Summary

Bulma se adentrará en Vegetasei con la misión de destruir la familia real y hacer caer el imperio saiyajin y sus aliados. En medio de su misión conocerá a Vegeta, el príncipe desertor, que luego de más de diez años de ausencia regresará a su planeta natal escapando de sus enemigos y portando un poderoso secreto capaz de cambiar el destino del universo.


El Legado II


Primera Parte


VI

El Comienzo del Fin


I know how to hurt, I know how to heal

I know what to show and what to conceal

I know when to talk and I know when to touch

No one ever died from wanting too much

(The World is not Enough / Garbage)


Planeta F- 675


Lo que quedaba de Vegeta ya no necesitaba grilletes para evitar escapar. Solo el collar drenador era suficiente para mantener al hombre en la celda, ya que apenas tenía fuerzas para respirar y continuar con vida luego de semanas de terribles torturas por parte de Freezer y sus hombres.

Su cuerpo de saiyajin estaba perdiendo la batalla al verse imposibilitado de sanar. Sin comida, agua y energía necesaria para reponerse, las heridas desistieron en cerrar y habían comenzado a infectarse, especialmente la del cuello con los metales filosos enterrados en la piel. Le faltaba la punta del rabo, su cuerpo desnudo estaba bañado en su propia sangre e incluso había perdido masa muscular. Y todavía no había revelado la ubicación de las esferas.

Era tanta la desesperación de Freezer que había sido capaz de mantener con vida al hombre pese a sus ganas de eliminarlo. Argon, antes de ser descubierto se había encargado de destruir la computadora creada especialmente para rastrear las esferas. No era completamente exacta, pero gracias a esta, habían podido rastrear un par. Vegeta podía tener por seguro que en cuanto la computadora estuviese terminada y recuperaran las esferas, su hora habría llegado.

No escuchó cuando abrieron la reja de la celda, ni cuando se le acercaron, pero en cuanto sintió un suave roce en su rostro, inconscientemente estiró la mano y apretó con casi nula fuerza y aún así logró ejercer un poco de daño.

—Tranquilo, Argon, soy Mai —susurró asustada y lo golpeó en la mano con insistencia para que la soltara o terminaría haciéndole daño de verdad. No podía levantar la voz, estaba arriesgando todo al haber pasado la vigilancia y meterse a la celda con las herramientas necesarias escondidas al interior de su abrigo.

Vegeta la soltó en cuanto reconoció su voz y permaneció en el suelo sin moverse. Ya había usado su reserva de energía en vano.

Mai intentó ignorar el paupérrimo estado en que se encontraba Argon. No lograba entender cómo continuaba con vida, pero así era y había decidido hacer algo al respecto, ya no podía soportar el infierno que se había vuelto cada día a causa de la furia de Freezer.

—Escucha —dijo y sacó las herramientas para comenzar a quitarle el collar de metal. Era bastante difícil considerando la escasa luz de la habitación y la sangre del hombre alrededor de todo el aparato, pero debía hacerlo rápido y bien, de lo contrario explotaría en sus manos y ambos morirían—. Freezer se volvió más loco de lo que ya es, piensa que alguien te está ayudando y ha comenzado a matar a seis personas entre trabajadores, esclavos y soldados por día. Pronto serán doce y no se detendrá hasta que alguien finalmente hable… Debes irte, llévate las esferas lejos de aquí y haz que pare esta masacre. —Debió detenerse cuando Argon luchó con ambas manos apoyadas en el suelo para sentarse. En esa posición pudo verlo mejor, y debió cubrir su boca para detener la arcada que le provocó ver las heridas a carne abierta en tan mal estado que abundaban en su cuerpo. Era como si ya estuviera muerto, solo que no se lo habían informado—. Quieto, aún no termino.

—Apresúrate —dijo en un hilo de voz, ya sentado y sin dejar de tiritar a causa del frío y el dolor, no era capaz de controlar su cuerpo. La posibilidad de poder abandonar el planeta lo hizo sacar otra oleada de energía. No moriría sin antes pelear.

Mai se arrodillo a su lado para continuar trabajando en su cuello, e ignoró la sangre que salió en abundancia al retirar los fierros oxidados de la carne del guerrero.

—Dejé una nave personal oculta en las antiguas instalaciones de Freezer, sé que no está cerca, pero ese lugar está deshabitado y no podía arriesgarme a que me vieran. Dentro de la nave hay ropa y un botiquín, aunque considerando tu estado… La nave es de las mejores y más veloces, asegúrate de ir lo más lejos que puedas, y llévate contigo estas malditas esferas. —Le dejó en el suelo junto a su mano una pequeña cápsula. Vegeta la miró con su único ojo funcional y la tomó con dificultad.

—¿Qué es esto?

—Una cápsula, es algo que aprendí a construir en la Tierra, dentro están las esferas… A esta hora hay recambio de guardias, imagino que se han relajado por el estado en que te encuentras. Si vas por la puerta norte es más posible que no encuentres tanta resistencia.

El guerrero no soltó más la cápsula y cuando vio parte del collar en el suelo volvió a hablar.

—No siento mi energía regresar.

—Eso pasa cuando se tiene mucho tiempo el collar… Te han torturado todos los días, necesitas tiempo para recuperarte… maldición —susurró molesta. No podía soltar todo el metal sin arriesgarse a activar el explosivo—. Necesito luz, no puedo seguir trabajando de memoria.

Vegeta ignoró su comentario e intentó ponerse de pie, pero resbaló a causa de su propia sangre. Mai debió afirmarlo de un brazo para ayudarlo a mantener el equilibrio y ponerse de pie.

—Déjalo así, tengo que irme ya.

—Tengo que sacarte todo el collar, de lo contrario estallará. —Jamás en su vida había pensado que podría sentir lástima por un saiyajin.

—Me matarán si sigo aquí, y a ti también si te encuentran. —Se dirigió a la salida de la celda, cojeando y con el rabo caído, desnudo, cubierto de sangre y heridas graves. Debió detenerse un momento para respirar y esperar que todo dejara de dar vueltas.

—Suerte —susurró Mai.

—Igual —respondió sin mirar atrás. Ya tenía todos sus sentidos atrofiados concentrados en escapar.

Mai no lograba comprender que pudiera moverse luego de tanto tiempo de violentas palizas. Recogió sus cosas y se apresuró en abandonar el lugar antes que el recambio de soldados apareciera.


Para cuando Vegeta encontró la nave apenas podía mantenerse de pie y respirar por su cuenta. En el camino debió matar a una gran cantidad de soldados que lo sorprendieron en su huida, y gracias a que se quitó el collar a la fuerza, pudo usarlo para deshacerse de varios a la vez que hubieran podido hacerle frente por su nivel de pelea, sin embargo la explosión dejó una herida considerable en su cuello que se sumaba a las cientas en todo su cuerpo.

Ya casi actuando de memoria, pues su cerebro estaba a punto de apagarse, abrió la compuerta de la nave ovalada y se sentó. Dejó caer la cápsula que protegió a toda costa, ignoró la ropa que estaba bajo el asiento y con manos temblorosas manipuló el botiquín hasta sacar las vendas que usó para vendar la grave herida del cuello e intentar detener la hemorragia, todas las demás podían esperar. Estaba pálido y cada vez con espasmos más violentos que dificultaban su manejo con la nave.

En cuanto prendió la computadora manchó el panel de sangre, pero no necesitó ver para digitar las coordenadas de destino, pues pese a todos los años transcurridos, las sabía de memoria. La compuerta se cerró y en menos de un minuto la nave se elevó a una velocidad sorprendente. Le tomó unos segundos recordar qué debía activar para acceder a la máscara de oxígeno, pero lo logró y sintió un poco de alivio luego de ponersela. Perdió la consciencia mucho antes que la nave lo indujera al sueño artificial.

Gracias al trabajo previo de Mai en la nave, Argon logró abandonar el planeta sin ser detectado por los radares.

Destino: Vegetasei.


Ocho meses después


Vegetasei


—La situación me hace pensar que no se trata de un simple hecho aislado —dijo el rey Vegeta sentado en su trono. Junto a él, de pie estaba la reina y repartidos por el lugar, también de pie, Paragus, otros hombres de confianza y todos los príncipes (incluso los niños), excepto Row. Todos habían sido llamados en medio de la noche luego de que apareciera muerto otro hombre cercano al reino. El cadáver, con claras heridas de brutales golpes, había sido encontrado en uno de los planetas pertenecientes al Vegetasei, y al igual que el primer cadáver, nadie se había adjudicado el hecho.

—Creo que es muy pronto para pensar que es un atentado al reino —dijo Rave con calma.

—Disculpe, su majestad —dijo Paragus preocupado—, pero son dos hombres cercanos al rey y usted.

—Por lo mismo, Paragus —respondió Rave—. Los conocía y considerando que los dos fueron encontrados muertos cerca de cantinas de mala muerte no me sorprende. Creo que ninguno de ustedes está sorprendido, ¿o me equivoco?. —El silencio de los presentes le dio la razón a la reina.

—No por eso vamos a dejar el asunto sin investigar —dijo Torn—. Borrachos o no, pertenecían a la casa real.

—No es lo que dije —respondió Rave mirando a Torn a los ojos—. Dije que no había que alarmarse antes de tiempo, sin embargo es algo que merece ser investigado.

Mientras los reyes y hombres de confianza continuaron conversando sobre lo sucedido y haciendo planes, Kyle bostezó sin ningún reparo, a lo que su hermano Tarble, le dio un pequeño codazo para que guardara compostura.

—No entiendo para qué nos llaman, si jamás nos prestan atención, yo podría saber quién mató a esos dos vejestorios y seguirían sin escucharme —susurró a Tarble. Los dos estaban en un rincón del salón con la espalda apoyada en la pared. No había sillas para el resto de los comensales, solo la del rey y sería de muy mala educación sentarse en el suelo.

—Es para que aprendas que no importa lo que se hable aquí —respondió en voz baja—. Al final de cuentas será el rey el que decida qué hacer.

—Eso lo aprendí hace mucho. No tiene sentido estar aquí. —Su cabello estaba totalmente despeinado, pues la hicieron asistir a la reunión pese a que llevaba ya varias horas durmiendo.

—El conocimiento es poder, Kyle, no solo la fuerza física. Tienes que estar al tanto de todo si quieres tener real poder.

—Solo quiero pelear —dijo cruzada de brazos, cargada en el hombro de su hermano—. Y a decir verdad ahora solo quiero dormir, y tal vez comer algo antes de irme a la cama.

Kyle, con casi 14 años, había crecido varios centímetros y ya no lucía como la niña pequeña que en algún momento fue a rogar por información de su madre a Bardock. Su cuerpo se había desarrollado y ahora lucía como una adolescente de 17 años que cada vez era más parecida a la difunta reina.

—Se debería investigar al reino de Trantor —dijo Torn—. Esos cabrones no han querido llegar a un buen acuerdo, no me extrañaría que ellos hubieran tramado todo esto.

—Que tú hayas tenido problemas con ellos no quiere decir que sea con el reino entero —espetó Rave.

—Soy hermano del rey, ¿qué más cercano al reino tengo que ser? —dijo molesto de que Rave le cuestionara cada intervención.

En otro lugar de la sala estaba Lok, intentando prestar atención, pero el sueño era más fuerte. Su hermana Berry ubicada detrás de él, apoyaba los brazos en sus hombros de forma protectora mientras conversaba en voz baja con Leek, que estaba junto a ellos. Rasp, de aspecto demacrado y barbón, se mantenía de pie apartado de ellos, fumando, sin intenciones de fingir que escuchaba la conversación.

—Como sea —dijo el rey—. Enviaré un delegado a cada planeta para que investigue a fondo lo sucedido… si hay alguna similitud entre ambos casos será más fácil rastrear a algún culpable. Paragus, encargate de escoger a los enviados.

—Sí, Su Majestad.

—Mientras tanto, todos continuaremos con nuestras vidas y obligaciones. Y ordenaré poner guardias extras a los príncipes Lok y Kyle.

—No… —alcanzó a exclamar Kyle, pero fue callada por la mano de Tarble que le apretó el brazo con rapidez, justo a tiempo para que nadie notara el grito frustrado de la joven.

—Solo harás que pongan más vigilancia —susurró, sin dejar de mirar al frente, atento de cada palabra—. Aprende a guardar silencio ahora y después podrás seguir escapando de palacio como siempre lo haces.

—Sabías que… —Lo miró de reojo—. Sabías que escapo de palacio.

—Cuando te dije que hay que estar informado de todo, me refería a todo.

Kyle volvió a bostezar, pero esta vez se cubrió la boca con la mano, y Tarble continuó alerta y en silencio.

—¿Cómo que no sabes dónde está Row? —susurró Leek—. Ya debería estar en el planeta. Su escuadrón llegó, debería haber llegado con ellos.

—Te repito —respondió Berry, sin dejar de mirar al frente. De a ratos acariciaba la cabeza de Lok con intensidad para que no se durmiera—. La comunicación era mala, la última vez que me comuniqué con él fue cuando salía del planeta. No sé más.

—Tampoco se ha comunicado conmigo. Su escuadrón no sabe nada de él, y no he podido contactar a su comunicador. Lo tiene apagado, y él no hace eso.

—Lo sé muy bien, no tienes que repetirlo —musitó con la cara tensa—… Tal vez deberíamos mencionarlo, pero si hacemos un escándalo por nada lo haríamos quedar muy mal.

—Tienes razón, tal vez la nave se descompuso, pediré que la rastreen y luego decidiremos qué hacer.

—¿Le pasó algo a Row? —preguntó Lok mirando a su hermana.

—No —respondió Berry—. Tan solo se atrasó, y odio cuando me hagan esperar. Ahora presta atención a lo que dicen al frente.

El niño volteó y continuó luchando para no dormirse de pie.


(...)


Un día después...

Tarble no tardo en abrir un par de ventanas de la biblioteca cuando Bulma y Ginn encendieron otro cigarro. No le gustaba que el lugar quedara con olor a humo y mucho menos que los libros se impregnaran de aquel mal olor, pero no podía hacer nada contra ese mal hábito, mucho menos desde que Bulma se lo contagió a Ginn cada vez que bebían.

—Tranquilo, no vamos a quemar tus preciosos libros —dijo Ginn ya algo mareada. Bulma bebía vino de otra botella, uno más suave para ella, ya que si consumía el mismo alcohol que los saiyajin podría terminar muerta con un agujero en el estómago.

—Prefiero no correr el riesgo —dijo, y regresó al sofá, donde estaba Bulma sentada, cerca de él. La saiyajin estaba frente a ellos en un cómodo sillón.

—Puedes continuar, Ginn —dijo Tarble con tranquilidad.

Ginn siguió hablando del nuevo tipo de misiones que estaba haciendo con Raditz, y lo bien que les serviría tener a alguien como él apoyando tal empresa. La saiyajin hablaba con la confianza que le daba el conocer a Tarble por tantos años, de lo contrario no estaría revelando tanta información a un príncipe cerrado de mente y acostumbrado a las arcaicas tradiciones del planeta, después de todo ya habían pasado más de diez años de lo ocurrido con la anterior reina, pero los miedos continuaban, y por eso había que ser tan cauteloso.

Bulma continuó con su copa de vino en una mano y cigarro en la otra, escuchando a Ginn. Ya eran ocho meses trabajando en el área de mecánica de Vegetasei, y antes de cumplir un mes, logró llamar la atención del príncipe Tarble. La verdad es que no había sido nada difícil, para su sorpresa los dos tenían muchos más temas de conversación e intereses en común de lo que pensaba, así que lo que ella pensó sería forzado para lograr tener acceso a palacio, terminó siendo natural e incluso agradable. A causa de esta amistad inesperada, la mujer también conoció a las personas que formaban parte del círculo íntimo del príncipe, y por supuesto, varios integrantes de la familia real. El tener más contacto con otros saiyajin, sirvió para darse cuenta que no todos eran como los describían y que muchos no tenían intenciones de asesinar indiscriminadamente, lo que no significaba que su objetivo hubiera cambiado, solo había sido un dato interesante a tener en mente.

En cuanto a su trabajo en el departamento de mecánica, cumplia con sus labores como toda una profesional, pero se preocupaba de no llamar la atención, y mucho menos innovar, pues no era la idea ayudar a los saiyajin con nuevas tecnologías, aún así, con su personalidad dominante y exigente, ya casi podía ser considerada como una de las jefas dentro de su sección sin haber sido designada como tal.

—De eso trata mayoritariamente —dijo la saiyajin entusiasmada.

—Sería un cambio radical que todos los escuadrones se dedicaran a algo así, no solo misiones de conquistas y guerras —comentó Tarble pensativo.

—Lo sé, pero mientras tanto trabajamos casi a escondidas como si estuviéramos haciendo algo malo —dijo con el cigarro en la boca y acostada de lado en su mullido asiento.

—¿Qué tan descabellado sería aplicarlo en gran escala? —preguntó Bulma.

—Terminaríamos todos decapitados en el coliseo solo por dar la idea —respondió Ginn de forma natural—. No llevas mucho tiempo aquí, pero imagino que ya te hiciste la idea de cómo funciona todo.

Bulma guardó silencio. A veces le daba ganas de preguntarles por qué seguían metidos en el planeta, aceptando sus barbáricas reglas y costumbres cuando podían tomar una nave y no volver más, pero no quería involucrarse más de lo que ya estaba.

—Puedes decirle a Raditz que estoy interesado en ayudarlos, pero sin que nadie más se entere, ni siquiera su gente del escuadrón —dijo Tarble.

—Genial. Eso merece abrir otra botella.

—Todavía está la mitad de la primera —dijo el joven príncipe sonriendo.

—Pero en algún momento se acabará.

La velada continuó relajada hasta que la puerta cercana a ellos se abrió. Solo Broly tenía permiso de pasar la guardia que se encontraba a varios salones de distancia, pero no se trataba de él, sino que Berry y Leek que no se molestaron en golpear.

—Berry, Leek —exclamó Ginn cínica mientras se servía otro vaso de licor—. ¿Vienen a compartir con nosotros? No los veía desde antes que Tarble le rompiera el corazón a tu amiga, Berry.

Berry ignoró a Ginn y se dirigió exclusivamente a Tarble. Se veía que no tenía ánimos para nada.

—Seré breve, Tarble. Row lleva desaparecido varios días y este último tiempo compartió demasiado contigo.

—¿Y qué intentas insinuar con eso, Berry? —preguntó Tarble, mirándola.

Bulma guardó silencio pero prestó atención a cada palabra que se decía en esa habitación.

—No entiendo por qué Row pasaría tiempo con un perdedor como tú —respondió Leek, mucho más alterado, adelantándose a Berry que era quien mantenía la calma— Es demasiado sospechoso todo.

Ahora fue Ginn la que se adelantó a la respuesta de Tarble.

—Pues quizás tu hermano se aburrió de ti, cabeza hueca. El pobre ha soportado por años tenerte como lastre.

Leek quiso responder, pero Berry lo detuvo con una mano en el pecho.

—Te crees muy atrevida solo porque tienes la protección de un príncipe.

—Y de un príncipe de verdad —dijo haciendo un brindis—. No uno con título regalado.

Berry frunció el ceño ante aquella respuesta y volvió a dirigirse a Tarble.

—Necesito que me digas todo lo que hablaron.

—Berry, siento mucho lo que está pasando con Row, pero creo que nada de lo que compartimos pueda ayudarte, solo fueron conversaciones normales entre dos personas que disfrutan de la literatura.

—Eso lo decidiré yo.

—¿Acaso soy sospechoso de su desaparición? —preguntó más serio—. Si no me equivoco los hombres de tu madre están trabajando en su búsqueda y nadie me ha indicado como sospechoso y mucho menos responsable. Espero que todo sea un mal entendido y pronto esté de regreso. Ahora les pido que se retiren, no quiero tener que llamar a los guardias.

—Te estaré observando, remedo de guerrero —sentenció Leek.

—Veamos qué tanto dura tu poder de concentración, primo —respondió Tarble, ya mirando a las mujeres que lo acompañaban.

Berry los miró con desprecio, incluso a Bulma por un segundo y se retiró con Leek detrás de ella.

—Es increíble que incluso con un ser querido perdido esos dos sigan comportándose como un par de perras —dijo Ginn.

—Están preocupados, yo también lo estaría —respondió Tarble. Ginn no dijo nada ante su comentario, ya que enseguida se le vino a la cabeza Vegeta, del cual no sabían nada después de tantos años.

—¿Todavía está perdido el príncipe Row? —preguntó Bulma.

—Sí —respondió Tarble—. Hay algunos sospechosos de su desaparición, pero son solo suposiciones… Y por lo visto yo también estoy en la lista.

—No les hagas caso —dijo Ginn relajada—. Joden por joder. Seguramente Row se está dando un descanso de esos dos… Qué bueno que terminaste con esa otra guerrera… ¿Lee se llamaba, verdad? Nunca me gustó, y detestaba tener que ver a Berry cuando nos reuniamos.

—Terminaste con esa chica, Tarble —preguntó Bulma sorprendida.

—Sí —exclamó Ginn, sin darle oportunidad a Tarble de hablar—. Fue tanto lo que destrozó su pobre corazón que la pobre se fue de misión a un planeta lejano para tratar de olvidar al adorado príncipe.

—Siempre tienes que exagerar todo —dijo el joven avergonzado.

—No tienes cara de rompecorazón, Tarble —Ahora Bulma se unió a las burlas.

—Hubieras conocido a Tarble cuando niño, era tan pequeñito y delgado que honestamente pensé que moriría virgen, y ahora es todo un hombre guapo y musculoso que anda conquistando jovencitas para usarlas y luego dejarlas.

—Ginn, basta.

Bulma rio ante las palabras de Ginn. Y a decir verdad, conocía perfectamente a Tarble por las cientos de fotos que vio de él durante el tiempo que lo investigó.

—Siento interrumpir tan agradable noche, pero tengo que irme —dijo Bulma mirando su reloj de pulsera. Apagó el cigarro en el cenicero de la mesa de centro y se puso de pie.

—Te vas justo cuando iba a contar historias embarazosas de Tarble.

—Guárdalas para la próxima vez. Tarble, ¿puedo...?

—Sí, sí, saca lo que quieras —respondió el príncipe, a sabiendas de lo que se refería.

Bulma se acercó a uno de los tantos muebles para ver qué libro podía sacar.

—Si es para Gohan, busca uno de animales —dijo Ginn—. Pero ahora el enano por fin entró en razón y se está interesando en los combates.

Bulma hizo una mueca ante ese último comentario. Le tomó unos segundos encontrar un libro de anatomía de animales de diferentes planetas. Luego tomó una caja larga que había dejado sobre la mesa y se retiró de la biblioteca.

No caminó por los pasillos que transitaban los príncipes o guardias, sino por los pasillos que usaba la servidumbre para no molestar a la monarquía. Milk se los había enseñado hace mucho tiempo, y por supuesto, se había encargado de investigar y memorizarlos todos., incluso aquellos que se suponía ya no estaban en uso. Le tomaba más tiempo llegar a los destinos, pero era mucho mejor, ya que nadie la veía, y la amistad de Tarble solo le permitía andar sin problema por el sector de su habitación y alrededores, nada más.

Una vez en la cocina del palacio, fue directo a Milk que estaba sentada junto a una gran mesa de madera cortando carne para la cena de los reyes. Saludó a un par de cocineras que ya la conocían de tanto que transitaba por el lugar y dejó el libro y la caja sobre la mesa, alejada de la carne para que no se fueran a estropear.

—Esto es para Gohan —dijo relajada, totalmente diferente a como estaba Milk.

—Dime por favor que no tengo nada que ver —susurró Milk y se aseguró que nadie más estuviera cerca.

—¿De qué estás hablando?

—Sabes de qué estoy hablando, de la desaparición del príncipe. Me hiciste ponerle ese polvo en la comida por tanto tiempo, y ahora está desaparecido, nadie sabe dónde está. —Continuó cortando la carne con el cuchillo, mucho más rápido y agresiva.

—Milk, ya hablamos de esto… No estás haciendo nada malo, estás ayudándome a hacer justicia… No puedo creer que no recuerdes nada de tus años en la Tierra —dijo casi juzgandola.

Bulma había conocido a Milk al poco tiempo de llegar al planeta y no tardó en identificarla como humana. Se valió de sus discursos de terrícola sobreviviente y promesas de un futuro mejor para Gohan si la ayudaba, y pronto se hizo una interesante aliada dentro de palacio.

—Tengo miedo. Al principio era divertido enseñarte los pasillo secretos del lugar y cómo se podía llegar a las habitaciones de los príncipes sin ser descubiertos, pero debí detenerme cuando cruzaste todo los límites.

—Desde el comienzo fui honesta contigo, Milk, y no te preocupes, que nadie nos descubrirá… En el peor de los casos podrían atraparme a mí, pero tú estás a salvo… Además sabes que en cuanto me lo pidas puedo enviarte a ti y a Gohan al planeta que quieras, tengo contactos poderosos que podrían protegerte y darle a Gohan la educación que se merece, pero tu insistes en quedarte aquí.

—No voy a abandonar a Kakarotto. Es el padre de Gohan. Si nos vamos, nos vamos los tres.

—Como sea… Tú decidiste arruinar tu vida enamorandote de un saiyajin, pero la oferta sigue en pie, y relájate, que no les pasará nada.

—Lo intentaré —dijo sin mirarla.

—Así me gusta —dijo amistosa y se retiró de la cocina. Tenía mucho trabajo que hacer.


5 años atrás


La imprudencia sumada a la extrema confianza de Kakarotto le hicieron pasar una mala jugada dentro del ejército de reserva que debió pagar de la peor manera. Creyendo que ya era capaz de hacerle frente al general Straw, no dudó en retarlo frente a todos los hombres que dirigía y sus compañeros de escuadrón. Su comandante en ese entonces le llamó la atención por la falta de respeto a un superior, pero el desafío ya estaba hecho y Straw no tuvo más remedio que aceptar. La idea de Kakarotto era humillarlo en público y luego en privado encargarse de él, pero nada salió como deseó.

Terminó humillado y golpeado, tirado en el piso, y si bien fue capaz de lastimar al general, no logró hacer explotar ese inmenso poder que lograba sacar a flote en momentos que verdaderamente lo necesitaba. Pues bien, esta vez era cuando más lo necesitaba y no estuvo a la altura, y lo que más detestó y dolió fue que el hijo de puta no fuera capaz de recordarlo, lo que significaba que la muerte de su madre había sido una más en su lista y no le había importando en lo absoluto.

Lo que seguía era morir decapitado en frente de sus compañeros por sublevación y haberle faltado el respeto así a un general, sin embargo, Kakarotto estaba considerado entre los mejores, y no estuvieron dispuestos a perder a tan buen soldado, por lo tanto, su castigo consistió en quitarle sus privilegios y enviarlo a un planeta lejano para realizar tareas menores, indignas de un soldado en su posición.


Luego de una semana aburrida en la cual tuvo que supervisar trabajos, acarrear cosas pesadas y evitar peleas entre esclavos y trabajadores borrachos, Kakarotto pensó que no lograría terminar el castigo de un mes y terminaría volviéndose loco de aburrimiento. Ni siquiera las salidas nocturnas con otros compañeros castigados lograban distraerlo para olvidar la humillación, ya que los golpes continuaban en su piel, su ojo derecho se mantenía hinchado y el recuerdo de su madre siendo llevada a la fuerza por el padre de Ginn estaba grabado en su corazón. No importaba cuánto bebiera de noche, cuánta comida consumiera, ni la hermosa compañía femenina por la que había que pagar; no podía cambiar su pésimo humor.

Fue a comienzos de la segunda semana de castigo que todo cambió. La noche anterior no fue a embriagarse con sus compañeros, lo que lo dejó de ánimo para explorar el mercado del pueblo en busca de algo bueno para comer, aburrido de la horrenda comida de los bares. Cuando niño fue su madre la que se preocupó de cocinar, luego Raditz, y ya que él no tenía dotes de cocinero, su nariz fue la encargada de encontrar un lugar entre tantos negocios abiertos que ofrecían una gran variedad de platos. Y vaya que acertó, tanto que el segundo día nuevamente se presentó, a la misma hora para asegurarse de encontrar a la misma linda y talentosa cocinera.

Se sentó en el mismo lugar que el día anterior, en la parte exterior del local con conexión al interior. Había espacio para tres personas, pero tal como pasó la primera vez, los otros dos puestos no se ocuparon al ver que se trataba de un saiyajin bastante intimidante con su metro ochenta y cuatro centímetros de alto y el cuerpo lleno de heridas. La gente que pasaba por la calle y los trabajadores del local lo evitaron, igual que todo el mundo solía hacerlo con esa raza, excepto por la jovencita.

Qué puntual —dijo Milk, de 16 años desde el otro lado del mesón. Su sonrisa creció al ver que se trataba del saiyajin, tal como había esperado—. ¿Vas a querer lo mismo de ayer?

Lo que sea que hayas cocinado tú —dijo también sonriendo. No solía andar riendo, hace mucho tiempo que no tenía razones para hacerlo, pero con ella no podía evitarlo, le gustó en el momento en que la vio, y mucho más después de saber que ella cocinaba tan ricas comidas.

Ya lo traen —respondió Milk, sin intenciones de marcharse a trabajar. Su cabello negro lo tenía amarrado en una cola que caía sobre su hombro derecho y vestía un delantal blanco sobre la ropa, todo muy limpio y ordenado, todo lo contrario al desastre que era Kakarotto con sus heridas frescas y su cabello despeinado, y aún así encontraba que era el hombre más atractivo que había visto en su vida—. ¿Te quedarás mucho tiempo en este planeta?

Me quedan tres semanas.

Qué bien, si vienes todos los días a comer aquí podría hacerte un descuento —dijo coqueta. Recibió la bandeja con la comida caliente que traía uno de los cocineros y la dejó en el mesón para que el saiyajin pudiera comer a gusto.

Dalo por hecho —respondió Kakarotto, a punto de ponerse a engullir, pero se controló y comió de forma más calmada para no ensuciarse ni derramar de la sopa.

Durante el almuerzo conversaron de temas irrelevantes, se dijeron sus nombres y Kakarotto debió contarle una historia no tan violenta de cómo se había hecho las heridas y por qué estaba castigado en este planeta. No recordaba cuándo se había sentido así de bien, la comida era deliciosa y no se sentía enojado mientras conversaban.

Esto es lo mejor que he comido —exclamó feliz, luego de terminar el tercer postre—. Eres muy talentosa.

Cuando termines de trabajar puedes venir a verme. De noche preparo platos nuevos, y me vendría alguien con tu nariz para opinar.

¿No te meteré en problemas? —preguntó mirándola a los ojos. Milk sonrió por su mirada inocente, no entendía por qué la gente le tenía tanto miedo.

No, mis padres son dueños del restaurante y ya están mayores, así que me encargo de cerrar, y ya que es peligroso salir de noche, me quedo trabajando en platos nuevos para incluir en el menú.

Entonces aquí estaré a la noche. —Dejó el dinero en el mesón junto con una jugosa propina (había traído dinero más que nada para pagar a prostitutas, comida y alcohol, que era lo que hacían los soldados cada vez que salían del planeta, pero sus planes habían cambiado).

Entonces es una cita —dijo Milk sonriendo—. Guardó el dinero en el bolsillo de su delantal y se apresuró en llevar la bandeja, ya había estado mucho tiempo sin ir a la cocina y si su madre se daba cuenta la reprendería.

Kakarotto alcanzó a despedirse con la mano y pronto caminó por el lugar de regreso a su trabajo con el estómago lleno y el alma apaciguada. Le tomó unos minutos darse cuenta en lo que se había metido. No era un hombre de citas, jamás había tenido una relación más allá de sexo casual con alguna saiyajin y las prostitutas a las que le pagaba. Estaba acostumbrado a despertar pensando en combates y dormir con la venganza en su cabeza, ¿qué demonios se hacía en una cita? ¿Debía llevar algo? Seguramente tendría que bañarse… Por un momento estuvo a punto de ir volando al cuarto que arrendaba para tomar su scouter y comunicarse con su hermano en busca de consejos, incluso Ginn sería de utilidad para saber qué hacer y decir para no arruinarlo, pero se calmó. Esta era la segunda vez que veía a Milk y había resultado bien, incluso ya tenía una cita. No necesitaba a nadie para no estropearlo… Y sí, definitivamente se bañaría y pondría ropa nueva.


(...)


Cuando Milk llegó a su casa, encontró a Gohan y Kakarotto sentados a la mesa. El niño tenía su cuaderno de caligrafía y su padre un sándwich a medio comer. Se acercó a los dos, y luego de varios besos a sus dos hombres dejó las cosas que Bulma le obsequió en la mesa.

—Esas cosas son para ti Gohan, de Bulma. —Fue directo a la cocina para preparar la cena. Pese a lo tarde que era, le tenía prohibido a Kakarotto cocinar, luego de que la última vez quemó toda la comida por dejarla desatendida, y aunque no lo hubiera hecho, el resultado hubiese sido desastroso igual.

El niño, de 4 años, se emocionó al escuchar el nombre de la mujer, ya que siempre le hacía obsequios entretenidos e interesantes.

—Papá, ayúdame a abrirlo —dijo entusiasmado.

—¿Qué se supone que es esto? —preguntó cuando abrió la caja para que Gohan pudiera sacar el regalo de la caja larga.

—Es un telescopio, papá. Es para ver las estrellas.

—Podemos ver las estrellas cuando salgamos en la nave —dijo sin entender la utilidad del objeto.

—¿Podemos llevarlo a las montañas? Desde ahí podemos ver mejor todo.

—Claro que sí —respondió Milk sin voltear para verlos, preocupada de cortar las verduras—. Pero luego de comer. —Estaba empecinada en que su hijo se interesara en cualquier cosa menos las peleas, pero con Kakarotto hablando de combates todos los días era muy difícil.

—Sí —exclamó feliz y continuó igual por la sorpresa que le daría a su mamá—. Mamá, papá se va a quedar en casa por dos meses.

—¡Eso es maravilloso!

—¡Sí, se va a quedar entrenando para el torneo! —comentó ahora hojeando el libro.

Milk dejó las verduras para mirar a Kakarotto. Le encantaba que se quedara por tanto tiempo, pero el motivo no era lo que le agradaba.

—¿Vas a entrenar todo este tiempo?

—Sí, el torneo de este año tiene un premio muy grande, y nos vendría bien ganarlo.

—¿Voy a poder entrenar contigo, papá?

—Claro que sí —respondió contento, acariciándole la cabeza hasta despeinarlo. Por fin su hijo estaba interesándose en las peleas y eso lo llenaba de alegría—. Cuando tengas edad podrás participar en el torneo infantil.

—¿En cual vas a participar tú, papá?

—En el torneo de grupos e individual, sé que puedo ganar los dos, pero para eso tengo que tener un buen grupo y entrenar.

—Yo te ayudaré, papá. Podemos decirle a Raditz y Ginn.

—Sí, estaba pensando en ellos.

Milk miró con lástima como su hijo dejó de lado los regalos y se concentró en la conversación con su padre. Al parecer ahora era mucho más interesante saber acerca de las reglas del torneo que ir a ver las estrellas o un libro sobre animales de diversos planetas.

—Gohan, ve a lavarte las manos.

El niño tan bien educado subió corriendo a su cuarto al segundo piso para alistarse para cenar. En cuanto quedaron solos, Kakarotto aprovechó la oportunidad y fue hasta ella para abrazarla y besarla.

—Prométeme que no harás pelear a Gohan —dijo preocupada. Respondió los besos, pero no estaba del mismo humor que el saiyajin.

—Lo haré entrenar de acuerdo a su edad, tranquila. —Por él, Gohan ya debería estar llegando a casa con los ojos morados y varias heridas en su cuerpo, pero para mantener contenta a Milk, se había estado frenando, pero ahora que el niño estaba con ganas de conocer las peleas, lo incluiría en su entrenamiento de preparación para el torneo para que se vaya adecuando y conozca cómo funciona todo—. Solo lo haré mirar, y practicar movimientos, no va a pelear con nadie.

—¿Me lo prometes? —preguntó mirándolo a los ojos. Tenían sus frentes pegadas y él insistía en besarla.

—Lo prometo.

Milk finalmente cedió, y se dejó besar y tocar por Kakarotto, al menos hasta que escuchara a Gohan regresar.


(...)


—Cuando Vegeta perdió a su hijo pasó años enteros enviando investigadores para encontrarlos, y estoy seguro que hasta el día de hoy lo hace, pero mi hijo se puede ir al demonio —dijo Torn, caminando de un lado a otro en su habitación.

—Vegeta está preocupado de otros asuntos, pero ya envié a buscar a tu hijo al lugar donde la señal de la nave se perdió. Son mis mejores hombres, no tienes que preocuparte —respondió Rave, sentada en sitial junto a la ventana—. Tu hijo es fuerte y muy inteligente, si algo le pasó estoy segura que sabrá cuidarse hasta que llegue la ayuda.

—Lo sé —respondió un poco más calmado. Se sentó a los pies de la cama y se obligó a respirar con calma. Si fuese Leek no le extrañaría en nada aquel comportamiento, pero Row era diferente, era ordenado y responsable, y algo en su interior lo hacía mantenerse alerta por su desaparición. Aceptó a Rave cuando se sentó en sus piernas y recargó la cabeza en su pecho—. Para una próxima ocasión me vendría bien un poco de tu apoyo, siempre me discutes todo.

—No voy a dejar de decir lo que pienso… Además siempre te he discutido, si comienzo a apoyarte, Vegeta puede sospechar—. Besó su frente, y ordenó su cabello que comenzaba a escasearle.

—Me gustaría ser tan fría y metódica como tú.

—Déjame eso a mí, mientras que tú te encargas de explotar y hablar con cero educación, sabes que me gusta. —Volvió a besarlo en la frente.

Torn suspiró, incapaz de alejar ese sentimiento de opresión en el pecho.


(...)


No solía ser muy seguido, pero Kakarotto visitaba a su padre en ocasiones esporádicas. Ya sea cuando necesitaba algo o Raditz le pedía que lo acompañara a verlo, en aquel caso terminaban comiendo juntos, conversando un poco y luego partía para su casa. La relación jamás volvió a ser como en un comienzo, pero el trato era mucho mejor que cuando era niño y no quería saber nada de su padre. Ahora podían convivir de manera pacífica en la misma habitación, sin que el retoño le recriminara un sinfín de cosas que el padre ciertamente merecía.

Cuando entró a la casa de Bardock, lo encontró sentado sobre el respaldo del sofá con Kyle también sentada en el diván viejo, entre las piernas del hombre mientras él cosía una herida de su hombro y ella comía un pedazo de pan con carne.

—¡Ay! ten cuidado —exclamó la jovencita cuando la aguja penetró demasiado su carne.

—Deja de comer un momento, aún no termino —respondió Bardock con el ceño fruncido, intentando terminar de cerrar la herida.

—Tengo hambre —respondió Kyle como si con eso bastara para comprenderla.

—Entonces no reclames, o al menos deja de moverte.

—Si no supiera que eres la princesa, podría apostar que no tienes dónde vivir —dijo Kakarotto para que la pareja notara su presencia. Los dos lo miraron, y saludaron casi al mismo tiempo.

—Siéntate —dijo Bardock mirándolo de reojo, aún atento a terminar de coser la herida de Kyle—. Come lo que quieras.

—¿Lo preparaste tú? —preguntó Kakarotto desconfiado, mirando de reojo la comida de la mesa. Olía demasiado bien como para que Bardock o Kyle lo hubieran cocinado.

—Raditz, la última vez que vino —respondió Kyle, sin dejar de mirarlo.

Eso fue suficiente para Kakarotto. Se sentó junto a la mesa y comenzó a comer con ganas.

—Cada vez que vengo te encuentro metida aquí.

—Pues tú deberías venir más seguido a ver a tu padre. Cada vez que vengo nunca te veo aquí.

Kakarotto le hizo una mueca y prefirió seguir comiendo.

En cuanto terminó de trabajar en la herida de Kyle, Bardock se levantó del sillón y fue a sentarse a la cabecera de la mesa, Kyle hizo lo mismo y se instaló a la derecha del guerrero, quedando frente a frente con Kakarotto.

La joven saiyajin vestía un peto deportivo que no tenía mucho para rellenar, pero sus piernas y caderas estaban mejor formadas y las cubría con un pantalón de entrenamiento color azul que le llegaba hasta más abajo de las rodillas. Amarraba su cabello con una cola y parte del flequillo se iba a sus ojos. Era una adolescente bastante linda.

—Voy a participar en el torneo —dijo Kakarotto a su padre—, y quiero entrenar en alguna de las instalaciones subterráneas de la Zona.

—Dalo por hecho —respondió Bardock, y prendió un cigarro.

—¿También vas a participar en el torneo? —preguntó Kyle. Dejó su comida de lado para prestarle atención al joven.

—Sí, en el torneo individual y de parejas. ¿Tú vas al torneo infantil?

—Ya tengo edad para participar en el de adultos —dijo molesta—. ¿Ya tienes gente para el torneo grupal?

—Le diré a Raditz y Ginn.

—Te faltan dos personas, yo puedo participar con ustedes.

—Olvidalo, quiero ganar, no quiero una niña.

—Raditz estará de acuerdo que participe con ustedes.

—Pero soy yo quien está formando el grupo, y no te quiero ni entrenando ni participando en mi grupo, niña. —No le agradaba Kyle. No era nada personal contra ella, pero el ver a una copia de la reina en la casa de su padre le hacía recordar que Bardock prefirió en todo momento a Koora por sobre su madre, lo que hizo que todo terminara tan mal entre ellos.

—Casi gano el torneo del año pasado.

—Exacto, te ganó un niño de nueve años.

—Bardock —dijo Kyle al guerrero que se había concentrado en su cigarro en lugar de aquella discusión sin sentido—. Nosotros entrenamos juntos, dile a tu hijo que soy totalmente capaz de participar en el torneo de adultos.

—No soy un niño, Kyle —respondió Kakarotto—. Mi padre no va a decirme qué puedo hacer o no. Bardock, podrías explicarle a Kyle que no es buena pieza para competir en grupo, no tiene ni el tamaño ni el peso para enfrentarse a guerreros grandes.

—No voy a participar en sus peleas, ya se los dije la otra vez. —Fue todo lo que respondió Bardock. Se sintió tan extraño en estar en una situación así, como cuando Raditz y Kakarotto discutían durante el almuerzo.

—Voy a demostrarte lo buena guerrera que puedo llegar a ser. Vas a rogar que participe en tu grupo.

—No es necesario, y no pienses en ir a llorar con Raditz para que te incluya.

Kyle le dio un mordisco a su pan, más molesta todavía. Se frustraba tanto cuando la trataban de niña, especialmente Kakarotto que no sabía qué hacer para que la notara y dejara de tratarla de esa forma cada vez que se veían. Estaba consciente de que tenía un hijo y pareja, los conocía a ambos, pero ya se le había metido en la cabeza y no podía hacer mucho al respecto.

Ya que las luchas era algo que los tres tenían en común, el tema del torneo fue lo que acaparó el resto de la conversación y cuando la comida ya estaba por terminar, Kakarotto dio por finalizada la visita, no sin antes repetirle a Kyle que no estaba invitada a participar en los entrenamientos, y ella por supuesto le respondió con una pesadez.

—Voy a participar en el torneo le guste o no —dijo molesta, revisó su reloj bajo el guante blanco y se puso de pie—. Tengo que irme, me están esperando para almorzar. Bardock la quedó mirando y ella respondió encogiéndose de hombros—. Tengo hambre.

—No vengas a la noche, no estaré en casa y no sé a qué hora estaré de regreso.

—¿Tienes cita con alguna mujer? —preguntó levantando la ceja y sonriendo, a lo que el hombre frunció el ceño.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Qué aburrido eres. Te vendría bien ver alguna mujer, u hombre, eres tan reservado que no sé cuáles son tus intereses. —Se puso de pie y le dio un beso en la mejilla antes de marcharse—. Sea lo que sea que vayas a hacer, pásalo bien.

Bardock no respondió.


(...)


En cuanto Row recobró la consciencia y abrió los ojos, intentó moverse, pero le fue imposible. Sus manos estaban atadas detrás de su espalda y se encontraba tan golpeado y débil que cuando el otro saiyajin lo tomó del cuello de la armadura destrozada para obligarlo a arrodillarse, no pudo hacer nada al respecto. No recordaba mucho, salvo que se había enfrascado en una fiera pelea con el guerrero y pese a sus intentos no fue capaz de pelear a su máxima capacidad. Se sentía mal, más allá de los golpes. Enfermo, con molestias desde el interior de su cuerpo.

—¿Qué está pasando? —dijo, y más sangre salió de su boca. No se escuchaba bien su voz, el viento soplaba tan potente que apenas se pudo oír. Cuando alzó la cabeza vio a dos personas más junto al saiyajin. Un hombre que no reconoció que estaba más apartado, evidentemente afectado por el frío, y la otra, una mujer que identificó a la perfección—. Bulma… ¿qué pasa? ¿por qué me...? Vomitó lo último que había comido mezclado con sangre, y no pudo seguir hablando.

No entendía qué pasaba, por qué no pudo pelear como debía, qué estaba haciendo esa mujer amiga de Tarble ahí con ese saiyajin castrado y el otro hombre. Había acudido al planeta muerto luego de una llamada de emergencia desde el scouter personal de Berry, y cuando intentó comunicarse con ella, solo recibió estática.

—Esperé tantos años por esto —dijo Bulma. No dejaba de mirar a Row, pero en realidad le hablaba a todos los saiyajin que tenía como objetivo—. Tantos años soñando el momento para que tu raza comenzara a caer y salvar la galaxia de tanta muerte.

Row nuevamente intentó hablar, pero la sangre regurgitada se lo impidió.

—Bulma —dijo Yamcha cuando se puso a su lado. No dejaba de mirar de reojo al saiyajin sin rabo que parecía no alterarse por el frío polar pese a no estar abrigado. No le daba confianza—. Termina con esto ya, no es sano.

Bulma también tenía frío, había pensado que el abrigo especial que usaba bastaría, pero no por eso no disfrutó su momento. Meses de preparación, de ganarse la amistad y confianza de Tarble, meterse a palacio, conocer algunos miembros de la casa real por fin estaban dando sus frutos. Ya había eliminado a unos hombres menos importantes cercanos a la corona, pero esto era un paso muy grande.

—Lo siento Row, no es contra ti. De todos eres el príncipe más cuerdo —dijo la joven mujer. Sacó de su abrigo una pistola negra de plasma, muy parecida a las armas antiguas que usó alguna vez en la Tierra, pero esta era mucho más moderna y poderosa, y lo sabía muy bien porque ella la había fabricado especialmente para este momento. La activó y las pequeñas luces comenzaron a encenderse a medida que se iba cargando—. Pero necesito enviar un mensaje importante y qué mejor que tú para eso. No es posible que tu raza disponga de millones de vidas como si se trataran objetos. Nos esclavizan, nos matan y nos comercializan... Es increible que nadie hubiera hecho esto antes...

—Bulma —dijo Yamcha intentando hacerla entrar en razón. Este ya sería el tercer saiyajin que mataba en poco tiempo, pero un príncipe era algo demasiado serio. La había acompañado todo el tiempo tal como había prometido, pero ni siquiera en sus más retorcidos sueños se había imaginado que todo terminaría así—. Esto ya ha llegado demasiado lejos, detente ahora. —Poco y nada le importaba el saiyajin arrodillado, era por ella que estaba preocupado. La conocía y sabía que esto solo era el comienzo.

Bardock solo soltó una risa burlesca al oír Yamcha. Se alejó unos pasos y con una pequeña energía de su dedo encendió un cigarro, había demasiado viento para usar su encendedor. Su armadura se encontraba severamente dañada y tenía rastros de la tremenda batalla en su cuerpo, pero había ganado, aunque le hubiera gustado que el príncipe se encontrara en mejor estado, y no envenenado, lo cual lo dejó como presa fácil. Como sea, se había dado un gusto.

—Este es solo el comienzo, muy pronto todos caerán… —sentenció Bulma.

Row reunió todas su fuerzas para hacerse escuchar, pero Bulma no esperó, y en cuanto su arma estuvo cargada le disparó entre los ojos. El rayo azul y delgado fue lo suficientemente potente para atravesar el cráneo del saiyajin, seguir su camino y salir por el otro lado, donde también dañó la tierra e hizo un surco al partir el duro suelo casi congelado.

Cuando el cuerpo inerte de Row cayó al suelo, Yamcha se alejó. No podía seguir soportando algo así, pensaba que había dejado las muertes atrás cuando fue rescatado de la Tierra. Mientras que Bulma, soltó un suave suspiro y guardó el arma dentro de su abrigo largo. Los guantes de cuero negro ayudaban a resustir el frío, pero debió meter las manos en los bosillos. Permaneció en silencio un par de minutos mirando el cadáver. No podía creer que ya estaba hecho.

—¿Ahora qué? —preguntó Bardock acercándose a la mujer. Gracias a sus contactos y poder adquirido dentro de la Zona, no se le hacía difícil salir del planeta.

—¿Ahora qué? —preguntó Yamcha— ¿Acaso hay más? —Aún se sentía intimidado al ver el despliegue de poder del saiyajin castrado cuando se enfrentó al príncipe, pero no por eso guardaría silencio. Le había prometido a Bulma ayudarla y cuidarla, y eso era lo que estaba haciendo: cuidandola de ella misma.

—Yamcha, no —respondió Bulma tranquila. Se sentía extraña, no estaba feliz como hubiese imaginado, pero de todas formas disfrutaba de su pequeña victoria—. Tranquilo, todo está controlado.

Bardock acercó su cajetilla de cigarros a Bulma y ella no dudó en aceptar un cigarro que encendió con la energía del dedo del guerrero. Nunca compartían sus cigarros, pero esta vez Bardock sintió que se lo merecía. La mujer fumó un par de veces antes de lanzar una cápsula al suelo que al expandirse reveló dos cajas metálicas oscuras de diferente tamaño: una parecía un refrigerador acostado y la otra similar, pero de un cuarto del tamaño.

Bardock entendió, y no tardó en meter el cuerpo del príncipe en la caja grande que lo mantendría en buen estado.

—La cabeza —dijo Bulma con calma—. Necesito la cabeza.

Bardock ni siquiera parpadeó ante la petición, en cambio Yamcha, completamente horrorizado, no tardó en tomar a Bulma del brazo y alejarla unos pasos para poder hablar.

—Basta, Bulma, está mal. ¡Sabes que esto está mal!

—Es lo que tengo que hacer.

—No te das cuenta con la normalidad que hablas de decapitar un cadáver mientras ese otro psicópata fuma como si no fuera la gran cosa —dijo apuntando a Bardock que escuchó todo gracias a su oído más sensible.

—¿Todos los hombres de tu raza son igual de escandalosos? —preguntó despectivo a Bulma antes de encender otro cigarro. Con el viento que había no duraban mucho—. Su planeta sería fácil de atacar.

—Precisamente fue tu raza la que acabó con nuestro planeta, maldito psicópata —respondió Yamcha molesto, a lo que Bardock se encogió de hombros. Yamcha se tomó unos segundos para calmarse y se dirigió nuevamente a Bulma—. Esto no está bien Bulma y me asombra que no seas capaz de verlo. No somos como ellos, somos todo lo contrario.

—Y tú no entiendes que para hacerles frente hay que ser como ellos, no hay otra opción. Sé que esto puede ser muy fuerte para ti, cuando te pedí que me ayudaras no lo pensé en realidad, pero si tanto te afecta es mejor que te vayas, no quiero hacerte daño.

—No te dejaré sola con ese asesino.

Bardock rio ante el comentario y respondió.

—Si alguien aquí tiene una pizca de oportunidad de detenerme sería la mujer, no tú, hombre insignificante. —Dicho eso, usó su mano para decapitar el cuerpo del príncipe. Solo bastó un solo movimiento certero para separar el cuello del resto del cuerpo. Tanto Yamcha como Bulma vieron cuando la sangre saltó al rostro y pecho de Bardock, pero solo el humano se vio afectado por aquella acción. Aún con el cigarro en la boca, el guerrero agarró la cabeza por el cabello y la llevó al receptáculo más pequeño, dejando un rastro de sangre tras él.

—Bulma. —La tomó de los hombros y miró a los ojos—. Vente conmigo, aún es tiempo de…

—No, Yamcha —dijo decidida y tranquila—. Tengo trabajo que hacer. —Se soltó de él y acercó a Bardock para ponerse de acuerdo con los siguientes pasos a seguir.

Eran años soñando por un momento así, y ahora que por fin había dado el primer gran golpe, nada ni nadie la detendría. Haría caer el imperio saiyajin junto con sus aliados, o moriría en el intento.


Continuará…


Gracias por sus lindas palabras de apoyo, aquí y en face. Sigo con los problemas, es más, han empeorado, pero escribir es lo único que me mantiene cuerda y distraída, así que continuo actualizando.

Bueno, vamos al fic: Acaba de comenzar la primera parte del fic (Creo que la historia se dividirá en 5 partes) y este capítulo es como hubiera comenzado el fic de no haber hecho la introducción, así que creo que estuvo bien, para que nadie (incluida yo) se perdiera.

Vegeta escapó con la ayuda de Mai, y aunque está más muerto que vivo, tendrá suficiente tiempo para recuperarse. Pese a lo cambiado que está, sigue teniendo su lado altanero y prepotente, ya que creía que solo podría vencer a Freezer…

Kakarotto se va a quedar entrenando para el torneo y si no fuera por Milk ya se hubiese puesto entrenar a Gohan pero ya que su mujer no es partidaria de la violencia, se ha tenido que frenar. Vendrá otro flashback de la pareja para que vean cómo terminaron juntos.

Kyle está más grande y sigue su relación con Bardock, y sí, está interesada en Kakarotto, pero todo está en su contra, primero porque él la relaciona a la mala experiencia que vivió de pequeño, y segundo porque son hermanos.

Tarble está soltero otra vez (jajajaj qué importante para la trama) Y me encanta hacerlo de hermano mayor enseñándole a Kyle.

Y lo más importante…

Bulma ya lleva 8 meses metida en el planeta, mucho más del tiempo que había dicho que se quedaría, y vaya que ha hecho cosas, desde amistarse con Tarble, hacer de Milk una aliada y eliminar a guerreros poderosos. Soñaba tanto con llegar a esta parte y ya lo hice. Bulma comenzó a eliminar a la gente de palacio e hizo una jugada arriesgada al matar a Row, pero está decidida a llegar al final.

Ahora con la desaparición de Row, su familia y cercanos no se quedarán tranquilos hasta encontrarlos.

Mientras escribo no dejo de escuchar las mismas canciones que me recuerdan a los personajes y escenas que vendrán, hasta ahora tengo una lista de 47 canciones que se convirtieron en la banda sonora del fic, por lo tanto decidí compartirlas con ustedes en cada capítulo. En este caso, The World is not Enough es un tema que me recuerda mucho a Bulma y todo lo que está haciendo en el planeta. La música es parte importante de mi vida, al igual que escribir, así que les dejo otro pedacito de mí.

Bueno, no los aburro más. Espero sus reviews, y a las que les da vergüenza dejarlo, les digo que no les dé porque me motivan a seguir escribiendo y eso me ayuda a distraerme, y también, a quienes dicen que no hacen hipótesis porque no aciertan, haganlas de todas formas, me gusta leerlas.

Nos vemos en otra actualización.

Dev.

27/08/20.