El Legado II


Segunda Parte


XXII

Búsqueda


Te extraño

Como los árboles extrañan el otoño

En esas noches que no concilio el sueño

No te imaginas amor, cómo te extraño

(Te Extraño / Luis Miguel)


Una semana después


Trantor


Tarble despertó antes que el sol ingresara por los ventanales y tuviera alguna oportunidad de molestarlo. Bostezó perezoso y se levantó rumbo a uno de los balcones, no sin antes tomar su comunicador del velador y llevarlo con él, como hacía cada mañana. Su rabo se movía de un lado a otro, buscando el de su compañero para entrelazarse, pero ya se encontraba demasiado lejos como para pensar en la idea de volver a verlo en un corto plazo.

Una vez en el balcón, observó la maravillosa vista de los jardines y el bosque del cual aún no lograba dejar de asombrarse, y esperaba que nunca sucediese. Se puso el scouter al oído, y como cada mañana intentó comunicarse con él. Cómo cada mañana esperó a establecer contacto, y como ya iba ocurriendo desde que se marchó, Broly no contestó, en cambio sonó un ruido de estática junto con un corto pitido que le indicaba que podía hablar y el mensaje quedaría grabado para cuando el interlocutor quisiera escucharlo.

—Simplemente quería desearte buenos días —susurró, desilusionado de que no respondiera la llamada—. He estado entrenando todas las noches, pero no es lo mismo solo… A veces le pido ayuda a alguno de mis soldados que se quedaron aquí… Pero no es lo mismo —repitió mirando a lo lejos. Hizo una pausa antes de volver a hablar—. Te llamaré más tarde. —Cortó y continuó un rato con las manos apoyadas en la baranda, cabizbajo, melancólico y extrañando a Broly a morir, pero de un momento a otro tomó una bocanada de aire y cambió su expresión, ahora fría y sin emociones. Ya era hora comenzar el día, el rey lo había invitado a desayunar y no quería hacerlo esperar.

Ingresó al cuarto con una actitud completamente diferente. Dejó el scouter sobre un mueble y se dirigió al baño para darse una ducha fría, le haría bien. Dahlia continuaba durmiendo, aún era muy temprano para la mayoría de la gente del palacio, ni siquiera las mucamas habían golpeado para traer el desayuno. Le gustaba así: se acostaba tarde, luego de entrenar, cuando la princesa ya estaba durmiendo y se levantaba antes que despertara, así evitaba demasiada interacción en la cama.


(...)


La pesadilla fue tal, que Vegeta terminó sentado en la cama empapado de sudor y con el cuerpo adolorido de lo tenso que se encontraba. Esta vez Freezer fue quien importunó su descanso y reapareció para recordarle las dos semanas de torturas que se sintieron como un año. No sabía que era peor, si soñar con el tormento que sufrió con el tirano, o con ese día en el coliseo cuando su madre…

Se levantó y metió al baño de su cuarto. Mojó su rostro, cuello y pecho desnudo para refrescarse, y ya que sabía que no podría volver a dormir en un rato, decidió salir a la habitación principal de la nave, la cabina de mando, desde ahí la vista era privilegiada y podría ver un rato la inmensidad del espacio a la espera que el sueño regresara y pudiera volver a la cama. Según el reloj de la nave, aún le quedaban varias horas de sueño.

Cuando llegó a la cabina de control, encontró a Bulma sentada con los pies sobre el asiento. También vestía su pijama: una camiseta de tirantes blanca y pantaloncillos cortos y sueltos. Tenía un portátil más pequeño de lo normal y con una sola mano se movía por todo el teclado sin mirar. Seguramente el insomnio la había atacado una vez más.

Vegeta cayó en su asiento y acomodó la espalda en el respaldo antes de concentrarse en la vista al frente.

—¿Otra pesadilla? —preguntó Bulma.

—Sí —respondió el hombre.

Bulma dejó de lado el mini computador para mirarlo.

—¿Sueñas con lo que te pasó? ¿Con quién te dejó esas cicatrices? —Esta vez Vegeta no respondió y continuó contemplando la vista del exterior, por lo que Bulma volvió a insistir—. Estaba intentando comunicarme con mi papá, pero estoy demasiado lejos y no pude… ¿Ves? Ya solté información, es tu turno.

Así se habían llevado la primera semana viajando. Dando información de uno a cambio de saber algo del otro.

Vegeta la miró antes de responder.

—Sí.

—¿Te torturaron? —preguntó Bulma. Aún no podía quitarse de la cabeza la imagen de Vegeta empapado en sangre y luchando por respirar al interior de la nave personal.

—Sí.

—¿Por las esferas?

—Sí. Las escondí antes de que me atraparan.

—Vaya… —exclamó en un susurro.

—Tu padre… —dijo Vegeta, después de todo él respondió varias preguntas—. ¿Él te enseñó lo que sabes?

—Sí, aunque me falta mucho para saber tanto como él.

Eso le llamó la atención al saiyajin. Era la primera vez que escuchaba una muestra de humildad en Bulma.

—¿Y qué pasa con él?

—Está muy lejos, y trato de mantenerme en contacto el mayor tiempo posible, pero nos alejamos más, y no pude —dijo encogiéndose de hombros—. Pero ya veré cómo lo hago para lograr hablar con él.

—Claro, con tus simples habilidades de mecánica potenciarás ese simple computador para comunicarte con tu padre.

—Exactamente eso es lo que haré. De alguna manera hay que hacer que el tiempo pase dentro de esta nave.

—A mi se me ocurren un par de cosas interesantes, pero considerando que dijiste que me lanzarías por la escotilla si intentaba besarte nuevamente…

—Y cumpliré mi promesa, saiyajin. Esto no es más que una relación de trabajo —dijo mirándolo a los ojos para que entendiera que hablaba en serio, pero la mirada del hombre era tan intensa que no le quedó otra opción que ponerse de pie para marcharse a su habitación y hacer cualquier cosa que la mantuviera ocupada—. Dulces sueños, Vegeta.

—Diviértete mirando el techo de la nave, Bulma —respondió Vegeta, y regresó su atención hacia el exterior de la nave.

Bulma sabía que un mes viajando con Vegeta en una nave no tan espaciosa sería todo un reto, sin mencionar la evidente atracción de la cual quería sacar provecho para tener ventaja sobre él. Pero se había prometido que no cedería, Vegeta era un príncipe saiyajin con tremendo historial de brutalidad, y sin olvidar que fue quien mató y decapitó al hermano mayor de Troy. Sería un grave error y una traición a sí misma caer ante un hombre así, ella que lo único que quería era acabar con el imperio, y por mucho que hubiera estado alejado por tantos años, continuaba representando todo lo que odiaba de ellos… ¿o no?


Una semana después


Trantor


Tarble dejó la taza de té y miró al rey como si estuviera prestando real atención a todo lo que decía, cuando en verdad tenía la cabeza en otro lado. Las conversaciones con él podían ser verdaderamente interesantes, pero no lograban el grado de profundidad que esperaba. Sentía que continuaba en una constante prueba para ver si era digno de confianza. Tal vez se estaba apresurando, llevaba muy poco tiempo en el planeta, y sin embargo el monarca lo invitaba casi todas la mañanas a desayunar para conversar, lo que significaba que de algún modo tenía cierto grado de consideración hacia su persona, pero por otro lado, las invitaciones siempre se reducían a desayunar solos. El día que lo incluyera a reuniones con gente de confianza e importante del reino podría decir que estaba dentro, mientras tanto iría con el hombre cada vez que lo invitara.

—Hay algo que no puedo evitar mencionar —dijo el monarca—. Es sobre el regalo que le hiciste a mi hija...

—Eso era privado —respondió con calma, mirándolo a los ojos. Ya se había dado cuenta que Dahlia hablaba mucho (demasiado) con su padre y que eventualmente se lo diría, pero no tan pronto, lo cual era bueno para él.

—Lo sé, pero liberar dos planetas así de grandes e importantes no es cualquier cosa. Es un gesto noble.

—Solo fue un obsequio —dijo y apartó la mirada. El hombre atribuyó su reacción a su forma de ser saiyajin. Por lo que conocía de ellos, no era algo que haría uno, y mucho menos un príncipe. Estaba intrigado por saber más de ellos, y no quedarse con lo que otros le informaron.

—Nadie más lo va a saber. Tampoco tu padre… ¿Cómo es que no se sabe tanto de ti cuando se habla de la familia real de Vegetasei?

—Soy discreto —se limitó a responder Tarble—. Me dedico a mi trabajo y que otros se regodeen de gloria, no es lo mío, y creo que eso no es del agrado del rey.

—¿No se suponía que tú serías heredero al trono en ausencia de tu hermano mayor? Sin embargo te envió a vivir lejos y es un niño quien será el futuro rey.

—Usted es padre y también rey—respondió luego de limpiar la boca con una servilleta—. Si creyera que su hijo no es el indicado para sucederlo, ¿haría algo, no?

—He hecho muchas cosas en consideración al trono, pero también pensando en mis hijos. Cosas que me enorgullecen y otras que no… Por muchos años fui un guerrero igual o más terrible que tu padre, pero por ellos decidí buscar la paz para que no sufrieran lo mismo que mi primera familia a la que perdí por completo… Creo que en mi afán de protegerlos me excedí y terminé perjudicándolos, basta recordar lo sucedido con mi hija y tu tío, y que por supuesto no entraremos en detalles.

El hombre pese a acercarse a los doscientos años lucía como uno de setenta bien conservado. Si no fuera porque se encorvaba ligeramente al caminar, se vería incluso mucho más joven.

—Las decisiones que tomó fueron para proteger a su familia, y está bien. Luego lo que hace cada uno de adulto no es responsabilidad suya.

—Cuando seas padre entenderás que no importa la edad que tengan tus hijos, sus fallas siempre las sentirás como tu responsabilidad.

—Tal vez tenga razón —dijo y pensó en Kyle. Además de no poder dejar de pensar en Broly, Kyle ocupaba su atención al no poder estar con ella y cuidarla, pero al menos se comunicaban y escuchaba su voz a diario, en cambio Broly...

—¿Qué tan importante es la familia para ti, muchacho?

—Es lo más importante —respondió Tarble nuevamente solo pensando en Kyle y Broly.

—¿Qué harías por ellos?

—Todo. —Y sentía que había comenzado a hacerlo hace un tiempo.


(...)


—Esto está muy bueno —dijo Bulma animada probando la comida que había hecho el hombre. Estaban en la pequeña cocina sentados a la mesa, y mientras ella comía, él estaba totalmente concentrado armando un nuevo radar que la joven había hecho para que Vegeta aprendiera a repararlo en caso de emergencia—. ¿Quién te enseñó a cocinar?

—Estaba solo, y tenía que alimentarme —respondió sin mirarla, ocupado con el pequeño destornillador y las otras herramientas que Bulma había puesto en la mesa para despistarlo, ya que había un par de ellas que no eran necesarias para armar el radar.

—A la carne le vendría bien una copa de vino… Debería haber traído más a la nave —dijo con una mueca.

—Silencio —dijo Vegeta, terminando de poner las últimas piezas antes de cerrarlo.

Bulma sonrió y observó el trabajo de Vegeta.

—¿Estás seguro que es así el orden de las piezas? —preguntó.

Vegeta solo levantó la vista para mirarla con cara de pocos amigos.

—¿Lo dices solo para confundirme, verdad?

—No lo sé. Puede que por fin lo hayas hecho bien luego de tantos intentos fallidos, o puede que te hayas equivocado una vez más, no lo sé. Pero no te preocupes, lo has hecho bien para ser un saiyajin.

El príncipe gruñó, pero no le respondió. Continuó trabajando en el radar de práctica.

—Y bien, mientras trabajas —dijo Bulma—. ¿Vas a decirme cuál es el deseo que le pedirás al dragón?

—Aún no lo sé.

—¿Cómo? —preguntó asombrada.

—No lo sé —dijo tranquilo de admitirlo, pero molesto consigo mismo por no poder recordar el orden correcto de las piezas que eran tantas y pequeñas.

—¿Cómo no lo vas a saber? ¿Vamos a recorrer casi toda la galaxia y no sabes qué le vas a pedir al maldito dragón?

—Tengo que saber el alcance de su poder antes de pedir el deseo. —Puso las últimas piezas y luego la carcasa superior.

—Entonces tienes una idea de lo que quieres.

—Por supuesto, no estoy a ciegas sin un plan. —Le acercó el radar de práctica y Bulma hizo el plato de comida a un lado para revisarlo. Lo activó y pese a que en un comienzo pareció prender bien, la pantalla se fue en blanco y luego se apagó—. Maldición —susurró.

—¿Entiendes en qué fallaste?

—Evidentemente no, de lo contrario no habría fallado —dijo molesto, cruzado de brazos.

Bulma se cambió a la otra silla, quedando más cerca de él. El espacio era tan reducido que sus piernas se tocaban con descaro bajo la mesa. La joven desarmó el radar con tanta facilidad que hacía sentir a Vegeta como un niño torpe que no tenía idea de nada, pero no se lo ganaría.

—Comienzas bien, es casi al final cuando te equivocas en el orden, y has escogido bien las herramientas para trabajar —dijo una vez que la mitad de las piezas estaban repartidas en la mesa.

—Estúpido aparato —dijo molesto.

Bulma continuó explicándole el orden, la función y cómo debían ir conectadas entre sí, y Vegeta pudo prestar atención en un comienzo hasta que las piernas inquietas de Bulma ya estaban rozando demasiado las de él, casi frotando. Al parecer ella no se había dado cuenta, tan enfocada que estaba explicando.

Luego del beso en Vegetasei, ella dejó de coquetear y él había dejado de insistir en cualquier acercamiento. No entendía qué pasaba por la cabeza de la mujer, pero definitivamente la necesitaba para encontrar las esferas, así que no le quedaba otra opción que tenerle paciencia, aunque eso no borraba las ganas que tenía de volver a besarla e incluso llevarla a la cama para hacer que los días pasaran con mayor rapidez, en cambio llevaba varios días casi obsesionado en armar el radar para distraerse en algo.

—Eso es todo lo que tienes que hacer —concluyó Bulma, y cuando notó que él la miraba a ella en lugar del radar, se puso de pie—. Muy bien, saiyajin, tienes varias horas de entretención con el radar.

Vegeta ya había notado que cada vez que estaban demasiado cerca, Bulma remarcaba el hecho de que era un saiyajin, y luego se alejaba, como sucedería a continuación.

—Veamos si ahora puedes armarlo, y si terminas tal vez te enseñe algún otro truco. —Tomó su plato que aún tenía comida y se marchó de la cocina.

Vegeta observó las malditas piezas y se concentró, intentando recordar la forma en que Bulma le había mostrado cómo se ensamblaban. Bulma había encontrado una forma de mantenerlo ocupado y alejado de ella, ya que ese maldito aparato no le ganaría.


Xima


Luego de cumplir su primer trabajo de forma exitosa, Raditz, Ginn y su equipo compuesto por ocho saiyajin más, terminaron en un bar repleto de hombres y mujeres de razas diferentes, para celebrar antes de partir hacia el siguiente trabajo. El haber dejado el planeta había servido para que la pareja dejara atrás los roces ocurridos por el comportamiento de Kakarotto hacia el padre de Ginn.

—Coman y beban, que esta noche yo pago —exclamó Ginn sentada junto a Raditz. Todos se encontraban alrededor de una mesa redonda repleta de comida y bebidas, comían con tantas ganas que no tardaban en vaciar los platos y pedir por otros nuevos.

—Vamos a gastar todo lo ganado en comida si seguimos así —dijo Raditz, pero no por eso no dejó de comer. Siempre una victoria aunque no fuera en el campo de batalla abría el apetito de los guerreros.

—Hay que celebrar —respondió Ginn—. Tenemos unas naves magníficas con la que podemos hacer más misiones antes de regresar. Por cierto, ¿qué sigue?

—Es fácil —respondió la saiyajin de cabello corto sentada a su lado—. Tenemos que entrar en una estación lunar y recuperar…

—No es tan fácil —dijo otro guerrero interrumpiendo a la mujer—. Vamos a ir a la zona que se están tomando los carroñeros.

—¿Los carroñeros? —dijo Ginn—. ¿No se supone que no son una tropa de parias que solo se dedica a robar en planetas acabados y en lugares ya saqueados?

—Sí, pero parece que se han organizado mejor —respondió el saiyajin—. Al menos ahora hay un grupo más fuerte que ataca naves y embarcaciones de guerra para robarles todo.

—Como sea —comentó Raditz—. Si nos encontramos con ellos no será problema. Somos más fuertes. —Ginn apretó su pierna bajo la mesa, le encantaba cuando era tan seguro.

—De todas maneras —respondió el guerrero—. Sería interesante encontrar algún oponente digno.

Todos le dieron la razón. Si bien todos los saiyajin presentes habían decidido tomar este tipo de misión para no tener que matar gente inocente, no quería decir que no pudieran pelear con alguien que se pusiera en su camino.

—¿Entonces si nos aparecen esos carroñeros vas a protegerme? —preguntó Ginn a Raditz en su oído, y él respondió de la misma forma.

—Tengo lástima por ellos si se encuentran contigo.

—¡Oh, vamos! ¡Estoy fantaseando, ayúdame! —respondió ella, y luego le dio un beso en la boca.


(...)


Kyle salió del cuarto de su padre con su portátil bajo el brazo. Había estado un rato haciéndole compañía mientras trabajaba, a la espera que se desocupara para convencerlo de ver películas juntos o al menos hacer algo para matar el tiempo. Aún quedaban varios días de viaje y se le estaba haciendo insoportable estar en una nave que no era lo suficientemente grande a su parecer para distraerse. Finalmente su padre jamás dejó de trabajar y la joven princesa terminó retirándose rumbo a su habitación.

Por un momento pensó en ir por Lok que la había acompañado un par de noches, pero sabía que estaba con Rave, y no soportaba la forma en que la miraba y le hablaba, además su hermano menor era otro cuando estaba junto a su madre y no perdería el tiempo hablando con él cuando estaba así.

Terminó en su habitación tirada en la cama y aburrida. Lo único que quería era llegar a Vegetasei para no seguir encerrada en la nave sin tener mucho que hacer, aunque la verdad, sentía que seguiría similar pese a estar en su planeta ahora que Tarble y Broly ya no estarían a su alcance. Su hermano le dijo que tuviera paciencia, y lo intentaría, pero no se caracterizaba por su entereza, así que sería difícil.

Aún acostada, se puso el scouter al oído y marcó a Broly. Debió esperar un poco, ya que al parecer estaban más lejos de lo que pensaba y costó entablar comunicación, pero finalmente pudo oír la voz del guerrero, lo que la hizo sonreír.


Jptr-20


No todo podía ser trabajo, Broly ya se había dado cuenta de eso. No era la primera vez que estaba al mando de los guerreros de Tarble, pero en esta ocasión tenía total control de toda la situación, con la libertad de tomar decisiones sin tener que preguntarle al príncipe, lo que lo mantenía muy ocupado, pues tenía que atender las diversas consultas de todos sus hombres, al interior de la gran nave en la que viajaban, y los que visitaba en cada planeta.

Ya que pasarían la noche en este planeta tranquilo antes de volver a embarcarse mañana temprano, les dio la noche libre. No tuvo que poner condiciones ni amenazar, ya que todos los hombres y mujeres de Tarble se caracterizaban por su buen comportamiento, algo que había tomado trabajo y tiempo para acostumbrarse, puesto que al príncipe le gustaba que su personal llamara lo mínimo la atención, y era por eso que ninguno usaba las armaduras características de su raza.

La mayoría de los guerreros terminaron en el mismo lugar para compartir unos tragos y algo que comer. Broly también asistió al lugar, pero se sentó a la barra para no tener que conversar. Consideraba que ya habían hablado demasiado durante el viaje y en cada parada, por lo que necesitaba un tiempo en silencio. El ruido del lugar no ayudaba mucho, pero no tenía ganas de quedarse en la nave. En esta ocasión pidió un trago dulce, y aunque era muy difícil sentirse mareado, le gustaba la comezón que le provocaba al momento de tragar.

Estos pocos días de intenso trabajo le habían servido para mantenerse distraído y enfocado en otras cosas que no fueran pensar en Tarble. También hablaba al menos día por medio con Kyle, y además de su trabajo, tenía un lugar dentro de la nave para entrenar. No le gustaba tener tiempo libre, ya que significaba perderse en pensamientos que no venían al caso.

Iba en su cuarto vaso cuando notó la mirada de un tipo al extremo derecho de la barra. También un par de mujeres lo habían estado observando hace rato, pero era tiempo completamente perdido para las féminas. Ahora que Broly tenía un cargo mucho más importante, había decidido ordenarse y no lucir como un guerrero más, por lo que mantenía su cabello peinado en una trenza simple, no tan elaborada como la que le hicieron en Trantor, ya que jamás podría hacérsela, pero al menos así lucía más respetable. Solía usar su armadura y traje de saiyajin dentro de la nave, pero en esta ocasión la idea era pasar desapercibido, por lo que ahora vestía un pantalón y una camiseta manga corta color negro y una chaqueta gastada que algún momento fue de un rojo intenso, pero que ahora estaba desteñida y mucho más discreta. Las botas de cuero negro eran lo que más le gustaba del atuendo, ya que se sentían similares a su tenida de saiyajin.

Broly volvió a mirar al tipo. Era de su gusto, alto y corpulento, pero no tanto como él, tal como los hombres que conocía por una noche fuera de Vegetasei. Desde pequeño notó que las mujeres no llamaban su atención, y por eso cuando ya tenía catorce años (pero lucía de mayor edad), no dudó en salir del planeta en busca de alguna emoción diferente a la ira y el miedo que lo embargaban casi todo el tiempo. Cuando tenía cerca de dieciocho años ya no se trataba solo de sentir algo más por una noche con un extraño, a esa altura disfrutaba del sexo y le gustaba tener el control de la situación, (ya que no podía tenerlo del todo de su propio cuerpo y poder en el diario vivir). Pasó muchos años de esa manera sin problema hasta que comenzó su relación con Tarble y desde aquel entonces no buscó a nadie más, y tampoco quiso buscar a nadie más. Miró una vez más al hombre antes de pagar y retirarse del lugar. Pese a lo bien que le haría pasar una noche de compañía, ya no era lo mismo. Sus hombres al verlo pasar junto a su mesa, hicieron el ademán de levantarse, pero Broly con un gesto les indicó que se quedaran, después de todo, partirían mañana, aún había tiempo.

Luego de un rato de vuelo llegó a la nave que se encontraba solitaria fuera de la ciudad, sobre una colina. Al no haber contaminación lumínica dejaba una vista privilegiada de la noche y las estrellas. Se acostó sobre la parte plana más alta de la nave para contemplar el cielo y disfrutar del aire fresco. No tardó en sacar el scouter del bolsillo interior de la chaqueta y se lo puso. Había estado muy ocupado durante todo el día, y solo ahora podría escuchar los mensajes que Tarble le dejaba puntualmente cada mañana, durante las tardes y la noche. Siempre los escuchaba más de una vez, y aunque lo extrañaba tanto que dolía, no estaba listo para contestarle.


Una semana después


Vegetasei


—...Entonces Tarble se quedó en ese planeta, y Broly se fue a hacer el trabajo que antes hacía Tarble, no sé si terminaron o siguen juntos o qué, porque al parecer siguen sin hablar. —Cuando por fin terminó de parlotear todo lo que pasó en su viaje y estadía en Trantor, volvió a atacar la comida. Tenía hambre y había extrañado la compañía de Bardock.

—Ya veo… —Se limitó a responder Bardock y continuó comiendo.

—¿Qué harías tú? —preguntó interesada y con el ceño fruncido.

—¿Hacer de qué?

—¿Cómo qué? Lo que te dije.

—Me dijiste muchas cosas.

—¿Dejarías ir a la persona que quieres? Sé que tienen algo secreto que no me han querido decir, según Tarble tengo que tener paciencia, la próxima vez que nos veamos va a decirme todo, pero llevo unos días aquí y ya no tengo paciencia.

Bardock bebió cerveza y analizó la situación. Ahora entendía por qué Broly había dejado de visitarlo para ponerse al día mutuamente: andaba metido en líos amorosos con Tarble. Al menos ahora separados, Tarble podría volver a concentrarse en lo importante. Ya esperaba recibir noticias de él, aunque sabía que le tomaría tiempo planear algo eficiente allá en Trantor. Se sentía como Kyle, solo habían pasado unos días y ya estaba impaciente.

—¿Entonces? —insistió Kyle—. ¿Dejarías que la persona que quieres se fuera de tu lado?

—Es complicado —respondió. En cuanto terminó de cenar, prendió un cigarro.

—¿Qué tan complicado puede ser? La dejas o no la dejas.

—No lo sé —respondió y se puso de pie para llevarse los platos a la cocina—. Hace años que no estoy con alguien.

—Se nota —dijo con el ceño fruncido, y luego agregó—. ¿Y si fuera la madre de tus hijos? A ella la querías mucho, ¿no?

Bardock la miró, pero no le respondió mal como lo hubiera hecho con cualquiera que le recordara a su mujer.

—Tengo que ir a trabajar, ¿me acompañas o te vas?

—Te acompaño —dijo cruzada de brazos—. Después de todo ya no están encima mío todo el tiempo.

—Eso es porque creciste, ya no eres una niña.

—Ya no soy una niña, pero ahora que no están Tarble, Broly o Raditz, y ni siquiera Vegeta, mi única compañía es tu nieto. Qué extremista —exclamó pensativa—. O me junto con un niño de cuatro años o contigo que eres un vejestorio. ¿Qué? —preguntó por el ceño fruncido del hombre—. ¿Qué edad tienes? ¿Más de cincuenta? Ya eres viejo. —Se puso de pie y fue a la puerta.

Bardock no le respondió y abrió la puerta para que saliera de casa.


Jptr-03


Broly bajó a tierra para continuar el trayecto a pie por la tranquila aldea junto con el saiyajin que lo guio al lugar. Se notaba que las casas y pequeños edificios de dos o tres pisos máximo, habían sido construidos hace no más de un año, y habían otras casas a medio hacer. Antes de bajar y caminar, sobrevoló el área y se sorprendió de ver tantas hectáreas de tierra trabajada con frutas, verduras y una tremenda variedad de flores, incluso muchas más de las que vio en Trantor. El planeta siempre había sido fértil, pero lo que hizo esta gente con él era impresionante, casi mágico. Tarble le había hablado de su gran habilidad para llenar de vida cualquier lugar, y tenía toda la razón, incluso el suelo que pisaba, en algún momento se trató de simple tierra y ahora abundaba el pasto y el verde por donde se le mirara.

—Es en esa casa —dijo el soldado de Broly apuntando a una de las casas pequeñas rodeada de arbustos y flores.

—Gracias —respondió el guerrero—. Puedes regresar a la nave.

El hombre le hizo un saludo rápido y se retiró volando del lugar. Broly caminó hacia la casa y pese a no llevar ropa de saiyajin no pudo evitar no llamar la atención entre los aldeanos que se encontraban fuera de sus casas limpiando o conversando entre ellos. Seguramente su tamaño ya bastaba para desentonar en un lugar de personas tan bajitas y delgadas y que, gracias a la chaqueta que llevaba puesta, no notaron su rabo alrededor de la cintura, o ahí sí que hubiera sido un problema.

Al llegar a la casa que le indicó el guerrero, se detuvo. De pronto no supo qué decir, simplemente sintió que era importante ver el lugar por sí mismo, considerando que esta gente había sido tan importante para Tarble durante su niñez. Antes que pudiera decidir cualquier cosa, Gure salió de la casa, llevaba una bolsa de género bajo el brazo, seguramente era hora de hacer las compras para el almuerzo.

La joven observó a Broly y estuvo a punto de gritar de susto cuando notó el rabo del guerrero.

—Soy amigo de Tarble —se apresuró en decir, y al parecer sirvió, ya que Gure abortó el grito e incluso le ofreció una sonrisa.

—Tarble —dijo contenta—. ¿Vino contigo?

—No —respondió Broly. Podía sentir la mirada de todos los vecinos, sí que era incómodo pese a ser tan pequeños y poco intimidantes—. Vine en su representación.

—Pasa por favor —dijo, y abrió la puerta regresando al interior de su hogar. Broly no pretendía hacerlo, pero era lo mejor considerando que la gente no disimulaba su escrutinio sobre su persona. Debió agacharse al pasar por la puerta y una vez adentro pasó lo mismo, era demasiado bajo para poder estar erguido—. Siéntate, por favor, o terminarás con una joroba si sigues así de encorvado.

Broly obedeció enseguida y se sentó en el asiento más grande que encontró, un sofá de dos cuerpos que aún así sintió que no era tan grande cuando estuvo instalado.

—Gracias —dijo cuando Gure regresó con una gran vaso con jugo que en su mano se veía normal. Era la bebida más sabrosa que había probado y seguramente los frutos eran de los árboles de afuera.

—Es una suerte que vinieras a esta hora que mi mamá no está, de lo contrario te hubiera sacado a patadas.

—Ya están bien instalados —dijo mirando a su alrededor. Luego de aquella mudanza de urgencia después que los hombres de Rave atacaron su planeta, terminaron en un lugar horrible debido a lo rápido que debieron actuar para salvar a los sobrevivientes sin que los hombres de la reina lo notaran, pero solo fue de paso antes de reacomodarlos en un planeta mejor junto con otras razas que habían salvado.

—Sí —respondió Gure sentada frente a él—. No es como nuestro hogar original, pero nos hemos encargado que se parezca un poco. Y a decir verdad, no es tan malo convivir con otras razas, ellos tienen sus casas en otro lugar, pero todos se juntan en el mercado que cada vez crece más.

—Ya veo…

—¿Y cómo está Tarble? ¿Por qué no pudo venir?

—Se casó —simplemente respondió mientras miraba el líquido anaranjado.

—¿Se casó? —dijo emocionada— ¿Con quién? ¿Con una saiyajin?

—Con la princesa de otro planeta… Se trató de un arreglo entre reyes…

—Oh, entiendo —dijo más contenida—. ¿Al menos es una buena mujer?

—Espero que sí —respondió, y decidió tomar el control de la conversación. No quería estar todo el día hablando de Tarble y su nueva mujer—. Simplemente vine hasta acá para ver cómo estaban. Para Tarble es importante tú y tu gente.

—La verdad es que necesitaremos mucho más tiempo para sanar las heridas. Todos nos mantenemos ocupados trabajando para no pensar en la pesadilla que vivimos… Nosotros perdimos a mi papá y mi hermano quedó muy mal, todas las personas que conocemos perdieron a algún ser querido, pero tenemos que levantarnos y vivir por ellos.

—No hay odio en tus palabras.

—He tenido mucho tiempo para pensar e intentar sanar, y entendí que no todos los saiyajin son iguales. Tarble jamás nos hubiera lastimado, él con sus soldados fue quien nos rescató… Fue todo muy sorpresivo, conocíamos a Tarble como una persona común y corriente, ni siquiera sabíamos de la existencia de los saiyajin y un día nos atacaron, perdimos nuestra gente, nuestro planeta y supimos que él era príncipe de esa raza… Fue mucho. Y ya que eres su amigo, ¿podrías decirle que se comunique conmigo, por favor? Ya no tengo el comunicador que me dio, pero me gustaría decirle que lo sigo considerando mi amigo.

—No te preocupes, te haré llegar un comunicador.

—Gracias —exclamó Gure feliz, pero pronto su sonrisa se borró—. ¿Pasó algo malo? ¿Vamos a ser atacados? ¿Por eso estás aquí?

—No, como te dije, quería ver cómo estaban. Este planeta está oculto de radares y apartado de las rutas importantes de naves. Es muy difícil que alguien llegue aquí.

—Qué alivio. —Suspiró más tranquila.

Broly terminó de beber el sabroso jugo.


Trantor


—Soy toda oídos —dijo Lilith, la hermana de Dahlia, luego de servir para beber a ella y su hermana de su bar privado en su habitación.

Las dos jóvenes estaban en la amplia terraza sentadas en cómodos asientos disfrutando del sol.

—¿No es un poco temprano para beber? —preguntó Dahlia. Recibió el vaso, pero luego de olerlo y notar lo fuerte que estaba, decidió dejarlo en la mesita de vidrio que las separaba.

—Habla por ti, yo comencé anoche. Ahora dime, quiero saber todo, y no te reprimas en los detalles sucios. ¿Es tan bueno como dicen que son los saiyajin?

—Tú lo hiciste con uno, ¿no? No entiendo por qué preguntas —dijo un tanto incómoda.

—Por eso quiero saber si es verdad eso que dicen sobre todos. Su tío sí que sabía coger. Los saiyajin tienen otro tipo de energía que los guerreros de Trantor, son como salvajes, son unas bestias en todo sentido y con mayor razón en la cama. ¿Y qué tal tu nuevo esposo?

—Está bien —respondió Dahlia. Al igual que su hermana debió cubrirse los ojos con lentes de sol para poder ver.

—¿Sólo bien? —preguntó decepcionada—. Eso no habla muy bien de él.

—No es lo que piensas, es solo que… —Le costó continuar, pero decidió hacerlo, necesitaba el consejo de una mujer con experiencia, y qué mejor que su hermana menor—. Nunca me ha rechazado cuando lo busco, pero él nunca me busca, ni siquiera la primera vez, y es tan frío.

—¿No son así los saiyajin? Fríos.

—Se supone que sí, pero Tarble es diferente durante el día, hablamos, es interesante e incluso a veces sonríe. Pero en la cama es otra persona.

—¿Y qué esperabas? —respondió Lilith luego de beber casi la mitad del contenido de su largo vaso—. Es un matrimonio arreglado. Por eso saboteé el mío acostándome con ese saiyajin y me aseguré que todos se enteraran. Yo quiero casarme enamorada, no por obligación y nuestro padre tiene que aceptarlo. Ya casó a casi todos sus hijos, y aunque clame querernos tanto, eso no se le hace a un hijo.

—Es el rey, y nosotros somos príncipes, ¿no es lo que tenemos que hacer?

—Tal vez tú, pero yo no.

—¿Entonces qué hago? —preguntó Dahlia.

—Sigue cogiendo con él, en algún momento irá a caer de la manera que quieres… ¿Acaso te gusta? —preguntó preocupada—. Te dije que no fueras tonta, que lo pasaras bien, nada más. Pero no ha pasado ni siquiera un mes juntos y ya te enamoraste.

—No estoy enamorada —dijo avergonzada—, pero me atrae mucho y me gustaría que funcionara.

—Tonta… Como sea, sigue cogiendo con él… de todos modos es igual de aburrido que tú, podría terminar sintiendo lo mismo por ti.

Dahlia no respondió.


(...)


Bulma estaba en su cama haciéndole mantención a una de sus armas grandes cuando Vegeta entró a su habitación.

—Hecho —dijo el príncipe altanero y le lanzó el radar de práctica a la cama. Bulma lo revisó y sonrió al ver que encendía sin problema.

—Bien hecho —dijo sonriendo una vez que lo revisó cómo se debía—. Te ganaste una galleta.

—¿Vas a la guerra? —preguntó observando las armas sobre la cama, incluso había un cuchillo que se notaba que no era común y corriente. Tomó la silla cercana a la joven y la giró para sentarse y apoyar los brazos en el respaldo superior.

—Necesito estar preparada, si nos encontramos con tus amigos que también deben estar buscando las esferas tengo que protegerme.

—Qué precavida.

—Me he cuidado sola desde pequeña. No sería la primera vez que tengo que pelear.

—¿Tu planeta era muy hostil?

—No siempre fue así, pero luego todos luchaban por sobrevivir y se volvió muy violento.

—¿Y ya manejabas este tipo de armas desde pequeña?

—Ya era adolescente.

—¿Y has matado? —preguntó interesado. Estas semanas de viaje y eternas conversaciones habían servido para conocerse un poco más y darse cuenta que tenían muchas ideas preconcebidas del otro.

—No estaría aquí si no lo hubiera hecho —dijo con seriedad.

—Pero con esas armas dudo que logres dañar guerreros poderosos.

—Cuando nos bajemos de la nave te dispararé en el pecho y ahí verás qué tan poderosas son.

—Déjala para cuando nos topemos con los otros que buscan las esferas.

—Dime algo —dijo Bulma dejando de lado las armas de lado—. ¿Quién es Argon?

—¿Cómo? —preguntó frunciendo el ceño. Bulma fue directa en su respuesta.

—Mencionas ese nombre durante tus pesadillas.

—¿Cómo sabes qué...? ¿Te has metido a mi cuarto mientras duermo?

—Sufro de insomnio —dijo encogiéndose de hombros—. Y no hay mucho espacio que recorrer en esta nave.

—Entonces la próxima vez que tenga una pesadilla voy a venir a meterme a tu cuarto.

—Inténtalo, y probaremos mis armas en tu pecho antes de bajarnos de la nave.

Vegeta se levantó de la silla y fue hacia la puerta. No estaba listo ni tenías ganas de hablar de Argon.

—¿No me vas a decir quién es Argon? —insistió Bulma.

—No —respondió el príncipe antes de abandonar la habitación—. Sigue jugando con tus juguetes.


Trantor


Cuando Tarble salió del baño luego de haberse duchado se detuvo al encontrar a Dahlia de pie, frente a él, como si hubiera estado esperándolo. No alcanzó a decir nada cuando ella se le acercó y quitó el camisón quedando desnuda, y ya más decidida que en un comienzo, tomó la toalla que se encontraba alrededor de la cintura del príncipe y se la quitó. Luego de pasar la manos por su pecho, lo besó en la boca.

La joven era preciosa, del gusto de Tarble y su cuerpo no tardó en reaccionar a los estímulos de tacto, olfato y visión. Pero su cabeza era la que no dejaba de trabajar cada vez que estaba con ella. La tomó de la cintura y terminó en la cama sobre ella en medio de besos y caricias de parte de ella. En las relaciones anteriores que tuvo con mujeres saiyajin, las jóvenes solían rebosar de personalidad y las dejaba tomar en control en la cama, disfrutaba de esa manera, en cambio con Dahlia, solía tener el dominio total para evitar situaciones como lo que sucedería a continuación.

—No —susurró en su oído cuando sintió su mano tomar su rabo que continuaba alrededor de su cintura.

—¿Por qué no? —preguntó ella, cerca de su rostro y lo acarició. Se había fijado que solo en las mañanas cuando se levantaba y pensaba que ella aún dormía, liberaba el rabo y lo movía libre de un lado a otro de forma relajada antes de irse a la terraza. Pero luego al volver a la habitación ya estaba nuevamente alrededor de su cintura por el resto del día.

—No me gusta —se limitó a responder, y cuando sintió nuevamente la mano de ella rozarlo, tomó ambas muñecas y las puso sobre su cabeza. La joven no tenía poder de pelea, por lo que se le hacía fácil hacerse con el control, pero a la vez tenía que tener cuidado para no lastimarla.

La princesa lo miró a los ojos. Ahí estaba de nuevo esa mirada fría, tan diferente a lo que veía cuando compartían tiempo juntos. Era como si fuera otra persona y no creía que se debía a su herencia saiyajin, pero no lo conocía lo suficiente para llegar a entenderlo, aunque era lo que quería. Intentó insistir y volver a hablar, pero el príncipe la cayó con un beso que le hizo perder la concentración. Le encantaba.

Tarble realizó todo de manera robotizada. Sentía que se odiaba al tocar a alguien más que no fuera Broly, por mucho que solo se tratara de sexo, también la odiaba a ella que lo buscaba y a la vez sentía lastima por usarla, pero ya se había metido en esto, y no había vuelta atrás. Si no hacía lo que el rey Vegeta le había pedido arriesgaba a miles de personas, sus guerreros, sus familias, y ni hablar los millones que había ayudado en sus planetas ocultos. Intentó mantener la mente en blanco, hacer lo que tenía que hacer, para luego poder centrarse en su plan. Más que nunca tenía que actuar y pensar para conseguir sus objetivos sin quedarse eternamente en este planeta con esta gente. No estaba dispuesto a pasar años esperando a que el conflicto apareciera solo. Él llevaría el conflicto.


Una semana después


Trantor


Mientras que el obsequio de Tarble a la princesa había sido la liberación de dos planetas sumamente importantes en cuanto a locación y recursos naturales, Dahlia decidió a última hora cambiar el suyo y terminó regalándole su biblioteca. El lugar era un monstruo de dos pisos, al menos seis veces más grande que la que solía habitar casi como si se tratara de su propia habitación en Vegetasei.

...Al irte dejas una estrella en tu sitio

Dejas caer tus luces como el barco que pasa

Mientras te sigue mi canto embrujado

Como una serpiente fiel y melancólica

Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro...

Ya había comenzado a forjarse una rutina para mantenerse ocupado. En las mañanas le dejaba un mensaje a Broly antes de comenzar el día. Solía desayunar con el rey o con su mujer, luego entrenaba una hora en la sala que consiguió para esos propósitos, pero también lo usaba para que sus hombres fueran a hablar con él en caso de necesitar discutir algún tema privado. Su personal sabía la manía del príncipe de estar informado de todo lo que valiera la pena saber, así que iban con la excusa de ayudarlo en los entrenamientos.

...He aquí tu estrella que pasa.

Con tu respiración de fatigas lejanas.

Con tus gestos y tu modo de andar.

Con el espacio magnetizado que te saluda.

Que nos separa con leguas de noche…

Antes de almorzar ayudaba a Dahlia con las clases a los niños de los trabajadores de palacio. Sí, ahora la biblioteca le pertenecía, pero una parte del segundo piso, donde estaban los tomos preferidos de la joven continuaba siendo de ella, y era ahí donde impartían las clases. Le gustaba estar con los niños y enseñarles lo que fuese, lo distraía e incluso le arrancaban alguna sonrisa distraída, pero fue en este contexto nuevo que se dio cuenta que en realidad tenía arraigadas costumbres saiyajin, que no solo había sido una excusa que le dio a Dahlia para que no fuera a esperar romance o cosas por el estilo, y lo notó al evitar el contacto físico con los niños. No estaba acostumbrado a ser tocado por extraños, por mucho que fueran niños inocentes y en su mayoría agradables. Y él que pensaba que era un saiyajin defectuoso por tener lazos de amistad y cariño con otros…

...En vano tratarías de evadirte de mi voz.

Y de saltar los muros de mis alabanzas.

Estamos cosidos por la misma estrella.

Estás atada al ruiseñor de las lunas

Que tiene un ritual sagrado en la garganta...

Luego quedaba solo en la biblioteca y podía tener un rato de soledad para volver a llamar a Broly y leerle. Lo hacía cada día, algún pasaje que le agradara de los cientos de libros nuevos que tenía a su disposición. Sí, debería estar más enfocado en su trabajo real, pero era demasiado pronto. En dos semanas no podría hacer nada más que continuar esperando que el rey lo invitara a desayunar para ganarse su confianza, y lo incluyera en su círculo más cercano, ya que hasta ahora, siempre habían estado solos durante el desayuno. Por lo tanto tenía mucho tiempo libre y qué mejor que pasarlo en una biblioteca.

Continuó leyendo en voz alta para Broly que aún no respondía sus llamadas, cuando su oído sensible escuchó pasos acercándose. El lugar era tan grande que había varias puertas para acceder al lugar. Y tal como acostumbraba en Vegetasei, se instaló en el área con la menor cantidad de accesos cerca y así no ser tomado por sorpresa. Se apresuró en terminar la lectura, se despidió de Broly y cortó la llamada, pero continuó leyendo pero esta vez solo para él.

—Lees con el comunicador puesto —dijo Dahlia cuando ya estuvo cerca. Tarble cerró el libro de poemas y se quitó el scouter.

—Es la costumbre. Estamos tan habituados a estos aparatos para trabajar que casi no lo noté.

La joven se sentó frente a él y lo observó sonriendo. Ya había cierta confianza entre ellos, y le encantaba haber acertado con el obsequio.

—Hice algo, espero que no te moleste… —Tarble solo la observó esperando que hablara, y ella entendió—. Me metí a tu guardarropa y dejé ropa que podría ser de tu agrado. No creas que saqué tu ropa de saiyajin —se apresuró en decir—. Solo la junté un poco para hacerle espacio a la nueva.

—¿Túnicas? —preguntó arqueando las cejas. Definitivamente continuaría con su ropa de saiyajin si le dejó túnicas en el ropero.

—No, eso es para viejos y pasados de moda. Son los trajes que usa la gente joven, la realeza, los guerreros cuando están de civil. Son muy lindas, podrías echarles un vistazo, por si algo te agrada.

—Está bien, los miraré, pero pretendo seguir usando mi ropa saiyajin.

—Cuando quieras, pero para que sepas que tienes esa esperando.

—Pensé que irías a la ciudad —dijo Tarble al verla sin intenciones de marcharse. Por la hora ya debería estar allá.

—Me cancelaron, así que tengo el resto del día libre. —Quería estar con él, pero le daba vergüenza ser tan directa.

—Podrías aprovechar de ir a la reunión del consejo ahora que tienes tiempo libre —dijo casual.

—¿Reunión del consejo?

—Claro, ¿No se reúnen una vez a la semana?

—Sí, hoy es el día —dijo recordándolo gracias a la mención de Tarble. No era asidua a participar en ellas—. No sé, solo he asistido un par de veces.

—¿Por qué no? —preguntó interesado—. Eres la princesa, tu voz tiene peso en las decisiones que se toman. Por jerarquía es prácticamente tu obligación asistir. Son decisiones importantes las que se toman cada semana.

—Sí … —dijo pensativa—. ¿Qué pasa si no puedo seguirle la conversación a esos ancianos sabios?

—Son solo personas que creen que lo saben todo y actúan como tal, nada más —respondió sonriendo. A ella le gustaba verlo sonreír, cada vez lo hacía menos—. Además le haces clases a adolescentes que también creen saberlo todo y puedes con ellos.

Durante estas semanas de convivencia, Tarble, no tardó en notar que Dahlia no se trataba de una mujer simple, su problema era que sufría de timidez pero con breves arrebatos de valentía que valían la pena alentar. Le sería de utilidad tener a alguien así de poderosa de su lado, después de todo, antes que el hermano mayor de Dahlia tuviera hijos, era la segunda en heredar el trono. Además, era la hija preferida del rey. Era perfecta. Sabía que le iba a tomar tiempo, pero tenía de sobra.

Ahora ella sonrió.

—Podría ser… Hay un par de cosas que me gustaría hacer…

—¿Qué cosas?

—Siento que hay muchos planetas con exceso de privilegios en desmedro de otros que necesitan más ayuda y no se les da…

—Has ayudado mucho a los niños de palacio, imagina cuánto podrías hacer por millones en tantos planetas que tienen bajo su protección.

—¿Irías conmigo? —preguntó interesada en asistir. La mayoría del tiempo se le olvidaba todo el poder que tenía porque su padre se dedicó a mimarlos y alejarlos de todas las responsabilidades en su afán de sobreprotección luego de haber perdido a toda su primera familia.

—Oh, no, a mí no me corresponde asistir. Podrían ofenderse con mi presencia en el lugar, después de todo soy un saiyajin.

—Sí, pensándolo bien no sería prudente. Creo que la mayoría no estaba contento de la alianza de mi padre con el tuyo… Aún es muy pronto —dijo seria, y luego sonrió—. Luego puedo contarte qué tal estuve, aunque si voy ahora solo sería para escuchar.

—Claro —respondió, y observó la mano delicada de la joven cuando la posó sobre la suya enguantada. No la quitó, pero no correspondió a su caricia—. No tienes que hablar enseguida si no te sientes a gusto, pero es importante asistir. Es otro de los deberes de ser príncipes, no solo casarse por obligación.

—Sí, tienes razón.


Vegetasei


Milk dejó su puesto de trabajo en la cocina en cuanto le avisaron que Kakarotto la estaba esperando en un pequeño patio por donde ingresaban los trabajadores del lugar. Lo primero que hizo fue abrazarlo y lo segundo fue contenerse para no golpearlo porque había gente entrando y saliendo por el lugar y no quería llamar la atención considerando que dejó tirado lo que estaba haciendo.

—Estás tan limpio y en buen estado —exclamó al revisarlo de pies a cabeza.

La verdad es que antes de venir aquí a buscar a Milk, el guerrero había pasado por la casa a asearse y cambiarse de ropa para que su mujer lo viera ordenado, como le gustaba.

—Me alegra verte bien —repitió la joven y lo abrazó con fuerza—. Fue demasiado tiempo sin poder verte.

—Lo siento mucho —respondió devolviendo el abrazo. Se veía más calmado y contenido.

—¿Ya está? ¿Ya cumpliste con el castigo o hay más? —preguntó preocupada, sin soltarlo.

—Tengo que cumplir con unos trabajos de rutina, pero ya no estaré encerrado.

—Me alegro… Gohan se pondrá tan feliz de verte.

—Milk —dijo separándose un poco para poder mirarla a la cara—. Yo no quería...

—No —lo interrumpió seria—. Aquí no. No es lugar para hablar, lo haremos a la noche en casa.

—Como digas —respondió y dejo que volviera a apoyar el rostro en su pecho. No estaba en condiciones de exigir nada—. ¿Dónde está Gohan? Me gustaría verlo.

—Está con la princesa Kyle. Últimamente ha pasado mucho tiempo con ella. —Se quitó la pulsera que Bulma le había hecho y se la pasó—. Con esto lo puedes encontrar, y por favor, pasa el resto del día con él, y luego me vienen a buscar para irnos juntos a casa, ¿está bien?

—Claro que sí —respondió.

Milk aprovechó que nadie estaba pasando por el lugar para darle un beso.


—¿Entonces, ya aprendiste cómo hacer andar la nave? —preguntó Kyle a Gohan. Los dos se encontraban al interior de una nave de pequeño tamaño comparada con las del resto del lugar. Estaban sentados en los asientos de la cabina de mando y Gohan observaba con atención los controles.

—Primero tengo que accionar la palanca, y luego los botones de mi derecha —dijo queriendo sonar convencido, pero en realidad no estaba muy seguro.

—Bien —exclamó la joven que se había encariñado con el pequeño como si se tratara de un hermanito menor—. Ya podrías salir a volar tú solo.

—A mí mamá no le gustaría.

—Lo sé, por eso solo estamos practicando de mentira. ¿Pero te gustaría?

—Sí —dijo entusiasmado. La verdad es que ahora estaba fascinado de ver tantas diferentes naves de tamaños y formas, era impresionante para un pequeño que había vivido toda su vida en un solo planeta pensar en la posibilidad de recorrer la galaxia—. Me gustaría conocer planetas, pero no ir a guerras como los saiyajin.

—Te entiendo, pero es mejor que nadie te escuche diciendo eso.

—Lo sé, mi papá me dice lo mismo.

—Gohan, ¿conoces a tu abuelo?

—No —respondió tomando el volante y simuló que pilotaba la nave—. Mi mamá dice que quiere ir a visitar a sus papás para que los conozca, pero no quiero ir sin mi papá.

—No me refería a ellos. Estoy hablando del papá de tu papá: Bardock.

El niño la miró un tanto confundido, pero luego su rostro cambió al recordar en alguna ocasión ese nombre mencionado por Raditz cuando conversaba con su papá.

—No lo conozco. Mi papá dice que vive en un lugar feo y no puedo ir porque mamá se enojaría.

—¿Y no sientes curiosidad?

Antes de que el niño pudiera responder, un soldado llamó desde la entrada y le informó sobre la visita de un guerrero. Cuando mencionó el nombre de Kakarotto, Kyle no tardó en decirle que lo dejara pasar. Fue lindo ver a Gohan correr hacia los brazos de su padre, y este recibirlo con tanto cariño, atípico en los saiyajin.

—¿Cuándo volviste de misión, papá? —preguntó el niño feliz.

—Acabo de volver y ya no me iré —respondió entendiendo que esa era la mentira que le habían dicho al niño para no preocuparlo.

—Papá, Kyle me ha estado enseñando a pilotar las naves. Ayer estuvimos en una esfera pequeña, y ahora estamos en la de ella.

—Kyle —saludó Kakarotto—. Gracias por estar con Gohan.

—No es nada —dijo sonriendo, aún en su asiento—. Qué bueno que ya volviste, se te extrañaba —dijo Kyle, y sin darse cuenta se arregló un mechón de su cabello.


Nexh


Vegeta y Bulma caminaban por una ciudad concurrida del planeta que albergaba la esfera. No se encontraba precisamente por el lugar, pero necesitaban hacer una compra antes de ir volver a la nave para viajar un par de horas más dentro del planeta. El hombre no vestía su traje de saiyajin, por recomendación de Bulma, ya que mientras menos llamaran la atención mejor, y no se encontraban tan lejos como para que un saiyajin no fuera reconocido, especialmente el hijo mayor del rey.

—No tiene sentido —dijo Vegeta mientras Bulma caminaba mirando en busca de la tienda que necesitaba—. Si no puedes respirar el aire de ese lugar aguardas en la nave mientras voy por la esfera, no perdamos el tiempo.

—¿Y perderme toda la diversión? Olvídalo. Además yo soy la que lleva el radar, lo habíamos acordado. Estamos juntos en esto y juntos lo vamos a terminar, y no comiences con eso de que trabajo para ti y no contigo, porque es una discusión bastante infantil.

—No puedo decir nada contra tus argumentos —dijo encogiéndose de hombros.

—Claro que no, porque son sólidos —respondió orgullosa.

—Chillones querrás decir —la corrigió y la joven solo lo miró de reojo.

Bulma se detuvo cuando por fin encontró la tienda, pero antes de entrar se dirigió al guerrero.

—Voy a entrar a comprar el aparato para poder respirar sin desmayarme, solo será una transacción, no necesitaré fuerza bruta ni violencia de saiyajin, ¿entendido?

Vegeta sabía que se lo decía en venganza por su comentario reciente, pero no por eso pudo evitar molestarse.

—No me hables como si fuera un… —Quedó con la palabra en la boca porque ella entró al local y por supuesto que la siguió—. No soy una bestia idiota —dijo detrás de ella.

—Yo no dije eso —respondió mientras miraba interesada las cosas que estaban en venta. Tenían desde componentes para computador hasta pequeños motores de naves personales. Era interesante, si tuviera tiempo se quedaría comprando más cosas. Fue hasta la barra de atención donde un hombre alto y delgado de piel azulada trabajaba poniendo precio a las cosas. La joven no tardó en pedirle lo que necesitaba, pero el hombre la quedó mirando sin ninguna expresión en su rostro—. Oye, te dije que necesito un respirador nasal —insistió, y cuando el tipo abrió la boca para responderle, Bulma no entendió una sola palabra de lo que decía.

—Mira el cartel, genio —dijo Vegeta apuntando al lado del hombre. No habla tu idioma.

En un simple cartel de cartón había una lista de los idiomas que hablaba el vendedor. Al menos eso fue lo que se imaginó Bulma, ya que tampoco pudo entender la escritura.

—Pero deberían tener a alguien que lo hiciera —dijo molesta. Volvió a hablarle al tipo de piel azul, esta vez más lento y modulando cada palabra con cuidado, pero nada. Le hizo señas, mímicas, e incluso tomó un lápiz y papel de su lado del mesón para dibujarle lo que quería, pero todo fue un fracaso—. ¿Esto te divierte mucho, verdad? —dijo a Vegeta que se había apoyado en el mesón para contemplar el espectáculo y sonreía.

—Demasiado —dijo sin ocultar su sonrisa.

—Mientras más nos quedamos aquí, más tiempo perdemos y alguien podría llegar por la maldita esfera.

—Entonces tendrás que esperar en la nave mientras yo voy por ella.

—¡Eso jamás! No nos iremos de aquí hasta que tenga el aparato para respirar.

—Deja que el saiyajin agresivo se encargue —dijo con calma y comenzó a hablar en el idioma del vendedor con tanta soltura que sorprendió a Bulma.

—¿Podías hablar su idioma y dejaste que hiciera el ridículo? —preguntó molesta, pero Vegeta no respondió, ocupado de hablar con el vendedor que le respondía sin problema alguno—. ¿Qué tanto hablan? Ya deberías haberle pedido el aparato —dijo con el ceño fruncido, especialmente cuando Vegeta dijo algo que hizo que el hombre azul la mirara y afirmara con la cabeza.

En menos de tres minutos salieron los dos y Bulma llevaba en su mano una pequeña cajita de plástico que contenía el aparatito para poder respirar. Ella no dijo nada, y él tampoco, pero sí que había disfrutado de su venganza.


Estación Lunar XXIK


—Maldición, dónde te metiste, ¡Raditz! —gritó Ginn luego que Raditz no respondiera por su comunicador.

El trabajo había salido a la perfección, habían ingresado a la sección de la estación espacial que lucía como una gigantesca fábrica de acero, llena de vapor y altas temperaturas, lograron reducir a los guardias sin problemas y recuperaron los objetos que pidió el hombre que los contrató. A esta altura los guerreros de Ginn ya debían estar llegando a la nave, pero de un momento a otro algo sucedió que obligó a Raditz alejarse del grupo y ahora no sabía nada de él. Tenía un mal presentimiento.

Decidió comunicarse con sus guerreros y ordenarles que se alejaran de la estación para no ser descubiertos, y luego usó el scouter para buscar una presencia poderosa. Encontró tres energías de nivel parecido muy cerca de donde se encontraba, una de ellas debía ser de Raditz, no quería imaginar de quién podrían ser las otras dos. Voló y descendió por los fierros del lugar en vez de usar las escaleras. No había tiempo para caminar.

Cuando llegó al lugar de las energías, efectivamente encontró a Raditz enfrentándose a dos hombres de casi su misma estatura. Los dos estaban completamente vestidos de negro, de pies a cabeza con un traje especial que protegía todo su cuerpo, pero dejaba espacio en las articulaciones para el movimiento libre. El casco de un negro brillante tenía tres luces rojas a la altura del rostro y daba la impresión que se trataban de ojos, y su forma encorvada hacia abajo, similar a los picos de aves de presa, lo que lo hacía lucir bastante intimidante. No podían tratarse de carroñeros, eran demasiado poderosos para serlo, pero al parecer no solo se trataban de historias exageradas para contar durante la borrachera. Cuando vio a cuatro niños asustados en un rincón del lugar, Ginn supo por qué Raditz se había desviado sin avisar. Era sabido que los carroñeros hacían negocio con cualquier cosa, y siempre se pagaba muy buen precio por los niños.

La joven saiyajin se lanzó contra los hombres que intentaban dejar fuera de combate a Raditz y se llevó uno con ella para dejar el asunto más parejo.

—¡La próxima vez que quieras ser héroe, avísame! —gritó a Raditz mientras peleaba con el hombre. Le pateó el arma para dejarlo en desventaja, ya que contaban con fuerza similar a ellos, pero al parecer no podían lanzar poderes, y lo golpeó en el rostro tan fuerte que le trizó el casco, pero no lo rompió. El hombre respondió con un golpe en su abdomen que la dejó sin respiración. Ginn no podía creer que fueran tan fuertes.

—¡Lo siento! —gritó Raditz, y se quitó al carroñero de encima para lanzarlo lejos con un golpe de pie en su cabeza. Voló enseguida hacia Ginn, pero el carroñero se recuperó y lo atrapó del pie para volver a enfrascarse en una pelea de brutales golpes.

Ginn pudo tirar a su contrincante y se puso sobre él. No le dio tiempo de reponerse del golpe en la cabeza y atacó con ambos puños en el casco, tan fuerte que comenzó a trisarse más. Pero antes que pudiera quitárselo para golpear directo a la carne y provocar daño real, un tercer carroñero apareció en escena sin que lo notaran y tomó a Ginn del cuello para impedirle respirar. La saiyajin luchó, golpeó hacia atrás lastimando el abdomen del carroñero, pero no logró liberarse y el traje negro absorbía la mayor cantidad del impacto, y sin mencionar que de haber registrado su energía, hubiera revelado un poder similar o incluso mayor a los otros presentes.

—Detente —ordenó el carroñero que aún tenía a Ginn casi inconsciente.

Raditz hizo caso en cuanto vio a su compañera que ya no luchaba por liberarse. No lo podía creer, los carroñeros eran conocidos por ser personas sin mucho poder que vaciaban los lugares una vez que la guerra terminaba y los poderosos se marchaban del lugar. Estos estaban a otro nivel.

—¡Déjala ya! —dijo Raditz alejándose de su contrincante.

—Retrocede —ordenó el carroñero con voz robótica ronca. Seguramente el casco distorsionaba la voz, porque la contextura del tercer carroñero dejaba en evidencia que se trataba de una mujer casi de la estatura de Ginn.

Raditz no hizo caso en un comienzo, pero finalmente lo hizo cuando la carroñera sacó de su grueso cinturón una pistola parecida al material de su vestimenta y la apuntó directo en la cabeza de Ginn. Con el otro brazo continuaba afirmando el cuello de la saiyajin, pero ya no cortaba el paso del aire, pues ya había perdido el conocimiento.

—¿Qué van a hacer con esos niños? —preguntó molesto.

Ninguno respondió, y al parecer se comunicaban entre ellos con micrófonos en los cascos y aparatos en sus oídos, porque no podía escuchar nada, pero era claro que hablaban entre ellos y la carroñera daba las instrucciones.

Cada hombre cargó a dos niños bajo sus brazos y comenzaron a retroceder con la carroñera que continuaba afirmando a Ginn y le apuntaba en la cabeza, atenta a que el saiyajin no atacara.

Los carroñeros continuaron retrocediendo en busca de una de las salidas para naves, y Raditz los siguió a una distancia prudente. Finalmente cuando llegaron a uno de los puertos de naves, todos levitaron y salieron hacia el exterior de la noche eterna, donde más adelante debía estar esperándolos una nave.

La carroñera simplemente dejó caer a Ginn desde gran altura y Raditz no dudó en volar a toda velocidad hacia ella. Cuando la atrapó en sus brazos y miró hacia arriba, los carroñeros ya se habían marchado con los niños.

Le dio golpecitos a Ginn en el rostro hasta que la mujer reaccionó con violencia pensando que había que seguir peleando.

—Tranquila, ya no están.

— ¿Qué demonios pasó? —preguntó y se llevó la mano al cuello. Le dolía mucho, seguramente quedaría con marcas.

—Las historias no exageraban —respondió Raditz—. Tendremos que organizarnos mejor la próxima vez en caso de que nos encontremos con ellos.

—Infelices, contrabandeando niños —dijo molesta.

Raditz la abrazó. Al menos Ginn estaba bien.


Once años atrás


Vegeta caminó entre los árboles del espeso bosque sin preocuparse de no hacer ruido. Ya había cazado la cena y la arrastraba sin cuidado por el suelo, sin importarle que la piel del animal de cornamenta impresionante y casi noventa kilos de peso, se iba haciendo daño por las piedras filosas y las ramas que a veces se enredaban en él. En este punto de su vida hasta se le olvidaba alimentarse por días, ¿qué le iba a molestar arruinar la comida de esta noche?

Su ropa que alguna vez fue blanca e impoluta, ahora estaba rota, manchada y oscura, especial para pasar desapercibido. Su nave, el único transporte para escapar de este planeta deshabitado esperaba por él en algún lugar olvidado ya hace al menos cuatro meses, el mismo tiempo que llevaba sin abrir la boca para emitir alguna palabra. El único objeto que lo conectaba con la realidad era la imagen de Koora, Tarble y él, pero llevaba más de un mes sin mirarla por miedo a comprobar en lo que se había convertido.

Un par de lobos de gran tamaño, motivados por el olor de la sangre de la presa del joven, comenzaron a seguirlo de manera descarada, acechando y evaluando si podrían con él y así conseguir dos cuerpos en un solo ataque, pero bastó tener contacto con sus ojos fieros para darse cuenta que era mejor ir a buscar a otro lado, o terminarían siendo arrastrados igual que el otro animal.

Vegeta se detuvo un momento para quitarse el cabello sucio y tieso sobre los ojos, le molestaba y picaba, pero no al punto de asearse aún. Su apatía era tal que solo le había permitido recordarse que habían pasado demasiados días sin comer. De pronto un olor más fuerte de lo habitual alertó su sentido del olfato y solo tuvo que girarse para notar de qué se trataba: lo que parecía el cuerpo de un jabalí se había hinchado tanto que terminó reventándose, y a simple vista se podía ver cientos de gusanos devorando el interior podrido de la bestia. Sintió tantas ganas de vomitar que se obligó a acelerar el paso hasta la cueva donde tenía la fogata para calentar al animal, no sin antes despellejarlo con sus propias manos...


Nexh


—Según el radar la esfera debería estar dentro de esa cueva —dijo Bulma más que emocionada. Se había puesto el aparato en la nariz que apenas se asomaba por sus fosas nasales y que la dejaban respirar sin problema el pesado aire del lugar. Vegeta no se había puesto nada, y solo sentía una pequeña molestia fácil de ignorar.

—No perdamos el tiempo, y vamos.

La pareja se adentró y Bulma se encargó de alumbrar con una potente linterna.

—¿Ahora me vas a decir lo que quieres pedir al dragón?

—Olvidar todo el viaje para buscar las esferas —dijo sin mirarla, preocupado de su alrededor en caso de que algo o alguien apareciera.

—Oh, vamos, no ha sido tan terrible.

—Aún queda mucho de viaje, dale tiempo.

Bulma quiso responder, pero dio un brinquito hacia atrás asustada cuando un insecto demasiado grande para su gusto pasó caminando por delante de ella. Sin querer chocó con el pecho de Vegeta pero no se apartó y se afirmó de sus hombros.

—Esa cosa era del tamaño de un perro —exclamó nerviosa de lo que se podría encontrar si continuaban adentrándose. Más adelante podía ver telas de araña y aunque no les tenía miedo, no sería agradable ver una araña gigante intentando atacarla.

—Ten cuidado con lo que tocas —dijo Vegeta, con su mano en la cintura de la chica—. Alguno de estos insectos podría ser venenoso.

—Maldición —dijo inquieta—. Hagamos esto rápido para salir de aquí. —Se soltó de Vegeta y caminó decidida con él tras ella—. Honestamente preferiría que nos atacará alguno de esos locos que te torturaron en lugar de un bicho feo y gigante.

—Para eso tienes tus poderosas armas, para encargarte de ellos —dijo burlón.

—Ya verás cuando las use y te salve el pellejo, me lo agradecerás. No volverás a quedar en tan mal estado como cuando llegaste a Vegetasei.

Vegeta se detuvo, pero ella siguió caminando.

—¿Cómo sabes en el estado que llegué a Vegetasei?

—Estabas delgado y lucías enfermo —respondió ella tranquila—. Y no puedo olvidar aún ese asiento lleno de sangre.

—¿Solo eso?

—Está bien —dijo y se detuvo para mirarlo ya que no quería continuar avanzando sin él a su lado en caso que tuviera que saltar a sus brazos—. Encontré una grabación de la cámara de tu nave, del momento que ingresas a ella y estás bañado en sangre y preocupado de vendarte el cuello.

—¿Por qué no me dijiste?

—Porque no sé en qué momento del día sacar un tema así, podría ser durante el almuerzo o cuando tengo insomnio para irme a dormir en paz. No creas que hay una segunda intención en cada cosa que hago. —Continuó caminando y Vegeta la siguió.

—Eso es lo que pienso de ti desde el día en que te conocí.

—Cuando nos conocimos estaba buscando un libro para Gohan, no exageres.

—Me reconociste enseguida como príncipe Vegeta en aquella ocasión.

—Eres igual a tu padre, aunque a decir verdad tú eres mucho más guapo. Tu padre tiene algo que no me agrada, no sé si es la barba o es que es uno de los mayores genocidas de la galaxia... ¿No vas a defender a papi?

—Él siempre ha sido el rey, nada más.

—Ya veo, problemas con el padre. ¿Y qué pasa con tu madre? ¿Con ella también tenías problemas?

Vegeta no respondió y se apresuró para ir al lugar donde indicaba el radar. Tuvieron que adentrarse un poco más, Bulma debió esquivar otros insectos viscosos y enormes que Vegeta apartó con una patada.

—Aquí tiene que estar —dijo Bulma feliz, y casi olvidándose de los bichos, corrió hasta un montón de tierra que había caído desde una parte superior de la cueva. Solo debió escarbar un poco con las manos para ver el brillo característico de la esfera que solo tenía una estrella grabada en su interior—. ¡Maravilloso!

—Ya vámonos de aquí —dijo con la linterna en la mano, ya que Bulma ahora tenía la esfera, y por supuesto el radar guardado en su bolsillo.

—Tenemos que pasar por un negocio a comprar vino, hay que celebrar —exclamó emocionada—. No puedo creer que haya sido tan fácil. —En cuanto dijo eso, los dos escucharon tierra y piedras removerse desde el lugar donde Bulma había estado excavando. Asustada de que pudiera ser un insecto más grande o algo peor, la joven se apresuró para ponerse junto a Vegeta—. Está bien, salgamos de aquí.

Alcanzaron a dar un par de pasos cuando Vegeta tiró la linterna, tomó a Bulma en brazos sin aviso alguno y levitó para no tocar más el suelo.

—¡Maldición, maldición! —exclamó el guerrero molesto mientras agitaba uno de los pies con insistencia.

—¿Qué pasa? —preguntó preocupada, afirmando muy bien la esfera, pero se respondió sola cuando la linterna en el suelo iluminó cientos de gusanos pálidos de al menos cincuenta centímetros que salían del agujero que la esfera había estado tapando—. No es para tanto, son solo… —Se calló al verlo tan incómodo y molesto. Ni siquiera mencionó la linterna, ya que el hombre ya estaba volando a gran velocidad para salir del lugar.


Vegetasei


—Buenas noches mamá, buenas noches papá, me alegra que hayas regresado —exclamó Gohan antes de abrazar a su papá del cuello. Luego de eso subió corriendo a su habitación al segundo piso para alistarse a dormir.

—No olvides lavarte los dientes —exclamó Milk.

—Sí, mamá —respondió con un grito ya desde arriba.

La pareja se quedó mirando en silencio, y para sorpresa de Milk, fue Kakarotto el primero en hablar.

—Gracias por no llevarte a Gohan del planeta.

—Tengo que admitir que pensé hacerlo, pero no podía hacerle algo así a Gohan o a ti. Has cometido errores, pero eres un buen padre pese a todo… Pero ahora tenemos que conversar sobre lo que vamos a hacer.

—Ahora tengo que cumplir con el trabajo en el planeta. Si me voy quedaré como desertor y me buscarán para cazarme, por eso no me puedo ir, pero si ya no quieres vivir más en este planeta lo entenderé.

—Gracias por entenderlo —respondió Milk. Estaba sorprendida por la madurez de sus palabras. Al parecer el tiempo encerrado le había servido para pensar—. Quiero que ahora me digas si el padre de Ginn es el tema pendiente que te ata a este planeta.

Kakarotto se tomó un tiempo para responder. No quería perder a su mujer y su hijo y si seguía guardando silencio eso sucedería.

—Sí —finalmente dijo.

—¿Y qué fue lo que te hizo ese hombre?

—Me arruinó la vida. —Ya no miraba a Milk para hablar. Podía sentir el enojo crecer cada vez más y no quería que lo viera como en realidad era.

—¿Qué fue lo que pudo hacerte ese hombre para odiarlo de esa for...? —Entonces recordó aquella terrible historia que le contó sobre su madre. La infancia de Kakarotto había sido difícil, sí, pero nada tan terrible a lo que cualquier niño saiyajin podría haber vivido en este planeta. Pero lo que sucedió con su madre (y que tampoco sabía con lujo de detalle) era algo que marcaría a cualquiera, no importa cuán fría y dura pudiese ser la raza, especialmente considerando la relación especial que tenían con ella—. ¿Él tuvo que ver con lo que le pasó a tu mamá?

—Prométeme que no le dirás a Raditz —dijo ahora mirándola a los ojos. Entonces Milk los pudo ver fieros y fríos—. Si lo haces, le dirá a Ginn y ella le advertirá a su padre y yo no…

—Espera. ¿Me estás diciendo que la paliza que le diste ese día no fue suficiente? —preguntó temerosa.

—La mató —dijo conteniéndose para no gritar, pero tenía los puños tan apretados que tiritaban—. La mató, y lo único que podría equilibrar un poco las cosas sería que muriera por mis manos.

—No me gusta cómo estás hablando.

—Es lo que soy. Tú sabes que he matado y lo seguiré haciendo.

—Lo sé, pero...

—A ese hijo de puta lo tengo que matar yo, lo tengo que hacer sufrir y que recuerde a mi madre antes de decapi…

—No sigas por favor —exclamó asustada. En ese momento se le vino a la cabeza Bulma que siempre la trataba de ingenua y por fin le encontró la razón. Siempre supo quien era Kakarotto y a qué se dedicaba. No podía ahora, luego de casi cinco años juntos, sorprenderse. Pero era tan difícil aceptarlo considerando lo atento que siempre había sido con ellos.

Kakarotto se puso de pie, inquieto y arrepentido de haber sido honesto con Milk. No se sentía mejor y odiaba ver los ojos tristes de Milk.

—Entiendo muy bien si te vas y te llevas a Gohan, pero por favor no se escondan de mí. —Fue hacia la puerta de salida, pero ella se apresuró.

—Espera, no te vayas.

—No quieres verme ahora —respondió aún enojado. Esa constante ira que habitaba en él era incontrolable, especialmente cuando recordaba todo lo que sucedió cuando niño.

Milk dejó el asiento y fue a abrazarlo.

—No te vayas —dijo preocupada, con el rostro enterrado en su pecho—. Quédate con nosotros, acabas de terminar el castigo, duerme aquí. Yo te cuidaré, lo prometo.

La calidez del cuerpo de Milk hizo que Kakarotto se destensara y le regresara el abrazo.

—Déjame cuidarte —repitió Milk.


(...)


—Son hermosas —dijo Bulma sentada en el suelo de la nave con la vista perdida en las tres esferas que brillaban más que antes, al parecer contentas de haberse reunido con una de sus hermanas—. Valió la pena este viaje, pero la próxima esfera está muy lejos… Nos tomará demasiado tiempo llegar a ella.

—Tendremos que pedir ayuda —dijo Vegeta de pie, detrás de Bulma. Ya se había cambiado de ropa y quemado las botas que rozaron esas asquerosas criaturas.

—¿Conoces a alguien para confiarle algo así?

—Sí —dijo, y fue a su cuarto en busca de su scouter para comunicarse con Ginn. No pensó que tendría que recurrir a ella tan pronto, pero si seguían así les llevaría más de un año juntar todas las esferas, y ni siquiera sabían cuántas eran.

Bulma permaneció con el radar en su mano y contemplando las esferas al interior del baúl. No le importaba que le tomara demasiado tiempo reunirlas, así podría pensar bien en el deseo que le pediría al dragón, y de paso idear un plan para lograr engañar a Vegeta cuando llegase el momento.

—Son hermosas —susurró casi embelesada.

Se había probado a sí misma que era capaz de estar con ese hombre que le atraía sin caer en tentación. Tendría que seguir firme y no tendría inconveniente alguno.


(...)


Broly salió del baño ya con un pantalón suelto de pijama mientras secaba vigorosamente su cabello con una toalla. Nuevamente se encontraba al interior de la nave y este viaje sería un poco más largo, por lo que debería tener paciencia, ya que no le agradaba pasar tanto tiempo en la nave pese a tener un lugar propio para entrenar y lugares para caminar. No le gustaba estar en cuartos cerrados por tanto tiempo.

Desde que decidió mantenerse ordenado, peinaba su cabello luego de cada baño, y pese a ser tan poco delicado, lograba mantenerlo bien.

Como cada noche, con una puntualidad impresionante sonó el scouter sobre su mesa de noche. Lo observó a sabiendas que se trataba de Tarble, y esta vez, no dudó en ponerse el aparato en la oreja y presionar enseguida el pequeño botón para aceptar la llamada.

—Tarble —dijo con voz ronca y tranquila.

Desde el otro lado escuchó silencio, sabía que lo había tomado por sorpresa ya que seguramente había estado esperando que sonara el ruido característico que le avisaba podía hablar para dejar grabado un mensaje. Broly lo escuchó soltar la respiración contenida. Había sonreído, estaba seguro de eso.

Te he llamado a diario —dijo el príncipe.

—Lo sé. He escuchado todos los mensajes. —Otra sonrisa del príncipe, casi podía verla.

Te he extrañado tanto.

—Yo también, pero necesitaba esto.

Lo sé… Estaba dispuesto a esperar lo que fuera, pero mucho mejor ahora que respondiste.

—¿Te estabas quedando sin libros para leerme?

No, tenía una dotación extra en caso de que quisieras seguir haciéndome esperar.

—Qué bien… me gusta escucharte leer.

El saiyajin se acomodó en la cama y se arregló el cabello con la mano para quitárselo de la cara y hablar más a gusto. Hubo una pausa antes de que Tarble volviera a hablar.

Te amo —dijo en un susurro.

—Y yo a ti… Pero ahora tenemos que ponernos al día con el trabajo.

Sí, no todo puede ser placer.

—Ya tendremos tiempo para eso cuando volvamos a vernos—dijo Broly—. Ahora hay que trabajar para que sea más pronto que tarde.

Me gusta escucharte hablar así… Entonces, necesito un informe completo de lo que has hecho este mes. No creas que haré la diferencia contigo solo porque te he tenido desnudo en mi cama.

—Espero que no le digas lo mismo a tus hombres cuando tienen que rendir cuentas —dijo serio, y escuchó una risa de parte del príncipe que lo hizo sonreír. Mientras conversaban, Broly se levantó para ir en busca de su portátil. En cuanto lo tuvo en sus manos regresó a la cama—. Creo que la mayoría ya te lo deben haber dicho mis hombres.

No pretendía espiarte. Solo fueron avisos de los planetas que han visitado, no me dieron gran detalle, ya que te correspondía a ti.

—¿Cómo ha estado todo en Trantor? —Finalmente preguntó. Era mejor ser directo en lugar de no mencionar lo evidente. Tan solo esperaba que Tarble no fuera tan honesto con él como solía hacerlo y omitiera cierta información que no le haría bien a ninguno de los dos.

Lento, pero creo que ya encontré una ruta de trabajo, te informaré cuando tenga más avanzado. Ahora vamos con lo tuyo.

—¿Tienes tiempo?

Claro que sí.

Hablaron de trabajo cerca de una hora, pero continuaron conversando mucho más. Se llenaron de la energía que tanto les hacía falta.


Vegetasei


Rave abandonó el salón de entrenamiento donde su hijo estaba siendo entrenado por Berry cuando uno de sus hombres apareció. Ya que esa área no la recorría nadie más que ella, no hubo necesidad de buscar un lugar privado para conversar.

—Habla —ordenó la mujer.

—No hay mucha novedad la verdad…

—Eso lo decidiré yo, dime todo lo que ha hecho el hijo mayor del rey. —No lo llamaba príncipe ahora ni nunca. Para ella, ese desertor había perdido todos su privilegios y títulos hace muchos años.

—Sí, lo siento su majestad… Luego que abandonó el planeta con la mujer del departamento de mecánica se han dedicado a viajar.

—¿Algún destino en particular? ¿Para reunirse con alguien?

—Hasta ahora me informan que han ido a un solo planeta, compraron un aparato para poder respirar en un terreno peligroso que seguramente era para la mujer, porque un saiyajin podría resistir ese tipo de aire, y luego recorrieron el planeta por unas horas más y lo abandonaron. Nuevamente están viajando. El princi… —Se corrigió enseguida, sabía que a la reina no le gustaba que lo llamaran por su título—. El hijo del rey no se ha reunido con nadie, ni siquiera con sus antiguos hombres y el planeta en el que estuvo jamás perteneció a él, y por la dirección que sigue avanzando su nave, tampoco hay planetas que hubieran sido suyos… Nada indica que esté preparando un golpe o algo por el estilo.

La reina se mantuvo en silencio mientras pensaba qué hacer. Su hombre ya estaba acostumbrado a esa rutina, así que se calló y esperó pacientemente.

—¿Están muy lejos de su alcance?

—Así es, de lo contrario podríamos entrar en su radar. Pero el localizador que pusimos en la nave sirve para que mis hombres no lo pierdan.

—Bien… ¿Tienes guerreros poderosos siguiéndolo?

—Un grupo de saiyajin castrados, todos muy buenos guerreros.

—Perfecto. Entonces la próxima vez que aterrice en un planeta quiero que ese lugar sea su tumba. Mata a todas las personas que se encuentren con él, no quiero testigos —dijo y regresó al salón de entrenamiento.

Observó a su hijo que intentaba atacar a su hermana. El niño había pegado un estirón y lucía mayor y más fuerte, lo cual era bueno. No permitiría que le quitaran a su hijo lo que tanto trabajo y esfuerzo le había costado conseguir, y no podía confiar en el juicio del rey, ya que ahora que el desertor se encontraba con buen estado físico, podría cambiar de opinión en cuanto a la sucesión, y eso sería un desastre.

Lo mejor era que muriera en un planeta lejano y olvidado, de esa manera pensarían que nuevamente abandonó su reino sin avisar, tal como la primera vez.


Continuará…


Hola, muchas gracias por haber llegado hasta aquí.

Primero que todo. Muchas gracias por sus buenas vibras a mi esposo. No los aburriré con el asunto, pero nos fue bien con el doctor, descartaron cáncer y por fin le dieron un diagnóstico que es de cuidado, pero tratándose, cuidándose y tomando los remedios adecuados debería estar bien.

Esta será la última actualización del año, me tomaré una semana para ordenarme porque estoy demasiado justa con el tiempo y no quiero escribir a la rápida en desmedro de la historia. Además mi esposo salió de vacaciones, y es bastante demandante de cariño y atención, así que me deja menos tiempo en el computador.


Muy bien, ahora vamos de lleno con la historia.

Pasó en total un mes en este solo capítulo, y les aviso que el tiempo comenzará a pasar más rápido, para que lean a conciencia y no se vayan a perder.

Tarble: Tiene que tener paciencia, no puede esperar que en poco tiempo ya tener un plan hecho y listo para irse contra el imperio de los saiyajin, pero ya tiene algo más o menos planeado con Dahlia y el rey. Estuvo muy desanimado por toda la situación con Broly y tuvo que pasar un mes para que finalmente le respondiera, pero fue tan natural el reencuentro que es como si no hubiera pasado nada entre ellos. Lo cual es bueno, así se puede concentrar en su misión.

En un rw de Veronica Becker me mencionó sobre Tarble respondiendo el beso de Dahlia. Que está bien que no la rechazara en la cama, pero que un beso era demasiado personal, y le encontré la razón, pero en el caso de los saiyajin decidí cambiar los besos por tocar el rabo. Pensaba poner esta escena en el capítulo anterior, luego de la boda, pero terminé cortándolo y ya que mencionaron ese detalle en el rw, terminé poniéndola aquí.

Broly: Ahora que está a cargo de tanto casi no ha tenido tiempo de deprimirse, ya que son demasiadas las responsabilidades. Era tanta la codependencia que se tenían (o tienen) que necesito un tiempo prudente para demostrarse que podía estar sin él y continuar. Y claro que es capaz, pero aún tiene trabajo para creer en sí mismo, especialmente teniendo a Tarble tan lejos.

Ese poema que Tarble lee a Broly es un gusto que me quise dar y compartir con ustedes para que lo conocieran, se trata de Vicente Huidobro, Altazor, el canto ii y el la cosa más hermosa que tendrán el gusto de leer. Se los recomiendo. Ya antes lo había mencionado, y es por él que la antología de relatos de Vegeta y Bulma en universos alternos se llama A la misma estrella. Y en esta ocasión creo que le venía muy bien a Broly y Tarble.

La canción de esta semana Te Extraño de Luis Miguel obviamente es para Tarble y Broly. Y a las que le gusta Luis Miguel, les aviso que se vienen varias canciones de él jajajaja. Así que a prepararse.

Kyle: La pobre no tiene mucha gente con la que estar en Vegetasei, así que toda su rutina se vio desarmada. Por suerte tiene a Bardock, y también se entretiene con Gohan. Y ahora que Kakarotto salió, ese sentimiento que tenía durmiendo volverá a florecer.

Kakarotto: Tuvo mucho tiempo para pensar y ya no le quedó otra opción que decirle la verdad a Milk, pero es tanto el odio que sigue en su interior que todavía le cuesta tomar las mejores decisiones. Es un guerrero entrenado, uno de los más letales y se debate entre dejar salir toda esa ira y controlarse para seguir con su mujer y su hijo.

Milk: que casi ya tenía listas las maletas para marcharse con su hijo, pero es difícil sabiendo que si deja solo al padre de su hijo lo pueda perder. Ella ha visto su lado bueno, y no quiere que ese lado malo (que no quiere conocer) gane, y eso pasaría si lo deja.

Vegeta: Ya comenzaron sus flashbacks, en los capítulos próximos se vienen más para conocer cómo fue todo el desarrollo del príncipe que lo terminó convirtiendo en quien es ahora.

Este mes con Bulma sirvió mutuamente para conocerse mejor y seguir gustandose. Hay que ver cuánto más puede seguir aguantando sin lanzarse de nuevo a Bulma, pero está lo de las esferas, y ya que la necesita para encontrarlas, se ha portado bien.

Bulma: De no ser por todo lo que sufrió de niña y adolesente y hasta el día de hoy por culpa de los saiyajin, en esa nave ya hubiera ocurrido de todo hace rato, jajajaja. Pero bueno, hay que ver qué sucederá en el próximo capítulo.

La científica (que es conocida solo como mecánica) no ha cedido a Vegeta porque eso significaría perder, y ella nunca pierde. Aunque claro, el Vegeta que ha conocido ahora no se parece en nada al que creía que era cuando lo conoció en un comienzo, así que eso le jugará en contra a la hora de seguir controlandose.

Raditz y Ginn tuvieron un encuentro inesperado, y la llamada de Vegeta a Ginn, hará que cambien sus planes.

Rave: La reina le va a poner las cosas más difíciles a Vegeta y Bulma. Ya se deshizo de Tarble (al menos eso cree) Ahora toca el turno de Vegeta.

En cuanto a la lista de canciones: Lo haré esta semana que me tomaré libre y compartiré el link en mi face, me pueden encontrar como Dev Fanfiction, aunque también dejaré el link en la próxima actualización.

Muy bien… Feliz navidad atrasada y desde ahora les deseo un muy feliz año nuevo. Espero que todos lo pasen muy bien, sea de la manera que gusten pasar estas fechas.

Espero sus rws, que me motivan a escribir y actualizar y también a trabajar en los resúmenes para no explotar en confusión a la hora de escribir cada capítulo.

Nos leemos el próximo año.

Dev.

26/12/20.