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El Legado II
Segunda Parte
XX
Un Primer Beso
I'm going to take my time
I have all the time in the world
To make you mine
It is written in the stars above
The gods decree
You'll be right here by my side
Right next to me
You can run but you cannot hide
(It's No Good / Depeche Mode)
Tarble despertó y permaneció quieto, en silencio observando el otro lado frío y vacío de la cama. No se había dado cuenta, pero en algún momento de la noche abrazó una almohada y durmió en la misma posición que tenía acostumbrado con Broly. Hace dos días que se había unido a él bajo las antiguas costumbres saiyajin y casi no habían podido verse a solas, salvo miradas furtivas al encontrarse en los jardines cuando paseaba compartiendo con su nueva familia, y él acompañaba a Kyle.
Se sentó sin mucho ánimo con la mirada perdida. No podía creer que aún no se separaban y ya se sentía melancólico, porque claramente no era lo mismo. Fue fuerte darse cuenta que haberlo traído al planeta había sido una muy mala idea, pero en su momento no lo meditó ante la posibilidad de poder estar juntos unos días más... aunque a qué precio.
Se levantó y metió al baño. Debía alistarse para otra seguidilla de reuniones y ni siquiera sabía si podría tener un tiempo a solas con Broly.
Vegetasei
Bulma hizo su computador a un lado y se estiró en la silla. Estaba cansada, no había dormido muy bien y casi no había descubierto nada sobre las Esferas del Dragón además de lo que Vegeta ya le había dicho. Tenía sobre la mesa más de diez libros que encontró en la biblioteca de Tarble que tal vez podrían contener algo de información, una historia, o hasta un cuento infantil con el relato sobre un dragón mágico que concede deseos, pero nada hasta ahora.
Por más que intentaba analizar y encontrar una explicación lógica no lograba hacerlo. La idea de que un animal mitológico concediera deseos por solo reunir unas esferas lo encontraba inverosímil, aunque claro, en su antiguo hogar, la Tierra, los dragones eran considerados criaturas imaginarias para asustar niños, capturar princesas en torres y comer caballeros, sin embargo en algunos planetas podía hasta encontrarlos en los zoológicos, pero ninguno de ellos parecía tener la capacidad mágica de cumplir un deseo. ¿Su poder tendría un límite? ¿Será realmente cierto lo que se dice de las esferas? ¿Si es tan poderoso cómo es que no hay guerras interminables entre imperios para apoderarse de ellas? Tiene sentido que no se sepa nada de ellas y no logre encontrar información, y sobre todo que Vegeta hubiera llegado huyendo con ellas. ¿Para qué querría las esferas? ¿Qué deseo tenía en mente este saiyajin? Sacudió la cabeza, agotada, debía dejar de pensar por unos minutos o terminaría con dolor de cabeza. Llevaba demasiadas horas activa.
Encendió un cigarro para obligarse a tomar una pausa y observó las esferas sobre la mesa. Las había acomodado en dos almohadas para protegerlas y no fueran a caer rodando. Tenía electrodos conectados en ellas a otro computador para descifrar el tipo de pulso que emitían y así poder comenzar a trabajar en un radar.
Un suave ruido ocupó su atención. Vegeta se había dormido hace menos de una hora en su sofá, y ahora parecía tener una pesadilla, ya que lucía inquieto y se quejaba. Bulma dejó el cigarro en el cenicero y se le acercó con cuidado. El lado del saiyajin estaba notablemente ordenado, y en su mesa pequeña junto al sofá solo tenía una botella de agua y un par de libros, mientras que en el lado de Bulma era todo un caos. «El precio por ser una genio», le respondió a Vegeta cuando le reclamó por su desorden, no tenía tiempo para dedicarse a ser inteligente y además ordenada.
—Vegeta —dijo cuando los quejidos del hombre aumentaron. Al ver que no despertaba, se le acercó más para tocarlo, y al momento en que alcanzó a rozar su pecho, él le atrapó la muñeca y la jaló haciéndola arrodillarse—. ¡Ey, despierta! —exclamó con su voz aguda, despertándolo por fin.
Vegeta se sentó, la soltó y la encontró arrodillada a su lado.
—¿Qué...? —Se sentía desorientado. Tomó la botella con agua y bebió todo el contenido.
—Los fantasmas no te dejan dormir, ¿no? —dijo Bulma de pie y sobándose la muñeca. No era la primera vez que debía despertarlo.
—A algunos nos provocan pesadillas, a otros insomnio por lo que veo —respondió mirando un reloj en la pared. Era tarde y Bulma continuaba en pie trabajando.
—Ya que estás despierto, ven —respondió evadiendo su comentario y regresó la mesa junto con el computador.
Vegeta se puso las botas y fue con ella.
La joven tomó el computador que estaba conectado a las esferas y le mostró en pantalla lo que parecía ser el monitoreo de los latidos de un corazón.
—Son las esferas —comentó Vegeta. Y mientras Bulma explicaba lo que había descubierto hasta ahora de manera tan vehemente, aprovechó que estaba a su lado para observar su rostro en detalle. Sí que era guapa además de inteligente, era fácil distraerse en la contemplación de su boca en lugar de estar poniendo atención en la pantalla del computador, sin embargo estaba atento a cada palabra que decía.
—Las pulsaciones son diferentes, jamás había visto algo así en un objeto inanimado, es como si estuvieran vivas y al juntarse se potenciaran —dijo atenta a la pantalla, y agregó pensativa—. De acuerdo a lo poco que me dijiste es magia, pero encuentro difícil de aceptarlo.
—Hay razas que usan la magia y es tan natural para ellos como para nosotros respirar —respondió Vegeta, aún cerca de ella y mirándola—. La puedes encontrar en su entorno, en la misma naturaleza y sus seres vivos. Generalmente son las razas más antiguas de la galaxia y la mayoría está casi extinta.
—Suelo ser más analítica, me cuesta creer esto de la magia.
En respuesta, Vegeta extendió la palma ante ella e hizo aparecer energía, similar a una llama de fuego azul.
—Explica esto —le dijo.
Bulma observó la energía y a él.
—De alguna manera tu cuerpo es capaz de producir o concentrar grandes cantidades de energía y canalizarla a través de tus extremidades —dijo, pero no estuvo satisfecha con la respuesta, faltaba mucho más.
—Lo mismo pasa con estas razas antiguas, pero es la magia la que pueden controlar. Así que en lugar de poder volar o lanzar ataques de energía, son capaces crear ilusiones, sanar con sus manos, o crear cosas como estas esferas. —Hizo desaparecer la energía de su mano—. No tienes que buscar una explicación lógica y tajante para cada fenómeno que ocurre en el universo.
Bulma sonrió. No solo era apuesto, sino que también interesante.
—Si me dejaras estudiarte podría encontrar una explicación lógica para tus habilidades.
—No soy una nave o una de las esferas —respondió él sonriendo. Caminó hacia la puerta de salida y la abrió—. Vamos a comer, tengo hambre.
—Pero son las cuatro de la mañana —respondió Bulma.
—Y tú estabas trabajando.
—Preferiría seguir trabajando.
—Y yo ya te dije que no voy a dejarte sola con las esferas. Vamos a comer, afuera hay guardias custodiando el lugar. ¿Y bien? —preguntó alzando las cejas, aguardando con la puerta abierta.
—Está bien —dijo con el ceño fruncido. Salió de la habitación y Vegeta la siguió.
Trantor
—No, gracias, no estoy interesada en ponerme vestidos —dijo Kyle intentando comportarse solo porque se lo había prometido a Tarble. Debió controlarse para no sacar a las mucamas a empujones, con todos los vestidos que había traído emocionadas para vestir a la princesa—. Simplemente quería un maldito peinado, gracias. —Cerró la puerta en cuanto logró sacar a las tres mujeres.
—Te verías bien con cualquiera, si quisieras —comentó Broly, sentado a los pies de la cama, mirando un par de vestidos que dejaron sobre unas sillas. El cuarto de Kyle no era tan grande como el de Tarble, pero continuaba siendo muy elegante y hermoso, digno para ella.
—¿Y por qué querría ponerme algo así? No podría entrenar o volar a gusto con esas cosas. —Los dos nuevamente habían dejado que los peinaran. Broly había accedido solo porque Kyle era excelente a la hora de convencerlo de cualquier cosa.
Broly no respondió y miró hacia la ventana del balcón, desde donde podían verse un par de árboles tan altos que la copa se encontraba varios pisos más arriba, alcanzando una de las torres de palacio. En uno de ellos, había un pequeño animal peludo de cola despeinada que comía una semilla del tamaño de su cabeza. La vida silvestre que habitaba en los árboles era lo único que le había gustado del planeta.
—¿Quieres ir a buscar comida o salir de este lugar y conocer la ciudad? —preguntó Kyle queriendo animarlo. Nunca era muy demostrativo con su rostro, pero podía adivinar cuando estaba cabizbajo porque la luz que solía brillar en sus ojos se apagaba.
—¿Cómo es ella? La princesa.
La joven se sentó en un mullido asiento frente a Broly.
—No lo sé, las veces que hemos compartido en la mesa no habla mucho, pero se ve agradable, al menos si la comparo con la bruja de su hermana… En verdad no los entiendo. —Se puso de pie molesta—. Ya sé que lo conversamos, pero deberían tomar sus cosas ahora y escapar. ¿Qué demonios le importa a Tarble sus planetas si siempre tiene a terceros ocupados en ellos? ¿Cómo van a ser más importante que nosotros? Y no puedo creer que te conformes con que la esposa de Tarble es una persona decente. No sé qué demonios les pasa a ustedes dos.
—Tenemos trabajo que hacer antes de marcharnos.
—¿Qué trabajo es ese? —exigió saber.
—Es complicado.
—Si hay algo que odio es que me traten como una niña. Ya no lo soy.
—Lo siento Kyle, pero aunque quisiera no puedo decirte. —Era esperable que ahora que estuviera mayor, Kyle fuera dándose cuenta de las cosas y no sería tan fácil engañarla como cuando era una niña pequeña. Para Tarble, y también para él, era de vital importancia que ella no se enterara de sus planes, ni siquiera de la ayuda hacia otros planetas.
La joven permaneció de brazos cruzados, evidentemente molesta, pero no insistiría con Broly, su idea era distraerlo, no hacerlo sentir peor. Cuando tuviera la oportunidad hablaría directamente con Tarble, aunque estos días se había vuelto tan difícil verlo a solas, ya que siempre estaba con el rey, su prometida u otras personas de Trantor, por lo que entendía el humor de Broly.
—Vamos a buscar algo para comer, pero no creas que me olvidé de esta conversación.
Vegetasei
Bulma se asomó por la puerta del baño con una toalla alrededor de su cuerpo y otra en su cabello. Había olvidado la ropa en su nuevo sofá/cama y se aseguró que Vegeta no estuviera para ir en busca de ella. Ya llevaban unos días trabajando bajo esta nueva y rara modalidad y no lograba recordar que tenía que llevar su ropa al baño para vestirse ahí, tenía la cabeza puesta en otras cosas como para acordarse de aquellos detalles sin importancia.
Revisó uno de sus bolsos y buscó ropa interior, mientras que en otro sacó una camiseta simple y un pantalón ajustado. Tenía pensado quedarse en la habitación todo el día trabajando, estaba embobada con las esferas y necesitaba saber más.
Se quitó la toalla de la cabeza y la lanzó al sofá. Cuando se quitó la otra toalla hasta la altura de la cintura, se detuvo asustada al escuchar la voz de Vegeta.
—En este momento me debato entre avisarte que estoy aquí o mantenerme callado y disfrutar de la vista —dijo disfrutando del momento.
Bulma volvió a cubrirse y se dio vuelta para buscarlo. No podía ser, había revisado y no estaba. Pero claro, no se fijó en los ventanales, ahí estaba, sentado en uno de los marcos salientes leyendo uno de los libros de su hermano. Era imposible que lo hubiera visto desde la puerta del baño.
—¿Para esto querías que compartiéramos habitación? —preguntó molesta afirmando la toalla con una mano—. ¿Para poder espiarme?
—No, es porque no confío en ti. Esto fue adicional —respondió sonriendo de lado, cerrando el libro—. Además si fueras más ordenada esto no pasaría.
—Sí, claro, igual cuando me toqueteaste cuando me encontraste en tu habitación —dijo. Tomó la ropa con la que pensaba vestirse y se encaminó hacia el otro lado del largo cuarto, donde estaba el baño.
—Primero que todo, te encontré en mi habitación registrando mis cosas, no lo olvides. Uno de los tantos motivos porque no confío en ti. Y segundo, no te toqueteé.
—Dilo cuantas veces quieras, eso no cambia el hecho de que sí lo hiciste.
—Si te hubiera toqueteado de verdad lo sabrías, no te quedarían dudas al respecto —dijo altanero.
—En tus sueños, saiyajin. —Se metió al baño y cerró con pestillo.
Vegeta continuó con su lectura.
(...)
—Por fin te encuentro —dijo Ginn cuando se topó con su padre en los campos de entrenamiento de los soldados de élite—. ¿Vamos a hablar de una vez o vas a seguir escapando?
El hombre hace poco que podía sentirse completamente recuperado de todas sus heridas, aunque todavía sentía un tanto dormido el rabo, ya no podía manejarlo como antes, pero no era problema al tenerlo siempre alrededor de su cintura.
—No me he ocultado, he estado ocupado. Ahora tengo que embarcarme en una misión denigrante para ir a solucionar un problema con unos malditos carroñeros que se están metiendo donde no deben.
—Ese tipo de misión no te corresponde.
—No, pero el rey decidió castigar mi paupérrimo papel en la arena de combate —respondió sin hacer una mueca de su inexpresivo rostro—. Así que ahora lo es.
—¿Y me vas a decir cuál es el problema que hay entre los dos para que te golpeara como lo hizo?
—Cualquier problema que pueda tener con ese soldado son asuntos internos y no los voy a discutir contigo. —Comenzó a caminar por el lugar y su hija la siguió.
—Claro que tienes que hacerlo —insistió molesta—. Podría haberte matado, casi lo hizo.
—Este tipo de cosas ocurren todo el tiempo. ¿Tanto tiempo has pasado fuera de los escuadrones de élite para que se te haya olvidado?
—Recuerdo muy bien cómo funciona todo, papá. Pero lo que pasó con Kakarotto es diferente, todos lo vimos.
—No, no recuerdas cómo son las cosas y te alteras por una paliza más que lastimó más mi orgullo de guerrero que otra cosa.
—Sí, miente todo lo que quieras.
—Quizás si no pasaras tanto tiempo con ese hombre en misiones de tercera clase recordarías lo competitivo que es esto.
—De nuevo con lo mismo —dijo poniendo los ojos en blanco—. No vine aquí a hablar de eso.
—Pues deberías. Podrías acompañarme a esta misión y luego pasar a una de verdad, así recordarías lo que significa ser un verdadero saiyajin.
—Sí, claro, y después me vas a presionar para coger al príncipe Vegeta, vendiendo a tu propia hija para intentar escalar.
—Eso fue un error. Eres una buena guerrera de élite, lo demostraste en el torneo grupal y deberías centrarte en eso, no en lo que intentas hacer con ese otro sujeto sin linaje.
—Detente —dijo seria y se puso delante de él para impedirle seguir avanzando y le pusiera atención—. No vine a hablar de mis decisiones como guerrera y mucho menos a escuchar que hables mal de Raditz. Simplemente quiero que me des tu palabras que no harás nada contra Kakarotto y su familia.
—Tanto te importa esa gente.
Ginn creyó notar cierto tono de celo en su voz, pero fue difícil descifrarlo.
—Kakarotto es hermano de Raditz, así que es mi familia también, y por rebote su mujer y su hijo. Por eso estoy aquí. Si no quieres decirme qué pasó con Kakarotto, está bien, no me importa, pero necesito que me des tu palabra que no intentarás nada contra ellos. Jamás te he pedido nada en la vida, y te recuerdo que fuiste tú quien se acercó a mí para volver a tener una relación, así que tienes que saber que esto es importante para mí… ¿Entonces?
—Tienes mi palabra —dijo en voz baja. —Hace solo un par de días le había dicho a un grupo de sus hombres que no intentaran nada contra la mujer y el niño de Kakarotto, pero no porque sintiera compasión por una simple mujer y un niño híbrido sin poder, sino porque se enteró que habían soldados de dos príncipes haciéndoles guardia y ya no quería más problemas con la casa real por mucho que quisiera limpiar su nombre de guerrero. Esto es un trabajo que le tomaría un poco más de tiempo, y debía prepararse para eso. Su rango no tenía valor alguno si el rey lo menospreciaba por perder una batalla, así era como funcionaban las cosas en Vegetasei, el poder lo era todo y el que garantizaba estatus.
—Espero que aún valga algo tu palabra, papá —dijo seria.
Straw arrugó más su ya marchito entrecejo.
Trantor
—Esa reunión sí que estuvo aburrida, puedes decirlo con confianza —dijo la princesa Dahlia luego de despedirse de un grupo de ancianos influyentes de palacio. Una vez que estuvo a solas con Tarble en el jardín principal se notó la cara de alivio de los dos.
Tarble no pudo evitar arquear las cejas porque había sido su pensamiento en todo momento.
—Lo más triste es que podría ser peor —dijo recordando algunas reuniones en su planeta.
—Bueno, ¿no es lo que tenemos que hacer los príncipes? —preguntó ella.
—Me gustaría pensar que nuestro trabajo puede ser menos superficial. No quisiera pasar mi vida en fiestas y reuniones con gente poderosa —respondió caminando con ella por el lugar.
—No, es la novedad de conocer a un saiyajin. Ya pasará con el paso de los días…
—Eso espero —dijo y se detuvo para apreciar un árbol de hojas y flores rosas. Jamás había visto algo así en su vida, era impresionante y majestuoso, un árbol de más de cincuenta metros de alto cuyas gruesas raíces rompían el pasto para escapar a la superficie, similares a los tentáculos de alguna imponente bestia marina.
—Bueno, la reunión de mañana la planeé yo. Se nota lo aburrido que estás de tener que conocer a gente muy parecida, así que le pedí permiso a mi padre para cambiar un poco el itinerario.
—Sea lo que sea estará bien —dijo de forma educada. No quería hacerla sentir mal, después de todo dentro de toda la gente aburrida y frívola que le había tocado conocer, conversar con ella era agradable. Hubiera sido una buena amiga de haberse conocido bajo otras circunstancias. Además, mientras más gente conociera para sus propósitos, mejor, pero por el momento no podía ser selectivo, no tenía otra que continuar con su labor de príncipe.
—No es la gran cosa como un emperador, pero te aseguro que los hijos del personal de palacio son mucho más entretenidos que ellos.
—¿Hijos del personal? —la miró curioso.
—No todo es superficialidad y bailes aquí. Me gusta enseñarle a los niños del personal que no tiene tiempo para llevar a sus hijos a la escuela abajo en la ciudad. Las clases son todos los días en la biblioteca, pero las suspendimos por la llegada de ustedes. También están emocionados por conocer un saiyajin de cerca, si gustas, puedes decirle a tu hermana que venga, claro, si es que ella quiere.
Por primera vez en días Tarble esbozó una sonrisa honesta.
—No tienes que suspender las clases por nuestra visita. Es importante que no interrumpan la rutina. Sé lo difícil que es luego ponerse al corriente.
—¿Lo dices porque fuiste alumno o maestro?
—Ambas. Mi madre se preocupó de darme a mí y hermano una educación poco típica para los saiyajin, y luego ayudé a mis amigos y a mi hermana. No es un tema la alfabetización de las personas en Vegetasei, mientras sepan pelear, con eso les basta a muchos. —El viento comenzó a soplar con mayor intensidad, revolviendo el cabello de los dos y soltando las flores más débiles del árbol.
—Entonces la reunión de mañana podría ir incluida con una clase.
—Me encantaría —dijo interesado. Por fin vería algo más interesante que vejestorios y mujeres pretenciosas pavoneándose por el lugar y estudiándolo como si se tratara de una exótica atracción de zoológico. De forma inconsciente levantó la mano para quitarle del cabello un par de pétalos rosas que quedaron enredados. Jamás notó las mejillas rojas de la joven por aquel contacto y no hubo tiempo de darse cuenta, ya que escucharon no muy lejos de ellos una discusión que comenzaba a subir un tanto de tono.
Tarble caminó hacia las voces que disputaban cuando reconoció una de ellas, uno de los hombres de su escuadrón, y se apresuró mucho más cuando la voz de Kyle resaltó. Junto a una inmensa pileta de mármol oscuro estaban al menos tres de sus guerreros, su hermana y Broly con cuatro soldados de Trantor y un hombre de unos 30 años que se notaba de alto rango por su ropa y postura. Bastó prestarle atención a su mirada intensa para entender que se trataba de Hazel, el hijo mayor del rey.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó Tarble, con voz de mando, pero contenido. Inmediatamente sus hombres, se pusieron firmes.
—Lo siento, príncipe Tarble —dijo uno de sus hombres que intentó explicarle lo que sucedía, pero Hazel se le adelantó y por supuesto guardó silencio por respeto.
—Así que tú eres el príncipe Tarble —dijo inspeccionándolo de pies a cabeza, y luego agregó—. No es tanto el problema, tranquilo, es simple curiosidad. —El príncipe tenía ojos claros y piel color verde pálido. Su cabello blanco lo llevaba corto y ordenado, como militar, y a diferencia de los hombres más pacifistas que habitaban en palacio, él no usaba túnica, sino un uniforme azul oscuro con faja roja alrededor de la cintura y botas de cuero negras, parecida a la tenida de sus soldados que lo acompañaban, pero de tela más elegante y con la hombreras características que anunciaban su rango mayor—. Quería saber qué tan efectivos y letales eran estos guerreros saiyajin ya que todo el mundo habla de ellos. —Pese a tener el cuerpo, la altura y apariencia de militar, Hazel no se movía ni hablaba como uno. En ese aspecto era más principesco y altanero.
—Di lo que dijiste —dijo Kyle molesta, e intentó seguir discutiendo, pero Broly la tomó del hombro y volvió a ponerla detrás de él para que se comportara y protegerla.
Hazel la ignoró y saludó a su hermana cuando la vio llegar.
—Dahlia, estaba conociendo a tu futuro esposo —comentó, y luego se dirigió a Tarble—. Quiero que un saiyajin pelee con uno de mis hombres. Yo escojo a ese grandote —dijo apuntando a Broly—. Y tú puedes escoger al que quieras de los míos.
—Mis hombres no están para hacer un espectáculo —respondió Tarble de forma educada al hablar con el príncipe, pero firme. No pudo evitar mirar de reojo a Broly—. Pueden participar en torneos, pero no los voy a hacer pelear aquí sin ninguna razón.
—¿Hablas en serio? —respondió Hazel sonriendo—. Los soldados del rey Vegeta ya se han enfrascado en al menos tres peleas allá en la ciudad. Yo solo pido un combate de exhibición, nada sangriento ni brutal. Mi padre podría haber organizado un torneo al menos en lugar de tantas fiestas.
—Hazel —dijo su hermana—. Sabes que a nuestro padre no le gusta que combatan en los jardines ni en ningún lugar de palacio. El escándalo espantaría a los animales.
—Lo sé, lo sé, pero él no está aquí, y yo no voy a decir nada, tampoco creo que ustedes —insistió.
—Tal vez para cuando tu padre decida hacer un torneo —reiteró Tarble—. Pero mis hombres no vinieron a combatir ahora.
—Lástima —dijo Hazel—. Yo tenía entendido que todos los guerreros saiyajin eran temibles guerreros, pero veo que me equivoqué, hay cobardes en todos lados.
Uno de los hombres de Tarble quiso responder a la provocación, pero Tarble se adelantó en hablar.
—Puede que los guerreros del rey caigan en ese tipo de incitaciones, príncipe Hazel, pero yo antepongo la disciplina en mis hombres. Y en cuanto a si son cobardes o no, han demostrado en el campo de batalla la clase de personas que son, no en una riña de taberna o para entretener a la realeza aburrida. —Miró a sus soldados y les habló—. Pueden retirarse. —Los tres guerreros hicieron un saludo con la cabeza antes de marcharse. Solo quedó Kyle con Broly que hacía lo posible por no mirar a la princesa que estaba demasiado cerca de Tarble, casi tocándolo.
—Mi padre debe adorarte —comentó Hazel divertido—. ¿Cuánto tienes? ¿Doscientos años? Porque ya se te olvidó cómo divertirte.
—Hazel, por favor, al menos en esta ocasión sé amable —pidió su hermana.
—Está bien —dijo conteniéndose para no continuar bromeando a expensas del príncipe saiyajin que en ningún momento había sonreído siquiera un poco—. Ustedes también retírense —ordenó a sus soldados que obedecieron enseguida. Quedó mirando a Broly que permanecía en su lugar—. ¿Y tú por qué te quedas? ¿Hay un trato especial contigo o qué?
—Él viene conmigo —Se apresuró en responder Kyle nuevamente poniéndose adelante, pero no pudo avanzar porque Broly la tomó de un hombro.
—Ya veo —respondió Hazel—. Es tu matón personal, pequeña princesa.
—Sí, y cuando quieras puede romperte la nariz, pedazo de…
—Kyle, es suficiente —dijo Tarble.
—Pero él empezó —reclamó ella, molesta que su hermano no la apoyara.
—Bueno, al menos la princesa tiene ese ímpetu saiyajin. Tal vez cuando estés más grande puedas pelear conmigo.
—Pelea tú solo, no voy a perder mi tiempo contigo —dijo enojada, cruzándose de brazos, lo que provocó que el príncipe sonriera con gracia por la actitud de la joven bajita.
—Entonces, Hazel —dijo Dahlia, más animada, a la vez que tomaba a Tarble del brazo—. ¿Vas a acompañarnos a la fiesta de esta noche?
En lo que los hermanos conversaban del evento de la noche, Tarble debió controlarse para no tensarse por completo ante aquella acción tan mínima, pero cercana. Ni Hazel ni Dahlia notaron la cara de sorpresa que puso Kyle o la expresión de hastiado de Broly, pero sí Tarble.
Kyle debió salir caminando detrás de Broly, ya que se suponía que él era su guardián y debía ir con ella a todos lados.
—No te enojes —dijo Kyle a Broly que continuaba caminando—. Acá toda la gente se toca, los has visto todos estos días, es normal para ellos.
Broly no respondió y continuó caminando.
Tarble pasó de mirar a la pareja de hermanos y a Kyle y a Broly una y otra vez. Intentó inventar una excusa pero al final terminó soltándose del agarre de la princesa y caminó a paso rápido detrás de su familia.
—Enseguida regreso —dijo sin mirar hacia atrás ni esperar respuesta. Se puso al lado de Kyle para no ser tan obvio y hacer como si le hablaba a su hermana—. No te vayas así.
—No era buena idea quedarme —respondió Broly mirando hacia el frente, sin pensar en detenerse.
—Lo sé —dijo Tarble sin saber qué decir para no empeorar la situación, ya que además de no haberse visto, y mucho menos poder estar a solas, esta no era la primera vez que los veía así de cercanos con la princesa, pero ese gesto había sido demasiado—. Pero dame un minuto para hablar.
—No tienes que disculparte —dijo con voz suave y ronca—. Esto pasaría, lo sabíamos.
—¿Podemos por favor ir a un lugar tranquilo a conversar? —insistió perdiendo un poco la paciencia. En Vegetasei no había sido problema ocultar su corta pero intensa relación ya que pese a todo era el lugar seguro de Tarble y Broly donde podían estar solos sin problemas, en cambio aquí era tan difícil incluso lanzarse una mirada intensa, cuando estaban acostumbrados a desatar todo lo que sentían.
Kyle continuó caminando entre los dos hombres, incómoda por la situación y triste porque jamás los había visto así. Desde pequeña siempre fueron tan buenos amigos que disfrutaba estar con ellos y escucharlos hablar de cualquier tema, lo que fuera, siempre había alguna sonrisa y buen trato. Tenía ganas de detenerse y gritarles por no escapar de una buena vez, pero se contuvo y los dejó hablar.
—Lo mejor será que me vaya —dijo Broly y sintió una presión en el pecho de tan solo decir esas palabras, al igual que Tarble al escucharlas.
—Lo sé —respondió el príncipe con un nudo en la garganta—. Pero no aún, te ruego que no.
—¿Cuándo entonces?
—Hablemos primero. No puedes irte así.
—Tienes que ir con ellos —respondió Broly—. Es importante que conozcas al hijo del rey. —No entró en más detalles por Kyle, pero Tarble entendió y se detuvo. Dejó que los dos continuaran caminando hasta que los perdió de vista tras un invernadero, luego regresó con los hermanos para continuar con su trabajo. Si quería volver a estar con Broly y su hermana tendría que desempeñar bien su rol.
Vegetasei
—Entonces, ¿cómo diste con ese namekusei? —preguntó Bulma luego de tragar el pedazo de carne. Limpió su boca y bebió vino de su copa. Aún quedaban algunas botellas de vino que podía beber sin embriagarse de un solo trago en la biblioteca de Tarble, así que no dudó en ir por ellas.
—Inspeccioné planetas desahuciados. La unión de la tierra con su gente es más fuerte de lo que parece, no solo les provee de magia, también la recibe y al estar su población casi extinta afecta la vida de la misma estrella —respondió, y volvió a poner atención al plato de comida.
Esta vez no fueron a la cocina del palacio. Les llevaron a la habitación y ahora almorzaban en la mesa sentados frente a frente, con las esferas y los computadores al lado. Ella bebía vino, y él cerveza.
—¿Y cuando los encontraste te dieron la información así como así?
—Tuve que persuadirlos —respondió y sintió la mirada de ella encima, esperando más detalles, pero la ignoró y siguió comiendo.
—¿Habrá más de esos namekusei en este lado de la galaxia? Sería interesante encontrar alguno para tener más información —dijo pensativa.
—No son fáciles de encontrar, no les conviene que la gente se entere de su secreto.
En cuanto terminó su plato, Vegeta lo hizo a un lado y acercó uno de los computadores de Bulma para revisar las anotaciones de la joven que aún le quedaba la mitad de la comida.
—Es entendible, el poder que tienen es increíble, me pregunto por qué no usan ese mismo poder para salvar su raza —dijo Bulma.
—Tal vez no tienen el poder necesario para eso. —Ya que Bulma no podía ver la pantalla, aprovechó revisar las otras carpetas en busca de cualquier cosa que le diera información sobre ella.
—Qué frustrante. Solo tengo preguntas y ninguna respuesta clara.
—Construye el radar y tendremos las respuestas —dijo atento a la pantalla del computador.
—No te esfuerces —dijo Bulma con la copa en la mano—. Ese computador es para trabajar, no hay nada privado. —Vegeta solo levantó la mirada hacia ella al verse descubierto y ella le respondió—. Estás haciendo demasiados clics, ya saliste de la carpeta con la información de las esferas. No es necesario que sigas espiándome, no encontrarás nada ahí. —Sonrió.
El guerrero no se vio incómodo ni intimidado y respondió con la misma soltura de siempre.
—Se llama reciprocidad. Yo te doy información sobre mí, y tú deberías hacer lo mismo.
—Lo que te pregunto es para el trabajo, no es lo mismo.
—¿Qué tanto ocultas?
—Simplemente soy reservada.
—Lo único que sé sobre ti es por terceros y cuando se te ha soltado la lengua cuando estás ebria.
—Tal vez deberías tratar de emborracharme.
—Eso no se ve difícil —dijo viendo la botella de vino.
—¿Y por qué tanto interés en mí? —preguntó entretenida por la conversación ya que siempre terminaban provocándose mutuamente.
—Porque quiero saber qué ocultas, y además me pareces interesante —dijo.
Bulma sonrió detrás de la copa. Sabía que sería directo, pero no tanto.
—Entonces, ¿le robaste las esferas a ese tipo poderoso, y qué pasó? —Cambió el tema de golpe, que el saiyajin se diera cuenta que era ella era la que tenía el dominio de la situación.
—Tomé una nave que me trajo hasta acá. Fue un viaje largo y…
—¿Y la nave dónde está? —preguntó interesada de verdad en el tema.
—Está a unas horas de palacio —respondió.
La mujer se limpió la boca con una servilleta y dejó la copa y el plato de lado.
—Tienes que llevarme hasta la nave, necesito revisarla. ¿Qué pasa si te rastrean hasta aquí? Podrían intentar robarse las esferas
—Es demasiado lejos, no tienen idea de Vegetasei o de los saiyajin.
—Prefiero cerciorarme por mí misma, no me gustan las sorpresas. —Dejó el asiento y fue hacia la puerta—. Vamos, ¿qué esperas?
Vegeta la siguió.
Trantor
¿Cuántas fiestas más podría soportar antes de volverse loco? Se supone que una vez casados y cuando los reyes saiyajin y su comitiva se marchara ya no sería así, y todo estaría más tranquilo, pero mientras tanto celebrarían reuniones con importantes invitados para agasajar a los reyes saiyajin. Por lo tanto, tendría que soportar el suplicio hasta el día de la boda, lo que lo tenía de pésimo humor al no poder pasar sus últimos días con Broly y su hermana, ni poder hablar como se debe con Broly para solucionar las cosas.
Bebió otra copa de licor sin medirse como en las veladas anteriores. Esta noche no tenía intenciones de socializar y se quedaría sentado junto a su mesa vacía hasta que fuera el momento prudente para marcharse. Al menos Dahlia no había dejado de conversar con su hermano, al parecer tenían una muy buena relación y no se veía hace mucho, así que eso le daba la oportunidad de seguir en silencio, esperando que las horas pasaran.
Se mantuvo cruzado de piernas con el vaso en la mano sobre la mesa, observando a los invitados y lo que hacían. Algunos continuaban en sus mesas bebiendo, bailaban la serena melodía que tocaban músicos, otros murmuraban secretos, mentiras, de todo, tal como ocurría en cada gala de gente poderosa.
—¿Por qué esa cara? —dijo Rave a Tarble en cuanto se sentó, frente a él—. Deberías estar dichoso de quedar en un lugar como este, con una jovencita que parece ser un encanto.
Tarble volvió a beber antes de responderle, y al igual que Rave, miró a cualquier lado menos a ella.
—Debes de estar feliz por haberme sacado del planeta.
—Para ser honesta, sí. No era agradable verte por el palacio creyéndote príncipe y jugando a lucir como guerrero —respondió tan tranquila como siempre.
—Al menos ahora que no estaré, tus hijos tendrán alguna oportunidad de destacar y verse menos inútiles.
—Mis hijos son muy capaces.
—Sí, eso es verdad —respondió como si estuviera hablando un tema importante—. Eres tú la que los tiene castrados y nos los aleja de tu nocivo pecho. —Sirvió más licor en el vaso hasta la mitad y continuó—. Ahora entiendo esa relación tan enfermiza entre Berry y Rasp, el veneno que les diste de mamar cuando niños les debe haber afectado.
Rave solamente sonrió y bebió su copa de vino anaranjado.
—¿Y qué pasó con el que Koora te dio a ti y a tu hermano? Era tan corriente que el que se supone que era el hijo ejemplar terminó de esclavo por diez años. Y tú no fuiste capaz de volverte un guerrero, y solo te alcanzó para las apariencias... Espero que ninguno de los dos haya salido a ella y piense ahora en traicionar al reino, porque recuerdas cómo terminó ella, ¿verdad?
—Lo recuerdo muy bien —dijo con calma, comenzando a golpear el vaso con sus dedos—. También estuve ahí. Afortunadamente la educación que me entregó mi madre fue suficiente para conocer mis limitaciones. Sé muy bien qué puedo y no puedo hacer… ¿Tú lo sabes, Rave?
—Claro que sí, pequeño. Y es bueno que tú también sepas tu nuevo lugar, mientras tanto yo continuaré en el mío allá en Vegetasei, poniendo orden.
—Estoy seguro que así será.
—Así es.
—Un solo consejo, respecto a tu lugar en Vegetasei. Te advierto que tengas mucho cuidado con Kyle. No quiero que…
—¿Estás amenazándome? —preguntó y lo miró.
—No, para nada —respondió sonriendo con ojos fríos—. No tengo la necesidad de amenazarte, el mismo rey es el que no dudaría en deshacerte de ti si se te ocurriera tocarle un pelo a Kyle, ya sabes que es su favorita incluso por sobre tu hijo, no importa lo que haga y cuánto se esfuerce, en cambio Kyle solo con parecerse a mi madre… Creo que por ahí comenzó su apego a ella. Quién diría que una mujer muerta y su hija le quitarían el lugar a ti y a tu hijo que tan desesperadamente han tratado de ocupar por tantos años… —La miró y bebió todo el licor del vaso—. Te pregunto de nuevo, Rave, ¿Estás segura que conoces tu lugar?
Los dos se quedaron mirando en silencio hasta que el rey y los dos príncipes volvieron a la mesa. Las voces de Kyle y Lok, sacaron a Tarble y Rave de sus respectivos trances.
—No voy a bailar, yo no bailo —dijo Lok—. Tú baila.
—¿Y qué sigue después? —respondió Kyle—. ¿Ponerme un vestido? Tú anda a bailar, a ti te pidieron bailar.
—A ti también, y saliste arrancando.
—Era un anciano, no quería bailar con un vejestorio.
El rey Vegeta simplemente se dedicó a seguir bebiendo y comiendo lo poco que quedaba en la mesa que había sido arrasada hace rato.
Tarble se limitó a ponerse de pie, besó la cabeza de su hermana antes de retirarse rumbo a uno de los balcones para tomar aire fresco. Había bebido demasiado y necesitaba despejar la cabeza.
Vegetasei
—¿Ocuparon esta nave de matadero? —preguntó Bulma con horror cuando luego de sentarse en el asiento de la nave notó toda la sangre seca. Al tener la compuerta abierta dejaba que el sol iluminara con lujo de detalle cada rincón del lugar—. Pareciera que alguien se voló los sesos aquí dentro. —Ignoró el escalofrío que le provocó imaginarse lo sucedido y decidió concentrarse en su trabajo.
Vegeta no respondió y se mantuvo de pie apoyado en la nave para mirar a su interior.
—Interesante modelo —susurró la mecánica mientras la encendía. Tenía su pequeña caja de herramientas en el suelo de la nave, entre sus piernas—. ¿Cuánto tiempo viajaste?
—Ocho o nueve meses, no lo recuerdo.
—Supongo que ibas dormido.
—Supones bien —respondió el hombre mirándola teclear a una velocidad asombrosa pese a que no estaba en su idioma.
—¿Qué fue lo que te pasó para dejar así la nave?
—Eso no es relevante para la búsqueda de las esferas —respondió, y Bulma no pudo evitar recordar las terribles cicatrices que tenía cuando llegó. Era asombroso cómo el cuerpo de los saiyajin era capaz de sanar. En cualquier otra persona esas cicatrices permanecerían ahí para siempre, en cambio las de Vegeta estaban evidentemente menos visibles.
—¿Y qué es lo que quieres pedir? —preguntó dejando el teclado para mirarlo—. Y no digas que no es relevante para la búsqueda de las esferas porque no quiero ayudarte a conquistar el universo.
—Por conclusión imaginas que eso es lo que quiero pedir —dijo frunciendo el ceño.
—Es para lo que te educaron desde pequeño, ¿no?
—No terminé ese curso.
—Entonces, ¿para qué las quieres?
—Una cosa por otra, Bulma. Haz el radar y puede que te de más información.
—Te cobraré la palabra.
—Lo sé.
La joven volvió con el teclado y la pantalla y estuvo unos minutos revisando antes de volver a hablar.
—Necesitaré un poco más de tiempo —dijo pensativa—. No quiero activar nada que pueda delatar tu paradero. Imagino que muchos deben estar buscándote para recuperar las esferas.
—Podemos llevarnos la nave.
—No, no necesito toda la nave, con el cerebro de la computadora me basta… Tan solo necesito quitarla con cuidado… —Batalló con la herramienta y la estructura que estaba más dura de lo que pensó—. Solo necesito un minuto… —Debió hacerse hacia atrás en el asiento cuando Vegeta metió su cuerpo dentro de la nave y retiró la caja negra metálica que Bulma no pudo. Todo alrededor de la máquina quedó abollado y deforme, pero no tenía pensado volver a usarla.
—Listo —dijo. Le pasó el pequeño cerebro de la máquina y Bulma la guardó en la caja de herramientas.
—¿Y vas a decirme a quien mataste aquí adentro? —preguntó Bulma una vez que estuvo fuera de la nave y pudo ver mejor toda la sangre seca. Lo primero que haría al llegar sería darse una ducha y cambiarse de ropa.
—A alguien que hacía muchas preguntas —respondió, y sin avisar la tomó en brazos para volar de regreso a palacio. Bulma le pasó un brazo por la espalda para afirmarse mejor y con la otra afirmó la caja de herramientas que apoyó sobre su torso.
—Oh, vamos, eso ya no va a resultar —dijo Bulma en voz alta. La velocidad de vuelo de Vegeta sumado al viento hacía más difícil comunicarse.
—Entonces ya no me tienes miedo como en un comienzo —dijo él para molestarla.
—Nunca te he tenido miedo —dijo mirándolo a los ojos, al igual que él a ella.
—Sí, claro. —Aumentó la velocidad y ella debió abrazarlo con fuerza.
Trantor
El salir a tomar aire no sirvió para que su humor mejorara, y cuando levantó parte del guante para ver su reloj empeoró la notar que aún era temprano para abandonar el lugar. Estaba tan harto de todo este sinsentido que ya deseaba que llegara el día de la boda para que todo se relajara y pudiera concentrarse en su tarea, pero por otro lado eso significaría no ver más a Broly y Kyle. Maldito rey, y maldita reina que lo metieron en esto. Jamás caía en las provocaciones de Rave, y ahora se vio cayendo en su juego. Sin quererlo los reyes alargaron su tiempo de vida, pero no sería por mucho, se encargaría de eso.
—Se supone que a los saiyajin les gusta esto, la comida y las fiestas, al menos eso es lo que se dice de ustedes —dijo Dahlia cuando estuvo cerca de Tarble. Frotó sus brazos desnudos ante el viento frío. Su vestido de noche no era para estar al aire libre.
—Suelo evitar este tipo de eventos, pero para ellos está bien —dijo mirándola de reojo cuando se puso a su lado, junto a la baranda del balcón—. Me gusta la tranquilidad.
—Disculpa mi pregunta, pero ¿no tienes buena relación con tu padre? Siempre te refieres a él como el rey y hablas de los saiyajin como si no pertenecieras a ellos.
—Tenemos grandes diferencias —respondió para salir del paso. Aún se sentía enojado y no quería desquitarse con ella que había sido tan amable estos días—. Además, lo que tú ves normal con tu padre y familia no lo es para nosotros.
—Sí, lo sé. Es solo que es difícil acostumbrarse a algo así.
—Es lo mejor —dijo encogiéndose de hombros—. Simplifica las despedidas. —Cuánto deseaba que pudiese ser así con su hermana y Broly para que no doliera tanto.
—Si ese es el caso, creo que es mejor un poco de frialdad en la relación. Las despedidas son las peores… Aunque aquí es un tanto diferente. No le vayas a decir a mi padre que te lo dije, pero le gustaste mucho —dijo sonriendo—. No suele conversar tanto con las esposas o maridos de mis hermanos, y contigo se ha reunido todos los días. Así que si en algún momento el calor de este planeta se te contagia un poco puedes considerarnos a los dos. Aquí nadie juzga por expresar sus sentimientos.
Tarble se giró para mirarla de frente.
—Lo tendré presente —se limitó a responder, y agregó—. Tu padre no accedió a enviarte a Vegetasei a vivir conmigo no porque considerara que es un lugar peligroso, sino porque no quería que te alejaras de él, ¿verdad?
—¿Es tan obvio?
—Bastante, al menos para mí.
—Siento que esto haya alterado en algo tus planes.
—Está bien —susurró resignado—. De todos modos no pensaba vivir en ese planeta el resto de mi vi… —La boca de la joven en sus labios no lo dejó seguir hablando.
Tarble permaneció erguido y sorprendido, sin hacer nada en lo que duraba el discreto beso, y cuando la joven levantó la mano para tomarlo del rostro, él la detuvo con firmeza y delicadeza de la muñeca para impedirle que lo tocara, pero sin lastimarla.
—No es necesario que hagas esto —susurró cuando ella alejó su boca de la de él. Ahora sentía el sabor de su labial en los labios.
—¿Que no haga qué?
—Forzar las cosas —respondió. Su mirada era gélida, no se comparaba a cuando tuvieron aquellas agradables conversaciones mientras paseaban por los jardines o compartían el almuerzo—. Sé que has oído cientos de historias de los saiyajin, pero carezco de muchas de sus costumbres.
—No quise forzar las cosas. Hice lo que deseaba, nada más —respondió y la timidez que había logrado dominar estos días volvió más fuerte que nunca—. Lo siento.
—No, no digas eso. Y discúlpame tú a mí. —Soltó su muñeca y abandonó el balcón y el salón de la fiesta. Ya no esperaría a que fuera una hora prudente para marcharse, simplemente no quería estar más ahí.
Vegetasei
—Entonces… —dijo Ginn cuando se metió sin avisar a la ducha con Raditz que se hizo a un lado para dejarla pasar y se acomodara frente a él—. Tengo todo listo.
—¿Todo? —preguntó. Dejó el jabón y se concentró en el cabello de ella para que se mojara por completo.
—Sí, Milk y Gohan no corren peligro, ya hablé con mi papá y aunque el muy cabrón no quiso decirme qué mierda pasaba con el idiota de tu hermano, noté que está tan avergonzado con lo que pasó que finge que no es la gran cosa.
—¿Estás segura?
—Sí. Además ya son semanas sin que nadie los haya amenazado o visto algo sospechoso. Todavía están los hombres de Tarble y ahora Vegeta mandó a unos soldados a hacer guardia, así que ya no tienes excusas para irte conmigo. Nuestro escuadrón está listo y deseoso de usar las naves y armaduras que conseguimos con lo que nos dejó Tarble. —Al ver que no respondía, insistió—. Pase lo que pase me iré en unos días, así que será mejor que…
—Por supuesto que iré contigo —respondió tomándola de las mejillas con sus grandes manos—. No habría otro lugar donde quisiera si no es contigo.
—Esa es una muy buena respuesta —dijo apoyando las manos en su pecho.
—E hiciste todo eso por ellos —dijo impresionado.
—Lo hice por ellos, por ti y por mí. No quiero seguir metida en este planeta, nos hará bien salir por un tiempo… No me mires así, sí, la mujer de Kakarotto no me agrada, y yo a ella tampoco, pero es la madre de Gohan y ese niño es demasiado adorable como para que no me importe lo que pase… estúpido niño encantador —murmuró molesta.
Raditz optó por no preguntar por qué no se llevaba bien con la mujer de su hermano. Lo mejor era enfocarse un problema a la vez y el de ahora era importante.
—Necesito hacer algo antes de dejar el planeta.
—Lo que sea con tal de salir de aquí.
—Tengo que hablar con Kakarotto, y tal vez tú puedas conseguir que me dejen verlo.
—Si con eso te saco de Vegetasei, soy capaz de cargarme a todos los guardas para hacerte entrar a la fuerza. Y por favor, encárgate de hablar bien claro con él… Aunque ya las cosas se calmaron por aquí no me voy a olvidar de lo que hizo.
—Lo haré. —La besó y tomó el shampoo para echarle en el cabello. Ginn se volteó y lo dejó atenderla.
Trantor
Cuando Tarble llegó a su habitación, nuevamente no encontró a Broly, y todo estaba tal como lo había dejado, lo que significaba que no lo había esperado tampoco. No aguardó y tomó su scouter para comunicarse con él, y tal como pensaba, tampoco tuvo respuesta. Ya que su humor no podía empeorar más, lanzó el comunicador a la cama y se quitó la ropa para cambiarse por una más corriente. Si Broly no quería hablar con él, iría a buscarlo.
No le costó trabajo encontrar el lugar. Solo tuvo que preguntarle a uno de sus hombres y éste le indicó cómo llegar. Fue extremadamente cuidadoso de no toparse con algún guardia o trabajador de palacio, tal como había dicho Broly, la seguridad no era de lo mejor, y eso era perfecto para él y sus planes a futuro.
Cuando entró al cuarto de Broly, en un área más sencilla de palacio, le puso cerrojo a la puerta y apoyó la espalda en ella. Al parecer el guerrero esperaba que se presentara, pues ni se inmutó cuando lo vio, y permaneció sentado en un viejo sillón bebiendo licor directamente de la botella.
—Estás bebiendo —comentó Tarble aún recargado en la puerta. Broly no solo había bebido el contenido de la botella que tenía en su mano, en el suelo habían tres más vacías y aún así parecía ligeramente mareado, no casi inconsciente como cualquiera lo estaría después de haber consumido tanto alcohol. Tarble había bebido más de la mitad de una botella durante el tiempo que debió permanecer en la fiesta, y ya sentía la lengua un poco pesada.
—Estaba armándome de valor —respondió serio, como siempre, pero con los ojos brillosos—. Pero esto no sirve de nada.
—¿Para qué?
—Para lo que debí hacer hace días y no me atreví por cobarde.
—No digas eso. Deberías haberme buscado para hablar en lugar de pensar en irte.
—¿Cuándo? ¿Cuándo paseabas del brazo con tu prometida? ¿O tal vez deba esperar cuando se besen o se casen? —Hablaba con tanta calma que cualquiera que lo viera pensaría que no le importaba lo que estaba diciendo, pero no era así.
Tarble agachó la mirada sintiéndose culpable. No estaba acostumbrado a ocultarle las cosas o mentirle, salvo ese gran secreto que guardaba de él, pero solo era para protegerlo de sí mismo.
—Hoy me besó —dijo arrepentido, como si él hubiera buscado que sucediera.
—Era algo que podría pasar, ¿no? —dijo, y casi sin darse cuenta, apretó con tanta fuerza la gruesa botella de vidrio que terminó destrozada en cientos de filosos pedazos. Como si nada, se quitó los fragmentos rotos incrustados en la mano, y salvo un poco de sangre no sintió ninguna molestia.
—Todo esto es mi culpa, jamás debí aceptar que me acompañaras. Lo mejor sería que te fueras —dijo sufriendo cada palabra.
—Y eso es lo que quiero, irme enseguida, pero significaría no verte en ¿cuánto tiempo?
—Si los dos nos concentramos en nuestros deberes el tiempo no pasará tan lento.
—Eso no quita el hecho de que tú vas a estar aquí con ella, y… —Se puso de pie, molesto, la mano no dejaba de gotear sangre y decidido caminó hacia la puerta, pero Tarble no se movió de su lugar.
—No puedes irte así —dijo Tarble mirándolo a los ojos, lo que hizo que Broly lo evitara—. Mírame y háblame —dijo en voz alta, enojado, logrando que le hiciera caso.
—Los dos estamos metidos en el plan de hacer caer el imperio, y sabía que en algún momento tendríamos que hacer cosas que no nos gustasen, pero esto va más allá de lo que puedo tolerar. Estoy usando todo mi autocontrol y tengo miedo que no pueda seguir haciéndolo.
—¿Y por eso pensabas irte sin siquiera decírmelo? —dijo dolido.
Broly lo tomó del mentón un poco más de brusquedad de lo normal y le pasó el pulgar por la boca, sacando el labial que la joven dejó en el breve beso, y que Tarble por la sorpresa y el alcohol olvidó limpiar.
—Apestas a ella —dijo enojado y celoso.
Tarble se limpió la boca con la mano, cortando el contacto con el guerrero, pero Broly ya le había quitado todo el labial.
—No pude evitarlo —respondió también en voz alta—. Lo siento.
—No sigas disculpándote.
—Entonces dime qué quieres que haga.
—Déjame ir —rogó.
—No, así no. —Lo tomó del cuello de la camiseta y lo atrajo, lo obligó a que se acercara a su rostro hasta que sus mejillas se acariciaron—. Así no —repitió desesperado. No sabía qué más hacer, acostumbrado a siempre tener el control de todo aunque nadie estuviera al tanto, le ayudaba a estar en paz, y ahora con todo lo que estaba sucediendo en su vida sentía que perdía el dominio de la situación. Lo tomó del rostro y besó. Era su boca la que quería, solo su sabor para relamerse, y su esencia impregnada en su piel, la de nadie más, solo él.
—Maldición, Tarble —susurró el guerrero, incapaz de rechazarlo. Sí, necesitaba marcharse, pero más lo necesitaba a él, pese a saber que seguir a su lado solo significaría hacer la despedida más dura y dolorosa. Tomó su rostro y respondió los besos con la misma intensidad y desesperación. Al igual que los «te amo» que el príncipe le gimió y lo hacían sentir tan bien y mal a la vez.
Qué terrible era para esos dos hombres que toda su vida se les enseñó a reprimir sus sentimientos, sentir de esta forma tan desgarradora y tener que seguir ocultándolo por miles de razones.
Tarble le tiró la camiseta hasta rajarla desde el cuello al hombro, y Broly terminó de quitarsela al mismo tiempo que debió retroceder ante el avance del príncipe que lo dirigió a la cama. Cuando sus piernas chocaron con el colchón, cayó sentado por el empuje del joven en el pecho y lo recibió sobre sus piernas, sentado a horcajadas. Compartieron unos besos más en medio de un abrazo que casi dejó a Tarble sin respiración.
Las caricias continuaron, los besos, se estimularon mutuamente en esa posición y de un momento a otro, la ropa terminó en el suelo y los dos hombres sobre la cama. Broly aprisionó a su compañero entre el colchón y su cuerpo. Su mano ensangrentada manchó su cuerpo y sus dientes casi le sacaron pedazos de piel, ansioso de hacerle saber que no podía ser de nadie más.
Al príncipe se le escapó un quejido de dolor cuando una de las mordidas en el hombro fue más fuerte de lo normal. Respondió pasando las uñas en la espalda del guerrero que también se quejó, excitado y adolorido. Estaban siendo más bruscos que de costumbre, dejando salir toda la frustración, enojo y celos que los embargaba.
Otra mordida feroz en el cuello que le arrancó sangre y Tarble se liberó de la prisión hasta quedar sobre él, entre sus piernas. No tardó en penetrarlo, provocando gemidos en los dos que debían controlar para no ser descubiertos. El príncipe continuó moviéndose en un ritmo constante y rudo, con las manos sobre el colchón, arriba de los hombros del guerrero. No resistió más y terminó acercándose para besarlo, morder su mentón y esconder el rostro en su cuello, mientras las manos de Broly hacían lo que querían con su rabo y todo él.
De pronto ese aroma intruso se apoderó de uno de los sentidos del guerrero. No había sido suficiente restregarse contra el cuerpo de Tarble, comerlo en vida o hacerlo sudar para deshacerse de él, ahí permanecía esa delicada y desagradable esencia dulce parecida a alguna de las tantas flores que abundaban en el lugar pero que en ese momento no lograba recordar cuál. Pese a lo mucho que estaba disfrutando los embistes del príncipe no pudo seguir concentrado. Lo tomó del cuello y lo obligó a separar sus torsos para mirarse.
Ante el fiero agarre, Tarble dejó de moverse, pero continuó dentro del guerrero, despeinado y agitado, y ahora más excitado por la presión en el cuello que lo incitó a mover sus caderas contra él una vez más, acostumbrado al trato vehemente de los entrenamientos que no tardaron en incorporar durante el sexo. Con la misma brusquedad que lo había caracterizado esta noche, Broly lo hizo regresar a la cama y obligó a ponerse boca abajo apoyado con antebrazos y rodillas. Tarble se dejó dominar y apretó los dientes cuando lo sintió en su interior.
No contento, Broly le atrapó y juntó ambas muñecas detrás de su espalda y usó el rabo del príncipe para amarrarlas y mantenerlas ahí, provocando que el rostro de Tarble se fuera contra el colchón, y entonces comenzó a moverse, fuerte y profundo, lo más alejado posible de su cuerpo para no tener que oler esa esencia intrusa.
Tarble debió contenerse para no quejarse más fuerte. Los embistes del guerrero sumado al los tirones en la base de su rabo que rozaban el limite del dolor a causa del amarre en sus muñecas, le produjo una corriente de placer en su sexo que fue creciendo. Por su parte, Broly continuó, extasiado, entrando y saliendo mientras afirmaba al príncipe de las caderas. La trenza terminó soltándose y su cabello desordenado nuevamente le cubría parte del rostro.
El cuerpo de ambos brillaba de sudor, con los músculos tensos ante cada movimiento. Broly estiró la mano para tomar a Tarble de la nuca, y así ayudarse a empujar y cambiar el ritmo. Se estaba haciendo insoportable para ambos contener los gemidos, además el agarre del rabo en las muñecas del príncipe se hacía más tirante por culpa de los embistes, y no importaba cuánto intentara soltarse, esta vez no tuvo éxito como en ocasiones anteriores, Broly lo había amarrado muy bien.
Un buen rato después los dos descansaban acostados boca arriba sobre la cama que era mucho más pequeña de lo que estaban acostumbrados, por lo que sus costados se tocaban y Tarble apoyaba la cabeza sobre el brazo estirado de Broly. Los dos intentaban recuperar la respiración, agotados, en silencio. Sus cuerpos ahora llevaban evidentes marcas de mordidas, arañazos y apretones que se salieron de control. Broly en la espalda y torso; Tarble en cuello, hombros y muñecas.
Fue extraño, pero por primera vez ninguno sintió deseos de hablar o acariciarse, a sabiendas que lo que acababa de ocurrir había sido para peor. Lo más inteligente y sensato sería haberse despedido y separarse de una vez, con la certeza que sus caminos volverían a coincidir más pronto de lo esperado, para no alargar más la agonía ni las discusiones que jamás habían tenido en once años, pero no fue así. No lo pensaron, cedieron a las emociones y ahora lo único que deseaban era continuar juntos pese a las consecuencias negativas.
Aún en silencio, y agotado, Tarble movió la mano izquierda a la altura de su cabeza para posarla sobre la de Broly. El guerrero la recibió enseguida y entrelazaron los dedos.
Vegetasei
Bulma se estiró en el asiento, perezosa. Dedicaba tantas horas del día y la noche a trabajar que su cuerpo lo estaba sintiendo. Ahora estaba intentando acceder a toda la información de la nave de Vegeta y calcular qué tan lejos estaba el lugar del que escapó. Quería descubrir más de él y qué mejor que conociendo nombres de planetas y enemigos.
Se percató que el ruido del agua continuaba constante en el baño, lo que significaba que Vegeta seguía en la ducha. No lo pensó dos veces se acercó a las cosas del saiyajin en el sofá. No había mucho que revisar, pero necesitaba urgente echarle un vistazo a la cápsula, ya eran muchos días sin tocar el tema y estaba desesperada. No creía posible que su padre le hubiera enseñado a alguien más a construirla, ya que abandonó por completo cualquier trabajo que no involucrara cuidar animales rescatados, le hubiera dicho en cualquier caso. Entonces, ¿quién demonios había construido esa cápsula? Estaba segura que ella no.
—Si quieres ver la cápsula solo tendrías que haberlo pedido —dijo Vegeta a mitad de camino.
Bulma casi dio un salto de susto al escucharlo y dejó el cojín en su lugar, después de todo la cápsula no estaba ahí. El saiyajin estaba aún con el cuerpo mojado, con pantalones ajustados oscuro, zapatillas y el torso desnudo. Su cabello goteaba agua y parte de este cayó sobre sus ojos formando el mismo flequillo que tenía en esa foto que Bulma tanto miró cuando estuvo investigando a la familia real. En ese momento pensó que era un muchacho atractivo, y ahora era un hombre extremadamente guapo con cualquiera de los dos peinados.
—Sí, quería ver la cápsula —dijo ella enfrentándolo, después de todo ya la había descubierto y estaba segura que no habría consecuencias, después de todo él se sentía atraído a ella. Algo a lo cual podía sacarle provecho si era inteligente—. Pero la escondiste.
Vegeta se acercó un poco más hasta llegar a la mesa, junto los computadores y esferas. Se metió la mano al bolsillo del pantalón y le mostró la cápsula.
—No la escondí. Simplemente la guardé, uno nunca sabe quién podría meterse a este cuarto y ponerse a revisar mis cosas.
—Quiero verla por curiosidad. me hizo recordar algo en lo que estoy trabajando y no le había dicho a nadie, por eso me alteré el otro día —dijo acercándose.
—Para alguien que pasa mintiendo lo estás haciendo muy mal ahora.
—¿Me las vas a pasar o no? —preguntó con el ceño fruncido y muy poca paciencia.
—No has pedido por favor —respondió sonriendo burlón, disfrutando ser quien dominaba la situación esta vez. No siempre podía ser ella.
—No seas infantil y pásamela —dijo casi ordenando, y luego agregó muy a su pesar—, por favor.
Vegeta empuñó la mano donde tenía la capsula antes de responder.
—Debes de haber trabajado de jefa en muchos más lugares de lo que dice el resumen que me enviaste. Estás acostumbrada a ordenar y que hagan lo que dices, por eso te irrita tanto que no te obedezca.
—¿De qué estás hablando? —preguntó fingiendo demencia.
—También estás acostumbrada a la gente con títulos, porque no importa quien, los títulos siempre intimidan y nunca fue tu caso. No es novedad para ti tratar con príncipes, eso se nota a simple vista. ¿Fuiste mecánica para otro reino acaso? O tal vez algo más que mecánica, porque lo que estás haciendo abarca otras materias más complejas. Es obvio que ocultas todas tus habilidades.
Bulma sonrió como si todo se tratara de tontas especulaciones, pero la leyó tan bien con unos pocos días de convivencia que se sintió expuesta. Se había dado cuenta que era un hombre inteligente, pero no tanto.
—No, en el resumen que te hice llegar está toda la información de mis antiguos trabajos y cargos. Y si no quieres mostrarme la tonta cápsula no lo hagas, no tienes que comenzar a inventar tonterías porque no me conoces. —Quiso alejarse, pero Vegeta la tomó de la muñeca y no se lo permitió. Le dejó la cápsula en la palma de la mano, pero no la soltó y pasó un dedo por la piel de su muñeca antes de tomarla del rostro con una mano y besarla en la boca.
No pudo contenerse más, era lo que deseaba.
Continuará…
Hola a todos y todas, gracias por llegar hasta aquí. Antes de comentar el capítulo les tengo una pregunta sobre las actualizaciones en la semana de navidad y año nuevo:
Como se habrán dado cuenta, navidad y año nuevo caen día jueves, y no sé si actualizar ese día. correrlo o simplemente no actualizar.
Pregunto aquí porque en facebook muchos comentan y luego no leen ni dejan rw, así que prefiero hacerlo acá con ustedes que siguen y comentan (que casi siempre son las mismas) y es la opinión que me interesa al final de cuentas por un asunto de retribución a su apoyo.
Pregunto porque no quiero apurarme escribiendo y luego no ver respuesta alguna, lo cual es muy triste y frustrante. Entonces estas son las opciones:
1. Actualizar jueves como siempre
2. Actualizar viernes (tanto para la semana de navidad y año nuevo)
3. Actualizar ninguna de esas dos semanas.
Dejen sus respuestas cuando escriban el rw, por favor. No tomaré en cuenta facebook.
Bueno, ahora de regreso al fic.
Estaba emocionada por empezar la interacción entre Bulma y Vegeta. Usualmente es ella la que demuestra interés en él y no se avergüenza en aceptarlo. En esta oportunidad es diferente y me encanta eso. Él estuvo muchos años fuera, es un saiyajin diferente y ella tiene ese recelo contra los saiyajin y por eso aunque se sienta atraída por él, no cederá (enseguida)
Gracias a todo lo que interactuó Bulma con Vegeta durante el tiempo que estuvo con Tarble y el resto le sirvió para ver que Vegeta no era el monstruo que pensaba, aunque claro, es muy pronto para que vaya a cambiar su forma de pensar sobre él. Pero ya hay cambios grandes, basta ver la forma en que va con él cuando vuelan y compararlo con esa vez que la pilló en la casa de Bardock
A Vegeta le gusta Bulma pese a que sabe que algo oculta, pero ya fue mucho aguantarse y terminó besándola. Los dos seguirán juntos, mintiendose, ocultado información y tratando de descubrir cosas del otro.
La canción de esta vez, It´s No Good, de Depeche Mode, es por supuesto para Vegeta y Bulma. Qué canción tan buena y describe tan bien lo que pasa entre ellos desde el punto de vista de Vegeta. Para quien busque la letra en internet le comento que toda la letra les viene, pero al final decidí quedarme con esa porque es la que más les viene en este momento de su relación que aún no puede llamarse relación.
Raditz y Ginn ya se van a ir del planeta por asuntos de trabajo. Lo que les hará bien para la relación, ya que pese a que las semanas hicieron que todo el alboroto ocurrido con Kakarotto y Straw se calmara, quedó el tema pendiente, molestando lo que tienen. En el próximo capítulo aparecerá Milk y Kakarotto para los que se estén preguntando.
Y respecto a Tarble y Broly. Menos mal que en este capítulo habían escenas de Vegeta y Bulma porque hubiera terminado muy triste al solo escribirlos a ellos. Pasó lo que tanto temían y pese a que lo mejor que podían hacer era despedirse, no lo hicieron. Después de todo son 11 años juntos y cuesta demasiado decir adiós.
Tarble suele tener control y ahora que no puede le está pasando malas jugadas en cuanto a su carácter. Por eso terminó teniendo esa conversación con Rave, ya que en otras circunstancias no le hubiera respondido, pero cansa tener que fingir alguien que no eres todo el tiempo.
Pese a que son saiyajin descompuestos porque expresan lo que sienten, igual siguen conservando costumbres saiyajin y no están acostumbrados a tocar a otros con tanta ligereza, por eso esa tomada de brazo causó tantos problemas.
Kyle ya se está dando cuenta de las cosas, ya no es tan pequeña y será difícil continuar con la mentira tanto tiempo.
Y respecto a la princesa Dahlia, bueno, no creo que sea muy difícil sentirse atraída a Tarble.
Bueno, eso sería todo por hoy. Tengo que ir a ducharme, así que los dejo sin antes recordarles que su apoyo en forma de rw es muy importante para mí. No se olviden plis escribir un mensajito corto, largo, con amor, ira, lo que sea, aquí más abajo de mi nota de autor encontrarán la casilla para escribirlo.
Que estén todos muy bien.
Dev.
10/12/20.
