¡Hola! Acá con otra continuación de mi fic, espero que lo disfruten y Kaoru-sakura espero un día vuelvas y puedas leer todos los caps que sigo continuando. ¡Besos hermosa!
—Capítulo 11: Entre el hambre y el dolor. —
Tenía media hora encerrada dentro de su automóvil, el cual estaba estacionado en el sótano de los departamentos donde vivía. Con una mano en el volante y la otra enredándose entre su dorado cabello, no dejaba de pensar en el rostro afligido del Akasuna cuando la descubrió "besándose" con otro. "Maldita sea ¡Maldita sea!", golpeó exasperada con las palmas de sus manos el volante de su auto, después dejó caer su espalda sobre su asiento y desde lo más profundo de sus pulmones extrajo un pesado suspiro. Si tan solo hubiera conservado la calma, sin tan sólo su frustración no hubiera alimentado su pésimo hábito de morderse los labios, si tan solo hubiera ido a un lugar más privado o se hubiera concentrado en lo suyo desde el principio, nada de eso hubiera ocurrido. Sin embargo a pesar de todos sus esfuerzos por prevenir que Sasori se encontrara cara a cara con su torturador personal fueron en vano, pues las cosas terminaron saliendo peor de lo que se esperaba. Dejando al universitario con un amargo sabor de boca. Haciéndolo creer que se había escapado de clases para vivir a escondidas un momento de aventura y haciéndolo sentir como un vil juguete. Cosa que no era cierta, pero hasta ella se sentía avergonzada de sí misma porque no fue capaz de ponerle un alto a las oscuras intenciones del Nara. Era demasiado tarde para dar explicaciones sin parecer una loca de remate y no iba a culpar al muchacho si ahora pensaba malamente de su persona.
Parpadeó varias veces para contener las lágrimas que amenazaban con derramarse de sus orbes aqua. De su mochila que arrojó al asiento del copiloto buscó su celular y presionó un botón que tenía en el costado para desbloquearlo. Sintió un vacío al ver que en su pantalla exclusivamente le mostraba la hora en vez de un mensaje del pelirrojo preguntándole si había llegado con bien. Su ausencia le caló. Arqueó sus cejas hacia abajo, exhaló y regresó su celular a su lugar dentro de su mochila. Su plan era recargar su frente en el borde del volante, pero un ligero dolor en su cuello le hizo recordar la existencia de aquel sujeto que le había saboteado su vida. Mientras masajeaba su cuello, fue remplazando su impotencia por enojo. "Maldita seas Shikamaru", tomó sus cosas del auto y decidió salir de una vez por todas. Dando pasos seguros fue acortando la distancia entre ella y la puerta de su departamento y cuando abrió sus pupilas aqua cayeron directamente al lugar que se había vuelto el preferido de su acosador. Llenó de aire sus pulmones y su semblante se endureció.
— ¡Fuera! —Dijo a regañadientes.
Al escuchar su voz el demonio abrió los ojos. Giró su cabeza para incluirla en su visión, la miró de pies a cabeza rápidamente y cuando identificó a que se refería, proyecto en su cara un: "Ah ¿te refieres a mí?". Restándole importancia a su orden volvió a acomodarse en su lugar como si fuera a echarse una siesta.
— ¿Tuviste un mal día? —Preguntó él con una curvatura en sus labios.
La rubia apretó la quijada . Ese sujeto la hacía enfurecer de un segundo a otro. Con sus hombros hechos una piedra, dejó la puerta abierta y caminó hacia la sala para enfrentarlo.
— Tú más que nadie sabes cómo me fue en mi día —señaló la puerta con su dedo índice —. ¡Así que fuera!
— ¿Qué? ¿Lo dices por ese muchacho? —Lanzó un gran bostezo al aire—. Ambos sabemos que solo estabas aprovechándote de él.
Temari apretó los puños.
— ¡No sabes absolutamente nada! Por una maldita vez en mi vida estaba regresando a lo que era y tú. Tú ¡lo echaste a perder! Así que desvanécete de aquí.
Shikamaru tronó la boca.
— Miéntete todo lo que quieras, pero a mi parecer no lucías muy convencida de meterte con ese sujeto.
— ¡No hables como si me conocieras!
— A tu desgracia te conozco mejor que nadie. He visto como actúas y como piensas, pues de esa manera predigo tus movimientos. ¿O acaso olvidaste que te he seguido por años? De estar segura ya te lo hubieras llevado a la cama desde el primer día.
— ¡Claro que no! ¡Y por supuesto que tengo mis dudas sobre mi vida porque te sigues metiendo en ella!
— Bueno al parecer vienes aquí buscando una solución para que me desaparezca, y te la daré: suicídate —se levantó un poco para sentarse—. Me quitarías la diversión, pero adelante.
— ¡Púdrete y lárgate de aquí!
El Nara sonrió ampliamente apoyando sus codos sobre sus rodillas y dejando caer sus manos entre ellas.
— No puedes ni sacarme de tu vida y ¿ahora quieres sacarme de acá? —bufó con una voz ronca—. Quiero verte intentarlo.
La Sabaku abrió la boca, después la cerró inmediatamente exhalando una gran cantidad de aire. Logró hacer que su rabia se disipara y pudo ver que quien estaba tomando ventaja de sus emociones era ese patán. Así que puso ambos pies en la tierra y pensó mejor sus palabras.
— No sé porque pierdo mi tiempo hablando contigo. No vuelvas a mostrar tú repugnante cara de ahora en adelante en mi hogar o mejor aún de mi vida ni cerca de mis amigos. —Finalizó dando media vuelta para ir a cerrar su puerta principal.
— Sabemos que eso no pasara —dijo siguiéndole con la mirada—. De todos modos dentro de poco nos enfrentaremos —sus palabras hicieron que la chica se detuviera justo en el momento que tomó la perilla de la puerta— y te prometo esta vez no seré gentil.
La Sabaku arrugó la nariz y giró los ojos cerrando la puerta con llave. "Como si lo hubieras sido antes", pensó antes de irse a su habitación. Aunque si su cometido era plantarle algo de temor con ese comentario lo había logrado. No solo ella estaba al tanto de su ciclo menstrual, sino que él también lo estaba. Más malas noticias para ella.
...
Esa mañana al despertar lo primero que notó fue que su pecho estaba más sensible de lo normal. "Genial", de manera pesimista la rubia comenzó a vestirse para irse a la universidad. Todavía no ocurría nada, pero su fecha temida se acercaba cada vez más. Aunque ya había estropeado todo, no podía volver a dejar que su manía provocara otro enfrentamiento con ese imbécil. Hasta que la burbuja de pensamiento en la que se encontraba se reventó al ver que sus compañeros estaban entrando al salón de clases y entre ellos se acercaban el par de pelirrojas que querían molestarla con el mismo tema. Les desvío la mirada tratando de retardar lo más posible esa incomoda charla con la cual la abordarían. Las chicas se sentaron a su alrededor radiando su entusiasmo, uno que fueron apagando poco a poco al ver la expresión seria y un tanto lúgubre de la Sabaku.
Entonces Sasori entró al salón también. Por su puesto que la de orbes aqua se dio cuenta de su presencia, pero de lo apenada que se sentía por lo que ocurrió el otro día dirigió su mirada hacia una dirección contraria a la del muchacho, fijándola hacia las cristalinas ventanas para quitarse la tentación de verlo y suspiró. La Uzumaki volteó a ver al universitario quien ya ni siquiera buscaba con la mirada a su amiga. Este solo fue a su lugar, tomó asiento y clavó su mirada al frente. Analizando el contexto las pelirrojas se miraron entre sí proyectando desconcierto en sus semblantes, luego se acomodaron como debían en sus respectivos lugares. Sin pronunciar palabra alguna sabían que tendrían que esperar para pedirle un resumen de los hechos a la rubia. A Temari le estaba calando lo frío que era todo ahora. Antes con tan solo saber que estaba en la misma habitación que ella la hacía sonreír, la colmaba de su atención con regalos y mensajes, pero ahora sus pensamientos no dejaban de pronunciar "lo siento tanto" cuando pensaba en él.
...
— A ver. Suelta la sopa. ¿Qué paso?
De estar atenta en como las yemas de sus dedos giraban su vaso de cristal sobre la mesa, levantó sus orbes aqua. Topándose al par de pelirrojas inclinadas hacia ella y mirándola bastante intrigadas. Devolvió su mirada hacia el vaso negando con la cabeza y sonrió ligeramente. Les había salido a pedir de boca que justo un día después del desastre era cuando solían salir por unos tragos a su bar favorito. Volvió a suspirar encogiéndose de hombros y preparó su voz para no sonar melancólica.
— Lo que siempre pasa. No nos gustamos tanto.
— ¡Patrañas! Se notaba que los dos estaban enamorados y de un momento para otro ¿eso se apago? ¡Algo debió pasar! —Protestó la chica de los lentes.
La Sabaku torció la boca, alzó los hombros restándole importancia y luego le dio un pesado trago a su bebida.
— No todo es lo que parece —respondió ella, escudándose en una falsa indiferencia—. Además apenas nos estábamos conociendo.
— Insisto que esto está raro —continuó la morena colocando ambas palmas de sus manos sobre la mesa y frunció el ceño—. ¿Acaso te hizo algo? —Su pregunta hizo que la de orbes aqua la mirara fijamente—. Si fue así, —gruñó levantando un puño al aire y empezó a arremangarse parte de su blusa— ¡Te juro...!
— Karui —su voz detuvo en seco el creciente enojo de la recién mencionada—. Nada de eso, ni siquiera pudimos llegar a eso —rio en un suspiro y la de orbes dorados volvió a relajar su postura—. Él siempre se comportó como todo un caballero, pero lo que pasó fue... —la universitaria se tomó unos segundos para evaluar muy bien lo que iba a decir. Bajo la mirada a su bebida una vez más. Tenía que justificarlo con algo que no la bombearía con más preguntas después, con nada que la hiciera sentir más culpable de lo que ya se sentía o parecer alguien que había perdido su sano juicio—. Que yo era su amor platónico desde hace mucho, por lo que me tenía idealizada por años de cómo era yo. Pero creo que al conocerme —dibujo una sonrisa que contenían un ligero toque de tristeza— no resulte ser quien él tanto esperaba —tragó saliva—. Así que —apoyó sus codos sobre la mesa y pronunció antes de darle otro trago a su vaso—. Ahí quedó.
Sus amigas volvieron a consultarse en silencio con la mirada entre ellas y de nuevo reposaron su atención a la rubia. Ya habían conocido algunos previos desenlaces de intentos de relación de la Sabaku. Sabían cuando el chico le aburría, cuando se trataba de una cosa de una sola noche, cuando ella descubría que se trataba de un patán o cuando simplemente se desaparecía por completo de la existencia de aquellos sujetos. En todos esos casos siempre había algo mal en ellos, pero en esta ocasión, aunque quisiera ocultarlo, se veía algo resentida. Por lo que dijo, estaban asumiendo que quizás el chico perdió el interés cuando apenas ella estaba comenzando a interesarse y a pesar de que había sido poco tiempo lo que estaban saliendo, le dolía ese "repentino" quiebre.
— Y —dijo en un tono suave la chica de lentes— ¿te dio una razón de porque se distanciaba?
— A veces las acciones dicen más que mil palabras. —Respondió la rubia.
— ¿Quieres que lo convescamos de que ha cometido un grave error? —Siguió la morena.
— No. Déjenlo chicas. Además si al conocerme se espanto, significa que no valía la pena —forzó una sonrisa—. ¿Cierto?
— ¡Tienes toda la razón! No vale la pena —la de orbes dorados tomó su bebida y la alzo al aire invitándolas a que chocaran vasos con ella—. Él se lo pierde.
— Tomemos para atraer citas exitosas y relaciones que si valgan la pena —Añadió la Uzumaki quien también levantó su vaso.
— ¡Por citas exitosas! —Exclamó un tanto animada la rubia chocando su bebida con el de sus amigas.
Para finalizar su incomoda charla las tres le dieron un profundo trago a su respectivo alcohol y al bajar su vaso comenzaron con un tema nuevo. El ambiente definitivamente había mejorado, pues sus risas se hacían escuchar por el lugar haciendo que varios rostros de otras mesas giraran a su dirección. Hasta que en un punto el estómago de la Sabaku comenzó a dolerle de lo mucho que se estaba riendo esa noche y ahí fue cuando le llego un golpe de realidad. Mientras se abanicaba con su mano para recuperar el aire comenzó a recordar cuanto tenía sin reírse de esa manera con sus amigas. La última vez que se permitió disfrutar de la vida y... vivir plenamente. Sonrió para sí misma y hundió su mirada en su bebida una vez más. Era cierto. Tenía suerte de estar viva y debía de estar más agradecida con ello. A pesar que a veces todo se tornaba turbio, sus pulmones seguían llenándose de aire. Temari levantó sus pupilas y con la mirada buscó a su alrededor. Cuando vio a su mesero alzó su mano para llamarle su atención, lo cual logró en cuestión de segundos y este se le acercó a atender su pedido. La de orbes aqua se acercó para susurrarle al oído. Luego de escuchar su orden, el muchacho asintió respondiendo al mismo tiempo: "en seguida se los traigo". Al devolver su mirada a sus amigas, estas la miraban con signos de interrogación plasmados en sus caras, pues evidentemente el tragó de la fémina seguía lleno.
— Pronto verán —dijo la Sabaku sonriendo triunfante. Entonces el mismo mesero llegó con charola en mano y de uno a uno fue colocando un vaso de shot enfrente de cada dama. Las caras de asombro de sus compañeras de trago alago a la rubia y finalizó diciendo—. Yo invito.
Karin chilló de la emoción y acercó el pequeño vaso a su nariz para identificar de que licor se trataba, aunque lo dedujo rápido pues el olor era fuerte y el mesero les coloco un plato con limones partidos y otro con un poco de sal. Levantó sus cejas e inclinó un poco la cabeza para después encogerse de hombros casi diciendo "ya que". Lamió la piel entre su dedo índice y pulgar y colocó un poco de sal en la zona húmeda. Las otras dos la imitaron y chocaron entre si los vasitos de shot exclamando: "¡Salud!". Después procedieron con el resto del ritual que conllevaba tomar tequila, el cual era lamer la sal de su mano, empinar por completo el contenido del caballito en sus bocas y tragarlo sin interrupción. Las tres hicieron una mueca por el intenso alcohol y rápidamente tomaron una rodaja de limón para chuparlo.
...
— Vamos Temari —pronunció torpemente la chica de lentes debido a las altas cantidades de alcohol que estaban en su sistema—. Deberías quedarte con nosotras. Es peligroso que te vayas sola.
— No, no. Está vez me gustaría llegar a dormir a mi cama. Además mi departamento solo está a diez minutos de aquí, pero para que estén más tranquilas —les mostró la pantalla de su celular— ya les compartí mi ubicación así pueden cuidarme.
En eso un breve destello atrajo la atención tanto de la rubia y la del conductor del taxi de plataforma, el cual fue causado por el celular de la chica de orbes dorados pues le había tomado una foto con flash a la placa del auto y el rostro del conductor de paso. Si había alguien que sabia como pretender que estaba sobria cuando se estaba cayéndose de borracha era Karui. Quien aprovechó que la ventana del copiloto estaba abajo, así que se acercó a esta y apoyó sus antebrazos en ella.
— Escucha amigo, asegúrate de que llegue con bien. De lo contrario —le mostró la fotografía que acababa de tomar— lo sabremos y no querrás ponernos de mal humor —dijo amenazadoramente—. ¿Entendido?
— Gracias Karui —forzó una sonrisa la rubia—. Les enviare mensaje tan pronto llegue a la casa, ¿está bien? Cuida de Karin también.
La recién mencionada se abalanzó sobre el cuello de la morena y acomodó su cabeza sobre su hombro.
— Ya Karui —bostezó la pelirroja jalándola hacia atrás— . Deja de amenazar a todos los conductores que les meterás la palanca de cambios por el recto. Permite que Temari pueda irse a casa.
A la Sabaku se le quería caer la cara de vergüenza por los métodos de intimidación que estaban aplicando enfrente de su chofer. Era obvio que su propósito era intimidarlo si es que tenía otros planes que no fueran llevarla a su destino, pero si sobrias cruzaban la raya con sus insinuaciones, ebrias eran peor. Se despidió de sus amigas y le indicó al conductor que iniciara el viaje. Todo el trayecto transcurrió en silencio y sin inconveniente alguno. En poco tiempo llegó a su edificio de departamentos, le agradeció al chofer, luchó por escribir bien "ya llegue" a sus amigas en lo que subía por las escaleras del ingreso. Cuando por fin logró escribir el mensaje como era debido, presionó enviar, levantó su teléfono al aire con ambas manos y se sintió orgullosa de sí misma. Luego se dio cuenta que estaba parada en medio del lobby sosteniendo su teléfono sobre su cabeza como una loca. Tomó rumbo al elevador, pero no caminó en línea recta como ella pensó que lo haría. El alcohol le había afectado también, por lo que tuvo que sostenerse de la pared para poder llamar el elevador. Las puertas metálicas se abrieron y la rubia entró, seleccionó su piso y recargó su espalda en uno de los muros del interior. Conforme iba subiendo, las cosas que se supondrían deberían mantenerse estable, empezaban a verse algo borrosas. Se sonrió a sí misma. Al igual que sus amigas ella también estaba pasada de copas. Cuando las puertas se abrieron y sabía que tenía que concentrarse para llegar a la puerta de su departamento. Tras lograrlo, su nuevo obstáculo era atinarle a la cerradura con su llave. Consiguió ingresar a su departamento, cerró la puerta detrás de ella con seguro y se paró en su lugar unos breves segundos para recuperar el equilibrio. Antes de irse a su habitación, levantó el dedo de en medio de ambas manos al aire esperando que se ese ente que la atormentaba la viera sin importar que no había señales físicas de él. Entró a su habitación, se cambió su atuendo por una pijama que consideraba comoda y se tiró cual costal de harina sobre su cama. Solo era cuestión de segundos para que se quedara dormida en esa posición.
...
Debido al pequeño reventón de anoche amaneció con una tremenda migraña que le estaba moliendo su cerebro y, por si fuera poco, tenía que añadir a su lista de dolores físicos unos cólicos tan fuertes que la obligaron a despertarse esa mañana. Por las cantidades de alcohol que ingirió esa noche se supondría que seguiría noqueada hasta horas después del mediodía. En cambio su útero decidió que era buena idea convertirse en su alarma ese día. Hablando de horas, ni siquiera tenía idea de que hora era. La de orbes aqua se encontraba sentada sobre el inodoro, buscó con la mirada su teléfono encontrándolo sobre el mueble del lavabo. Encendió la pantalla y en vez de mirar la hora como pretendía hacerlo sus pupilas leyeron una notificación que decía: "Tu ciclo está por comenzar. No olvides registrarlo". El ritmo de su corazón se alteró, bloqueó su teléfono y bajó la mirada. Su regla aún no había llegado, pero conocía tan bien su cuerpo que aunque implorara lo contrario sabía que ocurriría en ese mismo día. Se levantó, fue apoyarse al mueble del lavabo y se miró al espejo. Su rostro se veía más pálido de lo normal y a pesar de no tener las energías todos sus músculos se tensaron. Suspiró con desaliento abriendo uno de los cajones del mueble del lavabo, sacando de este una toalla sanitaria para preparar su ropa interior.
Intentó pretender que su día continuaría con normalidad mientras lidiaba con una terrible cruda, aunque sabía que detrás de ella arrastraba las pesadas pupilas de su fiel acosador. Tan intensas que la hacía voltear a sus espaldas, pero sin importar cuanto se esforzara por atraparlo en el acto no lo veía por ninguna parte. Con la guardia en alto, Temari se dirigió al sillón, tomó asiento y encendió su televisor. Su mirada estaba pegada a las imágenes que se proyectaban en la pantalla, pero realmente estaba divagando en su mente en los posibles escenarios de cómo reaccionaría en caso de que su regla irrumpiera su día. Luego, sus pupilas aqua revolotearon entre objetos que podrían ser potenciales armas y que le podrían funcionar para su defensa propia. Ese sólo pensamiento de que había logrado encestarle un golpe en el rostro el otro día, le daba esperanza de luchar por su integridad. No obstante no era suficiente para poder erradicar su perseverante nerviosismo y los estresados latidos de su corazón. Hasta que su razonamiento fue detenido en seco por una punzada que sintió en su cabeza. Fue una pésima idea mezclar una diversidad de licores esa noche. Era mejor si atendía ese malestar lo más pronto posible.
Levantándose con cuidado se encaminó a la cocina. De uno de los cajones que estaba cerca del fregadero sacó un botiquín de primeros auxilios, que contenía algunos medicamentos que le eran útiles para padecimientos comunes y entre ellos estaba la solución a su dolor de cabeza. Extrajo una pastilla del blíster y fue a llenarse un vaso con agua, se paró enfrente de su fregadero, arrojó la pastilla a su boca y terminó dándole un gran trago al cristalino líquido para pasársela. En ese momento sintió como su cuerpo suspiro de alivio por haber ingerido algo hidratante en vez de alcohol. Por lo que se acabó en menos de un minuto el resto del contenido de su vaso. Una vez vacío recargó la base de este en el mueble del fregadero sin soltarlo y se quedó mirando a la nada por un buen rato hacia la ventana. De repente sintió que su parte intima se humedeció en contra de su voluntad.
Su pánico se disparó. ¿Acaso acababa de ocurrir lo que tanto se temía? Perdió el control de sus latidos y en su semblante se reflejó su temor. Entonces sintió una fría presencia que se dirigía hacia su dirección. Era demasiado tarde para correr, así que era tiempo para contraatacar. Percibió que el demonio se le estaba aproximando por el rabillo de su ojo, así que lo único que pudo hacer fue girar sobre sus pies para impactar el vaso de cristal contra el rostro del hombre. Desafortunadamente el golpe nunca conectó, pues este la detuvó de la muñeca dejando el vaso a unos cuantos centímetros de su cara. Exhalando su sorpresa, la rubia observó el rostro de su agresor quien no estaba nada contento con su fallido ataque. Aparte de que le colmaba la paciencia porque nunca se estaba quieta. Shikamaru arrugó la nariz, tomó la otra muñeca de la universitaria para imponerle su fuerza y hacerla retroceder. La Sabaku no estaba dispuesta a ceder y comenzó a forcejear con su atormentador para liberar su mano e intentar arrojarle el vaso nuevamente para exigir distancia entre los dos. "Mujer necia", pensó el joven de la coleta. Logró acercarla a la mesa donde solía desayunar, tomó control sobre su brazo que todavía sujetaba el vaso y la obligó a estrellarlo contra la madera. Pulverizando su "arma" en pedazos en cuestión de segundos, haciendo que sus fragmentos cristalinos se deslizaran sobre la superficie del mueble y algunos terminaron cayendo al suelo. Rápidamente el demonio la soltó de su mano desarmada para tomar uno de esos filosos y curveados pedazos para colocarlo a milímetros del cuello de la chica.
Cortando brevemente la respiración de la mujer con su acción. Sometiéndola a una situación peligrosa donde pudo sentir el amenazador filo del cristal con tan solo tragar saliva. El Nara se negaba en soltarle su muñeca, por lo que correr no era opción. Así que se sujetó del antebrazo de su agresor para tironearlo hacia atrás y apartar su improvisado cuchillo de ella, pero no lograba moverlo ni un solo centímetro. El ajetreo la tenía agitada y apretaba la quijada por la frustración mientras que él se veía determinado y sediento por ver su sangre correr por su piel. Entre sus forcejeos los glúteos de la rubia terminaron chocando contra el borde de la mesa, cosa que aprovechó el joven de la coleta para aprisionar su mano libre contra la mesa en lo que seguía amenazándola con el fragmento de cristal. Temari sabía que él no podía herirla de muerte, pero que descansara el cristal sobre su cuello y que la tuviera acorralada contra la mesa no la tenía nada cómoda. Entonces recordó que todavía tenía sus piernas. La rubia trató de utilizarlas e imponer distancia, pero a consecuencia de eso provocó que el fragmento rasguñara su piel. No lo suficiente para hacerse sangrar pero si para que le ardiera un poco. Entonces el Nara aprovechó la oportunidad para ponerse entre las piernas de la chica.
Ahí la Sabaku entendió. Ya que su sombra no era capaz de hacerlo, se posicionó de tal manera que si la rubia se movía, ella terminaría encajándose ese pedazo así misma. Provocando que se lastimara gravemente e incitara más al demonio con su sangre. Lo único que podía hacer en ese momento era arquear su espalda hacia atrás para alejarse de ese filo que atentaba con su vida, pero conforme se apartaba del cristal, este la seguía sin despegársele ni un milímetro. Sus pupilas aqua no dejaban de fulminarlo, pero su pecho subía y bajaba constantemente por no poder continuar firme ante esa situación. Se inclinó tanto que tuvo que sentarse sobre la madera y apoyar su codo sobre la mesa para mantener algo de estabilidad. Shikamaru sin dejar de amenazarla con el trozo del vaso, estaba disfrutando lo bien que su víctima se sometía ante él. Casi recostándose sobre la mesa, casi ofreciéndose para ser lo próximo que él devorara. Aunque la rubia quería suprimirlo, su cuerpo la traicionó comenzando a temblar y sus jadeos se volvieron más notorios. El muchacho de la coleta gozaba de esa escena que se estaba formando ante sus ojos, a pesar que la marca de su pacto le estuviera doliéndole como el mismo infierno. Estaba a un movimiento de que eso se convirtiera en un asesinato. Todo dependía de un movimiento errático de su víctima. El más mínimo intento de lucha y eso traería la fuentes de carmín que tanto ansiaba ver y probar.
El olor de su sangre lo tenía drogado, empujándolo hasta el límite para poderlo degustar. Solo un corte. Solo uno. Solo una gota sobre su lengua para aliviar su martirio. El demonio fijó su mirada en el rostro de la dama y movió su cabeza algo inquieto. Pasaban los segundos y ella no se movía. ¿Por qué no luchaba? Volvió a acomodar el fragmento en otra parte de su cuello. Siendo ella la criatura más irritante al momento de pelear por su vida, estaba presentándose estática ante su atentado. A ese punto ya se hubiera degollado por el miedo. Eso hizo que empezara a cuestionarse a sí mismo de porque no lo hacía. La respiración del muchacho se intensificó y mostró los dientes de la desesperación. Simplemente el dolor no lo dejaba pensar. Harto de que su plan no estuviera funcionando, arrojó el pedazo de cristal hacia un lado. Tomó por el cuello a la rubia y la pegó contra la mesa subyugándola con fuerza a recostarse por completo. Consiguiendo que la rubia exhalara su espanto de sus cuerdas bucales.
Apretó sus dedos alrededor de su cuello, logrando sentir con las yemas de sus dedos el alterado palpitar de su corazón y como arrastraba frenéticamente su respiración la universitaria, quien seguía sujetando su brazo para hacer que la soltara. Él no podía esperar a que se lastimara a sí misma, pues la agonía de su castigo por atemorizarla no se detenía, pero si ya había llegado tan lejos. Por fin soltó la mano que tenía aprisionada contra la mesa y la llevó hacia la cadera de la chica. Filtrando sus dedos debajo de su pantalón de pijama, rodeando el tirante de su ropa interior inferior y lo jaló hacia abajo. Inmediatamente Temari llevo ambas manos hacia la mano que intentó bajar su bragas, deteniéndolo en ese instante. Agresor y victima cruzaron miradas. Shikamaru notoriamente estaba irritado por no poder continuar con su cometido, tanto por el dolor como por su pacto que lo dejo petrificado ahí, mientras que la de orbes aqua negaba sutilmente con la cabeza. Su mirada ya no era desafiante como antes, se transparentaba en ellos lo consternada que estaba por lo que el chico de la coleta planeaba hacerle.
Sus jadeos no cesaban, su corazón golpeteaba inquieto dentro de ella y cerró los ojos. No podía creer que estaba pasándole eso. No deseaba que eso le sucediera. Intentando conservar la calma se repetía las palabras de Kakashi en su cabeza sin cesar. Era un hecho que su sangre empujaba a ese ser atravesar algunos limites, pero ya no quería que continuara tocándola a su antojo. En eso se percató que Shikamaru seguía inmovilizándola y sujetando su ropa interior sin intentar bajársela una vez más. El muchacho de la coleta estaba quejándose a regañadientes. Su marca nuevamente brillaba de un intenso rojo que demostraba que estaba siendo castigado por violar su contrato. Ni con toda su fuerza podía empujarse a tomar aquello que deseaba, pues tendría que despedazarse a sí mismo para lograrlo. Ningún mortal valía la pena para que se autodestruyera de esa manera. Terminó soltándola y retrocedió hasta topar contra el mueble del fregadero mientras se sostenía su brazo en agonía. Bastante anonadada, la rubia se reincorporo como pudo y empezó a deslizarse lentamente para bajarse de la mesa sin despegarle la vista de encima a su agresor. Shikamaru maldijó entre dientes, respiraba profundamente y le dio la espalda a la chica.
— Vete —gruñó a lo bajo.
Temari casi no escucho lo que dijo, pero no iba a pedir que repitiera sus palabras al sujeto que recién la había agredido. Sin perderlo de vista, rodeó la mesa y corrió hacia su habitación para encerrarse. Se subió a su cama, exhaló aliviada abrazando sus piernas. Su corazón todavía no se calmaba, pero sintió algo de tranquilidad por ver que su pacto estuviera funcionando como debía. Shikamaru seguía aferrándose a su brazo, pues él dolor persistía. Desde que se actualizó su contrato el sufrimiento se tornaba más agudo y longevo. Volvió quejarse al aire y observó las marcas de su antebrazo, pero al hacerlo se percató que cuando perdió su paciencia apretó tanto al fragmento de cristal que se cortó sin querer. Manchando la palma de su mano con su espesa y negra sangre. De repente su estomagó hizo que se retorciera y se inclinara hacia el fregadero. Jalando grandes cantidades de aire pensando en la sangre de su víctima. Salivando en exceso, pues todavía detectaba el delicioso aroma de su preciado nectar. Se aferró como pudo al mueble del fregadero, porque de no hacerlo iría a intentarlo de nuevo. Negó con la cabeza y tragó fuerte. Hacerlo no le garantizaba que pudiera saciar su hambre y de tener éxito solo conseguiría migajas.
El Nara lo quería todo, litros de rojo carmín, su carne latente y fresca. Exhaló al aire su deseo. Necesitaba acercarse a su piel, probarla de nuevo y clavar sus dientes en ella, pero si seguía actuando por impulso no conseguiría absolutamente nada. Tenía que callar su instinto a como diera lugar. Entonces acercó su antebrazo derecho a su boca y se mordió tan fuerte que se perforó su piel, haciendo que de su marca de mordida emanara su sangre. Logró dirigir la atención de su cerebro a su nueva herida y con esto callando instantáneamente los hambrientos deseos de su diabólico ser. Se soltó y exhaló de alivio. Había recobrado el control sobre sí mismo. Luego escupió al fregadero los restos de su sangre y abrió la llave para limpiarse su boca y su brazo. Recobrando sus cinco sentidos, empezó a normalizar su respiración y enfocarse en su entorno. Frunció el ceño al detectar que un aroma seguía en esa habitación con él. Colocó su antebrazo bajo la fresca corriente de agua y recargó todo su peso sobre un pie.
— ¿Disfrutaste la vista, bastardo? —Mustió el demonio sin ocultar su creciente enojo.
En cuestión de segundos, la persona a la que se refería cruzó el umbral de la puerta con los brazos cruzados y se mostró calmado. Miró la escena y sus componentes como el vaso hecho pedazos en el piso, la mesa fuera de lugar y algo de la sangre demoniaca regada en el porcelanato del suelo. Inclinó la cabeza a un lado y se paseó por el lugar.
— Me da gusto que hayas recobrado tu conciencia, hermano —regresó la mesa a su respectivo lugar y luego guardó sus manos en sus bolsillos—. Con eso me cierras la boca respecto a que no eres un ser pensante —Shikamaru cerró la llave del fregadero y bufó con la nariz—. Eso de apartarte por tu voluntad ya es un gran progreso —el de cabello plateado le sonrió con gusto—. ¿No lo crees?
— Era eso o ser empalado por una de tus armas divinas —se giró sobre sus pies y se recargó contra el mueble del fregadero—. Solo te quedaste mirando todo el asunto.
— Les dije que los estaría observando a los dos. Siempre pendiente y sobre todo en estos días. Tenía que ver como reaccionarias. Hablando de armas divinas, —fue acortando distancia con el chico de la coleta— estuve investigando un poco y descubrí que el nombre de Shikamaru Nara no es un nombre antiguo como Becelbú o Samamiel. Es algo más reciente. Dime, ¿acaso eres hijo de la descendencia de Lilith?
— ¿Por qué estas investigando sobre mí? —Se cruzó de brazos el demonio—. ¿Qué no tienes humanos que cuidar?
— Ya te lo he dicho. Tu existencia es intrigante y quizás si entiendo tu origen, sabré porque fuiste capaz de hacer añicos un arma divina —se detuvo a un paso de él —. Y por supuesto con eso también deducir como será tu final.
— Buena suerte con eso. —Ladeó una sonrisa.
— Está bien, iré a echarle un vistazo a esa pobre criatura que atormentas —se hizo a un lado y tomó rumbo a la habitación de la rubia—. Sigue siendo un buen samaritano y aguarda aquí.
— ¡Vete al carajo!
...
La rubia brincó al escuchar que alguien estaba tocando la puerta de su habitación y se abrazó más de su almohada.
— Temari, soy yo — su entusiasmo se elevó hasta el techo, tras escuchar su voz fue corriendo a su puerta y le abrió. Casi se le abalanzaba a sus brazos de alegría hasta que el arcángel le indicó que se detuviera con sus manos—. No creo que sea buena idea que te toque, pues mi hermano sigue algo irritable por lo que representas para él ahora mismo —la chica frunció el ceño al escuchar sus palabras—. Lo sé. No creas que le doy la razón, pero creo que fue suficiente lucha por un día y no creo que quieras provocar más de eso. ¿Puedo pasar? —La Sabaku se apartó y Kakashi ingresó a su habitación. Hizo un gesto invitándola a sentarse en la cama, lo que ella accedió sin chistar—. Bien. Dime ¿cómo te sientes?
— Todavía sigo agitada, —suspiró— pero verte aquí me ayuda a calmarme.
— ¿Fue muy brusco de nuevo? —Le indicó que lo esperara, miró a su alrededor y fue al baño de la chica.
— Siempre lo es y... ya no quiero que se me acerque nunca mas.
— Eso será bastante complicado estos días, por tu ciclo natural haces que se sienta atraído hacia a ti más que nunca —comentó regresando del baño con una toalla de manos húmeda—. ¿Puedo?
— ¿Qué cosa? —Preguntó cambiando su vista hacia lo que estaba sosteniendo y luego hacia él.
El de cabello plateado se sentó junto a ella.
— Solo quiero limpiarte algo.
— De acuerdo —enderezo su cuello al ver que a eso se refería—. ¿Qué tengo?
— Su sangre —la de orbes aqua pelo ambos ojos al escucharlo—. Se cortó a sí mismo cuando te estaba amenazando. Por supuesto a ti no te hizo nada, pero te ensució al tomarte por el cuello.
La rubia bajó la mirada en lo que él arcángel la ayudaba con eso. Luego algo le abordó su mente.
— ¿Qué no se suponía que no debías tocarme?
— Lo estoy haciendo con una toalla, pero aún así eso hizo que ahora este rondando afuera de tu puerta. Odia que este aquí —terminó su tarea y bajo la toalla—. Volviendo al tema, te diré que pasará a continuación. Buscará cualquier excusa para tocarte, ya que no puede beber de tu sangre así nada más. El sentir tu pulso o tu piel le da alivio a su intenso hambre el cual no va a parar hasta que dejes de sangrar. Eso incluye la opción de darte placer para que cedas, pero aún así tendrías que hacerlo con toda tu voluntad y la verdad lo veo muy difícil dadas las circunstancias.
— Kakashi —su voz tembló un poco— él intentó...
— También lo vi. Te pido disculpas por no haber intervenido, —apoyó sus codos sobre sus rodillas y junto sus manos entrelazando sus dedos entre sí— pero el que tu sepas hasta qué punto puede llegar puede traerte tranquilidad después. Puede iniciar cualquier atentado pero no ejecutar su cometido al final. Sé que pensaste en mí —mencionó al mismo tiempo que se doblaba la manga de su suéter negro para exponer su antebrazo—. Cuando modifique su pacto, también se creó una marca en mi brazo. A diferencia de las suyas, no me causa dolor. Solo se ilumina cuando piensan en mi nombre o lo dicen. —Tras decirlo unas marcas en forma de cadenas se iluminaron en su piel—. ¿Ves? Cada vez que aparecen vengo volando hasta acá.
— Y ¿esto va a seguir repitiéndose?
— Bueno décadas de ser un demonio no se esfuman en un par de meses. Me odiaras por decir esto, pero debes tenerle paciencia. Esta tan frustrado como tú, pues su trabajo es torturar, no ser torturado.
La Sabaku clavó su mirada al suelo y torció la boca.
— Es lo mínimo que merece por todo lo que se ha atrevido a hacer conmigo —hizo una pausa—. Gracias en verdad por venir, creo que no hubiera podido calmarme tan rápido de no ser por ti.
— No hay problema. Mira —se levantó de su lugar—. Tengo algo de tiempo así que seguiré por aquí un poco más para desalentar a mi hermano. Si vuelve a atacarte en estos días, te prometo que esta vez no saldrá ileso de mi parte.
La sonrisa del arcángel era un verdadero símbolo de esperanza para la rubia. Se quedó pensativa un momento recordando que la palabra del Hatake nunca le había fallado. Aunque también deseaba con todas sus fuerzas que su verdugo personal hubiera escuchado esa promesa, fuerte y claro para que ni pensara en volvérsele a acercar esos días.
