Los hijos del basilisco

Capítulo XII

Cuando entró en el Ministerio esa mañana, a Hermione le dio la impresión de que la observaban más de la cuenta. Donna Morris, de Transportes Mágicos, la miró tan largamente que perdió el ascensor que había estado esperando, y dos magos de Cooperación Internacional se callaron de inmediato cuando Hermione pasó a su lado. En el ascensor, reinó un silencio tenso durante todo el trayecto con sus habitualmente parlanchines colegas de la Oficina de Patentes Descabelladas. De manera que, aunque intentó decirse que todo eran imaginaciones suyas, para cuando llegó a su cubículo se sentía bastante incómoda.

Ver que Luke Jernigan la estaba esperando con aspecto nervioso, no ayudó a tranquilizarla. Era el jefe del departamento de Legislación Mágica en el que Hermione llevaba unos meses y, hasta el momento, nunca lo había visto alterarse. Sin embargo, ese día no parecía poder sostenerle la mirada, estaba sudoroso y estrujaba en las manos una revista.

—Buenos días, Jernigan —lo saludó ella, viendo que él no parecía tener intención de hablar —¿Sucede algo?

Su primer pensamiento fue que algo le había ocurrido a Harry en su misión de escolta del primer ministro muggle, pero de ser así suponía que ya la habrían avisado. Además, Jerningan no formaba el parte del pequeño grupo de trabajadores del Ministerio que estaban al tanto del nuevo trabajo de su mejor amigo.

—Buenos días, Granger. Me preguntaba si… has leído el último ejemplar de Corazón de Bruja.

De todas las cosas que Jernigan podría decirle, esa era la última que a Hermione se le hubiera pasado por la cabeza. No parecía la clase de persona interesada en leer los cotilleos y las tonterías que publicaba esa revista.

—Por supuesto que no —declaró —¿Por qué?

Jernigan hizo una mueca, como si tuviese un sabor desagradable en la lengua. Tiró del cuello de su túnica y tragó saliva en grueso antes de responder.

—Rita Skeeter ha escrito un artículo sobre nosotros —murmuró él.

—¿Nosotros? —repitió Hermione, como si nunca hubiese escuchado esa palabra con anterioridad. Lo cierto era que podía ser el caso. No se le ocurría ningún "nosotros" que pudiese incluirla a ella y a Jernigan en ese tipo de revista.

—Será mejor que lo leas tú misma —y el mago le tendió el arrugado ejemplar. Hermione lo tomó, aturdida, y tardó unos segundos en encontrar su nombre en la portada; un titular llamado "Toda la verdad sobre Hermione Granger" ocupaba el centro de la composición.

Abrió mucho los ojos y miró a Jerningan pidiéndole una explicación, pero él se limitó a tirar de nuevo del cuello de su túnica, sudando como si estuviesen en pleno verano. Nerviosa, Hermione empezó a pasar páginas hasta que encontró el artículo. Tratándose de Skeeter sabía que no podía ser bueno pero, aun así, nada la había preparado para lo que se encontró al leerlo.

"Toda la verdad sobre Hermione Granger"

Hoy todo el mundo mágico conoce a Hermione Granger como una heroína de la guerra que tuvo lugar hace solo unos pocos años. Es posible que sea la joven más famosa de Reino Unido, solo por detrás de Harry Potter. Su carrera, desde que terminó sus estudios en Hogwarts, ha sido meteórica: de aprendiz en el Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas a mano derecha del jefe de Legislación Mágica. Granger lleva años en el Ministerio de Magia, ascendiendo de forma continua. Es evidente que su ambición no conoce límites y hay quienes opinan que no se detendrá ante nada para llegar a ser Ministra de Magia.

Pero, ¿quién es realmente Hermione Granger? ¿Qué sabemos de su lado más personal, más intimo? La que escribe estas líneas tuvo la oportunidad de conocer a la joven en su más tierna adolescencia, durante el Torneo de los Tres Magos. Mis más fieles lectores quizás recuerden el artículo que escribí sobre ella y el triángulo amoroso que mantenía con Harry Potter y la estrella del quidditch, Viktor Krum. Aunque hubo quienes me tildaron de exagerada, está claro que la señorita Granger no pudo ocultar su verdadera naturaleza a una mente aguda como al mía.

Y es que, ya entonces, a Granger le gustaba jugar con los hombres. Mientras Potter acusaba el estrés de participar en las pruebas del Torneo, Granger no dudó en tontear con el jugador búlgaro, dejando dos corazones rotos en el proceso. Tal vez porque Potter nunca pudo perdonarle su traición y Krum regresó a su país, a Granger no le quedó más remedio que rebajar sus expectativas y justo después de la guerra mágica empezó a salir con Ronald Weasley. Desde luego, hace honor al saber popular que afirma que hombres y mujeres no pueden ser solo amigos.

En cualquier caso, los dos coincidieron en el Ministerio. Mientras Weasley seguía a Potter hasta el Departamento de Aurores, Granger se dedicó a ir trepando de departamento en departamento hasta llegar a Seguridad Mágica, donde ha impulsado la conocida "Ley Granger".

Pero una vez más, nuestra protagonista va dejando un rastro de corazones rotos. Y es que no dudó en abandonar al joven Weasley cuando este renunció a su carrera como auror para regentar Sortilegios Weasley con su hermano que, recordemos, perdió trágicamente a su gemelo durante la batalla de Hogwarts. Al parecer, salir con un comerciante con poca ambición no entra dentro de los fríos cálculos de Granger, ni siquiera si el cambio profesional viene motivado por dar apoyo emocional a un familiar en sus horas bajas...

De eso ha pasado más de un año y en la actualidad no se le conoce ninguna relación sentimental oficial, aunque se comenta por ahí que tal vez haya tenido un par de affairs con compañeros. Todo apunta a que la razón de su ascenso desde el irrelevante departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas al de Seguridad Mágica tuvo que ver con su íntima amistad con Luke Jernigan, responsable de la sección de Legislación. ¿Utilizó Granger sus artes femeninas para lograr sacar adelante su ley? De momento dejaré esta cuestión al juicio de mis queridos lectores.

Lo que sí podemos afirmar con rotundidad, es que bajo esa apariencia de intelectual aburrida, Hermione Granger es una auténtica devorahombres.

Hermione releyó el último párrafo tres veces seguidas, lívida del enfado y la indignación. ¡Esa arpía de Rita Skeeter lo había vuelto a hacer! No sabía qué parte la enfurecía más: si la que la pintaba como una mujer fatal sin escrúpulos que jugaba con los sentimientos ajenos o la que insinuaba que se ganaba los ascensos en la cama.

Estaba tan furiosa que notó que la vista se le nublaba. Jernigan se apresuró a acercarle una silla en la que Hermione se dejó caer, retorciendo la revista entre sus dedos de manera inconsciente.

Primero Herpa y ahora Skeeter. Era evidente que se había convertido en el blanco de una campaña sucia de desprestigio. ¿Estarían ambas mujeres conchabadas o se trataba de una simple casualidad? Sin duda, Skeeter le guardaba rencor por los años de sequía que pasó cuando Hermione la amenazó con denunciarla como animaga no declarada si seguía publicando artículos difamatorios. Por desgracia, durante la guerra mágica, con la marioneta de Voldemort como Ministro, regularizó su situación de manera que Hermione ya no tenía nada contra ella. Y ahora volvía a la carga, deseosa de vengarse.

No podía saber si eso formaba parte de una estrategia orquestada por Herpa o si tan solo se había acercado al oler la sangre. Después de todo, ese era muy del estilo de Skeeter, como hizo con Dumbledore tras su muerte…

Jernigan carraspeó y fue entonces cuando Hermione recordó que no estaba sola. Se obligó a dejar sus elucubraciones y a prestarle atención a su jefe.

—Siento que te hayas visto envuelto en esto, Jernigan. Skeeter y yo llevamos años enemistadas y es evidente que está intentando tirar mi reputación por tierra. Lamento mucho que seas un daño colateral; supongo que pensó que insinuar que tengo una aventura con mi jefe fue lo más horrible que se le ocurrió.

Jernigan era un hombre de naturaleza tranquila y afable. Tenía algo más de treinta años y dirigía de manera muy competente la sección de Legislación Mágica. Hermione solo llevaba unos meses trabajando para él y desconocía todo sobre su vida personal, pero le mortificaba pensar que el artículo de Skeeter podía causarle algún problema si tenía alguna relación sentimental.

—No se preocupe, señorita Granger. Todos en el Ministerio sabemos que lo que insinúa Skeeter es mentira. Nadie dará crédito a sus chismorreos —aseguró, pero pese a su tono sereno Hermione intuía su malestar.

No le extrañaba: no era fácil estar con boca de todos y menos por razones tan mezquinas. Además, tenía poca fe en lo que su jefe había dicho. Ya había vivido en sus carnes que mucha gente se tomaba muy en serio los chismorreos de Skeeter: no olvidaba las cartas que había recibido durante el Torneo de los Tres Magos, con todo tipo de insultos e incluso sorpresas desagradables.

Por si no tenía suficiente con las misivas llenas de improperios y amenazas de los contrarios a la "Ley Granger", ahora se les unirían los cotillas deseosos de juzgar vidas ajenas. Maldita Skeeter. No sabía cómo, pero se aseguraría de que esa arpía recibiera su merecido algún día.

Después de aquello, el día transcurrió con relativa normalidad. Tuvo varias reuniones y recibió una buena ración de miradas curiosas o acusatorias, pero nadie se atrevió a decirle nada a la cara. En cualquier caso, por una vez deseó que la jornada de trabajo terminase pronto para poder irse a casa y no salir de allí en los próximos quince años.

Dejó su cubículo a las cinco en punto y cuando abandonó el Ministerio, se encontró a Ron esperándola junto a la parada de autobús que a veces tomaba para volver a su ático. Estaba colorado hasta las orejas y guardaba las manos en los bolsillos de su abrigo, con aire incómodo.

Hermione suspiró; el motivo de su visita era evidente.

—Hola, Ron —lo saludó.

Él le dio un beso en la mejilla a modo de saludo y los dos comenzaron a caminar en dirección a su casa de manera tácita.

—No hagas caso a esa víbora —murmuró entre dientes.

—Es fácil decirlo, Ron, no es tu integridad y tu dignidad las que ha puesto en entredicho.

—Bueno, si lo piensas, tampoco salgo muy bien parado.

Aunque eso era cierto, no estaba de humor para consolar a Ron por haber sido ligeramente salpicado por toda la montaña de calumnias vertida sobre ella, así que guardó silencio con el ceño fruncido.

—De todos modos, la gente normal sabe que Skeeter no es de fiar y que miente más que habla. Mi madre está indignadísima. A George le ha hecho gracia, dice que lo menos creíble de todo el artículo es que yo sirva como apoyo emocional —continuó él.

Hermione no pudo reprimir una breve sonrisa. Típico de George. Ojalá ella fuese capaz de tomárselo todo con su sentido del humor.

—Siento todas las alusiones a ti y a tu familia —dijo —El pobre Jernigan no sabía ni dónde meterse. Tal vez incluso deba escribirle una nota de disculpa a Viktor.

—Estará demasiado ocupado gastándose galeones como para prestar atención a estas cosas.

Pese a los años que habían pasado desde su breve escarceo amoroso con Viktor y al hecho de que ella y Ron ya no fuesen nada más que amigos, el pelirrojo todavía parecía guardarle cierto rencor a su antiguo ídolo. Hermione se encogió de hombros: había cosas que nunca cambiarían.

Después, Ron le preguntó si sabía algo de Harry. Por desgracia, Hermione estaba tan a ciegas como él: Harry pasaba la mayor parte del tiempo vigilando a Whitman de modo que no aparecía por el Ministerio desde hacía unos días y mandarse lechuzas sobre el tema era demasiado peligroso. No obstante, se suponía que eso era una buena señal, la prueba de que su misión estaba transcurriendo sin incidentes. Estaba convencida de que si algo malo sucedía, no tardaría en enterarse.

Ron y ella pasaron el resto de trayecto hasta casa hablando de todo y nada, así que para cuando llegaron a su edificio, Hermione se sentía más relajada y de un humor menos oscuro. Le dio las gracias por acompañarla pero no le invitó a subir porque, a pesar de todo, le apetecía estar sola.

Se despidieron con un corto abrazo y después Hermione subió las escaleras hasta su piso repasando en su mente el insidioso artículo de Skeeter. Distraída como estaba, no se dio cuenta de que había alguien apoyado en su puerta hasta que casi estuvo encima de él.

Reprimió un grito al reconocer la figura alargada y elegante de Malfoy.

—¡Me has dado un susto de muerte!

Él se incorporó, arqueando una ceja.

—¿Crees que un maleante te esperaría apoyado en la puerta de tu piso?

—Creo que, conociendo mis horarios como los conoces, podrías haber tenido la cortesía de esperar a que llegase a mi casa para presentarte aquí —masculló ella, sacando las llaves de su bolso. Sin añadir nada más se acercó a la puerta, esperando que Malfoy se apartara para permitirle abrir, pero él no se movió de su sitio y, de pronto, Hermione se encontró en la incómoda situación de estar solo a unos centímetros de él.

Le miró con el ceño fruncido y sintió una descarga indescriptible en el pecho al ver sus ojos de gris pálido observándola desde tan corta distancia. Sus cejas, gruesas y firmes, varios tonos más oscuras que su cabello, contrastaban con el color de sus irises, dándoles una curiosa impresión de luminiscencia. Hasta entonces, nunca se había dado cuenta de que las pestañas de Malfoy eran doradas, en lugar de negras. No podía negarse que tenía unos ojos fríos, pero preciosos. Tampoco que aquella mirada estaba durando más de lo apropiado.

Nerviosa, agitó las llaves delante de él.

—¿Me permites?

Como toda respuesta, Malfoy se hizo a un lado, agrietando la tensión del momento. A Hermione le llevó un par de intentos encajar la llave en la cerradura, pero al final logró abrir y entró en su apartamento sin esperarle.

Crookshanks maulló al verla, bajó del sofá y se frotó contra sus tobillos a modo de saludo; después, hizo lo propio con Malfoy. A Hermione le turbó pensar que un observador externo podría pensar que eran una pareja llegando a casa después de un día de trabajo y siendo recibidos por su mascota. Lo cierto era que no acababa de gustarle la naturalidad con la que su gato trataba al joven. Tampoco le agradaba tenerle ahí en ese momento, cuando lo único que quería era lamerse en soledad las heridas que Rita Skeeter había abierto; así que decidió ir al grano.

—¿Hay alguna novedad, Malfoy? ¿Algo que deba saber?

Él, que había cerrado la puerta a sus espaldas y se había acuclillado para rascar a Crookshanks detrás de las orejas, alzó el rostro hacia ella.

—Nada de interés.

—¿Entonces por qué estás aquí? —cuestionó. Se sintió un poco culpable al notar la brusquedad de sus palabras, pero ya era tarde para retirarlas.

Malfoy dejó de acariciar al gato y se irguió, tan alto como era.

—He leído la columna de Skeeter.

Perfecto, todo Reino Unido había leído esa basura. Era posible que incluso Krum se hubiese enterado ya, aunque estuviera en Bulgaria. Quizás los Hijos habían convocado una reunión de urgencia para citar pasajes en voz alta y desternillarse de risa.

Hermione se cruzó de brazos, a la defensiva. ¿Era eso que veía en la boca de Malfoy la sombra de una sonrisa?

—¿Y bien? ¿Te parece divertido?

Seguro que sí. No en vano, le constaba que él y Parkinson habían estado muy involucrados en la historia del presunto triángulo amoroso que formó con Harry y Viktor durante el Torneo.

Pero Malfoy no se rió. En su lugar dijo lo último que a Hermione se le hubiera ocurrido.

—¿Es cierto que dejaste a Weasley por marcharse a Sortilegios Weasley?

Perpleja, parpadeó un par de veces con la boca abierta. ¿Era eso lo que tenía que decir de todo ese asunto?

—No es de tu incumbencia —le respondió de manera automática.

—¿Ni siquiera vas a negarlo? Vaya, Granger, me cuesta imaginarte como una rompecorazones que describe Skeeter pero tal vez me he equivocado contigo. Tal vez sí has cambiado desde Hogwarts y solo te relacionas con gente que te puede beneficiar. Está claro que Weasley nunca ha estado en esa liga…

Aquello era lo último. Ya la había molestado bastante que Malfoy se presentase en su casa tan temprano ese día, pero que invadiese su privacidad y la acusase de ser una trepa era algo que no estaba dispuesta a tolerar.

—Si no te contesto es porque, en primer lugar, mi vida personal no es asunto tuyo, y en segundo lugar, no te debo ninguna explicación. Además, ¿por qué te preocupa tanto lo que sucedió con Ron? Ya me lo has preguntado varias veces. ¿Acaso estás interesado en él?

Malfoy hizo una mueca, como si no supiera si sentirse insultado o echarse a reír. Se pasó un mano por el pelo rubio y después la guardó en el bolsillo. ¿Era su imaginación o le había puesto nervioso? ¿Acaso había dado en el clavo?

—Ni en un millón de años, Granger. Solo pregunto porque siento curiosidad. Siempre pensé que Weasley y tú pegabais tanto como el cuerno de bicornio y la pus de bubotubérculo.

La combinación de ambos ingredientes de pociones producía una erupción parecida a la de un volcán, resultando en una mezcla corrosiva. Uno era un elemento noble y difícil de encontrar, otro vulgar y desagradable. ¿Era eso lo que insinuaba?

Ya no podía más. Quería que se marcharse. Ya. Aguantar las burlas y los sarcasmos de Malfoy era lo último que necesitaba para rematar su horrible día.

—Pues no estoy aquí para saciar tu curiosidad, Malfoy, y menos después de que me hayas insultado a mí y a uno de mis mejores amigos, así que te agradecería mucho que te ocupases de tus asuntos. Fuera de mi casa, quiero decir.

Malfoy entreabrió los labios, pero no dijo nada. Al parecer, por una vez había logrado dejarlo sin palabras. Le dio la impresión, si es que eso era posible, de que se había quedado más pálido de la cuenta; cerró las manos en puño y las guardó en los bolsillos de su abrigo, bajando la mirada.

La satisfacción inicial que experimentó Hermione por haberlo puesto en su sitio se fue diluyendo con rapidez al observar su reacción. ¿Estaba dolido? ¿Arrepentido? Que no respondiera en el acto de manera mordaz parecía indicar que no estaba enfadado pero con Malfoy era imposible estar segura. Lo único que podía asegurar era que no tenía intención de marcharse.

Tras unos momentos de silencio, Malfoy hizo una mueca y la miró directamente a los ojos.

—No pretendía insultarte, Granger.

Sus palabras sonaron roncas, como si se las hubiera sacado del pecho a la fuerza, arañándose la garganta en el proceso; pero había sinceridad en su voz y en la manera en que le sostenía la mirada. No sabía qué reacción había esperado de él, pero esa no.

—Solo por dejarlo claro, ¿es eso una disculpa, Malfoy? —quiso saber. Si lo era, dejaba bastante que desear, pero viniendo de él era un paso de gigante. Aunque, por supuesto, no manifestaba ningún arrepentimiento por la manera en que había hablado de Ron.

Malfoy enarcó una ceja, recuperando su expresión irónica habitual.

—Se supone que eres brillante, no hace falta que te lo den todo mascado.

—Sé que no estás muy puesto en el tema pero las disculpas suelen incluir… bueno, unas palabras de disculpa. Ya sabes, un "lo siento" o un "te pido perdón".

Él entrecerró los ojos por unos segundos, pero luego una expresión maliciosa se instaló en su rostro, haciendo que Hermione volviera a su posición defensiva. Conocía esa cara y nunca presagiaba nada bueno.

—Está bien, Granger, te pediré perdón si… respondes a mi pregunta —ofreció.

Hermione cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro, buscando ganar tiempo. Su enfado había menguado con rapidez una vez Malfoy había reculado. Sabía desde el principio que su intención era provocarla para tirarle de la lengua, pero su falta de tacto había sido la gota que había colmado el vaso de su paciencia. Por eso, que le pidiera perdón no era tan importante como para airear su vida personal ante él. Sin embargo, tampoco tenía nada que ocultar y sabía que Malfoy seguiría insistiendo en el futuro si no saciaba su curiosidad. Quizás lo mejor sería explicarle de una vez lo que había pasado. Pero antes...

—Lo segundo que debes saber sobre las disculpas es que solo sirven si son sinceras. Sin embargo, esta vez cederé por el placer de oírte decir las palabras mágicas —anunció, haciéndole un gesto con la mano para indicarle que era su turno.

Malfoy resopló, negó un par de veces con la cabeza y, al fin, separó los carnosos labios para decir lo que nunca había esperado oír de su boca.

—Lo siento —murmuró entre dientes. Hermione siguió con la mirada el movimiento de sus labios al pronunciar esas palabras, como si el tiempo se hubiese ralentizado para que pudiese apreciar cada detalle. Estuvo tentada de regodearse en el momento y preguntarle si de verdad le había resultado tan difícil o si necesitaba lavarse los dientes para borrar tan amargo trago, pero decidió no tensar más la cuerda. Disculpas sinceras o no, aquello era un pequeño triunfo… y ahora le tocaba corresponderle.

—Bien, ya que estás tan interesado... lo dejamos de mutuo acuerdo. Simplemente nos dimos cuenta de que funcionábamos mejor como amigos que como pareja.

Era una versión reducida de lo que había pasado entre ellos, pero cierta. Al principio, dejándose llevar por años de acercamientos frustrados y sentimientos reprimidos, su entusiasmo lo había podido todo. Habían sido bastante felices, pese a que discutían con frecuencia. Pero poco a poco se fueron enfriando y todo lo que les quedó fueron las peleas. Nada serio, sino más bien del mismo tipo que mantenían cuando eran alumnos de Hogwarts. Por tonterías, nimiedades, cualquier cosa hacía que chocasen. Hermione se dio cuenta de que en muchos aspectos actuaba como si fuese la madre de Ron, algo que detestaba. No quería compartir su vida con alguien de quien tuviese que estar tirando todo el tiempo, a quien le tuviese que pedir que hiciera las cosas más obvias porque él no caía en la cuenta por si solo de encargarse de ellas… y tampoco quería ser la persona a la que él tuviese que rendirle cuentas, como si fuese un niño pillado en falta. A decir verdad, se hicieron amigos en circunstancias excepcionales y el núcleo de su amistad siempre fue Harry. Sin él como elemento en común, y a menudo como mediador, eran dos personas que apenas tenían nada que ver. Les quedaba el cariño forjado tras años de relación y docenas de recuerdos y vivencias comunes. Una base suficiente para ser amigos, pero no para ser pareja.

Salieron tres años, pero la mayor parte del tiempo fueron solo amigos con miedo de dar el paso de romper. Cuando al fin Hermione sacó el tema, Ron se mostró aliviado de que ella hubiese tomado la iniciativa. En ese momento se dio cuenta de que hubiese podido seguir saliendo con ella toda la vida con tal de no afrontar la situación y eso la reafirmó en su decisión de que lo mejor sería que se limitasen a ser amigos. Curiosamente su amistad salió reforzada de todo aquello.

Siendo sincera, la única persona que lo pasó mal con aquella ruptura fue la Señora Weasley. Todavía seguía insistiendo para que Hermione acudiera a todas las celebraciones familiares y sospechaba que tenía la esperanza de que volviesen a salir juntos.

Malfoy resopló, devolviéndola al presente. Perdida en sus recuerdos, casi había olvidado que no estaba sola.

—En ese caso te compadezco, Granger. Porque como amigo ya era lamentable así que no puedo ni imaginarme cómo sería como tu novio…

Aquello volvió a irritarla. Ya había tolerado suficientes insultos a Ron, demasiadas impertinencias. Él se había metido en su vida, era hora de que le pagase con la misma moneada.

—¿Y tú qué, Malfoy? Si Skeeter escribiese un artículo sobre tu vida amorosa, ¿qué diría? —preguntó, cruzándose de brazos. Ya podía imaginarse los titulares. Con su fría belleza, su elegancia natural y su fina ironía, estaba segura de que no le faltarían pretendientes.

Él se frotó el recto mentón, con expresión pensativa.

—"De soltero de oro a apestado. Descubre las claves de la caída en desgracia del mago más atractivo del país"—propuso con tono burlón.

Ella no pudo reprimir una sonrisa.

—No hay nada que contar —continuó Malfoy, encogiéndose de hombros —Ahora mismo salir conmigo es un suicidio social, así que me temo que la de la truculenta vida amorosa eres tú, Granger.

Su mención hizo que Hermione volviese a tensarse y la nube negra de su mal humor se descargarse de nuevo sobre ella. Se había disculpado -un poco forzado, la verdad sea dicha- por llamarla rompecorazones, y sabía de buena tinta que el triángulo con Harry y Krum nunca fue tal cosa, pero ¿se creería lo de la aventura con su jefe? La mera idea le dolía y enfurecía a partes iguales.

Sus pensamientos debieron reflejarse en su expresión porque él aclaró:

—Para que conste, sé que no hay una palabra de verdad en la bazofia que ha escrito Skeeter, Granger. Solo te tomaba el pelo.

Hermione descruzó los brazos, aliviada por sus palabras. Muy aliviada. Demasiado. Por alguna razón que Malfoy creyese en ella y en su integridad había encendido una luz en su interior. Su opinión sobre el tema no debería importarle tanto, es más, debería traerle sin cuidado, pero esas simples palabras habían logrado hacerla sentir mejor que toda la charla con Ron. Además, Malfoy no había alargado el tema para torturarla durante un rato antes de reconocer que no daba credibilidad al artículo, tal vez intuyendo que era un asunto demasiado sensible para ella y que le hacía daño.

Turbada por su sensación de alivio y ¿gratitud?, Hermione buscó algo que decir.

—Malfoy, ¿crees que Skeeter es miembro de Los Hijos del Basilisco? Primero Herpa me convierte en el blanco de su panfleto, y ahora este artículo… Parece formar parte de un plan para desprestigiarme.

—Se me ha pasado por la cabeza —comentó él, al tiempo que se sentaba en el sofá. Parecía tener intención de alargar su visita —Si Skeeter ha estado en alguna reunión, no la he reconocido con la máscara. Tal vez si la oyese hablar… Pero no me extrañaría. Si Herpa quiere controlar la opinión pública, Skeeter es una buena baza y tiene mucha experiencia soltando ponzoña. También existe la posibilidad de que solo esté aprovechando la ocasión para desquitarse. Está claro que no le caes muy bien, aunque no sé por qué parece tener algo personal en tu contra…

Hermione rodeó el sofá para sentarse en el extremo opuesto a Malfoy, intentando mantener una expresión neutral.

—En cuanto a eso… supongo que es porque yo soy la responsable de que estuviese unos años sin escribir nada.

Casi desearía no haberla sacado nunca del tarro de cristal, condenándola a pasar el resto de sus días como un escarabajo.

—Vaya, Granger, ¿cómo lograste tal hazaña?

—Como bien sabes, es una animaga. Durante el Torneo me di cuenta de que tenía información que era imposible que hubiese conseguido, alguna de conversaciones privadas sin nadie alrededor que hubiese podido escucharlas… y un día te vi en los terrenos de Hogwarts, susurrándole cosas a algo que ocultabas entre tus manos. Fue eso lo que me hizo sospechar que podía transformarse en algún insecto pequeño que pasase desapercibido… hasta que la atrapé en la enfermería después de la prueba final. Como sabía que no estaba registrada como animaga, lo que está penado con meses de cárcel, digamos que… llegamos a un acuerdo.

—Quieres decir que la chantajeaste —matizó Malfoy. Pero no había desaprobación en su tono, todo lo contrario. La miraba de nuevo como si fuese la primera vez que la veía y lo que encontraba ante sus ojos le gustara.

—Llámalo así si quieres —Hermione se encogió de hombros rehuyendo su mirada —La cuestión es que Rita Skeeter dejó de publicar sus chismes maliciosos durante una temporada, así que considero que he hecho un gran servicio a la sociedad mágica.

Malfoy soltó una pequeña carcajada. El sonido de su risa atrajo la mirada de Hermione: hacía años que no la escuchaba y menos en una situación en que no se reía de ella.

—Granger, no dejas de asombrarme. Y yo que durante todo este tiempo he pensado que eras una santurrona aburrida… Recuérdame que nunca te enfade.

—Es tarde para eso. Me enfadas continuamente, Malfoy.

Él le dedicó una sonrisa torcida que dibujó un atractivo hoyuelo junto a su boca.

—Supongo que entonces tendré que guardarme las espaldas.

—Sería lo más prudente.

Se miraron unos instantes, conteniendo una sonrisa. Hermione se sentía animada y relajada por primera vez en todo el día. En ese momento, el estómago de Malfoy rugió como un dragón hambriento.

Él se llevó las manos al lugar, como si tratase de aplacar a la bestia.

—¿Tienes hambre?

—Siempre. El espionaje es una profesión muy dura.

—¿Quieres quedarte a cenar?

Las palabras abandonaron su boca sin llegar a pasar por su cerebro en ningún instante. Parecía el orden natural de las cosas y tampoco sería la primera vez… Pero en la ocasión anterior había sido algo casual y con un pretexto sólido, no una invitación directa.

Se arrepintió en el acto, pero no se atrevía a retirar la oferta, así que se limitó a observar con repentino interés a Crookshanks, que se acicalaba sobre la mesa de té, aguardando su respuesta. Una parte de ella deseaba que rechazase su proposición, la otra bullía de ganas de que dijese que sí.

—Eso depende. ¿Vas a cocinar tú? Y en ese caso, ¿cocinas igual que preparas el café? —preguntó Malfoy.

Hermione se atrevió a mirarle, a medias molesta, a medias divertida.

—Pensaba pedir comida india —admitió. Debía confesar que sus hábitos alimenticios dejaban mucho que desear. Aunque encontraba relajante cocinar, entre semana no disponía de mucho tiempo para dedicarse a ello, así que solo solía hacerlo los fines de semana. Y además, cuando tenía un mal día, prefería darse un capricho de pedir a domicilio.

Malfoy la contempló durante unos instantes, inexpresivo como siempre. Sus rasgos estaban tan definidos, trazados con tanta habilidad, que cada vez entendía más el éxito que tenía cuando iban a Hogwarts. Aunque no era su tipo, por supuesto.

—Está bien, Granger. Probemos esa comida india —aceptó.

Y el corazón de Hermione se saltó un latido.


¡Hola!

Como veis, una vieja conocida ha decidido hacer acto de presencia en esta historia. La pobre Hermione no levanta cabeza y parece el objeto de las iras de todas las arpías del mundo mágico (aunque lo cierto es que es muy divertido escribir artículo de Rita :P). Esto ha despertado la curiosidad de Malfoy sobre el tema de su ruptura con Ron y al final tenéis la respuesta, es que es lo que yo creo que pasaría después de Hogwarts. Pasado el "calentón" inicial, no tienen nada en común y el tipo de relación que mantendría no es la ideal para ninguno de los dos bajo mi punto de vista.

Lo que sí veo es a Malfoy en muchas portadas de Corazón de Bruja ;), ¿no os parece? Espero que os haya gustado el capítulo. No paran de surgirme nuevas ideas y creo que pronto habrá algo de acción si consigo sacar un momento para pararme a escribirla. Ojalá os esté gustando la historia.

Como siempre, os agradezco muchísimo los comentarios. Los leo todos aunque no os conteste (siento no hacerlo, pero cuando saco un rato para sentarme frente a la pantalla lo suelo emplear en intentar escribir). Así que lo dicho, contadme qué os parece! Muchísimas gracias.

Con mucho cariño,

Dry

PD: Deja un review para invitar para protagonizar una portada de Corazón de Bruja por tu torrido romance con Malfoy