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El Legado II
Tercera Parte
XXXVI
Larga Vida A La Reina
Does anybody know what we are living for?
I guess I'm learning, I must be warmer now
I'll soon be turning, round the corner now
Outside the dawn is breaking
But inside in the dark I'm aching to be free
The show must go on
The show must go on
Inside my heart is breaking
My makeup may be flaking
But my smile, still stays on
(The Show Must Go On / Queen)
De pie junto a una pequeña ventana rectangular que dejaba entrar un haz de luz en su rostro, con las manos encadenadas detrás de su espalda, y encerrada esperando por su turno, Koora escuchó gran parte de las ejecuciones de sus guerreros. Pudo reconocer muchas de sus voces, especialmente cuando exclamaban consignas contra el imperio saiyajin y a favor de ella. Cada una de las muertes las sintió su responsabilidad, y la hizo recordar los nombres de sus hombres, agregando un peso más sobre sus hombros. Su gente la había seguido porque pensó que podría hacer el bien y reparar tantos años de horror saiyajin. De alguna forma limpiar los pecados de sus antepasados y llevar paz a los millones de víctimas por toda la galaxia, y por qué no, también a ellos mismos. Ahora todos ellos estaban siendo ejecutados de las peores y más violentas formas, junto con familiares que poco o nada sabían del secreto que guardaron por tantos años.
Con el tiempo que había tenido para pensar y asimilar su destino, Koora había logrado alcanzar la serenidad y tan solo quedaba esperar su turno. Se consolaba con haber abrazado a su hijo mayor, y darle el perdón que tanto necesitaría cuando por fin abriese los ojos y entendiera lo que había ocurrido. Tan solo esperaba que fuera lo suficientemente fuerte para soportarlo y no se perdiera entre tantos fantasmas y culpas que lo atormentarían.
Concentrada en su respiración calmada y con el ojo cerrado, intentó disfrutar de aquel rayo de sol que se filtraba por la ventana. Un poco de calor en su rostro antes de no volver a sentir nada y todo fuera oscuridad y silencio absoluto. Su cabeza continuó trabajando, viendo a cada soldado cuya voz lograba identificar, repasando a cada uno de ellos que moría por haberla seguido. Bardock ya debía estar muerto, al menos esperaba que hubiera sido rápido…
Hubiese dado todo por mirar a Kyle a los ojos. Haberla sacado del tanque y convivir con ella para que la recordara. Cómo hubiese querido tener más tiempo con Vegeta, haber sido más firme con él para alejarlo de las ideas cerradas y violentas de los saiyajin. Había hecho de todo para convertirlo en un hombre fuerte y consciente, un futuro rey capaz de pensar más allá de su horizonte, pero ahora… Solo anhelaba que sus enseñanzas hayan quedado grabadas en él.
Una lágrima corrió por su mejilla cuando Tarble apareció en su cabeza… No había podido ver a su niño y despedirse de él. Le hubiera dicho que debía ser fuerte, y en cuanto tuviera la oportunidad, hiciera lo que tanto había soñado y se marchara con su hermana del planeta, lo más lejos posible para que nadie los encontrara jamás. Él no merecía vivir rodeado de toda esta gente, y si su hermano no lograba cambiar, también debía huir de él. Tarble no podía dejarlos ganar y convertirse en uno más de ellos. Él era mejor que toda esta violencia y muerte, y si se quedaba en ese planeta solo iba a encontrar sufrimiento. No era lo que quería para él. No era lo que quería para ninguno de sus hijos.
Escuchó la puerta abrirse y las pisadas de los soldados que venían por ella. Ya era su turno…
Arrodillada en el suelo de la arena, con su rostro rozando la tierra húmeda del lugar, contempló a sus hijos. Ni la voz de Vegeta, ni los gritos de la gente que había asistido para presenciar su ejecución podían alterarla. Eran sus hijos observando a pocos metros de ella lo que le rompía el corazón.
Tan solo esperaba que Vegeta pudiera personarse. Que su muerte sirviera para que despertara y eso lo llevara por otro camino. Tenía fe en su hijo, aunque nadie más creyera que él podía ser mejor, lo conocía, sabía que había un corazón que latía, tan solo necesitaba un poco de ayuda…
Tarble… Si tan solo hubiera podido darle un abrazo, respirar su aroma y sentir su suave cabello. Si tan solo se encontrara en otro lugar y no estuviera presenciando esto. Su niño era demasiado inocente para ver esto, no lo merecía. No quería que la mirara, pero no podía dejar de mirarlo de regreso, quería llevarse el recuerdo de su carita, de sus ojos siempre tristes pese a su corta edad y no sentirse tan sola en la nada que le esperaba. No era justo, no podían ganar ellos, no podía ganar el odio, su niño debió haber escapado de todo esto y ser feliz, pero ahora estaba condenado a este infierno y no había nada que pudiera hacer por él.
Un abrazo. Su partida hubiera sido tan diferente si lo hubiera abrazado…
(...)
Como si se tratara de una violenta pesadilla, Koora terminó sentada sobre la mesa donde yacía su cuerpo desnudo. Con la respiración agitada y el corazón acelerado, se llevó la mano a la garganta intentando detener la sangre que nunca salió de un corte inexistente. No podía ver, sus ojos le dolían y la intensa luz del lugar le molestaba. Era como si hubiera estado por años al interior de una caja oscura y ahora la obligaban a usar sus ojos por primera vez.
—Apaguen la luz y traigan ropa —dijo una voz masculina muy cercana, lo que la hizo ponerse alerta. No estaba en el coliseo, de eso estaba segura, los olores de su alrededor eran nuevos, y pese a que aún no podía ver, intuía que ninguno de sus hijos estaba presente. ¿Dónde demonios estaba? ¿Qué carajos había pasado? Se supone que estaba...
Cuando sintió que alguien la rozaba, reaccionó con violencia y rapidez, tomando la mano de la persona y doblándola hasta quebrar los huesos de la muñeca, y en cuanto la soltó, se hizo hacia atrás, dejando la mesa, retrocediendo hasta que su espalda chocó con una pared metálica. Decidió quedarse ahí para que nadie se le acercara por atrás.
—¿Dónde estoy? —ordenó saber.
—Estás entre aliados —respondió la misma voz que le habló en un comienzo, y no era el mismo a quien le había quebrado la muñeca.
—No fue la pregunta que hice. —Hizo aparecer una esfera de energía en cada mano en tono amenazante.
No lo entendía. Había muerto, debía estar muerta. Recordaba el coliseo hace solo unos minutos, la gente vitoreando su ejecución, al rey y su discurso que no significó nada por estar mirando a sus hijos: a Vegeta y su intento por lucir imperturbable, pero el peso de la culpa ya era demasiada para soportarlo. A Tarble… Tarble y sus ojos tristes, la estaba mirando, y no debía ser así. Lo único que quería era poder levantarse y abrazarlo aunque después debiese volver a su lugar para la decapitación.
—Koora, mi nombre es Karev, deberías recordarme. A todos los presentes deberías recordar. Te servimos en tu ejército, en las misiones de paz. Solo estás rodeada de gente fiel que logró escapar y sobrevivió a la masacre del coliseo. —Cuando terminó de hablar se encontraba a unos pasos de ella, mirándola a los ojos.
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La respiración se fue calmando, al igual que los latidos de su corazón. Ahora con poca luz, sus ojos lograron acostumbrarse hasta que poco a poco pudo ver figuras y rostros. Sentía que eran familiares, pero no logró identificar a ninguno. Ni siquiera al hombre alto que le hablaba.
—La ejecución —insistió Koora—. Morí en ese lugar. —Desapareció una de las energías para llevarse la mano al cuello. Ni siquiera debería tener su cabeza unida al resto de su cuerpo, y no encontraba la cicatriz que debió dejarle el ataque de Vegeta. Nada tenía sentido.
—Efectivamente moriste ese día. Fuiste decapitada y tu cuerpo calcinado. El rey Vegeta y su gente asesinaron a cientos de saiyajin que te sirvieron, junto con su familia y aliados. Eso pasó hace casi diez años, y tú acabas de ser revivida —dijo sin tratar de suavizar la información—. Tu cuerpo fue reconstruido, al igual que tu rabo y tus ojos.
Koora inmediatamente hizo desaparecer la otra energía para tocarse el rostro. Tenía ambos ojos y no había rastros de la grotesca cicatriz que su hijo había dejado en lugar del ojo. Su rabo también estaba presente, podía sentirlo, demasiado real como para tratarse de un sueño. Aún incrédula por la historia que había escuchado, observó a los otros hombres del lugar con mayor atención, aunque todos desviaron la vista hacia el suelo por respeto a su desnudez, lo que se le dificultó para intentar identificarlos, aunque al ver que todos tenían rabos la hizo sentir que parte de la historia era real y podían sentarse a conversar.
—¿Diez años? —murmuró. Todo sonaba tan descabellado, pero cómo era posible que tuviera su ojo y rabo de regreso.
—Así es —respondió Karev, y tomó la chaqueta del otro hombre que se le había acercado a Koora para cubrirla con su prenda pero terminó con la muñeca rota, y se la ofreció, sin acercarse más, y siempre mirándola a los ojos—. Ahora, si pudiéramos conversar.
Koora la recibió sin bajar la guardia y no se mostró intimidada, ni siquiera ante el guerrero de metro noventa que le hablaba de tan cerca.
—Quiero toda la historia, aunque esto no significa que te crea —dijo seria.
—Sí —respondió.
Ya con ropa y sentada en la misma mesa que apareció acostada, Koora se mantuvo en silencio analizando y asimilando la situación. Todo parecía tan irreal, le costaba trabajo creer la historia de unas esferas mágicas y un dragón que concede deseos si se reúnen esas dichosas esferas, pero por otro lado estaba ahí, al interior de una nave con algunos de sus hombres que sirvieron para ella y lograron escapar a la cacería. No había sido capaz de reconocerlos porque luego de diez años todos habían cambiado, mientras que ella tenía la misma edad con la que murió y sentía que solo había transcurrido un pestañeo desde que fue decapitada.
—¿Cuánto tiempo les tomó? —preguntó ignorando la comida que le habían servido en algún momento mientras el saiyajin le contaba todo lo que había ocurrido.
—Demasiados años —respondió Karev, quien había interactuado con ella desde un comienzo. Era un saiyajin de aproximadamente cuarenta años, alto, de cabello negro, un tanto canoso y muy corto, como militar. Koora no tardó en darse cuenta que era la persona al mando del lugar—. Cuando escapamos de la masacre del coliseo, solo teníamos unas pocas naves y nuestra gente que logramos sacar del planeta. Tuvimos que ir lejos, pues el rey Vegeta mandó a darnos caza, y en uno de los tantos lugares que recibimos cobijo, escuchamos la historia de las esferas. No perdíamos nada con intentarlo, necesitábamos seguir escapando y tiempo para reorganizarnos y prepararnos.
—Y me revivieron porque quieren venganza —dijo mirándolos a todos, pero regresó su atención a Karev.
—Va mucho más allá de eso, pero poniéndolo en palabras simples, sí. Hemos crecido en número y poder, y solo nos faltaba nuestra líder para continuar. —Guardó silencio un momento y la observó, recordando en el pasado cuando era un simple soldado y desde la formación la contemplaba con admiración. Sabía que estaba analizando todo—. Sé que aún es muy pronto para comenzar a hacer planes, acabas de regresar a la vida y hay mucho que procesar, pero para nosotros han pasado diez años y estamos ansiosos por escucharte.
Koora se tomó un momento para responder. Todos esperaban que comenzara a hablar sobre trabajo y un eventual plan de venganza, pero estaban equivocados.
—Mis hijos. —Al ver los rostros de todos los presentes sentados a la mesa, inmediatamente supo que no iba a recibir buenas noticias—. Quiero saber de ellos —insistió con tono tranquilo, pero firme. No le importaba si esperaban algo más de ella.
—Su Majestad —dijo un hombre sentado al otro extremo de la mesa, era de edad avanzada, pero aún conservaba el buen estado físico de los saiyajin—. El príncipe Vegeta desapareció al día siguiente de su ejecución. Lo buscaron por años, pero nunca encontraron una sola pista de su paradero o lo que pudo haber ocurrido con él… —Hizo una pausa antes de seguir. Sabida era la devoción de la reina hacia sus hijos, y a nadie le gustaba dar las malas noticias—. La tesis más mencionada es que lo raptaron para chantajear al rey, pero algo salió mal y murió.
Koora mantuvo su postura firme y seria, observando a la nada. No, no podía ser, tenía que estar vivo. Su hijo no podía haber terminado de esa manera luego de todo lo que pasaron, su muerte hubiera sido en vano de ser así. Decidió no preguntar más detalles de él, más tarde averiguaría por su cuenta.
—¿Qué pasa con Tarble y Kyle? —«Maldita sea» pensó, «otra pausa».
Esta vez fue una saiyajin de su edad la que respondió.
—No estamos muy actualizados con todos los acontecimientos de Vegetasei porque nos encontramos demasiado lejos, pero sabemos que Kyle es una muchacha destacada, no al punto que lo fue su primer hijo, pero ha sido bien entrenada… Es apegada al rey y no abandona mucho el planeta, a no ser que sea con él. Creemos que no participa en misiones por la misma sobreprotección del rey… Y también es la viva imagen suya, Su Majestad.
¿Podría seguir empeorando? No era posible que toda esta información fuera correcta. Por un lado se sentía tranquila al saber que Kyle estaba bien en ese lugar pese a todo que pasó y considerando que eran tan parecidas físicamente, lo que podía crear en Vegeta un rechazo absoluto, pero ¿Vegeta sintiendo afecto por alguien? Lo encontraba imposible y aterrador al mismo tiempo.
—¿Y Tarble? —preguntó controlándose para no verse ansiosa, y al ver que nadie abría la boca para responder se dirigió directamente a Karev que estaba sentado a su lado—. ¿Qué pasa con él? —De todo corazón esperaba que le dijeran algo similar a lo de Vegeta, que había desaparecido y ya no se encontraba en el infierno de Vegetasei.
—No se sabe mucho de él por fuera —respondió Karev—. Es bastante reservado y no suele participar de las ceremonias oficiales, que es de donde hemos obtenido la mayor parte de la información, pero nos enteramos que formó su propio ejército y es uno de los mejores hombres del rey en cuanto a la calidad de los planetas que conquista para él… Lo siento.
—Necesito una nave —dijo de pie. Decidida abandonó la sala mientras los otros saiyajin intentaron decir algo para persuadirla, pero Karev les hizo una seña con la mano de guardar silencio y fue tras ella.
Koora ni siquiera se tomó el tiempo de contemplar la magnitud de la nave en la que se encontraba, tampoco a los saiyajin que le sirvieron al igual que sus familiares que la observaban incrédulos y la saludaban con una reverencia o simplemente se quedaban de pie viéndola pasar. Había guerreros de todas las edades, incluso niños que habían nacido y crecido durante el exilio autoimpuesto.
—Koora, todos estos años luchamos para encontrar las esferas y revivirte para…
—Yo no les pedí nada, ahórrate el discurso —dijo ocultando su malhumor tras un velo de decisión y seriedad. No lo aceptaba, ese no era su niño, no podía ser que Tarble hubiera cambiado de esa forma. Todo lo que le dijeron sobre sus hijos debía estar equivocado.
—Entiendo que tengas la urgencia de ir por tus hijos, pero…
—Si lo entiendes entonces me darás una nave y no me harás perder el tiempo.
—Está bien —dijo resignado, sorprendiendo a Koora que pensó que tendría que discutir más—. Sígueme, el hangar queda en otra dirección. —Le indicó con la mano y la mujer obedeció. Quería y necesitaba a Koora de regreso, pero para que eso sucediera, ella tenía que desearlo, y era comprensible su comportamiento.
Una vez que estuvieron en el hangar, Karev la dirigió a un sector privado para no continuar llamando la atención.
—¿Piensas regresar? —preguntó una vez que Koora estuvo al interior de la nave esférica.
—No he decidido nada —respondió sin mirarlo, programando la nave para salir enseguida. La computadora le indicó que el viaje hacia Vegetasei sería largo, pero no le importó. Ya eran diez años en los que sus hijos habían crecido sin ella y necesitaba verlos y comprobar que todo lo que le habían dicho no eran más que mentiras.
—Aquí estaremos esperándote —dijo solemne y dio un paso hacia atrás cuando el motor de la nave se prendió.
Koora no respondió.
(...)
La nave, mucho más moderna de lo que recordaba, aterrizó de manera sigilosa en medio de la noche de Vegetasei. Le tomó un momento orientarse antes de emprender vuelo y aprovechó la complicidad de la oscuridad para recorrer el lugar. Solo tuvo que robar una capa con capucha de una casa para pasar desapercibida, después de todo nadie estaría esperando ver a la reina entre la gente del pueblo.
Diez años, no dejaba de pensar en eso. La atormentó durante todo el viaje al interior de la nave y continuaba ahora que estaba en su antiguo hogar, rodeada de toda esta gente que iba de un lado a otro y seguramente vitoreó su ejecución, algunos porque no les quedó otra opción y tenían miedo, otros porque simplemente lo estaban disfrutando. Le llamó la atención que hubiera mayor cantidad de razas por el lugar, al parecer el planeta se había abierto para los extranjeros, aunque estaba segura que no ocurría lo mismo en las ciudades de guerreros clase alta, esos solían despreciar todo lo que pudiera ser diferente a ellos.
Sabía que no había posibilidad que Bardock se encontrara con vida, seguramente había sido asesinado en el coliseo con el resto de sus hombres, pero ya que estaba cerca, no resistió la tentación de ir a su casa y echar una mirada. Desde fuera pudo ver que aún había una tenue luz, por lo que se acercó, siempre mirando hacia todos lados, atenta de la gente que aún transitaba pese a lo tarde que era. Se detuvo en la puerta y giró la perilla. De pronto tuvo miedo. ¿Qué pasaría si Bardock se encontraba con vida? Habían pasado diez años, y para ella solo el tiempo que tardó en llegar a Vegetasei. Todo era tan confuso.
La puerta se abrió sin que ella la moviera. Desde adentro, un pequeño niño mestizo de alrededor de tres años había abierto la puerta al creer que su padre había regresado de su misión.
—¿Papá? —dijo el pequeño asomado, pero al ver que no se trataba de él, se mantuvo detrás de la puerta, mirando con timidez a la persona que estaba tras del capuchón y no lograba ver bien.
—No te asustes —dijo Koora con voz suave, muy diferente a las pocas interacciones que había tenido desde que regresó a la vida. No pudo evitar pensar en sus hijos al ver al pequeño, y de paso entristecerse al darse cuenta que esta casa pertenecía a alguien más—. Solo estoy buscando a Bardock. ¿Lo conoces?
El pequeño negó con la cabeza, a lo que ella respondió con una sonrisa melancólica.
—¿Estás con alguien más, pequeño?
—Mi mamá, arriba.
—Entonces cierra la puerta y ponle seguro. La próxima vez le pides a ella que la abra.
Gohan asintió con la cabeza, mientras que Koora se encargó de cerrar la puerta con suavidad para que la madre del niño no se diera cuenta de lo que había pasado. Bueno, al menos lo había intentado. Ahora tendría que esperar a que volviera a anochecer para infiltrarse en el palacio, por lo que tendría que hacer hora durante el día en la Zona Negra.
(...)
En cuanto el sol comenzó a ocultarse, ya se encontraba en los alrededores de palacio. Parecía que el tiempo se había detenido en la edificación de piedra, sin embargo podía apreciar los cambios en el entorno, seguramente cortesía de Rave, ya que Vegeta jamás se preocupaba de esas cosas, y ella cuando fue reina, mucho menos. No se veía mal, especialmente considerando que ahora recibían muchas más visitas que antes, de reyes y tiranos de diferentes lugares para cerrar y celebrar tratados. Eso se lo concedía a Rave, era inteligente, y estaba segura que cualquier logro de Vegeta se lo debía a ella.
Debió estar varias horas escondida en el mismo lugar hasta que fue el cambio de guardia y aprovechó el momento de distracción para introducirse a los patios de palacio. Con todos los soldados custodiando sería imposible llegar hasta las habitaciones de sus hijos, pero conocía el lugar como la palma de su mano, y sabía por donde meterse para acceder a los jardines más internos. Estaba arriesgando todo con esta acción, pero necesitaba ver con sus propios ojos lo que sucedía. No importa si tenía que estar escondida detrás de un lote de naves reales, se quedaría ahí hasta que los viera.
No sabe cuánto tiempo estuvo escondida, pero ya había perdido la cuenta de la cantidad de soldados de élite vio pasar, incluso divisó a Torn, con quien debía ser su hijo Row, ya que era el más ordenado de los dos gemelos y seguramente continuaba igual. Ahora estaba convertido en todo un guerrero, un verdadero orgullo para su padre, bastaba con ver cómo lo miraba y le hablaba. Pasó la noche entera en su escondite hasta que se salió el sol y no pudo moverse un solo centímetro, ya que a pocos metros se instaló un par de guardias que no se movieron de ahí por horas, y pese a estar relajados conversando sin estar atentos de su entorno, sería rápidamente descubierta si intentaba cambiar de escondite para probar suerte en otro lado.
Cuando cayó la noche y los soldados se marcharon, Koora pudo al menos cambiar de posición, pero no tuvo oportunidad de ir a otro jardín, ya que había más movimiento que la noche anterior, y aunque en la Zona Negra nadie la reconoció, aquí era muy probable que ocurriera enseguida, o al menos la detendrían y solo sería cosa de minutos para que alguien supiera quien es. Inconscientemente se puso de pie cuando vio a una jovencita llegar a paso rápido al lugar, se veía contenta, y aunque tenía el cabello amarrado en una cola ajustada, fue como contemplarse en un espejo del pasado, realmente era su vivo retrato. Se trataba de Kyle, y estaba mirando con atención la fila de naves que se encontraba a mano derecha, tan solo tenía que girar a contemplar las otras para notar que había una mujer escondida observándola.
Koora estaba embelesada y no podía dejar de sonreír. La última vez la vio en el tanque era tan pequeña e indefensa y ahora era una adolescente hermosa, de mirada vivaz e inocente pese a encontrarse en un ambiente tan violento como este. Era imposible que un hombre como Vegeta fuese cercano a ella sin contaminarla en el proceso, la información que le habían dado había sido errada. No lo pensó, y dio unos pasos para salir de su escondite, no tenía idea qué diría o haría, pero no había nadie más y debía aprovechar la ocasión, tenía que acercársele, pero justo en ese momento la jovencita habló.
—Papá, ¿cuándo vas a dejarme pilotar una de estas naves? —preguntó hacia su izquierda, por el pasillo del que había llegado, haciendo que Koora volviera a su escondite, ahora agachada para no ser vista.
—¿Para qué quieres pilotar si viajamos en las naves más grandes y veloces que hay y con los mejores pilotos? —preguntó el rey Vegeta cuando se puso a su lado, también a mirar la flota nueva de naves esféricas.
—Porque ya aprendí a pilotarlas, pero no he podido hacerlo de verdad. Los simuladores de vuelo son para los niños, puedo completar las pruebas a ojos cerrados.
—Aún eres una niña —dijo con voz ronca y seria, para que la chica entendiera—. Además eres la princesa, tienes que volar conmigo, podrían interceptar tu nave solo para llegar a mí.
—Qué aburrido eres —comentó cruzándose de brazos—. Y no podrían interceptar mi nave si me dejaras practicar en ellas.
Desde su escondite, Koora vio a padre e hija interactuar con tanta naturalidad y cercanía que la dejó pasmada. No había contacto físico entre los dos, pero considerando que se trataba de Vegeta, el mismo hombre que todos los años que estuvo con él jamás lo vio mostrar afecto hacia nadie, el mismo que reventó la cabeza de Alina frente a ella, para luego decapitarla en el coliseo, esto significaba demasiado. En un momento el monarca lanzó una carcajada corta por un comentario de su hija, y eso ya fue demasiado para Koora. La forma en que miraba a Kyle y le hablaba… ¿Qué demonios pasó en estos diez años? Lo que le dijeron sus antiguos guerreros era verdad.
Tuvo cuidado de ocultarse, agachada entre dos naves cuando vio un par de guerreros pasar y saludaron respetuosamente al rey y la princesa. Nuevamente había movimiento en el lugar, pero padre e hija continuaron conversando, por lo que permaneció en silencio observando lo linda que se había puesto su hija, intentando pasar por alto lo perturbador que era ver a Vegeta de ese modo. Después de un rato se acercó al rey un guerrero de alto rango, lo notó por la ropa y la forma de moverse, pero no le prestó atención por estar concentrada en Kyle, que se mantuvo junto a los dos hombres mientras hablaban algo relacionado a las naves que tenían frente a ellos. En un momento, la misma niña que ahora sonreía, tomó del brazo al guerrero de baja estatura, provocando que el monarca mirara de reojo esa acción, sin hacer nada, concentrado en la conversación que llevaban. Eso hizo que Koora mirara al joven, después de todo un gesto así en un planeta como este significaba demasiado, especialmente si la hija del rey tocaba a alguien delante del mismo monarca. Su corazón se detuvo cuando se dio cuenta de quién se trataba. Era Tarble. Era Tarble y no había sido capaz de darse cuenta.
—Todo estará listo para mañana —dijo Tarble, serio, como cada vez que interactuaba con el rey. Incluso no correspondía las muestras de cariño de Kyle, solo se enfocaba en el trabajo.
—Espero un éxito rotundo en esta conquista —habló el monarca con expresión dura, diferente a como había sido mientras estuvo con Kyle a solas.
—Lo será —respondió el príncipe con un toque de altanería en su voz.
Tarble se acercó a las naves, así que su hermana tuvo que soltarlo, y frente a frente al rey continuó explicando el plan de invasión, lo que le dio oportunidad a Koora para apreciar su rostro y gestos. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta que era él? Sí, estaba totalmente cambiado, ahora era un hombre, un guerrero, lejos del pequeño e inocente niño delgado que no era capaz de finalizar su entrenamiento. Se obligó a calmarse para poner atención a lo que decía y tal como le había dicho Karev, trabajaba para el rey. Hasta ahora todo lo que le habían dicho era cierto… ¿Qué era lo que había tenido que vivir Tarble para terminar siendo un saiyajin más? Tanto que ni siquiera había sido capaz de reconocerlo pese a que había fantaseado tanto con el momento en que lo viera.
Mientras miraba a su niño en silencio, fue incapaz de retener un par de lágrimas. Era tan contradictorio lo que sentía que no podía sobrellevarlo. Por un lado sonreía al ver el joven guapo, el guerrero saiyajin en que Tarble se había convertido, pero también lloraba porque sabía la falta que le debe haber hecho, y que por eso no le quedó otra opción que volverse como los demás para encajar y sobrevivir. Su vida debió haber sido dura, mucho más difícil de lo que pensó. No pudo dejar de sentirse culpable, sintiendo por primera vez el peso de los años transcurridos. El tiempo había pasado, todos habían continuado con su vida, y no veía una forma de poder acercarse a ellos sin que todo terminara muy mal, ya que lo más seguro es que Vegeta les hubiera lavado el cerebro. ¿Y si peleaba por ellos y los sacaba del planeta? Sería inútil, tenía diez años de desventaja en cuanto a poder y entrenamiento, no tenía nada de su lado, salvo que todos daban por hecho que estaba muerta.
Se mantuvo en su escondite observando a sus hijos hasta que los tres se retiraron del lugar, y debió esperar casi ocho horas por una oportunidad de escapar, alejarse de palacio y regresar a su nave para abandonar el planeta. Por el momento no había nada para ella.
(...)
Cuando la nave esférica abrió la compuerta al interior de la nave madre, Koora no vio a nadie más que Karev, era como si supiera que iba a volver.
—Ya te recuerdo —dijo mirándolo a los ojos—. Tú padre era uno de mis hombres cercanos, tú eras un mocoso y estabas en su escuadrón.
—¿Un mocoso? —repitió. No esperaba que le dijera algo así, pero casi no alteró su rostro serio—. Solo teníamos diez años de diferencia, y técnicamente ahora tenemos la misma edad.
Koora no respondió. No había pensado en eso.
—Muy bien, pongámonos a trabajar —dijo al salir de la nave de un salto y caminó con el hombre a su lado. Se veía concentrada y respuesta, después de todo, había tenido suficiente tiempo para llorar durante el camino de regreso.
—Supongo que no te fue bien con tus hijos. Lo siento mucho.
—No fue un fracaso, solo lo aplacé. Necesito tiempo y tengo la ventaja de que nadie sabe que estoy viva. Tiene que seguir así el mayor tiempo posible.
—Me encargaré de que así sea. ¿Eso significa que tomarás tu antiguo puesto?
—Tú eres el líder actual, ¿eso no te molesta? —Se detuvo para mirarlo, necesitaba verlo de frente para saber si mentía o no.
—No soy el líder. Somos un grupo de saiyajin que nos hemos encargado de que todos sobrevivan sin ser descubiertos. Aún hay precio por las cabezas de los más antiguos, y no fui solo yo quien buscó las esferas. Todos estábamos esperanzados en tenerte de regreso.
—Si ese es el caso, te necesitaré a mi lado, tengo que ponerme al día en todo para decidir qué hacer.
—Nos gustaría tener la cabeza del rey Vegeta y sus cercanos.
Koora hizo una pausa antes de responder.
—Es adelantarse demasiado. Por lo que vi sus tropas han aumentado y yo llevo diez años sin entrenar. Si quieren que esté al mando tendrán que hacer lo que digo, y de antemano les aviso que va a tomar tiempo.
—No nos hará daño esperar unos años más.
Volvieron a caminar para salir del hangar.
—Tenemos que pensar en algo para no evidenciar que somos saiyajin —dijo Koora pensativa—. Si voy a ocultar que estoy viva, también necesitamos que nadie sepa quienes somos.
—Los jefes de cada escuadrón ya están en la sala de reunión. Los llamé en cuanto tu nave apareció en el radar. Podrás hablar con todos nosotros y ponerte al día en lo que sea. Todos están dispuestos a trabajar para ti.
—Perfecto —dijo complacida. Era un hombre eficaz, y eso le gustaba en los cercanos que trabajaban para ella—. Y haz que dejen de llamarme reina o Su Majestad. Ya no soy reina de nada.
—Nunca has dejado de serlo para nosotros.
La mujer guardó silencio.
No podía creerlo. Hace más de diez años había decidido dejar los entrenamientos y batallas porque deseaba una vida tranquila para ella y sus dos hijos menores, y ahora debía volver a ponerse en forma y trabajar para acabar con aquellos que impiden su sueño. Lo que sea por tener a sus hijos de regreso, incluso si eso significaba no verlos por un largo tiempo.
(...)
Cuando Koora entró a uno de los cuartos más grandes de la nave madre, encontró a cuatrocientos soldados saiyajin, hombres, mujeres, adolescentes y adultos de avanzada edad, todos vestidos con su nuevo traje de carroñero con el que ella y los líderes de escuadrones habían acordado para poder comenzar a trabajar y pasar desapercibidos sin riesgo de ser descubiertos. Lo de usar arma sí que era nuevo, ya que no era algo que un guerrero saiyajin necesitara, pero hacía más realista el disfraz. También había al menos doscientos saiyajin de todas las edades con ropa normal, ya que ellos no tenían el poder de pelea suficiente para ponerse un traje y cumplir como un guerrero.
—Magnifico —susurró desde el pasillo exterior del segundo piso que guiaba a una escalera para acceder al gran salón. Ella, y quienes la acompañaban también estaban con sus trajes puestos, sus armas y el casco bajo el brazo. Luego de arduos meses de trabajos ya tenía un pequeño pero poderoso ejército—. Podremos comenzar con las misiones de reconocimiento y rescate.
—Te están esperando —dijo Karev a su lado.
La mujer apoyó las manos en la barra de la baranda y los observó. No pudo evitar recordar aquel momento en el coliseo.
—Antes de mi ejecución en el coliseo —comenzó, mirando a todos los presentes que la escuchaban con atención—, me tuvieron en un cuarto donde escuché cada uno de los asesinatos de mis tropas y sus cercanos, y pese a que un par de horas después Vegeta me decapitó, la agonía y la culpa hicieron que se sintiera eterno. No puedo llegar a imaginar cómo ha sido para ustedes que han tenido que vivir tantos años con esos recuerdos. Todos aquí perdieron a alguien: un amigo, una pareja, un hijo, un padre, una madre; y sé que la espera ha sido larga y que todos esperan vengar a su gente, pero esto va más allá de una revancha mediante un baño de sangre. Esto va más allá de nosotros que hemos tenido que vivir en las sombras por renegar de una herencia de muerte y destrucción, esto es por la gente de miles de razas que vieron mermados sus sueños y sus vidas solo por toparse con el ejército saiyajin. Es por la gente que murió por creer en nosotros y nos ayudó cuando nadie pensaba que pudiera salir algo bueno de esta raza, es por nuestra gente que perdimos y por estas nuevas generaciones que tienen derecho a tener una vida distinta, y por eso vamos a trabajar y ser más inteligente que el enemigo que solo sabe matar...—Se tomó una pausa de unos segundos, esperando que se calmaran los gritos de apoyo—. Somos saiyajin, y no tenemos que avergonzarnos, porque seremos nosotros los que limpiaremos nuestro nombre, y demostraremos que podemos ser mucho más que una raza de guerreros asesinos, que también somos capaces de crear, y lo haremos liberando a Vegetasei y al universo de su peor verdugo. Nosotros, los saiyajin, acabaremos con los reinados de tiranía más antiguos de la galaxia, recuperaremos nuestro planeta, y nuestros muertos por fin podrán descansar en paz.
La ovación de los presentes fue tal que retumbó en todo el lugar, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda de Koora, pero se mantuvo firme ante los gritos de su raza, tan iguales, y a la vez opuestos a aquellos que vitorearon su muerte. Ahora había esperanza, una promesa de vida y porvenir que sabía que eran capaces de lograr, con trabajo, paciencia y unidad.
(...)
Pese a que había perdido los últimos tres combates cortos del día, Koora se lanzó a atacar a Karev que lucía en mucho mejor estado que ella, más concentrado y con energía. Además de trabajar como carroñera revisando planetas, rescatando gente, robando objetos de valor y armas, (entre muchas otras cosas más que solían hacer los carroñeros) pasaba el tiempo libre entrenando. Siempre se había destacado como una excelente guerrera, pero todos tenían diez años de ventaja y eso se había notado a la hora de entrenar con los guerreros más fuertes que tenía a mano. Siempre variaba, pues necesitaba aprender de todos un poco, pero con quien más repetía era con Karev, ya que además de entrenar, aprovechaba de ponerse al día con las noticias de sus ejércitos. Al final de cuentas, solo terminaba de trabajar cuando se iba a dormir.
—No estás concentrada —dijo el hombre con calma, esquivando sus ataques sin mucho problema.
—Lo estoy —dijo sin detenerse, usando puños y pies intentando derribarlo, pero se le estaba haciendo imposible. Su nivel de frustración creció cuando lo vio llevar las manos detrás de su espalda, como si no fuera un gran problema enfrentarse a ella.
—Tienes muchas cosas en tu cabeza —dijo sin dificultad, pues ni siquiera estaba agitado.
—¿Cómo no tenerlas? —respondió molesta, agitada. El sudor le molestaba en los ojos, y su cabello se había soltado, lo que la distraía al momento de atacar.
—Pero puedes hacerlas a un lado mientras peleas. Que solo exista tu oponente a la hora de pelear.
—No tienes que recordármelo —respondió de mal humor, ofendida en su orgullo de guerrera—. No soy una inexperta en la materia.
—En estos momentos lo pareces —comentó solo para alterarla, y funcionó.
—¿Cómo te atreves? —dijo sorprendida por su falta de respeto, él que era demasiado protocolar para su gusto, pero le agradaba su profesionalismo y eficacia.
Continuó atacando, molesta, cada vez más rápido, obligándolo a quitar las manos detrás de su espalda, hasta que finalmente logró golpearlo en el pecho con la suficiente fuerza para desestabilizarlo y hacerlo trastabillar. Aprovechó la oportunidad y levitó para estar a la altura de su rostro y golpearlo en la mejilla con fuerza, tirándolo al suelo. No contenta con eso, volvió a atacar, para demostrarle que no estaba con una principiante, pero el guerrero rodó por el suelo lo suficiente para esquivar los tres ataques que continuaron y abollaron el suelo reforzado.
Aún en el suelo, Karev se aprovechó de sus piernas largas y la golpeó en los tobillos, arrojándola al suelo. Ahora fue ella quien debió esquivar al hombre que estaba casi encima, pero no tuvo tiempo para moverse y alcanzó a detener el ataque de puño con ambos brazos cruzados sobre su rostro, y cuando él se preparó para otro golpe a pocos centímetros, ella se adelantó, lo tomó de la nuca para que no se alejara y lo golpeó en la frente con su cabeza con tanta violencia que a los dos les retumbó la cabeza y todo dio vueltas por unos segundos.
Koora se alejó y logró ponerse de pie, mientras que el hombre continuó sentado por un momento, con la mejilla morada y un corte en la frente.
—¿A quién le dices principiante? —dijo seria, casi sin aire en los pulmones, y luego sonrió, satisfecha de haberlo golpeado.
El guerrero también sonrió, pero pronto volvió con su expresión seria de siempre.
—Lo siento. No debí…
—Está bien —respondió. Se le acercó y ofreció la mano. Karev aceptó y se puso de pie con ayuda de ella—. Me estabas azuzando. También recurría a eso cuando entrenaba con mi hijo mayor.
—Has mejorado mucho desde que comenzaste —dijo limpiando la sangre de la frente. Sí que le había dolido el golpe, aún estaba mareado.
—Pero me falta —respondió pensativa. Necesitaba tomarse un tiempo para solo entrenar, pero era difícil. Apenas tenía tiempo para cualquier actividad que no fuese trabajar, y eso la tenía tensa.
—Bien sabes que descansar es parte del entrenamiento.
—Lo sé, lo sé —dijo mientras se miraba el brazo. No sabía en qué momento Karev la había golpeado ahí, pero tenía el antebrazo completo amoratado, y apenas podía moverlo, lo que le agradaba. El dolor físico era una de las cosas que le recordaba que estaba viva—. Ya tendré tiempo para eso. —Lo quedó mirando en silencio cuando se quitó la camiseta para limpiar la sangre del rostro que había comenzado a gotear. Era de torso grande, y bien formado, con profundas cicatrices en el pecho y abdomen, y al igual que su cabello, el vello de su torso batallaba entre el negro y el gris.
—Deberías. Incluso tú tienes que tomarte un tiempo para hacer algo más que no sea entrenar y trabajar —dijo Karev.
—¿Acaso tú lo haces? —preguntó a sabiendas que no.
—Intento seguir los consejos que doy, pero en este caso no —respondió un poco más relajado, con la prenda apretando la herida, pero siempre con la espalda recta, como si estuviera constantemente en revisión por parte de algún superior. Era algo que le había quedado grabado de su padre, un hombre muy estricto.
—Tal vez algún día te haga caso, y tú deberías hacer lo mismo —murmuró, y entonces se le cruzó una idea en la cabeza. Había estado tan ocupada que no se había preocupado en distraerse ni relajarse un momento, y quizás eso necesitaba para poder seguir trabajando y entrenando—. Voy a ir a ducharme, ¿vienes? —dijo sin dejar de mirarlo, para ver su reacción, y tal como esperaba no captó la idea, lo cual le pareció atractivo en un hombre tan grande y bien parecido como él, que siempre tenía guerreras interesadas rondándolo, pero no sabía si les correspondía o no, ya que era demasiado profesional para aceptar sus insinuaciones en horario de trabajo.
—Tengo trabajo pendiente, y es solo un corte, luego iré —dijo después de quitarse la camiseta de la herida, pero el golpe de Koora había sido demasiado profundo y continuaba sangrando.
Koora se le acercó, lo tomó del hombro obligándolo a que se acercara y simplemente le dio un beso en la boca. Fue corto y con los labios cerrados, pero se sintió muy bien.
El guerrero no dijo nada, y sorprendido, la quedó mirando mientras se iba camino a las duchas del cuarto de entrenamiento que solo usaba ella. Se obligó a reaccionar y la siguió. Tal vez era tiempo de seguir su consejo y darse un tiempo para otras cosas.
(...)
Koora caminó de un lado a otro en su estudio mientras esperaba a que le avisaran que todo estaba listo para partir. Informantes habían llegado con noticias de sus hijos y no podía continuar concentrada en su trabajo y tan lejos de Vegetasei. No solo la impactaron con la noticia que Vegeta había regresado después de tantos años sin saber de él, también Tarble estaba comprometido para casarse y abandonaría el planeta. No podía creer que solo hasta ahora se enteraba, pero habían estado tan concentrados en su trabajo, que incluso los carroñeros que dejó en las cercanías de Vegetasei no habían estado al tanto de tales acontecimientos.
—Yo también voy a ir —dijo Karev en cuanto entró al cuarto. Se había enterado recién de las noticias y de que Koora se marcharía.
—No —respondió Koora. Dejó su paseo nervioso por el lugar y se detuvo—. Te necesito aquí. Hay trabajo que hacer.
—Hay mucha gente competente, y en este lugar de la galaxia estamos fuera de peligro. Vas a acercarte a Vegetasei, y necesitarás guerreros.
—Voy en una nave grande, con guerreros.
—Y yo también voy —respondió decidido—. ¿Qué es lo que piensas hacer allá?
—Lo que debí hacer hace tiempo: intentar tener contacto con mis hijos. Ahora que Tarble va a dejar el planeta será más fácil, y necesito hablar con Vegeta. Yo sabía que no debía estar muerto, y tengo que verlo. A él y a Kyle, a los tres.
—Tus hijos son peligrosos, Koora —habló con calma, pues sabía que era un tema delicado para ella.
—No digas eso —respondió con el rostro tenso—. Debí haber intentado hablar con Tarble pese a lo que vi ese día en Vegetasei. Estoy segura que pese a que ha cambiado, no intentaría nada contra mí, e incluso podría convencerlo para que se pusiese de mi lado. Y Vegeta cambió.
—Nadie sabe qué fue de Vegeta y han pasado más de diez años. No puedes saberlo.
—Si fue capaz de dejar Vegetasei, el reino y su título es porque cambió en el momento en que morí. Mis hijos no son peligrosos, Karev, y si quieres ir conmigo lo acepto, necesito a los mejores, pero no vamos a hacer contacto con enemigos. Son mis hijos —No esperó respuesta y se marchó del lugar. Tenía que preparar sus cosas para marcharse enseguida.
(...)
—Es tan frustrante —comentó la mujer acostada en la cama, boca abajo, abrazando su almohada. A su lado estaba el hombre, también metido bajo los cobertores, acostado de lado para mirarla—. Cada vez que intento acercarme a mis hijos, los pierdo.
—El universo es infinito —respondió—. Podrían estar en cualquier lugar. Al menos se podrá saber pronto de Tarble.
—Sí —murmuró—. Ya había esperado tanto que sentía que si continuaba pasando el tiempo le jugaría en contra. No quería que sus hijos pensaran que no les importaba, cuando todo lo que hacía era por ellos.
Para cuando ya estaban cerca de los territorios de Vegetasei, se enteraron que Vegeta había abandonado el planeta y nuevamente nadie tenía idea de su paradero, y algo parecido había pasado con Tarble, que ya estaba casado y viviendo en Trantor, pero se encontraba en misiones secretas con el hijo mayor del rey, y sus hombres no habían sido capaces de encontrarlo.
Mientras tanto se habían encargado de trabajar con sus tropas que llevaban más tiempo molestando por los imperios socios de Vegetasei, recuperando gente, interceptando naves con esclavos, lo que fuera para mantenerse ocupados.
—Ya estamos aquí —dijo el hombre, mientras se estiraba con pereza—. Encontraremos a alguno de ellos tarde o temprano. —Se puso de pie y buscó su ropa para marcharse.
Koora sintió alivió. Por un momento pensó que querría quedarse, y si eso pasaba tendría que echarlo. De los meses que llevaban en esta relación física, lo habían pasado bien, pero era solo eso, pues no tenía tiempo para nada más, ni siquiera con él, que luego de tanto tiempo juntos, trabajando, entrenando e intimando, había llegado a estimarlo y considerarlo muy cercano. Estaba consciente que él sentía algo más, pero jamás le había dado motivos para eso, y Karev lo sabía bien.
El guerrero había comenzado a vestirse cuando llamaron a la puerta con urgencia.
—Adelante —dijo la mujer luego de sentarse y cubrirse con los cobertores, mientras que Karev se mantuvo de pie, desnudo del torso.
—Siento interrumpir, Su Majestad, pero esto es serio. Unos soldados vieron a su hija en un planeta cercano a Vegetasei.
—¿De qué estás hablando? —dijo en voz alta. Eso no podía ser.
—Están completamente seguros que era ella. Dicen que era igual a usted, y que la trataron de atrapar para traerla, pero se escapó. Iba con un niño mestizo saiyajin y no había ningún guardia con ella.
—Prepara una nave —ordenó. Se puso de pie en busca de su traje de carroñera—. Karev…
—Sí —respondió antes que ella dijera qué hacer. Tomó la ropa que le quedaba y salió del lugar a paso rápido.
De creer que sería una noche sin sobresaltos, ahora partirían a robar una princesa.
(...)
Cuando llegó a la celda donde estaba Kakarotto, lo encontró encadenado de brazos y furioso como un animal. El pequeño estaba escondido detrás suyo, y aunque no le parecía correcto que el niño también se encontrara enjaulado, decidió que así fuera por el momento, ya que si lo alejaba de su padre podría terminar perdiendo el control, ya casi podía ver que hacía estallar su poder pese a encontrarse con el collar. Bastó ver su comportamiento para darse cuenta que el hijo menor de Bardock era un soldado de élite. Era bueno, demasiado saiyajin para su gusto, como los guerreros que eventualmente deberían enfrentarse cuando llegase el momento de combatir al rey Vegeta. Era peligroso, todo lo contrario a lo que vio en Raditz aquella vez que se encontraron e intentó salvar unos niños pensando que estaban siendo robados para comerciar con ellos, cuando en realidad los estaban raptando para evitar que eso sucediera.
Pasó por alto al guerrero y se acercó al niño. Le provocó ternura verlo agarrado del rabo de su padre, pero aún no podía dejarlo libre, tenía que esperar que Bardock despertara y se encargara de su hijo. Era arriesgado que descubriera dónde estaba y quienes eran ellos.
—Ven, por favor —dijo, y tomó al niño del hombro para que se alejara del padre y llevarlo al rincón de la celda.
El pequeño se veía asustado, y pese a que tenía edad como para intentar golpear y defenderse, no hizo nada más que obedecer. Eso le llamó la atención, después de todo era hijo de un guerrero poderoso, y los soldados de élite solían criar a sus hijos en la misma línea para que siguieran sus pasos, por mucho que se tratara de un mestizo.
Ya que Kakarotto les daba la espalda y no podía voltear, se quitó el casco para aplacar el miedo en el niño. Al parecer funcionó, ya que lo vio menos ansioso.
—Puedes estar tranquilo —dijo con voz suave, una vez que se arrodilló para quedar a la misma altura. Detrás suyo, Kakarotto no dejaba de gritar y amenazarla si tocaba a su hijo, pese a eso, no levantó la voz, no quería que escuchara nada que le fuera a decir a Gohan—. No le haremos daño a nadie.
Gohan la miró en silencio. Ahora que la mujer se había quitado el casco el miedo disminuyó, especialmente porque su cara le recordó a Kyle. En un principio había imaginado que había alguien feo y malo bajo ese casco, pero solo se trataba de una señora bonita.
—¿Qué va a pasar con mí papá?
—Tampoco le pasará nada. Pero tendrán que tener paciencia antes de que los liberen —dijo sonriendo. No podía evitar pensar en Tarble, había algo en el niño que le recordaba a su hijo, quizás lo educado y poco agresivo que era, tal como su hijo a esa misma edad.
—¿Kyle está bien?
—Claro que sí. Y los doctores están atendiendo a tu abuelo, pronto estará bien y podrán estar junto los cuatro. Mientras tanto tendrás que quedarte con tu papá, porque está muy nervioso, y tienes que cuidarlo. ¿Podrías hacerme ese favor?
—Sí —respondió decidido, dejando el miedo atrás.
—Recuerda que no eres prisionero, pero tendrás que esperar. —No resistió el impulso y le acarició la mejilla. No podía dejar de pensar en sus hijos cuando eran pequeños. No tuvo la suerte de conocer a Kyle a esa edad, y la tenía inconsciente en unas habitaciones más, era cosa de horas para hablar con ella frente a frente por primera vez.
Ya que Kakarotto continuaba tan alterado, no esperó más y con la llave especial que traía, le quitó el collar a Gohan. Solo tuvo que girar en las seis pequeñas cerraduras.
—Gracias, señora —dijo el pequeño, y se llevó las manos al cuello adolorido.
—No fue nada. Ahora ve a cuidar a tu papá.
—Sí.
Koora se preocupó de ponerse el casco antes de abandonar el lugar. Miró al saiyajin furioso, y pensó lo difícil que sería cuando tuviera que enfrentarse a un ejército de guerreros como él. Al menos cuando el niño lo abrazó y le habló, bajó un poco la intensidad. Se encargó de dejar la jaula abierta para que Gohan viera que hablaba en serio.
—Su Majestad —dijo uno de los guardias cuando ya estuvo junto a ellos. Se comunicaban a través de los comunicadores incorporados en los cascos, de esa manera el resto no podía escuchar—. Nos acaban de informar que su hija está despertando.
—Gracias —respondió—. Quédense un momento haciendo guardia y luego salgan de aquí. Continúen en la otra habitación para que el niño no los vea, y no cierran la celda. Es imposible que el guerrero escape con las cadenas y collar puestos.
—Como usted diga.
Koora apuró el paso para ir con Kyle.
(...)
En cuanto despertó, Kyle se puso de pie en guardia y lista para enfrentarse a quien estuviera cerca suyo, sin embargo, estaba sola en lo que parecía la habitación de una enfermería, con camilla, implementos médicos y repisas llenas de frascos pequeños y cosas por el estilo. Se llevó la mano al cuello palpando el collar, pero la puerta de la habitación se encontraba entreabierta, definitivamente no se encontraba encarcelada. Todo era demasiado raro. No hizo más que asomarse cuando un carroñero que custodiaba desde afuera notó que había despertado.
—Le ruego que espere en el cuarto, por favor —dijo con la voz robótica que le otorgaba el casco.
—¿Me ruegas que espere en el cuarto? —dijo incrédula mientras miraba el arma que llevaba a la cintura—. ¿Dónde están mis amigos? —preguntó sin salir. Aún estaba con el collar, por lo que un disparo podría ser letal.
—No me lo han informado, pero sé que se encuentran todos bien. Ahora espere en el cuarto. Ya van a venir a responder sus preguntas.
—Qué carroñero más educado —susurró. Sacó un poco más del cuerpo, para ver la reacción del sujeto, pero justo a la vuelta del pasillo vio acercarse la carroñera baja que había encañonado a Gohan y la había dejado inconsciente.
Retrocedió cuando se dio cuenta que tenía intenciones de entrar y se mantuvo con la espalda en la pared más alejada. Cada vez le agradaba menos lo que estaba pasando. Al menos si estuvieran encarcelados y siendo maltratados sabría qué hacer y cómo actuar, pero a medida que pasaban los minutos todo se volvía más raro.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —dijo Kyle molesta, e intentó retroceder un paso más cuando vio que la mujer cerró la puerta, pero ya estaba contra la pared.
—El guerrero fue operado y ya está fuera de peligro —dijo Koora con la espalda recargada en la puerta. Notaba la desconfianza y el nerviosismo de Kyle y no quería que empeorara, pero ya se había dado cuenta que la jovencita tenía carácter y no sería fácil tranquilizarla con meras palabras—. Y el niño y su padre pronto serán puestos en libertad.
—No entiendo —respondió—. ¿Nos raptaron para después liberarnos?
—No los raptamos. Los rescatamos de la nave de los cazadores.
—No es lo que parece. Aún tengo este maldito collar y hay un guardia armado afuera que no me deja salir.
—Puedo quitártelo —dijo, y sacó de uno de los compartimientos del cinturón lo que parecía ser un lápiz delgado de metal con estrías—. Con esto puedo quitarte el collar. —Dio unos pasos hacia ella, pero se detuvo en cuanto Kyle le habló.
—No te acerques —exclamó desconfiada—. ¿Qué es todo esto? Si dices que nos rescataron ya déjennos ir, o admite que nos secuestraron para cobrar rescate con mi padre, pero no sigas con este juego como si estuvieran de nuestro lado.
—Pronto podrás reunirte con todos —dijo sin querer dar más detalles. Maldición, quería que al menos Bardock hubiera estado con ella cuando revelara su identidad para hacer el proceso menos traumante, pero había perdido demasiada sangre y no sabían cuándo despertaría, podría tomar horas o un día, y definitivamente no contaba con ese tiempo.
—¡Deja de decir eso y dime qué pasa aquí! —Jamás había sido raptada, pero estaba segura que no era así cómo funcionaban las cosas, tenía que haber algo más, pero no lograba dimensionarlo.
—Está bien —exclamó Koora resignada de que nada de lo que había planeado resultara como quería—. Te diré la verdad, pero promete que no te alterarás y me vas a escuchar.
—No me alteraré, ahora habla. —La curiosidad era más grande que todo, incluso que el miedo..
Ya que no quedaba otra opción, y no quería que su hija continuara en cautiverio ni con el collar puesto, se quitó el casco.
—Es por esto que no podría hacerte daño. Ni a ti, ni a los demás —habló ahora con su voz real, la que la misma Kyle había escuchado alguna vez en una grabación antigua que encontró cuando a escondidas había investigado sobre ella—. Dos de mis hombres te reconocieron en ese planeta en el que estabas con el nieto de Bardock, y luego que escaparon de ellos me avisaron. No nos costó mucho trabajo averiguar dónde estaban por mucho que los cazadores quisieran ocultar que habían atrapado a una princesa saiyajin. —Ahora que estaba sin el casco, por fin pudo apreciarla de cerca y con sus colores reales. Estaba mucho más grande que aquella vez cuando la encontró con Vegeta y Tarble en el patio de naves de palacio, y moría de ganas de acercarse y tocarla, pero se contuvo.
Kyle casi no escuchó las palabras de la mujer y por un momento pensó que continuaba inconsciente y todo se trataba de un sueño. ¿Cómo era posible?
—¿Koora? —murmuró incrédula. Pero claro que era ella, la había visto en fotos, más de una vez había fantaseado que entrenaban cuando espiaba a Lok y su madre pasando tiempo juntos, y tantas veces que le preguntó a Tarble por ella a sabiendas que solo tendría evasivas y ojos tristes por parte de su hermano.
Koora sonrió por el solo hecho de que su hija la reconociera, pero no se distrajo y la estudió. No es que se hubiera calmado, simplemente estaba demasiado sorprendida para alterarse, por lo que decidió mantenerse alejada.
—Sé lo que debes estar pensando, todo es muy confuso, pero tendremos tiempo para conversar con calma… Di algo, por favor —pidió ilusionada. Un grito, un llanto, millones de preguntas esperaba de ella, lo que sea, pero necesitaba desesperadamente interactuar con su hija. Había pasado demasiado tiempo alejada de sus hijos y ahora que tenía a Kyle tan cerca lo único que quería era abrazarla y quererla, pero en estos momentos se conformaba incluso con una discusión.
—Quiero ver a Bardock —dijo evidentemente incómoda, cruzada de brazos.
—Sí —respondió, y se le acercó mostrando la llave—. Voy a quitarte el collar y te llevaré con él, ¿está bien? —Esperó su permiso, y en cuanto la vio asentir con la cabeza dio los pasos que faltaban.
Las dos guardaron silencio el tiempo que Koora tardó en quitarle el collar, y de paso la mujer la observó con atención, mientras que Kyle lo hizo de reojo, recelosa. Eran casi de la misma estatura, no le faltaba mucho para alcanzar a su madre, y eran tan parecidas, con las diferencias obvias de los años sobre el cuerpo y la piel, que hacía que todo fuese mucho más raro y confuso para la joven.
No hubo diferencia de trato durante el trayecto al cuarto donde se encontraba Bardock. Las dos calladas, con Kyle unos pasos más atrás, mirando a la mujer, los alrededores y los carroñeros que no se encontraban con cascos. Lo segundo que le llamó la atención de todo esto fue ver el rabo a un hombre sin su traje de carroñero: indiscutiblemente era un saiyajin.
Por fin sintió una brisa de alivio cuando vio a Bardock en la cama. Estaba conectado a una máquina que medía sus signos vitales, tenía un par de cables más en su brazo que no sabía para qué eran, y su abdomen estaba vendado luego de la operación que terminó por salvarle la vida. Pese a todo sonrió, y rodeó la cama para ponerse a su lado y de paso alejarse de la mujer. Koora por supuesto se dio cuenta de aquel gesto.
—En cualquier momento va a despertar —comentó para tranquilizar a la joven—. En cuanto le quitaron el collar comenzó a sanar, y los doctores hicieron el resto.
Kyle la miró una vez más antes de tomar la mano de Bardock.
—Es fuerte —murmuró—. Va a estar bien.
—Así es —respondió y se acercó al hombre. No podía creer que se encontrara con vida. Bardock debería estar muerto como el resto de sus hombres que fue llevado al coliseo, pero aquí estaba, delante de él, con su hija. Lo más sorprendente de todo es que se notaban cercanos, que habían construido una relación importante. Apoyó una mano sobre su brazo y sonrió feliz de ver a su querido amigo con vida.
Las dos permanecieron en silencio observando al guerrero dormido. Koora ardía en deseos de hablar con su hija, pero le daría tiempo para acostumbrarse.
—¿Cómo es que estás viva? —preguntó Kyle luego de un rato. Se sentía rara haciendo una pregunta así—. ¿Fingiste tu muerte? —Seguía agarrada de la mano de Bardock, eso la hacía sentir más tranquila.
—No —respondió Koora, aún con su mano sobre el brazo del hombre—. Morí en el coliseo, pero fui traída de vuelta.
—¿Te revivieron? —preguntó con el ceño fruncido. Y pensaba que no se podía volver más extraño—. No se puede revivir a las personas.
—Era lo mismo que pensaba, pero mi gente encontró un método para hacerlo.
—¿Tu gente?
—Parte de mi ejército que logró escapar. —Se preocupó en cuidar las palabras que escogía. Ya se había resignado que tenía una buena relación con Vegeta, y por mucho que detestara a ese hombre, Kyle lo apreciaba y no quería arruinar esta conversación.
—¿Hace cuánto tiempo que… Ya sabes, estás viva?
—Casi dos años —dijo con miedo a que le reclamara por su ausencia, y claro que sucedió, pero no como lo esperaba.
—¿Tarble sabe que estás viva? —Esta vez dejó de mirarla de reojo y la enfrentó de frente.
—Ustedes son los primeros —respondió y sintió el peso de sus decisiones, especialmente al ver a su hija fruncir el ceño y dejar de mirarla—. Di lo que tengas que decir.
—Pensé que eran cercanos —dijo encogiéndose de hombros, ahora con su atención puesta en Bardock.
—Y lo somos. Pero nada ha sido fácil, y en ningún momento desde que me trajeron a la vida, he dejado de pensar en los tres.
Kyle no respondió. Continuó con el entrecejo arrugado y volvió a encogerse de hombros. No podía dejar de pensar en Tarble y en lo importante que sería todo esto para él. Mientras que ella no lograba dimensionarlo aún, después de todo, Koora era una completa desconocida pese a lo mucho que intentó encontrar una conexión entre los pocos recuerdos que encontró.
Para suerte de ambas, Bardock despertó, y como era de esperar pegó su atención en Koora. Había pensado que se trataba de un sueño, pero ahí estaba, viva, tomándolo del brazo y en el otro lado Kyle que no dejaba de apretar su mano, evidentemente perturbada por lo que estaba ocurriendo.
—¿Kyle? —dijo con voz agotada y sin emoción, sin dejar de mirar a Koora.
—¿Qué?
—¿Está tu madre en esta habitación?
—Sí, es ella. No estás soñando.
El hombre se tomó un momento para procesar todo y darse cuenta que lo que veía era efectivamente Koora y no una alucinación.
—Tú deberías estar muerta.
—Tú también —respondió Koora sonriendo, haciendo que el hombre curvara un poco los labios—. Les contaré todo en detalle pronto —comentó—. Mientras tanto tienes que reponerte.
—¿Por qué me siento tan débil? Ya no tengo el collar.
—Tuviste una herida crítica estando con él puesto. Esas cosas suelen pasar.
—¿Dónde está Kakarotto y Gohan? —preguntó Kyle.
—Kakarotto está siendo contenido, era demasiado violento para dejarlo suelto, y el niño está con él.
—¿Los tienes en una celda?
—Por el momento sí —respondió a su hija y luego miró a Bardock—. Por eso necesito que estés bien para que vayas a ver a tu hijo. No puedo dejar que se entere quienes somos. Le daré una nave para que se marche con el niño, pero tienes que calmarlo.
—No creo ser el mejor para eso —murmuró acomodándose en la cama. Le dolía tanto el costado que sintió una punzada de dolor en todo el costado del cuerpo—. Pero lo intentaré.
—¿Una nave para él y su hijo? —repitió Kyle—. Nosotros también nos vamos.
—Lo siento, pero no puedes irte por el momento, es demasiado peligroso —respondió Koora con calma, pero firme, mirando a la adolescente que no la evadió.
—¿Por qué no?
—Tu padre envió tropas a buscarte y están demasiado cerca. No puedo arriesgarme a que nos descubran.
Kyle pensaba discutirle de vuelta, pero Bardock se adelantó a hablar.
—Nos vamos a quedar, Kyle. No puedes volver a ese planeta, menos ahora que sabes la verdad.
La joven soltó a Bardock y se cruzó de brazos.
—¿Qué verdad? —consultó Koora, mirando a los dos.
—Que no es hija del rey —respondió Bardock mientras se esforzaba por sentarse.
—¿Sabe que tú...? —musitó sorprendida.
—Sí. Por eso pasó todo esto de la huida con Gohan.
—No sabía que Gohan estaba en la nave cuando salí del planeta, y mi papá no me haría daño —dijo molesta—. Además no voy a decirle.
—¿Por qué no le vas a decir? —dijo Bardock—. Porque te da miedo su reacción. ¿Este lugar es seguro? —preguntó a Koora.
—Lo más seguro que encontrarás, y vamos rumbo a la nave mayor.
—Entonces nos quedaremos aquí —dijo y se apresuró en agregar antes que Kyle comenzara a reclamar—. Cuando sea seguro nos comunicaremos con Tarble, ¿no es lo que querías Kyle, estar con él?
—¿Tarble? —dijo Koora con ojos brillosos.
—Me pidió que cuando te encontrara te mantuviera alejada de Vegetasei y el rey. Cuando sea seguro podremos decirle dónde estás.
La joven no respondió, después de todo también quería verlo, especialmente después de todo lo que había pasado. Necesitaba hablar con él, lo extrañaba demasiado.
—Las naves saiyajin están muy cerca aún. No es prudente intentar comunicarse con nadie por el momento, mucho menos dar un paradero. No puedo arriesgar a toda mi gente —dijo Koora pese a las ganas que tenía de ver a su hijo.
—Tenemos que alejarnos más —dijo Bardock—. Vegeta no va a dejar de buscar a Kyle, y si esta nave ya está en la mira de sus hombres no los van a dejar en paz. —Hizo el intento de levantarse, pero el dolor en el costado no lo dejó moverse bien y no volvió a intentarlo.
—No te levantes. Descansa un poco más y luego iremos a ver a tu hijo —dijo, y puso la mano sobre su brazo.
—¿Puedes dejarnos solos? —pidió Kyle mirándola—. Quiero hablar con Bardock.
—Sí, está bien —respondió Koora. Encontró un poco ruda la actitud de la joven, pero la entendía. Eran demasiadas sorpresas, y jamás esperó un encuentro emotivo, considerando que era imposible que la recordara.
—Gracias por ir a buscarnos —dijo Kyle más calmada una vez que estuvieron solos.
—Tenía que arreglar el desastre que quedó.
—No fue mi intención que pasara todo lo que pasó después. Yo solo quería salir del planeta para estar sola, y ni siquiera sabía que Gohan estaba en la nave, o lo hubiera hecho bajar. Y no pensaba irme para siempre…
—Después de lo que hizo tu hermano Vegeta hace años, todos pensaron que harías lo mismo.
—Siento haber causado tantos problemas —murmuró avergonzada.
—Olvídalo, ya pasó. Ahora tenemos que preocuparnos de otras cosas.
—Sí… ¿Siempre supiste que tú eres...?
—Sí.
—¿Y nunca tuviste curiosidad de conocerme? —dijo esperando que la respuesta fuera sí. Lo quería demasiado y quería saber que era importante para él.
—Te conocí —respondió—. Eras muy pequeña, y me metí a palacio para robarte y llevarte con Koora que tenía que abandonar el planeta porque pronto se sabría de su traición al planeta.
—¿Hablas en serio? —dijo asombrada, con los ojos bien abiertos.
—Estuve a punto de hacerlo, pero me atraparon y encarcelaron. De haberlo hecho quizás todo sería muy diferente… —dijo pensativo—. ¿Ya no me odias?
—Jamás te he odiado —dijo mirando sus manos en la cama—. Estaba dolida, y llevaba mucho tiempo sintiéndome mal… Y no tiene que ver con que compartamos la misma sangre, pero te siento parte de mi familia, sin embargo yo ya tengo a mí papá, y sé muy bien quién es y que ha hecho, no soy tonta, pero lo quiero.
—Lo sé muy bien, Kyle —dijo igual de tranquilo—. Yo voy a estar contigo de la forma que tú quieras, pero no te voy a dejar… Ya lo arruiné con Raditz y Kakarotto, no lo voy a hacer contigo.
Kyle notó cómo le cambió el tono de voz en esa última oración, y ya que le había dicho lo que pensaba, se limitó a subirse a la cama y abrazarlo con fuerza. Pese al dolor, Bardock le correspondió la muestra de cariño.
—Bardock —susurró.
—¿Sí?
—Ya no tienes que preocuparte. No soy como Rasp y Berry. No puede gustarme mi hermano… Aún me gusta un poco, pero se me va a pasar.
—Me alegra oír eso.
Lo que se venía hacia adelante parecía ser muy diferente a como estaba acostumbrada su vida, pero al menos estaba con él, lo que la hacía sentir segura y comenzar a aceptar todo lo que estaba ocurriendo, especialmente la aparición de su madre, de la que siempre soñó con conocer y hacer miles de preguntas, pero que en la realidad la dejó pasmada, al punto de quedar sin habla. Tan solo esperaba poder volver a ver a Tarble y Broly y sentir un poco de normalidad en su vida.
(...)
Luego de golpear la puerta con suavidad, Koora entró a la habitación donde se encontraba Bardock. Estaba despierto, sentado sobre la cama y con los pies en el suelo, tanteando si ya podía ponerse de pie para levantarse, mientras que Kyle se había quedado dormida en un sillón. En cuanto la puerta se cerró, se recargó en ella y se observaron en silencio por un rato. Los dos pensando que hace no mucho daban por hecho que el otro estaba muerto.
—Sí que es una sorpresa —susurró Koora. No quería despertar a Kyle.
—Me lo dices a mí. Kyle me dijo que son dos años.
—Sí, y ha pasado más rápido de lo que pensaba.
—Déjame adivinar. Has estado de incógnito ayudando gente con tus soldados.
—Entre otras cosas —respondió sonriendo—. ¿Dónde estabas? Cuando fui a Vegetasei por mis hijos pasé a tu casa y había una mujer con un niño mestizo, y ahora que recuerdo creo se trataba de tu nieto.
—Castrado, en la Zona Negra.
—Ya veo. En ese momento no estaba pensando con claridad, había revivido hace poco y todo era muy raro.
—Estás mejor que la última vez que te vi —comentó recordando que le faltaba un ojo y el rabo.
—No envejecí, además me regresaron mi ojo y mi rabo. Algo bueno que haya en todo esto —dijo intentando bromear—. Tú te ves mayor, pero no tan mal como podría pensar, considerando que estabas en la Zona.
—No estaba tan mal —dijo encogiéndose de hombros.
Ambos guardaron silencio. En realidad era abrumador estar frente a frente después de tantos años.
—¿Ya puedes moverte? Necesito que vayas a ver a tu hijo. Está con collar para bloquear su poder, pero creo que en cualquier momento va a dejar un agujero en la nave.
—Yo me encargaré.
—No tiene que saber quienes somos, Bardock —dijo con gravedad—. Tu hijo es un soldado de élite, no puede saber que en esta nave hay saiyajin y mucho menos de mí. Aún no estoy lista para salir a la luz, tengo que conservar la única ventaja que tengo.
—Hablaré con él.
—Luego podremos ponernos al día. Tenemos mucho de qué hablar.
—Apuesto que sí.
—Iré a pedir que te traigan ropa para que vayas con tu hijo.
—Yo también quiero ir —dijo Kyle. Los adultos se giraron a mirarla, sin saber en qué momento se había despertado—. Si voy a quedarme aquí al menos quiero despedirme de los dos. Y no me miren así, no les voy a decir nada, solo quiero verlos antes de que se vayan.
—Está bien —dijo Koora y salió del lugar.
(...)
—¿Entonces ya nos podemos ir? —dijo Gohan cuando vio ante él la nave que habían preparado para su viaje. Serían varios días antes de llegar a Vegetasei, pero tenían un cuarto para los dos, más comida para todo el trayecto, no podía pedir más luego de todo lo mal que habían pasado.
—Ya son libres para irse —dijo Bardock al pequeño.
Kakarotto miró a su papá de reojo, desconfiado de todo, pero qué más daba. Su objetivo era regresar con su hijo y eso era lo único que importaba. Atribuyó que Bardock tenía tratos con los carroñeros, o que al menos los conocía gracias a los negocios turbios que tenía en la Zona Negra. Sea como sea, no le interesaba saber más.
—¿Y por qué no vienen con nosotros? —preguntó Gohan.
—Ya sabes —dijo Kyle—. Si mi padre se entera que no soy su hija puede irme muy mal. Prefiero quedarme aquí con Bardock y aprovechar de conocer otros lugares —dijo sonriendo, fingiendo que estaba maravillada con la idea.
—¿Estás segura? —indagó Kakarotto, aún no convencido del todo con esa parte de la historia—. Si quieres venir con nosotros tan solo dilo, yo me encargo de subirte a la nave aunque tenga que enfrentarme a todos esos carroñeros.
—Gracias por preocuparte de mí —respondió sonriendo al guerrero—. Pero quiero estar aquí. Y por favor, no le digan a nadie dónde estoy, sería peligroso para todos.
—Está bien —contestó sin intenciones de insistir.
Kyle titubeó un momento, pero finalmente se acercó a Kakarotto y lo abrazó.
—Gracias por venir por nosotros —dijo contra su pecho—. Y por favor, haz como que ese beso nunca pasó.
—Ya está olvidado —respondió sonriendo, acariciando su cabeza.
—¿Vamos a volver a vernos? —preguntó Gohan que se había encariñado mucho con Kyle por todo el tiempo que estuvieron juntos en Vegetasei.
—Claro que sí —dijo Kyle, y soltó a Kakarotto para despedirse del niño con un cariño en la cabeza.
—Cuídate —dijo Kakarotto a Kyle, y solo hizo una seña con la cabeza para despedirse de Bardock, que fue respondida de la misma manera.
—Gracias por la nave y por sacarnos de aquí —dijo Gohan sonriente a Bardock.
—No fue nada, niño.
En menos de cinco minutos la nave ya había abandonado el hangar de regreso a Vegetasei. Bardock y Kyle permanecieron observándola hasta que las compuertas se cerraron.
—¿Y ahora qué? —preguntó Kyle cruzada de brazos.
—Tenemos que ver qué hacer aquí.
—Todo es tan raro, ¿no te parece?
—Pero es lo mejor —respondió sin mucha expresión en su voz.
—Y lo más raro de todo es ver a Koora. Cada vez que la veo recuerdo todo lo que me dijeron y lo que no me quisieron decir de ella, y la forma en que me mira, siento que espera algo de mí y no sé qué es.
—Koora es una mujer admirable. Dale una oportunidad.
—Sí, creo que debería —murmuró pensativa—. ¿Pero no crees que es raro todo esto? ¿Que lleve dos años viva y solo ahora sepamos de ella?
—No me parece extraño en ella. Es su estilo, pero para saber qué pasó tienes que conocerla. ¿No es lo que siempre quisiste?
—Sí —respondió.
(...)
Luego de revisar el cuarto en el que dormiría con su papá el tiempo que durara el viaje, Gohan volvió a la cabina de mando, donde Kakarotto estaba ocupado pilotando. La nave no era tan grande, pero mucho mejor que las esféricas individuales en las que solía viajar. En esta, él y su hijo estarían cómodos y bien, tan solo tendría que irse por otra ruta para no toparse con las naves del imperio saiyajin, lo que les tomaría más tiempo en llegar.
—La cama es grande y hay mucha comida —dijo el niño luego de sentarse en el asiento del copiloto, emocionado de estar con su papá en esta nueva parte de su aventura, mucho más segura y tranquila que la anterior.
Kakarotto tomó al niño del rostro y revisó las marcas del cuello dejadas por el collar. Afortunadamente ya estaban sanando y no quedaría rastros de ellas para cuando llegaran a casa.
—Por suerte tienes mi sangre, así tu mamá no va a ver las heridas en tu cuello. ¡Vaya problema que causaron los dos! —exclamó sonriendo.
—Perdón, papá —dijo el pequeño apenado—. No quería salir de Vegetasei, y después solo estábamos conociendo el lugar. No hicimos nada para meternos en problemas.
—Tranquilo —respondió Kakarotto relajado y sonriente, revolviendo el cabello de su hijo, totalmente diferente al animal salvaje en que se había convertido durante su encierro—. Tuviste tu primera aventura, y te creo, Te portas muy bien como para haberlo hecho a propósito, no como yo, que a tu edad si hubiera tenido la oportunidad de salir del planeta, lo hago sin pensarlo, solo para meterme en problemas.
Gohan sonrió aliviado, pero esa tranquilidad no duró mucho.
—Pero no puedo decir lo mismo de tu mamá. No creo que pueda hacer mucho para defenderte del reto que te va a dar cuando lleguemos a casa. Está muy preocupada.
—Lo sé —dijo contrariado.
—Pero no te dejaré solo con ella —dijo, y manipuló el panel para intentar comunicarse con Milk—. Vamos a hablar con ella ahora para que esté más calmada cuando lleguemos.
—¿Papá?
—¿Sí, Gohan?
—No pude hacer nada para ayudar a Kyle cuando nos atraparon. Me gustaría aprender a pelear como tú.
—Si vamos a entrenar tienes que ser constante y no dejarlo a medio camino como otras veces.
—No lo haré, lo prometo.
—Entonces te entrenaré cuando lleguemos, pero ahora hay que comunicarse con tu mamá que tiene que estar muy preocupada por tantos días sin saber de nosotros… Qué extraño todo esto que pasó —comentó mientras esperaba que la llamada pudiera conectarse con el scouter que le había dejado a Milk—. ¿No lo crees?
—Sí, mucho… La señora que me quitó el collar se parecía a Kyle —comentó Gohan.
—Vamos a tener una gran historia que contarle a tu mamá —respondió el hombre sin imaginarse lo que en realidad pasaba en ese lugar.
—¡¿Kakarotto?! ¡¿Kakarotto eres tú?!
Padre e hijo escucharon la voz de Milk por los parlantes de la nave.
—Sí, soy yo —respondió—. Estoy con Gohan a mi lado.
—Hola mamá —saludó el niño atemorizado por una gran reprimenda.
—¡Gohan! —exclamó la mujer rompiendo en llanto—. ¡Mi Gohan! ¡Estás bien! ¡Sabía que tu padre te encontraría!
—Sí, mamá. Perdón por…
—¿Hay alguna forma para verte?
—Lo siento, Milk —respondió Kakarotto—. Pero el scouter no tiene cámara. Pero te aseguro que Gohan está bien, no tiene ninguna herida y ya vamos camino a casa.
—¡¿Cuándo estarán aquí?!
—Es un viaje largo, pero ya vamos para allá.
—Gohan, háblame todo el viaje, no que quitaré el scouter, quiero escuchar tu voz hasta que llegues aquí. —dijo con voz más tranquila.
—¿Todo el viaje? —preguntó mirando a su papá.
—Sí, todo el viaje, tengo que asegurarme que estás bien. Cuéntame todo lo que pasó, necesito escuchar tu voz.
—Vamos, háblale a tu mamá —dijo Kakarotto sonriendo y agregó en un susurro—. Pero no le digas cuando te metieron a una jaula, o intentaron quitarte el rabo, o cuando te encañonaron. No le digas nada feo.
Gohan asintió nervioso. La verdad es que tendría que omitir varias partes de la historia para no preocupar a su mamá.
(...)
—Si seguimos en este ritmo es probable que las naves de búsqueda del rey Vegeta no nos encuentren, pero no podemos confiarnos —dijo Karev mientras caminaba junto a Koora por los pasillos de la nave—. De todas maneras hablé con los encargados de nuestra nave mayor, y les dije que se reubicaran. No sabemos hasta dónde llegara Vegeta para encontrar a su hija, no podemos arriesgarnos.
—Buena idea. No dejen de vigilarnos y manténganme informada, a la hora que sea.
—Así será… Hay algo que me incomoda —se tomó la libertad de decir.
—Habla —respondió Koora. Con la confianza que se tenían esperaba que Karev simplemente hablara, pero a veces era demasiado ceremonioso.
—La gente no está a gusto con la presencia de la princesa.
—Entiendo que así sea, pero las cosas no son como pensábamos. Ella no representa un peligro al interior de la nave, no va a traicionarnos, te lo puedo asegurar.
—Confío en tu criterio —respondió el guerrero.
—¿Pero? —preguntó Koora y se detuvo a mirarlo.
—Esto va a cambiar todos nuestros planes.
—Solo los retrasará. Es mi hija, Karev, y voy a cuidarla.
—Lo sé, y no esperaba menos de ti.
—¿Hay algo más, verdad?
—No me gusta Bardock —finalmente dijo.
—Tú lo conocías. Fue por muchos años mi hombre de confianza, no sé que puede no gustarte de él.
—No sabemos qué ha pasado con él todos estos años. Si fuera tú tendría cuidado con lo que le digo.
—Gracias por tu consejo, Karev, pero no es necesario —dijo y continuó caminando sin intenciones de esperarlo—. Sé muy bien quién es él y cuánto puedo confiar.
El hombre se marchó por el camino contrario. Tenía que trabajar, era lo que más le gustaba, y pese a que la mayoría de las noches se juntaban para tener sexo, estaba seguro que con la llegada de Bardock ya había cambiado, bastaba con ver cómo actuaba y hablaba cuando estaba con ellos. Era obvio que con su hija fuese más suave, pero con el hombre también lo era, aunque intentaba no ser tan obvia.
—Eso es todo lo que sé… —dijo Bardock, y encendió otro cigarro.
El guerrero y Koora compartían el sofá en la oficina de la mujer. Estaban sentados en los extremos de este, y luego de varias horas de conversar sobre lo que había sido sus vidas luego del coliseo, Bardock, poco acostumbrado a hablar tanto rato, se encargó de decirle lo que sabía de sus hijos. Sobre Vegeta no había sido mucho, ya que solo lo vio un par de veces desde que llegó a Vegetasei, y no había sido agradable. Sin embargo, con Tarble sí tuvo mucho que contar, especialmente la parte en que estuvo trabajando para él, sus planes secretos, y la intención de terminar el trabajo que Koora había dejado.
Koora se quedó sin habla. Era tan obvio ahora que Bardock le decía, que no pudo evitar sentirse fatal por haber creído todo lo que le habían dicho de su niño.
—¿Qué he hecho? —se preguntó a sí misma. La angustia que sentía en el pecho a causa de la culpa iba ganando cada vez más terreno—. Debería haber sabido que solo era una fachada, como yo lo hice en su momento… No puedo creer que haya pensado que mi hijo se hubiera unido a Vegeta y el imperio.
—Tú y tu hijo se parecen tanto —comentó queriendo aliviar su culpa—. Fueron años preparando la mentira, lo hizo bien.
—Soy su madre, debería haberme dado cuenta, insistir hasta poder hablar con él a solas. —Dejó escapar un par de lágrimas que limpió enseguida con la mano.
—Aún puedes buscarlo.
—Sí —respondió, mirando su vaso con alcohol. Nuevamente cayeron lágrimas, y esta vez no hizo nada por detenerlas—. ¿Hay algo más íntimo que sepas de él? —preguntó para intentar distraerse y que el dolor quedara de lado, pero sería difícil. Ahora que conocía el verdadero rostro de su hijo, las ganas de verlo y abrazarlo habían aumentado, pero no podía ni siquiera rastrearlo, era demasiado peligroso por el momento, y no quería enviar a ningún soldado suyo, puesto que era algo que tenía que hacer personalmente. Tarble tenía que saberlo por ella, por nadie más.
—Sé por Kyle que Tarble fue quien la educó y se ha encargado de ella.
—Ya veo —comentó Koora—. Me alegra que se tuvieran el uno al otro y que Vegeta no la haya envenenado… Gracias por hablar de mis hijos, incluso de Vegeta.
—Al parecer es menos imbécil y desagradable de lo que era antes —dijo encogiéndose de hombros—. Según Kyle, porque yo lo vi igual.
—Entiendo lo que dices —respondió Koora—. Pero cuidado con las palabras que usas con él.
—Siempre lo vas a defender —dijo sonriendo de lado. Le dio un sorbo a su vaso y lo dejó en el suelo.
—Sabes que sí... ¿Y hay algo más que hayas hecho durante tu destierro en la Zona?
—No mucho —dijo mirándola.
—Déjame adivinar. Con el tiempo voy a ir averiguando que no es así. —Sonrió y acortó el espacio que había entre ellos. Estar con él a su lado le hacía recordar partes buenas de su pasado que le gustaría volver a sentir—. Sigues igual.
—Quién lo dice —respondió—. Diferente escenario pero los mismos planes.
—No, ahora son mejores. Me estoy tomando tiempo para ayudar a la gente, fortalecerme y agrandar el ejército antes de atacar. Así cuando lo haga, tendremos la victoria. No puedo dejar que haya otra matanza en el coliseo, no me lo perdonaría. —Terminó de beber su trago antes de volver a hablar, mientras ambos se miraban en silencio. Era como si aún no fueran capaces de creer que estaban frente al otro—. ¿Quieres pelear para mí?
—Claro —dijo con el mismo tono neutro de siempre—. Ya que estoy aquí, no quiero quedarme sentado mirando. —Le dio una última probada al cigarro justo cuando vio a la mujer acercarse más, hasta invadir su espacio. Dejó caer el cigarro en su vaso para tener ambas manos desocupadas y poder tocarla. Sí, era ella, su amiga, era su cabello, y la última mujer que había llegado a querer—. Estás igual —susurró mientras pasaba un par de dedos por su mejilla, cerca del ojo, donde debía haber una cicatriz deformando su piel. Aún recordaba cuando le salvó la vida y curó sus terribles heridas. Ahora ese lado del rostro estaba como el resto, suave y joven, mucho más joven que el resto que continuaron viviendo por diez años.
—No puedo creer que hasta extrañé tu olor a cigarro —dijo con una mano en su pecho—. Tú deberías estar muerto —susurró antes de acercarse más, hasta su boca.
—Tú también —respondió Bardock.
Fue un beso tranquilo, como intentando admitir que todo esto era real y estaban vivos, compartiendo como hace mucho tiempo lo hicieron, y a medida que fueron recordando sus sabores y aromas, las reacciones del otro, el beso cobró más vida, y los roces se hicieron más seguros.
Bardock la tomó de las caderas para ayudarla cuando ella se movió intentando sentarse sobre él, y sin despegar sus bocas fueron desvistiéndose, como en los viejos tiempos en que él estaba sumido en una apatía total por la muerte de su mujer, y ella lo único que quería era dejar de pensar por un momento de su vida y Vegeta, con el hombre que amaba, pero que solo podía aspirar a tener como amigo. Ahora las cosas habían cambiado, aunque en estos momentos, Koora no pensaba en nada, solo quería estar con él y recuperar algo bueno de ese pasado que le arrebataron.
(...)
—Entonces —dijo Karev una vez que notó que Koora había terminado de revisar el informe en el computador portátil—. ¿Estás de acuerdo con revisar esos planetas? Hay gran cantidad de guerreros convertidos en esclavos, si los liberamos y ofrecemos refugio con su gente, muchos querrán trabajar para ti.
—Es lo mejor —comentó pensativa, sentada junto a su escritorio, sin levantar la vista de la pantalla, momento que aprovechó el guerrero para mirarla—. No se acerca al número que tenemos en mente, pero al menos aprovechamos de limpiar un par de planetas.
Ahora que habían dejado de tener intimidad, la veía mucho menos, más que nada para trabajar, pero ella había sido clara desde un comienzo, solo se trataba de sexo y eventualmente terminaría. Lo único que le desagradaba, era que esa eventualidad tenía nombre: Bardock. La verdad es que no entendía cómo una mujer como ella podía sentirse mínimamente atraída a un hombre así, sin objetivos ni ambiciones, pero claro, era el padre de Kyle, y ya compartía una historia pasada con ella. Era muy difícil competir contra eso.
—Es a lo que podemos aspirar mientras nos encontremos escondidos como carroñeros —respondió desde el asiento, frente a la mujer.
—¿Qué dicen los hombres? —preguntó dejando el computador para mirarlo, a lo que el hombre respondió sentándose con la espalda recta.
—¿A qué te refieres?
—Sé que todos estamos aquí por un mismo objetivo, pero es difícil dejar las costumbres más arraigadas, y sé lo que significa comenzar a trabajar junto a personas de otras razas. Incluso por castrados los he visto fruncir el ceño, lo cual es estúpido.
—Saben que somos muy pocos en número como para pretender acabar con el rey Vegeta, y que necesitamos ayuda. Es verdad que hay un grupo más ortodoxo que se opone a la integración total de castrados y otras razas, pero me encargaré de ellos.
—Si te dan problemas avísame. No es posible que estemos perdiendo el tiempo en riñas infantiles… Adelante —dijo en voz alta cuando golpearon a la puerta metálica. Cuando ésta se corrió apareció uno de los soldados que resguardaba la entrada.
—Su Majestad —dijo en un saludo respetuoso, y luego se notó un tanto incómodo con lo que tenía que decir—. Hay un problema…
—Estamos en reunión —dijo Karev mirando al hombre—. ¿No puede alguien más atender el problema?
—El problema es con la princesa Kyle.
Por su expresión era claro que estuvo a punto de decir "de nuevo"
Koora se llevó la mano al rostro por un segundo y luego recobró la compostura. Se puso de pie para salir del lugar.
—Luego continuaremos con esta reunión —dijo, y le dio una palmada en el hombro cuando pasó por su lado—. Tendrás qué decirme cómo lo hiciste para que tu hijo no te de problemas.
—Simplemente dejó la adolescencia —respondió con una sonrisa que no duró mucho.
Cuando Koora llegó al cuarto donde estaba su hija, encontró un verdadero caos. Habían dos guerreros evidentemente golpeados, uno incluso con la nariz sangrando. Kyle no dejaba de discutir con el que solo tenía la boca herida, y Bardock también se encontraba en el lugar. No tuvo que preguntar para saber que había sido él quien había golpeado a los guerreros.
—No estaba haciendo nada malo —insistió la joven que pareció molestarse al ver a Koora entrar al lugar—. Perfecto, fueron a acusarme.
—Sabes muy bien que está prohibido usar los comunicadores hasta que estemos lejos de las naves de tu padre —dijo el soldado con el labio roto. Se notaba que solo era unos años mayor que Kyle.
—Baja el tono —dijo Bardock al soldado, y se mantuvo cruzado de brazos en un rincón del lugar.
—No iba a comunicarme con él —exclamó Kyle, molesta.
—Eso no lo sabemos —respondió el soldado.
—Suficiente —dijo Koora en voz alta, logrando que por fin hubiera silencio en el lugar. Miró a todos los presentes y decidió preguntarle a quien se veía más calmado, aunque sabía muy bien lo que había ocurrido, pues el soldado le había informado antes de llegar—. ¿Qué pasó, Bardock?
El hombre la miró antes de responder, pero Kyle que continuaba muy agitada se adelantó.
—Quería hablar con Tarble y decirle que estaba bien, nada más, entonces llegaron ellos y se pusieron violentos. Ellos comenzaron.
—Si le dices dónde estamos podríamos correr todos peligro, incluso llegar a la nave mayor —intervino el joven soldado.
—Él jamás haría eso —contestó Kyle.
—Es un hombre del rey, claro que podría.
—¡Silencio! —dijo Koora molesta. No toleraba que se refirieran así de Tarble, especialmente luego de que ella misma dudó de él. Era algo que no se perdonaría—. Salgan de aquí y esperen afuera —ordenó, y los guerreros obedecieron enseguida, dejándola con Bardock y Kyle—. ¿Te lastimaron? —preguntó con calma al verla tan alterada, con los ojos brillosos.
—Claro que no —respondió—. Solo fueron bruscos cuando me quitaron el scouter.
—Entonces no había necesidad de golpearlos —dijo mirando a Bardock, a lo que respondió encogiéndose de hombros.
—No debieron tocarla —se limitó a responder—. Y ella golpeó al otro —agregó evidentemente orgulloso.
Koora no respondió su comentario y se centró en Kyle.
—Kyle, sé que extrañas a Tarble pero por el momento es peligroso contactarse con él. Tu padre tiene un gran contingente detrás tuyo, y si llegan a interceptar esta nave, muchos van a morir. No puedo dejar que hables con él aún.
—Simplemente le dije que estaba bien. Sé que tiene que estar preocupado por mí, la última vez que hablamos lo traté mal, y no quería que pensara que estaba en peligro.
—¿Hablaste con él? —preguntó ansiosa. Desde que Bardock le había contado los planes reales de su hijo, sentía una culpa mayor carcomerle el alma por haberse permitido pensar tan mal de él. Estaba desesperada por verlo y hablarle, pero lo primero era poner a su gente a salvo. Ya mucho había arriesgado al llevar esta nave tan cerca de Vegetasei, y si bien no se trataba de la nave madre, con solo atrapar esta, terminarían descubriendo a los saiyajin que por tanto tiempo habían permanecido a salvo del rey Vegeta.
—Sí, un poco —respondió cruzada de brazos.
—¿Le hablaste de mí? —Casi le dio miedo hacer la pregunta.
—Claro que no. Y tampoco le dije dónde estoy. Sería cruel de mi parte decirle que llevas dos años viva y no has sido capaz de buscarlo —dijo dolida, pero no por ella, ya que no tenía ningún recuerdo con Koora para añorar su regreso, pero sabía lo importante que era para su hermano.
—No seas injusta —murmuró, herida por la culpa y ahora por las palabras de su hija—. Los fui a buscar en cuanto me revivieron. Y por lo que vi, pensé que… Pensé que era peligroso acercarme a él.
—Hasta el día de hoy Tarble se pone mal si le hablan de ti. Desde pequeña lo he visto hacerse el fuerte frente a mí, incluso cuando lo golpeaba el imbécil de Leek y sus amigos, fingía para no preocuparme, pero cada vez que le preguntaba por ti se derrumbaba y no podía ocultar el dolor. Siempre pensé que lo que tuvieron debió ser muy importante para ponerse así.
—Claro que lo fue —respondió con el pecho apretado.
—¿Entonces por qué no lo has buscado y te rendiste tan rápido con él? —dijo sin entender.
Koora desvió su mirada acusadora. No podía con ella.
—Kyle —dijo Bardock con calma—. Ya fue suficiente.
—Pero Tarble… —quiso decir y fue interrumpida por Bardock.
—Tarble ya es un hombre, y no le pasará nada por un tiempo más sin saber de su madre. Ahora hay que ocuparse de escapar.
Kyle se limitó a salir del lugar, y ni siquiera se molestó en mirar a los guerreros que estaban en el pasillo esperando a la reina.
—Jamás pensé que sería tan difícil —comentó Koora—. No quise sacarla del tanque para que no tuviera contacto alguno con Vegetasei, pero tal vez debí hacerlo, así podría haberle quedado un recuerdo mío…
—Es una chica difícil, ya va a ceder. Su hermano es su punto débil —respondió Bardock.
Koora suspiró. Estaba desesperada por ver a sus hijos. No tenía idea dónde se encontraba Vegeta, le había perdido el rastro luego que supo que estaba vivo y había regresado a Vegetasei, mientras que Tarble se encontraba demasiado lejos, y si se iba a enterar que estaba viva, tenía que ser en persona, no podía simplemente llamarlo por un scouter y contarle. Y en cuanto a Kyle… Estaba resultando más complicado de lo que había pensado, pero no se dejaría ganar. Si de algo se caracterizaba era que nunca dejaba de batallar, y esta vez no sería la excepción.
(...)
—¿Qué pensaste cuando estuviste a punto de morir en el coliseo? —preguntó Koora. Le dio una probada larga al cigarro de Bardock y luego se lo regresó.
—Quería que se acabara pronto, pero no me dieron en el gusto —dijo. Estaba acostado boca arriba en la cama de Koora, cubierto con los cobertores que lograron mantenerse en su sitio, mientras que la mujer se había acomodado boca abajo, abrazando la almohada, disfrutando la sensación del reciente orgasmo que había relajado su cuerpo—. ¿Qué tal tú?
—Todo lo contrario. No quería que sucediera jamás… Mis hijos estaban mirando, y aunque tuve el tiempo suficiente encerrada para aceptar lo que se venía, no se hizo más fácil… Creo que tú y yo tenemos tiempo prestado. Ninguno debería estar vivo.
—¿Eso quiere decir que cuando todo esto termine moriremos? —preguntó mirándola.
—No sé cómo funciona. Jamás vi el dragón y las esferas con las que me revivieron. Los hombres de Karev se encontraban en un planeta lejano cuando pidieron el deseo, y yo simplemente aparecí en la nave… Pero tiene sentido lo que dices. Yo moriré cuando logre acabar con Vegeta, y tú cuando Kyle pueda cuidarse sola.
Bardock no respondió, y se limitó a pasarle el cigarro cuando se lo pidió. Pero se quedó pensando en sus palabras.
(...)
—¿Qué pasa? —preguntó Bardock a Kyle que continuaba sentada sin probar un bocado de su plato.
—No tengo hambre —dijo mirando la comida, y luego lo miró a él—. Por lo visto tú sí tienes mucha hambre.
—Siempre —dijo preocupado de comer.
Los dos estaban en un comedor más pequeño, apartado del principal donde lo hacía el resto de la tripulación. En este también había gente repartida en las otras mesas, pero en mucho menor cantidad.
A Bardock no le importaba dónde comer, era Kyle la que no se sentía cómoda con casi todos mirándola con cara de pocos amigos, creyendo que en cualquier momento traicionaría a su madre y se comunicaría con el rey para darle su paradero, por lo que era más cómodo estar en lugares más reducidos.
—Estoy cansada —dijo cruzada de brazos—. No me gusta aquí, siento que me ahogo.
—Es solo hasta que lleguemos a la otra nave más grande. Encuentra mientras tanto algo que hacer.
—Entreno con el hijo de Karev. Es el único que no me mira como si quisiera sacarme a patadas de la nave.
—¿Ves? ya tienes un amigo. —No se dio por aludido por el ceño fruncido de la joven—. También podrías estudiar. ¿No te gusta eso? ¿No es lo que hacías con Tarble?
—Que lo hiciera no significa que me gustara.
—Podrías intentarlo con Koora.
—No tengo nada contra ella, pero es agotadora. Es tan seria, y critica todo, mi manera de comer, como hablo, quiere que estudie, y ni siquiera la conozco o ella me conoce como para comportarse así.
—Deberías darle una oportunidad.
—Lo hice —exclamó mientras Bardock continuaba comiendo—. Lo estoy haciendo, pero te acabo de decir que… No me estás escuchando.
—Sí lo hago —respondió dejando la comida por un momento para mirarla—. Puedo comer y escucharte al mismo tiempo.
—Olvídalo —respondió resignada, y apoyó el mentón en la mano—. Te gusta ella, ¿verdad?
—Sí —respondió y continuó comiendo.
—Varik me dijo que Karev tenía algo con ella antes de que llegáramos, pero lo dejó por tu culpa.
—¿Varik?
—El hijo de Karev —respondió poniendo los ojos en blanco, pues ya le había mencionado aquel nombre en otras oportunidades—. Como sea. Es por eso que no le agradas a Karev, aunque deben haber otras miles de razones entendibles. —Sonrió burlona cuando el hombre la quedó mirando por ese comentario, pero luego continuó comiendo, y ella lo imitó. Por muy molesta que estuviera no podía pasar mucho con el estómago vacío—. Y dime, ¿engañaste a tu mujer con Koora?
—No —respondió igual de calmado, pero Kyle notó la pequeña pausa que hizo, como si le hubiera molestado la pregunta.
—¿Y cómo era Gine?
Bardock dejó la comida para responderle.
—Con ella todo era simple —dijo sin siquiera detenerse a pensar en una respuesta—. No tenía que decir nada y ella lo sabía.
La conversación se vio interrumpida por la llegada de Koora con su bandeja con el almuerzo. Se sentó al lado de Bardock y quedó frente a frente de Kyle.
—Terminé de trabajar antes —dijo sonriendo, y con el tenedor tomó el pedazo extra de carne que había pedido para dejarlo en el plato de Bardock. El hombre no dijo nada, pero comenzó a comer enseguida—. Kyle, ¿cómo van los entrenamientos con Varik? —preguntó.
—Bien —respondió la joven sin muchas ganas—. Me entretiene.
—Si quieres podríamos entrenar juntas. Me gustaría ver qué tan buena guerrera eres. He escuchado muy buenos comentarios
La joven se sorprendió para bien ante su propuesta.
—Sí —respondió interesada y a la vez un tanto intimidada, pues no había nadie que hablara mal sobre el desempeño de Koora como guerrera.
Los tres continuaron alimentándose en silencio hasta que Kyle tomó un trozo de carne para comerlo con las manos y sacar la comida que le quedaba.
—Para eso están los cubiertos —dijo la mujer.
—Bardock está haciendo lo mismo —respondió la joven sin bajar el hueso.
Las dos miraron al hombre que no dejó de comer y no se hacía problema con este tipo de discusiones.
—Bardock no es mi hijo —respondió con calma.
—Es un maldito hueso con carne —dijo Kyle—. No estoy en una cena de gala comiendo con un puto rey, no va a pasar nada por usar las manos una vez.
—Son modales —comentó con el ceño fruncido—. Pensé que los conocías.
—Sí, pero no se me apetece ahora —dijo, y se chupó los dedos en lugar de limpiarnos con la servilleta.
Koora continuó comiendo, ahora sin la sonrisa con la que había llegado.
(...)
—¿Qué pasa? ¿Te cansaste? —preguntó el joven saiyajin de veintitrés años luego que Kyle se sentara en el suelo.
—Solo un minuto —respondió agitada mientras se secaba el sudor del rostro con una toalla, y de paso detenía la sangre del corte sobre la ceja para que no se fuera al ojo.
El guerrero se acercó con dos botellas con agua y se sentó frente a ella. Era alto y tenía el cabello corto parecido a su padre, pero a diferencia de él, sonreía bastante y no era tan ancho de hombros.
—Tomemos un descanso —comentó—. Hemos entrenado toda la mañana.
—Quiero seguir —respondió aún con la toalla apretando el corte en la ceja—. Me distrae. Es esto o encerrarme a ver películas, y ya no tengo que ver. —Cuando dejó la toalla manchada en sangre a un lado, bebió de la botella y lo miró—. ¿Por qué hablas y entrenas conmigo? ¿Tu papá te lo ordenó para tenerme vigilada? Porque todos me miran como si fuese una enviada de mi padre para matarlos a todos.
Varik dejó la botella antes de responder.
—¿Estás de acuerdo con las cosas que hace tu papá y sus hombres?
A la joven le tomó por sorpresa aquella pregunta y debió pensar antes de responder.
—Siempre fue lo normal. Toda mi vida lo vi como lo que se tenía que hacer, pero desde lejos.
—Puedo entenderte. Pese a que dejé Vegetasei muy pequeño, alcancé a normalizar todo lo que se hacía.
—Participé en pocas misiones y tuve que matar, pero muy pocas veces, y después mi hermano me enseñó a evadirlas porque no me gustaban.
—Pensaba que tu hermano Tarble era de los malos, al menos es lo que se dice, por todos los planetas que le ha conseguido al rey.
—Mi hermano jamás sería malo —respondió queriendo defenderlo, y luego agregó pensativa—. Yo pensaba que conseguía los planetas para que mi papá lo dejara tranquilo, porque nunca se han llevado bien. De hecho, cuando era muy pequeña no me había dado cuenta que él era su hijo, así de mala es la relación que tienen, pero tuve que terminar aquí para enterarme que todo era parte de un plan mayor de Tarble, y claro, ahora tiene sentido tantos secretos… No respondiste a la pregunta.
—Nadie me lo ordenó. Aprendí de mi padre a recibir a todos los que se unen a nosotros, no importa si son castrados o de otra raza.
—O la hija del rey que quieren derrocar —dijo desconfiada. No sabía si creerle o no, pero al menos le servía para distraerse y hablar con alguien.
—Claro —dijo. Bebió un poco más de agua y se puso de pie para seguir entrenando. Kyle hizo lo mismo.
(...)
Cuando Koora entró a su oficina, le causó alegría ver a la joven sentada junto a la mesa grande, y lo primero que pensó fue que por fin había decidido estudiar por su cuenta, pero al acercarse notó que estaba con audífonos puestos viendo una película en su computador. Sin decir nada, se sentó con una silla de separación y la observó en silencio. Kyle estaba con los brazos sobre la mesa y el mentón sobre estos, concentrada en la pantalla. De inmediato se le vino a la cabeza los recuerdos de cuando era una pequeña de un año y todo lo que hizo para intentar sacarla de Vegetasei. Al verla ahora tan seria y con casi un aspecto melancólico, pensó que volvería a luchar con la misma fuerza o más para intentar darle la vida que tanto soñó.
Kyle dio un pequeño sobresalto cuando notó que no estaba sola en el lugar, se quitó los audífonos y pausó la película, pero no dijo nada. Por el brillo de sus ojos parecía que había estado a punto de llorar.
—¿Qué miras? —preguntó Koora, queriendo intentar un acercamiento con algo que fuera de su agrado en lugar de forzarla a estudiar o comportarse en la mesa.
—¿Te importa? —preguntó sin intenciones de discutir, con genuino interés—. Todo lo que haces es trabajar, dar órdenes o entrenar. No creo que algo como esto te importe.
—No es que no me interese, es que no lo conozco. Los saiyajin de mi edad son más cerrados a los entretenimientos de otros planetas, no crecimos con todas esas cosas como tú, o incluso como los soldados jóvenes de aquí, que también los he visto pegados a sus aparatos viendo lo que está de moda en otros lugares.
—Estaba viendo una película muy aburrida, es imposible que esté de moda en algún planeta —respondió Kyle en voz baja, sin mirarla, aún con ese aspecto melancólico en sus ojos, mientras jugaba con los cables de los audífonos—. Está basada en un libro que le gustó a Tarble y que creo que es más aburrido todavía… pero de pronto sentí ganas de verla.
—¿Lo extrañas mucho, verdad?
—Toda mi vida viví con él, y de pronto ya no está. Pensé que al menos estando aquí podría verlo más pronto, pero no. —Bajó la pantalla del computador y su rostro se endureció.
Koora reconoció esa expresión. Era increíble lo mucho que se parecían físicamente, pero en cuanto a mal carácter, era como ver a Bardock. Decidió hablar enseguida e impedir que se perdiera en su ofuscación y no quisiera hablar más.
—Podrías decirme algo de Tarble, por favor —preguntó temerosa de un rechazo, pero necesitaba conocer más de la intimidad de su hijo, y Bardock no servía para eso.
Kyle meditó un momento antes de responder. Cuando miró la pared con libreros repletos de libros supo qué decir.
—Él me cuidó, y me enseñó a leer, y es igual de insistente que tú cuando se trata de estudios. Ahora sé a quién salió.
—¿Sí? —sonrió tanto que mostró los dientes—. Recuerdo que cuando pequeño le encantaba compartir lo que sabía, incluso le enseñó a leer a la chica que estaba con Vegeta en ese momento… Ginn era su nombre, si no me equivoco.
—Sí, Ginn —repitió sonriendo. Incluso a ella extrañaba, y ni hablar Raditz—. También le enseñó a Broly.
—¿Broly? ¿El hijo de Paragus?
—Sí. Estos años hemos sido los tres casi todo el tiempo.
La mujer se sorprendió al escuchar eso.
—Me alegra saber que no estuviera solo todos estos años. Tarble era un niño muy tímido y no tenía nada en común con los otros niños de generales o guerreros poderosos que andaban por palacio. Le era imposible hacer amigos.
—Broly siempre ha estado con él, desde que tengo memoria han estado juntos, y le enseñó a pelear —dijo sonriendo, recordando aquella época—. Le tomó muchos años hacer que formara músculos y se convirtiera en un guerrero, y Tarble pasó la mayor parte del tiempo con la cara hinchada y de mal humor por el dolor. Broly le tenía prohibido usar los tanques de recuperación.
—Astuto de su parte —comentó Koora—. Tenemos la habilidad natural de sanar, pero al abusar de esas máquinas vamos estropeando esa capacidad.
—Sí, era lo mismo que decía Broly.
—¿Y por qué quiso entrenar? Jamás pude hacer que se dedicara en serio. Pensé que simplemente no era para él, o tal vez solo era yo que lo subestimé y sobreprotegí demasiado. —Imaginaba el motivo. Después de lo que Bardock le había contado, era fácil asumir que su cambio físico había sido parte de un proceso para mezclarse con el resto de los saiyajin y que no sospecharan de él.
—No lo sé. Creo que fue para que dejaran de menospreciarlo y golpearlo. Broly no podía defenderlo todo el tiempo, o se metería en problemas por golpear a los hijos de los alto rango.
Koora no comentó. Solo imaginó lo dura que debió haber sido la vida en palacio para Tarble mientras crecía. Y ella no había estado ahí para él, para ayudarlo y aconsejarlo.
—Dices que siempre han sido los tres. ¿Qué hacían cuando no estaban trabajando o entrenando?
—Pasar el tiempo en la biblioteca. Es el lugar favorito de Tarble y Broly. Es tranquilo y nadie va a molestar, bueno, excepto Paragus. Él sí solía aparecer para molestar a Broly, pero varias veces nos escapamos sin que se diera cuenta —dijo sonriendo al recordar—. Y a veces Tarble hacía reuniones con sus amigos.
—¿Amigos? ¿Tiene más amigos?
—Sí, está Ginn, Raditz, también una mecánica que trabaja en palacio, que no me agrada mucho porque es muy altanera, pero Tarble la quiere. Rasp asistió algunas veces, pero sin Berry, esa es una perra que nadie quiere, e incluso Vegeta estuvo invitado.
—¿Y cómo está Vegeta? —preguntó ya metida en la conversación. Ese tampoco era un tema que Bardock pudiera llevar, especialmente con lo poco que le simpatizaba su hijo.
—Cuando llegó a Vegetasei estaba delgado y en muy mal estado, con cicatrices en las muñecas y cuello, pero se recuperó entrenando con el resto.
Koora imaginó esas cicatrices a causa de los collares que drenan la energía. Deseaba tanto saber qué había sido de él todos estos años.
—¿Se llevó bien con Tarble? —consultó interesada.
—En un principio no. Tarble no quería saber de él, pero Vegeta insistió, hasta que pelearon en el círculo, allá en la Zona Negra y se llevaron mejor.
—Vaya —murmuró sorprendida. Sí que debe haber cambiado Vegeta para ser quien buscara a su hermano y no al revés. Todos habían cambiado tanto estos años, mientras que ella sentía que se había quedado estancada.
—¿Y cómo se comportó contigo Vegeta?
—Bien —respondió encogiéndose de hombros—. Solíamos desayunar juntos en la cocina de palacio, y me ayudó a entrenar. No se parecía en nada a lo que me habían contado de él.
—Así puedo ver. —Deseaba tanto ver con sus propios ojos a Vegeta y comprobar ese cambio. Eso significaría que su muerte no había sido en vano.
—Y ya que estamos hablando… —dijo Kyle sin saber bien cómo continuar—. ¿No te acercaste a nosotros porque pensaste que Tarble era malo? —No necesitó viajar mucho tiempo con Koora y su gente para darse cuenta que era lo que deseaban todos: acabar con el rey Vegeta y el imperio de tiranía de los saiyajin. Además, por lo que había escuchado de Koora y Bardock, ahora podía comprender por qué tanto secretos por parte de Tarble, pero continuaba confundida, ya que nadie era directo con ella.
—Eso es lo que cree la mayoría —respondió escogiendo bien sus palabras—. Y me arrepiento de haber caído también, pero Bardock me aclaró las cosas. Tarble está haciendo lo que yo no me atreví en su momento, y que ahora nos está tomando tanto tiempo. —No quería hablar mal del rey Vegeta, pues cada vez que lo hacía, Kyle se lo tomaba mal.
—Sé bien quién es mi papá, y entiendo que nadie aquí lo quiera, y también sé que no va a terminar bien, pero no puedo alegrarme por eso.
—¿No te gusta ir a misiones? —preguntó Koora. Tenía que aprovechar que Kyle estaba tan abierta y cooperativa.
—No. Mi papá me llevó a muy pocas, según él era la iniciación y tenía que prepararme, y también me tuvo entrenadores desde muy pequeña, pero no continuó enviándome. Creo que en un comienzo fue por sobreprotección, y después yo ya no quería ir, y Tarble me enseñó a evadirlas… Debí darme cuenta que la forma de ser de mi hermano era totalmente diferente a lo que el resto veía. Y Broly también tiene que haber estado metido en todo esto.
—No es tu culpa. Eras una niña, y puedo asegurarte que Tarble se encargó de que no te dieras cuenta. Yo hice lo mismo con mis hijos los años que fui reina y trabajaba ayudando gente. Mientras más lejos de todo menos los impactaría.
—En Vegetasei se sabe que mi papá te mató a ti y a tus hombres por traición a la corona.
—Eso es verdad. Por mucho bien que estuviera haciendo, iba en contradicción con nuestras costumbres.
—¿Duele morir?
—Tuve la suerte que fue rápido. Casi no lo sentí. —Además en ese momento miraba a sus hijos, lo demás poco importó.
—¿Vas a matar a mi papá? —preguntó en un susurro, mirándola a los ojos.
—Sí —respondió sin evadir su mirada. No tenía caso mentir, se iba a dar cuenta—. Eres mi hija, y aunque no me recuerdes, te amo. Te amé cuando te tuve, y te mecí, estuve una semana contigo. Sé que no es suficiente, pero lo fue para mí para quererte, y te sigo queriendo aunque para ti ya haya pasado parte de tu vida y ni siquiera me conozcas. Y lo que estoy haciendo es para que tú puedas tener una vida normal, y el universo sea un lugar menos podrido. Y yo también quiero una vida normal, aunque no lo creas. Luché para que Tarble y nosotras tuviéramos eso hace más de diez años, y fallé. Esta vez no, y para que todo eso pase él tiene que morir.
Kyle dejó caer unas lágrimas, pero se mantuvo firme, seria. La mandíbula tensa. Volvió a subir la pantalla del computador, se puso los audífonos para continuar viendo la película y no volvió a mirar a la mujer que luego de unos minutos se retiró del lugar.
Koora caminó por los pasillos en busca de Karev. Pese a que creía conocer al monstruo de Vegeta, viene esta jovencita y le demuestra que sí puede llegar a querer a alguien, ¿Vegeta podía sentir amor? Cuando lo conoció en la época de príncipe, jamás vio de parte de él cariño hacia sus padres. A su padre lo admiraba, lo respetaba y también le temía. Lo importante ahora es que tenía fuertes sentimientos hacía Kyle, y así lo demostraba el comportamiento de la adolescente. El monarca había sido capaz de enviar una flota gigantesca en su búsqueda, además en el último reporte, le informaron que él en persona había salido por ella.
Y eso le dio una idea, sería arriesgada, pero tenía que intentarlo.
(...)
Luego de conversar la idea con Karev y discutir en profundidad un par de horas, decidieron arriesgarse en esta misión suicida. No quisieron llamar la atención de la tripulación, por lo que salieron con un grupo reducido de guerreros en una nave más pequeña con la excusa de explorar un planeta que podría resultarles beneficioso. El viaje duró cuatro días, lograron evadir la impresionante flota de naves de saiyajin y pese a todo pronóstico lograron su objetivo. Ahora era tiempo de regresar a la nave, y continuar su viaje de escape, junto con el impresionante motín que había ganado.
—Un momento —dijo Koora para que todos guardaran silencio. Aún intentaba recuperar la respiración, se encontraba agitada, al igual que los siete guerreros que estaban con ella en la pequeña sala. Todos vestidos con sus trajes de carroñeros, y todos en muy mal estado luego de haberse enfrascado en una violenta e inesperada batalla—. Tal como acordamos, nadie va a hablar de lo que acaba de pasar. Nadie se puede enterar de lo que acabamos de hacer, ¿Está entendido?
—El resto tiene derecho a saber —dijo una guerrera con un profundo corte en la ceja que no paraba de sangrar.
—Y lo sabrá, pero a su debido tiempo —respondió Koora—. Si hablamos ahora solo conseguiremos que todos quieran tomar justicia en sus manos y no habrá servido de nada el sacrificio de sus compañeros.
Todos los guerreros, las dos mujeres y cuatro hombres que quedaban, entre ellos Bardock y Karev, respondieron afirmativamente a la orden de la mujer. Lo que habían hecho era tan grave que iba a cambiar el curso de las cosas para todos.
—Tenemos que tomar una decisión, ahora —dijo Karev. El más herido de todos. Tenía el rostro manchado de sangre y estaba dejando una pequeña posa por una herida en su pierna derecha.
—No —se apresuró a responder Koora, y se quitó el casco destrozado para respirar mejor—. Tenemos tiempo y no vamos a pensar en caliente. Ve a curarte las heridas. Todos vayan a ducharse y a tratar las heridas. Tenemos cuatro días para llegar a la nave mayor, suficiente para pensar, y si alguien pregunta, se apegan a la idea original: estábamos en una misión de reconocimiento y salió mal, no tienen que dar más detalles.
Poco a poco los soldados se fueron retirando, quedando Koora, que aún se sentía alerta por la adrenalina, además de Karev que no se movió de su lugar, y Bardock, que se había sentado en un ancho banco de metal.
—Quiero ir a verlo —dijo decidido Karev, luchando por mantenerse de pie y derecho, pese al dolor que ganaba terreno cada vez más.
—Vas a ir —respondió Koora, impaciente de que su corazón se calmara—. Pero no hoy. Ahora ve a ver esas heridas.
—Me lo gané —insistió, mucho más acalorado que la guerrera.
—Claro que sí, pero te arriesgaste, y casi te pierdo —respondió Koora con el rostro tenso—. Desobedeciste mis órdenes y casi mueres.
—No me importaría haber muerto con tal de atraparlo. Ese hijo de puta asesinó a mi mujer en el coliseo —exclamó alterado, recordando aquella horrible época y la culpa que lo carcomía hasta el día de hoy, cuando tuvo que optar por escapar para salvar a su hijo en lugar de luchar por intentar recuperar a su mujer. La vena en su cuello se notó más, al igual que el brillo en sus ojos, mientras tanto, Bardock estaba ocupado estirando el único cigarro que se había salvado de la cajetilla al interior de su traje de carroñero.
—Te necesito vivo. Mañana podrás verlo, con calma. En estos momentos no confío en nadie cerca de él, y también necesito que él viva. ¿Entendido?
—Entendido —murmuró molesto, aunque más tarde, con las heridas limpias y cerradas, le encontraría la razón, aunque en este momento lo único que quería era gritar y no parar nunca. Le echó una sutil mirada de desprecio a Bardock que finalmente había logrado encender medio cigarro, y se fue del lugar.
—Vaya día —dijo Bardock disfrutando del cigarro. Hacía mucho tiempo que no peleaba de esa forma, y era la primera vez que se ponía el traje de carroñero, lo que le causó problemas para pelear, especialmente el casco que no le permitía respirar correctamente.
—Bardock —comenzó Koora, seria—. Kyle…
—Lo sé. No puede enterarse. —Le dio una bocanada larga al cigarro antes de volver a hablar—. Supongo que vas a ir a verlo. La regla de no ir caliente no aplica para ti.
—Sé comportarme. —Se cruzó de brazos y se obligó a respirar para calmarse. Fijó su atención en Bardock, que actuaba como si lo más importante de esa noche era ese maldito cigarro—. ¿Tú no vas a pedirme verlo?
—No tengo nada que decirle —dijo mirando el cigarro.
Koora no respondió. Definitivamente ella sí tenía mucho que decir.
Cuando el rey Vegeta abrió los ojos, encontró todo en total oscuridad, su cuerpo le dolía y cuando tocó su cuello supo por qué sus heridas aún no habían sanado. Perfecto, había caído en la trampa como un estúpido inexperto. Al no haber noticias de su hija por parte del equipo que mandó a buscarla, decidió ir con su propio escuadrón en su búsqueda. No se imaginaba que a los pocos días de viaje terminaría así.
Al prenderse las luces del lugar pudo apreciar la pequeña celda donde se encontraba. Tenía espacio para estar de pie y para dormir estirado sobre la pequeña posa de sangre dejada por sus heridas, si así lo deseaba, pero no había una sola comodidad para alguien de su posición, lo cual era indignante. Cualquiera que lo hubiera raptado lo querría con vida y en buen estado, ya que cada molestia que pudiera pasar, haría que sus captores lo pagaran muy caro cuando sus hombres dieran con él.
—Bien, comencemos enseguida con las negociaciones —dijo Vegeta con su característica soberbia cuando escuchó la puerta abrir y pasos acercarse—. ¿Qué quieren para terminar con esto de una vez? —No eran más que palabras vacías, ya que a la primera oportunidad mataría a todos.
—Quiero tu cabeza y destruir tu imperio —respondió Koora una vez que estuvo frente a la jaula y de pie. No había curado sus heridas ni quitado el traje de carroñera. Esta era una reunión que no podía esperar—. ¿Aún quieres negociar? Aunque conociéndote, te encargarías de asesinarnos en cuanto te dejamos en libertad —Como se lo imaginaba, ahí estaba Vegeta con la boca abierta, incapaz de hablar. Siempre pensó que en algún momento esto ocurriría, pero jamás tan pronto.
—Tú… —balbuceó Vegeta incrédulo—. ¡No puede ser! —Miró a todos lados y limpió sus ojos, manchando su rostro de la sangre fresca que aún quedaba en sus guantes, creyendo que había sido víctima de una ilusión por envenenamiento—. ¡Tú estás muerta! ¡Yo te maté! —exclamó enojado de que la aparición continuara ahí de pie, mirándolo, mientras que él estaba sentado sobre su propio charco de sangre.
—Dejé muchos asuntos pendientes —respondió con calma, cruzada de brazos y disfrutando el momento más de lo que había imaginado—. ¿Recuerdas lo que te dije la última vez que nos vimos?
Aún en shock por lo que estaba viendo, Vegeta se puso de pie y se acercó a los barrotes para mirar a la mujer de cerca. Volvió a limpiar sus ojos, alterado y tenso.
—¿Cómo? —quiso saber.
—No estás en condiciones de exigir nada, Vegeta.
—¡¿Cómo?! —gritó alterado. Estiró el brazo entre los garrotes intentando tocarla y comprobar que realmente era Koora la que estaba ahí frente a él, pero ni siquiera pudo rozarla. Frustrado intentó tomó el collar con ambas manos para quitárselo.
—No hagas eso —dijo Koora sin moverse de su lugar, pero el hombre no escuchó y solo se detuvo luego que un violento choque de corriente, desde el mismo collar, lo golpeara y lanzara al suelo de regreso a su posa. Al menos eso pareció calmarlo, pero continuaba con la respiración agitada—. Si no intentas quitartelo no volverá a pasar… —y agregó un tanto tensa recordando el pasado—. Esto es mucho mejor que tenerte amarrado con alambres cortantes, ¿no?
—Esto no puede estar pasando —dijo en voz baja, con la mirada en el suelo, incapaz de seguir mirándola. No entendía cómo podía ser posible, pero ahí estaba.
—Está ocurriendo, Vegeta, y será mejor para los dos que lo aceptes ahora, de lo contrario será muy desagradable para todos.
El rostro del monarca cambió de asombro a enojo cuando entendió lo que había ocurrido.
—Tú la tienes —dijo cada vez más furioso—. Tú tienes a mi hija. —Volvió a ponerse de pie y tomó los barrotes con firmeza, haciendo que sus guantes sonaran de lo tenso que estaba—. ¡Tienes a mi hija y la dañaste para que yo cayera en tu trampa!
Pese a que ya había aceptado que lo que había entre Kyle y este monstruo era real, continuaba siendo impresionante ver su reacción al creer que la había lastimado. Fue tan simple el plan, que pensó que no funcionaría, pero lo único que tuvo que hacer fue interceptar su nave, enviarle imágenes de Kyle sangrando junto con las coordenadas del lugar donde supuestamente debía ir y pagar el rescate para tenerla de regreso. Y el resto fue absurdamente simple. El hombre, seguramente presa de la desesperación, se presentó en el planeta abandonado, entonces ella y sus soldados atacaron de sorpresa, mataron a sus hombres para no dejar testigos, lamentablemente también perdió algunos suyos, pero aquí estaban, con el rey Vegeta como prisionero.
—Jamás le haría daño a mi hija —dijo ofendida, pero se preocupó de no evidenciarlo. Quería que él viera que tenía total control de la situación.
—Ella no es tu hija —respondió molesto—. La robaste de mi lado y la usaste para llegar a mí.
—Imbécil —murmuró con desprecio. Qué bien se sentía poder hablar como le daba la gana sin tener que medir las palabras para no hacerlo enojar—. Estaba entrenando con uno de mis guerreros, pero eres tan estúpido que pensaste que había sido torturada —explicó, solo para molestarlo. Quería herirlo, y ya que no podía matarlo, lo atacaría por lo más preciado que tenía—. Kyle está conmigo, como siempre debió ser. No está a la fuerza, no está engañada, y está consciente de lo que planeo hacer contigo, y aún así está a mi lado.
—Mientes —dijo en voz baja—. Ella no me traicionaría.
—Tienes razón en parte —dijo pensativa—. Kyle no sabe que saqué imágenes de la cámara de seguridad del salón de entrenamiento para engañarte y hacerte caer en mi trampa. Pero te tiene miedo, por eso está conmigo, y no va a volver a ti.
—Eso es imposible —respondió—. Mi hija jamás…
—Ella no es tu hija —dijo por fin después de tanto tiempo, y se sintió mejor de lo que pensaba ver su rostro, porque estaba segura que le creyó enseguida.
—Estás desquiciada —dijo intentando sonreír—. ¡Estás muerta! ¡Ni siquiera sé con quién estoy hablando!
—Hice que te encapricharas conmigo para manipularte y arruinar tu imperio, ¿no lo recuerdas? ¿Realmente piensas que no pude ser capaz de engañarte? —Cada vez fue levantando más el tono. Era tanto lo que quería herirlo que estaba sacando todo lo que no pudo decir en su momento, ni siquiera aquella vez que se vieron por última vez, ya que debía callar para proteger a sus hijos—. Te despreciaba, y aún lo hago. ¿Realmente pensaste que no me enteraría que intentaste matar a Tarble?
Vegeta frunció el ceño y recuperó su carácter que había sido arrasado por toda la conmoción.
—¡Si no me sacas ahora mismo de aquí, me encargaré personalmente de matar a tu preciado hijo! —ordenó encolerizado.
Koora ni siquiera lo pensó. Entró a la celda y con un golpe con la palma abierta, empujó al hombre contra el muro, haciendo que se golpeara en la cabeza con tanta fuerza que quedó sentado en el suelo. No conforme con eso lo tomó del cabello y lo obligó a mirarla.
—Nunca más, Vegeta. —exclamó enojada—. Nunca más te vas a acercar a mis hijos. —Lo soltó de mala manera y se alejó antes que las ganas de matarlo fueran más grandes.
—¿Y ahora qué? —preguntó Vegeta sonriendo y sin levantarse—. ¿Me vas a torturar o qué?
—Aún no lo decido —respondió calmada—. Así que vete haciendo a la idea de pasar mucho tiempo al interior de una celda.
—¿Vas a hacer lo mismo que te hice?
—Creo que además de Kyle no hay nadie más que te importe como para destrozar su cabeza en frente tuyo. Pero para que te enteres; ella te tiene miedo porque sabe que no eres su padre, y tiene miedo de lo que podrías hacerle cuando supieras la verdad.
La sonrisa de Vegeta se borró por completo, y Koora se marchó del lugar. Tal vez no reventó la cabeza de nadie querido para él, pero sí lo dejó marcado.
(...)
—¿Qué piensas hacer ahora? —preguntó Bardock sentado en el sillón, viendo a Koora ir y venir de un lado a otro en el estudio.
—Siempre pensé que en el final de la carrera me tocaría enfrentarme a Vegeta, pero ahora lo tengo prisionero y custodiado. —Se sentó sobre el escritorio y continuó pensativa—. Si tengo que ser honesta no había planeado este escenario.
—Pregúntale a tus hombres. Todos van a votar por cortarle la cabeza y exhibirla.
—Lo sé, y es eso lo que no quiero. Por eso casi nadie de la nave sabe que lo atrapamos. Vegeta es demasiado valioso como para simplemente matarlo.
—No sería mala idea —comentó haciendo una mueca.
Koora lo entendía, y si fuera por ella, entraría a esa celda y le destrozaría la cabeza, tal como él lo hizo con Alina. En aquel momento le juró que lo mataría, pero ahora era parte de algo mayor, y debía dejar atrás sus deseos y pensar lo que era mejor para todos, aunque todos en esa nave votaran por cortarle la cabeza en el acto.
—Mientras decido qué hacer con él lo mantendré en secreto. Nadie puede enterarse que lo tenemos, ni siquiera Kyle. Especialmente ella.
Un golpe rápido en la puerta los interrumpió. El soldado que golpeó tan apresurado, ni siquiera esperó a que lo dejaran entrar, y Koora al verlo tan nervioso lo dejó hablar en lugar de reprenderlo por no esperar a que lo hicieran pasar.
—Su Majestad —comenzó el hombre—. Su hijo Tarble está en la nave.
—¡¿Qué?! —exclamó descruzándose de brazos. Incluso Bardock se sorprendió al oír algo así.
—Su hijo está en la nave —repitió, sin saber qué más poder decir.
—Eso es imposible. Mi hijo está lejos e inubicable.
—Soldados mayores lo reconocieron, y me mandaron a avisarle enseguida. Mientras tanto lo llevaron con el general Karev para que lo distrajera. Está acompañado con otro guerrero y los dos están en muy mal estado. Creen que atacaron a gente de la nave, pero no han encontrado a nadie herido.
—Para llegar al interior de la nave debieron haberse acercado a la nave, y tenemos radares para detectarlas.
El soldado no pudo responder a eso, estaba igual de sorprendido que todos.
Pese a que podía tratarse de una trampa, Koora salió a paso rápido del lugar con el soldado detrás de ella.
Continuará…
Hola a todas o todos, muchas gracias por llegar hasta aquí, el capítulo más largo de la historia (so far...)
Ahora se puede decir oficialmente que Koora ha regresado, y luego de este capítulo kilométrico, las historias han quedado ordenadas.
Estoy cansada, así que seré breve.
Por fin vieron qué pasó con Kakarotto y los demás jajajaj. El guerrero lo único que quería era llevarse a su hijo, lo demás no le importaba. Y ya que Kyle quiso quedarse con Bardock, ya no tenía nada que hacer, salvo llevarse a Gohan de regreso con su mamá.
Como se habrán dado cuenta, en este capítulo resumí lo que fue de Koora en dos años. Como casi todo era puro flashback, decidí no ponerlo en cursivas ni poner hace cuánto tiempo había pasado cada acontecimiento, pero espero que haya quedado claro igual.
Como algunas dijeron en los rws, Koora llegaría con personajes nuevos, y ahí están estos dos hombres. Padre e hijo (Sí, un saiyajin que tienen buena relación con su hijo, qué alguien pida un deseo! jajajaja) pero es lo que pasa cuando eres un saiyajin pacifista y además vives lejos de Vegetasei.
Koora sintió muchas cosas fuertes con Bardock, y claro, no iba a perder la oportunidad de revivir algo bueno del pasado, ya que aún no puede estar con sus hijos y la relación con Kyle no es como había imaginado.
Ya tiene de prisionero al rey Vegeta! (No respondí todas las dudas que tenían en este capítulo, pero sí que pasaron cosas jajaja) Koora por fin se resignó a que Kyle tuviera una buena relación con el rey, y terminó sacándole provecho. Y ya que no puede matarlo, decidió herirlo de la única forma que se le ocurrió, que es contándole la verdad sobre Kyle.
La relación entre Koora y Kyle es muy difícil. Qué más quisiera Koora poder darse el tiempo de conocer a su hija y estar solo con ella, pero no puede. Está trabajando para lograr lo que no se atrevió, y eso significa matar a Vegeta, su padre. Y Kyle lo entiende, lo sabe muy bien, pero no por eso no le va a doler. Y eso hace que su relación sea complicada, sumado además que sus personalidades chocan, y no tienen mucho tiempo. Peeeero, llevan solo dos meses. Hay que darles tiempo, además Kyle está en una edad difícil y tiene mucho que entender y temas pendientes que hablar.
Si se dan cuenta, la última escena está más adelantada de lo que quedó el capítulo anterior, así que ya se pueden hacer una idea de quién pidió el deseo.
El próximo capítulo que viene es taaaaaaaaaaan emocionante que muero por escribirlo. Sé que voy a llorar. (De hecho igual lloré con la primera escena de este capítulo al recordar aquel momento tan terrible) Pero en esta ocasión las lágrimas serán diferentes.
La canción de esta oportunidad The Show Must Go On de la fabulosa banda Queen le queda tan bien a Koora, que incluso el nombre de la banda le viene. (qué coincidencia) y bueno, es claro lo que significa la letra en la vida de Koora. Se supone que había terminado todo para ella, pero la trajeron de vuelta y pese a sus deseos, tienen que continuar y no dejarse abatir por lo que ocurre, en especial por sus hijos, que es lo que la mueve.
Ahora, una de las cosas más importantes de la nota de autor de este capítulo: No respondí los rws en esta oportunidad (los lei todos varias veces, muchas gracias, me encantaron, las amé a todas) y no los respondí porque con mi asistente Anne estuvimos revisando sus sugerencias y quedamos gratamente sorprendidas al ver tantas buenas ideas. Yo que pensaba que escogería muy pocas, al final fueron 12. Y van a continuación:
(Las que no quedaron no se preocupen, porque no escogí varias ya que pedían cosas que ya pensaba poner, así que de todos modos verán sus ideas plasmadas más adelante) O en otros casos, pidieron cosas que ya venían en este capítulo (como el acercamiento entre Koora y Bardock)
Ah! Les aviso que algunas ocurrirán pronto, y otras muuuuuucho más adelante en la historia, así tendrán que tener paciencia.
MissEchalotte
Sería interesante una escena entre el rey Vegeta y Broly. Me da la impresión que el rey no estaría contento al descubrir que su hijo y Broly están casados o que tienen una relación sentimental, pero vamos, Broly es mil veces más hombre que él
Nacha90
Y la otra escena que me gustaría leer es de Vegeta regalándole un collar o algo así a Bulma, o que Bulma le haga un presente de ese estilo a Vegeta, y así cada vez que lo vean se acuerden del otro
Cloe
Me gustaría leer que una cena o algo similar en donde Tarble les cocine a Kyle y Broly, son lindos los tres interactuando
Nane
Referente a la escena, pensé en algo muy sencillo pero me gustó mucho leer a Bulma y Vegeta bailando juntos, me gustaría ver algo así entre Tarble y Broly, así en privado como lo hicieron los primeros
Sofi Urrutia
Sería interesante leer algo en donde Tarble vea la buena relación que hay entre el rey Vegeta y Kyle, es interesante porque ese hombre que desprecia tanto y que mató a su mamá, al parecer siente cariño genuino por la que cree es su hija, es algo dificil de asimilar y creer que es posible
Sidny
Un flashback de cómo Bardock y Gine se enamoraron. A pesar de que hemos leído muy poco sobre ellos, hay muchísimo de dónde filtrar.
Adantyna
Me gustaría una conversación o alguna interacción entre Vegeta y Troy, puf no sé si saldría conversación o discusión jajaja porque encima de lo que le hizo Vegeta en el pasado y ahora está con su ex novia,sería algo interesante jajaja.
RoweRavenclaw
No sé si viste la película Secreto en la montaña, pero resulta que hay una escena en la cual Jack le dice a Enis la famosa frase "ojalá supiera como dejarte" en medio de una fuerte discusión. Queda mucha historia por contar y asumo que Bulma y Vegeta se separarán eventualmente (espero transitorio) y esa frase es muy potente porque transmite que a pesar de querer dejar a alguien amado, no se puede porque es más grande el amor que sienten.
Chica Danesa
Una escena entre Bulma, Vegeta y Troy sería fenomenal, hay tanta historia detrás que no sé como reaccionarían, bueno, depende del contexto en el que se encuentren. Pero Vegeta viendo en los ojos de Troy cuanto le importa Bulma, o ver la perspectiva de Troy acerca de Bulma y Vegeta, de cómo se miran. Me gustan esas escenas en donde un personaje observador nos da su punto de vista sobre una pareja
Milla Fanfic
Me gustaron esas pocas escenas de Raditz siendo lindo con Kyle, podría ser algo como eso ahora que ella sabe que es su hermano
LeeDupe
Reconozco que de las cosas que más me gustan es cuando Bulma está con Tarble, me gusta leerlos juntos. Sin embargo también es entretenido cuando Tarble y Vegeta se molestan como hermanos que son, sería divertido que Vegeta saque a colación que su hermano dormía con Bulma en frente de Broly, solo para molestarlo hahaha
Anne Brief
¡La escena de cómo fue que Kyle conoció a Broly!
Y bien, ahora sí me despido. Espero que les haya guastado el primer capítulo de la tercera parte. Muchísimas gracias por comentar y leer.
Espero sus rws, sé que el capítulo quedó kilométrico, así que tendré paciencia. Sé que todas tenemos cosas que hacer, pero soy Juan Gabriel junto a la palmera esperando. jajajaja
Qué estén super!
Dev.
08/10/21
