El Legado II


Segunda Parte


XXXII

Equipo p4

(La Mecánica Y El Saiyajin)


Alguien me ha dicho que la soledad se esconde tras tus ojos

Y que tu blusa atora sentimientos que respiras

Tenés que comprender que no puse tus miedos donde están guardados

Y que no podré quitártelos si al hacerlo me desgarras

(Trátame Suavemente / Soda Stereo)


Ocho semanas atrás


Kakarotto y Bardock solo tuvieron que pasearse por la nave un rato para llamar completamente la atención de todos los que andaban por los alrededores. Ya se había corrido la voz que habían cazado un par de saiyajin, y todos estaban ansiosos por verlos, aunque nadie sabía dónde se encontraban, por lo que comenzaron a rumorear que solo se trataba de una mentira para llamar la atención. Por eso cuando vieron a Bardock no tardaron en agruparse para tocarlo, darle golpes de puño y de electricidad con los bastones directo al rostro y el cuerpo para ver cuánto podía resistir.

¿Cómo atrapaste a un saiyajin adulto? —preguntó uno de los hombres a Kakarotto. El tipo en ningún momento pensó que estaba hablando a otro saiyajin.

No es tan fuerte como se ve —respondió Kakarotto con indiferencia.

Así parece —dijo mirando a Bardock en el suelo, con más heridas que desde un comienzo gracias a todos los curiosos que quisieron darse un gusto y poder alardear diciendo que habían golpeado un guerrero saiyajin—. Pero no por eso nos vamos a confiar, ponganle un collar ahora, y dejenlo en una jaula —ordenó. Inmediatamente después, un par de hombres le pusieron un collar de no muy buena calidad y lo llevaron a una de las jaulas donde había animales, hombres y mujeres de otras razas atrapados, en pésimas condiciones.

Kakarotto le echó una mirada a Bardock y este le hizo una seña para que se marchara. El joven disfrazado aprovechó a caminar por la gran y oscura bodega, revisando cada jaula, ya que el radar de la pulsera indicaba que su hijo debía estar por el área, pero en ninguna parte encontró rastros de Gohan ni de Kyle. Para su decepción, encontró la pulsera del niño tirada en el suelo de uno de los tantos pasillos. Seguramente se le había caído cuando lo transportaban a su jaula, pero al menos eso significaba que se encontraba cerca.

Escuché que hay otros saiyajin en la nave —dijo Kakarotto al hombre que había dado las órdenes y ahora se encontraba sentado en su desordenado escritorio llenando información del viaje y de las criaturas cazadas en un computador.

Sí, eso dicen, pero creo que es solo para presumir, porque presas así se muestran. No es fácil capturar a uno de esos salvajes, sea poderoso o no, y mucho menos dos.

Kakarotto supuso que a esta altura los captores podrían haber descubierto la identidad de Kyle y por eso la mantenían escondida, ya que se armaría una verdadera batalla campal al interior de la nave para quedarse con ella. Valía demasiado como para exponerla a la vista de los demás.

¿Quién los tiene? —preguntó—. Quiero ver si es verdad. Apuesto que mi saiyajin es mejor que esos dos juntos.

Apuesto que sí, porque el tuyo es de verdad y el de Gringe es pura mierda, como es su costumbre para que le presten créditos y después no pagar metiendo otra mentira.

Está en el piso cuatro, ¿verdad?

En el sexto —dijo atento a la información que llenaba—. Si es verdad que lo tiene me avisas, apuesto que el nuestro es mejor.

Quinientos créditos a que sí —respondió Kakarotto y caminó fuera del lugar. Era tan grande todo que no sabía dónde podría estar el acceso a los otros pisos, no era tan fácil encontrarlos, ya que la gente usaba la nave para vivir y habían modificado todo el interior, pero al menos ya sabía dónde buscar.

¿Cómo es que te llamas? —dijo el hombre mirándolo—. Tengo que ponerlo en el informe, no todos los días se atrapa un saiyajin.

Tú sabes cómo me llamo —respondió sonriendo y con seguridad. No esperó respuesta y se marchó.

Sí, claro, claro —murmuró el sujeto y siguió trabajando en el computador.

Bardock tiró una sola vez del collar y lo soltó en cuanto le dio una descarga eléctrica. Definitivamente le metería por el culo los bastones a todos los hijos de puta que se divirtieron dándole choques de electricidad y golpeándolo. Ahora que no sentía toda su energía, el cuerpo comenzaba a dolerle tal como si hubiera estado entrenando por días sin parar. Observó el lugar por completo, al menos la vista que tenía desde su prisión, y al parecer no era muy concurrido. Eso era bueno, porque no seguiría mucho tiempo tras las rejas. No había collar lo suficientemente poderoso como para detenerlo.


(...)


Vegeta abrió los ojos y debió esperar un momento para que su cuerpo se destensara. No sabía en qué momento se había quedado dormido luego de entrenar, pero al parecer el agotamiento había sido tal que se rindió en cuanto apoyó la espalda en la cama. Y la pesadilla que lo despertó lo dejó tan alerta que ya no tenía deseos de seguir descansando, o intentarlo, ya que soñar con Freezer y su madre en el coliseo no era descansar.

Se bajó de la cama ahora manchada por la sangre fresca que emanaban sus heridas sin cerrar y fue camino al baño para darse una larga ducha y borrar las extrañas imágenes que le quedaron de la pesadilla. No podía creer que Bulma era el único remedio a sus malos sueños, ni siquiera horas de entrenamiento duro lograban hacerlo descansar sin que los fantasmas lo acecharan cuando tenía la guardia baja durante el sueño, pero cuando estaba con ella era como si no pudieran acosarlo y finalmente lo dejaban en paz. Pues bien, tendría que hacerse a la idea de que esos fantasmas habían regresado para quedarse, porque ya había tomado una decisión y no se retractaría.


(...)


—Deberías estar en la cama descansando como te dije —dijo Ginn mientras revolvía la comida al interior de una olla. Probó un poco y le bajó el fuego, pero no lo apagó, aún le faltaba un poco.

—No estoy entrenando, como te lo prometí, pero tampoco voy a estar acostado todo el día. —Estaba sentado en el banco, junto a la mesa más cercana de esa cocina. Ya podía oler la comida caliente, lo que le encantó.

—Está bien, tienes razón. Me volvería loca acostada todo el día, a no ser que sea para tener sexo, de lo contrario no.

—Deberíamos hacer eso una vez que terminemos este trabajo.

—Esa es una muy buena idea —dijo sonriendo. En cuanto estuvo lista la comida, sirvió dos platos grandes y los llevó a la mesa—. Come, y me dices qué tal me quedó.

Raditz le hizo caso, pero tuvo que comer dos cucharadas para su veredicto.

—Esto está muy bueno... Lo hizo Broly, ¿verdad?

—Sí, lo hizo especialmente para ti —dijo riendo al verse descubierta tan rápidamente, aunque era obvio—. Pero yo lo calenté, y mira lo bien que lo hice.

—Como toda una profesional —comentó el hombre sonriendo—. Tendrás que aprender a cocinar algún día. ¿Qué van a comer nuestros hijos cuando yo no esté?

—¿Piensas ir a algún lado? No pretenderás embarazarme y luego marcharte, que soy capaz de ir a buscarte dónde sea que estés para que te hagas responsable de haberme hecho engordar.

—Está bien, no me ausentaré hasta que aprendas a cocinar lo básico.

Ginn comió y bebió antes de responder.

—Estuve hablando con Tarble sobre este tema, y me recomendó un doctor del planeta para que nos revise.

—¿Un doctor? Nosotros no nos enfermamos nunca.

—Lo sé, le dije lo mismo, pero tiene razón. Jamás nos cuidamos y nunca me he embarazado. Alguno de los dos debe tener algo malo que haya que arreglar.

—Eso es verdad, no lo había pensado —dijo preocupado. Y no podía saber si él era el del problema, ya que con las otras mujeres que estuvo durante la ruptura con Ginn, siempre usó protección.

—Pero no lo pienses demasiado, luego nos preocuparemos por eso, ahora tenemos que concentrarnos en tu recuperación y luego la batalla. Así que come, me esforcé demasiado para calentar esta comida.

—Realmente quieres tener una familia conmigo —susurró encantado, con cara de enamorado sin dejar de mirarla.

—Claro que sí. Que no te hable todo el tiempo de eso no quiere decir que no me interese. Sigue comiendo —ordenó.

Raditz le sonrió e hizo caso. Luego tendrían tiempo para preocuparse de eso, ahora habían otros temas importantes que tener en mente.


(...)


—Tenemos que ir a entrenar —dijo Broly mientras pasaba la mano por el cabello de Tarble que se había dormido sobre su torso—. Sé que ya estás despierto, no me engañas —susurró de buen humor y relajado, con un brazo detrás de su cabeza, sin dejar de desordenar el cabello del príncipe.

Estaban en el cuarto que había ocupado Broly luego de abandonar el que compartían, ya que Bulma aún tenía sus cosas en ese y según Broly, debía apestar a cigarro como para ocuparlo de nuevo.

—¿Qué me delató? —preguntó Tarble abriendo los ojos para mirarlo, pero casi no se movió de su lugar. Estaba demasiado cómodo y el pecho del hombre se sentía tibio contra el suyo.

—Tu rabo no deja de moverse. —Pese a estar tapado de la cintura hacia abajo, el rabo de Tarble se movía levantando ligeramente los cobertores.

—Traicionado por mi propio cuerpo —dijo sonriendo. Acarició el pecho del guerrero y lo besó antes de descansar la mejilla sobre él.

—¿Y entonces?

—Entonces nos quedamos en la cama.

—Tenemos que entrenar. Ya falta menos para que alcancemos la nave y nos encontremos en el planeta.

—Lo sé, pero anoche entrenamos hasta tarde, ahora podríamos descansar un poco más. —Ya que Broly solo respondió con un gruñido, continuó—. Prometo compensarlo más tarde con el doble de entrenamiento, ahora quiero estar aquí—. Cerró los ojos a gusto. Había transcurrido solo un día desde que volvieron a estar juntos y una de las cosas que más había extrañado era el calor de su cuerpo.

—Está bien —respondió. Después de todo, además de dormir, le encantaba estar acostado y desnudo con él—. Pero ahora es mi turno. —Solo debió moverse un poco de lado para tirar a Tarble de su pecho hacia la cama. En cuanto el joven se acomodó en la almohada boca abajo, lo abrazó y apoyó en su espalda—. Luego iremos a entrenar.

—Sí —dijo. Cerró los ojos y dejó que el sueño ganara. Broly tampoco tardó mucho en dormirse.


(...)


Luego de dar varias vueltas en la cama, Bulma abrió los ojos y revisó su reloj pulsera que había dejado en el velador. Habían pasado casi dos horas desde la última vez que revisó la hora y todavía no podía quedarse dormida. Desde que se alejó de Vegeta su sueño volvió a ser deficiente como antes, pero se había mantenido a raya gracias a la compañía de Tarble, y ahora que el joven había regresado con Broly volvió a estar sola y con insomnio por las noches.

Se sentó en la cama y no tardó en encender un cigarro para distraerse. Ni siquiera podía comunicarse con su padre y Morgan para conversar, ya que no había podido volver a establecer contacto luego de la última vez. Ahora más que nunca tenía deseos de ir a buscar a Vegeta bajo la excusa de lograr dormir, pero era mucho más que eso, hace un tiempo que no se trataba de solo sexo y eso era precisamente lo que la detenía de acercarse a él. Debía estar concentrada en su trabajo, era la razón por la que había llegado a Vegetasei y luego accedido a trabajar con Vegeta, pero tenía la cabeza en cualquier lado y eso sumado con el insomnio, no la dejaba mantenerse enfocada en lo que era importante, y en lugar de eso, ahora pensaba que sería genial poder sentir el ki como los guerreros, así para saber dónde estaba Vegeta y encontrarlo por casualidad, pero se quedó en su lugar fumando y reuniendo fuerzas para controlarse y permanecer en la cama.


(...)


—Veo que ya hubo reconciliación, qué bien —dijo Raditz sonriendo, sin dejar de revolver los ingredientes de una de las tantas ollas que tenía calentando. Ya que no estaba entrenando y solo estaba preocupado en recuperarse, ocupaba gran parte de su tiempo cocinando.

Broly lo quedó mirando sin entender hasta que Raditz, sin dejar de reír, se apuntó el cuello, en referencia a las marcas que tenía el guerrero y definitivamente no se trataban de entrenamiento. Ya se tenían bastante confianza luego de convivir tanto, pero Broly varias veces quedaba sin saber qué decir, como en este momento, por lo que se limitó a gruñir y de paso pensar que en esta ocasión se les había pasado la mano durante el sexo, ya que toda marca que le dejaba Tarble solía desaparecer al rato gracias a su excelente habilidad de sanación, en cambio esta vez…

—He estado pensando mucho en la conversación que tuvimos el otro día —dijo Raditz una vez que se alejó de las ollas y se sentó frente a Broly—. Me gustaría trabajar para ustedes, en lo que fuera, pero ayudando a la gente.

—¿Estás seguro? —preguntó mirándolo a los ojos—. Algunas veces puede volverse peligroso, y ya sabes lo que podría pasar si los descubren.

—Estuve en el coliseo esa vez. Lo sé muy bien, pero tú y Tarble lo deben estar manejando muy bien para llevar tantos años sin ser descubiertos.

—¿Y qué pasa con Ginn?

—No le he dicho nada, pero estoy seguro que también querrá participar, al igual que los guerreros que trabajan para nosotros. Todos nos cansamos de las típicas misiones matando y sometiendo, por eso comenzamos nuestra propia empresa de misiones en las que hacemos cualquier cosa para ganarnos la vida, menos matar.

—El padre de Ginn es cercano al imperio.

—Sí, pero ella sabe la clase de hombre que es. Jamás le diría.

—Está bien, te tendré en consideración cuando terminemos esto, pero para aceptar a tus guerreros tengo que conocerlos primero. Es demasiado serio, no dejamos entrar a cualquiera. No hables con nadie más de esto hasta que te diga lo contrario.

—Claro —dijo emocionado—. Ya sabía que era extraño que Tarble consiguiera tan buenos planetas para el imperio luego de lo que pasó con la reina, pero tenía que darles algo a cambio para poder engañarlos, y vaya que lo hizo bien, incluso nosotros que lo conocemos por años caímos y creímos que simplemente estaba haciendo lo que tenía que hacer para adaptarse. —Estaba ansioso de que todo este asunto de las esferas terminara para poder hacer algo de provecho por terceros y reparar en algo todo el daño que hizo por años—. ¿Por qué nunca nos ofrecieron trabajar para ustedes? Hace tiempo que sabían que Ginn y yo ya no estábamos interesados en matar.

—Por tu hermano y su hijo. Tarble siempre le recomienda a sus soldados que no tengan familia, mucho menos hijos, y de ser así lo mejor es tenerlos en otro planeta o estar listos para sacarlos de Vegetasei en caso de que se descubra todo y evitar un baño de sangre como el de aquella vez. Tu sobrino y su madre correrían peligro, y tu hermano es un soldado de élite activo, no podemos confiar en él.

Raditz guardó silencio pensativo. Por un momento no supo qué haría su hermano si lo descubriera trabajando en contra del imperio, pero enseguida descartó una mala reacción en su contra. Kakarotto no sería capaz de dañarlo, de eso estaba seguro.

—Entiendo toda la precaución —dijo finalmente—. Nadie quiere terminar asesinado en el coliseo.

—Es lo último que queremos.


(...)


Vegeta dejó de entrenar en cuanto sintió el ki de Bulma fuera de la habitación. No se movió de su lugar y miró la puerta, casi igual como ella estaba al otro lado, seguramente decidiendo si entrar o no. Ya que no estaba en sus mejores días en cuanto a ánimo y paciencia , caminó para apretar el botón y abrir de una maldita vez, encontrándose cara a cara con la joven que justo había levantado la mano para abrir y entrar.

—¿Qué pasa? —preguntó el hombre regresando a su puesto donde había estado ejercitándose. A sus pies yacían los cuerpos de los pobres robots de entrenamiento que no resistieron tanta brutalidad.

Bulma entró con un par de robots bajo el brazo y observó los que estaban en el suelo.

—Sí que se te pasó la mano.

—Para la próxima vez deberías hacerlos más resistentes —respondió cruzado de brazos.

—En estas ocasiones se dice gracias —dijo con el ceño fruncido y no esperó respuesta de su parte. Activó los dos robots y los lanzó hacia él. Antes que las esferas de metal tocaran el suelo levitaron y se alzaron para esperar algún estímulo que los hiciera trabajar.

—Gracias —murmuró un tanto seco, sin quitarle la vista de encima. Estaba seguro de que quería algo. Las otras veces había llevado los robots cuando estaban todos juntos entrenando. Esta era la primera vez que aparecía cuando estaba solo, y seguramente se debía a que su hermano y Broly nuevamente andaban de un lado a otro juntos, dejándola con mucho tiempo libre.

—Y bien —dijo Bulma más relajada, incluso sonriendo—. Estaba pensando que no quiero seguir así por lo que queda del viaje. Se hace aburrido y monótono, ¿no lo crees así?

—Quieres que volvamos a tener sexo —dijo sin prejuicios en su voz, solo exponiendo una realidad.

—Claro, ¿por qué no? Y no solo eso. Tienes que admitir que juntos lo pasamos mucho mejor, ¿no? —Sonrió y se le acercó un poco más, pero no lo tocó.

Vegeta la quedó mirando un rato antes de responder. Bulma lo esperó a sabiendas que lo estaba considerando.

—¿Por qué cuando llegamos a esta nave fuiste a mi cuarto cuando habían muchas más habitaciones? —No tenía problemas con tener sexo con mujeres que lo usaran por el momento y luego no se hablaran más, lo había hecho muchas veces, pero con ella era diferente, y era demasiado orgulloso como para que ella viniera a despreciarlo de esa forma.

Bulma abrió la boca pero no supo qué decir. Estaba preparada para cientos de respuestas, pero no algo así.

—No me di cuenta, no lo pensé, simplemente terminé en tu cuarto. No sé qué quieres que te diga.

Ahí estaba de nuevo. No era capaz de responder ni una sola pregunta con franqueza y eso lo desesperaba, ya que no era nada complejo.

—Tengo que seguir entrenando —dijo, y le dio la espalda—. Hazte a un lado o sal de la habitación o te puedes lastimar.

—¿En en serio? ¿Esa es tu respuesta? —preguntó sorprendida. En verdad había pensado que aceptaría enseguida.

—Lo que nos espera más adelante no es un juego, y me haces perder el tiempo. Me distraes.

—Te distraigo —repitió molesta—. Pues lo siento mucho, no voy a hacerte perder el tiempo, saiyajin. —Salió del lugar sin preocuparse en cerrar y mucho menos mirar atrás.

Vegeta fue hasta la puerta para presionar el botón y cerrar la puerta antes de continuar con su entrenamiento. Sí, ella tenía su orgullo, pero él era experto en eso.


(...)


—Entonces, ¿qué vas a preparar? —preguntó Tarble mientras revisaba con curiosidad los ingredientes sobre el mesón metálico. Tomó una verdura roja brillante para sentir mejor su agradable olor.

—Vamos a preparar —respondió, y le tendió un cuchillo.

—¿Estás seguro? —preguntó arqueando las cejas, recibiendo el cubierto—. Voy a arruinar el plato.

—Es solo práctica —dijo relajado—. Comienza picando las verduras, y no olvides lavarlas.

—Está bien —dijo no muy seguro, pero obedeció, mientras que Broly se encargó de reunir las ollas y trabajar con la carne, que era lo más complicado.

Trabajaron juntos en el mesón mientras conversaban sobre cualquier tema, relajados, olvidando por un momento dónde se encontraban y todo el trabajo que les esperaba por delante. Simplemente era una pareja preparando la cena. El príncipe preguntado a ratos qué tenía que hacer y el guerrero indicando cuál era el siguiente paso.


Vegeta permaneció sentado junto a la mesa en una parte más retirada de la gran cocina. Había escogido varias cosas para comer y estuvo a gusto en soledad y silencio hasta que escuchó la voz de su hermano y Broly en el área donde se preparaba la comida. No alcanzaba a entender con claridad, salvo cuando alguno levantaba la voz o reía. Claramente no se habían dado cuenta que había alguien más en el lugar. No sabía para qué les había enseñado a sentir los ki si no estaban atentos, aunque claro, en un comienzo era difícil tener ese sentido siempre alerta, era algo que se adquiría con la experiencia y con tan pocas personas en una nave así de grande no daba muchas oportunidades de práctica.

Continuó comiendo a la espera de que cuando terminara ya se hubieran marchado, ya que no tenía deseos de interactuar con nadie y la salida más próxima estaba cerca de la pareja. Para su mala suerte, los enamorados no tenían intención de marcharse y su comida ya se había terminado.


—¿Qué tal ahora? —preguntó Tarble luego de cortar una cebolla azulada en rodajas de la forma que Broly le había dicho.

—Están muy gruesas —respondió el hombre examinándolas.

—¿Y eso influye en el sabor de la comida? —preguntó intrigado.

—Todo influye. Si están muy gruesas tardarán más tiempo en cocerse.

—No sirvo para esto —dijo dejando el cuchillo en la mesa—. Vas a tener que conformarte con mis desayunos aburridos e insípidos.

—No es difícil, mira. —Se puso detrás de él, lo hizo tomar el cuchillo, otra cebolla y puso las manos sobre las de él para guiarlo—. ¿Ves? Es como cuando me enseñaste a escribir, me hiciste practicar una y otra vez todos los días hasta que le tomé el ritmo.

—Sí, no es tan difícil —dijo atento a los cortes, aún con las manos de Broly moviendo las suyas, pero perdió un poco la concentración cuando el guerrero le besó el cuello y apoyó el mentón en su hombro derecho—. ¿Vamos a preparar la cena así? —preguntó sonriendo cuando sintió otro beso.

—Sigue cortando —respondió rodeando su cintura con ambos brazos, aún apoyado en su hombro.

El joven obedeció, aunque le fue difícil con el hombre besando y mordiendo su cuello.

—Yo no te estaba besando y desconcentrando de esta manera cuando te hacía practicar caligrafía —dijo intentando cortar la verdura, aunque le era difícil. A veces la barba le hacía cosquillas en la piel, pero le gustaba.

—Tenías trece años y lucías de menos, hubiera sido raro —respondió contra su mejilla—. Ahora sigue.

No pudo cortar ni media verdura, ya que los besos, las cosquillas y las risas continuaron, haciendo que terminara volteándose para besarlo como correspondía.

—Tranquilos los esposos —dijo Vegeta cuando decidió pasar por el lugar antes que el asunto se volviera más apasionado y fuese mucho más incómodo—. Hagan como si no estuviera aquí.

La pareja se separó en cuanto escuchó la voz del hombre.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Tarble.

—Lo que se viene a hacer a la cocina: comer y besuquearse a escondidas —y agregó cuando vio el filoso cuchillo que tenía su hermano—. Tranquilo, ya me voy, no es necesario volver a recurrir a la violencia. —No tardó en salir por la puerta más cercana del lugar.

Tarble solo tuvo que mirar a Broly para que entendiera sus intenciones y le respondió.

—Ve, pero vuelve para terminar de cocinar.

—Sí —respondió y partió detrás de Vegeta, mientras que el guerrero volvió a trabajar en la carne.

No le tomó trabajo a Tarble encontrar a Vegeta que se había detenido en un pasillo y apoyado la espalda en la pared como si supiera que Tarble lo iba a seguir.

—¿Estás bien? —preguntó a Vegeta.

—¿Cómo demonios lo hacen? —preguntó el hermano mayor mirándolo a los ojos.

—¿Hacer qué? —Sabía a qué se refería, pero quería que él lo dijera para asegurarse que hablaba en serio y no era una pesadez más.

—Eso que hacen siempre, ser tan empalagosos y sin cuestionarse ni sentirse estúpidos.

—Nos hace sentir bien. ¿Por qué íbamos a cuestionarlo?

—Has vivido toda tu vida en Vegetasei —dijo serio—. Algo de esa enseñanza te debe haber penetrado.

—Imagino que sabías que dormía con nuestra mamá a escondidas.

—No sabía que era una costumbre, de lo contrario te hubiera golpeado por débil y a ella le hubiera reclamado que por su culpa eras como eras.

—Vegeta, cuando mataron a mi mamá y luego tú te marchaste jamás pensé que podría volver a sentirme remotamente bien… No te estoy reclamando nada, ya pasamos por eso, pero fueron muchos años difíciles y no voy a cuestionar algo que me hace sentir bien solo porque esas costumbres estúpidas así lo dicen. Cientos de saiyajin que jamás han dejado el planeta sienten igual, y tú que llevas años alejado deberías hacer lo mismo.

Vegeta sonrió antes de responder.

—Qué fuerte te hubiera golpeado si te hubiera escuchado decir algo así cuando niños.

—Hubieras quemado una pared llena de libros.

—Con esa sarta de cursilerías mínimo dos paredes.

—Pero ahora no lo harías, y si me haces preguntas al respecto es porque estás interesado.

—No vale la pena —murmuró con voz fría.

—Bulma tiene muchos traumas y temas pendientes, pero es una mujer que vale la pena.

—Se me hace que es pésima idea. Todo es más fácil cuando se reduce a sexo y ya.

—No vengas a hacerte el saiyajin duro conmigo —dijo sonriendo y cruzándose de brazos, imitando la postura de su hermano—. ¿Acaso crees que no iba a recordar a Argon? ¿Por qué escogiste ese nombre?

—He tenido muchos nombres —dijo encogiéndose de hombros—. Pero ese ha sido el que más ha durado.

—No respondiste mi pregunta.

—Era un buen guerrero, mató mucha gente —dijo no queriendo admitir nada.

—Era la historia que más contaba nuestra mamá, era su guerrero favorito.

—No lo recordaba —mintió.

—Sí, claro —respondió.

—Regresa a la cocina, tu esposo te está esperando, y no queremos que se enoje —dijo, y no esperó respuesta, se marchó rumbo al cuarto de entrenamiento.

De todas las relaciones y encuentros casuales que Vegeta había tenido en su vida, en varias ocasiones le habían dicho que no querían nada más que sexo, y había estado bien, siempre había sido lo mejor. A lo máximo había terminando entablado algo parecido a una amistad, pero no muy significativo, otras veces se enamoraban de él y como era su costumbre jamás era capaz de corresponder, y era directo, no ilusionaba. Todas sabían en qué se metían. ¿Por qué no podía seguir así? Maldita sea.


Siete semanas atrás


Tranquila, fue una pesadilla —susurró Vegeta cuando Bulma despertó asustada. No le tomó trabajo notar que aún se encontraba desorientada, bastaba con ver sus ojos siempre vivaces, ahora estaban vidriosos y asustados.

¿Dónde vas? —preguntó Bulma cuando lo vio alejarse. Le hacía falta para mantenerla conectada con la realidad, de lo contrario sentía que podía volver a perderse y no era agradable una vez que se daba cuenta que todo no era más que una ilusión.

Solo por agua, tranquila —dijo con calma, y luego de regresar con un vaso con agua se puso a su lado y la ayudó a beber. Al menos ya estaba recuperando el control de su cuerpo al usar ambas manos para afirmar el vaso, pero aún no tenía la fuerza suficiente para mantenerlo por sí sola.

En cuanto bebió todo el contenido del vaso volvió a acomodarse en la cama y a abrazar al hombre, que se quedó quieto y se preocupó de taparla con los cobertores.

¿Cuándo se va a pasar esto? —preguntó con el rostro pegado a su pecho. Su calor y su voz la hacían sentir tan bien.

Unos días al menos —respondió mientras pasaba la mano por su cabello de manera distraída—. Tu cuerpo es muy débil y necesita tiempo para desintoxicarse por completo del polen.

¿Tarble está bien?

Vino hace unas horas a verte, pero estabas durmiendo. Ahora debe estar conversando con su enamorado, así que imagino que está bien.

Lo peor de todo fue ver a mi papá tan sano y feliz —dijo sin moverse de su lugar—. Porque sé que no es así, que en realidad quedó tan dañado que incluso le da miedo salir de su casa —murmuró tan apenada que Vegeta pensó que estaba llorando, pero por la posición en que estaban no pudo comprobarlo—. Yo pensé que lo peor había sido cuando le cortaron la pierna para comerla, pero no fue así. Fue cuando mataron a esos niños ante él, justo antes que llegara la nave a rescatarnos. Eso fue lo que terminó de matarlo por dentro, y yo no pude ayudarlo.

Vegeta no supo qué decirle. Pero el escenario que describió lo vivió cientos de veces, solo que desde el lado contrario. Él podría haberle causado todo ese daño de haber coincidido sus caminos cuando eran adolescentes.

No pienses más en eso. Solo hará que aumenten las ilusiones.

Tengo miedo de cerrar los ojos.

Yo te cuidaré.

Quiero que quede claro que soy una mujer que puede cuidarse sola… pero ahora no me opongo a que me cuides. Me gusta.

Entendido —susurró acariciando su mejilla.

Es tan raro tocar tu rabo —dijo con otro tono más relajado, como si segundos atrás no hubiera estado recordando tan terribles acontecimientos. Tenía la mano bajo la camiseta de Vegeta y había enredado el rabo en su brazo y agarrado la punta con la mano—. Me recuerda a uno de los animales de mi papá, un mono peludo y feo que arroja sus heces cuando se enoja.

Está bien, dejaré pasar eso solo porque estás intoxicada —dijo fingiendo seriedad, pero no pudo evitar sonreír cuando la escuchó reír.

La joven lo abrazó con fuerza y se acomodó antes de volver a hablar.

Tengo que orinar y no siento mucho las piernas.

Yo me encargo —dijo. Se levantó de la cama y la tomó en brazos. El cuarto era tan pequeño que en unos pocos pasos ya estaban en el baño. Ya que solo estaba con una camiseta como pijama, se la levantó un poco y la ayudó a sentarse en el retrete.

¿Qué se supone que estás haciendo? —preguntó Bulma al verlo de pie, apoyado en el marco de la puerta.

Estoy esperando —dijo mirándola, cruzado de brazos.

No puedo hacer si me estás mirando.

¿Hablas en serio? —preguntó con el ceño fruncido.

Por supuesto que sí, es algo privado.

¿Después de todo lo que hemos hecho en esta nave te pones pudorosa para orinar?

Sal de una vez —alzó un poco la voz. Ni siquiera tenía fuerza para gritar, y no encontró nada para lanzarle, pero seguramente no hubiera logrado golpearlo pese a estar tan cerca, por la poca fuerza que tenía.

Si te caes y ensucias tendré que lavarte y limpiar todo el desastre que dejes.

Ya sal, por favor —dijo gimoteando, no podía aguantar más.

El hombre puso los ojos en blanco y salió del cuarto de baño. Cerró la puerta y no alcanzó a dar un par de pasos cuando escuchó un golpe en seco y luego el grito de Bulma.

¡Ay no, qué asco! ¡Vegeta!

¡Te dije! —exclamó con las manos en la cintura, mirando la puerta, dudando si entrar o no.

¡No me reprendas y ayúdame!

Al príncipe saiyajin no le quedó otra opción que regresar y hacerse a la idea de que tendría que limpiar todo el lugar incluido a la chica.


(...)


Tarble se quitó la camiseta y se secó el sudor del rostro antes de dejarla en el suelo para luego continuar masajeando la espalda de Broly. Lo bueno de estar entrenando solos era que podían hacer cosas como estas, pero la sala que ocupaban no era tan grande como la que usaban todos juntos y hacía que el calor se concentrara más rápidamente.

—¿Ahí está bien? —preguntó sentado sobre el hombre, masajeando entre los omóplatos, donde la piel mostraba magulladuras debido a los entrenamientos.

—Sí, perfecto —respondió Broly en un quejido ronco, tendido en el suelo. Se sentía muy bien el frío metal contra su torso caliente y Tarble ya había aprendido muy bien cómo masajear. Por el momento no podía pedir más—. ¿Qué ha pasado con el plan de la mecánica?

El príncipe continuó bajando con las manos hasta detenerse en la base de la columna, justo antes del rabo, donde ejerció presión hasta arrancarle otro gruñido.

—Creo que está replicando los collares drenadores en los guantes de los trajes —dijo sin detenerse—. Por lo menos eso vi entre sus cosas de trabajo. Supongo que planea debilitarnos a todos para quedarse con las esferas en su momento.

—¿Piensas hacer algo con esa información?

—No. Solo tenemos que tener cuidado de la ropa que usemos cuando ya tengamos todas las esferas… Ya no puedo seguir manipulándola, quiero decirle la verdad, pero ahora tiene el lío con Vegeta y esto complicaría todo mucho más.

—Ella es de mucha utilidad. Y ya no está con tu hermano, ¿qué importa?

—No creo que sigan separados por mucho tiempo, y no quiero meterme entre ellos. —No quería complicar más las cosas para Bulma, y sentía que si hablaba justo ahora todo empeoraría.

—Pues entonces no lo hagas —dijo, incapaz de entender la preocupación de Tarble por esa mujer. Volvió a concentrarse en las manos del joven que siguió con las atenciones en su adolorido cuerpo.

—Bien —dijo Tarble luego de un rato—. Ahora es mi turno. —Se bajó de Broly para ponerse a su lado. Apoyó los antebrazos en el suelo y levantó las piernas para dejarlas sobre las del hombre cuando se sentó.

Broly tomó su muslo izquierdo con ambas manos y masajeó tocando directamente la piel, ya que estaba con pantaloncillos cortos. Conocía tan bien el cuerpo de Tarble que sabía cuáles eran los lugares que se acalambraban luego de entrenar.

—Lastima que no alcanzaron a equipar la nave con tanques de recuperación —comentó el príncipe disfrutando tanto el alivio como el dolor que le producía en los músculos las manos expertas de Broly.

—Los tanques de recuperación son para los débiles. Los guerreros de verdad sanan por sí mismos —respondió concentrado.

—Nunca vamos a estar de acuerdo en eso —dijo apoyando la espalda en el suelo, lo que le provocó un escalofrío por el contraste de temperatura del metal con su piel—. Además la gran mayoría de los guerreros saiyajin están acostumbrados a ellos y no dudaría de su condición de guerreros.

—Es lo peor acostumbrarse a esos medios artificiales. Disminuye la habilidad de sanación natural y además esos tanques son difíciles de encontrar.

—Sí, tienes razón, pero de todas maneras ya estaría metido en un tanque de haber uno aquí.

—No lo tienes permitido —respondió serio, pero Tarble sabía que bromeaba, así que le siguió el juego.

—No puedes prohibírmelo, ya no estoy en entrenamiento para tener cuerpo de guerrero.

—Uno siempre está en entrenamiento para superarse —respondió y subió más la mano para masajear el muslo interior, y de paso contempló su cuerpo. Le gustaba ver las heridas a causa de los entrenamientos que se mezclaban con las que dejaba él durante el sexo y terminaban confundiéndose. Ahora que Tarble podía pelear mejor estaba siendo más violento y exigente durante los combates.

—Qué estricto —comentó, y volvió a apoyar los antebrazos para mirarlo. No pudo evitar sonreír cuando notó su erección bajo el pantalón ajustado—. Ahora entiendo porque siempre interrumpías los masajes para irte a las duchas.

Broly lo quedó mirando un segundo sin entender, pero pronto comprendió a qué se refería, lo que lo hizo también curvar el labio, sin dejar de masajear.

—Es difícil concentrarse contigo así.

—Si tan solo me hubiera dado cuenta, o tú hubieras sido más directo antes.

—Solo te veía con mujeres —respondió el hombre terminando con esa pierna para pasar a la otra, y agregó sonriendo—. Aunque debería haberme dado cuenta por tu insistencia para que te masajeara.

—Claro que no —dijo Tarble riendo igual que Broly—. No lo pedía con ninguna intención oculta. Era lo único que me aliviaba los dolores, ya que no me dejabas usar los tanques de recuperación.

—Sí, claro. Nadie tenía tantos calambres como tú —insistió de buen humor, apretando el área donde masajeaba, provocándole cosquillas.

—Porque nadie más se sometió a tus terribles entrenamientos —dijo acercando una mano hacia él para acariciar su mentón, y su barba que estaba más desordenada ya que no se había preocupado de ella últimamente. Broly respondió mordiéndole un dedo que dejó escapar enseguida—. ¿Y qué pensabas en esos momentos antes de escapar a las duchas? —preguntó curioso.

Broly no dejó de masajear, pero lo miró para responder.

—Fantaseaba con rajarte la ropa, y cogerte en el suelo, ahí mismo.

—Directo al grano —dijo mirando su boca.

—También imaginaba que te masajeaba como ahora y continuaba subiendo la mano, y esperaba ver tu reacción cuando hiciera esto —dijo. Terminó el masaje solo para posar una mano sobre su miembro y estimularlo por sobre la ropa.

Tarble permaneció quieto, dejando hacer. No pasó mucho hasta que su cuerpo respondió a sus toques.

—Y en tu fantasía —preguntó con la mandíbula un tanto tensa—. ¿Qué hacía?

—Eras obediente —respondió sonriendo.

—¿Obediente? —repitió igual de animado.

—Me dejabas follarte sucio, y con las heridas sin tratar. —Se le puso encima, entre sus piernas, presionando su miembro duro contra el suyo y besó su boca. Ya estaba excitado, no quería esperar hasta ir al cuarto.

Tarble le besó la comisura de la boca antes de responder.

—¿Y tampoco usaba tanque de recuperación? —Cerró los ojos, centrándose en esta oportunidad en el contacto de piel contra piel y en la voz del guerrero.

Broly rió con suavidad contra su boca y después de un par de besos más respondió.

—Ni pensar en usarlo, como debe ser.

—Como un guerrero.

—Como un guerrero —repitió. Volvieron a besarse y esta vez no hablaron más.


(...)


Cuando Broly despertó le tomó unos segundos recordar dónde se encontraba. Últimamente las siestas eran más profundas y reponedoras, como ahora que descansaba sobre la cama junto a Tarble que había estado leyendo en voz alta para los dos, pero seguramente había guardado silencio cuando notó que se había dormido para seguir leyendo solo para él. El príncipe continuaba boca abajo concentrado en la lectura de su tableta, mientras él estaba con el rostro apoyado en su espalda, a la altura de su rabo, y un brazo sobre sus piernas. En lo que tardaba en despertar por completo, se mantuvo en silencio disfrutando de la calma que envolvía la habitación y metió la mano bajo la camiseta de Tarble para tocar su piel.

—No me despertaste —dijo sin moverse de su lugar.

—Te veías descansando, no quise —respondió Tarble pausando la lectura. Junto a la tableta tenía su scouter.

—Tu voz leyendo me relaja —dijo bostezando.

—¿Sí? Kyle decía que era aburrido.

—Ningún niño encuentra entretenido estudiar, salvo tú —dijo, y lo abrazó con tanta fuerza que lo dejó sin aire y le sacó un gemido—. Tengo hambre. —No lo soltó, pero disminuyó la presión del agarre.

—Está bien, vamos a comer.

—Termina el capítulo, puedo esperar.

Tarble no respondió y reanudó la lectura, mientras que Broly continuó en su espalda tranquilo por un rato considerable, hasta que le levantó más la camiseta para besar su espalda, mientras le pasaba la mano por las piernas.

—Ya casi termino —dijo riendo levemente. La barba del hombre le provocaba cosquillas, al igual que su mano que lo apretaba en ciertos lugares de las piernas.

—Tómate tú tiempo —dijo el guerrero, y atrapó el rabo del joven que se encontraba libre. Lo enredó en su mano y cuando lo mordió cerca de la punta, hizo que Tarble diera un brinco de sorpresa.

—Ya, está bien, ya terminé. —Quiso apurarse para terminar de leer el párrafo y apagar el aparato, pero Broly estiró la mano y se lo quitó.

—Suficiente lectura por hoy. —Dejó la tableta en el suelo y subió para quedar a su altura. Tarble aprovechó y se cargó en su pecho.

—¿Y qué pasó con la comida? —preguntó mientras le ordenaba la barba.

—También puede esperar. —Lo tomó de la nuca y lo atrajo para besarlo.

Alcanzaron a besarse y tocarse un poco cuando el scouter sobre la cama comenzó a vibrar.

—Un momento —susurró Tarble y se alejó para tomar su aparato, pero Broly no lo soltó y continuó besándolo en el cuello—. Es Kyle —exclamó, haciendo que Broly lo soltara para prestarle atención.

—¿Cómo sabes?

—Las coordenadas están bloqueadas, las dos veces que se comunicó fue igual. —Quiso ponerse el aparato en la oreja para contestar, pero Broly se lo quitó—. ¿Qué haces? —preguntó ansioso, e intentó recuperarlo, pero el guerrero alejó la mano para que no lo alcanzara.

—Si no pide ayuda, no la llenes de preguntas.

—¿Qué no la llene de preguntas? Pero no sé dónde ni con quién más está. —Luchó por tomar el scouter, pero Broly no lo dejó, terminando los dos rodando por la cama enfrascados en una pequeña batalla mientras el aparato continuaba vibrando.

—Está con Bardock y sonaba bien la última vez que habló, ¿no? —dijo Broly en cuanto estuvo sobre Tarble.

—Está bien —exclamó resignado—. Dame el scouter antes de que se corte la llamada.

—¿Conversación normal?

—Conversación normal —aseguró el príncipe y se lo puso para contestar. Se sentó y Broly hizo lo mismo, acercando su oído al scouter para poder escuchar—. ¿Kyle? —dijo expectante a escuchar la voz de su hermana, pero más que nada había mucha estática entrecortada.

Tarble… costó mucho comunicar… Llevo días intentan… contigo.

Pese a lo mal que se escuchaba, Tarble sonrió al reconocer la voz de su hermana.

—Kyle, había esperado tanto a que volvieras a llamar, te extraño tanto.

—… también te extraño… tan lejos, es un problema de… Aquí deben tener algo que bloquea la...

No entendió todo lo que le dijo, pero también lo extrañaba y no sonaba enojada con él, eso era lo más importante.

—¿Estás bien?

—… llamando a escondidas, pero quería escuchar tu...

Tarble miró a Broly y solo con la mirada fue capaz de transmitirle la pregunta de que cómo era posible no llenarla de preguntas considerando que admitía que estaba llamando a escondidas. Broly arqueó las cejas, entendía su preocupación, incluso él se sintió inquieto ante las palabras de Kyle, pero no alcanzó a responder, ya que Tarble se calmó solo, pues pese a lo mal que se escuchaba, su voz sonaba bien, no como si fuese prisionera o algo por el estilo.

—Pero estás bien, ¿verdad? —insistió al no tener respuesta la primera vez, necesitaba escucharlo de su voz. No supo si su hermana escuchó la pregunta o si la respondió.

...tiempo tenga… Aquí estoy con Bardock. Saluda, Bardock… Saluda, no seas maleducado...

No voy a saludar... apresúrate que nos van a atrapar.

Tanto Tarble como Broly escucharon fuerte y clara la voz de Bardock. Eso era bueno, ya que confirmaba que continuaban juntos, pero todo era tan confuso y ni siquiera podían tener una conversación decente debido a toda la interferencia.

Tarble…

—¿Sí, Kyle?

Sé que estás molesto conmigo por… Pero no lo pensé, estaba enojada y…

—No, no estoy enojado —dijo con voz serena, haciéndose una idea de lo que quiso decirle. No era necesario que Broly estuviera presente para responderle de esa forma, de haber estado solos hubiera sido igual—. Estás bien, eso es lo que importa. Solo quiero que estés a salvo y que pronto podamos hablar de frente.

También quiero eso… tiempo, pero sí, estoy bien.

El joven sonrió al oír sus palabras, pero se apresuró en hablar ya que el mismo Bardock había dicho a Kyle que se apresurara.

—Kyle, estoy con Broly aquí a mi lado.

¡¿Sí?! ¡¿Está contigo?!

Gritó tan fuerte y emocionada que Tarble debió alejarse el scouter del oído un momento.

—Hola Kyle —saludó Broly, sonriendo igual que Tarble.

Los extraño tanto a los… ¿Qué están...?

—Trabajando juntos —dijo Broly—. Cuando nos veamos te contaremos todo.

Más les vale par de… Porque yo también tengo mucho...

La voz de la joven se escuchó demasiado entrecortada como para entender alguna palabra, y luego de unos segundos la llamada terminó cortándose.

—Gracias por calmarme —dijo en cuanto se quitó el scouter y se apoyó en su hombro. Broly lo abrazó con un brazo y acarició la cabeza.

—Tranquilo, pronto vamos a estar juntos los tres… O los cuatro.

Tarble no le respondió. Evitaba pensar en su madre viva para no ilusionarse. Pese a que su idea de revivirla era por su hermana, obviamente él también se vería beneficiado. ¿Cómo sería ese reencuentro? ¿Qué pensaría su mamá al verlo hecho un hombre, un guerrero? Cuando se enterase que mantenía vivo su legado ayudando a tanta gente sometida por los imperios tiránicos de Vegetasei y tantos más. ¿Se asombraría? ¿Estaría orgullosa? Quería tanto que conociera a Broly… Día a día debía hacer lo posible por evitar tantos pensamientos positivos ya que tenía miedo de un desenlace desastroso. La caída iba a doler tanto si no resultaba como esperaba… Por el momento lo único que quería era tenerla de frente para abrazarla. Reclamar ese abrazo que se quedaron debiendo hace tantos años ya.

Broly lo tomó de la mandíbula para que lo mirara y besó su mejilla, y Tarble le acarició la nariz con la propia, lo que lo hizo sonreír.

—Tienes visitas —dijo el guerrero, ya no con el mismo ánimo con el que estaban.

Tarble no entendió, pero pronto sintió el ki de Bulma junto a la puerta y segundos después un par de golpes. Estaba seguro que llamó solo por Broly, porque jamás tuvo esa delicadeza mientras compartieron habitación.

—Adelante —dijo.

Bulma entró, segura como siempre y se acercó a la cama mientras hablaba.

—Siento interrumpir, pero ya que no te he encontrado en ningún lugar asumí que estarías aquí.

—Perdón, no me di cuenta que he estado tan ausente, pero si me necesitabas podrías haberme llamado al scouter.

—No, tranquilo —dijo como si no fuera de gran importancia—. No quería arruinarles el tiempo juntos, pero ya ha sido suficiente y te necesito, ¿es posible? —preguntó sonriendo, mirando a Broly que en ningún momento cambió su expresión seria—. ¿Puedo llevarme a Tarble un momento? Tú ya lo has tenido demasiado.

—No tienes que preguntarme a mí —respondió serio.

—Sí, tienes razón —dijo la joven con un tono menos amistoso—. Solo intentaba ser amable.

Tarble dejó la cama y fue con Bulma enseguida para evitar más interacción entre los dos.

—Si quieres puedes ir a comer —dijo a Broly mientras se marchaba con Bulma—. Te alcanzaré en la cocina.

—O tal vez se tarde un poco más —dijo Bulma antes que Broly pudiera responderle.

Cuando salieron del cuarto Broly se quedó un momento en su lugar pensando y esperando un rato prudente, hasta que se puso de pie y también salió. No le costó trabajo identificar el ki de la mecánica junto a Tarble rumbo a su antigua habitación, Vegeta se encontraba un piso más abajo, y por su energía elevada era obvio que estaba entrenando, mientras que los ki de Raditz y Ginn indicaban que estaban en la cocina. Por lo que no hubo riesgo alguno de ser descubierto en el cuarto de reuniones que albergaba las esferas y gran cantidad de los trabajos por terminar de Bulma. No le costó mucho encontrar entre las cosas los guantes que Tarble le había mencionado, y ya que él no estaba dispuesto a hacer nada con tan importante información, él se encargaría. No pondría en peligro la vida de la mujer, ya que era importante para Tarble, pero ya que estaba nublado por su relación con ella, él debería ocuparse. Sacó un par de guantes y se retiró del lugar dejando todo tal como lo había encontrado.


—¿Qué fue lo que pasó con Broly? —preguntó Tarble en cuanto estuvieron en el cuarto que compartieron por varios días. Los dibujos y escritos en la ventana principal continuaban en su lugar.

—Traté de ser amistosa, pero no lo pone fácil. —Caminó por el lugar un tanto ansiosa, no muy preocupada por Broly.

—Preferiría que evitaras hablarle si va a ser así cada vez que interactúen —dijo serio, sentado junto a la mesa donde la joven solía trabajar, observándola ir de un lado a otro.

—Está bien, no volverá a pasar, es que no estoy del mejor humor —dijo queriendo cambiar el tema. No era para eso que lo había ido a buscar.

—¿Pasó algo? ¿Discutiste con Vegeta? —preguntó con un tono más suave al verla tan inquieta.

—Maldición, estoy desesperada —dijo más para ella que para Tarble—. Y todo esto es por tu culpa. Me hice tu amiga, me mostraste que la mayoría de las ideas que tiene la gente sobre los saiyajin son exageradas, me hiciste bajar la guardia y ahora no puedo quitarme de la cabeza a tu hermano.

—¿Por qué no te calmas y te sientas para que podamos hablar? —dijo con suavidad al verla con los ojos llorosos. Al menos se sentó a su lado, pero continuaba agitada, intentando no llorar. Era la primera vez que la veía así y se preocupó—. ¿En qué puedo ayudarte?

Bulma se tomó su tiempo para responder. Sentía que si abría la boca terminaría llorando y no quería eso. No era buena para llorar, no le gustaba.

—Simplemente quiero dejar de pensar en Vegeta todo el tiempo —dijo en voz baja, con un nudo en la garganta, sin mirar a Tarble. Pese a que ese sentimiento por el hombre ya era un hecho, no era capaz de admitirlo. No podía, era un saiyajin, uno muy malo durante su adolescencia.

—No sé cómo hacer eso.

—Dime cosas malas que haya hecho, dame motivos para despreciarlo. Seguramente encontrarás varios.

—Ya te dije gran parte de las cosas que me hizo a mí o a Ginn cuando éramos menores. El resto lo debes de suponer, ya que era de los mejores al momento de conquistar planetas, pero ya son más de diez años desde eso, no sabría qué más decirte negativo de él ahora.

—No me estás ayudando —dijo forzando una sonrisa.

—¿Realmente es eso lo que quieres? ¿Despreciarlo?

Nuevamente tardó en responder. Estaba tan confundida que no sabían bien qué quería, pese a que su lado lógico le gritaba que tenía que alejarse de Vegeta porque estaba mal, pero estos días de soledad en la nave le hicieron darse cuenta que necesitaba de su compañía.

—Esto solo era algo físico, ¿sabes? Era sexo porque nos sentimos atraídos, pero pasamos tanto tiempo encerrados en esa nave, y él no resultó ser como esperaba, fue mejor y me gustó… ¿En verdad no tienes nada nuevo que decirme de él?

—¿Quieres que sea honesto?

—Ya dilo, necesito tu ayuda, no puedo seguir así, yo no soy así. Debería estar enfocada en otras cosas y todo lo que hago es pensar en él.

—Cuando era niño nunca me gustó la manera de Vegeta de tratar a Ginn. La verdad es que nunca se caracterizó por tratar bien a nadie, era un maldito altanero que se sentía superior a todos, pero supongo que porque ella estaba enamorada de él soportaba más y lo dejaba hacer lo que quisiera con ella, pero ya son tantos años de eso, y todos hemos cambiado tanto… ¿Recuerdas cuando estuvimos afectados por el polen en ese planeta tan extraño?

—No mucho. Estuve varios días durmiendo y con pesadillas —respondió atenta a lo que tenía que decirle.

—El Vegeta con el que viví en Vegetasei era un monstruo y no hubiera dudado en abandonarnos en ese planeta si no le éramos de utilidad. En cambio el de ahora te protegió todo el tiempo, sin dudarlo, y luego en la nave no se movió de tu lado hasta que estuviste bien. Lo vi cuidarte con tanta dedicación que nadie podría dudar de su cambio —susurró, y luego de una pausa agregó un tanto emocionado—. Fue conmovedor ver a mi hermano tratar con tanta delicadeza y afecto a otro ser vivo, y es algo que tú eres capaz de inspirar en él.

Bulma finalmente dejó caer unas lágrimas. Tenía una noción de esas noches, los abrazos de Vegeta, su voz, su calor, y ahora que Tarble se lo confirmaba terminó desarmada por completo. No resistió más y se recargó en el hombro de su amigo llorando sin contenerse, dejando salir la angustia y la culpa que la había acompañado por tantos días al no saber qué decisión tomar.

Tarble la abrazó y acarició su cabeza. Sabía cuán difícil había sido la vida en su planeta, todo el trauma que vivió por culpa de los saiyajin, y que ahora tuviera sentimientos tan fuertes hacia uno complicaba todo.

—Esto no debió haber pasado —murmuró sin poder controlar el llanto. Era abrumador como se mezclaban tantas imágenes en su cabeza. Por un lado el infierno durante su infancia por culpa de los saiyajin. Y por otro, todo lo que había vivido con Vegeta, que en unos meses había logrado meterse en su cabeza al punto de confundirla hasta los extremos. Sentía que se traicionaba por permitirse sentir algo así, pero no podía seguir luchando, le estaba haciendo mal.


Un mes y medio atrás


—… Y cada vez que rompía algo de las cosas de mi papá, culpaba a Yamcha, pese a que era obvio que era yo la que estaba usando sus herramientas —dijo sonriendo.

Ya casi siento lástima por ese tipo —dijo Vegeta igual de relajado que ella. Cerca de las almohadas había una bandeja con un par de vasos con alcohol y un cenicero lleno de cigarros a medio fumar.

Lo conoces, es el que me fue a visitar durante el torneo.

Pobre hombre.

Se habían encargado de aprovechar al cien por ciento la habitación del hotel al que fueron para darle privacidad a Tarble con Broly que recién se había llegado para unirse al viaje. Ya había algunas botellas vacías en el suelo junto con unas sillas que se interpusieron en su paso cuando estuvieron haciéndolo por el lugar, pero aún tenían la capacidad de conversar, disfrutar del momento juntos y desinhibirse al punto de contar historias del pasado. Ambos se encontraban desnudos en la cama, Vegeta acostado boca abajo y Bulma igual, cómodamente sobre el hombre, apoyando un brazo en sus omóplatos para poner su rostro, mientras le acariciaba el brazo con la mano libre. Los dos miraban hacia su derecha, al gran mueble de madera pintada de color horrible, pero que tenía un espejo de cuerpo completo, lo que les permitía observarse mientras conversaban.

Recuerdo que una vez se dieron cuenta que le sacaba los cigarros a mi papá y Yamcha se culpó, y supongo que porque era hombre no le dijeron nada, así que el pobre tuvo que fumar varias veces frente a ellos aunque le desagradaba, y luego me los daba a mí.

Estaba enamorado de ti y tú te aprovechabas. Mujer manipuladora.

Era una niña y no sabía que estaba enamorado de mí en esa época, pero casi era mi hobbie meterme en problemas para culparlo —dijo riendo, mostrando los dientes.

Vegeta continuó atento mirando el reflejo de la joven. No era muy común verla así de risueña, y le encantaba, podría quedarse así toda la noche.

Pero no solo hacía cosas malas. Adoraba las noches de pizza. El queso era muy escaso en donde vivíamos, así que a veces lo cambiábamos por agua potable. Mi papá tenía equipos para limpiar el agua y nunca nos faltó.

Imagino que tú no lo preparabas.

No, para nada, yo daba las instrucciones. Soy muy hábil en cientos de cosas, pero no para cocinar, ya lo sabes. —Continuó pasando su mano en el brazo del saiyajin, deteniéndose cuidadosamente en las cicatrices, delineándolas con la punta de los dedos—. Nos quedábamos hablando hasta tarde, hasta después de devorar la pizza y mi papá siempre contaba alguna historia de mi mamá, de lo especial que era. Nunca ha usado la palabra "rara", pero creo que eso la definía. Ella sí que cocinaba bien, hubieras comido todo lo que preparaba.

He comido hasta carne cruda, no soy muy exigente.

Qué asco —exclamó—. Un poco de fuego solucionaba todo.

Lo tendré presente para la próxima vez.

Bulma le prestó atención al espejo para quitarse el cabello del rostro y recién en ese momento se dio cuenta de lo mucho que sonreía. Casi había olvidado todos esos buenos momentos de su infancia, cuando ya daba por hecho que no existían, pero ahí estaban, ocultos entre tanta espesura de dolor y muerte. Pese a todo había una luz que lograba atravesar todo lo malo para mostrarle aquello que creyó olvidado.

Luego de arreglar su larga cabellera, notó que Vegeta la estaba mirando por el reflejo, no dijo nada a eso y también lo observó. Se veían tan atractivos y sensuales de esa forma. La piel clara de ella y la tostada de él, la suavidad y curvas sobre los músculos y cicatrices. Los ojos negros del saiyajin y los azules de la mecánica que aún brillaban luego de tantas risas. Era fácil mirarse a los ojos de esa manera, tan cercos y lejos a la vez, como si el otro no supiera que estaba siendo contemplado.

Gracias a sus sentidos superiores, Vegeta pudo darse cuenta que el corazón de Bulma se aceleró, al igual que el suyo.


(...)


Luego de la conversación con Tarble, las cosas habían quedado un poco más claras para Bulma, lo que no significaba que estuviera totalmente satisfecha con la decisión que había tomado, pero ya que era lo que había decidido no se iba a retractar. Siempre se había caracterizado por ser directa, pero también muy orgullosa, por lo tanto en esta oportunidad dejaría el orgullo de lado para dejar que su versión más franca tomara el control, aunque hasta cierto punto, había ciertas cosas que no podía expresar. Fuese como fuese, ya con su cara lavada, limpia y sin un rastro de haber llorado, sus pasos la condujeron hacia la habitación de Vegeta. Como era su costumbre, no golpeó y lo encontró en medio de la habitación con ropa limpia y terminando de secar su cabello.

El hombre continuó ordenando su cabello antes que los mechones se le fueran al rostro y se le formara ese flequillo que no le gustaba.

—Estoy seguro que no hay nada tuyo en este lugar —dijo el hombre con tranquilidad.

—No tienes que ser desagradable —respondió la mujer sin tono confrontacional. Se había obligado a tener paciencia—. ¿Puedo pasar?

—¿No estás dentro, ya? —Al verla fruncir el ceño, volvió a responder la pregunta, después de todo si estaba pidiendo permiso era porque no venía en actitud de pelea—. Está bien, pasa.

La joven cerró la puerta y se le acercó un poco. No sabía bien por dónde empezar, así que simplemente comenzó a hablar.

—Está bien, tú ganas.

—¿Estábamos compitiendo en algo? —preguntó y tiró la toalla a la cama para prestarle atención.

—Cuando llegamos a esta nave estaba consciente de que habían más habitaciones, pero fui a la tuya porque quería seguir a tu lado, porque me gusta dormir contigo y hacer lo que hacemos. ¿Estás contento? Ya te respondí

Vegeta realmente no esperaba esa confesión.

—¿Eso es todo? —preguntó.

—¿Qué más quieres de mí, Vegeta? —preguntó aproblemada. No pensaba que sería tan difícil decir lo que sentía. Aunque la verdad es que aún lo estaba descifrando, y en toda su vida habían sido los hombres los que se acercaban a ella, no al revés—. No me hagas decírtelo, ya lo sabes.

—No te he dicho nada. Y ni siquiera yo sé bien qué quiero contigo, pero no por eso cambio de ánimo cada cinco minutos, y eso es agotador.

—¿No sabes qué quieres conmigo? —preguntó la mecánica.

—Sé que me gustas —respondió Vegeta encogiéndose de hombros, como si no fuera la gran cosa—. Al menos la mayor parte del tiempo.

—Y aunque esté mal, tú me gustas, mucho —dijo con los puños apretados, por fin dejando salir esas palabras que tanto le costaron pronunciar.

El saiyajin frunció el ceño por su respuesta.

—¿Se puede saber por qué está mal?

—Por favor —dijo levantando un poco la voz y cruzándose de brazos—. Te lo he dicho desde un comienzo.

—A mí no me importa tu pasado, no veo por qué a ti tendría que importarte el mío.

—No puedes comparar las cosas —dijo indignada, ya alterada, contagiándolo a él—. Tú eres...

—No sé nada de ti —dijo molesto, interrumpiéndola—. Todos son suposiciones, cosas que he escuchado de terceros o de ti cuando estás ebria o sueltas una migaja de información porque quieres conseguir algo. Así que asumo que si ocultas tanto es porque hay algo malo, ¿por qué no puedo pensarlo cuando tú asumes todo de mí?

—¡Vengo con las mejores intenciones a hablar contigo! ¡Admito que me gustas y comienzas a atacarme porque no te hablo de cada aspecto de mi vida!

—¡No te he preguntado nada!

—¡Qué bien! ¡Porque si quieres estar conmigo tienes que aceptar que hay una parte de mí que es solo mía!

—¡¿Por qué todo tiene que ser tan complicado contigo?! —exclamó frustrado.

—¡Siento no ser complaciente como seguramente lo fueron tus cientos de conquistas! ¡Pero yo no soy así!

—¡¿Estás haciendo esto a propósito para que me canse de ti?! Porque lo estás logrando.

—¡No! ¡Te lo digo porque estoy tratando de ser sincera con lo que siento! ¡Porque pese a toda mi confusión y contradicción que me embarga sé que te extraño y quiero volver a lo que teníamos!

Los dos guardaron silencio. Vegeta más calmado, pero Bulma quedó completamente tensa al ser tan honesta.

—Estás siendo honesta —aseveró Vegeta, pero Bulma pensó que estaba haciendo una pregunta y volvió a molestarse.

—El otro día te llevé un regalo. Yo estoy acercándome dando el primer paso , estoy hablando y admitiendo todo esto y ahora pones en duda lo que digo. ¿Qué más quieres que...?

Vegeta mandó al carajo su determinación, se le acercó y fue directo a su boca, impidiéndole seguir hablando. La mujer lo abrazó y correspondió el beso con la misma intensidad y sentimiento. A estas alturas lo de ellos iba mucho más que una atracción o simplemente gustarse ¿Se querían? ¿Se amaban? No tenían idea, pero esos besos y caricias no se los darían a cualquiera.

Cuando terminaron el beso, sus bocas permanecieron rozándose. Bulma con los ojos cerrados, disfrutando del contacto, del calor y los brazos de Vegeta alrededor de su cintura. Se había hecho adicta a ese hombre.

—Vas a ser mi perdición —murmuró Vegeta, haciendo que Bulma abriera los ojos. Qué ojos tan hermosos tenía.

—Tampoco creo que seas bueno para mí —respondió y llenó sus labios de suaves besos, haciéndolo respirar más agitado, deseoso de ella.

Vegeta la tomó en brazos y la llevó a la cama. Una vez ahí, entre besos apasionados y roces se quitaron la ropa con apuro, desesperados de estar juntos de nuevo. Atrás habían quedado las discusiones y el orgullo, las sensaciones que experimentaban estando desnudos y unidos eran mayores y ya era demasiado tiempo separados.

La joven respiró más fuerte cuando ya estuvo desnuda y sintió la boca y manos de Vegeta recorrerla. Permaneció acostada, en éxtasis al momento que el hombre se centró en su sexo, haciéndola gemir y apoyar las piernas en sus hombros. Aunque Vegeta no se quedó mucho tiempo ahí abajo, y pronto subió saboreando su ombligo, pasando la lengua por su torso, su piel y cuello hasta llegar a su boca. Los dos soltaron un gemido profundo cuando por fin entró en su interior y se movió con fuerza, sin contenerse, descargando todo lo que sentía en ese momento, ambos consciente que lo de ellos podría terminar muy mal, pero había algo en sus ojos, un destello que los hacía pensar que pese a todas las cosas en contra en algún momento podría haber un buen desenlace.

Vegeta se quejó más fuerte cuando Bulma rasguñó su espalda y con la otra mano lo tomó del rabo, tirando con fuerza, lo que lo hizo empujar más rápido, solo dejando de mirar sus ojos para besarse y comer su boca luego de tanto tiempo sin alimentarse de ella. Bulma apretó más las piernas y encorvó la espalda cuando el placer comenzó a hacerse insoportable.


Mucho rato después la pareja descansaba sobre una cama totalmente desordenada. Vegeta estaba boca abajo, mirándola y ella a su lado, boca arriba con el rabo del hombre en sus manos. Estaban exhaustos, pero solo era un breve descanso para luego seguir, ya que no había sido suficiente.

—¿También serías exiliado si te cortaran el rabo? —preguntó mientras se lo acariciaba.

—¿Estás tratando de encenderme para continuar? —dijo Vegeta, con su cuerpo relajado.

—No —respondió sonriendo—. Fue algo que se me ocurrió.

—Siempre hay excepciones con la realeza. Incluso supe de casos que les habían vuelto a poner el rabo con cirugía, pero nunca queda igual, y por eso siempre lo llevan alrededor de la cintura, para no tener que moverlo.

—¿Tan importante es?

—Es lo que nos diferencia de tantas otras razas con físico similar.

—Ya veo… Me gustas —dijo mirándolo.

—Es comprensible. Es imposible que no te agrade mi rabo considerando lo que te hago con él —dijo sonriendo ladino.

—No. Tú me gustas. —Sintió tan bien decirlo ahora que se encontraba tranquila y con la mente liviana, sin culpas—. Me gustas mucho, saiyajin.

—Eso también es comprensible —respondió altanero.

—Qué pesado —exclamó con las mejillas rojas. Quiso levantarse de la cama, pero él no se lo permitió, pasando un brazo por su cintura—. Debería quitarte ese rabo para que te mandaran al exilio.

—No haría mucha diferencia —dijo con el rostro en el cuello de la joven—. Hace años que no formo parte de esa raza.

Bulma le hizo cariño en el rostro, y estuvieron en silencio un rato, disfrutando del cuerpo y el calor del otro.


(...)


Ya que no quedaban muchos días de viaje dentro de la nave, los cinco guerreros decidieron que el tiempo de entrenamiento duro había finalizado, necesitaban los días restantes para sanar y recuperarse de los miles de golpes que se dieron durante este tiempo viajando, por lo que ahora solo se centrarían en ejercicios de velocidad para ganar agilidad. Y como saiyajin competitivos que eran, no tardaron en idear un juego a base de puntos. Era bastante simple, todos tenían el rabo liberado con una cinta amarrada al final de este. Los golpes y toda clase de agresividad estaban prohibidos, solo se necesitaba ser rápido para quedarse con la mayor cantidad de cintas y podían correr por todo el salón que había crecido considerablemente en tamaño luego de que destrozaran dos muros para tener más espacio.

Los números eran claros. Ginn llevaba la victoria por sobre el resto de los guerreros, pero poco a poco Tarble había comenzado a ganar puntos, logrando pisarle los talones por la competencia del primer lugar, lo que hizo la competencia más dura.

Bulma no estaba presente en el lugar, pero de haber ingresado al cuarto no hubiera sido capaz de ver nada más que manchas de colores moviéndose por todos lados, habría sido capaz de identificar a los guerreros durante pocos segundos antes de volver a convertirse en un borrón que se trasladaba de un extremo a otro a una velocidad asombrante.

Vegeta solo tuvo que distraerse un segundo al esquivar a Raditz para que Ginn aprovechara su oportunidad y le quitara la cinta del rabo.

—Otro punto para mí, afuera príncipe desertor —exclamó Ginn altanera a Vegeta, con la cinta en la mano. Raditz no alcanzó a advertirle cuando Broly le quitó la suya.

—Afuera —dijo Broly preocupado de no darle la espalda a nadie para no perder su cinta.

—Hijo de puta —exclamó la mujer riendo—. Lo hiciste a propósito para no sumar más puntos.

Broly no le respondió, pero no fue capaz de ocultar la pequeña sonrisa al verse expuesto, especialmente cuando Tarble también rio. El ambiente estaba bastante relajado e increíblemente todos estaban de muy buen humor.

Mientras que los tres guerreros que quedaban volvieron a desaparecer intentando ganar un punto más, Ginn y Vegeta no tardaron en ir a un rincón del cuarto para descansar y compartir una botella de agua. El hombre se sentó y la mujer se acostó, agotadísima, ambos jadeando después de varias horas entrenando de esta forma.

—Ya quiero encontrarme con tus amigos y ver qué tan fuerte me he puesto —dijo la joven luego de beber gran cantidad de agua.

—Diles que me conoces —dijo recibiendo la botella—. Te van a dar un trato especial.

—Eso espero. Que haya valido la pena todo este tiempo y la herida de Raditz que tanto tardó en sanar.

—No seas exagerada. Nunca fue nada tan grave, de haberla tenido tú no hubieras dejado de entrenar.

—Puede ser, pero uno no piensa bien cuando se trata de la persona que quieres. Ya quiero ver qué vas a hacer cuando lleguemos al planeta donde está la esfera y la mecánica quiera ir con nosotros, a ver si vas a estar tan relajado como ahora.

—Qué problema, ¿no? —dijo cínico, observando a los tres que continuaban luchando por conseguir una cinta.

—Quién sabe, con tanto invento que tiene, quizás nos ayude a deshacernos de esos tipos. —Se sentó para poder ver el entrenamiento. Los dos guardaron silencio un rato contemplando a los guerreros, hasta que volvió a hablar—. ¿Sabes de qué me acordé ahora que veo a tu hermano entrenando?

—¿Algo malo que le hice cuando vivía en Vegetasei? —preguntó con la ceja levantada.

—De hecho sí —respondió sonriendo—. Esa vez que le diste una paliza en la biblioteca, y él simplemente se dejó, como si creyera que se merecía lo que pasaba, y ahora es capaz de defenderse e incluso darte una paliza.

—Él quedó en peor estado que yo —dijo defendiendo su honor de guerrero—, pero entiendo tu punto… Koora pudo haberlo entrenado para convertirlo en un guerrero, pero lo sobreprotegió tanto que no fue capaz de ver su potencial, y yo estaba demasiado ocupado denigrandolo. Le hice un favor al marcharme, seguramente hubiera continuado igual.

—Fueron varios años. Hubo un tiempo que cada vez que lo visitaba estaba lleno de heridas y de pésimo humor porque Broly no lo dejaba usar los tanques de recuperación. Daba pena verlo tan delgado y pequeño con tantas heridas, y con ese genio de los mil demonios no hacía más que recordarme a ti.

—Siempre estoy en los mejores recuerdos —dijo aparentando seriedad.

—Si te quedaras luego que terminemos esto podrías dejar buenos.

—¿Quedarme en Vegetasei? No, no podría vivir en ese lugar. No fue el horrible panorama que imaginé antes de llegar, pero no tengo nada que hacer ahí.

—Es una lástima, me acostumbre al Vegeta agradable. Podríamos darte trabajo en nuestra tropa, ahí tendrías algo que hacer.

—¿Tendría que postular?

—Por supuesto, ¿acaso crees que porque dormiste conmigo te voy a dar privilegios?

Vegeta rió ante su comentario, justo en el momento que Tarble logró arrebatar la cinta del rabo de Raditz que estuvo a punto de quitársela, pero el príncipe alcanzó a esquivarlo antes que lograra rozarlo.

—Afuera —dijo Tarble ya de pie, respirando agitado y atento a Broly que aún quedaba en la competencia y que definitivamente no lo dejaría ganar por mucho que lo hubiera ayudado descalificando a Ginn.

Raditz fue al lado derecho de Ginn y se acostó en cuanto estuvo en el suelo. Estaba agotado, habían sido demasiadas horas corriendo, saltando y esquivando de un lado a otro. Era increíble que un ejercicio que aparentaba ser tan simple cansara tanto. Bueno, después de todo lo usaban para las clasificatorias de los torneos en Vegetasei, y había que ser bueno para quedar de los últimos en pie.

—Gracias —susurró aún agitado cuando Ginn le ofreció una botella llena de agua. La bebió por completo sin levantarse, mientras ella le hacía cariño en el abdomen, donde le había quedado la cicatriz de aquel terrible ataque, pero con el tiempo la marca se iría suavizando hasta quedar como las otras.

—Para la próxima ronda tenemos que irnos contra Tarble, no voy a dejar que me gane —dijo la mujer con su mano en el abdomen del hombre. Le gustaba que no usara camiseta cuando entrenaban, se veía demasiado bien para estar tan vestido y así podía recrear la vista, además le encantaba cuando tenía su cabello tomado con aquellas trenzas laterales—. Así que tendrás que distraer a tu amante para que yo me vaya contra Tarble.

—Pensé que éramos todos contra todos —dijo disfrutando de su mano y descansando su cuerpo adolorido.

—Broly me declaró la guerra, no va a quedar así.

—Está bien, te ayudaré. —Movió su mano para tocar la cadera de Ginn, haciendo que el rabo de la mujer reaccionara y se le acercara para acariciarlo.

—Así me gusta. —No dejó de tocar el abdomen de Raditz, pero se giró un poco para mirar a Vegeta—. ¿Qué me dices? ¿Te unes?

—Tu plan va a hacer que terminemos golpeándonos.

—¿Sería genial, no? —preguntó sonriendo—. ¿Qué saiyajin rechazaría una posible batalla?

Vegeta respondió con otra sonrisa cómplice.

Broly aprovechó la pausa que dio la descalificación de Raditz para recuperar el aliento. Apoyó las manos en las piernas para descansar, pero no dejó de mirar a Tarble que lucía igual de agotado, pero con evidentes ganas de seguir ganando puntos y no se lo haría fácil, pues también necesitaba practicar su velocidad y agilidad. Se concentró y esperó para ver hacia qué dirección desaparecería, eso era lo que le complicaba todo, ya que Tarble no tenía un patrón al momento de moverse, lo que hacía difícil atraparlo. No le quitó la vista de encima, esperaría que él atacara y según eso se movería.

Cuando Tarble finalmente logró calmar su respiración agitada se preparó para ir por la cinta de Broly. La clave era evitar que lo tomara de los brazos o piernas, de lo contrario ya podía dar por perdido el punto, y ya eran tantos años esquivando sus ataques que este tipo de ejercicio se le hizo particularmente fácil, sin embargo bastaba ver el rostro del guerrero para notar lo concentrado que estaba. ¿Cómo lograr desviar su atención en algo más?... Observó hacia su izquierda por un segundo para comprobar que Ginn y los demás no estuvieran mirando, y así era: Raditz estaba acostado y los otros dos no dejaban de conversar, por lo que aprovechó el momento para mirar a Broly y mover el rabo con un movimiento felino, bastante provocador como cuando se encontraban en la intimidad. En respuesta, el guerrero se irguió e incluso sus mejillas se tornaron más rojas de lo que ya estaban por el calor. Al segundo después Tarble se lanzó hacia él y desapareció.


(...)


Ginn y Raditz dejaron caer sus espaldas sobre el colchón. Desnudos y agotados, con la respiración tan agitada como cuando entrenaban de la manera más brutal. Estuvieron un largo rato uno al lado del otro solo escuchándose respirar hasta que finalmente pudieron calmarse.

—Eso estuvo bueno —dijo Ginn con el cuerpo adolorido y brillando de sudor.

—Extrañaba esto —murmuró relajado, mirándola, al igual que ella.

—Te dije que en cuanto estuvieras totalmente recuperado podríamos volver al ritmo de antes. —Levantó la mano y la posó sobre la del guerrero.

—Sí. —Apretó la mano de Ginn y estiró su cuerpo de manera perezosa, haciendo que en el proceso le sonaran varios huesos. Además de tener su herida completamente sanada, también sentía que su energía y vitalidad habían regresado potenciada luego de todo lo que entrenó sumado al descanso y la alimentación. A veces olvidaba que no solo por el hecho de ser saiyajin sanaría enseguida.

—Ya vas a ver, vamos a romperles los huesos a todos esos hijos de puta que mataron a esos aldeanos y nos vamos a sentir mucho mejor.

—Ya me siento mejor —dijo animado, pasando su mano por el abdomen, palpando su cicatriz.

—Así me gusta —dijo y rio sorprendida cuando el hombre se puso sobre ella, entre sus piernas—. ¿Tan pronto? —exclamó.

—Te dije que me siento mejor —dijo contra su boca y presionó su miembro contra su sexo.

—No puedo negarme. —Apretó las piernas en sus costados para que no se retirara y no tardó en besarlo.


(...)


Bulma despertó, pero no se movió. Estaba demasiado cómoda y abrigada para levantarse. No sabía qué hora era, pero estaba segura de que había dormido varias horas seguidas sin interrupción. No podía creer que Vegeta fuera el motivo de eso, pero ahí estaba el hombre, durmiendo profundamente a su lado, abrazándola y compartiendo su calor. Se acomodó un poco mejor para mirarlo y aprovechó de acariciar su rostro. Sabía que lo había extrañado mucho, pero no tanto, y ahora que volvían a compartir la cama y el tiempo, no sabía cómo lo haría a futuro cuando todo esto terminara. Qué complicado era todo, ¿no podía fijarse en alguien que significara menos conflictos en cada aspecto de su vida? Obviamente no, pues la evidencia estaba ahí, al no poder dejar de mirar su apuesto rostro. No recordaba haberlo hecho antes con algún hombre. Tal vez era porque prefería apreciarlo cuando no se daba cuenta para que no estuviera al tanto de su debilidad. Lo cierto es que ahora que había decidido aceptar sea lo que sea que sentía por él, iba a disfrutar el tiempo que quedara de viaje e iba a dejar de castigarse. Más tarde habría tiempo para ese tipo de cosas. Estaba tan relajada que al rato volvió a quedarse dormida, recuperando todos los días que no pudo dormir bien.

Vegeta despertó y encontró el rostro de la mujer a centímetros del suyo. Dormía tan profundamente que ni siquiera despertó cuando removió unos mechones de su cara para poder mirarla mejor. No podía creer que hace unos días había estado tan decidido a marcharse lejos una vez que terminara el viaje y ahora, nuevamente no sabía qué pasaría con él, todo por culpa de la mecánica que no hacía más que volverlo loco de ira y pasión cada cinco minutos. Pero ya que era la primera vez que sentía algo así por alguien se encontraba desorientado, y no le quedaba otra opción que ver lo que iba pasando día a día, porque de lo que estaba seguro es que deseaba permanecer a su lado. Todo ella era como una droga, incluso las discusiones, nunca nada era suficiente si era con Bulma. Qué mujer más extraña y extraordinaria, que provocaba que quisiera saber todo de ella y a la vez conformarse con no saber nada, al menos por el momento. Pegó más su cuerpo contra el de ella, ya que al ser de otra raza le tomaba más tiempo entrar en calor y pegó los labios en su frente. Jamás en su vida había encontrado tanto placer al oler a una persona, sabía que estaba mal, que sería su perdición, pero no podía hacer nada.


(...)


Broly comió su emparedado gigante en silencio sentado en la banca individual junto a la cocina mientras Tarble preparaba unos más para el desayuno. No tuvo que decir nada cuando terminó el vaso de jugo ya que el príncipe no tardó en llenárselo para luego seguir preparando los panes con todo las verduras que sabía eran las favoritas del guerrero. Los ejercicios de velocidad causaban tanta hambre como cualquier entrenamiento con golpes.

Más apartados y concentrados en la comida, estaban las otras dos parejas sentadas a ambos extremos de la mesa repleta de comida, todos agotados y sin muchas ganas de hablar. Ya no quedaban mucho de viaje para llegar a destino y el cansancio en todos era latente, como también un ambiente tranquilo y el buen humor al no haber ninguna discusión en más de dos días, lo cual era todo un récord para personas tan apasionadas y temperamentales.

Mientras desayunaban, Ginn acariciaba las piernas de Raditz con las propias y casi había una competencia de cual de los dos bostezaba más entre cada bocado que engullían. Ya que el hombre se había recuperado por completo, y ya no estaban entrenando de manera violenta, no habían tardado en recuperar el tiempo perdido en la cama, y eso se reflejaba en el cabello de Raditz, que había quedado un verdadero desastre pese a tenerlo tomado con las trenzas a los costados que tanto le gustaban a Ginn. En cuanto a la mujer, si no fuera porque ahora mantenía el cabello corto para mayor comodidad, su aspecto sería similar.

—¿Está mejor que el de la otra vez? —preguntó Tarble a Broly cuando terminó el primer emparedado. El hombre respondió tomando otro de la bandeja repleta.

—Mucho mejor —dijo antes de darle una gran mordida. Como todos, continuaba en pijama, y se había tomado el cabello de forma desordenada para que no le molestara al comer.

Tarble sonrió al verlo comer con tantas ganas lo que había preparado. Había puesto atención a las instrucciones de Broly y ya sabía que no todas las verduras tenían el mismo tiempo de preparación, al igual que la carne. Le tendió una servilleta para que no olvidara limpiar su barba e hizo una pausa para comer a su lado. Ninguno tuvo intenciones de regresar a la mesa, así podían tener algo de privacidad y tocarse.

Bulma ya iba en su segunda taza de café. Pese a no participar en los entrenamientos, se sentía igual de agotada que el resto. Pese a estar en una nave grande con espacio suficiente para no sentirse encerrada como en la anterior, su cuerpo sentía el cansancio de tantos meses viajando, además del estrés al buscar las esferas y todo lo que le estaba ocurriendo con Vegeta, pero este desayuno estaba siendo de lo más agradable, hace días que no se sentía de tan buen humor y relajada y se notaba en su apetito. Sin dejar su taza de café, con la mano libre acarició el brazo de Vegeta que hasta entonces había estado totalmente concentrado en la comida. Por un momento sus miradas se cruzaron y ella simplemente le cerró un ojo, coqueta y cómplice, luego de casi no haber dormido al estar aún en modo de reconciliación. El hombre soltó una leve sonrisa y continuaron comiendo para recuperar energía.

—Esto es lo mejor que he probado —exclamó Bulma luego de comer una cucharada de lo que parecía ser un intento de pastel. Ya que al tratarse de una nave de rescate disfrazada de crucero de guerra, era difícil que estuvieran todos los ingredientes necesarios para prepararlo como se debía. De vista no lucía muy tentador, pero el sabor le hizo por un momento recordar a su madre—. No puedo creer que incluso hagas pasteles —dijo a Raditz.

El guerrero que estaba conversando en voz baja con Ginn miró a Bulma al darse cuenta que le hablaba a él.

—Era demasiado tiempo libre, tenía que aprovechar y buscar recetas nuevas.

—Delicioso —insistió, comiendo una porción más grande.

—Gracias —dijo sonriendo.

—Deberíamos dejar las misiones y poner un puesto de comida en algún planeta tranquilo —dijo Ginn—. Así te tendría todo el día cocinando cosas ricas para mí.

—Deberías hacer pizza, te quedaría perfecta —comentó Bulma.

—No sé cómo se hace.

—Es muy simple, sé la receta de memoria pese a no cocinar.

—Claro —respondió el hombre animado. Le encantaba probar cosas nuevas.

Bulma sacó un trozo más grande de pastel con una cuchara para acercarlo a la boca de Vegeta.

—Mira, come —dijo con la cuchara esperando.

Vegeta, que no había estado prestando atención a la conversación, dejó su pan con carne y la miró con los ojos bien abiertos. Ese gesto lo tomó por sorpresa, pero ya que ella estaba sonriendo y no bajaba la cuchara decidió abrir la boca y aceptar la comida. Mientras masticaba el pastel que definitivamente estaba exquisito, miró de reojo a Ginn, y tal como suponía, lo miraba con ojos brillosos, como si estuviera enternecida por la situación, pero en realidad era para burlarse de él.

—¿Ves qué bueno está? —preguntó Bulma ajena al resto.

—Sí —dijo en voz baja en cuanto tragó, y no pudo acotar nada cuando vio nuevamente una cuchara acercarse. Simplemente aceptó su destino y abrió la boca. Cuando pensó que lo más raro ya había pasado, Bulma tomó una servilleta para limpiarle los restos de comida de las comisuras. En esta ocasión intentó hacerse hacia atrás, pero la mujer no se dio por aludida, lo tomó del mentón para que se quedara quieto y continuó limpiándolo con tanta dedicación que pese a lo extraño que se sentía, se lo permitió.

—¿No les da vergüenza ser tan empalagosos? —dijo Tarble desde su lugar en la cocina imitando a Vegeta, captando la atención de todos en la mesa—. ¿Te das cuenta cómo se ve el príncipe de los saiyajin haciendo eso?

Ginn rió en voz alta, y Vegeta con las mejillas rojas por la vergüenza, miró a la guerrera y a su hermano con el ceño fruncido, a lo que Tarble le respondió con una risa burlona, en venganza de todas las veces que los molestó por ser demasiado afectuosos. Mientras tanto, Bulma continuó disfrutando del desayuno, estaba de excelente humor como para molestarse por algo tan sin importancia, pero que para los saiyajin era todo un tema.


(...)


—Esto está muy bueno para que se pierda —dijo Ginn regresando a la mesa aún tomada de la mano de Raditz. Ya estaban listos para retirarse de la cocina que estaba en penumbras, pero lo soltó un momento para retirar varios trozos de la pizza que aún quedaban en la mesa.

—Aún te queda espacio en el estómago —comentó Bulma con un cigarro en la boca y sentada en las piernas de Vegeta. Ya todos estaban lo suficientemente ebrios para preocuparse de que los vean tocarse de más.

—Las ventajas de ser una raza guerrera —respondió preocupada de llevarse la mayor cantidad de comida posible. Al final decidió usar un plato para cargar más—. Ahora tenemos comida para después de coger —dijo sonriendo a Raditz, y no tardó en tomar su mano nuevamente para irse.

La convivencia había terminado, justo al cumplirse un mes de viaje en la nave de guerra. Habían bebido y comido hasta saciarse y ya era hora de separarse a sus respectivas habitaciones o dónde quisieran continuar el resto de lo que para ellos correspondía la noche, ya que ya era la hora de dormir.

—¿Dónde está Tarble? —preguntó Bulma luego de fumar y acercó el cigarro a la boca de Vegeta—. Iba a ir a buscar una botella de vino.

—Debe estar con su esposo besuqueándose a escondidas por ahí, olvídate de la botella.

—Tal como tú te besuqueas conmigo —respondió sonriendo. Dejó caer el cigarro casi consumido cuando el hombre se concentró en su cuello para besarlo.

Bulma lo tomó del rostro y lo guió para que los besos continuaran en su rostro, y luego la boca. La mano libre del hombre se paseó por sus piernas, su cintura, sus pechos por encima de la ropa hasta llegar a su cuello, el que acarició con sus dedos, disfrutando de su suave piel. Cuando Bulma llevó las manos a su pantalón, se detuvo por un momento al escuchar la alarma de su reloj.

—¿Quién molesta justo ahora? —preguntó mientras besaba su mandíbula y mentón.

—No es alguien, es la alarma del cuarto de mando —respondió observando su reloj, permitiendo que Vegeta continuara con las atenciones—. Programé el computador principal de la nave para que me avisara si algo fuera de lo normal ocurría.

—¿No puede esperar? —Metió la mano bajo la camiseta de la joven y acarició uno de sus pechos, con tanta suavidad que ella se tardó en responder.

—Puede ser algo importante. Para eso mismo lo programé. —Le dio un largo y profundo beso antes de volver a hablar—. Vamos, no nos tomará más de veinte minutos —murmuró contra su boca.

—Se puede hacer mucho en ese tiempo. —Le bajó uno de los tirantes para besar su hombro, pero no pudo, ya que ella se puso de pie antes de ceder y terminar haciéndolo en ese mismo lugar.

—Vamos, acompáñame. —Estiró la mano y él se la tomó—. Vamos a ver qué pasa y luego podemos hacerlo ahí mismo. Los asientos de mando son muy cómodos.

—Ya me convenciste —respondió y se levantó.

Entre besos y caricias tardaron casi el doble de tiempo en llegar hasta la cabina de mando de la nave y Bulma debió escapar de Vegeta para ir hacia el asiento y revisar qué fue lo que pasó para que la alarma se activara.

—Solo serán unos minutos y nos iremos de aquí.

—¿No lo íbamos a hacer acá? —preguntó detrás de ella, apoyado e inclinado sobre el respaldo del asiento, mirando lo que hacía. Se notaba que la mujer estaba pasada de copas, ya que no tecleaba tan rápido como de costumbre, pero de todas maneras era hábil.

—Está bien, dame un segundo, necesito concentrarme… ¿Qué está pasando? —preguntó en voz alta, alertando enseguida a Vegeta.

—¿Qué pasa? —preguntó preocupado.


Cuando Broly sentó a Tarble en la mesa, pasó a llevar la botella de vino con el brazo, quebrándola en cientos de pequeños pedazos cuando se golpeó contra el suelo, dejando la pequeña bodega impregnada con el fuerte olor del alcohol rojo oscuro. Ninguno de los dos le prestó importancia y continuaron con los besos y las caricias bajo la ropa, frotando sus sexos. El cuarto se encontraba a oscuras y el exceso de alcohol en ambos intensificaba el resto de los sentidos del tacto y el oído, aumentando las sensaciones. El guerrero gruñó de placer cuando Tarble le mordió el labio inferior hasta sacarle sangre al lastimar una herida que aún no terminaba de sanar. Respondió a ese gesto tomándolo con fuerza de la base del rabo, sacándole un gemido excitado.

Tarble tomó el pantalón del guerrero con ambas manos para bajarlo, cuando escucharon un ruido agudo y metálico desde fuera del cuarto. Les tomó unos segundos darse cuenta que alguien había activado los parlantes que estaban repartidos por todas las habitaciones importantes de la nave. Hubo un poco de interferencia y ruido molesto hasta que escucharon claramente la voz de Bulma.

¿Me escuchan? Espero que sí. Dejen lo que estén haciendo y vengan ahora a la sala de control, rápido… Repito, vengan a la sala de control ahora.

—¿Qué habrá pasado? —preguntó Tarble al mismo tiempo que se bajaba de la mesa.

—Más vale que sea importante —dijo Broly, arreglándose el pantalón.


—¿La nave de los hombres de Freezer cambió de rumbo? —repitió Ginn cuando Bulma terminó de explicarles a todos lo que estaba pasando—. ¿Hacia dónde?

—Un planeta cercano al que nos dirigimos, pero no sé qué puede haber en él para que decidieran desviarse, cuando la esfera está en el siguiente planeta —respondió la mecánica. aún sentada en el asiento del piloto, mientras que los saiyajin estaban repartidos por la habitación.

—Puede ser su radar —dijo Vegeta—. La persona que lo fabricó hizo que fallara a propósito para que no les fuera fácil encontrar las esferas.

Ese comentario hizo que Bulma pensara inmediatamente en Mai. ¿Habría sido ella la que construyó el radar? Ya que era capaz de replicar las cápsulas que inventó su padre, no le extrañaba que también pudiera hacer un radar para encontrar las esferas.

—O puede ser una trampa —comentó Tarble.

—No puedo asegurar que el dispositivo que bloquea nuestra señal de la nave y las esferas siga funcionando ahora que estamos tan cerca de ellos. Pero lo más seguro es que a esta altura ya sepan que los estamos siguiendo. Esta nave es muy grande como para ocultarla tanto tiempo de su radar —respondió Bulma.

—Tendremos que arriesgarnos —dijo Raditz—. No podemos seguir de largo.

—Tenemos dos opciones —dijo Bulma—. Seguir avanzando y llegar al planeta de la esfera, o desviarnos hacia el planeta que fue la nave de estos tipos, que nos queda a dos días de viaje.

—Si ellos ya llegaron tendrán tiempo para prepararse para la emboscada —dijo Broly.

—¿Y si sacamos una de las naves pequeñas? Dos de nosotros podría ir por la esfera y el resto va a este otro planeta —sugirió Ginn.

—No podemos separarnos —respondió Vegeta—. La nave de ellos no es grande porque sí. Suelen viajar con cientos de soldados para hacer el trabajo sucio, y en el caso que Freezer venga en la nave tendremos que enfrentarnos todos contra él si queremos tener la oportunidad de detenerlo.

—¿Entonces caemos en su intento de trampa y vamos hacia ese planeta tras ellos? —dijo Tarble.

—Es lo mejor —dijo Broly—. Terminemos con esto de una vez, y luego vamos por la esfera.

Ya que nadie se opuso, quedó establecido que todos irían tras los hombres de Freezer.

—¿Y ahora qué? —preguntó Ginn—. ¿Vamos a llegar atacando y nada más?

—Tenemos que salvar a ese niño si aún está vivo —dijo Raditz.

—Nos conviene tenerlo para nosotros —comentó Vegeta—. Si el niño sigue con vida es porque tiene información importante sobre las esferas, de lo contrario ya lo hubieran matado —y agregó mirando a su hermano—. Tarble, tú tienes que encargarte de él. Por mi culpa el niño ya le tiene miedo a los saiyajin y tú eres el menos intimidante de todos.

—Está bien —respondió el joven príncipe.

—Ginn puede ir por la esfera —dijo Broly—. Es la más veloz.

—Yo me encargo de eso —respondió la guerrera.

—El resto nos encargaremos de pelear y distraer —dijo Vegeta.

—¿Algo que tengas que decir de esta gente? —preguntó Raditz a Vegeta—. Tú los conoces bien.

—No hay que confiarse de los soldados. Tienen algunos que no representarán problema, pero hay otros muy poderosos, y será peor si atacan en grupo.

—¿Y alguna forma de enfrentar a Freezer? —preguntó Ginn.

—No lo sé —dijo con honestidad.

—Eso no da confianza —mencionó Tarble.

—Otra cosa —agregó Vegeta—. Tengan cuidado si los soldados llevan collares drenadores. La tecnología de Freezer es superior, y no son como otros que tardan en anular la energía o no logran hacerlo del todo. Los collares que traen son poderosos y el sádico de Freezer mandó a ponerles un dispositivo para que estallen si intentan quitárselos.

—¿Es de eso la cicatriz que tienes en el cuello? —preguntó Ginn—. ¿Te quitaste el collar de un tirón?

—Sí. Ya habían logrado quitar la mayoría de los seguros de la manera correcta, por eso pude sobrevivir, pero perdí demasiada sangre.

Bulma no pudo evitar recordar el video que encontró de casualidad en la memoria de la nave en que Vegeta llegó a Vegetasei y se le heló la sangre.

—Entonces, ¿eso es todo? —comentó Raditz—. Iremos, mataremos, sacaremos al niño, tomaremos la esfera y nos marcharemos hasta el próximo planeta.

—Suena fácil —dijo Ginn.

—Quiero saber algo —dijo Raditz a Vegeta—. ¿Solo te interesa el niño porque tiene información de las esferas o porque tratas de reparar lo que hiciste?

Vegeta lo quedó mirando unos segundos. Raditz usualmente era callado y esto lo tomó por sorpresa, pero le respondió.

—¿Eso acaso importa? —Se cruzó de brazos y no evadió su mirada.

—Sí, a mí me importa. No voy a arriesgar mi vida porque quieres pedir quizás qué deseo.

—Ya dije qué pretendía hacer con las esferas: destruir a Freezer.

—¿Y por qué tengo que creerte? —insistió Raditz, llamando la atención del resto.

—Nadie te obliga a ir —dijo Vegeta calmado—. Hay naves de sobra para que te vayas.

—Estoy obligado. Desde que casi me mataron terminé involucrado.

—Vamos —dijo Ginn calmando los ánimos—. ¿No se supone que todos queremos hacer algo bueno? Entonces vamos y matemos a este Freezer que según Vegeta es tan dañino, y luego se acabó y todos podremos volver a nuestras vidas. —Puso la mano en la espalda de Raditz para que la sintiera. Nunca lo había visto así, era muy raro. Recordó aquella vez durante el torneo cuando Leek fue desagradable con ella. Esta era una faceta que desconocía de él, y al ser el más alto del cuarto lo hacía lucir intimidante. Pero por suerte bastó con tocarlo para que se apaciguara.

Mientras tanto, Bulma, Tarble y Broly mantuvieron silencio, preocupados de sus propios asuntos. Bulma con la mirada perdida en el exterior, pensando en su deseo de acabar con el reinado saiyajin, y los hombres observándose, casi comunicándose sin hablar, con la idea latente de revivir a Koora.

—Y ahora solo quedan dos días de viaje para llegar a este nuevo planeta… —murmuró Bulma más para ella que para el resto—. Y ya que el radar no muestra más esferas, podemos pensar que son solo siete y estamos a punto de conseguirlas todas. —No podía creer que el tiempo se había agotado.

Todos guardaron silencio. Después de tanto viajar, convivir, entrenar, discutir, amarse y un sin fin de cosas que hicieron que el viaje se sintiera mucho más largo de lo que había sido, por fin había llegado la hora de la verdad. Todos con diferentes objetivos, algunos con secretos a cuesta deberían ponerse a trabajar primero en equipo para luego lograr sus objetivos personales.


Continuará…


Hola, gracias por leer el capítulo. La verdad es que ando bajoneada porque mi esposo tuvo un retroceso en su tratamiento y va a tener que tomar más remedios y hacerse más exámenes, así que esta vez no estoy con ánimos de hablar sobre el capítulo. De todos modos espero que les haya gustado y nos estamos leyendo para una próxima actualización (escribir me distrae mucho, así que no es problema seguir haciéndolo mientras me pueda hacer el tiempo). Gracias por leer y dejar rw. Que estén bien.

Dev.

8/07/21.