó haciendo unos ojos de cachorro y batió sus pestañas varias veces.
Temari lo observó con sospecha. Le acercó una servilleta y sacó una pluma de su bolso.
— Por escrito. —Azotó su pluma contra la mesa.
— Debes estar bromeando. —El castaño enderezó su espalda y no pudo ocultar su incredulidad.
— Escribe tu nombre, fecha, lo que harás y lo firmas —la Sabaku se recargó en el respaldo de su silla y continuó bebiendo de su café—. Si te metes en problemas esto me excluirá de tus líos.
— ¡Esta bien! —El castaño tomó la pluma de mala gana y empezó a escribir en la servilleta todo lo que le solicitó.
— ¿Puedo confiar en su palabra? —Interrogó la rubia al amigo de su hermano.
El pelirrojo gentilmente le sonrió. Sorprendiendo aún más a la Sabaku lo bien que se veía curveando sus labios.
— Puedes confiar en la mía. No permitiré que nos meta en problemas. —Respondió él.
— Te lo encargo mucho entonces. —La de orbes aqua le correspondió la sonrisa.
Temari cambió su vista hacia Karin, quien con la mirada le advirtió que no le estaba pasando por desapercibido lo que estaba sucediendo delante de ella. Kankuro llamó su atención al firmar violentamente la delicada servilleta y clavando dramáticamente la punta de su pluma junto a esta para finalizar su trato. Liberó un profundo suspiro, colocó delicadamente la pluma sobre su "contrato" y lo deslizó lentamente hacia la rubia. Su hermana lo escudriñó con la mirada y torció su boca. Sacó su llavero de su bolso, separó las llaves de su auto de estas y la sostuvo a la altura del rostro del castaño.
— Nada de conducir ebrio —meneó la llave en el aire— y lo quiero en una pieza enfrente de mi departamento mañana temprano.
— ¡Sasori maneja! —le arrebató la llave— ¡gracias hermana eres la mejor! —Se levantó para plantarle un beso en la cabeza. Siendo seguido por su amigo se dirigió a la salida, pero se detuvo para dar media vuelta y caminar de espaldas—. Adiós Karin.
— Nos vemos. —Respondió la recién mencionada.
Pudieron ver a través de los ventanales del local al castaño rodeando con su brazo el cuello de Sasori, jalándolo con fuerza y alzando su puño en el aire en forma de victoria. En cambio, el Akasuna caminó tranquilamente junto a él, pero fue evidente que tiró un último vistazo del otro lado del cristal a donde estaban sentadas las chicas con una sonrisa. Temari suspiró.
— ¿Acaso estas rodeándote de pelirrojos a propósito? —Comentó la chica de lentes algo divertida—. Gaara, Karui, yo… —hizo una pausa— Sasori. —Finalizó con una gran sonrisa.
— Vamos —río a lo bajo—. Si eso fuera verdad Tayuya sería mi alma gemela.
— ¿Sigue causándote problemas? —Negó con la cabeza la pelirroja.
— Presiento que si me descuido, lo hará —la de orbes aqua se quedó unos segundos pensativa y entornó la mirada—. ¿Acaso me estoy imaginando cosas? Últimamente no puedo confiar en mi criterio.
— Puede ser. Digo, yo pase muy por debajo de su radar —meneó sus hombros—. De todos modos es muy bajo para mi gusto.
La Sabaku soltó una carcajada.
— Si lo es.
Karin le ofreció llevarla a su casa después de clases y la aceptó sin pensarlo dos veces. Se despidió de ella con un ademán desde la entrada y se metió a su edificio. Cuando entró a su departamento, encendió las luces, pero algo la hizo brincar en su lugar.
— ¡Mierda! —Exhaló, cerró la puerta detrás de ella y pronunció a regañadientes—. ¿Sería mucho pedir que dejes de aparecerte así?
El muchacho ignoró por completo su comentario. Se mantuvo quieto, acostado sobre el sillón, con los brazos cruzados detrás de su cabeza y sus párpados cerrados. La rubia conservó su distancia y miró a su alrededor.
— Si estás buscando a tu caballero emplumado ya se fue. —Informó el Nara.
Temari le creyó. Eso explicaría porque todo su día estuvo tan tranquilo sin tenerlo encima de ella hasta ese momento. Empezó a andar sin despegarle la vista de encima.
— Tú —lo señaló con el dedo—. Mantente mínimo tres metros lejos de mí.
— Claro —bufó por la nariz—. Porque si no llamarás al cretino a empalarme con sus armas celestiales.
— ¡Solo no te muevas de ahí!
La Sabaku azotó la puerta de su habitación dejando al Nara completamente solo en su sala. Este abrió los parpados para quedarse viendo al techo de la habitación. Sacó su brazo debajo de su cabeza y lo colocó enfrente de su rostro. Las cicatrices de su castigo estaban disminuyendo, pero seguían presentes. Siendo un demonio cualquier herida le tomaba segundos en sanar, aunque al tratarse de su incumplimiento con el pacto estas estaban demorando más de lo debido. Dejó caer su mano sobre su pecho y suspiró. "Maldita seas, Kakashi" pensó.
Conservando su guardia en alto la rubia fue a cambiarse a su baño. Se estaba desvistiendo hasta que nuevamente la marca que le dejó el Nara en su cuello volvió a acaparar toda su atención. Si Kakashi la dejo sola era porque las cosas ya se habían calmado, pero aun así… le era difícil sentirse segura por su cuenta. Con tan solo horas de diferencia, el demonio la tenía atrapada en su cama, sofocando sus llamados de auxilio y degustando su piel. Volvió a sacudir su cabeza. No podía dejarse intimidar por él nunca más. Solo tenía que ser muy cuidadosa de no lastimarse y eso la mantendría a salvo.
…
Dentro de sus sueños pudo sentir que algo vibró espontáneamente junto a ella. Lentamente reveló sus ojos aqua entre sus parpados y buscó con su tacto la ubicación de su teléfono. Al tentar un objeto rectangular con sus dedos, lo tomó y lo desbloqueó para ver los mensajes que tenía. Entornó la mirada cuando descubrió que un número desconocido le había mandado un mensaje:
— Hola. Espero no molestarte. Soy Sasori, el del otro día —la rubia se sentó de golpe sobre su cama—. Kankuro me pasó tu número y dirección porque me pidió de favor que te trajera tu auto ya que estaba algo indispuesto. Solo quería mencionarte que me encuentro enfrente de la entrada principal de tu edificio.
Hola. ¡Lamento las molestias! Ya bajo —Respondió rápidamente.
"¡Maldición Kankuro!" soltó en sus adentros en lo que fue a verse en el espejo. Estaba recién levantada, rápidamente cepilló con sus dedos lo que pudo de su dorado cabello, pero a su visión entro nuevamente el chupetón del Nara. "Mierda" corrió a su guardarropa a ponerse algo abultado y holgado del cuello para que pudiera ayudarla a ocultarlo. Por fortuna era una mañana muy fresca, así que se cubrió con una sudadera. También se acomodó todo su cabello hacia el lado donde se encontraba la marca de su cuello. Se dio otro vistazo delante de su espejo. Bien, ahora se veía más decente. Salió de su departamento y le echó llave antes de encaminarse hacia el elevador. Una vez en la planta baja, caminó despacio hacia el ingreso principal. Al cruzar la puerta de cristal encontró su auto estacionado justo enfrente y recargado en uno de los costados de este la esperaba el Akasuna. Su vestimenta la tomó por sorpresa. Ocultaba sus ojos con unos lentes oscuros, traía puesta una chamarra de cuero marrón, una camisa blanca, jeans oscuros y botines negros. El pelirrojo al verla le dedicó una sonrisa y se despegó de su auto para reunirse con ella.
— Hola —carraspeó tratando de suavizar lo rasposa que estaba su voz esa mañana—. Espero no haberte levantado.
"¡Sigues en pijama tonta!" se regañó a sí misma la rubia. Por las prisas salió en una sudadera gris, pantalones holgados negros y pantuflas. ¡Toda una genio! Sin mencionar que su cabello estaba sin cepillar. Solo faltaba que tuviera un rastro de baba seca sobre su rostro. Colocó su mano sobre su mejilla discretamente solo para cerciorarse de lo último. Se sintió aliviada al no sentir nada.
— Para nada —mintió—. Tenía rato despierta
— Ahora que lo pienso creo que hubiera estado mejor que te llamara antes de venir para acá, pero debo de confesar que estoy recién levantado y como le dijiste a Kankuro que lo querías aquí a primera hora —el chico se rascó la mejilla—. No lo pensé bien. Lo lamento.
Temari negó con la cabeza sin borrar la curvatura de sus labios.
— Descuida —exhaló y se cruzó de brazos—. El que vengas en lugar de mi hermano quiere decir que se puso muy mal ayer. Supongo que lo del "cine" se les salió de control.
El Akasuna agachó la cabeza un poco avergonzado, luego la levantó listo para enfrentarse a las consecuencias de las mentiras del Sabaku.
— No voy a mentirte diciéndote que si fuimos al cine —se quitó los lentes de sol revelando sus claros ojos cafés—, pero puedo asegurarte que no usamos tu auto para arrancones clandestinos. Después lleve a Kankuro a su departamento y me dejo quedarme ahí con la condición de que te trajera tu auto.
— Gracias por tu honestidad —hizo una breve pausa—. Dime que no se vomitó en él. —Se mordió el labio inferior y su preocupación se hizo notar en su voz.
— Me asegure de que no lo hiciera. Por favor, inspecciónalo —se hizo a un lado y señaló su auto con la palma de su mano—. Si ves algo mal me cerciorare de enmendarlo. Fue mi responsabilidad cuidarlo después de todo.
La Sabaku le tomó la palabra, pasó a un lado de él y se acercó a su auto para inspeccionar el interior a través de las ventanas. Luego echó un fugaz vistazo a su alrededor. Todo se veía en orden.
— Se ve perfecto —volvió a acercarse al pelirrojo—. Aunque me impresiona, por lo que me dices mi hermano está en pleno coma etílico y tú te vez muy fresco.
— A su suerte yo no suelo tomar mucho —esbozó una bella sonrisa y le entregó las llaves del auto a la chica—. Por eso me quieren en todos lados porque soy perfecto siendo el conductor designado.
— Te agradezco velar por mi auto y por Kankuro. ¿Quieres que te lleve a tu casa?
— No. No quiero causar más molestias. Ya pedí un taxi, no ha de tardar en llegar —agachó la cabeza—. Aparte temo que de estar en un lugar cerrado conmigo puedas ahogarte con el olor a cigarro que me cargo.
— Bueno —lo inspeccionó rápidamente— siempre se pueden bajar las ventanas.
— Tienes razón —volvió a sonreírle, un tanto complacido por su respuesta. De pronto escuchó un auto estacionarse a un lado del vehículo de la Sabaku. Revisó su celular y lo guardó—. Ya llegó mi taxi —retrocedió de espaldas—. Muchas gracias por hacerme compañía.
— Es lo menos que pude hacer.
Apenas el pelirrojo abrió la puerta trasera del taxi, le echó un último vistazo a la chica y se quedó estático en su lugar debatiendo algo en su mente. Hasta que tomó valor para decirlo.
— Temari —se aferró a la puerta—. ¿Te gustaría ir por algo de tomar la siguiente semana?
Su propuesta inundó de sorpresa el rostro de la rubia. La tomó tan desprevenida que tuvo que parpadear para hacerse reaccionar.
— Por supuesto.
— Genial. Te envió mensaje después. ¡Nos vemos!
Cuando el Akasuna entró al vehículo, la rubia levantó su mano para despedirse con un ademán y regresó al interior del edificio. Mientras iba en el elevador se mordió el labio inferior. ¿Acaso le había aceptado una cita? Seguía sonriendo como boba hasta que llegó a su departamento y su visión coalicionó con la existencia de su invitado no deseado, quien seguía en el mismo sillón desde la noche anterior. Salió tan deprisa que ni siquiera se dio cuenta si estaba ahí o no. En un chasquido su emoción se drenó de su rostro, pasó de largo la ubicación del demonio y volvió a su habitación.
…
La semana inició nuevamente. El chupetón de su pecho ya se había desvanecido, pero aún persistía un ligero fantasma de color morado sobre su cuello. La rubia tuvo que ingeniárselas para cubrirlo con una mascada de seda que acomodó en forma de un moño muy abultado. Complementó su estilo con una blusa pegada de manga larga de color ocre y que tenía un escote cuadrado, unos jeans de mezclilla que le llegaban a la cintura con corte de campana y unos flats negros. Al llegar a su salón de clases, fue muy entusiasmada a contarle a sus amigas sobre cómo le fue en su fin de semana:
— ¡No te lo puedo creer!
— Yo tampoco puedo. —Sonrió ampliamente la de orbes aqua.
— Desearía tener un hermano que también me presentara a sus amigos guapos. —Suspiró la morena.
— Bueno, realmente fue un cretino porque le confió mi auto a un completo desconocido ¡Pero! —Trazó una sonrisa pícara—. Si las cosas salen bien dejará de serlo.
— Y ¿te ha mandado mensaje desde entonces? —Cuestionó la chica de los lentes.
— No —exhaló sacando su celular—. Dijo que después lo haría, pero hasta entonces no he escuchado nada sobre él.
— A ver. Muestra foto —insistió la de orbes dorados—. ¡Es más guapo de lo que me imaginé!
— Y no lo viste en persona. —Le dio un codazo Karin.
Entonces en su salón hubo cierto movimiento de parte de sus compañeros que estaban regresando a sus lugares. En eso entró su profesor acompañado de un joven muchacho. La Sabaku no cabía en su asombro al darse cuenta de quien se trataba. Instintivamente volteó a ver a sus amigas quienes no pudieron resistirse y comenzaron a hacerle gestos en silencio mientras usaban su mano para cubrir sus bocas de la visión de su maestro.
— Silencio —ordenó mientras dejaba su maletín sobre su escritorio—. Buenos días, clase. Permítanme presentarles a Sasori Akasuna —de pronto el recién mencionado encontró el rostro familiar de la rubia entre sus nuevos compañeros. Su expresión se suavizó, dándole a entender que le alegraba saber que estaba ahí y discretamente le sonrió. La rubia se sintió un poco abrumada por el sonrojo que le provocó y le desvió la mirada. Apretando con fuerza sus labios para recuperar su compostura—. Acaba de regresar de intercambio y se integrará a esta materia con nosotros. Así que apoyen a su compañero para que pueda ponerse al corriente con los temas que ya hemos visto. Akasuna, tome asiento por favor.
El pelirrojo asintió y fue a sentarse en una de las butacas disponibles que estaba hasta el fondo del salón. A su suerte a unas cuantas filas lejos de Temari, quien seguía un tanto nerviosa como no lo había estado en mucho tiempo y sus amigas no paraban de reírse en voz baja de su reacción.
…
Sonó una campana al final de su clase y Temari fue la primera en salir para tomarse un respiro de los incesantes comentarios burlones de Karin y de Karui. No sin antes escuchar una indicación de su profesor de que todos tenían que asistir a una conferencia obligatoria que se llevaría a cabo en el auditorio central del campus universitario. Con paso veloz, únicamente se concentraba en llegar allá. Hasta que logró reconocer un conjunto de voces que andaban a unos pasos delante de ella. Era su grupo de amigas de la preparatoria. Las llamó a lo lejos para que la esperaran y se reunió con ellas. Charlaban entre sí, riendo de cosas muy simples hasta que la atención de la castaña se fijó en una persona que estaba sentado en una de las jardineras de su universidad. Tenía su cabello largo atado en una coleta alta, vestía una camisa blanca, pantalones negros y zapatos del mismo color.
— ¿Acaso es? —La detuvo del brazo sin despegar su vista de él.
Temari le siguió la mirada y su sonrisa se borró de sus labios. "Carajo" frunció el ceño. Justo en el momento en que se distrajo la de orbes chocolates se dirigió hacia ese muchacho.
— No Tenten, ¡espera!
Aunque fue demasiado tarde porque su amiga se le escapó de su agarre y no logró detenerla.
— ¿Shikamaru?
Su voz atrajo no solo la atención del recién llamado, sino también de sus otras amigas. La rubia la tomó del hombro para girarla y pronunció a regañadientes.
— ¿¡Por qué nunca escuchas!?
Por todo el rostro de la chica se le veían pintados varios signos de pregunta al no entender el "repentino" enojo de su amiga. Mientras que su grupo de amigas continuaron con su atención fija en el sujeto, cuyas manos guardó en los bolsillos de su pantalón, y se aproximaba hacia ellas con pasos confiados. Se detuvo a unos pasos de ellas y ladeó una sonrisa.
— Hola señoritas —pronunció casi en un ronroneo, luego clavó su mirada en la rubia y su voz sonó un poco más grave de lo normal—. Temari.
La Sabaku le apartó la mirada y se llevó su mano a su rostro para masajear su frente. Por primera vez el resto de sus amigas estaban conociendo en persona a su atormentador personal. Ino fue la primera en acercársele, lo barrió con la mirada, colocó sus manos sobre su cadera y lo recibió con una sonrisa confiada.
— Así que este es el Shikamaru Nara que las acompañó a esa fiesta. No sabía que también venías a la misma universidad. Mi nombre es…
— Ino Yamanaka —la interrumpió causando asombro en su semblante—. Temari me ha contado de ti —hizo una pausa— y por lo que veo han hablado de mí. Espero hayan sido cosas buenas.
— Solo un poco —se añadió a la conversación la pelirrosa—. Por alguna razón se ha reservado todos sus comentarios sobre ti. ¿Desde cuándo se conocen?
— Desde hace muchos años, ¿no es así? —El Nara posó su mano sobre el hombro de la rubia.
— Lamentablemente diría yo, —con un movimiento de su hombro apartó su mano de ella, se alejó un par de pasos de él y enganchó su brazo con el de la Haruno—. Es mejor que nos retiremos. Tenemos una conferencia a la cual asistir.
— Tiene razón. Podríamos ir juntos. —Lo invitó la castaña antes de alcanzar a la rubia que había tomado la delantera.
Shikamaru no pronunció palabra alguna. Comenzó a caminar detrás de ellas pero sintió un par de pupilas que seguían adheridas a su imagen. Giró su rostro para averiguar de quien se trataba y se topó con una chica de cabellos azulados y orbes aperlados observándolo detenidamente. De repente la Hyuga reaccionó y se sonrojó.
— D-disculpa. No era mi intención es solo que… —bajó su mirada nerviosa— ¿nos conocemos de algún lado?
El demonio frunció el ceño extrañado.
— No lo creo.
— Lo siento. Creo que te estoy confundiendo con alguien más. —Se excusó la de orbes aperlados y se apresuró para alcanzar a Tenten.
— Wow, Temari —llegó por un lado la rubia para susurrarle al oído— ¿dónde me consigo uno así? Este tipo te mira como si quisiera comerte con la mirada.
— Deja de decir tonterías. —Hizo una mueca de fastidio y negó con la cabeza.
La de orbes aqua giró ligeramente su rostro para incluir en su rango de visión a su fiel sombra, que caminaba detrás de ella. Al tener sus ojos sobre él, este solo le sonrió con cierta malicia. Temari rodó la mirada. Le parecía increíble que sus amigas estuvieran conviviendo de cerca con el sujeto que no dejaba de amenazar su vida y que fingía ser una buena persona. No podía culparlas de comprarle su actuación, pues no se atrevía a confesarles la vergonzosa situación en la que estaba envuelta. Una que todavía no se podía creer del todo a pesar de sus heridas, el pánico y el miedo que le hizo pasar. Convenciéndose cada vez más que había perdido la razón por aceptar que tenía que tolerar su existencia a su alrededor y que de a poco a poco se estuviera infiltrando en su vida transformándola en su nueva realidad. No. No iba a permitir que perturbara su día. No tardaron mucho para llegar al auditorio junto a un montón de estudiantes. Al entrar tenían que registrar su nombre en una lista y luego tomar asiento donde pudieran. La Sabaku estaba buscando con la mirada alguna hilera de sillas donde pudieran sentarse todas juntas, pero una chica que gritó a lo lejos la distrajo de su cometido.
— ¡Shikamaru! —la pelirroja alzó su mano para atraer su atención.
Se trataba de nada más y nada menos que Tayuya, quien estaba contenta de ver al Nara. Arrodillada sobre el cojín de su asiento y apoyándose del respaldo le hizo una señal para que se acercara. El demonio le correspondió la sonrisa y fue hacia la pelirroja que lo llamaba.
— ¿Desde cuándo conoce a Tayuya? —Preguntó Sakura viendo como el muchacho de la coleta tomaba asiento junto a la chica.
— Olvídenlo. En verdad no tiene importancia. —Sugirió la rubia en lo que descendía las escaleras para dirigirse a sus lugares.
— ¿Sera por eso que esta tan molesta con él? —Le preguntó la Yamanaka a la castaña.
Ese día se sentía bastante irritada respecto a todo y los comentarios de sus amigas no le estaban ayudando en lo absoluto. Mientras se estaba acomodando en la fila de sillas para darles suficiente espacio a sus compañeras de sentarse junto a ella, su mirada volvió a coincidir con un cierto pelirrojo que la admiraba de lejos. El semblante de la rubia se atenuó al contemplarlo y tomó asiento en su lugar. El Akasuna estaba tres filas debajo de ella y estaba charlando con Kankuro quien no se había percatado de la presencia de su hermana. Apoyando su antebrazo en el respaldo y casi apoyando su mentón sobre este, Sasori alzó su mano y le dedicó una amplia sonrisa. Temari suspiró, devolviéndole el saludo sutilmente y retornó su atención a la pelirrosa que estaba contándole algo. En sus adentros apreciaba esa delicada interacción del pelirrojo que la ayudaba a poner sus pies sobre la tierra y tranquilizarse un poco. Una que no pasó desapercibida ante los ojos del demonio, quien estaba ignorando el parloteo de Tayuya para concentrarse en grabarse el rostro de ese muchacho.
