—
El Legado II
Segunda Parte
XXXI
Equipo
parte 3
(El Príncipe Y El Guerrero)
¿Cómo puedo comer?
¿Cómo puedo escribir?
¿Cómo puedo sufrir, escapar o mentir?
Si lo único cierto y lo único claro es tu firme salvaje y bendito amor
Al olor de tu sangre, al sabor de tu cuello
Al dolor de tu llanto, al color de tu voz
Moriría mañana, moriría en éxtasis
Moriría en el fondo del éxtasis
(Amiga Mía / Los Prisioneros)
Cinco semanas atrás
—Gohan —susurró Kyle al niño intentando despertarlo, pero el pequeño continuaba profundamente dormido—. Gohan despierta —insistió, y aprovechando que no había nadie cerca sacó la mano por entre los barrotes y la estiró en dirección a la jaula de Gohan, pero ni siquiera alcanzó a rozarla.
—La saiyajin despertó —avisó el grandote que la había dejado inconsciente.
Kyle metió la mano de vuelta y se sentó mirando al sujeto inmenso y a los otros dos que se acercaron a mirarla, ya que era todo un logro haber capturado a una saiyajin joven y bonita.
—¿No se te hace conocida? —dijo pensativo el más bajo de los tres, el que había puesto la trampa en la nave saiyajin para capturarlos.
—¿No son todos los saiyajin iguales? —mencionó el grandote.
—No, fíjense, mirenle la cara y la ropa que tiene es de calidad.
Kyle sintió que se le aceleraba el corazón. No podía ser que la reconocieran, estaba despeinada, con su rostro manchado por la sangre de la herida en la cabeza y el cabello cubriendo sus facciones. Si se daban cuenta quien era sí que estaba perdida.
El hombre bajo se acercó a la jaula para mirarla mejor.
—Acércate, niña —ordenó, pero Kyle continuó con su mirada asesina sin moverse de su lugar—. Acércate para ver tu linda cara, o te va a ir muy mal.
—Por qué no te acercas tú, pedazo de mier… —No pudo terminar el insulto, cuando el tercer hombre en el cuarto se puso detrás de la jaula y le dio un golpe de electricidad con su bastón en el cuello, obligándola a que se acercara hacia el tipo que no tardó en meter ambas manos por el espacio de los barrotes para tomarla con violencia del cuello y el cabello y así estudiar su rostro con detenimiento.
—No puede ser —dijo riendo con fuerza, pero calló de inmediato para que nadie más escuchara, ya que era una nave increíblemente grande con mucha gente en su interior—. ¿No se dan cuenta quien es? —preguntó aún sujetando a la joven del cabello y el cuello, pero debió soltarla y alejarse cuando lo mordió en la mano, lo cual no fue razón para dejar de sonreír aunque lo dejara sangrando—. No puedo creer que no se den cuenta, es la hija del rey Vegeta —susurró.
—¿Dices que es la princesa de los saiyajin? —dijo en voz baja el hombre alto, mientras que el del bastón de corriente rodeó la celda para poder mirar a la saiyajin e identificarla.
Kyle se mantuvo sentada y tensa, con la mirada en los hombres, escuchando cada palabra que hablaban, desesperada por liberarse y poder salir con Gohan, pero no tenía energía ni para doblar unos simples barrotes. Vio ir y regresar corriendo al sujeto que mordió, traía una tableta en la que seguramente buscaba una imagen suya para mostrarle a los otros tipos. Hubo una discusión sobre si se trataba de ella o no, ya que las imágenes que encontraron eran más antiguas en comparación con la adolescente de ahora y que aparentaba más años, pero el tipo insistía que se trataba de la princesa.
—Si es realmente ella no será necesario trabajar nunca más —dijo el hombre del bastón. Podemos venderla por mucho dinero al rey Vegeta.
—No, terminarían matándonos en cuanto se la pasáramos —dijo el bajo pensativo—. Hay que contactar a sus enemigos poderosos y ofrecerla al mejor comprador.
—Eso es bueno —respondió el del bastón—. ¿Pero cómo vamos a hacer para que nadie en esta nave se entere? Esta es una ciudad, no podremos tener oculta una bomba así todo lo que dura el viaje, alguien se va a enterar y habrá una guerra por tener a la princesa.
Kyle vio como el bajo solo tuvo que lanzarle una mirada al grandote para que este entendiera y tomara al tercer hombre del cuello. No fue necesario esforzarse mucho para romperle el cuello y dejar el secreto entre dos personas, mucho más fácil de mantener.
Gohan despertó justo para ver el cuerpo inerte del hombre cayendo al suelo. Debió cubrir su boca con ambas manos, pero de todas maneras su gritito de asombro fue escuchado por todos los presentes.
—Genial, despertó el niño —dijo el bajo a su compañero—. Ya muchos saben que tenemos dos saiyajin, podemos pasarles al niño para que hagan negocios con él y nos dejen tranquilos con la princesa.
—Ya hay compradores para el rabo del niño —comentó el grandote mientras arrastraba el cadáver desde la muñeca para dejarlo en una jaula desocupada y no molestara.
—Démosle el rabo entonces —dijo encogiéndose de hombros. Tomó el bastón de electricidad y se acercó a la jaula de Gohan, haciendo que el pequeño se hiciera hacia atrás todo lo que pudo.
—¡No, espera! —gritó Kyle enojada, más aún cuando el niño chilló de dolor por los golpes de corriente, intentando defenderse sin éxito al no tener su energía—. ¡Déjalo! —insistió sin éxito, hasta que recordó uno de las palabras de Tarble, que no todo se resolvía con fuerza bruta, también se puede ser listo con las palabras—. ¡Sí, soy la princesa Kyle! ¡¿Pero no te das cuenta quién es él?!
Esas palabras hicieron que inmediatamente el hombre se detuviera y mirara a Kyle.
—¿De qué hablas?
—El niño que tienes ahí es Leek Segundo, nieto del príncipe Torn, y te juro que te vas a meter en un tremendo problema si le quitas su rabo. Mi gente no va a parar de cazarte si llegas a tocar a alguno de los dos.
El tipo volvió a mirar al niño que se mantenía aterrado, con ojos llorosos abrazando su colita.
—No parece príncipe —dijo pensativo—. Se ve demasiado asustado.
—Lo tienes en una maldita jaula y le estás dando golpes de corriente, ¡¿qué esperabas?! ¿Por qué iba a andar con un miserable niño de tercera, idiota? —dijo altanera, y agregó—. Puedes pensar lo que quieras, pero te aseguro que no vas a alcanzar a alejarte lo suficiente con lo que ganes con nosotros antes que mi familia los encuentre, los torture y les reviente la cabeza por su grave ofensa.
—No le quites el rabo por ahora al niño —dijo el grandote, preocupado por la posible ira de la casa real saiyajin.
—Hazle caso —dijo Kyle—. Parece ser más inteligente que tú. A estas alturas ya deben haber cientos de flotas reales buscándonos, y van a destrozar a cada persona al interior de esta nave cuando nos encuentren.
—¡Cállate! —exclamó y le dio una descarga de corriente en el pecho que la hizo soltar un grito corto, y luego se dirigió al grandote—. Ven, tenemos que hablar de negocios.
Los hombres salieron del cuarto de jaulas hacia la siguiente habitación donde aún se les podía escuchar susurrar y moverse por el lugar.
—¿Estás bien? —preguntó Kyle al niño en un susurro.
—Sí —respondió aún con lágrimas en sus ojos—. ¿Por qué no tengo fuerza?
—Es el collar en tu cuello, te quita la energía.
El pequeño se tocó el cuello e intentó tirar del collar hasta que sintió que le hacía daño a la piel y entonces desistió.
—Tengo miedo —dijo a punto de estallar en llanto.
—Gohan perdóname —murmuró Kyle, afligida por la situación en la que estaban metidos.
—¿Qué vamos a hacer?
—Vamos a salir de aquí. Al menos ahora tenemos tiempo, pero vamos a volver a casa, te lo prometo. —No creyó mucho en sus propias palabras, pero tenía que darle algo de tranquilidad al niño. No pudo evitar pensar en Tarble y Broly. Cómo deseaba que estuvieran cerca para ayudarlos.
(...)
Gracias a la pulsera con localizador de Gohan, Bardock y Kakarotto lograron encontrar e ingresar al crucero espacial antes que este abandonara la atmósfera del planeta. El lugar era tan grande y complejo que podría pasar días enteros e incluso más antes de tener la posibilidad de encontrar a Gohan y Kyle, pero con la pulsera todo se simplificaba, si es que el niño aún la tenía puesta, claro está. Pero antes de poder deambular por la nave debieron esconderse de los hombres y mujeres que andaban por todos lados realizando sus tareas ahora que la nave había dejado el planeta.
Debieron permanecer escondidos varias horas en un cuarto de bodegaje hasta que todo se calmó. Conociendo la capacidad y velocidad de este tipo de naves, sabían a la perfección que ya estaban muy lejos del planeta y que deberían encontrar una nave para poder escapar.
—¿Estamos listos entonces? —dijo Bardock en voz baja luego de repasar el plan.
—Sí, más vale que funcione —respondió Kakarotto asomado hacia el pasillo del lugar. Hace un rato había dejado de pasar personal, y estaba atento aguardando por la persona indicada.
—Funcionará mientras hagas lo que acordamos.
Kakarotto no respondió y se ocultó cuando escuchó pasos acercarse. Los dos hombres permanecieron quietos y en silencio y cuando la persona pasó de largo por la bodega donde se encontraban ocultos, Kakarotto volvió a asomarse para comprobar si la persona era de su estatura. Era un hombre corpulento que además usaba casco, justo lo que necesitaban. Fue rápido, y el hombre ni se dio cuenta quien lo atacó por detrás quebrándole el cuello de un solo movimiento certero y letal. En cuanto regresó con el cuerpo del hombre lo dejó en el suelo y comenzó a desvestirlo.
—Quítate la armadura —dijo Kakarotto mientras se vestía con la ropa del hombre que mató. Tiene que parecer que luchamos.
Bardock obedeció, y de paso se rajó la ropa para darle mayor credibilidad. Kakarotto se amarró el cabello antes de ponerse el casco con visera que solo le dejaba visible de la nariz hacia abajo. No había forma que los vincularan pese a lucir como dos gotas de agua.
—No es suficiente —dijo Bardock cuando su hijo ya estuvo vestido—. Me tienes que golpear… —Antes de terminar, Kakarotto lo golpeó en el abdomen dejándolo unos segundos sin aire, incapaz de hablar—. En el rostro —murmuró molesto, y más aún al ver la sonrisa de satisfacción en su cara.
Esta vez Kakarotto le hizo caso y lo golpeó en tres ocasiones para dejar su ojo hinchado, su labio roto y la nariz sangrando. Bardock se despeinó el cabello con ambas manos y ya estuvieron listos con los disfraces para poder caminar con total libertad por la nave.
—Estos infelices están bien cargados —dijo Kakarotto luego de tomar un bastón de corriente de alto poder, pero para dos hombres como ellos no sería un gran problema. Le puso unas esposas corrientes a Bardock por detrás de la espalda y salieron del lugar en busca de sus respectivos hijos.
(...)
Sin abrir los ojos, Ginn palpó al otro lado de la cama buscando a Raditz. El hombre ocupaba demasiado espacio como para no encontrarlo al primer intento, lo que significaba que nuevamente se había ido en lugar de descansar y dormir una buena cantidad de horas tal como habían acordado. La joven estaba exhausta, además del entrenamiento grupal, ahora se sumaban las sesiones privadas con Vegeta, lo que significaba que para el final de la jornada, y después de comer y de una buena ducha, no tenía nada de energía para siquiera abrir los ojos y mucho menos ir por Raditz para que regresara a la cama a recuperarse… No, eso sería comportarse como una madre, y ella no era así, era una guerrera que no volvería a insistirle a su pareja que le bajara la intensidad a los entrenamientos, después de todo él era un buen guerrero.
Luego de todo aquel proceso mental abrazando una almohada y escondida bajo los cobertores, Ginn volvió a quedarse dormida, con la mano sobre donde debería estar acostado Raditz.
(...)
Bulma dio vueltas en la cama una y otra vez sin lograr conciliar el sueño. Además del vacío en una cama que comenzó a sentirse demasiado grande para su gusto, se sumaba el frío de la habitación, que ahora no solo se reducía cada vez que despertaba, sino que en todo momento. Dos días sin tener a Vegeta durmiendo con ella se sentían pesados.
Aburrida de la situación, se levantó, no se molestó en ponerse algo sobre el pijama de dos piezas que dejaba al descubierto parte de su vientre, además de sus brazos y piernas, tomó su cajetilla de cigarros, el encendedor y salió de la habitación. Debió dirigirse hasta un piso más arriba para llegar al cuarto de Tarble, que tal como ella, ahora ocupaba sin su acompañante.
Para su suerte, Tarble aún estaba despierto, vestía su pijama que consistía en una camiseta manga corta y bóxer cortos, y se encontraba sentado en el marco interior de la ventana observando las estrellas.
—Es tu día de suerte —dijo Bulma mientras encendía un cigarro e iba hacia la cama, cerca de la ventana dónde se encontraba el príncipe—. Vengo a hacerte compañía. Tal vez si conversamos podamos dormir algo.
Tarble estuvo a punto de pedirle que apagara el cigarro, ya que a Broly no le agradaba el humo, pero considerando que llevaba dos días durmiendo en otro piso, qué más daba.
—¿No sería mejor ir a hablar con mi hermano en lugar de reemplazarlo conmigo? —preguntó mirándola.
—Son demasiados diferentes para que alguno reemplace al otro —respondió ya acomodada en la cama. Debió sacar los cigarros que le quedaban y dejarlos sobre el pequeño velador para usar la cajetilla como cenicero—. Y no, no tengo nada que hablar con él… creo que fue para mejor, de todas maneras esto iba a terminar una vez que se pidiera el deseo —dijo como si estuviera resignada, pero para Tarble sonó como si la joven quisiera convencerse de aquello—. ¿Y tú por qué no vas con Broly?
—No voy a presionarlo —respondió y bajó los pies del marco, apoyándolos en el frío suelo metálico—. Con que se haya quedado en la nave ya significa mucho.
—Ya volverá —dijo Bulma queriendo animarlo—. Él sabe muy bien lo que es ayudar a toda la gente de tantos planetas y hacerlo a escondidas, debería ya saber que deben hacerse sacrificios de vez en cuando. ¿Qué pasaría si tu padre decidiera quitarte tus planetas? No pasaría mucho antes que se descubriera todo, y ni hablar lo que le pasaría a esa pobre gente.
—Lo sé, pero hagas lo que hagas no vayas a decirle nada, por favor —dijo hablando en serio.
—No lo haré, pero debería —dijo con el ceño fruncido.
—Esa conversación no terminaría bien.
—¿A qué te refieres?
—¿Realmente tengo que decírtelo? —dijo sonriendo.
—¿Acaso no le agrado a tu esposo?
—No mucho.
—¿Y qué tiene en contra mía? —preguntó un tanto ofendida.
—Creo que nada en particular, salvo que tú eres muy intensa y eso puede incomodar a alguien tan reservado como él.
—Tú y tu lenguaje diplomático —le dijo sonriendo. Corrió los cobertores y le indicó con la mano que se acostara a su lado. El joven le hizo caso y pronto estuvieron los dos tapados y sentados en la cama.
—Puedes quedarte a dormir —dijo Tarble—. La cama es lo suficientemente grande para que te quedes en tu lugar y no me arrincones.
—Tranquilo, ni siquiera notarás que estoy aquí.
—Me gusta tenerte aquí —dijo dándole una palmada en la pierna por sobre la ropa de cama.
—Lo sé. —Apagó el cigarro a medio fumar y se acostó al igual que Tarble. Pronto estuvo todo a oscuras salvo por la hermosa vista que les proporcionaba la ventana—. Tú y yo debimos habernos enamorado —dijo de pronto pensativa, boca arriba, observando el techo de la nave.
Tarble que ya le había dado la espalda y se había acomodado para intentar dormir abrió los ojos ante sus palabras.
—¿Hablas en serio?
—Todo sería más fácil, somos parecidos, prácticos, listos y el resto no nos entiende.
—¿Realmente crees eso? —preguntó sonriendo, y sabía que ella estaba igual.
—No, la verdad que no, no hubiera funcionado.
La pareja continuó hablando un rato más hasta que finalmente llegó el sueño.
(...)
Los cuatro guerreros desayunaron en silencio y más hambrientos que nunca. Habían pasado por alto las horas de sueño, así que antes de ir a ducharse y dormir pasaron a comer.
—Esto está delicioso —exclamó Ginn, y le acercó el plato de carne a Raditz que estaba sentado frente suyo para que comiera. Al lado de la mujer estaba Vegeta, y Broly estaba junto a Raditz.
Raditz, el más agotado de todos, se sirvió parte de la comida en su plato, y con más hambre que nunca continuó comiendo concentrado como todos. Ginn ya no lo molestaba ni sobreprotegía para nada, era su voto de confianza hacia él, pero sí se preocupaba de que comiera bien cuando estaban juntos y lo hacía de la forma más disimulada posible para no molestarlo.
—Dame —dijo Vegeta acercando su tenedor al plato que aún sostenía Ginn, pero la mujer lo alejó de él, dejándolo cerca de Raditz.
—Tú come otra cosa —respondió la guerrera, ya que Raditz necesitaba más energía. Vegeta le frunció el ceño y ya que ella estaba distraída, le quitó el pedazo de carne de su plato y se lo dejó para él—. ¡Hey! —reclamó la mujer. Intentó recuperar su carne, pero Vegeta alejó el plato impidiéndolo.
—Demasiado lenta —dijo sonriendo burlón.
—Ya vas a ver —respondió Ginn fingiendo amenazarlo.
Los cuatro continuaron comiendo y hablando de a ratos, especialmente Vegeta con Ginn, ya que Raditz estaba abstraído devorando todo y Broly no se caracterizaba por hablar mucho. Poco a poco la comida comenzó a disminuir hasta saciar el apetito de los guerreros y calmar sus estómagos.
En el momento que Broly iba a sacar la última papa del recipiente, Vegeta se adelantó y la acaparó para él.
—Muy lento —dijo mientras llevaba la papa a su plato—. ¿Qué pasó con el guerrero que quedó último en pie sobre la plataforma en el torneo de grupos?
Broly solo miró a Vegeta por un intenso segundo y luego continuó comiendo.
Vegeta iba a volver a hablarle, pero Ginn sin ningún disimulo lo golpeó en el brazo.
—Ya cálmate y come.
(...)
—¿Ya estás cansado? —preguntó Vegeta sin intenciones de detener el entrenamiento, pero Tarble ya se había sentado en el suelo y con una botella de agua en sus manos.
—Sí, estoy cansado. —Bebió gran cantidad de agua y dejó un poco para mojarse el rostro y limpiarlo de la sangre de sus heridas. Vegeta se sentó a su lado con su propia botella de agua, mientras que los robots esféricos permanecieron en el aire esperando alguna bola de energía para volver a atacar.
—Cinco minutos —dijo y también bebió agua. Tenía algunas heridas importantes, pero nada que realmente le molestara, lo cual era malo, pues necesitaba dejar de pensar en la mecánica y el dolor físico ayudaba.
Los hermanos estuvieron un rato en silencio descansando luego de un par de horas entrenando sin parar. Tarble miró a Vegeta que últimamente lucía más serio y malhumorado y se notaba en la manera de atacar, mucho más violento y exigente que de costumbre.
—He estado pasando tiempo con Bulma —finalmente dijo. Imaginaba que tenía ganas de saber de ella pero era demasiado orgulloso como para tocar el tema, tal como Bulma.
—No me interesa —respondió Vegeta, e inmediatamente se puso de pie, dando por terminado el descanso—. Vamos, de pie, a entrenar —dijo autoritario.
—Ni siquiera han pasado los cinco minutos —reclamó con el ceño fruncido.
—Deja las quejas y levántate —ordenó—. Apestas intentando acertar golpes. ¿Te golpeaste la cabeza estos últimos días y se te olvidó todo lo que estuvimos entrenando estas semanas?
—Tengo la cabeza en otro lado —respondió Tarble ofendido, ya de pie.
—No tienes de qué preocuparte —dijo sonriendo con burla—. El grandote va a volver arrastrándose a tus pies en un par de días. —Estaba intentando por todos los medios distraerse y agotarse hasta el extremo de no pensar en nadie, y si con eso tenía que ser desagradable, vaya que lo sería, era bueno en eso.
—No hables así de él —respondió enojado—. Accedí a entrenar contigo para acompañarte, no para escucharte hablar estupideces.
—Tranquilo —respondió caminando alrededor de él con intenciones de seguir molestándolo para que peleara como se debía—. Ya van a volver a besarse a escondidas como un par de niñas melosas. ¿El grandote está consciente de cómo luce un hombre de casi dos metros cuando se comporta así?
Tarble no respondió, se lanzó a atacar a su hermano para borrar esa insoportable sonrisa que fue capaz de sacar de quicio al mismísimo Freezer.
(...)
Broly se detuvo para recuperar el aliento, pero no bajó la guardia, ya que la pelea aún no había terminado. Frente a él, Raditz aprovechó el momento para limpiar el sudor y la sangre de la frente antes que se le fuera a los ojos, sin descuidarse en caso de un posible ataque. Estaba agotado, pero disfrutaba las peleas con Broly, que al medir y tener similar estado físico, los combates eran brutales, más salvajes, sin tanta técnica ni abuso de velocidad extrema gracias a los tamaños más pequeños de los otros. Los enfrentamientos con Broly eran como volver al más primitivo estado de un guerrero saiyajin.
En cuanto pudo respirar mejor, Broly se lanzó a atacar. El primer intento de golpe lo frenó Raditz con ambos brazos cruzados a la altura del rostro. El segundo dio de lleno en la mandíbula, pero Raditz no esperó un tercero y respondió con un codazo en la cabeza que hizo que Broly retrocediera un par de pasos. Aprovechando el momento volvió a arremeter, pero Broly lo detuvo tomándolo de ambas muñecas, a lo que Raditz intentó golpearlo en el rostro con su cabeza para liberarse, y lo consiguió, ya que Broly saltó hacia atrás para evadir el ataque, soltándolo en el proceso. Ninguno esperó y se lanzó contra el otro concentrando la energía en el puño para golpear.
El impacto fue brutal. Broly lo golpeó en el costado del abdomen, mientras que Raditz alcanzó a darle de lleno en el centro de la nariz, lo que desestabilizó a ambos guerreros, haciéndoles perder el equilibrio, terminando en el suelo. Raditz apenas respiraba por el golpe en el costado y a Broly le sangraba tanto la nariz que debió ponerse de lado, pero no se levantó, estaba agotado, sentía el cuerpo caliente y tenía la sensación de que no había dormido hace días.
—Pensé que lo esquivarías —dijo Raditz, aún respirando entrecortado, tirado en el suelo con una insoportable punzada en el costado.
—Me distraje —respondió el guerrero, pasando el brazo por la nariz, manchándolo con abundante sangre. Debió sentarse para no ahogarse, mientras que Raditz permaneció quieto.
Broly cerró los ojos y debió respirar por la boca. A causa del violento combate, el cabello se le había soltado e ido hacia el rostro. El dolor en la nariz comenzó a extenderse a todo el rostro, pero fue bienvenido, lo que fuera para dejar de pensar en Tarble y tomar una decisión con la cabeza fría, lo cual era tan difícil. No lo veía hace un par de días, pero sentía su ki, por lo que sabía exactamente en qué lugar se encontraba, e incluso podía hacerse una idea de lo que estaba haciendo. No era fácil desligarse de alguien que era la parte más importante de su vida, su amigo, su compañero, su amante, y aunque lo intentara no estaba enojado. No podía, eran otros sentimientos los que lo embargaban, pero no lograba identificarlos, por lo tanto no podía hacer nada con ellos, y por esa razón lo mejor era darle prioridad al dolor físico, lo que conocía desde pequeño y ahora era capaz de controlar.
—¿Vamos a seguir? —preguntó Raditz aún acostado. Apenas tenía fuerzas para levantarse, pero siempre terminaba encontrando un segundo aliento para continuar exigiendo su cuerpo hasta los extremos. Ahora que Ginn había dejado de sobreprotegerlo, entrenaba con el grupo y con Broly a solas, por lo que pasaba gran cantidad del día sometido a extenuantes entrenamientos, lo que lo tenía agotado y satisfecho. Haría lo imposible por recuperarse y hacerse más fuerte para matar a esos sujetos.
—Sigamos —respondió Broly luego de abrir los ojos, obligándose a concentrarse en lo que sucedía dentro del cuarto y no allá afuera.
(...)
—Es una suerte que haya quedado comida de ayer —dijo Bulma luego de apagar el cigarro en un cenicero. Ella y Ginn ya estaban instaladas en una de las mesas de la cocina mientras Tarble calentaba lo que seguramente Raditz había cocinado ayer, pues el joven no reconoció la mano de Broly cuando le dio una probada.
—Ya muero de hambre —exclamó Ginn con el torso y los brazos sobre la mesa. Lucía más cansada que nunca, y luego de comer tendría que ir a entrenar con Vegeta, pues ya se había comprometido con él—. ¿Falta mucho?
—No, ya está —respondió Tarble preocupado de servir las porciones en los platos. La más grande para Ginn, que le hacía honor a los saiyajin al tener un apetito de animal salvaje pese a mantenerse tan delgada a causa de tanto ejercicio físico. Luego seguía él, y en mucha menos cantidad el plato de Bulma.
En cuanto puso los platos en la mesa, Ginn comenzó a engullir con ganas, Bulma dejó de lado el robot de entrenamiento en el que trabajaba para poder comer, y Tarble se sirvió un vaso de su licor favorito y se centró en este en lugar de la comida.
—Esto lo cocinó Raditz —dijo Ginn después de devorar casi la mitad del contenido del plato, ahora lucía más repuesta y con energía.
—¿Y tú no vas a comer? —preguntó Bulma a Tarble, a lo que el joven respondió comiendo una
cucharada de su comida y luego volvió con su vaso.
—Pensé que tenía hambre —dijo el príncipe.
—No importa —dijo Ginn—. Yo me lo como, necesito más energía que nunca, tengo que ir a entrenar con Vegeta y está todo un hijo de puta al momento de pelear.
—Dímelo a mí —comentó Tarble apuntando su ojo derecho aún hinchado.
—¿Qué le hiciste a Vegeta? —preguntó Ginn a Bulma, dejando la comida de lado un momento.
—¿Por qué tuve que ser yo la que hizo algo? —respondió mirando a la guerrera que levantó una ceja ante sus palabras.
—Muy bien, ¿qué te hizo Vegeta para estar así?
—Bueno, es posible que le dijera algo que lo ofendió, pero no era para que desapareciera y no me diera la cara.
—¿Te dijo a ti lo que hizo? —preguntó Ginn a Tarble.
—Trato de inmiscuirme lo menos posible entre ellos —dijo encogiéndose de hombros—. Porque en lugar de conversar juegan a hacerse los orgullosos.
—Bueno, sea lo que sea, arréglalo ya, porque voy a estar demasiado cansada para pelear con los enemigos de Vegeta si seguimos así.
—Jamás le he rogado a un hombre y esta no será la primera vez, y por tu culpa se me quitó el apetito —dijo molesta, cruzada de brazos.
—No hay problema —respondió Ginn—. Yo me lo como.
(...)
Raditz se alejó del centro del cuarto por una botella de agua y Ginn lo siguió, dejando a Vegeta y Broly entrenando juntos.
—¿Estás segura que quieres dejarlos solos? —preguntó Raditz luego de beber un poco de agua. Se había sentado en el suelo para descansar unos minutos. Le ofreció la botella a la mujer, pero ella la rechazó, ocupada detrás del hombre ordenando su cabello que se había soltado por tantos golpes.
—Ya me cansé de eso. No soy la madre de ninguno de los dos para estar viendo que se comporten —dijo, mientras reunía todo el cabello de Raditz para afirmarlo en una cola de caballo ajustada. A veces le hacía unas trenzas por los costados desde la sien para que quedara más firme y ordenado. Era demasiado pelo y tenía que inventar formas para mantenerlo en su lugar y no molestara al momento de pelear—. Mientras no destruyan la nave, pueden hacer lo que quieran.
—¿Eso quiere decir que serás una madre estricta? —preguntó sonriendo.
—Si con estricta te refieres a que voy a evitar que mis hijos se maten por tonterías, entonces sí.
—¿Quieres tener más de uno? —preguntó contento, mirando hacia atrás para ver su rostro, pero ella lo jaló del cabello para que mirara hacia el frente y poder terminar el peinado.
—No lo sé, solo estaba hablando. Lo que sí sé es que espero que el hijo o hija que tengamos no tenga todo este pelo. Va a ser un trabajo de horas para dejarlo limpio.
—Y se va a ensuciar mucho, porque vamos a entrenar día y noche.
Ginn no pudo evitar sonreír al oírlo hablar de esa forma.
Aunque perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer, Vegeta alcanzó a esquivar el golpe que lanzó Broly que terminó dejando un agujero en el piso del lugar.
—Demasiado lento —dijo Vegeta sonriendo pese a que solo lo evadió por un centímetro—. ¿Qué pasa? ¿No te puedes concentrar? —dijo mientras Broly luchaba por quitar la mano del metal roto que terminó por hacerle un corte en la mano.
—Cierra el hocico, Vegeta —respondió con la mandíbula tensa, ya de pie y bastante harto de la actitud de Vegeta que evidentemente no tenía intenciones de callarse—. No entiendo cómo no te cortaron la lengua cuando te torturaron.
—Si pelearas como se debe tal vez me callaría. O también podría ir a hablar con mi her…
Broly lo lanzó hacia el extremo de la habitación con un solo golpe en el rostro y voló hacia Vegeta para continuar el ataque y si tenía suerte tirarle los dientes para que dejara de hablar. El príncipe abolló la pared al impulsarse con los pies para enfrentarlo de frente. En cuanto chocaron, se golpearon con tal agresividad que el lugar entero retumbó.
—A ver cuánto dura la nave —comentó Raditz.
—Actúan como adolescentes hormonales —respondió Ginn—. Pero los dos tienen penas de amor, tienen permiso para comportarse así por unos días más.
—Broly lleva la situación entrenando y concentrado en otras cosas, mientras que tu amigo no hace más que comportarse como un idiota, no hay comparación.
Ginn solo sonrió. No podía decir nada para defender a Vegeta.
—Bien, vamos a meternos a la pelea —dijo el hombre una vez que estuvo con su cabello tomado y de pie. No podían dejarlos entrenar solos mucho rato o se podían descontrolar.
Ahora fue Vegeta el que dejó un gran agujero en la pared al intentar golpear de regreso a Broly.
—Demasiado lento —dijo Broly con una leve sonrisa, imitando a Vegeta, lo que provocó que el príncipe intensificara el ataque.
Afortunadamente estaban en un piso sin nada importante ni delicado a su alrededor, pero no podían confiarse. Ginn siguió a Raditz, pese que tenían que cuidar que no destruyeran la nave le gustaba la situación, después de todo era entretenido pelear con tremendos guerreros que tenían todas las ganas de romper huesos.
(...)
En cuanto se desocupó con las ollas, Raditz se sentó en el banco alto sin separarse de la cocina para echarle un ojo a la comida y que no se pasara del tiempo de cocción. También se sintió levemente mareado al estar tantas horas entrenando sin descanso ni alimentarse o beber agua, pero eso no lo mencionaría. Ya pronto comería hasta hartarse y se sentiría mejor.
Broly le hacía compañía sentado junto a la mesa, estaba algo silencioso y esperaba la comida mientras bebía licor.
—Es la primera vez que te veo beber alcohol en la nave —mencionó Raditz desde su asiento.
Broly lo miró y se dio cuenta que tenía razón. Ya llevaba compartiendo bastante con Raditz para entender que por su mirada el hombre había notado que bebía del mismo que Tarble. Respondió con un gruñido y observó el vaso. Durante los meses que estuvieron separados se había acostumbrado a tomar el whisky favorito del príncipe, era una forma de tenerlo presente, y ahora simplemente había sentido un antojo de beberlo. Por un momento se sintió demasiado expuesto.
—Que no te de vergüenza —dijo Raditz de forma natural al hombre que ya estaba comenzando a considerar un amigo, por lo tanto podía darle información embarazosa que no compartiría con nadie más—. Tengo que admitir que cuando Ginn rompió conmigo no lo llevé de la forma más digna. Dormí dos o tres semanas con el pijama que olvidó.
—¿En serio? —preguntó Broly mirándolo.
—Sí —respondió sonriendo, recordando aquella época con la perspectiva que le daban los años y la experiencia—. Incluso lloré —mencionó encogiéndose de hombros, qué más daba decirlo ahora—. Kakarotto terminó golpeándome para obligarme a levantarme de la cama.
—¿Y funcionó?
—La verdad es que me levanté para cocinar, porque la comida de mi hermano era terrible. Pero estuve destruido mucho tiempo. Así que no te sientas mal por tomar la bebida favorita de Tarble. Todos necesitamos desahogarnos de alguna forma, incluso los guerreros.
En respuesta a ese último comentario, Broly bebió todo el contenido del vaso y se sirvió más, lo volvió a beber por completo y nuevamente llenó el vaso.
—Si tan solo estuviera preocupado por ese niño —finalmente dijo. Raditz ya estaba al tanto de todo. Todo el maldito mundo dentro de la nave sabía lo que pasaba, pero no se sentía tan incómodo hablarlo con Raditz.
—Oh, entonces no te molesta que vaya a ser padre, sino que no sienta interés por el niño —dijo estudiándolo. Broly respondió encogiéndose de hombros y bebiendo—. Ya sabes como son las cosas en nuestra raza. Los saiyajin no son los mejores padres del mundo —dijo queriendo animarlo—. ¿Hay alguien aquí que tenga una buena relación con su padre?
—Cuando era niño padre solía golpearme hasta perder el conocimiento, y no se trataba de entrenamiento —dijo de pronto recordando algunos episodios.
—Vaya —exclamó Raditz—. Nosotros durante un tiempo tuvimos una infancia buena en comparación con otros niños.
—Tú quieres tener hijos. ¿Vas a dejarlos por ahí?
—Jamás haría eso. No dejé a mi hermano cuando era un niño y perdimos a mamá y nuestro padre nos echó de la casa porque teníamos que crecer. Si quiero tener hijos con Ginn es para tener una familia más grande con ella, no para desentenderme de ellos.
—Tú eres diferente… Y Tarble también lo es —murmuró mirando el vaso—. Pero hay otros temas importantes que van más allá de lo que tenemos y que lo tienen obsesionado. —De pronto no tuvo más deseos de hablar del tema, no era bueno para ese tipo de cosas y para su suerte el otro hombre cambiaría el tema.
Raditz dejó el banco y fue a sentarse frente a Broly.
—¿Temas importantes como misiones alternativas? —preguntó interesado y en voz baja pese a no haber nadie más en el lugar.
—¿A qué te refieres? —Sabía muy bien a qué se refería, pero fingió que no.
—Antes que Tarble se fuera de Vegetasei nos dejó a Ginn y a mí muchísimo dinero para equipar nuestro escuadrón con armaduras de mejor calidad, naves más veloces e incluso nos alcanzó para reclutar más gente. Nunca nadie nos había ayudado, porque ya sabes, no da buena reputación no participar en matanzas ni en guerras, pero Tarble siempre se vio interesado cuando Ginn le hablaba de lo que hacíamos, y luego de que nos hiciera ese regalo me dejó pensando. Eso también explicaría el por qué se casó con esa princesa en lugar de tomar sus cosas e irse. —Esperó expectante a que Broly le respondiera.
—Sé directo —dijo el guerrero mirándolo a los ojos.
—¿Tarble tiene escuadrones que hacen misiones alternativas?
—¿Esa es tu pregunta? —Sabía que podía más, pero no se lo daría, tenía que salir de él.
—¿Está haciendo algo parecido a lo que hizo la reina? —se atrevió a preguntar. Pese a estar solos y tremendamente lejos de Vegetasei, sentía que una conversación así lo podría meter en muchos aprietos. Jamás olvidaría la matanza de su propia gente en el coliseo. Nadie en el planeta podría.
Aunque conservó su ceño fruncido, Broly respondió con una sonrisa.
(...)
—Las herramientas —dijo Tarble apuntándolas desde la cama en cuanto vio que Bulma dejaba la mesa en donde había estado trabajando.
—¿Qué pasa con las herramientas? —preguntó la joven que ya estaba con pijama y se había puesto a trabajar por un impulso inesperado. Ahora que estaba sin Vegeta andaba por toda la nave llevando sus cosas para avanzar en su labor y así mantener la cabeza ocupada y fría—. Están en la mesa —dijo a sabiendas de lo que se refería Tarble.
—Dejaste algunas en el suelo.
—Qué quisquilloso que eres —se quejó, pero las recogió de todos modos y las dejó sobre la mesa, ya que esa había sido la única condición del príncipe para permitirle quedarse con él en el cuarto: ser ordenada—. ¿Y ha habido noticias? —preguntó una vez que estuvo en la cama con él, y se preocupó de prender el computador mientras él intentaba retomar la lectura en su tableta.
—Nada —respondió, dejando el aparato de lado y casi hundiéndose en la cama—. Y la nave es tan grande que ni siquiera podríamos toparnos por casualidad, especialmente ahora que sabemos encontrar el ki.
—Enamorarse apesta —dijo Bulma, aún concentrada en su computador—. Todo sería más fácil con la cabeza fría.
—Tal vez tengas razón, pero no quiero dejar de sentir lo que siento por él y lo que hace sentir cuando me quiere... Además es mi amigo, así que lo extraño el doble.
—Hace más de un año no hubiera creído que los saiyajin se enamoraban, y ahora mírame, pasando las penas de amor con uno.
—¿Y tú? ¿Estás enamorada? —pese a que ya sabía la respuesta, preguntó de todas formas.
—Yo no —se limitó a decir y por fin dejó de mirar el computador—. Ya encontré la película.
—A Kyle le gustaba ver películas de superhéroes —comentó sonriendo. Ahora se arrepentía de no haberles prestado su debida atención. La extrañaba demasiado.
—No me gustan ese tipo de películas. Ya bastante tengo con todos ustedes peleando, sangrando y golpeándose todos los días.
—¿Entonces qué vamos a ver?
—Películas románticas tontas con finales predecibles —dijo sonriendo, y su sonrisa creció más al ver la cara de desagrado de Tarble.
—¿En serio? Si me dormía con las películas de Kyle, entonces con esto será peor.
—Dale una oportunidad... A mi mamá le gustaba leer novelas románticas repletas de clichés con finales predecibles, supongo que lo heredé de ella.
—A la mía le gustaba contarnos historias de guerreros famosos, no solo saiyajin.
—No recuerdo mucho de la mía. Murió cuando era muy pequeña y la mayoría de lo que sé de ella es lo que mi papá me contaba, pero sí recuerdo que siempre olía bien, era una excelente cocinera y siempre estaba en la cocina inventando algún plato delicioso.
—Y ya que no puedes recordarla a través de la cocina, ves películas románticas llenas de clichés.
—Exacto —respondió sonriendo—. Supongo que tu mamá no cocinaba, no creo que los reyes se preocupen de eso.
—No creo haberla visto nunca cocinando.
—¿Y qué hacía además de entrenarlos y hablarles de batallas?
—De pequeño era pésimo en los entrenamientos, jamás pude destacar, así que cuando tenía algún avance significativo me dejaba dormir con ella, y simplemente conversábamos. Era nuestro secreto... ¿Te imaginas si se hubieran enterado que la reina dormía abrazada al príncipe? Eso hubiera explicado por qué era tan débil y nos hubieran separado enseguida.
—Un niño necesita el abrazo de su madre, no importa la raza —comentó apenada. No lograba recordar un solo abrazo de su madre.
—Sí —respondió melancólico. Los dos guardaron silencio, pero Bulma reaccionó y habló para animar el ambiente.
—Muy bien, a ver la película, y no se te ocurra dormirte o te vas a perder los momentos más estúpidos.
—Está bien, muero por ver los clichés amorosos de otras razas —respondió resignado, y se acomodó sentándose junto a la joven para poder ver de la pantalla del computador.
(...)
—Me rindo, no puedo pelear así —dijo Ginn, y se desplomó en el suelo junto a Vegeta que tenía la botella de alcohol más fuerte que pudo encontrar en las bodegas de la cocina. Los dos fumaban y cada uno tenía su propia botella, además de las cervezas que habían bebido y puesto en hilera para dispararles a la distancia—. Tomemos un descanso, uno largo.
—¿No tienes que ir a cuidar a Raditz? —preguntó Vegeta con el cigarro en la boca.
—No, seguramente está con su nuevo amigo, pero tengo que dejarlo jugar con otros hombres, eso le hace bien a la relación. —Apuntó en con dedo índice hacia una de las botellas de cerveza al otro extremo de la habitación y lanzó un rayo que pasó rozándola y terminó haciendo un pequeño agujero en la pared—. ¡Casi! —exclamó. No pensaba que estaba tan mareada como para fallar.
—Te van a reprender por romper la nave —dijo Vegeta, y bebió directo de la botella.
—No creo, ahora la mecánica está metida en su trabajo, ya no le importa si hacemos destrozos. Imagino que es su forma de no pensar en ti, igual como tú te pones a entrenar y a fastidiarnos.
Vegeta no respondió y disparó un rayo dando de lleno en el centro de una de las botellas.
—¿Qué? —dijo Ginn—. ¿Ahora no vas a hablar?
—Así es —respondió y se puso de pie, sin dejar ni el cigarro ni la botella.
—Pensé que ahora que somos amigos íbamos a abrir nuestro corazones y contar nuestros problemas de amor —dijo riendo, haciendo que el hombre sonriera un poco.
—¿Qué pasó con la gloriosa raza saiyajin? Ahora todos se enamoran y tienen sentimientos.
—Siempre ha sido así con muchos guerreros, lo que pasa es que cuando tú vivías allá eras un engreído que no veía más allá de su ombligo.
—Sí, tal vez tengas razón —dijo pensativo.
—Claro que tengo razón, pasaba pegada a ti día y noche y aunque estaba enamorada sabía que eras un maldito bastardo, y mira cómo lo estás pagando ahora, con una mecánica sexy, engreída y egocéntrica. Tal para cual los dos bastardos.
—Sí, disfrútalo —dijo levantando la ceja. La verdad es que no lo había pensado, pero Ginn tenía un punto muy fuerte y no se había dado cuenta. Desde que abandonó Vegetasei, toda su vida pensó que en algún momento pagaría sus pecados. En un momento le atribuyó a Freezer ese puesto, pero ahora no sabía si era Bulma la que se encargaría de aquello, porque pese a que estaba todo el día ocupado en cualquier cosa, no podía quitársela de la cabeza. Jamás le había pasado algo así, era desesperante.
—Tengo hambre —dijo la mujer luego que su estómago rugió.
—Vamos a comer, también muero de hambre. —Era mejor seguir bebiendo y comer en lugar de continuar pensando en Bulma y ahora Freezer. Sí que era una combinación rara.
—Está bien, pero tú cocinas.
Los guerreros se pusieron de pie y salieron del lugar.
(...)
Luego de darse una y mil vueltas en la cama, Bulma finalmente dio por hecho que esta noche tampoco dormiría. Resignada, se sentó y tomó la cajetilla, el encendedor y el cenicero. A su lado, Tarble estaba sentado y leía concentrado desde su tableta electrónica.
—¿Tampoco puedes dormir?
—No —respondió concentrado en la lectura. Estaba entretenido, así que tenía que sacarle algo positivo al insomnio.
—Si sigo fumando así se van a acabar los cigarros antes de que termine el viaje —murmuró mirando los cigarros al interior de la cajetilla. Tenía un par más guardados, pero a ese ritmo se le terminarían antes de lo pensado.
—Eso sería bueno —comentó Tarble sin dejar de mirar su tableta—. Tu cuerpo es mucho más débil que el nuestro y aún así fumas a la par que Ginn y Vegeta. Vas a dañar tus pulmones si sigues así.
—¿Te preocupas por mí?
—Claro, eres mi amiga —dijo con tono neutro, intentando no perderse en la lectura.
Bulma le respondió con un beso en la mejilla y se levantó rumbo a la mesa donde tenía parte de sus robots y herramientas para avanzar un poco y esperar que volviera el sueño. Tarble la miró unos segundos y pronto continuó leyendo.
(...)
—¿Cuándo vas a arreglarte con Broly? —preguntó Ginn quejumbrosa—. Raditz pasa todo el día con él, cocinando o entrenando y casi no lo veo pese a que estamos metidos en la misma nave —exclamó, y luego agregó pensativa—. ¿Tengo que ponerme celosa de Broly? Porque bueno, está muy guapo el maldito y se acaparó a Raditz.
—Claro que no —respondió Bulma. Los tres estaban en el taller de la mecánica con las esferas acompañándolos sobre la mesa, pero en lugar de trabajar, bebían alcohol, fumaban y habían llevado cosas para comer—. Tarble es adorable, y Broly solo tiene ojos para él.
—Sí, verdad que es adorable —dijo Ginn sonriendo igual que Bulma.
—Ya dejen de hablar así de mí —reclamó Tarble, haciendo que las mujeres rieran por estar algo pasadas de copas—. Hablen de algo más.
—Bueno —dijo Ginn—. Hablemos de Vegeta.
—¿Por qué no hablamos de tú y Raditz? —se apresuró a decir Bulma.
—Ya les dije. Casi no lo veo, pasa día y noche con Broly y cuando estamos juntos está muy cansado para cumplir como corresponde. ¿Eso pasa con todas las relaciones de varios años? Jamás había estado con alguien tanto tiempo.
—Está obsesionado con lo que le pasó en ese planeta —respondió Tarble mientras volvía a servir whisky hasta la mitad del vaso con un par de hielos—. Cuando por fin pueda desquitarse con ese tipo va a volver a la normalidad.
—Entiendo que sea así —dijo Ginn—, pero no se cuida, y siempre él ha sido el razonable en la relación, el que tiene que cuidarme a mí, no al revés.
—Bueno, algunas personas no medimos las consecuencias cuando nos obsesionamos con algo —dijo Bulma, y Tarble le dio la razón con un movimiento de cabeza.
—Era más entretenido cuando estaba obsesionado conmigo —murmuró y bebió todo el contenido de su vaso para inmediatamente después llenarlo con mal alcohol.
—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Tarble.
—Seguir como ahora. Somos guerreros, y no puedo no dejarle entrenar, mientras no se lastime puede seguir jugando con Broly, después de todo la herida en el abdomen ya está casi sanada.
—Está bien, quiero hablar de Vegeta, ¿cómo está? —dijo Bulma de pronto, llamando la atención de los dos presentes, ya que cada vez que se juntaban era ella la que evitaba hablar de él. Pero la verdad es que cada día se le hacía más difícil no estar con él. Se había acostumbrado a dormir juntos, a conversar e incluso a su particular forma de ser, y el alcohol no ayudaba a dejarlo fuera de sus pensamientos.
—No deja de entrenar —dijo Tarble.
—Estos días me ha hecho recordar al cabrón adolescente que era, guardando proporciones, claro —dijo Ginn.
—Tienes razón —dijo Tarble. Si bien ya no participaba en los entrenamientos grupales para que Broly no se sintiese presionado con su presencia, había pasado tiempo a solas con su hermano y terminaba sacándolo de sus casillas mucho más que antes.
—¿Y cómo es eso? —preguntó Bulma un tanto preocupada, ya que todo lo que sabía del Vegeta adolescente era horroroso y malo.
—Está obsesionado con entrenar hasta los extremos, y tiene esa maldita costumbre de hacerte enojar para que explotes y ataques —respondió Ginn.
Eso calmó un poco a Bulma, pues se había imaginado algo mucho peor, pero para Tarble no fue bueno escuchar eso.
—¿También está haciendo eso con Broly? —preguntó serio. Pensaba que solo era con él, ya que era la dinámica que tenían hace tiempo.
—Es a quien más molesta —dijo la guerrera haciendo una mueca, pero sin darle la gravedad que percibió Tarble, pues desconocía el historial de inestabilidad de Broly—. Por un momento pensé que había retrocedido en el tiempo y estaba en los escuadrones adolescentes viendo a los guerreros jugando a quien es el más macho, por eso te digo Bulma que te arregles con él porque en cualquier momento va a colmar a Broly y nos vamos a quedar sin nave para… —Se calló cuando vio a Tarble salir de la habitación a paso decidido y sin avisar.
—Oh, no, otra pelea —dijo Bulma fingiendo asombro, y dándole un sorbo a su vino. Ninguna de las mujeres hizo algo para evitar el enfrentamiento que se venía.
—Hay al menos una discusión al día en este lugar —dijo Ginn riendo—. Adoro las tradiciones. —Se puso de pie luego que encontró el ki de Raditz—. Y también adoro esta técnica de sentir el ki.
—¿Ya te vas? —dijo Bulma que tenía deseos de seguir conversando y hablar de Vegeta.
—Raditz está solo y yo estoy ebria, tengo que aprovechar que no está con su amante para ir a marcar territorio. —Bebió lo que le quedaba de alcohol y salió del lugar.
Bulma quedó sola bebiendo vino. Justo cuando se atrevió a preguntar por Vegeta tenían que dejarla sola.
Ocho meses atrás
Tarble no supo en qué momento volvieron a dormirse, pero algún momento mientras conversaban luego del sexo terminaron cediendo al sueño. Solo tuvo que mover la cabeza a su derecha para encontrar a Broly dormido de lado, con la mano estirada rozando su brazo. Permaneció un rato observándolo en silencio, sin querer moverse ya que aún le dolía todo el cuerpo, pero terminó levantándose para ir en busca de algo de comida. No podía creerlo, moría de hambre.
Solo se puso su bóxer ajustado que encontró tirado a los pies de la cama junto con su pantalón y partió rumbo a la cocina. No necesitó mucho tiempo para darse cuenta que no iba a encontrar nada para comer. Hace años que Broly trabajaba para él y prácticamente vivía en palacio, por lo que hace mucho tiempo que este lugar se mantenía deshabitado, el polvo en los muebles lo evidenciaba, así que se confirmó con un vaso de agua, pero antes de beber se preocupó de lavar el vaso y dejar correr el agua un rato hasta que salió completamente limpia.
Cuando iba por el tercer vaso de agua, apareció Broly en la cocina, completamente desnudo y más despeinado de lo acostumbrado, casi no podía ver sus ojos, pero estaba seguro que aún lucían adormilados por las pocas horas de sueño. No pudo evitar mirarlo de pies a cabeza. Lo había visto desnudo cientos de veces en las duchas luego de entrenar, y ya lo habían hecho lo suficiente considerando que ni siquiera llevaban un día metidos en la cabaña, pero aún no podía hacerse a la idea que había tenido sexo con un hombre, con él, con su amigo, pero ya era una realidad, y aun así sentía que era la primera vez que lo observaba.
—No hay comida —dijo Broly mientras restregaba uno de sus ojos. Tenía tanto sueño que volvería a la cama a dormir, pero cuando despertó y no encontró a Tarble en la cama, por un momento pensó que se había marchado, pero al parecer solo había ido en busca de algo para comer.
—Ya lo noté —respondió Tarble.
—Hay una aldea a media hora de vuelo rápido —comentó observándolo con detenimiento. Sí que le gustaba ver las marcas que había dejado en su cuerpo.
—Bien —dijo sonriendo—. Dime dónde está e iré. —Quiso regresar al cuarto por su ropa, pero Broly habló.
—No, alguien podría reconocerte. Yo iré.
—Está bien, pero no olvides vestirte —le dijo cuando lo vio caminar hacia la puerta sin ropa y sin dinero.
—Claro —respondió Broly distraído y avergonzado y regresó al cuarto.
Rato después los dos comían en la mesa que Tarble limpió junto con los platos y cubiertos. La comida no estaba tan fresca como la que acostumbraban a comer en palacio, pero de todas maneras tenía buen sabor. En lo que duró la merienda no hubo problema ya que estaban demasiado hambrientos como para hablar, pero cuando terminaron el silencio se apoderó del lugar. No es que estuvieran incómodos, estaban muy acostumbrados a la compañía del otro, pero lo que había ocurrido entre ellos cambiaba las cosas y mientras Tarble sentía deseos de hablarlo, Broly tenía la necesidad de aplazarlo. El guerrero tenía miedo de hacer o decir algo que lo arruinara todo. Aún tenía esa sensación rara en el estómago cuando lo besó por primera vez y creyó que sería rechazado, y tontamente creía que aún existía esa posibilidad, pese a que el mismo príncipe había participado con interés en todo lo que habían hecho.
Se sintió particularmente torpe. Nunca había estado con el mismo hombre más de dos o tres veces, y siempre se caracterizó por controlar toda la situación para ir directo al grano y obtener lo que deseaba en el momento. Solo era sexo, contacto intimo con alguien que encontrara fisicamente atractivo para generar placer y nada más. Reconocía que era bueno, muy bueno en eso, pero ahora no sabía qué decir y cómo comportarse pese a que se trataba de su amigo de años. La gran diferencia era que Tarble le atraía más allá del físico, de eso se había dado cuenta hace tiempo, y no tenía idea de cómo debía proceder, pues era la primera vez que le pasaba algo así. Se levantó para sacar las cosas de la mesa y dejarlas en un mueble cercano, lo que fuera para no hablar. No se sentía listo.
Tarble también se levantó de forma inconsciente cuando lo vio retirar la comida y los platos, pero permaneció en su lugar mirando al guerrero que estaba más callado de lo normal. Esperó pacientemente a que quitara todo antes de decir algo, porque necesitaba que le prestara atención.
—Broly, solo hay algo que quiero decir —comenzó cuando lo vio dejar lo último en el mueble de madera vieja. No continuó porque Broly aún le daba la espalda—. ¿Está todo bien? —preguntó curioso.
Broly se quedó quieto, mirando sus manos sobre la superficie del mueble. Ya que no tenía idea qué hacer en una situación como esta, se comportaría como si estuviera con cualquier otro hombre.
—¿Broly? —insistió Tarble con suavidad. Cuando el hombre se volteó y se le acercó quiso volver a hablar, pero antes de siquiera intentarlo, ya tenía los labios de Broly sobre los suyos.
Broly lo tomó de la nuca para que no se alejara y dominó el beso tal como le gustaba hacerlo. Saboreó sus labios y el interior de su boca con la lengua y extendió el contacto hasta que sus bocas estuvieron húmedas y sensibles de tanto intercambio de besos. Para cuando se separaron los dos se veían un tanto agitados. Qué bien se sentían esos besos, no sabían si era la novedad pero no habían sentido así jamás.
Pasó el pulgar por el labio inferior del príncipe antes de volver a sorprenderlo al tomarlo de las caderas y sentarlo sobre la mesa. En cuanto se quitó la camiseta se puso entre sus piernas y posó las manos sobre sus muslos, tocando su piel, sintiéndola más allá del contacto de entrenamiento, masajes o una palmada de amigos. Continuó tocándolo, sin miedo, disfrutando de su cuerpo y cómo reaccionaba a sus manos seguras, mientras observaba todo atento, (a Tarble le gustaba mirar lo que le hacía, ya se había dado cuenta de eso). Tocó su abdomen bien formado, su pecho y cuando llegó a su cuello lo tomó con fuerza, al punto de considerarse agresivo, y ya que Tarble no dijo nada para detenerlo apretó un poco más. Para ese momento la respiración de los dos se notaba más pesada.
Tarble usó ambas manos para retirarle el cabello del rostro y poder apreciarlo mejor. Contemplar sus ojos, las marcas naturales y las cicatrices de su rostro… Su boca. Todo como si se tratase de la primera vez. No pudo evitar entreabrir los labios, deseoso, a lo que Broly respondió acercando su boca a la de él hasta rozarla.
—Siento que podría cogerte todo el día sin parar —dijo con seguridad, con esa voz tranquila y ronca que le caracterizaba, lo que provocó que una corriente recorriera la espalda del joven.
A estas alturas Tarble estaba completamente excitado, nunca una mujer y mucho menos un hombre habían sido capaces de tentarlo con tan poco, y ahora lo único que quería era coger hasta que le doliera todo el cuerpo.
—Trajiste suficiente comida para hacerla durar un par de días —dijo Tarble con las mejillas rojas, sin apartar la mirada de sus ojos—. Nadie me va a extrañar en palacio.
Broly le robó otro beso, largo y exquisito. El contacto de sus bocas y lenguas era placer total, lujuria y pertenencia sobre el otro.
(...)
—¿Vienes por otra paliza? —dijo Vegeta cuando vio entrar a su hermano en la sala donde entrenaba solo y con los robots que le quedaban. No tardó en notar que no venía con cara de buenos amigos, pero no se movió de su lugar, no tenía intenciones de evitarlo. Era precisamente enfrentamiento lo que necesitaba.
—Sigues igual que antes, Vegeta —dijo Tarble molesto cuando lo tuvo cerca y empujó con ambas manos en el pecho, haciendo que retrocediera unos pasos—. Te aprovechaste de lo que te dije de Broly para usarlo a tu conveniencia, pese a que mencioné que era algo delicado. Y esperaste a que yo no estuviera presente para molestarlo.
—El otro es bastante grande para cuidarse solo, ¿no crees? —dijo sonriendo, con las manos empuñadas sobre las caderas, como si no le importara nada de lo que Tarble pudiese decirle.
—No me digas que puedo hacer o no —exclamó—. Te conté del problema de Broly en un momento de confianza y lo primero que haces es hostigarlo para ver si la bomba de tiempo, tal como tú lo llamaste, explota. ¡¿Solo para entrenar con alguien poderoso?!
—¿Qué? ¿Acaso pensaste que porque nos reencontramos y tuvimos algunas conversaciones nos debemos algo ahora? Entonces no eres tan listo como crees, Tarble.
—Recuerda bien tus palabras, Vegeta, no nos debemos nada —dijo completamente cabreado—. Y deja en paz a Broly.
—Cálmate de una vez. Ese es tu maldito problema, estás todo el día actuando como un anciano de mierda. Además no le va a pasar nada a tu querido. Simplemente quería entrenar con alguien de poder elevado. Y en caso de que sí le pase algo, tranquilo, te queda tu esposa de repuesto.
En respuesta, Tarble intentó golpearlo en el rostro, pero Vegeta fue más rápido y lo esquivó con facilidad.
—Demasiado lento —dijo Vegeta con el mismo tono mordaz—. Parece que al grandote le faltó enseñarte algunas cosas.
—¡Vegeta, basta! Te juro que si sigues…
—¿Qué? ¿Intentas amenazarme? —preguntó riendo con altanería—. ¿Piensas mandarme alguno de tus matones? Te recomiendo uno de tus tantos ejércitos, porque no bastará un solo hombre para hacerme frente.
—Puedo hacerlo solo —respondió controlando su enojo.
—¿Cómo? Ni siquiera puedes acertar un golpe.
—Bulma está debatiendo si buscarte o no. Me cuenta todo y le interesa mi opinión sobre ti. Una sola palabra mía y podría terminar detestándote. Ni siquiera tengo que ensuciarme las manos para desarmarte, pobre hombre enamorado.
Ahora fue Vegeta el que perdió los estribos y derribó a su hermano de un golpe en la mandíbula, pero el joven no tardo en ponerse de pie, ignorando el dolor, como si nada hubiera pasado.
—Eres un…
—¿Qué? —Lo interrumpió Tarble, sonriendo, imitando la actitud de su hermano—. ¡¿Crees que eres el único que puede decir cosas hirientes?! ¡Y sí puedo acertarte un golpe!
—¡Ni siquiera me has rozado!
Tarble lanzó una pequeña, pero potente bola de energía, que Vegeta simplemente esquivó al moverse un poco hacia su derecha.
—Definitivamente el grandote no te enseñó tan bien después de todo —dijo despectivamente, pero no vio que la energía llegó hasta uno de los robots que levitaban detrás de él y terminó regresando hacia su espalda. El poder le dio de lleno en la piel, pues no vestía armadura, y si bien no causó un gran daño, lo obligó a voltearse de forma instintiva, momento que aprovechó Tarble para acercarse y atacarlo con un golpe de puño en el abdomen, dejándolo sin aire por varios segundos. No contento con eso, el hermano menor lo empujó y se le tiró encima, haciendo que ambos terminaran en el suelo.
No había nada como una buena pelea para botar tensiones y despejar la mente. Era como si nada más existiera en el mundo y cualquier pensamiento o situación estresante desaparecía por completo. Al igual que una droga, el efecto no duraba mucho, pero cuando el guerrero o guerrera terminaba así de exhausto, con solo deseos de dormir sin ni siquiera ir por comida y mucho menos una ducha, se sabía que había valido la pena, no importa cuánto dolieran los huesos, los músculos y la piel. Mientras más dolor, más en blanco se mantenía la cabeza.
Vegeta permaneció acostado en el suelo, sangrando, con varias heridas importantes y adolorido, pero relajado. Justamente lo que necesitaba, incluso ya no se sentía de mal humor al estar ocupado intentando regular la respiración. A unos metros de él, Tarble también estaba en el frío suelo, sentado y en peores condiciones que Vegeta, afirmando su brazo derecho que le dolía como los mil demonios. Ninguno de los dos vestía armadura ni ninguna protección que pudiera amortiguar los golpes, solo ropa de tela común y corriente, por lo que todos los ataques y energías se sintieron por completo. Vegeta había tenido cientos de encuentros así de intensos, tantos que le era imposible llevar la cuenta, en cambio para Tarble era la primera vez.
—Fuiste un digno contrincante —dijo Vegeta mirándolo. Tarble no le respondió, se sentía un poco mareado y no dejaba de gotear sangre de su nariz, pero sobretodo era el dolor palpitante de ese brazo el que no lo dejaba pensar—. Tienes más poder del que crees —continuó Vegeta—. Si comenzaras a creer que eres un guerrero podrías hacerlo salir y usarlo como corresponde, después de todo eres hijo de Koora, no podías salir tan defectuoso.
Esas últimas palabras hicieron reaccionar a Tarble. Cómo odiaba esos calificativos. Siempre lo usaban para referirse a él, desde que era pequeño y parte de su adolescencia, a sus espaldas y muchas veces incluso de frente. Estaba roto, no servía, era una vergüenza para la gloriosa raza de los saiyajin. Hace un tiempo había dejado de escucharlos, gracias a su cambio de apariencia y sus logros la gente había tenido la decencia de guardar sus comentarios. Abrió la boca para responderle a Vegeta, pero el dolor en el labio inferior a causa de un corte importante fue más fuerte que sus ganas de decir algo al respecto.
—Tan solo deja a Broly en paz —dijo desganado. Se puso de pie un tanto tambaleante y abandonó el cuarto dejando un rastro de sangre tras él.
—Simplemente tenías que pedirlo de buena forma —respondió Vegeta, y cerró los ojos disfrutando del momento de agotamiento. Si tenía suerte se quedaría dormido y tendría unas horas de descanso antes que la mecánica ocupara cada pensamiento en su cabeza.
(...)
En cuanto Ginn se quitó la camiseta volvió con Raditz y reanudaron los besos al mismo tiempo que caminaron hacia la cama. Solo tuvo que dar un pequeño brinco para rodearle la cintura con las piernas y él la tomó de los muslos. Eran varios días sin sexo, y por mucho que Raditz estuviera obsesionado con el entrenamiento y la venganza, no pudo resistirse a los encantos de la mujer que amaba y que no dudó en atacarlo con todos los recursos que conocía para hacerlo desistir de ir a entrenar. Definitivamente esta vez Broly podía esperarlo.
—Más te vale estar pensando en mí —dijo de excelente humor contra su boca, haciéndolo también sonreír.
—Nadie más que tú. Lo juro —respondió el hombre y se dejó caer en la cama con ella bajo su cuerpo. Continuaron con besos ansiosos y a quitar la ropa que estorbaba cuando la puerta corrediza de la habitación se abrió, pues ninguno se preocupó en activar el seguro.
—Ginn… —Fue todo lo que alcanzó a decir Tarble antes de darse cuenta que había llegado en mal momento.
Raditz y Ginn se separaron enseguida. El hombre no tardó en subirse los pantalones, y la guerrera, más relajada, se levantó de la cama para ir en busca de su camiseta, sin dejar de mirar a Tarble que parecía que había regresado de una guerra.
—Sí que terminó bien la conversación con Vegeta —dijo luego de ponerse la camiseta—. Muero de ganas de ver cómo quedó. Supongo que luce parecido, ¿verdad?
Tarble no respondió. Había buscado el ki de Ginn porque necesitaba ayuda y no podía esperar. También había sentido la presencia de Raditz con ella, pero no había problema ya que no se encontraba Broly.
—¿Estás bien? —preguntó Raditz aún sentado en la cama. No era para nada común verlo en ese estado, ni siquiera durante las semanas de entrenamiento en que estuvieron todos juntos.
—Sí —respondió, sin muchas ganas de hablar—. Solo necesito ayuda con el brazo, creo que no lo arreglé bien. —Siempre era Broly el que le arreglaba los huesos cuando alguno se salía de su lugar, y se había acostumbrado.
—No hay problema —respondió Ginn, y sin más trámite se acercó, lo tomó de la muñeca y tiró hacia ella, poniendo el hueso en su lugar de forma bastante brusca. El joven soltó un leve gemido de dolor, y no más—. ¿Necesitas ayuda con algo más?
—No, estoy bien, sigan con lo suyo, siento haber interrumpido. Y Raditz…
—¿Sí?
—No le digas nada a Broly, por favor.
—Claro —respondió el hombre—. ¿Seguro que te encuentras bien?
—Ya te dijo que está bien —respondió Ginn. Le gustaba ver al que una vez fue un niño indefenso y asustadizo convertido en guerrero. De ese niño no quedaba absolutamente nada.
—A mí me sobreproteges por mucho menos —dijo Raditz con el ceño fruncido, pero sin un tono confrontacional.
—Estos días no te he dicho nada —respondió la mujer cruzada de brazos—. Además Tarble solo está golpeado, tú estuviste a punto de morir, no hay comparación.
Tarble se marchó del lugar dejando a la pareja discutiendo sola.
(...)
En cuanto llegó a su cuarto se quitó la ropa rajada y empapada de sudor y sangre y se metió a la ducha. Estuvo un rato bajo el constante chorro de agua hasta que el líquido bajo sus pies dejó el rojo turbio de la sangre y se vio translúcido. Luego de ponerse ropa limpia y seca, fue unos pisos más abajo, a la cocina, donde agradeció que sus hombres no hicieran caso a su regla de bajos niveles de alcohol en cualquier nave. Tomó una botella de su licor favorito, un vaso, otro con hielos y se sentó en una de las mesas más apartadas del lugar. Tenía deseos de estar solo.
Pese a que la pelea le había servido para desestresarse, no había sido suficiente para subirle el ánimo, además el brazo le palpitaba más desde que Ginn le ayudó a ponerlo en su lugar y el labio le ardía cada vez que bebía un sorbo de whisky, incluso ya había manchado el vaso con sangre de su boca. Tomó un hielo y se lo llevó al labio inferior para calmar la molestia. Cómo deseaba que hubiera un tanque de recuperación al interior de la nave, así podría sanar el brazo que cada cierto tiempo le traía problemas. Terminó de beber el contenido del vaso y volvió a servirse hasta la mitad, mientras mantenía el hielo en el labio.
—¿Estás bien? —preguntó Broly a unos metros detrás de él.
El príncipe dio un pequeño brinquito al escuchar su voz. No lo había sentido acercarse, ni siquiera había estado atento de los ki, y Broly había dominado tan bien la técnica que cuando no entrenaba acostumbraba mantenerlo lo más bajo posible para no ser encontrado.
—Estuve entrenando con Vegeta —dijo mirándolo desde su asiento y lo siguió hasta que el guerrero rodeó la mesa y estuvieron frente a frente.
—¿Entrenando? —dijo escéptico observándolo de pies a cabeza. Pese a que estaba con ropa limpia y se había aseado, ya había manchado de sangre las prendas en varios lugares debido a las heridas abiertas.
—Discutimos.
Broly lo estudió unos segundos antes de sentarse en la misma banca, frente a Tarble, con las piernas separadas.
—Le pedí a Raditz que no te dijera.
—Me di cuenta solo —respondió, y le tomó la mano derecha para revisar el brazo y el hombro—. Sentí tu ki muy alterado, y luego me dijo.
—No es necesario que hagas esto —dijo, e intentó quitar la mano, pero Broly lo asió con más fuerza para que no se apartara.
—No importa —dijo, atento a su extremidad.
—¿Esto significa que quieres hablar?
—No. Aún no he decidido qué haré… Simplemente me preocupé. —Lo tomó del hombro con la mano derecha y con la otra se encargó de poner todo en su lugar. Podría hacerlo con los ojos cerrados de tantas veces que le había compuesto la misma lesión. Tarble apretó los dientes, aguantando el dolor, al menos ahora estaba seguro que eventualmente comenzaría a disminuir—. Dolerá un par de días —murmuró revisando por última vez su brazo, la muñeca hasta que se detuvo en su mano y se mantuvo en silencio contemplando sus labios manchados de sangre.
—Gracias.
Broly respondió terminando el contacto. Qué poco natural sintieron ambos hombres esa lejanía, acostumbrados y necesitados de tocarse todo el tiempo. El silencio se hizo presente, pero fue el guerrero quien lo terminó.
—Vegeta no va a hacerme perder la cabeza, ya estoy bien. Puedo soportar a cualquier idiota irritante que intente provocarme. Ya no es como antes.
—Sé que estás bien, simplemente fui y...
—No tienes que cuidarme —dijo con calma, sin enojo en su voz.
—Tú lo estás haciendo ahora al venir aquí —dijo resignado. Eran tantos los años cuidándose mutuamente, preocupados del otro que ni siquiera lo pensaron y actuaron.
—¿Fue por eso que no me lo dijiste antes? ¿Pensaste que podía estallar?
Tarble apartó la vista. No quería que pensara que no confiaba en él, pero no le mintió.
—Al comienzo sí, y luego ya cuando nos reencontramos, no quise que cambiara lo bien que nos sentíamos estando juntos, me acobardé.
Otro silencio largo se hizo presente, y nuevamente Broly lo interrumpió.
—Con respecto a tu hermano. Me sirve para entrenar, y no le haré más daño del que le haga entrenando, a no ser que tú me digas lo contrario —dijo deseando que así fuera.
—No, no he cambiado de parecer.
—Bien —dijo Broly, y estuvo a punto de posar la mano sobre la pierna de Tarble, pero se detuvo a tiempo.
Los hombres miraron a los ojos por unos segundos antes que Broly se levantara y abandonara el lugar, mientras que Tarble sacó otro hielo del vaso y se lo llevó al labio, solo apartándolo para volver a beber. No le diría nada hasta que él quisiera hablar.
(...)
—¿Cuál te gusta más? ¿Rosa o rosado? —preguntó Ginn a Tarble mostrando dos esmaltes de uñas que sacó de uno de los estuches de maquillaje de Bulma.
—¿No son el mismo color? —respondió Tarble estudiando ambos frasquitos con detenimiento.
—Claro que no son lo mismo —dijo Ginn aparentando estar indignada, y se dirigió a Bulma que estaba a su lado—. Explícale, tú.
Los tres estaban en la cama del príncipe pasando el rato como ya se había hecho costumbre al coincidir sus tiempos libres. Tarble estaba recostado bebiendo y había dejado de lado la lectura, ya que era imposible concentrarse con ellas dos hablando sin parar, mientras que las mujeres estaban sentadas, revisando los estuches de maquillaje.
—Evidentemente son diferentes, pero con tu color de piel te quedaría mejor el rojo —dijo Bulma mientras buscaba entre sus cosméticos. En cuanto encontró el color rojo tomó la mano de Ginn para pintar sus uñas. La saiyajin que nunca había usado maquillaje observó con atención lo que hacía la mecánica.
—Me gusta el rojo, así no se verá si sangro.
—Ese jamás fue el propósito… creo —respondió Bulma, concentrada en lo que hacía para no manchar los dedos de la guerrera.
—Hemos peleado con guerreros que pintan sus rostros antes de las batallas —comentó Ginn, y tomó su cigarro del cenicero con su mano libre, mientras que el de Bulma se consumía poco a poco siendo ignorado—. ¿Qué color vas a querer Tarble, ahora que eres todo un guerrero?
—Paso —dijo sonriendo—. Me basta con todas las heridas que me dejó Vegeta.
—No puedes tocar nada —dijo Bulma cuando terminó con su mano—. Tienes que esperar a que se seque.
—Me gusta —dijo Ginn contemplando sus uñas cortas cortas y ordenadas gracias a que Bulma las limó antes de pintar, y desvió su atención hacia la mujer cuando sacó un pequeño estuche de pastillas de entre sus cosas, tomó una de ellas y la tragó con un poco de vino—. ¿Estás enferma?
—No —respondió Bulma—. Son pastillas anticonceptivas. ¿Tú no tomas?
—Jamás.
—¿Y cómo te cuidas?
—¿Cuidarme? Llevo años acostándome solo con Raditz, no me cuido.
—¿Y nunca has quedado embarazada? —preguntó curiosa.
—No, qué suerte, ¿verdad?
—No creo que sea solo suerte, Ginn.
—Pensé que tenían planeado tener hijos —dijo Tarble.
—Sí, Raditz me preguntó y yo estuve de acuerdo. Se supone que después de que terminemos esto lo veríamos.
—Tienes que hacer que un doctor los vea a los dos. Alguno debe tener un problema —recomendó Bulma.
—¿Un doctor? Jamás he visto uno, soy una guerrera, no me enfermo.
—Pero en este caso sería buena idea —dijo Tarble—. Puedes ir a ver algún doctor cuando regresen a Vegetasei. Te daré el nombre de uno muy bueno que trabaja en el departamento de ciencias, dile que yo te mandé y los atenderá enseguida.
—Está bien.
Justo cuando Bulma iba a comenzar a pintar las uñas de la otra mano de Ginn, la voz de Vegeta desde la entrada del cuarto les llamó la atención.
—Siento interrumpir su noche de chicas —dijo recargado en el marco de la puerta, mirando a su hermano que le frunció el ceño mientras él sonreía. No estaban enojados pese a la tremenda pelea en que descargaron tensiones.
—Vegeta —dijo Ginn animada—. ¿Vienes a acompañarnos?
—Vengo por ti —respondió el hombre—. Algo le pasó a Raditz.
—¡¿Qué le pasó?! —preguntó asustada, ya fuera de la cama.
—Estaba entrenando y…
—¡¿Dónde está?! —interrumpió a Vegeta, ya no necesitaba escuchar más.
—En la enfermería.
Ginn no se quedó a escuchar más. Salió corriendo y Tarble también se levantó para ir con ella, y le habló a su hermano mientras pasaba por su lado.
—¿También quisiste ver si Raditz estallaba? —preguntó en tono de reproche.
—Qué buena idea, no lo había pensado —dijo, y su hermano aceleró el paso para acompañar a Ginn.
Bulma y Vegeta se miraron, pero ninguno dijo nada y el saiyajin terminó retirándose.
(...)
Cuando Tarble llegó a la enfermería encontró a Raditz inconsciente acostado en la camilla y a Ginn gritándole a Broly por haber llevado a los extremos a Raditz a sabiendas que no se encontraba bien. Broly simplemente la miraba en silencio sin ninguna expresión en particular en su rostro, y sin intenciones de responderle, ya que entendía lo preocupada que estaba, además si lo hacía sabía que los gritos durarían mucho más, y detestaba los sonidos fuertes innecesarios.
—Ginn —dijo Tarble con calma, detrás de ella.
—No se te ocurra defenderlo —exclamó la mujer sin voltear a verlo—. Y sé muy bien que esto es responsabilidad de Raditz, pero a él le voy a gritar cuando este repuesto, así que ahora necesito gritarle a alguien más.
—Es solo cansancio —dijo Broly finalmente, y desvió su atención a Tarble que lo estaba mirando.
—No me importa, ahora está mal y si no despierta pronto… —Calló en cuanto vio a Raditz quitarse el paño húmedo que Broly había puesto sobre la frente y los ojos. Corrió a su lado y le pasó la tela por el rostro afiebrado para bajarle la temperatura.
—¿Qué hago aquí? —susurró aún mareado. Le tomó unos segundos reconocer el lugar.
—Colapsaste de tanto entrenar —dijo Ginn con calma, totalmente diferente a como estaba segundos atrás.
—¿Sí? —La verdad es que no recordaba que había pasado. Tenía mucho calor por pasar tantas horas entrenando con Broly y se detuvo un momento para tomar agua, luego nada—. Pero ya estoy bien.
—Tienes fiebre. No estás bien —dijo con suma paciencia. Le levantó la camiseta disimuladamente y al menos sintió alivio al ver que por fin la maldita herida había terminado de cicatrizar por completo.
Mientras la pareja hablaba, Tarble y Broly se mantuvieron más apartados para darles un momento a solas.
—¿Realmente fue solo eso? —preguntó Tarble.
—Raditz tiene que esforzarse el doble que otros, pero es un guerrero fuerte que colapsó. A todos nos ha pasado alguna vez.
—Pensé que Vegeta…
—No. Me topé con él cuando traía a Raditz acá y le dije que le avisara a Ginn, nada más.
Y nuevamente no hubo palabras entre los dos. Tarble quería decirle un millón de cosas, pero se callaba hasta que Broly decidiera hablar, aunque no sabía cuánto más podría soportar. En cuanto a Broly, lo único que quería era tocarlo, no estaba cómodo con esta lejanía, especialmente teniéndolo a su lado, pero se había impuesto que sería así hasta aclarar las ideas, pues se conocía, Tarble era su punto débil, y si había mucho contacto entre ellos no podría pensar con claridad.
—¿Por qué no puedo cargarte? —preguntó Ginn con más volumen cuando Raditz se sentó en la camilla para levantarse.
—Porque puedo caminar. —En cuanto apoyó los pies en el suelo el mareo regresó con más fuerza, pero Ginn le tomó la cintura para afirmarlo y Raditz se afirmó de su hombro. Broly, que era de estatura similar al guerrero, se apresuró en acercarse para tomarlo del brazo para que pudiera caminar—. Realmente no necesito tanta ayuda.
—A estas alturas no me importa lo que pienses —respondió la mujer—. Vas a ir a tu cuarto a dormir y no saldrás hasta que yo lo diga.
—Hazle caso —dijo Broly a Raditz, mientras los tres salían del lugar.
—Está bien —respondió resignado.
—Me alegra que le hagas caso a alguno de los dos. Cuando te repongas dile a Broly que se siente en tus piernas, no a mí —dijo molesta, pero controlando su temperamento, ya que Raditz aún estaba delicado.
Raditz solo soltó una risa por su comentario y Broly arqueó las cejas.
(...)
En esta ocasión la inspiración golpeó a Bulma en el taller. Tenía todas sus herramientas repartidas por la mesa, además de su computador, algunos robots de entrenamiento, partes metálicas, cables y otras cosas más que apenas le dejaban espacio a las esferas del dragón. Tenía el radar conectado al computador que insistía en mostrarle solo siete esferas. No importa cuánto buscara y se alejara, no aparecía ninguna más, lo que significaba que solo eran siete o que el resto se encontraba en algún lugar demasiado lejano de la galaxia. Definitivamente optaba por la primera posibilidad.
Encendió otro cigarro mientras ponía algo más que escuchar en el computador para concentrarse en su proyecto particular. Estos días sin Vegeta le habían servido para concentrarse sin ninguna vergüenza en su plan para apoderarse de las esferas y había creado algo similar a los collares drenadores de energía, pero los estaba instalando al interior de los guantes de entrenamientos. La idea era que se activaran a distancia con un control remoto y que sobretodo no se sintieran al contacto. Ya iba muy avanzada y solo había tenido que sacar un par de guantes entre las cosas de Tarble y Vegeta para practicar. En su momento, cuando estuviera listo se encargaría de poner en los guantes de todos, no le faltarían oportunidades, ya que los guerreros pasaban entrenando día y noche y era extremadamente fácil entrar a sus cuartos. Ya lo había comprobado.
Estaba tan concentrada en su trabajo que no se dio cuenta de la presencia de Vegeta en la entrada observándola. El hombre en ningún momento sospechó de su trabajo, ni siquiera se detuvo a mirar o cuestionar nada, simplemente la había buscado para hablar, pero en último momento se detuvo y se quedó pegado mirándola, y de un momento a otro se marchó de regreso a entrenar, ya que cuando estaba molesto su soberbia era más grande que cualquier otra cosa. Bastante parecido a Bulma que en más de una ocasión había ido en busca de Vegeta, pero a medio camino terminaba cambiando de rumbo por ser demasiado orgullosa para admitir que se había equivocado.
(...)
Bulma llevaba un rato concentrada trabajando en sus proyectos en la mesa al interior del cuarto de Tarble, mientras el príncipe estaba sentado en el marco de la ventana reforzada con el computador en las piernas y el scouter puesto, hablando con varios de sus hombres a la vez. A veces tenía suerte y la señal estaba a su favor para poder trabajar sin interrupciones, algo que agradecía, para así mantener la cabeza ocupada.
De un momento a otro la atención de Bulma se fue hacia Tarble que lucía un tanto inquieto, especialmente cuando se levantó y continuó hablando mientras caminaba por todo el lugar. Estuvo así un rato hasta que finalmente dio un par de órdenes antes de cortar la llamada.
—¿Un día duro?
—Sí —dijo. Se quitó el scouter y fue a sentarse junto a la joven—. Hay que evacuar demasiada gente en muy poco tiempo.
—¿Qué pasa con las naves que te hice?
—No alcanzarán a llegar —dijo pensativo, mirando su scouter—. Le darán prioridad a niños con su madres y ancianos para ocupar las naves. El resto tendrá que esperar y rogar que no sea un baño de sangre.
—Lo siento mucho —dijo al verlo tan preocupado.
—Yo también lo siento… Es frustrante, ayudamos a mucha menos gente que los tiranos someten y asesinan.
—Si no lo hicieran serían muchos más los muertos y esclavizados.
—Lo sé.
—Así que céntrate en las vidas que salvas. —Tarble no le respondió, aún pensando en qué más podría hacer desde la distancia, así que siguió hablándole—. Me hubiera gustado que alguien como tú o tu madre nos hubiera ayudado cuando era niña. Todo hubiera sido tan diferente —dijo tomando su mano.
Tarble la miró y no pudo evitar sentirse conmovido por sus palabras y sus ojos claros brillando al recordar tanto sufrimiento. Bulma le había contado una historia diferente a la que él había logrado averiguar y no se acercaba al verdadero infierno que pasó, así que realmente significaba mucho para él.
—Gracias —dijo sonriendo, y apretando su mano con cariño.
—Bien —se apresuró a decir, obligándose a sonreír y dejar el pasado atrás—. No puedo creer que vaya a decir esto, pero en uno de los tantos cursos que hice, los profesores decían que era importante trabajar en equipo y pensar en ideas, no importa que no parecieran ser buenas, había que anotar todo y luego profundizar en ellas, incluso mezclarlas hasta que resultara algo interesante.
—¿Y funcionaba? —preguntó interesado.
—No tengo la menor idea —respondió riendo—. Siempre me bajaban la calificación porque hacia los proyectos sola, así que ahora vamos a ver si resulta. —Acercó su computador—. Pensemos cómo hacer para ayudar a más gente y que la distancia no sea un impedimento.
—Me gusta, hagámoslo.
—Si tan solo tuviera una pizarra —dijo haciendo una mueca—. Me ayuda a pensar si tengo todo grande y a la vista.
—Eso se puede arreglar —dijo animado.
Varios vasos de vino, de whisky, muchos cigarros, decenas de ideas y dos horas después de hablar sin parar, Bulma y Tarble tenían la ventana principal del cuarto completamente rayada con ideas ya tachadas, otras subrayadas, con flechas uniendo otras que valían la pena analizar, dibujos de naves, partes de motor y fórmulas. Definitivamente Bulma era la que se destacaba al momento de dibujar, acostumbrada desde muy joven a plasmar en papel las naves que imaginaba, mientras que Tarble debía esforzarse por hacer líneas que tuvieran sentido y no lucieran terribles, pero al momento de escribir era el príncipe quien destacaba por su orden y estilo, en tanto la letra de Bulma parecían escritos indescifrables de algún idioma ya muerto.
—Entonces —dijo Bulma junto a la ventana con el plumón azul en su mano derecha y un cigarro en la izquierda—. Habiendo descartado la mayoría y guardado otras para más adelante. ¿Con cuál nos quedamos? ¿Propulsores para el planeta o las estaciones espaciales?
Tarble se había sentado en una silla frente a la ventana. Estaba cruzado de piernas y en su mano tenía un vaso con licor y el plumón rojo que había estado usando. Observó la pizarra improvisada estudiando las dos últimas opciones que le quedaban. Bulma no dudó en mostrar su preferencia apuntando con ambas manos la palabra propulsores mientras sonreía mostrando los dientes.
—Ambas ideas requieren mucho trabajo y tiempo —comenzó el príncipe—. Si bien tener estaciones espaciales en puntos estratégicos es ambicioso, no cuento con tanto personal como para construirlo ni para repartirlos. Por otro lado, los propulsores para mover planetas es algo muy peligroso, pero ya se ha hecho, aunque no con muy buenos resultados la mayoría de las veces.
—Eso es porque no me tenían a mí para mejorar los diseños, y junto con tu presupuesto ilimitado podría hacer grandes mejoras.
—Habría que hacerlo como las naves de rescate. Construir las partes por separado en diferentes planetas y ensamblarlas en otro.
—Déjamelo a mí. Puedo hacer diferentes planos. No tendrán idea de qué están haciendo, a lo más pensarán que se trata de naves o armas —dijo entusiasmada al igual que el príncipe.
—Tengo un par de planetas deshabitados en los que se pueden probar los prototipos para no poner en riesgo a la gente.
—Me vendría mejor un satélite más pequeño, así hago todo en un tamaño más reducido primero y es más fácil y rápido para hacer los cambios que necesiten. Imagino que también tienes eso.
—Dalo por hecho.
—Entonces es un hecho, vamos a tener un nuevo proyecto juntos.
—Ten presente también la idea de las estaciones. Me interesó para hacerlo a largo plazo, pero sí, tenemos otro proyecto juntos.
—Maravilloso.
—Tus profesores estarían orgullosos.
—Más les vale —dijo y fue por su vaso de vino. Hubiera sido mejor hacer un brindis con una copa, pero solo habían vasos al interior de la nave. Se acercó a Tarble y el joven descruzó las piernas cuando notó que pretendía sentarse en su regazo—. Qué buena dupla somos, deberíamos hacer cosas así más seguido. —Una vez sentada, lo abrazó con un brazo y él la tomó de la cintura.
Hicieron un brindis y bebieron.
(...)
—¿Cómo te sientes? —preguntó Ginn en cuanto Raditz despertó. Había dormido un día entero sin interrupción y estuvo acompañándolo en todo momento.
—Mucho mejor —dijo, estirando brazos y piernas, bastante repuesto luego de haber descansado tanto. Ya no recordaba cuándo había sido la última vez que había dormido más de cuatro horas. Sonrió a gusto cuando ella acarició su abdomen desnudo.
—Te ves mejor —dijo estudiándolo. Incluso había recobrado los colores.
—Sí, y tengo hambre.
—Yo me encargo de eso —dijo la mujer de buen ánimo al verlo tan recuperado, pero antes de que intentara bajarse de la cama para ir por comida, Raditz ya se había levantado.
—No te preocupes, yo iré por comida —dijo yendo hacia la silla donde estaba su ropa—. Y después iré por Broly para terminar el entrenamientos.
De pronto todo el buen humor de Ginn se esfumó en menos de un parpadeo al escucharlo hablar así.
—¿Me estás jodiendo, verdad? —preguntó y no tardó en abandonar la cama para encararlo.
Raditz dejó la ropa para mirarla. No estaba acostumbrado a la Ginn enojada y sin sentido del humor, pero sabía perfectamente reconocerla, pues era de cuidado.
—Me siento bien, lo prometo —dijo sonriendo.
—No vas a salir de aquí —dijo seria y decidida, como una madre severa castigando a su hijo desobediente.
—Ginn, tengo que entrenar —explicó tratando de que entendiera—. No tengo la habilidad tuya o de Broly y Vegeta que son guerreros de élite, yo tengo que esforzarme el triple para seguirles el ritmo. Yo soy un tercera clase.
—Por favor, no me vengas con esa mierda de las clasificaciones. Eres un buen guerrero y punto. Lo último que esperaba era que repitieras el discurso de mi papá.
—Toda esa gente que mataron y no pude hacer nada, no pude pelear. Perfectamente podrían haberte matado y yo estaba en el agua. No puedo dejar que vuelva a pasar.
—No me hables como si yo no hubiera estado ahí, porque sí estaba y tuve que sacarte del agua medio muerto —exclamó con los ojos llorosos—. Cada vez que me acuerdo me aterra y quiero llorar y yo no lloro, ¡así que no me vengas a hablar de primera o tercera clase o de lo que pasó allá! ¡Lo sé todo!
—Pero Ginn, yo no…
—Pero nada —dijo interrumpiéndolo y se le acercó—. ¿Quieres ir a entrenar? Ve, pero primero derríbame.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste —dijo decidida—. Si estás en tan buenas condiciones derríbame antes de marcharte.
—No voy a hacer eso —dijo sin más excusas, porque la verdad no se le ocurría nada más que decir y honestamente no creía que podría tirarla en este momento.
—¿Por qué no? Entrenamos todo el tiempo. Vamos, hazlo —se le acercó más y le dio un empujón en el pecho con la mano—. Demuéstrame que estás bien y derríbame —insistió—. ¡Hazlo!
Raditz intentó tomarla del hombro para tirarla al suelo, pero la guerrera con un solo movimiento lo esquivo. Solo tuvo que golpearlo en la pierna para tirarlo al suelo y dejarlo acostado.
—Está bien —dijo el hombre resignado y adolorido por el impacto—. Necesito descansar unos días.
—Es todo lo que pido —dijo más calmada y arrodillada a su lado—. Sé que estás frustrado y enojado por lo que pasó en ese planeta, pero si llegas sin descansar ni siquiera vas a poder pelear con ellos. Ya has entrenado demasiado y por fin esa horrible herida sanó, ahora toca calmarse.
—No quiero que llores, no me gusta verte triste —dijo estirando la mano hacia su mejilla, donde habían alcanzado a caer unas lágrimas.
—Entonces metete a la cama y yo te traeré comida —respondió, y le tomó la mano con la que la acariciaba.
—¿Qué es eso que tienes en las uñas? —preguntó observando con detención el color rojo.
—Estaba jugando a ser mujer de otra raza cuando me avisaron que habías colapsado. Faltó la otra —dijo mostrando la mano con uñas sin pintar.
—Se ve bien.
—¿Verdad que sí? —Se inclinó hacia él y lo besó en la boca—. Ahora ve a la cama antes que yo te meta a la fuerza, y te aseguro que no te va a gustar.
Siete meses atrás
Después de una larga sesión de entrenamiento y casi tres horas de películas de superhéroes, Kyle se marchó a su cuarto, dejando a Tarble y Broly solos en su habitación con al menos seis horas para ellos solos antes que despertara y fuera a buscarlos para desayunar juntos.
—Ojalá el viaje fuera más largo —susurró Tarble acostado de lado, con el rostro contra el pecho de Broly. Aún podía sentir su corazón acelerado y la piel afiebrada a causa del reciente sexo.
—Aún nos quedan unos días —respondió el guerrero, también de lado, pegado al cuerpo de Tarble y le pasaba la mano por el cabello despeinado. Se sentía relajado y a gusto por el contacto.
—No es suficiente —dijo, y besó su pecho.
—Si te hubieras casado que alguna de las hijas de Atlas ni siquiera podríamos estar así.
—Qué terrible hubiera sido eso. Esas guerreras eran casi tan altas como tú, y en ese entonces yo pesaba veinte kilos menos. Hubiera terminado muy mal, estoy seguro.
—Yo hubiera estado ahí para protegerte.
—Lo sé.
Estuvieron un rato en silencio sin dejar el abrazo y las caricias mutuas.
—Cuando lleguemos a Trantor tendremos que separarnos. No quiero que te relacionen directamente conmigo, no quiero que te recuerden, tienes que ser un soldado más —dijo Tarble levantándose un poco para poder mirarlo a la cara.
Broly guardó silencio y si hubiera podido se levantaba y marchaba del cuarto para no tener esta inevitable conversación. No era bueno para abrirse y enfrentar ciertas cosas, cuando lo más fácil era evadirlo.
—Sí —dijo mirándolo a los ojos.
—Yo tampoco quiero hablar de esto justo ahora —dijo al notar su incomodidad—, pero tenemos que hacerlo cuando Kyle no esté con nosotros —dijo mientras le hacía el pelo hacia atrás para mirarlo bien—. Tendré que hacer cosas para agradarle a esa gente.
—Lo sé —respondió. Cómo no iba a saberlo, si él se lo había aconsejado.
—Pero eso no significa que no te quiera… Pase lo que pase no dudes de lo nuestro —dijo recargando su frente contra la de él. Broly respondió acariciando su mejilla—. Sé que llevamos muy poco tiempo en esta nueva relación, pero eres mi más querido amigo y siempre hemos estado juntos, y sé que seguiremos así.
Broly lo abrazó con fuerza, sentía las palabras acumulándose en su garganta. Unas eran para decirle que detuvieran todo, cambiaran el ritmo de la nave y se fueran lejos ahora que era posible, pero otras eran para decirle que tenían que ser fuertes, que esta separación sería momentánea y que todos los sacrificios eran por un bien mayor, más importante. Pero nada salió, y culpó a su crianza de eso, siempre en silencio sin permiso de expresar nada por temor a que algo ocasionase un ataque de ira súbito e incontrolable. Su madre era la única que lo dejaba ser él, pero en reducidas ocasiones, siempre con miedo, siempre refrenándolo hasta que se le hizo costumbre el silencio. Fue cuando comenzó a frecuentar a Tarble que se le hizo más natural interactuar con personas, al menos con el príncipe que además de no molestarle su compañía, la necesitaba tanto como él, y pese a la diferencia de edad que en ese momento era notoria, las visitas se hicieron cada vez más frecuentes. Pero nada lo había preparado para conversaciones de este tipo, no se sentía listo.
—Dime algo —susurró Tarble, y le respondió el beso, pero en cuanto lo terminaron volvió a hablar—. Dime lo que piensas —pidió con suavidad acariciando la cicatriz en su mejilla.
Broly volvió a besarlo, esta vez con más intensidad hasta que terminó sobre su cuerpo, frotándose contra él y tomándolo de las muñecas para que dejara de sacarle el cabello del rostro en un intento de ver sus ojos. Por un momento logró su propósito de mantenerlo ocupado con los besos y roces, pero Tarble volvió a insistir, así que tuvo que responder.
—Ahora solo quiero estar contigo. Nada más —dijo el guerrero mirándolo a los ojos. Y luego de un beso sonoro en su boca agregó—. No quiero pensar en planes, ni en separaciones, ni en la gente de ese planeta. No quiero nada de eso acá.
—Está bien —respondió Tarble, y se liberó de su agarre para poder abrazarlo y reanudar los besos.
(...)
Tarble caminó por los pasillos de la nave más alejada de las habitaciones buscando a Broly. No estaba con Raditz ni en los lugares que solían frecuentar. Mientras transitaba en silencio se concentró en su ki tal como lo hizo cuando competían buscando la ubicación de Bulma, solo que en este caso era mucho más difícil, ya que la mujer no tenía idea cómo controlar su ki y aunque fuese diminuto ahí estaba si te concentrabas lo suficiente para dar con ella. En cuanto a Broly, el hombre había aprendido a manejarlo tan bien que era capaz de hacerlo desaparecer por completo, pero eso no fue impedimento para seguir buscándolo. Descartó la presencia del resto y continuó. Casi una hora de ir y venir en los pisos de la nave logró identificar su energía, ahí estaba, un ki poderoso, intenso y a la vez sereno, tal como su voz y su forma de ser.
Cuando llegó al cuarto vacío como tantos otros por no haber sido equipados, encontró a Broly sentado en el suelo, apoyado en la pared y contemplando la bella vista por una ventana no tan grande como la del cuarto donde solían estar. El guerrero lo miró por un momento antes de regresar su atención hacia el exterior.
—¿Te encontré o me dejaste encontrarte? —preguntó desde la puerta.
—Ven —respondió, y le indicó con la mano para que se sentara a su lado. Tarble obedeció y pronto estuvieron uno al lado del otro mirando las estrellas, como solían hacerlo, pero en esta ocasión sin tocarse.
Tarble quería hablar, pero se contuvo y esperó a que Broly decidiera comenzar.
El guerrero continuó en silencio un rato más, mucho más tranquilo ahora que había tomado una decisión. Había necesitado de mucho tiempo para aclarar las ideas, y no solo los días que estuvo separado de Tarble en la nave. Su proceso había comenzado desde el momento que se hizo amigo del príncipe y comenzó a interactuar con él fuera de un ambiente de combates y golpes, solo hablar con alguien porque era agradable hacerlo. Aprendió a leer, a escribir, a pensar, se interesó por otras cosas, se dio cuenta que podía hacer mucho más e incluso fue capaz de controlar su problema que por muchos años pensó que lo terminaría matando, incluso se enamoró y fue correspondido, algo que pensaba jamás sería para él, pero sucedió. Luego debió sacar la voz y aplicar todo lo que había aprendido para hacerse cargo de ejércitos y ser responsable de soldados y de millones de personas que necesitaban ayuda. Esto último fue el punto decisivo para terminar de crecer y darse cuenta que podía más, siempre podía más, su vida no consistía en solo contenerse y esconderse por miedo a explotar. No, eso ya no más.
—Todos estos años siempre te he apoyado y he estado contigo —dijo mirándolo, tranquilo—. Y aunque te alenté a formar el ejército para ayudar a la gente y luego el plan para acabar el imperio, nunca me involucré realmente.
—Siempre has sido importante.
—No, no como estos meses que realmente participé desde adentro, porque antes tú y yo pensábamos que podía terminar mal. Que yo podía terminar mal… —Tarble no tuvo que decirle nada para darle la razón, bastaba con ver sus ojos—. Este tiempo trabajando con los ejércitos y compartiendo de cerca con toda la gente que ayudamos me hizo darme cuenta que quiero dejar un lugar mejor antes de irnos lejos.
Eso último hizo que Tarble lo interrumpiera.
—¿Eso quiere decir que...?
—Eso quiere decir que luego que encontremos las esferas y revivamos a tu madre no voy a regresar con mis hombres ni a las rondas —dijo con calma—. No voy a seguir oculto y protegido dedicándome a otros trabajos mientras tú sigues solo. No puedo estar lejos, eventualmente no podrás mantenerte en las sombras y cuando sepan que estás ayudando a Trantor, el rey Vegeta intentará matarte, y yo tengo que estar a tu lado. Y no solo eso, voy a involucrarme en la misión y haremos caer al imperio juntos, y no voy a aceptar un no como respuesta.
—Es lo que más quiero —dijo contenido, pues sentía que el hombre aún no había terminado, y estaba en lo correcto.
—Seremos iguales.
—Nunca te he visto ni tratado como un subordinado.
—Pero si vamos a estar en esto juntos las decisiones las tomaremos los dos.
—Me parece justo.
—Tenemos mucho más de qué hablar, pero será una vez que terminemos con este viaje, ahora tenemos que concentrarnos en quedarnos con las esferas. —Hizo una pausa antes de continuar. Sentía que jamás se había expuesto tanto, ni siquiera con Tarble, pero ya no había vuelta atrás, tenía que seguir—. Sé que no puedo decirte cómo tienes que sentirte con ese hijo que vas a tener, pero la verdad es que esperaba que fueras diferente porque siempre pienso lo mejor de ti, y creo que esta vez me equivoqué.
—Después de todo no soy tan diferente a los saiyajin como me jacto. Siento decepcionarte —dijo bajando la mirada, dolido, más que por sus palabras, porque esperaba más de él y no estuvo a la altura.
—Pese a eso —dijo, y lo tomó de la mejilla para que lo mirara, pero luego lo soltó—. Tienes que saber que no dudo, jamás podría dudar. —Solo tuvo que decir eso para hacerse entender.
En respuesta, Tarble recargó la cabeza en el hombro del guerrero y soltó un suspiro de alivio, dejando salir la angustia acumulada en el pecho que lo había invadido desde que dejaron de hablarse, y aunque tuvo deseos de llorar, se contuvo.
—¿En algún momento pensaste en dejarme? —preguntó temeroso con los ojos cerrados, sin abandonar su hombro, y la sensación de bienestar aumentó cuando sintió la mano de Broly tomar su nuca, haciendo que se aferrara a él agarrando su camiseta con fuerza.
—Solo quiero estar contigo, y no puedo ni quiero hacer nada contra eso —respondió mientras le acariciaba la nuca y el cabello con el pulgar, también aliviado al volver a tocarse. Definitivamente no habían nacido para estar separados.
—Siempre estoy preocupado de cuidarte, me fui a los golpes con Vegeta por protegerte y al final fui yo quien te lastimó... No volverá a pasar, tienes que creerme —dijo en tono de súplica, y soltó su camiseta para abrazarlo. Broly dejó su nuca para responder el abrazo y apretarlo con fuerza.
—Lo sé. —Besó su cabeza y cerró los ojos disfrutando el contacto. Le creía, creía en él, y estaba seguro que algún día podrían cumplir su sueño, pero antes tenían mucho que hacer, y esta vez sería juntos.
El abrazo continuó, los dos en silencio sintiendo el calor del otro y cuando sus rabos se encontraron y entrelazaron sintieron que podían estar nuevamente en paz.
Continuará…
¡Hola, muchas gracias por llegar leyendo hasta aquí! Estaba segura que terminaría el capítulo para el sábado, pero además que tuve que hacer cosas que no esperaba y ayudar a mi esposo con su trabajo, el viernes fui a ponerme la segunda dosis de la vacuna contra el covid y justo en la noche, que es cuando escribo, me sentí decaída y me dolió mucho el brazo, por lo que no pude seguir escribiendo, pero ya se me pasó completamente el malestar. No olviden ir a vacunarse, es sumamente importante.
Antes de pasar a hablar del capítulo quiero decirles que son super lindas con los mensajes en face y los rws mandando ánimos para actualizar. Y respondiendo a Lili Durans, no, no eres para nada invasiva. Ese tipo de mensajes los tomo como muestras de cariño e interés hacia mi fic, ya que preguntas de manera educada por la actualización y no podría molestarme por eso, todo lo contrario.
Y bien, ahora sí vamos por lo importante… (estoy con los ojos agotadisimos de tanto leer para corregir, así que mi nota de autor de esta oportunidad está muuuy desordenada porque la escribí a la rápida. Sorry)
Bulma ha logrado mantenerse bien porque tenía a Tarble para hacerle compañía y dormir. No solo construyó una relación intensa con Vegeta, también con Tarble y por eso podía seguir haciendose la dura y orgullosa, pero ahora que Tarble y Broly se arreglaron, le tocará más difícil y eso se verá en el próximo capítulo, el último de estos 4 en los que se centraban las relaciones de los 6 personajes.
En este capítulo abordé poco la relación de Vegeta y Bulma, ya que estos días se dedicaron a evadir el uno al otro, (y además el cap iba a quedar terriblemente largo y no actualizaría nunca) pero el cap que sigue (que es el último de los 4 capítulos del viaje) se desarrollará lo que pasa entre ellos. (De spoiler les digo que el cap se llamará La Mecánica Y El Saiyajin)
Cada uno llevó la separación a su modo.
La relación de amistad Broly y Raditz ha avanzado rápido, ya se conocían hace años gracias a la cercanía de Tarble y Ginn, pero habían hablado muy poco. y ahora Broly le ha comenzado a hablar sobre las misiones secretas, ya que hace tiempo Raditz ha demostrado que sería una buena adquisición para su escuadrón. El entrenamiento, la cocina y también lo que maduró en estos meses encargándose de los ejercitos de Tarble le han servido para pasar los días, además jamás había logrado controlar así su problema que ni siquiera cae ante las provocaciones de Vegeta. Antes hubiera sido brutal.
Vegeta como que vuelve a sus raíces, sin exagerar claro está, pero se pone pesado y por supuesto, como buen guerrero se obsesiona con el entrenamiento.
Bulma pasa mucho tiempo con Tarble y Ginn, lo que la ayuda mucho a no extrañar a Vegeta y por eso ha tardado tanto en buscarlo. También está trabajando metida en su proyecto personal.
Tarble ha continuado trabajando con sus hombres cada vez que tiene la oportunidad, lee y por supuesto, la amistad con Bulma ha ayudado mucho. Jamás habían estado tan cercanos e íntimos y han llegado a trabajar juntos. Y a diferencia de los saiyajin, no se metió de lleno a entrenar, y de hecho disminuyó, solo cuando se juntaba con Vegeta entrenaba, y porque su hermano se lo exigía. La pelea que tuvieron fue como querer inconscientemente destensarse. Cosas de guerreros jajajaj.
Y al menos en este capítulo hubo una reconciliación, habrá que esperar al prox capítulo para ver qué pasa con la otra pareja.
Ginn finalmente explotó, pero logró que Raditz entendiera que ahora solo le quedaba descansar. Ella perdió a su madre y hermana en batalla, por eso no lidia bien con lo que le pasó a Raditz y se asusta.
La historia de Kyle va lenta, pero ya ven que no le ha tocado fácil a la pobre y a Gohan.
Ah! casi lo olvidaba. Es obvio a quién corresponde la canción de esta vez. "Amiga mía" de Los Prisioneros. Lo único que tienen que hacer es cambiar Amiga por Amigo y ahí está. Esta vez no comprometeré a mi amiga al análisis de canción, ya que se atrasó con la del capítulo anterior porque a la pobre le quitaron la muela del juicio y ha estado con mucho dolor. Así que cuando pueda no más, y si no puede no importa. Muchas gracias Anne por tu apoyo! Me sirve mucho para inspirarme y seguir escribiendo. (Sticker de gatito sopaipillero) jajajajaj
Perdón por los muchos errores y horrores ortográficos que deben haber! Siempre reviso y siempre se me pasan!
Prometo hacer una nota de autor más ordenada y extensa para el último capítulo de esta segunda parte, analizando cada personaje, pareja, romance, amistad, etc. Odio no tener tiempo, pero bueno, pude actualizar una semana antes de lo que lo estaba haciendo, así que me pone contenta. YA FALTAN 4 CAPÍTULOS PARA LLEGAR AL FINAL! AAAAAAAAHHHH! (Final de la segunda parte, el fic tendrá 5 partes)
Y bien, me despido, esperando que estén muy bien y muchas gracias por adelantado por leer y por dejar rw que me llenan de alegría y ganas para seguir escribiendo.
¡Un abrazo, cuídense!
Dev.
14/06/21.
