—Nota: Los acontecimientos ocurridos a cada personaje no necesariamente ocurren en el mismo orden cronológico que el resto.
El Legado II
Segunda Parte
XXIV
Tregua
Haz que yo sepa pronto tu mundo interior
Hazme parar el tiempo que mueve a los dos
Deja que sea un respiro
Hasta que seas tú de mis abrazos presa
Para no separarnos más
Yo querré
Que en mi viaje de gran vagabundo fueses el fin
Y así convertir en respiro los mismos momentos
Anhelados ansiados de un unir nuestros cuerpos
(Respiro / Franco Simone)
Vegeta se detuvo justo a tiempo cuando un potente rayo de energía lanzado desde el cielo, arrasó con los árboles, plantas y todo ser vivo que se encontraba a dos metros de él. No podía seguir corriendo, los scouter de los castrados lo habían detectado ya, sería imposible perderlos sin elevar su energía.
—Quédate aquí, no te muevas —ordenó Vegeta en cuanto soltó a Bulma y caminó a paso rápido hacia las afueras del bosque.
—¡Oye, no me dejes aquí! —gritó enojada, y aunque por un momento pensó en hacerle caso, al sentir un remezón de consideración en la tierra, no lo pensó y corrió detrás de él.
Le tomó mucho más tiempo de lo esperado recorrer la misma distancia con sus piernas que no contaban con la misma energía del hombre, y cuando estuvo a punto de llegar al exterior se ocultó detrás de un grueso tronco justo para ver a los tres castrados descender a unos cuantos metros de Vegeta. Bulma pensó que se enfrascaría en un terrible combate, pero en lugar de eso, el príncipe les habló.
—¿Qué hacen tres castrados siguiéndome? —preguntó Vegeta cruzado de brazos y molesto. No había que ser muy genio para darse cuenta que a su regreso mucha gente continuaba viéndolo como el príncipe heredero, lo cual podría servirle para escapar de esta, o al menos conseguir información antes de que tenga que matarlos—. ¿Alguno de ustedes va a hablar, o tal vez deba pedirle explicaciones al rey?
Bulma, desde su escondite, vio con asombro como dos de los castrados parecieron intimidarse por la actitud de Vegeta. Si no lo conociera ya un poco, hubiera pensado que hablaba en serio.
—¿Y bien? Estoy esperando —dijo Vegeta, como todo un príncipe autoritario—. El que hable primero podrá irse de aquí, mientras que los otros dos…
Uno de los castrados estuvo a punto de abrir la boca para responder, pero el que no había caído en el juego de Vegeta se adelantó.
—No seas estúpido —gritó el castrado calvo a su compañero de abundante cabello—. La orden es clara, eliminarlo, y no dejen que los intimide. Es solo el príncipe desertor, pasó años encarcelado, no es el príncipe que conocían antes. Si el rey lo aceptó de vuelta fue solo por no dañar más la corona, ahora no tiene ni planetas ni ejércitos, ni poder. No es nadie.
—Sí —respondieron los otros dos castrados, e hicieron sonar sus nudillos, preparándose para atacar.
—Recuerden que les di la oportunidad de que uno quedara con vida —dijo Vegeta encogiéndose de hombros—. Y ese discurso sonó tan al estilo de la reina...
—Ataquen a matar —ordenó el castrado y apuntó en dirección a Vegeta—. Y recuerden, nadie debe quedar vivo, ni siquiera esa mujer.
—¡¿Y yo qué demonios hice?! —gritó Bulma que se había dejado ver cuando pensó que se venía otro temblor, pero había sido falsa alarma—. ¡Es a él a quien quieren!
—¡¿Qué parte de «no te muevas» no entendiste?! —exclamó enojado Vegeta luego de voltear a ver a Bulma.
—¡Iba a temblar! —respondió ella.
—¡¿Realmente crees que un estúpido temblor es el mayor de tus problemas ahora?!
—¡Ya te quiero ver si hubiera gusanos por el lugar! —respondió molesta por minimizar su fobia.
Vegeta no pudo responder. Volteó a tiempo para bloquear el ataque del carroñero a cargo.
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Ginn limpió sus manos sucias de tierra una vez que terminaron de enterrar a cada habitante de la aldea. Su idea era seguir enseguida en busca de la esfera, pero cuando Raditz comenzó a cavar, no pudo hacer más que darle una mano. Al igual que Raditz, estaba arrepentida de todo lo que había hecho por tantos años, pero al saiyajin parecía afectarle mucho más el peso de la culpa, por lo que no dijo nada, y lo ayudó y acompañó.
—Tenemos que seguir —dijo a Raditz un rato después de haber terminado.
—Sí, vamos —respondió distraído por toda la situación. Le echó un vistazo más al lugar y a la gran cantidad de tumbas improvisadas que tuvieron que hacer antes de levantar vuelo y seguir hacia las coordenadas que indicó Bulma.
Trantor
Tarble permaneció sentado en el cómodo sillón de su habitación con un libro sobre el regazo, pero casi no había podido leer. Se distraía con Dahlia que iba de un lado para otro sin parar junto con dos mujeres y un hombre que anotaban todas las indicaciones que les daba para la remodelación del cuarto contiguo, el que sería la habitación de su hijo, y si no se había marchado a la biblioteca para leer en paz y estar solo como le gustaba, era porque necesitaba hablar con ella.
—Enseguida voy —dijo la joven sin mirarlo cuando pasó caminando nuevamente por su lado.
Tarble ni siquiera se molestó en responderle, ya era la tercera vez que le decía lo mismo. Desde el asiento observó el scouter que descansaba sobre su librero, no había podido comunicarse con Broly, por lo que solo le había enviado un par de mensajes de voz, seguramente se encontraba en medio de un combate y por eso no había atendido o llamado de vuelta. En cuanto a Kyle… la chica insistía en no responderle.
Luego de un rato que se le hizo extenso, Dahlia regresó a la habitación, esta vez sola.
—¿No es muy pronto para que se te note? —preguntó cuando la joven se puso frente a un espejo de cuerpo completo para mirar su vientre plano.
—Sí, y no puedo esperar a que se note —dijo feliz, sacando a la fuerza un poco de barriga, fantaseando cuando tuviera más meses.
—¿Te has sentido bien? Sigues pálida.
—Tengo que comer más frutas y verduras, nada grave —respondió mientras se miraba y aprovechaba de ordenar su largo y liso cabello blanco.
—¿Y piensas seguir asistiendo a las reuniones de consejo? —Sería una lástima que por su embarazo dejara de lado los encuentros semanales. Si fuera así tendría que pensar en otra ruta de trabajo y todo el tiempo trabajado se habría perdido.
—No, ahora tengo más motivos para asistir, quiero que mi hijo se sienta orgulloso de mí —respondió alegre, y fue al escritorio por un cuaderno donde seguramente tenía anotado los arreglos que le harían al nuevo cuarto del bebé. Se sentó y revisó palabra por palabra para asegurarse que no le faltara nada.
Tarble la contempló en silencio. Se sentía extraño, totalmente ajeno a toda la alegría que inundaba palacio ahora que se sabía que la hija favorita del rey estaba embarazada. Al menos ella estaba feliz, pálida como nunca, pero con los ojos brillantes, llenos de vida, concentrada en el asunto del niño, y ni siquiera lo buscaba por las noches, lo cual era mejor. Sí, la estimaba, había sido imposible no desarrollar sentimientos por ella luego de convivir a diario y compartir habitación, pero le era imposible sentirse como el resto de la gente.
Al menos con todo esto, el rey Vegeta se quedaría tranquilo y no intentaría dejar sus planetas a cargo de otro, lo que le daba más tiempo para seguir trabajando, porque ¡vaya que necesitaría más tiempo! Ahora no quería pensar mucho sobre el tema del embarazo, ya tendría tiempo para arrepentirse de todos sus errores cuando estuviese muy lejos luego de haber acabado con el imperio saiyajin.
—Ya regreso —dijo la princesa cuando escuchó que la llamaban desde la otra habitación. Pese a su aspecto enfermizo, estaba llena de energía.
—Claro —dijo desganado. Era increíble, él que siempre se sintió diferente al resto de los saiyajin en su planeta por tener exceso de sentimientos, ahora no era capaz de sentir absolutamente nada.
Vegetasei
Kyle se mantuvo sentada en una banca metálica con la espalda apoyada en la pared mientras comía galletas. Le gustaba estar de regreso en el salón de entrenamiento de Tarble aunque no sea con su hermano y Broly. En esta oportunidad le permitió la entrada a Kakarotto y Gohan para entrenar en un lugar mucho más cómodo que el aire libre.
Mientras Kakarotto caminaba alrededor de su hijo dándole instrucciones y corrigiendo sus errores, la joven se perdió contemplando al hombre que se encontraba solo con pantalones y botas. No entendía por qué le gustaba tanto, si había tantos otros guerreros que podían llamarle la atención y que estaban interesados en ella ahora que lucía mayor. Y ni hablar del detalle que era idéntico a Bardock, pero solo por la superficie, ya que eran totalmente diferentes.
—Entonces Gohan —dijo cuando se detuvo frente a su hijo para mirarlo—. ¿Alguna pregunta?
—Sí —respondió el niño que vestía su pequeño traje de saiyajin con armadura, botas y guantes incluidos—. ¿Por qué te saludaban los soldados de palacio?
—Del entrenamiento, Gohan —dijo, y se llevó una mano a la cabeza. La verdad es que lo saludaban porque luego de lo que ocurrió en el torneo se llenó de «admiradores» que les hubiera gustado tener el valor de él para enfrentarse así a un superior. Además todo lo que importaba en este planeta era ser el más fuerte, y lo había demostrado ganando el torneo individual contra un tremendo guerrero como Broly, y aún así le quedó energía de sobra para humillar un general del rey. Cualquiera no podría hacer eso.
El niño pensó antes de preguntar algo sobre el entrenamiento.
—¿Le vamos a decir a mamá que estamos entrenando a escondidas?
Kakarotto agachó la cabeza frustrado ante su pregunta. A su hijo le faltaba mucho para vibrar de emoción con los entrenamientos como todo saiyajin.
—No Gohan, hablé con tu mamá, sabe que estamos aquí, no estamos entrenando a escondidas.
—¡Sí! —dijo contento—. ¡Entrenemos!
Kyle continuó comiendo en silencio mirando el entrenamiento hasta que Kakarotto la llamó.
—Ven acá, necesito mostrarle unos movimientos a Gohan.
Kyle obedeció y se acercó. En cuanto estuvo al lado de Kakarotto, el hombre la tomó del brazo y la atrajo con fuerza hacia él, lo que provocó que la princesa reaccionara de manera instintiva tomando su muñeca y doblándola como una experta, haciendo que Kakarotto se flexionara de dolor y terminara arrodillado en el suelo.
—¡Yo quiero aprender a hacer eso! —exclamó Gohan.
—Eso era lo que quería enseñarte, pero Kyle se adelantó —dijo adolorido masajeando su muñeca.
—Deberías haberme avisado —respondió molesta. Ni siquiera lo había pensado y actuó como le habían enseñado.
Los minutos que siguieron, Kakarotto se preocupó de enseñarle a su hijo diferentes llaves para atacar, defenderse o liberarse. Usó a Kyle como ejemplo de cómo había que tomar al oponente y dónde se debía golpear, todo con movimientos lentos para que el pequeño entendiera.
En un momento ninguno de los dos varones presentes en la habitación notó que Kyle tenía las mejillas rojas, especialmente cuando Kakarotto la hizo pegarse a su pecho, frente a frente, y como estaba con un peto deportivo, las manos sin guantes del hombre tocaron directamente y con firmeza la piel de su cintura.
—No olvides forzar las extremidades para distraer al enemigo. Provoca dolor en la muñeca para obligarlo a mover el brazo a voluntad y causar más daño —dijo el guerrero. Tomó a Kyle de la mano y simuló que le doblaba la muñeca para obligarla a mover el brazo hacia atrás, pegado a su espalda, sin hacerle daño por supuesto, pero ahora estaban más que abrazados y ella no era capaz de decir nada por la vergüenza de tenerlo tan cerca.
Gohan miró con atención, y Kakarotto que disfrutaba enseñarle, le aclaró todas las dudas sin soltar a Kyle, totalmente inconsciente de lo que pasaba por la cabeza de la chica, mientras la tomaba de las manos o la cintura para hacerla cambiar de posición según la técnica que explicaba.
Rhei
Ya que Vegeta estaba peleando contra los tres guerreros a la vez, Bulma aprovechó de alejarse de los árboles y esconderse detrás de una roca. Sabía que no serviría de nada, que si se asustaba, los scouter de los castrados la localizarían enseguida, pero no por eso se mantendría en el mismo lugar. En el estuche que llevaba en su brazo izquierdo estaban las cápsulas, y en una de ellas guardaba una moto para poder huir a la nave si era necesario, pero primero debería adentrarse en el bosque para ir por la esfera y el radar que dejó caer en medio de la confusión.
Cuando volvió a temblar, su primer impulso fue arrodillarse y apoyarse en la roca en busca de protección, pero en medio del pánico que sentía aún podía escuchar los ruidos de golpes y gritos de los hombres combatiendo. Pese a que el movimiento aún no cesaba del todo, se obligó a ponerse de pie e intentó mantener la calma. Llevó la mano derecha al estuche de cápsulas, estaba segura que en cualquier momento tendría que usar alguna.
—Contrólate ya, es un temblor nada más —gritó molesta para sí misma. Aún sentía sus piernas tiritando ligeramente.
Vegeta era realmente bueno. Cuando Bulma controló su miedo y volvió a ver por sobre la roca, encontró que uno de los castrados yacía aparentemente muerto, ya que su cuello no se veía en una posición muy normal respecto a su cuerpo, y otro muy cerca de éste, se mantenía arrodillado, intentando levantarse luego de recibir brutales golpes por parte del príncipe. El tercer carroñero terminó en el suelo, con Vegeta sobre él, e intentando detener los golpes, pero le era casi imposible.
Desde su escondite, Bulma vio al castrado reponerse e ir hacia Vegeta que le daba la espalda y estaba muy ocupado intentando asfixiar a su oponente. El hombre de cabello largo caminó hacia el príncipe, pero una vez que recuperó la estabilidad de su cuerpo corrió para lanzarse sobre él.
Cuando Vegeta se percató que el saiyajin iba sobre él, alcanzó a voltearse para intentar detener el ataque, pero antes siquiera de tocarlo, un potente rayo impactó en la cara del castrado. No fue suficiente para matarlo, pero sí para causarle un daño severo en el rostro que no tardó en cubrirse de sangre. Vegeta miró hacia el lugar donde provino el rayo y encontró a Bulma apuntando con un arma lo bastante grande para tener que afirmarla con ambas manos. No entendía de dónde la había sacado, pero era una de las que había visto en su cama más de una vez mientras le hacía mantención. Tenía razón, sí que eran poderosas.
El castrado se revolcó y gritó de dolor en el suelo. Le faltaba el ojo y la oreja izquierda y además tenía la mitad del rostro completamente quemada. Perfectamente podría haberle reventado la cabeza a una persona con bajo nivel de pelea. El guerrero herido y enfurecido, no tardó en hacer estallar su ki volar a toda velocidad hacia Bulma para aplastarle la cabeza contra el suelo, pero Vegeta reaccionó a tiempo y se lanzó sobre él deteniéndolo a medio camino.
El castrado calvo aprovechó que quedó libre para ir hacia Bulma que estaba cargando el arma para un segundo ataque, pero el hombre fue mucho más rápido que ella y de un manotazo le tiró el arma al suelo.
—Maldita zorra —exclamó molesto. Solo tuvo que estirar la mano para atraparla de la nuca y con extrema facilidad la hizo arrodillarse en el suelo—. ¡Vegeta detente! —gritó hacia el príncipe que estaba golpeando a su compañero herido. Al notar que no reaccionó ante su llamado, tomó del cabello a Bulma y se lo tiró con fuerza para hacerla gritar. En ese momento Vegeta se detuvo y soltó al castrado. Lucía furioso, con heridas y cortes en el rostro, y mucho más intimidante se vio cuando caminó hacia ellos, pero el hombre volvió a tirar del cabello de la mecánica para que gritara—. Quédate ahí, no te muevas —ordenó. Ya que su compañero estaba sentado en el suelo intentando recuperar la respiración, no le quedó otra opción que activar su scouter para pedir refuerzos.
Mientras el castrado se comunicaba con otros saiyajin que esperaban en la nave, Bulma continuó con rodillas y manos en el suelo. Levantó la vista y encontró a Vegeta a no más de veinte metros de distancia, y casi a su lado, el otro saiyajin que no estaba atento a ella, al igual que el otro que hablaba con otros castrados y no le quitaba la vista de encima a Vegeta en caso que quisiera acercarse.
Vegeta observó en silencio al castrado hablando por el scouter y su mano que no dejaba de apuntar hacia la cabeza de Bulma, y cuando sus ojos se encontraron con los decididos de ella, optó por esperar un poco más. Vio a la joven levantar la mano derecha para buscar en el estuche de su brazo, no se le ocurría qué demonios podría tener en su interior que pudiera ayudarla contra el saiyajin, pero había sacado esa arma de la nada, así que la dejaría actuar. Frunció el ceño cuando vio en su mano una cápsula, casi idéntica a la que tenía las esferas encontradas. Era increíble como en cualquier momento ella siempre conseguía intrigarlo más y más. Le llamó la atención que esta vez, cuando activó la cápsula, no hiciera ruido y levantara muy poco humo… ahora entendía de dónde había sacado tremenda arma, aunque en esta ocasión se trataba de un cuchillo. Un simple cuchillo no sería capaz de hacerle nada a la bota del guerrero, mucho menos a su piel, pero considerando que Bulma ya lo había sorprendido en más de una ocasión, esperó.
—Sí, vengan ahora, todos. Está más difícil de lo que pensamos… Al final resultó que sí estaba en condiciones de pelear —murmuró el castrado para que Vegeta no escuchara.
Ya que Bulma tuvo tanto tiempo libre en la nave y necesitó distraerse en lo que fuera, se ocupó de hacer cápsulas para cada una de sus armas y además alteró el mecanismo para hacerlas silenciosas y que el humo fuese el menor para llamar la atención lo menos posible en caso de tener que necesitarlas… como ahora. Activó el cuchillo que pasaba por uno normal de acero que se encontraría en la cocina de un entendido en la materia. Miró a Vegeta una vez más para que se preparara, y cuando el filo alcanzó un suave tono rojizo, acuchilló en la bota al castrado, atravesando la bota, la piel, nuevamente la bota, llegando hasta la tierra. En ese mismo momento Vegeta voló a toda velocidad concentrando su energía en el puño derecho. El otro castrado se dio cuenta a tiempo y salió detrás de él para atacar.
El grito de dolor del castrado no se hizo esperar, y en lo que se agachaba para quitar el cuchillo de su pie, Bulma se arrastró para alejarse de él, y de un salto alcanzó el arma que había dejado cargada, lista para disparar. Vegeta llegó cuando el hombre se había quitado el arma, y sin darle tiempo para defenderse, ni atacar, atravesó su armadura y abdomen con un golpe de puño que terminó asomado por la espalda. El castrado que quedaba recibió nuevamente un disparo en la cara por parte de Bulma. La mujer no era tan rápida para ver los movimientos de los guerreros, pero dedujo que el saiyajin lo atacaría por atrás. La fuerza del disparo fue tal que salió disparada hacia atrás hasta que una roca la detuvo. De no ser que vestía armadura hubiera terminado con varios huesos rotos.
El único castrado con vida, ahora completamente ciego y aullando de dolor, cayó al suelo con ambas manos en el rostro desfigurado y quemado. Vegeta se liberó del otro guerrero muerto y se acercó al herido para quebrarle el cuello y dejara de gritar.
Cuando reinó el silencio se miraron, agitados, asombrados, incluso excitados.
Bulma no podía creerlo. Había peleado contra guerreros saiyajin. En la Tierra se había enfrentado a extraterrestres armados y humanos que no quisieron unirse a ellos, pero nada como esto. Estaba impactada y maravillada, tanto que casi no sentía el dolor en la espalda.
—Esto no estaba en tu currículum —dijo Vegeta. No fue necesario mirar ni tocarse, sabía que tenía una erección, y ella y toda esta pelea que no se esperaba tenían la culpa.
—A las mujeres nos gusta tener secretos —respondió ya de pie, corriendo para buscar sus armas. Pudo guardar el fusil, pero el cuchillo ya lo tenía Vegeta en la mano.
—Tienes mucho que explicar —dijo, y le tendió el cuchillo por el mango para que ella tomara la parte sin filo.
—No hay nada que explicar —respondió. Encapsuló el cuchillo para regresarlo al estuche. Vegeta lo había visto, pero al menos había servido—. Podrías darme las gracias por salvarte.
—Podía solo. Tú solo me distrajiste.
—Sí, claro —dijo mirando su entrepierna abultada que el traje ajustado no ayudaba a ocultar—. Puedo ver lo inoportuna que fui.
Vegeta frunció el ceño. No le avisó y la tomó en brazos mientras guardaba sus cosas. Comenzó a correr a una velocidad asombrosa, por lo que nuevamente Bulma debió abrazarlo y ocultar el rostro para poder respirar.
—Siento el ki del resto de los castrados, están llegando a la atmósfera. Ahora sí que te vas a esconder para poder terminar con esto.
—Más tarde tendrás que explicarme eso del ki y por qué no necesitas scouter.
—¿Solo tú puedes jugar a la misteriosa?
—Es cosa de mujeres.
—Si, claro.
—Oye, no me dejes tan lejos. De todas maneras encontraré la forma de llegar.
—Para cuando lo hagas, ya habré exterminado a esos castrados —dijo, y se detuvo. Cuando Bulma pudo mirar se dio cuenta que estaba en altura, y desde ahí podía mirar el bosque en el que habían estado buscando la esfera.
—No vayas a irte sin mí. Recuerda que tengo el radar.
—Y tú recuerda que me enseñaste a armarlo.
—Sí, buena suerte empezando desde cero.
Vegeta iba a regresar al lugar de la pelea, ya sentía más cerca el ki de los castrados, cuando Bulma lo llamó.
—Espera —dijo la joven. Se le acercó al saiyajin y presionó con fuerza sus labios contra los de él—. Ahora sí, puedes irte.
—Eso no hará que no te deje tirada en este planeta —dijo sonriendo de lado, y se marchó a gran velocidad.
—Idiota —susurró, y rogó para que no fuera a temblar muy fuerte.
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Ginn y Raditz debieron volver a descender antes de llegar a destino cuando el terrible escenario anterior volvió a repetirse en la siguiente aldea que sobrevolaron. A simple vista contaron cuarenta cadáveres, varios ejecutados en fila, otros cuando intentaron escapar. En esta ocasión había seres verdes jóvenes, altos y musculosos, guerreros que intentaron defender a su gente, pero el resultado fue el mismo.
—Suficiente —dijo Ginn. Manipuló el scouter para comunicarse con Vegeta, y luego de un rato cortó la llamada—. No responde. —Intentó con el scouter de Bulma e incluso la nave en la que viajaban y nada—. Nadie contesta… Más les vale que estén en peligro de muerte y no cogiendo —exclamó ansiosa. Le ponía nerviosa ver tantos cadáveres de niños, le hacía recordar esos terribles crímenes del pasado.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó Raditz observando la línea de cuerpos ejecutados, uno tras de otro.
—No hay tiempo para enterrarlos —se apresuró Ginn en decir luego de agacharse para tocar a uno—. Aún están tibios. Los que hicieron esto deben estar cerca.
Los dos activaron los scouters buscando alguna energía sobresaliente. Los aparatos registraron varias hacia la misma dirección donde estaba la esfera. En esta ocasión decidieron correr, para no llamar la atención en caso de que tuvieran rastreadores.
Once años atrás
Tarble se mantuvo fuera del cuarto de su hermana, aún dudando si entrar o no mientras miraba el libro que había traído. La niña había salido de la incubadora hace n un mes y en todo ese tiempo no se había atrevido a visitarla o hablarle. Las pocas veces que la había visto de lejos había sido de casualidad y terminaba apresurándose para retirarse del lugar. Le daba miedo. Pese a que estuvo con ella a diario el largo tiempo que estuvo en la incubadora, y le habló con la esperanza de que fuera capaz de escucharlo, ahora no se atrevía a mirarla de frente. El parecido a su mamá era tan grande que creía no poder soportarlo.
Fue durante una conversación con Broly, con el que se veía varias veces a la semana desde aquel encuentro casual en el que comenzaron a interactuar seguido, que terminó por decidirse e ir en busca de Kyle para finalmente conocerla despierta.
Golpeó la puerta, y luego de anunciarse abrió con calma para no asustarla. Encontró a su hermana con pijama y en un rincón de la habitación, seguramente había corrido hasta el lugar más lejano de la puerta para protegerse la retaguardia. Lo miraba a los ojos para que no supiera que tenía miedo, pero el tener su colita agarrada con ambas manos la delataba por completo. Había pasado tanto tiempo con ella que sentía que era quien más la conocía en este lugar.
—Hola Kyle, soy tu hermano —saludó sonriendo. Dejó la puerta abierta y se sentó a los pies de la cama, desde donde podía verla a la perfección. Todo el miedo y las dudas que pudo sentir se esfumaron casi en el acto—. Traje un libro de historias con animales mitológicos de otros planetas, pensé que podría gustarte — dijo levantando el libro para que ella pudiera ver la portada que mostraba un hermoso caballo azul con alas y un cuerno.
La niña, desde su lugar protegido, miró curiosa, pero no soltó su cola ni se movió.
—Ya es tarde, deberías estar durmiendo, así que voy a leer una historia para ti antes de meterte a la cama, ¿está bien? También tiene dibujos. —Abrió el libro en la segunda página y le mostró la ilustración del mismo caballo que ahora volaba sobre blancas nubes esponjosas en un hermoso cielo despejado.
Tarble se preocupó de leer de forma lenta y en voz alta para que ella escuchara, hacía pausas para comentar el relato y se preocupó de enseñarle cada dibujo. Nunca antes le había leído, simplemente se sentaba en el suelo y le hablaba de lo que se le pasara por la cabeza en ese momento, y de alguna manera inconsciente, la pequeña pareció reconocer ese tono de voz sereno que siempre la acompañó día y noche durante su profundo sueño. Desde su lugar escuchó atenta y la ansiedad de tener a un desconocido en su cuarto comenzó a descender.
Para cuando Tarble terminó el primer relato, Kyle continuaba en su lugar, pero al menos había soltado su cola y se chupaba un dedo.
—¿Te gustó? Mañana puedo venir y leer otro. —Cerró el libro y lo dejó en la cama—. Puedes quedarte con el libro si prometes cuidarlo.
Kyle dio un paso hacia la cama para mirar el libro, pero no avanzó más, entonces su hermano mayor aprovechó para observarla...
Las guerreras escogidas por el rey cumplían con entrenarla y estimularla para que fuese una guerrera ágil. Las mucamas se encargaban de mantenerla aseada, alimentada y vestida. Sorprendentemente el rey también le hablaba y tenía contacto con ella, aunque una caricia en la cabeza y felicitarla por su avance en el entrenamiento no podía considerarse contacto físico real para una niña que recién estaba conociendo el mundo. Si todo continuaba de esa manera, Kyle sería una eficiente máquina de matar, y nada más.
Tarble aún era un niño, un niño muy dañado y solo, que en ese momento se obligó a terminar de crecer para cuidar a la pequeña que todavía podía considerarse un bebé. Y en cuanto a la niña, ella no era su madre. Era una criaturita completamente diferente. Otro ser que estaba solo y que necesitaba de él.
El joven príncipe se preocupó de correr las cobijas para que se acostara y dejó en libro junto a la almohada, lo que provocó que Kyle retrocediera y lo mirara atenta.
—Mañana vendré para leer otra historia.
—Sí —dijo ella con el ceño fruncido y aún con el dedo en su boca. Según lo que Tarble había escuchado, Kyle podía entender a la perfección lo que se le decía y también era capaz de hablar, el problema era que había decidido no hacerlo.
Tarble cumplió con su promesa. Volvió cada noche, y pese a que la tapa del libro estaba marcada con pequeños dientes y varias de las páginas estaban dobladas, lo ignoró y continuó leyendo, siempre respetando el espacio de la niña, esperando a que ella decidiera acercarse. A comienzos de la segunda semana de lectura, Kyle ya estaba sentada a su lado escuchando los relatos, respondiendo a las preguntas de su hermano y permitía que la arropara antes de marcharse. A finales de la tercera semana conoció la biblioteca y a Broly, y no pudo evitar quedar impresionada y encantada por aquel guerrero gigante que evitó tocarla por varias semanas por temor a romper a tan delicada niña. Fue pasado el mes de convivencia, cuando un día normal rumbo a la biblioteca, Kyle tomó la mano de su hermano y continuó caminando como si nada, pero para Tarble significó mucho.
Vegetasei
Kyle abrió los ojos y le costó darse cuenta que no estaba en su habitación en palacio, sentía que no había dormido en ella hace mucho. Nuevamente se había quedado en la casa de Bardock, durmiendo en su cama con el hombre casi sentado a su lado con la espalda en la cabecera y cruzado de brazos. Aún tenía un pie en el suelo y continuaba con la ropa del día anterior, como ella.
No dijeron nada, esto ya se estaba haciendo costumbre, y como algo normal, ella se metió a la ducha mientras él fue a preparar el desayuno que estuvo listo y servido en la mesa cuando ella salió del baño aseada.
Comieron como cualquier día, hablaron de cualquier tema como solían hacerlo. Era un día normal entre los dos, compartiendo, acompañándose, queriéndose…
Era un día como cualquier otro. La única diferencia era que Kyle había crecido, y toda esta normalidad comenzaba a llamarle la atención.
—¿Pasa algo? —preguntó Bardock al ver que Kyle de pronto había dejado de comer y lucía pensativa.
—¿No sientes que hay algo raro en todo esto?
—¿De qué estás hablando?
—Esto —dijo con el ceño arrugado—. Todo esto: tú, yo, los desayunos, las comidas, dormimos en la misma cama… Lo nuestro no es normal —murmuró pensativa—. Esto es comparable con mi relación con Tarble, pero nosotros somos hermanos, en cambio hace un año yo no sabía que tú existías, y tú solo debes haber escuchado de mí. ¿No te das cuenta lo raro que es? —Miró a Bardock a la espera que le diera la razón.
El hombre debió obligarse a beber un sorbo de su cerveza, de lo contrario sentía que no volvería a moverse. Sin saberlo, Kyle le estaba entregando la oportunidad de decirle toda la verdad, de una vez por todas.
—Solo es algo que sucedió… No lo pensaría demasiado —respondió. Y continuó comiendo.
Se sintió un completo cobarde, pero esa era la situación, no sentía que fuese el momento adecuado para hablar al respecto. Conocía a Kyle, y temía que por un arranque de honestidad fuera a hablar con el rey, y si él se enteraba de todo… No quería pensar que podría pasar con ella si el rey supiera la verdad. Penas incluso más duras que la misma muerte.
No, no era el momento todavía.
(...)
Broly había perdido la cuenta de cuántos días llevaban peleando. Estaba agotado, y pese a que los contrincantes no eran tan poderosos, sí eran numerosos y veloces. Gracias a sus hombres que habían visitado el planeta previamente, sabían de qué bando ponerse y dónde atacar, lo que facilitó las cosas para todos, pero no por eso acabaría pronto y no se verían afectados.
El guerrero odiaba los combates en lugares poblados, ya que significaban una gran cantidad de muertes innecesarias, pero ya estaba todo el lugar tomado y no pudo hacer nada más que intentar terminar con el asunto pronto para que no hubieran más civiles muertos a manos del enemigo y de derrumbes. Dio la orden a sus hombres no usar poderes de energía en lugares poblados, ya que podía haber gente escondida entre los escombros, y no serviría de nada recuperar un planeta con tantas muertes en su consciencia.
Esa molestia constante que lo había estado importunando por semanas, continuaba presente, como a la altura de su pecho, queriendo subir por su garganta para liberarse y desatar el caos. El estar concentrado en el combate lo ayudaba, no tenía problemas en matar a quien lo atacaba y no le dejaba otra opción, pero cuando se adentró en una pequeña urbanización y encontró soldados enemigos con cadáveres de niños a sus pies sintió que por un momento se perdía a sí mismo.
Los mató a todos, seguramente lo hizo, no lo recordaba, pero sus manos, brazos y rostro bañados en sangre vísceras secas le indicaban que había sido así. La noche ya había caído, pero cuando encontró a los guerreros con los cadáveres de niños aún iluminaba el suave sol. Había perdido varias horas de ese día y no sabía qué había pasado con él, estaba completamente desorientado.
Estaba más apartado del lugar de la batalla, refugiado entre los escombros de unas construcciones menores, a lo lejos se escuchaban explosiones y gritos que no lo dejaban en paz. Apenas podía respirar, y se vio obligado a dejarse caer al suelo, con las manos sobre su cabeza, protegiéndose de la amenaza inminente, aterrado de ese enemigo que quería hacerle daño, pero no era nadie de afuera, ese enemigo estaba en su interior, luchando por salir y tomar el control.
Tenía dos opciones: dejar de luchar, rendirse y permitir que tantos años de esfuerzo no sirvieran para nada, después de todo su padre tenía razón, era peligroso, no se podía confiar en él, ya que era una bomba de tiempo que en cualquier momento explotaría y dañaría a todos a su alrededor. O bien podía ponerse de pie y luchar una vez más contra esto que desconocía y no entendía por qué precisamente él había nacido con una maldición así, con más poder del que podía controlar y que además lo hacía perder la razón por completo.
Permaneció tirado en el suelo, con las manos sobre la cabeza, respirando con dificultad. Su cuerpo brillaba ligeramente por esa energía que pedía a gritos ser liberada. Los escombros comenzaron a reaccionar a ella, y se elevaron ligeramente del suelo, esperando el momento para salir disparadas a todas direcciones cuando ocurriera lo inevitable.
Gritó frustrado con la mirada blanca. Gritó hacia el cielo haciendo arder su ki, provocando que las piedras y escombros se desintegraran por completo. El suelo tembló bajo él, incapaz de resistir tanto poder que emanaba de su cuerpo. La cinta negra con la que amarraba su cabello desapareció a causa del calor abrasador que emitía, haciendo que su cabello se desordenara y levantara. Era su mente y cuerpo trabajando en equipo para ganarle a lo desconocido que le había arrebatado su vida y su toma de decisiones. No más, no podía permitirlo más.
Como un flash de luz dentro de su cabeza pasaron imágenes sin orden alguno: su madre, Kyle y Tarble. Los días de entrenamiento, las cenas compartidas, los abrazos, las sonrisas, las noches de intimidad, los momentos de paz en los que llegó a creer que podía tener una vida normal… No, no estaba dispuesto a perder todo eso.
Su ki ardió poderoso e inestable una vez más hasta que todo se apagó, el suelo se calmó y los escombros regresaron a la tierra, donde pertenecían. Sus ojos volvieron a la normalidad y pudo respirar, agotado, pero bien. Aún arrodillado, observó sus manos temblorosas y se dio cuenta que estaba en control de cuerpo y mente.
No podía continuar escondiéndose, debía regresar y tomar el planeta.
Diez años atrás
Cuando Vegeta despertó no pudo levantarse de la cama ni logró moverse mucho. No sabía qué le pasaba, no tenía idea dónde se encontraba, o por qué estaba en una cama, incluso desconocía en qué planeta había terminado y cuánto llevaba en este. Lo único que sabía con seguridad era que sentía el cuerpo caliente y un dolor severo en el abdomen que se extendía a cada extremidad de su cuerpo.
—Despertó. Mamá, despertó —exclamó la pequeña de no más de diez años cuando entró al cuarto para ver cómo seguía el inesperado invitado.
Vegeta quiso cubrirse los oídos ante la chillona y molesta voz de la niña, pero solo pudo mover una mano, la otra la tenía vendada, al igual que su abdomen y una pierna. No lograba recordar qué le había pasado. No recordaba mucho de su último año para ser exactos.
Una mujer alta, de unos cuarenta años ingresó a la habitación que continuaba en penumbras, detrás de ella, su otra hija adolescente, permaneció en el marco de la puerta observando.
—¿Ven que podía salvarlo? Ustedes que pensaban que no iba a pasar la noche —dijo la mujer. Se sentó en un banco junto a Vegeta y le pasó un paño húmedo por el rostro y pecho para bajar la fiebre producida por las heridas infectadas.
—Se mueren todas las plantas que intentas criar, mamá —dijo la joven aún desde la puerta—. No teníamos mucha fe con él.
—¿Entonces ya no se va a morir? —preguntó la pequeña aún muy cerca de Vegeta, que lo hizo volver a fruncir el ceño por tan molesto tono de voz.
—No grites en el oído del invitado, cariño, lo vas a dejar sordo.
—¿Y cuánto se va a quedar? —preguntó al joven.
—Hasta que pueda levantarse, o cuando nos diga dónde está su familia para que vengan por él. —Revisó las vendas y le habló—. ¿Puedes decirnos tu nombre? ¿Qué te pasó para que terminaras así?
—Tal vez se encontró con algún miembro del clan y le dieron una paliza por no pagar peaje —asumió la joven.
La madre de las niñas miró a Vegeta en busca de una respuesta, pero el joven guerrero llevaba tanto tiempo sin hablar con nadie que no hizo ningún esfuerzo por comunicarse. No tenía interés y se sentía en pésimo estado.
—Tal vez le cortaron la lengua —dijo la pequeña preocupada.
—No, ya revisé, tiene su lengua y todo en su lugar, aunque sí muchas cicatrices antiguas, y una cola como de mono que jamás había visto en mi vida —agregó sonriendo—… Dejémoslo dormir, ya va a estar mejor y nos va a decir todo sobre él. —La mujer se puso de pie, apagó la lámpara de aceite que estaba en el velador y tomó a la pequeña para salir del cuarto y cerrar la puerta.
Vegeta permaneció con los ojos abiertos sumido en la oscuridad, pero no duró mucho tiempo y terminó quedándose dormido.
Rhei
Como era de esperar, Bulma no cumplió la promesa y utilizó su moto para regresar al bosque en busca de la esfera y el radar. Al menos sobre la moto ya no sentía los temblores suaves, así que se preocupó de no pasar mucho tiempo sin ella. Cuando a lo lejos vio una nave explotar pensó que se le saldría el corazón, pero enseguida recordó que la suya estaba hacia otra dirección, esa debía ser la de los castrados, así que se dirigió hasta allá.
Se preocupó de ser precavida y no llamar demasiado la atención en caso de que aún estuvieran combatiendo, pero en cuanto encontró tres cadáveres de saiyajin con armadura y sin rabo, supo que Vegeta ya tenía todo bajo control. Continuó avanzando hasta que encontró al príncipe intentando sacar información al único castrado con vida, lo tenía boca abajo, al parecer su brazo izquierdo estaba inutilizado, puesto que no lo movía. La rodilla de Vegeta estaba enterrada en su espalda sin armadura, con una mano se encargaba de mantenerle la cabeza contra el suelo, y le tiraba el brazo derecho hacia atrás, provocando un dolor insoportable.
—¿Fue Rave quien te mandó? ¡Responde! —exclamó, y le hizo el brazo más atrás, hasta que sacó el hueso de su lugar y el hombre gritó.
Vegeta estaba con muchas más heridas de las que tenía antes de dejar a Bulma. Su armadura se había roto y tenía parte del rostro manchado con sangre, pero se veía bien. De hecho, lucía tan letal con ese aspecto, interrogando al castrado, sabiendo qué hacer y cómo tocar para infligir más dolor.
—¿Hizo estallar la nave? —preguntó Bulma cuando se bajó de la moto.
—Sí —respondió Vegeta luego de soltar al guerrero. Se notaba cansado y lastimado, pero nada terrible.
—Lástima —dijo Bulma—. Podría haberla revisado para saber quién los envió.
—No va a hablar, pero fue la reina. Estoy seguro. —Era la única que debía estar nerviosa por su aparición, ya que el futuro de su hijo podría estar en problemas si a él se le ocurría reclamar su derecho a trono.
Bulma sintió un escalofrío. Solo un par de veces había visto de cerca a esa mujer, y parecía un témpano de hielo, mucho más intimidante que el mismo rey.
—Mátalo ya —dijo sin sentirse mal por el destino del saiyajin—. No perdamos el tiempo, tenemos que revisar la nave en busca de un localizador y luego marcharnos de aquí en caso de que hayan más castrados siguiéndonos.
Vegeta obedeció sin pestañear. Con el dedo lanzó un fino rayo que atravesó la cabeza del hombre y caminó detrás de Bulma, rumbo a la nave.
Trantor
Cuando Tarble llegó a desayunar con el rey, encontró un tercer puesto en la mesa. Eso era nuevo. No tuvo que esperar mucho para que el emperador entrara al salón junto con su hijo mayor, el príncipe Hazel. El futuro monarca no le quitó la vista de encima, y Tarble no hizo nada por evitar su mirada, sabía que él sería mucho más difícil que el rey.
—Siento la demora, pero mi hijo es tan difícil de encontrar aunque su rey lo llame —dijo el anciano cuando se sentó en su puesto en la cabecera. Su hijo se sentó a su lado derecho, quedando frente a frente con Tarble. No dejaba de mirar a Tarble, ya casi era molesto, pero el príncipe saiyajin ocultó bien su desagrado.
—Era porque no quería venir.
—Hazel, por favor —dijo sin darle mucha importancia, estaba acostumbrado a ese tipo de respuestas—. Es importante que estés aquí, eres mi mano. —Hazel, como la mano derecha del rey, era quien más poder tenía en caso de que el rey se encontrara ausente o incapaz de tomar decisiones. Generalmente era el príncipe heredero quien ocupaba este puesto para adquirir la suficiente experiencia y conocimiento antes de tomar el poder.
—Lo siento, no entiendo —dijo Tarble.
—Oh sí, todo ha pasado tan rápido que ni siquiera te he explicado —dijo el rey Darell, evidentemente feliz—. Quiero que asistas a las reuniones del consejo.
Tarble no alcanzó a responder a la orden disfrazada de invitación del rey, pues Hazel se adelantó.
—En pocas palabras, este es tu premio por embarazar a mi hermana. Felicitaciones, no había tenido la oportunidad de elogiar tu logro. Fue bastante pronto.
—Así es como debe ser —se apresuró en responder el anciano—. Mientras más nietos me den todos ustedes mejor. Y el que quiera que Tarble participe en las reuniones no tiene que ver con el embarazo de Dahlia. Siento que me vendría bien una mirada desde afuera, gente más fresca y nueva.
—Su hija está asistiendo a las reuniones, ella es un rostro fresco para el consejo —dijo Tarble.
—Sí, es lindo tener a mi hermana cada semana sentada adornando el lugar entre tanto vejestorio arrugado y poco agraciado —comentó Hazel concentrado en tomar galletas de un plato para acompañar con su desayuno.
—Tu hermana no es una niña tonta, no la subestimes —respondió Tarble con el ceño fruncido, a lo que el príncipe Hazel respondió con una sonrisa de lado, más preocupado de las galletas que de la opinión de Tarble.
—Me gusta que la mayor cantidad de mis hijos participen en las reuniones del consejo. Pasé tantos años apartándolos de las responsabilidades que ahora me arrepiento, por eso te agradezco muchacho si es que tuviste que ver en el cambio de parecer de Dahlia. Y ahora que tendrás un lazo directo con Trantor a través de un hijo, quiero que participes en las reuniones del consejo.
—Yo no quiero —respondió Hazel sin problema en expresar lo que pensaba—. Le estamos dando demasiados privilegios a un saiyajin que no ha hecho nada más que embarazar a mi hermana.
—Supongo que también puedo opinar en esta reunión —consultó Tarble al monarca que asintió con la cabeza, por lo que continuó—. Es verdad, no he hecho prácticamente nada desde que llegué aquí, así que denme algo que hacer para demostrar que puedo ser útil.
—¿Y experiencia en qué podrías tener tú? —preguntó Hazel de forma despectiva.
—Tú deberías saberlo bien, si te sientes con tanta libertad de menospreciarme.
—Me gusta la idea —comentó el rey, ignorando por completo la pequeña discusión entre su hijo y Tarble—. Entonces está decidido: participarás en las reuniones, pero como extranjero no tendrás derecho a voto, y mi hijo se encargará de darte un trabajo extra acorde con tu rango.
—Sigue sin gustarme la idea, padre.
—Cuando seas rey podrás tener la palabra final, ahora comamos, muero de hambre —dijo de buen humor, y por fin pudo ponerle atención al desayuno.
Los dos hombres le hicieron caso.
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Raditz y Ginn se lanzaron al suelo desde una colina cuando estuvieron cerca de las energías que sus localizadores habían detectado. Tal como lo habían pensado, encontraron otra aldea, pero en esta oportunidad la mayoría se encontraba con vida. Había una fila de al menos diez niños ordenados puestos para eliminar. Y los intrusos, guerreros de diferentes razas con armaduras, algunos con armas, otros sin nada, amenazaban a un niño de unos doce años apuntando sus armas o manos sobre las cabezas de los que se encontraban arrodillados, obligándolo a mirar las ejecuciones.
—Están aquí por la esfera, es demasiada coincidencia —dijo Raditz.
—Vegeta no me advirtió de nada —respondió Ginn.
—No me extraña —respondió molesto, y se puso de pie—. Vamos, acabemos con esto.
—Sí. Quebrémosle el cuello a esos malparidos.
Eran al menos quince guerreros, unos más fuertes que otros, pero sin mucha diferencia, y ninguno representaba un desafío para los dos saiyajin que estaban acostumbrados a pelear juntos, como una buena dupla. Raditz atacó primero a los guerreros que estaban a punto de eliminar a los niños, y Ginn se lanzó contra los otros que estaban encargados de reunir a los seres verdes que estaban ocultos o intentaron huir.
Fueron rápidos y letales, como dignos guerreros saiyajin no dejaron ningún asesino en pie. Los nameku casi no alcanzaron a ver qué sucedía, y antes de poder controlar su miedo y levantarse del suelo para entender del todo la situación, el hombre alto y la mujer delgada ya habían matado a todos los guerreros con solo uno o dos golpes.
—Ya pueden estar tranquilos —dijo Raditz cuando vio los ojos llenos de terror de los seres verdes. Se pasó la mano por la ceja al sentir la sangre, pero era su única herida de seriedad—. No estamos aquí para hacerles daño.
Quiso acercarse a un grupo, pero el nameku que estaba siendo obligado a mirar las ejecuciones se alteró al notar el rabo alrededor de la cintura de Raditz y Ginn.
—¡No! —exclamó el jovencito como si hubiera visto el peor horror de todos—. ¡No se acerquen! ¡Son peligrosos! —retrocedió asustado, provocando que el resto, incluido niños y adultos, lo imitaran—. ¡Son amigos del hombre que me entregó al tirano!
—¿Oye, qué te pasa? —preguntó Ginn molesta—. Les acabamos de salvar la vida, si fuéramos lo que piensas no nos hubiera interesado ayudarlos. —No esperó respuesta y sin pedir permiso se metió a una de las viviendas, que era donde le indicaba el scouter según las coordenadas que Bulma le envió.
Raditz intentó suavizar el ambiente conversando con el hombre mayor que parecía ser el jefe del lugar y con el niño que los acusaba no tan injustamente.
—No venimos con esta gente. No teníamos idea de que nos encontraríamos con todo esto. Solo estamos en busca de…
—¿De la esfera? —dijo el hombre mayor—. Es lo mismo que querían estos demonios.
—Por eso me obligaron a ver cómo mataban a mi gente —respondió el niño traumado después de ver tantas muertes—. Pero preferimos morir antes de pasarle la esfera a ese tirano.
—¿Para qué quieres la esfera, muchacho? —preguntó el hombre a Raditz, a lo que el saiyajin no supo qué decir. Al principio había visto todo como un juego, algo sin importancia para salir de la rutina, pero ahora se daba cuenta que era mucho más serio y grave—. Su poder es inimaginable, y si llega a manos equivocadas...
—Lo siento —dijo avergonzado—. No sabía.
—¿Y por eso la tenían escondida bajo una mesa? —dijo Ginn cuando salió de la casa con la esfera en su mano.
—Nos tomaron por sorpresa. Hemos resguardado la esfera desde que llegó a nuestras manos, no pensábamos que vendrían a atacarnos —dijo el hombre verde.
—Todo esto es mi culpa —dijo el niño—. Debí morir hace tiempo, pero los traje hasta acá, y tanta gente murió. —El hombre mayor le puso una mano en el hombro para calmarlo y luego se dirigió a Raditz.
—¿Para qué quieren la esfera?
—No tenemos idea —respondió Ginn con honestidad al ver tan complicado a Raditz—. Estábamos haciendo un favor a mi amigo, pero te aseguro que no es para nada parecido a lo que querían estos sujetos.
—Pero ustedes son saiyajin —respondió el hombre.
—¿Saiyajin? —repitió el niño. Había vivido toda su vida en el otro lado de la galaxia y no tenía idea sobre esa raza. Era el rabo lo que lo alertó al recordarle el hombre que lo raptó de su planeta.
—No todos los saiyajin somos iguales —respondió Raditz. No intentó defenderse más, sentía que se merecía los cuestionamientos y las miradas llenas de terror. Se lo había ganado.
—Entonces llévense la esfera. Llévensela lejos de aquí, y que esta gente no la encuentre jamás. —exclamó el hombre.
—Si el tirano llegase a encontrarla sería el fin —agregó el niño. Y cuando Raditz lo vio con mayor atención vio múltiples cicatrices en su rostro y manos.
—Me comprometo a que nos la llevaremos —dijo Raditz—. Y si la persona que la está juntando piensa darle mal uso, no se lo permitiré. —Fue tan solemne, que el hombre no pudo no creerle.
—¿Deberíamos revisar el área antes de irnos? —preguntó Ginn mientras miraba la esfera ante sus ojos. Realmente era algo hermoso y diferente.
—Sí, es buena idea —respondió Raditz, y se dirigió al hombre verde—. Si nos dicen donde están las otras aldeas podríamos ir a revisar antes de dejar el planeta.
—Eso sería de mucha ayuda.
Mientras el saiyajin y el nameku conversaban sobre quién era ese tirano y por qué era tan peligroso, Ginn continuó observando la esfera. Había algo raro en ella, como si contuviera algún poder mágico en su interior capaz de atraparte y hacerte desear reunir el resto. Estuvo a punto de opinar de lo que hablaban los hombres, cuando una luz de su scouter parpadeó ante un poder elevado que estaba demasiado cerca. La mujer ni siquiera alcanzó a consultar a su aparato en qué lugar se encontraba ese poder, cuando sintió que la agarraban de la armadura y la alejaban a una velocidad impresionante, sin que pudiera hacer nada más que horrorizarse por la desagradable criatura obesa y rosada que la había alejado de todos, junto con la esfera.
(...)
—Ya está hecho —dijo Broly con calma cuando Tarble contestó la llamada. Se había fijado que el príncipe le había dejado varios mensajes de voz, pero los escucharía más tarde con calma, una vez que estuviera aseado y descansando. Ahora quería hablar con él—. El planeta es tuyo.
El guerrero estaba sentado sobre los escombros de lo que alguna vez había sido una casa, tenía múltiples heridas en su cuerpo, pero nada de cuidado. Lo mejor era que ya no había gritos, ni llantos ni dolor. La gente normal podría finalmente recibir ayuda y de paso usarían el planeta para albergar más gente que lo necesitase. Pese a todo lo ocurrido y los días combatiendo, se sentía bien, especialmente ahora que había logrado controlarse solo.
—No tenía duda que lo lograrían. Estoy muy orgulloso de todos, en especial de ti, de todo lo que has hecho.
—Tú me enseñaste —dijo con la mirada perdida en la mujer que voluntariamente había salido para ofrecerle comida a los guerreros saiyajin y a los de su raza que combatían para liberarla a ella y los suyos. Su casa era una de las que mejor había resistido, así que los pobladores habían comenzado a agolparse para compartir y comer algo caliente en esta noche tan fría.
—No digas eso, nunca te dije qué hacer o decir, tú aprendiste mirando, tienes ese don… ¿Cómo te sientes?
—Bien —dijo con honestidad, sorprendiéndose a él mismo—. Cansado, pero ya pasó lo peor. Antes de marcharme de aquí dejaré un par de tropas para que ayuden a reconstruir y un grupo encargado para poner orden con los antiguos monarcas del planeta.
—No tienes que hacerme un informe de cada decisión.
—Me gusta hacerlo… Y lo próximo que sigue es encontrar un planeta para el rey Vegeta, y así te deje en paz un periodo más.
—Tómate un descanso, ya has hecho mucho.
—Descanso durante los viajes. —Ahora se distrajo viendo a un par de niños jugando por el lugar. Escucharlos gritar y reír sirvió para dejar de lado la imagen de los pequeños muertos que estuvo a punto de hacerle perder la cabeza—. ¿Tú cómo estás?
—Ya no estoy en Trantor… Me dieron trabajo que hacer para hacerme saber que confían en mí, pero algunos están esperando que falle para demostrarle al rey que no sirvo para nada. Ya que no soy un guerrero destacado piensan que como saiyajin no tengo ninguna otra habilidad.
—Lo harás bien y le cerrarás la boca —dijo confiado.
—Sí.
—¿Pasó algo para que por fin te dieran algo que hacer?
—Luego te daré más detalles, ahora es tu momento para celebrar tu victoria.
—Ahora solo quiero una ducha, un plato caliente, y a ti en mi cama —dijo mientras se masajeaba el hombro derecho. Le dolía todo el cuerpo.
—He fantaseado con eso desde que nos separamos.
—Ya no siento tan lejano el momento en que nos volveremos a ver.
—Me encanta escucharte hablar así.
—¿Tú te encuentras bien? Te oyes diferente.
—Sí, no te preocupes por mí, estoy bien.
Broly escuchó atento la voz de Tarble, y levantó la vista cuando vio a uno de los lugareños acercarse con un plato de comida y una cuchara. No dijeron nada. El aldeano se limitó a ofrecerle la comida y Broly lo recibió a gusto, e hizo un gesto con la cabeza para agradecer la atención. Bueno, al menos tendría la comida caliente y la ducha. Para lo otro debería esperar un poco más.
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Sin soltar la esfera, Ginn intentó reventar una bola de energía en el rostro del extraño para liberarse de su agarre, pero la criatura rosada le arrojó el poder de un manotazo hacia el lago. Ya que la tenía tan agarrada de la armadura y era obvio que quería la esfera, la saiyajin la arrojó con fuerza hacia Raditz que ya volaba a toda velocidad hacia ellos. Y tal como lo pensó, dejó de ser objeto de interés del horrendo tipo que la soltó y voló hacia la esfera para atraparla.
Raditz pudo atrapar la esfera antes que la bestia rosada lo hiciera, y debió enfrentarse a él con fieros golpes. No tardó mucho en darse cuenta que no era un oponente fácil como los guerreros que exterminaron sin problemas alguno, este era poderoso y con una sola mano libre era imposible seguirle el paso, por lo que no tuvo otra opción que dejar caer la esfera.
Ginn quiso ir a ayudar a Raditz, pero al menos ocho guerreros se interpusieron en su par de ellos eran más fuerte que el resto, así que se vio imposibilitada de ir con Raditz al verse obligada a pelear con todo el grupo.
El hombre rosado golpeó a Raditz en el rostro en un intento por alejarlo e ir por la esfera, pero el saiyajin se apresuró en alcanzarlo y agarrarlo de la armadura para no dejarlo. En medio de golpes y patadas llegaron al suelo, cerca de la esfera que Ginn logró tomar nuevamente una vez que escapó de los cuatro guerreros que quedaban en pie. Sí, eran fuertes, pero ninguno tan rápido como ella.
—Ustedes tienen rabos —dijo Dodoria mientras intentaba recuperar la respiración. Le salía sangre de la boca a causa del enfrentamiento con Raditz, pero se encontraba óptimo para seguir peleando—. ¿De qué raza son?
—¿Qué demonios te importa, bola de grasa? —respondió Ginn, atenta a él y a los otros guerreros que ya se le habían acercado demasiado.
—¿Conocen a Argon? —insistió Dodoria. Ahora entendía que la historia sobre su planeta destruido por un meteorito que provocó que su raza se extinguiera había sido solo una mentira más para impresionar a Freezer.
Ya que ninguno de los guerreros con rabo respondieron a sus preguntas, decidió dejar de perder el tiempo y recuperar la esfera.
Raditz jamás vio cuando Dodoria se le acercó, más veloz de lo que sus ojos podrían detectar, y cuando lo tuvo solo a centímetros de distancia sintió las garras de su mano incrustarse en su cuello y luego otro dolor penetrante en su abdomen. No, era imposible, tenía puesta la armadura.
—¡Raditz! —gritó Ginn desesperada cuando vio el abdomen de su pareja bañado en sangre.
La garra de Dodoria había sido capaz de destrozar la armadura y enterrarse en su torso, desgarrando la piel con tanta facilidad que fue impresionante. Raditz solo atinó a afirmarse del brazo del enemigo con ambas manos, mientras veía su sangre caer dramáticamente sobre el pasto, como si se tratara de una llave abierta. Desesperado por liberarse, lo golpeó en el rostro con el puño, tan fuerte que le deformó al rededor del ojo derecho en el primer intento, el siguiente golpe le destrozó la nariz. El tercero fue detenido por Dodoria, que al sacar la garra de su abdomen lo hizo sangrar mucho más, manchando sus piernas y botas, dejando un charco de sangre bajo sus pies.
A Raditz no le quedó otra opción que retroceder cuando Dodoria, aún con las garras en su cuello que también sangraba, avanzó hasta que los dos cayeron al agua del lago y desaparecieron de la vista de todos.
Ginn intentó ir hacia Raditz, pero los guerreros se lo impidieron.
—¡No les des la esfera, por favor! —gritó el nameku mayor al verla titubear.
La guerrera que en su juventud perteneció al escuadrón de élite del príncipe Vegeta, hizo estallar su energía, completamente furiosa, y sin soltar la esfera, se lanzó contra los cuatro guerreros. Fue contra los dos que portaban armas (ya se había dado cuenta que esos podían volar y poseían fuerza bruta, pero no podían lanzar poderes) De una sola patada en el cuello fue capaz de eliminarlo y al otro que estaba un poco más lejos le lanzó la esfera al rostro, destrozándolo. Voló para recuperar la esfera y con la mano libre le lanzó un rayo de energía en el cuello que le provocó una herida que lo desangraría en menos de un minuto.
Salió disparada por el ataque en conjunto de los dos hombres que quedaban en pie, pero no la hicieron dejar la esfera. Antes de caer al suelo, se impulsó con la mano en la tierra y se lanzó hacia atrás para recibirlos. Era rápida, eso tenía a su favor, y usó las piernas y pies para golpearlos y alejarlos. Desesperada al ver que Raditz aún no salía del agua, lanzó la esfera hacia el cielo, y como un animal salvaje se lanzó sobre el más grande de los guerreros, enterró los pulgares en sus ojos destruyendo sus globos oculares, dejándolo fuera de combate al instante. No esperó y saltó contra el otro que le dio un poco de pelea al golpearla y herirla, pero la guerrera debía ir por Raditz, y no tenía nada que hacer contra ella.
Cuando el guerrero cayó al suelo con la cabeza apuntando hacia el lado contrario que debía ser, la esfera ya venía de regreso a causa de la gravedad. Ginn logró recuperarla antes que tocara el pasto y de paso golpeó en la cabeza al guerrero que dejó ciego para lanzarlo lejos y dejara de quejarse y llorar. No lo pensó, y corrió hacia el agua para lanzarse, pero se encontró frente a frente con Dodoria que emergió con más heridas en su rostro y cuerpo, pero solo.
—La esfera —dijo Dodoria—. La esfera y te dejo ir.
—¡No por favor! —gritaron varios nameku, asustados y suplicantes—. ¡No se la des!
Ginn, golpeada y agitada, los miró, y luego el agua. Aún estaba la mancha oscura que había dejado la sangre de Raditz, pero no alcanzaba a divisarlo pese a que se trataba de aguas cristalinas.
—La esfera —insistió Dodoria sonriendo, disfrutando de la angustia en los ojos de la guerrera—. Aunque ya debe estar muerto por falta de sangre y oxígeno.
En respuesta, Ginn lanzó la esfera hacia las montañas lejanas con tanta fuerza que rápidamente se perdió de vista. Activó el scouter que se había dañado por la pelea antes de arrojarse al agua en busca de Raditz.
Debió salir más de una vez a la superficie para tomar aire y volver a sumergirse hasta que finalmente lo encontró y terminó saliendo en una parte más alejada de la aldea para no arriesgarse a encontrarse con aquel demonio rosa.
—No, no, no —sollozó al ver que Raditz no se movía ni reaccionaba.
El cuerpo del guerrero estaba pálido y no respondía al llamado de Ginn. La joven se hizo serios cortes en las manos cuando le quitó la armadura destrozada a tirones para exponer su pecho. La herida en el abdomen era horrorosa, pero la ignoró para concentrarse y apoyar el oído en su pecho. La angustia aumentó al darse cuenta que no tenía pulso.
—Raditz, despierta, por favor —murmuró llorando. Hizo presión con fuerza con ambas manos cruzadas por sobre la mitad inferior de su esternón. Luego cubrió su nariz con los dedos y le dio respiración, procurando que el aire no se fuera por sus labios.
Volvió a presionar su pecho, una y otra vez. Ya casi no podía ver a causa de las lágrimas. No podía ser posible que la abandonara, que la dejara sola cuando la había hecho dependiente de todo su cariño y amor que por mucho tiempo no creyó merecer. No podía ser que ahora que tenían tantos planes por delante se atreviera a partir, sin ella. Eran un equipo, no podía suceder así. No.
Dejó los masajes cuando sintió el cuerpo de Raditz tiritar, y luego lo vio reaccionar y toser agua en abundancia. Con las manos temblorosas, lo movió para dejarlo de lado y que botara toda el agua en sus pulmones. Se apoyó en él y no pudo hacer más que llorar y acariciar su pecho para darle algo de alivio. Sintió que le regresaba el alma al cuerpo cuando sintió su mano presionar la suya, con eso bastaba para entender que estaba bien.
—Voy a matar a ese hijo de puta —rugió furiosa. Voló a toda velocidad de regreso a la aldea para matar a la bestia rosada. No llevaba consigo el scouter, pero no era problema, sabía muy bien cómo llegar.
Al descender al pasto apretó los puños con fuerza. La bestia ya se había marchado, de eso estaba segura, y antes de eso el maldito se había encargado de matar a todos los seres verdes que estaban en el lugar. No había necesidad, ya tenía la esfera y ellos eran indefensos, había sido solo por el placer de causar daño.
(...)
Bulma, con un cigarro en la boca, observó en el espejo la marca que le quedó en la espalda a causa del golpe. Se notaba que sería grande y aún faltaba que se oscureciera más. Se amarró la bata y se sentó a los pies de la cama para solo ocuparse de fumar. Estaba agotada, y afortunadamente no tuvo problema para encontrar el localizador, aunque se reprendió por ser tan confiada y distraída al estar ocupada en coquetear y rechazar a Vegeta. Eso estuvo mal.
Las armas desencapsuladas estaban repartidas por la cama, ya no tendría las cápsulas como secreto, pero no le quedó otra opción. Apagó la colilla en el cenicero y prendió uno nuevo antes de salir de su cuarto, ya no podía resistir más.
Vegeta tenía la puerta corrediza abierta, así que no golpeó, ni pidió permiso, simplemente entró a su cuarto. Apoyó la espalda en la pared y lo observó coser una de las heridas en el costado del abdomen, usaba un espejo sobre una silla para poder mirar. El saiyajin vestía un bóxer ajustado negro y también se había duchado hace poco, se notaba en su cuerpo. La joven abrió la boca para hablarle, pero de pronto se sintió tan agotada… El viajar le había hecho muy bien, tenía la cabeza más despejada y el no pensar en venganzas ni planes secretos le quitaba un peso de encima. No tenía pensado dejar su misión de lado, para nada, pero todo lo sucedido hoy le sirvió para darse cuenta que merecía tomarse un descanso, se lo había ganado.
—¿Dónde aprendiste a combatir así? —preguntó Vegeta atento a su imagen en el espejo—. Eso no lo enseñan en la escuela de mecánica.
—Fui a una escuela muy completa —respondió sonriendo, disfrutando del cigarro y de la vista.
—Si tuvieras nivel de pelea serías buena guerrera —dijo terminando de coser la herida y se tocó en busca de alguna otra, pero al parecer ya había terminado.
Bulma tomó eso como un cumplido muy al estilo saiyajin, pero no respondió. Estaba más a gusto mirando el cuerpo del guerrero en forma descarada. Era tan apuesto y masculino, le atraía más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—¿Y qué pasó con las cápsulas? ¿Aprendiste de la noche a la mañana cómo construirlas?
—Fue un largo viaje si no te habrás dado cuenta —respondió, y se apresuró en agregar—. Ya que haces tantas preguntas, asumo que no estás interesado en la tregua. —Afirmó el cigarro con los labios y soltó la amarra de la bata. Cuando Vegeta volteó a mirarla, la prenda ya había terminado en el suelo, y Bulma se encontraba completamente desnuda y fumando.
El hombre la contempló por un momento antes de caminar hacia ella. Cuando estuvo frente a frente estiró la mano para apretar el botón que cerraba la puerta.
—¿Y bien? —preguntó ella.
Vegeta la miró en silencio, como si estuviera pensando en la propuesta, pero no era así, simplemente estaba contemplando lo hermosa y sexy que era, demasiado… Levantó la mano hacia su boca, justo cuando ella tomó el cigarro con los dedos, para liberar sus labios para él. El guerrero pasó el pulgar por su labio inferior haciendo que ella entreabriera la boca, deseosa.
La besó finalmente, a sabiendas que nada malo pasaría, nadie llegaría a atacarlos, ni ella se separaría de él en el mejor momento. Bulma correspondió enseguida, y rodeó su cuello con los brazos al mismo tiempo que él pasaba sus manos por su cintura. Su piel era tan suave, sus curvas lo invitaban a permanecer ahí y su aroma era embriagador. Todo su ser estaba consciente en el tremendo lío que se estaba metiendo, pero bienvenido sea, el beso que se estaban dando y los dejaba sin aliento le hacía saber que valía la pena.
Luego de disfrutar de su boca y lengua con un beso sin interrupciones, Vegeta se fue al cuello de la joven. Lo besó y mordió mientras que las manos avanzaban por su cintura y sus caderas, tomándose su tiempo para recorrerla, firme y seguro. Bulma pensó que la cargaría a la cama y se le pondría encima enseguida, pero le gustó lo que estaba haciendo, se sentía muy bien, por lo que continuó fumando, atenta a lo que le hacía.
Lo vio ir a su pecho, llevarse los pechos a su boca. Soltó un suspiro excitada cuando sus pezones ya estaban húmedos y duros por sus atenciones, mientras que las manos continuaban tocándola de forma exquisita, ahora por sus glúteos y muslos. Él estaba demasiado concentrado en su cuerpo, lo que la estimuló mucho más.
Se mordió el labio cuando vio a Vegeta arrodillado y pasando la lengua por su abdomen y alrededor de su ombligo, degustando su sabor. Las manos masculinas presionaron sus muslos, la apretaron, provocando otra corriente de placer en su columna, que siguó con un suspiro, y cuando su boca continuó bajando hasta llegar a su sexo para estimularla con la lengua, Bulma dejó caer el cigarro sin darse cuenta. Vegeta sintió las piernas de la mecánica temblar, lo que lo impulsó a entrar más y separar y juntar sus glúteos con las manos, al mismo tiempo que la saboreaba.
Recién en ese momento levantó la vista para mirarla, sin dejar de estimularla, ahora con ayuda de una mano. La vista desde abajo era privilegiada, y aunque ella intentó seguir mirándolo, no pudo, y terminó enredando los dedos en su cabello negro, disfrutando con los ojos cerrados y el cuerpo cada vez más tenso.
Solo se detuvo hasta después de hacerla acabar, pero permaneció arrodillado, observándola, hasta que ella un poco más respuesta, volvió a mirarlo. Tenía sus mejillas rojas, su pecho subía y bajaba agitado, y sonrió excitada cuando lo vio llevarse a la boca los dedos que habían estado previamente en su interior. No se arrepentía de haber sugerido esta tregua.
Vegeta recogió el cigarro y se lo llevó a la boca antes de levantarse. Volvió a acariciar la boca de Bulma mientras acababa lo poco que quedaba del cigarro ya casi consumido y ella terminaba de disfrutar del orgasmo.
—Está bien —dijo—. Acepto la tregua.
—Engreído —respondió ella, y él solo se limitó a tirar el cigarro.
Vegeta se quitó la única prenda que tenía antes de tomarla en brazos y llevarla a la cama, donde continuaron tocándose entre besos apasionados y mordidas que no tardaron en desordenar el cobertor. Bulma no tardó en tomar dominio de la situación, y se sentó sobre él, sintiendo su miembro duro. Apoyó las manos en su pecho y se meció solo para desesperarlo, lo notaba en su rostro. No quiso hacerlo esperar más, ella tampoco quería, así que tomó su miembro grueso para introducirlo. Los dos gimieron con fuerza ante la unión de sus cuerpos.
Vegeta la tomó de las caderas, pero ella debió tomarse un momento para acostumbrarse a él. Era ya un año desde que no tenía sexo, y no tenía idea, pero él llevaba más tiempo sin una mujer. Finalmente comenzó a moverse con calma, el dolor y el placer eran tan similares que terminaban confundiéndose, y no pudo evitar soltar un quejido más fuerte cuando él levantó las caderas para que lo sintiera más. Le pegó con la palma en el pecho por su acción y él respondió con una sonrisa de lado, pero sirvió para que acelerara el paso.
Ya cuando Bulma se habituó y se dejó llevar, él apoyó las manos en el colchón para sentarse y la tomó de las caderas para acomodarla a esta nueva posición en la que él podía hacer más que observarla. La ayudó a moverse, volvió a su cuello, besó sus pechos, y no la dejó separarse de él, ya no podría escapar, le daría mil razones para permanecer ahí con él. Debieron interrumpir un beso a causa de los quejidos de ella que le advirtieron al guerrero que le quedaba poco para volver a terminar. El problema era que Vegeta llevaba demasiado tiempo sin tener sexo y también sentía que no le quedaba mucho. Estaba siendo demasiado bueno, tal como había pensado que sería estar con ella.
Sin avisar la hizo cambiar de posición y la acostó en la cama de lado. Bulma estuvo a punto de reclamar por lo brusco que fue, pero el guerrero se puso detrás de ella y la penetró, esta vez mucho más fácil al estar ambos sexo lubricados. Mordió su hombro y la estimuló con la mano mientras ella movía las caderas, extasiada.
Cuando ya se sintió capaz de continuar, volvió a moverse con empujes bruscos y profundos en su interior, subió la mano hacia su cuello, dejando el brazo entre sus pechos y la tomó de la mandíbula obligándola a hacerse hacia atrás para volver a reclamar su boca. Luego de otro beso, la soltó para tomar su pierna y levantarla, y aceleró el ritmo cuando sus quejidos aumentaron.
Bulma se arrugó más el cobertor cuando el orgasmo la golpeó con fuerza y el placer recorrió cada rincón de su cuerpo en forma de corriente. Pronto Vegeta la siguió con un jadeo ronco que lo dejó rendido en la cama, abrazándola por la cintura. Ninguno de los dos fue capaz de decir algo o moverse, había sido un día demasiado pesado que culminaba mucho mejor de lo que había comenzado.
Se mantuvieron en silencio, respirando agitados, hasta que poco a poco las respiraciones de ambos se fueron calmando y sin esperarlo se durmieron, completamente exhaustos. Esa noche él no tendría pesadillas y ella no sufriría de insomnio.
Continuará...
Hola a todas y todos, muchas gracias por llegar hasta aquí. Ya es cerca de medianoche y acabo de terminar el capítulo. Lo escribí en tiempo record, ya que recién comencé a trabajar en él este lunes.
(todavía tengo que leerlo todo antes de actualizar, así que seré breve con la nota de autor)
Pensaba saltarme la nota de autor por lo tarde que es y porque estoy cansada, pero considerando el capítulo…
Vegeta y Bulma: Y bueno, finalmente después de tantos capítulos, finalmente sucedió lo más esperado por el fandom jajaja. No fue fácil, tuvo que pasar mucho entre ellos para que pasara, pero creo que la espera lo valió. Bulma se dio cuenta que no era sano continuar así, y por eso decidió hacer esta tregua con el hombre que le atraía hace mucho. Y ni hablar lo mucho que se gustaron en este capítulo cuando combatieron juntos. (Adoro hacer a Bulma Sarah Connor! y era obvio que Vegeta se sentiría atraído de la Bulma guerrera)
La canción de esta ocasión, es para Vegeta y Bulma. Es un tremendo tema, precioso, y me gustó que fuese él interesado en ella, considerando que en esta historia fue Vegeta el primero en tomar la iniciativa. (Ya que no puedo compartir por aquí enlaces, les aviso que dejaré el link con la carpeta con todas las canciones que he compartido hasta ahora)
Raditz y Ginn: Lo pasaron muy mal. Lo que al principio era un simple juego para salir de la rutina terminó pésimo al encontrarse con Dodoria y sus hombres, y además el muy maldito después de dañar de gravedad a Raditz, se llevó la esfera y mató a los pobres nameku.
Broly: Pese a que todo indicaba que tendría una terrible recaída, logró superarlo solo. El estar viajando y trabajando le ha hecho muy bien, le ha servido para darse cuenta de lo que es capaz y que puede controlar su problema solo, sin ayuda de nadie, como le había dicho Tarble tantas veces y no quería creer.
Tarble: Por fin está haciendo más para ganarse la confianza del rey, aunque la lejanía de sus seres queridos lo ha hecho darse cuenta que es más saiyajin de lo que pensaba al no ser capaz de sentir lo mismo que las personas de palacio. Está consciente que será padre, pero en su interior está vacío.
Kyle: Ya está grande, y hay cosas que no le cuadran para nada. Sin saberlo le dio la oportunidad a Bardock para que fuera honesto con ella y el hombre no pudo. La pobre está en una edad complicada y enamorada de su medio hermano.
Este capítulo es muy importante por diferentes cosas, obviamente por lo que ocurrió entre Vegeta y Bulma, pero también con la aparición de los hombres de Freezer.
AH! Les aviso que se fijen en la nota que puse antes de comenzar el capítulo. Pronto habrá una historia que no irá a la par con la del resto en cuanto a tiempo (ninguna va muy pareja) pero esta será demasiado. Igual les avisaré. Decidió hacerlo desde ahora para que estuvieran atentos.
Y bien, las dejo. (Escribí la nota de autor antes de revisar el capítulo, así que ahora tengo que leer) Espero que les haya gustado, personalmente disfruté mucho escribirlo. Espero su rws que me encantan, me hacen feliz y para saber qué les pareció este capítulo tan esperado.
Que estén muy bien.
Dev.
14/01/20.
