El Legado II


V

La Misión

parte 2


Planeta F-675


Mai debió dejar su puesto de trabajo en cuanto escuchó la orden por los altoparlantes. En cuanto llegó a los corredores de las instalaciones, las luces rojas parpadeantes junto con las sirenas no hicieron más que ponerla nerviosa. Debía ir a su habitación y no salir de ahí hasta que la voz masculina y autoritaria del altavoz le dijera lo contrario. En su camino lleno de empujones y codazos con colegas, esclavos y guardias que iban de un lado a otro, logró entender lo que ocurría. En un comienzo pensó que atacaban el planeta, pero ¿quién sería tan desquiciado para atacar el planeta donde alojaba el tirano de Freezer? Todo este escándalo era por un solo hombre: Argon.

Freezer estaba furioso, y ya todo el planeta estaba al tanto de eso, por lo tanto mientras antes dieran con el paradero de Argon mejor sería para todos, mientras tanto la gente que no podía hacer nada al respecto debía quedarse en sus habitaciones para no entorpecer la búsqueda.

Cuando por fin llegó a la sección del complejo donde se encontraba su habitación, se relajó y caminó con la calma que le permitió la soledad del lugar. El ruido estrepitoso de las alarmas y las luces habían quedado atrás, pero no hizo más que ingresar la clave para acceder a su cuarto cuando sintió una mano firme en su brazo que la obligó a ingresar a la fuerza.

—No toques ni hagas nada —advirtió Vegeta apoyado en la puerta. Tenía el brazo derecho herido y al parecer apenas podía moverlo.

—Iba a prender la luz —dijo Mai. Retrocedió unos pocos pasos, todo lo que su reducida y ordenada habitación le permitió.

—No hagas nada —repitió el hombre. Debió apretar la herida en el brazo, sangraba demasiado, mucho más que el resto de las heridas frescas y abiertas. Finalmente Zarbon se había salido con la suya y lo descubrió justo en el momento menos oportuno. Fue una suerte escapar con vida de las garras del esbirro de Freezer.

—¿Qué fue lo que hiciste? Está todo el planeta detenido por tu culpa, todos te buscan.

Vegeta se quitó el bolso negro del hombro izquierdo y lo lanzó al suelo cerca de los pies de Mai, que pese a las penumbra de la habitación, pudo notar las manchas de sangre.

—Necesito que guardes esto por un tiempo hasta que pueda salir del planeta.

—No —respondió tajante.

—No te queda otra opción o llegará a manos de Freezer—dijo molesto. Tenía mucho dolor y por lo tanto, poca paciencia.

—¿No tienes a nadie más para cargar con tus errores? —respondió molesta.

—Es evidente que no —murmuró frustrado—. Encontraré la forma de salir del planeta, pero en caso que me encuentren necesito que lo guardes. Sabes muy bien qué pasará si...

—Lo sé, lo sé. —Tomó el bolso y lo tiró bajo la cama para tocarlo lo menos posible y aun así se manchó con la sangre de Argon—. Estás loco si piensas que vas a lograr salir de este planeta, al menos no vivo.

—He estado en peores situaciones —dijo intentando menospreciar en el gran problema que se había metido por culpa de su tozudez y arrogancia, pero la verdad era otra.

Mai guardó silencio un rato antes de volver a hablar. Lo miró con tanta atención que Vegeta, acostumbrado a que ella siempre evadiera su mirada, recién pudo notar todos sus rasgos con mejor detalle y ver el tono de azul de sus ojos.

—Mi planeta natal se llama Tierra, y lo dejé hace diez años cuando una tropa de carroñeros nos atacaron y cazaron como animales…

Vegeta la miró curioso. No sabía a qué venía esto.

—Antes de eso, nunca supe lo que era tener una vida normal… Creo haber tenido una, con alguien que me cuidaba, pero debo haberlo pasado muy mal para no recordar nada de esa época. Mis recuerdos más antiguos son estando sola, viviendo bajo tierra como una animal e intentando buscar comida entre la basura y escombros…

—Lo siento, pero no tengo tiempo para escuchar tu triste historia.

—Sí, sí la tienes, de lo contrario tiraré ese bolso por la ventana —dijo tan convencida que a Vegeta no le quedó otra que quedarse en su lugar y seguir escuchando—. La vida en la Tierra era agradable, era un buen lugar para vivir, hasta que la atacaron, asesinaron sin piedad a casi toda la población y saquearon todo el planeta hasta convertirlo en un lugar esteril y hostil… Nunca vi los culpables de hacer de mi planeta un infierno en vida, porque se fueron en cuanto ya no encontraron más que robar, pero sería imposible olvidar las historias de los saiyajin, esos guerreros de fuerza descomunal, cabello y ojos negros y rabo enrollado al rededor de su cintura. —Vio cómo la mandíbula de Argon se tensó ante la mención de la palabra saiyajin—. No puedo juzgar a todos por igual, no sé qué tan saiyajin seas tú, pero si esta va a ser la última vez que nos veamos, no puedo evitar decirte lo mucho que odio a tu raza, hasta el día de hoy.

—Somos dos —susurró mirándola a los ojos, aún apoyado en la puerta, intentando detener la hemorragia del brazo.

—Ya puedes irte —dijo Mai—. Lo guardaré el mayor tiempo posible, pero honestamente no creo que sobrevivas.

Vegeta no tardó en salir por la puerta.


Vegetasei


Mientras el príncipe Lok entrenaba con su primo Row en una arena de entrenamiento al aire libre dentro del palacio, el rey Vegeta y su hermano Torn estaban sentados uno al lado del otro en bancos de piedra viendo a sus hijos entrenar. La buena relación de los príncipes había provocado un reencuentro entre los hermanos que toda la vida se habían enfrentado por deseo de su padre el rey. La relación se había vuelto más llevadera y pacífica, lo que ocasionó que Torn pasara más tiempo en palacio con sus hijos.

—Row es buen entrenador —comentó el rey—. ¿No ha pensado en dirigir tropas?

—¿No es un trabajo demasiado insignificante para mi hijo? —dijo cruzado de brazos, sin dejar de mirar al frente.

—Tiene un don innato. No lo veo insignificante si dirigiera el ejército de élite. Es bueno dando órdenes, es inteligente y bastante centrado.

—Sí, todo lo opuesto a Leek —dijo en tono de lamento por su hijo Leek que solo le traía dolores de cabeza.

El rey se limitó a levantar las cejas dándole la razón a su hermano. Era increíble cómo dos personas que eran una copia idéntica físicamente, pudiesen ser tan diferentes.

—Lok se lució en el torneo. —Ahora fue el turno de Torn de alabar al hijo de su hermano—. Honestamente durante el combate final pensé que Kyle ganaría, la niña tuvo el control de la pelea en todo momento, no sé qué le pasó.

—Sí… —respondió Vegeta luego de hacer una mueca—. Pero al final venció Lok... Es necesario que acumule victorias desde ahora, será el rey y tiene que acostumbrarse a los triunfos.

—Será un buen rey, pese a lo mucho que Rave lo sobreprotege.

—No tengo quejas con ella. Ha hecho bien su trabajo… —murmuró pensativo.

—Rave es una profesional… —agregó Torn.

Se mantuvieron en silencio observando a sus respectivos hijos. Considerando como era su relación hace años, el que estuvieran ahora sentados uno al lado del otro ya era un avance gigantesco.


4 años atrás


¿Los dos me tienen un obsequio? —repitió Tarble de 16 años recién cumplidos. Frente al joven y delgado príncipe que aparentaba un par de años menos, estaban Rasp y Row, ya bastante ebrios. Habían llegado hace como una hora a la biblioteca con varias botellas de alcohol muy fuerte para celebrar los 16 ciclos Tarble, que no pudo opinar y mucho menos oponerse.

En realidad tienes que escoger —dijo Rasp, totalmente animado por la bebida, al igual que Row, pero este era mucho más contenido—. Nos enteramos que pese a tener dieciséis años sigues sin conocer las delicias del sexo opuesto y con Row dijimos que no podía ser posible. Leek, también estaba en la conversación, pero él dijo que eras un perdedor que moriría seco y sin probar coño, por eso no lo invitamos a la celebración.

Concéntrate en los obsequios —dijo Row, de 26 años, sin dejar de mirar su vaso a medio llenar. Estaba tan ebrio que no sabía si seguir bebiendo o no.

Tarble sonrió nervioso, estaba bebiendo lo mismo que los príncipes, y aunque en mucho menos cantidad, ya se sentía muy mareado.

Sí, cierto, los obsequios… Deberíamos haber traído algo para comer, muero de hambre.

Entonces Tarble —continuó Row ante la incapacidad de Rasp para continuar la idea. Su voz sonaba muy normal, pero eran sus ojos caídos los que delataban su estado—, después de un corto debate decidimos hacerte un regalo. Yo opté por dos lindas cortesanas, tienen un par de años más que tú, son de tu estatura y contextura delicada, como creo que te pueden gustar. Están esperando a unos cuartos de aquí para hacer lo que se te plazca.

¿Cómo metiste gente a esta área de palacio? Está prohibido —preguntó Broly que se había sentado más apartado en cuanto llegaron los príncipes a la biblioteca. Tarble se giró a mirarlo cuando lo escuchó hablar.

Somos príncipes —respondió Row encogiéndose de hombros y volvió a dirigirse al joven—. Entonces tu regalo te está esperando, Tarble.

Aún no le has dicho la mejor opción —intervino Rasp—. Está el regalo que yo escogí para ti, querido hermanastro raro… —Esta vez bebió directo de la botella—. En otro cuarto, dejé para ti a dos mujeres de verdad, con curvas de infarto y tetas más grandes que tu cabeza. Ya quisiera yo haber tenido eso de regalo a tu edad… Pensándolo bien, sí lo tuve, pero más joven, como sea, esas mujeres te van a succionar hasta el alma, créeme —dijo solemne y agregó en último momento—. ¡Ah! también si quieres podrías escoger a las cuatro, pero considerando lo debilucho que te ves creo que terminarías muerto.

Tarble había dejado de pestañear hace mucho rato y recién fue consciente de eso. No supo qué responder ante los regalos, pero pese a lo extraño de la situación, se sintió curioso.

Tengo que escoger entre esos dos regalos… —repitió en voz baja, mirando a los hombres.

¿No se supone que al menos eras inteligente? —preguntó Rasp en voz alta.

Tarble volvió a mirar hacia atrás, esperando una mirada de Broly, pero el guerrero continuó leyendo y no respondió a su señal de auxilio, pues para el guerrero, esa decisión era solo del príncipe.


¿Y entonces? —preguntó Broly al otro día en cuanto se reunieron en la biblioteca, casi como cada mañana.

Estuvo bien, supongo —respondió Tarble avergonzado mirando a todos lados—. He escuchado a soldados hablar del tema, y no me gusta que relatan todo con lujo de detalle.

No tienes que hacer eso si no gustas —respondió el hombre con confianza. Encontraba a Tarble tan inteligente que a veces se le olvidaba que se trataba de un joven inexperto en muchas cosas. Él no era un adulto conocedor de todo, pero con 21 años ya había vivido mucho en comparación.

Pensé que eso hacían los amigos —dijo mirándolo desde su cómodo sofá, mientras que Broly se había instalado en la gran mesa principal que estaba junto a una pared repleta de libros.

Jamás te he contado mis historias y aún así somos amigos.

Interesado en el tema, Tarble se levantó y se fue a sentar a la mesa, frente a Broly.

¿Cómo fue tu primera vez? ¿También con dos mujeres? ¿Con dos saiyajin?

Broly sonrió, casi le provocó ternura la pregunta del jovencito.

No. Jamás he tenido sexo con alguien del planeta.

¿Por qué?

Mi padre se encargó de alejarme de todos y al ser un hombre conocido provocó que su hijo extraño al que intentaba ocultar, fuese más extraño y conocido.

No veo nada malo en ti.

Gracias —respondió conmovido—. Y está bien si quieres hablar al respecto, supongo que las muchachas que escogió Row eran atractivas.

Sí —respondió un poco menos avergonzado, después de todo estaba hablando con su amigo. Tan solo esperaba que no apareciera Rasp pidiendo detalles—. Me gustaría repetirlo, pero no sé cómo.

¿Los príncipes y el rey no tienen un harén personal para eso?

Sí, pero no sé… No me atrae la idea de obligar a alguien...

Que no te dé vergüenza, eres el príncipe, disfruta del sexo. Más de alguna chica del harén estará encantada de estar contigo.

Sí… supongo que debería… —respondió pensativo, e inmediatamente volvió a llenarse de energía ¿Cómo te gustan las mujeres?

Broly lo miró a los ojos, se notaba que seguía entusiasmado por lo ocurrido la noche anterior, y no lo culpaba, él también estuvo un par de semanas emocionado luego de estar con un hombre por primera vez y le hubiera gustado tener en ese momento un amigo para hablarlo, tenía 14 años y ya en ese entonces se sentía tremendamente solo.

No me gustan las mujeres —dijo sin dejar de mirarlo. Era la primera vez que lo decía en voz alta, no porque lo ocultara, tan solo no había tenido con quien hablarlo, acostumbrado a ser reservado en todo.

Oh, ya veo —respondió Tarble—. Entonces ¿cómo te gustan los hombres? —preguntó con normalidad y el mismo interés de hace unos segundos.

Entre los saiyajin más adultos (y no tanto en algunos casos) no era bien visto la relación con personas del mismo sexo, especialmente si se trataba de hombres.

Broly volvió a sonreír. Era la primera vez que le hacían esa pregunta.


(...)


Broly iba por los pasillos exteriores de palacio camino al encuentro de su padre que veía algunas pocas veces al mes para "reportarse" y mostrarle lo bien y tranquilo que estaba, cuando divisó a Tarble un piso más abajo, en el patio central. Hubiese seguido su rumbo hacia el estudio de su padre, de no ser que le llamó la atención la acompañante del príncipe.

La pareja estaba de pie, algo ocultos por los pilares de concreto, conversando muy a gusto al parecer. Desde donde estaba, Broly no pudo oír nada, pero pudo ver a la perfección cuando la saiyajin amiga de Berry arreglaba el mechón de Tarble que solía irse a los ojos. Tarble no dejaba de hablar, seguramente contándole algo que leyó en alguno de los tantos libros que había estudiado y ella sonreía encantada por la elocuencia del joven príncipe. En un momento ella no resistió más, tomó el rostro de Tarble en sus manos y lo besó, ella fue correspondida y abrazada por la cintura.

Hacían buena pareja. Ella era una guerrera destacada, de la misma estatura que Tarble, de rasgos delicados y contextura delgada. Su cabello largo y negro lo tenía trenzado y caía natural por su hombro derecho. Era una mujer de no más de 19 años muy linda para ser saiyajin.

Toda la vida de Broly había sido entre sombras y soledad, hasta el día que se acercó a Tarble, hace ya diez años. No tardaron en encontrar grandes similitudes en el dolor y abandono y pronto se convirtieron en amigos inseparables. Los cinco años de diferencia y el nulo poder en el príncipe hicieron que se volviera sobreprotector con él, considerando que era la primera persona que le mostraba interés y cariño, pero jamás había llamado su atención y todo lo que sentía por él podía igualarse al amor entre hermanos o muy buenos amigos. Fue hace más de un año cuando todo cambió, cuando los entrenamientos constantes hicieron de Tarble un hombre confiado, con cuerpo digno de un guerrero saiyajin, y eso, sumado a su tremenda inteligencia y su singular forma de ser terminaron por encantarlo.

Ahora que miraba en retrospectiva todo lo que aprendió con el príncipe, no entendía cómo no se había fijado antes en él. Tarble le había mostrado que era posible llevar una vida normal, sin explotar como su padre tantas veces le había advertido. Podía ser un guerrero, entrenar, tener misiones y tareas, aprender, pensar, tener un amigo... Sin embargo, no había caso. Toda su vida había debido contenerse por los excesivos miedos de su padre, y ahora debería hacer lo mismo con Tarble, pues era imposible algo entre ellos.

Gruñó antes de marcharse del lugar.


(...)


—Te ves del asco —dijo Leek en cuanto entró al cuarto de Berry. A la guerrera le había tomado un tiempo adicional sanar de todas las heridas por culpa de Rasp que interrumpió el proceso de sanación dentro del tanque de recuperación.

—¿Te gustaría, no? —respondió Berry sentada junto al tocador mientras peinaba su cabello. Leek se sentó a los pies de la cama y desde ahí podía ver su reflejo en el espejo—. Te encantaría que tu hermano se aburriese de mí para volver corriendo a tus brazos.

—Lamentablemente mi hermano está tan enamorado de ti que incluso si viera lo horrenda que eres por dentro, seguiría prendido a ti.

—Después de convivir con el monstruo que tiene por hermano por tantos años, ya nada lo puede asombrar… —Se arregló el cabello en una cola tirante y ordenada—. ¿Qué haces aquí? No me digas que no tienes dónde más ir.

—Por tu culpa Rasp se fue de misión lejos y quedé sin compañero de entrenamiento. ¿Por qué tenías que matar a su novia? La muchacha era algo tonta, pero no era fea, daba gusto verla con el traje ajustado cuando entrenaba.

—Nadie se mete con lo que es mío. Yo se lo advertí a esa intrusa cuando me di cuenta que la relación con mi hermano iba en serio y no quiso hacerme caso —dijo con total tranquilidad, como si no hubiese hecho nada malo.

—Eres una zorra —comentó Leek con tono orgulloso.

—Entre zorra nos entendemos, quizás por eso tú y yo nos llevamos tan bien.

—Tú me quitaste a mi hermano y no atenté contra ti.

—Eso es porque tu hermano está a salvo conmigo.

—Más te vale… Row siempre ha sido el más inteligente, pero contigo algo le pasa que no es capaz de ver cómo eres… ¿No vas a intentar nada contra mí, verdad?

—Puedes dormir tranquilo, me agradas demasiado como para hacerte daño.

—Entonces reemplaza a tu hermano por esta vez y vamos a entrenar. Row está ocupado con Lok, y lo más seguro es que mi padre esté ahí… No quiero verlo.

—¿Qué fue lo que hiciste ahora?

—Vamos a entrenar y te digo.

Berry se puso de pie y le ofreció la mano a Leek. El saiyajin la aceptó y salieron rumbo a su salón de entrenamiento personal.


(...)


En cuanto Tarble entró al departamento de tecnología, los trabajadores que lo vieron lo saludaron con una reverencia que no duró mucho, pues el joven siempre los hacía levantarse enseguida. No le gustaba distraer a la gente, prefería que se concentraran en sus trabajos. Broly iba a su lado y aunque ya todo esto era mucho más complicado y no entendía mucho de lo que hablaban, ponía atención.

Tarble solía ir al menos una vez a la semana a ver cómo iban las labores, hablaba con los jefes de proyectos, en caso de que necesitaran más financiamiento, o ayuda de cualquier tipo y también le gustaba cambiar de aire y ver algo además de guerreros, entrenamientos y combates, ya que salvo él y Broly, ningún saiyajin solía rondar el lugar. No había otro miembro de la familia real interesado en el tema, así que cuando tuvo poder de decisión no dudó en ofrecerse para el trabajo.

—Gure ya está en el planeta definitivo con su familia y el resto de los sobrevivientes —dijo Broly cuando continuaron caminando—. El traslado fue un éxito y casi no quedan guerreros en el lugar, solo los suficientes para ayudar con las tareas pesadas.

—Mientras más pronto se vayan todos los saiyajin del planeta, mejor —comentó sin mirarlo. Estaba atento a los trabajos de los hombres y mujeres del lugar. Cuando llegaron al departamento de mecánica se entretuvo mirando el inmenso motor de una nave de guerra. Ya quería tener esa nave terminada, pero su uso sería para otro completamente diferente a lo que decía su nombre.

—En cosa de días se habrá ido el último escuadrón.

—Gracias.

—¿No piensas ir a verla?

—No me atrevo. Soy un cobarde… creo que ya le he hecho suficiente daño a ella y a su gente.

—No eres un cobarde, y tú los salvaste.

—Tal vez te lleve para que los hagas entrar en razón… pero por el momento creo que necesitan sanar antes de pensar en aparecerme por allá. Por favor, que no les falte nada.

—Tranquilo, yo me encargaré.

Continuaron caminando en silencio y Tarble de a ratos se metía a algún salón para preguntar sobre el avance del proyecto.


Mientras el encargado de mostrar el lugar a los nuevos trabajadores daba su discurso aprendido de memoria, Bulma no dejó de contemplar el lugar en su totalidad. Había pensado por tanto tiempo que los saiyajin eran una raza de primitivos y bestias, pero no tenía sentido. Nadie podía apoderarse de una gran cantidad parte de la galaxia del sur solo con fuerza bruta, y el taller mecánico era prueba de eso. Estuvo tentada de correr hacia una vitrina gigante para ver cómo desmantelaban una nave muy parecida a uno de sus modelos hechos para Troy, pero se tranquilizó, ya tendría tiempo para esas cosas, además no era el motivo de su visita al planeta, pero su espíritu la hacía sentirse atraída hacia la tecnología.

La nave la había dejado en una parte desierta del planeta, por lo que no había tenido la oportunidad de ver gente ni construcciones. Ni siquiera tuvo tiempo de apreciar el cielo rojizo de la mañana, ya que otra nave, una mucho más pequeña, pasó a buscarlos para llevarlos directo al departamento donde trabajarían y ahora se encontraba escuchando al hombre aburrido.

El encargado ya iba en la parte del discurso donde indicaba que no eran esclavos, que tendrían remuneración y derecho a un cuarto individual, pero claro, si alguien con poder decidía lo contrario, no podrían decir mucho al respecto sobre sus vidas, así que lo mejor era no abandonar el departamento y mucho menos salir al exterior para no llamar la atención.

Bulma continuó su análisis visual del lugar hasta que reconoció a uno de los saiyajin cuyo rostro había estado pegado en su muro por el tiempo que duró su investigación y preparación. Sintió que le faltaba el aire de la pura emoción, pues jamás pensó que en su primer día en el planeta vería al príncipe Tarble caminando por el lugar acompañado de una montaña de saiyajin que intimidaría a cualquiera. Sabía que tendría más posibilidades de encontrarlo, pero no había imaginado que sería tan pronto. Recién ahora sentía que estaba en Vegetasei y que su misión comenzaba.

Por un momento la mirada de Bulma y el príncipe, que conversaba con su acompañante, se cruzaron y fue suficiente para que la mujer se sintiera envalentonada y decidiera acercarsele.

—Ey tú —dijo el encargado a Bulma—. Ahora viene el recorrido, el lugar es muy grande y no voy a perder el tiempo buscándote si te pierdes.

—Sí, sí, no soy tan estúpida para perderme —dijo molesta. Para cuando volvió a mirar hacia el príncipe, éste ya le daba la espalda y se dirigía hacia otro salón.

Cuando el grupo de doce personas siguió al encargado del recorrido, Bulma se quedó atrás, viendo a Tarble hasta que lo perdió de vista. Pensó que ya tendría otra oportunidad, recién había llegado, debía calmarse un poco y mejor hacer el maldito recorrido para memorizar el lugar de una vez por todas para ver cómo podía sacarle provecho, pero un trabajador bajo, de piel verdosa y bata blanca se le acercó.

—Bulma, esto es para ti —dijo, y le extendió una hoja de papel.

Bulma estuvo a punto de preguntarle cómo sabía su nombre, pero se limitó a recibir el papel. Para cuando terminó de leerlo, el hombre ya se había marchado.

—Maldición… Qué demonios es la Zona Negra y dónde queda... —dijo en voz baja. Al parecer por fin conocería a su contacto, ahora solo debía averiguar dónde estaba y cómo llegar. Pero mientras tanto se apresuró para unirse al grupo y hacer el recorrido. Un problema a la vez.


Planeta F-675


Cuando la puerta de la celda abrió, Vegeta despertó enseguida de la semi inconsciencia que se encontraba. La paliza que recibió cuando lo atraparon y luego cuando llegó a la celda lo habían hecho perder por completo el sentido del tiempo, pero seguramente ya habían transcurrido varios días, pues sentía mucha hambre y sed.

—Sé que estás despierto, Argon. No me hagas perder el tiempo.

—Freezer, de haber sabido que vendrías habría limpiado. —Estaba sorprendido de ver al mismísimo Freezer en la celda, pero lo ocultó muy bien.

El tirano no respondió. Se limitó a mirarlo y reunir todo su autocontrol para no decapitarlo enseguida. Se sentía tan estúpido por haber caido y confiado en el guerrero, jamás en su vida se había equivocado de esta forma y precisamente tenía que ser cuando estaba a medio camino de cumplir su sueño más preciado.

Vegeta estaba solo con los pantalones negros rasgados. El resto de la ropa y armadura había desaparecido, tenía múltiples heridas en todo su cuerpo, el labio inferior roto y uno de sus ojos casi no tenía forma por lo inflamado que estaba. Le habían puesto grilletes en muñecas y tobillos de manera que sus extremidades quedaron extendidas y separadas formando una "X". En su cuello no podía faltar el collar drenador que había sido puesto con mucha menos delicadeza que la primera vez, haciendo que no dejara de gotear sangre por las heridas que no podían cerrar a causa del metal incrustado en su carne.

—¿Dónde están? —preguntó Freezer con calma, a centímetros del rostro de Argon.

—Lo siento, tendrás que ser más específico.

—¡¿Dónde están mis esferas?! —gritó enfurecido y el lugar entero tembló ante la energía expulsada en frustración. Jamás nadie había logrado colmarle así la paciencia.

—Ya están muy lejos de aquí.

—Eso no es así —respondió más tranquilo—. Y yo mismo me encargaré de sacarte la verdad, y no te preocupes, porque tenemos todo el tiempo del mundo. Ajustaron el collar para que tuvieras la energía suficiente para no morir a causa de las heridas, pero no para soportar el dolor.

—Buena combinación —comentó burlón.

En respuesta, y harto de su comportamiento que alguna vez le encantó, Freezer le quitó de un mordisco un pedazo considerable de piel del hombro izquierdo. Vegeta gritó de dolor e intentó liberarse de las cadenas, pero solo provocó que sus muñecas y tobillos se lesionaran más y que el dolor se intensificara. El tirano masticó la carne a gusto y le escupió su propia sangre a la cara.

—Quién lo hubiera dicho, tienes buen sabor. —Salió de la celda aún degustando parte de la carne del guerrero.

El pecho de Vegeta subía y bajaba con violencia y su respiración se dificultó a causa del dolor. La herida expuesta en el hombro no paraba de sangrar y dolía más que una simple costilla rota.

Su corazón se aceleró de tan solo imaginar lo que seguía. Sabía que se venía duro, él mismo había torturado a mucha gente en su juventud, y si Freezer se había presentado no sería placentero.

Era hora de pagar antiguos pecados de adolescencia… nuevamente.


Vegetasei


Bulma no llevaba ni veinticuatro horas en Vegetasei y ya estaba metida en la Zona Negra. Estuvo investigando mientras se instalaba en su nuevo trabajo, en el taller mecánico de naves, y ahí se enteró lo que era ese famoso lugar. Sintió un poco de susto en un comienzo, pero lo manejó en el acto, si comenzaba a temer miedo ahora ¿qué quedaba para después?

Vistió ropa holgada para ocultar sus curvas, amarró su cabello y se puso una gorra para que su color no llamara la atención, sin embargo al llegar al lugar donde debía encontrarse con su contacto, notó la gran cantidad de razas con colores y formas mucho más llamativas que ella. Se dio cuenta que había mucho del planeta que no era conocido por la gente en el exterior, y seguramente con el paso de los días encontraría muchos detalles más.

Caminó por el lugar poblado de saiyajin y otras razas hasta que logró alejarse del gentío y abandonó la zona de negocios que parecía no cerrar ni siquiera de noche. Esperó unos minutos que se le hicieron una eternidad, y maldijo en voz alta cuando quiso fumar y notó que había olvidado su encendedor.

—Bulma, supongo…

La mujer, aún con el cigarro en la boca, volteó en cuanto escuchó la voz de hombre llamarla. Era un saiyajin alto con cara de pocos amigos.

—Tú sabes mi nombre, pero yo no el tuyo —respondió con confianza.

—Bardock —dijo, y encendió su cigarro—. Pensaba que eras mayor.

—¿Eso qué significa? —preguntó levantando una ceja. Ya había tenido su dosis de miedo por el día y por el resto del tiempo que estaría en el planeta. No volvería a temer.

—Significa que pensaba que eras mayor —respondió Bardock. Se acercó a la mujer y la rodeó, inspeccionándola.

Bulma se mantuvo en su lugar y no le quitó la vista de encima.

—¿Y bien? —dijo cuando el saiyajin volvió a ponerse frente suyo—. Tenemos mucho de qué hablar. —Aceptó enseguida el fuego que le ofreció para encender su cigarro.

—Vamos a un lugar privado a hablar con calma. —Comenzó a caminar y Bulma no dudó en seguirlo.


Fin Introducción


La verdad es que no pensaba actualizar. Estoy pasando por un mal momento que me tiene bastante desanimada, pero creo que por eso es importante distraerme y escribir mientras pueda y me de la energía para hacerlo. Así que aquí está el capítulo. En el próximo comienza la primera parte de la historia.

Gracias por leer.

Dev.

20/08/20