El Legado II


Tercera Parte


XXXVII

Ese Abrazo Que No Fue


Sería tan fácil siendo lluvia

Solo un roce y tendría que caer

Sería tan fácil siendo monte

Que en mi pecho te abrazaría con mi piel

Siempre he estado vivo

Al menos cuando he logrado llegar

A ver el sabor que dejó el temor de tener que olvidar

Al regresar verás

Al regresar verás mi carnaval

(Carnaval / Lucybell)


Vegeta se lanzó con fiereza en contra de Broly, pero antes de siquiera rozarlo, el guerrero se desvaneció, reapareciendo detrás de él. Broly lo golpeó en la espalda y continuó atacando, sin darle oportunidad de reponerse y responder. De una patada en el abdomen lo elevó a una velocidad impresionante, pero logró alcanzarlo para volver a golpear su espalda y regresarlo con violencia contra el suelo repleto de partes de naves.

Vegeta resurgió de entre el mar de metal, con serios golpes en el rostro y el cuerpo. Ya casi no quedaban rastros de su armadura, y el traje azul había comenzado a rajarse a la altura del pecho. Pese a eso rio con ganas al ver a Broly descender y caminar hacia él.

Broly, que se encontraba en condiciones similares a Vegeta, no entendió el comportamiento del hombre, pero no le importó. El dragón ya había aparecido y Tarble debía estar pidiendo el deseo. Ya era cosa de minutos para que todo terminara.

—¿Ya te cansaste? —preguntó Vegeta aún riendo.

Broly no le respondió. Simplemente corrió hacia él hasta alcanzarlo y volvió a golpearlo. Lo tomó del cuello y azotó contra el suelo, solo provocando que la risa de Vegeta aumentara, al igual que su molestia al tener que soportar su desagradable forma de ser por tanto tiempo viajando juntos y ahora incluso en el combate.

Vegeta terminó acostado en el suelo luego que Broly lo arrojara contra el fuselaje de una nave que terminó abollado por el impacto, y no se movió de su lugar pese a que Broly caminó hacia él.

—Entonces, ¿eso es todo lo que tienes? —preguntó Vegeta, y se limpió la sangre de la boca con el antebrazo.

—Incluso para pelear tienes que ser un hijo de puta insufrible.

—Eres poderoso, eso te lo concedo. —Se bajó del fuselaje quedando a solo unos metros de Broly—. Pero no elevas más tu ki porque tienes miedo de perder el control. —Sonrió de lado al notar ese pequeño cambio en la expresión del guerrero que le dio la razón a lo que decía, y continuó—. Conocí un par de tipos como tú al otro lado de la galaxia, no creas que eres único y especial. Eres un guerrero asombroso que podría tener lo que quisiera si supieras dominar tu poder, incluso debes ser más fuerte que yo, pero el miedo te domina y no te permite avanzar más.

—Te voy a mostrar hasta dónde puedo llegar con mi poder —respondió molesto y caminó hacia él. Logró golpearlo una vez más, pero Vegeta pudo detener el segundo ataque con la mano.

—A diferencia tuya, yo no tengo miedo de usar todo mi poder, como lo hice cuando tuve que enfrentarme contra esos sujetos —dijo altanero, al mismo tiempo que gritaba y hacía explotar su ki.

Broly sintió el cambio brusco de energía de Vegeta, y no esperó para lanzarse y atacar, y lo mismo hizo Vegeta más confiado ahora que había conocido los límites del guerrero. No se dieron tiempo para bloquear, solo golpearse y arremeter contra el otro. El choque de energías fue tal, que las naves abandonadas se deformaron a su paso. En esta ocasión, fue Vegeta el que logró detener un golpe de Broly, y desde ese momento no hubo vuelta atrás para el guerrero...


(...)


Catorce años atrás


El pequeño y débil niño saiyajin de nueve años se apresuró en esconderse detrás de unas rocas para no ser visto, y mientras todos los guerreros gritaban luego de la aplastante victoria para el imperio saiyajin, él permaneció atónito mirando sus manos ensangrentadas. El contraste era evidente: todos festejando y llevando consigo las heridas y sangre (propia y del enemigo) como símbolo de orgullo, cuando Tarble debía controlarse para no largarse a llorar ante lo que había cometido.

No había tenido otra opción. Odiaba con cada célula de su cuerpo asesinar, pero si quería sobrevivir debía comportarse como un saiyajin, además, su mamá se encontraba lejos, y solo tenía a Vegeta a su lado, y si no hacía lo que a Vegeta le gustaba, entonces quedaría completamente solo.

Sintió las lágrimas caer por las mejillas, y se permitió sentir desesperación, pero no gritó aunque eso era lo que quería. Gritar y gritar hasta que todo no fuera más que un mal sueño, pero las imágenes eran recientes y pasaría mucho para dejarlas atrás. No era la primera vez que debía asesinar, pero en esta ocasión había sido demasiado, y no sabía qué pasaría la próxima vez que tuviera que hacer lo mismo.

Se permitió colapsar hasta que el escándalo de los soldados de Vegeta cesó y limpió todo rastro de su llanto antes de volver con su hermano.

¿Dónde habías estado? —preguntó Vegeta de dieciséis años, a punto de subirse a la nave para abandonar el planeta cuando vio a Tarble llegar. El pequeño iba a abrir la boca para inventar una excusa, pero a Vegeta, que no le interesaba escuchar una respuesta, continuó hablando—. Los soldados me informaron sobre tu desempeño, no estuviste nada de mal considerando que no tenía expectativas en ti.

¿En serio? —preguntó con ojos brillosos, en una mezcla del colapso reciente junto con la ilusión que le provocaban las palabras de Vegeta. Este había sido el peor día de su vida, y aún así sonreía.

No estaría perdiendo el tiempo mintiéndote. Si lo hubieras hecho mal como de costumbre te dejaría tirado en este planeta de mierda para que hicieras algo de utilidad, pero peleaste como se debía considerando tus incontables limitaciones, así que vámonos ya. Tenemos que volver a Vegetasei.

Sí —respondió caminando detrás de él, sin mirar la devastación que dejaron. Su hermano le había hecho un cumplido a su manera, pero lo había aceptado—. ¿Podemos comer juntos hoy? —Se aventuró a preguntar considerando que Vegeta estaba de buen humor.

Pese a que había tenido que crecer demasiado pronto, seguía siendo un niño que necesitaba el afecto de alguien más. Quería a su hermano, lo quería mucho y no importaba que lo tratara mal, sabía que podía ganárselo de alguna manera.

Como quieras —respondió sin prestar atención a lo que decía—. Mas te vale continuar peleando como se debe, no quiero escuchar que te acobardaste como otras veces.

No —respondió aún sonriendo y mirando a su hermano mayor.


(...)


Tarble no lo podía creer. No podía creer lo que había escuchado. Gracias a Dende había aprendido lo básico de su complejo idioma, pero había sido capaz de entender lo que Porunga había dicho, y ni siquiera sabía cómo reaccionar.

—Tarble, dime qué pasó —insistió Bulma, preocupada de su expresión.

El joven no le respondió, y miró al dragón cuando habló con su profunda voz que hacía que el suelo temblara al ritmo de sus palabras.

Pide otro deseo, o me marcharé.

No había tiempo, tenía que pensar. Podría pedir que trajera a su madre a este lugar, pero no estaba seguro de las palabras exactas, y no era tan simple con este idioma, ya que si se equivocaba en la pronunciación o en el orden lo arruinaría todo. Lo mejor sería ir con ella, si estaba en peligro entre todos podrían ayudarla y luego ingeniárselas para salir de donde sea que esté. Sí, eso haría, pediría que los seis sean transportados. Dende le dijo que la clave era ser específico, y así sería. Para no cometer ningún error, formuló la oración en su cabeza antes de decirla en voz alta.

Si no hay nadie que quiera pedir un deseo, entonces me marcharé —sentenció el dragón.

¡No! ¡Tengo un deseo! —respondió Tarble en voz alta en el idioma que hablaba Porunga, y se apresuró cuando vio a Vegeta volar hacia él a toda velocidad, sin rastros de Broly por ningún lado.

Habla entonces —dijo el dragón.

Deseo...

Bulma escuchó a Tarble decir una oración larga en ese idioma que no lograba comprender en lo absoluto, seguido del nombre de Broly. La siguiente palabra que siguió parecía ser su nombre "Bulma", pero no la terminó, pues Vegeta calló a su hermano con un fiero golpe en la mandíbula que lo hizo terminar tendido en el suelo. No contento con eso, se le puso encima y le cubrió la boca con la mano enguantada, para que no siguiera hablando.

Desesperado, Tarble forcejeó para liberarse y terminar el deseo, ya que si su madre necesitaba ayuda, todos debían ser llevados hasta ella. Golpeó a Vegeta en la mejilla, haciendo que lo soltase por un segundo, pero al intentar hablar, fue callado con otro severo golpe de puño y nuevamente tuvo el guante sucio de sangre y tierra en la boca.

Eso es fácil —dijo Porunga, dando por hecho que ese era todo el deseo. La criatura estaba más allá del bien o del mal, y no sería la primera vez que ocurría un enfrentamiento durante su corta estadía en el lugar donde fue invocado, y como cada vez que algo así sucedió, solo se preocupó en hacer su trabajo por el cual había sido creado—. Dalo por hecho.

—¡¿Qué pediste?! —demandó saber Vegeta cuando escuchó al dragón. Tampoco entendió nada de lo que dijo, pero supuso que era la respuesta al deseo de Tarble.

—¡No me dejaste pedirlo entero! —respondió Tarble molesto. Vegeta ejercía presión con la rodilla sobre su muñeca izquierda y la otra la tenía atrapada con una mano.

Vegeta volvió a golpear a Tarble en el rostro hasta sacarle sangre, mientras lo insultaba y gritaba.

—Rata traidora. ¡Fui un estúpido al haber confiado ciegamente en tí por ser parte de mi pasado! ¡Estúpido haber vivido tantos años con culpa!

—¡Fueron más de diez años sin saber nada de ti, Vegeta! ¡¿Qué esperabas?! —gritó con la boca roja de tanta sangre—. Y no. Tú no confiaste en mí. Simplemente diste por hecho que continuaría sumiso, con esa lealtad ciega solo porque volviste y tuvimos una convivencia más decente en comparación con la desastrosa relación que TÚ te encargaste que tuviéramos!

—¿Hiciste esto para demostrar que eres mejor que yo? —preguntó alterado—. ¡¿Para vengarte por haberte abandonado cuando niño?!

—¡Por supuesto que no, maldito egocéntrico! —respondió ofendido—. ¡Esto no tiene nada que ver contigo!

—¡No te creo! —le gritó a la cara, y volvió a golpearlo. Tan fuerte que la sangre saltó alcanzando el rostro de Bulma.

—¡Cuando niño mataba durante las misiones solo para ganarme tu aprobación y me dejaras pasar más tiempo a tu lado! ¡Así de desesperado estaba para que me dejaras ser parte de tu vida! ¡Ya no soy ese niño! ¡Nada de esto fue por ti!

—¡No te creo! —insistió—. ¡¿Qué pediste?! —bramó a centímetros de su rostro, y al no tener respuesta inmediata, sin soltarlo, miró a Bulma que estaba detrás de él—. ¡¿Qué pidió?!

—¡No lo sé! —dijo asustada al verlo de esa forma. Jamás lo había visto comportarse así, tan fuera de sí, en cambio Tarble lo recordaba muy bien.

—Estabas con él en esto, ¿no? —exclamó, seguro que los dos estaban de acuerdo desde un principio en robarle las esferas—. ¿Cuándo fue? ¿Antes de dejar Vegetasei, o en Trantor?

—¡No estoy con él! —insistió alterada de que pensara algo así—. ¡No sabía que haría esto hasta que...!

—¡Deja de mentir! —gritó encolerizado. Los dos lo habían traicionado y no soportaba lo que eso le estaba haciendo sentir.

—Ya no importa lo que pedí —dijo Tarble aún prisionero. La mandíbula y parte del cuello también se habían cubierto de rojo, y pese a la situación en la que se encontraba, lucía calmado, aunque en realidad se trataba de preocupación—. No me dejaste pedir el deseo entero, así que ahora te jodes, Vegeta. —Lo único que podía pensar en este momento es en su madre. ¿Y si alguien la había revivido para usarla, hacerle daño y tenerla prisionera? Era la única explicación que encontraba para que no lo hubiera buscado en dos años.

—¡Dime qué pediste! —exigió saber. Y al solo tener una sonrisa de dientes manchados con rojo, la frustración y la ira lo invadieron hasta el punto de no pensar.

Golpeó a Tarble en el rostro, una y otra vez, sin parar, pese a los gritos de Bulma que le suplicaba que se detuviera.

—¡Vegeta detente! —clamó asustada—. ¡Vas a matarlo! ¡Vegeta! —Lo tomó del brazo para que cesara con los golpes, pero no logró moverlo un solo centímetro, y debió retroceder asustada de que le pudiera llegar uno a ella.


En cuanto se recuperó del ataque, Broly hizo estallar su ki para dirigirse en busca de Vegeta y Tarble. Pese a la extensa distancia que aún los separaba, su vista agudizada por la adrenalina, le permitió ver a Tarble en el suelo con el rostro cubierto de sangre mientras Vegeta lo agredía sin tregua con golpes de puño. Aquella escena lo alteró tanto que por un momento se le nubló la visión y la razón, haciendo que su energía se duplicará de un segundo a otro. Voló hacia ellos, preso de una ira que no sentía hace tiempo. Iba a matar a Vegeta.


Bulma trató de intervenir una vez más para detener a Vegeta, pero en esta ocasión terminó sentada en el suelo cuando un potente ventarrón la lanzó, y de pronto Tarble se encontraba solo, sin su hermano sobre él. Se trataba de Broly, que llegó directo hacia Vegeta, y sin detenerse, lo tomó del cabello y le apretó la mano con la que afirmaba a Tarble, fracturando varios huesos, obligándolo a soltarlo. Arrastró el cuerpo del príncipe saiyajin por el suelo cubierto de metales filosos, dejando una zanja profunda, y aunque también se hizo serios cortes en el proceso, no importó, pues su objetivo era uno.

—¿Estás bien? —preguntó la joven cuando se acercó a Tarble. Lo ayudó a ponerse de pie, y aunque el príncipe estaba tremendamente mareado por los golpes en el rostro, se repuso al ver lo que ocurría con Broly. Reconocía muy bien esa energía rojiza que lo cubría, y no era nada bueno.

—Va a matar a Vegeta —dijo alarmado—. Quédate aquí, es peligroso que te acerques. —Se soltó de Bulma y corrió hacia los hombres.

La mujer permaneció en la colina, aterrada por lo que podría ocurrir. Todo indicaba que esto iba a terminar muy mal, pero de pronto, tal como si hubieran aumentado la velocidad de un segundo a otro para no ser visto, Tarble y Broly desaparecieron del lugar.

Vegeta, con un profundo corte en la mejilla y la frente se puso de pie dispuesto a atacar, pero no encontró a Broly en ningún lado, y luego de una búsqueda rápida de ki, se dio cuenta que ni él, ni Tarble estaban en el lugar. Simplemente se habían esfumado. Ya no estaban en el planeta. Observó hacia la colina donde había estado hace un minuto y solo encontró a Bulma que lo miraba.

Antes que alguno dijera algo, observaron al gigantesco dragón cuando el suelo retumbó ante sus palabras graves, de las cuales no entendieron nada, pero al parecer se trataba de una despedida, ya que al terminar, se cubrió de una potente luz que creció y creció hasta explotar ante sus ojos, y para cuando todo volvió a la normalidad, no había Porunga ni esferas. La lluvia ácida volvió a caer sobre sus cabezas y solo quedaron los dos.


(...)


En menos de un pestañeo, Tarble y Broly ya no se encontraban en aquel planeta contaminado y repleto de naves. Ahora estaban al interior de una habitación que parecía ser un salón de entrenamiento, con paredes metálicas reforzadas con pesas y otros accesorios para complementar el ejercicio. Para suerte de ambos, no había nadie en el lugar, ya que no estaban en condiciones para pasar desapercibidos, especialmente Broly que permanecía arrodillado y detuvo a tiempo un golpe de puño que iba para Vegeta y que hubiera terminado atravesando el suelo. Ahora Vegeta no estaba y se encontraba en otro lugar. ¿Había perdido la razón como en otras veces? No entendía qué estaba pasando, cómo habían llegado aquí, y eso lo alteró más.

—Es el deseo que pedí. Mi madre está aquí —se apresuró en decir Tarble al verlo tan mal, mirando a todos lados. No sabía que les esperaba, por lo que tenían que ser sigilosos.

Escuchar la voz de Tarble sirvió para calmarse y bajar su ki, pero aún se encontraba alterado. Había algo que sentía al interior de su cabeza, como una niebla espesa que no lo dejaba pensar ni controlar su cuerpo. Había sido tanta la ira que lo invadió cuando vio a Vegeta golpear a Tarble que se dejó ir como antaño, y permitió que una vez más se apoderara de él.

—Broly —susurró Tarble preocupado, y quiso acercarsele, pero el guerrero lo detuvo poniendo la palma abierta entre ellos.

—No —dijo sin dejar de darle la espalda, concentrado en su respiración, tal como lo había hecho aquella vez que pudo controlarse. En esa ocasión el ataque que sufrió había sido mucho peor, con pérdida de memoria y varias horas de ese día, por lo tanto ahora tenía que poder manejarlo.

Tarble no dijo nada, y lo esperó. Una forma de demostrar que confiaba en él era dejarlo hacer esto solo, y así fue. En solo un par de minutos el guerrero estaba de pie con sus ojos tranquilos detrás de toda la sangre que cubría su rostro, bastante parecido a Tarble.

—Lo siento —murmuró con calma, y pronto observó su alrededor.

—No te disculpes —respondió Tarble con seriedad.

—¿Qué fue lo que pasó con el deseo? —preguntó queriendo cambiar el tema, y caminó por la habitación hasta una de las puertas de acceso. Puso su mano sobre ella y se concentró para identificar las energías cercanas mientras Tarble le explicaba.

—Está viva —dijo aún incrédulo—. Mi madre está viva. La revivieron hace dos años, así que le pedí al dragón que nos llevara con ella.

—Hay muchas energías poderosas en este lugar —murmuró—. ¿Quién la revivió?

—No lo sé. Tengo miedo que esté en peligro.

—¿No pediste que vinieran los demás? Hubieran sido de ayuda si tenemos que pelear.

—Eso quería, pero Vegeta no me dejó terminar.

Broly respondió con un gruñido.

—Hay al menos cincuenta guerreros… —dijo atento a las energías que iban y venían por el lugar.

—¿Todos guerreros? —preguntó Tarble. También se concentró en sentir los ki, mientras pensaba que uno de ellos era de su madre. Si tan solo supiera cuál.

—Algunos más fuertes que otros, pero podría con ellos si los enfrento en grupos —dijo pensativo.

—No quiero comenzar una matanza si no es necesario, especialmente al interior de una nave y menos si no hemos encontrado a mi mamá aún.

—¿Una nave? —preguntó Broly mirándolo.

—Sí —respondió el príncipe con una mano en la pared—. Pasé mucho tiempo trabajando con Bulma en la construcción de las últimas naves de rescate. Así que tenemos que dejar la pelea como segunda opción.

—Entonces, ¿tú hablas y yo miro feo?

—Espero que con eso sea suficiente. —Hizo una pausa para arreglarse la nariz que su hermano había lastimado. Usó ambas manos para acomodarla en un solo movimiento que hizo que le salieran un par de lágrimas por el dolor, pero no se quejó, ni hizo una mueca de dolor, como si ya estuviera acostumbrado a este tipo de cosas.

Broly lo quedó mirando sin decir nada. Le gustó verlo con esa real actitud de guerrero que había adquirido de un momento a otro desde que peleó para salvarle la vida. Había sido tan natural que el príncipe no se había dado cuenta.

—¿Vamos? —preguntó cuando Tarble lo miró.

El joven no alcanzó a responder. Los dos retrocedieron unos pasos alejándose de la puerta cuando sintieron energías acercándose al cuarto, y pese a que la reacción inconsciente de Broly era ponerse delante de Tarble para protegerlo, se quedó un paso atrás, justo a su derecha para interpretar los roles que ya habían hecho ejecutado en otras oportunidades.

Cuando la puerta corrediza reforzada se deslizó como si no pesara nada, un grupo de ocho guerreros entró al cuarto mientras hablaban de manera relajada, disfrutando de su tiempo libre. Venían con botellas de agua y toallas, dispuestos a entrenar un rato, pero todos se detuvieron al ver a solo unos pasos a dos desconocidos con las ropas destrozadas y cubiertos en sangre.

—Intrusos —dijo el saiyajin mayor. Y al igual que todos, dejó caer su botella de agua, la toalla y se preocupó de bloquear la salida—. Da aviso —ordenó, y uno de los guerreros más jóvenes salió del lugar a paso rápido.

Tarble iba a hablar, pero de pronto algo llamó poderosamente su atención. Dos de los hombres vestían aquel traje especial negro con el que este nuevo grupo de carroñeros se había hecho conocido por no solo saquear planetas abandonados, sino también meterse en lugares habitados atacando a ejercitos. Lo otro que lo dejó sin palabras y era más importante, fue ver el rabo de los sujetos que no vestían armaduras.

—Quienes son ustedes y cómo entraron a la nave —exigió saber otro guerrero, un poco más joven que el primero, y que se decidió a hablar cuando vio que su superior se había quedado callado observando al intruso más bajo. Se acercó a ellos, haciendo que Tarble reaccionara nuevamente.

—Necesito hablar con la persona a cargo —respondió con su tono usual, dando órdenes de manera tranquila, como si se tratara de una visita oficial en representación del imperio saiyajin.

El hombre sonrió, atento a la amenaza que significaba estos dos tipos metidos en su nave, pero confiado ante la superioridad numérica.

—No vas a hablar con la persona a cargo —respondió y cortó más distancia—. Vas a hablar aquí y a nosotros y vas a decir cómo llegaron aquí. —Quiso intimidar al más bajo y estiró la mano para agarrarlo de la ropa y jalarlo.

Tarble, al ver al tipo acercarse para tocarlo, mantuvo su postura y ni siquiera pestañeó, ya que antes que el hombre lo rozara, Broly lo tomó de la muñeca y la apretó hasta trizar varios huesos, haciéndolo quejarse de dolor y retrocediera. Eso hizo que el resto se pusiera alerta.

—Tranquilos —dijo Tarble, con Broly trás él intimidando a los guerreros para que lo pensaran dos veces antes de volver a atreverse a tocar a su príncipe—. Pese a nuestro aspecto no estamos aquí para agredir a nadie. Pueden chequear con la tripulación, no hemos dañado a nadie, si es lo que piensan. Mientras tanto pueden llevarnos con la persona a cargo, es urgente poder hablar con él.

—Los llevaremos con la persona a cargo —respondió el guerrero mayor para sorpresa del resto. Pese al aspecto tan diferente que recordaba del hijo menor de la reina, había sido capaz de reconocerlo. Le había costado al principio, ya que lo recordaba como un joven pequeño y delgado, sin brillo en sus ojos—. Pero nada de violencia en este lugar —advirtió mirando a Tarble y luego al grandote que estaba detrás de él y era quien más le preocupaba.

—Tienes mi palabra —respondió Tarble, a sabiendas que habían aceptado tan fácilmente porque lo habían reconocido, o por lo menos se habían dado cuenta de su rabo. ¿Eran solo saiyajin al interior de esta nave? Les seguiría el juego para poder ver el lugar y decidir qué hacer.

—Llevenlos a la sala de reunión —ordenó el hombre pese a la confusión del resto que hubiera reducido a los intrusos sin preguntar, y muchos menos negociar. En cuanto un par de los guerreros más jóvenes condujeron a los hombres por la nave, volvió a ordenar a los guerreros que quedaron con él—. Avísenle a Karev que los reciba, explíquenle que es el hijo de la reina. Vayan a ver si hay alguien agredido, revisen cómo demonios ingresaron a la nave, e infórmenle a Su Majestad. ¡Ahora, ya!

Mientras caminaban por la nave, Tarble y Broly se miraron en silencio. El guerrero también había notado los rabos y el aspecto saiyajin, pero ligeramente diferentes, como si llevaran años fuera del planeta. Cuando pasaron por un cuarto abierto, vieron a un grupo de hombres y mujeres, comiendo y conversando de manera relajada, y tal como pasó en la sala de entrenamiento, algunos llevaban armadura de carroñero, y los que no, se podían ver sus rabos alrededor de las cinturas.

—¿Qué demonios? —susurró Broly.

—Lo sé —respondió Tarble y no dijo más. Ya se estaba haciendo una idea, pero no quería creerlo.

Luego que los jóvenes los dejaran en un cuarto espacioso con una mesa en el centro rodeada por diez sillas, esperaron de pie solo un par de minutos hasta que apareció Karev por una de las entradas, la cual dejó abierta, para que los intrusos vieran los guerreros que esperaban afuera.

—Tengo que admitir que esto es muy irregular —dijo Karev de pie, estudiando a Tarble y al guerrero que estaba detrás de él que se le hizo parecido a uno de los hombres cercanos al rey Vegeta. Si no fuera porque ya sabía que el hijo de Koora no era quien todos pensaban, hubiera manejado la situación de manera muy diferente, especialmente por sus aspectos, ya que nadie les aseguraba que no habían agredido a alguien de la tripulación para poder entrar.

—Lo sé —respondió Tarble, y miró de reojo el rabo del hombre—. No es la manera que esperaba anunciarme, pero no me quedó otra opción.

—Entonces, ¿qué es lo que deseas, príncipe Tarble? —dijo de forma directa para enrostrarle que no tenía la ventaja del anonimato.

Tarble sonrió por un segundo antes de responderle.


(...)


Koora avanzó a paso rápido por los pasillos. Pese a que le habían asegurado con certeza que su hijo Tarble se encontraba en la nave, no lo pudo creer. De todas maneras se apresuró, ya que además de Karev, nadie más conocía la verdadera identidad de su hijo, y podía terminar todo muy mal si sus hombres se ponían violentos con él, pensando que se trataba de un hombre fiel al rey Vegeta.

A medida que se acercaba a su destino, la culpa volvió a atacar. Qué estúpida había sido al creer lo que habían dicho de él. ¡Es su hijo! ¡¿Cómo pudo dudar de él?! Aunque lo hubiera visto asesinando gente inocente debería haberle dado el beneficio de la duda. ¡Era Tarble, no cualquiera! Debería, haber sido ella quien lo contactara para decirle la verdad y no arriesgarse que se enterara por otra persona. Si estaba ahora en la nave era porque sabía que estaba viva, ¿pero cómo? ¿Quién le había dicho? Kyle le había asegurado que las pocas veces que se contactó con él no le había insinuado nada. Aunque el guardia le dijo que no había preguntado por ella, solo por la persona a cargo. Todo era muy confuso… Tan solo esperaba que su hijo no le guardara rencor.

Desaceleró cuando estaba muy cerca y escuchó la voz de Karev hablando con alguien más. Esa otra voz no pertenecía a ninguno de sus hombres, pero la había oído en otra ocasión hace más de un año y se le había quedado grabada en el corazón, aunque ahora sonaba un tanto diferente: tan elocuente e inteligente, tal como había imaginado que sería de adulto.

Pasó caminando junto a sus hombres que se hicieron a un lado cuando la vieron llegar, y se detuvo por completo antes de entrar a la habitación. Ahí estaba, y no se había dado cuenta de su presencia por estar hablando con Karev. Se veía mucho mayor a cómo lucía hace año y medio. En aquella ocasión había visto un príncipe, ahora, se trataba de un príncipe guerrero, con la ropa rajada, heridas serias, una cicatriz en la ceja y el rostro cubierto de sangre. Debía sentir mucho dolor, recordaba muy bien cuánto odiaba el dolor, pero lo ocultaba de maravilla. Tenía un aire similar a su hermano mayor, pero sí, era Tarble, era su niño.


—Toda la historia es muy interesante —respondió Karev con calma—. Pero todavía no explicas cómo lograron meterse a la nave sin ser detectados por los radares.

—Si te contara la verdad no me creerías —respondió Tarble sin dejar de mirarlo.

—Pruébame —dijo—. He viajado por toda la vasta galaxia, y he visto cosas que pensé solo se trataban de leyenda para niños y soñadores.

—Imagino que han viajado mucho —comentó el príncipe—. Ya que ustedes deben ser los saiyajin que no murieron en el coliseo y se han estado escondiendo desde entonces. —Ya que Karev le había enrostrado que lo reconoció enseguida, decidió hacer lo mismo con él y su gente.

—¿Por qué siento que yo soy quien está siendo interrogado? En lugar de ustedes, que entraron a mi nave casi por arte de magia.

—No, en lo absoluto —respondió confiado, como si se encontrara en una negociación en nombre del rey y estuviera vestido con su mejor traje en lugar de estar cubierto de sangre y con la ropa rasgada. Miró de reojo a los hombres que estaban fuera del cuarto cuando notó a su madre, de pie contemplándolo.

Sintió un déjà vu, como si nuevamente estuviera drogado por aquel potente polen de ese planeta antiguo, y estuviera alucinando. Pero no. Estaba consciente y era su madre la que estaba ahí. Era ella, estaba bien y sana, tal como la recordaba cuando era pequeño, antes que perdiera su ojo y quedara gravemente herida. Era su mamá. No pudo seguir hablando, y pese a que mantuvo su postura recta, sus ojos lo delataron por completo al dejar caer las barreras por estar mirando a su mamá directo a los ojos.

En cuanto Koora vio a Tarble tan expuesto, entró a la habitación, y de paso le echó una mirada al hombre que estaba de pie detrás de su hijo y que también se notaba sorprendido de verla.

—Déjenos solos, por favor —dijo sin dejar de mirar a Tarble.

Uno de los hombres que se encontraba en el pasillo no tardó en cerrar la puerta por donde Koora había ingresado, mientras que Karev salió por otra, y miró a Broly para que lo acompañara.

El guerrero entendió el gesto del que pensaban era la persona a cargo de la nave, pero se quedó en su lugar y apoyó una mano en el hombro de Tarble. Solo eso bastó para comunicarse con él.

—Ve —respondió Tarble tocando su mano antes de que se separara. No era capaz de dejar de mirar a su madre, ni siquiera podía pestañear.

Koora notó aquel contacto entre los dos y asumió enseguida que se trataba de Broly, quien Kyle había mencionado en cada ocasión que estaba comunicativa y le daba un poco de información sobre su hijo. En cuanto quedaron solos se mantuvieron en silencio, a solo unos metros del otro, ella sonriendo, y él petrificado, procesando lo que estaba ocurriendo.

Finalmente fue Koora la que terminó con la agonía del silencio y se acercó, abrazándolo con fuerza en cuanto pudo tocarlo.

—Tarble —dijo feliz. En los momentos más oscuros había llegado a pensar que este encuentro jamás sucedería, pero ya estaba con él y podía tocarlo, hablarle de frente, acariciar su cabello y respirarlo. Antes de que la atraparan y terminara siendo decapitada por Vegeta, tenía que arrodillarse para estar frente a frente con su niño, ahora él era unos centímetros más alto que ella. Qué maravilla poder tocarlo una vez más.

El momento de ensueño se vio interrumpido cuando notó que su hijo no hablaba y tampoco había hecho algo por corresponder el abrazo, manteniendo los brazos muertos a los costados de su cuerpo. Retrocedió unos pasos, y al ver su rostro comprobó lo que tanto había temido: estaba herido.

—Llevas viva dos años —susurró Tarble, más para sí mismo que para ella.

—Sí —respondió. No sabía por dónde comenzar para detallar las decisiones que debió tomar y lo alejaron de él—. Puedo explicártelo.

Tarble, aún en shock, dedujo que en realidad era ella la que mandaba en el lugar. Estaba bien, jamás había corrido peligro ni ninguna de las atrocidades que había imaginado cuando el dragón le informó que ya había sido revivida, pero fueron dos años. Dos años.

—Habla —dijo, ya no con ojos emocionados como cuando recién la descubrió, o esa mirada despierta que tenía con Karev.

—Fueron mis hombres que lograron escapar de Vegetasei los que me trajeron de vuelta —comenzó sin saber cómo seguir. No tenía aquella confianza de siempre cuando se enfrentaba a cualquier situación o persona, ya que ahora se encontraba junto a su punto débil, y lo único que quería era abrazarlo, pero era imposible—. Sé que es difícil de creer, pero usaron una magia antigua para hacerlo.

—Juntaron las esferas del dragón —susurró. Aún no podía hablar más fuerte, tenía todo su cuerpo entumecido. Esto no era para nada como había imaginado su encuentro, ni en el mejor, ni en el más terrible de los escenarios. Y lo peor de todo es que no podía dejar de pensar, intentaba calmarse y escucharla, pero ese extenso periodo de tiempo transcurrido no lo dejaba en paz, haciendo que cada vez doliera más.

—Sí —respondió asombrada—. No sé más detalles sobre eso, solo sé que tuvieron que juntar unas esferas.

—Es lo mismo que hice. Es por eso que estoy aquí… —Sonrió con los ojos brillosos, pero pronto ese gesto se apagó—. Ayudé a mi hermano a juntar las esferas y luego le robé el deseo para revivirte y reunirte con Kyle, pero estabas viva… Dos años —repitió perdiendo la vista en la nada una vez más.

Koora no respondió. Había sido demasiada información en tan pocas palabras, y sobre todo, había mencionado a Vegeta. Sentía que nada de lo que pudiera decirle serviría para aplacar ese dolor que iba ganando terreno y se reflejaba en su mirada. Quiso decir algo, pero Tarble la miró a los ojos continuó.

—Cuando el dragón me dijo que estabas viva pensé que podrías estar en peligro, que te habían revivido para hacerte daño, y no lo pensé, yo… —No pudo continuar hablando cuando sintió los ojos llenos de lágrimas, y debió luchar por contenerlas.

—Te busqué —se apresuró a decir.

—Cuándo —exigió saber con la mirada más dura, tanto que Koora pensó por un momento estar viendo a su otro hijo.

—En cuanto me trajeron de vuelta. Tomé una nave y partí a Vegetasei a buscarlos —respondió también embargada por el dolor de ver a su hijo sufrir por su culpa y no poder consolarlo—. Me habían dicho que trabajabas para el rey, te prometo que no les creí, pero cuando llegué allá te encontré con Kyle y él, y entonces creí que…

—¿Pensaste que te había traicionado? ¿Por el rey? —preguntó herido, molesto.

—Es lo que vi, Tarble —dijo levantando la voz, con el pecho apretado—. No estaba pensando con claridad, me habían recién revivido y todo era confuso, entonces todas las cosas que me dijeron de ti se confirmaron con lo que vi en esa ocasión.

—¡Soy yo! —exclamó al mismo tiempo que se escaparon las primeras lágrimas—. Te vi morir en la arena, presencié tu decapitación —y agregó con la voz temblorosa—. Me quedé junto las cenizas de tu cuerpo calcinado cuando ya todos se habían ido. Jamás podría haberme unido al rey y a la gente que vitoreó tu ejecución.

—¡Lo sé! Créeme que lo sé, hijo, pero cometí el terrible error de creer lo que vi en ese momento junto con todo lo que me dijeron.

—Lo que tú y yo teníamos era diferente, era especial, jamás te hubiera traicionado, hubiera preferido morir.

—Eras un niño, pensé que habías cambiado para sobrevivir, que no te había quedado otra opción.

—¡Y lo hice! Cambié por ti. Toda decisión que he tomado ha sido por ti. Cada cosa que he hecho ha sido por mantener vivo tu nombre, aunque fuera entre las sombras. Podría haber escapado con… —Se calló en el momento que las lágrimas cayeron sin clemencia. Sentía que todo ese inmenso amor que toda su vida sintió por ella no era correspondido.

—Sé que lo arruiné —dijo en un hilo de voz, con los ojos llorosos. Deseaba tanto abrazarlo y consolarlo, pero mantuvo la distancia. Le rompía el corazón verlo así—. Pero no pienses que no te quiero.

—Tuviste dos años para volver a buscarme y comunicarte conmigo… ¿Cómo pudiste pensar que sería peligroso para ti?

—He estado trabajando para que podamos estar juntos. Lo que más he añorado es tenerte a mi lado, hijo —dijo dolida, también llorando.

—No. Tú no me necesitas —respondió destrozado.

—No digas eso.

—Déjenme pasar, maldición —exclamó furiosa una voz femenina fuera de la habitación, sonaba agitada, como si estuviera empujando a los guerreros que continuaban haciendo guardia y no le permitían pasar.

Tanto Koora como Tarble escucharon la voz, y la mujer notó la emoción en el rostro de su hijo al reconocer enseguida a Kyle, por lo que se acercó a la puerta, limpió las lágrimas y presionó el botón para que se deslizara.

—Déjenla pasar —dijo con calma, y sus hombres obedecieron.

—Kyle —dijo Tarble en un hilo de voz y sonriendo. No podía creerlo, pero ahí estaba la joven, que en cuanto Bardock le contó que su hermano estaba en la nave, corrió a buscarlo.

Sonriendo como hace mucho que no lo hacía, Kyle se lanzó a los brazos de su hermano que la recibió estrechandola en su pecho y recargando la mejilla en su cabeza, aún incrédulo de lo que sucedía. No dijeron nada, y permanecieron abrazados con fuerza, sintiendo el peso de todo el tiempo que estuvieron separados y tanto se extrañaron.

El joven aprovechó que ella tenía la cabeza hundida en su pecho para limpiar las lágrimas, y en cuanto pensó que ya estaba listo, la tomó de los hombros para separarla y mirarla. Había crecido más, ya casi lo iba a alcanzar, y ya no lucía como la niña que vio por última vez en Trantor. Ahora estaba convertida en una adolescente hermosa, y pese a que parecía imposible, la similitud física con su madre era más evidente.

—¿Qué estás haciendo aquí? —dijo sin dejar de sonreír. Estaba dichoso de verla tan bien y a salvo, ya que era algo que no lo dejaba tranquilo pese a que no se encontraba sola.

—Todo fue muy raro —exclamó, y no dejó que siguiera revisandola—. Estoy bien, son solo golpes de entrenamiento —dijo y volvió a abrazarlo con fuerza. Nada le importó mancharse con sea lo que tuviese su cuerpo, solo quería estar con él.

Tarble la apretó con fuerza, justo en el momento que vio a Bardock afuera en el pasillo, junto con los otros saiyajin.

—Imagino que sí —respondió acariciando su cabeza—. Para nosotros también ha sido muy raro.

—¿Estás con Broly? —preguntó en voz alta y miró hacia todos lados, pensando que hubiera sido imposible no verlo entre la gente que estaba afuera. Antes que Tarble le respondiera, la otra puerta del cuarto se deslizó, y el guerrero entró en cuanto escuchó la voz de Kyle.

Desde su lugar, Koora le hizo una seña a Karev para que no intentara detener al hombre, y de paso otra al resto de los guerreros para que se marcharan, pues ya no había nada que ver. Karev se marchó con ellos para tranquilizarlos, ya que no era para nada bien visto que otro hijo del rey Vegeta estuviera al interior de la nave.

Kyle soltó un corto grito de felicidad junto con un brinquito cuando vio a Broly, y sin soltar a Tarble, estiró un brazo para que se acercara. El guerrero obedeció, sonriendo y a la vez confundido de ver a Kyle, pero se limitó a cubrir a los dos hermanos con sus grandes y fuertes brazos. Los momentos más felices y llenos de paz los había vivido con ellos dos en un planeta en el que solo le había dado dolor, y ahora al estar reunidos los tres, las cosas volvían a su lugar, como antes de dejar Vegetasei.

Koora los observó en silencio. Aún estaba afectada por la discusión con Tarble y su reacción (que entendía e incluso había anticipado) pero se sintió feliz de ver a sus hijos reunidos y contentos después de tanto tiempo separados. Ese abrazo triple transmitía tanto amor que se emocionó.

—¿Vienen de una guerra? —preguntó Kyle cuando finalmente se separaron.

—Algo así —respondió Broly, atento a la niña, que ya había dejado de serlo. Solo así lograba dimensionar cuánto tiempo habían estado separados.

—Espero que hayan ganado —dijo aún eufórica de tenerlos a los dos, cuando ya se había resignado a no verlos en mucho tiempo más.

—No creo que haya ganado nadie —dijo Tarble concentrado en limpiarle la mejilla con la manga de su traje. Aunque había quedado tan sucia por el abrazo de los dos que estaban manchados de tierra, sangre y la lluvia contaminada, que tendría que irse a duchar y tirar la ropa.

—Tienen que estar muy cansados, y hambrientos —comentó preocupada.

—Pueden quedarse el tiempo que quieran —dijo Koora, sin acercarse. Volvió a encontrarse con la mirada de su hijo, y pese a que lo ocultaba (seguramente por Kyle) lo notaba dolido.

—Claro que se van a quedar —respondió Kyle sin dejar de sonreír—. Ya casi es hora de cenar. ¿Se van a quedar, verdad?

—Por supuesto que sí —respondió Tarble sonriendo y desistiendo de limpiarle la cara, ya que su ropa estaba tan sucia que terminó manchandola más.

—Síganme —dijo Koora, y salió por la puerta que había ingresado Broly—. Les daré un cuarto para que se limpien y les llevaran ropa.

—Gracias —respondió Tarble. Y los tres fueron con Koora.

La idea de la mujer era tener un momento a solas con Tarble para continuar hablando. No soportaba tener a su hijo así de cerca y no poder abrazarlo y permitirle que pensara que no le interesaba, pero Kyle se le adelantó, se agarró de su brazo y ya iba varios pasos adelante con él, conversando sin parar, lo que hizo que el guerrero alto quedara atrás con ella en el angosto pasillo, y mientras los hermanos hablaban animadamente, ellos dos avanzaron en silencio.

Luego de caminar un rato, Koora se detuvo en una de las puertas en las habitaciones de los guerreros. Para su suerte la nave estaba a la mitad de su capacidad, por lo que Tarble podría estar tranquilo, sin que nadie lo molestara o mirara feo por ser quien creían que era. Sabía cómo era vivir con una mentira así, y estaba segura que Tarble había aprendido de sus errores, y por esa razón, solo a Karev le había contado sobre de los verdaderos planes de su hijo, ya que mientras menos gente lo supiera, menor era el riesgo de que la noticia llegara a oídos del enemigo, en este caso su padre, el rey Vegeta.

—Esta es tu habitación —dijo a Broly, y abrió la puerta para que pasara. Tal vez ahora, mientras llevaba a Tarble a su cuarto, podría hablar a solas con él, solo tenía que hacer que Kyle se le despegara de su lado y fuera con Broly un rato—. ¿Pasa algo? preguntó mirando a los hombres que observaban el interior de la pieza y luego entre ellos sin decir nada.

Broly estaba dispuesto a aceptar la habitación con una cama demasiado pequeña para que cupieran los dos. Después vería cómo se las arreglaba con Tarble, pero el príncipe un tanto incómodo decidió hablar.

—¿Hay una más grande? —preguntó con calma—. Estamos juntos.

—¿Cómo? —Koora era rápida para captar cosas así. Pero esta era una ocasión tan excepcional y estaba tan nerviosa por la discusión con Tarble que no lo entendió, por lo que fue Kyle, fiel a su personalidad, la que aclaró la situación.

—Son pareja, Koora. Están casados —dijo casi en tono de reprimenda por no entender.

La mujer abrió los ojos sorprendida y avergonzada por no haber entendido.

—Lo siento —se apresuró a decir—. No lo sabía. Al final del pasillo hay una habitación más grande, vamos —dijo, y le echó una mirada seria a Kyle por no haberle contado algo así antes, y por supuesto, la joven no se dio por aludida.

Las posibilidades de hablar con Tarble se hicieron cada vez más difíciles cuando Kyle volvió a tomarlo del brazo y lo guió hacia su habitación. Y nuevamente ella quedó junto a Broly, pero en esta ocasión no se quedaría callada, pues tenía mucho que hablar con él luego de haber escuchado tremenda noticia.

Broly miró de reojo a la mamá de Tarble cuando sintió que lo estaba observando, y sí, eso estaba haciendo, y no se esforzaba en disimular. No pudo evitar sentirse nervioso ante el escrutinio de la reina, que pese a ser tan baja, era capaz de arrasar con aquella mirada intensa. Todo empeoró cuando le habló.

—Entonces, tú eres Broly —dijo sin dejar de estudiarlo.

—Sí —respondió con su típica calma, sin saber si debía mirarla a los ojos o hacia el frente para hablar. No quería ser grosero.

—Hijo de Paragus —comentó. Recordaba haberlo visto un par de veces por palacio con su padre. Siempre iba cubierto de heridas y se veía muy callado.

Broly decidió mirarla y solo fue capaz de decir:

—Sí. —No quería solo responder monosílabos, pero ella lo intimidaba, y eso no era algo que le pasara con facilidad, lo que lo sorprendió.

—¿Cuándo se conocieron? No recuerdo haberte visto hablando con mi hijo cuando estaba viva. —Sintió que sonaba raro eso último que dijo. Aún le costaba asimilar que había estado muerta.

—Poco después de tu muerte —respondió. Bien, eso era una oración, pero seguía raro, y ella no dejaba de mirarlo.

—¿Qué edad tienes, Broly? ¿Treinta? —se apresuró en consultar. Poco le importó que el hombre pensara que estaba siendo interrogado, porque así era.

—Veintiocho —dijo, y de pronto se le hizo tan largo el pasillo.

—Eso quiere decir que Tarble tenía once años y tú dieciséis cuando comenzaron a frecuentarse, ¿no?

—Sí. —Supo que tenía que decir algo más, pero al hacer una pausa, ella volvió a hablar.

—Eras ya mayor para ver a un niño.

—Éramos amigos. La relación tiene cerca de un año, nada más. —Sintió la necesidad de explicarle y que no quedara ninguna duda, no quería que imaginara cosas que no eran.

—¿Y cuánto llevan casados? —Sabía sobre el otro matrimonio de su hijo, pero como reina, estaba consciente que esa unión solo se debía a negocios entre los imperios.

—Menos de un año —dijo queriendo recordar la fecha exacta, pero todo había sido tan intenso y veloz. Se sintió un poco mejor cuando Koora dejó de mirarlo. ¿Eso significaba algo bueno o malo? Se sintió más nervioso cuando no supo descifrar su mirada. ¿Lo había aprobado o lo rechazaba? ¿Por qué ahora no decía nada? No solo se trataba de la reina, sino que también era la madre del hombre que amaba, por lo que era importante saber su opinión sobre él, sin embargo no se atrevió a preguntarle.

Koora miró adelante a sus hijos. A Tarble. Todo también era muy extraño para ella. Recordaba a su niño de once años, tan pequeño y delgado, y ahora era un hombre. Un digno príncipe saiyajin que estaba casado con un hombre tremendamente… guerrero. Sí, esa era la primera palabra que se le venía a la mente al mirarlo. La segunda era atractivo. Le costaba imaginarlos juntos, pero por mucho que le doliera admitirlo, no conocía a su hijo, aunque esperaba que eso cambiara.

—¿Cuánto llevas acá? —preguntó Tarble a Kyle.

—Un par de meses, creo. La primera vez que me contacté contigo ya estaba aquí.

—Has crecido mucho —comentó sonriendo.

—Sí —respondió feliz—. No voy a ser baja como tú o Vegeta. Voy a ser alta como papá, bueno, como el otro papá, tú me entiendes.

—Me alegra que te tomes mejor lo que pasó. Debería habértelo dicho antes, pero quería hacerlo cuando estuviéramos lejos de Vegetasei.

—Está bien, he tenido tiempo para pensar —dijo encogiéndose de hombros—. Siento haber sido tan pesada contigo.

—Tenías derecho a estar enfadada conmigo.

—Ya no lo estoy, te extrañé mucho. —Apoyó la cabeza en su hombro. No quería soltarlo, por temor a que se marchara.

—Y yo a ti —dijo enternecido por el afecto de su hermana—. Ahora que estamos aquí cumpliré con mi palabra, y te diré toda la verdad, como te lo había prometido. ¿Recuerdas?

—Sí —dijo mirándolo. Aunque ahora que sabía algunas cosas, tenía miedo de seguir enterándose de todo—. Ya tendremos tiempo para hablar, primero coman y descansen. Yo ya cené, pero voy a acompañarlos.

—Eso me gusta.

Cuando llegaron al último cuarto al final del pasillo se detuvieron. Tarble solo tuvo que mirar a Broly un segundo para saber que estaba nervioso. ¿Qué le habrá dicho Koora para ponerlo así? Cruzó miradas con su madre, pero no dijo nada.

—Apúrense para que comamos juntos —dijo Kyle animada—. Dejen los besuqueos y el resto para más tarde, voy a estar esperándolos.

Tarble sonrió por su comentario, mientras que Broly hizo un corto saludo con la cabeza en señal de respeto a Koora antes de alejarse de ella e ir a la puerta. Le hizo un cariño a Kyle en la cabeza y entró después de Tarble.

Cuando la puerta se cerró, las mujeres caminaron de regreso por el pasillo. Koora no le quitó la vista de encima a Kyle que no dejaba de sonreír.

—No me habías dicho que estaban casados —le reclamó—. Cada vez que me hablaste de ellos entendía que eran amigos.

—Siempre han sido amigos —respondió Kyle de excelente ánimo—. Además es tú culpa por no preguntar bien.

Koora se limitó a poner los ojos en blanco, pero no le respondió. Veía tan alegre a la chica que prefirió no arruinarle el momento. Al menos Tarble pensaba quedarse, así que más tarde volvería a intentarlo.


(...)


—Todo es tan extraño, y tu madre es tan… reina —comentó Broly luego de cerrar la puerta. Al momento de voltear encontró a Tarble sentado en la cama con la mirada perdida. Ya no estaba despierto y sonriente gracias a la inesperada compañía de Kyle. Se veía dolido y perdido—. ¿Qué puedo hacer para ayudarte? —preguntó, y se arrodilló en el suelo, apoyando los antebrazos en las piernas de Tarble.

El joven abrió la boca para responderle, pero no salió un solo sonido. Sin embargo, de sus ojos cayeron las lágrimas que había estado conteniendo desde el momento que vio a su hermana.

Broly recargó la mejilla en sus antebrazos, impotente por no saber qué hacer para aliviar su dolor. No había que analizar mucho la situación para darse cuenta que Koora no había estado en peligro, y que seguramente era quien dirigía todo este asunto de los saiyajin rebeldes escondidos tras sus trajes de carroñeros, lo cual, según todo lo que Tarble le había contado de su madre, era muy típico de ella. ¿Pero dos años sin comunicarse con él? Sabía que era eso lo que lo tenía con el corazón roto, y no podía hacer nada por él.

—No sé qué hacer —respondió Tarble en un susurro apagado. Las lágrimas continuaban cayendo, dejando surcos en su piel sucia de sangre y tierra seca—. No creo haberme equivocado tanto con ella. Lo que teníamos era fuerte y especial, no es algo que imaginé. —Soltó un sollozo ahogado y apretó el cobertor de la cama con ambas manos.

—¿Te dijo por qué no te buscó? —preguntó Broly mirándolo. No le gustaba verlo llorar, y menos por su madre. Le recordaba aquella época cuando aún era un niño y sufría a diario por todo lo que había tenido que presenciar en el coliseo y los meses anteriores.

—Dice que lo hizo, pero creyó que trabajaba para el rey.

—Trabajaste mucho en esa mentira para que la creyeran —respondió queriendo tranquilizarlo.

—¿Cómo iba a pensar que la traicionaría de esa forma? —preguntó desolado, incluso con las pestañas mojadas por tanto llanto. Ahora las lágrimas cayeron sobre las manos de Broly, que acercó una a su rostro para limpiarlas de su mejilla.

—Tómate un momento para reponerte, y ya sabrás qué hacer. Siempre lo sabes —susurró mientras continuaba con las caricias en su rostro—. Y yo voy a estar contigo, sea cual sea tu decisión.

Las palabras del guerrero lograron sacar una sonrisa en el rostro de Tarble.

—Te amo —respondió mirándolo a los ojos. Solo estando a su lado era suficiente para ayudarlo, no podía pedir nada más de él.

—Te amo —dijo Broly en un susurro y sonriendo, luego volvió a apoyar la mejilla entre sus brazos y el regazo del príncipe.

Tarble le acarició el cabello enmarañado y sucio luego de la brutal pelea en la que se había enfrascado con los seres metálicos de aquel planeta y luego con Vegeta. Estuvieron en silencio un rato, disfrutando de la quietud y la compañía del otro luego de tanto alboroto que habían vivido en todos estos días y los últimos meses.

—Ahora vamos a bañarnos —dijo Broly—. Tenemos que ir a comer con Kyle. —Se levantó e inclinó hacia Tarble hasta alcanzar sus labios.

—Sí —respondió un poco más calmado luego de un par de besos. Limpió sus mejillas con ambas manos y se puso de pie. Estaba feliz de volver a reunirse con su hermana y no quería hacerla esperar.


(...)


—¿Sabías que mi hijo estaba casado con el hijo de Paragus? —preguntó Koora a Bardock. Estaba de brazos cruzados con la espalda apoyada en la pared, junto a una de las entradas del comedor más pequeño de la nave.

Al otro extremo de la habitación estaban Tarble, Broly y Kyle sentados a la mesa conversando y comiendo, ajenos al resto. Los hombres se veían mucho mejor con ropa limpia y aseados, pero en sus cuerpos y rostros aún se notaban los estragos de la batalla.

—No —dijo Bardock pensativo—. Ahora que recuerdo, Kyle mencionó que tenían algo.

—¿Tenían algo? —preguntó mirándolo de reojo—. Están casados. Es mucho más grande que tener algo.

—Lo había olvidado —respondió con calma—. No estoy preocupado de con quien se mete a la cama tu hijo.

La mujer volvió a poner los ojos en blanco. Sí, Tarble había criado a Kyle, pero a veces se parecía tanto a Bardock. Prefirió seguir mirando a sus hijos desde la distancia que seguir reclamando porque nadie le había mencionado un detalle tan importante en la vida de Tarble. Ahora faltaba que le dijeran que Vegeta también estaba casado.

Sonrió enternecida al ver la cercanía entre Kyle y Tarble, y cómo su hijo la miraba y tocaba mientras la joven hablaba y hablaba. Entre tantos posibles padres, biológicos o sanguíneos, era Tarble el que se llevaba el título de forma indiscutida, y solo había bastado mirarlos un rato para llegar a esa conclusión.

Los hermanos estaban sentados uno al lado del otro, mientras que Broly frente a ellos, sonriendo en silencio y atento a lo que Kyle les contaba. El guerrero había tomado su cabello, así que Koora pudo ver mejor sus facciones y pese a la sonrisa, con su sola presencia era capaz de intimidar al resto. Quizás por eso los pocos soldados jóvenes que comían en el lugar se limitaban a mirarlos de a ratos y de reojo. Era como si el grandote estuviera siempre cuidándolos, incluso inconscientemente. Tarble le daba la espalda, pero igual podía ver su rostro al estar mirando a Kyle, interesado en su relato. Ahora que estaba limpio y ordenado pudo verlo como realmente era, no como aquella vez que lo encontró en Vegetasei y obviamente estaba fingiendo ante el rey. Le gustó lo que vio, tan metódico y sentado con la espalda recta pese a estar en un momento de relajo. Es como había imaginado que sería.


—...Y eso fue lo que pasó —dijo Kyle, intentando recordar algún detalle importante que pudiese haberse pasado por alto.

—Sí que fue de todo —comentó Tarble, molesto consigo mismo por no haber podido haber hecho algo más que enviar a sus hombres en busca de su hermana. Sí, le dio la nave a Bardock para que fuera a tras ella, pero sentía que había sido muy poco. Aunque jamás hubiera podido encontrarla a tiempo de haber salido de Trantor. Eran tres semanas de viaje en su contra. Aunque lo peor ya había pasado y Kyle estaba bien. No le quedaba nada más que concentrarse en el ahora.

—Ustedes pueden contar su historia mañana —dijo estudiándolos—. Se nota lo cansados que están. Incluso tú, Tarble —comentó sorprendida—. Estuviste peleando.

—Eso, sumado a varios días sin dormir —comentó el hermano, apoyando la mano en la pierna de Kyle.

—Pero se ven bien —dijo sonriendo—. ¿Qué estuvieron haciendo? Los dos se ven diferentes. Tú Broly, te ves mayor y tan guapo con la barba y el pelo tomado.

—¿Guapo? —repitió Broly arqueando las cejas.

—Sí, muy guapo. ¿Verdad que sí? —dijo esperando apoyo de su hermano.

—El más guapo de todos —respondió Tarble sonriendo, especialmente cuando vio a Broly ruborizarse.

—Y tú, Tarble —continuó Kyle—. Por fin tienes una cicatriz visible, y cuando te vi lleno de sangre me recordaste un guerrero saliendo de la guerra.

—Tu hermano es un guerrero —respondió Broly, orgulloso, y ahora fue momento de Tarble para avergonzarse.

—Definitivamente los dos han estado muy ocupados, pero me gusta cómo se ven —comentó feliz.

Los guerreros solo se limitaron a mirarse. ¡Vaya que habían estado ocupados! Y pese al agotamiento y el hambre, ninguno había comido con las ganas que debían tener, ya que estaban demasiado concentrados conversando y poniéndose al día con Kyle.

—Y además de entrenar, ¿qué más has hecho en este lugar? —quiso saber Tarble.

—No mucho. Se supone que estamos huyendo de las naves que envió mi papá para encontrarme. Ahora vamos rumbo a una nave mayor, donde están todos los saiyajin que trabajan para Koora.

—¿No has estudiado? —preguntó el príncipe después de darle un trago a su vaso.

Kyle lo quedó mirando sin responder, aunque eso bastó para que Tarble supiera que no había tomado un solo libro desde que dejó Vegetasei, o quizás mucho antes.

—¿Nuestra madre no te ha hecho estudiar? —preguntó asombrado.

—Sí, lo ha intentado —respondió complicada. No quería que su hermano la reprendiera sin siquiera haber pasado unas horas de su reencuentro—. Pero no le hecho caso. No nos llevamos muy bien. —Terminó haciendo una mueca con la boca.

Tarble no le respondió y se limitó a acariciar su espalda sin detenerse. La había extrañado tanto que no quería ponerse estricto a las pocas horas de haberse reencontrado, además todo lo que había pasado era excepcional, y podría decirse que Kyle necesitaba unas vacaciones, todos en realidad, pero aún había mucho que hacer.

La joven miró a Broly a la espera de apoyo.

—Lo siento —respondió el guerrero—. Pero en esta oportunidad estoy con tu hermano.

—Traición —exclamó Kyle fingiendo estar enojada.

—Está bien —dijo Tarble—. No ha sido normal lo que pasó, necesitabas descansar.

—¿Así que no me vas a regañar? —preguntó mirándolo.

—No —respondió sonriendo—. Ya tendrás tiempo para ponerte al día.

—Definitivamente quiero que me cuenten qué estuvieron haciendo porque están tan cambiados.

—Lo haremos —dijo Broly sin dejar de sonreír. Le daba gusto ver a Kyle en buen estado y además a Tarble contento por estar con su hermana nuevamente.

—Y dime —dijo Tarble—. ¿Por qué no te llevas bien con nuestra madre?

—Es muy mandona —dijo, y se tomó una pausa. No quería contarle sobre su molestia con Koora porque no lo buscó pese al largo tiempo transcurrido. Además, cuando entró a la habitación donde estaba con ella, se había dado cuenta que estaban discutiendo y que Tarble no estaba bien. No quería volver a hacerlo sentir mal—. Y cree que por el hecho de ser mi madre tengo que obedecerla en todo, cuando ni siquiera hemos podido conocernos.

—Es la reina —dijo Tarble con calma, encogiéndose de hombros—. Está acostumbrada a dar órdenes. Incluso a Vegeta lo manipulaba sin problema para que estudiara pese a que no quería —y agregó sonriendo—. No pensé que serías más difícil de controlar que él.

—Imagino que tú no la hacías enojar.

—No, la verdad es que no —dijo sonriendo melancólico—. Nos llevábamos bastante bien, y siempre preferí estudiar antes que entrenar, así que no me molestaban las lecciones y tareas extras.

Kyle observó a su hermano y guardó silencio. Era la primera vez que Tarble le daba información de ella de manera tan natural.

—¿Kyle? —preguntó Broly—. ¿Qué pasa con los guerreros? Nos miran como si fuéramos el enemigo. —Le regresó la mirada de pocos amigos a uno de los guerreros que comían en la mesa de al lado, obligándolo a observar hacia otro lado.

—Creen que son fieles a mi papá. También me han mirado así a mí. No hacen nada más por respeto a Koora.

—Ya veo —dijo Tarble, que también se había dado cuenta de esas miradas. Por lo visto estos guerreros estaban al tanto de lo que pasaba en Vegetasei y con el imperio.

—Yo ya sé que no es así —dijo Kyle mirándolos—. Este tiempo me he enterado de algunas cosas de ustedes. De ti, Tarble.

—¿Bardock te lo contó? —preguntó Tarble.

—Sí.

—Veo que es de familia abrir demasiado la boca —comentó el joven más serio, en referencia a Kakarotto, quien fue el que dijo toda la verdad a su hermana sobre su verdadero padre.

—Pero no te enojes con él —comentó Kyle, defendiendo a Bardock—. No entendía nada de lo que pasaba, y él me ayudó estando aquí.

Broly y Tarble se miraron sin decir nada.

—Vamos a hablar de todo eso —respondió Tarble—. Siempre soñé que estaríamos en un lugar tranquilo y lejano para conversar, pero tendrá que ser aquí.

—Sí —dijo, y dejó los cubiertos para agarrarse del brazo de su hermano y apoyó la cabeza en su hombro—. Pero hoy no. Los extrañé mucho, pensé que no volveríamos a vernos en mucho tiempo.

—Nosotros pensábamos lo mismo —dijo Broly con el mentón apoyado en la mano, mirando a los hermanos.

—Incluso extrañé las noches de películas —comentó Tarble.

—Tengo nuevas para ver —exclamó feliz, era como volver a los buenos viejos tiempos—. Koora me pasó un computador para estudiar, pero ya saben… —sonrió como si se tratara de una travesura.

—Podemos ver luego de comer —respondió Tarble, y miró a Broly—. ¿Verdad?

—Claro —dijo el guerrero. Sentía que estaban de regreso en palacio y los tres compartían todo el tiempo.

—Les voy a cobrar la palabra.


(...)


Rato después los guerreros pudieron acomodarse en la cama de su habitación, con las espaldas apoyadas en el respaldo, por fin tomándose un momento para descansar luego de tan larga y estresante travesía que vivieron por tanto tiempo. Kyle ya estaba con ellos, lo que había sido bueno para Tarble, ya que con su compañía no había tenido tiempo para nada más que sentirse bien al tener a su pequeña familia reunida. Mientras la joven les comentaba las opciones que tenía para ver y las buscaba en su computador, los hombres se tomaron de la mano y se miraron en silencio, agotados. Si bien las cosas no se habían dado como esperaban, el resultado final había sido favorable, y mucho más al haberse reunido con Kyle.

—¿Estás cansado? —preguntó Broly al ver las marcas oscuras bajo los ojos de Tarble que se mezclaban con los hematomas que quedaron de los golpes de Vegeta.

—Nada que un buen sueño pueda arreglar. ¿Y tú? —Acarició la mano del guerrero con el pulgar.

—Quiero dormir varios días seguidos —respondió con ojos cansados. Ahora que no había peligro ni razón para estar alerta, su cuerpo se había relajado en cuanto se acomodó en la cama.

Debieron soltarse cuando Kyle se sentó al medio y con los pies tiró los cobertores para meterse bajo ellos. Hicieron lo mismo para cubrirse, ya que la habitación estaba demasiado helada. La cama era de tamaño suficiente para dos, pero ahora que estaban los tres, quedaron un tanto apretados y sin espacio de sobra.

—¿Qué película poco creíble de superhéroes vamos a ver? —preguntó el príncipe sonriendo.

—No puedes decir que son poco creíbles cuando no terminaste de ver ninguna —respondió la joven manipulando el computador—. Y no son todas malas. ¿Verdad que no? —preguntó mirando a Broly un momento.

—La del tipo de las garras no era mala —comentó el guerrero sonriendo, y mirando a Tarble.

—Como sea, encontré unas películas basadas en libros que te gustan a ti, Tarble, así no tendrás excusas para dormirte.

—¿Así? —dijo interesado, y apoyó la cabeza en el hombro de su hermana para mirar la pantalla.

—Escoge la que quieras, y te juro que si te duermes te voy a obligar a ver películas todo el día y luego te voy a tomar la lección.

—No me voy a dormir, lo prometo —respondió mientras leía los títulos—. La segunda.

La joven no dijo nada, y simplemente echó a andar la película.


—Esta sí era una película para ver hasta el final —comentó Tarble una vez que comenzaron a pasar los créditos luego de más de dos horas de historia en blanco y negro. A su lado dormía Kyle agarrada de su brazo y totalmente acostada, mientras que Broly se había mantenido sentado, pero durmiendo de a ratos.

—¿Ya terminó? —preguntó el guerrero abriendo los ojos cuando escuchó la voz de Tarble.

—Sí, y cumplí mi palabra, no me dormí —respondió orgulloso mientras quitaba con cuidado el computador de la cama con la mano libre.

—Era muy rara. No entendí porque el tipo se transforma en bicho. ¿Le dieron una pócima o algo así? —preguntó adormilado.

—Era una metáfora —respondió riendo con suavidad para no despertar a Kyle.

—Es más entretenido el sujeto de las garras, al menos ese peleaba —comentó restregando los ojos con una mano. En verdad le había dado sueño y no había entendido nada de lo que alcanzó a ver los momentos en que despertaba. Demasiado lenta para su gusto—. ¿Estás mejor? —preguntó a gusto al verlo reír.

—Sí, no podría estar mal con ustedes dos, aunque no haya mucho espacio en la cama.

—Si quieres puedo ir a dormir a otro lado, así tienes espacio para estar con Kyle.

—No, no digas eso. Siempre hemos sido los tres, tenemos que aprovechar este momento.

—¿Y qué es lo que sigue ahora?

—Necesito comunicarme con mis hombres para que vengan por nosotros… La tropa que envié en busca de Kyle no debe estar lejos, solo será cosa de días, así aprovechamos de estar con ella. También tengo que darle a mi madre la ubicación de Vegeta en caso de que no haya salido del planeta aún. Vegeta tiene que saber que está viva.

—¿Ya decidiste qué hacer con tu madre?

—No lo sé —respondió con calma, y quitó el cabello del rostro de su hermana en una caricia—. Lo que sé es que tenemos una larga conversación con Kyle.

—¿Vamos a decirle todo?

—Creo que es lo mejor. Ya sabe algunas cosas, y ya no es una niña, tiene derecho de saber la verdad.

—Sí —dijo mirando a la joven. Recordaba cuando la conoció y era tan pequeña y llena de energía, y lo fascinada que había quedado de ver al amigo alto de su hermano—. No quiero que sepa que estuve a punto de morir.

—No, eso no es necesario.

—Ya no está enojada por lo que ocurrió, eso es bueno.

—Solo quiero que entienda que lo que he hecho y lo que le oculté fue pensando en su bienestar… Jamás fue mi intención herirla, solo quiero que tenga un buen lugar para vivir y por eso he tenido que tomar decisiones que tampoco han sido de mi agrado, pero tuve que hacerlo… Somos tan pocos contra un imperio gigantesco, que tenemos todo en contra… —Perdió la mirada en la nada pensando en su madre, que tal como él con Kyle, le ocultó toda la verdad cuando era pequeño, y lo mucho que sacrificó por pensar en el bienestar de otros, algo muy similar a lo que estaba ocurriendo ahora—. ¿Qué es lo que estoy haciendo? Mi mamá está viva, y estoy aquí escondido —dijo mirando a su compañero.

—Ve con ella —respondió Broly sonriendo.

Se soltó con cuidado del agarre de Kyle y se levantó de la cama.

—No me esperes despierto, aprovecha de descansar —dijo animado, y luego de ponerse las botas oscuras que le habían pasado, rodeó la cama, besó al guerrero en la boca y abandonó el lugar.


(...)


Luego de caminar de un lado a otro, Koora terminó sentándose a los pies de la cama, mientras Bardock fumaba tendido sobre ésta. No compartían habitación permanentemente. De hecho, él mantenía la suya con sus pocas pertenencias, pero la mayoría del tiempo dormían juntos, ya sea en su habitación, o como en esta ocasión, en la de Koora.

—Tranquilízate —dijo cuando notó que ahora golpeteaba el suelo con un pie—. Ya vas a poder aclarar las cosas con él.

—Suenas muy seguro —dijo mirándolo. En ocasiones le gustaría ser tan tranquilo o apático como Bardock—. Pensé que no conocías lo suficiente a mi hijo como para asegurar eso.

—No, tienes razón. No lo conozco, pero lo que conocí ahora trabajando para él es que estaba empeñado en continuar con tu legado —respondió con el cigarro en la boca, y luego de fumar un par de veces agregó como si no fuera de mucha importancia—. Sí lo conocí cuando niño, y en esa época te adoraba, siempre me preguntaba por ti y estaba esperando tu regreso de las misiones. —Al no tener respuesta de Koora, se sentó para mirarla y la encontró con la mirada perdida derramando lágrimas—. ¿Qué pasó?

—No digas más.

—¿Dije algo malo?

—Todo lo contrario… Sé que intentas ayudarme, y lo agradezco, pero no digas nada más —dijo intentando calmar su voz y limpiando las lágrimas. El recordar el pasado hacía que le doliera mucho más lo que estaba ocurriendo.

Se puso de pie y volvió a caminar de un lado a otro cruzada de brazos.

—¿Por qué no vas a buscarlo y aclaras las cosas? —preguntó el hombre mientras apagaba el cigarro e inmediatamente sacaba otro de la cajetilla.

—Está con Kyle, no quiero interrumpir.

—Kyle va a estar pegado a él hasta que se vaya.

Koora detuvo la marcha y lo miró pensativa.

—No había pensado en eso… —Se acercó a la puerta cuando escuchó que golpearon desde afuera—. Pero cómo hacer para despegarla de Tarble.

—Yo me encargo.

—Te lo agradecería. —Cuando abrió la puerta se encontró cara a cara con su hijo.

—¿Podemos hablar? —preguntó Tarble mirando a su madre, pero por sobre el hombro de ella alcanzó a ver a Bardock en la cama ocupado prendiendo un cigarro.

—Sí, claro —respondió enseguida, y salió del cuarto—. Vamos a otro lugar.


(...)


Koora se mantuvo sentada en el sofá de su pequeño estudio mientras Tarble hablaba con sus hombres por scouter. Debió avisar para que desde la sala de mando desbloquearan la señal que interfería con las comunicaciones y su hijo pudiera contactarse de manera rápida. No le quitó la vista en todo momento, aprovechando que estaba concentrado dando instrucciones, y por un momento se vio a sí misma a través de su hijo en la manera de trabajar. Tarble era tal como lo había imaginado cuando aún era pequeño, solo que era más serio de lo pensado, pero que se podía esperar de un niño que se había caracterizado por tener mirada triste.

En cuanto Tarble terminó la llamada, apagó el scouter y se dio tiempo para mirar a su alrededor. El lugar era como su biblioteca en versión diminuta, con cómodos asientos, una mesa y un par de libreros llenos de libros, y eso lo hizo sonreír.

—En la nave mayor tengo mi estudio mucho más grande, pero es igual a este —comentó Koora al notar lo que observaba.

—La biblioteca de palacio la agrandé. Tres veces el tamaño original —respondió. Ahora que lo pensaba, era lo único que extrañaba de ese lugar.

—Me alegra que Kyle haya tenido un lugar así para visitar.

—La verdad es que cuando pequeña le gustaba más escalar los muebles que leer, pero siempre llegaba ahí cuando escapaba de sus entrenadores y sus mucamas. —Se apoyó en el escritorio y quedó frente a su madre.

—Ya veo. No es que no me haga caso solo para llevarme la contraria, simplemente no le gusta estudiar.

—Es inteligente y hábil, pero hay que presionarla para que termine los deberes.

—Lo he intentado, pero siempre terminamos discutiendo.

—Voy a hablar con ella.

—Gracias —respondió, e hizo una pausa antes de continuar—. Nada es como lo había imaginado. Por un momento pensé que cuando la conociera nos llevaríamos bien, y todo sería perfecto, pero ha costado mucho, incluso más que con Vegeta.

—Es desconfiada y tiene un carácter complicado, creo que eso lo heredó de Bardock —comentó haciendo una mueca y se cruzó de brazos—. Pero es una buena niña, hice lo posible por alejarla de las influencias del rey.

—Se nota el trabajo que hiciste. ¿Estás consciente que tú eres su padre?

—Soy su hermano mayor —respondió. Siempre lo había visto de ese modo hasta ahora.

—Eras un niño cuando te hiciste cargo de ella, pero lo hiciste, y la cuidaste y la quisiste tanto que de alguna forma lograste lo que yo quería para ella: alejarla de Vegetasei, que no se contaminara de ese planeta, y por eso te voy a estar eternamente agradecida —dijo emocionada.

Tarble respondió mirando el suelo, conmovido por las palabras de su madre.

—Tenía que cuidarla… Era mi hermana, y era un pedazo de ti… No podía desentenderme de ella aunque su sola presencia me recordara lo que había pasado contigo.

—Hubiera dado todo para haber estado contigo todos esos años, Tarble —susurró con el pecho apretado y los ojos brillosos—. ¿Me crees?

Tarble la miró y solo asintió con la cabeza, dejando escapar un par de lágrimas.

—No pienses que toda mi vida ha sido un infierno en ese lugar. Pese a que Vegeta se fue nunca estuve del todo solo. Ginn me acompañó, y luego apareció Broly —comentó sonriendo a pesar de que sus ojos continuaban llorosos—. Él estaba en peor estado que yo. Nos hicimos amigos, nos acompañamos, cuidamos a Kyle y sanamos juntos… Creo que hasta el día de hoy trabajamos en eso último.

—Cuando estaba en el coliseo —dijo, y ahora los dos dejaron salir más lágrimas al solo mencionar ese lugar—, lo único que pensaba en ese momento era poder acercarme a ti, abrazarte y decirte que escaparas de ese planeta… Tenía tanto que decirte, mi niño, pero no pude…

—Intenté llegar a ti, pero no me dejaron. Lo único que quería era verte una vez más, abrazarte y tener la oportunidad de despedirme… —No pudo contenerse más y soltó un sollozo ahogado que le impidió hablar correctamente—. No me importa que lleves dos o diez años viva, solo quiero que estés bien.

Koora se puso de pie directo hacia Tarble, y esta vez el joven la rodeó con los brazos, rompiendo en llanto contra su hombro. Madre e hijo se estrecharon con fuerza y lloraron, por fin en los brazos del otro, como lo habían soñado, como tanto lo habían necesitado hace doce años.

—No pienses que lo nuestro no existió —susurró entre lágrimas, acariciando el cabello de su pequeño, respirando su aroma, intentando calmar su llanto, pero tampoco pudo controlar el propio—. Fuiste lo último que pasó por mi mente antes de partir, y lo primero cuando me trajeron de regreso. Eres mi niño —agregó con voz temblorosa.

Tarble solo pudo asentir con la cabeza y se sintió de siete años, aterrado de todo a su alrededor, viviendo en un planeta hostil, con el único consuelo del abrazo de su madre que lo hacía sentir bien y protegido, y que debía pedir a goteras, por lo mal visto que era en su raza.

No pudieron hablar más. Las palabras sobraron, mientras que el cálido abrazo y las lágrimas de ambos se encargaron de todo.


Continuará…


Muchas gracias por llegar aquí. Acabo de terminar el capítulo y dejé la última escena para el final, así que quedé emocionada y llorona.

Siento que ha pasado mucho desde que actualicé, pero es el tiempo que me tardo entre cada capítulo, pero hace más de un mes que los días se sienten más pesados por la enfermedad de mi esposo que sigue sin grandes mejoras pese a que le aumentaron la dosis del tratamiento nuevo. Tengo que ser fuerte para él, y también por mí, pero de a ratos me canso. Pero hay que seguir…

Bueno chicas y chicos, lo que sigue hacia abajo son apuntes que escribí días anteriores mientras hacía las escenas. Así que está desordenado, no estoy con ánimos de redactar más.

Desde que comenzó la historia hasta ahora, deben haber pasado dos años. Sí, soy pésima para las cuentas, pero es un cálculo estimado. (siempre me digo que debería llevar registro de eso para no confundirme, pero no lo hago) Bueno, aquí las edades de los personajes.

Se estarán preguntando qué pasó con Vegeta y Bulma, bueno, en el próximo capítulo sabrán. Quise hacer este centrado en los reencuentro tan importantes. y por eso salió más corto.

Para las que quieren saber más sobre la relación de Koora y Bardock deberán esperar un poquito más.

La canción hermosa de Lucybell. Carnaval. Sé que fue creada luego de que amigos de la banda murieran en un accidente. Por lo que la intensidad de la letra es tan atingente para Tarble y Koora y su reencuentro..

Que estén bien.

Dev.

29/10/21.