El Legado II


Primera Parte


IX

Príncipe Vegeta

parte 1


Ahógame en un mar de miel

Tápame que sale el sol

Amor, no hay dónde huir

(Divina Guia / Lucybell)


Tal como ya había sucedido los últimos días, el entrenamiento no fue tan duro ni largo como acostumbraban. Continuaron con su rutina diaria y el estilo de vida no cambió mucho, solo que ahora interrumpían sus quehaceres para intimar y estar juntos haciendo nada y por las noches dormían en la habitación de Tarble. Todo lo demás continuó de la misma forma.

Tarble se sentía a gusto con este nuevo tipo de acercamiento con Broly, donde todo fluía de manera natural y no había que esforzarse por nada, pues compartían los mismos intereses, no como ocurrió durante otras relaciones que al tiempo se sentía aburrido y prefería terminar por muy bien que lo pasara en la intimidad. Tarble necesitaba mucho más que eso para sentirse interesado, no solo una persona en la cama, y Broly se lo daba todo, el guerrero lo llenaba de paz, lo que más necesitaba.

—Si hubiera sabido que con sexo detendríamos los entrenamientos lo hubiera intentado hace mucho tiempo —comentó el príncipe luego de meterse a la ducha. Broly se puso detrás de él y no tardó en ponerle shampoo en el cabello.

—Eres saiyajin, tiene que gustarte en alguna medida los entrenamientos y las batallas—. Frotó el cabello de Tarble y dejó que el agua lo empapara hasta hacer espuma.

—Nunca me gustó entrenar, mucho menos ir a batallas, aunque ahora debo admitir que me gusta mantenerme en buen estado, me mantiene alerta. —Mantuvo los ojos cerrados cuando sintió la espuma irse a sus rostro.

—Es un comienzo, uno muy lamentable, pero no has vivido la adrenalina de un buen combate.

—Combato contigo a diario.

—Tú vida no corre peligro cuando peleamos.

—A veces pensaría que sí.

—Jamás te he dejado alguna cicatriz de cuidado, salvo algunas marcas que no pueden ser consideradas motivo de orgullo.

—Me gustaría estar orgulloso por otros motivos además de las marcas que pueda tener en mi cuerpo por una batalla… Hablando de combate, ¿has pensado en participar en el torneo de este año?

—No —respondió pensativo y sin querer tiró de su cabello demasiado fuerte que lo hizo soltar un quejido—. Lo siento.

—Está bien. —Tarble no entendía cómo Broly podía ser tan desprolijo, casi bruto para algunas cosas, pero podía poner un hueso en su lugar sin problema, o hacer tan buenos masajes para destensar los músculos luego de entrenar todo el día sin parar—. Nunca te pierdes los combates de los torneos, sé lo mucho que te gustan, ya debería ser hora que participaras en uno.

—No lo sé… ¿Qué pasa si no puedo controlar mi...?

—Eso no va a pasar. —Cuando tuvo el pelo limpio y libre de espuma se volteó y levitó para quedar a la altura de Broly y así lavar su cabello. Esta vez quedaron frente a frente—. Me gustaría verte pelear y ganar el torneo… solo si tú quieres hacerlo, claro… ¿Paragus no ha vuelto a molestar?

—Ni siquiera lo he visto… ¿Crees que podría ganar el torneo?

—Sin duda. Piénsalo, si quieres podemos buscar a alguien más para que entrenemos y te ayude a prepararte.

En respuesta, Broly lo abrazó y besó. Tarble dejó de lavarle el cabello para responder el abrazo y el beso.


(...)


—Ya fue suficiente entrenamiento por ahora, les traje almuerzo a todos —dijo Milk cuando ya tenía toda la comida lista sobre un mantel en el suelo como si se tratara de un día de campo en un planeta hermoso, pero se trataba de un duro entrenamiento donde todos los participantes ya estaban sangrando por algún lado.

Kakarotto y Raditz no tardaron en ir hacia Milk que estaba con Gohan y ayudaba contento a su madre a servir comida a los dos hombres. Más atrás permanecieron Ginn y Kyle sentadas en el suelo, exhaustas por el entrenamiento.

—Así que ahora con guardia permanente —comentó Ginn.

Kyle hizo una mueca y se quitó los guantes para masajear sus manos adoloridas.

—Podría ser peor. Lok tiene más de un guardia y tiene que estar con Rave todo el tiempo. Eso sí es tortura. —Sonrió en cuanto vio a Raditz hacer equilibrio con tres platos de comida fresca, especial para este día soleado—. Gracias Raditz —dijo cuando recibió uno de los platos.

—No fue nada —respondió el guerrero, y cuando Ginn recibió el otro plato y tuvo una mano libre, acarició a la jovencita en la cabeza. Esa costumbre la había adquirido cuando Kyle aún se veía pequeña, y ahora pese a lucir mayor, olvidaba dejar de hacerlo.

—¡Hey! ¿Dónde está mi cariño? —reclamó Ginn fingiendo celos.

—Te guardé el pedazo de carne más grande —respondió una vez sentado entre las dos mujeres. A solo un par de metros, sobre el mantel para no ensuciarse se habían instalado Milk, Gohan y Kakarotto.

—Si eso no es amor de verdad, entonces no sé qué será.

—Siento no haber traído más comida —dijo Milk un poco avergonzada—. No sabía que vendría la princesa a entrenar.

—Llamame solo Kyle —respondió en voz baja. Ya conocía a Milk y Gohan de la cocina de palacio. Fue grande la sorpresa hace unos meses cuando supo que era la mujer de Kakarotto.

—Ahora no solo no puedo entrenar como se debe —reclamó Kakarotto—, sino que también te tengo que traer a los entrenamientos.

—No pedí que fueras mi guardia —aclaró Kyle—. No seas egocéntrico, no sabía que serías tú, y gracias a que te tocó cuidarme podemos venir a entrenar, o estarías muerto de aburrimiento en algún pasillo de palacio.

—Kakarotto, no trates así a la princesa .—Milk lo reprendió en voz baja. Kakarotto prefirió no decirle nada, o Milk no se detendría, y debió resistir responder cuando Kyle le sacó la lengua.

—No entiendo el problema —dijo Raditz—. Kyle estuvo desde un principio invitada para entrenar.

—Siempre te vas a poner de su lado —respondió Kakarotto.

—Sí, siempre se va a poner de mi lado —respondió tomando del brazo a Raditz solo para molestarlo.

—No van a comenzar a discutir ahora. Los dos son adultos —dijo Raditz.

—No, nadie va a discutir ahora, o la comida les caerá mal. Coman en paz y educación —comentó Milk sin dejar de mirar a su pareja para que no volviera a faltarle el respeto a la princesa.


Rato después, mientras Milk disfrutaba del sol recostada en el mantel y Kakarotto y Ginn continuaron con el entrenamiento, Raditz y Kyle acompañaron a Gohan en su búsqueda por bichitos.

—Siento mucho lo que pasó con tu primo, Kyle —dijo Raditz a la joven, sin quitarle la vista de encima a Gohan que corría de un lado a otro levantando piedras que eran casi de su tamaño.

—Sí, fue terrible… Era un buen guerrero.

—¿Y tú estás bien? —Siempre se iba a preocupar de ella, después de todo era su hermana, y pese a que desaprobó a su padre por aceptarla en la Zona Negra, no pudo evitar involucrarse con ella cuando se la topó en cada visita. Era algo fuerte, en la sangre que lo obligaba a aceptarla y quererla y el sentimiento fue recíproco: Kyle veía en Raditz a alguien casi tan cercano como Tarble.

—Yo, sí.

—Te noto más enojada que de costumbre.

—No estoy más enojada —respondió e inmediatamente se obligó a relajar la frente.

—Si te pasara algo sabes que puedes confiar en mí.

—Lo sé. —Lo miró y luego por sobre su hombro a Kakarotto volando por los cielos escapando de Ginn. Se sintió avergonzada por gustarle un hombre que tenía familia, y por eso no se abría con Raditz, sabía que no estaba bien, pero no podía controlarlo.

—¡Miren lo que encontré! —exclamó Gohan feliz, con una piedra de gran tamaño por sobre su cabeza.

Raditz inconscientemente esperó un grito de horror de Milk, pero al parecer se había dormido tomando sol. Para ellos era algo tan normal, pero para un extranjero era producto de asombro e incluso miedo.

—Toda una familia de bichos viscosos y feos —exclamó Kyle acercándose, pero retrocedió un tanto nerviosa cuando vio gusanos.

—¿Los puedo llevar a casa? —preguntó a Raditz, ya que Kyle se había alejado más pasos ante el asco que sintió.

—No tienes con qué, Gohan.

—Puedo llevarlos en uno de los recipientes de comida de mamá. —Soltó la roca como si no pesara nada y fue corriendo por uno de los envases de su madre.

—¿Por qué nunca he visto a Gohan visitando a Bardock? —preguntó Kyle a Raditz cuando quedaron solos.

—Como ya sabes, no tienen muy buena relación, y a Milk no le gustaría que llevara a su hijo a ese lugar tan peligroso… Tenemos una mala experiencia en ese lugar cuando niños.

—¿Cuándo le robaron el rabo a Kakarotto? —preguntó tímida y enseguida Raditz la miró.

—¿Bardock te contó?

—Algo, pero cuando se dio cuenta no quiso seguir hablando.

—Ya veo…

—¿Cómo fue que le creció de nuevo el rabo? Las historias que he escuchado sobre saiyajin que les crece el rabo son solo mitos infantiles.

—No sé cómo, pero yo estaba ahí, y de un momento a otro ya tenía su rabo de regreso… Supongo que Kakarotto es especial.

—Sí —susurró mirándolo volar.


Tarble se cruzó de piernas y esperó pacientemente a la llegada del rey que lo había mandado a llamar a su oficina. Esto no era algo habitual, por lo tanto debía ser algo importante. Por todo lo ocurrido con Row y las amenazas de Torn a Trantor, el asunto de Broly había quedado prácticamente en el olvido, así que debía ser algo más, pero por más que pensaba, no lograba suponer nada concreto. Debió seguir en la ignorancia total unos minutos más hasta que el rey se presentó y fue directo a su asiento al otro lado del escritorio para quedar frente a frente con Tarble. El joven esperó en silencio a que hablara, y no perdió su postura relajada en el asiento, con sus manos sobre su pierna. Otra cosa que llamó su atención fue la ausencia de Rave, pues las últimas veces que intercambió alguna palabra con el monarca, la reina estuvo presente todo el tiempo.

El rey Vegeta miró su computador un momento antes de finalmente decidirse hablar.

—¿Recuerdas por qué fallaron los intentos de acercar el reino de Atlas y el nuestro y solo nos quedamos en el tratado de no agresión y otros de menor importancia?

Tarble sabía muy bien la respuesta que quería escuchar, pero le dio la otra.

—Porque Vegeta desapareció y no pudiste casarlo con ninguna de las hijas de Atlas.

—Y porque luego rechazó casar a alguna de sus hijas contigo.

—Tenía quince años y todas me doblaban en edad o yo doblaba en edad a ellas —dijo con la mandíbula tensa. No le estaba gustando para nada la conversación y debía hacer lo posible por controlarse ante el rey. Siempre se trataba de fingir cuando estaba con él, actuar como si verlo muerto no fuera lo mejor que podría pasarle.

—Y te doblaban en peso. —Recordó con desagrado—. De haber tenido cuerpo de guerrero en ese entonces todo sería muy diferente.

—Siento que mi debilidad arruinara tus planes, padre —dijo mirándolo a los ojos. El odio en Tarble era tal que ya no quedaba espacio para el miedo.

—También lo sentí en su momento, pero ahora ha salido una oportunidad mejor. Llegué a un acuerdo con el rey Darell, y para dejar atrás las falsas acusaciones de asesinato y amenazas de Torn, ha accedido casar a una de sus hijas contigo —dijo de buen humor—. De esa manera terminaremos con las tensiones entre ambos imperios… Es la hija mayor por supuesto, no la que cogió Torn —aclaró como si eso fuese de suma importancia para Tarble.

Tarble se descruzó de piernas y enderezó la espalda. Se tomó su tiempo para no decir algo inapropiado y ahora entendió muy bien por qué Rave no estaba en la habitación, esto debió haber sido idea de ella.

—Ya tengo pareja —dijo a sabiendas de que eso no serviría de nada, pero no se lo perdonaría si no lo sacaba a la luz, Broly se lo merecía. Podría haber dicho mucho más, pero decidió tomar el consejo que le había dado a Kyle con respecto a contrariar las decisiones del rey.

—Pensé que ya no estabas con esa guerrera —respondió el monarca, con la atención puesta nuevamente en su computador, lo que ocasionó que la mandíbula de su hijo se volviera a tensar.

—Es otra persona, una relación reciente. —No se avergonzaba de estar con Broly, pero no lo mencionaría para protegerlo de posibles repercusiones, pues conocía muy bien la opinión de su padre respecto a dos hombres juntos.

Vegeta rio entre dientes por la respuesta de su hijo.

—No has perdido el tiempo en mojar la verga ahora que luces como guerrero, y te lo mereces, pero tienes que dejar de follar a quien sea, ahora. La gente de Trantor es muy conservadora y no les gustan las relaciones extramatrimoniales. Ya es un hecho tu compromiso y tienes que respetarlo —Tarble hizo una mueca de desagrado ante la vulgaridad de su padre, pero este no se dio por aludido y continuó—. Un delegado de Trantor vendrá a la ceremonia de reconocimiento de tu hermano como heredero al trono para conocerte. El matrimonio será en su planeta, donde vivirás con tu nueva esposa.

—Se supone que la novia es la que va a vivir en el planeta del novio.

—Son sus costumbres, no iba a ponerme a discutir con ellos por esas estupideces.

—Mis planetas, no quiero que…

—¿Mis planetas? —dijo Vegeta ahora mirándolo. Iba a continuar, pero Tarble no se lo permitió.

—Sí, mis planetas, los planetas que he ganado con mis ejércitos y he hecho prosperar para beneficio de tu imperio, padre. He probado ser de gran utilidad al reino, puedo aceptar lo que me estás imponiendo y ser un buen delegado del imperio en tierras ajenas, pero no voy a dejar que cualquiera con el mínimo conocimiento tome y arruine el trabajo que me ha costado por tantos años. Los planetas pueden seguir bajo el imperio saiyajin, pero yo seguiré administrandolos, pondré gente de mi confianza a trabajar, nadie se tomará atribuciones sin que yo lo permita, es lo único que pido, no es nada descabellado, me gusta tener todo en orden.

Vegeta meditó un poco antes de responder.

—Te lo has ganado. Varios de tus planetas son los que más riquezas aportan al imperio —dijo con sobriedad, sin darle la verdadera importancia que se merecía—. Jamás pensé que tu forma tan extraña de ser traería beneficios, pero imagino que tanto tiempo perdido entre libros te hizo ser así de meticuloso y dramático a la hora de manejarlos… Está bien, preocúpate de tener feliz a la princesa, fóllala como debe ser, embarazala, de paso consigue otros planetas y podrás seguir al mando de los que ya posees.

—¿Algo más? —preguntó serio, de pie.

—Nada más. Haremos el anuncio del matrimonio en la ceremonia de Lok, para ese entonces ya tienes que estar soltero, no quiero que nuevamente el intento de tratado con Trantor se arruine porque otro miembro de la familia real no pudo dejar la verga en su pantalones —dijo ahora totalmente concentrado en la pantalla de su computador.

—Me ocuparé de eso —respondió Tarble, con los puños apretados, pero la voz tranquila—. Y la próxima vez dile a Rave que si quiere pasar desapercibida tiene que estar presente, como siempre.

No hizo reverencia ni saludo, se limitó a salir del estudio del rey. De pronto sintió una opresión en el pecho que no lo dejó respirar bien, ¿cómo demonios le diría a Broly lo que acaba de pasar? Se sentía frustrado de no poder levantarse y negarse, pero si lo hacía corría el riesgo de perder todo lo que había logrado hasta ahora y mucha gente saldría dañada.

A medida que se alejaba del despacho del monarca el peso en sus hombros se hizo más notorio y una vez más sintió el deseo de dejar todo tirado y marcharse lejos, como debió hacerlo hace muchos años.


En cuanto llegaron a los terrenos de palacio, Kyle y Kakarotto descendieron. La joven princesa no estaba satisfecha de tener guardia, aunque se tratara de Kakarotto, y pese a que en un comienzo, cuando se enteró que sería él quién la cuidaría parte de la semana lo vio como una oportunidad para estar solos, ya estaba comenzando a desagradarle la idea, pues pese a sus intentos no lograban llevarse muy bien.

—...Y que te quede claro: yo no fui quien te pidió como guardia —dijo Kyle, arreglándose los guantes sucios por el entrenamiento—-. Ni siquiera mi padre escoge los guardias, de eso se encarga el jefe de seguridad de palacio, pero si gustas puedes pedir que te cambien y tu martirio acabaría.

—No puedo hacer eso —respondió Kakarotto cruzado de brazos y ceño fruncido—. No es bien visto rechazar un trabajo en palacio.

Los dos tenían rastros en ropa y cuerpo del arduo entrenamiento de hace un rato.

—Entonces puedo decir de quién eres hijo y que no corresponde que estés aquí. No sé cómo se le pasó eso al jefe de seguridad.

—No, no hagas eso —dijo mirándola. Tenía una muy buena reputación dentro del ejército de élite, era el soldado más joven, de los más fuertes y con eso había conseguido a la perfección dejar atrás ser conocido como "el hijo de". Hacía muchos años que nadie lo relacionaba con Bardock.

—Tienes razón —dijo pensativa, creyendo que su negativa era por la misma razón que especuló—. Si mi padre llegase a enterarse de tu parentesco podría ponerte en problemas, y ni hablar Bardock… no quisiera que le pasara algo.

—Tu padre haría el trabajo que no hizo hace años con Bardock cuando no lo mató —dijo encogiéndose de hombros.

Kyle, sin pensarlo, le dio un golpe de puño en medio de la cara. Tan fuerte que su mano agotada por el entrenamiento lo resintió. Kakarotto se llevó las manos a la nariz rota y sangrante.

—No digas eso de nuevo —dijo molesta, pero no gritó para no llamar la atención de los pocos guardias que circulaban por el lugar.

—Maldición —reclamó e intentó detener la hemorragia, pero era mucha—. ¿Por qué demonios hiciste eso? —Tampoco gritó y debió resistirse para no responder el ataque.

—Porque eres un verdadero imbécil. No vuelvas a hablar así de Bardock.

—Niña y la… —Se guardó para sí los insultos. Estaba tratando con la princesa en terrenos de palacio, no le quedaba otra opción que respetarla.

—Ya puedes irte, no volveré a salir —dijo caminando. Kakarotto aún con la mano apretando la nariz la siguió.

—Mi turno aún no termina.

—Vete a hacer hora en algún otro lado, no quiero tenerte cerca. —Levantó vuelo para alejarse de él. No podía creer que estuviera enamorada de ese cretino.


(...)


Tarble finalmente decidió dejar de trabajar por unos días, no estaba de humor para concentrarse en nada salvo sus libros y Broly, por eso qué mejor que luego de entrenar y una reponedora ducha, pasar parte de la noche en la biblioteca leyendo, con la cabeza del guerrero recostada en su regazo y el resto del cuerpo estirado en el sofá. Broly era tan alto que ocupaba en su totalidad los tres cuerpos del diván y luego de un rato de escuchar la suave voz de Tarble leer en voz alta, mientras acariciaba su cabello con la mano, terminó durmiendo profundamente.

El príncipe tenía un variado gusto en literatura, pero solía leerle a Broly poesía sobre tranquilos parajes de ensueño que esperaba algún día poder encontrar, muy lejos de todo y todos. Tal como alguna vez soñó vivir con su madre y hermana, y como ahora esperaba establecerse con él y Kyle, si ella así lo deseaba. Pero luego de la conversación con el rey, aquel sueño se volvió lejano una vez más. Se sentía frustrado de no haberse dado cuenta antes de sus sentimientos por Broly, siempre estaba atento a todo a su alrededor, pero cuando se trataba de sí mismo no era tan listo.

Cuando notó que el guerrero dormía, dejó de leer en voz alta y continuó jugando con su cabello, concentrado en la lectura. Sintió pasos acercarse desde atrás, pero no hizo nada por separarse de Broly, pues reconoció enseguida esa forma de caminar, tan sigilosa, como si tratara de pasar inadvertida todo el tiempo.

—Por fin te encuentro —dijo Bulma rodeando el sofá para ver a Tarble a la cara—. ¿Dónde te habías metido? Necesitaba hablar... Guardó silencio cuando lo vio hacer una seña con el índice sobre sus labios para que no hablara y entendió el motivo al ver a Broly durmiendo cómodamente con la cabeza sobre sus piernas. Eso le llamó la atención, desde el primer día se dio cuenta lo cercanos que eran, sin embargo este acercamiento era mucho más íntimo, prueba irrefutable de que había pasado algo entre ellos—. Necesito hablar contigo —susurró.

—Vamos a la mesa —respondió el príncipe. Con cuidado se levantó y tomó la cabeza de Broly para poner un cojín bajo esta y no interrumpir ni incomodar su sueño.

Bulma miró de reojo al saiyajin en el sofá y le sorprendió que aquel tremendo guerrero que intimidaba con su sola presencia se viera tan indefenso y en paz. Camino a la mesa, tomó la botella de vino que acostumbraba beber y una copa. Tarble hizo lo mismo, y llevó un vaso de cristal de tamaño pequeño con su trago favorito, un licor rojizo suave demasiado fuerte para que alguien tan débil como un humano pudiera beber. Cuando ya estuvieron instalados y bebiendo se animaron a hablar.

—¿Estuviste llorando? —preguntó Tarble sorprendido al verla de rostro tan decaído y con ojeras. Pese a trabajar en el departamento de mecánica y ensuciarse constantemente, Bulma siempre se preocupaba de lucir bien e incluso solía usar un poco de maquillaje.

Bulma evadió la pregunta y se concentró en beber casi el contenido de la copa.

—Ahora entiendo por qué estuviste tantos días desaparecido —dijo mirando en dirección al saiyajin que continuaba durmiendo, pero no se veía, pues el sofá le daba la espalda a la mesa donde se encontraban—... Al menos alguien lo pasó bien… ¿Estuvo bueno? —preguntó sonriendo con picardía y rápidamente agregó—. No, no tienes que responderme… —Bebió otro sorbo de vino y no dejó de mirar a Tarble esperando por una respuesta.

—Sí, mucho —respondió Tarble con las mejillas rojas, evitando su mirada y también bebió de su vaso. Volvió a servirse otro poco luego de vaciarlo.

—Me alegra que estés disfrutando, mientras que yo… Mi novio terminó conmigo, y duele mucho —dijo luego de un suspiro.

—Pensé que tenían planes de casarse —dijo Tarble atento a su amiga. Ahora entendía por qué ese semblante.

—Sí, pero no quiso esperarme. No estaba dispuesto a que terminara mi trabajo aquí. —Tenía que tener mucho cuidado con cada palabra que le decía a Tarble. La relación entre ellos era tan cercana que a veces se relajaba demasiado y temía que alguna información delicada pudiera escapar especialmente cuando se pasaban de copas, por lo tanto debía cambiar ciertos aspectos de la historia para poder seguir diciendo la verdad.

—Si gustas puedes marcharte de este planeta. Soy tu jefe, y sabes bien que puedo dejarte ir cuando quieras, no tienes que terminar los pendientes si quieres volver con él.

—No —dijo desganada—. Tengo proyectos importantes que terminar, y no puedo dejar que un hombre pese más que mis planes, por mucho que lo ame… Estamos en lugares muy diferentes ahora… Él está a cargo de mucha gente y tiene que estar concentrado en su trabajo, y yo no puedo dejar el mío… Además no le gusta tu raza, tú entiendes, y no me perdona que viniera a trabajar aquí.

—Qué lástima… Me hubiera gustado conocerlo.

—Te hubiera agradado —dijo Bulma a sabiendas que un encuentro jamás hubiera ocurrido—. Tú sí le hubieras simpatizado, no importa que fueras saiyajin… Los imagino por horas conversando de política y libros.

—Siento mucho tu rompimiento… —dijo, y perdió la vista en su vaso.

—¿Qué pasa? —preguntó curiosa—. Esa no es la cara que debería tener alguien que se perdió varios días con el tremendo hombre que duerme allá.

—No va durar mucho —dijo con ojos tristes.

—¿De qué hablas? Jamás había visto a dos personas tan compenetradas como ustedes, ¿por qué habría de terminar ahora que recién empiezan algo nuevo?

—Me prometieron en matrimonio —susurró. No quería que Broly se enterara de esa manera—. Y tendré que dejar el planeta para irme a vivir a Trantor.

—¿A Trantor? —repitió sorprendida. Esto no estaba en sus planes. Se supone que con lo que había hecho arruinaría cualquier intento de relación entre los reinos y provocaría una guerra, no unirlos. Lamentablemente no podía preguntar nada directo, pues la muerte del príncipe Row recién había sido informada en los círculos más cercanos, por lo tanto no debería saber nada al respecto.

—Sí… Por estrategia entre los reyes… —Bebió nuevamente y no esperó a servir más licor en el vaso. El tan solo pensar en el asunto lo deprimía demasiado.

—¿Broly sabe? —decidió que esta noche sería solo la amiga de Tarble, no intentaría sacarle ninguna información.

—Eres la primera en saberlo.

—Sé que los príncipes no pueden hacer mucho al respecto en estos asuntos, pero ¿no hay forma de negarse? ¿Negociarlo?

—El rey acepta que conserve los planetas a mi nombre porque los administro bien, pero nuestra relación nunca ha sido buena, y si no le doy en el gusto me los arrebatará enseguida y no tardaría en enterarse de todos los movimientos secretos que hago. Eso redundaría en la muerte de miles de personas y otros millones terminarían como esclavos… No tengo otra opción por el momento, tuve que aceptar sin reclamar.

La confianza entre ellos era tal que Bulma sabía de la ayuda de Tarble a gente y planetas enteros como alguna vez lo hizo la difunta reina, incluso ya lo había ayudado con naves nuevas para sus propósitos. Era por eso que tenía planeado avisarle con tiempo en caso de que estallara un conflicto peor para que tuviera tiempo de huir y asegurar sus planetas y gentes. Pero lo haría cuando ya no pudiera hacer nada al respecto con el conflicto entre los reinos, ya que pese a ser consciente de la mala relación entre él y el rey, no podía confiarse de que intentara detenerla una vez que le confiese todo.

—Lo siento mucho… —dijo apenada, y estiró la mano para tomar la de él.

—La noticia será informada durante la ceremonia de Lok… —dijo acariciando la mano de Bulma con el pulgar—. Aún me quedan unos días para fingir que no pasa nada, por eso no le he dicho nada a Broly, no quiero arruinarlo.

—Por derecho te corresponde a ti ser rey. Con tu hermano desaparecido tú eres el que sigue en la línea de sucesión, no es justo.

—Nunca me interesó ser rey, no es algo que me importe. Mi deseo desde pequeño siempre ha sido estar lejos de todo esto, y cada vez lo veo más imposible.

—Hubieras sido un rey muy bueno. Hubieras hecho grandes cambios.

—No con el apoyo de todos los saiyajin influyentes y sus ejércitos. No pasaría una semana antes de que intentaran asesinarme.

—Es una lástima… Voy a extrañarte —dijo ahora más apenada.

—Y yo a ti… Siento no ser de ayuda para levantarte el ánimo.

—Está bien… Lo lloraré unos días más y luego daré vuelta la página, y el trabajo me ayudará a distraerme —dijo queriendo convencerse a sí misma.

—Y dormir —dijo él observando sus evidentes y marcadas ojeras.

—Eso es otro tema —hizo una mueca. Si ya tenía problemas para dormir, estos últimos días habían sido mucho peor.

—Al menos yo no he tenido problemas para dormir… —comentó intentando contener una sonrisa. Bulma levantó una ceja ante sus palabras.

—Imagino que no te ha costado dormir.

Los dos sonrieron en voz baja para no despertar a Broly.


(...)


Lo primero que hizo Broly al entrar al cuarto de Tarble (y prácticamente suyo ya que había traído sus pocas pertenencias y dormía todas las noches en éste) fue correr las cortinas para dejar entrar el sol, luego fue a la cama y se sentó junto al príncipe, que continuaba durmiendo, desnudo y arropado, tal como lo dejó hace más de tres horas. En la mesa estaba el desayuno sin tocar que le habían traído en algún momento de la mañana.

Tarble abrió los ojos, perezoso y algo adormilado cuando sintió el cuerpo del guerrero hundir el colchón.

—¿Dónde te habías metido? —preguntó y se estiró. Le dolía todo el cuerpo, ya que ahora además de los entrenamientos agotadores debía agregar las sesiones de sexo durante la noche, lo que lo dejaba el doble de cansado.

—En la biblioteca. Tuve que atender a tus informantes, hoy tenían cita contigo, pero no despertaste nunca, así que lo hice por ti… —dijo avergonzado.

—Lo había olvidado… Gracias —dijo despreocupado. Removió los cobertores de su torso cuando sintió el cuarto más cálido a causa del sol.

—¿No vas a preguntar qué hablé con tus hombres? —consultó curioso. Le había llamado la atención que Tarble llevara tantos días ignorando sus deberes, algo raro en él que se caracterizaba por ser metódico y ordenado.

—Estoy seguro que lo manejaste muy bien. —Estiró la mano para agarrar a Broly del cuello de la camiseta y atraerlo a su boca.

—Eso creo —respondió al separarse luego de varios besos. Al principio se sintió raro tomando el lugar del príncipe, incluso se comunicó por videollamada con los delegados de cada planeta y dio algunas órdenes. Lo había visto tantos años haciéndolo, y ya que no había ocurrido nada que obligara a tomar decisiones apresuradas, lo manejó muy bien—. ¿Está todo bien? —preguntó y acarició su abdomen.

—Todo bien.

—Has ignorado tus deberes, tú no haces eso.

—Lo he hecho para estar aquí contigo, ¿no te agrada eso?

—Claro que sí… pero siento que te pasa algo.

Tarble se sentó y tomó del cuello a Broly para acercar sus frentes.

—Solo quiero estar contigo. No quiero tener nada más en mente —dijo intentando no sonar tan melancólico, pero falló miserablemente.

—Aquí estoy. —Lo besó y acarició su cabello. Sabía que le pasaba algo, y era raro que no se lo mencionara, ya que no habían secretos entre ellos, pero no insistiría, estaba seguro que en algún momento le diría qué pasaba—. En unos días será la ceremonia de tu hermano —dijo y levantó los brazos cuando Tarble le tomó la camiseta para quitarsela.

—Lo sé, tenemos hasta entonces para salir de aquí. —Casi debió obligarlo para que se subiera a la cama y se concentrara en él. Debió reclamar su boca con besos para callarlo, y luego de unas caricias logró tener toda su atención.


(...)


Luego de ponerse el traje real para la ceremonia de esta noche y enrollar el rabo alrededor de su cintura, Kyle se miró al espejo, hizo una mueca y suspiró. No le gustaba haber crecido tanto el último año, y ahora vestida con los colores reales, el traje ajustado azul, guantes y botas blancas, armadura con hombreras largas, la capa roja y la piocha dorada para afirmarla, sintió que se veía igual a su madre. Mucho más si se dejaba el cabello suelto, como ahora. Lo sabía porque había encontrado imágenes de ella, así que ya sabía cómo luciría de mayor. No le gustaba, ella era ella, y le desagradaba llevar esta tremenda carga.

—Adelante —respondió desganada al llamado a su puerta, y ni siquiera porque era Tarble quien venía a verla cambió de semblante.

—Vaya —exclamó Tarble al verla tan arreglada y de cabello suelto—. Te ves muy bien.

—No digas tonterías —respondió con el ceño arrugado—. Detesto verme así.

—Estás creciendo, es natural —dijo con la espalda apoyada en el muro y las manos en los bolsillos del pantalón.

—Sabes a lo que me refiero. Me parezco a ella… A Koora —dijo incomoda.

—Es verdad, pero tienes tu encanto personal. Mi madre no fruncía tanto el ceño como tú.

—No trates de engañarme. ¿Sabes cómo me dicen los guardias, verdad? Reinita, y no me gusta, yo tengo nombre, soy otra persona, y cada vez que alguien me ve, siento esa mirada extraña, como si vieran un fantasma. Hasta tú me has mirado así algunas veces, y no lo niegues… al menos aprendiste a disimularlo.

—No importa cómo luzcas, Kyle, son tus actos los que te definirán a futuro.

—No he hecho mucho para eso.

—Estás joven —respondió relajado—. Ya tendrás tiempo para encontrar tu camino.

—Si tú lo dices… —Se sentó a los pies de su cama y cruzó de brazos. Solo recién se fijó en el aspecto de su hermano que siempre iba tan ordenado y pulcro, y en esta ocasión se notaba que aún estaba con pijama: un pantalón holgado y una camiseta arrugada ya casi desgastada de tanto uso. Ni siquiera se había tomado la molestia de ponerse calzado y su cabello iba hacia todas direcciones, mucho más desordenado que cuando entrenaba—. ¿Te pasó algo? ¿Te sientes mal? —preguntó preocupada.

—Me tomé un descanso, nada más, y hace mucho que no me sentía tan bien —Le causó gracia que solo por un cambio de aspecto levantara tanta preocupación entre sus más cercanos.

—Vas a ir a la ceremonia, ¿verdad? No puedes faltar, yo estoy obligada a ir y si no vas no tendré con quien hablar y me voy a aburrir a muerte, y Rasp es divertido a veces, solo hasta que se acuerda que odia a Berry y se pone lúgubre —exclamó casi sin detenerse a respirar.

—Tranquila, sí iré, pero no estoy apresurado. Primero tengo que tratar unos asuntos importantes… Uno de ellos es hablar contigo.

—¿Pasó algo?

Tarble se le acercó y sentó a su lado.

—Kyle… Harán un anuncio durante la ceremonia, pero quiero que te enteres por mí…

—Dime de una vez, me estás asustando.

Tarble la observó en silencio y no pudo evitar suspirar. Sabía que sería difícil contarle la noticia a su hermana, y mucho más todavía sería hacerlo con Broly, pero el tiempo de fingir demencia ya se había acabado y era hora de hablar.


Vegeta despertó por el impacto de la nave al aterrizar en el suelo de Vegetasei. Afortunadamente para él, esta nave no terminó enterrada en un cráter como solía pasar con las naves que usó en su juventud, o su débil cuerpo no lo hubiera resistido, pero el golpe fue suficiente para despertarlo y azotarlo con brusquedad contra las paredes de la nave.

No quiso esperar y presionó el botón para abrir la escotilla. Inmediatamente el aire frío y fresco lo golpeó en el rostro, lo que lo impulsó a abandonar la nave, desesperado por caminar un poco y comprobar su real estado.

—Maldición —susurró. Debió afirmarse en la nave para no caer. No lograba entender qué demonios pasaba, ¿por qué su cuerpo había sanado, pero su energía continuaba baja e inestable? ¿Había sido acaso a causa del collar drenador de energía mezclado con las torturas que sufrió por parte de Freezer? Tendría tiempo de sobra para averiguarlo, estaba demasiado lejos para que el tirano fuera una amenaza real. No sería fácil para Freezer descubrir su verdadera identidad, si es que llegaba a hacerlo algún día; solo un par de personas lo sabían y ni siquiera ellos estaban enterados de la historia completa.

Cuando el viento sopló más fuerte y heló su cuerpo entero fue consciente de su desnudez. Sacó la ropa que continuaba bajo el asiento de la nave, pero no quiso vestirse, estaba demasiado sucio con sangre seca y quizás qué otras porquerías más. Miró a su alrededor, no veía mucho por ser una noche sin estrellas y una luna que apenas se divisaba en el cielo, y además de las montañas de piedra dura y tierra a su alrededor no encontró nada más. Sabía que su llegada a Vegetasei no sería fácil, pero no desde el momento de poner un pie fuera de la nave.

Decidió tomar la cápsula y llevarla con la ropa. No necesitaba nada más por el momento, salvo una buena ducha. Levantó vuelo de forma un tanto errática, pero luego de unos intentos logró estabilizarse y avanzar sin problema en busca de un lugar para poder asearse.


—¡¿Por qué le hiciste eso a Tarble?! —exclamó Kyle en cuanto entró al cuarto del rey que aún no se alistaba para la ceremonia.

Un par de sirvientes del monarca estaban preparando su ropa y armadura, pero al ver a la niña detuvieron sus quehaceres.

—¿Qué forma es esa de dirigirte a mí, Kyle? —dijo el rey calmado, pero esta no era la primera vez que ella era así de insolente y en frente de otras personas.

—¡Lo vas a obligar a casarse y además lo echas del planeta!

—Salgan —ordenó, y la pareja se apresuró en hacer una reverencia a padre e hija antes de salir—. Son asuntos burocráticos, no lo entenderías.

—No me trates como si fuera estúpida, claro que lo entiendo. —Estaba furiosa, sentía la cara roja y los ojos llorosos a punto de estallar a la primera provocación.

—Y aún así estás aquí haciendo una escena.

—¿Por qué le haces esto? —insistió dolida.

—No sé qué cosas te habrá dicho tu hermano, Kyle, pero así es como funciona esto. Si eres rey y tienes hijos, casas a esos hijos con otros príncipes para hacer alianzas y ganar más poder. —Tomó su vaso que se encontraba en el escritorio y bebió. No quería mirar a su hija, ya que con ese carácter y ropa, era como estar discutiendo con Koora, y eso no le gustó.

—Solo me dijo que estaba prometido a casarse y debería marcharse, él nunca ha tratado de manipularme como otros en este lugar… Haces esto para deshacerte de él porque no te agrada, nunca te agradó porque no es un guerrero que dirige misiones y nadie tuvo que decirme eso para darme cuenta.

—No sabes de lo que hablas —miró por la ventana, pero la jovencita caminó para ponerse delante de él para que la mirara.

—Haz al menos que no se vaya lejos, que viva acá con nosotros y su mujer, pero que no se vaya.

—El trato ya está hecho con el rey de Trantor, no voy a cambiarlo por puro capricho. —A cualquier otra persona mínimo ya la hubiera abofeteado por tal insolencia, pero con Kyle era diferente.

—Eres cruel, le haces daño a él y a mí. —Un par de lágrimas cayeron por sus mejillas, pero su voz no tembló—. La gente tiene razón sobre ti, que yo sea joven no quiere decir que no sepa cosas del pasado.

—No comiences con eso, Kyle porque te juro que…

—Yo te juro a ti que si intentas hacer algo así conmigo me marcho de este planeta tal como lo hizo Vegeta y no volverás a saber de mí. —Se marchó corriendo del lugar, pero aún así escuchó lo que su padre le gritó.

—Atrévete a hacerlo, Kyle. ¡Tan solo inténtalo y atente a las consecuencias, mocosa insolente!


Vegeta no tuvo que volar mucho para encontrar un poblado de casas pequeñas que jamás en su juventud había visto, aunque claro, cuando fue un adolescente que vivía en Vegetasei estuvo todo el tiempo con los ojos cerrados.

Los saiyajin con un casi nulo poder de pelea al parecer estaban en una especie de celebración, compartiendo comida y para beber, lo que le facilitó las cosas para meterte en una de las casas deshabitadas. Estuvo tentado en ir a asaltar la cocina, pero se dirigió al baño para limpiar su cuerpo que estaba pegajoso de tanta suciedad.

Hubiera deseado una ducha larga de agua caliente, pero debió conformarse con tres minutos de agua fría, casi congelada que al menos quitó toda la suciedad. De alguna forma eso lo ayudaría a olvidar lo vivido durante esas semanas que estuvo a merced de Freezer, aunque las pesadillas y las cicatrices en sus muñecas y cuello se encargarían de recordarle a diario todo lo que sufrió.

Una vez que estuvo seco, observó la ropa que Mai escogió para él. No se parecía nada a la que usaban en Vegetasei, pero al menos era negra, ajustada y ocultaba las cicatrices con su cuello alto y mangas largas, pero por otro lado evidenciaba su clara pérdida de masa muscular… Ya tendría tiempo para preocuparse de eso. En cuanto se supo el calzado deportivo, abandonó la casa sin dejar rastros de su visita y se aseguró de alejarse caminando lo suficiente antes de volver a volar.

Debió avanzar mucho antes de lograr ubicarse y emprender vuelo hacia palacio. Entonces una sensación extraña lo invadió al estar de vuelta en un planeta que sentía que veía por primera vez. Al menos el estar débil y agotado lo distraía del impacto de todas estas emociones nuevas luego de haber jurado hace años que no volvería a poner un pie en Vegetasei.

Decidió concentrarse en su objetivo principal: encontrar a su hermano Tarble.


Jamás pensó que volvería a sentirse bien, pero estaba equivocado. La vida se había ensañado con él desde pequeño, y prácticamente se las tuvo que arreglar solo a muy temprana edad, pero luego apareció él que se convirtió en su amigo, su mentor y aprendiz. Fue su padre, su madre, su hombro en el que llorar cuando en un planeta como este los sentimientos eran prohibidos, pero ahí estuvo él, siempre acompañando, haciendo reír, distrayendolo, enseñando y aprendiendo. Sufriendo y siendo felices de a ratos. Siempre juntos, siempre creyendo que no eran merecedores de ser felices.

Y ahora cuando lo tocaba no podía sentirse mejor. Cuando lo besaba el tiempo se detenía en un instante perfecto, cuando se amaban podría acabar el mundo y no lo sabrían, porque se tenían el uno al otro y luego de más de diez años juntos descubrieron realmente su rol: eran el todo para el otro.

Qué difícil fue para Tarble ver los ojos de Broly cuando le contó de su compromiso y futura partida hacia Trantor. Sería imposible olvidar esa mirada de dolor, no quería ser quien lo lastimara, pero ahí estaba, sentado a los pies de la cama de hombros caídos y Broly de pie sin saber si irse del cuarto, pedirle más explicaciones, gritarle o ponerse a llorar.

—¿Cuándo? —preguntó con un hilo de voz y se dejó caer en un sitial, completamente rendido.

—Luego del torneo —respondió sin dejar de mirarlo, en cambio Broly no.

—Ahora entiendo tu comportamiento… —Sabía cómo eran las tradiciones entre familias reales. Esto no era algo que Tarble hubiera buscado, pero no por eso dejaba de doler. Justo ahora que estaban juntos, y el ser felices era una posibilidad palpable.

—Siento no haberlo dicho… No quería arruinarlo, quería pretender que teníamos todo el tiempo para nosotros.

Broly decidió mirar a Tarble para preguntarle lo siguiente.

—¿Y si nos vamos lejos?

—Sabes que no podemos —dijo con el corazón destrozado—. Al menos no por ahora. Está nuestro trabajo… todo lo que hemos hecho se vería perdido si nos vamos. Te prometo que fue lo primero que pensé, pero los planetas, y la gente, y los planes… Cuando nos comprometimos a hacerlo dijimos que lo haríamos bien.

—Lo sé. —Se escapó una lágrima y cuando la sintió en su mejilla la limpió con la mano y quiso irse del cuarto, pero Tarble le habló.

—Por favor, no, no te vayas… No me dejes ahora —rogó con ojos llorosos. Por eso había dilatado este momento, sabía que sería doloroso. Broly lo quedó mirando pero no se movió hacia ninguna dirección, por lo que Tarble insistió—. Sé que es egoísta de mi parte, pero te necesito.

El guerrero soltó un gruñido, y no fue capaz de resistirse a esa mirada. Ahora menos que nunca le gustaba verlo tan triste. Se sentó a su lado y lo atrajo a él con un brazo, como cuando era niño, solo eran amigos y lo consolaba de aquellos ataques repentinos de tristeza, solo que esta vez besó su cabeza y acarició su nuca.

—Lo siento —susurró Tarble contra su pecho.

—Tenemos tiempo, ya lo arreglaremos.

—Pensaré en algo.

—Lo sé.


Kakarotto, uno de los soldados más ordenados y con la armadura más limpia y reluciente gracias a la insistencia de Milk, salió de palacio luego de haber ido a visitar a su mujer que trabajaba sin parar en la cocina junto con el resto de cocineros, asistentes y esclavos para la cena de esta noche. Eran tantos los invitados, que los lugares donde circulaban los trabajadores estaban atestados de gente que iba y venía de un lado para otro. Gohan, como tantas veces acompañaba a su mamá en la cocina y se mantenía en un rincón leyendo muy bien cuidado por ella y por el resto de las cocineras que lo estimaban por su excelente comportamiento, así que al niño jamás le faltaba algo delicioso para comer durante su estadía. Y tampoco a Kakarotto cada vez que la visitaba, y en esta ocasión abandonó el palacio con un pedazo grande de torta que no duró mucho, pero sí lo disfrutó demasiado, ya que las cocineras de palacio trabajaban con ingredientes que el resto de los saiyajin no tenían acceso.

Luego de su pequeña pausa, se dedicó a buscar el motivo de su trabajo. Se supone que debía encontrar a Kyle en su cuarto, pero para variar no obedecía órdenes y hacía lo que quería. Aunque definitivamente podría haberle salido peor, ya que según decían, el soldado a cargo de resguardar la seguridad del príncipe Lok no solo debía lidiar con el pequeño, sino que también con la reina, y ella sí que era insoportable. Al final de cuentas este trabajo extra no había sido tan pesado, pues además tenía la oportunidad de visitar a Milk y de paso comer algo rico.

Le tomó un poco más de trabajo, pero finalmente encontró a la princesa en una de las torres desde donde se podía ver la entrada principal, lugar por el que solo transitaban las visitas más importantes y estaba resguardada por soldados de élite. La noticia del asesinato del príncipe Row ya era conocida por todos y por lo que se rumoreaba, los reyes ya tenían noticias al respecto que serían anunciadas durante la ceremonia del príncipe Lok.

—No quieres que te traten como una niña, pero te escondes cada vez que tengo que cuidarte —dijo, y se puso a su lado. Recién entonces notó que no estaba viendo la gente llegar, sino que se había escondido en este lugar para llorar—. ¿Estás bien? ¿Alguien te hizo algo?

Kyle se limpió el rostro con ambas manos, detestaba que la vieran así.

—Nadie me atacó, si es lo que estás pensando —dijo molesta—. No puedes hacer nada por mí, puedes irte.

—Sabes que no puedo irme, mi trabajo es cuidarte.

—¿Te importaría si me pasara algo? —preguntó mirándolo a los ojos. Esa acción tomó por sorpresa al guerrero

—Claro que sí, me matarían si algo te pasa cuando estás bajo mi cuidado. —Supo enseguida que era una respuesta equivocada por el rostro de la chica—. ¿Qué se supone que tengo que decir?

—Olvidalo. —Al menos ya no estaba triste, era mucho mejor estar furiosa, así tenía mayor control de su mente. Quiso volar para marcharse, pero Kakarotto la tomó del brazo para impedírselo y ella reaccionó enseguida, intentando golpearlo como hace unos días, aunque esta vez fue imposible siquiera rozarlo, ya que el guerrero mucho más entrenado y experimentado la esquivó sin problema. Kakarotto ya no volvería a bajar la guardia con ella.

—Voy a seguir encima tuyo quieras o no, así que hacemos esto por la buena o por la mala. — Había tenido peores trabajos, y no permitiría que una niña se saliera con la suya.

—Voy a entrar, si quieres estar detrás mío como idiota, adelante. —Se soltó de mala gana y se marchó con más calma.

Kakarotto no tardó en seguirla un par de metros de distancia.

.


—Por qué tienen esa cara, ¿alguno se va a morir? —preguntó Rasp con la boca llena de comida. La cena ya había comenzado luego de los anuncios de los reyes, en los cuales trataron los temas de el derecho al trono del príncipe Lok, el compromiso del príncipe Tarble, la alianza con Trantor, y además, la muerte del príncipe Row, y los responsables de su muerte que muy pronto tendrían su castigo correspondiente y acorde a la gran falta.

—No, Rasp —respondió Tarble que intentaba comer en paz. Broly estaba sentado a su izquierda y Kyle a su derecha, los dos en silencio y sin probar bocado alguno de sus platos. Irónicamente Tarble era el que se veía mejor de los tres.

—Anímense por Tarble —dijo Rasp, bebiendo directamente de la botella. Tenía un cigarro encendido en el borde de uno de sus platos con comida esperando por él—. Se va de este infierno de mierda, estará mucho mejor en cualquier lado que aquí.

Kyle no pudo evitar un gimoteo y un par de lágrimas se le escaparon. Tarble le puso una mano en la pierna para calmarla.

—Podríamos cambiar el tema, por favor, Rasp —dijo Tarble con tono amistoso.

—Está bien, lo siento, lo siento. —Se llevó el cigarro a la boca y dejó la comida de lado—. Qué fiesta tan aburrida, me gustaba cuando había prostitutas desnudas sirviendo vino… ¿Está bien ese tema?

—Sí, Rasp, muchas gracias.

Rasp le cerró un ojo.

Tarble también quería tocar a Broly para consolarlo, pero no lo hizo. El representante de Trantor estaba sentado junto al rey conversando y no dejaba de sentir su mirada, estudiándolo.

Los más de quinientos invitados estaban repartidos en largas mesas elegantemente arregladas dentro de los dos salones más grandes del palacio. En la mesa principal estaban los reyes, Lok y el delegado de Trantor, y a medida que se iban alejando de los reyes iban bajando la importancia de los invitados. En la segunda mesa estaban los príncipes, y para suerte de ellos era bastante larga para que Leek y Berry estén lo suficientemente lejos de Rasp, Tarble, Kyle y Broly que se unió a la mesa luego de los anuncios para acompañar a Tarble a comer. Kakarotto se mantenía de pie, alejado de Kyle, pero atento a ella en todo momento, mientras que el hermano del rey Vegeta no estaba por ningún lado.

Tarble miró de reojo a Berry y Leek que no dejaban de cuchichear entre ellos. En las otras mesas la gente hablaba y comía preocupada de sus asuntos, de cómo estaban vestidos los reyes de otros planetas y atentos de ver quien se embriagaba primero y armaba un escándalo digno de juzgar. Cómo deseaba Tarble que esta farsa terminara para volver a su cuarto con Broly y encerrarse.

—Coman algo, está muy bueno —dijo el príncipe intentando animar a Broly y Kyle, pero fue inutil.

—No puedo creer que estés tan tranquilo —dijo Kyle molesta, mirando la comida y lo único que quería hacer con ella era tirarla al rey y gritarle lo gran hijo de puta que era.

—No estoy tranquilo… Estoy…

—¿Resignado? —dijo Rasp.

Tarble sonrió ante su comentario. No resistió más y con su pierna tocó la de Broly por debajo de la mesa. Encontró la mirada de Broly y sintió que pudo haberse perdido en ella, pero al escuchar su nombre en voz alta salió del encanto y cortó todo contacto con él. Era el embajador de Trantor que se sentó al lado de Rasp para quedar frente a frente con Tarble. El hombre era alto como Rasp, esbelto, cabello corto y ordenado, orejas puntiagudas, de piel verde oscura y complejos patrones verde claro como si fueran pintados a mano por toda su piel. Vestía ropa de tela muy elegante y solo tenía cuatro dedos en cada mano.

—¿Podemos conversar, príncipe Tarble?

—Por supuesto —respondió educadamente.

—Te llevas al mejor saiyajin de aquí —dijo Rasp sin que nadie le preguntara—. Es tan bueno que no parece saiyajin y por eso su padre no lo quiere.

—Rasp, es suficiente —dijo Tarble con calma.

—Es verdad —sollozó Kyle—. Estará mejor allá que aquí, pero no quiero que se lo lleven. —Golpeó la mesa con el puño, totalmente frustrada.

Broly continuó con mirada cabizbaja, mirando la mesa.

—Al parecer mucha gente sentirá tu partida —dijo el embajador, sin dejar de mirar a Tarble. Era como si intentara leer su mente, realmente perturbador.

—Y yo sentiré sus ausencias en mi vida.


Cuando Vegeta tuvo el palacio a solo unos metros sintió que los cientos de recuerdos que se preocupó enterrar por tantos años salieran a flote en una inesperada explosión. Debió concentrarse en lo que hacía para no dejar que le afectara y continuó caminando hasta que algún soldado se decidiera a detenerlo, y tal como pensaba, ocurrió.

—¡Hey tú! —exclamó un soldado y se acercó a él junto con su compañero—. ¿Dónde está tu invitación? —dijo al verlo con ropa tan simple para la ocasión.

—¿Tengo que tener invitación para estar aquí?

—No te hagas el gracioso, idiota. —Quiso darle un manotazo para empujarlo, pero su compañero lo detuvo a tiempo.

—¿Príncipe Vegeta? —dijo el segundo soldado que lo identificó. Era imposible no hacerlo a pesar de tantos años sin saber de él, si tenía el mismo y característico peinado que el rey y el rostro similar.

—Qué observador —comentó Vegeta, cruzado de brazos, le había sorprendido que a medida que se acercaba a palacio nadie se hubiera fijado en su presencia. Tal vez estaba más delgado de lo que pensaba y por eso pasó desapercibido tanto rato. Esperó que alguno de los dos hablara, pero al parecer la sorpresa había sido muy grande—. Necesito un soldado que pueda hablar y moverse a la vez, pero al parecer ninguno cumple con los requisitos. —Continuó su camino hacia palacio, y pronto los dos soldados lo siguieron e hicieron la reverencia que debieron hacer en un comienzo.

—Lo siento, príncipe, es que pensábamos que estaba… muerto.

—No, no he tenido tanta suerte —dijo sin prestarles mucha atención, preocupado de observar el lugar. Se veía mucho mejor que antes, más ordenado, o limpio. La verdad no sabría decir qué era—. Necesito hablar con el príncipe Tarble, ¿se encuentra?

—Sí, se encuentra dentro del palacio, si gusta lo podemos llevar hasta él.

—Sí, sí gusto.

—Como diga, príncipe Vegeta.

El guerrero sintió tan extraño ser llamado por ese título y ese nombre después de tantos años, era como si le hablaran a un desconocido.

Los soldados se apresuraron para ir delante de Vegeta y así abrir paso. Desde antes de ingresar a palacio ya fue obvio que se encontraban en medio de una celebración. Había una gran gama de personas de otras razas, pero lo que le llamó poderosamente la atención fue que todos vestían elegantemente, demasiado para lo que recordaba como celebración dentro de palacio.

Ya era tarde, así que la mayoría de los invitados ya debía estar ebrio y ocupado con las prostitutas provistas por el reino, así que no le tomaría trabajo encontrar a Tarble sin llamar la atención del resto de los comensales. A medida que continuaba acercándose al salón sintió las miradas de soldados que lo reconocieron en el acto, incluso de invitados que comenzaron a murmurar descaradamente luego de observarlo. Estaba seguro que toda esa gente tendría un muy interesante tema para conversar: el regreso del hijo pródigo a Vegetasei, nada mal para una fiesta aparentemente aburrida, porque no escuchaba gritos de brindis ni escándalos como solía ser.

—Es suficiente, puedo continuar solo —dijo a los soldados cuando abrieron las puertas del salón principal.

Los soldados hicieron otra reverencia y en cuanto Vegeta se alejó, otros guerreros e incluso invitados se acercaron para sacarles información. Uno de ellos se quedó conversando, igual de asombrado que el resto, pero el otro siguió al príncipe al salón y se acercó a un esclavo que estaba encargado de anunciar la llegada de cada invitado. Le susurró el nombre del príncipe y lo apuntó para que viera que no estaba mintiendo.

La idea de Vegeta era pasar por un rincón del salón y encontrar a Tarble que debía de estar en las mesas más cercanas al rey. Ya deberían estar todos ebrios al borde de la inconsciencia, pero se sorprendió de ver que esta fiesta estaba centrada en la comida, todos muy bien vestidos, e incluso había gente tocando música. ¿Se había equivocado de reino? ¿Tanto había pasado en estos años para que cambiaran tanto? Decidió retroceder y salir del lugar antes que fuera demasiado tarde y esperar a que todo terminara para encontrar a su hermano, pero el esclavo que estaba a unos pasos de él llenó de aire sus pulmones para hacer el trabajo por el que no le estaban pagando, pero que si no hacía bien, terminaría muerto:

—¡Príncipe Vegeta! —Anunció para que todos en el salón supieran de la llegada del príncipe.

Vegeta apretó los dientes, molesto por la presentación, pero no dijo nada, ya que casi sintió las cientos de miradas sobre él e incluso la música zonza que sonaba de fondo se detuvo. Se volteó para mirar hacia la mesa principal y encontró enseguida al rey de pie mirándolo casi con la quijada en el suelo.

El silencio fue tal en el lugar que se sintió obligado a decir algo.

—Siento llegar tan tarde —dijo encogiéndose de hombros, como si no fuera la gran cosa.

El silencio continuó, y solo fue interrumpido por la risa estridente de Rasp que estaba muy ebrio, pero lo suficientemente consciente para darse cuenta de lo que había pasado.


Continuará...


Hola a todos y todas. Gracias por llegar hasta aquí. Primero que todo, les cuento que este capítulo era tan largo que decidí dejarlo hasta aquí porque faltaban unas diez escenas para terminarlo y no podría hacerlo a tiempo (alcancé a pasar las diez mil palabras, es el capítulo más largo del fic), así que mejor dejarlo hasta aquí para actualizar hoy, que esperar hasta el próximo jueves. (Sí, soy una maniática que le gusta actualizar El Legado los jueves)

Ahora vamos con la historia…

Por mucho que Tarble odie al rey, tiene que seguir fingiendo, ya que no tiene la forma de quedarse con sus planetas sin la autorización del monarca. A Tarble no le duró mucho el periodo de felicidad con Broly, pero es más fuerte que él. Si quieren seguir ayudando a gente en el anonimato no le quedaba otra opción que aceptar. Aún les queda un mes antes del torneo y deba marcharse a su nuevo planeta.

Por cierto. El tema de hoy Divina Guia es nuevamente para esta pareja, (correspondía canción para Vegeta, pero como dividí el capítulo en dos, decidí dejar la canción de Vegeta para el siguiente capítulo) Este tema de la banda Lucybell es tan hermoso y lleno de amor que siento que les viene como anillo al dedo a la relación que estaban comenzando.

Bulma es otra que lo está pasando mal con el fin de su relación, pero tiene a Tarble (y él la tiene a ella) para ahogar las penas. La relación que se dio entre ellos fue inesperada y más adelante se vienen unos flashbacks de cómo inició y cómo terminaron tan cercanos.

A Kyle le tocó bastante duro. Su hermano se va, se pelea con su padre y se da cuenta que Kakarotto es un idiota que no tiene interés alguno por ella. Fue tanta la pena que ya ni hambre tenía. Si no fuera por Raditz y Bardock, quedaría totalmente sola. Además ahora está creciendo y desarrollando y tiene un problema de identidad al parecerse tanto a su difunta madre.

Y Vegeta… Vegeta finalmente está de regreso en Vegetasei y pese a que quiso hacerlo disimuladamente (a sabiendas que lo reconocerían enseguida) salió peor de lo que había pensado. En el próximo capítulo estarán las reacciones de sus más cercanos, y por supuesto, las repercusiones en el mismo Vegeta.

Muchas gracias por leer. Espero ansiosa sus rws.

Dev.

17/09/20.