El Legado II


Segunda Parte


XXVII

Seducción

parte 2


Se nos va acabando el trago sin saber qué es lo que hago

Si contengo mis instintos o jamás te dejo ir

Y es que no sabes lo que tú me haces sentir

Si tú pudieras un minuto estar en mí

Tal vez te fundirías a esta hoguera de mi sangre

Y vivirías aquí, y yo abrazado a ti

(Por Debajo De La Mesa / Luis Miguel)


Semanas atrás


Gohan recorrió el lugar encantado, levitando para quedar a la altura de Kyle y poder ver todo además de las piernas de las personas. Jamás había dejado Vegetasei, por lo que todo esto era nuevo y maravilloso. Era como el mercado de su planeta, pero mil veces más grande, con más razas y negocios de todo tipo, y pese a que era de noche, nadie parecía tener intenciones de retirarse a sus casas y cerrar los negocios.

Te gusta, ¿verdad? —preguntó Kyle sonriendo. Pese a que no estaba en sus planes, le agradaba no estar sola en este momento, de esa manera se distraía, aunque fuera con un niño.

¿Podemos ir a comer? —preguntó entusiasmado mirando hacia todos lados, pero al mismo tiempo preocupado de no perderle el rastro a Kyle. Debido al golpe que se dio en la nave, aún tenía un corte y algo hinchado, pero gracias a su cabello no se notaba.

Claro —dijo la joven despreocupada—. Escoge un lugar y vamos.

El niño sonrió emocionado, había tanto para escoger.


¿Por qué escapaste del planeta, Kyle? —preguntó Gohan una vez que ambos tuvieron sus platos calientes servidos al interior del local de comida.

¿Qué me dirías si te digo que soy hermana de tu papá?

¿Hermana de mi papá? ¿Cómo? —preguntó curioso, intentando imaginar y entender la situación.

Mi madre, la reina traidora y tu abuelo fueron amantes —dijo con el mentón apoyado en la mano y con el codo en la mesa. No tenía ganas de comer, en cambio Gohan comía como si no lo hubiera hecho en semanas.

Eso quiere decir que no eres hija del rey —mencionó luego de tragar toda la comida en su boca. Su madre siempre le decía que era de muy mala educación hablar con la boca llena.

Así es.

¿Pero por qué huiste?

Kyle hizo una pausa antes de responder. No estaba segura de hablar más, ¡pero qué demonios! No tenía a nadie más para hacerlo.

Porque tengo miedo que el rey me lastime por no ser su hija, y no soporté estar un minuto más en ese lugar... El ser solo la hija bastarda de la traidora y uno de sus soldados hace que ya no valga nada para mi padre.

Es tu papá —dijo el pequeño en tu inocencia—. Siempre te va a querer, eso es lo que hacen los papás.

Mi papá mató a mi mamá cuando traicionó el imperio, ¿por qué no va a ser diferente conmigo?

Tú no hiciste nada malo, tal vez si le explicas…

No, no puedo decirle, si lo hago, Bardock y ustedes correrían peligro. Pero ya no puedo mirarlo como antes, me da miedo, y eso me duele mucho —dijo con los ojos llorosos, pero se contuvo y se obligó a comer.

¿Entonces ahora eres de mi familia? —preguntó Gohan sonriendo.

Así es —dijo, y se enojó consigo misma al recordar que había besado en la boca a su hermano. Qué vergüenza, se sentía tan tonta y humillada.

Puedes vivir con nosotros, le preguntaré a mi mamá, a ella le gustas, porque me deja pasar tiempo contigo.

Bueno, supongo que ahora no le voy a gustar tanto cuando sepa que te saqué del planeta. —Y sin mencionar que había besado a su pareja.

Le diré que fue mi culpa.

Gracias por cuidarme, Gohan.

¿Podemos después ir al local que tenía videojuegos? —preguntó emocionado, sin muchas ganas de irse de regreso a su planeta aún, había mucho por ver.

Claro —respondió encogiéndose de hombros, después de todo no tenía intenciones de regresar al planeta.


(...)


Una semana después…

Bulma estaba sentada en el asiento del piloto con las piernas dobladas sobre el asiento. Llevaba un rato en silencio con un cigarro en la boca, concentrada ajustando las piezas del radar que había abierto para revisar, de fondo sonaba música que había puesto en su computador para concentrarse mientras trabajaba. A su lado, Vegeta sentado en el asiento del copiloto, tenía las piernas estiradas y apoyadas sobre el panel de control, también estaba callado, tenía un cigarro en su mano y toda su atención puesta en la pequeña tableta electrónica. Luego de tanto tiempo viajando juntos se habían acostumbrado a la presencia del otro y se hacían compañía incluso sin hablar ni interactuar.

—¿Qué estás escuchando? —preguntó Vegeta poniendo atención a la música que predominaba el sonido de guitarras y baterías además de la melodiosa voz del cantante.

—No sé quién es. La escuchaba mi compañera de proyecto en la universidad. Siempre era la que hacía las traducciones y traía los almuerzos, así que la dejaba poner la música a su gusto. ¿Por qué? —preguntó cuando lo vio fruncir el ceño.

—Deberías aprender un par de idiomas universales, así es más fácil entender otros que se le asemejan.

—Algún día cuando tenga tiempo libre me dedicaré a aprender algún idioma, ahora no… ¿Y qué dice la canción? —preguntó preocupada al ver la cara del hombre.

—¿Dices que comías la comida que ella traía?

—Sí.

—¿Seguro que quieres saber lo que dice? —preguntó sonriendo.

—Maldición, no —dijo, y tomó su computador desde el panel de control para apagar la música—. Ahora entiendo ese interés de quedarse con el gato que conseguí de regalo a mi papá. Ya sabía que era rara, pero no tanto. —Dejó su asiento y se encaminó hacia su cuarto con la intención de bañarse—. Por eso odio todos estos planetas raros con gente rara que se come todo lo que produce sombra. —Se metió a su cuarto, pero a los pocos segundos regresó enseguida a la sala de control en busca de Vegeta, topándose casi frente a frente con él, que había dejado su asiento con intenciones de seguirla a la ducha—. Precisamente venía por ti —dijo sonriendo—. Tengo que quitarme esa imagen fea de la cabeza.

—Veré qué puedo hacer —dijo, y la levantó de la cintura, rumbo a la ducha. Bulma lo abrazó y no tardó en atacar su boca.


Luego de una larga ducha terminaron en la cama, desnudos y mojados. La joven se había apoyado en su pecho y pasaba la mano por el abdomen del guerrero, buscando las cicatrices, intentando seguir su camino y encontrar la siguiente, algunas eran superficiales, mientras que otras profundas y serias. Mientras tanto Vegeta, pasaba de manera distraída una mano por su cabello celeste y tenía un cigarro en la boca que compartían.

—Si este Freezer era tan peligroso —comenzó Bulma sin dejar de tocar las cicatrices—. ¿Por qué nadie más ha intentado hacer algo contra él?

—Lo han hecho, pero nada resulta —respondió Vegeta igual de relajado que la joven.

—¿Nadie quiso ayudarte?

—Hubo gente, pero lo rechacé. —No pudo evitar pensar en Jaz y la gente que dejó atrás, tal como acostumbraba hacerlo—. No estoy acostumbrado a trabajar en equipo.

—Te entiendo, solo te retrasan y al final estorban. Por eso odié tanto la época de universidad. Nos obligaban a trabajar en grupos, cuando yo sola podía hacerlo mucho más rápido y mejor… Pero no salió muy bien tu trabajo en solitario —susurró y pasó la mano por las cicatrices del cuello que estaban mucho menos marcadas en comparación a como recordaba cuando Vegeta recién llegó a Vegetasei.

—Escapé, así que tengo otra oportunidad para volver a arruinarlo…

—¿Dolió mucho? —preguntó ahora pasando la mano por la cicatriz del hombro, donde aún podía notarse, si se miraba con atención, la marca de dientes.

—Todo duele más si no tienes la suficiente energía para resistirlo.

—¿Controlaron tu energía con esos collares drenadores? —preguntó, y se levantó para mirarlo a la cara. Sabía de la existencia de esos collares y pulseras, pero jamás había visto uno trabajar de cerca.

—No me digas que tienes unos de esos escondidos en tu estuche. No me extrañaría que salieras con uno de esos en cualquier momento.

—Bueno, así cuando la ocasión lo amerite, podría reducirte —respondió acariciando sus labios.

—Te creo —respondió arqueando las cejas, a lo que ella sonrió.

No pasó mucho rato y ya estaban besándose y tocándose. Ya que eran el remedio del otro para sus problemas de pesadillas e insomnio continuaron abusando del otro aunque eso significara compartir un momento tan íntimo y vulnerable como el dormir juntos. De lo único que estaban conscientes era que habían encontrado una forma de descansar, y con eso estaban bien, lo otro que estaba ocurriendo de manera casi imperceptible era un efecto colateral.

Vegeta no sabía si se debía al largo tiempo sin contacto con otra mujer, pero eran los mejores besos que le habían dado, eran las mejores caricias, el mejor sexo. Nunca había deseado tanto estar con alguien y si sucedía, algo pasaba que el tiempo se encargaba de distraerlo con algo más hasta que su interés disminuía y todo terminaba, en cambio ahora, a medida que pasaban los días y las semanas, parecía no ser suficiente, y no solo para él.

Cuánto le gustaban a Bulma los labios del saiyajin y lo que hacía con ellos. Pensaba que a esta altura estaría aburrida de él, o al menos satisfecha, pues jamás había tenido tanto sexo, ya que sus otras parejas tenían deberes que cumplir al igual que ella y no siempre se veían a diario, pero con Vegeta estaba encerrada en una nave, obligados a convivir día y noche al punto que su rabo ya no le molestaba e incluso lo habían incluido a las sesiones de sexo. No pudo evitar preguntarse cómo sería en un contexto diferente, más real a lo que estaban viviendo, pero eso sería difícil de saber, pues lo más seguro es que jamás tuvieran esa oportunidad, al menos era eso lo que pensaba y esperaba Bulma, que tenía que recordarse de vez en cuanto que esto se trataba de una tregua mientras buscaban las esferas para cumplir su deseo.


Siete años atrás


En cuanto Vegeta despertó, se levantó en silencio y se vistió con cuidado para que la mujer que dormía en la cama no despertara. No recordaba su nombre ni cómo habían terminado ahí, pero sí sabía muy bien que llevaba algunos días en este nuevo planeta, y luego de quedarse sin dinero buscó un lugar para pasar la noche, por lo tanto, por ese motivo debió haber conocido a la joven de cabello rubio que continuaba durmiendo y al parecer no tenía intenciones de despertar.

Bebió un poco de agua y antes de poder buscar algo para comer, debió salir por la ventana del departamento cuando escuchó ruidos desde fuera de la habitación. No solía usar sus poderes a no ser que fuese estrictamente necesario, y esta era una de esas ocasiones, pues no tenía intención de hablar con nadie, por lo que levitó hasta llegar al nivel de la calle y desde ahí se mezcló con la gente que ni cuenta se dio de su llegada.

Buscó en los bolsillos de su chaqueta de cuero negra por el último cigarro, su última posesión mientras caminaba entre el gentío que parecía no acabar. Su otra pertenencia era la nave con la que viajaba de planeta en planeta y que se preocupaba de esconder muy bien antes de comenzar a recorrer el lugar en busca de "alguna aventura". Pese a llevar una semana jamás había visto la luz del sol, por lo que este planeta debía ser completamente artificial, así que solo debería conformarse con los cientos de anuncios de neón que colmaban el lugar promocionando una infinita variedad de productos.

Antes de acabar en este planeta, había pasado seis meses en el anterior, posiblemente el mayor tiempo de estadía en un lugar desde que abandonó Vegetasei, y antes de eso había estado vagando en otra estrella, y antes de esa, en otra y otra y otra. Conociendo gente diferente, en algunas oportunidades alguna mujer que le llamara la atención, viviendo otra historia, con otro nombre y otra vida, pero siempre con el mismo objetivo: acercarse al menos un poco en lo que hacía su madre. Todas estas experiencias le sirvieron para aprender, conocer y entender lo que la mayoría de los saiyajin repudiaba: los sentimientos, pero pese a que llegó a comprenderlos e identificar los propios, nunca dejó de poner una barrera a aquellos que intentaban acercarse y todo siempre terminaba igual: se marchaba más lejos, donde nadie lo conociera ni supiera lo que era un saiyajin.

Cuando por fin se pudo alejar de las calles pobladas y tuvo un poco de paz, se sentó a terminar el cigarro y pensar qué era lo que seguía. Era curioso, pero parecía que a veces los problemas lo seguían, pues no era difícil encontrar algún tirano que exterminar, y en ocasiones no tenía que hacer mucho y aparecían ante él.

Con el cigarro en la boca, metió la mano al bolsillo interior de la chaqueta y hurgó hasta sacar el recorte de periódico antiguo. Ya no se encontraba en buen estado, su color se había marchitado e irónicamente, a causa de los dobleces, se había cortado en dos, dejando en un lado a Koora y Tarble, y en el otro solo él. Sabía que eventualmente el papel terminaría completamente desintegrado, pero hasta entonces se detendría a mirarlo sin cuestionarse nada.

Eso es realmente hermoso —dijo una voz suave tras él. Vegeta se puso de pie y volteó a gran velocidad, pero no encontró a nadie.

Antes de entender qué estaba pasando, se dio cuenta que la hoja de periódico ya no estaba en sus manos, había desaparecido. Revisó el suelo, se dio la vuelta, pero no había nada.

¿Sabes? Usualmente aparezco con otro cuerpo, como una persona en aprietos y dependiendo de la reacción del implicado, tomo mi decisión, pero esto superó cualquier prueba.

Vegeta miró hacia adelante. No había mucha luz, por lo que no pudo identificar a la persona que tenía al frente, y su tono de voz era andrógino como para saber si era hombre o mujer, pero si notó que tenía su recorte y lo observaba con atención, lo que lo hizo ponerse de mal humor.

Entrégamelo —dijo enojado, pero a la vez intentando explicarse cómo no no había podido ver al sujeto cuando le quitó el papel.

Puedo ver que a pesar de todo tienes corazón, saiyajin. Creo que no me he equivocado conmigo.

Vegeta ignoró sus palabras y se acercó a paso decidido para arrebatarle el papel y de paso darle una buena paliza por haberse atrevido a tocar sus cosas, pero solo pudo dar dos pasos y quedó completamente paralizado, de pies a cabeza.

¿Qué me hiciste? —preguntó Vegeta con dificultad. Ni siquiera podía elevar la voz para demostrar lo irritado que estaba.

Cuando la persona se le acercó, pudo verla a la luz de un letrero y notó que se trataba de una mujer baja de piel rosa pálido y cabello largo blanco, rapado a los lados con estilo mohicano. Llevaba ropas que delataban que no pertenecía a este planeta.

No te preocupes, seré breve. —Dobló con cuidado el recorte y lo guardó en el mismo bolsillo que Vegeta lo tenía, sin que este pudiera hacer nada para evitar que lo tocara—. Llevo un tiempo observándote, y pese a que todos me dicen que es una pésima idea, quiero llevarte a mi planeta.

¿De qué demonios estás hablando? —preguntó, luchando por liberarse de sea lo que sea que le había hecho, pero solo consiguió mover el brazo derecho un par de centímetros.

Vaya, eres bueno —dijo la mujer observándolo. Caminó alrededor de Vegeta sin parar mientras hablaba—. Todo esto es muy poco ortodoxo. No tendrías derecho a pisar mi hogar aunque volvieras a nacer, pero cuando se me mete algo en la cabeza no puedo liberarme de esa idea hasta que la llevo a cabo. A veces da buenos frutos, pero en otras ocasiones todo termina en un completo desastre. Verás, una vez creí que era buena idea adoptar unos demonios parásitos del infierno, todos me decían que no lo hiciera, pero eran tan adorables con sus ochos grandes ojos, y...

¡Qué demonios quieres de mí! —gritó Vegeta, ahora moviendo mejor los labios—. ¿Y quién eres?

No, no puedo decirte quien soy. Tendrías que venir conmigo y aceptar mi propuesta para saber algo de mí.

¿Por qué tanto misterio? —dijo y logró mover un poco la pierna sin que la mujer lo notara. Cada vez sentía menos presión en el cuerpo.

Para que la curiosidad sea grande y aceptes venir conmigo. ¿Resultó? —preguntó sonriendo, mirándolo de frente, directo a sus ojos.

Sin aviso, Vegeta logró soltarse de lo que lo había paralizado y atacó a la mujer con golpes de puño, pero no fue capaz de acertar un solo ataque, ni siquiera pudo rozarla, y lo peor de todo es que no se veía para nada agitada esquivando sus golpes.

¿Aceptas venir conmigo? —preguntó sin que le faltara el aire y esquivando sin problema, saltando con gracia y agilidad, como si estuviera ante un niño débil y no un guerrero saiyajin experimentado—. Si aceptas mi propuesta y vienes conmigo podré decirte más.

Vegeta detuvo el ataque, asombrado de que la mujer no se hubiera despeinado. Lucía totalmente calmada y sonriente.

Qué demonios… —susurró confundido. No esperaba que su día comenzara así.

¿Es lo más raro que te ha pasado en mucho tiempo, verdad?

Eres lo más raro que me ha pasado en la vida —respondió.

Y te prometo que se pondrá más si vienes conmigo.

¿Cuál es tu propuesta?

Venir conmigo.

¿No voy a tener más información que esa?

Todo a su tiempo. Vamos, di que sí, no creo que tuvieras mucho que hacer, no has comido nada decente en días y viajar tanto en esa nave tan pequeña debe ser agotador.

Vegeta gruñó antes de responder.

Está bien, iré contigo. —Frunció más el ceño al verla aplaudir contenta. No tenía idea en qué se estaba metiendo, pero la curiosidad era más grande.

¿Debería haber empezado ofreciendo comida? Según tengo entendido a los saiyajin les gusta la comida —dijo pensativa. Abrió su mano delante de Vegeta, haciendo que apareciera un portal rodeado de humo blanco.

¿Qué es eso? —preguntó Vegeta desconfiado.

Atravesando esto llegaremos a mi casa, y no te preocupes por tu nave, la escondiste muy bien, nadie la encontrará. —No esperó a Vegeta y atravesó el círculo de humo, desapareciendo enseguida.

El guerrero decidió no pensar más y se metió al círculo, después de todo no tenía nada que hacer y moría por algo de comida y sobretodo respuestas.


Trantor


En cuanto bajaron de la nave, Bulma quedó maravillada con los hermosos jardines del lugar. No pudo evitar recordar el palacio de Troy, que si bien era mucho más moderno y no estaba construido en la piedra de la montaña, sí gozaba de hermosos parajes, igual de repleto de vida, con aves, mariposas y otros insectos coloridos revoloteando alrededor de las flores. Todo el lugar era como un cuento de princesas, valientes caballeros y dragones. Invitaba a quedarse y disfrutar el mayor tiempo posible después de tanto tiempo viajando.

De acuerdo al protocolo, al menos, debería haber una pequeña comitiva para recibir a un príncipe saiyajin junto con su acompañante, pero Tarble se encargó de que eso no pasara para tener privacidad y no perder el tiempo con las etiquetas. Lo que sí debió hacer fue avisar de la llegada de la nave para que los dejaran entrar al planeta y aterrizar en las cercanías de palacio, donde solo unos pocos podían hacerlo.

—Tarble —exclamó Bulma feliz cuando por fin tuvo a su amigo cara a cara, y no dudó en abrazarlo cuando ya estuvo a su lado.

Vegeta le hizo un saludo con la cabeza a su hermano que continuaba abrazando a Bulma y el joven le respondió con una sonrisa.

—Pensé que jamás vendrías a verme a Trantor —dijo Tarble luego que se soltaron—. Y mucho menos con tan inesperada compañía.

—Teníamos otros planes —respondió Bulma—. Pero nos salió un imprevisto, y aquí estamos.

—Vamos al interior, deben de estar agotados de viajar tanto tiempo en una nave de ese tamaño.

—La verdad es que sí. Lo peor son los trayectos largos, pero nos las arreglamos para matar el tiempo —respondió la joven mirando a Vegeta, y tomó del brazo a Tarble mientras caminaban por el jardín rumbo a palacio.

Vegeta caminó detrás de ellos contemplando el lugar, y también a la pareja que conversaba muy a gusto tomados del brazo. No era sorpresa, pues eran amigos hace mucho y durante el tiempo que estuvo en palacio compartiendo con ellos, era normal verlos cercanos y tocándose, lo que no significó que se sintiera raro al respecto. No estaba acostumbrado a experimentar ese tipo de emociones, primero con la llamada de Bardock y ahora esto. No le agradaba en lo absoluto sentirse así y no sabía qué hacer para detenerlo.


Una vez en la biblioteca, luego de comer y beber cosas de mucha mejor calidad de las que se estaban habituando en la nave, Bulma se encargó de contar la historia de las esferas y lo que habían hecho para encontrarlas. Y tal como en los viejos tiempos, ella se había sentado al lado de Tarble en un amplio sofá, mientras que Vegeta se mantuvo en un asiento individual, bebiendo de la cerveza helada que habían traído especialmente para él.

—Y eso es más que nada —dijo Bulma luego de tomar un poco más del exquisito jugo de frutas natural. No tenía idea qué fruta podía ser, pero era lo más delicioso que había probado en mucho tiempo—. Ahora la siguiente esfera está en territorio de este imperio, y creemos que el planeta está custodiado.

—Necesitamos llegar sin llamar la atención —dijo Vegeta que había estado en silencio hasta ahora.

—Entiendo —respondió Tarble, también con un vaso de jugo en su mano. Pese a que ya llevaba unos meses en el planeta, continuaba vistiendo su ropa de saiyajin—. Veré qué puedo hacer. Es increíble que algo tan poderoso se haya mantenido oculto tan bien.

—Y debe seguir así —comentó Vegeta.

—Sé guardar un secreto, Vegeta —respondió su hermano—. Si algo así llegara a manos equivocadas sería desastroso. Por cierto, ¿cuál es el deseo que quieres pedir?

—Eso no importa —dijo más serio que antes. No estaba acostumbrado a hablar de su pasado tan abiertamente, pero todo este asunto de las esferas lo obligaba a soltar trozos de información.

—¿No importa? ¿Cómo sé que no estoy contribuyendo a un posible desastre? —preguntó mirando a Vegeta a los ojos.

—No lo es —intervino Bulma antes que existiera la posibilidad que la conversación cambiara del tono amable que llevaba hasta ahora—. Puedes confiar en mí.

—Está bien, pero antes que se vayan tienen que mostrarme las esferas. No creo volver a tener la oportunidad de observar algo así en mi vida.

—Claro —respondió la joven, relajada y cómoda de estar en un lugar tan hermoso y con clima agradable. Miró a Vegeta que continuaba en silencio y le cerró un ojo.

La conversación continuó por un rato hasta que escucharon pasos acercándose a paso rápido, lo que los hizo guardar silencio.

—Solo vengo por mis cosas, tengo una reunión y no quiero llegar atrasada —dijo Dahlia a Tarble, pero se calló al ver que no se encontraba solo—. Ya llegaron —comentó sonriendo.

—Te presento a mi hermano, Vegeta y a mi amiga Bulma —dijo Tarble sin moverse de su asiento.

Tanto Bulma como Vegeta se pusieron de pie para saludar, y cuando la joven princesa estuvo más cerca, Bulma no pudo evitar notar algo que la dejó asombrada.

—Estás embarazada —comentó Bulma sin darse cuenta, alternando la mirada entre la joven y Tarble. Dahlia era tan delgada que se notaba el bulto por sobre el vestido ajustado que llevaba en ese momento.

—Sí —respondió evidentemente feliz—. ¿No lo sabías?

—Sí, claro que sí —se apresuró Bulma en mentir—. Es solo que no pensé que se iba a notar aún, me tomó por sorpresa. —Bebió un sorbo largo de su jugo y desvió su mirada a Tarble que no cambió su semblante.

—¿Han sabido algo de Kyle? —preguntó Dahlia ahora seria debido al tema.

—¿De Kyle? —dijo Bulma y nuevamente miró a Tarble—. ¿Pasó algo con ella?

—¿Qué le pasó a Kyle? —preguntó Vegeta preocupado.

—Lleva desaparecida un tiempo ya —respondió la joven un tanto incómoda por la situación. Ya que veía a Tarble con su scouter hablando gran parte del día, pensó que sus cercanos ya estarían al tanto de todo—. Lo siento, no pretendía que se enteraran de esa forma.

—Sí, dejó Vegetasei y está desaparecida —respondió Tarble con la mandíbula un tanto tensa, mirando su vaso—. Luego les contaré en detalle.

Vegeta y Bulma se miraron. Había algo extraño en la reacción de Tarble, era imposible que estuviese así de tranquilo ante aquella noticia tan preocupante, considerando la relación que tiene con su hermana, pero ninguno preguntó ni agregó nada a lo sucedido con Kyle, puesto que ya era obvio que Tarble no era para nada comunicativo.

—Llevamos mucho tiempo viajando —dijo Bulma excusándose—. No nos hemos podido comunicar tanto como queremos por la interferencia.

—Sí, eso suele pasar —comentó intentando ocultar su incomodidad, pero volvió a sonreír antes de hablar—. Si me disculpan, ya estoy atrasada para la reunión. ¿Van quedarse a la celebración?

—¿Celebración? —preguntó Bulma.

—Sí, es en honor a mi hermano y Tarble por los buenos resultados de su trabajo.

La mirada de Bulma y Vegeta nuevamente los delató por no tener idea de lo que hablaba.

—Claro, ahí estaremos, no me lo perdería por nada del mundo —respondió Bulma sonriendo—. Gracias por la invitación.

Luego de un intercambio amable de palabras entre las mujeres, la princesa tomó su carpeta que se encontraba sobre la mesa y se retiró.

—Bueno, creo que tienes mucho que contarnos —dijo Bulma luego de sentarse.

—No era necesario que mintieras por mí —respondió Tarble.

—¿Qué fue lo que pasó con Kyle? —Vegeta se adelantó antes de que se pusieran a hablar de otros temas.

—Se enteró de la peor forma posible que Bardock es su verdadero padre —respondió, evidentemente molesto por tener que hablar del tema.

—¡¿Bardock es qué?! —exclamó Bulma asombrada. Por la nula reacción de Vegeta supo enseguida que él ya estaba al tanto de todo.

—Sí —siguió Tarble—. Y no se le ocurrió nada mejor que hacer lo mismo que Vegeta. Dejó el planeta sin avisar.

Vegeta sintió la mirada de su hermano, aún dolido por eso.

—¿Y saben dónde está? —preguntó Bulma—. Porque según Dahlia no lo saben, pero te veo demasiado tranquilo.

—Se comunicó conmigo —respondió con el ceño fruncido, igual que un padre preocupado y enojado por el comportamiento de su hija adolescente y rebelde—. Según ella está bien, pero no quiso decirme dónde está… Pero está bien —repitió para sí mismo para intentar calmarse.

—Bueno, al menos te habló y no desapareció por diez años —comentó Bulma sonriendo, sin dejar de mirar a Vegeta que le frunció el ceño, al igual que Tarble.

—Al menos —dijo Tarble. Dejó el vaso sobre la mesa de centro y se puso de pie—. La fiesta es esta noche, así que les mostraré sus cuartos para que descansen, aún tengo trabajo que hacer, pero los veré en la noche.

—¿Qué fue lo que hiciste con el hijo del rey?

—Trabajos para el imperio que salieron mejor de lo que pensé.

—No pierdes el tiempo —comentó Vegeta.

—Algo tengo que hacer, no me gusta quedarme quieto.

—Muy bien —dijo Bulma también de pie—. Muéstrame mi habitación, y también necesitaré ropa, zapatos y maquillaje, no tengo nada de eso en la nave, no pensé que terminaría en una fiesta en palacio. —Lucía muy entusiasmada por el evento.

Los tres abandonaron la biblioteca, y nuevamente Vegeta caminó detrás de la pareja que iba tomada del brazo y conversando.


(...)


—¡Qué maravilla de cama! —exclamó Bulma luego de lanzarse al centro del gran colchón en su hermosa habitación digna de una princesa. Tarble se sentó en la orilla y la miró—. No me había dado cuenta que necesitaba tanto una cama grande.

—Luego ordenaré que te traigan lo necesario para la cena, no sé nada de maquillaje y vestidos, así que pondré a alguien a tu disposición.

—A Vegeta también. No iré a una cena tan elegante sin acompañante, pero haz que me venga a ver a mí, no creo que tu hermano sepa algo de moda.

—Está bien —dijo sonriendo. Realmente había extrañado a su amiga. Necesitaba un poco de su energía—. ¿Y desde cuando que están juntos?

—¿Tan obvio es? —preguntó la joven.

—No, pero me lo acabas de confirmar.

—Se me había olvidado lo zorro que eres. —Se sentó y puso un cojín sobre sus piernas.

—Bueno, era predecible que pasaría algo entre ustedes. Vegeta ya se había mostrado interesado en ti en Vegetasei, y tú…

—¿Yo qué? —preguntó levantando una ceja.

—Te gustan los hombres atractivos e interesantes, e imagino que mi hermano cumple ambos requisitos.

—Sí, entre otras cosas que tiene... ¿Y tú estás bien? Te ves algo cansado —dijo observando sus marcadas ojeras, pero continuaba pulcro y ordenado como siempre.

—No es nada, he tenido mucho trabajo, y sumado a lo que pasó con Kyle… —murmuró haciendo una mueca.

—Son muchas las cosas que han pasado y no me habías contado nada. Tarble, vas a ser padre —dijo intentando no sonar tan impresionada, pues Tarble lucía demasiado serio.

—Ya tendremos tiempo para hablar —respondió el príncipe. Se puso de pie y se dirigió a la puerta—. Iré a hablar con mis hombres para que busquen la información que necesitas sobre ese planeta.

—Me alegra verte, y claro que vamos a hablar, necesitamos ponernos al día.

—También me alegra verte, Bulma. —Dejó la habitación. Pese a que había regresado hace solo un par de días, aún tenía trabajo que hacer, además de intentar comunicarse con Kyle como lo hacía cada día para que le dijera dónde diablos estaba metida.

No pasó mucho rato hasta que llegó una pareja al cuarto de Bulma para asistirle con lo que necesitaría para la noche. Estuvo un rato conversando y dando órdenes, era una completa entendida en el tema, acostumbrada a escoger la ropa de Troy para los eventos importantes, así que no fue difícil escoger entre las opciones que le dieron y por supuesto pedir otras cosas. Luego de eso no pasó mucho para que se marchara al cuarto que le habían asignado a Vegeta.


(...)


—¿Tú no tienes tu cuarto? —preguntó Vegeta luego de abrazar a Bulma por atrás. La joven estaba en el balcón de la habitación de Vegeta, contemplando la bella vista del lugar. Había pasado tanto tiempo en Vegetasei y al interior de la nave que apreciaba un lugar lleno de naturaleza.

—Me acostumbré a estar encerrada contigo —respondió y sonrió cuando sintió los labios del hombre en su cuello.

—Pensé que estarías pegada a Tarble. Supongo que te dejó para hacer cosas importantes de príncipe gruñón y por eso estás aquí.

—¿Celoso? —preguntó sonriendo.

—Por supuesto que no —respondió sonriendo de lado, preocupado de besar su cuello y acariciar su cintura y caderas. Era agradable respirar el aire fresco del lugar, y mucho más respirarla a ella.

—Ya escogí tu ropa para la fiesta de esta noche, te vas a ver guapo.

—No sé nada de fiestas.

—Eres un príncipe, deberías saber.

—Las fiestas en Vegetasei eran diferentes a las de ahora. No era considerada una buena fiesta si no morían al menos un par de guerreros.

—Tranquilo, yo te diré qué hacer.

—No he dicho que vaya a asistir.

—Tienes que ir, no puedo ir sola a una fiesta así de elegante, además es una celebración en honor de tu hermano, no les vendría mal compartir un poco y dejar de ser tan secos entre ustedes.

—Está bien —dijo poniendo los ojos en blancos—. Iré a esa estúpida fiesta, al menos habrá comida.

—¿Y qué harás respecto a Tarble?

—Si comparas como era con él antes de dejar Vegetasei, te darías cuenta que soy adorable. —Volvió a besar su cuello y acariciarla para que no continuara hablando sobre fiestas ni hermanos.

Bulma cerró los ojos y suspiró cuando las manos de Vegeta continuaron recorriendo su cuerpo hasta meterse dentro de su ropa para tocar su piel, mientras su boca seguía en su cuello. Pronto una de las manos subió para desabotonar la camisa blanca y liberar su escote para acariciar la piel de sus pechos.

—¿Notas la diferencia? —preguntó Vegeta en un susurro, luego de introducir la otra mano dentro del pantalón para tocarla por sobre la ropa interior. Frotó su miembro ya duro contra el trasero de Bulma, atento a su respiración más agitada.

—¿La diferencia? —respondió concentrada en las manos del hombre, y con deseos de entrar a la habitación para probar la cama de Vegeta que debía ser igual de cómoda que la que le había tocado.

—Esto es toquetearte, no lo que te hice la otra vez cuando te atrapé hurgando en mi habitación.

—Está bien, admito que es diferente —respondió con una sonrisa más amplia y recargada en el pecho del hombre, demasiado excitada por la forma en que la estaba tocando—. Pero admite que esa vez querías propasarte.

—Eso hablaría muy mal de mí, ¿no? —dijo con voz ronca, contra su oído, provocando que Bulma soltara un gemido.

—Me gustan los chicos malos —respondió Bulma.

—No quiero alardear, pero estas con lo peor de lo peor.

Bulma no aguantó más y se volteó para agarrarse del cuello de Vegeta y besarlo. El hombre le respondió y retrocedió ante la fuerza que ejerció Bulma para entrar a la habitación. La fiesta era en la noche, así que tenían varias horas para hacer lo que quisieran e incluso dormir un rato.


(...)


La celebración había comenzado hace un rato y luego de algunos discursos ya habían comenzado a traer la comida a las más de cien personas del salón repartidas en varias mesas redondas. Bulma llamaba la atención con un hermoso vestido ajustado que daba la ilusión de transparencia, con flores bordadas que podría jurar que eran reales. Había peinado su cabello con una cola de lado, haciendo que el pelo ondulado cayera sobre su hombro desnudo. Solo había ocupado un poco de maquillaje, pues sus bellos ojos se encargaban de todo. Al ser más curvilínea que la mayoría de las mujeres del lugar, más el color de su cabello y sumado a que acompañaba a un príncipe saiyajin con desconocido pasado, bastó para robarse las miradas de la mayoría de hombres y mujeres, que tampoco disimularon ni un poco a la hora de observar a Vegeta que había quedado más guapo de lo normal al usar los característicos trajes de dos piezas de los hombres de Trantor. Para esta ocasión Tarble también vestía de manera similar, solo que él llevaba un traje azul oscuro, mientras que Vegeta, un elegante traje negro con finos bordados. Los hermanos saiyajin también se robaban las miradas.

—¿Qué pasa? —preguntó Bulma a Vegeta que estaba sentado a su derecha, y que cuando la vio por primera vez con ese atuendo y peinado debió hacer una mueca disimulada para quitar la cara de tonto que sintió había puesto por la impresión. Bulma definitivamente tenía motivos de sobra para ser tan altanera.

—Son demasiados cubiertos —respondió en voz baja, pues al lado izquierdo de Bulma estaba su hermano con su mujer y la hermana menor de ésta y no quería que escucharan. Otras personas se encontraban en la mesa, pero además de mirarlos como si fueran una atracción exótica debido a sus colores diferentes y rabos, no habían intentado conversarles—. No tiene sentido, es estúpido.

—No es difícil —dijo Tarble que sí había escuchado el reclamo de su hermano. Se acercó un poco a Bulma para hablarle a Vegeta sin levantar la voz, aunque todo el mundo conversaba y además había música en vivo—. De hecho es más simple de lo que parece.

—No me digas —respondió Vegeta incómodo.

—Eres príncipe, deberías saber estas cosas —dijo Bulma de buen humor.

—En las lecciones para ser príncipe me enseñaron a matar y torturar sin que se muera en interrogado antes de responder, creo que falté a las lecciones de etiqueta.

—Tú sí que sabes sacar buenos temas de conversación durante una cita —dijo Bulma.

—¿Una cita? —preguntó el hombre con los ojos bien abiertos, justo cuando trajeron el primer plato, el cual se veía delicioso.

—Solo tienes que usar los cubiertos más cercanos al plato. De adentro hacia afuera —dijo la joven, sonriendo ante la sorpresa en los ojos del hombre por la palabra cita.

—¿Y cómo sabes estas cosas? —No solo se trataba de los cubiertos, Bulma también se había encargado de escogerle la ropa, los zapatos y de arreglarlo luego de que estuvo vestido.

—¿Qué? ¿Acaso crees que fui concebida, nacida y criada en un taller mecánico? —dijo ofendida, lo que provocó la risa contenida de Tarble.

—Qué buena primera cita —susurró Tarble a Bulma.

—Fíjate que he tenido peores —respondió la joven—. Tu hermano se salva porque se ve demasiado apuesto con esta ropa.

Vegeta frunció el ceño y se dedicó a comer.


—Quiero bailar —dijo Bulma luego de beber un sorbo de vino naranja. La velada había continuado tranquila y agradable. La comida ya había terminado y la gente que continuaba en la sala conversaba o se había levantado para bailar.

—No bailo —respondió enseguida Vegeta.

—No puedes hacerme esto —protesto—. ¿Qué clase de cita sería si no bailamos?

—¿De qué demonios hablas? ¿Qué cita?

—¿Nunca has tenido una? No me digas que tengo que explicarte en qué consiste.

Vegeta se debatió en responderle o no, y antes de poder decir algo, la joven se dirigió a Tarble.

—Por favor, dile que es una cita.

—Lo siento, pero los saiyajin no practican esas costumbres, no sabría decir qué se hace exactamente en una cita.

—Simplemente tienes que hacerla sentir bien, no importa que nunca hayas tenido una cita —dijo Dahlia que había conversado bastante con Bulma esta noche y le había simpatizado la energía de la mecánica—. Aunque la verdad es que es muy tierno que hombres adultos no sepan en qué consiste.

Vegeta nuevamente sintió las mejillas rojas. Qué incómodo se le hacía todo este asunto de fiestas y citas y con tanta gente metida en un salón gigante. Al menos las celebraciones que vivió en Vegetasei consistían en comer, emborracharse, pelear y coger, todo simple y sin mucha interacción.

—Entonces —dijo Bulma mirando a los ojos a Vegeta—. ¿Vamos a bailar?

—Sé cómo combatir, no sé bailar —respondió decidido. Pensó que ahora vendría una discusión o al menos un rostro enojado, pero todo el ambiente festivo y elegante y el salir de la nave tenían a Bulma con excelente humor.

—Está bien, no hay problema —dijo completamente relajada, y giró para mirar a Tarble que bebía esa bebida alcohólica de sabor fuerte que tanto le gustaba—. Supongo que tú no me vas a hacer un desaire.

—¿Yo? Pero yo, yo no... —Le costó demasiado caro el haber dudado ante Bulma, ya que la joven tomó eso como un sí y lo agarró de la mano obligándolo a levantarse para ir con ella a la pista de baile.

Tarble agradeció que en ese momento los músicos tocaran una melodía tranquila, de lo contrario no tendría idea cómo moverse. Ahora solo tuvo que tomar la mano de Bulma y apoyar la otra en su cintura. Con los tacones que usaba la joven quedó unos centímetros más alta que él.

—¿Haces esto para sacarle celos a Vegeta?

—Extrañaba demasiado una noche así, tengo pensado divertirme, pero si de paso le da un poco de celos... —dijo encogiéndose de hombros—. Eso le pasa por no sacarme a bailar. —Miró de reojo a Vegeta que ahora conversaba con Dahlia, pero no dejaba de mirarla.

—La verdad es que no me lo imagino bailando.

—A ti tampoco, pero te mueves bien.

—Tú me estás llevando —dijo sonriendo.

—Y ahora que podemos conversar, dime cómo va todo. ¿Tenías planeado tener un hijo?

—No pensaba que sería tan pronto, pero era lo que esperaban de nosotros, para eso arreglaron el matrimonio… Necesitaba hacer tiempo con el rey Vegeta, está encima de lo que hago acá, esperando cualquier excusa para quitarme los planetas. Al infeliz no le bastaba con que los maneje mejor que todos sus hombres —dijo molesto.

—Es un sacrificio, aunque uno muy grande —dijo comprendiéndolo, ella sí que sabía lo que era comprometerse por la causa. Había dejado toda su vida atrás e incluso había terminado con quien creía que se casaría con tal de continuar en Vegetasei y lograr su venganza.

—Lo sé, pero siento que no estoy pensando bien las cosas.

—¿Y qué pasa con Broly?

—No le he dicho.

—Y no lo hagas.

—Lo haré cuando nos veamos en persona, no puedo hacerlo por llamada. Aunque él sabía que algo así podía pasar no lo hace más fácil.

—Ese es el problema de enamorarse, te desvía de tus objetivos. ¿Y cómo van las cosas con Dahlia? Ahora que la conozco no puedo odiarla, es demasiado agradable.

—Desde que quedó embarazada está preocupada del bebé y su nuevo puesto en el consejo, y como yo he estado fuera de Trantor casi no hemos hablado, y es lo mejor.

—Se nota que le gustas.

—Ya se le pasará… ¿Cuándo se van?

—Imagino que mañana mismo, hay más gente buscando las esferas, gente peligrosa y no podemos dejar pasar más tiempo.

—Iré con ustedes a buscar esta esfera, nada más, luego regresaré.

—¿Cómo? —preguntó asombrada y feliz.

—Necesito salir de aquí por unos días. Quiero descansar y no puedo hacerlo aquí, además… —Se detuvo, se sentía tonto por pensar algo así.

—¿Además qué? Vamos, dime.

—Es estúpido, pero quiero estar con Vegeta unos días. Tal vez en un lugar que no trae tantos malos recuerdos podría hablar con él, o intentarlo. No me gusta dejar temas inconclusos.

—No es estúpido —dijo sonriendo—. Me encanta la idea de que pasemos unos días juntos. ¿Qué excusa dirás para salir mañana por tantos días?

—Nos llegó una pista del posible paradero de Kyle e iremos a buscarla... De algo que me sirva lo preocupado que me tiene y lo poco que he dormido por su culpa.

—Pero dijo que está bien —dijo Bulma intentando aliviar la preocupación de Tarble.

—No voy a estar tranquilo hasta que la vea y hablemos.

—Es una etapa de adolescente.

—¿Tuviste una etapa así a esa edad?

—Sí, pero yo me dediqué a fabricar armas y vehículos —dijo riendo, y logró contagiar un poco a su amigo—. Y dime, eso que hiciste con el hijo del rey tiene que ver con lo que... tú sabes a lo que me refiero.

—Logramos resolver unos conflictos importantes entre unos planetas, pero no. Mis asuntos privados están siendo tratados por Broly, no puedo arriesgarme a mezclar las cosas. —No podía decirle que todo esto lo estaba haciendo para ganarse la confianza del rey y de otras personas importantes, pero vaya que le vendría bien decirle la verdad a Bulma, aunque ahora no era la ocasión, estaban de paso y sentía que no era correcto.

—¿Y cómo va eso? ¿Necesitan algo? ¿Naves? ¿Nueva maquinaria? Lo que sea.

—¿Cómo pretendes hacer algo así viajando con mi hermano?

—Siempre logro hacer lo que me propongo, de alguna manera lo lograría… Es solo que extraño ayudarte, hacer algo bueno por los demás aunque no sea de manera directa.

—Ya lo has hecho. Gracias a las naves que diseñaste podemos ayudar y pasar desapercibidos. Nadie va a pensar que tenemos refugiados en los cruceros de guerra. Te prometo que en cuanto te necesite te lo haré saber.

—Más te vale, además esto de buscar las esferas no durará para siempre y volveré a Vegetasei. Es mejor si tienes a alguien de confianza en el planeta.

—Esa es buena idea, ¿pero qué va a pasar con Vegeta?

—Lo que tenemos seguramente durará hasta que encontremos la última esfera —dijo queriendo sonar desinteresada, pero cuando volvió a tener su mesa a la vista no pudo evitar interesarse demasiado en lo que estaba pasando ahí—. Esa mujer que está en mi asiento… ¿No es la que se acostó con tu tío?

Tarble miró hacia su mesa y sintió la mano de Bulma apretar la suya. La hermana de Dahlia se había cambiado de asiento para conversar con Vegeta y acorde a su personalidad, no había perdido el tiempo para coquetear con sonrisas y su actitud desinhibida. También se notaba que Dahlia, de forma disimulada, le ponía de a ratos la mano en el brazo o espalda de su hermana, tal vez intentando que se calmara un poco, ya que el príncipe Vegeta estaba acompañado.

—Sí, es la hermana menor de Dahlia. Es mucho más agradable de lo que parece.

—Sí, claro, como no —dijo evidentemente molesta de la escena. Vegeta no estaba haciendo nada que pudiera ser tomado como coqueteo, pero había dejado de mirarla.

—Pensé que no tenían nada importante.

—Tienes razón —dijo decidida, y retomó la atención en el baile—. No hablemos de trabajo ni de relaciones, mejor dime algún chisme de este lugar. Qué grandísimo descarado es el príncipe Hazel, aunque vio que no venía sola me coqueteo estando con su mujer al lado. Debe haber sido maravilloso trabajar con él.

—Atesoro cada segundo que pasé con él —respondió irónico.

—Pensé que eran una raza conservadora.

—Las apariencias, como todos.

—Ya veo.


(...)


Una hora después, cuando Bulma regresó a su habitación, encontró a Vegeta en el balcón sentado en la baranda. Aún vestía el traje de la fiesta, pero había desabrochado unos botones de la camisa y el viento de la noche agitaba su cabello. Desde el lugar podía escucharse la música de la celebración que aún no terminaba.

—¿No que tienes habitación propia? —dijo saliendo al balcón hasta ponerse a su lado.

—Me acostumbré a estar encerrado contigo —respondió el hombre con un cigarro en la boca.

—¿Dónde conseguiste un cigarro? —Se lo arrebató y no tardó en llevárselo a la boca—. No había nadie en la maldita fiesta fumando.

—¿Qué se supone que hace tu gente durante las citas? —preguntó bajando de la baranda. Ahora que Bulma llevaba tacones, había quedado a su misma altura.

—Mi gente ya no existe, porque el planeta murió, pero cuando tuve a citas me gustaba que me llevaran a comer a algún lugar elegante. No me gustaba que me llevaran a caminar, lo odio porque me canso, y no me pongo tacones para caminar, sino para verme bien. Me gustaba ir a ver una película, y luego a bailar, cosas simples.

Cuando Vegeta tomó el cigarro para fumar, ella apoyó las manos en su pecho y arregló su camisa. Le encantaba como se veía, y fantaseaba con que era un hombre normal y no un saiyajin.

—¿Por qué son importantes esos rituales? —dejó el cigarro casi consumido en la tierra de una maceta de la baranda y la tomó de la cintura con ambas manos.

—Es lindo que te traten bien —respondió y le rodeó el cuello con los brazos—. ¿Acaso estos diez años estuviste dentro de una burbuja?

—He visitado muchos planetas, pero no me detuve a bailar en ninguno. —La estrechó haciendo que se pegara en su pecho y ella recargó su frente contra la de él.

—Es una pena, pero eso se puede remediar ahora —cerró los ojos y se movió con calma, al ritmo de la música—. ¿Ves que no era difícil?

—Definitivamente es más fácil que mantener un rehén con vida.

Bulma no pudo creer que rio ante aquel comentario, pero lo hizo, y apoyó la cabeza en el hombro de Vegeta.

Continuaron bailando por un rato más antes de irse a la cama.


Siete años atrás


Vegeta observó el lugar mientras caminaba junto a la mujer bajita, parecía un parque gigantesco, sin muchos edificios salvo la gran tienda de telas blancas y tirantes, muy acorde a la ropa que llevaba puesta la mujer que no había dicho una sola palabra desde que llegaron.

¿Qué es este lugar? —preguntó mirando de un lado a otro. Pese a que había visitado tantos planetas, jamás había visto uno con el cielo rosado. Era llamativo. A lo lejos vio varios hombres y mujeres, guerreros, corriendo de un lado a otro, siguiendo las órdenes de un hombre grande, de más de dos metros. En otro lugar, había un grupo de diez guerreros entrenando entre ellos, y era curioso que pese a todo el ajetreo y brusquedad, el pasto se mantenía intacto y sano.

Mi hogar.

Parece un campo de entrenamiento.

Es para lo que lo uso en esta sección.

¿Quieres entrenarme? —preguntó mirándola.

Todo a su debido tiempo. Tú ni siquiera deberías estar aquí.

Vegeta observó a un pequeño grupo de hombres y mujeres que iban de un lado a otro limpiando el lugar, encargándose de quehaceres domésticos, como la comida y otras cosas. No necesitaba tener scouter para saber que debían tratarse de guerreros, y por la forma en que lo miraban también supo que no era bien recibido.

¿Quién demonios eres y qué haces con toda esta gente?

Me dicen de muchas formas, pero puedes llamarme Max.

¿Y qué se supone que hago aquí?

Este mundo está a disposición de guerreros de este lado de la galaxia que con sus sacrificios desinteresados por ayudar a los demás se han ganado su lugar aquí.

Y evidentemente no soy uno de ellos —dijo en un murmullo, aún contemplando todo el lugar.

Por supuesto que no —respondió riendo—. Cuando sepan que eres un saiyajin se van a volver locos, pero algo en ti me dice que no fue una mala decisión traerte aquí.

¿Por qué yo?

Me encanta recoger animales heridos y sanarlos.

Vegeta arqueó las cejas por su respuesta, pero ella no se dio por aludida y le contó la historia de cuando le había dado cobijo a unas bestias mitad hombre, mitad toro que solo causaron destrozos durante su estadía, pero que eran de lo más tierno que podía existir cuando dormían, como cachorritos.

¿Si no quieres que entrene, qué se supone que quieres que haga? —preguntó para interrumpir su relato.

Ganarte tu puesto aquí. Puedo saltar las reglas y traerte a mi planeta, pero tienes que esforzarte para quedarte.

Podría ganarle a cualquiera de aquí con una mano atada a la espalda —dijo orgulloso, indiferente de que alguno de los que limpiaba pudiera escucharlo. No vio venir el golpe, ni siquiera sintió el aire antes del impacto en su rostro y salió disparado a varios metros de distancia, terminando enterrado en el suelo con la ropa destrozada y varios huesos rotos.

Pese al dolor no se quejó, pero no pudo ponerse de pie enseguida, ya que el daño era más grave de lo que había pensado.

Yo estoy aquí y solo te golpeé con un dedo —dijo la mujer cuando llegó a su lado. Le mostró el dedo meñique y sonrió. La gente que estaba cerca y vio lo sucedido ni se inmutó. Al parecer estaban acostumbrados a cosas así.

Está bien —dijo más asombrado que adolorido. Sin buscarlo, se le había presentado una oportunidad única para ser más fuerte, y no podía rechazarla por muy raro que todo le pareciera—. ¿Qué tengo que hacer? —preguntó adolorido. Debió levitar, pues se había dañado el pie derecho y no podía pisar.

Ponerte la ropa que todos usan aquí, bajarle un poco a lo engreído, y pensar en un nuevo nombre. Me encanta eso que haces, usar nombres diferentes en cada lugar que vas —dijo entretenida, y agregó entusiasmada casi como una niña pequeña—. ¿Puedo escoger tu nombre esta vez? Me gusta inventar nombres, como esa vez que tuve unos Olifantes en mi patio trasero, se llamaban Moby y Rechoncho, yo quería que tuvieran una cría, y pese a que no escatimaron en intentos montándose entre ellos, jamás me dieron una cría. ¿Pero adivina que? Resultó que los dos eran machos. ¿Quién iba a pensar que no todas las especies son hermafroditas?

¿Cuánto tiempo llevas espiándome? —preguntó molesto. Debió apretar su brazo derecho cuando notó que sangraba demasiado. —Estaba tan concentrado en ella que no notó cuando el suelo bajo sus pies se regeneró solo, quedando el pasto verde e intenso como en el resto del lugar.

No seas egocéntrico. Mi cerebro no funciona como el tuyo. Miro a miles de personas a la vez, ahora mismo lo estoy haciendo mientras hablo contigo, y resulta que un día tú brillaste más que todos y llamaste mi atención… Aunque fue un día muy aburrido, tengo que reconocerlo. —Se le acercó y solo tuvo que darle una palmada en el hombro para que las heridas y el dolor desaparecieran por completo—. Ahora ve por ropa nueva, ¿sabes cocinar? Espero que sí, porque muero de hambre. Iré a darme un baño, bajar a visitar planetas me deja muy sucia.

¿Quieres que cocine para ti? ¿Ese es mi trabajo? —preguntó indignado, pero ella ya caminaba rumbo a su hogar.

Y que me traigas agua, y ordenes mi tienda. Ya sabes, lo básico.

¡No voy a ser tu criado! —gritó y caminó detrás de ella, llamando la atención del resto por su falta de respeto. Eso sí que no era común ver.

¿Demasiado príncipe para esas tareas? —preguntó sin voltear.

Vegeta se detuvo y no respondió. Le molestaba sentirse tan expuesto, y ella sacaba a la luz todo lo que había intentado olvidar por tantos años.

¿Qué se supone que eres?

Y piensa en un nombre. Tus actos te definen, pero los nombres también suelen llevar una carga muy grande… A no ser que quieras que escoja uno por ti. Rechoncho murió de tanto intentarlo, así que ese nombre está disponible.

Vegeta permaneció quieto. La mujer tenía razón: cada vez se volvía más raro.


(...)


—Solo serán diez días de viaje. Vayamos en la nave que ya tenemos todas nuestras cosas —dijo Bulma luego de entrar a la nave en la que llevaba viajando más de dos meses y casi se había convertido en su nuevo hogar. Tarble y Vegeta entraron tras ella, y el joven príncipe llevaba un bolso cruzado sobre su hombro con algunas pertenencias para estos días de viaje. Contempló la cabina de mando, que era el lugar más espacioso para estar.

—Está ordenado —comentó mirando a Vegeta, y este respondió levantando una ceja. Con esa mirada bastó para comunicarse todo sin criticar el eterno desorden de la mecánica que era casi como un huracán cada vez que entraba a una habitación. Conocía a su hermano mayor, y pese a lo mucho que había cambiado era esperable que continuara su gusto por el orden.

—Puedes quedarte en mi cuarto —mencionó la joven feliz de que Tarble los acompañara . Se sentó en el asiento del piloto y no tardó en poner en marcha la nave para continuar el viaje en busca de su quinta esfera del dragón—. Es la puerta de…

—Ya sé cuál es tu cuarto —dijo con cara de espanto, asomado en la primera habitación a la que se acercó.

—Diviértete encontrando un lugar para sentarte —se burló Vegeta, ya sentado en el asiento del copiloto. La nave ya había partido y dentro de poco abandonarían la atmósfera de Trantor.

—No está tan desordenado —dijo Bulma, ofendida por las palabras de los hermanos—. Solo tienes que sacar las cosas de la cama y llevarlas al otro cuarto.

—¿Qué? —dijo Vegeta mirándola con el ceño fruncido—. No tengo espacio para tus cosas.

—Ya está la mitad de todo lo que tengo en tu cuarto —respondió ella sonriéndole—. Solo tienes que hacerme un poco de espacio.

—¿Qué cama? —preguntó Tarble ante la gran cantidad de cosas que cubrían el colchón y no se dejaba ver. No esperó respuesta y decidió enfrentar el horror enseguida.

Una vez que la puerta se cerró tras él, no pudo seguir escuchando las voces de su hermano y Bulma discutir sobre su problema de desorden. Observó con detención el lugar y pese a que no era muy espacioso, Bulma se había asegurado de dejar las cosas tiradas en donde fuera, en lugar de guardarlas donde se debía Ya que no tenía una superficie para dejar su bolso, simplemente lo dejó en el suelo y se sentó en la orilla de la cama haciéndose a la idea que tendría que limpiar antes de pensar siquiera en descansar, lo cual había sido imposible hacer en muchas semanas de tanto trabajo sin dormir con Hazel. Se puso enseguida de pie al ver la sábana quemada, ni siquiera quiso prestarle atención a eso ni a la ropa y envases de dulces, o las partes de robots tirados en medio de la habitación que lucía tal como su lugar de trabajo allá en Vegetasei, donde no le importaba en lo absoluto, e incluso le parecía adorable en una personalidad como la de Bulma, pero aquí era totalmente diferente.

Salió del cuarto donde la pareja continuaba discutiendo sobre el mismo tema.

—En serio —dijo Bulma—. No sé qué les pasa a ustedes. Son capaces de alimentarse de la gente del planeta que atacan, y no me digas que no, porque he escuchado a soldados jactarse de eso, pero ven un par de cosas fuera de lugar y les da un ataque de pánico.

—Jamás hice eso —respondió Vegeta cruzado de brazos.

—No te creo.

—Eso lo hacen los bárbaros —dijo Tarble detrás de ellos, llamando la atención de la pareja—. Nosotros como príncipes jamás tuvimos que recurrir a algo así.

—A ver si le crees a él —comentó Vegeta, y agregó—. Y solo te dije que mantuvieras tus cosas en su lugar, pero te pones a hablar de canibalismo.

—¿Dónde están los artículos de aseo? —preguntó Tarble.

—No hay de esas cosas en la nave —respondió Bulma concentrada en pilotar.

—Están en el compartimiento detrás tuyo —dijo Vegeta sin voltear—. En la pared, junto al del botiquín que no encontrarás porque Bulma no lo guardó luego de sacarlo.

—Debería haber quemado esta nave y conseguir una nueva, sería más simple —murmuró Tarble para sí, un poco de mal humor mientras sacaba todo lo que encontró para limpiar. No dormía en semanas y ya le estaba pasando la cuenta.

—Este viaje se va a volver muy largo si los dos continúan reclamando —dijo Bulma al escuchar a Tarble y ver a Vegeta curvar los labios.

—Lo siento Bulma, pero en esta ocasión estoy con Vegeta.

—¡Oye! Nunca te habías quejado de mi desorden —dijo dolida—. Pensaba que lo encontrabas adorable en mí.

—Porque no tenía que vivir en tu lugar de trabajo —dijo, y se marchó a su nuevo cuarto, del cual no saldría hasta que todo estuviera ordenado y reluciente.


(...)


Tarble durmió los dos primeros días, ni siquiera abandonó el cuarto para comer, y las veces que Bulma entró para ver cómo se encontraba, se retiró en silencio, pues se notaba que estaba descansando. No había estado consciente que lo necesitaba con tanta urgencia para reponerse y pensar con claridad, desconectarse un momento y olvidarse de todos por un rato. Cuando finalmente despertó encontró varios mensajes de Broly simplemente saludando y contándole sobre sus intentos de comunicarse con Kyle. Nunca lo llamó, y solo le dejó mensajes, a sabiendas que debía estar durmiendo. Luego de comunicarse con él y hablar un rato, salió de su cuarto y compartió con su hermano y Bulma durante la cena. Había estado todo muy tranquilo e incluso agradable, y gracias a eso volvió a la cama para continuar descansando.


—¿Qué estás haciendo? —preguntó Tarble algo desorientado cuando el cuerpo de Bulma lo empujó hacia el rincón de la cama. Había dormido tanto que le tomó un momento darse cuenta dónde estaba y por qué Bulma estaba metida en su cama.

—No quiero estar con tu hermano —respondió acomodándose mejor, rozando sus piernas con las del príncipe.

—Bulma, estoy desnudo —reclamó sin mucha energía, avergonzado y despeinado.

—Tranquilo, no soy pudorosa —dijo calmada, apoderándose del cojín que Tarble había estado abrazando mientras dormía para ponerlo en la espalda luego de sentarse. No venía sola, había traído su cajetilla de cigarros y un encendedor, y solo vestía la camiseta ajustada de tirantes blanca y una pantaleta pequeña, se notaba que había salido apresurada del cuarto.

—Pero yo sí —dijo, y un tanto complicado se levantó de la cama y caminó sobre ella con una almohada cubriendo su desnudez delantera. Cuando tocó el frío piso metálico, caminó hacia el compartimiento donde tenía su ropa y buscó algo que ponerse.

—No te hagas tanto problema —respondió sonriendo—. No voy a mirarte, por muy lindo que seas, no me arriesgaría a que Broly se enterara —dijo bromeando.

—No se trata de eso, Bulma, son límites que… Olvídalo —dijo resignado, y agregó más calmado—. ¿Qué fue lo que pasó?

—Vegeta insiste en preguntarme demasiado de mi pasado… Cree que porque me dijo algo del suyo, yo tengo que hacer lo mismo.

—¿No están en una relación? —dejó de buscar la ropa y la miró, aun tapándose con la almohada—. Yo esperaría lo mismo de mi pareja.

—Tú y Broly son tan… diferentes —dijo mirándolo y con un cigarro en la boca—. Y Vegeta y yo no estamos en una relación.

—No es lo que parece.

—Bien, tenemos algo, pero no sé lo que es. Pero es algo que no es una relación… No puedo creer que me tocaran saiyajin con sentimientos —dijo molesta. No entendía su mala suerte.

—¿Preferirías unos caníbales salvajes? —preguntó sonriendo y ella le sonrió de regreso.

—Para empezar, cuando llegué a Vegetasei, jamás pensé que terminaría con un amigo saiyajin —dijo apuntándolo—. Y nunca se me pasó por la cabeza que luego terminaría con otro saiyajin… —Se calló. No sabía en qué estaba con Vegeta, pero era algo por mucho que lo negara—. No sé qué me pasa con ustedes dos —murmuró quejumbrosa—. Imagino que ese encanto natural que tienen lo heredaron de su madre, porque lo que es el rey… —Hizo una mueca de desagrado que hizo reír a Tarble.

Vegeta entró al cuarto sin golpear en busca de Bulma para terminar la discusión. Tenía perfectamente pensado qué diría, pero lo olvidó en cuanto encontró a su hermano desnudo y con una almohada cubriendo su sexo, y a Bulma sentada en la cama encendiendo un cigarro. No era lo que esperaba ver, y no le agradó, pero antes de que pudiera abrir la boca, Tarble se le adelantó.

—Ni siquiera lo pienses, Vegeta, si le vas a gritar a alguien es a ella, no a mí. No me metan en sus problemas —dijo molesto al notar la mirada de su hermano. Finalmente pudo sacar un pantalón y de paso tomó su scouter desde el velador para poder matar el tiempo hablando con Broly.

—Qué estás esperando para salir de aquí entonces —respondió Vegeta cruzado de brazos.

—Es lo que voy a hacer, pero no voy a ir a dormir a tu cuarto. Ya limpié este y no voy a jugar a cambiar de camas solo para que puedan discutir. Les doy cinco minutos y los quiero fuera de aquí.

Aún cubriéndose con la almohada, abandonó la habitación, pero tanto Vegeta como Bulma vieron su desnudez por atrás y su rabo un tanto erizado evidenciando su mal humor.


(...)


Vegeta abrió una botella pequeña de cerveza en lo que esperaba que la comida estuviera lista. Era el único que cocinaba bien de los tres, por lo que no le quedó otra opción que ser el que siempre estuviera en la cocina, pero era mejor que dejar que Bulma quemara la comida o que Tarble no le echara suficiente o demasiada sal a la olla. Estuvo un rato sentado con la cabeza en cualquier lugar hasta que escuchó la risa de Bulma. Se puso de pie y solo tuvo que asomarse para encontrarla junto con Tarble sentados en el suelo del cuarto de control, jugando cartas y bebiendo vino.

Guardó silencio y los observó. Eran tan cómplices y cercanos que podían estar horas conversando, sonriendo y tocándose sin problemas, lo cual era normal, pues eran amigos, pero por alguna razón se sentía incómodo de verlos así. No entendía el motivo, pero era la sensación que lo embargaba y molestaba. Lo otro que no entendía era porqué aparentemente con Tarble no importaba eso de ser saiyajin, pero a él se lo sacaba en cara cada vez que tenía la oportunidad.

—¿Qué haces ahí mirando a escondidas? —preguntó Bulma de buen humor—. Ven a jugar con nosotros. —Estiró la mano para que se acercara, pero Vegeta permaneció en su lugar.

—No sé jugar a eso.

—Y yo tampoco sabía hace una hora —dijo Tarble luego de beber vino desde un vaso, pues no habían copas—. Y le estoy dando una paliza.

—Te estoy dejando ganar para que no te sintieras mal —respondió la joven. Nuevamente dirigió su atención a Vegeta—. Vamos, ven a acompañarnos.

El hombre terminó accediendo y se sentó en el suelo junto a Bulma. Estuvo en silencio observando a la pareja jugar y en todas las ocasiones Bulma perdió ante Tarble.

—¿No crees que ya son demasiadas partidas haciéndolo sentir bien? —dijo Vegeta luego de la quinta derrota de Bulma.

—Suerte de principiante —respondió la joven con el ceño fruncido, mientras Tarble revolvía las cartas. Ninguno de los hombre tenía ropa alusiva a su raza, por lo que si no fuera por sus rabos, pasarían por cualquier persona común y corriente compartiendo un rato con Bulma.

—¿Qué te parece si apostamos algo más interesante? —dijo Tarble animado—. Si gano el siguiente juego, tienes que preocuparte de dejar en su lugar cada cosa que ocupes por lo que queda de viaje, si pierdo, yo me encargaré de eso.

—¿Tan confiado estás? —preguntó molesta. No era su estilo perder, no le agradaba para nada.

—Si quieres Vegeta te puede ayudar —dijo, y repartió las cartas.

—Yo quiero que pierda —respondió el hermano mayor.

—Sí, claro, para molestarme sí que se llevan bien —respondió enfadada—. Hagamos otra apuesta. Si yo pierdo, no fumaremos en todo lo que queda de viaje…

—Acepto —respondió Tarble sin escuchar el resto de la apuesta.

—Yo no estoy jugando, no me metas a mí —reclamó Vegeta, pero Bulma lo calló de un beso en la boca, dejándolo con las mejillas rojas y avergonzado ante tal acción en frente de Tarble que se limitó a sonreír.

—Así me ayudas, ¿no eres tan inteligente? Y Tarble, si gano no podrás reclamar donde dejo las cosas.

—Me parece bien —dijo, y se concentró en sus cartas, mientras que Bulma hizo lo mismo, pero con ayuda de Vegeta.

Recogieron y descartaron otras cartas en silencio, y mientras que Bulma se veía complicada, Tarble continuaba relajado, o al menos aparentaba estarlo, ya que Vegeta notó algo mientras jugaban.

—Bájate —le dijo a Bulma.

—No, tiene mejores cartas que yo.

—No, no tiene, bájate —insistió.

—¿Cómo sabes lo que tengo? —dijo frunciendo el ceño, le molestaba que Vegeta lo estuviera mirando casi sin pestañear.

—Te delatas con los gestos —respondió Vegeta.

—¿Qué gestos? —preguntó Bulma curiosa.

—Sí, qué gestos —exigió saber Tarble.

—Es increíble que no lo veas —respondió Vegeta a Bulma, y le susurró en el oído ante la mirada de pocos amigos de su hermano. La joven miró a Vegeta y luego a Tarble, sonriendo.

—Recuerda, nada de reclamos. —Revisó sus cartas antes de realizar la siguiente jugada.


(...)


Pude hablar con Kyle, pero muy poco, es demasiada la interferencia. Insistió que estaba bien, y que nos extraña. Ya no suena molesta como antes.

—¿No dijo dónde está?

No. La comunicación era muy mala, hablamos menos de un minuto, se debe encontrar muy lejos, o hay algo que no permite que llegue bien la señal.

—Al menos pudiste hablarle, eso me tranquiliza —dijo resignado. Hizo una pausa antes de volver a hablar—. ¿Y cómo va todo? —preguntó Tarble a Broly. El joven estaba con pijama y torso desnudo acostado bajo los cobertores que lo cubrían hasta las caderas.

Hemos estado ocupados, pero me gusta, me mantiene concentrado. Ha sido una semana activa.

Tarble sabía que debía estar en la nave yendo de un lado a otro dando instrucciones. Le asombraba lo metódico que se había vuelto, le gustaba que quisiera estar al tanto de cada aspecto de las operaciones, pero también era lo suficientemente líder para delegar y confiar en sus hombres, pues no podía estar en todos los lados a la vez.

—¿Ves que es entretenido?

Sí, pero no por eso dejo de entrenar. ¿Y qué hay de ti?

—No hay espacio para entrenar aquí —sintió que era excusa, pero era la verdad. Había estado tan ocupado que no recordaba cuándo fue el último día que entrenó como correspondía.

Puedes hacer abdominales y flexiones justo al lado de tu cama. Te enseñé al menos diez ejercicios para hacer en lugares reducidos. Espero que cuando volvamos a vernos sigas tal como te dejé —dijo con su característica voz suave y ronca.

—Te prometo que lo haré —respondió sonriendo. Guardó silencio, podía escuchar que alguien desde lejos le decía algo a Broly, y luego el guerrero se tomó su tiempo para responder, momento que aprovechó para prestarle atención a su voz que tanto le gustaba y era lo único que tenía de él, pues sin acordarlo jamás habían intentado verse por una pantalla, ya que sabían que el mirarse a los ojos haría todo más difícil. Y ahora su voz sonaba con tanta seguridad que era mucho más agradable guardar silencio y quedarse pegado escuchándolo.

¿En qué estábamos?

—En que podría escucharte toda la noche hablarle a tus hombres y no me aburriría... Te juro, Broly, si estuvieras aquí... —dijo el príncipe, y nuevamente curvó los labios al notar la pausa que se tomó Broly para responder, ya que seguramente había sonreído por sus palabras.

Aún me queda trabajo que hacer, pero puedes empezar sin mí. Me gusta escucharte cuando te tocas.

—¿No te va a desconcentrar de tus deberes? —preguntó con las mejillas un tanto encendidas por la vergüenza, pero no fue impedimento para llevar la mano bajo los cobertores y dentro del bóxer para tomar su miembro con firmeza.

No sería la primera vez.

—Ni la última… —La risa estridente de Bulma proveniente de la sala de mando desconcentró a Tarble—. Espera un momento —dijo, y corrió los cobertores para ir a la puerta y asegurarse que no pudiera abrirse desde el otro lado. Se notaba que Bulma lo estaba pasando muy bien con su hermano, pero no se arriesgaría a que entrara sin avisar. No tardó en regresar a la cama y acomodarse nuevamente, pero esta vez no se tapó—. Muy bien, ¿dónde estábamos?

Yo voy a terminar de trabajar, y tú ibas a decirme qué harías si estuviera contigo.

Tarble cerró los ojos y se cubrió el rostro con la mano sin dejar de sonreír.


Siete años atrás


Vegeta, que ya había escogido su nuevo nombre, entró a la cocina por la puerta trasera y con la poca fuerza que le quedaba dejó los baldes de madera sobre un mueble. No podía llevar más de diez litros por balde, y aún así apenas era capaz de cargarlos, y no era más fácil cuando estaban vacíos, lo mismo sucedía al intentar tomar una escoba para barrer e incluso un simple paño para sacudir, era como si todo pesara más de mil kilos. Así habían sido las semanas trabajando para la mujer que resultó ser nada más que la diosa suprema de este lado de la galaxia. Se había enterado por los otros guerreros que trabajaban en el lugar, y al parecer era alguien sumamente importante y poderoso, puesto que todos la trataban con increíble respeto y casi temor. Por su parte, Vegeta se comportó como siempre, algo que pareció horrorizar a todos los guerreros y sirvientes del planeta, menos a ella que continuaba tan relajada y calmada como siempre, preocupada de fumar, beber y dormir la mayor parte del tiempo.

Maldición —susurró cuando cayó un tenedor al suelo. El objeto lucía ligero como cualquier cubierto ordinario, pero para recogerlo sí que sería un problema, y aún tenía que cocinar. Era un verdadero suplicio tener que hacerlo cuando cada cosa que ocupaba pesaba lo mismo que una roca gigante.

Rato después, cuando ya tenía todo listo y su paciencia escaseaba, fue en busca de Max para avisarle que la cena estaba lista. Para variar, la encontró tirada en el suelo alrededor de muchos cojines de colores, fumando de una pipa larga y encorvada que parecía ser de metal, pero esta vez observaba concentrada un papel que reconoció muy bien.

Otra vez —dijo molesto, pero esta vez no intentó acercársele para quitarle el recorte de periódico, sabía que sería imposible y terminaría con algún hueso roto o paralizado, como venía pasando.

Argon, háblame de tu raza —dijo sin dejar de mirar la imagen de la reina y los príncipes saiyajin.

No tengo nada que decir. La comida está lista y no voy a calentarla. —Quiso marcharse, pero la fuerza invisible lo arrastró en contra de su voluntad y lo obligó a sentarse en uno de los cojines junto a ella sin poder hacer mucho.

¿Entonces por qué guardas una imagen de tu tiempo como príncipe? —preguntó ya sentada, junto a él que no podía moverse pese a que por su rostro y cuerpo tenso era obvio que intentaba ponerse de pie.

¿No deberías saberlo, maldita lunática? —respondió molesto y frustrado.

Quiero saberlo de ti —respondió amistosa, como siempre, y realmente interesada, le gustaba intentar entender cada raza que conocía, y los saiyajin eran objeto de interés.

Vete al carajo —dijo harto, y arrepentido de haber aceptado la invitación—. Solo me has hecho perder el tiempo con tus estupideces.

¿Quieres entrenar y que te envíe a misiones?

Haz hecho entrenar a guerreros que llegaron después de mí.

Ya te dije que ellos se ganaron su lugar, tú ni siquiera deberías saber que existimos.

Entonces sácame de este maldito lugar, no voy a seguir perdiendo mi tiempo acá.

¿Realmente quieres eso?

No te importa, sácame de aquí —exclamó, y finalmente pudo escapar de su encanto para ponerse de pie.

¿Sabes cuantos guerreros han podido liberarse de este poder?

No me importa —dijo enojado.

Pudiste liberarte la primera vez que lo ejercí en tí. Debería importante.

Olvídalo —respondió y se encaminó hacia la salida. No tenía idea de cómo salir del planeta. Este lugar no era normal, no estaba en el espacio y no bastaba con tomar una nave para salir en dirección a otro planeta, además que no había ninguna nave a mano, pero no iba a quedarse un minuto más.

¿Crees que abandonando cada lugar al que caes vas a lograr algo?

¡Deja de actuar como si me conocieras! —exclamó regresando hacia ella que continuaba fumando a gusto—. ¡Puedes observar todo pero no me conoces!

¿Qué es lo que quieres entonces? Dime, te escucho.

¡Acepté estar aquí para ser más fuerte, pero solo me has tenido para cocinar y limpiar! ¡¿Quién te crees que soy?!

No, no estás aquí para ser más fuerte, puede que en un comienzo sí, pero ya te diste cuenta lo que hacemos aquí, y por eso te quedaste y has sido paciente, algo de lo cual no te caracterizas.

¡No soy un animal enfermo que tengas que curar!

Hay otras heridas que no dejan marcas en la piel, y es por eso que llamaste mi atención. Si fueras honesto alguna vez y me dijeras lo que le pasa a Vegeta, yo podría…

¡Estoy en este estúpido lugar porque acepto cualquier pretexto para seguir alejándome de mi planeta porque hice que mataran a mi madre y no puedo lidiar con eso y sigue persiguiéndome no importa donde vaya! —exclamó descontrolado. Por primera vez exteriorizando aquello que lo hizo huir de Vegetasei cuando era un adolescente—. ¡Llevo años intentando entenderla, haciendo lo que ella hizo pero no lo logro! ¡Estoy atascado con la culpa, sin tener un minuto de paz y estoy harto de eso! —Cuando terminó le dio la espalda a la mujer, respirando agitado. No podría más, sabía que no resistiría más años de esa forma.

Bueno, eso es un buen comienzo, Argon. Si gustas puedo abrir un portal y dejarte en el lugar donde nos encontramos, pero también te puedes quedar y comenzar a entrenar para mí. No puedo asegurarte que encontrarás paz conmigo, pero tal vez responder un par de interrogantes, y de paso ser más fuerte. No tienes idea del potencial que tienen los saiyajin, pero es mejor que no lo sepan, o serían más letales de lo que ya son.

No quiero seguir cocinando ni limpiando —murmuró más calmado, pero con la cabeza abrumada de tantos recuerdos y arrepentimientos.

Es una lástima. Eres uno de los mejores cocineros que he tenido, pero está bien. —Con asombrosa agilidad se puso de pie, sin dejar su pipa y se le acercó. Vegeta la miró con recelo y retrocedió en cuanto la vio acercar la mano para acariciarle la cabeza.

Te dije que no soy un animal.

Todos los son si los comparo conmigo, y a los mamíferos les gusta ser acariciados —explicó.

Guárdalo para alguien más que lo necesite.

Te haría bien un poco de cariño, créeme, y no hablo de lo que haces con todas esas mujeres con las que te has metido. ¿Todos los de tu raza son igual de vehemente? Tienes que tener cuidado —dijo pensativa—. No te vaya a pasar lo que a Rechoncho que murió de tanto montar a…

Vegeta puso los ojos en blanco y se marchó del lugar antes que terminara la historia.


(...)


—Esto está muy bueno —dijo Tarble luego de probar el primer bocado de la comida recién hecha por Vegeta—. ¿Dónde aprendiste a cocinar así?

—Tenía que alimentarme —respondió Vegeta ya sentado frente a Tarble, también con un plato caliente de comida. Bulma aún no se levantaba y ninguno quiso esperarla, el hambre era mucho más poderoso.

—¿Has vivido mucho tiempo solo? —preguntó disfrutando de la comida.

—Muchas veces sí.

—¿Y las veces que no, con quien has vivido? ¿Alguien importante?

—Nadie que pueda llamarse importante —dijo el hermano mayor, preocupado de la sopa.

—Ahora entiendo.

—¿Qué es lo que entiendes? —preguntó mirándolo a los ojos. Tarble también lo miraba.

—No tienes que estar celoso de mí.

—Claro que no estoy celoso.

—Eres pésimo ocultándolo. Como sea, Bulma y yo somos amigos y no hay motivos para que me mires así cada vez que estoy con ella.

Vegeta guardó silencio y lo estudió. Parecía honesto, pero la verdad es que le costaba leer a Tarble, pese a tener buen ojo al momento de descifrar a las personas, pero por alguna razón Bulma y su hermano eran todo un misterio. Quizás por eso se llevaban tan bien, eran muy parecidos, como si ambos tuvieran muchos secretos que ocultar.

—Y tú debes tener mucha experiencia para decir eso —dijo cruzándose de brazos.

—Seguramente mucho menos que tú —respondió Tarble, calmado, intentando descifrar los ingredientes para intentar cocinar algún día para Broly—. Pero reconozco esa mirada, yo mismo he estado así.

—¿Has tenido muchas parejas? —Volvió a tomar la cuchara para tomar sopa antes de que se enfriara.

—No. Antes de conseguir este cuerpo solo había estado con algunas mujeres del harén. Luego comencé a entrenar y llamé la atención de algunas guerreras, pero nunca tuve nada de importancia hasta Broly, y solo entonces sentí celos, por eso lo reconozco en ti… Ese es el problema con nuestra raza, nos obligan tanto a reprimir toda clase de emoción que cuando nos enamoramos nos perdemos por completo.

Vegeta se atragantó con la sopa por las palabras de su hermano.

—Ahora dices que estoy enamorado —dijo tosiendo.

—No, solo digo que Bulma es importante, y que solo somos amigos.

—Sí, es diferente, pero no importa, porque no estoy celoso —insistió, serio.

—Si tú lo dices —respondió Tarble levantando las cejas, y agregó con otro tono de voz, sonriendo—. Además, qué posibilidad hay de que yo, el insignificante hermano menor del príncipe Vegeta, pueda quitarte una pretendiente. Eso sería imposible.

—¿Estás pasándome la cuenta, verdad?

—Sí, pero tranquilo. No hay por qué estar celoso.

—No estoy celoso. —Vegeta frunció más el ceño y continuó comiendo—. Era mucho más agradable cuando me evitabas y no querías hablar conmigo.

Tarble sonrió y también continuó comiendo en silencio.


(...)


Cuando Vegeta despertó, no pudo moverse. Para variar, Bulma lo había arrinconado al rincón, pero en esta ocasión se había aferrado él y lo abrazaba con el rostro enterrado en su pecho, casi no se veía a causa de los cobertores. Bulma acostumbraba a darle la espalda cuando dormía para evitar este tipo de cosas, pero después de tanto tiempo durmiendo juntos, su inconsciente le pedía este tipo de tratos, le era imposible batallar con su cuerpo al encontrarse dormida. Mientras que Vegeta permaneció quieto, intentando volver a dormirse, pero la sensación extraña nuevamente lo atacó. No acostumbraba a hacer este tipo de cosas con las mujeres que se metía, pero jamás había estado encerrado con alguna y compartiendo un cuarto por tanto tiempo. Todo era tan extraño con ella, y al mismo tiempo agradable y también caótico.

—¿Qué haces aquí? —susurró cuando Tarble apareció en el cuarto intentando no hacer ruido, pero cuando vio que Vegeta estaba despierto se movió más rápido. Se sentía demasiado expuesto al estar así con Bulma y que su hermano lo estuviera mirando.

—Bulma tomó mi tableta y no la encuentro —susurró y fue hacia las cosas de Bulma para buscarlo—. Le dije que me la devolviera antes de irse a dormir y para variar no lo hizo.

—Recuerda que no puedes reclamar —dijo burlón.

—Tengo que recordármelo todos los días. ¿Y qué gesto hago según tú? —preguntó recordando el tema. Vegeta aún no le decía y por supuesto Bulma no dijo nada para tener una ventaja a la hora de jugar y no seguir perdiendo de manera tan miserable.

—La tableta está sobre el bolso de la ropa —dijo Vegeta, cambiando el tema. No le iba a decir solo por el placer de molestarlo un rato—. Ahora vete a dormir.

—Lo siento, ¿te interrumpí? ¿Estabas ocupado oliendo el cabello de tu enamorada? ¿Lo haces toda la noche con esa cara de idiota?

—Todavía puedo golpearte —dijo Vegeta molesto, e intentó moverse, pero un gruñido de protesta de Bulma aún dormida se lo impidió.

—Y yo puedo hablarle mal de ti a Bulma —dijo. Tomó su tableta que estaba donde Vegeta había dicho y fue hacia la salida.

—Y yo puedo decirle a tu esposa que tienes un amante de casi dos metros.

—Imbécil —dijo enojado abandonando la habitación.

—Idiota —respondió Vegeta pese a que Tarble ya se había ido.


(...)


—¿Pasó algo que no me enteré? —dijo Bulma mirando a Vegeta y Tarble mientras los tres desayunaban en la cocina pequeña. Los hombres estaban demasiado callados y ni siquiera se miraban—. Vamos, se comportan como niños. ¿No se supone que habían arreglado sus diferencias antes de dejar Vegetasei o necesitan otra pelea con golpes y sangre para llevarse mejor? —Al ver que ninguno les respondió y continuaban comiendo, insistió—. Vamos, aprovechen el tiempo que tienen juntos, los dos se quieren al muy estilo saiyajin, pero se quieren, no sean inmaduros.

—No sé de lo que hablas —respondió Tarble.

—Si no me hubiera ido y hubiera estado todo este tiempo en Vegetasei no es garantía que nos hubiéramos llevado bien —dijo Vegeta.

—Tienes toda la razón —comentó Tarble—. Considerando el cretino que eras en esa época.

—Y tú ahora como el pomposo altanero que eres no ayuda en nada al momento de conversar —dijo Vegeta levantando un poco la voz y dejando la comida de lado, al igual que Tarble.

—Se llama confianza, pero claro, parece que todos pueden tenerla, menos yo.

—Eso tiene otro nombre.

—Dilo de una vez.

—¡Ya basta los dos! —exclamó Bulma golpeando la pequeña mesa cuadrada que los obligaba a estar muy juntos—. Los dos ya son adultos, no pueden comportarse como niños. Vegeta, lo primero que hiciste al llegar a Vegetasei fue buscar a tu hermano. Sí, volviste porque te metiste en serios problemas, pero tu impulso fue buscarlo a él porque es obvio que te importaba. Y tú, Tarble, estuviste años buscando a tu hermano porque lo querías a tu lado, y ahora que tienen la oportunidad de pasar unos días juntos lo único que hacen es discutir. Maduren de una buena vez, busquen algo en común que les interese y compórtense. —Dicho eso se levantó y se retiró de la cocina dejando a los dos hermanos solos.

—Eso va a ser difícil —comentó Vegeta cruzado de brazos—. No sé qué podríamos tener en común tú y yo.

—Nos quedan unos días para averiguarlo —respondió Tarble ya sin apetito.

—No has contado los días que tomará regresar a Trantor —dijo, y Tarble respondió con una mueca, por lo que Vegeta continuó hablando—. ¿Por qué quisiste viajar con nosotros? Sabías que estarías encerrado con tu horrible hermano.

—Tenía ganas de salir de Trantor y no me pareció descabellado compartir un rato contigo ya que no tuvimos la oportunidad de hacerlo en Vegetasei —dijo sin mirarlo, más calmado, incluso un poco triste—. Pero al parecer me equivoqué. —Se puso de pie para dejar la habitación, pero Vegeta se apresuró en hablarle.

—Yo también quería eso —dijo, evidentemente complicado al abrirse con él—. Pero no sé cómo. No tengo experiencia en esas cosas.

—Bueno, ya tenemos algo en común, yo tampoco —respondió y permaneció en su lugar sin intenciones de marcharse.

—Como sea, termina de comer y luego veremos qué hacemos —dijo tomando los cubiertos para continuar desayunando.

Tarble regresó a su asiento y lo imitó. Pese a que no tenía hambre iba a comer de todos modos. Estuvieron unos minutos en silencio hasta que el menor habló.

—No le he hablado mal de ti a Bulma… Me refiero a este último tiempo, porque antes que regresaras…

—Está bien, ya entendí… Y yo no diría nada de tu amante, es tu vida y sabes lo que haces.

—Broly no es mi amante.

—¿De qué hablas?

—Nos unimos bajo las leyes antiguas de los saiyajin antes de la otra ceremonia.

—La de la luna —comentó Vegeta recordando.

—Sí, así que es mi…

—¡¿Qué dijiste?! —Bulma entró a la cocina interrumpiendo la conversación y se sentó en su asiento para sacarle más información a Tarble—. ¿Te casaste con Broly?

—¿Estabas escuchando? —dijo Vegeta molesto.

—Por supuesto, tenía que asegurarme que no se pusieran a pelear dentro de esta lata de sardinas, podrían destruirla, y que yo sepa ninguno de los tres puede sobrevivir en el espacio —respondió a Vegeta, y luego se centró en Tarble—. Cuéntamelo todo, y no omitas ningún detalle —dijo emocionada, como una adolescente que estaba apunto de escuchar el sabroso chisme de su mejor amiga.

Tarble quedó con la boca abierta, sin saber qué decir, ya que por muy reservado que fuera, sabía que Bulma no se quedaría tranquila sin una respuesta detallada.


(...)


Esta vez Tarble despertó cuando Bulma ya llevaba un rato dormida con él. No tenía idea en qué momento de la noche se había metido a la cama, pero seguramente había sido cuidadosa para no despertarlo, sin embargo ya dormida se apoderó de la cama y terminó arrinconándolo contra la pared, lo que terminó por despertarlo. Incluso con Broly que ocupaba gran cantidad de la cama era más agradable dormir, en cambio Bulma se apropiaba de todo el espacio como si estuviera durmiendo sola.

Resignado y totalmente despierto, se levantó con cuidado para no despertarla, tomó su tableta y se retiró de la habitación. Ya tenía ropa puesta, a sabiendas que las visitas de Bulma durante la noche podían repetirse, se había acostumbrado a dormir con pijama una vez más: una camiseta manga corta color plomo y bóxer claros que le quedaban un poco sueltos.

—Qué bueno que estas despierto —dijo Tarble cuando entró y encontró a Vegeta acostado y fumando. Se sentó a los pies de la cama con la espalda apoyada en la pared y revisó su tableta—. Acabo de redireccionar la nave para poder ingresar sin que nos descubran. No quedaremos tan cerca de la esfera, pero una vez adentro no tendremos problemas. Según lo que me informan no hay guardias del imperio de Trantor al interior.

Vegeta que había estado acostado, se dejó el cigarro en la boca y se sentó para mirarlo.

—¿Algo más de utilidad?

—No mucho. Costó conseguir las coordenadas exactas para ingresar. Debe haber algo importante en ese planeta que no quieren que nadie ingrese… Ni siquiera está siendo explotado, solamente lo tienen para protegerlo.

—Tendremos que estar atentos cuando dejemos la nave.

—Sí —respondió Tarble sin dejar de mirar su pequeño aparato y aprovechó que no había riesgo de que Bulma llegara—. Un consejo, Vegeta, Bulma no tuvo una infancia feliz, y le tiene cierta repulsión a los saiyajin por ser una raza agresiva. No le preguntes sobre su pasado, ya hace bastante hace al pasar por alto quien eres.

—Tú también eres un maldito saiyajin.

—Muchos saiyajin pondrían en duda lo que dices… Y en todo caso, yo no me estoy acostando con ella.

—¿Te mandó a decir eso?

—No, está durmiendo y roncando. Esto tómalo como un consejo de hermano.

—Tú sabes lo que le pasó.

—No mucho —mintió—. Ella es reservada por alguna razón, y cuando sienta que es el momento hablará.

—Maldición —dijo molesto, quitándose el cigarro de la boca—. Es solo una estúpida conversación y ya cree que la estoy interrogando. Es más fácil cuando solo cogía con la mujer y ni siquiera sabía su nombre.

—Estos diez días de viaje solo vino a mi cuarto dos veces, fue poco comparado con las veces que discutieron antes que llegaran a Trantor.

—Ya estoy harto de este viaje. Quiero encontrar las malditas esferas, pedir el deseo y largarme de aquí.

—¿Y desaparecer por otros diez años?

—Tal vez tengas suerte y sean más. —Notó que su hermano frunció el ceño ante su respuesta.

—Aquí hay información nueva… —dijo Tarble cambiando el tema—. Creen que este planeta pueda ser muy antiguo y alberga una de las pocas razas ancestrales que quedan. Tendría sentido protegerlo tanto.

—Como los que crearon las esferas y ahora están casi extintos.

—Así es. —Continuó leyendo en silencio mientras Vegeta fumaba y lo observaba.

—¿Cómo conseguiste toda esta información? —preguntó Vegeta—. Bulma no pudo acceder a nada.

—Tengo gente muy capaz que trabaja para mí.

—¿Le pagaste a alguien de Trantor?

—Saiyajin —respondió dejando la tableta para mirarlo—. Nuestra madre siempre insistió en la importancia de educarse, ya que un cuerpo poderoso no sirve si no se tiene una mente a la altura. Decidí seguir su consejo y es obligación para todos mis hombres y mujeres al menos saber leer.

—¿Y saben usar computadores al nivel de ingresar a los datos ocultos de un imperio? —preguntó asombrado.

—No todos pueden destacar en los combates, pero sí sobresalir en otras áreas, y el estar en Trantor ayuda.

—Hay algo que no me cuadra —dijo Vegeta pensativo, estudiando a su hermano.

—¿Qué no te cuadra?

—Tienes ejércitos y planetas que has conquistado para el imperio. No es algo que pensé que harías, desde que eras niño se notaba que eras diferente y nada de esto te interesaba.

—Tuve que adaptarme —respondió con seriedad.

—¿Qué tanto? —No le quitó la vista de encima, haciendo que Tarble sí lo esquivara.

—Evidentemente mucho.

—¿Sabes cuál fue el problema de Koora? —preguntó mientras apagaba el cigarro en el cenicero.

—No, pero asumo que me lo vas a decir —dijo ya incómodo por la conversación.

—Cuando Koora se fue en contra de las costumbres saiyajin y comenzó a ayudar gente no tuvo cuidado y se dejó ver demasiado. En cambio tú eres muy precavido, exageradamente precavido. Creo que te conviene que el resto te menosprecie, aunque eso te moleste.

—¿Por qué no eres directo y me dices lo que piensas? —dijo enfrentándolo.

—Aún intento entender lo que pasa. Pero no creo que hayas sido capaz de cambiar al extremo de volverte un saiyajin más. Lo que sí creo es que eres lo suficientemente inteligente como para engañar a los que te rodean.

Tarble no respondió, pero sí se bajó de la cama, molesto por el vuelco que había tomado la conversación.

—Prepárate, en menos de un día llegaremos al planeta.

—Y ahora me preguntó por qué accediste a casarte y separarte de Broly cuando podrían haberse marchado. En cambio siguen hablando a diario como un par de melosas niñas enamoradas. Hay algo que tienes que hacer antes de poder irte, y asumo que es muy importante.

—Bulma tiene razón, es molesto hablar contigo.

—Estoy intentando descifrarte.

—No hay nada que descifrar ni entender. No nos veíamos hace más de una década y estás asumiendo cosas de mí, lo mismo que detestas que hagan contigo.

—Pese a todo lo que pasó entre nosotros te conocía, por eso no me cuadra nada… ¿Dónde vas? Estamos hablando —dijo Vegeta cuando lo vio dirigirse hacia la puerta.

—A mi cuarto, a dormir en mi cama con tu mujer —dijo, y se marchó a paso rápido.

—Imbécil —murmuró Vegeta.


Continuará…


Hola a todos y todas, muchas gracias por llegar hasta aquí. Me atrasé una semana, pero ha sido tan agotador todo, mi esposo está con tratamiento con remedios muy fuertes, lo que lo tiene con las defensas muy bajas, así que tiene que hacer reposo y no puede salir de la casa ni de broma, así que entre hacer las cosas en la casa, cuidarlo, salir a comprar, a hacer trámites no me ha quedado tiempo para nada, pero al menos por fin está semana comenzó a responder bien al tratamiento, y eso me tiene muy feliz, lo que me ayudó a terminar el capítulo.

Este capítulo es el más largo del fic (más de 16 mil palabras y 43 páginas) así que por eso también me demoré más en escribirlo, y eso que corrí unas cuatro escenas más para otros capítulos, de lo contrario hubiera sido más largo. Siento mucho no haber tenido tiempo para responder los rws, habían muchos interesantes que tenía ganas de comentar, pero no me dio el tiempo.

Ah! Agradezco a las que me dejaron rws el jueves pasado saludándome, me sacaron una sonrisa, fue muy lindo. Muchisimas gracias!

Y bueno, vámonos de lleno a comentar el capítulo:

Kyle: Como ya se dieron cuenta, la historia de Kyle va más atrasada que la del resto. Recién llegó a un planeta con Gohan, mientras que en la historia de Tarble, ya se comunicó con él y Broly. A medida que avancen los capítulos irán sabiendo qué pasó con ella, Gohan, Bardock y Kakarotto que los están buscando y también lo que sucede en Vegetasei y el rey que no se ha tomado bien su desaparición. Más adelante esta trama alcanzará al resto y nuevamente irán más o menos a la par.

Vegeta y Bulma: Va avanzando de a poquito la relación, con sus momentos más buenos que malos, pero claro, Vegeta no había tenido jamás algo así de constante y Bulma… bueno, ya saben que pasa con Bulma y su "odio" a los saiyajin. Tanto que los detesta y tiene de mejor amigo a un príncipe y de "pareja" a otro príncipe. Vegeta está sintiendo celos, algo que nunca había experimentado antes, pero claro, aún tiene costumbres de saiyajin y no va a admitirlo ni siquiera con su hermano. El pasar mucho tiempo durmiendo sí que los ha acercado, aunque no se den cuenta. Y Bulma no va a admitir que tiene una relación con él, siendo que todo lo que hacen indica que así es.

Ah! Casi se me había olvidado. Ven que Vegeta no había toqueteado a Bulma en el capítulo Intrusa jajajja ahora Bulma notó la diferencia.

La canción de esta ocasión Por debajo de la mesa de Luis Miguel (Sí, otra de Luis Miguel jajajjaja) me encanta. Es verdad lo que me han dicho en rws, que puede gustarte o no este cantante (personalmente no soy fan de él) pero tiene canciones tan buenas! Y todavía queda al menos otra para uno de los capítulos más fuertes, pero falta mucho para eso. Bueno, está más que decir que es para Vegeta y Bulma, y al igual que en el capítulo anterior y en otros, mi querida colaboradora AnneBrief7, hará el análisis.

Vegeta y Tarble: Tenía tantas ganas de escribir a estos hermanitos juntos. Por fin después de tanto tiempo están comenzando a comportarse como hermanos (tal vez no en aspectos positivos, pero por algo se comienza. ¿Qué hermanos nunca han discutido? especialmente si tienen un pasado como el de ellos donde nunca tuvieron una excelente relación) Este tiempo viajando juntos les ha servido para compartir y tener tiempo a solas, y al menos gracias a Bulma han sobrevivido al viaje, pero aún les queda tiempo juntos para seguir teniendo una relación.

Bulma y Tarble: En la escena en que juegan cartas y Bulma no es capaz de ver si su amigo está mintiendo o no fue como para mostrar por qué la joven aún no se ha dado cuenta de que Tarble era el responsable que hubiese terminado en Vegetasei. Claro, ahora no estaba trabajando en el asunto de la venganza, pero la amistad entre ellos, el cariño grande de la joven hacia él, y también la admiración que siente por todo su trabajo para ayudar a los demás, hace que nuble su juicio y no sea capaz de ver bien, pese a lo inteligente que es.

En cuanto a los flashbacks de Vegeta: Ya se ha ido revelando el pasado de Vegeta, lo que ha hecho y costumbre de abandonar el planeta y las personas que pudo haber conocido. Todas estas experiencias le ayudaron a convertirse en lo que es hoy, pero no hay nada que lo haya hecho quedarse, hasta ahora.

Para la que no se acuerde, casi al final del capítulo Destino, en el flashback de Vegeta, una persona le habla. Es la misma diosa que sale ahora, y como ven, aquí es que comienza a usar el nombre Argon.

Tarble y Broly: Siguen con su relación a larga distancia, y ocupados en mantener la llama encendida jajaja. Tengo un anuncio que hacer. Pensaba dejarlo como sorpresa, pero considerando todos los rws que han llegado preguntado por Tarly, comunicando lo mucho que han sufrido con ellos separados (me incluyo) Les aviso que queda muuuy poco para que el sufrimiento termine. Solo tengan un poco de paciencia, que el próximo capítulo tendrán noticias al respecto.

Muy bien. ahora si me retiro. Espero más que emocionada sus rws, este ha sido uno de mis capítulos favoritos y espero sus comentarios. Muchas gracias por seguir apoyandome y acompañando. Es cierto que escribo esta historia porque me gusta y para distraerme, pero no sería lo mismo sin ustedes acompañándome.

Nos leemos en el próximo capítulo.

Dev.

04/03/21.