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El Legado II
Segunda Parte
XXXIII
Guerrero
'Cause it makes me that much stronger
Makes me work a little bit harder
It makes me that much wiser
So thanks for making me a fighter
Made me learn a little bit faster
Made my skin a little bit thicker
Makes me that much smarter
So thanks for making me a fighter
(Fighter / Darren Criss)
Ocho semanas atrás
Luego de un rato metido en la jaula y observando el movimiento de quienes circulaban por el lugar, Bardock decidió que ya era momento de salir del encierro e ir a ayudar a Kakarotto. El collar que restringía su poder no era de la mejor calidad, por lo que tenía la energía suficiente para escapar.
—Hey, tú —dijo al hombre que al parecer estaba encargado del sector y había ordenado ponerle el collar—. Te estoy hablando, enano —insistió cuando lo vio pasar, recorriendo el lugar con una tableta electrónica y un cigarro en la boca, seguramente haciendo inventario de todo lo que habían capturado para futuras ventas.
—Silencio, saiyajin, estoy trabajando —dijo sin mirarlo.
—Vamos, solo quiero un cigarro —dijo fingiendo un mejor carácter del que se caracterizaba tener. Se había puesto de pie e intentaba tener visual del sujeto para atacar cuando le diera la oportunidad.
—Jódete, castrado —dijo mientras anotaba el detalle que el saiyajin capturado no tenía rabo, lo que significaba menores ofertas en el remate—. Voy a venderte de los primeros para que no me hagas gastar de más manteniéndote.
—Puedo pasar varios días sin comer, y el cigarro es gratis. Vamos, no seas miserable, voy a estar metido en esta jaula de mierda semanas enteras y lo único que te pido es un maldito cigarro.
—Cierra el pico, o te voy a meter una descarga eléctrica en el hocico. ¿Entendiste? ¡Y lo mismo va para el resto que quiera hablarme o haga ruido llorando! —exclamó a todos quienes estaban enjaulados.
—Si me das un cigarro podría darte información importante de los saiyajin que atraparon.
Eso hizo que el hombre se devolviera y se pusiera frente a la jaula de Bardock, pero no lo suficiente cerca de su alcance.
—¿De qué estás hablando?
—¿Por qué crees que no los han mostrado al resto? Es porque son importantes, esos dos valen mucho más que todos los prisioneros aquí, mucho más que toda esta miserable nave.
—¿Y tú qué podrías saber de eso, castrado?
—Esos niños eran parte de mi venganza. Los saqué del planeta después que me inutilizaran como guerrero al cortarme el rabo. Yo trabajaba para el reino, era leal, y esos hijos de puta no dudaron en castrarme, pues bien, yo me llevé sus más valiosas pertenencias —dijo sonriendo vengativo.
El hombre miró más que interesado a Bardock y se acercó un par de pasos más a la jaula. Y no, aún no estaba al alcance del saiyajin.
—¿Quiénes son? Habla —dijo en voz baja, no quería que nadie más escuchara.
—¿Qué pasó con el cigarro? Es todo lo que pido.
—Está bien —dijo apurado. Sacó un cigarro y se lo acercó estirando la mano, pero Bardock fingió que no alcanzaba a tomarlo.
—Vamos, dame el cigarro, o le gritaré a todos quienes son los niños que tienen capturados —exclamó.
—Ya, está bien, cállate —dijo molesto, mirando hacia atrás en caso de que alguien más hubiera escuchado. Dio un par de pasos más, momento que aprovechó Bardock para atraparlo de la muñeca y jalar hasta pegar todo su cuerpo contra las rejas.
Ya que no tenía la fuerza suficiente para quebrarle el cuello de un solo movimiento, le azotó el rostro contra el metal rompiéndole la boca, quitándole varios dientes por el impacto. No le dio tiempo para gritar y rodeó su cuello con un brazo e hizo presión para que no pudiera respirar.
El hombre desesperado, había olvidado su bastón de electricidad en su escritorio, así que sacó de su bolsillo del pantalón un cuchillo pequeño para liberarse del agarre. Intentó enterrarlo en el abdomen del saiyajin, pero dio con su armadura hasta que encontró un espacio roto en el costado y pudo apuñalarlo varias veces. Bardock apretó los dientes soportando el dolor, y ejerció más presión con el brazo y su cuerpo contra los barrotes, dañándole el rostro además de dejarlo sin respiración.
Dejó caer el cuerpo cuando estuvo seguro que estaba muerto, y sacó las manos por los barrotes para registrarlo hasta que encontró la tarjeta para abrir la celda. En cuanto salió le quitó un cigarro y el encendedor, y luego de dar un par de bocanadas, pateó la cabeza del difunto. Sí que le dolía el costado y la sangre ya había empezado a salir hasta mancharse el pantalón, pero lo ignoró, tenía un poco de energía para darse ese lujo. Antes de salir del lugar tiró la tarjeta a una mujer de aspecto felino de la celda al lado que había quedado aterrorizada observando la situación.
—No te quedes ahí mirando como estúpida, liberarlos a todos, también a los animales para que distraigan a los guardias y busquen naves para escapar. En la habitación de al lado hay bastones para armarse —dijo luego de fumar.
Recorrió el lugar con cuidado ya que aún tenía el collar además de varios cortes importantes que no dejaban de sangrar. Llegó a la oficina que debió ser del tipo que había matado y tomó el bastón. Si tenía potencia suficiente para lastimar a un saiyajin entonces le serviría mientras no pudiera quitarse el collar. Buscó entre las cosas de la mesa pero no encontró nada que le ayudara a librarse del molesto aparato. Al cabo de unos minutos comenzó el escándalo que estaba esperando con la liberación de tantas personas y animales enjaulados. Escuchó gritos, rugidos e incluso graznidos, mezclados con ruidos de pelea, por lo que alguien caminando tranquilo por el lugar no llamaría tanto la atención.
En su camino hacia el piso donde se supone estaban los niños, encontró una sala con decenas de pantallas. Usó el bastón de corriente para eliminar a la persona que trabaja en el lugar y se sentó para revisar las imágenes mientras terminaba el cigarro. Todos los pisos tenían cámaras de vigilancia y la mayoría de las habitaciones también. En algunas de las pantallas del piso de abajo pudo ver el caos causado por los presos intentando escapar, luchando con los cazadores que intentaban llevarlos de regreso a sus jaulas. Ya habían bajas por ambos bandos. Revisó las pantallas de los pisos superiores hasta que encontró a su hijo en un pasillo, pero pronto lo perdió de vista. No había más cámaras hacia donde se dirigía. Tiró el cigarro consumido y se dispuso a alcanzarlo, cuando unas imágenes de cámaras de ese mismo piso llamaron su atención: se trataba de un grupo de diez personas que evidentemente no eran del lugar, se notaba por su forma de caminar, organizada y cuidadosa para no ser descubiertos. Todos vestían de la misma forma, armadura oscura de pies a cabeza con un casco negro de punta encorvada hacia abajo, lo que los hacía lucir muy intimidantes. Iban armados y ya habían dejado fuera de combate a algunos guardias que seguramente los habían descubierto colándose en la nave. Había escuchado hablar de ellos, cómo no hacerlo, si le estaban causando problemas en varios imperios. Eran carroñeros, lo que significaba más problemas, especialmente cuando los vio dejar fuera de combate de forma tan simple a unos gigantones de guardias que los descubrieron. No podía creer que la noticia de una princesa saiyajin capturada se hubiera corrido tan rápidamente, pero no se explicaba tanta coincidencia. Se levantó y salió corriendo del lugar.
(...)
Kyle pateó una y otra vez la puerta de la celda, pero por más que lo intentaba solo logró hacer ruido, que su pequeña prisión retumbara y terminara con el pie y la pierna tremendamente adoloridos. Pese a eso no dejó intentarlo y ahora se sentó para manipular el cerrojo. Puso la mano en él e intentó sacar energía para quemarlo, pero nada salió de su palma.
—Maldición —exclamó la joven agotada con tan poco esfuerzo físico—. ¿Cómo hacen estos malditos collares?
—Ya no sigas —dijo Gohan tranquilo, sentado y abrazando sus piernas—. Te van a lastimar.
—Tengo que sacarnos de aquí —dijo, y volvió a acostarse de lado para golpear la puerta—. No voy a permitir que nos vendan como si fuéramos animales. O peor aún, que me usen para negociar con mi padre. —Golpeó una y otra vez hasta que recibió un golpe de electricidad en la pierna por parte del hombre bajo que se había acercado, harto ya de tanto ruido.
—Sigue haciendo este escándalo y te juro que voy a venderte como puta al primer degenerado que encuentre.
La joven se recogió de dolor y miró con ojos asesinos al tipo.
—Atrévete a hacer eso, y le corto el cuello a los dos —exclamó abrazando su pierna.
—No estás en condiciones de amenazar, princesa. —Al ver que la joven continuaba con su actitud violenta, volvió a darle un choque de corriente, esta vez en el brazo y el abdomen.
Kyle gritó y luchó intentando arrebatarle el bastón, pero solo recibió más descargas eléctricas. Gohan, asustado, solo atinó a cerrar los ojos y cubrirse los oídos con ambas manos.
El hombre dejó de torturar a Kyle cuando escuchó un ruido estruendoso en el cuarto de al lado. Algo o alguien seguramente había tirado las cajas que tenían apiladas. Guardó silencio esperando que su socio apareciera para ir a revisar qué había pasado, pero no sabía que había sido precisamente él quien había sido arrojado contra todas esas cajas luego de un par de golpes que lo inutilizaron por completo.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó al ver un hombre vistiendo ropa de cazador. Pese a que no usaba casco y pudo ver su rostro no lo reconoció—. Vete, no hay nada para ver aquí.
—¡Papá! —exclamó Gohan dichoso de alegría al ver a su padre.
Kyle levantó la vista creyendo que el niño solo alucinaba, pero no, ahí estaba Kakarotto, y sonrió igual de feliz que Gohan.
—Estás perdido —dijo la joven riendo.
El hombre miró de reojo a Kyle, luego al sujeto que continuaba en la entrada, evidentemente molesto al ver a los dos saiyajin enjaulados. Comenzó a tiritar de pies a cabeza cuando notó que lo que tenía alrededor de su cintura no era un cinturón, sino que un rabo. Intentó correr, pero Kyle lo tomó del tobillo, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera de bruces al suelo. Alcanzó a tomar el bastón y le dio la descarga máxima directo en el cuello, sin despegarlo de su piel. Solo se detuvo cuando sintió olor a quemado y el bastón quedó sin energía.
—Al parecer tenías todo controlado —dijo Kakarotto a Kyle cuando se acercó. Lo primero que hizo fue doblar los barrotes para sacar a su hijo.
—Estaba a punto de sacarnos de aquí —respondió ya relajada.
—¡Papá! —El niño salió de la jaula directo a los brazos de Kakarotto que correspondió el abrazo, pero lo soltó enseguida para echarle un rápido vistazo y asegurarse que estuviera bien y no le faltara nada, especialmente su colita. Luego dobló los barrotes para que Kyle pudiera salir.
—¿Cómo supiste que estábamos aquí? —preguntó la joven.
—Luego, primero tenemos que salir. —Manipuló el collar de su hijo, pero al darse cuenta que podía hacerle daño al intentar sacarlo de manera brusca, decidió dejar a ambos con ellos puestos—. Necesitamos encontrar una nave. No se alejen de mí.
—¡Sí! —respondió el niño con ojos brillosos.
Los tres avanzaron por los pasillos cuando escucharon un escándalo de pelea más adelante. Kakarotto sopesó la situación y decidió cambiar de rumbo por el otro lado, no podía pelear a libertad y mucho menos usar poderes dentro de una nave que ya se encontraba viajando en medio del espacio.
—Vamos por el otro lado —dijo, y corrió con Kyle y Gohan hacia la otra dirección, pero a los pocos metros se toparon de frente con varios cazadores armados con bastones y las armas necesarias para detener un saiyajin.
Fuera como fuera habría que pelear para poder escapar de la nave.
Dos días atrás
—¿Estás completamente seguro? —preguntó Zarbon al hombre que le dio la noticia.
—Sí señor —respondió el soldado sentado ante el gran tablero de control de la nave, donde él y otros estaban encargados de pilotarla y hacer lo que fuera que ordenaran quienes estaban a cargo: en este caso Zarbon y Dodoria—. La nave de guerra apareció de la nada y lleva siguiéndonos hace horas… Posiblemente tenían un sistema para no ser detectados por el radar, por eso no la notamos antes.
—¿Será Argon con los otros simios que aparecieron en el planeta del nameku? —dijo Dodoria a Zarbon.
—Probablemente —comentó Zarbon pensativo.
—Ese simio primero engaña al gran Freezer y quizás ahora a quien engañó para estar viajando en una nave así.
—Puede que incluso esa nave le pertenezca —respondió Zarbon—. Argon resultó ser un príncipe.
—¿De qué estás hablando? —preguntó intrigado.
—No fue difícil encontrar información sobre guerreros con cola de simio en esta parte de la galaxia —dijo mirando hacia el exterior, mientras que Dodoria no le quitaba la vista de encima, atento a lo que tenía que decir—. Su raza, saiyajin, jamás estuvo extinta, y es el hijo mayor del rey Vegeta . Hay mucha información de su planeta y de él, hasta que era adolescente que se le perdió el rastro y se le creyó muerto.
—¿Qué demonios quería alguien como él con Freezer? —preguntó Dodoria.
—Lo que todos quieren: poder. Tal vez no quería esperar a heredar el reino de su padre, luego encontró a Freezer y con él supo de las esferas.
—Ese hijo de puta… ¿Qué vamos a hacer ahora?
Zarbon meditó la situación antes de responder.
—Señor —dijo otro de los soldados sentado junto al gran panel de la nave—. El radar de las esferas indica que la nave que nos sigue tiene cinco.
—¿Estás seguro? —exclamó Zarbon, asustado al hombre. Había estado tan inestable que en este viaje ya había matado a al menos cuatro soldados solo porque no se encontraba de buen humor.
—Las muestra de forma intermitente. El radar no es tan bueno y a veces falla, señor —dijo con la mirada en la pantalla de su monitor, evitando hacer contacto visual con Zarbon.
—Con eso me basta. Vamos a cambiar de rumbo —anunció en voz alta, haciendo que todos los hombres del cuarto volvieran a sus asientos y se prepararan para las instrucciones.
—¿Qué pretendes hacer?
—Asegurarme de conseguir todas las esferas y a Argon para el gran Freezer. ¿Hay algún planeta próximo? —preguntó en voz alta.
—Sí señor —respondió una soldado revisando el computador. Está a unas horas de desvío del planeta al que nos dirigimos.
—Perfecto. Dirige la nave hacia allá —ordenó, y luego se dirigió a Dodoria—. Necesito que tomes una nave pequeña que no sea detectada por los radares y vayas al planeta por la esfera. Escoge un grupo de soldados y cuando la tengas te comunicas enseguida conmigo. Yo me quedaré con la esfera que tenemos, con todas las que tienen ellos es obvio que tienen un radar de mucha mejor calidad, y estoy seguro que Argon y sus simios no dudaran en ir por la esfera que cambió de rumbo, mientras que la otra sigue segura en su planeta.
—Y te llevarás toda la diversión —dijo sonriendo.
—Conseguiré las esferas y a Argon para el gran Freezer, el resto que viaje con él los eliminaré.
—¿Qué pasará con el Nameku?
—Me quedaré con él y me encargaré de alejarlo del lugar de la pelea, no tienen que verlo —respondió—. Tú encárgate de encontrar la esfera.
—Será fácil —respondió altanero y se dio la media vuelta para ir en busca de la nave y partir enseguida—. Necesito treinta hombres en el hangar de naves, ahora —ordenó en voz alta.
Zarbon se acercó a los hombres que pilotaban la nave y observó en silencio mientras el gigante de acero cambiaba de rumbo. Contaba con un ejército importante para enfrentar a cuantos simios estuvieran acompañando a Argon, o Vegeta, o como se llamara. Era tanto lo que lo despreciaba que debería resistirse a eliminarlo una vez que lo capturara, porque le daría ese privilegio a Freezer. Le llevaría las esferas y al maldito traidor que resultó ser un príncipe saiyajin, y volvería a recuperar su lugar a la derecha del tirano espacial. Lugar que había sido usurpado por Argon. Ya estaba ansioso de encontrar todas las esferas y regresar con Freezer. Se encontraba tan lejos de sus dominios que le había sido imposible comunicarse para informarle sobre los avances de la misión, pero ya que le había dado la confianza para dirigir la búsqueda de las esferas no lo decepcionaría.
(...)
Vegeta, que vestía el traje ajustado azul, más botas y guantes blancos, fue a su habitación en busca de su armadura y scouter. El resto de los saiyajin ya estaba en una de las naves pequeñas, listos para partir al planeta donde la embarcación de los hombres de Freezer y la sexta esfera se habían desviado. Cuando llegó, tal como temía, encontró a Bulma vestida con ropa saiyajin, armadura incluida, el estuche con cápsulas alrededor de su brazo izquierdo y su largo cabello tomado en una ajustada cola. Ya que no hace mucho que se habían reconciliado, habían tocado poco el tema estos dos días, pero ya no quedaba otra opción que hacerlo pese a que terminaría mal.
—Ya estoy lista, vamos —dijo la joven. Con eso le dio a entender a Vegeta que no valía la pena discutirlo, que iría con ellos.
—No puedes ir —respondió Vegeta, frente a frente—. Es demasiado peligroso.
—No he viajado tanto para quedarme en la nave esperando mientras ustedes hacen todo el trabajo.
Vegeta tomó el cuello de su traje azul y lo tiró hasta que este se estiró y pudo dejar su hombro izquierdo al descubierto.
—¿Ves esto? Esta cicatriz que tanto te gusta tocar me la dejó Freezer luego que comiera un mordisco de mi carne —dijo con gravedad—. Es probable que ese demente esté en la nave y si llegaran a atraparte no te va a matar enseguida, y te aseguro que vas a desear que así sea, así que no vas a salir de esta nave —ordenó—. Y si fallamos en ese planeta tienes que escapar muy lejos.
Bulma sintió la inquietud de Vegeta hacia ella. Estaba realmente preocupado de que pudiese ocurrirle algo malo, lo cual era abrumador, sin embargo no había llegado tan lejos para esperar sentada. Si algo había aprendido en sus años en la Tierra era enfrentar al adversario, cualquiera que fuera, y así había vivido hasta el día de hoy.
—Tú dijiste que existía la posibilidad que Freezer no viniera en esa nave, y si es así, ustedes podrán encargarse del resto sin problema. Y en el caso de que sí esté no creo que pueda llegar muy lejos si es tan temible como dices.
—No voy a arriesgarme. No vas a ir y fin de la discusión —exclamó tajante, haciendo que ella no se tomara bien su actitud.
—Tú no tienes que decidir por mí, soy yo la que se arriesga o no, y no porque estemos juntos voy a dejar que me digas qué hacer.
—No voy a seguir con esta conversación sin sentido. No vas a ir. —Tomó su armadura que esperaba sobre la cama y se la puso, luego siguió con el scouter.
—¿Entonces eso es todo? —dijo Bulma molesta—. Acepto lo que dices y me quedo acá. Olvídalo. —Quiso irse de la habitación, pero Vegeta la tomó del brazo obligándola a que se quedara.
—No me dejas otra opción —dijo sin soltarla pese a que ella forcejeó para liberarse de su agarre.
—¡Me estás lastimando! —exclamó, y cuando vio sus ojos a través del scouter rojo que usaba, inconscientemente sintió miedo y lo golpeó en la mano—. ¡Vegeta, suéltame!
—Después habrá tiempo para que me grites, ahora me tengo que ir. —Ignoró la expresión en su rostro, posó la mano en su cuello y con una simple presión en el lugar correcto la dejó inconsciente.
La tomó en brazos antes que tocara el suelo y la llevó a la cama donde le quitó la armadura previo a recostarla. La miró unos segundos mientras ajustaba sus guantes y abandonó el cuarto. Realmente esperaba tener una oportunidad de volver a verla aunque sea para escuchar sus gritos.
(...)
—Vamos —dijo Vegeta en cuanto ingresó a la nave.
Raditz y Ginn que ocupaban los asientos de piloto y copiloto respectivamente, no tardaron en manipular el tablero de control para cerrar la puerta y sacar la máquina de la embarcación mayor. Vegeta se sentó detrás de la pareja, en un asiento de capacidad para al menos tres personas, mientras que Broly y Tarble estaban juntos en el último. Pese a que ya sabían sentir el ki, todos llevaban sus scouter puestos para comunicarse en caso de que sea necesario, y por un asunto de seguridad, cada uno era el encargado de resguardar una esfera del dragón guardada en una cápsula.
—¿Cómo la convenciste para que no viniera? —preguntó Tarble a Vegeta.
—Lo más seguro es que tuvo que amarrarla, ¿verdad? —dijo Ginn bromeando, pero Vegeta no respondió, se mantuvo cruzado de brazos y mirando el espacio vacío del asiento a su lado. Ni siquiera se volteó a ver a su hermano, por lo que Tarble prefirió no insistir. Estaba seguro que Vegeta no lastimaría a Bulma, pero no debe haber sido fácil ni agradable dejarla fuera de esta parte de la misión.
El viaje les tomaría mínimo cuarenta minutos, y al menos la primera mitad todos se mantuvieron en silencio, concentrados para lo que se vendría.
—No estés nervioso —susurró Broly a Tarble—. Has entrenado mucho, eres un guerrero.
El joven que iba concentrado observando hacia el exterior, miró a Broly.
—¿Tanto se nota que estoy nervioso? Qué decepción, pensé que lo estaba ocultando bien.
—Lo haces bien, pero te conozco.
—No peleo seriamente hace muchos años, estoy acostumbrado a los entrenamientos contigo y ahora con el grupo, pero solo eso —susurró ansioso. Desde que logró hacerse un ejército importante que diera la cara por él para obtener planetas provechosos para el imperio y para sus asuntos secretos, se olvidó de volver a pelear. El rey Vegeta jamás había esperado algo de él, por lo que estuvo satisfecho cuando comenzó a ser de utilidad, y jamás lo obligó a volver a la batalla como debía hacerlo todo saiyajin importante, ya que mientras le diera lo que necesitaba, podía hacer lo que quisiera. o le importaba este hijo que gran parte de su vida solo le había traído vergüenza.
—Entrenaste con cuatro saiyajin poderosos, y pudiste seguirnos el ritmo.
—Pero ninguno de ustedes intentó matarme, y no mato hace años. Jamás me gustó… Cuando estuve con Vegeta y Bulma en ese planeta arcaico nos atacaron unas bestias que no deberían haber causado mayor problema, pero me acobardé y no pude pelear. Le pedí a Vegeta que no te dijera porque me sentí avergonzado, e increíblemente cumplió.
—No eres un saiyajin cualquiera, eres hijo de la reina. Sé que lo harás bien. Toda tu vida te has querido alejar de lo que significa ser saiyajin, pero también hay cosas buenas.
Tarble le sonrió, un poco más tranquilo. Se dieron la mano y pese a estar con guantes pudieron sentirse el uno al otro.
A estas alturas la nave prácticamente se estaba conduciendo sola. Si no se presentaba ningún inconveniente inesperado, retomarían control al llegar a la atmósfera del planeta, por lo que Raditz y Ginn se olvidaron del panel de control.
—Pronto vamos a estar de vuelta en nuestras vidas —dijo Ginn sonriendo.
—Extraño a Gohan.
—Sí —respondió—. Ese maldito niño es adorable, demasiado bueno para el planeta.
Raditz observó sus manos antes de volver a hablar.
—Por fin vamos a ver qué tan bueno fue el entrenamiento.
—Fue bueno, y nosotros somos fuertes —dijo queriendo tranquilizarlo—. Vamos a matar a todos esos hijos de puta, y luego regresaremos a casa.
—Gracias por tenerme paciencia —susurró acariciando su mentón y mejilla.
—Tú me has tenido paciencia por muchos más años. Te tocaba a ti ahora portarte mal un rato. —Lo tomó del cuello de la armadura y lo atrajo para darle un beso en la boca, luego se dio vuelta para mirar a los otros guerreros. Vegeta continuaba de brazos cruzados y ojos cerrados, esperando llegar pronto al planeta, mientras que Tarble y Broly conversaban en voz baja—. Sí, vamos a estar bien —dijo confiada—. Somos un ejército de cinco saiyajin, no podrán con nosotros.
Cuando finalmente la nave llegó al planeta, se preocuparon de descender bastante lejos del lugar donde se encontraba la esfera y los enemigos. Decidieron volar a no mucha velocidad para no activar los scouter y Ginn al ser la encargada de robar la esfera, era quien llevaba el radar.
—Freezer no viene con ellos —dijo Vegeta luego de buscar el ki del tirano. Por un lado se sintió aliviado de que así fuera, aunque otra parte de él quería enfrentarse al maldito sádico para hacerlo pagar por todo lo que le hizo.
—¿Estás seguro? —preguntó Ginn. Pese a no ir tan rápido debían hablar en voz alta para ser escuchados debido al viento que los golpeaba en la cara. Bajo ellos, fueron dejando atrás campos verdes y fértiles y cada vez se vieron menos casas hasta que finalmente desaparecieron luego de unos minutos.
—Sí. El ki de Freezer es fácil de reconocer. No vino en este viaje porque no suele viajar tan lejos, para eso tiene miles de hombres que hacen el trabajo por él. Esta misión la debe estar manejando Zarbon para congraciarse con él. —Intentó encontrar el ki de Dodoria pero no tuvo éxito.
—¿Y qué hay del niño? —preguntó Tarble—. ¿Está vivo?
Vegeta debió tomarse más tiempo para encontrar un ki tan pequeño en un planeta así de grande con tantas energías por los alrededores. También era una energía que no se olvidaría fácilmente, considerando lo que le había hecho a él y su gente.
—Ginn, ¿qué dice el radar? ¿Se ha movido la esfera?
—No —respondió la guerrera después de revisarlo—. Siguen en el mismo lugar, tenemos que seguir derecho.
—Ellos no saben que podemos sentir el ki de las personas —dijo sonriendo confiado al descubrir lo que pretendían. Detuvo su vuelo y el resto lo imitó—. Movieron al niño pensando que no podríamos encontrarlo porque los scouters no detectan energías tan bajas, pero no saben que somos capaces de sentir las. Están usando la esfera para atraernos, matarnos y quitarnos las nuestras, pero dejaron al niño en otro lugar para que no lo encontráramos.
—¿Hacia qué dirección está? —preguntó Tarble.
—Después de esas montañas —dijo apuntando hacia el este. No está solo, tiene un grupo importante de soldados resguardándolo.
—Yo iré con Tarble y luego los alcanzaré —dijo Broly. No iba a dejar que fuera solo, y el príncipe no se opuso.
Luego de un corto intercambio de palabras, Broly y Tarble volaron hacia el lugar que les indicó Vegeta y el resto retomó rumbo hacia la esfera.
(...)
Luego de un rato considerable volando a poca velocidad para no ser descubiertos, los tres guerreros lograron divisar una enorme nave ubicada en el medio de un maizal. Cerca de ellos había algunas viviendas, graneros y depósitos para guardar la cosecha. Seguramente toda la gente del lugar ya se encontraba muerta. Lo más seguro que esta no era la nave principal, lo que significaba que viajaban con una cantidad enorme de soldados, pero al menos el radar indicaba que la esfera se encontraba en su interior, y era todo lo que importaba. Mientras Ginn se preocupó de bajar a tierra para recorrer el camino restante sin ser vista, tanto Vegeta como Raditz se dejaron ver enseguida para que la atención se centrara en ellos.
—No veo al rosado —dijo Raditz al momento que descendieron y caminaron en dirección a Zarbon, que se encontraba rodeado por una gran cantidad de guerreros.
—Tampoco siento su ki —respondió Vegeta sin quitarle la vista de encima a Zarbon, que por su parte hacía lo mismo con él—. Lo cual es raro. Esos dos siempre andan juntos.
—Ya me acerqué lo más que pude a la nave sin ser vista —Los dos hombres escucharon la voz de Ginn hablando por el scouter—. Den la señal y entraré por la esfera.
—Cuídate —respondió Raditz.
—Estaré bien. Tú también ten cuidado, y déjenme algunos soldados para entretenerme.
—Seguramente encontrarás muchos escondidos en la nave —respondió Vegeta. Y cuando ya estuvo demasiado cerca de Zarbon, cortó la llamada. No podía sospechar que había un tercero más, no hasta que comenzara la matanza.
—Argon —dijo Zarbon sonriendo cuando finalmente los hombres se detuvieron a unos metros de distancia—. Realmente pensé que no volvería a verte luego de que escapaste como un cobarde y robaste las esferas del gran Freezer.
—Mi tiempo allá ya había terminado —dijo relajado—. Y sin mí jamás hubiera encontrado las esferas. Simplemente tomé lo que merecía.
—¿Y por qué ocultar tu nombre real y título? —preguntó mientras estudiaba al guerrero que se encontraba a su lado. Su scouter reaccionó, pero no mostraba tanto poder del que seguramente tenía, y también estaba seguro que debían haber más simios escondidos, esperando la orden de Argon—. Eras el famoso príncipe Vegeta de este lado de la galaxia y lo escondiste muy bien.
—Ya sabes —dijo sonriendo—. No quería que me juzgaran por mis títulos, cuando lo de adentro es lo que importa.
Ante esa respuesta, Raditz miró de reojo a Vegeta, mientras que Zarbon borró su sonrisa por una mueca de desagrado absoluto. No podía creer que Freezer se hubiera dejado seducir por un sujeto así y fue capaz de hacerlo a un lado después de todo lo que había hecho y conquistado por él, entregándole los mejores años de su vida. Tendría que controlarse para no matarlo, debía entregárselo a Freezer y que hiciera lo que quisiera con él.
—¿Te crees muy gracioso, no? No volverás a abrir la boca cuando regreses con Freezer y termine contigo.
—¿Vamos a seguir hablando o vamos a ponernos a pelear por las esferas? Porque es eso lo que queremos, de lo contrario no hubieras traído a todo este arsenal de soldados. Lo que significa que también tenías miedo de encontrarte conmigo —dijo burlón. Mientras más pronto comenzaran a pelear, Ginn estaría más próxima a conseguir la esfera. Tan solo deberían acabar con Zarbon, sus hombres y Tarble tenía que conseguir al niño para continuar el viaje.
—Ataquen —ordenó Zarbon harto de tener que escucharlo. Lo primero que haría al capturarlo sería ponerle un bozal para que no abriera la boca durante todo el viaje de regreso—. ¡Maten al otro guerrero, pero quiero a Argon con vida!
Raditz se puso en posición de ataque y se preparó. No lograba contar la cantidad total de guerreros, pero eran demasiados. Mientras tanto, Vegeta continuó cruzado de brazos.
—¿Qué? —dijo el príncipe—. ¿Tú no vas a pelear? Pensé que tenías ganas de partirme la…
—¡Ataquen ya! —gritó Zarbon.
Gran cantidad de los soldados se lanzaron hacia los saiyajin, y esta vez Vegeta sí se puso en posición de ataque.
(...)
Casi una hora de vuelo le tomó a Tarble y Broly llegar hasta el lugar donde se encontraba una nave de considerable tamaño aparcada, junto a una humilde granja. Desde la cima de una de las tantas colinas, tirados en el suelo y ocultos por el alto pastizal, divisaron a los que debieron ser los habitantes del lugar, ahora asesinados y sus cuerpos tirados en el suelo dejados al olvido, mientras varios de los soldados, al menos cuarenta, a simple vista, se mantenían ocupados despellejando algunos animales para prepararlos al fuego, otros conversaban e incluso dormían tirados en el pasto bajo el sol, como si esto se tratara de un día de campo. Los soldados, hombres y mujeres de diversas edades, gran variedad de razas y nivel de pelea, vestían armaduras idénticas que solo variaban en detalles tan pequeños como los colores, lo que debía significar algo respecto a su rango y escuadrón.
—Son muchos —susurró Tarble—, y al interior de la nave hay más.
—Y hay repartidos en otros lados —dijo Broly—. Seguramente para que los scouter no identifiquen un grupo poderoso junto... Se sienten grandes energías en las cercanías, y no son de los habitantes de este planeta. Hay que tener cuidado.
—¿Aprovechamos el factor sorpresa?
—Sí. Hagamos lo que planeamos originalmente. Yo distraigo a los soldados y tú vas a la nave por el niño.
—No puedo encontrarlo —dijo buscando la energía del pequeño.
—Concéntrate —dijo con calma—. Es el único ki diferente dentro de la nave, es inocente y está asustado… Búscalo.
—Sí, ahí está —murmuró ansioso luego de unos segundos de ardua búsqueda. Su corazón comenzó a latir un poco más rápido ante lo que se venía—. Muy bien, entonces tú los distraes, te llevas la pelea lejos del niño, yo voy por él, lo saco del lugar sano y salvo y es todo.
—Si necesitas ayuda no dudes en llamarme —dijo Broly mirándolo, mientras que Tarble no dejaba de estudiar la nave.
—Sí. Y sé que eres más fuerte que todos los que están allá, pero son demasiados, así que no te confíes. Prométeme que te cuidarás.
—Prometido. Y tú recuerda que eres un guerrero y que esa gente no va a dudar en matarte, tienes que hacer lo mismo —dijo aleccionándolo, como en antaño, cuando recién había comenzado a entrenarlo.
—Lo sé, lo haré… Y aunque sea poco probable, si necesitas ayuda llámame enseguida —dijo aún con la vista pegada en la nave. No quería olvidar en qué lugar se encontraba el niño, también debía memorizar las posibles entradas y los lugares donde alcanzaba a divisar soldados.
—Tú me cuidas, yo te cuido —dijo el guerrero sin dejar de mirarlo, pendiente de su expresión.
Esas simples, pero significativas palabras hicieron que el joven lo mirara y se relajara, incluso sonriera.
—Tú me cuidas, yo te cuido —repitió en un susurro—. Nos vemos en un rato. —Besó su boca y se puso de pie. Rodearía el sector para que no lo vieran y esperaría a que Broly comenzara a atacar para entrar a la nave.
De un momento a otro desapareció del lugar, preocupado de no elevar demasiado su energía para no alertar a los soldados de Freezer.
Broly se puso de pie, levitó con calma hasta llegar a la falda de la colina, y desde ahí caminó hacia los soldados que estaban ocupados fumando y comiendo los pocos animales de la granja. Cuando pasó junto a los cadáveres notó que dos de las seis personas asesinadas brutalmente eran niños. Continuó caminando e hizo sonar sus nudillos mientras miraba a los soldados decidiendo con quien comenzaría. A diferencia de Tarble, él sí que disfrutaba matar cuando se trataba de la gente indicada.
En el momento que los primeros soldados lo vieron acercarse sin vacilación, no tuvieron tiempo de alertar cuando ya tenían al guerrero sobre ellos. El primero terminó con la cabeza completamente destrozada de un solo golpe de puño, el otro con el pecho atravesado por un rayo de energía. Para ese momento todos los que se encontraban en el exterior ya estaban conscientes de la presencia del guerrero que hizo estallar su energía, activando los scouter de hombres y mujeres al interior de la nave y alrededores.
A los soldados les tomó un momento organizarse y atacar. Se supone que todo lo que tenían que hacer era resguardar al niño nameku y esperar a que el señor Zarbon los llamara para ir a pelear en caso de que necesitara refuerzos, pero ahora había un guerrero, que definitivamente no era del planeta, atacando y matando a todos sin previa provocación.
Broly se enfrentó a diez soldados a la vez sin mayor problema salvo por un par de guerreros que eran más fuertes que el resto, pero no se confió, había sentido energías similares a las de saiyajin poderosos que seguramente estaban viéndolo luchar antes de meterse a la pelea. Esquivó los ataques con total experiencia y con una potente explosión de energía lanzó por los aires a cinco contrincantes para irse contra un grupo que solo estaba observando, tomándolos por sorpresa, obligándolos a participar antes de tiempo. Estaba seguro que podía con ellos y más.
Tarble se había escondido detrás del establo, lo más cercano a la nave y desde ahí observó la pelea. No habían pasado ni cinco minutos desde la aparición de Broly y ya tenía la atención de todos los soldados y una gran cantidad de ellos abatidos. Ya había decidido por cuál entrada ingresar a la nave, y en cuanto dejaron de aparecer hombres desde ahí, se apresuró en entrar sin ser visto por nadie.
La máquina era para al menos cien personas, de paredes blancas e inmaculadas, todo muy limpio y ordenado, con pasillos anchos y bien iluminados. Definitivamente tenían un contingente importante de guerreros, ya que esta no era la nave principal y ya era impresionante. El príncipe debió esconderse más de una vez en algunas de las habitaciones cuando soldados pasaron corriendo por el lugar y escuchó con claridad cuando una mujer pedía refuerzos porque estaban siendo atacados por un ejército. Sonrió con vanidad en nombre de Broly y continuó avanzando por los pasillos cuando la mujer se alejó. Llegó sin problema hasta el tercer piso siguiendo el ki del niño, cuando se topó de frente con cuatro soldados. Con toda seguridad se encontraba al interior de la habitación que resguardaban.
No tuvo tiempo de nada. Se hizo hacia atrás esquivando el ataque simultáneo de un hombre y una mujer, y no pudo evitar llamarle la atención lo fácil que se le hizo eludir los golpes. Al parecer el entrenamiento había sido muy útil. Decidió ver qué más podía hacer y dejó de esquivar para dedicarse a atacar, no había tiempo que perder.
(...)
—¿Todo bien afuera? —preguntó Ginn mientras corría por los amplios pasillos de la nave enfrentándose con los soldados que en un comienzo fueron tomados por sorpresa. La mujer hasta ahora se había manejado sin problemas, demostrando su superioridad ante cualquier adversario que intentó detenerla en su búsqueda por la esfera.
—Son más de los que pensaba —respondió Raditz con voz agitada.
—¿Ya encontraste la esfera? —preguntó Vegeta, igual de febril por todos los soldados que combatían al mismo tiempo.
—En eso estoy, no me presiones —respondió la joven, que debió detenerse para enfrentarse a un grupo de cuatro soldados. Fue tan segura, que ni siquiera se detuvo a esconder el radar, podía hacerlo perfectamente bien con una mano ocupada.
Mientras tanto fuera de la nave, Zarbon no podía creer lo que estaba presenciando. Argon no era así de poderoso cuando estuvo trabajando para Freezer. Sí, él maldito se destacaba, pero jamás había llegado a estos niveles, y se notaba que no estaba usando toda su energía. Él, y el otro guerrero que lo acompañaba se estaban encargando sin problema de sus hombres y mujeres. Algunos eran dejados fuera de combate con un simple golpe, cuando les tocaba un adversario poderoso se juntaban para pelear y lo dejaban fuera de combate en solo unos minutos para volver a separarse y seguir peleando cada uno por su lado. No podía ser, ni siquiera habían logrado ponerles el collar para controlarlos y parecían estar disfrutando los combates. Lo peor de todo que por su scouter le comunicaron que ambas naves estaban siendo atacadas, y en la que se encontraba el niño nameku resguardado, habían pedido refuerzos al no poder contener el ejército que estaba acabando con todos. En su investigación sobre los saiyajin había leído que era una raza guerrera que poseía un gran poder de combate ilimitado, y que solían hacerse más fuertes luego de recibir heridas de gravedad. En un comienzo creyó que solo se trataba de exageraciones, pero al parecer se había equivocado, esta raza era de cuidado... Se quitó el scouter y se preparó para luchar. Esta humillación no quedaría así.
Cuando Vegeta y Raditz vieron a Zarbon elevar su poder de pelea, aceptaron enseguida la invitación. y fueron volando hacia el hombre para no darle tiempo para prepararse.
(...)
Broly, ya con la armadura dañada, varias heridas en su cuerpo y una gran cantidad de muertos, esquivó justo a tiempo a un guerrero de su misma altura y complexión que intentó ponerle un collar en el cuello. Ya habían llegado varios soldados con ellos y estaban desesperados por ponerle uno para controlarlo y evitar más bajas, por lo que debió ser más cuidadoso, pero este hombre no se lo estaba poniendo fácil. El tipo de piel azul y cabello rojo lo golpeó en el abdomen, dejándolo sin aire por unos segundos, y no pudo responderle porque otros sujetos se tiraron a atacarlo. Si estuviesen solos los dos podría hacerle frente en una batalla justa, pero eran demasiado los que se interponían y no lo dejaban atacar como se debía. Tuvo que hacer explotar su ki para alejarlos y enfrentarse exclusivamente al guerrero azul.
Molesto porque nuevamente un grupo de cinco soldados se le lanzó encima al mismo tiempo, le rompió el cuello a uno y el brazo a otro. No pudo golpear a los otros porque el soldado poderoso lo golpeó en el rostro, dejándolo mareado por unos segundos. Debió hacerse hacia atrás para tomarse unos segundos y volver a atacar.
(...)
Cuando Ginn salió de la nave ya con la esfera y el radar guardados en la cápsula junto con la otra esfera que resguardaba, encontró a Vegeta y Raditz enfrentándose a un tipo de piel verde, bastante poderoso que estaba controlando la situación. Aún quedaban varios soldados en pie que atacaban a los guerreros por la espalda e incluso intentaban ponerles collares para dejarlos fuera de combate. Los hombres, al igual que ella, ya tenían las armaduras dañadas y sangraban de varios lugares, pero nada de gravedad. No tardó en hacer estallar su ki para ir a atacar a todos esos soldados que no los dejaban pelear como se debía con aquel sujeto.
(...)
Solo con el labio sangrando, el cabello despeinado y con la adrenalina activada luego de haber luchado y ganado contra cuatro soldados, Tarble entró al cuarto que resguardaban. No debió adentrarse mucho en el lugar hasta encontrar al niño al interior de una pequeña jaula que lo obligaba a mantenerse sentado o acostado por lo reducido de su tamaño, y si antes había sentido temor en su energía, ahora estaba aterrorizado por los gritos y ruidos de pelea al exterior e interior de la nave.
—Tranquilo, ya estás a salvo —dijo en cuanto se arrodilló a su lado. No fue problema alguno doblar los barrotes para dejar el espacio suficiente para que saliera—. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó amistoso, y le ofreció una mano para ayudarlo a salir.
—Dende —dijo el pequeño en voz baja, mirando al joven. No se parecía a ninguno de los hombres que lo tenían apresado, y su ropa era diferente, pero había algo en él que le resultó familiar, aunque no supo qué. Dudó unos segundos, pero finalmente tomó su mano. Había pasado dos días encerrado en esa jaula y le dolían tanto las piernas que no podía levantarse por sí solo.
—No tengas miedo, esa gente no volverá a lastimarte, vamos. —Caminó hacia la puerta, pero se detuvo al ver que el niño se mantuvo de pie junto a la jaula—. Tenemos que salir de aquí, Dende, vienen más soldados.
—Tienes rabo —murmuró tan aterrado como hace unos segundos—. Eres peligroso, eres amigo de Argon, ¿verdad?
Tarble contempló la posibilidad de tomarlo en brazos y sacarlo sin preguntar, pero eso solo haría que le tuviera más miedo. Se acercó al niño y se arrodilló para mirarlo a los ojos y hablarle con calma.
—Sí, lo conozco, pero no estamos aquí para hacerte daño. Dende, tenemos que irnos ya, vienen más soldados y tengo que ir a ayudar a mi compañero que está afuera distrayendo a los hombres de Freezer para poder sacarte.
El niño estudió al joven con rabo, centrándose principalmente en su ki, y tal como decía, no era igual de violento y maligno como la mayoría de las personas que había visto en la nave y lo habían tratado tan mal durante esta larga travesía por las esferas de su gente. Decidió que no tenía otra opción, por nada del mundo quería volver a ver a Zarbon, Dodoria y sus hombres.
—Está bien, vamos —respondió.
El niño se movía tan lento debido al daño en sus piernas que en esta ocasión decidió tomarlo en brazos para apresurarse a salir. Hace rato que sentía unas energías muy grandes peleando con Broly, lo que significaba que no había podido eliminarlos. Corrió por el pasillo pero se detuvo al encontrar dos soldados más, uno de su estatura y otro tan alto que casi tocaba el techo de la nave. Sin darles tiempo para tomar la iniciativa, soltó a Dende y se arrojó volando hacia los dos hombres.
Dende cayó sentado al suelo y se arrastró hasta ingresar a una habitación que parecía ser donde los soldados guardaban sus armaduras y armas. Desde su escondite escuchó gritos y golpes, y por un momento tuvo miedo que lo dejaran abandonado a su suerte. No tenía idea dónde se encontraba ni cómo retornar con su gente en caso de que aún existieran y no los hubieran masacrado a todos. Pese a que el miedo era inmenso, asomó la cabeza para ver qué sucedía, justo cuando el cuerpo inerte del soldado más bajo se azotaba contra la pared y caía a centímetros de él. Volvió a esconderse en el vestidor sin poder dejar de tiritar.
Tarble intentó bloquear el ataque del soldado con el brazo, pero el impacto y la fuerza del golpe en su cabeza fueron tal, que fue lanzado con violencia, atravesando una pared con su cuerpo. Ignoró el dolor de los cortes causados por el metal y se puso de pie a la espera del hombre, que pasó por el agujero en la pared, agrandándolo aún más en una muestra absurda de su tremendo poder. Tarble no volvió a atacar, esta vez esquivó una y otra vez, apostando a que el sujeto comenzara a agotarse y esperar una oportunidad para atacar.
Dende intentó correr cuando escuchó pasos acercarse, creyendo que era uno de los hombres de Freezer que venía por él, pero se trataba de Tarble que alcanzó a detenerlo agarrándolo de la muñeca para tomarlo en brazos y volver a correr. Estaba mucho más lastimado que en un comienzo, con la armadura trizada y más cortes en su rostro y extremidades, pero no le tomó importancia y continuó corriendo, pues solo había logrado tumbar al hombre dejándolo semi consciente, por lo que en cualquier momento se pondría de pie. No alcanzó a avanzar mucho cuando sintió más energías acercándose por ambos lados del pasillo, lo que lo hizo entrar a un cuarto. Con la mano libre lanzó un potente rayo a la pared exterior, derritiendo el metal, seguido de eso, se escondió detrás de un casillero, justo cuando un grupo de diez soldados entraron y salieron por el agujero en la pared, pensando que había escapado por ahí con el niño que debían recuperar si querían seguir viviendo. En cuanto el cuarto quedó vacío, el joven regresó al pasillo y volvió a correr sin soltar a Dende en ningún momento.
El niño nameku sintió un golpe de alivio y esperanza cuando el calor del sol le pegó en el rostro una vez que estuvieron fuera de la nave. Sintió miedo al ver la gran cantidad de cadáveres repartidos por el prado, pero se trataban de los hombres de Freezer y ya había sufrido demasiado a manos de toda esa gente como para llegar a sentir algo de piedad por alguno de ellos.
—Necesito que te quedes aquí un momento —dijo Tarble en cuanto lo dejó dentro del granero.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó temeroso.
El príncipe no pudo responder. Desde donde se encontraba vio justo a lo lejos el momento en que Broly atravesaba con el puño el abdomen de un tipo de piel azul, al mismo tiempo que un grupo de soldados se aprovecharon de su guardia baja para avanlanzarse por detrás y poner un collar alrededor de su cuello mientras el guerrero de color azul, que aún se mantenía con vida, lo tomaba del brazo libre para que sus aliados activaran el collar.
—No te lo quites —susurró Tarble. Se marchó con tanta rapidez que Dende simplemente lo vio desaparecer ante sus ojos.
Broly reaccionó con violencia y molesto cuando sintió el metal filoso enterrándose en su piel haciéndolo sangrar por varios cortes. Se soltó completamente del guerrero que ya no tenía suficiente fuerza y moriría en cualquier momento, y atacó a los otros soldados. Logró alejar al grupo entero con una explosión de su ki, pero dos de ellos pudieron frenar en el aire y regresar a él para continuar peleando ahora que habían logrado ponerle el collar. Broly se preparó para recibirlos, pero sintió una baja súbita de poder que lo desconcentró. Ninguno de los hombres alcanzó acercársele, ya que Tarble alejó a uno con una bola de energía y se lanzó de cabeza hacia el otro apartándolo del lugar.
Aprovechando que estaba solo, el guerrero se llevó las manos al cuello y palpó el aparato. Le dio un suave tirón, haciendo que las heridas en la piel volvieran a sangrar. Aún tenía parte de su poder, no se había marchado por completo como lo había advertido Vegeta, por lo que decidió quitárselo.
—¡No lo hagas! —exclamó Tarble, llegando a su lado justo a tiempo, poniendo sus manos sobre las de Broly que habían estado a punto de destrozar el collar—. ¿No recuerdas lo que dijo Vegeta? —dijo molesto, en tono de reprimenda y agitado por tanta batalla.
—Puedo soportarlo —respondió con el ceño fruncido, enojado consigo mismo por haber permitido que esto pasara. Quiso quitarse el collar nuevamente, pero Tarble no se lo permitió, obligándolo a quitar las manos del aparato.
—No nos vamos a arriesgar —dijo. Levitó para poder estar a la altura del guerrero, le echó una mirada rápida al collar y luego con ambas manos comenzó a manipularlo, intentando quitar las tuercas de seguridad—. Son demasiadas, pero se puede hacer —comentó concentrado, y se sacó los guantes para poder trabajar mejor.
—No hay tiempo —respondió Broly.
El príncipe alcanzó a quitar un par de tuercas más cuando varios soldados se abalanzaron a atacar, pero no dejó su trabajo. Broly lo rodeó de la cintura con un brazo y se volteó junto con él para recibir en la espalda el rayo que iba para Tarble. Sin soltarlo, lanzó bolas de energía a todos aquellos que intentaron acercarse. Tarble debió hacer lo mismo con una mano mientras que con la otra continuó soltando las tuercas, no podía hacerlo más rápido por temor a que el metal estallara en el cuello de Broly que continuaba sangrando ante cada movimiento brusco.
Tarble debió soltarse de Broly cuando un soldado logró acercarse demasiado. Se lanzó sobre el hombre impidiendo que tocara a Broly y lo arrojó al suelo afirmándolo de los hombros para que el guerrero le destrozara el rostro de un solo golpe de puño. Lanzaron más ataques de energía antes que el joven volviera al cuello de Broly para intentar soltarle el collar.
El grupo de soldados que quedaba en pie se unió en el aire y preparó un ataque de energía en conjunto. Broly empujó a Tarble y se hizo hacia atrás justo a tiempo, evadiendo la potente energía que explotó en cuanto tocó el suelo. Por un momento nadie pudo ver nada debido al humo y la tierra que se levantó, sin embargo los saiyajin lograron reunirse gracias a que pudieron sentir sus energías.
—El niño —exclamó Broly al ver a varios soldados volar hacia el nameku que se había asomado desde su escondite para ver lo que sucedía—. Ve —le dijo a Tarble que dudó por un segundo dejarlo solo.
Tarble voló hacia el pequeño mientras que Broly se encargó de detener a los soldados que fueron tras el príncipe. Pudo derribar a un par, pero poco a poco fue quedándose atrás en velocidad cuando su energía sufrió otra baja. Molesto hizo estallar su poder, dándose un segundo aire y pudo alcanzar a los tres soldados en el aire. Tomó uno del tobillo y lo usó para golpear a otro con violencia, arrojándolos al suelo, y se tiró desde arriba hacia el tercero que golpeó sin parar en la cabeza a medida que iba sintiendo bajar más y más su energía.
Cuando Tarble llegó hasta el niño, atacó a la mujer que intentó llevárselo. No le tomó trabajo eliminar al otro sujeto que tenía un nivel bajo de energía, pero la mujer era fuerte y lo derribó con un solo golpe de su bota en el cuello. Pensó que no podía volver a ponerse de pie por tan intenso dolor, pero lo hizo y voló hacia Dende para tomarlo antes que ella pudiera tocarlo. Intentó escapar con el niño, pero la mujer se lo impidió y se vio obligado a defenderse usando solo las piernas contra los violentos ataques de la mujer que quería recuperar al nameku.
Broly se levantó una vez que notó que el enorme sujeto no volvería a ponerse de pie luego de haberle reventado la cabeza de tantos golpes. En una situación normal no le hubiera tomado tanto problema, pero su energía continuaba disminuyendo y ya no podía dejar de jadear, exhausto de tanto esfuerzo físico y tantas heridas de consideración en todo su cuerpo. Por donde sea que mirara había cadáveres o moribundos tirados en el que alguna vez fue un precioso prado verde, ahora bañado en sangre y vísceras de diversos colores, y a lo lejos divisó a Tarble con el niño en brazos enfrentándose a una guerrera.
Ya no contaba con la suficiente energía para volar a ayudarlo, y desde lejos podía sentir varios poderes acercándose. La frustración y desesperación se apoderó de él al no poder hacer nada al respecto mientras tuviera ese maldito aparato en su cuello. Se llevó ambas manos al collar, Tarble había logrado soltarlo un poco, pero no lo suficiente como para separarlo de su piel dañada. Era poderoso, ¿no se supone que tenía una energía despampanante que había logrado mantener a raya al dejarla dormida en su interior? Ya venía siendo hora que le sirviera para algo más que descontrolarlo y hacerle perder el juicio.
La guerrera cayó arrodillada antes de desplomarse sin vida en el suelo. De las cuencas vacías de sus ojos aún emanaba humo provocado por el rayo a quemarropa que Tarble le lanzó. Dende cerró los ojos para no ver, pero supo que ese olor a quemado se debía a la piel chamuscada de la mujer.
—Ya pronto iremos a un lugar más seguro —dijo Tarble, agotado y adolorido. Pensó que tendría un segundo de tranquilidad para recuperar el aliento cuando vio a Broly con las manos en el collar, dispuesto a sacárselo. —¡No te lo quites! —gritó, y sin soltar al niño voló a toda velocidad hacia él.
Estuvo a centímetros de tocar al guerrero cuando este rompió el collar, provocando que la trampa instalada se activara y estallara en una bola roja de calor abrasador mezclado con miles de piezas pequeñas de metal que salieron disparados a todas direcciones. La onda expansiva lo golpeó primero en el rostro, donde sintió un dolor punzante a la altura del ojo derecho. Alcanzó a darle la espalda al calor y el metal para proteger al niño con su cuerpo. Solo fueron unos segundos, pero se sintió una eternidad. Cuando todo se calmó, soltó a Dende que se encontraba ileso. Ya no podía abrir el ojo a causa del dolor y la sangre, pero lo ignoró y volvió a ver a Broly.
Cualquier otro guerrero hubiera terminado decapitado por realizar tan arriesgada maniobra, pero Broly resistió. Tarble se le acercó y con horror vio los profundos cortes en el cuello del guerrero, uno completamente expuesto a causa de toda la piel que fue removida, además de los cortes por los fierros que se incrustaron. La sangre no tardó en correr por las heridas y solo en ese momento Broly fue consciente del grave daño, llevándose ambas manos al cuello, intentando detener la hemorragia, pero era inútil.
Aterrado, Tarble puso sus manos sobre las de Broly para hacer presión, pero la sangre continuó saliendo, manchando a ambos hombres, los brazos de Tarble, el pecho de Broly y así, hasta comenzar a gotear en el suelo.
—No, no, no —murmuró Tarble, incapaz de decir algo más. Solo porque estaba totalmente concentrado en Broly no fue capaz de escuchar los frenéticos latidos de su corazón.
Brolly ya estaba pálido por la pérdida acelerada de sangre y solo atinó a mirar los ojos de Tarble. En el momento que vio las lágrimas asomarse, perdió la fuerza y cayó arrodillado, incapaz de seguir con los brazos levantados, ahora solo el príncipe apretaba las heridas y evitaba que se desplomara.
Tarble se controló para no caer presa del pánico y se obligó a pensar. Broly aún estaba vivo, pero esos ojos intensos estaban perdiendo el brillo cada vez más rápido. Recordó una de los tantos consejos que Broly le dio cuando entrenaban y sin soltar su cuello, hizo emanar un poco de energía de ambas palmas, usando el calor suficiente para quemar la piel y cerrar las heridas momentáneamente. Broly soltó un gruñido de dolor, intentó hablar, pero le fue imposible y terminó perdiendo el conocimiento. Tarble afirmó su cabeza para que no cayera de golpe y lo depositó en el pasto con cuidado. Seguía vivo, eso era lo importante, había comprado tiempo para salvarle la vida, tenía que sacarlo de ahí y llevarlo a la nave, tan solo esperaba que Vegeta y los demás hubieran acabado ya con los adversarios, tal vez ellos tenían un doctor o maquinaria para ayudarlo, de lo contrario esto no serviría de nada. Quiso tomarlo en brazos y llevárselo enseguida, pero sintió el ki de al menos ocho soldados, y cuando miró hacia el cielo pudo divisarlos ya demasiado cerca como para intentar escapar.
—Ve a esconderte, Dende —dijo al niño que continuaba sentado observando todo.
—Sí —respondió asustado y corrió cojeando de vuelta al establo.
Tarble miró a Broly tirado en el suelo antes de hacer estallar su ki y volar hacia los soldados. No dejaría que lo tocaran.
(...)
Ginn se hizo hacia atrás, calló sentada en el suelo y retrocedió cuando un guerrero del doble de su tamaño casi le puso el collar. Estuvo tan cerca que los dientes de acero alcanzaron a arañar su piel. Antes que se levantara a atacar, Raditz ya estaba delante de ella agrediendo al hombre con fieros golpes de puño. Ginn voló hacia él y se unió en el ataque en el que llegaron los soldados que quedaban, desesperados por detenerlos.
Zarbon se arrojó sobre Vegeta en cuanto quedó sin apoyo del otro saiyajin. Logró golpearlo en el pecho terminando de romper la armadura en esa área, hasta casi tocar su tórax. El príncipe respondió con un revés en su nariz, quebrándosela en el acto, haciendo que la ira del hombre creciera, pues era sabido su obsesión por mantener su rostro impecable. Poco le duró la sonrisa burlona a Vegeta, al quedar sin aire cuando la rodilla del Zarbon le atravesó la armadura en el abdomen, no contento con eso, lo golpeó en la cabeza y lo tiró al suelo donde se le puso encima para pegarle en la cara una y otra vez sin parar, a lo que Vegeta respondió cubriéndose con ambos brazos.
Todo lo demás podía irse al carajo, sus soldados, las naves, los otros simios. Solo quería golpear a Argon hasta dejarlo al borde de la muerte. Por su culpa había tenido que emprender este viaje tan largo y agotador en lugar de permanecer a la derecha de Freezer, disfrutando sus logros y conquistas. Y ahora el hijo de puta le quebraba la nariz. No pudo seguir desatando su furia por culpa de los otros dos saiyajin que lo golpearon en la cabeza al mismo tiempo, alejándolo de Vegeta.
—Sí que le caes mal a ese tipo —exclamó Ginn, poniéndose en posición de combate al igual que Raditz—. ¿Qué fue lo que le hiciste?
Vegeta, que quedó al medio de la pareja, se puso de pie y limpió la sangre del rostro.
—Está despechado porque le robé la atención y el cariño de Freezer —dijo irónico.
—Esa es una historia que me gustaría escuchar —comentó la mujer mirándolo de reojo, sin bajar la guardia—. ¿Tan guapo es este Freezer que se pelean su atención?
—No es lo que piensas, y en todo caso, la lagartija de Freezer no es de mi tipo.
—Atentos —dijo Raditz cuando vio a Zarbon ponerse de pie. No se veía muy agotado, pero sí tremendamente molesto por su nariz quebrada.
Zarbon observó a los tres guerreros. Podía con ellos, lo sabía, pero no quería tener que ocupar su último recurso. Ya se sentía humillado al tener su rostro desfigurado como para arruinarlo más. Miró a su alrededor, algunos soldados se estaban poniendo de pie para volver a atacar, pero no se veían en condiciones óptimas como para representar un peligro.
—El entrenamiento estuvo realmente bueno —comentó Ginn satisfecha de lo que habían logrado peleando juntos—. ¿Ataque en conjunto? —sugirió emocionada.
—Lo que sea para terminar con esto ya —respondió Raditz.
—Qué demonios —dijo Vegeta igual de confiado—. Vamos.
Ginn desapareció y voló para volverse visible a menos de un metro de Zarbon. El hombre intentó golpearla, pero la joven desapareció antes de que la tocara. Solo había sido una distracción para que Vegeta lo atacara por atrás y lo elevara por los aires de un golpe en la espalda. Ya en el cielo, Raditz apareció y lo atacó con un puntapié en el abdomen, regresándolo al suelo sin que pudiera frenar a tiempo. En cuanto se estrelló en la tierra fértil, los tres saiyajin atacaron al mismo tiempo con golpes de botas en el rostro, el abdomen y todo el cuerpo, sin darle oportunidad de ponerse de pie, ni siquiera pudo cubrir su rostro. La lluvia de golpes parecía no terminar, hasta que los tres sintieron el ki de Tarble crecer de forma violenta y alterada, lo que los hizo darse cuenta que la energía de Broly casi no se sentía. Los tres se alejaron al mismo tiempo de Zarbon para poder hablar.
—Pasó algo malo —dijo Raditz preocupado, sin dejar de mirar a Zarbon y a los soldados que se estaban levantando para volver a pelear. Había una gran cantidad de muertos repartidos por el campo, pero también muchos que estaban dispuestos a seguir hasta que ya no pudieran moverse.
—Yo iré —dijo Vegeta, mirando en dirección donde estaba su hermano y Broly—. Ustedes pueden terminar con esto. Hay una tercera nave, tienen que buscarla y destruirla, y no dejen a nadie vivo. Y no bajen la guardia con Zarbon, por algo es de los favoritos de Freezer.
—Ve ya —dijo Ginn ansiosa por lo que podría haber pasado con Broly y Tarble—. Nosotros nos encargamos.
Vegeta elevó su ki y partió volando a toda velocidad. Ya no había que tener cuidado con que los descubrieran, por lo que podría hacer el viaje en la mitad de tiempo que les tomó originalmente.
—No perdamos el tiempo —dijo Ginn, tenemos que ir a ayudar allá.
—Sí —dijo concentrado.
Los guerreros se dieron un beso en la boca antes de retomar el combate.
(...)
Ya con cinco guerreros caídos, dos más terminaron momentáneamente fuera de combate, lo que le dio tiempo a Tarble para ir contra el único guerrero en pie que se había obsesionado con darle el golpe de gracia a Broly. Todos habían sido llamados para exterminar al enorme guerrero que estaba acabando con los soldados sin problema, pero la obcecación de este soldado de piel azul y contextura gruesa era demasiada, hasta que Tarble vio un cadáver de iguales características, seguramente estaban relacionados y eso explicaba el ensañamiento contra Broly.
Ya con la armadura rota y habiendo gastado gran cantidad de su energía, el príncipe voló hacia el soldado y usó su cuerpo para empujarlo y alejarlo de Broly que continuaba tirado en el suelo sin moverse. Durante sus entrenamientos para obtener cuerpo de guerrero, Tarble había aprendido a esquivar ataques poderosos, pero estando tan dañado y agotado no alcanzó a alejarse a tiempo, siendo agarrado de la muñeca con tanta fuerza que solo después de fieros golpes en la cabeza logró liberarse. Quedó tan mareado que no pudo retomar la pelea, cayendo sentado sobre uno de los tantos cadáveres que repletaban el lugar. No se tomó ni un segundo para recuperarse y partió volando una vez más hacia el hombre que esta vez alcanzó a tomarlo del cuello en pleno vuelo, anulando el ataque que había preparado. El sujeto azotó a Tarble contra el suelo, rompiendo la tierra bajo su cuerpo, dejando un pequeño cráter, no contento con eso, apuntó con su mano y lanzó varias bolas de energía, a lo que Tarble, tirado en el cráter, solo alcanzó a cubrirse el rostro con los brazos. Ya creyendo haber eliminado a la pequeña molestia, el hombre continuó su paso hacia Broly. Antes de perder su scouter había comprobado que el hombre que supuestamente mató a todo el ejército del gran Freezer y a su hermano aún continuaba con vida, así que aunque se encontrara ya fuera de combate, se daría el gusto de darle el golpe final y luego buscaría al nameku para regresárselo a Zarbon.
Tarble salió levitando del cráter y se posó en la tierra cubierto de polvo y sangre. Se limpió el sudor y la sangre del único ojo con el que podía ver y contempló al hombre cada vez más cerca de Broly. Tenía que pararlo ya, no volvería a levantarse si ese sujeto lo atrapaba nuevamente. Decidido, gritó elevando su ki y dirigió toda la energía que le quedaba al brazo derecho. Partió volando a toda velocidad hacia él y cuando el soldado estuvo solo a unos pasos de Broly, se le arrojó usando el peso de su cuerpo y el impulso del vuelo, golpeándolo en la cabeza. Iba tan rápido que no pudo frenar y los dos salieron disparados rodando por el suelo varios metros hasta que terminaron tirados en el suelo.
El hombre con el cráneo fisurado debido al impacto del golpe, se sentó en el suelo tosiendo por la polvareda que dejaron a su paso. Cuando sintió la mitad de su rostro bañada en sangre se llevó la mano a la cabeza y se dio cuenta que al menos la mitad del cuero cabelludo se había desprendido y colgaba contra su oreja, pese a eso fue capaz de levantarse, aunque perdió el balance debido a la grave herida. No alcanzó a dar un solo paso cuando Tarble apareció entre la nube de polvo. Intentó golpearlo, pero el saiyajin lo esquivó y le puso un collar al cuello, que se activó enseguida, enterrando el metal filoso en la piel azul. La baja brusca de energía ocurrió enseguida, y pese a que podía ser casi tan fuerte como Broly, no contaba con esa energía oculta que ayudó al saiyajin a mantenerse en pie y luchar un largo rato.
Tarble, que tenía el brazo derecho colgando inerte luego del ataque anterior, golpeó al hombre con la izquierda. Solo necesitó dos golpes de puño, uno en el pecho y otro en la cabeza para derribarlo, y no contento con eso se sentó sobre su pecho, le puso la mano en la boca abierta y junto con un grito le hizo tragar una potente bola de energía que lo destrozó por dentro, reventándole los ojos desde el interior y todo a su paso.
Se levantó enseguida, aún quedaban dos soldados con vida y no había tiempo que perder, tenía que eliminarlos y llevarse a Broly. Cuando volteó para buscarlos, encontró a Vegeta a unos metros de distancia quebrándole el cuello a uno de los soldados y el otro ya muerto a sus pies.
Los hermanos se miraron, los dos respirando agitados. Vegeta vio a Tarble cubierto de sangre, la armadura destrozada y el brazo derecho completamente muerto, como nunca pensó que lo vería alguna vez, sin embargo, pronto la mirada del joven se calmó y corrió hacia Broly. Vegeta hizo lo mismo, pero de inmediato se dio cuenta que había llegado demasiado tarde, a diferencia de su hermano.
—Ayúdame a llevarlo —exclamó Tarble a Vegeta. Había usado todo su poder en ese último ataque y si continuaba de pie y alerta era a causa de la adrenalina. Se puso junto a Broly e intentó levantarlo, pero solo con un brazo funcionable y sin fuerza le fue imposible—. ¡Vegeta! —insistió.
—Tarble —dijo Vegeta con calma, preocupado por su hermano—. Ya es tarde.
—Hay que llevarlo a la nave —exclamó sin escuchar a Vegeta, arrodillado junto al guerrero—. Debe haber alguien que pueda ayudarlo entre los hombres de Freezer. Tú puedes volar con más rapidez, tienes que llevarlo, en esta nave solo habían soldados, no había otro personal.
—Tarble…
—¡Deja de mirarme así y llévalo! —gritó alterado.
—Su ki ya no está, Tarble.
—Aún está, puedo sentirlo —dijo con dificultad, a punto de tartamudear.
—Aunque lo lleve, no alcanzará a llegar —respondió Vegeta. Se sentía mal al ver a su hermano en esta situación.
Tarble no quiso escuchar.
—No es así, no es así —exclamó molesto. Movió el cabello de Broly para ver su rostro y se concentró. Ahí estaba, podía sentir su energía débil y moribunda, pero ahí estaba—. Es la persona más fuerte que conozco, va a resistir. —Terminó con la voz quebrada y lágrimas asomadas en su ojo. No podía ser que todo fuera a terminar en este lugar y de esa manera, cuando tenían tantos planes y sueños que ni siquiera habían podido comenzar a trabajar en ellos.
—Es mejor que muera aquí contigo que camino a la nave —dijo Vegeta con frialdad para que Tarble entendiera.
Esas palabras hicieron que las lágrimas salieran a raudales, pero Tarble permaneció tranquilo, como si su cuerpo completo estuviera entumecido y no pudiera sentir nada más. Miró a Vegeta un segundo y luego regresó a Broly. Apoyó el rostro en la mejilla de Broly y le tomó la mano, tiritando de miedo.
—Resiste, por favor —le rogó al oído—. Eres la persona más fuerte, tienes que resistir, no puedes dejarme, por favor, Broly.
Al estar incapacitado para hablar o moverse, Broly solo pudo apretar la mano de Tarble. Fue la única forma que tuvo para comunicarse con él y transmitir todo lo que sentía y que comenzaba a diluirse entre la realidad y un sueño pesado que no lo quería dejar y cada vez se apoderaba más de él, haciendo que la voz de Tarble se escuchara más lejana. Quería correr hacia él, acudir a su plegaria y abrazarlo para aliviar su dolor, decirle que se sentía igual de aterrado ante la posibilidad de no volver a estar juntos, pero todo lo que pudo hacer fue apretar su mano una vez más, luego no hubo más fuerza, ni miedo, ni dolor, ni siquiera un ki...
Tarble lo abrazó con su brazo funcionable y se escondió en su cuello, desesperado por encontrar su ki. Sintió que no pudo respirar cuando no lo halló.
—Broly… Mi amor, por favor —suplicó.
—Tarble —dijo Vegeta cuando vio a alguien a su lado. Por estar acompañando a su hermano en silencio no se había dado cuenta que se había acercado a ellos hasta que estuvo al lado de la pareja.
—Puedo ayudarlo —dijo Dende junto a Tarble, y de paso miró de reojo a Argon, en caso de que el hombre intentara acercársele para huir, no importa dónde, pero correría lejos de él—. Puedo ayudar a tu amigo —dijo en voz alta para que lo escuchara.
Tarble se despegó de Broly cuando escuchó al niño, y pese a no entender bien aceptó su ofrecimiento.
—Sí —dijo casi sin sonido.
—¿Dónde fue la herida? —preguntó más cerca del inmenso guerrero caído. Sí que daba miedo verlo ahí tirado, ni quería imaginarlo de pie.
—En el cuello —respondió Tarble sin apartarse de Broly, y volvió a tomar su mano.
Dende se apresuró en acercar las manos al cuello del guerrero y activó su poder. Pronto sus palmas se iluminaron con un suave color azul que envolvió a Broly, primero en la herida, luego el resto del cuerpo. Todo bajo la atenta mirada del joven guerrero que lo liberó de la celda y Argon, que eludía mirar para no arrepentirse de lo que estaba haciendo y huir lejos de estas personas, pero no pudo evitarlo, quizás por eso su raza estaba al borde de la extinción, por seguir creyendo y esperando lo mejor del resto de las especies, pero no había sentido en ninguno de estos dos hombres esa maldad oscura que abundaba entre las tropas de Freezer, y sí percibió el verdadero terror en ambos ante la posibilidad de separarse para siempre, por eso venció el miedo de tener que acercarse a Argon y decidió hacer algo bueno para variar de tanta muerte y sufrimiento en la que ha vivido por más de un año.
—No podré curarlo del todo ni regresarle su poder —dijo evidentemente agotado al estar usando toda su energía—. Pero puedo atender la herida más grave.
Tarble vio cómo el pequeño se iba poniendo más pálido, pero al mismo tiempo regresaba el color tostado de la piel de Broly y las graves quemaduras que dejó en su cuello en su intento por parar la hemorragia también sanaron, quedando solo cicatrices antiguas. Cuando Broly abrió los ojos, Tarble sintió que podía volver a respirar sin problema, e increíblemente cinco segundos después, como si nada hubiera sucedido, el guerrero tuvo la fuerza suficiente para sentarse, al igual que Dende, que ya no le quedó energía para seguir de pie.
Broly no alcanzó a decir nada cuando Tarble se pegó en su pecho a llorar desconsoladamente. Aún se encontraba algo desorientado, así que solo reaccionó apoyando la mano sobre su nuca, apretándola, como cuando eran más jóvenes y al príncipe le daban ataques de ansiedad.
—Tranquilo, ya estoy aquí —dijo, asombrado de poder hablar después de haber tenido la garganta destrozada. Miró a su alrededor encontrando a Vegeta y el pequeño sentado muy cerca suyo.
Tarble se fue calmando de a poco, especialmente cuando escuchó el corazón de Broly latir acelerado, igual de asustado que él. Su respiración se tranquilizó mientras el guerrero continuaba acariciando su nuca y cabello, el mejor remedio a cualquier malestar. Cuando ya estuvo bien se incorporó un poco solo para tomarlo del borde de la armadura y acercarlo a su boca. Se besaron en los labios reiteradas veces, aún asustados, pero felices, sin importar los testigos.
Vegeta observó todo el silencio, y fue hasta ahora que comprendió que esos dos no tuvieran reparos en quererse ni expresar todo lo que sentían pese a la crianza tan fría y poco demostrativa de un planeta tan violento.
Cuando Broly terminó de entender lo que había sucedido, abrazó a Tarble tan fuerte que lo hizo quejar de dolor, y solo recién en ese momento se dio cuenta del pésimo estado en que se encontraba, recordando que cuando estuvo tirado había sentido su ki violento, enfrentándose a los soldados de Freezer.
—Lo siento —dijo, y aflojó el abrazo.
—No importa —respondió el príncipe dichoso, aferrado a él con su mano izquierda.
—Siento no poder sanarte —dijo Dende—. No me han alimentado en días, y ya no me queda fuerza para nada.
—No te disculpes —dijo Tarble. No alcanzó a agradecer lo que había hecho, cuando los cuatro presentes sintieron un ki monstruoso en dirección norte, donde se encontraban peleando Raditz y Ginn.
Vegeta lo reconoció enseguida, se trataba de Zarbon, pero era imposible, era al menos cuatro veces más fuerte y agresivo. Zarbon jamás había llegado a ese nivel de energía, no podía ser, esa pelea estaba prácticamente ganada cuando los dejó.
Broly se puso de pie cuando sintieron otra remecida de energía, tremendamente poderosa, seguido de dos ki que se elevaron para pelear y correspondían a Raditz y Ginn.
—Vayan —dijo Tarble a Broly y Vegeta.
Los hombres hicieron estallar sus energías y volaron a toda velocidad.
(...)
Cuando los guerreros llegaron, encontraron cientos de cuerpos abandonados en el lugar, al igual que la nave. No había rastros de Zarbon, Ginn o Raditz.
—¿Qué fue lo que pasó? —dijo Broly caminando por el lugar, revisando entre los cadáveres en caso de que alguno de ellos fuera Raditz o Ginn.
—La pelea ya estaba ganada cuando me retiré —dijo Vegeta también caminando y revisando—. Ya habíamos llevado al límite a Zarbon.
—¿Y qué fue ese ki que sentimos entonces? —preguntó mirándolo, pero Vegeta no lo miró de vuelta, ocupado en buscar a los guerreros.
—No lo sé —respondió—. Zarbon jamás había tenido esa energía monstruosa. Esto no debió haber pasado.
En medio de los cadáveres, Vegeta encontró un scouter que por su color debía pertenecer al de Raditz. Se lo llevó al oído e intentó comunicarse con Ginn, pero no obtuvo respuesta. Broly continuó caminando, concentrándose en el ki de ambos saiyajin hasta que creyó sentir el de Raditz, débil y bajo, pero vivo. Corrió hacia una pila de cuerpos, debió quitar algunos hasta que encontró a su amigo con un profundo corte en la cabeza que seguramente había sido lo que lo había dejado inconsciente. Vegeta se apresuró en ir con ellos cuando vio al hombre recobrar el conocimiento.
—Tranquilo —dijo Broly. Debió tomar a Raditz de la muñeca para que no intentara golpearlo. Aún se encontraba desorientado.
Raditz se sentó y al siguiente segundo ya estaba de pie. Su rostro estaba rojo por su propia sangre y le costaba un poco respirar.
—¿Dónde está Ginn? —preguntó Vegeta en cuanto llegó a su lado.
—Ese tipo se la llevó —dijo recordando de pronto lo que había sucedido—. Ya teníamos la batalla ganada cuando su cuerpo y cara se desfiguraron por completo y su ki creció el doble —exclamó—. ¡Y el hijo de puta se la llevó! ¡Tenemos que ir por ella! —dio un par de pasos antes de perder el equilibrio. Zarbon lo había golpeado en la cabeza para dejarlo fuera de combate y no le impidiera llevarse a Ginn, el radar, y la esfera y de paso hubiera un testigo que le avisara a Argon.
—Regresemos a la nave, ahora —dijo Vegeta.
(...)
Cuando Bulma despertó le tomó un momento recordar qué había pasado, pero el dolor en el cuello y parte de un hombro fue suficiente para hacerlo. Mientras más trabajo le costaba levantarse de la cama y moverse, su enojo iba aumentando. No podía mover el cuello hacia la derecha y estaba segura que una vez que consiguiera quitarse el traje ajustado de saiyajin encontraría una gran marcha en su piel. No tenía idea cuánto tiempo había pasado desde que Vegeta la dejó inconsciente, pero deben haber sido varias horas, ya que cuando salió del cuarto solo tuvo que caminar un poco para toparse frente a frente con Vegeta que evidentemente ya venía de regreso, pues a juzgar por su apariencia había estado metido en una guerra.
Vegeta quiso hablar, no tenía tiempo ahora para discutir, pero Bulma se adelantó y lo calló con una sonora bofetada en la mejilla que le dolió más a ella que a él, pero no por eso no iba a hacerlo.
—No vuelvas a hacer eso nunca más, ¿me escuchaste? —dijo molesta, apretando la mandíbula por el dolor que sentía en el cuello y ahora la mano.
—Bulma…
—Tuve miedo de ti —exclamó con los ojos llorosos de rabia y dolor—. Y no quiero volver a sentir algo así de nuevo. ¿Entendiste?
—Tendremos que dejar esta conversación para después. Te necesitamos en la sala de control, ahora.
Bulma se obligó a calmarse cuando vio que hablaba en serio.
(...)
Bulma ya estaba sentada en el asiento del piloto manipulando su computadora conectada al cerebro de la nave para potenciarla e intentar establecer contacto con la nave de Zarbon. No tuvo que preguntar qué había pasado, todos lucían en terrible estado, pasando del silencio absoluto a los gritos, a la espera de tener noticias de Ginn. Ya no tenían en su poder el radar para dar con la esfera y solo contaban con cuatro en su poder, mientras que Zarbon tenía dos e iban más adelantados en busca de la número siete.
—Trataré de construir otro radar antes de llegar al planeta —dijo Bulma mientras trabajaba en el computador—. Pero ya que ellos cuentan con ventaja no podemos dejar de vigilarlos.
—Dodoria no estaba con ellos en el planeta, y no creo que se haya quedado esperando en la nave nodriza —dijo Vegeta—. Es posible que se fuera hacia el planeta a buscar la esfera en una nave pequeña cuando ellos se desviaron a este y por eso no lo vimos en el radar.
—Pero ya deberían haber encontrado la esfera si es que es así —comentó Bulma pensativa—. ¿Por qué entonces van hacia el planeta?
—¿Podemos concentrarnos en comunicarnos con ellos en lugar de estar hablando de las esferas? —dijo Raditz caminando de un lado para otro—. Deberíamos tomar una nave y meternos en la de ellos para sacarla.
—Eso sería suicidio —respondió Vegeta—. Si nos vamos a meter a su nave terminaremos haciéndola estallar y ninguno respira en el espacio.
Raditz lo ignoró y se sentó en el asiento del copiloto para ver lo que hacía Bulma. Manchó todo el asiento con sangre, pero en su cabeza no cabía espacio para nada más que no fuera recuperar a Ginn.
—Los encontraremos en el planeta —dijo Broly a Raditz para intentar calmarlo—. En tierra firme nos encargaremos de todos ellos.
Tarble se encontraba más apartado del grupo, sentado en una silla junto a una mesa de reunión. Estaba en tan mal estado que no se podía mantener de pie como para acercarse al resto. Ahora que había bajado la adrenalina le dolía hasta respirar, estaba dejando una pequeña posa de sangre bajo sus pies y aún no podía abrir el ojo derecho, pero por nada del mundo se movería del lugar, necesitaba escuchar cualquier noticia que tuvieran sobre Ginn y las esferas. Ahora que tenía a Dende el plan continuaba más que nunca, pero también estaba preocupado por la guerrera.
—¿Ahora soy prisionero de ustedes? —preguntó Dende en un susurro. Tarble no se había dado cuenta que estaba a su lado. La verdad es que no se había separado de él en ningún momento. El pobre niño estaba muerto de miedo al habitar la misma habitación con tantos guerreros con rabo, tan intimidantes que levantaban la voz para hablar, y lo peor de todo era que Argon estaba ahí. Pese a la apariencia siniestra que le daba estar bañado en sangre, Tarble era quien más confianza le daba, quizás por su tamaño más compacto, por haberlo protegido, o por la forma tranquila de hablarle (era la primera persona que le preguntaba su nombre en meses).
—No —respondió el joven príncipe y giró un poco la cabeza para mirarlo. Incluso ese movimiento significó mucho dolor—. Podrás irte cuando quieras, salvaste a mi compañero y voy a estar eternamente agradecido por eso. Hay una nave para ti en el hangar.
—¿Puedo irme enseguida?
—Claro, pero te pido por favor que te quedes, necesito hablar contigo. No somos como los que te tuvieron prisionero tanto tiempo.
—¿Argon es algo tuyo? Se parecen. —Por un momento quiso mirar a Argon, pero optó por no moverse de su lugar. Tarble le tapaba la visual de la mayoría, especialmente de él. Le daba miedo incluso mirarlo.
—Es mi hermano —no le mintió. Respetaba al niño por todo los horrores que había vivido a tan corta edad.
—Tu hermano me sacó de mi planeta y me dejó con esa gente que me tuvo meses de jaula en jaula —dijo preocupado de no levantar la voz. No quería que el resto escuchara y Tarble también hablaba en voz baja.
—No voy a justificarlo ante ti, pero él es más de lo que tuviste la mala suerte de conocer. De todas maneras no tendrás que hablar con él, solo conmigo, por favor, y luego podrás irte cuando quieras, me encargaré de eso.
—Está bien —respondió. No tenía muchas posibilidades, y ya que el hermano de Argon lo trataba con decencia no quería tentar la suerte contradiciéndolo. Al menos no estaba metido en una jaula y nadie lo estaba insultando ni tirando cosas, aún así no se movió de su lado—. ¿Cuál es tu nombre?
—Tarble —dijo esbozando una sonrisa amistosa, e incluso eso le dolió.
—¿Estos principiantes creen que pueden bloquearme? —murmuró Bulma concentrada en su tarea en la computadora—. Listo —exclamó, e inmediatamente en la pantalla más grande del panel de control apareció la imagen de otra cabina de mando, una mucho más grande, con gente trabajando, y evidentemente confundida al ver que se había activado uno de los canales de comunicación sin haberlo permitido.
Vegeta se puso al lado de Bulma, y el resto también miró atento cuando en la pantalla apareció Zarbon totalmente diferente a como Vegeta lo conocía y lo había visto antes de ir a socorrer a Tarble. Ya no era el guapo guerrero que engatusaba y llevaba a la cama a los jovencitos inexpertos de los escuadrones, ahora estaba tanto y más horrendo que Dodoria, con el rostro deformado, al igual que su cuerpo mucho más ancho, además de las múltiples heridas que recibió durante el combate y un profundo corte desde la mejilla hasta la comisura de la boca que le dejó parte de la piel colgando, cortesía de Raditz durante un ataque en su desesperación por recuperar a Ginn.
—Realmente debes estar desesperado Argon, como para irrumpir en el sistema de seguridad de mi nave —dijo la bestia que incluso su tono de voz había cambiado con esta transformación de pesadilla.
—Así que ese era tu verdadero aspecto —comentó Vegeta. Decidió no mencionar enseguida a Ginn. No quería que supieran lo preocupados que estaban por ella—. Ya sabía que eras tan desagradable por dentro y por fuera.
—Ustedes los simios me obligaron a usar mi último recurso. Se los reconozco, nadie antes me había orillado a sacar mi verdadero poder. —Levantó la mano y entonces todos pudieron ver que tenía en su poder el radar de las esferas—. Es impresionante la tecnología que posees. Tan pequeño y efectivo, mucho mejor que nuestro radar, definitivamente será de utilidad en la búsqueda de las esferas restantes. —Guardó silencio y observó con detención a las otras personas que quedaban en la visual de la pantalla. Vio a una mujer de cabello celeste y alcanzó a ver a Raditz, cómo no reconocer a este último que le dejó hirviendo la cara de dolor con ese ataque que le soltó la piel. Hizo un gesto con la mano a su gente y volvió a dirigirse a la cámara—. Voy a ser directo, ya que no tengo mucho tiempo. Quiero que me regresen al niño nameku y en agradecimiento les devolveré su guerrera, creo que es un intercambio justo.
Raditz iba a hablar, pero Broly lo tomó del hombro para que se controlara. Lo último que necesitaban era que Zarbon estuviera al mando de la situación.
—¿Solo eso? —preguntó Vegeta con calma.
—Me conformaré solo con eso. Ya tengo dos esferas en mi poder, y próximamente serán tres. Te aseguro que pronto les arrebataré las suyas y te tendré en una jaula con un collar y bozal para entregarte al gran Freezer.
—¡Muéstrala! —exigió saber Raditz, incapaz de mantenerse al margen de la conversación—. No habrá intercambio si no la muestras viva. —Ese último comentario hizo que Dende, que estaba asomado observando la conversación, volviera a refugiarse detrás de Tarble.
—Nosotros tenemos al niño sano y salvo —dijo Vegeta siguiéndole el juego a Zarbon—. Espero que tú hayas hecho lo mismo.
—Me conoces, Argon —dijo sonriendo de manera siniestra, ahora mucho más escalofriante con ese nuevo aspecto. Salió un momento de pantalla cuando escuchó que lo llamaron.
Vegeta supo enseguida que no sería bueno lo que verían a continuación.
—No digas nada —ordenó en un susurro a Raditz mirándolo hacia atrás—. Veas lo que veas no digas nada si no quieres que empeore su situación.
Cuando Zarbon regresó, lo hizo con Ginn. La tenía afirmada del cuello con fuerza, apenas permitiendo el paso del aire . Le habían puesto un collar drenador y pese a no tener nada de fuerza intentaba soltarse con ambas manos. Su rostro estaba desfigurado de tanto golpe que recibió y por lo que se alcanzaba ver en la pantalla ya no quedaba nada de su armadura.
Bulma no pudo evitar apartar la mirada ante aquella escena, mientras que Raditz se resistió para no hacer explotar la pantalla con una bola de energía.
—La mantendré con vida mientras deciden entregarme al nameku, pero Argon, tienes que advertirles a tus compañeros lo impaciente que soy. —Levantó a Ginn y la acercó para que fuera su cara la que quedara en primer plano de la pantalla y continuó hablando—. Impaciente y vengativo… Esto va para el simio que lastimó mi preciado rostro. —Pasó una de sus afiladas garras por la mejilla derecha de Ginn, cortando la piel sin ninguna dificultad, llegando hasta el labio, tal como Raditz lo había lastimado a él.
El resto tuvo que observar a la mujer gritando de dolor, ni siquiera estaba consciente de que sus compañeros la estaban mirando por el otro lado de la pantalla, estaba casi de forma inconsciente luchando, dando manotazos y golpes de puño para liberarse, sin embargo, Zarbon no se dio por aludido ante ataques tan débiles.
Raditz no soportó más y se alejó unos pasos para no quedar a la vista de la cámara. Estaba desesperado y sentía que iba a explotar. Cuando Zarbon terminó de lastimar a Ginn la soltó, sacándola de la vista de todos que escucharon el ruido que hizo al desplomarse en el suelo.
—¿Ya terminaste o vas a seguir haciendo alarde de cuan despiadado eres? —dijo Vegeta sin ninguna expresión en su rostro.
Zarbon rio mostrando los colmillos.
—Me pregunto qué quieres pedir con las esferas, Argon. ¿Poder, un imperio, la vida eterna?
—Tal vez cuando nos juntemos tengamos tiempo de hablar de eso —respondió sonriendo.
—Ya lo sabes. El nameku por la mujer. —No esperó respuesta y se cortó la llamada.
Hubo un tenso silencio en el lugar hasta que Raditz lo rompió.
—¿Realmente vamos a tomarnos el tiempo para pensarlo? —exclamó Raditz alterado—. ¡Tenemos el niño, cambiémoslo por Ginn! ¡Ni siquiera tendríamos que estar considerándolo! —Se acercó al niño que corrió a ocultarse detrás de Tarble.
Dende, arrodillado detrás de la silla, vio a Tarble apoyándose en la mesa para poder ponerse de pie, extendiendo la misma mano para detener al guerrero gigante que casi se le abalanzó para tomarlo de su escondite. Escuchó un corto intercambio de palabras entre los dos hombres que fueron levantando la voz, Tarble intentando calmarlo y el gigante no queriendo escuchar razones, hasta que el otro guerrero alto, el que salvó de la muerte, se puso entre los dos tomando al grandote de un hombro para separarlo de Tarble, haciéndolo retroceder unos pasos, hablando con mucha más calma que el resto, pero igual de firme. Se cubrió los oídos cuando todos los de la habitación hablaron al mismo tiempo. Tenía miedo que de las palabras pasaran a los golpes con tal de regresarlo con Zarbon.
—Vamos a recuperar a Ginn —dijo Broly con la mano aún sobre el hombro de Raditz. No fue brusco con su amigo, pero tampoco iba a dejar que tocara a Tarble—, pero tenemos que ser más inteligentes que ellos.
—Es cierto —dijo Vegeta—. Zarbon es un maldito narcisista. Hay que dejar que crea que está al control de la situación.
—Por supuesto que no ibas a hacer nada por ayudar a Ginn pese que es tu amiga, o al menos eso cree ella —gritó Raditz encarando a Vegeta—. ¡Sigues siendo el mismo príncipe egoísta que ve al resto como cosas para usar y desechar!
Vegeta en esta ocasión guardó silencio. Fue solo por Ginn que no le respondió a Raditz, además podía entender que estuviera tan alterado, aunque eso en estos momentos no ayudaba en nada.
—Son solo unos días hasta llegar al planeta —insistió Broly—. Vamos a encontrarlos y partirlos en dos por haber tocado a Ginn, pero no podemos ir a atacar a la nave, y no estás en condiciones de soportar una batalla.
—Si fuera Tarble ya habrías partido detrás de él —respondió Raditz mirando a los ojos de Broly—. ¡No pueden pedirme que me calme y espere esos días mientras la están torturando!
—Yo podría ayudar —dijo Dende con timidez, en un hilo de voz que casi no fue escuchado—. Yo puedo ayudar —repitió un poco más fuerte, ahora de pie, pero siempre con el cuerpo de Tarble interponiéndose entre él y el resto. Al notar que todos lo estaban mirando continuó—. Si esperan a que me sienta mejor podría ayudarlos a sanar, así estarían mejor y podrían pelear para recuperar a la mujer.
Broly miró a Raditz a la espera de una respuesta, pero el guerrero no dijo nada y salió a paso rápido de la habitación.
—No queda otra opción —dijo Bulma ya de pie y reunida con el resto—. Hay que esperar a llegar al planeta, no se puede atacar la nave con tantos guerreros inestables al interior. Voy a estar atenta de cualquier cambio de dirección de su nave y los tendré informados. —Al igual que todos, también estaba preocupada por Ginn y esperaba que fuera tan fuerte como parecía para resistir. Ahora con todo un poco más calmado le echó una mirada a su amigo que era el que estaba en peores condiciones que todos—. ¿Estás bien?
—Lo estaré —respondió Tarble.
—Así que tú eres el niño —dijo Bulma con suavidad, le causaba lástima ver a un pequeño tan asustado de todo lo que ocurría a su alrededor—. ¿Podemos hablar un momento?
La mujer no lucía intimidante para Dende, pero ya que la vio en todo momento al lado de Argon significó un rechazo automático.
—Estoy muy cansado, necesito descansar —dijo mirando a Tarble, y de reojo observó a Argon que al menos se había mantenido alejado de él sin dirigirle la palabra.
—Te llevaré a tu habitación —dijo el príncipe. Quiso ponerse de pie para retirarse, pero esta vez se desplomó en el asiento cuando sus piernas no le respondieron. Había gastado hasta la última gota de su energía en el combate final y el tener tantas heridas abiertas no ayudaba en su recuperación.
Broly no preguntó y simplemente se acercó a Tarble para tomarlo en brazos y salir del lugar con Dende corriendo detrás de él, ya que sus piernas cortas no podían seguir el paso de un hombre tan alto.
Los únicos que quedaron en el cuarto de control fueron Vegeta y Bulma. El hombre se sentó un momento para descansar, todavía le quedaba mucha energía, pero hace tiempo que no combatía de esta forma. Quiso decirle algo a Bulma ahora que estaban solos, pero la mujer tomó su computador y también se marchó.
Cuando los tres ya iban por el pasillo hacia las habitaciones, las piernas de Dende ya no pudieron más con el esfuerzo que significaba seguir al guerrero que caminaba tan rápido, por lo que decidió levitar el resto del trayecto.
—Puedes volar —comentó Tarble.
—Me queda poca energía, pero no puedo seguir corriendo —dijo mientras recuperaba el aliento.
—Te llevaré a tu cuarto para que puedas descansar y alimentarte. Luego de que hablemos…
—Nadie va a hablar con nadie por el momento —dijo Broly interrumpiendo a Tarble, sin detenerse—. Llevaremos al niño a su cuarto y tú te vas a bañar y cerrar las heridas.
—Sí, puede esperar —comentó Dende viendo el rastro de gotas de sangre que iba dejando por el pasillo—. Todos necesitamos reposar.
—Está bien —respondió Tarble, y apoyó la cabeza en el hombro de Broly, permitiéndote descansar un momento. Estaba exhausto.
Broly dejó el agua corriendo de la ducha mientras se encargaba de retirar con cuidado la armadura destrozada de Tarble. Continuó con los guantes, las botas y por último lo que quedaba del traje ajustado que terminó de rajar para quitárselo sin hacerlo levantar los brazos. Le echó un rápido vistazo de pies a cabeza para ver cuáles heridas debería tratar con mayor cuidado. Jamás lo había visto con esa cantidad de heridas críticas, dignas de un guerrero.
—¿Puedes seguir de pie? —preguntó tomándolo del rostro con ambas manos para que lo mirara.
—Sí —respondió Tarble en un susurro y no dijo más.
Lo primero que hizo fue poner su brazo en su lugar. Se preocupó de hacerlo en un solo movimiento para no provocarle más daño, y aunque no lo escuchó quejarse, supo que le dolió. Revisó el brazo y los dedos, comprobando que pudiera moverlos como se debía. Luego se concentró en el ojo derecho, el que abrió con cuidado para revisar, y con alivio comprobó que solo estaba tremendamente irritado, no más que eso. Le quitó el pequeño pedazo de metal que se había incrustado en su ceja, casi al final de esta y había cortado su piel en una línea vertical, hasta la comisura del ojo.
—Eso dejará una cicatriz —dijo Broly, a gusto, haciendo que Tarble lo mirara hacia arriba y por fin le sonriera, aunque sea por un segundo—. Vamos —dijo. Se quitó la ropa bañada en sangre y se metieron juntos a la ducha.
Bajo el chorro de agua caliente, Broly se encargó de asearlo e incluso lavarle el cabello, cuidadoso de no tirarlo, como solía suceder cuando se bañaban juntos. Pasó con cuidado las manos por sus heridas, revisando con mayor detención ahora que podía ver mejor sin toda la sangre, y encontró en su espalda un par de cortes importantes que también terminarían dejando una cicatriz. Una vez que volvió a hacer que se volteara para terminar de examinarlo, Tarble no se lo permitió y lo abrazó por la cintura, recargando el rostro en su pecho. En respuesta, apoyó el mentón en su cabeza y rodeó sus hombros en una caricia protectora. Aún no podían salir del asombro que los embargó. Eran afortunados de poder abrazarse una vez más.
Cuando ya estuvieron limpios y secos fueron a la cama, el guerrero se dedicó a coser las heridas importantes, como su primer ritual de guerreros, las batallas habían sido una iniciación de la que no habría vuelta atrás y todo el cuidado y atención era la recompensa luego de tan arduo trabajo, todo realizado en silencio y tranquilidad, aunque sea por un momento, ya que pronto eso volvería a cambiar.
—Dime qué pasa —dijo Broly cuando terminó. Los dos estaban sentados en la orilla de la cama, mirándose frente a frente.
—¿No es evidente? Estuviste a punto de morir —respondió. Sintió que volvería a llorar con solo decir esas palabras, pero se contuvo, aunque continuaba con la angustia en el pecho—. Hoy pude haberte perdido para siempre.
—Pero no pasó. —Quiso bajarle la gravedad al asunto, pero la verdad es que estuvo tan cerca de la muerte que pudo sentirlo y en ese momento tuvo miedo, tuvo terror no de volver a estar con Tarble, y aún quedaba algo de aquel terrible sentimiento, pero tenía que hacerlo a un lado y concentrarse en lo que seguía—. Tienes que estar orgulloso de lo que hiciste hoy —dijo, y acarició su mejilla.
—Perdón por no poder ayudarte. De no ser por ese niño estarías muerto —susurró. Tomó su mano y la besó.
—No hubiera podido ayudarme si tú no hubieras luchado contra esos guerreros. Dentro de la inconsciencia pude sentir tu ki y el de ellos, sé lo que pasó. No menosprecies lo que hiciste.
Tarble afirmó con la cabeza, y no dudó en responder el beso cuando el guerrero se le acercó. Los dos estaban desesperados por dejar ese momento atrás, olvidado, como si jamás hubiera sucedido. Necesitaban enfocarse en su tarea, las esferas, recuperar a Ginn y acabar con esos sujetos. Entre besos apasionados se acomodaron en el centro de la cama, tocándose, mordiéndose, queriéndose con brusquedad y amor, tomándose su tiempo. Necesitaban un momento para ellos y finalizar con su ritual de guerreros antes de regresar a la realidad.
(...)
Dende despertó de golpe y asustado sobre la cama. Pese a no estar en condición de prisionero prefirió dejar la puerta abierta para recordarse que estaba en su habitación y no encerrado en una celda. Le hubiera gustado ser de la estirpe guerrera de su raza, ellos no dormían y necesitaban poco tiempo para recuperarse, pero no era así, y aunque su cuerpo pedía a gritos descansar, su mente insistía en mantenerse alerta por temor a que algo malo sucediese. Se sentó y se sirvió un poco de agua de la jarra que el guerrero grande le dejó. Broly era su nombre si no se equivocaba. Ahora que había intercambiado unas palabras con él se dio cuenta que no era un hombre malvado, incluso había tenido la amabilidad de dejarle un plato con comida caliente que seguramente hubiera engullido con ganas, de no ser que solo se alimentaba con líquidos. Pero el agua estaba fresca y limpia, no recordaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez que probó algo así.
Pese a tener la puerta abierta, golpearon desde afuera para hacerse notar. Dende levantó la vista y casi dejó caer el vaso cuando vio a Argon esperando en silencio. Por un momento pensó en gritar, pero ni siquiera pudo debido al miedo que lo invadió.
—Tranquilo, no voy a acercarme más —dijo Vegeta.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó el niño, intentando que su voz no temblara. Debió dejar el vaso junto al velador, de lo contrario lo terminaría tirando.
—Un favor —respondió el hombre a sabiendas que el pequeño no lo tomaría bien después de todo lo que le había hecho a él y a su gente.
—¿Un favor? —murmuró y de pronto el miedo fue reemplazado con enojo—. ¿Quieres que te haga un favor? Mataste a la gente de mi aldea y me raptaste ¿y ahora quieres un favor?
—Te lo compensaré, pero ahora necesito que ayudes a alguien. Es poco, podrás hacerlo aunque no tengas mucha energía.
Dende lo quedó mirando. Qué ganas de pertenecer a su estirpe guerrera para levantarse y exterminarlo a él, a Freezer y toda su gente por tanto mal que habían causado.
(...)
Luego de varios intentos fallidos, Bulma había logrado quitarse el traje ajustado. Tal como había pensado tenía una marca roja en el cuello que se extendía hasta el hombro izquierdo. Lucía más feo de lo que en realidad dolía, pero su piel era tan blanca y delicada que el mínimo golpe dejaba huellas. Aún no podía doblar el cuello, lo cual era lo más incómodo, ya que con todo lo que estaba ocurriendo tenía que estar en su mejor forma para afrontar lo que sucediera. Esperaba que en estos dos días que quedaban de viaje lograra recuperarse bien, porque esta vez no se quedaría en la nave, no permitiría que Vegeta decidiera por ella, por muy buenas intenciones que hubiera tenido al intentar protegerla.
Cuando terminó de cambiarse de ropa fue a sentarse a la mesa y revisó el computador en caso de alguna novedad, pero todo seguía igual, la nave continuaba hacia el mismo rumbo: el planeta que tenía la esfera. Se sentía nerviosa por todo lo que estaba ocurriendo, en especial Ginn, pero decidió mantener la cabeza ocupada, si trabajaba sin parar podría tener un radar nuevo, solo tenía que concentrarse.
Dirigió su atención a la puerta cuando esta se abrió. Era Vegeta que se quedó en el lugar sin decir nada. Por un momento pensó que tenía intenciones de seguir con la discusión de hace un rato, pero lo vio hacerse un lado y fue cuando vio al pequeño niño verde con antenas. El pequeño entró a la habitación y giró un momento para mirar al hombre.
—¿Ella?
—Sí —respondió Vegeta, y luego miró a Bulma que no entendía nada—. Solo será un momento.
—¿Dónde estás lastimada? —preguntó Dende cuando estuvo al lado de Bulma.
La joven miró a Vegeta y luego al niño antes de responder.
—Aquí —dijo apuntando el cuello.
Ya que Bulma estaba sentada, Dende no tuvo que pedirle que se acercara más, no era necesario tocarla para que su magia hiciera efecto. Acercó las manos hacia su cuello y no tardaron en iluminarse con la misma luz tenue azulada con la que le salvó la vida a Broly.
Bulma sintió la piel de su cuello caliente, pero no se alejó al notar la evidente mejoría hasta que el dolor desapareció por completo, junto con cualquier marca. No duró ni siquiera un minuto y Dende ya había terminado.
—Gracias —murmuró sorprendida, con la mano en el cuello. Ahora podía moverlo como si nada hubiera pasado, incluso se sentía mejor que antes.
—No es nada —respondió el niño, evidentemente incómodo por estar ahí. Miró a Argon esperando que le diera permiso para retirarse del lugar.
—No tengas miedo —dijo Bulma al mirar los ojos del pequeño, los mismos que vio en tanta gente, niños, adultos y ancianos en su planeta natal. Incluso en el reflejo del espejo vio esos ojos apagados sin esperanza—. Me puedo hacer una idea de lo que has vivido.
—No sabes lo que he pasado —dijo pasando del miedo al enfado de un segundo a otro—. Ese hombre con el que estás mató a mi gente y me torturó.
—Si no era yo, Freezer iría a tu planeta y no mataría a un grupo de personas, él hubiera asesinado a toda la población solo por gusto. —No quiso justificar la segunda acusación. En realidad no lo había torturado, había sido de principiante lo que había hecho con él para hacerlo hablar sobre las esferas, pero estaba seguro que la excusa agravaría la falta y ya podía sentir la mirada acusadora de Bulma.
—¿Entonces tengo que agradecerte por matar a mi gente? —preguntó con lágrimas en los ojos. No quiso quedarse a escuchar una respuesta y salió del lugar aunque eso significara pasar al lado de Argon.
Vegeta miró a Bulma. Ya esperaba que comenzara a recriminarlo con el discurso del saiyajin despiadado y asesino con el que no podía estar, pero de un momento a otro su mirada se ablandó y lució cansada.
—No te vayas —dijo y luego suspiró—. No quiero discutir ni hablar nada del pasado. Estoy agotada. —Al ver que el hombre seguía en la puerta algo confundido insistió—. Vamos, entra y cierra la puerta, esta nave ya está bastante helada , no quiero pasar más frío, tengo que hacer otro radar y me vendría bien tu compañía para no dormirme.
Vegeta le hizo caso. La verdad es que no se esperaba algo así, pero sí, él también estaba cansado luego de tantos meses en esto y ahora con lo que había sucedido…
—¿Entonces ya no habrá gritos? —preguntó levantando una ceja.
—Entiendo por qué hiciste lo que hiciste —dijo mientras abría su caja de herramientas y comenzaba a buscar las cosas para hacer el radar—. Pero no lo comparto, y creo que la cachetada vale por varios gritos. Y en cuanto a lo que dijo el niño… No tengo ganas de discutir ahora, estoy preocupada por Ginn. Estoy cansada.
—Ella estará bien —dijo convencido—. Es una excelente guerrera, podrá resistir un par de días hasta que vayamos por ella.
—Ve a ducharte y cambiar la ropa, luces terrible —dijo, pasando por alto sus típicos comentarios saiyajin. Sí, podía ser que Ginn fuera una gran guerrera, pero no por eso estaba tranquila con la idea que la estuvieran torturando, por eso entendía que Raditz estuviera tan alterado.
Vegeta la miró un momento y luego se metió al baño. Tenía varias heridas de cuidado que coser luego de asearse. Tenía que estar bien para el segundo round.
Bulma intentó continuar concentrada en su trabajo pero le fue imposible. Dejó de lado lo que sería el nuevo radar y se encaminó al baño mientras se quitaba la ropa. Para cuando llegó con Vegeta ya estaba desnuda y el hombre la dejó entrar bajo el agua sin decir nada. Aún estaba cubierto de sudor y sangre, y ensució el cuerpo de la joven que pareció no molestarse con eso, concentrada en limpiar al hombre y de paso acariciarlo. Vegeta la dejó atenderlo, sintiéndose mucho mejor que minutos atrás, acostumbrado a pasar estos momentos solo por decisión propia o porque en aquella oportunidad se encontraba sin compañía. Cuando Bulma se centró en limpiar su rostro se miraron.
—Me alegra que no te haya pasado nada —dijo, y lo besó en la boca. Le pasó la mano por las mejillas para quitar la sangre y acarició su labio inferior. Desde que decidió dejar de escuchar su conciencia disfrutaba mucho más estar con Vegeta, especialmente ahora que las cosas se habían complicado.
Vegeta la tomó del cuello y la mantuvo pegada a su cuerpo, deseoso de continuar así. Cuando la joven lo tomó de la base del rabo, respondió tomándola de los muslos, recargándola contra la fría pared, haciendo que se quejara por el frío en su espalda. Bulma le rodeó la cintura con las piernas y respondió a los besos apasionados con las mismas ansias.
(...)
—¿Qué haces? —preguntó Raditz cuando vio a Broly entrar a su habitación. Aún estaba con la armadura destrozada y las heridas abiertas, sentado en la orilla de la cama con los antebrazos apoyados en las piernas, viendo el pijama de Ginn que había dejado tirado junto a las almohadas.
—Hacerte compañía —respondió y se sentó en una silla que había a los pies de la cama. Estaba con ropa limpia y había dejado el cabello suelto para que se secara.
—Estás aquí para que no vaya a intentar alguna tontería —dijo mirándolo.
—Y también para acompañarte —respondió cruzado de brazos.
—Maldición —susurró, cubriéndose el rostro con las manos—. Sé que es muy fuerte y que va a resistir, pero está tan cerca y no puedo hacer nada por ella.
—Vamos a romperle los huesos a todos antes de matarlos, y va a ser muy lento.
—Primero quiero ponerla a salvo y después los matamos a todos, quiero que todos en esa nave sufran —dijo decidido, lleno de odio.
—Dalo por hecho. Ahora ve a bañarte y cierra esas heridas, tienes que estar bien para volver a pelear.
Raditz le obedeció y fue camino al baño, pero se detuvo antes de entrar.
—¿Vas a quedarte aquí?
—Te dije que te iba a hacer compañía.
—¿Y qué hay de Tarble? —preguntó curioso, considerando el pésimo aspecto que tenía, pensó que Broly no se le despegaría de encima.
—Está ocupado, no me va a extrañar —se acomodó y se hizo a la idea que sería una noche muy larga.
(...)
Dende dio un brinquito de susto cuando escuchó que entraban a su habitación, pero se calmó al ver que se trataba de Tarble. Ya no estaba bañado en sangre, vestía ropa limpia y su cabello estaba ordenado, aunque aún lucía agotado. Como vestía una camiseta manga corta pudo ver que algunas heridas las habían cosido, mientras que otras simplemente las habían limpiado. Su ojo derecho se encontraba irritado, pero ya podía abrirlo casi por completo.
—Lo siento —dijo el príncipe—. Golpeé y no respondiste. —Sintió lástima al ver que estaba dormitando sentado en la cama, con la espalda apoyada en la fría pared, como si necesitara estar preparado para correr en cualquier momento.
—No, está bien —dijo restregando sus ojos con las manos.
—¿Te visitó mi hermano? Te ves alterado.
—¿Quieres que te hable de las esferas, verdad? —Fue directo, y Tarble le respondió de la misma forma.
—Sí. —Se sentó a los pies de la cama. Lo bastante cerca para poder tener esta conversación tan delicada, pero alejado para que no se sintiera presionado—. Quiero saber todo sobre ellas.
Dende no respondió enseguida, tenía miedo de que el hermano de Argon no tuviera buena recepción a lo que le diría, pero después de tanto tiempo solo viviendo en temor, un sentimiento más fuerte y pesado se había liberado cuando lo sacaron de esa jaula, y sin mencionar que la interacción con Argon lo había dejado mal.
—Agradezco que me salvaras de esa gente, aunque sé que lo hiciste porque me necesitan. También aprecio que no me traten mal, pero no puedo ayudarte, no puedo ayudar a Argon a juntar las esferas y que cumpla su deseo, él mató a la gente de mi aldea, me sacó de mi planeta, me torturó —dijo cada vez hablando más rápido, con el corazón acelerado al recordar todo el infierno que sufrió—. Por eso no puedo ayudarlos, lo siento mucho, pero pueden volver a meterme a una jaula y torturarme, prefiero morir antes que decirles algo.
—Voy a robarle el deseo a mi hermano —confesó, y esperó a que el niño respondiera.
—¿No me estás mintiendo para que te dé la información?
—No. Es algo que decidí al poco tiempo de viajar con él.
—¿Y qué es lo que quieres?
—Revivir a mi madre para reunirla con mi hermana.
Dende lo observó con detenimiento. No parecía estar mintiendo, pero luego de pasar tanto tiempo con gente detestable no sabía si estaba en condiciones de discernir.
—Sea cual sea la decisión que tomes la aceptaré —continuó Tarble—. Ya te lo dije, salvaste a mi compañero, y estaré en deuda contigo para siempre. No voy a meterte en una jaula ni hacerte daño para…
—El dragón solo concede un deseo. Antes eran tres, pero el creador quiso castigar a la gente y ahora solo es uno.
—¿Castigar?
—No es la primera vez que alguien extermina sin piedad solo por encontrarlas. Las esferas eran un regalo para el universo, pero solo ha conseguido sacar lo peor de las personas.
—Ya veo. A estas alturas creo que casi nadie sería merecedor de un regalo así.
—No, pero las esferas es algo que mi gente ha hecho desde el comienzo de nuestro tiempo, es difícil dejarlo.
—¿Puedo revivir a mi madre con ellas? Murió hace más de diez años.
—¿Murió de alguna enfermedad? ¿De forma natural?
—Fue decapitada y su cuerpo calcinado hasta las cenizas —dijo sin cambiar su expresión.
—Sí, sí puede ser revivida —murmuró no queriendo imaginar una escena así.
Tarble sintió una presión en el pecho. No, no se adelantaría a nada, no podía sentirse esperanzado aún.
—¿Qué es lo que sabes para que los hombres de Freezer te mantuvieran tanto tiempo con vida?
—Me necesitan para que llame al dragón una vez que reúnan las esferas. Es solo en mi idioma que Porunga aparece y se comunica. Tu hermano no lo sabe porque fue después que dejara el planeta que me volvieron a torturar y les di esa información… También les dije que eran diez esferas para confundirlos, pero en realidad son siete.
—Gracias por confiar en mí.
—¿Pese a lo que te conté sigues con intenciones de dejarme ir? Si quieres llamar a Porunga me necesitarás en el planeta, donde estarán ellos.
—Cumpliré mi palabra, no volverás a ver a esa gente, y la nave te está esperando en el hangar para llevarte a donde quieras. Pero necesito que me enseñes a hablar tu idioma, la forma en que se llama al dragón, algunas oraciones y palabras para conocer tu lengua y su sonido.
—Es muy difícil de aprender en solo unas horas.
—No tiene que ser vocabulario complejo, el deseo es bastante simple y abarca una oración. Solo requiero lo necesario para hacerme entender y saber qué dice Porunga —dijo, y agregó sonriendo—. Prometo ser muy buen alumno.
El niño asintió con la cabeza.
Continuará…
Muchas gracias por acompañarme todo este tiempo tan pesado, por leerme y dejar rw.
Un abrazo, que estén bien.
Dev.
29/07/21.
