Capítulo dedicado a Anne. Gracias por acompañarme.


El Legado II


Segunda Parte


XXXV

Sal De Ahí, Dragón


How I wish, how I wish you were here

We're just two lost souls swimming in a fish bowl

Year after year

Running over the same old ground

What have we found?

The same old fears

Wish you were here

(Wish you were here / Pink Floyd)


Dos meses atrás


Luego de ser sometidos por los carroñeros, fueron sacados del lugar para meterlos a una nave de transporte. Kakarotto no pudo ver nada por el saco oscuro que le pusieron en la cabeza, pero estaba seguro, por los ruidos de motores y el olor nuevo que lo invadió, que luego de un rato de viaje fueron cambiados a una nave mayor, y para cuando le permitieron ver, no encontró en ningún lado a Bardock ni Kyle. Al menos Gohan permaneció junto a él, incluso luego de que lo metieran a una celda, encadenado de las muñecas, dejándolas separadas y extendidas hacia arriba. No estaba en una posición cómoda, debiendo mantener el equilibrio por culpa de las cadenas que no lo dejaban estar completamente arrodillado. Sabía que habían hecho eso a propósito para agotarlo, pero pese a tener el collar bloqueando su energía, continuaba violento, tirando de las cadenas, intentando romperlas ante la vista de los carroñeros que resguardaban fuera de la jaula.

Gohan se mantuvo detrás de su papá, asustado por todo lo que sucedía, por no saber dónde estaban Kyle y Bardock y sobretodo, al ver a su papá tan alterado, acostumbrado a que siempre estuviese de tan buen ánimo con él y su mamá.

Quédate detrás mío, Gohan —dijo Kakarotto cuando vio llegar a la carroñera de baja estatura.

El niño no respondió, pero se acercó hasta agarrar el rabo de su papá con ambas manos en una forma desesperada e infantil de sentirse protegido.

Kakarotto miró a la mujer carroñera entrar a la celda. Era la misma que había encañonado a su hijo hace solo unas horas. La reconoció por el olor, ya que continuaba con el casco oscuro, al igual que el resto de los hombres y mujeres que logró ver cuando le quitaron el saco de la cabeza. No necesitó observar mucho para darse cuenta que ella era la que daba órdenes, a través del lenguaje corporal, y al ser un saiyajin que sabe de cadena de mando, notó como el resto le ponía atención cuando hablaban a través de los micrófonos incorporados en los cascos.

No te atrevas a tocar a mi hijo —exclamó amenazante cuando la vio pasar de largo rumbo al pequeño. Alterado tiró de las cadenas, desesperado por liberarse y lanzarse sobre la mujer, más aún cuando ya no sintió las manos del niño en su rabo. Ni siquiera podía voltear y mirar lo que sucedía. Gritó más amenazas hacia la mujer y los guardias que se encontraban mirando, evidentemente sorprendidos de la fuerza del saiyajin pese a encontrarse limitado por el collar. Por un momento pensaron que sería capaz de hacer estallar su energía y lograría romper las cadenas de acero reforzado—. ¡Los voy a matar a todos! ¡Atrévanse a lastimarlo y la muerte será más lenta! ¡Gohan! —gritó el nombre de su niño, encolerizado. Necesitaba mirarlo y comprobar que se encontrara bien.

Una vez que la carroñera regresó a su campo de vista, el saiyajin vio que llevaba en su mano el collar que le habían puesto al niño, y segundos después apareció el pequeño frente a él, con algunas marcas en su cuello debido al aparato, pero bien y sonriente.

Estoy bien, papá —dijo, y lo abrazó del cuello, logrando que el hombre se calmara un poco, pero nunca bajando la guardia—. Yo te voy a cuidar, no te preocupes.

Kakarotto intercambió miradas con la mujer antes que saliera de la celda, dejando la puerta abierta. Habló algo con los hombres altos antes de abandonar el lugar, y a los minutos los guardias hicieron lo mismo, dejando a padre e hijo solos.

No salgas de aquí, Gohan —ordenó desconfiado del comportamiento de los carroñeros—. Quédate conmigo.

Sí, papá. Te tengo que cuidar —respondió sin soltarlo.

Kakarotto movió los brazos y piernas para intentar ponerse en una posición menos incómoda. Al menos estaba con su hijo, lo que lo aplacaba


Cuando Bardock recobró el conocimiento le tomó un momento darse cuenta que estaba acostado, aunque aún no entendía por qué todo se movía ni por qué las luces subían y bajaban de intensidad. Casi sin energías se llevó la mano a los ojos para cubrirlos, y de paso se tocó el cuello, aún tenía puesto el maldito collar. Intentó palparse la herida, pero le tomaron la muñeca y lo regresaron al colchón. No era capaz de pensar ni ordenar las ideas dentro de su cabeza por culpa de la fiebre que estaba tomando terreno. En ningún momento fue consciente que la cama en realidad era una camilla, que las luces que parpadeaban eran la iluminación del techo del pasillo que iban dejando atrás y que al menos cinco personas (dos carroñeros de negro y tres hombres vestidos de azul) lo llevaban a toda velocidad a una sala de operación antes que fuera demasiado tarde. Si hubiera podido pensar con claridad, hubiera entendido que de no haber mostrado un comportamiento tan agresivo, ya le hubieran quitado el collar, pero decidieron no arriesgarse y esperar a llegar a destino.


(...)


Luego de correr cerca de media hora y de pasar lo que debían ser los escombros de lo que quedó de la nave de Zarbon, llegaron al edificio más grande de todos, construido con naves tan antiguas que la mayoría de su color era entre anaranjado y rojizo debido a la corrosión, sin embargo las partes estaban tan bien unidas que lucía firme como cualquier otra edificación de una ciudad normal.

—¿Dónde se fue toda la gente? No se siente ki alguno —dijo Ginn que aún se encontraba en brazos de Raditz un poco más repuesta al sentir más energía recorrer su cuerpo.

—Eso no importa —dijo Bulma. Ya había sacado de su cápsula su fusil más poderoso y lo llevaba con la correa sobre su hombro. Sí, se sentía protegida con todos estos guerreros saiyajin, pero también sabía muy bien cuidarse sola.

A medida que se fueron adentrando al solitario y amplio lugar, pudieron contemplar su alrededor, gracias a las tenues luces encendidas que pertenecían a las diferentes naves. Todas de tamaños y tonos distintos, iluminaban algunos sectores y los cientos de cables que recorrían el suelo y las paredes interminables del lugar.

—Es como estar dentro de una computadora —comentó Tarble.

—Tal vez este sea el lugar desde donde atraen a las naves que se acercan al planeta —dijo Bulma luego de arrodillarse para tocar el suelo. Tal como lo pensó, los cables estaban calientes, lo que significaba que estaban conectados a alguna fuente de poder—. Es el edificio más alto del lugar, perfectamente puede funcionar como antena para interceptar las naves.

Avanzaron atentos a cualquier sorpresa, y al momento de entrar a otra habitación mucho más grande que la anterior, los guerreros sintieron de golpe el ki de Zarbon junto con el de sus guerreros, todos elevados y alterados. Evidentemente se estaban enfrentando a alguien, pero no eran capaces de sentir la presencia de fuera lo que fuera que los tenía tan agitados.

—Tarble, quédate aquí, por favor —dijo Raditz luego de bajar a Ginn, que tuvo la suficiente energía para mantenerse de pie—. Y Ginn, no hagas ninguna locura.

—Lo intentaré —respondió intentando no sonreír. Necesitaría mucho más que parte de su energía de regreso para que ese grave corte en la mejilla comenzara a sanar—. Y no dejen a ningún hijo de puta con vida.

—Si necesitas ayudas nos llamas por scouter o elevas tu ki, como sea, pero hazte escuchar —dijo Raditz nuevamente al joven príncipe.

—Sí, lo haré —respondió serio, observando el lugar, buscando posibles escondites. Su vista era privilegiada gracias a su sangre saiyajin, pero la iluminación era pésima, por lo que habían cientos de lugares por los que podían aparecer, especialmente considerando el impresionante alto de las paredes.

—Quédense los tres aquí. No tardaremos —dijo Vegeta, y le echó un vistazo a Bulma que no evadió su mirada. Dependiendo de cómo terminara esto, determinaría lo que sucedería entre ellos.

—Cuídense —murmuró la mecánica, sin dejar de mirar a Vegeta.

Broly y Tarble no se dijeron nada. No fue necesario y solo se miraron, ya sabían muy bien el papel de cada uno en esto.

Los tres guerreros nuevamente corrieron en dirección del ki de Zarbon, adentrándose más en el lugar. Por la baja luz los perdieron de vista pronto, y luego de unos segundos ya no pudieron escuchar el sonido de sus pasos al correr


(...)


Luego de pasar más habitaciones vacías, los guerreros se detuvieron cuando llegaron a lo que parecía una fábrica, para ser más exactos una sección de ensamblaje de naves pequeñas o algún tipo de vehículo individual, donde ocho brazos robotizados trabajaban en cada mesa metálica. A simple vista alcanzaron a contar siete filas con más de cincuenta superficies con sus respectivos brazos robóticos. Desde donde estaban, la mayoría de las mesas se encontraban vacías, y en otras había partes de naves que estaban siendo cuidadosamente desarmadas por estos ágiles brazos que asemejaban los de un pulpo. Más adelante, casi al final de las filas, se veían los brazos trabajando sin parar. Los hombres deberían pasar por ahí para llegar hasta Zarbon.

—¿Qué es este lugar? —preguntó Raditz en voz baja.

—Aquí arman a su gente —dijo Vegeta que iba más adelante y vio mesas manchadas de sangre fresca e incluso extremidades de cuerpos cercenados. No estaba seguro, pero la ropa y armaduras que estaban bajo las mesas, se asemejaban a las que vestían los hombres de Zarbon, pero la baja iluminación y la sangre no le distinguir bien los colores.

—Es por eso que no hay ningún sobreviviente —murmuró Broly, y esquivó uno de los tentáculos que intentó agarrarlo del cuello cuando pasó demasiado cerca de una de las mesas.

Ya pasado la mitad de la larga fila de mesas, vieron los brazos poniendo las partes de naves, alteradas en mesas anteriores, sobre cuerpos desnudos de hombres que Vegeta esta vez sí reconoció como soldados de Zarbon.

—Ya están muertos —dijo Raditz—. ¿De qué sirve esto?

—De alguna manera los hacen volver a levantarse —especuló el príncipe saiyajin.

—Ya vámonos de aquí —dijo Broly acelerando el paso, y los otros hombres lo imitaron, teniendo cuidado de avanzar por el centro del corredor y no acercarse a los tentáculos que reaccionaban intentando atraparlos para llevarlos a la mesa y trabajar con ellos.

Ya cuando pudieron divisar la salida a lo lejos debieron detenerse. En ese lado de la fábrica de personas, los robots habían terminado su trabajo armando y fortaleciendo a los hombres de Dodoria y Zarbon que habían logrado atrapar, además de otras personas que en su mala suerte se habían acercado demasiado al planeta, siendo atraídos, tal como le había pasado al resto. Los tres saiyajin fueron testigos del potente golpe de corriente que devolvió a la vida a lo que alguna vez se compuso de carne y huesos, y que ahora duplicaban su tamaño gracias a todo el metal agregado que reemplazó sus piernas, brazos y órganos de importancia. Ya no tenían ki para sentir, pero no era necesario para saber que no podrían llegar con Zarbon todavía.

Broly debió mirar hacia arriba al robot acorazado que se le acercó. El rostro del hombre con aspecto de horror ante el dolor que sufrió antes de morir, se asomaba en su nuevo pecho metálico. Todo indicaba que estaba muerto, pero era bastante ágil y alcanzó a golpearlo en el pecho antes que el guerrero pudiera retroceder a tiempo, dejando un corte profundo en la armadura que lo protegió de la agresión. Los tentáculos de una mesa lograron agarrarlo con facilidad, subiéndolo a la superficie de metal, listos para cortar sus brazos, pero Raditz lo tomó de la mano y se apresuró a levantarlo, y juntos doblaron las extremidades, dejándolas fuera de funcionamiento. Si tuvieran su energía normal podrían evadir todo esto volando, pero no era así.

Mientras tanto Vegeta ya se estaba enfrentando a uno de los acorazados con algo de dificultad, considerando que también debía evitar los tentáculos. Se hizo de un fierro grueso y con este golpeó a su adversario, sacando provecho a lo angosto del lugar y su lentitud. Los otros saiyajin hicieron lo mismo.


(...)


—Este lugar sí que da escalofríos —dijo Ginn luego de un rato de estar sentada sobre un cable tan grueso que le servía de asiento—. Siento que en cualquier momento va a salir algún bicho feo con tentáculos y cientos de dientes a atacarnos.

—Lo más sensato es que la criatura esté hecha de metal —comentó Tarble de pie, cruzado de brazos, pero siempre atento a su alrededor, mientras que Bulma intentaba abrir algunos de los paneles de la pared, pero estaban muy bien sellados.

—¿No tienes una herramienta en ese estuche mágico tuyo? —preguntó Ginn a Bulma.

—Las iba a guardar antes de llegar al planeta, pero la nave fue arrasada y destruida antes de poder hacerlo —dijo molesta, golpeando la pequeña puerta con la culata del arma una y otra vez—. También perdí mis computadores y toda la ropa que tenía.

—No deberías hacer eso —dijo Tarble—. Estamos en este lugar de paso, no sabemos si eso que golpeas es importante para los habitantes del planeta.

—No voy a romper nada, solo es curiosidad científica. ¿Por qué no me ayudas a abrir la puerta en lugar de mirarme feo?

—Prefiero que no —dijo sin dejar de hacer guardia—. Lo mejor es encontrar la esfera impactando lo menos posible.

—Sí que eres aburrido —dijo Ginn. Se puso de pie y de un solo tirón quitó un pedazo de fierro del suelo para ayudarse a caminar y no apoyar tanto la pierna derecha que tanto le dolía. Se acercó a Bulma y con un par de golpes de puño logró abrir la puerta reforzada para que Bulma pudiera estudiar su interior, la placa y sus circuitos.

—Fascinante —comentó Bulma observando con detenimiento.

—Si tú lo dices —dijo Ginn con la cabeza ladeada, mirando lo mismo que la joven, pero de una manera mucho más simple e inexperta.

Tarble se mantuvo en su lugar con el ceño fruncido y observándolas, pero no dijo nada. Sus hombres sabían de memoria que cada vez que llegaban a un planeta con intenciones pacíficas, debían impactar de la menor manera posible, respetando a la gente y su tierra. Ciertamente Bulma y Ginn no eran sus hombres y aunque les dijera algo, no sería escuchado.

—Es como si estuviera viendo una parte del sistema nervioso de un ser vivo.

—¿En serio? —preguntó Ginn mirando a Bulma y luego el panel—. ¿Eso te lo enseñaron en la escuela de mecánicos?

Bulma no respondió, estiró la mano con la intención de tocar los circuitos y conocer más al respecto, pero en cuanto posó la punta de sus dedos, un golpe de corriente la tiró con violencia hacia atrás, siendo atrapada de la cintura por un brazo de Ginn, que pese a encontrarse débil, tuvo la agilidad suficiente para reaccionar y evitar que se golpeara en el suelo.

—¿Ahora van a dejar de tocar las cosas? —consultó Tarble, pero las mujeres no respondieron, y peor aún, luego de hablar un poco entre las dos, las vio avanzar hacia otra habitación—. ¿Qué están haciendo? —Fue detrás de ellas, no podía dejarlas solas.

—No me digas que no sientes esa energía —dijo Ginn sin detenerse, al igual que Bulma que tomó su fusil con ambas manos, preparada para cualquier imprevisto.

Tarble debió concentrarse un poco mientras caminaban por el pasillo oscuro. Pudo sentir una energía potente, pero rara, como si no perteneciera a un ser vivo, lo cual no tenía sentido.

—Sí, pero vamos a esperar a los demás para…

—¿Dónde quedó el guerrero saiyajin que mató sin piedad a mis captores hace un rato? —preguntó Ginn.

—Está tratando de ser sensato para cuidar a una saiyajin que tiene que afirmarse de un bastón para caminar y a otra mujer que cree que esa arma tan primitiva puede salvarla de sea lo que sea que nos espera al final del pasillo —respondió caminando detrás de ellas.

—Esta arma primitiva ha matado saiyajin castrados —dijo Bulma, y le dio una palmada de desagravio a su fusil por aquel insulto.

—Vegeta ya había hecho la mayor parte del trabajo —comentó Tarble que conocía la historia.

—Como sea. Atravesó el cráneo de un saiyajin, así que puede protegerme. Y también te tenemos a ti.

—Al menos prometan que no van a tocar nada —pidió, pero ninguna le respondió, y no le quedó otra opción que seguirlas, ya que tenía que cuidarlas.


(...)


Cuando el acorazado cayó, luego de que Vegeta le reventara la pierna a golpes de fierro, se subió a su pecho para darle el golpe final, pero cuatro tentáculos lo agarraron de las piernas, tirándolo con fuerza contra el suelo, hacia la mesa. Intentó agarrarse de la pierna dañada del mismo gigante de metal, pero aún estaba activo y con sus puños lo golpeó en la cabeza, lo que le provocó que bajara la guardia varios segundos en que todo se fue a negro. Despertó de dolor estando ya acostado en la mesa con sus extremidades atrapadas y cuando uno de los tentáculos cercenaba su brazo comenzando desde el hombro. Intentó liberarse, pero eran tremendamente fuertes y desde su izquierda vio a dos acorazados más ir hacia él. No pudo hacer estallar su ki, ni lanzar una energía para liberarse. Ya hubiera perdido su brazo de no ser por el traje especial que le estaba poniendo problemas a la sierra del tentáculo.

Raditz se lanzó corriendo, y con el peso de su cuerpo empujó al acorazado que venía primero hacia Vegeta, haciéndolo perder el equilibrio, cayendo de espalda sobre el otro que también se acercaba, mientras que Broly se subió a la mesa donde estaba Vegeta y se arrojó a los tentáculos, golpeándolos en la parte superior hasta romper el grueso protector, exponiendo los cables que arrancó con facilidad pese al golpe de corriente que sintió. Tal como si fuera sangre emanando de una grave herida, un liquido negro salió disparado manchando al guerrero, pero los tentáculos soltaron a Vegeta, que se puso de pie enseguida.

—Tenemos que salir de aquí —exclamó Raditz afirmando su hombro lastimado luego del impacto contra el acorazado. Los tres ya se encontraban bastante lastimados con sus armaduras severamente dañadas—. Necesitamos un lugar más abierto para pelear.

Los guerreros se dedicaron a huir de los robots y esquivar los brazos mecánicos, ahora entendiendo por qué el ki de Zarbon se encontraba tan alterado. En medio de la carrera, tomaron más fierros y debieron trabajar en equipo para ayudar al que era atrapado por los tentáculos y así no ser alcanzados por los acorazados que aún quedaban en pie y estaban empecinados en atraparlos.

Cuando finalmente llegaron a la siguiente habitación (otra parte de la fábrica de habitantes del planeta), encontraron en su mayoría las máquinas destrozadas, al igual que las partes de naves que eran modificadas para adherirlas a los cuerpos de los capturados, pero también estaba Zarbon con los veinte soldados que le quedaban de una dotación de más de cuatrocientos con los que comenzó el viaje en busca de las esferas para Freezer. Lucían igual de dañados que ellos, y también se enfrentaban a los acorazados. El más grande de ellos, un robot de casi tres metros tenía el horrible rostro de Dodoria en su pecho, con la boca abierta y los ojos blancos, sin vida.

Zarbon notó enseguida la llegada de Vegeta con los otros dos simios, pero estaba demasiado ocupado luchando por su vida como para intentar algo contra ellos. Y lo mismo ocurrió con los saiyajin, que deberían encargarse primero de los robots antes de ir con Zarbon. Ninguno con altos niveles de pelea, ni energías, ni capacidad de volar o técnicas rimbombantes. Solo de la forma más primitiva, con puños y lo que sabían de combate cuerpo a cuerpo.


(...)


Las mujeres y Tarble tuvieron que subir varios pisos para llegar hasta el lugar donde sintieron aquel ki tan extraño. Permanecieron ocultos y alerta, sin ingresar a la sala, pero desde su lugar se llevaron una gran sorpresa al ver que lo que emitía esa energía era la última esfera que quedaba por encontrar. Se encontraba conectada con cientos de cables pequeños en el centro de una gran máquina oxidada que llegaba hasta el techo y lo atravesaba con gruesos tubos. La esfera brillaba tanto que lograba iluminar la habitación por completo, e incluso lastimaba los ojos si se miraba directamente. Junto a la máquina que no dejaba de vibrar y emitir calor, se encontraban hombres desnudos con piel de color plateado, incluso sus ojos y cabello, pero luego de observarlos con detenimiento se dieron cuenta que no era carne lo que los cubría, sino que alguna especie de metal fino y moldeable.

—¿Están usando la esfera de combustible? —consultó Ginn cuando volvieron al pasillo para poder susurrar entre los tres.

—La esfera está hecha con magia —respondió Bulma analizando la situación—. Es magia poderosa, y debe estar potenciando este aparato al que está conectado.

—Tenemos que llevarnos la esfera —dijo Tarble.

—Tenemos que acabar con estos hijos de puta que casi nos mataron —dijo Ginn más agresiva.

—No vamos a matar a nadie si no nos atacan —se apresuró a responder Tarble.

—¿Se te olvidó lo que nos hicieron? —le preguntó Ginn mirándolo.

—Claro que no, pero no vamos a asesinar sin preguntar —dijo el príncipe.

—No voy a perder el tiempo con esta discusión —dijo Bulma, que lo único que quería era salir de este horrendo planeta para poder hablar con Vegeta. Tomó el fusil como la experta que era en la materia, e ingresó al salón en busca de la esfera. Ginn también fue detrás de ella y finalmente Tarble, que además de tener que conseguir las esfera, debía cuidarlas, aunque no le facilitaban para nada el trabajo.

Los ocho guardianes de la esfera se pusieron delante de ella en fila en cuanto vieron a los intrusos entrar al lugar. Sus rostros inexpresivos no cambiaron en ningún momento y tampoco se movieron ni hablaron, simplemente le hicieron guardia a su poderosa fuente ilimitada de energía.

—Vamos a hacer esto con rapidez y nadie va a salir herido, ¿está bien? —dijo Ginn a los guardianes, y miró a Tarble para que el joven viera que estaba siendo civilizada, a lo que el joven respondió cruzándose de brazos. Mientras que Bulma apuntaba su arma y ya tenía el dedo puesto en el gatillo—. Solo queremos la esfera y nos largaremos de aquí, así de simple, pero si se oponen tendremos que usar la fuerza, y no creo que quieran enfrentarse a los poderosos saiyajin. —Al ver que no hubo respuesta insistió—. No estamos muy lejos del imperio como para que no sepan quienes son los saiyajin... ¿Siquiera entienden lo que estoy diciendo? —agregó impaciente.

—Es inútil —dijo Bulma sin dejar de apuntar—. No deben de hablar nuestro idioma. Ni siquiera sé si son seres vivos o solo máquinas construidas y controladas por alguien más.

—Está bien —respondió Ginn—. Dales un tiro de advertencia. A que no puedes darle en la rodilla a uno.

—Tan solo mira —respondió la mecánica. No tardó en hacer la mira y disparar, pero el rayo terminó dando en el techo luego de que Tarble tomara el fusil de la punta y lo desviara justo a tiempo, dejando una marca negra en el guante por la poderosa energía.

Pese al disparo, los guardianes continuaron impávidos en su posición.

—Nosotros somos los intrusos en este lugar. No vamos a jugar a dispararles solo porque no sabemos si son seres pensantes o no —dijo el príncipe un tanto molesto.

—Ellos comenzaron —respondió Bulma tampoco del mejor humor—. Ellos derribaron la nave y casi nos matan.

—De todas maneras veníamos a su planeta. Somos los intrusos y el plan es llevarse la esfera, no comenzar una matanza que se puede evitar.

—Lo dice quien hace menos de una hora degollaba y le metía fierros por los ojos a los soldados de Zarbon.

—Ellos tampoco pertenecían a este lugar, y son demasiado peligrosos para dejarlos con vida en cualquier planeta.

Mientras discutían por primera vez en toda su intensa relación de amistad, Ginn sintió un poco más de energía regresar a su cuerpo, por lo que aprovechó la oportunidad y logró hacer aparecer una débil y pequeña esfera de energía que no serviría para nada a la hora de combatir, pero quería salir de la duda y ver si los seres metálicos con cuerpo de hombre eran capaces de sentir o solo eran máquinas controladas, así que la lanzó a la pierna de uno de ellos. En cuanto la energía tocó a uno de los seres, los ocho reaccionaron al mismo tiempo, extendieron sus manos y estas se deformaron y estiraron hasta quedar en punta, como un hoja afilada, similar a una espada.

—Parece que sí sienten, o no les gustó que los atacara —dijo Ginn nerviosa, que fue ignorada por los amigos que continuaban su disputa.

—Y no es que vaya a iniciar una matanza —exclamó Bulma ofendida—. Me conoces, y sabes lo importante que es para mí ayudar a la gente.

—Por eso lo digo —respondió Tarble—. Me extraña este comportamiento en una mujer que pasó tantos años sufriendo en la Tierra.

Bulma pensaba responder, pero se dio cuenta que había algo ahí que no cuadraba, al igual que Tarble que lo notó al momento de decirlo.

—¿Cómo sabes el nombre de mi planeta? Jamás te lo había dicho.

Tarble no respondió. Se odió por lo descuidado que había sido. Él no cometía este tipo de errores torpes, pero la posibilidad de tener a su madre a su lado lo había desconcentrado.

—¡Atentos! —gritó Ginn cuando los seres se lanzaron contra ellos a una velocidad increíble. Alcanzó a agacharse para esquivar los filos, mientras que Tarble tomó a Bulma de la cintura y dio un salto hacia atrás. Gracias a su vista privilegiada, alcanzó a ver en el aire los delicados cabellos celestes que logró cortar uno de los seres.

—¿Ahora podemos atacarlos? —preguntó Bulma aferrada al cuello de Tarble.

—Ahora sí —respondió atento de los ocho guardias. Ginn podía ser más rápida que ellos, pero con su energía limitada y con la pierna en tan mal estado sería presa fácil.

Sin soltar a Bulma, corrió hacia la guerrera, la tomó de la cintura con el brazo libre y la alejó a tiempo del ataque que no hubiera podido esquivar.


(...)


Gracias a que ahora se encontraban en un lugar más espacioso, los saiyajin pudieron enfrentarse a los acorazados con un poco más de ventaja para ellos, a diferencia de los hombres de Zarbon, que al no ser tan experimentados y hábiles, ya solo quedaban unos pocos contra las gigantescas máquinas que los querían para agrandar su ejército. Solo Zarbon había logrado acabar con algunos, y su frustración creció hasta el extremo al darse cuenta que ya era casi imposible cumplir la promesa que le había hecho Freezer. No tenía nave, no tenía ejército, ni esferas, ni siquiera tenía a Dodoria o al niño nameku y mucho menos había capturado a Argon. Qué asco de hombre se había transformado, uno inútil y de aspecto horroroso que no era digno de volver a mirar a la cara al emperador. Lo único que podía hacer antes de morir era asesinar a Argon, y aunque el gran Freezer no se enterara de su devoción, al menos el maldito simio ya no existiría para cuando el tirano espacial decidiera hacer su propia búsqueda de las esferas, porque estaba seguro que eso pasaría tarde o temprano al darse cuenta que había fallado. Ahora solo tenía que deshacerse del acorazado de tres metros que contenía a Dodoria y no lo quería dejar en paz.

En cuanto Vegeta logró quitarle la cabeza a un acorazado, corrió hacia el siguiente para hacer el mismo ataque. Las bestias metálicas no eran tan rápidas, y si se las atacaba por atrás tenía más oportunidad de ganarles sin recibir tantos golpes.

—¡Ataquen a la nuca! —exclamó a Raditz y Broly sin detenerse.

Los dos saiyajin usaron sus cuerpos para empujar y derribar a uno de los más altos, y en cuanto quedó boca abajo lo golpearon con los puños en el cuello y la cabeza hasta trizar la gruesa capa protectora y remover los cables. El aceite oscuro y caliente brotó de la criatura como sangre, manchando todo a su alrededor. Cuando Raditz iba a ir a ayudar a Vegeta para terminar con esto de la manera más rápida posible, Broly lo detuvo tomándolo del brazo y le indicó el acorazado gigante que luchaba contra Zarbon.

—Ese tiene la cápsula con las esferas. La necesito —dijo mientras se limpiaba del rostro el aceite. Raditz observó que además de los poderosos brazos metálicos, también tenía otros dos más pequeños y deformes en la espalda y afirmaba la cápsula que Ginn había tenido encargada .

—¿La necesitas? —dijo Raditz extrañado. No creyó en ningún momento que esa necesidad fuese para ayudar a Vegeta a obtener las esferas, tenía que haber algo más.

—Ayúdame a conseguirla —dijo mirándolo a los ojos.

Raditz miró a su amigo, luego a Zarbon y lo que quedaba de Dodoria dentro del acorazado. Quería acabar con los dos hijos de puta por igual, el resto poco le importaba.

—Vamos —respondió sin cuestionar las intenciones de Broly, y corrieron hacia Zarbon, esquivando los otros contrincantes y cadáveres de soldados y otros que ahora solo eran chatarra.

Zarbon intentó una vez más recuperar la cápsula, pero terminó en el suelo por el golpe que recibió en el rostro, haciendo que el corte en la mejilla sangrara y doliera más. Aún estando tirado, retrocedió esquivando justo a tiempo un ataque de pie que abolló el suelo donde se encontraba un segundo atrás, y antes que pudiera ponerse de pie para esquivar el siguiente, vio a dos simios corriendo hacia el acorazado, y con sus cuerpos lo empujaron, haciéndolo trastabillar, pero sin lograr derribarlo. Los guerreros atacaron en conjunto sin darle mucha importancia. Molesto se puso de pie, dispuesto a atacarlos, pero su atención se dirigió hacia Argon, que peleaba solo. ¡Al demonio! Ya había fracasado en todo, al menos se llevaría al maldito consigo.

Vegeta se lanzó una vez más hacia el acorazado para confundirlo y lograr atacarlo por atrás, pero terminó en el suelo cuando Zarbon se le arrojó encima, dispuesto a eliminarlo para cumplir en algo con todas las promesas hechas a Freezer. Logró golpearlo en el rostro, pero el saiyajin lo empujó y rodó por el suelo, esquivando el ataque del acorazado que continuó en su intento de matarlo pese a que se unió un tercero en la lucha.

—Sí que tienes que estar frustrado —dijo Vegeta sonriendo, y volvió a moverse para no ser golpeado por la criatura—. Todo tu plan se vino abajo, incluso tu novio gordo y rosa se convirtió en una de estas criaturas y te dejó solo.

—¡Te voy a llevar conmigo al infierno, Argon! —exclamó con los ojos inyectados en sangre—. ¡Será el último trabajo que haga para el gran Freezer!

—Ni siquiera es tan grande —respondió Vegeta como si estuviera bromeando con un amigo—. Con suerte me llega al hombro —mencionó apuntándose esa parte del cuerpo con la mano.

Eso provocó que Zarbon gritara encolerizado, haciendo que el corte en la mejilla se abriera más, estaba harto de él y de su maldita lengua. Sin importarle que el acorazado estuviera en su camino, se lanzó sobre Argon.


(...)


Bulma aprovechó que ninguno de los guardianes estaba atenta a ella por estar atacando a los saiyajin, y desde su escondite, le disparó a uno directo en el rostro. Pensó que el rayo lo atravesaría, pero era de material tan duro que solo lo empujó con violencia contra la máquina, haciendo que la esfera se tambaleara. Tarble y Ginn estaban demasiado ocupados como para darse cuenta, pero dos de los guardianes regresaron sus extremidades superiores a la normalidad y corrieron para impedir que la esfera cayera de su podio, al mismo tiempo que Tarble y Ginn sintieron una repentina subida de energía, lo que los ayudó a moverse con rapidez y atacar de regreso.

—¡Es la esfera! —gritó escondida detrás de uno de los enormes y gruesos pilares de metal envueltos con cables—. ¡Tienen que quitar la esfera! —dijo al notar que por unos instantes los guerreros se volvieron más ágiles y fuertes. Volvió a asomarse para disparar directo a la máquina y quitar la esfera de su lugar, pero dos guardias se dieron cuenta de lo que tramaba y fueron hacia ella.

Bulma intentó dispararles, pero su arma no tuvo la energía suficiente para funcionar, y cuando intentó escapar corriendo, Ginn ya estaba a su lado golpeando en la cabeza a uno con un fierro que tomó con ambas manos para emplear toda su fuerza en el ataque. Tarble llegó detrás de la guerrera y lanzó al otro hacia otro lado de la habitación con una patada.

—La esfera, hay que tirarla y van a recuperar su poder —insistió Bulma. Los tres miraron hacia la esfera y vieron a los guardianes preparándose para el próximo ataque en conjunto.

—Con mi pierna tan dañada eres el más rápido de aquí —dijo Ginn a Tarble—. Encárgate tú de tirarla.

—No puedo alejarme de ustedes —dijo. Era el que más lastimado estaba por cederle la armadura a Ginn y tener que encargarse de proteger a las mujeres.

—Olvídate de nosotras —dijo Ginn decidida, y sin aviso tomó a Bulma en brazos—. Soy una guerrera y he estado en situaciones peores, puedo correr y hacer de carnada con la mecánica.

—¡¿Qué?! —preguntó Bulma asustada.

—Encárgate de disparar cuando funcione tu juguete —dijo y corrió justo cuando los guardianes volvieron a lanzarse contra ellos.

Tarble corrió en dirección contraria, pasando entremedio de los pilares, esquivando y golpeando a los guardias que fueron detrás de él intentando detenerlo, mientras que Ginn ignoró el dolor de todo su cuerpo y se concentró solo en correr y esquivar, siendo Bulma la que disparaba cada vez que su arma funcionaba. No se detuvieron hasta que el príncipe estuvo lo suficientemente cerca de la esfera, llamando la atención de todos los guardianes, que dejaron a las mujeres para tirarse sobre él e impedirle tocarla. De pronto Tarble tuvo a los ocho guardianes encima, haciendo que desapareciera en un mar de metal.

Bulma aprovechó la oportunidad y disparó hacia el contenedor de la esfera, rompiéndolo en cientos de pedazos, logrando que cayera de su lugar, pero no completamente al estar unida con cables, pero eso ya fue suficiente para que la máquina no trabajara al cien por ciento, lo que hizo que gran parte de la energía de los saiyajin regresara en el acto.

Tarble solo tuvo que hacer estallar su ki para mandar a volar a los guardianes, estrellándolos contra las paredes y pilares, y de un tirón arrancó los cables de la esfera, liberándola completamente, por fin recuperando toda la energía que había sido bloqueada y provocando que las penumbras volvieran a invadir el cuarto, siendo solo iluminado por las tenues luces de las paredes.

Ginn bajó a Bulma, sintiéndose mucho más respuesta ahora que tenía su poder, y se preparó para acabar con los guardianes.

—No hay necesidad de matarlos —se apresuró en decir Bulma a la guerrera. Con solo verlos se sabía que ya no eran tan fuertes como antes, pues el metal ya no brillaba y ya ninguno tenía sus manos como sables.

—Lo que digas, mecánica, hagamos feliz a Tarble y no matemos a nadie.

—Y no toquen nada más del lugar —advirtió el príncipe dejando la esfera en el suelo. Se encargaría de dejar a todos los guardianes inconsciente antes de salir del lugar para que no los molestaran al salir.


(...)


Broly y Raditz estaban teniendo problemas intentando derribar al acorazado de tres metros, ya que pese a su gran altura y peso, era más ágil en comparación con los otros, además aún quedaban otros robots en pie de los que se tenían que encargar al mismo tiempo, en cuanto a los otros adversarios, ya no quedaba ningún hombre de Freezer en pie. Y a pocos metros de distancia, Vegeta y Zarbon se estaban enfrentando a muerte al mismo tiempo que debían esquivar a las criaturas que intentaban eliminarlos.

Raditz debió alejarse para detener dos acorazados menores que los atacaron por detrás, dificultando las cosas para Broly que de pronto se vio con ambas muñecas atrapadas por esas enormes tenazas metálicas que tenía por manos. Gritó de dolor y por un momento pensó que terminaría con los huesos rotos, pero al sentir un poco más de su energía regresar pudo liberarse y trepar por el metal, hasta la altura de los pequeños brazos. No le quedó otra opción que exponerse para quitarle la cápsula, haciendo que el acorazado lo tomara de la cintura y lo lanzara hasta el otro lado del cuarto, golpeándose en el muro de acero.

Pesé al violento impacto, Broly no sintió dolor alguno, todo lo contrario, su cuerpo se fue llenando de energía hasta que ya casi había vuelto a la normalidad y por la reacción de los otros guerreros, supo que sucedió lo mismo con ellos. No entendía qué estaba pasando, pero mientras ellos recuperaron sus habilidades y poderes, los acorazados experimentaron lo contrario cuando gran parte de los metales que los cubría y protegía, comenzaron a desprenderse de sus cuerpos. Raditz, Vegeta e incluso Zarbon se apresuraron en exterminarlos a todos, y Broly pensaba hacer lo mismo, cuando vio detrás de una pared falsa a un grupo de criaturas robóticas pequeñas y para nada intimidantes, de hecho lucían bastante asustados por todo lo que estaba pasando, podía reconocerlo pese poca expresión en sus rostros.

—No tengan miedo —dijo con calma y en voz baja para que nadie más se diera cuenta que estaban escondidos ahí—. Ya nos iremos de aquí. —Los observó con curiosidad. ¿Serían estos los habitantes originales del planeta? Algunos parecían robots domésticos que vio en algún planeta acompañando a Tarble durante misiones de paz, otros tenían aspecto de hombre, con rostro y labios de metal.

Una de las criaturas pequeñas, con ruedas en lugar de piernas, pareció hablar sin labios, pero Broly no entendió más que interferencia similar a cuando la comunicación entre scouters está fallando. Aunque sí comprendió cuando lo vio acercarse a otro muro e hizo el esfuerzo de correrlo con sus delgados brazos metálicos. El guerrero se acercó sin hacer movimientos bruscos para no asustarlos, y sin problema deslizó la gruesa pared que daba a un pasaje oculto. Todas las criaturas se apresuraron en entrar y escapar por el corredor, la última fue la misma que le habló, y volvió a indicarle con mímica que tenía que correr el muro para cerrarlo. Broly obedeció en silencio, escuchó más interferencia, y asumió que la pequeña criatura expresaba su gratitud.

Cuando fue de regreso al salón, vio a todos los acorazados tirados en el suelo y eliminados, y a Raditz terminando de pisar el rostro de Dodoria, que por un momento parecía que no estaba muerto y solo había despertado de una horrible pesadilla. Sea lo que sea, la bota del saiyajin terminó de desfigurar el rostro hasta que solo quedó una masa deforme de carne y sangre en una cuenca de metal abollada.

—¿La tienes? —preguntó Raditz cuando Broly ya estuvo a su lado.

—Sí —respondió mientras se masajeaba las muñecas. Su poder había regresado, pero el cansancio y el dolor continuaban, al igual que Raditz con sus brazos quemados.

Los dos miraron a Vegeta y Zarbon que por fin se estaban enfrentando solos, sin terceros molestando.

—¿Intervinimos o qué? —preguntó Raditz. Su sed de sangre ya había disminuido considerablemente luego de la pelea y de tener a Ginn de regreso.

—Vegeta podría ganarle en cualquier momento, solo lo está alargando —respondió Broly luego de echar un vistazo a la pelea. No sabía qué tan poderoso era este Zarbon, se suponía que mucho por lo que habían dicho de él, pero después de todo lo que había pasado ya era un cadáver que no había aceptado su destino.

—Sí, tienes razón, vamos con los demás, quiero sacar a Ginn de aquí, necesita atención.

Los hombres abandonaron el lugar.

Zarbon, lanzó a Vegeta hacia otra habitación que también había sido utilizada para ensamblar acorazados, pero ahora todo se encontraba en silencio y quieto. Arrancó uno de los tantos tentáculos de los módulos de trabajo y lo puso alrededor del cuello del saiyajin intentando dejarlo sin respiración.

—Es una lastima que no vayas a vivir para ver lo que hará Freezer con esta parte del universo —exclamó sin dejar de hacer fuerza, mientras Vegeta con el rostro rojo, intentaba liberarse—. ¡Le has dado la excusa perfecta para expandir sus dominios hasta acá, y no va a descansar hasta que todos se sometan a su autoridad!

—¿En serio eso es todo lo que tienes que decir? —dijo cuando logró introducir una mano para darse espacio para respirar—. Freezer planea conquistar la galaxia entera. Qué novedoso. La lagartija no es inmortal, le va a faltar vida para lograr

—Para eso son las esferas. Una vez que tenga la vida eterna ya no habrá nada que lo detenga en su plan de apoderarse de todas las galaxias. Y lo primero que hará será eliminar ese inmundo planeta de simios.

—Así que ese es el deseo que pretende Freezer —dijo Vegeta pensativo, e inmediatamente se liberó del agarre de Zarbon—. Por fin que tu lengua monotemática haya servido de algo.

—¡¿Estabas fingiendo?! —exclamó frustrado. No entendía qué pasaba con él. Su poder había regresado, debería poder matarlo, pero no podía. ¿Acaso se había vuelto más fuerte? Esa era la única explicación que encontraba.

—Pensé que después de tanto tiempo ya te habías dado cuenta de mi manera de trabajar —respondió mientras se arreglaba los guantes—. Después de todo, siempre desconfiaste de mí… Como sea, es una lastima que no estés al lado de tu gran señor cuando caiga.

—Él podría haberte dado todo y tú lo traicionaste ¡¿Por qué?! No creo que te preocupes por los demás. Ví lo que hiciste en los planetas que atacamos, vi de lo que eres capaz.

—Eso no es de tu incumbencia. ¿Ya estás listo para morir? —preguntó sonriendo, haciendo sonar los nudillos.

—Podré morir, pero el gran Freezer… —No terminó la oración. Vegeta ya había atravesado su abdomen de un solo golpe de puño.

—Ya me tienes harto. Ni siquiera en la muerte eres original. —Quitó el puño del abdomen y lo golpeó en el rostro una y otra vez hasta que lo deformó. Lo tiró al suelo y notó que aún estaba con vida, pero era cosa de segundos que muriera—. Freezer jamás va a juntar las esferas —dijo, y luego le escupió sangre en el rostro.


(...)


Cuando Raditz y Broly llegaron a las afueras del monstruoso edificio, encontraron a Ginn, Tarble y Bulma muy diferente a cómo los habían dejado. Raditz corrió hacia Ginn para revisarla de pies a cabeza, haciendo que la guerrera soltara la esfera que traía y rodara hacia los pies de Broly.

—¿Qué estuvieron haciendo? —preguntó Raditz preocupado. Bulma era la que menos mal lucía, pero también tenía algunas heridas nuevas en el rostro.

—Les alivianamos la carga —respondió la guerrera—. Estaban usando la esfera para aumentar su poder, por eso eran tan fuertes.

—Se supone que tenían que esperar por nosotros —dijo preocupado, pero ahora entendiendo por qué de pronto pudieron usar su poder y el de los acorazados disminuyó.

—Tranquilo —respondió Ginn—. Tarble nos cuidó muy bien.

—¿Estás bien? —preguntó Broly a Tarble al verlo tan golpeado y serio. El joven solo afirmó con la cabeza.

—Tantas muertes por esas esferas —dijo Raditz despectivo mirando la esfera que Broly había recogido del suelo y ahora observaba con detenimiento.

—Tuvo sus momentos buenos —comentó Ginn, que pese a tener más energía de regreso, se sentía agotada y adolorida, a punto de desfallecer. No aguantó más y terminó sentada en el suelo, pero Raditz se apresuró a tomarla en brazos.

—Sí, pero por fin terminó —dijo Bulma suspirando, y se sintió aliviada al ver a Vegeta llegar. Tenía el pecho de la armadura destrozada y bañada en sangre, al igual que los brazos, pero se veía bien, y eso era lo importante.

—Aún no termina —dijo Vegeta—. Ya están todas las esferas, hay que llamar al dragón.

Tarble y Broly se miraron. No, aún no terminaba.


Veintitrés años atrás


Koora caminó por el pasillo solitario rumbo al área de palacio destinada para el resguardo de su hijo recién nacido, y en cuanto llegó a destino, se detuvo frente a la puerta sin saber si entrar o regresar. Luego de un embarazo de cuidado que la obligó a mantener reposo, había dado a luz hace solo dos días, y tal como habían vaticinado los doctores, el pequeño príncipe no solo había nacido con bajo nivel de pelea, sino que también bajo peso y demasiado débil incluso para dejarlo en el tanque incubadora para que hiciera su trabajo. Debería pasar varios días en observación de doctores para que lo dieran de alta y poder dejarlo en la incubadora que lo cuidaría hasta que tuviera la edad suficiente para comenzar a entrenar.

Muchos pensaban que lo mejor era que el niño no sobreviviera, después de todo los reyes eran jóvenes y podían tener más hijos. Koora estaba segura que al rey se le debía haber pasado una idea así por la cabeza ante la vergüenza de tener un hijo tan frágil y débil, pero él, la gente de palacio y el maldito planeta entero podían irse al demonio: era su hijo, y lo quería fuese como fuese. Para ella era perfecto.

Ya sin ninguna gota de duda en su ser, entró al cuarto estéril con la personalidad que la gente la conocía (o creía conocerla). Con presencia altiva y seria: la reina de Vegetasei. Todos los doctores detuvieron sus labores para saludarla con una reverencia y continuaron su trabajo, solo uno, el jefe a cargo del príncipe, se le acercó para aclarar cualquier duda que tuvieran.

Su Majestad. No esperábamos tener noticias de usted tan pronto —dijo de forma educada.

Koora ni siquiera lo vio. No existía para ella, nadie en esa habitación más que su pequeño que la necesitaba más que nunca.

¿Cómo se encuentra el príncipe? —preguntó, y se acercó a la incubadora donde Tarble se encontraba conectado a cables y rodeado de máquinas que monitoreaban sus signos vitales, todo tan artificial.

Ha presentado una leve mejoría, pero me temo que va a tomar mucho tiempo antes de cambiarlo al otro tanque.

Es todo tan frío… —susurró para sí al verlo solo con un pañal que le quedaba grande y el resto de la piel al descubierto, pero el hombre la escuchó y respondió.

No tiene de qué preocuparse. La temperatura que tiene en esta incubadora es perfecta para él.

Koora no respondió, preocupada de observar al pequeño.

Ante la vergüenza que lo invadió, Vegeta no tardó en inventar una misión de conquista importante a una serie de planetas de peso para que la gente se centrara en eso y tuviera algo más interesante de qué hablar. Eso significaba que estaría varios meses alejado de Vegetasei, lo que le daba la excusa perfecta para quedarse en el planeta, por el bien de su hijo mayor que aún era muy pequeño y necesitaba ser entrenado a diario. Sabía que no debía, que terminaría perjudicando a Tarble en el futuro, pero no resistía verlo así de pequeño y vulnerable, sabía que lo que tenía para ofrecerle era mil veces mejor que cables, máquinas y doctores que lo veían como un trabajo más.

Desconéctenlo —ordenó.

Los otros doctores que se habían mantenido ajenos a la conversación se detuvieron para mirar a la mujer.

Pero Su Majestad, esas máquinas mantienen al niño con vi…

Koora solo tuvo que mirarlo a los ojos para que el hombre desviara la vista de manera sumisa, le pidiera perdón y ordenara a sus colegas que desconectaran al niño. En menos de cinco minutos ya todas las máquinas estuvieron apagadas y todos los cables puestos en el pequeño habían sido sacados.

Retírense —dijo la mujer—. Quedan liberados de este trabajo, pueden volver a sus puestos.

Señora —murmuró el jefe, incapaz de mirarla a los ojos—. Es el rey Vegeta quien debe…

El rey Vegeta está en una misión fuera del planeta —aclaró Koora con tranquilidad, pero había algo dentro de esa calma que intimidaba cuando así lo quería—. En su ausencia soy la figura con mayor autoridad. ¿Tengo que agregar algo más?

No, por supuesto que no. —Hizo una reverencia y luego una seña con la mano indicándole al personal que abandonara el lugar. Todos los hombres mostraron su respeto a la reina antes de salir.

En cuanto estuvo sola, sacó al niño de la incubadora y lo estrechó contra su pecho. Su instinto le decía que esto era lo que necesitaba para reponerse y no iba a detenerse a causa de las reglas establecidas. Había esperado tanto para conocerlo, ver su rostro y respirar su aroma que no dejaría pasar esta oportunidad. Qué bien se sentía, se sentía tan condenadamente bien darle su calor y amor que sabía que había tomado la decisión correcta. Caminó por el lugar, hablándole con suavidad contra la frente, disfrutando de su suave y fino cabello y casi sintió que se le detenía el corazón cuando la pequeña criatura, que aún dormía, reaccionó de forma inconsciente enrollando la colita en su muñeca.

No importa si no eres el más fuerte, o si no destacas en el campo de batalla —susurró como si le estuviera contando un secreto que sería solo para los dos—. Te quiero tal como eres, y ya estoy orgullosa de ti… Ya vas a ver, te vas a poner mejor, más fuerte, vas a ganar peso y yo me voy a encargar de eso.

Se sentó en una silla junto a las máquinas que se encargaron de su hijo por dos días y se bajó el tirante de la camiseta negra. Tuvo cuidado de afirmar bien a Tarble, había pasado mucho tiempo desde que tuvo a un bebé en brazos y tenía miedo de dejarlo caer. Sus pechos habían crecido por la leche, y aunque no era bien visto que una guerrera de élite diera de mamar a su hijo, ya que era algo asociado a las mujeres sin poder de pelea, no le importó. Si iba a romper las reglas con su hijo, lo haría con todo.

No pudo dejar de sonreír cuando lo vio succionar con ganas, aún con los ojos cerrados y la colita firme en su muñeca. Estaba segura de que con sus cuidados se pondría bien.

Eres perfecto —le murmuró sin poder dejar de sonreír.


(...)


—Las esferas —dijo Vegeta, y nadie respondió. Originalmente cada guerrero había guardado una para protegerlas y no cayeran todas en mano del enemigo en caso de ser capturados, pero luego de todo lo que había ocurrido, las cosas habían cambiado considerablemente.

Broly lanzó la esfera a Tarble, haciendo que por primera vez desde que comenzó la búsqueda, las siete estuvieran en poder de una sola persona. El joven príncipe la observó, hermosa y brillante entre sus manos, y pese a que sintió remordimiento por Vegeta, se reafirmó pensando en su hermana.

—Lo siento, Vegeta —dijo con calma a su hermano—. Pero no podía no hacerlo —y luego se dirigió a Broly en voz alta para que todos escucharan—. No dejes que nadie se acerque hasta que se vaya el dragón. —Ahora que disponía de su poder, se elevó y voló sin problema alejándose del grupo.

Todos entendieron a la perfección lo que acababa de ocurrir, pero fue Vegeta el primero en reaccionar y volar hacia Tarble para detenerlo. No alcanzó a elevarse ni un metro del suelo cuando Broly lo golpeó en el rostro regresándolo al suelo con violencia.

—No vas a acercarte a Tarble —dijo sereno y amenazador.

Bulma se arrodilló junto a Vegeta que permaneció sentado en el suelo limpiando el rastro de sangre de su boca por el golpe del guerrero.

—¡¿Qué demonios están haciendo?! —preguntó Ginn.

—Robando el deseo —respondió Vegeta escupiendo sangre—. Eso es lo que están haciendo. —Se puso de pie. No iba a permitir que se saliera con la suya.

Broly, al ver a Raditz que parecía indeciso, le habló.

—¿Vas a pelear conmigo por las esferas? —Solo bastó eso para que el hombre tomara una decisión.

—Por supuesto que no. Ya estoy harto de todo esto, qué Tarble se quede con el deseo y que pida lo que se le ocurra. Nosotros nos vamos —dicho eso, voló hacia el lado contrario en busca de la nave para llevarse a Ginn y abandonar tan horrible planeta.

—Oye, espera, no podemos irnos —dijo la mujer ya casi perdiendo de vista al resto por la velocidad que iba Raditz y la espesa neblina.

—Lo siento, pero ni siquiera puedes estar de pie, tengo que cuidarte y ya terminamos nuestra parte aquí. Si ellos quieren matarse por las esferas, que así sea. Nosotros regresamos a casa.

—¿Mi opinión no vale ahora? —preguntó levantando una ceja.

—Siempre la escuché y no me opuse cuando quisiste dejar nuestro trabajo por venir a ayudar a tu amigo Vegeta, y por eso los dos estuvimos a punto de morir. Creo que por esta vez no lo haré.

Ginn podría haberle discutido e insistido en regresar, pero estaba tan agotada que ni siquiera tenía fuerza para eso, y en cuanto Raditz la acomodara en el asiento de la nave, se quedaría profundamente dormida.


—Maldito traidor —murmuró Vegeta. De un momento a otro ya no pudo ver a Tarble, pero podía sentir su ki a la perfección. Mientras que Broly continuaba de pie, mirándolo y esperando a cualquier movimiento que hiciese. Pues bien, le daría en el gusto. Sabía que para llegar a Tarble tendría que pasar primero por él, y considerando la adoración del grandote por su hermano, no sería fácil. Decidió no perder más el tiempo y se lanzó hacia Broly. Tenía tantas ganas de partirle la cara, casi igual que las que tenía de golpear a su hermano, así que se encargaría de los dos.

De un momento a otro, Bulma perdió de vista a Vegeta y Broly, pero pudo verlos en el cielo gracias a que el impacto de sus golpes despejó la neblina a su alrededor. La lluvia continuaba cayendo, cada vez más violenta y dañina, pero no era algo por lo que preocuparse en este momento. Broly estaba tan ocupado con Vegeta que olvidó que había una persona más que podía acercarse a Tarble. Desencapsuló una de sus mejores motos y se montó en ella en dirección al lugar que había visto a Tarble alejarse. Tenía que detenerlo, y no por todo lo que le estaba pasando iba a dejar de lado lo que había ocurrido hace unos momentos.

Arriba en el cielo, los golpes se volvieron cada vez más violentos. Vegeta ni siquiera intentaba pasar a Broly para llegara Tarble. Estaba concentrado atacando y esquivando a la bestia saiyajin que tampoco se estaba conteniendo. Broly corría con una leve ventaja al haber sido sanado en parte por Dende, y se aprovechó de ella para mantener la pelea cuerpo a cuerpo y agotarlo. Tomó a Vegeta de la muñeca y lo apretó con fuerza, haciendo que el príncipe respondiera con un golpe de cabeza en el rostro con tal de soltarse, pero Broly no lo dejó y atrapó la otra muñeca, lanzándose en picada hacia el suelo, en un terreno sin edificios, pero con cientos de escombros de naves. Al no poder liberarse, Vegeta hizo fuerza para que el cuerpo de Broly recibiera el impacto, pero a los segundos de tocar el suelo, Broly volvió a girar, haciendo que Vegeta se llevara la peor parte.


(...)


En cuanto encontró una pequeña colina despejada, Tarble aterrizó para llevar a cabo el ritual. Tal como Dende le explicó, necesitaba un lugar con bastante espacio, ya que Porunga era gigantesco. No sabía con exactitud cuánto, tal vez solo era esa costumbre de exagerar cada vez que se contaba una historia de persona en persona, pero no por eso correría el riesgo de arruinarlo. Desencapsuló las esferas y las dejó junto a la séptima en el suelo mientras a lo lejos sentía el ki de Broly y Vegeta enfrentándose con ferocidad. Era increíble el poder que contenía el cuerpo de Broly, jamás dejaría de sorprenderlo.

Por fin las esferas estaban reunidas y brillando como nunca al estar juntas por primera vez en mucho tiempo. Tarble las observó por un momento y pensó que se comunicaban entre ellas. La lluvia no paraba de caer, haciendo que su cabello se desordenara y se fuera a los ojos. Finalmente tendría a su madre de regreso, y lo siguiente sería ir en busca de Kyle sea donde sea que se encuentre. Pese a que decidió desde muy pequeño hacerse cargo de su hermana menor, ocuparse de sus estudios, de su crecimiento y alejarla lo posible de todas las costumbres negativas de la raza saiyajin, jamás tuvo el valor de hablarle sobre su madre. Pues bien, ahora estaría ella para eso.

Había sentido desde un comienzo el ki de Bulma acercarse, por lo que no fue sorpresa cuando un rayo de energía del arma de la joven impactó el suelo, rozando su pie derecho.

—Date vuelta —dijo Bulma sin dejar de apuntar a Tarble—. La próxima vez no fallaré.

Tarble se volteó con calma, todo lo contrario a cómo lucía Bulma. Un par de flashes de luces deslumbraron en el cielo y segundos después, para hacer la escena más dramática, los truenos retumbaron por sobre sus cabezas.

—Bulma… —comenzó Tarble, pero la mecánica lo interrumpió.

—¿Qué es todo esto?

—Bulma, baja el arma. No me vas a disparar —dijo con total seguridad.

—¿Cómo estás tan seguro? —preguntó en voz alta.

—Porque yo no te haría daño, y tú a mí tampoco. —Pese a que vio en sus ojos que le encontraba la razón, no bajó el fusil, por lo que continuó hablando—. Lo siento mucho, sé que también te esforzaste mucho en tu plan, pero no podía dejar pasar esta oportunidad.

Bulma se alarmó al escuchar sus palabras. Una persona tan lista y con un ego de considerable tamaño como el de ella no estaba acostumbrada a que alguien se adelantara a sus pasos.

—¿De qué estás hablando?

—Bulma, dejemos de mentir. ¿Estás apuntándome con un arma porque intentas guardar las esferas para Vegeta o para ti?

—Tú sabías esto —dijo la joven al ver el rostro de su amigo—. Lo sabías antes de Vegeta… ¿Fuiste tú quien puso los guantes para que los encontrara?

—Admito que se me pasó la mano, y me disculpo por eso —dijo aceptando toda la culpa en el asunto. Estaba seguro que Bulma no intentaría nada contra él, pero no podía decir lo mismo en el caso de que supiera que había sido Broly.

Bulma debió tomarse unos segundos para pensar. No, no estaba acostumbrada a que se le adelantaran, y claro, quien mejor que Tarble para cegarla, hacerle bajar la guardia y dejar pasar cientos de señales que estuvieron ahí presente, pero que simplemente no vio por estar encantada por esta amistad que se dio en medio de tanta mentira.

—¿Por qué sabes el nombre de mi planeta natal? Es demasiado insignificante y alejado de aquí como para que lo supieras sin querer. Tuviste que haber hecho que me investigaran. —Era algo mucho más profundo que una investigación como para indagar en su pasado hasta llegar a la Tierra. En su interior ya sabía lo que pasaba, pero quería que él lo dijera.

—Intenté hablar contigo antes, pero no se pudo.

—Fuiste tú… Eres el contacto de Troy —dijo bajando el arma hasta que no pudo sostenerla más y cayó al suelo. No pudo evitar recordar aquel primer día en Vegetasei, en el laboratorio y lo mucho que se emocionó al verlo junto con aquel guerrero tan alto. En ese momento sus miradas se cruzaron por un segundo y pensó que había sido una señal del destino que le decía que todo saldría bien. Pero no, simplemente había sido Tarble que había ido a verla.

—¿En verdad pensaste que Bardock podía planear todo esto? Sí, es listo, pero para los combates.

—Tú me llevaste a Vegetasei —exclamó.

—No puedo llevarme el crédito por eso. Hubiera interactuado con cualquiera que Troy hubiera enviado, pero tuve la suerte que se tratara de ti.

—Me usaste —dijo molesta, y más se enfadó al verlo sonreír por sus palabras.

—Tanto como tú lo hiciste. Fuiste agradable y llamaste mi atención para acercarte a mí y te dejara entrar a palacio, ¿o lo vas a negar?

El rostro de Bulma se puso rojo ante la impotencia y la vergüenza de haber sido ella la que estaba siendo manipulada, como si no fuera lo suficientemente inteligente para darse cuenta, pero nuevamente Tarble tenía razón. Más que nada era su orgullo el que estaba dañado, pero no podía contradecirlo.

—Ahora, si me permites. —Se dio la vuelta y observó las esferas.

Bulma, aún choqueada por todo lo que sucedía, lo escuchó hablar en otro idioma...


Veintitrés años atrás


¿Cuánto más vamos a seguir perdiendo el tiempo? —preguntó Vegeta, de siete años, caminando por el corredor camino a su habitación. El día se había acabado, había entrenado sin parar y ya era hora de acostarse—. Vas con ese crío a todos lados y ni siquiera sirve para entrenar o tirarlo a los saibaman para distraerlos —dijo sonriendo de lado, imaginando la cara que su madre debía haberle puesto.

Muy gracioso, Vegeta —respondió Koora levantando una ceja. Iba detrás de su hijo y llevaba a Tarble de un mes de vida en su pecho, envuelto y sujeto con una tela elasticada color negro que se pasó por su cuerpo para que el niño estuviera seguro y ella pudiera tener las manos libres, aunque siempre lo afirmaba con una mano en su espalda—. Tal vez en lugar de estar atento a si estoy o no con tu hermano, deberías concentrarte más al entrenar. No creas que veo que intentas disimular ese cojeo.

No sé de lo que hablas —dijo nuevamente serio, molesto de que se hubiera dado cuenta.

Ahí está, es tu pierna derecha, y te lastimaste cuando no pudiste esquivar al último saibaman que atacó. No creas que no me había dado cuenta. Ahí está de nuevo, y ahí.

Bueno, no hubiera pasado si en lugar de estar con ese niño hubieras estado entrenando conmigo —respondió esforzándose el doble en no cojear. Era demasiado orgulloso para demostrar que le dolía.

No sabía que ahora me necesitabas para protegerte —dijo burlona y agregó más en serio—. Tienes dos excelentes guerreros que te acompañan todo el tiempo y yo superviso, no podrías pedir algo mejor.

Era una suerte que Nappa hubiera acompañado a Vegeta en su misión, así no tenía que ver su desagradable cara y había escogido a dos guerreros de su confianza para que se encargaran de los entrenamientos de su hijo mientras ella daba instrucciones, y así no se separaba ni de Vegeta ni de Tarble que había mostrado una evidente mejoría desde que comenzó a encargarse de él.

Pensé que te habías quedado para entrenarme personalmente. Si metieras al crío al tanque podríamos ponernos al día.

Tu hermano tiene nombre, Vegeta —dijo una vez más. Detestaba esa costumbre de no llamar a las personas por su nombre. Eso definitivamente lo había heredado de su padre—. Y no voy a poner a Tarble en un tanque, está muy pequeño, necesita que lo cuide, tal como cuidé de ti.

Entraron al cuarto del niño y la mujer fue directo al alto mueble de madera oscura donde estaban los libros para revisarlos.

Eso no es así —respondió Vegeta mientras se quitaba las botas y los guantes. Lo único que quería era ducharse, comer y dormir hasta la mañana siguiente—. Pregunté, y me dijeron que estuve en un tanque hasta que tuve la edad para salir a entrenar.

¿Qué clase de rey serás si crees a ojos cerrados lo primero que te dicen? —respondió dándole la espalda, aún buscando entre los libros mientras acariciaba el cabello de Tarble que dormía plácidamente. Le encantaba que el pequeño fuera tan tranquilo, solo lloraba cuando lo dejaba en la cama mucho rato sin contacto.

Vegeta la quedó mirando con el ceño fruncido, procesando lo que había dicho.

¿Entonces tengo que creerte a ti? ¿No es lo mismo que me acabas de criticar?

Para eso está tu juicio, para analizar todo lo que escuchas.

¿Qué se supone que haces? ¿Por qué sigues aquí? —preguntó molesto queriendo cambiar el tema ya que estaba demasiado cansado para pensar. Solo le faltaba quitarse la ropa interior y no quería con ella en su cuarto.

Tu entrenamiento aún no termina. Vamos a estudiar. —Se volteó ya con un libro en la mano.

Claro que no, entrené todo el día. Si quieres perder el tiempo léele al crío, yo terminé por hoy.

Es una lástima, porque la que decide eso soy yo —dijo sonriéndole—. Ahora ve a ducharte, pediré que traigan comida y luego estudiaremos un poco antes de dormir. Tanto tu cuerpo como tu mente tienen que ser ejercitados.

El niño se fue murmurando maldiciones al baño, mientras Koora se sentó en un mullido sillón junto a Tarble que continuaba durmiendo envuelto en el calor del cuerpo de su madre. La mujer se había encargado de traer a su gente de confianza a palacio, así podía estar tranquila con Tarble sin que las noticias corrieran hasta el rey. Poco le importaba que el rumor imperante fuera que después de el embarazo de cuidado no se encontrara apta para pelear y por eso estaba recluida en palacio con la excusa de entrenar al príncipe Vegeta. Para ella era mucho mejor que pensaran eso y la dejaran en paz para estar con sus dos niños.


Entonces —dijo Koora cerrando el libro—. ¿Qué conclusión sacas de esto?

Vegeta la miró desde la cama. Ya habían comido y se encontraba con pijama metido bajo las cobijas. La chimenea estaba prendida para aplacar el inclemente frío de la noche que penetraba la gruesa piedra del viejo castillo.

Que si tienes la ventaja hay que atacar antes de perder el tiempo hablando —respondió.

Vamos. ¿En verdad eso es lo que piensas después de todo lo que te dije?

No entiendo —dijo frustrado—. ¿Para qué va a querer negociar si sabía que iba a ganar?

Porque era un guerrero inteligente y estaba consciente de todo lo que podía perder si atacaba. Sabía que iba a ganar, pero no iba a ser simple, nunca lo es.

Pero iba a ganar —insistió—. Y después ganó otras batallas.

¿Y qué hubiera pasado si no hubiera negociado antes de la primera?

Hubiera ganado de todas maneras.

¿Y qué más? Piensa en sus ejércitos.

Siempre hay bajas —respondió encogiéndose de hombros, y entonces comprendió, y su madre sonrió satisfecha al verlo tan concentrado—. Con tantas bajas no habría podido ganar las otras batallas.

Exacto. Los otros ejércitos lo hubieran masacrado sin problema porque le ganaban en número.

Me gustan las historias de Argon, pero me gustan más las historias de sangre, cuando mata a sus enemigos y a quienes lo traicionan.

Lo imaginaba. Mañana después de entrenar puedo contarte alguna historia interesante y muy sangrienta de Argon.

Más te vale —respondió el príncipe, y se acomodó bajo las frazadas. Estaba exhausto y el mismo cansancio hacía que su pequeño cuerpo no resistiera bien el frío.

Descansa. Mañana vamos a entrenar más duro. —Meció a Tarble cuando lo escuchó gemir, ya era hora de darle de comer. Se puso de pie para revisar que todas las ventanas estuvieran cerradas, también corrió las gruesas cortinas y se aseguró que hubiera suficiente madera en la chimenea para gran parte de la noche.

Cuando estaba a punto de marcharse vio que Vegeta se había dormido, por lo que aprovechó el momento y se acomodó al otro lado de la cama para hacerle compañía aunque no lo supiera. Liberó a Tarble de la tela y se bajó el tirante de la camiseta para darle de comer. Como ya era costumbre, la colita de Tarble buscó enseguida su muñeca para aferrarse a ella. Se mantuvo en silencio, pasando los dedos en el cabello de Vegeta, mirando a sus dos hijos. Cómo le gustaría que su vida siempre fuese así. Le fascinaba la adrenalina que sentía al pelear, pero en este momento el panorama no podía ser mejor.

Va a ser toda una proeza llevarte bien con tu hermano —susurró a Tarble. Había adoptado la costumbre de hablarle cada vez que se encontraban solos—. Pero tendrás que hacer el esfuerzo de que así sea, porque solo se tienen el uno al otro, y tu hermano es tan complicado. —Le sonrió, y luego dirigió su atención a Vegeta que dormía tan profundamente que no despertó pese a que estuviera arreglando su flequillo, ni tampoco por el beso en la frente que le dio antes de marcharse.


(...)


Vegeta tomó una de las naves del cementerio de chatarras y la tiró sobre Broly en cuanto lo vio ponerse de pie luego del ataque recibido. Sepultó al guerrero entre metales y le lanzó un potente ataque de rayos, esperando que sirviera para dejarlo fuera de combate. En todos sus años viajando, yendo de planeta en planeta, jamás había conocido un adversario así, y si no fuera porque tenía que detener a Tarble, estaría disfrutando el combate. Confiado de que lo había dejado enterrado entre las toneladas de metal, voló hacia su hermano, pero para su asombro, Broly ya estaba delante bloqueándole el paso.

A ninguno le quedaba rastro alguno de su armadura y los trajes ajustados habían comenzado a rasgarse debido a los potentes ataques. La violenta lluvia los había despeinado y hacía que las heridas y los ojos ardieran.

—¿Por qué no haces estallar ese poder oculto que tienes y terminamos la pelea de una vez? —dijo Vegeta con intenciones de alterarlo para desconcentrarlo—. ¿Qué pasa? ¿Te da miedo que mi hermano no esté cerca para controlarte?

Broly no respondió. Hizo estallar su ki y volvió a arrojarse contra Vegeta. No importa cuán cansados estaban, no iba a darle en el gusto de desconcentrarse para dejarlo pasar y Vegeta no iba a permitir que el cansancio extremo le jugara en contra.

La explosión en el cielo fue de tal magnitud que los dos guerreros se detuvieron para ver como la neblina y las nubes oscuras se abrían paso a causa de la luz que se originó desde el suelo, a varios metros de distancia, donde Tarble se había marchado. No quedaba duda alguna que el dragón había sido invocado.

Alguno podría haber reaccionado, Vegeta podría haber golpeado a Broly y volar hacia Tarble, y Broly podría haber dejado fuera de combate a Vegeta ahora que se encontraba distraído y con la guardia baja, pero los dos permanecieron atónitos ante aquel impresionante espectáculo.

A la explosión de luz, se unieron truenos y relámpagos, y como si no fuera lo suficientemente fantástico, en medio de toda la luminosidad cegadora, se materializó el dragón, una criatura de dimensiones colosales, verde, con escamas, pecho y abdomen similar al de un hombre y una cola interminable en espiral que se perdía entre la niebla que logró quedar alrededor de la colina donde se encontraban las esferas.

Al darse cuenta que ya no tenía tiempo que perder, Vegeta voló hacia Tarble ahora que sabía exactamente dónde se encontraba, pero Broly alcanzó a tomarlo del tobillo y lo arrojó de regreso al suelo, siguiéndolo a toda velocidad para golpearlo. Vegeta soltó un grito de frustración al no poder deshacerse de Broly, y nuevamente hizo estallar su energía y se frenó en el aire, recibiendo al guerrero para comenzar otra ronda de potentes golpes a quemarropa. Broly no le ganaría, no lo haría. No por nada había viajado y peleado con tanto adversario diferente para que un saiyajin viniera a ponerlo en tales aprietos.


(...)


Tanto Tarble como Bulma debieron tomarse un momento para recuperarse del impacto que les causó ver semejante aparición por sobre sus cabezas. El príncipe se había hecho una idea de lo que podía aparecer gracias a las historias de Dende, pero esto superaba todo relato, iba más allá de su imaginación. Incluso los habitantes originales del planeta habían salido de sus escondites para ver al dragón gigante, aunque ninguno se acercó por el miedo a los intrusos que resultaron ser tremendamente fuertes y ahora por el mismo monstruo que podía ser visto a kilómetros de distancia.

Cuando Porunga habló, hizo vibrar el suelo bajo los pies de Tarble y Bulma que aún no se habían dado cuenta que pese a seguir lloviendo, ya no caía agua en todo el perímetro que cubría el dragón. Bulma no entendió ninguna palabra de lo que dijo la criatura, y cuando vio a Tarble tan concentrado supo enseguida que él sí.

...Solo un deseo voy a cumplir —terminó de decir el dragón luego de presentarse ante quien lo había llamado.

—¿Por qué ahora? —preguntó Bulma a Tarble—. ¿Por qué ahora decidiste hablar?

—Porque no sé qué pasará con nosotros luego de esto, y no quiero que haya más secretos entre los dos.

—Deberías haberlo hecho antes, mucho antes —reclamó, haciendo que Tarble dejara de mirar al dragón para prestarle atención a ella.

—Esta sería una noche interminable de recriminaciones mutuas. Los dos nos usamos, nos mentimos y ninguno fue capaz de decir la verdad. Cuando decías que éramos parecidos estabas en lo cierto. Los dos tenemos problemas de confianza y sobre todo trabajando en equipo. ¿Querías probar que puedes hacerlo sola sin intervenciones de terceros porque podían querer cambiar tu plan?

Una vez más Bulma no pudo responder porque le encontraba la razón. Se había abierto y pese a las mentiras y secretos se había mostrado tan real con él, que podía leerla como un libro abierto.

—¿Fingiste lo que se dio entre los dos? —preguntó.

—¿Tú lo fingiste? —murmuró mirándola a los ojos.

No, la respuesta en ambos era no.

Tarble volteó y habló nuevamente en el mismo idioma que usó el dragón y Bulma continuó sin entender una sola palabra. Era obvio que se había puesto de acuerdo con el niño nameku para no decir toda la verdad acerca de las esferas. Qué listo había sido, seguramente se había aprovechado del miedo que sentía el niño hacia Vegeta para convencerlo de sabotear su plan y quedarse con el deseo. Y sin mencionar que Vegeta y ella habían estado tan distraídos del asunto de las esferas por culpa de su relación, que casi le pasaron las esferas en bandeja. ¿Qué podía hacer ahora? ¿Adelantarse y gritar un deseo? Claro que no, no tenía idea cómo se hablaba ese idioma. ¿Podía lanzarse sobre Tarble para detenerlo y esperar a Vegeta? Tampoco, era un saiyajin y aunque sabía que no le haría daño, podía reducirla en un segundo. No tenía más opción que observar y esperar.

Deseo que revivas a mi madre —dijo Tarble con el corazón acelerado. Ya casi podía verla ante él y por fin podría darle ese abrazo que no fue.

Eso es muy fácil —respondió el dragón.

—¿Qué pediste? —preguntó Bulma.

—Espera y verás —dijo el joven sonriendo ansioso. Mientras tanto, lejos de ellos, Vegeta y Broly continuaban luchando sin tregua.

La pareja, que aún tenía mucho de qué hablar, observó con atención como los ojos rojos del dragón se iluminaron emitiendo destellos, seguramente preparando su magia para hacer realidad el deseo del príncipe. Segundos después la luz se apagó y sus ojos volvieron a la normalidad.

No. No puedo revivir a tu madre —dijo con el mismo tono tranquilo con el que había hablado desde un comienzo..

—¡¿Qué?! —exclamó Tarble.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué pasó?! —preguntó Bulma mirando a Tarble y al dragón—. ¡¿Qué te dijo?!


Dos meses atrás


Cuando por fin se vio liberado del collar que cancelaba su energía, Bardock volvió a recobrar el conocimiento, sin embargo, aún se sentía débil y agotado por culpa de la herida que le había hecho perder demasiada sangre. Escuchó voces a su alrededor, todos muy tranquilos hablando de cosas cotidianas, sin importancia, los hombres de negro que estaban a su lado se habían quitado los cascos y lucían normales, uno de piel blanca, el otro más tostado y ambos de cabello y ojos negros, mientras que los hombres de azul llevaban puestas mascarillas y cofia que les cubría parte del rostro y el cabello. Ahora con la cabeza más clara y aún hirviendo en fiebre, recordó de golpe todo lo que había pasado, sufriendo una subida de adrenalina al darse cuenta que Kyle no estaba en el lugar.

Mi hija —dijo, e intentó sentarse, pero los carroñeros que habían entrado al quirófano para proteger a los doctores que operarían al saiyajin, lo obligaron a recostarse, cosa que no se tomó nada de bien, especialmente ahora que tenía algo de energía de regreso—. ¿Dónde está mi hija? —insistió en voz alta, haciendo que los doctores que estaban preparándose para la intervención se asustaran y retrocedieran.

Por favor, cálmese —dijo el cirujano más joven mientras los carroñeros afirmaban a Bardock de los brazos para mantenerlo acostado—. Su energía está regresando, pero esa herida tiene que ser atendida, de lo contrario podría… —Dio un brinco asustado al igual que sus colegas cuando el saiyajin golpeó con su cabeza en el rostro al carroñero de su derecha.

Ya libre de un brazo, intentó atacar al otro hombre, pero volvieron a reducirlo, aunque no significó que se quedara tranquilo, todo lo contrario. Sintió un poco más de energía en su cuerpo, que lo hizo gritar molesto y forcejear para que lo soltaran mientras exigía la presencia de su hija.

¡Si no se calma va a morir desangrado! —exclamó un hombre mayor. No tuvo necesidad de acercarse para ver que la herida sangraba más que antes por culpa de todo el ajetreo.

¡¿Dónde está mi hija?! —gritó pateando e intentando dar manotazos a los hombres que se encontraban en mejores condiciones que él.

Tanto fue el escándalo que varios se acercaron a ver qué sucedía, e incluso un par de carroñeros más corrieron para afirmar al saiyajin de las piernas, pero era inútil, el hombre estaba fuera de sí, malgastando la energía que regresaba poco a poco y podría ayudarlo a detener la hemorragia.

Tu hija está bien —dijo la carroñera baja que entró en cuanto se dio cuenta del caos que ocurría—. ¡Cálmate para que puedan atenderte! —exclamó, y al igual que todos los que intentaron calmar al hombre, falló. Era tanto el alboroto y la sangre que continuaba perdiendo, que no le quedó otra opción que ponerse a su lado para quitarse el casco y la mirara, dejando libre su cabello negro y largo. Hubiera deseado que esto ocurriese de otra manera, pero tenía que tranquilizarlo—. Bardock, mírame —dijo con su voz normal, en tono de mando, ya sin distorsiones por el casco—. Kyle está bien, ahora cálmate y deja que te atiendan. ¡Bardock!

Bardock dejó de luchar, y aunque los hombres hubieran soltado sus extremidades, no se hubiera movido ante la conmoción que experimentó al encontrarse cara a cara con el pasado. No era posible, ella estaba muerta, no podía tratarse de ella. Todo se debía a la falta de sangre que hacía que su cerebro no funcionara bien. Ella estaba muerta, había sido decapitada en el coliseo por el mismísimo rey Vegeta por traición a su planeta y a la corona, y luego su cuerpo había sido calcinado. No podía ser ella.

Finalmente la pérdida de sangre le volvió a pasar la cuenta, haciéndole perder el conocimiento.


(...)


—¡¿Por qué no?! —exclamó en su propio idioma y se recordó que tenía que hablar en el lenguaje del dragón. Debió tomarse unos segundos para formular la pregunta en su cabeza de forma correcta—. ¿Por qué no puedes revivirla?

—¿No puede cumplir el deseo? ¡¿Qué le pediste?! ¡¿Por qué no puede?!—Bulma atacó con preguntas, contagiándose con el nerviosismo de Tarble.

El dragón se tomó unos segundos para responder que a Tarble se le hicieron insoportables.

Porque tu madre fue revivida hace dos años.

Tarble no supo qué decir, había quedado sin palabras. Había imaginado cientos de situaciones y escenarios diferentes, buenos y malos, pero jamás algo así.


Fin de la segunda parte


No tienen idea cuánto quería llegar a este capítulo para gritar por fin que Koora está viva. ¿Recuerdan varios capítulos atrás (creo que a principio de esta segunda parte) cuando Raditz y Ginn se topan con unos carroñeros? Bueno, esa fue la primera aparición de Koora y yo escribiendo con cuidado pensando que en cualquier momento podían descubrir que era ella jajajaj Estoy muy contenta y emocionada, había esperado tanto por este momento que se veía tan lejano cuando recién estaba publicando los primeros capítulos.

Como muchos saben, El Legado 1 iba a ser una introducción de 5 capítulos que se extendió demasiado y terminó como un fic independiente. El personaje de Koora lo creé desde el primer momento para que muriera, ya que de alguna forma Vegeta tenía que cuestionar toda su vida y comenzar el viaje que lo haría cambiar. Pero me encariñé tanto con ella que cuando quedaban unos 15 capítulos para el final de la historia comencé a pensar qué hacer para que no encontré ninguna opción y no quise usar el recurso de que pensaran que estaba muerta cuando en realidad no, ya que eso había sucedido con Gine, y sería repetitivo, así que se me ocurrió esta otra forma.

Bueno, la parte dos de este fic ya terminó, y a diferencia de la primera parte, quedó con muchos temas inconclusos que continuarán desde la tercera. Les doy la primicia que en el primer capítulo de la tercera parte sabrán qué ha pasado estos dos años con Koora, y será una canción de Queen para esa oportunidad. Y también se sabrá quién se queda con el deseo y qué piden, imagino que muchos pensaban que se sabría hoy.

La canción de esta oportunidad Wish You Were Here de Pink Floyd es de Tarble a Koora. Qué canción tan linda y en el link que comparto en mi pagina de facebook encontraran la canción con traducción para quien no sepa inglés. (No comparto el link aquí porque se borra) y en facebook pueden encontrarme como Dev Fanfiction.

Este capítulo va dedicado a mi amiga Anne que me ha acompañado todos los días desde hace ya más de un año y gracias a todo lo que conversamos y todos los materiales didácticos que nos enviamos, me ha sido mucho más fácil continuar la historia y también sobrellevar estos años tan difíciles en muchos sentidos. Te quiero, Anne, pese a que seas la persona más mañosa que he conocido en mi vida. jajajaja. Y por fin vas a poder celebrar la llegada de Koora que tuviste que callar por tanto tiempo. Por fin podemos gritar!


Y bien, con relación al concurso que les mencioné en el capítulo pasado. Aquí van las instrucciones con más detalles para que no se confundan y quede todo claro.

Escribiré una escena o más dentro del mismo fic, así que si van a pedir, tiene que ser de personajes que están o estuvieron en la historia.

-No necesariamente tienen que ser pareja amorosa ni dos personajes. Puede ser uno solo, dos, tres, un grupo, etc.

-Pueden pedir en qué contexto estarán estos personajes. (romántico, lemon, angst, discusión, relajado, etc y detallar)

-No OOC (out of character, o sea, fuera del personaje) Por ejemplo, si alguien me pide a Bulma y Tarble en una escena romántica con besos, eso queda descartado enseguida, ya que ellos se quieren mucho, pero solo como amigos.

-Puede ser un flashback.

-Puede ser la continuación de alguna escena que quedaron con ganas de saber qué pasó.

Ya que soy muy maniática con lo que escribo, no puedo dejar esto al azar y sortear las escenas que escribiré, por lo tanto decidí que voy escoger las que más me gustan y eventualmente (cuando el capítulo lo amerite) agregar las escenas. Puede que una o todas sean pronto, como también puede que sea en muchos capítulos más, todo depende de lo que pidan y la forma en que decida ponerlo dentro de la historia, pero les avisaré. (¿ven que soy maniática? jajajaj)

Entonces, luego de escribir su hermoso rw diciendo lo mucho que les gustó el capítulo (jajajaja) pueden decir de quien o quienes les gustaría que escribiera y en qué contexto. Pueden ponerse creativas, no hay problema. Y si se les ocurre más de uno, está bien, dejen volar su imaginación. Mientras más participen más posibilidades tienen de ganar jajajaja. Las que no tienen cuenta recuerden escribir su nombre para luego avisarles si su idea fue escogida.


Lo que les puedo decir que se viene en esta tercera parte sin grandes spoilers:

-En esta parte habrá más personajes en escena.

-Los sucesos ocurrirán mayoritariamente en tres escenarios diferentes.

-Habrá nuevos conflictos y se retomaran otros de la primera parte.

-Habrá flashbacks de Broly, se conocerá más de su vida, de su mamá y todo lo que le pasó desde su niñez y luego adolescencia con Tarble.

-Flashbacks de Koora.

-Los flashbacks de lo que vivió Vegeta antes de regresar a Vegetasei creo que seguirán en la cuarta parte o cerca del final de la tercera (aún no decido eso), sin embargo habrá otros de él y Bulma.

-Cada pareja tendrá su historia (en esta ocasión, Kakarotto y Milk también, para los que siguen a esta pareja)

Les aviso que además de esta tercera, queda una cuarta parte (que serán como de la misma extensión que la primera y segunda) y una quinta (que será más corta) para finalizar con el epílogo. Ahora estamos llegando a la mitad de la historia y les agradezco mucho que sigan acompañándome. Casi siempre son los mismos nombres que leo en los rws, así que ya puedo recordarlas (soy pésima para memorizar nombres, especialmente si no puedo relacionarlos con un rostro)


Muy bien, me despido. Espero que hayan disfrutado de este capítulo tanto como yo al escribirlo. Espero sus rws comentando y también sus ideas.

Un abrazo.

Dev.

10/09/21.


Ya respondí los rws con cuenta, a continuación lo haré con los sin cuenta:


Romina Suarez Go: a mí también, y mucho!

Guest: ya no es necesario que me amenaces jajaja.

Vale Dominguez: exacto. Los ánimos se caldean en los momentos más delicados, y sin olvidar que no todos son amigos.

Amber: Al principio del fic no quería abusar de los flashback, pero considerando que hay saltos de tiempo importantes, me di cuenta que es una buena forma de narración para que ni ustedes ni yo nos perdamos detalles.

Chica Danesa: La relación de Vegeta y Bulma está más fortalecida, al punto de distraerse de sus objetivos al estar preocupados el uno del otro. Siiii, yo soy una fan más cuando escribo ciertas escenas, como aquella que mencionas. Y ahora sí Koora ya llegó.

Fatima Pe: Y te sigo teniendo en ascuas con lo que sucede con Kyle y Gohan, aunque ahora que ya se sabe dónde y con quién están, es más fácil suponer lo que sucedió. En todo caso, el desenlace de esa historia se sabrá en el siguiente capítulo. ¡Otro abrazo para ti!

Purpurina DF: Síiii, Vegeta está perdido hace tiempo por Bulma, y recién estamos en la mitad de la historia, imagina cómo serán las cosas más adelante.

Nacha 90: Gracias por tus consultas sobre el concurso, eso me ayudó a ordenarme mejor con las ideas. Y bueno, arriba está detallado todo. Me gustaron mucho tus ideas, así que esperaré lo que tengas que decir. Habrá que esperar un poco para saber qué pasó con Vegeta y Bulma. Paciencia. jejeje.

Cloe: Exactamente. La relación de Vegeta y Tarble cuando pequeños era pésima, y Tarble era quien siempre intentó estar cerca de su hermano, quien pese a que igual se sentía bien con él (porque no tenía a nadie más (además de Ginn y su madre) pero no lo admitía) lo rechazaba constantemente. Ni hablar lo que sucedió la última vez que se vieron, y ahora que volvieron a encontrarse de adultos, Tarble no le debía nada, en cambio a su hermana que prácticamente crió y cuidó como su hija, sí. Claro, pudieron tener una relación más decente, y quizás quién sabe, más adelante qué pase con ellos, pero por unos meses de una mejor relación no iba a deberle nada. En cuanto a la traición de Bulma, bueno, también hay que ver cómo comenzaron las cosas entre ellos, pero eso se verá en unos capítulos más.

Acuariana: Por eso me encanta compartir música con ustedes.

Veronica Becker: Uuuy, desde un comienzo esos dos no se llevaron nada de bien. Broly vio a través de los años a Tarble sufrir por todo lo que sucedió con su madre y también el abandono de Vegeta, así que ya no tenía una buena impresión de él, y Broly que siempre ha cuidado tanto a Tarble, nunca le gustó que regresara y se acercaran. Gohan pequeño es tan exquisito, me encanta, tan poco saiyajin.

Anna: Hola Anna, muchas gracias por el saludo y seguirme. Terminaré los otros fics de Vegeta y Bulma. ¡Un abrazo!

Nane: Las mismas prioridades de Vegeta y Bulma hicieron que Tarble tomara tanta ventaja en el asunto de las esferas. Tenías razón sobre el combate de Vegeta y Broly. Otro abrazo para ti.

Laura Ramirez: Este fic tendrá 5 partes y ahora está terminando la segunda, así que aún tenemos mucha historia por delante.

Muchísimas gracias al resto: María Cristina, Pame Kiv, Emilia Khlo, Javi, Lady Blue y Guests.