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El Legado II
Segunda Parte
XXIII
Deseo
Fría como el viento
Peligrosa como el mar
Dulce como un beso
No te dejas amar, por eso
No sé si te tengo
No sé si vienes o te vas
Eres como un potro sin domar
(Fría Como El Viento / Luis Miguel)
Dos semanas después
—No tienes idea cuánto extraño las reuniones en tu biblioteca —dijo Bulma metida en la tina y con el scouter en su oreja. Una de las cosas buenas de la nave era que el baño de su habitación tenía tina, lo que le proporcionaba largas horas de relajo y distracción. No era tan grande, pero disfrutaba de los baños de espuma.
—¿Las reuniones o el vino? —respondió Tarble con tono amistoso.
—Las dos cosas en realidad —dijo riendo—. Compré unas botellas en el último lugar que toqué tierra, pero no eran tan buenas como las que tú tenías.
—Tal vez puedas venir a verme. Aquí tengo una biblioteca más grande y una gran variedad de vinos para acompañarnos durante toda la noche.
—Eso sí que suena tentador. Tal vez cuando termine el trabajo me escape a visitarte.
—¿Cómo va eso?
—Lento, demasiado lento, pero voy bien. Cuando nos veamos te contaré más detalles.
—¿Y algún adelanto?
—Hay algo que no te había dicho… No estoy sola, este tema del trabajo es con tu hermano, estamos viajando juntos —dijo sin saber que Tarble sabía muy bien que había dejado el planeta con él. Pero eso era todo lo que sabía, pues no tenía idea el motivo de aquel viaje y decidió no mandar gente a seguirlos al no considerarlo necesario.
—¡Vaya! ¿Sucede algo entre ustedes?
—No, es solo profesional. Es demasiado complicado de contar, cuando nos veamos te diré todo.
—Ahora sí que me mata la curiosidad.
—Se nota que no tienes mucho qué hacer —dijo mientras jugaba descuidadamente con la espuma en sus manos.
—¿Tan obvio es?
—¿Cómo va todo allá? ¿Con tu esposa? ¿Y Broly?
—Demasiado tranquilo… Dahlia es una buena mujer que merece estar casada con un hombre que la quiera y no con uno que lo único que hace es contar las horas para comunicarse con el hombre con el que previamente se casó… En cuanto a él… está viajando encargándose de mi trabajo, lo que lo tiene muy ocupado, y a mí me deja bastante tiempo libre.
—Sobre eso —dijo la joven interesada—. ¿Hay algo que necesites? ¿Están bien con la cantidad de naves para el transporte?
—Todo en orden por ahora, gracias. Preocúpate de hacer ese trabajo misterioso para mi hermano, y luego podemos hablar del que tienes conmigo.
—Trabajo con él, no para él —corrigió.
—Ya imagino las discusiones que deben haber tenido al respecto.
—Ya se detuvieron porque grité más fuerte de lo que sus oídos podían soportar, así que gané la discusión —dijo orgullosa y luego agregó algo dubitativa—. Hay algo que he querido preguntarte sobre él…
—Pregunta, tengo todo el tiempo del mundo —respondió y Bulma pudo escuchar que sonaba un tanto aburrido. Realmente debía tener mucho tiempo libre allá. Además tenía sentido que Broly se estuviera ocupando de sus trabajos secretos personalmente, ya que no era algo que se podía dejar desatendido por mucho tiempo, además era un tanto peligroso hacerlo a la distancia desde un lugar que no se conocía tanto. En Vegetasei también era altamente riesgoso, pero Tarble había vivido toda su vida ahí, y sabía cómo moverse sin levantar sospechas.
—¿Tu hermano ha cambiado mucho, verdad? Me refiero a que no es el mismo que era antes de abandonar el planeta.
—Si tengo que ser honesto, sí. Jamás pensé que tendría ciertas conversaciones con él. No pude llegar a conocer al nuevo Vegeta por completo por falta de tiempo, pero siento que el haberse marchado del planeta le sentó bien… Pensé que tu viaje con él solo era por motivos de trabajo.
—Sí, lo sé… No me hagas caso… Oye, no te rías —dijo frunciendo el ceño al escuchar su risa.
—Te extraño… maldición, extraño a todos. No pensé que sería tan difícil… —dijo en un susurro una vez que su risa acabó.
—Nunca es fácil separarse de la gente que quieres, pero a veces no hay opción y tenemos que sacrificarnos por un bien mayor.
—Lo sé. Si no tengo contento al rey Vegeta, no dudaría en quitarme todo lo que tengo, y no tardarían en descubrir mis planetas ocultos y su gente... En lo que encuentro una solución definitiva a todo esto, no tengo otra opción que continuar alejado de Broly y Kyle.
Bulma suspiró. No sabía qué decir para subirle el ánimo. Ella también debió alejarse de sus seres queridos para realizar su venganza y liberar a la gente del imperio de los saiyajin. Los extrañaba más que nada en el mundo, pero era el precio a pagar para lograr sus objetivos.
(...)
—Entonces… —dijo Raditz pensativo—. ¿Qué se supone que hacen estas esferas? —Iba en su nave esférica personal, ya que las grandes y nuevas se las dejaron al resto del equipo para que terminaran las misiones previamente pactadas. Desde su pequeña ventana podía ver a lo lejos la nave personal de Ginn con la que iba conversando a través del scouter, en lugar de dormir para guardar energía, pues se trataba de un viaje largo. Era una costumbre que habían adquirido desde antes de pensar en tener una relación.
—Cumplen un deseo, al menos eso me dijo Vegeta —respondió Ginn.
—Eso suena como a los cuentos que Milk le leía a Gohan.
—Lo sé, pero si Vegeta fue capaz de escapar de regreso a Vegetasei con esas cosas, entonces debe ser verdad.
—Más le vale, después de todo no nos van a pagar nada por este trabajo.
—¿No te da curiosidad ver qué pase cuando se junten todas las esferas y aparezca el dragón?
—Debe ser algo sorprendente —dijo pensativo, y preguntó curioso—. ¿Estás segura que Bulma dio las coordenadas correctas? —repasó el mapa que se proyectó frente a sus ojos, a la altura de la ventana redonda—. Según la ruta de navegación no debería haber ningún planeta en ese lugar, es una zona completamente vacía y peligrosa de acceder.
—Insistió que estaba en lo correcto. Ella es la del cerebro, así que debe tener razón.
Raditz desactivó el mapa y se acomodó en su asiento.
—Ya deberíamos dormir. Aún nos quedan un par de semanas más de viaje.
—Sí, tenemos que dormir… O podríamos seguir conversando y jugando por un par de horas más...
—Está bien —dijo resignado. Sabía cuánto odiaba activar el sueño artificial—. Un par de horas más. —Sacó bajo su asiento un cuaderno y un simple lápiz. En una de las hojas tenía rayas horizontales y verticales que formaban cuadrados. En la parte superior cada cuadrado tenía asignado un número del uno hasta el quince, mientras que cada cuadrado vertical tenían una letra del abecedario.
—Esta vez derribaré todas tus naves.
—Nunca puedes ganarme, acéptalo.
Vegetasei
Milk ya había despertado, pero ya que tenía el día libre continuaba metida en la comodidad y calidez de la cama observando a Kakarotto dormir. Había estado tan diferente estas semanas, callado y reservado. Por las mañanas se dedicaba a cumplir con su trabajo, en las tardes pasaba tiempo con Gohan y Kyle, o Milk (dependiendo del tiempo libre de su mujer) y luego en las noches estaban todos juntos en casa compartiendo un rato antes de irse a la cama. Sabía que debería estar feliz de tenerlo de regreso y tan tranquilo, pero sentía que Kakarotto no estaba siendo realmente él y eso le preocupaba.
La puerta se abrió tímidamente hasta que el pequeño niño asomó la cabeza, y no saludó lleno de energía como solía hacerlo cuando notó que su papá continuaba durmiendo.
—Buenos días, mamá. ¿Cómo está papá?
—Está descansando —dijo, y se puso de pie para que la conversación no lo despertara. Salió del cuarto con el pequeño rumbo a la cocina—. ¿Quieres ayudarme a hacer el desayuno para tu papá?
—Ya —respondió entusiasmado, pero sin levantar la voz.
—A lavarse las manos.
El niño obedeció y Milk fue detrás de él, lamentándose que no estuviera Raditz, puesto que sentía que esto era un problema de su raza y por mucho que intentara comprender al padre de su hijo no podía, ya que cada vez que comenzaba a hablar de violencia no podía seguir escuchando.
(...)
El primer remezón que sufrió la nave, pilló a Bulma de pie en su cuarto. Estuvo a punto de caer sentada al suelo, pero la pared la frenó a tiempo, provocando que se golpeara en el hombro. Este tipo de cosas sucedían, a veces había basura espacial y era imposible para la nave en piloto automático esquivarla toda. Quiso ir a la cama para ponerse el pijama e ir a ver qué sucedía, pero en esta oportunidad el impacto fue mucho más violento y la tiró contra las partes de un robot que había estado trabajando para matar el tiempo.
—Maldición —exclamó sentada en el suelo entre pedazos de fierro filosos que pudieron haberle hecho mucho daño de haber caído sobre ellos—. Tal vez debería ser un poco más ordenada —susurró pensativa. Sintió un dolor punzante en la pierna, pero no tuvo tiempo de revisar, porque esta vez la nave comenzó a convulsionar a causa de los múltiples impactos que estaba recibiendo desde el exterior, era como si la estuvieran atacando. Salió en ropa interior hacia la cabina de mando entre tropezones e intentando balancearse hasta que llegó al asiento del piloto. Tal como había pensado: basura espacial que el radar no había sido capaz de detectar a tiempo. Tomó el control manual de la nave y comenzó a maniobrar para elevarse por sobre ellos y esquivarlos. Por el rabillo del ojo vio a Vegeta salir de su habitación con pantalón de pijama, e ir hasta el asiento del copiloto.
—¿Qué pasa? —preguntó el saiyajin despeinado y aún medio dormido.
—¿Recién te diste cuenta que estaba sucediendo algo? —dijo atenta al frente. Costaba pilotar y eran demasiadas las rocas y partes de satélites en desuso que había que esquivar.
—Estaba durmiendo —respondió con el ceño fruncido.
—Maldita la hora que justo logras dormir bien. Ayúdame y toma el segundo control —ordenó sin dejar de mirar al exterior.
Vegeta obedeció e hizo lo que le comandó la joven. Él sabía de naves, mayoritariamente personales y pequeñas, pero ella se manejaba como toda una maestra, y bueno, si se supone que era experta en construir naves, también era toda una entendida a la hora de pilotarlas.
Estuvieron cerca de diez minutos trabajando en equipo. Ella maniobraba para esquivar la basura que por su tamaño podría dañar la nave e indicaba qué palanca o botón apretar, y el saiyajin cumplía con precisión, hasta que finalmente lograron poner a salvo la nave de cualquier escombro.
—¿Eso fue todo? —preguntó Vegeta cuando dejó definitivamente el panel de control. Giró en el cómodo asiento para mirar a Bulma, y ella hizo lo mismo.
Bulma se veía particularmente atractiva con el sujetador y las pantaletas negras, su cabello que había crecido más estaba despeinado y lucía ligeramente acalorada con el momento adrenalínico que le tocó manejar. Tenía un cuerpo espectacular que además sabía cómo llevarlo, ya que no lucía incómoda al estar tan escasa de ropa frente a él. El guerrero no pudo evitar notar esas pequeñas cicatrices en su abdomen y pecho. Como guerrero experimentado sabía reconocer ese tipo de marcas, por lo que se sintió más intrigado por su pasado.
—Te salvé la vida, ya puedes ir a seguir teniendo dulces sueños.
—Justo la noche que no tenía pesadillas —dijo resignado, completamente despierto, y luego agregó—. ¿La nave está bien?
—A simple vista sí, pero tendremos que desviarnos un poco para buscar un lugar donde revisarla —dijo cruzándose de brazos y piernas—. No podemos seguir el viaje de esta manera, pero solo nos tomará dos o tres días, nada más. —Esperó una respuesta del príncipe, pero lo notó mirándole las piernas sin una pizca de vergüenza—. Al menos podrías fingir escucharme —dijo molesta.
—Estás sangrando —respondió Vegeta ignorando su comentario. Tomó la pierna de la joven y revisó el corte bajo la rodilla derecha. La sangre había llegado hasta el tobillo.
—No es tanto —dijo, pero lanzó un gritito cuando el hombre le tocó con el dedo cerca del corte. Con la emoción del momento había olvidado por completo la herida, y ahora que la adrenalina había descendido, un molesto dolor palpitante se hizo presente—. ¿Va a dejar una marca? —preguntó preocupada más que nada por el asunto estético.
—¿Con qué te hiciste el corte?
—Debe haber sido con las partes del robot que estaba trabajando.
Vegeta le bajó la pierna y fue hasta una puerta angosta de metal que apenas se distinguía en el muro. Presionó un botón y abrió en busca del botiquín que debía estar ahí, pero en su lugar había una caja de dulces.
—El botiquín está en mi cuarto, y gracias por encontrar mis dulces, me hacían falta —dijo desde su asiento.
Vegeta puso los ojos en blanco, aunque ya no estaba sorprendido.
—¿En qué parte de tu chiquero está? —preguntó.
—Oye, no es un chiquero —dijo ofendida—. Está un poco desordenado, pero no sucio. Aunque ahora puede estarlo, tenía una bandeja de comida en la cama cuando la nave se…
—El botiquín —dijo impaciente— ¿Dónde está?
—Sobre el escritorio.
Vegeta entró al cuarto de Bulma y en solo un par de minutos regresó con el botiquín y una camiseta blanca que le pasó a la joven. Se sentó nuevamente frente a ella y buscó lo que necesitaba para limpiar la herida.
La mecánica se puso la camiseta y lo quedó mirando ahora que estaba concentrado mirando hacia otro lado. Al parecer se había dado cuenta que usaba esa prenda como pijama, bastante observador de su parte y le otorgó puntos extras por la atención de traerle algo de ropa sin que se lo pidiera.
Cuando el hombre ya tuvo todo lo que necesitaba se arrodilló al lado de la chica para tener mejor acceso a la pierna. La limpió, desinfectó y luego le puso un parche blanco. No fue necesario vendarlo, no había sido una herida seria, pero se debía asear para evitar infecciones.
—Mucho mejor —dijo Bulma.
—No debería dejar marca.
Sin dejar de tocar su pierna, Vegeta la miró. Maldita sea, con la camiseta se veía mucho mejor que antes, y su piel era más suave de lo que se había imaginado. ¡Qué ganas tenía de besarla! Ya llevaban un mes y medio viajando y se había tenido que concentrar en lo que sea para hacer el deseo a un lado.
Bulma también se perdió en su intensa mirada y sintió un escalofrío en la espalda cuando la mano del hombre presionó ligeramente su pierna.
—Bien —dijo la joven intentando actuar normal para ocultar las ganas que tenía de lanzarse sobre él y besarlo. Se puso de pie, cortando cualquier contacto—. Te avisaré cuando lleguemos a tierra para revisar la nave. —Afortunadamente no le dolía mucho al caminar, así que se apresuró en volver a su habitación. Se dedicaría a limpiar y ordenar su cuarto, tenía que encontrar algo en qué distraerse.
Vegeta caminó decidido hacia ella, pero a medio camino se detuvo, justo cuando la puerta se cerraba. Estuvo a punto de acercarse y golpear, pero finalmente cambió de opinión y se retiró a su cuarto.
(...)
Broly permaneció acostado en el frío piso metálico de su cuarto de entrenamiento en la nave. Su pecho subía y bajaba luego de haberse obligado a llegar a los extremos entrenando durante sus momentos libres al interior de la nave para sentirse agotado antes de ir a la cama. Hasta ahora le había funcionado bien, por lo que repetía la rutina cada noche para dormir.
En un rincón del cuarto reforzado estaban algunos de los robots de entrenamiento que Bulma había hecho por encargo y Tarble había dejado en la nave sin avisarle. Le habían sido de mucha ayuda y afortunadamente habían resultado mucho más resistentes de lo pensado, aunque parte del entrenamiento también consistía en no destruirlos, y así podía tener mejor control de su poder, lo cual necesitaba con urgencia. Necesitaba mantenerse en alerta y en dominio de su fuerza, ya que hace unos días se sentía un tanto inquieto, era difícil de explicarlo, pero sentía que en cualquier momento podía perder el control como antes. No había tenido ningún episodio de ira incontrolable, de hecho se había encargado muy bien del trabajo, mejor de lo que pensaba, pero había algo latente en su interior, algo potente que debería estar durmiendo y no era así. Decidió no contarle a Tarble por el momento, no quería preocuparlo, y además era algo de lo que debía ocuparse por sí mismo.
—Adelante —respondió luego que golpearan la puerta y se sentó para no lucir tan acabado como se sentía luego de tantas horas de entrenar sin parar.
—Señor, los exploradores encontraron un planeta que podría ser de utilidad —dijo el soldado.
—¿Está en el radar?
—No. Se encuentra en un área de difícil acceso. Según los informantes no tienen la tecnología suficiente para dejarlo, y están en medio de un terrible conflicto bélico. Es perfecto para reclamarlo para el príncipe y usarlo.
—¿En cuánto tiempo estaríamos allá?
—Si cambiamos de rumbo en un poco más de una semana.
Broly meditó un momento antes de responder totalmente decidido.
—Está bien, vamos, y avisa a las otras flotas. —Se puso de pie de manera ágil
—Sí señor. —El soldado abandonó el lugar y Broly fue directo a la ducha antes de seguir trabajando. Se pasó la mano por la mandíbula y boca sintiendo la barba que comenzaba a crecer, debería afeitarse, pero no tenía tiempo, tal vez más tarde, ahora solo sería una ducha rápida. Esta noche se acostaría tarde.
Ocho años atrás
Kyle se asomó discretamente por la puerta del salón de entrenamiento para espiar a su hermano Lok. Esta semana había comenzado su entrenamiento para convertirse en guerrero y solo se hablaba de eso al interior de palacio. La pequeña niña en un comienzo fue interesada en ver cómo sería la rutina de entrenamiento, tenía curiosidad por ver si era como la de ella o sería más brutal por tratarse del hijo varón del rey con la reina, pero al poco rato de observar a Lok con sus dos entrenadores, escogidos especialmente para tan importante tarea, se concentró en Rave, la mujer de su padre que le provocaba terror tan solo mirarla a los ojos, sin embargo ahora transmitía una vibra totalmente diferente al sonreír orgullosa ante los pequeños avances del pequeño.
Kyle observó en silencio y casi podía jurar que la voz de la mujer sonaba más melodiosa y cálida cuando se dirigía a su hijo. No pudo evitar sentir celos de su hermano que tenía una madre presente que se preocupaba por él, en cambio ella no sabía mucho de lo que pasó con la suya, salvo que había traicionado a la corona y su gente.
—¿Qué haces aquí, Kyle?
La pequeña se dio vuelta en cuanto escuchó la voz de Berry. Estaba con Rasp que la abrazaba por detrás rodeando su cintura con ambos brazos.
—Nada —respondió de manera poco amigable, y se alejó de la puerta. No quería que la reina se diera cuenta de su presencia.
—¿Vienes a espiar a Lok? —preguntó Berry queriendo molestarla—. Porque eso es muy feo, niña.
—¡No! No estoy espiando —dijo molesta por haber sido descubierta, especialmente por Berry que no le agradaba nada.
—No seas pesada con la niña —dijo Rasp a su hermana y apoyó el mentón en su hombro antes de dirigirse a Kyle—. Si quieres ver el entrenamiento de Lok te sugiero venir otro día cuando mi madre no esté. No le gusta tener mucha gente en el lugar, tú sabes lo complicada que es la reina —dijo como si se estuviera dirigiendo a un adulto.
Kyle no respondió, pero le hizo un gesto obsceno con el dedo a Berry antes de salir corriendo del lugar. Avanzó por los pasillos solitarios de palacio a toda velocidad encontrándose con alguno que otro soldado que custodiaba los puntos estratégicos. Siempre andaba corriendo por palacio con su colita suelta, moviéndose de un lado a otro. Como era tan pequeña y se caracterizaba por ser silenciosa y sigilosa, nadie se daba cuenta de su presencia, lo que aprovechaba para observar y espiar a quien fuera. Desde una conversación subida de todo de los soldados que resguardaban el lugar, hasta las reuniones importantes del rey con su gente de confianza. Nadie se salvaba de sus juegos de niña.
Continuó su carrera hasta que llegó a un área mucho más amigable para ella. Cuando entró a la biblioteca de su hermano Tarble, ni el joven ni Broly notaron su presencia, pues conversaban.
—Dime quien fue —dijo Broly de pie junto a Tarble que estaba sentado sobre el brazo de un sillón.
—No —respondió Tarble con lágrimas en sus ojos. Uno de ellos estaba demasiado hinchado como para abrirlo, al igual que el labio inferior, por lo que no podía modular correctamente.
—¿Fue Leek, verdad? —preguntó molesto
—No insistas —respondió Tarble de 14 años, delgado, bajo y débil, todo lo contrario a lo que debería ser un saiyajin a esa edad—. No voy a decirte.
—No puedo ayudarte si no me dices.
—No quiero meterte en problemas —dijo, y cuando vio a Kyle escondida mirando detrás de un librero secó las lágrimas de su rostro, cambió su expresión de dolor por una sonrisa, como si nada hubiera pasado y se puso de pie para ir hacia ella—. ¿Dónde estabas, Kyle? Las clases comenzaron hace media hora.
—¿Qué te pasó? —preguntó la niña, y siguió a su hermano hacia la mesa a la que también se acercó Broly.
—¿Esto? —dijo apuntando su rostro—. No es nada, estaba intentando entrenar, pero no es lo mío.
—¿Tú entrenando? —dijo desconfiada.
—Sí, ¿cierto que sí, Broly?
—Sí —respondió el guerrero e hizo una mueca. Tarble siempre andaba inventando cualquier excusa para que Kyle no lo viera mal.
Kyle se sentó junto a Broly y le habló en voz baja aprovechando que Tarble iba por sus cuadernos. Tenía que guardarlos él, ya que si la niña se los llevaba a su cuarto nunca aparecían, terminaban quemados o rotos por los pasillos de palacio. No era muy asidua a los estudios y había que estar presionándola para que prestara atención.
—¿Fue entrenamiento? —susurró.
—Sí. Como no está acostumbrado se lastima con facilidad.
Cuando el príncipe regresó se sentó frente a su hermana.
—No quiero estudiar hoy —dijo decidida al ver tanto libro y cuadernos, era abrumador para una pequeña de su edad.
—Pero ya estamos atrasados con la lección —respondió su hermano—. La semana pasada faltaste a la mitad de las clases.
—No quiero —insistió con el ceño fruncido—. Quiero hacer otra cosa.
—¿Y qué es lo que quieres hacer?
—Háblame de nuestra mamá. ¿Por qué Lok puede tener una y yo no?
Broly miró a Tarble y lo notó incómodo.
—Ya hablamos de eso Kyle —dijo en voz baja, intentando no exteriorizar lo que sentía por dentro—. Nuestra madre está muerta.
—Ya sé, por traición, ¿pero que hizo? ¿Ella te entrenaba? ¿Era buena guerrera? ¿Ella te enseñó las cosas aburridas que sabes?
—Si no quieres estudiar hoy te vas a atrasar mucho más —dijo hojeando uno de los libros que había llevado a la mesa.
—Lo sé, pero no me dijiste si…
—No solo con fuerza bruta se sobrevive allá afuera. Incluso Broly estudia, y todos los días.
Kyle miró a Broly y este afirmó con la cabeza. En realidad no estudiaba todos los días, pero era mejor exagerar para convencerla.
—Pero Tarble, yo quiero saber…
—¿Cómo pretendes salir del planeta si no sabes leer bien? ¿No quieres aprender a pilotar las naves?
—Sí, sí quiero, pero…
—Entonces para eso tienes que aprender mucho. No cualquiera vuela las naves más grandes, son realmente complejas, y necesitas de conocimientos avanzados en la materia para hacerlo.
—Muchos soldados son alfabeticos y saben usar las naves.
—Son analfabetas, Kyle —la corrigió—. Y tú eres una princesa, tienes que saber de todo.
—Me entendiste igual —dijo molesta, hundida en su asiento, lo que la hizo ver más pequeña al lado de Broly.
—Pero eso no significa que esté bien dicho… Bien, comenzaremos con la lectura que no terminaste, parece que necesitas leer más.
—Puedo ayudarte esta vez —dijo Broly para animar a Kyle a estudiar. Le asombraba la facilidad de Tarble para desviar la atención de la niña y cambiar de tema.
Kyle sonrió a la propuesta de Broly, pero Tarble se adelantó y habló.
—Esto tendría que hacerlo sola.
—¡No jodas! —exclamó la niña—. Déjalo que me ayude, maldita sea.
Broly esbozó una sonrisa leve por la forma de expresarse de la niña, mientras que a Tarble no le hizo gracia, pero solo abrió más el ojo funcional que tenía y solo eso bastó para que ella se diera cuenta.
—Perdón —dijo Kyle que ya se sabía de memoria las disculpas para salirse con la suya—. No voy a decir malas palabras aquí, pero deja que Broly me ayude, por favor.
—Solo por esta vez —intervino Broly en favor de la niña.
Tarble de pronto tuvo encima los ojos de Kyle y Broly esperando expectantes por su aprobación.
—Está bien —dijo resignado y les pasó el grueso libro con tapa de cuero. Terminen de leer el capítulo cuatro, ya vuelvo. —No esperó a que respondieran y fue directo al baño. Necesitaba mojarse la cara, el dolor que sentía a causa de los golpes en el rostro era insoportable.
—Tarble es peor que los entrenadores de palacio —se quejó en cuanto su hermano se fue—. Siempre está diciéndome qué hacer.
—Es importante que aprendas todo esto —dijo Broly acomodando el libro entre los dos y buscando el capítulo para que pudieran verlo bien—. Yo tampoco sabía leer y no sabía lo que me estaba perdiendo.
—Eres un guerrero, ¿para qué quieres leer?
—Encontré algunos libros de anatomía en esta biblioteca, y gracias a ellos ahora sé dónde atacar para romper huesos y causar más daño de un solo golpe sin tanto esfuerzo.
Kyle rio ante la imagen de Broly rompiendo huesos gracias a los libros.
Vegetasei
Gohan permaneció sentado a la mesa observando el lugar que visitaba por primera vez. En un comienzo cuando Kyle le dijo que irían a la Zona Negra imaginó los más terribles escenarios que su pequeña mente podía producir, pero la verdad es que estaba al interior de una casa de madera un poco desordenada pero nada terrible. Era un hogar como cualquier otro, y era increíble el parecido que tenía su abuelo con su padre. Si no fuera por las cicatrices en el rostro, las arrugas típicas de la edad y la piel un poco más tostada, sería difícil reconocerlos. Y claro, aunque ahora su papá andaba más serio de lo normal, sonreía mucho más. El hombre que estaba en la cocina hablando con Kyle no se veía muy amistoso.
La pulsera que solía usar para que su madre supiera su paradero dentro de palacio y así trabajar tranquila, la dejaron dentro de la nave donde solía jugar, así no sospecharía que había abandonado el lugar y se había adentrado en la Zona.
—¿Por qué trajiste el niño acá? —preguntó Bardock molesto, pero no levantó la voz para no asustar al pequeño. No lucía muy saiyajin para su gusto y no quería meterse en problemas con su hijo si algo le pasaba.
—Porque no te conocía y dijo que sí cuando le pregunté si quería venir a tu casa —dijo tranquila, sin entender la consecuencia de sus actos.
—Imagino que no le preguntaste a sus padres.
—No, no saben —respondió encogiéndose de hombros—. No le hubieran dado permiso.
—¿Y entiendes por qué no? —dijo cruzado de brazos, molesto con Kyle.
—Porque lo sobreprotegen. El niño es un saiyajin y además es inteligente para su edad.
Bardock gruñó ante su respuesta.
—Tranquilo —dijo Kyle—. Saben que está conmigo, no es que lo haya sacado a escondidas de su casa.
—¿Estás interactuando de nuevo con Kakarotto? —preguntó cruzado de brazos. No olvidaría por nada del mundo que Kyle le había confesado que tenía sentimientos hacia él.
—Sí, pero no pasa nada, ya no me gusta —mintió con tanta naturalidad que Bardock le creyó.
—No debiste traer al niño, es peligroso e irresponsable de tu parte.
—Serán solo unos minutos. Desayunamos y nos vamos, y nadie se va a enterar. Gohan quería conocerte, anda a conversar con él y yo llevo el desayuno a la mesa.
—Te han mimado demasiado, Kyle —dijo mirándola a los ojos, pero le hizo caso y fue a la mesa a sentarse un par de sillas separado del pequeño niño. Tenía una aire a Kakarotto cuando pequeño, pero mucho más suave y delicado—. Entonces… Eres Gohan.
—Sí, señor —respondió el niño de forma educada. Continuó sentado y calmado moviendo las piernas bajo la mesa. De haber sido Kakarotto cuando niño estaría corriendo y saltando por todos lados—. Y tú eres el papá de mi papá.
—Sí… ¿Sabes pelear, niño?
—Mi papá me entrena a veces, pero a mi mamá no le gusta. Ella quiere que estudie porque dice que no vamos a vivir toda la vida en este planeta y tengo que ser alguien de provecho, no un guerrero sin cerebro.
Bardock guardó silencio un instante. No era como hablar con un niño tan pequeño, y la madre del niño debía ser todo un personaje.
—¿Entonces qué haces si no entrenas?
—Me gusta estudiar, y Kyle me está enseñando a pilotar su nave —dijo sonriendo y luego agregó contento cuando recordó otro de sus nuevos intereses—. Una de las naves de Kyle tiene un computador con juegos y me deja usarlo cada vez que quiero.
Nuevamente el guerrero no supo qué decir. No podía ser que él fuera quien se encontraba incómodo. Kyle llegó justo a tiempo con una bandeja llena de comida, y como no podía faltar, un par de cervezas.
—¿No es muy temprano para que bebas? —dijo Bardock a Kyle cuando la vio tomar una de las botellas pequeñas. Pensó que las dos serían para él.
—¿Tú no estás tomando ya?
El guerrero no respondió y los tres se dedicaron a comer mientras conversaban de cualquier tema. Kyle y Gohan fueron los que más hablaron, mientras que Bardock los contempló en silencio, y entonces comprendió: no solo era la sangre la que tiraba con fuerza y hacía que Kyle se llevara bien con él, con sus hermanos y ahora su sobrino, la princesa extrañaba tanto a Tarble y este niño seguramente se lo recordaba.
—¿Por qué no visitas a mi papá? —preguntó Gohan luego de un rato de solo haber estado conversando con Kyle.
—No tenemos una buena relación —respondió Bardock.
—¿No lo entrenabas cuando era niño?
—No lo suficiente… Debí hacerlo más —dijo después de terminar la cerveza.
—¿Y por qué no lo entrenas ahora?
—Ya no lo necesita, es un guerrero completo.
—Entonces podrías ir a comer a nuestra casa. Mi papá siempre está feliz con la comida que le hace mi mamá.
—Lo pensaré, niño.
Cuando llegó la hora de partir el hombre no dudó en acompañarlos hasta donde fuera posible llegar y que nadie lo viera, incluso más allá de la Zona Negra. No se iba a arriesgar a dejarlos partir solos y que algo les sucediera.
Trantor
Tarble caminó por los jardines disfrutando de la vista y el aroma mientras Broly le informaba las últimas noticias. Le gustaba dirigirse al lugar en donde se unieron mediante un pacto bajo la mirada de las dos lunas del planeta.
—¿Estás preparado para pelear? —preguntó sin sonar preocupado. No quería que Broly pensara que no confiaba en él.
—Ha pasado un tiempo desde la última vez, pero estoy acostumbrado. Tomaremos ese planeta para ti.
—Estoy seguro que así será. —Se sentó en una banca de piedra y se mantuvo en silencio y sin moverse mientras Broly continuaba hablando. Los animales del lugar se estaban acostumbrando a su presencia y solían asomarse y hacer su vida normal pese a que él se encontraba ahí. Era todo un espectáculo.
Desde que retomaron contacto, la relación de ambos se había mantenido tranquila y estable. No solo se conformaban con hablar un par de veces al día, también se dejaban audios referentes al trabajo o simplemente para saludar o decir algo sin mayor importancia, ya que al encontrarse viajando Broly, no siempre coincidían con los horarios. Y Tarble por su lado, sabía que no debía mencionar a Dahlia salvo si se trataba para contarle cómo iba el avance de su trabajo, asunto que no tocaba muy seguido porque además de ir lento, prefería ser discreto, pues él muy bien sabía que las paredes tenían oídos.
—No dudes en comunicarte conmigo en cualquier momento. Estaré con el scouter en caso que me necesites.
—Estaré bien, no tienes que preocuparte.
—Es lo único que hago últimamente —dijo arrugando el entrecejo—. Lo que me recuerda, ¿has hablado con Kyle?
—A diario. ¿Pasa algo?
—Eso es lo que me gustaría saber. La llamo varias veces al día pero no contesta, y antes de eso había estado respondiendo con monosílabos. Imagino que está enojada conmigo, pero no puedo arreglarlo si no me habla.
—Te extraña, eso es todo.
—No entiendo. Primero tú no hablabas conmigo, y ahora ella. ¿Qué estoy haciendo mal?
—No soy el indicado para hablar de ese tema.
—No me voy a enojar si me dices lo que piensas, sabes que valoro la honestidad.
—No me refiero a eso. Creo que no puedo ser objetivo cuando se trata de ti.
Tarble sonrió ante su comentario.
—Entonces continuaré intentando comunicarme con Kyle. No creo que tenga problemas de decirme lo que pasa.
—Le diré que te atienda la llamada.
—No sé si sea buena idea. Va a pensar que la estoy controlando. —Aguardó con calma a que Broly le respondiera. Pese a la ligera interferencia, pudo escuchar que alguien más le hablaba.
—Tengo que irme, me necesitan.
«Y yo a ti» pensó Tarble, pero no se lo dijo.
—Está bien. Ve. Luego continuaremos hablando.
Cuando cortó la llamada se quitó el scouter y lo dejó sobre el asiento. Permaneció un rato más en el lugar contemplando su belleza. Realmente esperaba no cansarse de una vista así.
(...)
Luego de encontrar un asteroide estático con gravedad y aire, habilitado especialmente para las naves que estaban de paso por el sector, Bulma no dudó en aterrizar para revisar la nave por posibles daños causados por la lluvia de basura espacial. Aprovechó de llenar el tanque de combustible ya que no habría otra parada hasta llegar a su destino y también compró más provisiones y cosas dulces para cuando se le antojara, estaba segura que Vegeta se estaba comiendo sus caramelos a escondidas porque se le acababan mucho antes de tiempo, la otra opción podría ser que era tan desordenada que los dejaba en cualquier lado y luego no lo recordaba.
—Ya casi —dijo Bulma concentrada cerrando unas tapas metálicas en la parte inferior de la nave. Estaba sobre los hombros del guerrero, ya que era mucho más fácil indicarle hacia dónde ir en lugar de usar una escalera—. Necesito el desatornillador de cruz cinco—. Solo estiró la mano hacia abajo y el guerrero le tendió lo que necesitaba de la caja de herramientas—. Estaba pensando… necesitamos averiguar más de las esferas. ¿Cómo sabremos cuántas son? El radar marca por ahora seis, pero pueden haber más que estén demasiado lejos de su alcance.
—La raza que creó las esferas está casi extinta. No queda mucho de ellos.
—Pero habrán otras razas igual de antiguas que conozcan sobre ellos, podríamos comenzar por ahí, buscarlos a ellos y averiguar lo que puedan saber.
—Cuando se te mete algo en la cabeza no hay quién te lo quite —comentó el hombre.
—Lo dice quien viajó casi un año medio moribundo, escapando con las esferas. —Miró hacia abajo y se encontró con sus ojos. Se obligó a regresar su atención a la nave, ya que era fácil perder la concentración con esos ojos negros tan intensos—. Ya que nos queda un tiempo de viaje, podría investigar, tal vez encontremos un planeta a mitad de camino… Odio estar viajando así, casi a ciegas.
¿Tú conociste a alguien de esta gente?
—Sí, pero son recelosos con los extranjeros. —No podría olvidar el rostro de terror de aquel niño nameku cuando lo raptó y se lo llevó a Freezer.
—Me imagino. El poder que tienen es grandioso… Ya está, la nave resistió muy bien los golpes, esto solo fue por precaución… Escogiste una buena nave para viajar.
—Me dijeron que era la mejor —respondió Vegeta con una mano sobre su muslo, afirmándola, ya que se movía demasiado.
—Por supuesto, es de los modelos que yo he hecho —dijo ella sonriendo altanera. Volvió a bajar una mano libre, esta vez para pasarla por la mejilla del hombre—. Terminamos, podemos irnos de aquí.
Vegeta se arrodilló para que la joven pudiera bajar de sus hombros. No tardaron en recoger las cosas y ya que la caja de herramientas de la nave era más grande y pesada que la de Bulma, Vegeta la llevó al interior de la nave.
Bulma ingresó primero a la nave con el hombre detrás, sin dejar de hablar cómo podrían hacerlo para tener más información sobre las razas arcaicas, y en los posibles lugares que podrían visitar. Estaba tan entusiasmada con el tema que había sido capaz de dejar de lado todo el asunto de la venganza. Sí, aún tenía planeado robarle el deseo a Vegeta, pero faltaba tanto para eso, que toda su atención estaba puesta en esta nueva misión que la había llenado de energía y vitalidad, y se exteriorizaba al punto de volverse irresistible para el hombre que la acompañaba.
Bulma dejó que pasara Vegeta para cerrar la compuerta y poder ponerse en marcha. Aprovechó que le daba la espalda para mirarlo mejor. Ya que a veces se quedaba sin ideas para distraerse, no podía evitar fijarse en el guerrero que compartía la nave con ella. Hace unos días había estado atenta a su mandíbula que tensaba cada vez que algo le molestaba, ahora era el turno de esa espalda ancha y bien formada que se veía tan bien en aquella camiseta negra que estaba usando en este momento. Nunca le agradaron las cicatrices, pero al parecer había pasado tanto tiempo en el planeta de bárbaros que ahora sentía que le agregaba un extra positivo al cuerpo tan bien trabajado de Vegeta.
Una vez que Vegeta dejó la caja de herramientas donde correspondía, y no en cualquier lugar tirado por ahí como lo hubiera hecho Bulma, alcanzó a ver a la joven con las mejillas más encendidas y sus ojos atentos a él. Había sido tan obvia al mirarlo, porque era algo que también le pasaba a él cuando se quedaba observando más tiempo del indicado a la joven cuando se paseaba en pijama por la nave durante las largas noches en vela de ambos.
Bulma fingió demencia y caminó hacia el asiento del piloto para poner en marcha la nave, pero para eso debía pasar junto al hombre que no dudó en tomarla de la muñeca para detenerla y se quedara ahí mismo, a su lado. Bulma no hizo nada por separarse, y cuando él la besó, tal como la primera vez, ella le correspondió al instante. Había deseado tanto volver a besarlo.
Fue un beso apasionado, lleno de deseo por parte de ambos que llevaban tanto tiempo en la nave mirando la boca del otro. Bulma la tomó del rostro y Vegeta le rodeó la cintura y la agarró de la nuca para que no pensara en escapar, el aroma de su piel lo instó a continuar y tocar directamente, por debajo de la camiseta, provocando que a ella se le escapara un quejido. No sabía si era por el tiempo deseándola, o porque ella había estado comiendo golosinas mientras reparaba la nave, pero el sabor de su boca era lo más dulce y exquisito que había probado.
Bulma no pudo evitar soltar otro gemido cuando sintió las manos firmes del hombre en sus caderas y la levantó para sentarla sobre una superficie fría de metal, de forma inconsciente apretó las piernas contra él al sentirlo tan pegado a su torso. Abrió los ojos para mirarlo tan guapo y varonil, concentrado en ella, y entonces tuvo un instante de duda, pero fue tocar las cicatrices de sus brazos, las que hace solo un minuto encontraba tan sensuales, las que se encargaron de recordarle lo que estaba a punto de cometer con nada más ni nada menos que el príncipe Vegeta.
—No —dijo decidida, y enojada consigo misma. Lo separó con brazos en el pecho y se bajó enseguida de la mesa, un tanto mareada por aquel contacto que estuvo a punto de hacerle perder la cabeza.
Vegeta se quedó un momento en el mismo lugar sin hacer ni decir nada. Bulma pensó que tendría la suerte de que dejara las cosas hasta ahí, pero se equivocó.
—¿Qué es lo que intentas hacer? —dijo molesto. La vio sentarse y activar el panel de control para hacer partir la nave—. No estoy imaginando nada de esto, es clara la atracción, pero te comportas como una niña.
—Sí, hay atracción —dijo ella enojada y directa. Pilotó la nave para salir del asteroide y continuar con el viaje—. Pero no, no va a pasar nada entre nosotros, ya te lo había dicho, saiyajin.
—Entonces dame una razón para dejar de perder el tiempo contigo —exclamó.
Bulma apretó el control de la nave antes de explotar.
—Porque está mal, eres un saiyajin, maldita sea, representas todo lo malo —gritó mirando el reflejo del hombre en el vidrio reforzado.
—Nuevamente asumes cosas de mí sin conocerme.
—Oh, sí. Sí te conozco, Vegeta. Sé la clase de persona que eres, que tan manchadas de sangre están tus manos. No puedo interesarme en un hombre que fue capaz de entregar a su propia madre, que no hizo nada por liberarla y provocó que la decapitaran. No puedo sentirme atraída por un hombre que no tiene respeto por la vida y que maltrató hasta lo indecible a su hermano menor solo porque lo encontraba poca cosa. ¿Puedes dimensionar cuánta gente has asesinado solo por placer? ¿Cuántas vidas destruiste? y no solo hablo de las muertes, porque siempre hay sobrevivientes que tontamente piensan que tuvieron suerte, pero no es así, porque siempre estará ese terror latente de que algo malo va a volver a pasar, y no puedes dormir en las noches recordando las muertes y el dolor. Y pese a que los años pasen no hay descanso, jamás lo hay. —No pudo continuar hablando porque las lágrimas ya caían gruesas por sus mejillas, y no quería que el saiyajin la escuchara llorar pese a que podía verla por el reflejo del vidrio.
Afortunadamente para ella, Vegeta no fue capaz de responderle y se retiró a su habitación.
Esto ocasionó que la pareja no se hablara en varios días.
Dos semanas después
Cuando Bardock salió de la taberna donde estaba con otros hombres que dirigían el lugar se encontró a Kyle casi frente a frente, como si lo hubiera estado esperando.
—¿Qué tanto hacías ahí dentro? ¿Planeando una revuelta? —dijo sonriendo con un cigarro en la boca, pero terminó tosiendo al no estar acostumbrada.
Bardock la observó con atención, ahora que andaba siempre con el cabello suelto y que había crecido varios centímetros lucía mucho más mayor. Definitivamente sería alta, no como su madre. Como sea, le quitó el cigarro para llevárselo a la boca y caminó con ella a su lado.
—Oye, era mío.
—Cuando aprendas a fumar me lo pides de vuelta.
—Llevé comida a casa —dijo luego de agarrarse de su brazo. A esta altura la gente del lugar daba por hecho que Bardock y la jovencita eran pareja. Era común que se dieran ese tipo de relaciones con tanta diferencia de edad, lo cual era beneficioso ya que así Kyle no corría peligro al ser reconocida como la protegida del guerrero—. La comida que te gusta, cervezas y cigarros.
—¿Qué es lo que pretendes? —preguntó desconfiado.
—Nada, vamos a ver películas toda la noche y por eso llevé todas esas cosas.
—Olvídalo, no voy a perder el tiempo viendo esas cosas que no entiendo.
—¿Tenías algo mejor que hacer acaso? Ni siquiera tienes pareja, te quedas la noche fumando y tomando, pero ahora podemos ver películas.
—No insistas, ya me sometiste a esa tortura el otro día y no entendí una sola cosa de lo que me hiciste ver.
—No seas así, tienes que verlo conmigo —dijo quejumbrosa y se detuvo, obligando al hombre a parar también—. No puedo pasar tiempo con Lok porque cuando aparece Rave se pone insoportable y esa mujer me provoca escalofríos. Incluso intenté pasar un rato con Rasp, pero cuando no está concentrado en los entrenamientos, cae en la bebida y se pone tan lúgubre. —Ya tenía los ojos brillosos por las lágrimas—. Tarble y Broly están muy lejos, no sé cuándo va a volver Raditz, ni siquiera está Vegeta con el que podría haber pasado un rato, así que solo quedas tú para hacerme compañía porque mi papá está muy ocupado haciendo cualquier cosa como para darme cinco minutos de su tiempo y cree que con un cariño en la cabeza ya cumple conmigo, pero no es suficiente, yo quiero más.
—Está bien, está bien —dijo incómodo al verla llorar—. Vamos a ver esas estúpidas películas, pero no llores.
—Muy bien —dijo sonriendo, como si las lágrimas hubieran sido a propósito solo para convencerlo. Lo tomó del brazo y volvieron a caminar—. Llevé mucha comida, van a ser muchas horas de películas.
Bardock la miró de reojo. Qué manipuladora se estaba volviendo, pero no le dijo nada, sentía que no podía recriminarle nada en compensación a la mentira diaria a la que la exponía.
Trantor
Tarble dejó de caminar de un lado para otro al interior de la biblioteca cuando finalmente su hermana contestó la llamada.
—Kyle, llevo días intentando comunicarme contigo —dijo sin ánimos de discutir, tan solo exponiendo una realidad.
—No me había dado cuenta.
Tarble arrugó el entrecejo al escuchar el tono de voz con el que le hablaba. Sí, estaba enojada con él.
—Me tenías preocupado —dijo con un tono normal para no empeorar la situación—. Sé que debes estar ocupada, pero no te quitaré mucho tiempo. No sabía nada de ti en días y eso no es normal.
—Pensé que tenías a alguno de tus hombres espiándome, por eso pensé que no sería necesario contestar cada vez que llamas.
—No seas injusta —dijo, y se apoyó contra la mesa principal—. No tengo un soldado siguiéndote día y noche, ya te expliqué por qué lo hice esa vez… ¿Kyle? ¿Sigues ahí?
—Sí, aquí estoy. —Su voz sonaba distraída y cortante.
El príncipe suspiró y continuó con el mismo tono sereno, a sabiendas que su hermana estaba en una edad difícil. Personalmente no había vivido aquella etapa, ya que su adolescencia había sido totalmente diferente a la de ella.
—Me prometiste que tendrías paciencia.
—...Lo sé.
—Entonces, por favor, tenla. No me hagas esto más difícil. También sufro por la separación. —Ya que la joven respondió solo con un monosílabo, continuó intentando retomar una conversación normal—. ¿Cómo están las cosas por allá? ¿Has tenido algún problema?
—Creo que tú mejor que nadie lo debe saber. ¿Para qué te digo lo que me pasa si ya alguno de tus hombres te debe haber dicho? ¡Ah! Y también estoy mintiendo, tal como me dijiste que lo hiciera.
—¿Por qué no me dices que te pasa conmigo para conversar? —dijo intentando controlarse, pero ya era tarde.
—¿Por qué no le preguntas a uno de tus hom...?
—Por favor, Kyle, no seas infantil —exclamó enojado—. Ya no eres una niña, compórtate de acuerdo a tu edad.
—¡Entonces no me trates como una y deja de ocultarme cosas! ¡Siento que nada cuadra y que nadie es completamente honesto! ¡Y cuando tuviste la oportunidad de irte conmigo y Broly, preferiste casarte con una desconocida por alguna razón que tampoco sé y por supuesto no me vas a decir!
—No podemos tener este tipo de conversación por aquí —respondió controlado—. Cuando nos veamos…
—¿Cuándo va a ser eso? ¿En un mes, un año? Ni siquiera eres capaz de responderme eso. —A esa altura la voz de Kyle se había quebrado y lloraba de la rabia—. Me enviaste de regreso a Vegetasei cuando tú eras mi familia y me alejaste de Broly que tiene que estar ocupado para no volverse loco de tristeza porque estás con otra mujer.
—Si pudiera te tendría aquí conmigo —respondió Tarble, afligido de escucharla así—. Pero el rey no lo permitiría.
—No, pero tú decidiste separarnos, así que ahora no me pidas que tenga paciencia porque no entiendo nada, no te entiendo.
—Te lo explicaré todo, pero por favor, responde cuando te llamo. Y te prometo que no tengo a nadie vigilándote. —Decía la verdad en parte, ya que sabía que estaba pasando mucho tiempo con Bardock, y con eso estaba tranquilo, ya que si pasaba algo él le diría.
—No te creo.
—¿Quieres que vaya a verte? Si es necesario voy a Vegetasei para que hablemos.
—Si vas a venir para luego volver a ese planeta que tanto te gusta, no. No quiero, solo lo haces para controlarme.
—No digas eso, Kyle, yo te quiero y eso que dices es preocupación.
—No pretendas controlar todo, porque ya no estás aquí conmigo y no puedes hacerlo.
Tarble se quitó el scouter cuando su hermana cortó la llamada. Lo dejó en la mesa y permaneció quieto, con el pecho apretado. De pronto escuchó un ruido que lo alertó.
—¿Dahlia? —La llamó. Siempre venía a la misma hora a buscarlo y lo había olvidado por completo por lo concentrado que estaba intentando comunicarse con Kyle.
La joven salió de entre los libreros y lucía incómoda.
—Perdón, no quería escuchar, pero entré antes que comenzara la discusión, y después…
—No, no importa —dijo cruzándose de brazos. Seguía triste y enojado por la discusión, y lo peor de todo es que se encontraba demasiado lejos para ir a verla. ¿Y si fuera qué pasaría? Tendría que regresar y es justamente lo que Kyle no quería—. Es Kyle… esa niña… —murmuró molesto, pero se detuvo—. ¿Cómo lo haces con tu hermana menor?
—Mi hermana menor era la que me cuidaba y enseñaba cosas a mí desde que éramos pequeñas. Siento no poder ayudarte, y aunque no escuché lo que ella dijo, se nota que te extraña mucho.
—Sí… y yo a ella —dijo mirando el suelo.
—Y a decir verdad, lo que escuché parecía más una discusión de padre e hija, más que de hermanos.
—Sin darme cuenta me hice responsable de ella desde pequeña… Mi madre me pidió que la cuidara, y ahora Kyle está tan lejos que siento que no puedo hacer nada más que permanecer sentado esperando a escuchar noticias de ella.
—Todo lo que le has enseñado no desaparecerá de la noche a la mañana porque no estés con ella —dijo sonriendo. Encontraba enternecedor que un saiyajin se preocupara de esa forma por su hermana menor—. Está enojada porque te extraña, y además está pasando a la adolescencia, y a esa edad las emociones se multiplican. A los adolescentes les cuesta mucho manejar sus emociones.
—Sí, tienes razón… Gracias —dijo más calmado. Tal vez estaba sobrereaccionando, tan solo eran dos meses de separación, pero no podía evitar sentirse preocupado. Tenía ganas de hablar a Bardock y preguntarle por ella, pero estaría haciendo lo que Kyle le reclamaba, y no quería empeorar las cosas aunque su hermana no tuviera como saber sobre esa conversación.
—Las separaciones siempre son dolorosas, lo sé por experiencia propia, Hasta el día de hoy hablo con mi otra hermana que se fue a vivir lejos. Si sirve de algo, puedes traerla a este planeta las veces que quieras, siempre será bien recibida, incluso puedo enviar a buscarla si se lo permiten y gustas.
—¿Aunque te mire con ojos asesinos? —dijo Tarble por un comentario anterior de la joven princesa sobre la poca interacción que tuvo con Kyle durante su estadía en Trantor y que solo consistió en miradas asesinas por parte de la jovencita.
—Aunque me mire con ojos asesinos —respondió sonriendo. Fue a la mesa y se sentó en su puesto acostumbrado, frente a la silla que Tarble había reclamado como suya. Abrió la boca para hablar, pero se arrepintió a último minuto.
—¿Sucede algo? —preguntó el príncipe. Era tan fácil de leer.
—Nada, nada, puede esperar… ¿Podemos quedarnos aquí un rato más? Necesito su ayuda.
—Claro, lo que sea —respondió el príncipe, amistoso.
—Mañana en la reunión del consejo van a tocar un tema complejo que me interesa, pero no tengo mucho dominio del tema. Me preguntaba si podrías ayudarme a prepararme, me gustaría poder participar sin ponerme en ridículo.
—No es problema —dijo y se sentó en su asiento. Eso era un avance, ya que Dahlia había estado asistiendo a las reuniones pero no había participado activamente mucho por un tema de timidez. Esta era la primera vez que le pedía ayuda—. Lo primero que tienes que hacer es controlar tu cuerpo, no puedes dejar que te noten nerviosa.
—¿Ya se me nota? —preguntó llevándose una mano al rostro.
—Luces pálida. —Dahlia no respondió, y Tarble se centró en el tema de importancia—. Muy bien, ¿Qué quieres saber?
Vegetasei
—¡Increíble! —exclamó el rey Vegeta luego que la reunión terminó y sus hombres salieran de su oficina—. Son solo unos miserables carroñeros, son escoria, son los desperdicios vivientes rechazados por sus planetas que se dedican a recolectar otros desperdicios, no es posible que aún no logren controlarlos. ¡No se les ocurra volver hasta que esa plaga sea controlada!
Kyle entró a la oficina en cuanto el último hombre hizo abandono de ella.
—¿Estás ocupado? —preguntó y se sentó en uno de los asientos frente al escritorio.
—Siempre estoy ocupado —respondió aún molesto, pero se dio un tiempo de apoyar la espalda en el respaldo de su silla para descansar—. ¿Qué es lo que quieres, Kyle?
—Salir de aquí —dijo la joven—. Quiero salir del planeta a alguna misión, pero no de conquista, esas son muy largas y aburridas —dijo adelantándose a que a su padre se le ocurriera enviarla a matar—. Puedes incluirme en el escuadrón que va a ver ese tema de los carroñeros.
—¿Hablas en serio?
—¿Por qué no? Estoy entrenada, sé pelear y no tengo nada que hacer en este maldito planeta. Quiero salir de aquí.
—Aún no tengo programada ninguna salida, tendrás que esperar.
—No tengo que ir contigo.
—Eres muy joven aún.
—Tengo catorce años —dijo molesta—. A esta edad tu hijo mayor ya había conquistado varios planetas. Todos los saiyajin a esta edad ya pueden ir a misiones por su cuenta.
—Vegeta fue entrenado de otra manera, y tú…
—El problema es que te da miedo que me pase algo —lo interrumpió y se cruzó de brazos—. Ya me di cuenta que soy tu favorita, Lok me lo dice todo el tiempo, y yo no le creía, pero vaya forma de demostrarme tu cariño: no tienes ni un poco de confianza en mí y jamás has sido capaz de abrazarme cuando lo he necesitado.
—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó más confundido que molesto. Su espalda ya no tocaba el respaldo del asiento, ahora se había ido hacia adelante.
—De que a cualquiera que te hubiera dicho esto ya le hubiera gritado, pero a mí me lo permites, y aún así, si tengo un problema serías de los últimos a quién acudiría, porque aunque me quieras no sabes ser un papá, y yo ahora siento que necesito uno.
—Kyle, voy a pensar que todo esto es porque eres mujer y estás en un día difícil. Mejor vete a entrenar y puede que más adelante te asigne alguna misión con sus respectivos guardaespaldas… —Regresó a su computador para no mirarla—. Que no sé ser padre… —murmuró y rio haciendo una mueca—. No soy padre de nadie, soy el rey.
—¿Qué tiene de malo que necesite uno? —dijo sin intenciones de levantarse—. Ahora que se fue Tarble…
—Ya veo. —Ahora fue su turno de interrumpirla—. Es él que te metió esas estupideces en la cabeza.
—Puedo pensar por mi cuenta, papá. —Estuvo a punto de gritarle al ver que la ignoraba fingiendo estar atento a la pantalla de su computador, pero se contuvo. Prefirió salir de la oficina y de palacio, ya que ahora no había nadie controlándola y podía hacer lo que quisiera.
Diez años atrás
Una vez que nadie a su alrededor se movió, Vegeta se permitió caer arrodillado al suelo con las manos en la tierra húmeda por la lluvia que no cesaba y la sangre fresca de los miles de soldados que yacían muertos. Luego de haber salido de su letargo, se dedicó a recorrer planetas en guerra y participar en ellas sin distinción de bandos, todos eran enemigos que derrotar. Por un tiempo sintió que le estaba haciendo bien, pues mantenía la cabeza ocupada, pero en este último tiempo le estaba resultado vacío, similar a su encierro autoimpuesto en la cueva de aquel planeta que jamás supo su nombre.
La lluvia lavó su cuerpo de la sangre propia y de terceros, pero no fue capaz de cubrir el olor de las montañas de cadáveres que se habían acumulado en días de batalla que se sintieron como semanas. A lo lejos pudo ver más enfrentamientos de los bandos que continuaban en pie, pero no tenía sentido ir. No estaba consiguiendo absolutamente nada con tanta muerte. Necesitaba más. Necesitaba alejarse, mucho más de lo que ya lo había hecho, no era suficiente con todo lo que había viajado. Una parte de él pensaba que allá en algún planeta que aún nadie conocía, descubriría lo que realmente necesitaba para sentirse vivo nuevamente.
Exhausto, caminó en busca de su nave. Necesitaba seguir alejándose de los fantasmas y las culpas, pero las malditas sabían cómo seguirlo y siempre lo encontraban, esta vez en forma de peste y descomposición. A un par de metros en un charco de barro y sangre algunos de los cadáveres más antiguos ya estaban siendo devorados por gusanos desde el interior al exterior. Ya no había lengua, ni ojos, los invertebrados habían arrasado con todo y se asomaban por todos los orificios a la vista.
No pudo aguantar más y terminó vomitando en ese mismo lugar.
Rhei
Bulma observó la armadura, botas y guantes blancos junto con el traje ajustado azul sobre su cama. El clima del planeta era demasiado frío como para ir con su ropa normal, por lo que era necesario vestir esta ropa. Solo se trataba de un maldito traje para protegerse, no sabía por qué se hacía tanto problema, no pasaría mágicamente a convertirse en una saiyajin solo por vestir las prendas… Como tampoco se pasaría al bando del enemigo por unos pocos besos con un saiyajin…
Desde el arrebato de honestidad que tuvo con Vegeta, las cosas no fueron las mismas. Por un asunto de que no les quedaba otra opción al habitar en una nave no tan espaciosa, continuaron interactuando, pero ahora solo se limitaban a hablar sobre las esferas y los planetas que deberían visitar luego de este, pero las charlas nocturnas se habían acabado, al igual que los descarados coqueteos y miradas lascivas. Estás últimas semanas de viaje se habían hecho tan largas y eternas que agradecía poder salir de la nave y concentrarse en la esfera para distraerse. Pero estaba claro que no podrían continuar de ese modo por mucho tiempo, era insostenible.
Sobre la cama también estaba un estuche acolchado de quince centímetros por diez donde guardaba sus cápsulas en caso de necesitarlas. Afortunadamente esta área del planeta se encontraba deshabitada, lo que significaría que no deberían haber grandes problemas para conseguir la esfera. No quería que Vegeta descubriera sus cápsulas, pero lo mejor era llevarlas.
Dejó de perder el tiempo y se quitó la ropa para cambiarse y salir de una vez por la cuarta esfera.
Vegeta salió de su cuarto con la armadura y el traje ajustado de color negro. Mientras se arreglaba los guantes, observó el radar que se encontraba sobre la misma superficie en la que había sentado a Bulma cuando se besuquearon. Frunció el ceño molesto, odiaba sentirse así de expuesto ante alguien más. La mujer era amiga íntima de Tarble, así que ya se imaginaba lo que debía haberle contado sobre su juventud juntos. Y lo peor de todo es que su hermano no debió haber exagerado ni mentido sobre nada, pues todas las aberraciones de las que se le acusaban solían ser verdad, e incluso se perdían detalles debido al tiempo transcurrido.
Ahora estaba seguro que el planeta de ella había sufrido algún tipo de ataque por parte de otro planeta más avanzado y no había sido un desastre natural, como le había dicho hace un tiempo. Bastó con ver sus ojos, escuchar su voz temblorosa por el miedo y la rabia de recordar, sabía reconocer eso, tantos años lo pudo ver en sus víctimas, en sobrevivientes de las masacres que él mismo dirigió. Por eso no fue capaz de reclamarle nada, responderle o hacerle saber que ese hombre ya no existía. No tenía caso. Era un saiyajin, siempre lo sería, no importa cuánto se hubiera alejado de su planeta, ni todo lo que hizo intentando encontrar un poco de paz.
—Estoy lista, vamos.
Vegeta se volteó al escucharla y debió usar todo su autocontrol para continuar con su rostro serio. Por supuesto que se vería preciosa con la ropa de saiyajin, ¿acaso pensó que sería diferente considerando que el traje azul se ajustaba como una segunda piel a su curvilíneo cuerpo? En esta oportunidad amarró su cabello en una cola tirante que dejó apreciar mejor sus hermosos y finos rasgos. Lo único ajeno al traje era un estuche que llevaba afirmado con una correa en su brazo izquierdo.
—Vamos —respondió Vegeta, y le lanzó el radar que la joven atrapó sin problema.
—¿Siempre se siente así de caluroso el traje? —preguntó Bulma luego de un rato caminando. Estaba comenzando a nevar sobre la tierra húmeda, pero no tenía frío.
—Te acostumbrarás —respondió el guerrero, yendo un par de pasos más adelante. A unos cincuenta metros se apreciaba un inmenso y frondoso bosque, y al parecer tendrían que internarse en él.
Pese a que no tenía intenciones de habituarse a la ropa de los saiyajin, Bulma aceptó lo cómodo que era todo el atuendo. Casi no se sentía, y la armadura que era tan resistente tampoco se cargaba en sus hombros, era como estar desnuda pero protegida.
—Maravilloso —susurró mirando el radar—. La esfera debe estar metida en ese bosque… No podía estar a la vista, sobre un nido de pájaros o un arbusto poco peligroso—. No pudo seguir reclamando porque su cuerpo se detuvo sin aviso en cuanto sintió un suave remezón bajo sus pies—. ¿Qué fue eso? —preguntó alarmada.
—No es nada —dijo Vegeta girando—. Se supone que en esta área del planeta hay volcanes activos, tiene sentido que no esté habitado. Son solo temblo… —Un remezón más grande movió la tierra y Bulma ya estaba casi encima del hombre aferrada a su cuello—. Le tienes miedo —dijo con las manos en los costados, sin tocarla.
—Tal como tú le tienes miedo a los gusanos, no creas que no me di cuenta —dijo asustada y enojada. Cuando la sacudida cesó, se separó enseguida de Vegeta e intentó contener la compostura, pero le era difícil. Le tenía terror a los temblores y se había asegurado de estar en lugares donde no ocurrieran—. Ni siquiera puedo ver esos malditos volcanes —se quejó.
—Su potencia es de gran alcance y también los hay subterráneos —dijo volviendo a caminar—. No conseguirás nada con correr, el movimiento telúrico te va a seguir a donde vayas.
Pese a que eso casi sonó como una amenaza, Bulma no pudo responderle, ya que nuevamente la tierra se movió, lo que la hizo soltar un grito, pero se contuvo. No iba a dejarse ganar por una cosa así. Había abandonado la Tierra hace demasiados años como para permitir que un miedo antiguo la dominara así. De todas maneras corrió para ponerse junto a Vegeta.
El hombre la miró de reojo. Se notaba ansiosa y con los ojos llorosos. Estuvo a punto de decirle que se regresara a la nave para esperar, pero ya creía conocerla algo, y por mucho que la asustara, no lo haría.
Trantor
Como cada mañana Tarble despertó muy temprano y lo primero que hizo fue tomar su scouter para ir al balcón y conversar con Broly antes de comenzar su día. Su rabo, por fin liberado, ya sabía que pronto volvería a estar prisionero, por lo que aprovechó de moverse de un lado a otro como el péndulo de un reloj de pared. La voz de Dahlia lo detuvo antes de que pudiera llegar a la terraza.
—Podrías darme un vaso con agua, por favor —pidió en voz baja.
—Sí —respondió el príncipe, y dejó el scouter sobre un mueble para ir a la mesa donde había una jarra de vidrio con agua fresca de la noche anterior. Cuando volvió a la cama Dahlia ya se había sentado—. ¿Estás bien? Estás muy pálida.
—Ya va a pasar —respondió la joven luego de beber todo el contenido del vaso.
—¿Quieres que vaya por un médico? —preguntó al tiempo que ponía la mano en su mejilla para sentir la temperatura. Ella lo miró por aquel gesto, ya que nunca la tocaba por iniciativa propia.
—No, ya fui a uno, y dijo que era normal.
—¿Normal? —Terminó sentado en la cama. La mirada de la joven fue bastante elocuente, pero esperó a que hablara.
—Quise decírtelo el otro día en la biblioteca, pero estabas alterado por tu hermana… —Al ver que Tarble continuaba en silencio decidió simplemente decirlo—. Estoy embarazada.
El rabo del príncipe que continuaba libre y moviéndose de un lado a otro, se detuvo inerte sobre la cama.
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Una vez que Raditz y Ginn llegaron a tierra firme, los saiyajin se reunieron fuera de los cráteres dejados por el impacto de las naves y observaron el lugar.
—Efectivamente había un planeta en estas coordenadas —comentó el guerrero, respirando el aire fresco del planeta.
—Comencemos con nuestro trabajo —dijo Ginn, y activó el scouter para que este le indicara el lugar que Bulma le había indicado, que es donde se supone estaba esa famosa esfera—. Vamos por la esfera, y nos largamos de aquí.
Los dos levantaron vuelo, cerca del otro para poder seguir conversando.
—¿Qué deseo pedirías? —preguntó Raditz curioso.
—¿Me estás diciendo que nos robemos las esferas para quedarnos con el deseo? —preguntó bromeando.
—Bueno, no sabemos qué es lo que quiere pedir Vegeta —dijo Raditz siguiéndole el juego—. Haríamos un favor si le robamos las esferas y nos dejamos el deseo para nosotros.
—Si se tratara del Vegeta de hace once años no me extrañaría que pidiera alguna atrocidad. Pero no estará de más preguntarle qué demonios quiere pedir si vamos a seguir ayudándolo.
—Tal vez solo quiere pedir ser más alto y nosotros aquí exagerando.
Ginn rio con gracia.
Continuaron volando a gran velocidad. Bajo ellos el paisaje era monótono pero hermoso: campos y colinas bajas de un verde intenso con grandes porciones de lagos de agua tranquila. Los árboles eran de tronco suave y alto con una copa frondosa y casi esférica.
(...)
Broly, que había desistido de afeitarse y ya tenía una barba más oscura, estaba con su armadura puesta y el cabello amarrado para que no le molestara durante la batalla. Habían bajado una de las escotilla y desde las alturas observaba el lugar donde pronto aterrizarían. El viento frío y violento le refrescó el rostro y lo despertó por completo, preparándose para lo que se vendría.
No estaba nervioso por pelear, le gustaba y estaba totalmente preparado para eso, era esa otra sensación molesta y siempre presente de las últimas semanas que lo incomodaba. Como si en el momento menos esperado explotaría toda esa energía e ira que aprendió a manejar y no podría hacer nada por detenerla, perdería el control de su cuerpo y no habría vuelta atrás. Hasta ahora había estado todo en calma, no había ocurrido nada que le diera motivos para pensar tan negativamente, pero la sensación estaba ahí, palpitante, constante y era difícil ignorarla, especialmente en esos momentos de calma y soledad.
—Señor —dijo un soldado detrás de él—. Aterrizaremos en cinco minutos.
—Bien —respondió Broly observando hacia abajo. Ya podía verse las construcciones y la masa de guerreros luchando. Llegarían en medio del conflicto a terminarlo por la fuerza—. Avísale al resto que se prepare —ordenó y se puso el scouter al oído, debía estar en contacto con los jefes de escuadrón para dar órdenes, pero se preocupó de desactivar cualquier otro tipo de llamadas, debía estar concentrado.
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Luego de más de una hora de vuelo debieron descender antes de llegar a destino, pues encontraron una pequeña aldea que perfectamente pudieron haber pasado por alto, pero algo fuera de las casas llamó su atención a pesar de encontrarse volando a gran velocidad.
Antes de tocar suelo se dieron cuenta que los bultos que vieron repartidos entre las casas se trataban de los cuerpos inertes de los aldeanos del lugar. Habían al menos cuarenta cadáveres , algunos ordenados en fila, como si hubieran sido puestos deliberadamente en orden para ejecutarlos uno por uno. Otros parecían haber intentado huir, pero finalmente todos habían sido exterminados con ataques de energía y de potentes armas.
—Todos están muertos —susurró Raditz sin poder moverse o dejar de mirar los pequeños cuerpos de niños color verde, calvos y con antenitas a la altura de su frente que parecían estar dormidos sobre charcos de lo que parecía ser sangre color púrpura. Habían matado a todos, no habían tenido piedad ni siquiera con los niños o ancianos. Todos por igual habían sido masacrados.
—Al interior de las viviendas hay más muertos —dijo Ginn cuando salió de una de las moradas—. Está todo revuelto, como si hubieran estado buscando algo. —Se acercó a Raditz al verlo tan afectado, especialmente por los niños.
—Hasta no hace mucho hacíamos lo mismo —dijo serio.
—Pero ya no es así —respondió la joven después de tomarlo de la mano.
—Eso no borra todas las muertes sobre nuestros hombros.
—Lo sé… —Ya que tomar su mano no fue suficiente, lo abrazó y él correspondió su gesto apretándola con fuerza y acariciando su cabello.
Había tanto de lo que arrepentirse y sentía que no había hecho nada por redimirse.
Rhei
Ya con la esfera bajo el brazo, Bulma no hizo caso al consejo de Vegeta, y cuando volvió a temblar intentó salir corriendo del lugar, pero el guerrero debió tomarla de la muñeca para detenerla.
—Cálmate —ordenó. Ya estaba harto de verla a saltos, gritos y conteniéndose para no aferrarse a él—. No me sirves en ese estado.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Despedirme y dejarme tirada aquí? —preguntó molesta con los ojos llorosos. Se soltó de él y ahora que no estaba temblando aprovechó para caminar a paso rápido, sin correr, ya que Vegeta había tenido que detenerla en varias ocasiones antes que se hiciera daño con la flora y fauna del lugar. Sentía el corazón tan acelerado que se le iba a salir atravesando la armadura.
Ya casi a punto de abandonar la frondosa arboleda, sintió un remezón suave que la hizo detener. Abrazó más la esfera y cerró los ojos con fuerza, esperando que pasara. No era tan fuerte, pero no se detenía y no podía seguir avanzando así, su cuerpo simplemente no respondía.
—Déjame cargarte hasta la nave —dijo agotado de la situación.
—No —dijo sin abrir los ojos. Tenía que enfrentar el miedo, no era sana esta reacción—. No lo soporto —dijo casi sollozando.
—Yo tampoco —respondió Vegeta cruzado de brazos.
Cuando el movimiento subterráneo incrementó en intensidad, Bulma aterrada, tiró la esfera y el radar al suelo y estiró la mano hacia Vegeta para tocarlo. Fue su mano la que encontró y se aferró a ella con fuerza
—Tan solo necesito un momento. —Soltó más lágrimas, y el miedo aumentó junto con el movimiento y el aterrador sonido que acompañaba a este tipo de fenómenos.
Vegeta, ya aburrido de la situación, se acercó a ella y la tomó de la cintura. Pese al miedo que la embargaba, Bulma intentó impedirle más contacto entre ellos, pero el hombre la ignoró, la abrazó y simplemente se elevó unos centímetros del suelo para que Bulma ya no pudiera sentir el remezón bajo sus pies. La mecánica se aferró a su cuello con el corazón latiendo a mil por hora y tiritando sin parar, pero ahora tan solo tuvo que esperar que el ruido cesara.
Era como estar reviviendo todo el terror que vivió en su adolescencia, junto con el insomnio, las lágrimas, la incertidumbre de si vivirían un día más, el ver a su padre destrozado por dentro y por fuera, las cientos de batallas que debió luchar para dejar de ser víctima y el saber que el planeta que era su hogar estaba muriendo poco a poco. Todo eso representaban esos malditos temblores. No, no podía dejar que todo eso volviera a dominarla, no era sano, ella era mucho más fuerte que todo eso. Había logrado sobrevivir, era una guerrera en control de todo.
Poco a poco se fue calmando, a medida que el sonido fue disminuyendo. Y pese a que ambos se encontraban con armaduras, ese abrazo se sintió tremendamente reconfortante, al punto de continuar así pese a que la tierra se había calmado por completo.
Bulma no pudo ignorar ese detalle, no más.
—Ya está —dijo él. Pero Bulma siguió con el rostro escondido en su cuello.
Cuando Bulma dejó el cuello de Vegeta lo miró de frente, casi rozando la nariz con la suya. Aún tenía los ojos llorosos, pero se notaba mucho más tranquila. El saiyajin pensaba descender y volver a la nave, pero ella le acarició la mejilla y besó sus labios.
—¿A qué estás jugando? —susurró desconfiado, con voz ronca. A estas alturas no sabía qué esperar de ella.
Bulma no respondió y volvió a besarlo con suavidad en los labios, una y otra vez. Las veces que quiso. Y aunque él no le correspondió, no la apartó.
—Fuiste clara —dijo él, firme, lo que hacía que ella lo deseara más y volviera a reclamar sus labios con suaves besos—. No voy a seguir con esto. No sé lo que pretendes y no quiero… —Bulma lo calló con un beso más apretado que lo dejó sin respiración por un momento, y por fin se decidió a hablar.
—Si soy capaz de olvidar por un momento que eres un saiyajin —dijo con calma, mirándolo a los ojos—. ¿Tú podrías dejar de insistir que miento y oculto cosas? —Volvió a pegar sus labios contra los de él por un segundo antes de darle la oportunidad de responder.
—¿Hablas de una tregua?
Bulma asintió con la cabeza.
Vegeta lo consideró. Era difícil resistirse, ya que sus labios eran tan dulces como la lengua afilada a la hora de hablar. Levantó la mano y pasó el pulgar por los labios de la chica, lo que fue suficiente para ella.
Se besaron. Se besaron dejando prejuicios y el pasado de lado. Todo lo que existía en ese momento eran sus bocas, sus cuerpos y el deseo que sentían por el otro en más de dos meses de viaje. Cuando sus pies volvieron a tocar el suelo, se quitaron las armaduras casi al mismo tiempo y volvieron a atacar las bocas, con caricias descaradas que los llevó a terminar tirados en el frío suelo ya blanco a causa de la nieve. No podían esperar a llegar a la nave.
Aún pegados a la boca del otro, Bulma gimió cuando sintió a Vegeta sobre ella, entre sus piernas. Los trajes especiales eran tan ajustados que podía sentir su miembro duro rozar su sexo, lo que los motivó a continuar, pese a la temperatura del lugar.
Cuando ella tiró de su ropa para quitársela, Vegeta se detuvo de manera brusca, quedó arrodillado entre sus piernas y miró hacia atrás, en dirección a su nave.
—¿Qué pasa? —preguntó Bulma, y por un segundo se le ocurrió que Vegeta podría estar vengándose de ella por haberlo rechazado en dos oportunidades—. No me digas qué…
—Silencio —dijo, y le puso la mano en la boca. Volvió a mirar hacia atrás, y de un momento a otro se puso de pie y la tomó de las manos para que lo imitara—. Rápido, ponte la armadura —ordenó al mismo tiempo que recogía la propia.
—Podrías decirme qué pasa —dijo ella preocupada.
—Tenemos compañía —dijo serio. Había estado tan concentrado en Bulma que no sintió para nada los tres poderosos ki que habían llegado al planeta.
—¿Quién? —preguntó asustada, y se apresuró en ponerse la armadura—. ¿Vienen por la esfera? ¿Son los que te torturaron?
—No lo creo, sus presencias son diferentes, pero familiares. Hay que esconder la esfera de todas maneras. Son tres ki poderosos y están muy cerca.
—¿Cómo sabes todo eso si no tienes puesto un scouter? —preguntó en lo que recogía la esfera y el radar.
Vegeta no respondió. Tomó de la mano a Bulma y caminó a paso rápido, ella debió correr para seguirle el ritmo. Cuando la soltó, ocultó su ki y se acercó un poco más a la salida del bosque mientras Bulma ocultaba la esfera entre unos arbustos. Con asombro vio volando a varios metros de altura a tres hombres con armaduras saiyajin y scouter, ninguno de ellos tenía rabo, se trataban de castrados, estaba seguro de eso.
—Qué demonios —exclamó para sí.
Para su mala suerte, otro movimiento brusco remeció el lugar por completo, lo que hizo que Bulma se arrodillara asustada con las manos en los oídos para no escuchar el ruido.
—Ellos tienen scouter —dijo volviendo hacia ella—. Tenemos ventaja sobre ellos, pero si no te calmas les avisarás que estamos aquí.
Maldición, no había tiempo. Si él pudo sentir la débil energía de Bulma alterarse a causa del miedo, entonces los scouters también. La tomó en brazos y decidió correr al sentir los ki acercarse hacia ellos a gran velocidad. Bulma debió abrazarlo con fuerza y cerró los ojos, era tan rápido que corría Vegeta por los árboles que apenas podía respirar.
Vegeta no podía pelear con Bulma en el lugar. Necesitaba dejarla en un lugar seguro antes de plantarle cara a esos tres castrados, porque era obvio que venían en busca de pelea.
Continuará…
Hola a todos, muchas gracias por llegar hasta aquí. Espero que hayan pasado un buen año nuevo y que este año sea mejor que el anterior.
Quería contarles que estuve trabajando en los resúmenes y sin contar este capítulo que acaban de leer, quedarían 8 capítulos para que se acabe esta segunda parte de la historia. (Disfrutenla, porque la tercera parte se viene más oscura, y ni hablar la cuarta)
Respecto a la lista de canciones: Compartí en enlace en mi facebook. (Pueden encontrarme como Dev Fanfiction) y también les dejaré aquí en enlace para que las vean. (Las canciones están en orden de aparición, de las más nueva a la más antigua)
Y bien, ahora sí vamos con la historia.
Vegeta y Bulma: Si se tenían ganas desde antes de dejar Vegetasei, estos dos meses de viaje han sido una verdadera tortura. Y no solo se atraen físicamente, lo que es más terrible, (especialmente para Bulma). Fue fácil darse cuenta de la buena dupla que hacen trabajando juntos cuando no se están mirando con descaro o cuando Bulma lo está rechazando.
Todo el trauma vivido en la Tierra empujó a Bulma a rechazar a Vegeta al punto de usar su lengua afilada para lastimarlo, pero la atracción era demasiada y por eso a la joven se le ocurrió hacer una tregua, pero claro los tenían que interrumpir.
La canción de este capítulo Fría Como El Viento de Luis Miguel es tan de Vegeta a Bulma que me asombra. La describe a ella tan bien, y todas las partes de la canción. (Traté de compartir el link en esta página pero no puede, ffnet me la borra aunque no la escriba entera. Si alguna sabe como puedo compartirlo por aquí me dice) Igual está en mi pagina de face.
Kyle: Está en una edad conflictiva, además se le fue quien la controlaba, Tarble era la figura paterna, quien se encargó de ponerle horarios y reglas y ahora le cuesta a Kyle procesar el dolor de la separación al no entender los motivos de Tarble y Broly al no escapar juntos y separarse pese a quererse. Así que ahora se podría decir que está toda una rebelde, tomando, fumando, mintiendo y haciendo lo que se le daba la gana. Y con respecto a Bardock, es como los papás ausentes que después por culpa dejan que los hijos hagan lo que quieran.
Tarble: Tal como lo esperaba va lento en su trabajo, pero ya está comenzando a tener un poco de avance al hacer que su mujer se sienta interesada en las reuniones del consejo. Y bueno, en su afán de tener contento al rey Vegeta para que no le quitara sus planetas, se va a convertir en padre mucho más pronto de lo que pensaba. (Las que mencionaron en rws anteriores sobre la posibilidad de que Tarble fuera papá, acertaron)
Broly: Está atravesando por lo mismo que debió enfrentar hace años, solo que ahora se encuentra sin Tarble, por eso todo es tan diferente, pero se dio cuenta que tiene que trabajar solo en eso, de lo contrario jamás será capaz de controlar ese poder que tiene en su interior.
Raditz y Ginn: Ya llegaron al planeta que les indicó Bulma, y al parecer conseguir la esfera no va a ser tan fácil como habían pensado. Y sí, el planeta que no aparecía en ningún radar o mapa se trataba de Namekusei, o al menos el intento de formar uno nuevo.
Y bien, espero que les haya gustado este capítulo. Espero sus rws que me encantan y me motivan a seguir escribiendo aunque se acabe este mundo ingrato y cruel.
Que estén muy bien y nos leemos próximamente.
Dev.
7/01/20.
