El Legado II


Segunda Parte


XXXIV

El Tercera Clase y la Elite


I'm going crazy, I'm losing sleep

I'm in too far, I'm in way too deep over you

You'll always be the one

You were the first, you'll be the last

Wherever you go, I'll be with you

Whatever you want, I'll give it to you

Whenever you need someone to lay your heart and head upon

Remember, after the fire, after all the rain

I will be the flame

I will be the flame

(The Flame / Cheap Trick)


Dos meses atrás


A Kakarotto le tomó un poco más de tiempo de lo usual dejar fuera de combate a los cazadores y guardias que intentaron capturarlos. El espacio era algo reducido, y ya que Kyle no podía pelear al estar con collar, tuvo que preocuparse de que nadie la tocara ni a su hijo, además del inconveniente de no poder usar poderes al interior de una nave, por el peligro que significaba hacer explotar todo.

El guerrero observó de reojo a su hijo, prácticamente escondido detrás de la pierna de Kyle, asustado de lo que acababa de ver. No era de extrañar, jamás se había tomado en serio los entrenamientos y pese a que ya tenía edad, nunca había sido educado como saiyajin, todo por darle en el gusto a Milk.

No puedo pelear con esta porquería puesta —dijo Kyle molesta e incómoda por tener la pieza de metal alrededor del cuello, lastimándola constantemente.

Yo puedo encargarme de todos hasta llegar a la nave —dijo Kakarotto—. Preocúpate de llevar a Gohan.

Sí —respondió la joven, y tomó otro bastón de electricidad de uno de los tantos cazadores que no pudieron contra el soldado saiyajin. Al menos con eso se ayudaría hasta que le pudieran quitar el collar.

Iban a volver a correr cuando una de las puertas se abrió estrepitosamente, apareciendo Bardock, que había logrado acortar camino, adelantándose a los carroñeros que había visto en las pantallas de vigilancia. Tenía sus manos bañadas en sangre y también llevaba un bastón para atacar, en reemplazo de sus propias habilidades que se encontraban reprimidas por culpa del collar.

¡Bardock! —exclamó Kyle, sorprendida y feliz. No dudó en saltar a los brazos del hombre que le correspondió con una caricia en su cabello—. ¡Estás herido! —dijo preocupada al verlo también con collar, pálido y sudado y con una herida en el costado que no dejaba de sangrar, empapando su pierna izquierda hasta manchar el suelo.

Estaré bien —dijo y se dirigió a su hijo—. Vienen carroñeros hacia esta dirección, están armados y son poderosos.

¿Carroñeros? —dijo Kakarotto incrédulo.

No sé si es coincidencia o se enteraron que tenían a Kyle capturada, pero vienen hacia acá. Tenemos que irnos ya.

Unos carroñeros intentaron atraparnos cuando nos encontrábamos visitando la ciudad —comentó Gohan.

Kakarotto miró a Kyle en busca de una explicación y la joven entendió.

Eran dos, y aparecieron de la nada, pero escapamos de ellos.

¿Cómo iban vestidos? —preguntó Bardock, llevándose la mano a la herida intentando que sangrara menos.

Como el grupo de carroñeros que está causando problemas en los imperios. Estaban vestidos de negro y llevaban casco.

Son los mismos. Saben que te atraparon y los siguieron hasta acá —dijo Bardock—. Vámonos ya, las naves están en los pisos superiores. Kakarotto, tú ve adelante, luego tú Kyle. Yo llevaré a Gohan para que puedas pelear —dijo a su hijo.

Kakarotto lo miró por un segundo antes de aceptar la idea de que cargara a su hijo.

Muchas gracias por venir a salvarnos —dijo el pequeño sonriente cuando Bardock lo tomó en brazos.

—… De nada —respondió el abuelo observando al pequeño con detenimiento. Sí que era todo lo contrario a un saiyajin.

Vamos, no perdamos el tiempo —dijo Kakarotto corriendo. Kyle y Bardock lo siguieron.


De esa manera lograron avanzar por el corredor y abordaron un ascensor que los acercó mucho más a su destino. Kakarotto no tuvo problema al enfrentarse con los cazadores y guardias, ya que su hijo estaba bien protegido, y los collares no eran impedimento para que Kyle y Bardock atacaran con los bastones a cualquiera que lograba acercarse más de la cuenta. El que tuvieran rabo y se supiera que se trataba de saiyajin, también ayudaba a la hora de intimidar para abrirse paso hasta el hangar de las naves.

Luego de muchas personas caídas y algunas heridas sin importancia, los cuatro llegaron al hangar, una parte considerable de varios pisos de la nave usada para la carga y descarga de todos los productos robados por las miles de personas que habitaban y trabajaban en el lugar, además de compradores interesados. No existía el día ni la noche, siempre había movimiento de un lado a otro. En esta oportunidad caminaron en línea recta hacia unas naves que estaban siendo preparadas para salir y se encontraban a unos cincuenta metros. La gran mayoría de los presentes de todos los pisos permanecieron quietos mirándolos. Ninguno estaba dispuesto a enfrentarse a esos saiyajin que se veían determinados en abandonar la nave.

Ya nos vamos a casa —dijo Gohan contento al ver cada vez más cerca la nave. Adelante su padre dirigía la marcha con la palma abierta mostrando una bola de energía brillante que iría dirigida a cualquiera que intentara detenerlos.

Sí, niño, ya queda poco —respondió Bardock con dificultad. Necesitaba sacarse ahora ya el collar o terminaría cayendo inconsciente por tanta pérdida de sangre que no cesaba. De pronto no pudo sostener el peso de su propio cuerpo y terminó arrodillado en el suelo, haciendo que sus hijos se detuvieran.

Déjame ayudarte —dijo Kyle, e intentó ponerlo de pie, pero el hombre no la dejó y le pasó a Gohan.

Toma al niño, yo estoy bien. —Al momento que Kyle lo tomó, Bardock identificó el rostro de Kakarotto en el niño asustado por la situación. Fue un deja vu fuerte, de aquel momento cuando a su pequeño hijo le robaron el rabo hace tantos años.

¿Puedes caminar? —preguntó Kakarotto sin dejar de mirar a todos lados, en caso de que alguien quisiera hacerse el valiente y atacarlos, ya que capturar cuatro saiyajin sería muy bien visto dentro del mundo de los cazadores, pero gracias a la mala reputación de la raza, todo el mundo en el hangar había detenido lo que hacía para mirarlos desde su lugar, sin pensar en acercarse, ya que sería tremendamente arriesgado e insensato intentar cazarlos al interior de una nave en movimiento.

Sí, vamos —respondió Bardock, nuevamente de pie, pero no avanzó, a diferencia de Kyle y Kakarotto que continuaron, mirando hacia adelante. Los observó acercarse a la nave, justo cuando desde la misma entrada por la que llegaron, aparecieron los carroñeros que también se habían encargado de todos aquellos que intentaron detenerlo. No lo pensó y reunió la energía que quedaba para lanzarse contra ellos. Con el peso de su cuerpo y el impulso, pudo derribar a dos hombres más altos que su hijo Raditz y cuando estuvo en el suelo se ensañó con uno que golpeó sin parar hasta romperle el casco y atacar con corriente directo en su cara, pero pronto otro par de carroñeros lograron tomarlo y someterlo con facilidad.

Todos, afuera —ordenó Kakarotto a las personas que estaban abordando la nave. Solo tuvo que golpear a uno de la tripulación para que el resto saliera despavorido.

Falta Bardock —dijo Kyle al ver al hombre detenido por los carroñeros.

Kakarotto miró a los hombres deteniendo a Bardock. Como guerrero experimentado solo tuvo que darles un vistazo para saber que si quería ganarle a todos debería enfrascarse en una fiera pelea que pondría en riesgo a su hijo.

No —dijo a Kyle—. Yo vine por ustedes dos y nos vamos ya. —Tomó a su hijo en brazos y agarró a Kyle del brazo para hacerla entrar a la nave—. Vamos.

¡No! —exclamó la joven, y usó el bastón para darle un choque de corriente en la muñeca y liberarse de su agarre. Salió corriendo hacia Bardock sin pensar en que no podría hacer mucho al encontrarse con el collar puesto.

No podemos irnos sin ellos —dijo Gohan preocupado.

Le dije a tu mamá que te llevaría de vuelta a casa y es lo que voy a hacer —respondió Kakarotto a su hijo.

Pero papá —murmuró con ojos tristes.

Maldición, está bien —dijo convencido por la mirada de su pequeño. Lo bajó al suelo, dejándolo al interior de la nave—. No salgas de aquí y ataca si alguien se acerca—. Corrió para ir por Kyle y Bardock y salir de la maldita nave de una vez.

Kyle se tiró sobre la espalda de uno de los tipos que tenía sometido a Bardock. Intentó darle golpes de corriente, pero el traje especial cubría todo su cuerpo, por lo que fue inútil. Bardock luchó por liberarse y ayudar a Kyle, pero ya no le quedaba fuerza para nada. Una mujer del grupo de carroñeros tomó a la joven por el brazo, alejándola del alboroto provocado por Bardock, y por más que Kyle la atacó con el bastón, no le provocó una sola molestia. La carroñera le arrebató el aparato y estuvo a punto de golpearla en el rostro, pero no alcanzó a tocarla, gracias a Kakarotto que llegó a tiempo y con un solo ataque de su puño en el rostro, le destrozó el casco, haciendo que el material se enterrara en su mejilla además del impacto del golpe que le desfiguró la cara. No esperó y se lanzó contra los otros guerreros que dejaron de lado a Bardock para enfrentarse a él, y como era de esperar demostró su superioridad al haber tenido entrenamiento militar desde muy corta edad.

Kyle se arrodilló junto a Bardock e intentó ponerlo de pie, pero era demasiado pesado y parecía que no seguiría despierto por mucho tiempo.

Bardock, no te duermas —exclamó preocupada, zamarreándolo. El hombre levantó la mano hasta alcanzar la mejilla de su hija, la que manchó con sangre y luego la dejó caer, finalmente perdiendo el conocimiento—. ¡Bardock, reacciona! —Sus ojos se llenaron de lágrimas, desesperada. Había que quitarle el collar, de lo contrario terminaría muerto en poco tiempo—. ¡Kakarotto! —gritó para que el guerrero se apresurara.

El soldado saiyajin ya había logrado dejar fuera de combate a cuatro carroñeros que también lo habían agredido, dejando importantes lesiones. Hizo estallar su energía para lanzarse contra los que quedaban cuando escuchó un grito de su hijo que lo hizo detenerse enseguida.

Suficiente —exclamó otra mujer carroñera (solo se sabía que se trataban de mujeres u hombres gracias a su contexturas físicas, ya que las ropas y cascos cubrían todo, además sus voces se encontraban distorsionadas por los mismos cascos, haciendo que todos sonaran igual).

Kakarotto miró a la carroñera que tenía a su hijo bajo el brazo apuntando el arma en su cabeza. El ver a su pequeño correr peligro hizo que le hirviera la sangre de ira. Caminó hacia ella, dispuesto a quebrarle el cuello, pero la mujer sin titubear le apuntó con el arma y disparó un fino rayo, dándole en la oreja izquierda y nuevamente encañonó al niño en la cabeza, poniendo el dedo en el gatillo. Kakarotto ni siquiera sintió el dolor en la herida que sangró en abundancia, pero se detuvo al escuchar nuevamente a su hijo gimotear. Los hombres que quedaban de pie no tardaron en acercársele y obligarlo a arrodillarse.

Deja a mi hijo —dijo Kakarotto a la mujer.

No eres quien pone las reglas aquí, saiyajin —respondió la carroñera sin soltar a Gohan.

Kakarotto quiso levantarse de nuevo y atacar, pero le pusieron un collar al cuello, haciendo que su energía bajara de golpe. No contentos con eso, esposaron sus muñecas detrás de su espalda y aún así les dio trabajo mantenerlo quieto. Estaba furioso de que estuvieran tocando a su hijo.

Los carroñeros hablaron entre ellos unos segundos, y gracias a los micrófonos incorporados a sus cascos nadie pudo escuchar lo que tramaban. Dos de los hombres más corpulentos obligaron a Kakarotto a ponerse de pie para salir del lugar, encañonándolo con sus armas todo el tiempo. Al ver esto, Kyle se apresuró en tomar el bastón que le habían arrebatado para impedir que tocaran a Bardock, protegiéndolo con todo pese a que tenía todo en su contra.

¡No lo toquen! —exclamó furiosa, protegiendo al hombre como una pequeña fiera en comparación a los guerreros musculosos que parecían grandes depredadores.

La carroñera dejó caer a Gohan y fue directo a Kyle para ponerle fin al espectáculo. Esquivó sin problema el ataque con el bastón y solo le bastó un golpe en el abdomen para hacerla caer arrodillada en el suelo, sin aire, terminando inconsciente en el suelo en cosa de segundos.


(...)


Bulma despertó con Vegeta a su lado sobre la cama. No recordaba en qué momento se había acostado, pero seguramente el hombre la había llevado luego de quedarse dormida sobre la mesa de trabajo. Sentía que no había dormido mucho, pero sea lo que sea era bienvenido para descansar un poco y volver a trabajar en el radar. Si tenía que ser honesta consigo misma, ya era muy difícil poder robar el deseo, había estado tan preocupada con lo que tenía con Vegeta y ahora en lo que sucedía con Ginn, que había dejado de lado todo su trabajo. Increíblemente sentía una especie de alivio al descartar este plan, ya que tenía curiosidad de seguir con el saiyajin y ver qué pasaba entre ellos dos. Eso no significaba para nada que fuera a abandonar su plan original para derrocar al imperio saiyajin, estaba segura que podría continuar con eso, pero en estos momentos quería intentarlo con este hombre que dormía a su lado y que había sido capaz de hacerla cuestionarse todo. Era un hombre que merecía la pena. En algún momento tendría que comenzar a soltar algunas verdades, y no solo a él, también sentía que debía hablar con Tarble, pero era tan difícil. ¡Qué problema! Si no se hubiera topado con estos dos hermanos saiyajin, las cosas hubieran sido mucho más fáciles, quizás a esta altura ya habría logrado su objetivo, pero no, se le había ocurrido hacerse amiga íntima de un príncipe y luego sentirse tremendamente atraída hacia el otro.

—¿Cómo te sientes? —preguntó cuando Vegeta abrió los ojos.

—He despertado con peores heridas —dijo mirando a la joven. Ambos estaban de lado, frente a frente, muy cerca del otro.

—Pero nunca al lado de tan buena compañía —dijo la joven sonriendo. Le arregló el cabello despeinado que se le iba sobre los ojos formando un flequillo y besó su boca. Cuando Vegeta la tomó de la cintura y la apretó junto a su cuerpo, le correspondió unos besos, pero le puso la mano en el mentón para separarse un poco—. No tenemos tiempo. Necesito terminar el radar, y muero de hambre.

—¿Podrás terminarlo hoy?

—Claro que sí. Hemos pasado por tanto buscando las esferas que no voy a detenerme ahora. Ya quiero tenerlas todas y ver cómo luce ese dragón. ¿Tú no?

Vegeta la miró un momento antes de responder.

—El último tiempo lo que menos me ha importado han sido las esferas y el dragón. Simplemente es un trabajo más que tengo que terminar. —Así funcionaba siempre. Encontraba algo en lo que obsesionarse y no paraba hasta lograrlo, y durante ese periodo tiempo conocía gente, se relacionaba con algunos (la mayoría de las veces porque no quedaba otra opción), y luego terminaba su trabajo y se marchaba para cambiar de nombre y obsesión. Su último objetivo había sido Freezer, lo que lo obligó a hacer algo que jamás pensó: regresar a Vegetasei. Pero ahora Bulma ocupaba sus pensamientos todo el tiempo, y pese a que todas las alarmas le indicaban que lo más sensato era marcharse y buscar algo más en lo que ocuparse, se hacía el sordo para seguir a su lado.

Pese a no decir una sola palabra más se sintió tan expuesto ante esos hermosos ojos claros, que se levantó de la cama para conservar algo de su orgullo y dignidad. No quería ser como su hermano que se quedaba mirando con cara de estúpido a Broly sin decir nada por largos periodos.

Bulma lo imitó, y también salió de la cama para vestirse y aprovechar las horas que le quedaban.

—Tengo que terminar el radar, pero primero a comer algo.

—Ten —dijo Vegeta. Se acercó a su lado y le pasó la cápsula que contenía la esfera que resguardaba.

—¿Por qué? —preguntó Bulma. Aceptó la cápsula y lo miró curiosa al verlo tan serio.

—Guárdala. Así si algo malo pasa, no la tendré conmigo y puedes escapar con la esfera para que Freezer no pueda conseguirlas todas. Sé que te encargarás de hacerla desaparecer si es necesario.

—Eso suena a despedida —murmuró. No le gustó para nada su tono de voz.

—¿En algún momento tendrá que terminar esto, no? —respondió con una sonrisa de lado, como si no fuera importante.

Los dos lo sabían, desde el primer beso que se dieron. Cuando él la tomó por sorpresa y ella se dejó sorprender, que esto sería intenso, pero había superado las expectativas de ambos.

El hombre se alejó para ponerse una camiseta, mientras que ella se quedó paralizada, mirándolo y a la cápsula en su mano.


—Come algo —dijo Broly luego de dejar un par de platos llenos de comida sobre la mesa junto con los que ya había depositado.

—No puedo tragar nada —dijo Raditz observando la comida. Solo había bebido un poco de agua, pero incluso eso se le había hecho difícil ingerir.

—Haz el esfuerzo —dijo luego de traer el último plato y se sentó a la mesa, frente al hombre—. Tenemos que estar fuertes para cuando lleguemos al planeta.

Raditz no respondió, pero tomó uno de los panes. Broly tenía razón, aún se sentía débil luego del enfrentamiento con Zarbon y sus hombres, además no había podido dormir, lo que aumentaba el cansancio e impedía una rápida recuperación.

Estuvieron unos minutos comiendo en silencio hasta que Tarble y Dende llegaron al lugar, y por cómo lucían sus ojos cansados, tampoco habían dormido. Los hombres en la mesa dejaron la comida para mirarlos.

—Está bien —dijo Tarble al niño cuando lo vio detenerse ante la presencia de Raditz—. Estás a salvo aquí.

Dende lo miró y luego al grandote que hace algunas horas estaba totalmente dispuesto a entregarlo a Zarbon.

—Lo siento —dijo Raditz mucho más tranquilo que ayer y con un rostro más amigable—. No fue mi intención asustarte. Todo este tiempo estuve entrenando para vengar a tu gente que fue masacrada ante mis ojos, pero no me controlé porque tienen a Ginn, y… —Se calló antes de volver a alterarse. Le costaba controlar sus emociones en un momento así—. No tienes que tener miedo, no voy a hacerte daño, ayer no estaba pensando.

—Estuviste en el planeta de mi gente —dijo Dende observándolo con atención. Ayer con todo el escándalo y el miedo que lo embargaba no había sido capaz de mirar a nadie a la cara sin sentirse aterrado, pero ahora pudo reconocerlo—. Tú y una mujer guerrera intentaron ayudarnos.

—Sí, Ginn —respondió.

—Pensé que habían muerto.

—Somos difíciles de eliminar —respondió Broly.

Tarble y Dende se sentaron a la mesa y Broly no tardó en atender a ambos. Dende solo pidió un poco de agua y Tarble aceptó lo que le pusieron al frente, ya que luego de tan fiero combate sentía que su apetito había crecido. En un momento se miró con Broly y solo eso bastó para informarle que había sido una noche provechosa. Ahora solo faltaba que pasaran las horas para llegar al planeta y ponerse a trabajar.

—¿No consumes nada salvo agua? —preguntó el príncipe a Dende.

—Sí. Aunque todo huele muy bien —dijo el niño mirando la comida.

En lo que Tarble y Dende conversaban, Raditz dejó el emparedado a medio comer y le habló a Broly.

—No puedo concentrarme en nada más. A estas alturas el asunto con las esferas y el deseo no me importa en lo absoluto. —Estiró la mano para dejarle sobre la mesa la cápsula con la esfera que estaba resguardando—. Tú quédatela. Estoy concentrado en recuperar a Ginn, nada más.

—Sí —respondió Broly con tranquilidad, y tomó la cápsula, y nuevamente cruzó miradas con Tarble. Ahora ellos tenían tres esferas, Vegeta una y Zarbon dos. Y según lo informado por Dende, tan solo quedaba una en el planeta donde se dirigían.

—Vamos a recuperar a Ginn, Raditz —dijo Tarble—. Eso dalo por hecho.

—Sí —dijo queriendo sentirse optimista, pero odiaba que pasaran los segundos y no poder hacer nada al respecto.

—Me siento un poco mejor —comentó Dende con su voz suave y tímida—. Creo poder curar sus heridas. No podré regenerar todo su poder, son demasiado poderosos para eso, lo siento.

—Ya es de mucha ayuda lo que harás —respondió Raditz.

La conversación cesó un momento cuando Vegeta y Bulma ingresaron a la cocina. Dende se sintió incómodo, pero no se movió del lado de Tarble y se aferró al vaso grande de jugo de frutas que Broly le había servido. Bulma se sentó junto a Raditz, con Vegeta a su lado y no tardaron en comer, y tal como el resto de los presentes, lucían bastante agotados.

—Ya casi termino el radar —comentó la mecánica en cuanto tomó un poco de café—. Con eso sabremos exactamente dónde se encuentran esos lunáticos y Ginn.

—Perfecto —respondió Tarble sonriéndole a su amiga.

—¿Ha habido alguna novedad con la nave? —preguntó Raditz a la joven.

—No, siguen rumbo hacia el planeta, lo que significa que la esfera no ha salido de allá. Si hay algún cambio de rumbo les avisaré enseguida.

Raditz no respondió. Bebió agua y se mantuvo en silencio al igual que el resto. Evidentemente el ambiente no estaba muy relajado y no mejoró cuando Vegeta le habló al niño.

—¿Qué tenemos que saber de las esferas? Queda poco para llegar al planeta, tenemos que tener cualquier ventaja posible sobre ellos.

Dende lo observó antes de responder, mientras que Raditz se levantó y se retiró del lugar. No podía importarle menos todo el asunto de las esferas del dragón.

—Les hice creer que eran diez esferas —comenzó el niño—. Cuando en realidad son siete.

—Esta es la última —murmuró Vegeta.

—Sí —respondió Dende en un susurro.

—¿Y cómo funcionan las esferas? —preguntó Bulma—. Se juntan las siete esferas ¿Y luego qué?

—Se dice «sal de ahí dragón y cumple mi deseo»

—¿Eso es todo? —preguntó Vegeta—. ¿Y qué pasa después?

—El dragón aparece, le pides el deseo y lo cumple. Es solo uno. Nunca lo he visto, es lo que se cuenta entre mi gente.

—Suena bastante simple —comentó Bulma.

Dende tomó un poco más del jugo y miró a cualquier lado menos a Argon. Decidió decir una verdad que no servía de nada sin tener toda la información correcta, ya que esa era la forma precisa de invocar a Porunga, pero debía ser en su idioma natal, al igual que para pedir el deseo.


(...)


Ginn cayó arrodillada al interior de la celda. Se llevó la mano a la mejilla intentando detener la hemorragia, pero Zarbon la jaló del cabello y levantó para que quedara a la altura del rostro.

—¿Qué es lo que quiere Argon con las esferas? —exigió saber Zarbon.

—¿Quién carajos Argon? —preguntó escupiendo sangre involuntariamente por el terrible corte que se abría cada vez que hablaba. Se aferró con ambas manos en el brazo del sujeto para aminorar el dolor del agarre al no alcanzar a tocar el suelo con los pies.

—¡Vegeta! —dijo Zarbon alterado, zamarreándola—. ¡Vegeta, maldita sea!

—¿Cuándo tenías esa cara de muñeco también tenías mal aliento, o es ahora con este rostro horrible?

Zarbon la lanzó contra el muro de la celda y salió a paso rápido. La necesitaba viva para intercambiarla por el niño nameku.

—¿Establecieron contacto con Dodoria? —preguntó a los hombres que lo seguían varios pasos atrás.

—No señor —respondió uno de ellos intentando no sonar asustado—. Ni el señor Dodoria ni ninguno de los hombres responden, tampoco la nave en la que iban. Se ha perdido todo contacto.

Zarbon no respondió, pero estaba a punto de explotar. No podía ser que las cosas siguieran empeorando. Al menos estaba demasiado lejos de Freezer como para informarle cualquier cosa, era lo único que agradecía en este momento.

Mientras tanto Ginn continuó acostada en el suelo de la fría nave. Era una guerrera poderosa capaz de resistir un trato así violento, no sería la primera vez. Tan solo esperaba que llegaran pronto a salvarla, porque con el collar que cancelaba su energía no sabía cuánto más podría soportar. Se concentró en algún recuerdo agradable con Raditz para distraerse del dolor, pero no perduró mucho, pues pronto perdería el conocimiento por la pérdida de sangre y el trato salvaje al que había sido expuesta.


(...)


Vegeta salió de la ducha seco y con su traje ajustado azul puesto. Aún quedaban algunas horas de viaje, pero ya se estaba alistando en caso de cualquier imprevisto. En cuanto su cabello estuvo seco y ordenado sin ningún mechón rebelde que se le fuera a los ojos, se calzó las botas y los guantes. Ya solo faltaba la armadura que se encontraba en la mesa junto con las cosas de trabajo de Bulma. Ahí estaba el radar, casi terminado, más las herramientas, cables y componentes electrónicos a los que le había quitado piezas para la construcción del radar. Entre tantas cosas que había en la caja de herramientas, algo en particular llamó su atención: un par de guantes blancos suyos, de los mismos que llevaba puestos en este momento. El asunto no hubiera pasado a mayores, de no ser que al tocarlos sintió que había algo ajeno. Le echó un vistazo con mayor detenimiento y no tardó en notar el componente extraño en su interior, en ambos guantes. Bulma había estado trabajando en ellos.

Salió del cuarto con los guantes en dirección a la sala de reuniones que Bulma había usado como laboratorio. No quiso sacar conclusiones por adelantado, por lo que no pensó en nada durante el trayecto al cuarto. En cuanto llegó, buscó entre el par de bolsos llenos de materiales y herramientas extras demasiado grandes para llevar en su caja pequeña de herramientas. No tardó en encontrar más guantes, de todos los tamaños, pertenecientes a todos los saiyajin de la nave, incluso estaban los que solía usar Raditz sin dedos y los de Ginn, mucho más ajustados que los del resto. En una rápida inspección comprobó que todos habían sido intervenidos, y entre ellos había un pequeño control remoto. Solo tuvo que ponerse un guante y luego apretar el botón para sentir su energía bajar

No supo qué sintió en ese momento: una mezcla de ira y confusión que lo hicieron buscar enseguida el ki de la mujer. La encontró en la sala de control, y no tardó en dirigir sus pasos hacia allá, mientras recordaba lo interesada que estaba por hablar sobre las esferas con el niño y cientos de cosas más que tenían sentido si se ponía a analizarlas con este descubrimiento. Había bajado tanto la guardia durante este viaje por estar rodeado de gente de su pasado, además de esta mujer que se le metió en la cabeza, que había estado particularmente distraído y confiado, poco común en él.

Al llegar a la sala de control, encontró a Bulma en el asiento del piloto revisando su computador, se le veía concentrada en su trabajo. No lo pensó, simplemente abrió la boca y explotó.

—La esfera —dijo en voz alta

La joven se volteó al escucharlo, tomándola por sorpresa su actitud.

—¿Qué pasa con la esfera?

—La esfera que te di —dijo intentando controlarse, pero le era difícil—. Dónde está —exigió saber.

Sin entender mucho, Bulma sacó la cápsula del bolsillo de la camisa y se la mostró.

—Aquí está —respondió mirándolo—. ¿Qué es lo que pasa? —De un segundo a otro su palma se encontraba vacía. Vegeta había usado su super velocidad para arrebatarle la cápsula sin que su ojo inexperto fuera capaz de percatarse hasta que ya fue demasiado tarde—. Dime qué pasa, no entiendo.

—¿No entiendes? —Tiró el par de guantes al suelo, junto a los pies de Bulma que guardó silencio al verse descubierta—. ¿No vas a decir nada? Ahora entiendes muy bien lo que pasa. ¿Siempre quisiste robarme el deseo o se te ocurrió cuando ya llevábamos un tiempo viajando? ¿Por eso cogiste conmigo?

—Fue antes de salir de Vegetasei —dijo, con intenciones de responder cada pregunta—. En ese momento no éramos nada, y además ya no pensaba seguir con mi plan, había dejado la idea de quedarme con el deseo… El que estemos juntos no tiene que ver con...

—No sigas hablando. No quiero más mentiras —dijo harto, resistiendo las ganas de hacer explotar una de las paredes. Jamás había tenido un problema así porque nunca bajaba las barreras para dejar entrar a alguien y confiar, y por eso se sentía estúpido y furioso consigo mismo.

—Déjame explicar. —Se puso de pie, e inconscientemente él retrocedió unos pasos.

—No —dijo tajante—. No te creo, no confío en ti. Vas a quedarte encerrada en la nave cuando lleguemos al planeta, y si intentas salir te irá peor que la vez anterior.

—No puedes hacerme eso —exclamó molesta. Necesitaba hablarle, aclarar las cosas, pero él se había cerrado por completo.

—Ponme a prueba y ya verás —dijo amenazante y se marchó del lugar con la cápsula en su mano.

Bulma se quedó en su lugar, aún golpeada con lo sucedido y maldiciéndose por haber sido tan descuidada.


(...)


Rato después los cuatro guerreros se encontraban en la sala de control. Bulma era la única ausente luego de la discusión que había tenido con Vegeta, que esperaba que hubiera entrado en razón y se hiciera a un lado lo que quedara de misión, pero francamente lo encontraba difícil, estaba seguro que más pronto que tarde aparecería con alguna mentira en la que no estaba dispuesto a caer. Vegeta era el único al que Dende no había sanado, el resto no había recuperado su poder, pero al menos ya no tenían heridas graves.

Mientras Broly y Raditz conversaban cerca del panel de control, Vegeta se fue a sentar junto a Tarble. No tuvo intenciones de decorar lo que tenía que decir, por lo que fue directo al grano.

—¿Sabías lo que estaba haciendo Bulma?

—¿De qué hablas? —Fingió no saber nada y a la vez tuvo que ocultar la cara de asombro, no se esperaba que le dijera algo así.

Vegeta se aseguró que Broly y Raditz estuvieran concentrados en lo suyo antes de responder. No quería que nadie más escuchara.

—Pretendía quedarse con el deseo. Iba a robar las esferas —dijo intentando sonar lo más frío posible.

—¿Cómo...? —Tarble pretendía preguntar cómo era que se había enterado de todo, no creía que Bulma, en un arrebato de honestidad, le hubiera contado, pero no terminó la pregunta y Vegeta lo interpretó de otra forma.

—Encontré un par de guantes de los que usamos. Estaba trabajando en ellos, en todos nuestros guantes para dejarnos sin energía en algún momento, para quedarse con las esferas.

—Los guantes —dijo pensativo. ¿Cómo era posible que Vegeta descubriera los guantes? Miró de reojo a Broly y cuando sus miradas se encontraron por un segundo supo que había sido él quien los había dejado para que Vegeta los encontrara. Regresó enseguida su atención a su hermano—. ¿Qué piensas hacer?

—Por ahora nada. No quiero que se enteren de lo que estaba haciendo, ya todo está muy tenso y si saben lo que planeaba podría terminar todo peor —dijo pensativo, molesto, mirando a la nada—. Depende de lo que diga el dragón, veré qué haré para acabar con Freezer, pero lo más seguro es que regrese con él para enfrentarlo. Me iré lejos y no volveré a este maldito lado de la galaxia.

—Ya veo —comentó. Pese a que pretendía quedarse con el deseo de su hermano, sintió lástima al saber que no volvería a verlo. Pero Kyle estaba primero, siempre sería ella. Quizás si Vegeta no se hubiera marchado hubieran podido tener otro tipo de relación, o también podría haber sido mucho peor de lo que ya era. Aunque ya después de tantos años no valía la pena especular. Al menos pudieron volver a verse y convivir un tiempo con altos y bajos.

—Como sea —comentó Vegeta queriendo no darle tanta importancia al asunto. Dejó sobre la mesa la cápsula que contenía la esfera—. Guárdala. No vaya a ser que no me de cuenta y Bulma me la quite. Ya he caído demasiado con ella, no me extrañaría volver a hacerlo —comentó sintiéndose avergonzado de su poca fuerza de voluntad cuando estaba con ella.

Tarble tomó la cápsula y la contempló. No tuvo que girar a mirar a Broly para saber que lo estaba mirando. Realmente no esperaba que esto sucediera, no de esta manera, pero ya tenían cuatro esferas en su poder. Solo faltaban tres.

—Vegeta —comenzó Tarble, pero el hombre lo interrumpió ya con otra actitud más relajada, engañándose a sí mismo para no darle más importancia al tema.

—Olvídalo. No vas a hablar bien de ella, ya no tiene caso. Concentrémonos ahora en encontrar las malditas esferas y terminar esto de una vez por todas.

—Todo esto es sobre las esferas, Ginn se puede ir al demonio —dijo Raditz que escuchó el último comentario de Vegeta y se le acercó para encararlo. Ya no podía estar más aburrido con el tema de las esferas y el deseo. Broly fue detrás de él para evitar que esto se agravara.

—No perdamos el tiempo con esto —respondió Vegeta, ya no tan comprensivo como ayer. Estaba de mal humor y cuando eso pasaba no era agradable.

—Vegeta —Tarble llamó a su hermano con calma para que no siguiera. Los ánimos estaban demasiado caldeados para comenzar una discusión, pero Vegeta no le hizo caso y continuó.

—Nadie hizo este viaje obligado, todos sabían qué podría pasar —dijo cruzado de brazos, sin interés en mirar a Raditz que estaba de pie muy cerca.

—Ginn estúpidamente cree en ti, y tú no estás ni un poco interesado en ella. Sigues siendo el mismo cabrón hijo de puta de siempre, solo que ahora tienes una historia triste y cicatrices para que se conmuevan y vuelvan a caer contigo los mismos estúpidos que te seguían cuando adolescente.

—Sea como sea —dijo Vegeta mirándolo—, seré todo lo que dices, pero jamás me hubieran arrebatado a Ginn si hubiera estado conmigo.

Raditz se movió con intenciones de agredirlo, pero Broly se apresuró en tomarlo del brazo y hacerlo hacia atrás para evitar que se fueran a los golpes.

—Solo por una vez, Vegeta, cierra el hocico —dijo Broly harto del saiyajin.

—Van a tener que escucharme —respondió sonriendo y relajado—. Soy quien conoce a quienes nos estamos enfrentando, les guste o no tienen que escucharme.

Broly sonrió ante su respuesta y atacó de regreso con su típica aparente serenidad.

—Tú no estás a cargo, Vegeta. La última vez que supe que estuviste a cargo hiciste que decapitaran a tu madre. ¿Ahora será Ginn?

La silla de Vegeta cayó hacia atrás cuando se puso de pie directo hacia Broly para atacarlo. El guerrero no se movió de su lugar dispuesto a recibirlo, pero Tarble alcanzó a levantarse y ponerse entre los dos, tomando a su hermano de una muñeca y apoyando la palma en su pecho, frenándolo.

—¡Suéltame! —exclamó Vegeta a Tarble. Le iba a romper la cara a Broly por lo que había dicho—. ¡Tarble, suéltame!

—No, Vegeta. ¡No! —Lo apretó con más fuerza y contuvo para que no se liberara, lo cual era difícil.

—Tú también quieres esto y aún así te escondes detrás de mi hermano —dijo a Broly que continuaba con aspecto tranquilo, lo que lo molestó mucho más.

—No vamos a gastar el poder que nos queda en pelear entre nosotros —dijo Tarble empleando más fuerza—. ¡Vegeta! —Logró que su hermano lo mirara y dejara de forcejear.

—Tu esposo te salvó esta vez —dijo Vegeta a Broly, y se soltó de Tarble, alejándose del resto, tenso, arreglando sus guantes.

—Ahora lo único que importa es Ginn, Raditz. Todos en esta nave lo tenemos muy claro —dijo Tarble intentando calmar el ambiente.

—Sí, claro, lo único que importa —dijo Raditz molesto y salió del lugar.

Tarble notó a Vegeta aún alterado por las palabras de Broly, por lo que optó por irse para sacar al guerrero y no arriesgarse a que estallara otra discusión.


Diez años atrás


¿Hablas en serio? —preguntó el joven en un hilo de voz.

Sí —respondió Ginn incapaz de mirarlo. Esto ya era demasiado difícil, pero tenía que hacerlo.

Los jóvenes estaban sentados junto a la mesa de la cocina de la casa de Raditz, y el silencio se apoderó del lugar. Luego de varios meses de estar juntos y supuestamente bien, Ginn había decidido ponerle fin a la relación

¿Qué fue lo que hice mal? —preguntó temeroso de la respuesta.

No hiciste nada mal —se apresuró en decir, y se sintió una basura al verlo con los ojos llorosos—. Es que siento que todo va muy rápido, y no sé qué hacer.

Había estado todo bien entre ellos, espectacular. Ginn jamás se había sentido tan querida y bien atendida. Raditz era tierno y amable, completamente diferente a todos los otros tipos con los que había tenido algo, ni hablar si lo comparaba con el príncipe Vegeta que la trató tan mal. Para los jóvenes de su edad era casi costumbre ser así, (o por lo menos con los que había estado), ya que todos estaban preocupados en ser buenos guerreros y un saiyajin digno no mostraba emociones, cosa que la mayoría llevaba al extremo. En cambio Raditz era tan diferente, y eso terminó por asustarla, no sabía si podía seguir su intensidad, retribuirle de la misma forma, lo que terminaría dañándolo demasiado, perdiéndolo para siempre, y no quería eso.

¿Entonces qué pasó?

No puedo seguir así. Es demasiada responsabilidad.

¿Es porque dije que te amaba? —Quiso decir más, pero su voz se quebró y cayeron varias lágrimas.

Perdóname, no quiero hacerte sufrir. —Se odiaba porque ya lo estaba haciendo y le partía el corazón, pero en su ignorancia emocional debido a su edad y su pésima relación con su padre, creía que era lo mejor que podía hacer—. Pero soy yo la que no puede comprometerse como esperas.

Puede ser solo sexo —dijo desesperado para que se quedara a su lado. Estaba tan enamorado pese a llevar solo unos meses juntos—. Yo también puedo hacer eso.

Sabes que no puedes, y yo no quiero lastimarte más. —Ahora sus ojos se habían llenado de lágrimas al verlo tan triste.

¿No puedo hacer nada para que cambies de opinión? Puedo esperarte el tiempo que sea.

Ginn negó con la cabeza, decidida.

No, no hagas eso, no es justo para ti.

Raditz se limpió los ojos y se obligó a calmarse antes de volver a hablar.

Puedes volver acá cuando quieras, cuando pelees con tu papá o si quieres hablar… para lo que quieras. Esta siempre será tu casa.

La joven asintió con la cabeza.

Nuevamente se mantuvieron en silencio hasta que Ginn se puso de pie y se marchó de la casa. Pasarían varios meses antes de volver a verse y se acercaran como amigos.


(...)


Aunque quedaban algunas horas para llegar a destino, Raditz ya estaba en el hangar, instalado en la nave en que se adentrarían en el planeta. Se había puesto el traje ajustado color negro, sin la parte de arriba. Su armadura café con negro, al igual que las botas y los guantes sin dedos, además de su scouter de pantalla verde y había amarrado su cabello.

Mientras esperaba, no pudo evitar recordar aquella vez que Ginn terminó con él cuando eran tan jóvenes. En ese momento le ofreció solo tener sexo para no perderla, pero los dos sabían que algo así sería imposible, al menos con ella, ya que el tiempo que estuvieron separados y luego solo como amigos, estuvo con otras guerreras y jóvenes saiyajin sin nivel de pelea, y lo pasó bien, pero era a Ginn a quien amaba y nunca dejaría de hacerlo. Lo supo enseguida la primera vez que hablaron por scouter por horas porque a ninguno de los dos disfrutaba el sueño inducido durante los viajes largos.

Ahora no podía dejar de sentirse pesimista al respecto, pero se reprendió y obligó a dejar los malos pensamientos de lado y actuar más como Ginn, que pese a que todo se estuviera derrumbando, era capaz de mantenerse animada y con ese humor tan especial que la caracterizaba. Tenía que estar enfocado en encontrarla en cuanto pisaran el planeta, ponerla a salvo y luego mataría a todos y cada uno de los tripulantes de la nave de Zarbon. No era un hombre que disfrutara asesinar, y es por eso que jamás prosperó como guerrero de misiones, pero en esta ocasión se esforzaría por matar a todos y estaba seguro que se deleitaría al manchar sus manos con la sangre del enemigo.


(...)


Bulma encendió un cigarro antes de volver a centrar su atención en el radar que acababa de terminar y ahora solo quedaba ajustar los últimos detalles antes de cerrarlo definitivamente. Pese a la discusión con Vegeta, tenía determinado viajar con todos en busca de la última esfera, y esperaba que todo se calmara un poco luego de recuperar a Ginn para aclarar las cosas con él.

La joven ya estaba con el traje ajustado azul de cuello en "v", armadura sin hombreras del mismo color que la de Vegeta, más botas y guantes. También había tomado su cabello en una cola ajustada para que no le molestara en caso de que tuviese que correr. El scouter de pantalla color naranjo estaba por el momento sobre la mesa y se lo pondría más tarde, pero su estuche con cápsulas ya lo tenía listo y ajustado a su brazo izquierdo. Estaba tan concentrada en su trabajo, que no se dio cuenta que Tarble había entrado solo hasta cuando ya estuvo muy cerca.

—Ya casi termino —dijo sin dejar de mirar el radar—. Lo hice a contra reloj, pero estoy segura que es igual de preciso.

—Sí que eres hábil —comentó el joven, de pie, detrás de ella, viéndola trabajar. Con la delicadeza que le caracterizaba, le quitó el cabello del hombro y apoyó la mano en él. Pese a que había sido Broly quien había puesto los guantes para que Vegeta los encontrara, no podía evitar sentirse culpable.

—Es como armar rompecabezas. Mientras más veces lo haces, más fácil es, y los primeros dos meses de viaje no dormía con tu hermano, así que tenía mucho tiempo libre desarmando y volviendo a armar el radar.

—Es peligroso que vayas con nosotros —dijo al prestar atención a su traje saiyajin. Había ido a verla en caso de que quisiera contarle lo que había pasado con su hermano, pero al parecer no se sentía con deseos de discutirlo.

—Si me quedo en la nave igual correré peligro. Además, mañana podría terminar todo y no pasé tantos meses de mi vida viajando para no ver qué sucede al final. Nunca he sido de las que se queda escondida por muy peligroso que sea allá afuera. —Por un momento pensó en decirle lo ocurrido con Vegeta, pero tendría que explicar demasiado y mentir otro poco y no estaba de ánimos para eso. Cuando todo terminara y tuvieran tiempo se sentaría a conversar con Tarble y Vegeta, por separado, pero ahora estaba cansada, y debía enfocarse en lo más importante.

—Te entiendo. Aún así tengo que insistir. ¿Hay algo que pueda hacer o decir para que te quedes en la nave? Ya viste en el estado en que llegué, de no ser por Dende, Broly hubiera muerto, y ni hablar de lo que pasó con Ginn. Así de mal estuvo todo.

—Lo sé, pero te aseguro que no me voy a asustar con eso.

—Está bien —dijo resignado—. Tenía que intentarlo. Pero pase lo que pase no te alejes. Nosotros te cuidaremos.

—Lo sé. —Dejó el radar y el destornillador para girarse y mirarlo, a lo que el príncipe respondió sentándose a su lado—. Ya que lo más probable que toda esta aventura termine muy pronto, quiero que sepas que me gustó mucho compartir contigo.

—Jamás pensé que terminaríamos así —respondió Tarble, pensativo, mirando al pasado. Ya era más de un año desde que se conocieron—. Definitivamente este viaje se hizo más llevadero contigo.

—Sí, opino lo mismo —dijo sonriendo, dándole una palmada en la pierna.

Tarble la quedó mirando, sin entender por qué no le decía la verdad. Durante este viaje habían tenido muchas oportunidades de conversar, especialmente el periodo de tiempo que ambos estuvieron distanciados de sus respectivas parejas y compartieron habitación, pero Bulma no parecía querer hacerlo, y él personalmente tampoco había hecho nada para que se diera la conversación que tanto necesitaban tener. Hace mucho tiempo que la consideraba su amiga, y lo que sentía por ella era real, pero ahí estaban los dos engañándose, guardando secretos mutuamente pese a esa relación de afecto que nació mientras fingían para acercarse al otro.

—Bulma, tenemos que hablar —dijo finalmente. Tal vez no era el mejor momento, pero ya no tenía ganas de seguir así con ella.

—Vaya —exclamó la joven bromeando—. Por tu tono de voz siento que vas a terminar conmigo o me vas a reprender por algo.

—No, no es nada así... La verdad es que no sé por dónde empezar.

—¿Entonces puede esperar? No queda mucho tiempo, necesito terminar el radar, y no tengo cabeza para nada más. —Por un momento pensó que Vegeta le había contado lo sucedido con los guantes, y estaba demasiado estresada para tocar ese tema o cualquier cosa. Definitivamente necesitaba vacaciones, lo cual era curioso, ya que este viaje originalmente lo pensó como vacaciones para descansar de su misión principal. ¿Por qué demonios tenía que ser tan grave para todo? ¿No podía simplemente estar relajada sin meterse en problemas?

—No sé si tengamos tiempo después —dijo el joven.

—Claro que sí. Vamos a salir de esta y vamos a tener mucho tiempo para hablar.

—Aún así, creo que deberíamos… —Se calló cuando escuchó que llamaban a la puerta. La pareja vio a Dende asomado, temeroso y tímido como siempre.

—Tarble —dijo el pequeño, asustado de una negativa por parte del joven que le aseguró lo dejaría ser libre después de tanto tiempo enjaulado y maltratado—. Ya es hora. —Las horas transcurrían y cada vez faltaba menos para llegar a destino, y por nada del mundo quería volver a ver esa gente.

No fue necesario decir más para que Tarble entendiera. Tendría que intentarlo con Bulma luego, ahora tenía una promesa que cumplir.


(...)


Vegeta ya vestía su traje entero azul de cuello alto, con armadura, guantes y botas blancas, listo para cuando llegaran al planeta. También traía puesto su scouter con pantalla roja y se dirigía en busca de Bulma para decirle una vez más que no saldría de la nave. Por un momento no sabía si se trataba solo de una excusa para verla o en realidad era para impedir que se saliera con la suya. Sintió detrás suyo el ki de Broly siguiéndolo a paso rápido, pero no se dio por aludido y continuó, hasta que escuchó su voz.

—Vegeta —dijo el guerrero ya muy cerca de él.

Vegeta se detuvo y volteó.

—¿Qué? ¿Tarble te envió a disculparte por tu exabrupto? —dijo cínico, cruzándose de brazos.

Broly lo ignoró. No tenía tiempo para sus estupideces. También estaba con su traje ajustado negro de saiyajin, la parte de arriba sin mangas, con armadura guantes y botas. Había amarrado su cabello, resaltando las cicatrices de su mejilla y ceja, además la pantalla de su scouter era amarillo, lo que hacía que su mirada luciera más intimidante.

—Tenemos que hablar de lo que va a pasar cuando lleguemos al planeta.

—Habla —dijo sin mucho interés—. Te escucho.


(...)


—¿Entonces en verdad hay una nave para mí? —preguntó Dende a Tarble mientras caminaban por el pasillo camino al hangar.

—Claro que sí —respondió el joven, conmovido por la incredulidad del niño, pero no podía culparlo por no confiar en él ni en nadie después de todo lo que había pasado—. ¿Tienes pensado dónde ir?

—Tengo una idea. Mi planeta está muy lejos de aquí, pero creo poder encontrar más de mi gente por este lado de la galaxia… Espero que aún estén con vida.

—Espero que puedas encontrarlos —dijo mirándolo, con las manos tras su espalda, caminando a paso lento, al ritmo del niño para que no tuviera que apresurarse.

—Y yo que puedas revivir a tu mamá.

—Así será —dijo confiado, y luego agregó en el idioma de Dende—. Reviviré a mi mamá.

—Está bien dicho —comentó el pequeño sonriendo—. Hay unos detalles al final de cada palabra, pero no habrá problema para entender lo que quieres decir.

—Eso es un alivio. Lo último que quiero es que Porunga entienda algo diferente a lo que pretendo pedir.

—Nuestro idioma es difícil de aprender en una sola noche, es mucho lo que lograste.

—Me impuse aprender tantos idiomas como fuese posible porque siempre fue mi punto débil cuando niño, mi hermano siempre fue el hábil en esa materia —dijo antes de darse cuenta con quién estaba hablando—. Lo siento, no quería…

—¿Todos son iguales? —preguntó Dende, ya sin sonreír—. Cuando estaba encerrado en la otra nave los escuché hablar de los saiyajin y la reputación que tenían, especialmente Argon, y creo que ese no es su hombre.

—No todos somos iguales —dijo igual de serio—. Habemos muchos interesados en cambiar el curso de la historia saiyajin, pero somos minoría y tenemos que hacerlo desde las sombras si no queremos morir en el intento… En cuanto a mi hermano, Vegeta se ganó esa reputación, pero eso fue en su adolescencia, ahora es otro, aunque no lo creas, y entiendo que no lo quieras creer.

—Puede que sea verdad lo que me dijo, que si no mataba unos pocos de mi aldea, Freezer iría y los exterminaría a todos, pero me alegra que pronto me iré de aquí y no volveré a verlo. Ni a él ni a ninguno de los hombres de Freezer.

Tarble iba a responder cuando las luces del pasillo comenzaron a parpadear hasta que se apagaron por completo dejando el lugar en penumbras por unos segundos antes que se encendieran las luces rojas de emergencia situadas en el suelo para iluminar los caminos.

—¿Qué pasó? —preguntó Dende asustado, e inmediatamente después la nave entera pareció sufrir un sacudido general, acompañado de un sonido aterrador de fierro doblándose por la presión que terminó provocando que se desactivara la gravedad.

Los dos lograron mantenerse en su lugar sin problema gracias a que podían volar, y Tarble se apresuró en ponerse el scouter en la oreja derecha y activar el canal que conectaba a los otros cuatro aparatos de los guerreros y Bulma para saber qué estaba pasando. Tal como esperaba, escuchó la voz de la mujer y no estaba calmada.

¡La nave no responde, se va en picada contra el planeta!

—¡¿Qué dices?! ¡Repite! —pidió Tarble incrédulo.

No funcionan los controles de mando, la nave está muerta y no sé si es la gravedad del planeta la que la está atrayendo, porque aún estamos lejos, pero la fuerza es demasiada… No hay gravedad, no puedo acceder a…

Otro remezón violento envolvió la nave por completo, haciendo que se ladeara y ahora el suelo quedara como si fuera una pared. Desde donde estaban escucharon el ruido de metal golpeándose con las cosas que quedaron flotando por la falta de gravedad. No podía ser, la nave se iba en picada hacia el planeta.

—¿Qué está pasando? —preguntó Dende al ver el rostro de Tarble, haciendo que su miedo aumentara más, sumado a las luces rojas y los ruidos de la nave como si ésta se estuviera quejando.

El príncipe no respondió, tomó al niño en brazos y voló a toda velocidad por el pasillo que había cambiado de forma, con las puertas que ahora estaban arriba de sus cabezas. Fue de habitación en habitación esquivando las cosas que flotaban y con rayos de energía derribó las puertas que no abrían por culpa de la falla masiva de la nave.


—Pareces que no entiendes a quien nos enfrentamos —dijo Vegeta levantando un poco la voz. Ya no tenía paciencia, y menos con este saiyajin.

—Tú eres el que no ha entendido nada —respondió Broly—. Si seguimos así Ginn terminará muerta.

—Conozco a esa gente, sé tratar con ellos.

—Fuiste uno de ellos —dijo de forma despectiva, lo que provocó que Vegeta sonriera de lado.

—Sí, fui uno de ellos, no lo oculto, y cuando salgamos de esta nave me voy a encargar de ellos. Solo espero que tú, y sea lo que sea que te haga tan inestable, no arruinen el plan.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Broly molesto.

—Si no hubiera sido por ti que te dejaste poner el collar y te lo quitaste pese a lo claro que fui, no hubiera tenido que dejar la pelea con Zarbon para ir a ayudar a Tarble que estuvo a punto de morir por estar protegiéndote, cuando eras tú el que supuestamente lo tenía que cuidar, y Ginn estaría con nosotros. No sé si tuvo que ver esa inestabilidad que sentí en tu ki el día que te conocí y que ahora lograste esconder, pero si vuelves a arruinar el… —No terminó el ataque verbal, ya que Broly lo empujó con un golpe de puño en el pecho que lo hizo retroceder unos pasos, haciendo que chocara con el muro. El príncipe sonrió a gusto, había logrado lo que quería con esas palabras especialmente escogidas para fastidiarlo—. Tú lo pediste —dijo haciendo sonar los nudillos, dispuesto a pelear, no importa que fuera en el pasillo de la nave.

Broly fue hacia él, al igual que Vegeta, dispuestos a enfrentarse en el lugar menos conveniente de todos en el momento más inoportuno, pero se detuvieron cuando las luces parpadearon y todo se fue a negro por un corto momento para que el rojo de las luces de emergencia del suelo predominara. Fue cuando la nave se remeció con violencia y se perdió la gravedad que se dieron cuenta que algo muy malo estaba pasando. Vegeta buscó enseguida el ki de Bulma, al igual que Broly buscó el de Tarble y sin volverse a mirar salieron disparados volando en diferentes direcciones, solo segundos después la nave volvió a colapsar, quedando el techo como una pared más.

Los dos guerreros activaron sus scouter justo para escuchar la voz de Bulma intentando explicar lo que sucedía, siendo interrumpida por más ruido de metal colapsado, seguido de su grito. Hubo un poco de interferencia hasta que se escuchó la voz de Raditz.

Estoy en el hangar con la nave. No sé cuánto más pueda mantenerla estabilizada antes de salir de aquí, más les vale que se apresuren.

—Aguarda ahí —dijo Broly—. Voy en camino.

Vegeta y Broly aceleran aún más el vuelo.


Luego de eludir los objetos que flotaban y errar de dirección por la nueva disposición de la nave y la oscuridad de varias habitaciones y pasillos, Tarble finalmente logró llegar al hangar, justo para esquivar una nave que había caído de su lugar de almacenamiento. La nave principal había aumentado la velocidad a la que se dirigía hacia el planeta, haciendo que las cosas que no estaban ancladas se movieran con violencia de un lado a otro, y ya estaba costando respirar al haber aumentado considerablemente la temperatura.

En cuanto encontró la nave esférica que había destinado para Dende se dirigió hacia ella, y luego de comprobar que no había sufrido ningún daño pese a la caída, la activó y abrió la puerta, acomodando al niño en el asiento.

—Las coordenadas —dijo apurado, activando el computador de la nave con una mano mientras que con otra mano la afirmaba desde afuera para que no se moviera como el resto de las cosas que continuaban cayendo y golpeando con todo, provocando más caos del que ya había—. Necesito las coordenadas del planeta —dijo en voz alta para que el niño se concentrara en él en lugar de todo el exterior.

Aterrorizado, Dende no pudo responder, ni siquiera pudo balbucear una palabra coherente, obligando a Tarble a ingresar otra coordenada y terminar de programar todo para que el niño no tuviera que ocuparse de nada.

—En este planeta hay buena gente que te ayudará a llegar dónde quieras. Diles que yo te envié.

—N-no sé manejar una nave —gritó con el corazón acelerado.

—Tranquilo, está todo listo. —Presionó a gran velocidad los últimos botones para que el motor comenzara a funcionar—. Gracias por todo, Dende. Y buen viaje —dijo en el idioma del niño, y sin esperar respuesta cerró la compuerta.

Tomó la nave con ambas manos por sobre su cabeza y se dirigió hacia la compuerta que debía abrirse para recibir la esfera y expulsarla hacia el exterior, pero al ver que no se activaba, la quitó con un golpe de puño y depositó la nave manualmente por el canal, justo cuando el calor abrasador del propulsor se activó, quemándolo en el rostro y los brazos cuando se cubrió la cara con ellos.

La nave logró salir hacia el exterior a gran velocidad, sin verse afectada por lo que estaba ocurriendo en la nave madre. Dende intentó ver lo que ocurría, pero no tenía vista hacia atrás, y pronto su rostro de pánico se relajó por completo cuando la opción de sueño inducido se activó, dejándolo recostado en el amplio y cómodo asiento. Por fin tendría varios días para descansar en paz, y para cuando despertara, habría gente buena y amigable que lo recibiría como se lo merecía una criatura inocente que tan mal lo había pasado.

El calor extremo al que fue expuesto Tarble lo dejó desorientado por unos segundos y no le permitió ver cuando una viga de metal pasó por su lado, golpeándolo en la frente con tal fuerza que lo tiró junto al canal que se llevó la nave. La potente succión alcanzó a atraparlo, haciendo que sus piernas se metieran por el conducto, pero Broly llegó a tiempo para tomarlo de la muñeca, sacándolo de ahí para dirigirse a la nave donde Raditz esperaba. Pese a que Tarble se pudo estabilizar y volar a su lado sin problema, el guerrero no lo soltó.


Cuando Vegeta llegó a la sala de control debió quitar unos fierros gruesos que habían atrapado a Bulma del brazo derecho, impidiéndole el acceso a su estuche de cápsulas que mantenía en el otro brazo.

—¿Estás bien? —preguntó cuando la pudo liberarla de los fierros que fácilmente podrían haberle aplastado la cabeza de haberla golpeado.

—Sí —respondió la joven, aún en shock por todo lo que estaba ocurriendo. Desde la ventana principal vio como el planeta estaba cada vez estaba más cerca, pero no se detuvo a pensar en los motivos de por qué estaba ocurriendo esto cuando la temperatura subía y subía cada vez más hasta el punto que ya no habría aire para respirar.

—Afírmate —dijo Vegeta cuando la tomó de la cintura con fuerza y la atrajo contra su pecho. Se tomó un momento para ubicarse en esta nueva disposición de la nave hasta encontrar dónde estaba el hangar. En cuanto sintió las piernas de la joven aferrarse a su cintura, y los brazos rodear su cuello, apoyó la mano en su cabeza para protegerla, y una vez que supo por dónde debía ir, hizo estallar su ki,

elevándose en línea diagonal, en dirección al hangar de naves, arrasando con el calor de su energía las paredes y todo lo que se pudiera interponer a su paso. Los saiyajin podían soportar y sobrevivir en un ambiente hostil, pero Bulma moriría en cosa de minutos, por lo que tenía que llegar a la nave.

Bulma sintió la presión del vuelo de Vegeta y por un momento pensó que caería, pero las manos firmes de él en su cuerpo la sujetaron todo el tiempo. No podía creer que la nave se estaba destruyendo al paso del guerrero y su poderoso ki. Esa nave que diseñó para hacerla pasar por un crucero de guerra para ayudar a tanta gente ahora estaba siendo reducida a escombros en medio del espacio.

Vegeta atravesó muros y techos de la nave que los cobijó por largo tiempo, hasta que logró llegar a su destino justo a tiempo, encontrando a Broly y Tarble recién ingresando a la nave pequeña que Raditz luchaba por mantener estable sin que se golpeara con los objetos que se azotaban por el lugar. Había sido una suerte que el espacioso hangar se encontrara casi vacío de naves, de lo contrario otra hubiera sido su suerte. Se apresuró un poco más y cuando ya estuvo en su interior con Bulma a salvo, Raditz activó el cierre de puertas para salir del lugar.

Tarble y Broly se sentaron en el suelo en la parte trasera. El joven príncipe tenía la frente lastimada a causa del golpe, el rostro con quemaduras y el cabello un tanto chamuscado, pero nada de consideración, pese a eso, el guerrero lo tomó del mentón para que lo mirara y revisar su rostro, a lo que Tarble guardó silencio permitiéndolo. Los dos, al igual que todos al interior de la nave, se veían sorprendidos e incrédulos ante lo que estaba ocurriendo.

—¿Estás bien? —Volvió a preguntar Vegeta a Bulma una vez que la sentó en el último asiento y se puso a su lado para revisarla. Tenía un corte en la frente que le había hecho salir mucha sangre y no podía mover bien el brazo derecho a causa del dolor, pero afortunadamente el traje especial de saiyajin la había protegido de algo peor.

—Sí, solo es dolor —dijo Bulma con voz temblorosa y tiritando. No podía creer lo que acababa de vivir, ella que había pensado que lo más aterrador de su vida ya lo había experimentado durante su adolescencia. Recién estaba logrando salir del shock, para darse cuenta que Vegeta le estaba moviendo el cuello con cuidado, comprobando que no tuviera ninguna herida seria además de las que se podían ver—. Creeme, estoy bien —susurró, y le tomó una mano para detenerlo, pero no lo soltó—. Gracias por irme a buscar.

Vegeta no respondió, pero le acarició la mejilla, a lo que ella no resistió y lo abrazó con fuerza hasta que sintió el miedo abandonar su cuerpo. Inconscientemente la estrechó con un brazo, rendido a lo que le hacía sentir y era tan nuevo e incómodo y agradable a la vez.

—Necesito ayuda —dijo Raditz ocupado maniobrando la máquina que ya había abandonado la nave mayor y vibraba levemente—. No está respondiendo bien.

Bulma soltó a Vegeta y se apresuró en ir hacia adelante a sentarse en el asiento del copiloto para ayudarlo a pilotar.

—No sé qué pasó con la nave, pero algo hizo que sus motores se apagaran, que todo el sistema colapsara al mismo tiempo —comentó la joven.

—¿Habrá sido Zarbon? —preguntó Raditz sin mirarla, atento a los comandos, al igual que ella.

—No lo creo. Sea lo que sea que es, fue lo bastante poderoso para apagar nuestra nave y atraerla hacia el planeta, no fue a causa de la gravedad, de eso estoy segura. Debe ser algo del mismo planeta y no me extrañaría que pasara lo mismo con la nave de los hombres de Freezer.

—Maldición —murmuró Raditz, más preocupado por Ginn que antes. Si la nave de Zarbon también había sido derribada de esa forma tan inesperada y violenta, ¿cuál era la posibilidad de que hubieran sobrevivido y que Ginn estuviera bien?

—Hey, concéntrate, te necesito atento —dijo Bulma al ver al guerrero perdido en sus pensamientos, haciendo que la nave se volviera más inestable—. Te diré qué apretar y tienes que hacerlo sin dudar.

—Sí —respondió y se obligó a concentrarse en la voz de Bulma que estaba luchando por mantener la nave bajo control e ignorando la bola de fuego que se estaba convirtiendo la nave en la que viajó y vivió tantos intensos momentos.

—¿Qué pasó con el niño? Estaba contigo —preguntó Vegeta mirando hacia atrás a su hermano.

—Alcanzó a escapar —respondió más calmado—. Ya debe estar lejos de aquí.

Vegeta cruzó miradas un segundo con Broly antes de voltearse.

Luego de un par de maniobras en conjunto, Bulma y Raditz lograron estabilizar la nave y continuaron el viaje rumbo al planeta.

—Tenemos que encontrar la nave —dijo Raditz—. ¿Qué pasa si explotó antes que pudieran escapar?

—Las naves de Freezer son las mejores que hay, debe haber resistido lo suficiente para escapar —dijo Vegeta—. Y Zarbon está desesperado por tener de nuevo la aprobación de Freezer. No va a dejar que algo como esto le gane, debe haber evacuado con Ginn porque le sirve para controlarnos.

—Esto le debe haber tomado por sorpresa igual que a nosotros —dijo Raditz en voz alta para que todos escucharan—. Lo más probable es que su ejército haya disminuido, así que tenemos que atacar a matar, enseguida, sin pensarlo. —Volteó para mirar a los guerreros y se dirigió a Tarble mientras Bulma continuó pilotando—. Tarble, necesito que te encargues de Ginn para que podamos pelear.

—Dalo por hecho —dijo el príncipe.

—Necesito que se concentren en pelear con el enemigo, no entre nosotros —dijo ahora mirando a Broly y Vegeta—. Tenemos que recuperar a Ginn viva.

—Sí —respondieron los guerreros al unísono.

—Bien —dijo, y volvió a concentrarse en el comando.


Luego de media hora lograron llegar a su destino al interior del planeta. Era de noche, y no había luces, o estrellas ni lunas que los ayudara a orientarse, pero pronto notaron que se encontraban en una especie de basurero de naves antiguas. Una gran explanada repleta de naves que habían caído al planeta, de diferentes tamaños y por cómo lucía el metal oxidado daba a entender que algunas llevaban décadas abandonadas. El aire se sentía pesado y la neblina espesa hacía arder los ojos y no dejaba ver más allá de unos metros de distancia. Pronto notaron que los scouter no funcionaban bien, y para asombro de todos, ninguno fue capaz de hacer aparecer una simple esfera de energía para iluminar el camino.

—Definitivamente es el planeta el que interfirió con la nave —dijo Bulma contemplando a su alrededor—. Y ahora lo está haciendo con la energía de ustedes.

—Ni siquiera podemos volar —comentó Tarble intentándolo, pero solo se elevó unos centímetros para volver a tocar el suelo.

—Tendremos que caminar —dijo Vegeta.

Los cuatro miraron a Raditz cuando bajó de una torre de naves a la que había escalado para lograr ver sobre la espesa neblina.

—Se ve humo y llamas hacia esa dirección —dijo apuntando detrás de Vegeta—. Ahí deben haber caído lo que quedó de las naves, y si se concentran se pueden sentir varios ki reunidos. Parece haber una ciudad más adelante.

Los guerreros lo intentaron y pese a que costó al principio pudieron captar algunos de forma intermitente. Raditz no quiso aguardar más y corrió hacia el lugar donde sentía los ki. Ya que no tenía energía para volar ni para correr con super velocidad, debió hacerlo como un hombre normal que gozaba de un excelente estado físico. Tarble y Broly fueron detrás de él, corriendo de la misma forma.

—Vamos, sube —dijo Vegeta arrodillado en el suelo para cargar a Bulma en su espalda.

—¿Piensas que no puedo correr?

—Desde que nos conocemos jamás te he visto hacer ni una pizca de ejercicio, no vas a durar ni cinco minutos corriendo, mucho menos con este aire tan contaminado.

Bulma pensó en responder, pero le encontró la razón. Se aferró a su cuello y el hombre la tomó de las piernas para ponerse de pie y correr tras los guerreros.

—Ya no pensaba robar el deseo —dijo la joven contra el oído del hombre.

—Después hablaremos eso, ahora concentrémonos en salir vivos de aquí.

A medida que Vegeta fue avanzando, Bulma pudo contemplar el lugar con mayor detención gracias a que algunas de las luces de las naves estaban encendidas, lo cual no tenía sentido debido al tiempo que llevaban abandonadas, pero al menos sirvió para poder ver mejor, y luego de un rato corriendo, notó que la ciudad que mencionó Raditz se trataba de más naves de diferentes épocas apiladas una sobre la otra, dando la apariencia de edificios. Definitivamente era un trabajo de años para lograr hacer esta metrópolis de naves abandonadas.

—¿Dónde está la gente? —preguntó Bulma—. ¿Si todo esto aparenta ser una ciudad, dónde están los habitantes?

—Ocultos seguramente —respondió Vegeta.

Bulma se aferró más a Vegeta, preocupada de que alguien saliera de entre las calles de las tantas edificaciones de naves.


Diez años atrás


Vamos, apresúrate que ya es tarde —dijo Ginn que iba a paso rápido caminando entre los patios de despegues, mientras que Raditz se iba quedando atrás por estar mirando el lugar, sus naves y toda la gente. Jamás había estado en esta zona, donde los mejores guerreros sin rango de palacio acostumbraban buscar misiones. Era interesante ver las diferencias en armadura, las naves, los scouters y la actitud, ya que ya se había ganado varias miradas de desprecio al identificarlo enseguida como un guerrero de tercera al solo identificar su ropa más simple.

¿Estás segura de esto? —preguntó cuando llegó a su lado y caminaron juntos.

Claro que sí. Necesitamos dinero para poder hacer nuestra propia empresa de misiones, y si trabajamos aquí será más rápido.

Raditz no se sentía a gusto en el lugar, pero no pudo negarse. Llevaban menos de un mes juntos y ya sentía que no podía negarse a nada de lo que ella quisiera. Era tan linda y aguerrida que no entendía por qué estaba con él cuando podría estar con cualquier guerrero destacado.

Cuando llegaron a la sección donde Ginn esperaba conseguir un cupo para la misión, el hombre encargado la quedó mirando. Siempre la primera impresión era minimizarla debido a su baja estatura y contextura delgada, siendo su abundante cabello lo que más resaltaba.

Soy Ginn y él es Raditz, venimos por los cupos para la misión.

El saiyajin alto y gordo encargado de reclutar a los guerreros miró a Raditz y volvió su atención a ella, y su mirada de desprecio cambió totalmente al reconocerla.

Eres Ginn. La hija del general Staw y pareja del príncipe Vegeta —comentó como si eso fuera lo mejor del mundo.

Quien sea mi padre y con quien haya cogido importa un carajo. Fui la guerrera más joven en entrar a un escuadrón de élite, podrías acordarte de eso la próxima vez que me veas —dijo ofendida.

Sí, claro, claro —dijo desinteresado mirando ahora su cuaderno—. Hay un cupo para ti, pero solo para ti.

Ya viste que no vengo sola.

No me importa. No voy a desperdiciar un cupo en un tercera clase.

Ginn, no importa —dijo el joven al verla tan enojada, pero la joven lo ignoró.

Puedes meterte esas clasificaciones por el culo. Mi amigo es un excelente guerrero, y si no encasillaran a cada guerrero tendrían la oportunidad de conseguir buen material para trabajar.

¿Quieres el puesto o no? No tengo tiempo que perder, tengo trabajo que hacer.

No veo a nadie más aquí —insistió la joven.

Ginn —dijo Raditz con calma para que aceptara el cupo, pero la saiyajin estaba empecinada de que fueran los dos.

Si no quieres puedes irte, tengo a mucha gente esperando un cupo para esta misión.

No es lo que parece —respondió levitando para alcanzar a ver la hoja que estaba casi en blanco, sin muchos nombres—. Pero si nos aceptas a los dos vas a poder alardear que la hija del general Straw y ex pareja del príncipe Vegeta va a participar en tu tonta misión… y quizás les pueda dar alguna información del paradero de Vegeta. —Sabía que referirse a Vegeta con tanta familiaridad significaba que estabas en buenas relaciones con el reino, ya que nadie ni de broma se atrevería a mencionarlo así, al menos en el círculo que estaba interesado en ser bien visto por la realeza.

A Raditz le gustó escuchar que Ginn mencionara la palabra «ex » cuando se refirió a su relación con el príncipe.

¿Hablas en serio? —preguntó el hombre.

Fui la última que lo vio antes de que desapareciera...

El hombre intentó parecer desinteresado ante la mirada de Ginn que esperaba por una respuesta, pero al final terminó cediendo.

Está bien. Partiremos en dos días, sean puntuales.

Así será —respondió Ginn sonriendo—. Te aseguro que no te vas a arrepentir. —Se dio la media vuelta y se marchó con el joven—. Te dije que lo íbamos a lograr.

Yo no hice nada.

Pero lo harás cuando tengamos que pelear y lo harás excelente, tienes que pulir algunas cosas, pero son solo detalles que te voy a enseñar. —Le dio una palmada en el trasero y lo tomó del brazo—. No quería ir a una misión tan larga sin ti. Me gusta estar contigo.

Raditz no pudo evitar sonreír como bobo. Se había quedado con eso que le gustaba estar con él y lo de guerrero había pasado a segundo plano. Qué enamorado se sentía de ella, y tan pronto, por lo que debía contenerse, no quería agobiarla con tanta intensidad.


(...)


Ginn abrió los ojos cuando su cuerpo recobró un poco de energía y la hizo despertar. No sabía bien dónde se encontraba, pues había perdido el conocimiento al menos dos veces, pero ya no era la jaula en la que la habían dejado. No se encontraba amarrada ni encadenada, simplemente estaba tirada en el suelo y sin ninguna vigilancia. En algún momento creyó sentir un terremoto, lo cual era imposible al estar en una nave, luego alguien la cargó y al parecer la cambiaron de lugar en medio de un gran alboroto que la hizo pensar por un momento que Raditz y los demás habían invadido la nave para rescatarla. Ahora su alrededor olía diferente, como si estuviera en un patio de despegues cuando todos los motores de las naves estaban encendidos, a punto de partir.

Pudo escuchar voces, ya reconocía la voz de Zarbon y de un par de sus hombres. Estaba furioso, y no dejaba de maldecir y dar instrucciones. De pronto se dio cuenta que había recuperado la agudeza de sus sentidos, y algo de su energía. El collar estaba raro, no funcionaba bien, lo sentía en su piel de a ratos, apretando, lastimándola y luego de unos segundos se volvía a soltar. No desaprovechó esta oportunidad, esperó el momento adecuado y cuando lo sintió desactivado se lo quitó de un solo tirón, causándose varios cortes en los dedos y que las heridas en su cuello sangraran más, pero ese dolor no era nada comparado con el profundo y gran corte de la mejilla hasta la comisura, que la obligaba a mantener la boca cerrada para que el corte no creciera más.

Se puso de pie y en cuanto salió de la habitación notó que ya no estaba dentro de la gigantesca nave, sino una de mucho menor tamaño. No había nadie resguardándola, lo que le permitió salir hacia el exterior y rodear la nave para mantenerse oculta de Zarbon y sus hombres. No entendía por qué aún no recuperaba toda su energía, pero al menos tenía suficiente para mantenerse alerta. Miró a su alrededor, sin poder creer lo que veía: una verdadera ciudad de naves en desuso Seguramente ya habían llegado al lugar donde se encontraba la esfera del dragón, pero evidentemente algo había resultado muy mal. Buscó el ki de Raditz y el resto, pero no pudo dar con ellos, por lo que tenía que salir de esto sola. Tomó un fierro para ayudarse a caminar, ya que la poca energía que había regresado no había sido suficiente para sanarla por completo.

—La mitad de ustedes quédense aquí con la saiyajin. Cuando lleguen los simios ataquen a matar, solo es Argon el que debe quedar con vida. Usen a la mujer para distraerlos, pero si da problema mátenla… Ya estoy harto de todos estos simios desagradables —ordenó Zarbon que estaba a punto de sufrir un ataque de histeria ante todo lo que había ocurrido.

Hace solo unos días se sentía confiado de conseguir las esferas y atrapar a Argon para llegar victorioso con Freezer, y ahora su ejército había sido masacrado por los simios saiyajin, había perdido al niño nameku, se vio obligado a desatar su poder oculto que revelaba un rostro horrible, su nave había sido destruida por alguna fuerza desconocida, perdió más de la mitad de los hombres que le quedaban al momento de evacuar la nave, no tenía pleno uso de sus poderes en este horrible planeta y no tenía idea qué había pasado con el inutil Dodoria y si había encontrado la esfera. Al menos tenía dos en su poder además del eficaz radar que le había robado a la mujer saiyajin, así que la buscaría para luego abandonar el planeta y conseguir un ejército más grande y poderoso que lo acompañara en su búsqueda, después de todo con tres esferas, tendría otra oportunidad de toparse con Argon y hacerle pagar. Ahora necesitaba una victoria antes de marcharse... en cuanto al niño nameku, al demonio con él, conseguiría otro.

Avanzó con la treintena de soldados, siguiendo el camino que el radar le indicaba. A veces el aparato se apagaba, pero la esfera se mantenía en su lugar. Esperaba encontrar a Dodoria para que se uniera en la lucha contra los simios y sirviera de algo, ya que no había sido capaz de sacar la esfera de este planeta tan horrible. Estaba furioso y frustrado, acostumbrado a terminar victorioso en cada una de sus empresas de forma simple, y en esta ocasión todo le había salido terriblemente mal.

Ginn pensó que tendría más tiempo para escapar, pero no fue así. No se había alejado tanto de la nave cuando los soldados se dieron cuenta que ya no estaba dónde la habían dejado, y en cosa de segundos la estaban encañonando con sus armas de energía que tampoco funcionaban bien, pero al menos sirvieron para detenerla. Ya que tenía más posibilidades de perder, no les dio en el gusto y atacó al hombre que tenía más cerca. Lo golpeó en el rostro con el fierro, quebrándole la mandíbula. No se detuvo y arremetió contra los otros dos que se le lanzaron encima para frenarla.

Todos estaban en igualdad de condiciones por culpa de lo que estuviera bloqueando sus energías al interior del planeta, pero Ginn se encontraba en pésimas condiciones luego de haber sido torturada por Zarbon. No por eso se dejó amedrentar y pese a que recibió golpes, también lastimó con el fierro a cualquiera que intentó acercársele. Era una guerrera destacada, tanto que si hubiera seguido en los ejércitos de élite, a esta edad ya hubiera conseguido un puesto importante al mando de otros guerreros, pero prefirió algo más, algo mucho mejor. El ser la mejor y más fuerte jamás la llenó como sí el sentirse querida y amada por Raditz, y no lo cambiaría por nada, jamás.

Cayó acostada al suelo cuando dos de las armas se activaron y le dieron de lleno en el abdomen que no estaba siendo protegido por ninguna armadura. El impacto fue tal que quedó tirada sin poder levantarse, sangrando de las múltiples heridas y el dolor aumentó, especialmente en el rostro cuando comenzó a caer lluvia ácida. Quería gritar de dolor, pero no le quedaba fuerza alguna, y el ardor en la mejilla era tal que la iba a volver loca. Levantó un poco la cabeza cuando escuchó el sonido de varias armas activándose al mismo tiempo. Qué suerte la suya. ¿Este era el fin? Siendo una guerrera de élite estaba consciente que la muerte siempre sería algo inminente y la recibía gustosa, como todo guerrero saiyajin, pero la Ginn de ahora lo único que quería era tener más tiempo para estar con Raditz, y ni siquiera sabía si estaba vivo. Dejó caer la cabeza y no pudo evitar sonreír, mientras que unas lágrimas de dolor mezcladas con el agua contaminada de la lluvia corrieron por su sien. El escozor en la mejilla era insoportable y se paralizó por completo cuando escuchó a uno de los soldados dar la orden de disparar. Luego de eso sintió una potente luz hacerse más y más brillante, pero el calor no la alcanzó.

El poder combinado de las armas dieron en los brazos de Raditz que se puso delante de la guerrera, para protegerla con su cuerpo. Los guantes del hombre pudieron soportar los rayos, pero los brazos desnudos se llevaron la peor parte al no tener su energía para protegerlo del calor extremo, provocando severas quemaduras que lo hicieron gritar de dolor, y aún así no se movió del lugar. Para su suerte, las armas volvieron a fallar y todas se apagaron al mismo tiempo, dejando a los soldados sin ventaja alguna.

Los hombres de Zarbon se sintieron intimidados al ver al guerrero de casi dos metros con los brazos quemados, aún de pie y apretando los dientes por tanto dolor. Pensaron que iría tras ellos y se prepararon para la embestida, pero en lugar de atacar se dio vuelta y arrodilló para ver a la mujer. No pudieron disfrutar del alivio ni un segundo, ya que Broly y Tarble llegaron corriendo y se lanzaron a atacar sin contemplación, ya no había espacio para la piedad, habían tocado a uno de los suyos y lo pagarían con la vida. Los dos guerreros atacaron con golpes de puño directo al cuerpo, volviendo a las raíces saiyajin, al más puro y brutal estilo.

—Estás viva —dijo Raditz sonriendo feliz, olvidando por completo su carne quemada. Quiso acariciar su mejilla, pero se detuvo, esa herida lucía muy mal, y la lluvia no estaba ayudando.

Ginn sonrió al verlo, aliviada de que su momento no había llegado aún y podía estar junto a Raditz una vez más.

—Estoy mejor que nunca, no te preocupes —dijo con dificultad. No podía abrir mucho la boca, lo que hacía que costara un poco entenderla—. Más cicatrices para la colección, pero la maldita duele demasiado… Hey, no llores, estoy bien —susurró al verlo derramar lágrimas. Lo hubiera abrazado, pero estaba agotada, y levantar los brazos hubiera significado un esfuerzo tremendo.

Raditz la besó en la frente y en la mejilla izquierda antes de abrazarla. Realmente había pensado que no volvería a verla y había sido horrible. En el momento que llegó Vegeta con Bulma en su espalda, dejó a Ginn y se unió a Broly y Tarble para exterminar de una vez por todas a los últimos hombres de Zarbon.

—Luces terrible —dijo Vegeta de pie. Permaneció en su lugar cuidando a las mujeres, ya que entre los tres guerreros bastaba de sobra para eliminar a los pocos soldados que quedaban. De todas maneras se mantuvo alerta, ya que hasta ahora no había visto ningún habitante del planeta, lo cual no era normal, como tampoco lo era que con tantas naves, no hubiera rastro alguno de los tripulantes sobrevivientes, ni siquiera cadáveres, todo lo que había era metal y más metal.

—Ven acá y dímelo a la cara —respondió la mujer, con su ánimo usual ahora que se sentía a salvo.

—Cállense los dos —dijo Bulma arrodillada junto a Ginn mientras buscaba dentro del botiquín que sacó de una de sus cápsulas—. Esto es serio y ustedes se comportan como si estuvieran conversando en un bar. —Sacó una botella pequeña de spray y le roció en la herida de la mejilla, dejándola de color morado—. Con esto estarás bien hasta que salgamos de aquí.

—Gracias mecánica, pero tendrías que rociarme de pies a cabeza. Zarbon me torturó para saber cosas de tí, Vegeta, pero no pudo sacarme información porque no había mucho que decir. Sí que sabe torturar ese hijo de puta, me duele todo el cuerpo ¿Le enseñaste tú?

—Yo te hubiera hecho hablar con menos —respondió, haciendo sonreír a la guerrera.

Bulma puso los ojos en blanco por aquel horrible humor de saiyajin.


Tarble tomó un pedazo de metal con punta filosa y con este se encargó de eliminar a los soldados con ataques directo al cuello o enterrando en el ojo, hacia el cerebro, mientras que Broly se dedicó a quebrar los cuellos de los soldados que ya estaban agotados, incapaces de seguir atacando. Por su parte Raditz, pese a tener quemaduras graves en ambos brazos, disfrutó de cada brutal golpe de puño que rompió narices y trizó cráneos. Era una verdadera masacre por parte de los tres guerreros saiyajin, que corrieron para atrapar a los que desesperados intentaron escapar.

En cuanto se aseguraron que todos estaban muertos, regresaron con el resto. Raditz volvió a arrodillarse junto a Ginn para revisarla, y la guerrera les contó lo que había logrado escuchar de Zarbon, que ya que el cerdo rosado estaba incomunicable, había ido en busca de la esfera con el radar que le habían quitado y un grupo similar de soldados.

—El radar que tanto me esforcé por terminar en un día quedó en la nave —dijo Bulma haciendo una mueca.

—Simplemente tenemos que seguir el ki de Zarbon y encontraremos las esferas —dijo Tarble, y se quitó la armadura para pasársela a Raditz, ya que de los cuatro guerreros, era la más pequeña y la que mejor le quedaría a Ginn.

—Gracias —dijo el hombre. Sentó a Ginn para ponerle la armadura, con cuidado de no tocar su mejilla.

—Lo siento —dijo Vegeta luego de un momento concentrado en la energía de Zarbon—. No está muy lejos de aquí.

—Vamos todos juntos —dijo Raditz de pie, con Ginn en sus brazos—. No podemos volver a separarnos.

—Cuando haya que pelear me alejaré con Ginn y Bulma —comentó Tarble.

—Cuánto has crecido —dijo Ginn al príncipe—. Yo que te cuidaba para que Vegeta no te golpeara y ahora tú me vas a proteger.

Tarble solo se limitó a sonreírle y Bulma volvió a poner los ojos en blanco. Ya llevaba demasiado tiempo conviviendo con los saiyajin para saber qué era broma y que no, y sea como sea, siempre era todo tan brutal y salvaje.

—Bueno, vamos. Terminemos con esto de una vez por todas —dijo Vegeta arrodillado, esperando a Bulma.

Raditz corrió con Ginn en sus brazos, seguido de Vegeta con Bulma abrazándolo del cuello. Solo Broly y Tarble se quedaron en el lugar.

—Es posible que hoy… —dijo Tarble, incapaz de seguir. Ni siquiera podía terminar la idea. Tenía miedo de fallar y que todo quedara en un simple anhelo

Broly sacó del interior de uno de sus guantes la cápsula que contenía las cuatro esferas. Tomó la mano del príncipe y la dejó en su palma.

—Hoy volverás a ver a tu madre —dijo con calma.

—Sí —dijo sonriendo con ojos brillosos, ilusionado. Guardó la cápsula en su guante y se obligó a mantenerse enfocado. Ahora que habían recuperado a Ginn tenían su objetivo claro y había que cumplirlo—. Vamos.

Los hombres corrieron para alcanzar al resto.


Continuará…


Hola, muchas gracias a todos los que llegaron hasta aquí.

He andado preocupada y ocupada por lo que ustedes saben, así que agradezco mucho sus muestras de cariño. Tan solo decir que seguimos animándonos mutuamente y acompañándonos. El mes pasado cumplimos 15 años juntos y sigo enamorada de mi esposo como el primer día. (Si ustedes me conocieran en persona verían que no soy para nada de decir estas cosas, me considero bastante fría, incluso con mis cercanos, pero es a través de la escritura que suelo destaparme y dejo salir muchas emociones que simplemente no puedo a través de las palabras)

Bueno. Sigamos con lo que nos reúne en esta ocasión.

La hermosa canción de este capítulo es para Raditz y Ginn. (no quería olvidar mencionarlo para quienes les gusta esta pareja)

La verdad es que no tengo tiempo para analizar el capítulo, hace solo tres días me faltaba más de la mitad para terminar, pero me dio un ataque de inspiración y pude hacerlo a tiempo para poder actualizar hoy. Ahora solo queda un capítulo para que termine esta segunda parte y es por eso que decidí escribir esta nota de autor, para nuevamente agradecer que me sigan acompañando, y para darles un pequeño regalo por lo fieles que han sido con esta historia que el pasado 2 de Julio cumplió un año de vida y ya tiene más de 400000 palabras.

A continuación les dejo lo que escribí hace ya dos capítulos atrás y no lo había subido:

Ya que el fic cumplirá un año, se está acercando a la mitad de la historia y también a los dos mil rws, me preguntaron si iba a hacer algún concurso para festejar estos tres acontecimientos y al principio no se me ocurrió nada, pero luego se me prendió la ampolleta (no sé si en todos los países conocen ese término). El asunto es que se me ocurrió hacer una pequeña atención a las lectoras que han sido tan fieles y me han acompañado durante todo el trayecto de la historia, y no solo esta, también la primera parte y pensé sortear una escena de algunas de las parejas que aparece en este fic. En un comienzo pensé hacerlo entre las lectoras que tienen cuenta (ya que con las otras sería muy difícil comunicarme), pero hay muchas que no tienen cuenta y siempre comentan, así que para que sea justo se me ocurrió que PARA EL ÚLTIMO CAPÍTULO DE ESTA SEGUNDA PARTE al momento de escribir su rw, pongan el nombre de la pareja que les gustaría que escribiera una escena (dentro del universo de El Legado) y también pueden mencionar el contexto que les gustaría que fuera. En la nota de autor del último capítulo de la segunda parte les daré más información, ahora solo les avisé para que comiencen a pensar qué les gustaría.


Y bien, me despido. Espero que se encuentren muy bien en sus vidas, con sus familias y nos estamos leyendo en el próximo capítulo que es el último de esta parte de la historia. Espero ansiosa sus comentarios.

Un abrazo,

Dev.

19/08/21.