¿Qué es esto? Una regresa de un enorme hiatus. En verdad me costó escribir este cap porque no sabía qué dirección darle, pero el siguiente… *guiño**guiño* Discúlpenme enserio por la tardanza. Mas a mis inquisidoras favoritas que me han respetado mucho este tiempo pero ya les toca su dosis de amor de mi parte :) si hablo de ustedes Lirio-Shikatema y Kaoru-sakura (las extraño mil y como hacen sonar el latigo para atormentarme, digo no dejaron de hacerlo pero se extraña jajaja)
Tambien agradezco a los demás lectores que están siguiendo este fic, y no no lo he abandonado. Hay muchísimas cosas que quiero ya escribir pero tengo que seguir escribiendo de poco a poco jeje. Gracias a Lu-Sun y Maoyess por sus reviews. Enserio me encantan sus comentarios. ¡Les quiero!
-Capítulo 9: Dosis de normalidad-
El castaño reposaba sobre una de las jardineras de la universidad. Únicamente se concentraba en respirar el aire puro que emanaba la vegetación que lo rodeaba. Disfrutando con una amplia sonrisa y sus ojos cerrados esa inmensa sensación de tranquilidad. Hasta que unos acelerados pasos se acercaron a sus espaldas y antes de que pudiera echar una mirada sobre su hombro para indagar la identidad de la persona que estaba detrás de él, sintió un breve, pero certero, golpe sobre su cabeza. Rápidamente se llevó ambas manos a frotarse el área afectada y su cuerpo se entumeció por el reciente impacto. Esa repentina rudeza fue suficiente para saber quién le había propinado tremendo puñetazo.
— ¡¿Por qué fue eso?! —Gruñó entre dientes el agredido sobando su cuero cabelludo.
— ¡¿Qué te crees cediéndole mi auto a un completo desconocido?! —Soltó la chica colocando sus manos sobre su cadera.
— No es un desconocido. Fuimos a la primaria juntos y es uno de mis mejores amigos. Hasta le confiaría mi vida —siseó del dolor—. ¡Cielos, mide tu fuerza mujer!
— Aja —se cruzó de brazos la rubia— ¿Y porque no recuerdo que mencionaras su nombre cuando eras niño?
— Estaba implícito cuando decía que iba a salir con mis amigos. A parte luego me lo agradecerás —mantuvo una mano sobre su cabeza mientras descansaba la otra sobre su rodilla—. Después de pedirte el auto, me preguntó que si estabas saliendo con alguien —juntó las plantas de sus pies y tomó sus tobillos—. Lo único que te pido es que no me lo perviertas.
— ¡¿Y creíste prudente emborracharte hasta perder la conciencia y arreglar un encuentro forzado entre los dos sin antes consultarme si estoy saliendo con alguien?!
— Vamos —alzó una ceja—. Tienes años soltera. Sabemos cuándo estas enamorada porque se te nota a leguas.
— Tu que sabes —arrugó su nariz—. No me haces un favor embarrándome a tus amigos. Ahora mismo me vas a decir cuál es su "detalle".
— ¿A qué te refieres?
Temari rodó la mirada y lo señaló con la palma de su mano abierta.
— Eres un fenómeno viviente de gustos excéntricos y te rodeas de raros semejantes a ti. No me tragó que sea un individuo normal.
— Oh —bajó la mirada como si estuviera buscando algo en el piso, alzo los hombros y ladeo un poco su cabeza—. Bueno le gustan las marionetas como a mí.
— ¡Lo sabía! —La chica echó su cabeza hacia atrás.
— Vamos no lo juzgues antes de conocerlo. Además, ¿de qué te quejas? Sí sé que ya le aceptaste una cita.
— ¡Es increíble que tan parlanchines son los hombres incluso más que las mujeres! —Pronunció retomando su guardia—.Todavía no se define nada.
— Perdónalo. A veces es algo tímido y tú tienes una cara de miedo. La verdad no sé qué vio en ti.
— ¡Lo que yo veo es otro golpe en tu cabeza si sigues metiéndole ideas! —Levantó el puño en el aire.
— ¡Tranquila! —Dijo al mismo tiempo que se refugiaba detrás de sus brazos— ¡Juro no hablar más al respecto! Solo quería alegrarte un poco —su comentario hizo que la rubia suavizara su rostro y su postura—. He notado que has estado algo rara hace tiempo y no recuerdo cuando fue la última vez que sonreíste. Como tu hermano, no quiero que nadie te haga sentir mal. Conozco a este chico de toda la vida y sé que puedo estar tranquilo si está a tu lado... pero ¡luego me tendrás que presentar a una de tus amigas! —Atropelló sus palabras antes de cubrirse la cabeza nuevamente con sus brazos.
— ¡Eres increíble! —Le dio un ligero punta pie en las costillas—. ¡Sabía que tú no haces nada de corazón!
— ¡Bueno está bien! —Se llevó sus manos hacia su nuevo moretón—. Solo si las cosas salen bien.
— ¡Adios Kankuro!
— Adiós hermanita, —se quejó sujetándose su costado— nos vemos luego.
Temari abandonó a su "agonizante" hermano quien terminó recostándose sobre la jardinera donde estaba sentado para quejarse de sus nuevos moretones. Lo tenso de sus hombros comenzó a calarle mientras se dirigía con su grupo de amigas que estaban sentadas en una mesa de jardín que estaba cerca del edificio de arte. Aunque conforme se iba aproximando, reconoció una silueta que no estaba ahí cuando fue a cazar a su hermano. Era aquel sujeto que insistía en estar metido en su vida personal engatusando con sus resbalosas palabras a sus conocidas quienes lo escuchaban con mucha atención a todo lo que se le deslizaba por sus labios. Entonces el joven levantó la mirada y elaboró una expresión de como si lo hubiera atrapado en medio de una travesura, una de la cual no se arrepentía ni un solo poco. Su abrupto silencio guio las miradas de las demás hacia ella y estas la recibieron con sonrisas divertidas.
— ¿Qué hace este aquí? —Gruñó la de orbes aqua cruzándose de brazos.
Como se lo esperaba, su espontánea actitud áspera sorprendió a las chicas, mientras que el joven de la coleta únicamente trazó una sonrisa ladeada.
— Andaba por aquí y me las encontré. Pregunte por ti y termine contándoles cómo fue que nos conocimos —meneó la cabeza con un tono juguetón—. ¿Recuerdas? Esas cabañas donde jugábamos y decías que yo era un príncipe.
— Quien diría que Temari era tan tierna en ese entonces. —Rió con dulzura la Hyuga.
— Yo era muy tímido, pero ella se encargó de decir mis líneas por mí —le clavó su mirada a la rubia sin borrar su arrogancia de su rostro—. Creo que hasta llegó a pensar que yo era mudo.
"Ojala lo fueras" pensó mientras deseaba poder fulminarlo solamente con su mirada. Su presencia solo hacía que su sangre hirviera de impotencia, pues no podía despegarlo de ella. En cambio él solo se regocijaba de poder contaminar poco a poco sus relaciones personales. Entonces por el rabillo de su ojo, la de orbes aqua notó que alguien se estaba acercando hacia su dirección haciendo que su corazón pegara un brincó y se disparó un segundo de pánico en su faz. Sin pensarlo dos veces se apartó de ellos y fue hacia el pelirrojo que se aproximaba. La de orbes aqua caminó con calma, pero quería asegurarse de detenerlo a unos metros de distancia de su dolor de cabeza. Su inesperada acción hizo que su compañero de clase se sorprendiera y le sonrió.
— ¿Cómo sabías que venía a hablar contigo?
¿Cómo sabía? Nuevamente metió la pata. Se apresuró tanto en intervenir y evitar de que terminara entablando una conversación con su torturador personal, que nunca considero que quizás solo estaba rondando por ahí. Imaginariamente se dio un duro golpe con la palma de su mano en su frente, sacudió de su rostro la expresión de que no tenía idea de lo que estaba hablando y disimuló rápidamente lo destanteada que se encontraba.
— Lo supuse. —Trazó una curva confiada, colocó sus manos sobre su cadera y la columpió hacia un lado.
El Akasuna continuó contemplándola asombrado por unos segundos más. Bajo la cabeza por un momento para retomar su verdadero propósito de porque se había acercado a ella y volvió a darle la cara a la Sabaku.
— Bueno, pensé que ponernos de acuerdo por medio de texto no era lo correcto. Así que —hizo una pequeña pausa— mejor vine a hacerlo en persona.
Lentamente la rubia fue admirando su determinación para hacerle frente así y decir las cosas tal cual eran. Muchos hombres tendían a tartamudear enfrente de ella o ponerse nerviosos, pero en cambio él conservaba su estilo al serle franco y tomar decisiones. Alzó las cejas complacida barriéndolo fugazmente de pies a cabeza con la mirada.
— Oh —asintió ligeramente—. Me parece bien.
— ¿Tienes planes mañana? Podríamos ir a cenar a algún lado si así lo deseas.
— Mañana estoy libre, así que claro podríamos ir a cenar.
— Excelente —el pelirrojo infló sus pulmones en forma de alivio—. Entonces, ¿te parece si mañana paso por ti a tu departamento?
— Claro.
— Bien, nos vemos.
Sasori le dedicó una sutil sonrisa para luego pasar a un lado de ella y continuar con su camino. La Sabaku se giró sobre sus pies para verlo irse, pero su atención fue violentamente jalada por una intensa mirada. Con un semblante en blanco, el demonio la observaba en silencio en lo que su grupo de amigas seguían con su charla e ignoraban el repentino cambio de humor del muchacho. Esos segundos en los cuales sus ojos chocaron se le hicieron eternos a la chica. Se sentía congelada bajo su mirada, pero dio un paso al frente y lo desafío con la suya. Una vez que el Akasuna se había alejado lo suficiente, el Nara retornó su atención a Tenten quien lo incluyo en su conversación y como si nada hubiera pasado, el semblante jovial del muchacho había vuelto. Temari de mala gana volvió a acercarse a ellos y tomó asiento a un lado de Haruno que era la más alejada del demonio.
— En serio, —le murmuró discretamente— tienes que decirme tu secreto para que los hombres te lluevan de todas las direcciones.
— Enserio —exhaló con tedio— no sabes las tonterías que estás diciendo.
— Solo envidio tu suerte. —Infló sus mejillas la pelirrosa.
— No tienes que. Tú eres suficientemente hermosa para tener a los hombres comiendo de tu mano —volvió a posar sus pupilas sobre el chico de la coleta para pronunciar casi con rechazo—. No importa la cantidad, sino la calidad de hombres que te llegan.
…
La noche acordada había llegado. La universitaria tenía su rostro a centímetros del espejo de su tocador aplicando rímel a sus pestañas. Cuando terminó, se apartó un poco para contemplarse minuciosamente. No era experta en el maquillaje, pero había aprendido un par de cosas al ver los videos de "gurús del maquillaje" que le salían espontáneamente en sus redes sociales. Giró su rostro para verse en todos los ángulos posibles, revisó las dos coletas bajas que se hizo estuvieran bien acomodadas, que su blusa de tirantes de satín de color lila no tuviera dobleces raros, que su falda mediana de cuero mostrara lo suficiente y que sus tacones abiertos lilas estuvieran en perfecto estado. Se empeñó por lucir bien esa noche. De uno de sus cajones de su tocador saco una caja la cual contenía un conjunto de plata que consistía en un collar corto y un par de aretes largos. Uno a uno fue colocándoselos, pero liberó un ruidoso suspiro. Solo tenía que desviar sus pupilas un poco de su bello rostro para ver el reflejo del muchacho que estaba sentado sobre su cama. Con su mirada eternamente adherida a ella y lo hacía en completo silencio.
— Sabes que es de mala educación quedártele viendo a la gente de esa manera. —Rompió el silencio en lo que terminaba de ponerse su arete.
— Años de hacerlo pensé que ya te habías acostumbrado.
— No. Y no voy a acostumbrarme —tomó su bolso y revisó si tenía todo lo necesario—. Si tan solo pudieras dejarme en paz como los otros años, me ayudarías a regresar a mi vida normal.
— Antes mi apetito era tolerable y te informó que no estoy aquí para hacerte favores, princesa.
La rubia bufó con la nariz y tomó su gabardina negra para ponérsela.
— ¿Puedo levantar mis esperanzas que pronto morirás de hambre?
Shikamaru sonrió. Se levantó de la cama, con las manos en los bolsillos y lentamente caminó hacia ella.
— Soy inmortal. Que muera de inanición esta fuera de la mesa. Eres la fuente de mi alimento —su voz se arrastró en su garganta como si apenas se hubiera despertado— y a pesar que no pueda comer de tu carne hay otras maneras que puedo alimentarme de ti sin tener que matarte. —Pretendió acercarse lo suficientemente para susurrarle al oído.
Rápidamente la de orbes aqua lo esquivó y retrocedió poniendo distancia entre los dos.
— No voy a tolerar que te pongas raro esta noche, ¿entiendes? —Lo señaló con su dedo índice y lo despreció claramente con la mirada—. Así que mantén toda tu existencia a un kilómetro de mí.
Entonces su celular comenzó a sonar mostrando el nombre de quien la llamaba en la pantalla. En un segundo su corazón se aceleró y sus mejillas se encendieron. Tomó su móvil que estaba sobre su tocador, discretamente preparó su voz y respondió.
— ¿Hola? —Se miró al espejo dándose un último vistazo a su aspecto y con ayuda de sus dedos colocó un mechón de su cabello detrás de su oreja.
— Hola —pudo escuchar su entusiasmo a través de la bocina—. Estoy afuera —suspiró—. Es muy maleducado de mi parte no ir hasta tu puerta y tocar como se debe, pero justo ahora recordé que no me has dicho cuál es el número de tu departamento. En caso de que haya llegado muy temprano, podrías decirme para subir a esperarte.
Temari sonrió. Abruptamente la emoción de su rostro se borró al recordar que el demonio seguía en la misma habitación que ella. A unos cuantos pasos de distancia, con sus pupilas bien clavadas en sus expresiones. Ella le dio un vistazo fugaz y bajo la mirada. Su presencia aún lograba drenarle sus espontáneos momentos de felicidad. No. Él ya no tenía control sobre ella. Nunca más. Carraspeó para hacerse regresar a sus sentidos.
— En realidad, llegaste justo a tiempo —tomó su bolso y abrió la puerta de su habitación—. No te preocupes, ya bajo.
— Está bien. Acá te veo.
La universitaria colgó la llamada, salió de su departamento y se metió al elevador. En lo que descendía, fue al espejo de este para analizar su aspecto una vez más. Hasta que una amarga imagen llegó a su mente. Ese era el mismo espejo que Shikamaru estrelló, del cual tomó un fragmento y se lo ofreció para que ella se quitara su vida con sus propias manos. ¿Y si volvía a detener el elevador? Un golpe de nervios la inundo. Respiró profundo y cerró sus ojos. "Basta", se dijo a sí misma. "Le quitaste el poder de perturbarte tu vida, no se lo devuelvas de esta manera". Forzó a que su rostro proyectara la confianza que necesitaba en ese momento y levantó ligeramente su mentón. Finalmente las puertas del elevador se abrieron. La rubia dio media vuelta y salió con determinación, pero con dar un par de pasos se detuvo en seco. Encontrarse con el Akasuna aguardando por ella en el lobby la tomó por sorpresa. El muchacho vestía de una camisa negra, un abrigo color canela y pantalones marrones. Los dos se recibieron con una amigable curvatura en los labios, sin disimular un poco que se admiraron uno al otro.
— Pensé que me esperarías en tu auto. —Dijo ella al mismo tiempo que se le acercó.
— Eso no sería muy caballeroso de mi parte. ¿Lista para ir a cenar? —La invitó a caminar con él hacia el exterior del edificio.
— Más que puesta. —Respondió mostrando las perlas de su boca.
— ¿Alguna preferencia o alergia que deba de saber?
— Pues —divagó su mirada en lo que bajaban las escaleras— no me gusta el pulpo. En cuanto el lugar, el que tu decidas.
— Perfecto —el pelirrojo se apresuró a abrirle la puerta del copiloto. Temari le agradeció su gesto e ingreso al auto. Siguió con la mirada al muchacho en lo que rodeaba su vehículo, hasta que abrió la puerta del conductor. Encendió el coche y con una sonrisa coincidió con la mirada de la chica de orbes aqua—. Me gusta cómo te ves.
La Sabaku entrecerró un poco su mirada y no pudo evitar ampliar su sonrisa. Si algo le agradaba a ese muchacho era lo directo que era. Obviamente estaba comenzando su juego de conquistarla a través de sus tácticas y ella no se iba a quedar atrás.
— Puedo decir lo mismo de ti. —Respondió segura y devolvió su mirada al frente.
Durante el trayecto Sasori le consultó un par de preferencias más a la rubia, quien secretamente se sentía emocionada por su encuentro. Llegaron a un restaurante de imponente fachada, con un acabado de ladrillos en el exterior, siendo rematado por algunas vigas de acero de color negro, pero lo que más destacaba era una atractiva terraza que tenía un ambiente misterioso y romántico. Por sus columnas subían enredaderas que luego colgaban del techo y el lugar estaba iluminado por luces cálidas. Pasaron al recibidor, donde la recepcionista les pregunto si deseaban sentarse dentro o fuera del restaurante. Decisión que el pelirrojo dejo en manos de la chica quien opto por la segunda opción. La señorita que los atendió muy amablemente los escoltó hacia su mesa y la preparó colocando sus menús en ella. Sasori se apresuró a ayudar a la Sabaku a tomar asiento y luego él se sentó delante de ella. Su mesero llegó y tardó menos de un minuto en traerles una botella de vino tinto que le encargaron junto un par de copas de cristal. Mientras les servía su bebida, la de orbes aqua rompió el hielo.
— Entonces, ya conocías a mi hermano desde hace tiempo.
Él asintió y su mesero se retiró.
— Lamento informarte que estuve involucrado en el setenta por ciento de todos sus líos. —Comentó sujetando con sus dedos el tallo de su copa.
— Y sabiendo que te traía tantos problemas ¿por qué le seguías la corriente?
— La vida es más divertida si tienes anécdotas que contar.
— ¿Estuviste cuando volcaron una camioneta de lujo?
— Si —exhaló recordando aquel día—. A su defensa él no iba conduciendo. Yo solo termine con un par de costillas rotas y una ligera cortada en mi pómulo —vio la expresión de incredulidad de la rubia—. Pudo haber sido peor.
— Claro. Mi hermano se fracturo la nariz, la clavícula y tuvo que usar collarín por dos meses mientras que la camioneta fue pérdida total. Tienen suerte de seguir vivos y que no quedaran con secuelas —negó con la cabeza y alzó una ceja—. ¿Debería de preocuparme por cómo te juegas tu vida?
— En lo absoluto.
La rubia bajo la mirada, bebió un poco y uso esos breves segundos de silencio para pensar.
— Acabas de regresar de intercambio —preguntó a la vez que bajaba su copa— ¿verdad? ¿A dónde fuiste?
— Ah. Fui a Iwagakure por un año. Sus montañas y acantilados arman hermosos paisajes a su alrededor. En clima es igual de desértico que Suna, no tiene una flora muy verde que digamos —tomó su copa de vino—. Pero te sorprendería que a pesar de ser una región de tonalidades muy apáticas, muchos grandes artistas salieron de ahí.
— Ya veo. Estas más inclinado a las artes plásticas. ¿Qué te hizo decidirte relaciones internacionales como carrera?
— Mi amor al arte es más un hobbie. También me gusta viajar, los diferentes idiomas y conocer gente de otras partes del mundo. ¿También te gusta el arte?
— Mis hermanos son los que están más inclinados a las manualidades y esas cosas. Yo prefiero el deporte.
— Y ¿qué me dices de tu carrera en la danza? —Pronunció antes de darle un trago a su copa y fijar sus pupilas en ella.
— Ay no… —se cubrió el rostro con una mano. "¡Debí adivinar que Kankuro iba a humillarme con eso después!"—. Verás mis padres me obligaron a entrar a ballet, pero a su sorpresa no era lo mío —se cruzó de brazos sobre la mesa—. No es justo. Sabes más de mí de lo que quisiera que supieras.
— ¿Disculpa? —Alzó sus cejas el pelirrojo—. Podría decir lo mismo. También estoy en desventaja porque yo tengo tiempo encantado contigo. De hecho, la primera vez que te vi fue cuando íbamos en la primaria —atrapó su atención—. Yo era más reservado y tímido en ese entonces, no tenía valor de confesarte que eras mi amor platónico y creo que —paseó su dedo índice por la boca de su copa— aún recuerdo haberte visto en tutu alguna vez. ¿Era morado y con listones rojos no es cierto?
Su descripción la dejo anonadada, pues eso hizo que recordara la prenda que mencionaba a la perfección. La manera en cómo le era franco y hablaba de su sentir sin darle tantas vueltas la tenía cautivada.
— Basta —rió—. Elimina esa faceta de mi vida de tu memoria. De mi parte ignoraba a propósito a los amigos de mis hermanos. Te mentiría si te digo haberte visto o recordarte en aquel tiempo. Pero mírate. Años después y henos aquí —apoyó su mentón sobre la palma de su mano, alzo sus cejas y le dedicó una mirada curiosa—. Estas a punto de cenar con tu viejo amor platónico.
El pelirrojo bajo ligeramente su cabeza, mirando su alrededor con una nostálgica sonrisa. Le dio un moderado trago a su vino. Reconsidero sus palabras, pues una equivocada podría darle una mala impresión a la Sabaku. Para ella no era la primera vez que uno de los amigos de sus hermanos le confesaba dicho pensamiento. Normalmente ellos ya habían seguido con sus vidas, reconociendo que fue algo pasajero o si eran persistentes ella les cerraba la puerta en sus narices antes de darles cualquier segundo de oportunidad. Conocía a la gran mayoría, lo patanes que eran o simplemente sabía que no iba a funcionar, pero con él… era diferente.
— La palabra viejo no suena tan bien. Volverte a ver despertó nuevamente esos sentimientos en mí. He puesto mis cartas sobre la mesa y me considero afortunado pues aceptaste esta salida conmigo —terminó posando sus pupilas de color café claro sobre ella.
— Espero que conocerme realmente no rompa esa ilusión que tienes de mí.
Sasori negó con una sonrisa coqueta. Mirándola con una enorme admiración.
— Al contrario, estoy encantado.
En silencio concordaban que tenían cosas en común y entre ellas esa espontánea conexión que surgió de repente. Ese interés mutuo de no tomarse tanto tiempo en analizar probabilidades y riesgos. Solo seguir fluyendo con lo que estaba ocurriendo. Después de les llevaron sus platillos la charla no cesó, se hacían reír mutuamente, y se acabaron la botella entre los dos. La cena había salido de maravilla. El par caminaban hacia donde Sasori había estacionado su auto, todavía seguían platicando y su aliento era exhalado como pequeñas nubes de vapor por lo frio que se había tornado la noche. Hasta que un extraño escalofrió recorrió la espalda de la rubia, uno que ya le estaba resultando familiar. No. Aunque quería obligarse a no hacerlo, miró rápidamente a su alrededor. Entonces lo reconoció, caminando hacia ellos iba esa silueta que malamente ya se había memorizado. Aquella de postura relajada, manos en los bolsillos y sus pupilas únicamente fijas en ella. Su presencia absorbió por completo su atención, por lo que no vio por donde iba y su tacón topó contra una sección de concreto que estaba levantado de la acera. Ante su reacción, Sasori actuó rápido y la sujeto de los hombros prestándole un poco de estabilidad a pesar de que no la necesitaba.
— ¿Te encuentras bien? —Cuestionó el Akasuna completamente ignaro de lo que estaba sucediendo.
El pulso de la chica se aceleró, pegó su mirada hacia él suelo y se abrazó a sí misma.
— Si —mintió y empujó una sonrisa de sus labios—. Creo que el frio me entumeció un poco.
El pelirrojo la contemplo con ternura. Sin decir nada más, extendió sus brazos y la abrazó de frente. La sorpresa de la chica se reflejó en sus ojos. A diferencia de ella, el universitario emanaba un calor muy reconfortante e inconscientemente ella le correspondió su abrazo aferrándose con fuerza de su abrigo. También ocultó su mirada en el hombro del chico para no volver hacer contacto visual con su atormentador.
— ¿Mejor?
Ella solo asintió. Sus corazones latían igual de fuerte, aunque por razones muy diferentes. Su felicidad había durado unas pocas horas, donde recordó lo que solía ser su ordinaria vida. Una donde no tenía que preocuparse por ella misma o por las personas que la rodeaban. Estaba aterrada por las intenciones de su sombra, cuestionándose que era lo que tramaba apareciéndose así de la nada. Claro. Atormentarla. Repetía la promesa de Kakashi en su mente una y otra vez: "No podía lastimarla ni a ella ni a sus seres queridos". Aunque todavía se le complicaba seguir con su vida diaria haciendo a un lado la presencia de su potencial homicida. En silencio se reprendió a si misma. El demonio ya no tenía control sobre sus emociones, mucho menos debía de regalárselos de esa manera. Afortunadamente estar refugiada entre los brazos de Sasori la ayudaba a recordarle que estaba segura. Podía enfocarse en el hecho que él era unos centímetros más bajo que ella. Después de un par de minutos, Temari se apartó un poco del universitario, quien seguía contemplándola con mucha intriga. Se miraron mutuamente a los ojos por unos segundos... y ella desvió la mirada con una sonrisa.
— Sigamos. —Volvió a girarse con dirección al auto del pelirrojo.
Su cita asintió, pero enganchó su brazo con el de ella para continuar dándole algo de calor. Gesto que ella apreció y posó su mano libre sobre el brazo del joven muchacho.
...
El Akasuna fue tan gentil de acompañarla literalmente hasta la puerta de su departamento. Una vez ahí, la rubia no había despegado los ojos del suelo en todo el recorrido. Rogaba intensamente que al levantar la mirada no fuera a volvérselo a topar por ahí. No quería saber que seguía rondando a su alrededor para molestarla. Disfrazando su severa preocupación, comenzó a jugar con las llaves de su departamento como si esperara que el pelirrojo le dijera o hiciera algo.
— Muchas gracias por todo. En verdad —por fin se dignó a mirarlo al rostro otra vez— la pase bien.
— Al contrario. A ti. Me gustó que me hicieras compañía esta noche.
"Que palabras tan bonitas", pensó ella, pero aun así no podía quedarse en paz. Aunque quisiera negarlo, él estaba en su cabeza impidiéndole disfrutar ese instante.
— Deberíamos volverlo a hacer. Todavía tenemos muchas cosas en que ponernos al corriente. —Se obligó a decir.
En definitiva el muchacho se había portado de maravilla para dejar que sus esperanzas murieran en ese lugar por culpa de lo distraída que estaba. Temari insertó las llaves de su departamento y abrió la puerta
— Eso me encantaría. —Respondió el pelirrojo tomándola de la mano.
Podía leerlo. Sabía que era lo que seguiría. Su rostro lo decía todo, pero no estaba en el lugar correcto para corresponderle aún. La rubia agachó la cabeza con una sonrisa y pretendió hacerse la ilusa para no lastimar sus sentimientos.
-— Por favor mándame mensaje cuando llegues a tu casa.
Su respuesta destanteó un poco al Akasuna, pero entendió que debía dar un paso atrás en sus intenciones. Asintió y con una sonrisa la soltó.
— Buenas noches, nos vemos pronto. —Dijo él al despedirse.
— Buenas noches. Si te pierdes puedes marcarme para orientarte. —Entonó su voz perfectamente para no despertar a sus vecinos.
Sasori dio media vuelta y caminó de espaldas hacia el elevador.
— ¿Me estas sugiriendo que me pierda entonces? —La rubia le contesto con una ligera risa—. Claro, te mantengo informada.
La Sabaku suspiró sin poder borrar la curvatura de su boca e ingreso a su departamento. Cerró la puerta, pero en realidad alguien más lo hizo por ella. Su cuerpo vibró, estaba parado justo atrás de ella apoyando la palma de su mano contra la madera.
— ¿Te divertiste? —Temari se alejó de su alcance y pretendió que su presencia no le afectaba—. Sé que me escuchaste.
Fue la gota que derramó el vaso. Dio media vuelta y lo encaró.
— Solo te diré una cosa y espero lo sigas al pie de la letra —advirtió a regañadientes —. Aléjate de mí.
Antes de que el demonio pudiera responderle, ella se giró y fue a encerrarse a su habitación. La noche había transcurrido tan bien que no iba a dejar que él arruinara eso con sus venenosas palabras. Empezó por desmaquillarse, dedicándole un par de malos pensamientos a su acosador. Con algo de fuerza fue despojándose de sus joyas y deshizo su peinado, hasta que su celular comenzó a sonar. Se quedó un poco pasmada al leer de quien se trataba. Agarro su teléfono y respondió.
— ¿Enserio te perdiste?
Escuchó como el chico del otro lado de la bocina rió a lo bajo.
— No. Solo quería avisarte que llegue con bien a mi casa.
— Oh, muchas gracias. Podré dormir tranquila. —Dijo al mismo tiempo que buscaba en su closet alguna pijama cómoda.
— Me alegra saber que eso te trae paz —aparto un poco su celular de su oreja—. No me había fijado en la hora. Espero no haberte interrumpido en nada.
— No realmente. Solo estaba poniéndome cómoda. —Arrojó su ropa hacia la cama.
— ¿Ya tienes sueño?
— Debería dormir pronto, pero no creo que me de sueño hasta en un rato. ¿Tú que tal? ¿El vino no te adormiló?
— En realidad me siento muy despierto. Estoy en mi cama y lo único que pienso es en ti. Por eso te llame.
— Vamos —sonrió de oreja a oreja—. Eres demasiado amable para ser de verdad.
— Que te digo. Me tienes embobado.
— ¿Seguro que no fue el vino que te dio esa perspectiva de mí? —Sonrió mientras sostenía su teléfono con ayuda de su mejilla y hombro en lo que se vestía.
— Bueno el vino me dio un poco de coraje, pero ya te lo confesé. Esto tiene tiempo —dijo casi en un murmullo—. Oye, ¿aun usas pijamas de color rosa?
Temari abrió la boca asombrada. Ese hombre sí que sabía más de lo que ella deseaba.
— Okay —rió divertida—. Te voy a colgar.
— Por favor no lo hagas. Si lo haces voy a asumir que es verdad.
— Te advierto que si me das algo de color rosa te voy a patear el trasero.
Sasori se mofó del otro lado de la bocina.
— No has cambiado nada. ¿Detestas ese color verdad? Dime ¿qué voy a hacer con los kilos de regalos de color rosa que están en mi casa?
— Diría que fue muy apresurado de tu parte —la rubia se recostó panza abajo sobre su cama—. ¿Qué tal si nuestra cita hubiera salido mal?
— Me hubiera desecho poco a poco de ellos enviándotelos bajo el nombre de admirador secreto.
— Que pésimo admirador secreto serías, pues sabes que odio ese color. Eso delataría lo poco que sabes de mí y no te daría puntos a tu favor.
— Tienes razón —suspiró—. Rayos, aquí parece fiesta de revelación de sexo.
— Déjame adivinar. ¿Es una niña? Aunque esa sería una buena manera de deshacerte de todo eso y ayudar a alguien más con su evento —hizo una pausa—. Ya enserio, dime que no compraste tales cosas.
El pelirrojo tronó la boca.
— No te responderé para conservar el misterio. Bueno, solo quería escucharte una vez más antes de dormir. Descansa y espero que te la hayas pasado bien esta noche.
La rubia mordió su labio tratando de contener su sonrisa.
— Claro que sí. Espero que para ti también. Buenas noches.
Temari colgó la llamada y continuaba sonriendo como boba. Ese chico si le estaba afectando positivamente en su estado de ánimo. Algo bueno para variar en su vida. Entonces recordó que en la puerta de su departamento él pretendía besarla, pero estaba tan aturdida por su sombra que lo declinó sutilmente. Eso pudo haber escalado a otra cosa, pero pronto recordó que su periodo se aproximaba. Abrió su aplicación donde registraba cuando eso ocurría para ver cuánto faltaba. Diez días. Su sonrisa se fue aplanando ligeramente. Cualquier otro día, celebraría que podría hacerlo sin esperar que ocurriera un desastre natural en el proceso… pero eso significaba que tenía diez días de paz hasta que el demonio perdiera el control. Solo una diminuta gota de sangre hizo que no pudiera quitárselo de encima. No quería imaginarse que sucedería si la cantidad aumentaba. Dejo su celular a un lado y se recostó sobre su costado. "Todo estará bien", se dijo, pero en verdad deseaba no sentir como si se estuviera mintiendo a sí misma.
