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El Legado II
IV
La Misión
parte 1
Orión
Bulma ya tenía su nave personal lista para partir desde el patio de palacio. Tenía todo lo que necesitaba guardado en cápsulas, así que no había nada que cargar. Los soldados que resguardaban el área se retiraron por petición del rey, así la pareja podía despedirse sin nadie que estuviera observando.
Luego de un gran y largo beso, Troy volvió a hablar sin separarse de ella.
—Aún puedo cancelar toda la operación si cambias de opinión.
—No he cambiado de opinión en ningún momento —respondió ella, sonriendo.
—Pero si cambias de opinión allá solo tienes que llamarme y enviaré a alguien por ti… Si fuese necesario yo mismo iría a buscarte.
—No será necesario. Estaré bien, y me tendrás de regreso más pronto de lo que crees.
—No olvides comunicarte a diario, y te lo repito porque sé cómo eres cuando estás obsesionada en un trabajo.
—Lo dice quien se consume a diario con su trabajo. —Lo tomó del rostro y acarició su barba—. Te prometo que me cuidaré, solo serán unos meses.
—Demasiado tiempo.
—Esperé muchos años por una oportunidad así… Te estaré eternamente agradecida por eso.
—Solo preocupate de volver a mí sana y salva.
—Lo prometo.
Volvieron a besarse.
Planeta F-675
—Necesito tu ayuda —dijo Vegeta en cuanto llegó al escritorio donde Mai trabajaba. La mujer tenía todo tan ordenado y pulcro que era un gusto para Vegeta acercarse a ella en comparación con los otros trabajadores que no parecían entender lo que era tener un lugar de trabajo bien cuidado.
—De nuevo —susurró Mai sin mirarlo.
—Eres la más eficiente —dijo encogiéndose de hombros Dejó un papel en el escritorio y volvió a hablar—. Necesito las coordenadas de estos planetas.
Mai tomó el papel y lo observó en silencio.
—Puede tomarme todo el día encontrarlas.
—Está bien, no tengo apuro. —Se acercó a una de las silla y se instaló.
La joven hizo una mueca y dejó su escritorio para ir hacia el computador principal que ocupaba toda una pared. Había otros trabajadores en el lugar, pero ninguno cerca de ella, lo que le encantaba. Mientras trabajaba en el pedido de Argon, lo observó de reojo de a ratos. El hombre estuvo en todo momento cruzado de brazos y piernas con los ojos cerrados, a simple vista daba la impresión que estaba relajado, pero a Mai le daba la impresión que estaba alerta.
Horas después, Mai pudo encontrar las coordenadas, pero luego de darse cuenta de lo importante que eran esos lugares pensó en borrar la información. Volvió a mirar de reojo a Argon y dio un brinquito asustada al darse cuenta que ya tenía el hombre a su lado observando la pantalla.
—Lo hiciste rápido —comentó Vegeta.
—No lo entiendo —respondió Mai—. Por qué ayudar a Freezer cuando con tu poder podrías desaparecer de aquí sin dejar rastro.
—¿Haces este tipo de preguntas a todo el que te pide ayuda? —preguntó mirándola.
—No. —Evadió la mirada del hombre y rápidamente apagó la pantalla para que no se vieran los números de las coordenadas—. Por un momento pensé que eras diferente.
—No entiendo por qué. Soy igual o peor que todos los de aquí —dijo con calma—. Necesito las coordenadas.
—Esos planetas son ancestrales, sagrados… No puedo creer que los vayan a atacar, es horrible.
—Las coordenadas —repitió.
—No quiero —dijo sin mirarlo, nerviosa, pero convencida.
—Si quieres evitar una invasión con ejércitos armados es mejor que me las pases ahora.
—¿Por qué debería confiar en ti?
—No tienes razones para confiar en mí. Simplemente tienes que tomar una decisión —dijo calmado.
Mai volvió a mirarlo por unos segundos y finalmente tomó un lápiz para anotar las coordenadas en un papel que dejó en el tablero cuando terminó. Vegeta inmediatamente tomó el pedazo de papel y lo guardó dentro de la armadura. Se dio la media vuelta para marcharse, pero antes de abandonar el lugar, regresó con ella, se aseguró que no hubiera nadie escuchando y le habló.
—Freezer solo confía en ti para los trabajos más importantes en el área de tecnología… En un tiempo más si te pide que hagas un radar para él, no lo hagas.
—¿Un radar de qué?
—No importa, simplemente no lo hagas.
—No puedo negarme, me matará si me niego.
—Entonces retrasalo, no lo hagas preciso. Haz lo que sea por sabotear ese invento. —No esperó respuesta de la mujer y se marchó a paso rápido, tenía muchas cosas que hacer.
Pollux
—Esto huele demasiado bien —exclamó Bulma sentada junto a la mesa de la cocina con una copa de vino en la mano y un cigarro en la otra. A su lado, su padre bebía un trago mucho más fuerte y al igual que su hija, también fumaba, mientras que Morgan y Yamcha se encargaban de preparar la pizza.
—Y olerá mucho mejor en unos minutos —respondió Morgan, feliz de tener a Bulma nuevamente en su casa.
Bulma había pedido realizar la junta antes de tiempo, y ya que era la primera vez que pasaba, no dudaron en darle en el gusto, especialmente luego de que la joven científica anunciara que se ausentaría por unos meses debido a una gran propuesta de trabajo a un planeta lejano que mantiene tratados con Troy.
Había pensado irse directamente desde Orión, pero luego de meditarlo decidió visitar a su padre y Morgan antes de marcharse, es lo mínimo que podía hacer y le haría muy bien una cena antes de partir en un largo viaje hacia Vegetasei, además, tenía mucho que hablar con Yamcha y sería mejor hacerlo en persona.
—Asumo que es un trabajo muy importante para que vayas tan lejos.
—Es el trabajo más importante de mi vida, papá —dijo honesta. Al menos en eso no tuvo que mentir.
—No tienes que estar nerviosa, querida. Te irá espectacular —dijo su padre luego de apagar el cigarro en el cenicero. Acarició a su gato que dormía plácidamente sobre sus piernas.
—No estoy nerviosa, papá —respondió Bulma sonriendo. Sí, estaba emocionada por lo que haría, pero no podía evitar sentirse inquieta por lo que le esperaba allá. Pensaba que lo estaba manejando bien, pero si hasta el distraído de su padre pudo darse cuenta, eso quería decir que debería trabajar mucho mejor su lenguaje corporal.
—Estarás bien, hija. Pero si tienes alguna consulta no dudes en llamarme.
—Y aunque no la tengas —comentó Morgan sin dejar de trabajar en la masa—. No nos veremos por varios meses, lo que significa que no habrá más juntas de los cuatro, así que al menos tienes que llamar más seguido.
—Lo haré, lo haré —dijo divertida. Tener dos papás significaba el doble de llamados y saludos. En un momento cruzó miradas con Yamcha que estaba pelando unas verduras y sintió pena. No le gustaba mentir, pero no tenía otra opción, si les decía sus planes no la dejarían en paz y serían capaces de sabotear su viaje. Solo Yamcha sabía toda la verdad e incluso él tenía sus reparos.
—Estoy seguro que dejarás a todos boquiabiertos, Bulma —insistió el Dr. Brief—. Eres la mujer más inteligente de la galaxia.
—Y tú eres la persona más inteligente que la galaxia se está perdiendo.
—Yo estoy viejo, y tengo mucho trabajo con los animales que rescatamos. —Estiró la mano y la posó sobre la de su hija—. Me alegra mucho que hayas superado tu dolor y tengas el reconocimiento que mereces.
Bulma no pudo mentir más, así que se limitó a apretar la mano de su padre y sonreírle de vuelta.
Luego de la cena y la agradable conversación, Bulma y Yamcha compartieron un momento a solas en la terraza de la casa. Tenían demasiado que conversar y a Bulma le quedaba poco tiempo en el planeta, pronto debería partir.
—Pensé que no nos veríamos aquí —dijo Yamcha. Estaban sentados en un largo asiento y Bulma lo tomó del brazo para abrigarse del frío viento de la noche.
—Tenía que venir… Luego me arrepentiría. —Sacó una cápsula del bolsillo y se la pasó a su amigo.
—¿Y esto?
—Está todo lo que necesites para mantener contacto y trabajar juntos. Están las coordenadas de un planeta cercano y pacífico a Vegetasei que puedes visitar, y así no estarás tan lejos cuando requiera tu ayuda. También hay un comunicador, dinero y armas, entre otras cosas.
—Pensaste en todo…
—Así es…
—No te pediré que me prometas que no te acercarás a los saiyajin, porque te conozco y sé que es tu objetivo principal. Lo único que te pido es que no me mientas como hasta ahora, de lo contrario no podría ayudarte bien.
—No tengo otra opción que mentirle a Troy porque es demasiado peligroso para que un rey esté metido en esto. Papá y Morgan tampoco pueden saberlo porque no me dejarían en paz, pero tú lo sabes todo, y confío en que me ayudarás… Cuando todo esto acabe y los saiyajin ya no sean un peligro latente para la galaxia, puedo ayudarte a buscar a Mai.
—No te estoy ayudando por algo a cambio. Tan solo no quiero que salgas herida.
—Sé que me ayudas porque me quieres. Yo también estimaba a Mai, y me gustaría saber dónde está.
—Si es que está viva —dijo Yamcha desanimado. Ya eran tantos años buscándola que la idea de que hubiese muerto incluso antes de abandonar la Tierra no era descabellada.
—Estoy segura que está viva. Tú no viste lo que puede hacer cuando se lo propone, ella es una sobreviviente como nosotros.
—Sé que no te detendrás hasta que hayas conseguido acabar con los saiyajin, pero te pido por favor que en cuanto sientas que tu vida corre peligro te contactes conmigo para irnos lejos.
—Lo haré.
Los dos se callaron en cuanto sintieron los pasos seguros de Morgan acercarse, y continuaron en silencio cuando lo tuvieron frente a ellos.
El hombre que venía para ofrecerles algo más de comer, no dijo nada por unos segundos al verlos así de cómplices.
—Acabo de tener un déjà vu —dijo finalmente—. Cuando eran pequeños y estaban haciendo algo malo o relacionado con salir a la superficie, siempre orquestado por Bulma, se callaban en cuanto llegaba. ¿Están planeando algo malo?
—¿Por qué siempre tengo que ser la mala de la historia? —exclamó Bulma fingiendo estar ofendida.
—Porque siempre eras la mala. Me obligabas a hacer lo que querías, de lo contrario te enojabas y no me habablas más —dijo Yamcha sonriendo. Pese a lo mucho que sufrieron de niños, tenía recuerdos bellos de su familia.
—Morgan, dile que no fue así.
—Lo siento, pero en esta estoy con Yamcha —respondió divertido.
—Claro que le ibas a dar la razón.
—Es porque yo vengo más seguido a visitarlos.
—Así es.
Bulma se cruzó de brazos y les hizo un desprecio a los dos.
Vegetasei
Gohan luchó por afirmar bien el lápiz para que las vocales salieran tal como su mamá lo había hecho en la parte superior del papel, pero por más que lo intentaba, no lograba hacerlo tan bien.
—No puedo —exclamó el niño frustrado. Dejó el lápiz en la mesa y se cruzó de brazos.
—No te preocupes, Gohan —dijo Milk mientras preparaba la cena—. Todo es cuestión de práctica.
—Eso es verdad —comentó Raditz que estaba sentado junto a Gohan viendo sus tareas—. Además tienes 3 años, eres muy joven. Mi madre batalló para que aprendiéramos a leer y escribir, pero no se lo hicimos para nada fácil.
—Yo te puedo enseñar —dijo Gohan y le pasó un lápiz y papel al guerrero para que practicara con él. Raditz le respondió con una palmada en la espalda.
—Ginn logró enseñarme hace unos años, Gohan. Yo puedo ayudarte ahora.
Estuvieron unos minutos trabajando con las vocales hasta que la puerta de la casa se abrió y toda la atención del niño se fue a la persona que acababa de ingresar.
—¡Papá! —gritó el niño emocionado y corrió a sus brazos. Kakarotto, de 22 años, tiró su bolso al suelo y alcanzó a tomar al niño con un brazo justo para abrazar con el otro a Milk que también dejó las cosas de lado cuando escuchó a su hijo llamar a su padre. Entre besos, abrazos y palabras de afecto fue recibido el guerrero.
—Cuando llegué a casa no los encontré y supuse que estarían aquí —dijo y fue a sentarse al lado de su hermano aún con Gohan en brazos. Ahí saludó a Raditz con una palmada en el hombro y Milk regresó a la olla que estuvo a punto de subirse la sopa por haberla dejado desatendida.
—Los invité a quedarse aquí mientras no estabas, que es más seguro —dijo Raditz—. Pero si gustan pueden quedarse todo lo que quieran. Con Ginn buscaremos otro lugar para irnos.
—¿No van a vivir con nosotros? —preguntó Gohan apenado.
—No, Gohan. Este lugar es muy pequeño para todos.
—¿No hay problema? —preguntó Kakarotto, mientras miraba de reojo los papeles que tan insistentemente le mostraba su hijo.
—Claro que no. La casa es de ustedes si quieren.
Milk se acercó a la mesa para poder participar de la conversación.
—Aquí estaríamos mucho mejor, puedo ir al mercado sin problema e incluso salir a caminar con Gohan. Aquí la gente no da tanto miedo.
—Bueno, si están aquí más tranquilos mientras no estoy… No hay problema, así Gohan podrá salir a jugar con otros niños de su edad, ya es hora de que comience a entrenar aunque sea con juegos.
—¿No crees que es muy pequeño para pensar en eso? —dijo la mujer preocupada, pero ni Raditz ni Kakarotto entendieron su inquietud.
—Nosotros ya peleabamos a esa edad, es normal en este planeta —respondió Kakarotto y luego se dirigió a su hijo—. ¿No quieres empezar a entrenar, Gohan?
El niño abrazó su papel de caligrafía y respondió con timidez.
—No sé.
—Ahora está aprendiendo a escribir —insistió Milk, aterrada de la idea de que alguien golpeara a su bebé.
—Puede hacer las dos cosas —dijo Kakarotto.
Raditz sintió la mirada de súplica de Milk para que intercediera a su favor, pero decidió guardar silencio. Para él era más normal pelear y llegar con hematomas en el rostro a esa edad en lugar que aprender a escribir y leer.
—A los cuatro años —dijo decidida Milk al no encontrar apoyo de ningún lado—. Gohan es mitad saiyajin, no es igual a ustedes y ahora está enfocado en los estudios. No podrá aprender a escribir si llega a la casa con un ojo hinchado.
Kakarotto miró a Milk y luego al niño sentado en sus piernas.
—¿Qué dices Gohan? ¿Quieres entrenar para ser un guerrero como yo y Raditz o quieres aprender a leer que no sirve para nada?
Gohan volvió a mostrarle a su padre su papel con las vocales que tanto le habían costado para que salieran igual de bonitas que las de su madre.
—Esto —dijo avergonzado—. Si quiero estudiar cuando grande tengo que saber leer.
—Parece que el niño ya se decidió —dijo Raditz.
—Está bien —dijo Kakarotto haciendo una mueca—. Puedes seguir haciendo eso sin sentido.
—Perfecto —exclamó Milk y se apresuró en hablar de otro tema para que Kakarotto no cambiara de opinión—. Ahora ve a darte una ducha, de lo contrario no comerás nada.
—Está bien, está bien —respondió con otra mueca. Ni siquiera con su madre se había visto obligado a darse tantas duchas en toda su vida. Dejó a Gohan en el asiento y partió al segundo piso, pero se detuvo al escuchar a su hijo.
—Papá, ¿te quedarás mucho tiempo con nosotros?
—Sí Gohan, mañana tengo que ir a presentarme con mi escuadrón, pero luego de eso estaré un tiempo aquí con ustedes. —Subió corriendo las escaleras para darse una ducha y poder comer, moría de hambre.
Al pequeño se le iluminaron los ojos al saber que su padre estaría con ellos.
—¿No te vas a quedar a cenar, Raditz? —preguntó Milk cuando lo vio levantarse de la mesa.
—No. Ahora que llegó Kakarotto voy a encontrarme con Ginn para ayudar en la misión, tengo que preparar unas cosas antes de salir.
—¿No te vas a quedar con nosotros? —preguntó el niño apenado. Se había acostumbrado mucho a la compañía del hermano de su padre.
—No, Gohan, lo siento, pero cuando regrese podemos ir con tu papá a las montañas a ver los bichos y los animales del lugar.
—Sí —exclamó feliz—. Vuelve pronto, Raditz.
—Lo intentaré —respondió el guerrero con una sonrisa amplia y acarició la cabeza del niño que era mucho más pequeña que su mano.
—Eres muy bueno con los niños —comentó Milk. Acostumbrada a solo ver mujeres saiyajin encargarse de la crianza de los niños, y en algunos casos ni el padre o madre estaban realmente presentes.
—Viví con mi hermano solo a muy temprana edad. No me quedó otra opción que ser paciente.
—¿Y vas a tener hijos con Ginn? —preguntó Gohan que ya había regresado a trabajar en sus vocales.
—No lo sé —respondió nervioso. Era algo que no se le había pasado por la cabeza.
—Al parecer ya tuviste suficiente con Kakarotto —dijo Milk.
—Totalmente.
23 años atrás
Gine tapó la olla para dejar que la comida terminara de hacerse con el calor del fuego y se sentó en una silla. Estaba cansada, ya tenía siete meses de embarazo, una barriga enorme y el niño era un verdadero torbellino que no paraba de patear, especialmente mientras cocinaba. Estaba segura de que sería un gran guerrero de adulto.
Acarició su barriga abultada y sonrió feliz. Podía escuchar la voz de Bardock en la habitación, había llegado hace poco de una misión y hablaba con Raditz que había dormido con ella todos los días que su padre estuvo ausente, pese a que Bardock le había dicho que no lo hiciera porque ablandaría demasiado al niño.
—¿Ganaron la guerra? —preguntó Raditz de 4 años acostado en la cama de sus padres. Bardock se había sentado en una silla pues debía ducharse para limpiar la mugre y sangre que estaba impregnada en su ropa y cuerpo luego de la batalla.
—Por supuesto. Teníamos todo en contra, pero nos agrupamos con el escuadrón y le dimos cara al enemigo —dijo orgulloso.
—¿Cuántos enemigos eran?
—Éramos el escuadrón de veinte guerreros contra al menos doscientos soldados que intentaron hacernos caer, pero no fueron capaces de desestabilizarnos.
—¿Cómo ganaron?
—Antes de seguir con la charla, papá se tiene que ir a bañar —dijo Gine interrumpiendo la conversación—. Va a dejar toda la casa sucia y no vamos a comer hasta que esté limpio.
—¿Podemos seguir hablando después? —consultó el niño entusiasmado. Realmente necesitaba saber cómo terminaba la historia.
—Después de comer, y en tu cuarto, porque esa es mi cama, niño —respondió Bardock y luego se metió al baño de la habitación.
—¡Sí! —respondió feliz.
(...)
Ya que su hermano había llegado y Milk y Gohan ya no estarían solos, Raditz aprovechó su tiempo libre para visitar a su padre antes de partir a reunirse con Ginn. Fue directamente a su casa donde lo esperaría ahí en caso de que no estuviera como ya lo había hecho tantas veces. Cuando ingresó a la casa se mantuvo en la entrada, ya que le llamó la atención escuchar la voz de su padre conversando con alguien más, una voz femenina.
Se mantuvo en su lugar curioso y atento, no recordaba cuándo fue la última vez que escuchó a su padre así de… ¿relajado?
—¿Qué pasó entonces? —preguntó Kyle.
—Tuvimos que escondernos por dos días hasta que las heridas se recuperaran y poder seguir peleando. Estábamos buenos para nada, tu madre fue la primera que se puso de pie y protegió al resto del grupo cuando estaban a punto de encontrarnos.
—Pero estaban muy débiles —exclamó metida en la historia.
—Sí, pero Koora nos dio más tiempo para recuperarnos y cuando ya estuvo fuera de combate, pudimos atacar y recuperar el área.
Cuando la curiosidad fue más fuerte, Raditz finalmente ingresó a la habitación donde su padre mantenía aquella charla tan amena. Grande fue su sorpresa al encontrar a Kyle sentada a la mesa con su padre, comiendo y conversando como dos viejos amigos. En cuanto lo vieron, las miradas antes relajadas volvieron a su acostumbrado ceño fruncido.
—Te conozco —dijo Kyle, seria como siempre—. Eres el amigo de Tarble, el que tiene sexo en el sofá de la biblioteca con Ginn. ¿Qué haces aquí?
Raditz abrió la boca para responder, pero se quedó sin palabras. ¿Qué carajos hacía la niña ahí? Y por su forma de hablar se notaba que llevaba un rato de relación con Bardock. Todo era muy confuso.
—Es mi hijo —respondió Bardock y luego le habló a Raditz—. Ven y siéntate.
Raditz obedeció, quedando frente a frente de su padre, mientras que la niña estaba en la cabecera.
—¿Qué haces aquí, Kyle? —preguntó cuando ya estuvo instalado. Se sentía raro en una situación así, y le hizo pensar hace cuánto que no veía a su padre para que esto lo tomara tan de sorpresa.
—Conversando —se limitó en responder la niña, ya más preocupada de la comida que de volver a hablar.
Raditz intercambió miradas con su padre, pero el hombre no dijo una sola palabra y también se dedicó a comer.
Los minutos que siguieron abundó el silencio y las miradas a la comida y para alivio de Raditz, Kyle se puso de pie cuando ya hubo terminado la cena.
—Tengo que irme —dijo y se puso el capuchón para ocultar su rostro—. Volveré para contarte cómo me fue en el torneo.
—Vas a ganar —respondió Bardock.
—Obvio… Raditz —se despidió con un leve movimiento de cabeza.
—Adiós, Kyle —respondió Raditz y se dirigió a su padre en cuanto la niña abandonó la casa—. ¿Qué está haciendo Kyle aquí? Esto es peligroso.
Bardock encendió un cigarro antes de responder.
—Lo sé. Intenté ahuyentarla, pero no pude, así que la recibí por lastima.
—¿Por lástima? Eso que vi cuando llegué no era lástima. No recuerdo cuándo fue la última vez que te vi así… Creo que mamá esperaba a Kakarotto.
—Como sea, la niña solo quiere saber más de su madre, cuando se me acaben las historias no vendrá más.
—Ten cuidado, si alguien se entera que viene a este lugar, o peor, que es tu hija...
—No es mi hija —lo interrumpió—. La conozco hace un mes o menos.
Raditz frunció el ceño ante su respuesta.
—Y aún así es tu hija —dijo con dureza.
—¿Acaso pretendes que le diga quién soy?
—Por supuesto que no, pero lo correcto es que seas responsable alguna vez y te hagas cargo de ella si insiste en venir a verte.
El saiyajin le dio unos golpecitos al cigarro para que la ceniza cayera en el cenicero. No tuvo nada que decir antes ese comentario. Raditz tenía toda la razón.
(...)
Tarble retrocedió y esquivó todos los ataques que Broly le lanzó solo con la mano izquierda mientras mantenía el brazo derecho detrás de la espalda. De esa forma pudo esquivarlos y rechazarlos con sus puños de manera más efectiva. Estaba mejorando, mucho, tal vez no tenía el poder demencial de los mejores combatientes, pero ya era capaz de hacer frente y defenderse como todo un guerrero saiyajin, y cómo no, si tenía de mentor a uno de los mejores guerreros del planeta, aunque solo él estaba al tanto de las habilidades de Broly, ya que su padre, Paragus, se había encargado toda su vida de reprimirlo por miedos que el mismo Broly no le había explicado del todo.
El joven príncipe no pudo evitar sonreír ante lo que estaba logrando. Aunque Broly estuviera usando solo una mano, significaba mucho para él, sin embargo la sonrisa no duró mucho cuando el puño del guerrero le dio de lleno en la nariz, tan fuerte que le sacó sangre e hizo que la cabeza se le fuera hacia atrás de forma violenta.
—No te confíes —ordenó Broly y aceleró sus movimientos. El fuerte de Tarble era la velocidad y era eso lo que trabajaba ahora.
Tarble no respondió, ignoró el dolor de cuello y nariz y volvió a concentrarse. Esquivó, rechazó hasta que finalmente se decidió a golpear. Los primeros dos intentos fueron inútiles, Broly ya sabía cómo lo haría y por dónde, y fue ese mismo conocimiento que usó el joven para volver a atacar de manera diferente: no fue un gran ataque, pero el poder golpear a Broly en el mentón era motivo suficiente para celebrar.
—¡Lo hice! —exclamó contento, bajando la guardia por completo, lo que provocó que no viera a tiempo el ataque de Broly. Alcanzó a hacerse un lado para esquivarlo, pero recibió todo el impacto del puño en el hombro izquierdo que lo dejó tirado en el suelo.
—Te dije que no te confiaras —dijo Broly, ya calmado. Había sudado igual que Tarble, pero no se veía agitado ni malherido.
—Debiste dejarme disfrutar de mi momento de gloria —dijo en el suelo, sin moverse. Sus ojos se habían llenado de lágrimas a causa del dolor, pero no se quejó.
—Momento de gloria será cuando me derribes. Un rasguño en el mentón no significa nada. —Sonrió y se limpió la pequeña línea de sangre que le quedó.
—Te golpeé y saqué sangre. Yo gané. —Apretó los dientes, le dolía demasiado. Aceptó la mano que Broly le ofreció para levantarse. Ya de pie, vio la magnitud del daño causado: su brazo izquierdo colgaba inerte y el hombro no estaba alineado a la altura del otro. La nariz lastimada era casi una anécdota comparada con la lesión del brazo.
—Eso se arregla con facilidad. —Se sacó los guantes y se acercó al príncipe con la intención de ponerle el brazo en su lugar, pero éste retrocedió unos pasos—. ¿Qué? ¿Te da miedo un poco más de dolor? —preguntó levantando la ceja.
—¿Hay alguna respuesta afirmativa que no me haga ver como un guerrero indigno?
—Vamos —insistió Broly y volvió a acercarse. Esta vez Tarble no huyó—. Esto es parte de ser guerrero… No es posible que seas un príncipe saiyajin, tengas veinte años y casi no tengas cicatrices en tu cuerpo. —Se puso detrás de él, tomó su brazo inerte, y la otra mano la apoyó en su hombro por dentro de la camiseta.
—Llevo las peores y más profundas cicatrices en mi interior —respondió preparándose para el dolor inminente.
—Por favor —sonrió—, deja tus palabras profundas de libros para otra ocasión. Ahora estamos entrenando. —De un solo movimiento firme y confiado, le puso los huesos en su lugar. Apenas escuchó el gemido ahogado del príncipe y se sintió orgulloso de que ya no anduviera llorando ni quejándose luego de cada lesión como pasaba cuando comenzaron a entrenar, hace ya casi tres años—. ¿Mejor? —preguntó. Le hizo hacer círculos con el brazo y masajeó el hombro.
—Sí… —respondió con los ojos cerrados, más relajado, pero al momento que movió el cuello el dolor se intensificó—. Debería ir al tanque de recuperación —dijo a sabiendas que su amigo rechazaría la idea—. Me duele mucho el cuello, no puedo hacer mi trabajo si no puedo mover el cuello.
—Los guerreros no necesitamos el tanque a no ser que las heridas sean de gravedad. —Dejó su brazo y hombro y se concentró en el cuello y la región cervical del príncipe.
Tarble nuevamente debió tragar el grito de dolor cuando Broly le movió el cuello de izquierda a derecha tan fuerte que el ruido fue evidente para ambos. Inmediatamente después lo masajeó con los pulgares para aliviar el dolor.
Luego que Tarble le enseñó a leer y escribir, Broly por su cuenta se puso a leer cosas de interés (ya que pasaban tanto tiempo metidos en la biblioteca rodeados de una cantidad absurda libros de diferentes materias) Decidió estudiar sobre diferentes anatomías para saber cómo y dónde golpear de manera más efectiva a la hora de pelear y así provocar más daño. Gracias a eso, sin querer, también aprendió a poner los huesos en su lugar y sanar lesiones menores en caso de encontrarse en un lugar hostil.
—Eso es —susurró más a gusto, pero cuando comenzó a sonar su reloj que había dejado sobre un banco metálico junto con sus cosas, abrió los ojos—. Tengo que ir con Lee, me está esperando.
En ese momento Broly cortó enseguida el contacto y se alejó del príncipe rumbo al baño del salón de entrenamiento. Tarble lo siguió.
Cada uno se instaló en un extremo de la espaciosa habitación, con duchas individuales y casilleros para dejar las pertenencias con capacidad para al menos veinte guerreros, pero este lugar solo era usado por el príncipe y quien lo acompañase durante su entrenamiento.
—¿Por qué no te gusta? —preguntó curioso Tarble. No tardó en quitarse la ropa y meterse a la ducha. Dejó que el agua caliente cayera directo al hombro y cuello para aliviar mejor el dolor—. Ni siquiera la conoces.
—Es amiga de Berry —respondió Broly ya bajo el agua, solo había una ducha de separación entre ellos, así que no había necesidad de levantar la voz para hacerse escuchar pese al ruido del agua—. ¿Tengo que decir más?
—Entiendo, pero ella no es como Berry… Tal vez si la conocieras no…
—No estoy interesado en hacer amigos —respondió tajante.
—Nosotros somos amigos.
Broly respondió con un gruñido.
Minutos después, cuando Tarble terminó de enjuagar el shampoo y jabón de su cuerpo y cabello salió de la ducha rumbo a su lugar donde estaba su ropa. Tomó una toalla para secarse y recién en ese momento se dio cuenta que Broly había abandonado el lugar hacía quizás cuánto rato.
(...)
Bulma se sentó en la pequeña cama de su pequeño cuarto. Miró por la pequeña ventana que tuvo suerte de tener, ya que la mayoría de las habitaciones económicas solo contaban con un colchón en el suelo para dormir y por supuesto, el baño era compartido. Serían muchas semanas de viaje hasta llegar a la siguiente nave que la llevaría a Vegetasei. Desde un comienzo decidió viajar como lo haría cualquiera en su condición, sin privilegios ni llamar la atención, aunque claro, en su bolso lleno de cápsulas tenía todo para hacer del viaje una experiencia más placentera. No era la única de la nave que iba rumbo a Vegetasei. Muchos iban porque no tenían otra opción ya que sus familias se encontraban amenazadas, otros porque se habían convertido en esclavos y ya no tenían control de sus vidas y los menos, como ella, porque veían una oportunidad real trabajar en un planeta de recursos ilimitados que carecía de grandes mentes.
La nave era impresionantemente gigantesca. Ni siquiera ella había tenido la oportunidad de trabajar en algo así. Era como una mini ciudad donde todos debían hacer su parte para recibir comida y no ser expulsados durante el viaje. Por supuesto Bulma tenía comida de sobra, pero ya se había ofrecido para trabajar en el área de mecánica, y así mantener la cabeza ocupada lo que dure su travesía.
Pese a lo reducido del espacio, encendió un cigarro y se entretuvo mirando la inmensidad del espacio por su diminuta ventana, mientras en su cabeza repasaba su plan una y otra vez, como un mantra que la ayudaría a pasar el tiempo y mantenerse enfocada en sus objetivos.
Ya estaba cerca, estaba tan cerca que casi pudo respirar el aire de Vegetasei, caminar por sus tierras estériles, observar su cielo rojizo y acabar con toda la familia real para desarticular uno de los imperios que más mal le ha hecho a la galaxia.
Planeta F-675
Luego de meses de su llegada, por fin Vegeta había logrado su objetivo de acercarse a Freezer y ganarse su confianza al punto de que el tirano no se enfadara de encontrar al hombre en su estudio cuando nadie más tenía permiso de estar en él si no se encontraba.
—Argon, espero que tengas una muy buena excusa para estar aquí —dijo Freezer al ver al guerrero sentado sobre una caja de metal de un metro con pequeños agujeros en ella.
—Pensé que te alegraría ver el obsequio que conseguí para ti.
El emperador fue hasta su mueble de vinos y sirvió dos copas. No fue necesario acercársela, sino que la hizo levitar hasta que Argon la tomó, luego de eso se sentó en su cómodo sitial, se cruzó de piernas y observó la caja.
—Pues bien, no me dejes en la incertidumbre y muestra el obsequio que tienes para mí. Te advierto que soy muy difícil de complacer.
Con un golpe en la parte superior, la tapa de la caja cayó, pero no se pudo ver nada en su interior.
—No seas tímido, sal de una vez —dijo Vegeta y golpeó más fuerte el metal para que lo obedeciera.
Freezer vio con asombro al niño nameku asomarse de la caja. No se veía en mal estado, pero su ropa sucia y sus ojos hinchados de tanto llorar decían lo contrario.
—No puede ser, ¿dónde lo encontraste? —preguntó asombrado, incluso dejó la copa de vino en la mesa para apreciar al pequeño niño verde—. Se supone que esta raza está extinta y todo lo que se sabe de ellos son más que leyendas.
—Si te contara mis métodos, ya no sería el favorito, ¿no? —respondió altanero, y le dio un sorbo al vino. ¿Querías saber si la leyenda del dragón era cierta? Pues aquí tenemos a alguien que puede corroborarla.
Freezer dejó su asiento y se acercó al niño que no dudó en meterse en la caja, el único lugar seguro que tenía.
—Después de esto, Argon, puedes considerarte mi más alto aliado.
Vegeta bebió todo el contenido de la copa y observó a Freezer arrodillado mirando al niño nameku. Desde donde estaba perfectamente podría intentar atacar y decapitarlo, pero hace un tiempo se había dado cuenta que con Freezer no existía tal posibilidad. El tirano era tan condenadamente poderoso que era imposible acabar con él.
Lo detestaba, y detestaba todo lo que había hecho para ganarse su confianza con tal de descubrir su punto débil, y ahora con esto último se estaba arriesgando demasiado a entregarle un poder que iba más allá del entendimiento de todos, pero desde un comienzo había estado dispuesto a hacer de todo con tal de acabar con el tirano.
Si no encontraba una forma de eliminarlo, todo el esfuerzo habría sido en vano y toda la galaxia lo resentiría.
—Dime, Argon… —dijo Freezer sin dejar de mirar al niño aterrorizado—. ¿Si pudieras pedir un deseo sin ningún límite, qué sería?
Continuará…
Hola, gracias por llegar hasta aquí.
Bueno, vamos al grano.
Tal vez sientan que estos capítulos van muy rápido y es porque no pensaba hacerlos. Tenía pensado comenzar la historia con los acontecimientos que ocurren desde el capítulo 6, pero después pensé que sería demasiada información para procesar, y ya que son tantos personajes y sucesos, decidí hacer esta introducción de 5 capítulos. Ya vamos en el cap 4, así que ya solo queda un capítulo de introducción.
Bulma ya va rumbo a Vegetasei, y va tan enfocada a realizar su plan que nada ni nadie podrá detenerla.
Vegeta en su afán de destruir a Freezer ha llegado demasiado lejos, y si no encuentra una forma de eliminarlo le habrá obsequiado un arma muy poderosa.
Por fin apareció Kakarotto (en los siguientes capítulos se verá más de su relación con Milk y sobre su plan de venganza) El hombre quiere que Gohan ya comience a entrenar, pero con tal de mantener contenta a Milk, puedo esperar, total el niño tiene recién 3 años.
Kyle sigue visitando a Bardock y ahora Raditz entró a la ecuación.
Y finalmente Tarble y Broly... Referente a lo que muchas han estado hablando en los rws. En verdad pensaba dejarlo como sorpresa, pero es increible que con un solo toque ya muchas leyeron entre líneas, y bueno, con la escena del entrenamiento de este capítulo creo que menos dudas va a quedar. Aunque no voy a ahondar en el tema por ahora para no spoilear, solo decirles que una amiga los bautizó como Tarly y me gustó mucho jajajaja.
Bueno, espero sus reviews, quiero saber lo que piensan de cómo va la historia hasta ahora.
Nos leemos en una próxima actualización.
Dev.
13/08/20.
