—
El Legado II
I
Infiltrados
Orión
—Mándame a mí —insistió emocionada y entusiasmada como hace mucho no había estado.
—No, por supuesto que no —exclamó tajante—. No puedo creer que consideres una locura así.
—Locura es que no se me haya ocurrido antes. ¿Cómo no lo ví? —dijo para sí, con su cabeza activa, ya pensando lo que tendría que hacer una vez que llegara a ese planeta.
—Para empezar, ¿qué sabes tú de espionaje? Tendrías que pasar desapercibida, y mírate, tu cuerpo tus colores.
—Obviamente no me infiltraría en ropa interior, y mis colores son mucho más discretos que los tuyos.
—Pero yo no soy una de las mujeres más bellas que he conocido. Jamás pasarías desapercibida ahí, ni siquiera sabes pelear y no puedo creer que estemos teniendo esta conversación. No debería haber dicho nada.
—Es lo mejor que pudiste haber hecho, y por nada en el mundo vayas a decirle a los reyes de La Comunidad, es demasiado importante, un arma poderosa a nuestro favor. ¿Quíen es el contacto? ¿Es alguien importante? ¿Dentro de palacio o con algún puesto estratégico?
—No tengo nada claro, aún todo es muy frágil y poco seguro. Aún me están dando pruebas para confiar. Si te lo dije pensé que te animaría un poco la esperanza de que en un futuro podría hacer justicia. Mi objetivo es infiltrar un espía para conocer las debilidades de los saiyajin y sus reinos aliados.
—¿Y quién mejor para hacer eso que yo? —dijo convencida—. Soy inteligente, de mente ágil y puedo adaptarme a cualquier lugar. Puede que ahora viva en un palacio y con todas las comodidades, pero que no se te olvide que sobreviví muchos años en la Tierra asediada de carroñeros y enemigos que intentaban matarnos a diario por un litro de agua.
—Sé que eres muy capaz de todo, Bulma pero es una locura pensar que podrías meterte allá sin problemas. Si gustas, una vez que confirme que mi contacto es confiable puedes involucrarte ayudandome a escoger a la persona que iría a Vegetasei, incluso puedes estar encargada de darle órdenes.
—Nadie lo haría como yo.
—Te creo, y eso es lo que me da miedo. Si te atrapan no me lo perdonaría.
—No lo harán porque tendré tu apoyo y del infiltrado.
—No puedo creer que estemos teniendo esta conversación —repitió incrédulo—. Tú no sabes nada de espionaje.
—Puedo aprender sobre la marcha, además no iría inmediatamente —dijo pensativa, ya dando por hecho que iría a Vegetasei—. Primero necesito estudiar, prepararme, tomarme unas semanas para alistar todo.
—Es un acto suicida.
—No si cuento con tu ayuda… Tan solo piensalo, Troy —dijo animada—. Si tuvieras información privilegiada podrías no solo acabar con los saiyajin, sino con todos sus aliados, los que están tomando control de la galaxia del sur. No es posible que ellos estén más organizados que la misma Compañía. Eventualmente tendrán tanto poder que querrán seguir avanzando.
—Y es por eso que cuando esta persona me contactó no deseché la idea. Es lo que quiero lograr, pero no voy a exponerte a ti. Jamás te pondría en peligro.
Bulma se puso de pie y tomó su vestido para vestirse.
—Ahora vamos a ir a celebrar y cenar. No quiero arruinar esta noche, pero prepárate, porque mañana voy a seguir con esta discución y te demostraré que soy la mejor para ese trabajo. —Le dio la espalda y mostró el vestido abierto.
—No pierdas tu tiempo, no me harás cambiar de opinión —dijo y se puso de pie para ayudarla con la cremallera.
Bulma sonrió altanera.
—Mañana continuaremos.
Planeta F-675
Vegeta despertó en su celda (una mucho más grande y cómoda que la jaula donde fue transportado cuando recién llegó a los dominios de Freezer). Era turno de ser revisado por el doctor que controlaba sus heridas que no lograban sanar por completo cuando ya tenía nuevas que tratar. También ingresó a la celda la mujer del área científica encargada de revisar el collar que restringía su energía y que aún debía usar pese a llevar varias semanas haciendo violentos trabajos para Freezer que aún no daba la autorización de liberarlo.
—No tiene caso —dijo Vegeta luego de quitarse la camiseta para que el doctor comenzara la curación—. Las heridas sanarán por sí solas cuando me quiten el collar.
—Si Freezer quiere que te revise después de cada misión, te revisaré después de cada misión —respondió el hombre atento de limpiar las heridas nuevas antes de coserlas.
Vegeta guardó silencio y continuó sentado para que el tipo hiciera su trabajo. Fijó su atención en la mujer de cabello negro que preparaba sus herramientas para remover el collar, no sin antes poner las muñequeras que cumplían la misma función para mantenerlo controlado en caso que intentara escapar.
Cuando la joven tuvo listas las muñequeras y se acercó, desvió la vista ante la fea herida del abdomen que comenzó a sangrar mucho más cuando el doctor la limpió.
—Llevas mucho tiempo aquí como para horrorizarte con un poco de sangre —dijo Vegeta a la mujer.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó mirándolo a los ojos, curiosa.
Vegeta fue más evidente al mirarle las muñecas, que si bien ya no usaba nada que la controlara, las cicatrices antiguas la delataron. La mujer se apresuró en bajar las mangas de su ropa para ocultar las marcas y sus mejillas pálidas cambiaron a rojo.
—Mai, necesito curarle el cuello —dijo el doctor, esperando que ella hiciera su trabajo.
—Sí.
Mai no tardó en ponerle las muñequeras al guerrero, y luego usó sus herramientas para quitarle el collar. No era un trabajo fácil, debía hacerlo con calma y soltar sus partes en un orden específico, de lo contrario podría explotarle en las manos si lo hacía mal. Era una de las formas en la que Freezer se encargaba de que los que lograban escapar no pudieran llegar tan lejos.
Cuando el hombre estuvo liberado del collar, Mai lo dejó en el banco metálico de al lado y se sentó a la espera que el doctor hiciese su trabajo. Fijó su atención en otro lado, ya que pese al paso de los años trabajando para Freezer, no lograba acostumbrarse del todo a la sangre y heridas a carne abierta. Debido a su trabajo, no era espectadora de las brutales y terribles escenas que se vivían a diario en el planeta. Ella no solía hacer este tipo de trabajos con los guerreros de Freezer, lo que significaba que debía estar muy interesado en este.
—¿No le vas a poner anestesia o algo? —preguntó Mai al doctor cuando vio de reojo al guerrero apretando la mandíbula mientras el profesional aseaba las heridas de su cuello que volverían a abrirse y empeorarían una vez que tuviera puesto el collar que se enterraba en su piel. Esto parecía más una tortura que cuidados.
—Si Freezer está tan interesado en él, entonces no lo necesita.
Mai volvió a mirar el suelo de la celda hasta que el doctor terminó de limpiar y coser. En ningún momento escuchó al guerrero quejarse.
—Listo, es todo tuyo. —Guardó sus cosas en su bolso, y no tardó en abandonar la celda.
Mai se acercó al guerrero y comenzó con su trabajo de ensamblar en collar. Hacía tanto tiempo que no realizaba un proceso así que sintió el dolor que el hombre no demostró cuando la carne dañada fue penetrada una vez más por el metal.
—Hace mucho tiempo que Freezer no me hace atender uno de sus hombres… Se supone que eres especial, al menos eso es lo que se está hablando de ti... —dijo Mai sin dejar de trabajar en el collar—. Si eres tan poderoso y es evidente que te tiene contra su voluntad, ¿por qué no has escapado?
—¿Esto es alguna especie de prueba de Freezer para medir mi lealtad? Porque lo estás haciendo pésimo —respondió Vegeta. Estaba tan cerca a ella que podía oler su miedo. Pese a haber estado más inconsciente que despierto las ocasiones anteriores que hicieron el mismo procedimiento, Vegeta había reconocido el mismo aroma que incluso impregnaba su ropa y ahora por fin podía darle un rostro.
—Solamente digo, que si tuviera esa fuerza… —No continuó, y siguió con su trabajo. Vegeta tampoco dijo nada.
En unos minutos estuvo listo el collar y con mayor facilidad le quitó las pulseras. Guardó los aparatos y herramientas en su caja metálica y se retiró del lugar sin mirar al hombre.
Pollux
Días después…
En cuanto la nave de Bulma aterrizó en el lugar de aterrizaje de la casa de Morgan, éste salió a recibirla y no tardó en abrazarla cuando estuvo a su lado. No tenían lazos de sangre, pero la amaba como a su hija.
—Me alegra tenerte en mi casa —dijo sin soltarla, y besó su cabeza.
Bulma debió soltar sus bolsos con pertenencias para responder el abrazo con la misma fuerza.
—No volveré a faltar, lo prometo.
Morgan, ya tenía más de 50 años, pero a diferencia de los humanos, envejecía mucho más lento, por lo tanto, las pocas arrugas en el rostro no lo hacían lucir mayor, además aún se mantenía en muy buen estado físico gracias a que trabajaba desde casa y le quedaba mucho tiempo libre para dedicarse a sus actividades. Su hija ya se había casado, tenía hijos y vivía en otro lugar.
—¿Y qué pasó con Troy? —preguntó y tomó los bolsos de la joven para llevarlos por ella.
—Tenía mucho trabajo, quizás para la próxima vez.
—Es una lástima. A tu padre le hubiera gustado verlo.
—¿Dónde está? —preguntó Bulma mientras caminaban hacia el interior de la casa.
—En el estudio, como siempre. Ve a saludar, yo llevaré tus cosas a tu habitación.
—Gracias.
Bulma había vivido un tiempo en esa casa, por lo que la conocía de memoria, y una vez que estuvo sola, se dirigió al estudio. A medida que se acercaba sentía que su corazón se apretaba más y más. Pensaba que con el paso de los años sería más fácil, que la distancia la ayudaría a crecer y aceptar ciertas cosas, pero se había equivocado. Cada vez que estaba con su papá se sentía una niña de 14 años, asustada y tiritando de frío e impotencia porque a su padre le habían arrancado la pierna con un hacha para comerla. Se le venían a la cabeza y corazón todos los recuerdos tristes que siguieron a ese suceso y lo duro que fue para todos los años que siguieron.
Cuando entró lo encontró como casi siempre lo hacía cada vez que los visitaba. Sentado junto a la chimenea, leyendo algún libro de robótica, mecánica o el campo avanzado de su gusto, y sobre su hombro dormía un pequeño gatito color blanco con manchas negras, muy similar a los que alguna vez habitaron la Tierra. A Morgan le había costado mucho trabajo conseguirlo.
Cuando Bulma cerró la puerta, su padre se giró y en cuanto la vio, dejó el libro de lado y fue a su encuentro. Bulma lo vio caminar con una pequeña cojera. Nadie podría saber que una de sus piernas era falsa gracias a la excelente tecnología que le permitió poder llevar una vida normal alejado de la silla de ruedas que lo acompañó por tantos años. Ni siquiera era necesario el uso del bastón.
—Bienvenida a casa, querida.
—Gracias, papá. —Cuando se soltaron fueron de regreso a los asientos cercanos a la chimenea. El gatito continuó durmiendo profundamente sin darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor.
Y tal como cada vez que Bulma visitaba la casa de Morgan, conversaba un rato a solas con su padre. Le comentaba los avances en naves espaciales que había realizado y los nuevos modelos de robot que estaba planeando construir. Por supuesto su padre entendía todo y seguía la conversación con sumo interés al tratarse de su hija, pero no aportaba nada nuevo, ni se llenaba de entusiasmo como hubiese ocurrido cuando era el presidente de la Corporación Cápsula y era un apasionado en su trabajo. Bulma siempre iba con la intención de cautivarlo con sus historias en laboratorios, talleres y conferencias con científicos de planetas lejanos, pero su padre ya era otro hombre, uno muy distinto al que conoció cuando era una niña pequeña. El de ahora vivía encerrado en la seguridad de su hogar, con sus libros, su amigo y las decenas de animales que tenía y andaban por la casa y jardín. Eso la mataba en vida. Cada visita significaba una grieta nueva en el corazón de Bulma, y por eso evitaba que fueran seguidas, pese a que los extrañaba demasiado cada vez que volvía a su vida en el otro planeta.
Otra cosa que solía hacer cada vez que los visitaba, era ir al baño a llorar después de conversar con su papá. No le gustaba que la vieran mal, mucho menos ellos, así que se tomaba el tiempo para recuperarse, se mojaba la cara y arreglaba en maquillaje antes de salir como si nada hubiera pasado. Tuvo una razón grande para sonreír cuando se encontró con Yamcha que acababa de llegar y por tercera vez en menos de una hora recibió otro abrazo.
Después de la cena que siempre los dejaba a todos de buen humor, Morgan y el papá de Bulma se instalaron en la sala por un trago un poco más fuerte y un cigarro, mientras que la científica y Yamcha fueron a la terraza del jardín para poder conversar a solas. Desde donde se encontraban tenían una vista privilegiada de gran parte del terreno lleno de árboles y arbustos que cobijaban parte de los animales que el dr. Brief había adoptado a lo largo de los años.
—¿Cuándo piensas volver a viajar? —preguntó Bulma luego de encender su cigarro. Los dos se encontraban apoyados en la baranda y observaban la naturaleza.
—No lo sé. Tengo que terminar unos pendientes y luego volveré a irme.
—Me vendría bien que te mantuvieras cerca por un tiempo.
Yamcha la miró de reojo, curioso.
—¿Sucede algo?
—Aún no, pero sucederá.
—Me asustas un poco cuando te pones así, me recuerda cuando éramos niños, y se te ocurría algo que seguramente terminaría mal —dijo con una sonrisa nostálgica.
—En esa época éramos muy pequeños, no teníamos todo el conocimiento que ahora. No tiene por qué terminar mal.
—¿Qué es lo que tienes en mente?
Bulma dejó el cigarro unos segundos y miró a Yamcha a los ojos. Necesitaba decirlo a la cara, era importante.
—Voy a infiltrarme en Vegetasei. Troy tiene un contacto importante que puede meterme allá.
Yamcha tuvo que procesar la información antes de decir algo. La verdad es que esperaba cualquier locura viniendo de ella, pero jamás hubiera imaginado algo así.
—No puedo creer que Troy haya pensado en meterte en ese horrible lugar.
—Eso es un detalle, la idea de él es enviar a alguien más de espía, pero ya estoy trabajando para convencerlo de que sea yo. Terminamos discutiendo antes de viajar, pero cuando vuelva estoy segura de que lo convenceré.
—¿Sabes algo sobre espiar? —dijo levantando la voz.
—Es lo mismo que me dijo él —respondió molesta de que dudaran de su inteligencia—. Estuve pensando mucho estos días y ya tomé una decisión. Pienso ir a Vegetasei con o sin la ayuda de él, porque sé que no estaré del todo sola, ya que tú me ayudarás.
—Bulma, sabes que siempre voy a estar para ti, pero no puedes pedirme que te ayude en eso. Terminarás muerta la primera semana. Es una misión suicida. Por esa misma razón todos los planetas que tuvieron la oportunidad se alejaron y se llevaron a su gente de la galaxia del sur. Esa galaxia y sobretodo ese planeta es un hervidero de asesinos y muerte.
—Sé que puede asustar, hay muchas historias rondando ese planeta, pero te aseguro que la mitad son mentira. No todos los saiyajin son poderosos como se cree y estos últimos años el planeta ha sufrido muchos cambios con las alianzas de otros imperios, están más acostumbrados a los extranjeros. Un planeta que acepta extraños y gente sin poder no debe ser tan terrible.
—¿Estás escuchando lo que dices? —Debió calmarse para que no oyeran su conversación desde el interior de la casa. Mientras que Bulma continuaba calmada y decidida—. ¿Acaso ya te olvidaste todo lo que nos hicieron esos monstruos?
—Precisamente porque recuerdo muy bien estoy decidida a hacer algo al respecto. Tengo mucho que planear, pero creo que el objetivo es la familia real. Ellos son los más poderosos y los que controlan todo lo que sucede en ese planeta.
—Bulma, han pasado ya diez años, deberías intentar avanzar como todos, dar vuelta la página.
Por primera vez Bulma frunció el ceño, molesta por ese comentario.
—¿Avanzar? ¿me hablas de avanzar? Morgan abandonó su interés en la tecnología y política y dedica todo su tiempo libre y recursos en pagarle a cazarrecompensas para buscar a los de su raza que fueron cazados en la Tierra. Mi papá vive encerrado en esta casa, porque aunque no lo diga le aterra salir. Y ni hablar tú, que llevas años buscando a Mai por toda la galaxia… Si alguien ha avanzado soy yo, y especialmente ahora que encontré una forma de dejar todo esto atrás de una vez por todas.
Yamcha no dijo nada. ¿Qué podía decir ante tanta verdad que acababa de explotarle en la cara?
—Ya tomé mi decisión —continuó Bulma más calmada—. Lo haré sí o sí. Soy capaz, y sé que puedo hacerlo sola, pero si recibo tu ayuda sería mucho mejor. No voy a involucrar a Troy al nivel que te lo pido a ti, porque él tiene muchas obligaciones y se deber a millones de personas, y si hay alguien en quien confío eres tú.
Como respuesta, Yamcha se acercó y la abrazó con fuerza.
—Estás loca —susurró—, pero no puedo dejarte sola. Y si un poderoso rey como Troy no puede detenerte, no tengo otra opción más que ayudarte.
—Gracias —dijo ella y le regresó el abrazo con fuerza.
La relación de ellos había terminado casi al cumplir un año alejados de la Tierra, pero continuarían siendo amigos hasta el fin de sus días.
Vivieron tantas penurias en la Tierra que un lazo mucho más poderoso que amor de pareja los unió. Y ahora que uno necesitaba ayuda, el otro no podía negarse.
Planeta F-675
Esta era la segunda vez que tenía el honor de visitar el salón de Freezer. Tal como la primera vez, los guardias resguardaban el camino hacia el emperador, su corte observaba detrás de ellos en silencio, aguardando por las reacciones del tirano para saber cómo responder. Y como era de esperarse, Zarbon y Dodoria lo acompañaban a su izquierda, ya que la derecha estaba reservada para su vino.
En esta ocasión no estaba en pésimo estado ni medio desnudo. Le habían regresado su armadura de metal oscuro y le habían entregado un traje ajustado negro, junto con botas del mismo color, ya que las suyas estaban inservibles. Ya no habían guardias detrás de él para controlarlo si fuese necesario. Se encontraba de pie, con la espalda erguida y las manos tras la espalda, a no más de cinco metros de distancia de Freezer, que como siempre ocupaba ese asiento que levitaba a ras del suelo.
Nuevamente ese deja vu molesto que lo remontaba a su antigua vida en Vegetasei. La corte, el emperador, los hombres de confianza, las miradas de envidia y sospecha…
—¿Y bien, Argon? —dijo Freezer contento de ver a su guerrero en tan buen estado pese a exponerlo a terribles condiciones y no quitarle el collar drenador. Estaba asombrosamente satisfecho.
El silencio reinó en el lugar y toda la atención se dirigió hacia Argon, que sin dejar de mirar a Freezer, se arrodilló por voluntad propia y agachó la cabeza al momento que dijo:
—Desde hoy solo te sirvo a ti, a nadie más que tú, Freezer. Tienes mi lealtad inquebrantable e irrestricta.
—Maravilloso Argon —dijo entretenido sin soltar su copa de vino—. Corto y preciso. Puedes ponerte de pie... ¿Por qué mis hombres no tienen la mitad de tu vocabulario? Estas reuniones serían mucho más agradables—. Y agregó suspicaz—: eres demasiado educado para ser un simple guerrero.
—Mi madre era una mujer diferente. Una guerrera ilustrada —dijo sin cambiar su expresión libre de culpas ni mentiras. Y volvía a poner sus manos tras su espalda erguida.
—Ya veo… Pues bien, se te proveerá de una habitación digna y otros servicios que alguien más te dirá. El collar se removerá cuando lo indique…
Freezer continuó hablando de cosas que solo a él le interesaban, y todos fingían escuchar con atención. Vegeta desvió su vista del monarca solo por unos segundos, seguro que Zarbon y Dodoria lo miraban con atención. Sabía que serían un obstáculo para acercarse a Freezer, no querían competencia y dificultarían mucho las cosas. Ya tenía más que claro que además de Freezer, debía resguardarse de esos dos que no estaban para nada contentos que Freezer tuviera un nuevo juguete. Eran poderosos y no sabía si podría hacerle frente a los dos al mismo tiempo, lo que significaba que con Freezer no había oportunidad alguna…
No le quedaba otra opción más que seguir el juego, no se había dejado atrapar por nada, por lo que continuaría entreteniendo al monarca con sus habilidades hasta ganarse su confianza. Todos tenían un punto débil, Freezer no debía ser la excepción.
Orion
Una semana y media después…
Cuando Troy despertó en medio de la noche y no encontró a Bulma en la cama se levantó a buscarla, Fue a su dormitorio, pero tampoco estaba, y ya que el palacio era demasiado grande para buscarla, decidió aventurarse en uno de los salones donde solía pasar el tiempo libre y tal como pensaba, la encontró sentada en un sofá trabajando en sus robots miniatura. Tenía un pequeño caos a su alrededor, con partes metálicas, herramientas y algunos planos estirados en el suelo que eran afirmados en las esquinas con invaluables adornos tomados de muebles cercanos.
—¿De nuevo con insomnio? —preguntó y se sentó al otro extremo del sofá donde quedaba un pequeño espacio para él.
—Un poco —respondió atenta a su trabajo, con un cigarro en su boca y sin mirarlo. Estaba ocupada revisando los componentes de un pequeño robot que soportaría condiciones extremas, pero que se negaba a funcionar correctamente.
Troy la miró un momento. El lugar estaba bien iluminado así que pudo ver en sus ojos rastros de lágrimas. No era la primera vez que pasaba que las pesadillas la despertaban en medio de la noche, y al parecer esta había sido particularmente mala. Siempre coincidían después de visitar a su padre.
El joven rey se pasó ambas manos por el cabello despeinado y dirigió su atención en los inmensos cuadros que adornaban el salón. El principal era de su madre a la edad de 30 años, bella, poderosa, con esos vestidos blancos que le encantaba usar y la hacían lucir más como una princesa inocente que la reina decidida que era. En el cuadro de al lado estaba su hermano mayor; poderoso, de carácter y con rasgos brutos y colores oscuros de su padre, un hombre que fue capaz de hacer que todos sus soldados lo siguieran sin pensarlo, porque se lo había ganado. Su hermano era quien se suponía se convertiría en rey.
—Cuando tenía dieciséis años —comenzó a hablar sin importar que ella lo mirara ya que él estaba atento a las pinturas de su madre y hermano—, lo único que quería era convertirme pronto en rey y matar a todos los que tuvieron que ver con la muerte de mi familia. Deseaba tener el poder a mano y usarlo, y no me importaba si en el proceso dañaba a inocentes o arrasaba con mis planetas… Estaba lleno de odio y dolor, todo lo que quería era venganza.
—¿Y qué fue lo que pasó? —preguntó Bulma dejando el robot, pero conservó su cigarro. Pese a haber conocido a Troy cuando recién abandonó la Tierra, se trató de un encuentro fugaz y casi sin importancia. Solo retomaron contacto hace cuatro años, cuando comenzó a trabajar para él.
—Pasó que me convertí en rey, y me di cuenta de toda la gente que dependía de mí... Me costó mucho no ser egoísta y aunque no había nacido para gobernar tuve que aprender en el proceso, aún sigo haciéndolo… Aprendí a ser mejor persona para honrar a mi madre. —La miró, ahora los ojos de él brillaban levemente por la emoción que lo embargó al recordar a su mamá—. Ambos compartimos el mismo dolor, Bulma, pero yo tuve la suerte de sanar, bloquear o ignorar todo ese odio… no sé bien qué fue, pero lo hice, y creo que tú también mereces una oportunidad. Todo mi ser me dice que estoy cometiendo un error, pero creo que es justo para ti.
Bulma no pudo evitar suspirar antes de responder.
—Con tanta tecnología disponible en tantos planetas que tenemos a la mano mi padre no hubiera cesado de viajar y aprender y estoy segura que eventualmente él hubiera dado cátedra a todos los científicos, pero en lugar de eso se enclaustró en una casa, asustado. Las heridas físicas pudieron haber sanado, pero su alma está rota… Quiero que deje de tener miedo… Es todo lo que quiero.
—Sé de lo que eres capaz, pero no por eso vas a partir mañana. Tienes que prometerme que te prepararás, y yo haré mi parte con el contacto para alistar todo. —Se arrepintió enseguida de lo que dijo, pero al mismo tiempo le encantó ver nuevamente ese brillo en sus ojos.
—Lo haré. Me lo tomaré con calma y me prepararé.
—Y solo se tratará de poner micrófonos e intervenir computadores. Nada que te ponga en peligro.
—Lo prometo —dijo contenta, relajando el ambiente tenso de la habitación.
—Ya siento que estoy arrepentido de todo esto.
Bulma se puso de pie y se sentó en sus piernas. Lo beso en la boca y luego le arregló la barba.
—Demasiado tarde para retractarse.
Volvieron a besarse. Troy metió las manos dentro de la camiseta de la joven para tocar su piel, y ella acarició su barba.
Vegetasei
—¿Entonces no habrá torneo ni celebración en tu nombre? —preguntó Ginn sentada en el mullido sofá frente al príncipe. Solo los separaba una mesita rectangular repleta de cosas para beber y comer.
—No —respondió Tarble de 21 años, más animado que de costumbre debido a la ingesta de alcohol, pero siempre tranquilo—. Ese tipo de eventos son para los favoritos. Yo tengo que agradecer que me permitan vivir aquí. —Al igual que Ginn, bebió de su vaso.
Como era costumbre compartían en la biblioteca que luego de tantos años había crecido al menos tres veces su tamaño. Ninguno de los presentes vestía armaduras y el ambiente era de relajo para celebrar el cumpleaños atrasado de Tarble, que si no fuera por su amiga, nadie hubiera recordado.
—Te entiendo muy bien… Incluso después de muerta no he podido ser igual de buena que mi hermana a los ojos de mi papá… Creo que tampoco habrán torneos en mi nombre. ¿Qué hay de ti? —preguntó a Raditz que estaba sentado a su lado, con un brazo sobre su hombro. Ella como siempre, tenía su pierna sobre una de él, muy cercana y de piel—. ¿Sigues bien con papi o ya pasaste a ser una vergüenza para él?
—Yo estoy bien con mi padre —respondió Raditz, de 27 años, también con un vaso en su mano libre—. Tenemos una relación… cordial.
—Sí, claro, presume tu excelente relación con él —dijo la joven de la misma edad que Raditz. Habló un poco más fuerte para que Broly, que estaba sentado mucho más apartado del resto, justo detrás de Tarble, escuchara—. ¿Y tú, Broly? ¿Cómo están las cosas con tu padre? Si no me equivoco igual de mal que aquí.
—Un poco —respondió el guerrero de 26 años, que casi no le llegaba luz de las lámparas, lo que lo hacía ver más enigmático y lúgubre.
—Bueno, es más de lo que habló la junta anterior —comentó Ginn—. ¿Y cúal es el premio de este año?
—Dinero — respondió Tarble—. Y la posibilidad de probar suerte en alguno de los batallones, o misiones, no lo tengo claro.
—¿Piensas participar? —preguntó seria, pero las cejas arqueadas del príncipe le dieron a entender que pensó se trataba de una burla—. Hablo en serio, Tarble. Tienes mucho mejor estado físico y tu poder de pelea ha crecido mucho.
—Eso es verdad —comentó Raditz—. No creo que sea posible ganar, pero sí darías un buen espectáculo. Tal vez eso es lo que falta para que tu padre te vea mejor… Por cierto, Broly hizo un muy buen trabajo contigo.
—Yo no hice nada —respondió Broly desde su lugar y sin mirar a los saiyajin. Estaba concentrado mirando un pequeño computador portátil que servía de comunicador—. Tarble entrenó mucho e hizo lo que hubiera hecho con cualquier entrenador, o solo.
—No seas modesto —respondió Tarble girando un poco para ver a su amigo—. Me ayudaste mucho.
—Por lo mismo deberías participar —insistió Ginn.
—El torneo ha sido ganado los últimos diez años por alguien de la familia real o algún guerrero altamente relacionado a esta. Si no puedo ganar es mejor que ni me presente. Comprendo sus intenciones, pero lo veré desde la tribuna como cada año.
—El año pasado lo ganaron los hermanos incesto, si no me equivoco —dijo Ginn, que inmediatamente después sintió la mano de Raditz apretando su hombro en forma de desaprobación—. ¿Qué pasa? Yo no les puse ese nombre, fue Tarble.
Al joven se le pusieron las mejillas rojas al recordar eso. Aún no estaba tan ebrio como aquella vez que bautizó con ese título a Berry y Rasp.
—No entiendo qué se preocupan, si ellos están bien con su vida —dijo la guerrera—. Además, son tan jodidamente buenos peleando… me preguntó si ese es su secreto.
—Creo que nunca lo sabremos —respondió Tarble.
Los tres saiyajin rieron, pero se vieron interrumpidos por Broly que se puso de pie y se dirigió al príncipe.
—Tarble, tenemos que irnos, ya.
Tarble intercambió miradas con Broly por un segundo para saber que el asunto era serio. Su ceño fruncido desapareció para dirigirse a los invitados.
—Lo siento mucho, pero tengo que partir.
—¿Todo bien? —preguntó Raditz.
—Sí. Son asuntos que tengo que tratar como príncipe, y no puedo hacerlo esperar. Gracias Ginn por insistir en esta reunión.
—No fue nada. Aunque fue demasiada corta, ni siquiera estoy ebria.
—Pueden quedarse a terminar la comida, no hay problema —dijo amistoso—. Los guardias ya están acostumbrados a sus visitas, no les pondrán problemas por salir solos. Otro día la terminaremos —No esperó respuesta, y abandonó la biblioteca por otra de las puertas. Broly fue trás suyo.
—Si que fue corto —comentó Raditz cuando quedaron solos.
—Hemos tenido celebraciones peores. ¿Recuerdas cuando celebrabamos a tu padre y Kakarotto se embriagó y comenzó a...?
—No es necesario que lo recuerdes —la interrumpió e hizo una mueca ante la mención de aquel hecho, pero se obligó a dejarlo de lado—… Entonces, ¿qué quieres hacer? nos comemos lo que queda o nos vamos a la…
Antes de terminar de hablar ya tenía a la mujer encima y pese a ser tan baja en comparación con el metro noventa y tres de él, lo hizo recostarse en el sofá.
—O podríamos hacerlo aquí.
—¿Aquí? —murmuró el hombre como si alguien más pudiera oírlos.
—Sí, dime qué más emocionante que hacerlo aquí, en palacio… Además a este lugar no viene nadie más que Tarble —dijo entretenida y lo besó en la boca para tentarlo con la idea.
Solo fue necesario un par de besos más para convencerlo, y otros pocos más para que él terminara sobre ella. Ginn había comenzado a tirar de su pantalón cuando una de las puertas más cercanas a la pareja se abrió, lo que provocó que se separaran y se sentaran casi como dos adolescentes que eran descubiertos por uno de sus padres.
—Tarble… —La niña de casi 13 años se calló y quedó en su lugar cuando se topó con la pareja en el sofá.
—Buenas noches, Kyle —dijo Ginn acomodando su melena despeinada. Se había equivocado, había otra persona que también rondaba la biblioteca, y era la hermana menor de Tarble.
Raditz guardó silencio, totalmente incomodo. Ya había visto a la niña otras veces por palacio cuando visitaba a Tarble, pero jamás así de cerca. Sabía que existía la posibilidad de toparse con su media hermana y estaba preparado para eso, pero no de esa forma tan poco digna.
—Tarble, ¿dónde está? —preguntó seria. Sin darle importancia a lo que acababa de ver.
—Acaba de salir —respondió Ginn—. Fue con Bro…
—¿Él les permitió estar aquí en su ausencia?
—Sí. No estaríamos aquí si…
—¿Por dónde fue?
Esta vez Ginn se limitó a apuntar la puerta para que no volviera a interrumpirle.
La niña observó a la pareja con detenimiento y abandonó el lugar por la puerta que Ginn le señaló.
—Qué genio —exclamó la guerrera y luego se fijó en Raditz que continuaba mirando hacia donde había ido Kyle—. Lo sé, es impactante, es igual a la antigua reina.
—Sí —respondió asombrado, pero más que nada por haber reconocido a su padre en esa mirada.
Orión
Horas después de regresar al cuarto de Troy y tener sexo, el monarca quedó rendido y no tardó en dormirse, mientras que Bulma con su cabeza más activa que nunca no dudo en aprovechar cada segundo para prepararse. Aún en la cama y con todas las luces apagadas, salvo la de la pantalla de su computador, trabajó en silencio y concentrada. Tenía mucho qué hacer y poco tiempo, así que comenzaría por lo básico: conocer a la familia real de Vegetasei.
Hizo un repaso rápido de los antiguos monarcas, que luego se encargaría de profundizar. Debía conocer al enemigo como la palma de su mano si quería adentrarse en aquel lugar tan temido y salirse con la suya. Luego de un par de horas leyendo sobre el actual rey y su terrible historial, continuó con los príncipes. Le llamó la atención que no saliera información alguna y actualizada sobre el príncipe heredero original, Vegeta. Lo último que pudo encontrar de él, era que había desaparecido hace diez años, pero no decían si lo habían encontrado o lo habían dado por muerto. Entre tantas páginas con información inútil también encontró una fotografía de muy mala calidad de cuando tenía 15 años. Era un niño guapo, al menos eso pensó Bulma por un segundo. Definitivamente tendría que profundizar en su investigación por otros lados, ya que pese a ser una raza conocida, no había mucha información de peso a la mano. Mañana mismo se encargaría de pagarle a alguien de confianza para que le recopilara toda la información veraz e importante que pudiese. Tenía tanto que estudiar.
Pese a que le había prometido a Troy que su trabajo se centraría en intervenir los computadores del planeta y poner algunos micrófonos, tenía en mente un plan mucho más ambicioso y peligroso. Infiltrarse en Vegetasei era una oportunidad que no se volvería a presentar, por lo tanto, si quería acabar con el sufrimiento de millones y tener la venganza que siempre soñó, tendría que exterminarlos desde los cimientos, a los que movían los hilos y tomaban la decisiones.
Eso quería decir, eliminar a la familia real.
Continuará…
Hola a todos y todas, muchas gracias por llegar hasta aquí.
No pude responder los rws, ya que entre las problemas y obligaciones de mi vida de adulta y sumado a que el martes actualicé Perseverancia y ahora este capítulo, no me dio el tiempo para más.
Pues bien, Vegeta ha logrado captar bien la atención de Freezer, pero no le será nada de fácil.
Bulma por su parte, ya consiguió lo que quería, ahora solo tiene que prepararse.
Yamcha tampoco ha sido capaz de dar vuelta la página, como muchos en esta historia.
Me encantó hacer a Mai, que ha estado todo este tiempo trabajando para Freezer.
Y ya comenzaron a salir los personajes de Vegetasei. Como ya vieron, Raditz está con Ginn (sorpresa!) y Broly trabaja para Tarble. También apareció Kyle, pero en los próximos capitulos tendrán todos más apariciones y sus respectivos protagonismos.
Pueden encontrarme en Facebook como Dev Fanfiction. En mi biografía de ffnet. hay link que los llevará allá. Ahí suelo publicar cosas relacionadas a mis fics, como avances y fechas de actualización.
Si les gustan mis fics, y este capítulo, no olviden dejar rw, que es el apoyo que tengo para seguir actualizando así de seguido y constante. Me llenan de alegría y me encanta saber sus opiniones y teorías. Y no tienen idea todo lo que tengo pensado para este fic.
Nos estamos leyendo,
Dev.
16/07/20.
