El Legado II


III

Vínculo


Una vez que reinó la paz y tranquilidad dentro de palacio, Kyle se levantó y vistió con un simple traje de entrenamiento y botas, no se puso armadura, pero sí una capa negra que cubría todo su cuerpo hasta los tobillos. Sabía el horario de los guardias de la noche de memoria, lo que le permitía traspasar las primeras medidas de seguridad sin problema.

Avanzó por los pasillos solitarios de palacio mientras la mayoría de sus habitantes dormía, segura de que una vez más se había salido con la suya.

—¿A dónde va tan tarde, reinita?

La niña se detuvo en cuanto escuchó la voz detrás suyo, pero no intentó escapar y mucho menos se asustó. Sabía muy bien de quién se trataba.

—Hoy no era tu turno, Turles —dijo Kyle. Se le acercó y esperó que nadie apareciera en ese momento.

Turles, de 29 años, llevaba puesta la armadura ploma sin hombreras que debía vestir cuando le tocaba guardia dentro de palacio. Como miembro del ejército, a veces le tocaba este tipo de trabajos aburridos.

—No, pero debía un favor y terminé aquí —dijo cruzado de brazos y con la espalda recargada en la fría piedra—. Qué buena suerte haberme encontrado con usted, imagínese si otro la ve intentando salir de palacio durante la noche y sin permiso. Me pregunto qué diría el rey.

—No sigas, ya sé lo que sigue —dijo la niña con el ceño fruncido. Le tendió un par de monedas doradas que guardaba en un bolsillo interno de la capa.

—¿Sólo dos? —preguntó observando el pobre soborno—. No pensé que estuviera tan mal el negocio de las conquistas.

—No sabía que te encontraría hoy, otro día te daré más. —Continuó su camino a paso rápido.

—Que le vaya bien, reinita, y no se meta en problemas —se despidió el guerrero con una sonrisa falsa.

En cuanto pudo abandonar palacio, Kyle se puso la capucha para ocultar su rostro y evadir cualquier puesto de seguridad de las inmediaciones de su hogar. Cuando por fin se sintió libre y segura emprendió vuelo a ras del suelo en dirección a la Zona Negra. Eran al menos dos horas de vuelo a gran velocidad, pero le gustaba el viaje, el viento en la cara y cuando ya no había riesgo de que alguien pudiera verla, se elevaba por los cielos para disfrutar de la vista desde las alturas.

Tenía una rutina cuando llegaba a la Zona Negra: primero, se mezclaba entre la gente. Era agradable que nadie la reconociera y ver mucha más variedad de especies en este lugar, que a diferencia de palacio y sus alrededores abundaban los saiyajin, en cambio aquí, gracias a los tratados de su padre, la cantidad de extranjeros había proliferado considerablemente con el paso de los años, aunque su raza siempre sería mayoría dentro del planeta. Luego de pasear por las calles más pobladas, pasaba al puesto de siempre a comprar algo para comer y partía a ver los combates en el círculo de fuego. Ahora habían muchos más lugares para ver los enfrentamientos, se separaban por niveles, dificultad y brutalidad, pero en esta ocasión la niña permaneció al aire libre viendo los más simples, pues su objetivo esta noche era otro.

Estaba sentada en la parte más alta de las graderías, alejada del ruido y de la multitud, comiendo y atenta de los movimientos y ataques de los guerreros para recordar las técnicas a la hora de pelear, aunque aún era demasiado pequeña y delgada para que alguno de esos ataques surtieran efecto.

Para cuando terminó su carne en palito logró divisar el motivo de su visita de esta noche. Un saiyajin alto, de peinado idéntico al guardia de palacio Turles, pero de mayor edad pasó caminando entre la muchedumbre, alejándose del ruido y las peleas. Desde la gradería alcanzó a ver que se estaba metiendo por una calle en dirección a la parte más tranquila de la zona y no dudó en seguirlo a una distancia prudente.

Debió correr entre la gente y esquivar a otros para no perderlo de vista, estaba decidida en hablar con él y por nada del mundo lo extraviaría. Su tamaño no ayudaba para nada, con apenas un metro y cuarenta y cinco centímetros se vio enfrentada a empujones y codazos de los saiyajin y extranjeros que no tenían idea que la princesa había tenido el atrevimiento de meterse en la tierra de los parias. Corrió apresurada cuando lo vio meterse a un callejón y maldijo en un susurro al no encontrar a nadie pese a tratarse de una calle sin salida.

—¿Por qué me estás siguiendo? —preguntó Bardock detrás de ella, preocupado de encender un cigarro.

Kyle se insultó mentalmente. Debió haber estado atenta en todas direcciones, eso también incluía mirar hacia arriba.

—Necesito información —dijo intentando que su voz no sonara tan aguda, pero era una niña, no había mucho que pudiera hacer al respecto—. ¿Eres Bardock?

—Aquí las preguntas las hago yo —respondió con el cigarro en la boca. Le era muy fácil lucir intimidante, pero al parecer no estaba surgiendo efecto en la extraña—. Dime quién eres y quién te envió. —Estaba convencido que habían enviado a una niña para bajar la guardia.

—No me envió nadie —respondió con seriedad—. Busco información y me dijeron que tú puedes dármela. Puedo pagarte muy bien. ¿Eres o no Bardock?

—¿Qué información podría querer una niña como tú? —dijo desconfiado. Se acercó y estiró la mano para quitarle la capucha que no dejaba ver su rostro, pero la niña fue más veloz y se hizo unos pasos hacia atrás para que no la tocara.

—Puedo hacerlo sola —respondió molesta y finalmente se quitó la capucha para dejar ver su rostro. Esperó que el hombre no la reconociera, pues la gente de la Zona Negra no tenía motivos para conocer su rostro, pero por la expresión de asombro del hombre supo que ya había sido descubierta.

Fue imposible que Bardock no reconociera a su hija pese a haberla visto por única vez aquella ocasión que intentó sacarla de palacio, esa noche que la tuvo en sus brazos y se impregnaron de la esencia del otro. Se trataba de la viva imagen de Koora con rostro y cuerpo de niña. Era tan asombroso que dolía, y no pudo entender cómo la gente de palacio podía vivir en paz con aquel fantasma lleno de vida rondandolos día y noche.

—Kyle… —murmuró sorprendido, tanto que casi deja caer el cigarro de su boca, pero se preocupó en recuperar la compostura enseguida.

—Ya me reconociste, entonces sabes que puedo pagar lo que quieras. ¿Eres Bardock, o no? —preguntó impaciente.

—Ven conmigo, si vamos a hablar que sea en un lugar seguro, no aquí. —Le indicó que caminara con ella y la niña obedeció, pero se hizo a un lado en cuanto vio su mano a punto de tocarla—. Si alguien te reconoce sería muy peligroso. Ponte la capucha.


Lo primero que hizo Bardock al entrar a su vivienda fue prender otro cigarro e intentar no mirar tanto a la niña en caso de ponerla nerviosa, pero por la postura y su mirada, se notaba que no sería fácil de intimidar, tenía el porte de una princesa saiyajin.

—Puedes sentarte —dijo al verla que continuaba de pie observando cada rincón de la casa, pese a que él ya se había sentado. Era muy desconfiada, le recordaba a … a sí mismo.

Luego de quitarse la capucha, Kyle tomó la silla que estaba más cerca de Bardock junto a la mesa y la alejó para quedar frente a frente, pero no tan próxima al saiyajin.

—¿Qué es lo que quieres saber? —preguntó serio, atento a la niña, tal como lo hacía cuando alguien llegaba requiriendo sus servicios.

—Estuve averiguando y sé que eres el único sobreviviente del juicio donde murió mi madre y todos sus soldados. Estoy aquí porque quiero saber de ella.

Bardock levantó las cejas al escuchar su respuesta tan directa. En cuanto la reconoció pensó que podía tratarse de algo así, pero no por eso dejó de sorprenderse.

—¿Cómo diste conmigo?

—¿Eso importa?

—Sí, si quieres que te responda.

—Voy a pagarte, deberías responder, no hacer preguntas.

—No quiero dinero, niña. Quiero que me digas quien te trajo hasta mí. —Dejó el cigarro a medio fumar en el cenicero y se cruzó de brazos.

—Mi nombre es Kyle, y no entiendo para qué quieres saber eso.

—Quiero saber quién está hablando de mí.

Kyle lo observó en silencio, no quería seguir respondiendo. No entendía por qué ponía tantas trabas si no estaba preguntando nada complicado. Bardock entendió muy bien su silencio y volvió a hablar.

—Si estás acá es porque nadie en palacio te ha dado información, así que más te vale comenzar ha hablar. —Notó el enfado en su pequeño rostro al saber que estaba en desventaja. Le recordó la cara de Kakarotto cuando niño.

—Un soldado de palacio me dijo tu nombre, yo me encargué del resto.

—Qué hombre.

—Nappa… ¿Lo conoces?

—No —mintió.

—¿Ahora me dirás lo que quiero saber?

—¿Y qué quieres saber exactamente?

—Toda su historia. Hay cosas que no me cuadran y otras que creo que son simples mentiras. Siempre me evaden cuando intento hablar del tema.

—Por supuesto, tu madre fue la traidora del reino, no es algo que los enorgullezca.

—Tú también eres un traidor y te veo muy orgulloso de ti mismo.

—Hay cosas peores que ser traidor y que te arranquen el rabo, niña.

—No vine para esto —respondió harta, poniéndose de pie—. ¿Vas a hablarme de mi madre, o no?

—Es muy probable que la pequeña princesa esté acostumbrada a que le den en el gusto en todo, pero este no es tu palacio.

—Te dije que te pagaría bien —insistió.

—No quiero nada que venga de ese lugar, yo hago mi propio dinero —respondió con tono severo, como si hablara con algún enemigo.

—¡No jodas! ¿Para qué me trajiste a tu casa entonces?

—Tenía curiosidad, nada más —dijo calmado, con tono burlón. Su objetivo era que se fuera y no tuviera ganas de volver.

—Solo conseguirás que vuelva cada noche hasta que te agote.

—¿No tienes obligaciones reales que cumplir como para venir a perder el tiempo todas las noches?

—Recién voy a cumplir trece años, idiota, tengo todo el tiempo del mundo.

—¿Así es como te enseñan a hablar en palacio, niña?

—Mi nombre no es niña, y acostúmbrate, porque vendré cada noche —dijo casi como una amenaza y salió de la casa tan molesta que olvidó ponerse el capuchón.

—Buena suerte con eso —dijo y continuó fumando con la mirada perdida en la nada. Desde la noche que perdió a Kyle de sus brazos, jamás pensó que volvería a verla y ahora incluso lo había insultado… Más le valía que no regresara, o le tocaría ser más desagradable.

Intentó no pensar mucho en el tema, no tenía caso. Encendió otro cigarro en cuanto terminó el otro y su cabeza se llenó de ideas extrañas.

—Maldición… —Se puso de pie y salió de la casa con rapidez .


Kyle no alcanzó a alejarse más de un par de cuadras cuando dos saiyajin adultos se pusieron en medio del camino. La niña inconscientemente rodeó su cintura con la cola, algo que no solía hacer, pero considerando las historias que había escuchado de la Zona Negra, era necesario aunque tuviera la capa que la cubriera. Aun así, no demostró una sola pizca de miedo.

—¿Qué hace una niña tan pequeña sola por estos lugares? —preguntó uno de los saiyajin sin rabo.

—No es de tu incumbencia —respondió seria, sin dejar de mirarlos.

—Esa es una linda capa, se ve que es de calidad —dijo el otro tipo que le faltaban bastantes dientes—. ¿Qué ocultas bajo ella?

—Esto tampoco debería interesarles.

—Vamos, mocosa, no seas tan arisca y muéstranos esa capa. —Insistió el saiyajin sin dientes y se acercó un par de pasos hacia Kyle, pero se detuvo en cuanto vio a Bardock acercarse.

—La niña ya dijo que no era de su incumbencia —dijo el guerrero. Se puso detrás de Kyle y apoyó una mano en su hombro. No fue intencional, pero un par de sus dedos tocaron directamente la piel de la pequeña, lo que provocó que todo cambiara...

Mientras Bardock hablaba con tono sereno con los dos saiyajin que evidentemente no lo habían reconocido por la poca luz, algo primitivo se activó en el interior de Kyle a causa de ese simple contacto. Su corazón previamente agitado por la discusión con Bardock y la presencia de estos desconocidos, se calmó por completo, al igual que su respiración… Se sintió tan bien, tan en paz como nunca antes en su vida, y junto con esa sensación de tranquilidad, su sentido del olfato se volvió más sensible, como buscando algo que no sabía había perdido hace muchos años.

Kyle no se dio cuenta de la disculpa que le ofrecieron los hombres por molestarla y reaccionó luego de que se marcharan, solo porque Bardock la soltó, lo que ocasionó que la paz que la embargó disminuyera, pero no desapareció por completo.

—Puedes irte tranquila, niña. No te seguirán, pero no quiere decir que puedes andar por donde quieras en este lugar. Es peligroso. —Frunció el ceño cuando la vio tan distraída y con los ojos llorosos. No entendía qué le había pasado, había llegado a tiempo, los tipos ni siquiera habían alcanzado a tocarla—. ¿Estás bien, niña?

—Volveré. —Fue todo lo que pudo decir. No quiso seguir caminando y levantó vuelo a toda velocidad, necesitaba salir de ahí.


Tarble terminó en el suelo con la boca sangrando y respirando con dificultad. Le dolía demasiado un costado de su cuerpo, seguramente el último golpe le había roto una costilla, pero no se quejaría, ya que cada vez que lo hacía, terminaba con más huesos rotos.

—¿Eso es todo? —preguntó Broly caminando alrededor de Tarble—. Prometiste tres horas.

—¿Podríamos negociar? —Se llevó la mano al costado que le dolía y no dejó de mirarlo, pues podía atacarlo en cualquier momento. Sabía que Broly no se detendría solo porque se encontrara en el suelo.

—No soy de esos diplomáticos con los que sueles tratar. Levántate —ordenó.

Broly vestía solo un pantalón de entrenamiento negro y botas, mientras que Tarble usaba botas y el traje entero color azul y sin mangas. Él joven príncipe se veía mucho más agotado y sudado.

—Está bien… Tan solo dame cinco minutos para respi… —Debió apoyar la manos en el suelo a la altura de su rostro para impulsarse y levantarse de un salto hacia atrás para evadir el golpe de puño que iba hacia su abdomen. Continuó retrocediendo y esquivando a una velocidad impresionante los ataques de Broly que lo rozaron en más de una ocasión. Cuando su espalda tocó el frío muro de metal, puso sus brazos sobre su rostro para protegerse, afortunadamente ese golpe jamás llegó. Confundido lo miró casi pegado a él y con el puño aún en el aire observando hacia la puerta. Segundos después entró Kyle sin golpear ni avisar.

—Kyle, ¿qué haces despierta tan tarde? ¿finalmente quisiste unirte a entrenar? —preguntó Tarble aliviado de haber sido salvado sin querer por su hermana. Se le acercó, pero se detuvo a medio camino cuando la vio inquieta, raro en ella—. ¿Todo bien? ¿Quieres hablar? —Al no obtener respuesta miró a Broly— ¿Podrías dejarnos solos, por favor?

—Sí —respondió Broly dispuesto a marcharse, pero Kyle no pudo esperar más y se lanzó a los brazos de su hermano.

Pese al tremendo dolor en su costado, Tarble no dudó en responder el abrazo, sorprendido del actuar de Kyle que nunca había sido de abrazos ni caricias, muy parecido a su hermano Vegeta, pero sin amenazas de muerte. Acarició el cabello de la niña y miró a Broly confundido, a lo que el grandote respondió levantando las cejas, mucho más desorientado.

—Kyle, ¿te pasó algo? —preguntó con calma, sin dejar de acariciar su cabeza. La niña había hundido el rostro en el pecho de su hermano y no parecía querer cortar el contacto, lo necesitaba demasiado—. ¿Alguien te hizo daño, Kyle? Dime algo, por favor para poder ayudarte.

—Estoy bien —susurró con la voz quebrada y cuando sintió que ya se podía controlar, se alejó de Tarble y limpió las lágrimas que se asomaron—. Gracias.

—¿Necesitas algo?

—No, estoy bien, ya me voy a dormir. —Salió enseguida del cuarto de entrenamiento. No quería quería darle más motivos a su hermano para que se preocupara y la llenara de preguntas cuando ella no tenía ni la más mínima idea de qué le había sucedido. Lo único claro es que se sintió desesperada por un abrazo.

Tarble y Broly se miraron más confundidos aún.


Para Bardock no fue difícil hacerse una reputación dentro de la Zona Negra. Ya muchos conocían su nombre durante el periodo que estuvo casi todas las noches enfrentándose a los más recios saiyajin dentro del círculo de fuego, y salió vivo e invicto de cada combate, por eso, cuando fue castrado y enviado a la Zona, tuvo más de una oportunidad de hacer negocios de contrabando y también relacionado a los combates, por lo que logró adquirir cierto poder con el paso de los años. Esto jamás fue con el objetivo de ganar respeto o hacerse un nombre, simplemente lo hizo para mantener su cabeza ocupada y no dejar que viejos fantasmas del pasado le dieran caza tan seguido.

Pero jamás pensó que uno de esos fantasmas fuera a meterse a su casa y con intenciones de volver.

No era la primera vez que dejaba la zona negra, ni tampoco sería la última, pero siempre tenía cuidado ya que si lo atrapaban significarían problemas para sus hijos que luego de tantos años por fin habían podido dejar un poco en el olvido el estigma de ser el hijo del traidor.

Luego de asegurarse de que Kyle llegara a terrenos seguros para ella, se dirigió a otro sector poblado del planeta, la ciudad de los soldados más aventajados. La noche oscura estaba de su lado y lo ayudó a desplazarse por callejones desolados hasta dar con la casa que creía recordar era la indicada. Debió esperar en las sombras mientras fumaba, y luego de cinco cigarros, apareció el motivo de su salida de la Zona. Tiró el cigarro al suelo y se acercó, asegurándose primero que nadie estuviera mirando.


Nappa alcanzó a abrir la puerta de su casa cuando lo tomaron por atrás y obligaron a ingresar al interior. En cuanto se dio vuelta para responder la agresión, el asombro fue mucho más fuerte que la decisión de atacar.

—¿Qué es lo que pretendes al mandar a la princesa a verme? —preguntó molesto, sin soltar el cuello de la armadura de Nappa—. ¿Estás aburrido y este es otro de tus maravillosos planes para sentirte mejor contigo mismo, pedazo de mierda?

—Yo no mandé a la princesa a verte —respondió molesto. Debió ejercer un poco de presión para librarse del agarre de Bardock—. La niña no dejó de molestarme con preguntas y terminé dándole un nombre, nada más, ella terminó sacando conclusiones.

Bardock frunció el ceño. Le llamó la atención que no gritara ni intentara agredirlo de vuelta.

—No te creo. Algo planeas, una rata siempre será una rata.

—No planeo nada, y poco me importa si me crees o no. La princesa es una niña muy persistente y no haría nada nada para perjudicarla, ella no está sucia como el resto de esa gente.

—Por favor —dijo Bardock cínico—. Resulta que ahora juzgas a la gente que le has chupado la verga toda tu vida.

—No voy a darte explicaciones de lo que hago, ahora vete de aquí o voy a denunciarte. Te recuerdo que estás vivo gracias a mí.

—Rata asquerosa —rugió molesto y volvió a agarrarlo de la armadura—. Sé que estás tramando algo y me voy a enterar.

—¡Sal de aquí, ya!

—¿Qué está pasando? —preguntó una niña saiyajin de 11 años que bajó del segundo piso cuando escuchó los gritos. Vestía su pijama y tenía su cabello corto despeinado.

Bardock dejó a Nappa y retrocedió unos pasos.

—Nada —respondió el grandulón—. Vete a la cama, deberías estar durmiendo.

—Lo estaba, pero me despertaron.

—Lo siento —murmuró más calmado—. Vuelve a tu cuarto, ya iré a verte, primero tengo que… —Volteó para ver a Bardock, pero ya se había marchado.


(...)


Luego de recibir la información sobre la misión fallida y revisar la lista de bajas, Rasp corrió por los pasillos de la enfermería buscando a su hermana. En las primeros cuartos que entró encontró a los doctores intentando salvar la pierna de un guerrero, ya que el tanque de recuperación no era tan efectivo para salvar extremidades que estaban unidas con unos pocos tendones, en otro lugar vio a los guerreros en los tanques y otros muertos en la cama de operación. Fue en el último lugar donde buscó que encontró a su hermana dentro un tanque completamente dormida y con la mascarilla para respirar, todo había sido tan rápido y mortal, que ni siquiera se tomaron el tiempo de desnudarla. En el lugar estaba Row y su hermano Leek que al verlo, no tardaron en ofrecer una palabra en apoyo por su pérdida.

—Lo siento mucho, Rasp —dijo Row, se acercó a Rasp y le puso una mano en el hombro, mientras que Leek permaneció con la espalda apoyada en la pared.

—Era una muy buena guerrera —murmuró Leek, mucho menos empático que su hermano.

Rasp miró a los gemelos por un segundo, parecía desorientado, y no era para menos, si acababan de informarle que la misión de rutina para recuperar unos territorios en disputa terminó de la peor manera, con la mitad de los soldados muertos y entre ellos, Rym, la guerrera que pensaba hacer su esposa. Row continuó hablando, intentando consolarlo, pero no escuchó una sola palabra de lo que dijo. Toda su atención se dirigió a su hermana inconsciente dentro del tanque de recuperación. De pronto sintió una ira tan irracional apoderándose de su cuerpo, de sus actos, y no hizo nada por impedirlo.

Se acercó al tanque y ante la mirada atónita de los gemelos, lo destrozó de un solo golpe de puño. A causa de la gravedad, la mujer cayó dentro del pequeño cubículo lleno de líquido y vidrios rotos, y todos los cables que verificaban sus signos vitales de desconectaron, incluido el que la mantenía durmiendo. Rasp intentó tomarla, pero ni siquiera alcanzó a rozarla, pues Row se tiró sobre él, arrojándolo al suelo con el peso su propio cuerpo. Leek reaccionó enseguida para ayudar a su hermano a controlar a Rasp.

—¡Sueltenme! —gritó encolerizado, forcejeando con los hermanos que a duras penas impedían que no saltara contra Berry semi consciente y extremadamente débil, con múltiples heridas de gravedad aún abiertas y sangrando—. ¡La conozco! ¡La conozco muy bien ! ¡Sé que ella mató a Rym!

—¡Rasp, basta! —gritó Row preocupado por Berry que no lucía nada de bien, pero no podía ir por ella y soltar a Rasp. Leek no podría neutralizarlo solo.

El escándalo llamó enseguida la atención de la reina Rave que hablaba en otra habitación con los médicos encargados de la salud de su hija. No tardó en llegar y en observar la situación y los gritos incriminatorios de su hijo hacia Berry.

—Suéltenlo —ordenó en voz alta para que la escucharan en medio del escándalo—. He dicho que lo soltaran —exclamó, raro en ella. Los hermanos obedecieron a la reina y en cuanto Rasp estuvo de pie, Rave lo abofeteó en el rostro tan fuerte que lo lanzó al piso de regreso y dejó su mano marcada en la mejilla. Con el príncipe ya calmado volvió a hablar—. Lleven a Berry a otro tanque, rápido, tú Rasp te quedas conmigo —dijo sin dejar de mirar a su hijo.

Row se apresuró en tomar a Berry en brazos y salió corriendo del lugar junto con su hermano.

—No te atrevas a protegerla —dijo Rasp calmado, pero con la misma ira interior.

—Ya me enteré de lo que sucedió con Rym, y lo siento mucho, hijo, pero no puedes hacer esto, tienes que controlarte.

—Yo sé que la mató, es como ella funciona —insistió y se puso de pie enfrentando a su madre—. No resistió que ya no quisiera cogerla más y provocó que esto pasara.

—No vuelvas a decir algo así, no quiero problemas entre hermanos, especialmente ahora que el rey ya le puso fecha para aceptar a Lok como su heredero legítimo.

—No voy a interponerme en mi hermano, es Berry la que está desquiciada y no puede salirse con la suya, te juro que voy a…

—Te prohíbo que sigas diciendo estos disparates. Hablaremos con ella cuando esté recuperada y espero que su condición no se agrave por tu imprudencia. Somos una familia y debemos permanecer unidos—. Salió del cuarto en busca de su hija.

Rasp quedó respirando agitado, con el corazón acelerado. No pudo soportar más toda la situación y dejó caer gruesas lágrimas de dolor y frustración.


(...)


Días después…

El sol aún no salía en Vegetasei y Kyle ya estaba en pie, vestida y lista para volver a la Zona Negra, solo tenía que cubrirse con una capa oscura de mucho menor calidad para no llamar la atención, pero lo haría cuando estuviera lejos de palacio para no llamar la atención de los guardias. Al abrir la puerta estuvo a punto de chocar con el rey que tenía intenciones de entrar a su habitación.

—En pie tan temprano —dijo el monarca. Kyle se hizo a un lado para dejarlo entrar e inmediatamente tiró la capa a la cama.

—Sí, necesito entrenar —mintió—. Ya se viene el torneo y quiero prepararme.

—Así me gusta, el próximo año podrás participar en el torneo de adultos, así que tienes que tener un buen resultado en este. —Le dio la espalda y observó por la ventana en silencio. Kyle encontró curioso que viniera a su cuarto tan temprano y por un momento se le pasó por la cabeza que se había enterado de su escapada a la Zona Negra, pero era imposible, había sido muy cuidadosa.

—Voy a ganar ese torneo —dijo para hacerlo hablar y ver en su reacción si ya sabía algo—. No me importa que Lok participe.

—Sabes que como rey tengo que apoyar a Lok, es el príncipe y tiene que lucirse, pero espero que tu ganes este año. —Se dio vuelta para mirarla. No sabía en qué momento de su vida esa niña se había vuelto tan importante para él. Todo había comenzado como un asunto enfermizo por el asombroso parecido de la pequeña a la mujer que tanto mal le hizo. Entrenarla y pasar tiempo con ella fue una forma de vengarse de Koora para demostrarle que no había ganado, pero esa constante cercanía provocó algo en él que hasta el día de hoy no sabía cómo manejar, pues nunca había sentido algo así por nadie en toda su vida.

—¿Pasa algo? —preguntó la niña, casi segura que ahora le diría que le informaron sobre lo que hizo.

El rey carraspeó un par de veces antes de continuar.

—Tu hermano habló conmigo… sobre ti —dijo evidentemente incómodo. Kyle no tuvo que preguntar de qué hermano se refería, pues ella solo tenía una estrecha relación con Tarble y el mismo rey—. Me dijo que te vio… extraña.

—Estoy bien —dijo con el ceño fruncido. No podía creer que Tarble y su padre hablaran de ella (era lo único que esos dos tenían en común además de la sangre que corría por sus venas). Hace unos días su hermano se había acercado a ella nuevamente para saber qué le había pasado la otra noche que llegó necesitada de afecto y como no tuvo respuesta alguna debió haber ido con el rey.

—¿Estás segura? —Se cruzó de brazos y miró a otro lado para no tener que ver a la niña que lo enfrentaba con la mirada. Qué incómodo era todo esto, jamás había estado en una situación así, lo suyo eran las guerras e intentar ganar más aliados para expandirse, así que decidió abordar el tema de la única forma que sabía—. Eres la princesa y si algo o alguien te está molestando tienes que decirlo, Kyle. Nadie puede meterse con nosotros, somos la raza más poderosa del universo.

—No es nada, estoy bien. El otro día me sentía mal porque me bajó por primera vez, eso es todo. —Fue lo primero que se le ocurrió inventar y por lo visto había funcionado porque su padre volvió a evadirla con la mirada.

—Bueno… —Se llevó el puño a la boca para carraspear, más avergonzado que hace un par de segundos—. Si ese es el caso, habla con alguna de tus mucamas, ellas sabrán qué hacer, o puedes preguntarle a Berry, ya está mejor de sus heridas, ella debe de saber de esas cosas.

—Ya sé qué hacer, padre.

—Perfecto. Ahora preocúpate de entrenar, y ganar. —Fue directo a la puerta y al pasar por su lado, sin detenerse le hizo un raro cariño en la cabeza. Lo único que quería era salir de ese cuarto y olvidar la conversación. No volvería a escuchar a Tarble con estos temas, su hija era perfecta y no daba problemas como el resto de sus hijos y súbditos.

Kyle esperó unos minutos antes de abandonar su habitación con su nueva capa.


Lo primero que hizo Bardock luego de despertar fue encender un cigarro, y con él en la boca se puso un pantalón. Al salir de su habitación, aún medio dormido, encontró a Kyle sentada en la misma silla que usó la otra noche.

—¿Qué demonios haces aquí, niña?

—Te dije que volvería —dijo cruzada de brazos.

—Dijiste que sería cada noche, no en la maldita mañana cuando estoy durmiendo. —Caminó y pasó por su lado para entrar a la cocina. Desde donde estaba Kyle, podía verlo perfectamente.

—Mentí.

—Así veo.

—Entonces no perdamos el tiempo, ya sabes por qué estoy aquí.

—Aún no despierto, no me molestes —respondió serio, sin mirarla.

—¿Y cuándo despertarás?

—Después de desayunar.

La niña puso los ojos en blanco y guardó silencio el tiempo que Bardock estuvo preparando el desayuno. Cuando el hombre se sentó a la mesa, dejó una bandeja con pan, cosas para comer con él, un vaso con agua para Kyle y una botella pequeña de cerveza para él.

—Come —dijo luego de apagar el cigarro—. Estás muy delgada y baja.

Kyle frunció el ceño en respuesta, no le gustaba ser tan baja, pero como había salido sin desayunar no tardó en sacar un pedazo de carne y otro de pan.

—¿Ya estás despierto?

—¿No tienes guardias que te vigilen?

—No vine aquí para hablar de mí, quiero saber sobre mi madre.

—¿Tarble no te habla de ella? —preguntó desinteresado en el tema, más pendiente de su comida.

—¿Conoces a mi hermano?

—Es el príncipe, todos lo conocen. —Bebió un sorbo generoso de cerveza para pasar la carne, no le había quedado muy bien cocinada. Gine era la cocinera, no él.

—Sabes a lo que me refiero —respondió molesta. Seguía sin entender lo que le había pasado la otra noche cuando se sintió extraña y tan bien al mismo tiempo, y ahora, inconscientemente estaba buscando lo mismo.

Bardock no dijo nada al respecto y continuó comiendo, esperando que Kyle se aburriera y se marchara de una vez, pero la niña se mantuvo en silencio y también se concentró en comer.

—No puedo hablar con nadie en palacio de mi madre —dijo Kyle luego de varios minutos—. Los soldados y gente de confianza lo tienen prohibido, mi padre dijo que ya me contó todo lo que debía saber, mi hermano Tarble es muy inteligente y siempre termina desviando el tema, así que dejé de preguntarle. No veo por qué tú tendrías problemas para hablar de ella, estas castrado, te quitaron tus privilegios de guerrero, no le debes nada a palacio.

—Tú eres parte de ese palacio que tanto detesto, no tendría sentido darte en el gusto.

—Al menos dime si la conociste bien y no estoy perdiendo mi tiempo aquí contigo.

—Algo. —En cuanto terminó de desayunar, encendió un cigarro. Tenía varias cajetillas repartidas por la casa para no estar buscando en otras habitaciones.

—Si me dices ahora, no tendré que venir todos los días a cualquier hora a molestarte y no volverías a verme más.

—Si te dijo algo no vas a quedar satisfecha con nada y te tendré de todas maneras aquí pidiendo más. —Se levantó camino a su habitación con ella detrás.

—Si no quieres dinero, dime entonces qué quieres.

—Quiero que te vayas, niña. —Entró a su habitación y se aseguró de cerrar la puerta antes de que ella pudiera ingresar.

—No me iré —dijo en voz alta para que el hombre escuchara.

—Si no lo haces le haré saber a tu padre en los lugares que andas metida.

—Eso te perjudicará más a ti que a mí.

—Ya no hay nada que ellos puedan quitarme, niña.

Kyle se hizo a un lado cuando Bardock salió de su cuarto, vestido y con armadura incluida. Ambos fueron hasta la puerta de salida, y él le mostró la salida.

—Ya te lo advertí —dijo Kyle fuera de su casa—. Tengo mucho tiempo libre y puedo venir todos los días a molestarte.

—He lidiado con peores personas que tú, niña. Eres un bálsamo en comparación con las escorias que tengo que tratar a diario. —Salió de la casa y caminó hacia su destino—. Ya es hora de que te des cuenta que por ser princesa no puedes tener todo lo que quieras.

Kyle no lo siguió y se quedó mirándolo hasta que dobló por una calle.


Diez años atrás


Qué hambre tengo —exclamó Ginn adolescente cuando el aroma de la comida recién cocinada por Raditz inundaba por completo el hogar.

Ya está lista —dijo Raditz animado, concentrado en la cocina, mientras Ginn y Kakarotto ya ocupaban sus lugares en la mesa.

Tienes hambre todo el tiempo, Ginn —reclamó Kakarotto, molesto de que la saiyajin estuviera en la casa. Su hermano se había ausentado dos meses nuevamente por una misión y quería estar y comer a solas con él, lo había extrañado mucho y tenía tanto que contarle sobre sus entrenamientos para postular a la reserva.

Tú también tienes hambre todo el tiempo, enano —respondió Ginn—. Y nadie te reclama nada.

Ya te estoy alcanzando de porte —dijo ofendido.

Pues sigues siendo más pequeño que yo, enano del demonio.

¿Raditz, por qué la invitaste? —exigió saber el niño cuando su hermano se acercó con el primer plato de estofado de carne, papas y verduras y para su horror, le sirvió primero a ella—. Pasaron dos meses juntos en la misión y la viste todos los días.

Porque es una amiga, por eso —respondió tranquilo. Ya estaba acostumbrado a la interacción de los dos cada vez que compartían la mesa. Ocurrió lo mismo los días que la invitó a almorzar luego de llegar de la primera misión y volvía a suceder ahora.

Ya escuchaste, enano. Soy su amiga —dijo burlona y le dio el primer probado a la comida. Su expresión de placer fue tal que Kakarotto sintió otra puñalada en la espalda por la traición de su hermano al no haberle servido a él primero.

Bruja mechuda —susurró molesto, con la cuchara en su mano derecha.

En lugar de responder con otro insulto, Ginn se dedicó a comer a gusto.

Pronto todos estuvieron con sus respectivos platos y se dedicaron a comer con muchas ganas. Kakarotto comió más rápido de lo acostumbrado solo para repetirse la mayor cantidad de veces posible, y aunque Ginn lucía tan delgada, también comió varios platos hasta que las ollas terminaron vacías.

Pese a que Kakarotto pudo conversar con su hermano sobres sus avances no se sintió igual, pero se sentía feliz de tenerlo de regreso y ahora que estaba con el estómago lleno, su mal humor se aplacó un poco.

¿Puedo ir a visitarte a los entrenamientos? —preguntó Raditz interesado. Estos meses había cambiado para mejor, mucho más conversador y animado. Le había hecho muy bien salir del planeta y conocer a Ginn.

No sé —dijo pensativo. Se concentrata tanto en cada sesión que no sabría decir si había visto personas que no pertenecían al lugar.

No hay problema —respondió Ginn—. Son quisquillosos con los que no conocen, pero si vas conmigo te dejarán pasar sin problema, me conocen por mi papá.

El humor de Kakarotto cambió enseguida al recordar que Ginn era hija de ese hijo de puta que asesinó a su madre, pero no le diría a nadie lo que sabía, ese secreto le pertenecía solo a él para tener la oportunidad de algún día vengarse.

¿A qué hora te vas? ¿No tienes otra casa donde ir? —preguntó mirándola a los ojos.

Kakarotto —exclamó Raditz serio—. No seas maleducado.

Me voy a dormir —respondió molesto—. Ojalá mañana podamos hablar solos —y agregó cuando ya iba subiendo por la escalera—. Y si van a follar no se pongan a gritar.

¡Maldito niño! —gritó Raditz con la cara roja de vergüenza, mirando hacia las escaleras. Se puso de pie tan rápidamente que la silla terminó en el suelo—. ¡Vas a ver cuando estemos solos!

¿¡Qué!? ¡Ya sé lo que es el coger y se nota que te falta!

La pareja solo pudo escuchar su voz, luego unos pasos bien marcados en el piso de madera, y finalmente un portazo. Raditz no quería ver la cara de Ginn, pero cuando la escuchó reír se animó a hacerlo.

Perdón —susurró con la mejillas aún encendidas.

Tu hermano pasa todo el día entrenando con guerreros y guerreras de diecisiete años o más. Te aseguro que ha aprendido muchas cosas nuevas y malas palabras también —dijo divertida.

Raditz intentó reír, contagiarse de su ánimo pero la vergüenza aún estaba muy presente, así que optó por recoger la silla y ubicarla más cerca para quedar frente a frente, casi rozando sus piernas.

Lo siento, hablaré con él mañana.

No importa —dijo ella encogiéndose de hombros—. También fui hermana menor y moría de celos cada vez que mi hermana llegaba a casa con una amiga o novia nueva.

Si en algún momento el rojo de las mejillas de Raditz había bajado, volvió a expandirse por aquel comentario.

No importa, hablaré con él. A mamá no le gustaría verlo comportándose así.

Eres muy tierno cuando hablas de tu mamá y tu familia. Haces que recuerde la que tuve.

¿Tú papá no está esperandote en casa? —preguntó considerando que habían regresado al planeta hace más de seis horas y ella no se había comunicado con él.

No, ya no vivimos juntos, dejamos de hablarnos. —Se encogió de hombros, como si no importara.

Puedes quedarte a dormir aquí todo el tiempo que quieras, no es bueno estar solo.

Solo si haces el desayuno. Me encanta como cocinas. —Movió la silla para acercarse más y quedar entre sus piernas y así el contacto fuese directo. Raditz sintió que las ganas de besarla fueron más grandes que el deseo de seguir mirando el lindo rabo de la joven que se movía de un lado a otro, coqueto, bello como siempre.

Lo haré —respondió con voz ronca. Le había cambiado mucho el tono de voz este último tiempo—. Puedes dormir en mi pieza y yo iré a dormir arriba con Kakaro…

Ginn tuvo que moverse solo un poco para callarlo con un beso, suave, lento, tomándose su tiempo para saborear sus labios. Le encantó lo delicado que fue Raditz con su boca, sin apuros ni violencia. Pese a ser el primer beso, sintió que había sido el mejor de todos.

Raditz sintió que su corazón se aceleró con el contacto de las bocas y sobretodo en el momento que sintió la lengua de Ginn tocar la suya. No pudo evitar abrir los ojos para mirar sus pecas en las mejillas y nariz, llevaba semanas queriendo verlas así de cerca.

Quiero dormir contigo —susurró Ginn cuando se separaron, pero sus labios continuaron rozandose—. Ha pasado mucho tiempo sin que intentaras nada, ni siquiera un be…

Ahora fue el momento de él para callarla con un beso.


Cuando llegaron al cuarto de Raditz, el joven se preocupó de cerrar la puerta y por un momento se quedó quieto intentando controlar su nerviosismo. Por supuesto que sabía qué hacer, además deseaba más que nada estar con ella, pero su total inexperiencia en el asunto le pasó la cuenta. Hace menos de cinco minutos besado a una chica por primera vez y ahora iba a tener sexo.

¿Has estado con alguien antes? —preguntó Ginn sin hacer juicio. Debería haberse dado cuenta antes por su comportamiento.

No. —No tenía sentido mentir.

Tranquilo, ya te acostumbraras. —Le ofreció la mano y él no dudó en aceptarla.

Continuaron los besos, las caricias, suspiros y ropas en el suelo. Cuando estuvieron desnudos, Raditz se sentó en el borde de la cama con Ginn sobre él. Jadeó con más ganas cuando ella se meció y lo estimuló con la mano, lo que lo envalentonó para tocarla de manera más íntima y confiada, logrando escuchar los gemidos de ella que lo excitaron aún más. Apretó la mandíbula cuando ella finalmente acomodó su miembro en su interior y la tomó de las caderas, dejándola moverse a su gusto. Sentía que si intentaba algo no duraría mucho y quería seguir unido a ella mucho tiempo más.

Sin dejar de moverse, Ginn tomó el rostro de Raditz para volver a besarlo. Cuando él le correspondió, se abrazaron con más fuerza.


(...)


Cuando Raditz llegó a su casa fue directo a su cuarto, era demasiado tarde para ir a la cocina y no quiso despertar a nadie con el ruido de ollas y platos. Sin encender ninguna luz, se quitó la ropa, se metió a la cama y abrazó por atrás a Ginn que se acurrucó a su lado en cuanto lo sintió.

—Lo siento, no quería despertarte —susurró contra su cuello y lo besó. Por debajo de las cálidas cobijas entrelazaron sus piernas y rabos.

—Está bien, te estaba esperando… —dijo un poco más despierta—. Tengo misión, parto mañana y quería despedirme… A no ser que quieras ir conmigo. —Se volteó para poder mirar su rostro y continuaron abrazados.

—Lo siento, no puedo dejar el planeta por ahora. —Acarició su rostro y le acomodó el cabello para poder besarla.

—¿Sabes? Me pasó algo extraño esta mañana —susurró cuando separaron sus bocas—. Mi padre me buscó… Dijo que me extrañaba y quería hablar.

—¿Y tú qué quieres?

—No lo sé, por eso te cuento… Son tantos años de casi nula relación y ahora parecía… interesado en mí.

—Si yo fuera tú —dijo Raditz—. Hablaría con él… Es tu papá y yo le daría una oportunidad… Si quieres, cuando regreses de misión puedes invitarlo a comer, yo podría cocinar algo y los dejaría solos para que conversaran a gusto.

Ginn sonrió antes de responder.

—Te estás adelantando demasiado.

—Te quiero feliz… Me gusta verte feliz.

Encantada, Ginn se apretó más a su cuerpo y lo besó. Raditz no tardó en ponerse sobre ella y pronto las palabras estuvieron de sobra. Solo besos y gemidos suaves se escucharon en la habitación en penumbras.

Justo cuando le quitó la camiseta y ropa interior a Ginn, una seguidilla de golpes en la puerta los desconcentró e interrumpió por completo.

—De nuevo… —dijo Ginn con el ceño fruncido, pero en voz baja para que el responsable de los golpes no escuchara—. ¿Ya cuantas veces va esta semana?

—Lo siento —dijo Raditz, y se levantó de la cama en busca del pantalón de pijama—. Ya voy, un momento —dijo más fuerte para que los golpes en la puerta cesaran, y así fue.

—No tienes que pedir perdón —respondió la saiyajin aún con las mejillas rojas por los besos y caricias—. Si no fuera porque el moscoso es tan adorable yo misma ya lo hubiera vendido en el mercado negro.

Raditz se apresuró en salir de la habitación y se preocupó de cerrar la puerta tras él. No se molestó en enrollar el rabo alrededor de su cintura y tampoco usaba camiseta, Ginn siempre se apoderaba de ellas.

—¿Qué pasa, Gohan? ¿No puedes dormir? —preguntó al niño pequeño de 3 años que parecía más dormido que despierto.

—Desperté y estaba todo oscuro y me asusté.

—No hay nada que temer, Gohan, aquí estás a salvo —dijo amistoso y con mucha paciencia—. Ven, vamos a comer algo. —Lo tomó de la mano y dejó instalado en una de las sillas junto la mesa.

—Mi mamá dice que no puedo comer tan tarde, o tendré pesadillas.

—Yo hablaré con tu mamá, de seguro no se enoja si comemos algo antes de volver a la cama, solo por esta vez.

—Además, eres un saiyajin —dijo Ginn cuando salió del cuarto y se sentó en otra silla, frente al niño—. Los saiyajin necesitmos comer cada vez que nos pide el cuerpo para estar llenos de energía.

El niño pese a ser tan pequeño era muy inteligente y siempre prestaba atención a todo lo que le decían, especialmente si se trataba del hermano de su padre.

—¿Dónde está mi papá?

—Está en misión, pero llegará pronto, no te preocupes —respondió Raditz mientras preparaba emparedados para los tres.

—Yo también extrañaba mucho a mis papás cuando salían de misión —dijo Ginn con los codos en la mesa y el mentón apoyado en las manos—. Pero me dedicaba a entrenar para que los días pasaran más rápido. ¿Tú ya estás entrenando, enano?

—No me gusta entrenar —dijo mirando la mesa, avergonzado.

La mujer levantó las cejas asombrada por la respuesta del niño.

—¿Tienes sangre saiyajin en tus venas y no te gusta entrenar? Tu padre es un gran guerrero, un poco pesado, pero nadie podría dudar de sus habilidades.

Gohan sonrió por las palabras de Ginn y su forma de hablar. Ginn también le simpatizaba, ya que junto con Raditz, era de los pocos que le hablaban y escuchaban.

Raditz llegó a la mesa con un gran plato que contenía los emparedados de los tres. Los tres de diferente tamaños, por supuesto.

—Come sin culpa, enano, o no vas a crecer.

—Sí —respondió el niño al consejo de Ginn.

Cuando iban como a la mitad de la merienda nocturna, escucharon del segundo piso la voz de Milk llamando a Gohan, y por su tono parecía preocupada.

—Gohan, ¿dónde estás, hijo? —descalza, bajó las escaleras corriendo y se detuvo en cuanto vio a los tres en la mesa.

—Estamos comiendo, mamá —respondió el niño feliz, levantando su pan para que su mamá lo viera bien—. Raditz me hizo de comer.

La joven madre de 20 años, soltó un suspiro y fue directo hacia su hijo. Acercó una silla y se sentó a su lado.

—Gohan, si necesitas algo de noche no tienes que molestar al hermano de papá, pídemelo a mí. —Le arregló el cabello despeinado y besó su cabeza. Cuando no lo vió a su lado cuando despertó y notó la puerta abierta se imaginó lo peor.

—No es problema —dijo Raditz—. Es un gusto compartir con Gohan.

—Gracias de nuevo por dejarnos quedar en tu casa, Raditz.

—Esta casa también es de Kakarotto, no fue nada.

Milk se apresuró en ir a la cocina por un tenedor y cuchillo para ayudar a su hijo a terminar de comer. No le gustaba que usara las manos cuando ya le había enseñado a usar los cubiertos.

Ya era más de una semana desde que Raditz los invitó a vivir con ellos, ya que la casa en la que vivían con Kakarotto no quedaba en el mejor lugar del sector y sin él para cuidarlos era demasiado peligroso, en cambio en este lugar, Milk y Gohan podían salir sin problemas a caminar por los alrededores y al mercado.

La joven humana vestía una bata oscura mucho más grande de lo que necesitaba que dejaba al descubierto sus blancas piernas y uno de sus hombros. Su hermoso y largo cabello negro caía como cascada por su espalda.

—Por cierto —dijo Raditz cuando terminó de comer—. Conseguí trabajo para ti en la cocina de palacio, mañana tienes que ir a presentarte.

—Muchas gracias, Raditz —exclamó Milk contenta. Estaba cansada sin un trabajo regular ni de poder producir su propio dinero como lo había hecho desde muy joven—. Cuando tenga mi primer sueldo me encargaré de comprar y hacer la mejor comida que hayas tenido.

Ginn casi se atragantó con la carne cuando la escuchó hablar de esa forma. Se había llevado bien con el niño casi al instante, pero no se podía decir lo mismo con Milk, ya que ninguna de las dos se simpatizó, especialmente cuando notó la forma en que la humana miraba a Raditz, lo que provocó que las pocas veces que se coincidían a la hora de comer, apenas se dirigieran la palabra.

—¿Y puedo ayudarte, mamá?

—Claro que sí, Gohan. Le haremos la mejor cena de todas a Raditz.

—Supongo que yo también estoy invitada —dijo Ginn con una sonrisa falsa. No tardó en poner una pierna sobre la de Raditz que ni se enteró de lo que estaba pasando en la mesa, al igual que Gohan.

—Sí, Ginn —respondió Gohan más que animado—. Y también mi papá cuando vuelva.

—Estoy segura que a tu papá le va a encantar lo que cocine tu mamá.

La mirada que cruzaron las mujeres duró un segundo, pero fue lo suficiente fuerte para comunicar lo que sentían la una por la otra.

—Por supuesto que le va a gustar —respondió Milk de forma dura, pero su mirada se ablandó cuando le habló a su niño—. Regresemos a la cama, Gohan. Gracias por todo de nuevo, que tengan dulces sueños —dijo la joven madre. Tomó a Gohan en brazos que se despidió con la mano de la pareja.

—¿Realmente no puedes acompañarme a la misión? —dijo Ginn cuando quedaron solos—. Por fin se está dando a conocer nuestra nueva compañía de misiones, me gustaría que estuvieras conmigo.

Hace más de un año abandonaron las misiones de conquistas y se dedicaron a un rubro no tan explorado que no era bien visto dentro de los saiyajin, ya que no tenía que ver con guerras y muertes, pero los dos habían estado satisfechos con la decisión que habían tomado.

—Lo siento, no quiero dejar al niño solo hasta que Kakarotto vuelva.

—Gohan no está solo, tiene a su madre que lo cuida muy bien.

—Milk tiene carácter, pero no tiene la fuerza para defenderse. Tal vez pueda unirme contigo una vez que mi hermano vuelva.

—Tan grande y tan bondadoso —dijo resignada. Se puso de pie y lo tomó del pantalón para que la siguiera de vuelta a la habitación—. Está bien, pero ahora me encargaré de llevarme un pedazo de ti a la misión y haré que no puedas dejar de pensar en mí hasta que regrese.


(...)


Kyle cumplió su promesa y visitó a Bardock tantas veces como pudo, tanto de día y de noche con el objetivo de agotar al saiyajin para sacarle información sobre su madre y en cada ocasión recibió las mismas respuestas. Lo visitó en su casa, donde comieron en silencio para luego volver a discutir, en el coliseo subterráneo, en medio de la calle cuando iba de regreso a casa o recién saliendo, incluso lo despertó en un par de ocasiones cuando se aburrió de esperarlo. Habían sido un par de semanas muy agotadoras para ambos.

La gota que rebalsó el vaso fue cuando apareció de madrugada en una taberna mientras Bardock mantenía una reunión con sus colegas de contrabando. La niña vestía la capa, pero no se había puesto el capuchón, exponiéndose ante todos los presentes que pudieran reconocerla. El guerrero no tuvo más opción que tomar a la niña del brazo para obligarla a salir del bar al tiempo que le ponía la capucha.

Pese a los intentos de Kyle por liberarse, no pudo hacer nada ante la tremenda fuerza de Bardock y se vio obligada a seguirlo y volar cuando él alzó vuelo a toda velocidad, tanto que en un momento no pudo seguirle el ritmo y debió agarrarse de su cuello ante la asombrosa celeridad que alcanzó. Rato después, cuando tocaron tierra y se separaron, Kyle ordenó su cabello y observó el impresionante bosque de árboles gigantescos que la rodeaban, era el único lugar del planeta donde se podían encontrar tantos y tan antiguos.

Bardock caminó de un lado a otro observando a la niña que no dejaba de mirar a su alrededor los árboles y naturaleza poco común en el planeta. Estaba alterado, ya que su plan de agotarla no había funcionado y no sabía qué hacer o decir para que no volviera a acercarsele. No sabía qué hacer con ella y su paciencia ya había acabado.

—¿En qué demonios estabas pensando? —dijo molesto.

—Te dije que no dejaría de venir.

—Te estás comportando como una estúpida, si te hubieran reconocido en ese lugar, ¿acaso crees que se iban a conformar con solo verte? Todos los de la Zona Negra estarían encantados en tomarte y enviarle tu mano cortada al rey para comprar su pase fuera del planeta.

—¿Qué tanto te preocupa si me pasa algo? —respondió igual de enojada por la forma en que le habló—. Mi familia te quitó todo, te desterró y nombró traidor, podrías haber hecho lo mismo para salir de este planeta.

—Mi importas, niña, porque significaste mucho para tu madre, y ya tengo bastantes culpas que cargar como para sumarle otra al recuerdo de Koora, así que lamentablemente me importa lo que pueda pasarte.

Los dos guardaron silencio. Kyle se alejó de él y levitó un poco para sentarse sobre un tronco caído del ancho de la estatura de la niña.

—Es primera vez que alguien me dice algo así —susurró triste, con su eterna expresión de enfado—. Todo lo que sé de ella es que traicionó la corona y debieron matarla para dar el ejemplo… También sé que estuvo presente en la vida de Tarble, porque cada vez que le preguntaba por ella se notaba triste, y en cambio mi papá se enfadaba…

Bardock ya arrepentido de haber abierto la boca, se le acercó y se sentó a su lado sobre el tronco.

—¿No sabes nada de ella? —preguntó mirando hacia el frente, no quería hacer contacto con ella.

—Solo por qué murió —respondió. Abrazó sus piernas y apoyó el mentón en las rodillas.

—Conocí a tu madre cuando teníamos catorce años… Su padre no era de los mejores guerreros, pero trabajaba en palacio, por eso ella tuvo más oportunidades. Era inteligente, excelente guerrera y compañera leal… También era muy testaruda y eso siempre le traía problemas en las misiones porque le costaba obedecer órdenes de sus superiores… Tenía una relación muy cercana con su padre, algo muy extraño entre guerreros.

Mientras Bardock continuó contando detalles de la juventud de Koora, Kyle se apoyó en él, atenta de cada palabra del hombre. No supo si se trataba del relato, de la voz de Bardock o el por fin hacerse una idea de cómo fue la mujer que la dio a luz, pero de pronto todo se sintió tan bien y en paz. Tal como había pasado la primera noche que conoció a Bardock. Su olfato nuevamente se activó y pudo percibir a la perfección el aroma de los árboles, las hojas, la tierra e incluso los diminutos animales peludos que se ocultaban por temor de los intrusos.

Gracias al relato de Bardock, la niña casi pudo ver a su madre de adolescente entrenando con Bardock, riendo durante el descanso, escapando de noche para ver los combates en la zona negra. Debiendo pagar con horas extras por no haber obedecido a su líder de misión. Dando la vida por sus compañeros en más de una ocasión, metiéndose en más problemas por no quedarse callada cuando algo le parecía injusto… Queriendo más que nada en el mundo a sus hijos, a sus tres hijos…

—Gracias… —susurró la niña cuando Bardock terminó. No pudo decir más, se sentía demasiado emocionada, con el corazón hinchado y solo pudo acomodarse mejor contra él. Continuó mirando los animales nocturnos que intentaban pasar desapercibidos para cazar la cena.

Bardock no respondió. Se limitó a encender un cigarro, con la mirada perdida, también estremecido luego de recordar tantos pasajes de su vida que hace muchos años había enterrado por su bien.


Continuará…


Dev.

04/08/20.