El Legado II


Tercera Parte


XXXIX

Impostores

parte 2


Don't ask me

What you know is true

Don't have to tell you

I love your precious heart

I was standing

You were there

Two worlds collided

And they could never tear us apart

(Never Tear Us Apart / INXS)


El collar que tenía el rey Vegeta, no solo cancelaba su energía y era capaz de regularla, también restringía el resto de sus sentidos saiyajin, lo que hacía el encierro desesperante al no poder enterarse de nada a su alrededor. No podía olfatear, escuchar pisadas o voces para hacerse una idea de lo que ocurría luego de que Koora lo visitaba, porque estaba seguro que antes de entrar, conversaba con los guardias para enterarse de alguna posible novedad. Estaba confinado a un cuadrado, tres paredes sólidas y una cuarta de barrotes que daban algo de visibilidad a un cuarto vacío con un par de sillas junto a una pared.

La visita de Kyle lo había dejado alterado, y su alrededor no ayudaba en lo absoluto para encontrar algo en que distraerse. Necesitaba salir de la celda, recorrer la nave y eliminar a todo aquel que se cruzara en su camino, solo así comenzaría a recuperar la compostura, pero no tenía nada más que una celda, tres paredes y una cuarta de barrotes, más dos sillas que a estas alturas lo estaban desquiciando por el solo hecho de encontrarse ahí.

Se aferró a los barrotes y prestó atención al ruido del exterior. El tiempo que llevaba encerrado no había sido capaz de escuchar ni un susurro, y ahora habían dos voces hablando en voz alta, discutiendo, y no, no era que su collar estaba fallando. Algún protocolo de seguridad había sido obviado y por eso podía escuchar.

Reconoció la voz del soldado que le escupe la comida antes de entregarla. Repetía a la otra voz que tenía prohibido el paso, que ni siquiera debería estar ahí. El intruso vociferó que se quitara y esta vez el soldado que escupía su comida no terminó la amenaza, pues seguramente fue reducido, ya que el sonido de golpes fue evidente. La experiencia le dijo que los dos se golpearon, pero su centinela terminó perdiendo la corta batalla, lo que significaba que debía prepararse para quien fuera que tenía la urgencia de visitarlo.

Apenas tuvo tiempo para reaccionar. Al no tener su poder todo se le hizo demasiado rápido, tanto así que alcanzó a dar solo dos pasos hacia atrás cuando tuvo a Bardock ya dentro de la celda. Su instinto de guerrero reaccionó levantando la mano para detener el golpe que venía, pero terminó con la muñeca fracturada ante tan potente impacto.

—No vas a volver a amenazarla, ¿entendiste? —dijo Bardock sin esperar respuesta, y de un solo golpe de puño en el rostro, tiró a Vegeta al suelo sin que pudiera hacer nada para defenderse—. No vas a volver a hablarle —ordenó furioso.

Mareado, Vegeta se llevó la mano que aún podía mover al rostro, pero no pudo detener la hemorragia y casi no podía pensar por el dolor. Jamás había experimentado un daño así de fulminante, y aún no terminaba.

—Un simple castrado no va a decirme qué hacer con mi hija —respondió molesto. Lo siguiente que sintió fue un tirón en su cabello cuando Bardock lo alzó para ponerlo a su altura.

—¡Es mi hija! —exclamó contra su rostro, y sin medirse volvió a golpearlo en el abdomen en dos ocasiones antes de volver a tirarlo.

—Quítame el collar y vuelve a repetir lo que dijiste, castrado —respondió Vegeta luego de toser sangre y esperar unos segundos en que la respiración se calmara un poco. Sentía su interior destruido y aunque el collar cortara su energía, la bestialidad saiyajin era difícil de reprimir por mucho dolor que sintiera.

Bardock volvió a alzarlo del cabello.

—Koora debió matarte en cuanto te atrapó —murmuró lleno de odio. Llevó la otra mano al collar con la intención de liberarlo, pero se detuvo.

—¿Y no es algo que puedas hacer tú, castrado? —preguntó Vegeta— ¿O no te atreves? —Escupió sangre al rostro de Bardock, lo que provocó que el saiyajin volviera a golpearlo en el rostro antes de soltarlo.

Bardock se le puso encima, con las manos en el collar, manipulándolo para quitárselo y poder pelear como correspondía, pero la sangre en sus manos le dificultó la tarea, por lo que decidió destruirlo, pero antes de poder hacerlo, lo tomaron de un brazo y jalaron hacia atrás, sacándolo de la celda. De manera inconsciente quiso soltarse y atacar a quien le impedía matar a Vegeta, pero se detuvo al ver que se trataba de Koora.

—¡¿Qué se supone que haces?! —exclamó Koora en cuanto lo soltó e ingresó a la celda para revisar a Vegeta que se encontraba agonizante.

En la entrada del cuarto estaba Kyle con el soldado que había derribado para poder pasar.

—¡¿Para qué lo tienes con vida?! —respondió Bardock en el suelo, aún con deseos de saltar sobre el emperador y quebrarle el cuello—. ¡Solo está causando…!

—¡Eso no te corresponde decidirlo! —respondió molesta, y se dirigió al guardia—. Trae a un doctor, rápido.

—Ninguno de los doctores de la nave sabe que tenemos al rey —se apresuró en responder el soldado para que la reina tomara la decisión.

—Trae al doctor jefe, y que nadie más ajeno se entere de lo que pasó. Luego ve por Karev —respondió mientras ponía de lado a Vegeta para que no se ahogara con su propia sangre.

El joven guerrero salió corriendo en busca del médico.

—¿Y si le dan un poco de su energía? —preguntó Kyle preocupada al ver que su padre casi no se movía y la posa de sangre bajo su cuerpo crecía y crecía.

—Eso no va a suceder —respondió Koora—. Es demasiado peligroso.

—Que se muera desangrado el mal parido —comentó Bardock ya de pie. Decidió salir del lugar cuando vio a Kyle corriendo junto a Koora para ayudar a su padre.


(...)


Tal como era la costumbre de aquellos poderosos e importantes que quieren hacer recordar al resto lo poderosos e importantes que son, Torn hizo esperar a Tarble en el salón que lo había citado. El príncipe se mantuvo de pie, con evidente cara de hastío. Unos pasos tras él, Broly junto con soldados del joven príncipe, también esperando, formados y ordenados. Al otro extremo del salón, donde debería estar Torn, estaba un grupo de guerreros de al menos quince hombres y mujeres repartidos, sin un orden o jerarquía en sus armaduras. La única persona reconocible del lugar era Leek, sentado en la silla a la derecha de la principal y conversaba con una guerrera de pie. Tarble puso los ojos en blanco, aburrido de esperar y a sabiendas que el hijo de Torn estaba hablando de él pese a que no lograba escucharlo, ya que no dejaba de mirarlo y reír con la guerrera. Se repetía que tenía que tener paciencia, pero se lo hacían tan difícil.

Pese a la apariencia altanera que lo caracterizaba, Tarble notó en Leek una apariencia distinta, mucho más marcada a diferencia de la última vez que lo vio antes de abandonar Vegetasei ya algún tiempo atrás. Su pelo y barba había crecido de manera desordenada, seguramente en un intento de dejar de ver a su hermano muerto cada vez que se observaba al espejo. Prestó más atención y notó profundas ojeras y los ojos irritados, tal vez de tanto beber y consumir sustancias potentes, capaces de hacer efecto en el cuerpo de un saiyajin poderoso. Detrás de esa apariencia arrogante, había un hombre derrumbado, podía verlo cuando creía que nadie lo observaba y esa desagradable sonrisa se borraba. Si continuaba así, pasaría de verse como el doble de su hermano, al doble de su padre cuando estaba en su peor momento a causa de la bebida y drogas.

—Tarble, te hice esperar —saludó Torn cuando finalmente apareció en el lugar con otro pequeño grupo de soldados. Fue directo a su asiento y se cruzó de piernas.

—Ahorrémonos las disculpas —respondió Tarble y se acercó al hermano de su padre.

—No me estaba disculpando —aclaró Torn, con tono tranquilo mientras afirmaba una copa dorada que estaba siendo llenada con lo que parecía ser whiskey.

Tarble pasó por alto el mal gusto y la descortesía de Torn, y aunque ya le habían informado lo repuesto que estaba, le llamó la atención su excelente aspecto pese a continuar bebiendo. No quiso imaginar cuánto necesitaba un hombre como él para enfermarse. Lo otro que notó, fue su actitud. Aún era muy pronto para dar al rey Vegeta como perdido y él ya se comportaba como su sucesor, recibiendo gente en un salón amplio desde lo que se asemejaba a un trono, más elevado que el resto y rodeado de su gente. Sí que tenía deseos de gobernar.

—¿Para qué me hiciste llamar? —preguntó.

—Eres mi sobrino y no te veía hace tiempo —respondió sonriendo, como si eso fuera una respuesta satisfactoria. Al ver que Tarble no respondió y continuó con su expresión seria, continuó hablando—. Dime, Tarble, ¿estás aquí por Kyle? —. Bien conocida era la adoración que sentía el joven hacia la hija de Vegeta, así que comenzaría por ahí.

—Salí a buscarla pero no tuve suerte. Pensé que aquí podrían tener información.

—No fue rapto, de eso estoy seguro, de lo contrario ya hubieran pedido rescate. Esperemos que Kyle no haga lo mismo que su hermano mayor y aparezca luego de diez años —bromeó. Varios de sus guerreros rieron con él, mientras que Tarble y los suyos se mantuvieron el semblante sobrio.

Torn estudió al joven. Su hermano Vegeta lo había menospreciado toda su vida, y él mismo había hecho lo mismo, pero ahora sentía que era diferente y podía sacarle provecho. Corría el rumor sobre su cercanía con el rey y príncipe heredero de Trantor, además no olvidaba que era hijo de Koora, esa mujer era muy lista y claramente Tarble había sacado muchas cosas de ella, no solo rasgos físicos, por lo que también tenía que ser cuidado con lo que decía.

—Estoy seguro que aparecerá —comentó Tarble.

—Sí, esa niña no es estúpida, pero mi hermano la sobreprotegió demasiado y eso podría ser un problema —comentó pensativo—. Como sea. Dime, Tarble. ¿Cómo es tu vida nueva en Trantor? ¿Te tratan bien?

—No me quejo —respondió cruzándose de brazos.

—¿Es cierto que te congraciaste con el rey? Imagino que has tenido problemas con el hijo mayor —comentó con desprecio—. Un tipo que tiene un palo metido en el culo todo el tiempo. No me agradó para nada la vez que lo vi, sintiéndose mejor que yo.

—Yo tampoco tendría deseos de socializar con el tipo que se acostó con mi hermana menor e hizo un escándalo en lo que se suponía era una visita imperial.

Torn rio en voz alta ante lo que su sobrino dijo con tanta seriedad.

—Podrá haber sido la hija menor del rey, pero te digo que fue ella la que me cogió, no yo a ella. Sí, es joven, pero es de los mejores polvos que he tenido en mi larga vida. Esa raza es así, muy mojigata hacia el exterior pero son igual o peor que nosotros. ¿Tú debes saberlo bien, no?

—¿Es eso lo que quieres hablar conmigo?

—Está bien, está bien. Veo que no sabes pasarlo bien —comentó levantando las cejas. Tomó un sorbo generoso de su copa y se puso serio—. Quiero que me hables del rey y el príncipe. Este imperio hizo un tratado con ellos, y quiero estar mejor informado.

—De eso puedo hablar —dijo el joven, relajando un poco su expresión.

—Eso me gusta. Dime. ¿Es el rey el que sigue gobernando o su hijo? Se sabe que el rey ya no es el guerrero que era y está acabado.

—Si vamos a seguir esta conversación quiero que Leek salga de aquí.

De pronto el murmullo que venía de la parte de los acompañantes del príncipe Leek, se detuvo.

—Sí que estás enfermo, imitación de saiyajin —rió Leek. Pensaba seguir despotricando contra Tarble, pero se detuvo cuando su padre le hizo un gesto con el brazo para que se detuviera.

—¿Se puede saber por qué quieres que salga Leek? —consultó en modo serio.

—No deja de hablar, no se toma nada en serio y su sola presencia me molesta. Así no se puede conversar —respondió mirando directamente a Torn. No se molestó en mirar a su primo.

—Qué imbécil —dijo Leek riendo—. ¿Te pegaste en la cabeza y ahora crees que…?

—Leek, retírate, y llévate a tu gente —ordenó Torn con calma.

—Pero padre, yo…

Torn ni siquiera tuvo que mirarlo o decir algo más. Leek vio cómo su rostro y cuello se tensaban para entender que tenía que callar y retirarse sin decir una palabras más. Se puso de pie y salió del salón junto con los cinco guerreros que lo acompañaban.

—Entonces, ¿en qué estábamos? preguntó el príncipe Torn.

—Querías que contara alguna indiscreción sobre el rey o el príncipe de Trantor —respondió Tarble.

—¿Con quién vas a guardar lealtad, Tarble? ¿Con esa gente que apenas conoces o con tu planeta?

—El rey y reina de este planeta hicieron un trato con Trantor. Podrías aclarar cualquier duda con ellos.

—Estos últimos años mi hermano, por influencia de Rave, lo único que ha hecho es hacer tratados con reinos que perfectamente podríamos haber atacado, como en los buenos viejos tiempos —comentó con cara de desagrado y Tarble vio a la totalidad de sus hombres asintiendo.

Tarble estaba consciente que una gran cantidad de guerreros poderosos, y especialmente antiguos, desaprobaba esa nueva costumbre de llegar a acuerdos. Los saiyajin habían nacido para tomar lo que querían sin preguntar y lo que estaba haciendo Vegeta no los tenía del todo contentos.

—¿Eres un saiyajin, no, Tarble? —continuó Torn.

—Tengo claro quién soy —respondió.

— Entonces deberías aprovechar esta oportunidad para reclamar tu lugar. Te tomó tiempo convertirte en guerrero, pero lo hiciste y tienes tus ejércitos que conquistan planetas. Y aunque eres inteligente, te lo reconozco, no entiendo que ahora vistas ropas de otra gente cuando por fin se te estaba reconociendo… Pero eso es lo de menos. Poco me importa cómo te vistas o quien te quite la ropa, yo quiero información de esa gente y si eres tan listo como aparentas ser, sabrás a quién serle fiel.

—¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? Porque la última vez que chequeé, los imperios eran aliados.

—Simplemente me estoy adelantando a lo inevitable. ¿Cuánto crees que va a durar esa estupidez de paz antes que estalle una guerra? Solo soy precavido.

Jamás perdonaría a su hermano por no haber buscado venganza ante la muerte de su hijo Row, su orgullo, un guerrero con un futuro brillante que perfectamente podría haber sido gobernante de Vegetasei. Por eso ahora que andaba de viaje buscando a Kyle, no dejaría de trabajar y aliarse con quien fuera para quitarle todo.

—No lo sé, Torn. No encuentro descabellada esta nueva forma de gobernar de mi padre y Rave.

—Está bien hacer tratados. Siempre es necesario tener aliados, pero ellos están exagerando, y no soy el único que lo ve así. Cuando uno encuentra un imperio casi tan grande como el nuestro, no se hacen amistades, se reclama todo, se minimiza al enemigo en su máxima expresión, tal como mi padre lo hacía, y su padre y su padre, porque eso es lo que hacemos.

El joven en ese momento se dio cuenta que Torn no sabía de las intenciones de Rave y Vegeta de eventualmente traicionar a Trantor cuando fuese conveniente. Definitivamente la relación con los reyes iba de mal en peor, pues lo estaban dejando fuera de cualquier decisión importante.

—No todo puede ser guerra y someter—comentó Tarble.

Torn hizo una mueca de evidente desagrado ante sus palabras.

—Dile eso a los generales y familias con ejércitos importantes que se sienten como yo.

—Es imposible tener a todos contentos.

—No, pero se puede tener contento a los que realmente importan. Si no conservamos las tradiciones no nos queda nada, y si mi hermano no se preocupa de eso, yo lo haré —dijo tajante, golpeando con el puño el brazo de su trono de madera fina.

—Llevo un tiempo fuera de Vegetasei, pero sigo en contacto con mi gente y guerreros, y sé que cada día son más los saiyajin que aceptan esta nueva modalidad.

—Eso ni tú lo crees, sobrino —dijo molesto.

—No vivo en una burbuja. Me comunico con mis hombres a diario y sé de lo que hablo, Torn.

—Eso no es así —dijo Broly desde su lugar, haciendo que las miradas que antes estaban fijas en los príncipes, se dirigieran hacia él.

Tarble miró hacia atrás para hablarle al guerrero.

—Conoce tu lugar, soldado y guarda silencio —dijo severo, mirándolo de pies a cabeza.

—Espera un momento —dijo Torn interesado—. Déjalo hablar, quiero escucharlo. ¿No eres el hijo de Paragus?

Broly dio un par de pasos hacia adelante antes de seguir.

—Los saiyajin que están satisfechos con los tratados y arreglos no merecen ser llamados guerreros.

—Ese sí es un joven sensato —comentó Torn.

—Broly, vuelve a tu lugar, ahora —ordenó Tarble.

—Gran cantidad de tus soldados estamos cansados de ese comportamiento mediocre. Somos saiyajin, no pedimos las cosas, la tomamos a la fuerza —dijo—. No nos vamos a dar cuenta cuando sea nuestro planeta el que se vea bajo ataque por mostrar debilidad.

—¿Y quién eres tú para decir eso? —Terminó dándose vuelta por completo para encarar al guerrero.

—El comandante de uno de tus ejércitos más grandes. Estoy ahí afuera y hablo con mis hombres, sé lo que ellos piensan, pero no se atreven a decirte.

—¿Tus hombres? ¿Quién te crees que eres? Cuando te recogí no eras nadie, ni siquiera te atrevías a pelear en público y ahora le faltas el respeto a tu príncipe.

—Soy un guerrero saiyajin —respondió levantando un poco la voz, acercándose a paso decidido hacia él—. Fui quien te ayudó a formar los ejércitos que ahora tienes y si no te queda claro puedo mostrarte quien soy…

—Si das un paso más no vas a salir con vida de aquí, soldado —sentenció con tono de mando. Broly se detuvo en seco, ya a menos de dos metros del príncipe—. Ya vete de aquí antes que mande a cortarte la cabeza, y no vuelvas a presentarte ante mi vista. Tú, y los soldados que según tú piensan igual pero son demasiado cobardes para hablar —exclamó con desprecio.

—No me interesa seguir trabajando para un príncipe saiyajin que no se comporta como tal y que se vende ante el enemigo y viste sus ropas. Renuncio —dijo, y lanzó un escupitajo cerca de los pies de Tarble—. El que piensa como yo puede seguirme —avisó cuando se dirigió hacia la salida y pasó junto a sus compañeros. De los diez, cuatro se fueron y abandonaron el salón.

—Ese es tu problema, joven príncipe —dijo Torn que había disfrutado del espectáculo—. De haberme pasado algo así, la cabeza del insolente hubiera rodado hacia mis pies. No importa si el soldado tuviera o no la razón. Y también los desertores. Tienes mucho que aprender.

—Lo tendré en consideración —respondió nuevamente concentrado en Torn.

—Entonces, continuemos. Que esta situación no nos distraiga de lo que estábamos hablando.

—¿Quieres seguir hablando conmigo pese a que conoces mi postura en el tema? —preguntó levantando la ceja.

—Sí, pero hay algo que tenemos en común y no me da miedo conversarlo ahora porque estamos entre gente de confianza. —No le gustaba el estilo demasiado blando del hijo de Koora, pero tenía que conseguir todos los aliados posibles, y él era interesante.

—Te escucho —dijo sin esperar nada interesante.

—Tengo memoria, Tarble. Puede que ahora tengas ejércitos y conquistes planetas para tu padre, pero recuerdo tu relación con la reina. Tu padre no dudó en decapitarla, igual como no vaciló en no vengar a mi hijo para continuar la alianza con Trantor. ¿No te gustaría que el rey lo pasara muy mal de una vez por todas? —Terminó sonriendo al ver cómo cambiaba el rostro de Tarble ante aquella propuesta.


(...)


Bulma caminó desde un extremo al otro en la habitación que compartía con Vegeta, sin quitar la vista del test de embarazo que había dejado a los pies de la cama. No era la primera vez que se hacía una prueba de embarazo, pero en aquella ocasión estaba un noventa y nueve por ciento segura que sería negativa. En esta oportunidad, el porcentaje caía dramáticamente considerando todas las veces que tuvo sexo y no tomó sus pastillas porque quedaron flotando en el espacio luego que la nave en la que viajaba explotara junto con todas sus pertenencias. ¡Qué irresponsable había sido! Estaba consciente de lo que hacía, pero todo había ocurrido de manera tan sorpresiva e intensa, que se dejó llevar por lo que sentía en el momento en lugar de detenerse a pensar como la persona inteligente que era, pero con Vegeta siempre todo era tan apasionado que ahora sentía que se desmayaría de tan solo mirar el test que a la misma vez no podía dejar de mirar.

Terminó sentada en el suelo pensando en todos los escenarios posibles en el caso de estar embarazada y considerando lo que sucedería con sus planes si estaba esperando un niño saiyajin… Un niño saiyajin, casi se le heló la sangre al darse cuenta que esperaría un pequeño saiyajin. Ya estaba consciente que no todos los saiyajin eran los demonios despiadados que creía la mayoría, incluso había aceptado dejar atrás gran parte de los prejuicios para darse una oportunidad con Vegeta, pero otra cosa muy diferente era tener un hijo con un saiyajin. Cómo deseaba que estuviera Tarble para poder contarle, ya que pese a lo que ocurrió la última vez que estuvieron juntos, era difícil dejar pasar todo lo que vivieron en ese año que compartieron. Pese a que Vegeta era el protagonista de lo que le ocurría, no se animó a avisarle lo que hacía. Necesitaba a su amigo para conversarlo.

En cuanto el tiempo de espera acabó, se puso de pie, y fiel a su personalidad, se dirigió en busca del test para enfrentar su destino. Lo tomó y revisó sin titubear. Si no estaba embarazada, procuraría que algo como esto no volviera a ocurrir. En el caso de estar embarazada…

—¡Sí! —exclamó feliz al ver el color que indicaba el resultado negativo. Antes de salir de la habitación, se preocupó de dejar el pequeño test en un lugar donde Vegeta no pudiera encontrarlo.

Ahora con excelente humor continuaría trabajando en su computador y en un obsequio que estaba terminando para el saiyajin.


(...)


Kyle pegó la oreja a la fría puerta metálica, pero por más que lo intentó no pudo escuchar nada de la conversación que se llevaba a cabo. Adentro se encontraban Koora, Bardock, Karev y un par de saiyajin de confianza de la mujer, mientras que ella debía esperar afuera junto con Varic hasta que se dignaran a hacerlos pasar.

—No puedo escuchar nada —susurró aún con la mejilla pegada a la puerta—. ¿Escuchas algo tú?

—No —respondió con tono serio el joven saiyajin, sin otra posibilidad que esperar fuera del cuarto como si se tratara de un niño castigado. Había transcurrido más de media hora y estaba perdiendo la paciencia.

Al ver la actitud molesta del Varic, Kyle se calmó y se concentró en él.

—Lo siento —comenzó—. Jamás quise que algo así pasara… No pensé que…

—Ese es tu problema —dijo intentando no levantar la voz pese a que no había nadie en el pasillo y seguramente al interior de la oficina de la reina no estaban preocupados de lo que pasara afuera—. No piensas. Toda la vida te han mimado y te has salido con la tuya y actúas sin pensar en las consecuencias.

—No hables como si me conocieras —respondió ofendida.

—¿Estoy equivocado? Escapaste de Vegetasei por un berrinche que pudo haber terminado muy mal porque no piensas, solo actúas, y esperas que los demás lo corrijan, y ahora hiciste que casi maten al prisionero porque simplemente te dolió lo que te dijo. Ya crece, no eres una niña.

La princesa quedó con la respuesta en la boca cuando la puerta corrediza se deslizó. Del cuarto, salió Karev, que con rostro severo, la miró, pero luego se centró en su hijo.

—Vamos —fue todo lo que dijo Karev y caminó sin esperar lo que su hijo tenía que decir.

Kyle los vio marcharse junto con los otros guerreros, quedando al interior del lugar solo Koora, que estaba de pie y Bardock, sentado, terminando su cigarro. Incluso Bardock lucía como que no había disfrutado nada de la charla que se llevó a cabo, y ahora era el turno de ella.

No esperó a que Koora la hiciera pasar y simplemente entró. Cuando estuvo más cerca de la pareja notó que la mujer estaba más dolida que enojada y sentía que no era la causante de aquello, sino que Bardock.

—¿No tienes nada más que decir? —preguntó Koora a la espera que el guerrero dijera algo que la hiciera sentir mejor.

—Ya dije todo lo que tenía que decir —respondió. Se puso de pie y salió del lugar.

Kyle vio a Koora intentando reprimir un suspiro agotado, pero fue inútil, aunque casi enseguida recuperó su postura y la miró.

—No sé qué hacer contigo —comenzó con calma, pero inmutable, y tal como esperaba, la jovencita se mantuvo firme y de brazos cruzados—. Kyle, no tengo que explicarte lo delicado que es todo esto.

—No soy una soplona. Si piensas que voy a ir corriendo a avisar a las tropas de mi padre que lo tienes, estás equivocada.

—Tú misma me has contado sobre la buena relación que tienes con él.

—Elijo a mi hermano por sobre él —respondió sin dudar.

—Te creo —susurró estudiándola. Por un momento le hubiera encantado escucharla decir que la escogía por sobre Vegeta, pero era aspirar a demasiado.

—Ya no soy una niña para que me oculten la verdad.

—Esto va más allá de si eres un adulto o no, Kyle. Esto tiene que ver con los planes para derrocar a un imperio. No importa si somos familia ni la relación que intento tener contigo. No puedo contarte cada plan que tengamos solo porque eres mi hija, mucho menos que capturamos a Vegeta. Casi nadie en la nave lo sabe porque queremos mantenerlo con vida.

—¿Van a castigar a Varic?

—Eso lo dejé en manos de Karev. Él verá qué castigo tendrá.

—No fue su culpa. Yo lo presioné para que me contara quién tenían atrapado… Creo que sintió lástima por mí y por eso me dijo —por primera vez bajó la mirada, pero la volvió a levantar.

—Fue su decisión hablar. Tiene que pagar de alguna forma. Varic es parte del escuadrón y tenía órdenes que seguir.

—¿Y cuál será mi castigo?

—No tienes un rango ni tarea aquí adentro, no puedo castigarte con nada —dijo aún con el rostro duro—. Además la culpa fue de los guardias que no estaban en su puesto y de Varic que te llevó con Vegeta… Aunque desde ahora te digo que no te pondré en ninguna misión a futuro. Si lo quieres tendrás que ganártelo y respetar las reglas como todos en esta nave.

—Está bien —dijo resignada. Ya no estaba en palacio para reclamar hasta que le dieran en el gusto, además había algo más que quería y sabía que tenía que comportarse para tenerlo.

—¿Solo eso me vas a decir? —preguntó sorprendida.

—Quiero que me des permiso para visitar a mi padre.

—Kyle, sabes lo que va a pasar con él. Vegeta no está aquí para recibir visitas.

—Y por eso quiero estar con él. No pretendo hacerlo cambiar, sé que eso es imposible, pero lo quiero, y me gustaría visitarlo.

—¿Quieres verlo pese a las amenazas que te hizo? —preguntó admirada.

—No hablaba en serio —respondió Kyle.

—Hablaba muy en serio. Y estoy casi segura que tú también lo sabes.

—Si cuando lo vaya a ver sigue con el mismo discurso, no regresaré, lo prometo.

—Sigo sin entender cómo es posible que sientas tanto por él que no se merece nada —susurró para sí misma con la mandíbula tensa, en una mezcla de asombro, enojo y celos.

—Dame una oportunidad —insistió—. Déjame probarte que puedes confiar en mí. Deambulo por esta nave día y noche sin hacer nada. Al menos déjame cuidarlo ahora que está en cama sin poder moverse, ningún otro guardia va a querer acercársele tanto.

Madre e hija se miraron con intensidad. La mayor meditando el asunto, usando su lado menos racional, el de madre, en lugar del pensamiento estratégico de reina.

—Serán visitas cronometradas y con mi permiso. No podrás visitarlo cuando te dé la gana, tienes que hablar conmigo primero y un guardia te acompañará.

—Sí —respondió sonriendo.


Tarble 16


Una vez que Tarble salió del salón donde el rey lo humilló porque Atlas no quiso casarlo con ninguna de sus hijas por encontrarlo indigno, se dirigió de regreso a la biblioteca para contarle a Broly y Kyle lo que había pasado. Ya había dejado atrás el mal momento que lo hizo pasar, lo más importante para él era que no se marcharía de Vegetasei a un lugar peor y podría continuar su vida junto a su amigo y hermana, pues no concebía la vida sin alguno de los dos. En ellos había logrado encontrar cierta estabilidad, una pequeña familia dentro del infierno en que se había convertido vivir en este planeta luego de que su madre fuera asesinada ante sus ojos y que Vegeta se marchara sin aviso.

No faltaba mucho para llegar a su lugar seguro, cuando la voz de Leek lo hizo detenerse. Podría haberse apurado para alcanzar a encontrarse con Broly y disuadir a su primo de acosarlo, pero la voz de Leek tenía el efecto de entumecerle las piernas.

Oye, gusano. Ya escuché la noticia. Atlas no te quiso en su planeta —dijo el guerrero de veinticinco años. Con su cuerpo le bloqueó el paso a Tarble, apoyando el hombro en el muro de piedra.

Las noticias corren rápidamente —comentó Tarble, sin levantar la mirada para mirar a Leek. Lo único que quería hacer era continuar su camino, pero sabía que si se movía y trataba de pasarlo sería peor. Si se quedaba quieto también terminaría mal. Fuese cual fuese la decisión que tomara para abordarlo, terminaría golpeado, solo tenía que esperar a que sucediera.

¿No te da vergüenza? —preguntó Leek cruzado de brazos, estudiándolo como si realmente le interesara el tema—. Perdimos una alianza importante porque eres patético.

Como si pudieras comprender la verdaderas implicancias de alianzas como esas —respondió sin pensarlo. Cuando era más pequeño ni siquiera era capaz de responderle, pero ya que de todas maneras terminaría con heridas, al menos no se quedaría callado.

El primer golpe no tardó en llegar. Fue en el brazo, y tan fuerte que el impacto lo hizo azotar la cabeza contra la piedra, cortando la piel, haciendo que comenzara a sangrar enseguida, pero no se comparó con el dolor que sentía en el brazo.

Haciéndote importante porque conoces más palabras, niño —respondió riendo.

Es más complejo que eso —respondió Tarble mientras se llevaba la mano derecha a la cabeza, la otra había quedado paralizada por completo a causa del golpe—. Pero si es así como lo entiendes.

Otro golpe de puño, ahora en la boca, y más sangre y dolor. Cómo odiaba el dolor físico, no lo toleraba, le impedía pensar con claridad.

¿Crees que estás protegido por ser hijo del rey, gusano insignificante? La única razón por la que sigues con vida es porque le gustas a la reinita, de lo contrario el rey ya te hubiera reunido con la sucia traidora de tu madre. Siempre pensé que tu cabeza también debería haber rodado ese día, hubiera sido divertido patearla. ¿Qué? ¿Ya no vas a decir nada, niño llorón?

Ahí estaba el punto débil de Tarble, con lo que quedaba completamente desarmado.

Leek —habló Row en cuanto apareció y vio lo que sucedía—. Vámonos ya, tenemos trabajo que hacer.

Como digas —respondió el gemelo y se retiró del lugar tranquilamente.

Tarble permaneció en su lugar esperando que Row también se marchara, pero se le acercó y habló.

Deberías atacar de vuelta, es lo que hacen los guerreros —comentó el hombre sin ninguna emoción en su tono de voz, era el consejo que le daría a cualquier otro—. Es indigno para un saiyajin ser salvado por otra persona. No me corresponde hacerlo.

Tarble lo miró antes de responder. Sus ojos estaban brillantes por las lágrimas contenidas.

No soy un guerrero y no tienes que inmiscuirte, Row.

El hombre no le respondió y siguió su camino hacia la misma dirección que su hermano.


(...)


La reunión con Torn había resultado mejor de lo que había pensado, y ni hablar de la discusión falsa con Broly que estaba seguro se la habían comprado, después de todo, era bastante factible que el guerrero que salió segundo en el torneo individual y que le dio la victoria a su grupo, se opusiera a este nuevo estilo negociador en lugar del estilo bélico que los ha caracterizado por generaciones.

Pese a los deseos que tenía de buscar a Broly, se contuvo y decidió concentrarse en el trabajo. Aún le quedaba un par de días en Vegetasei y tenía mucho por hacer. No le quedaba otra opción que esperar hasta más tarde, tal como habían acordado, después de todo, su guerrero insolente también estaba ocupado trabajando.

Sabía que había sido buena idea reconocer y memorizar el ki de Leek cuando se lo topó en la reunión con Torn, por eso no fue sorpresa cuando sintió su presencia seguirlo desde el momento que abandonó el lugar, y fue por eso que le ordenó a sus hombres se marcharan por otro camino, a sabiendas que no intentaría nada contra él mientras tuviera guerreros resguardándolo. Lo que haría Leek a continuación, sería porque se lo permitía.

—¿Pensaste que ibas a salirte con la tuya, imitación de saiyajin? —preguntó Leek molesto, al mismo tiempo que se abalanzó contra Tarble, tomándolo del cuello y azotando su espalda y cabeza contra el muro de piedra.

A diferencia de otras veces, el joven príncipe no demostró dolor y no lucía incómodo con la situación, todo lo contrario, lo estaba disfrutando.

—Por como lo veo, así fue —respondió sonriendo de lado, muy similar a su hermano Vegeta, lo que molestó más al otro guerrero.

—Ríe por ahora, gusano, no va a durar mucho —exclamó y volvió a golpearlo contra el muro, sin obtener las reacciones de antes—. ¿Acaso ya no lloras? —preguntó con desprecio—. ¿Creíste tus propias mentiras de que eres un guerrero? Cuando nunca en tu vida te has enfrentado a nadie en un combate de verdad. —Estaba furioso, se sentía humillado por alguien que toda su vida se había dedicado a aplastar.

—Y tú toda la vida creíste tener un poco de respeto de tu padre, pero era lo que goteaba de Row.

—Ese es un comportamiento demasiado valiente para alguien que acaba de perder a su perro guardián. ¿Quién te va a defender y coger ahora que se aburrió de ti?

—¿Ya terminaste? Realmente tengo mucho que hacer —preguntó con tono aburrido e hizo el intento de soltarse, lo que provocó que el guerrero más se alterara y volviera a golpearlo contra el muro, sin el resultado esperado.

—¡¿Quién demonios te crees?! Porque en otro lugar de mierda te tomaron en serio vas a venir a este planeta a jugar al príncipe saiyajin.

—Estoy simplemente ejerciendo el uso de mi poder como príncipe y el fruto de mi trabajo. ¿A ti no te escuchan? —preguntó sonriendo—. Eres un príncipe también, pero te ves bastante acabado ¿Aún no superas la muerte de tu herma…?

Eso bastó para hacer que Leek perdiera el control y lo atacara con un golpe de puño directo al rostro, pero terminó rompiendo la piedra, ya que Tarble alcanzó a esquivarlo y atacó de vuelta sin pensarlo, directo a la nariz de su primo, logrando que por fin lo soltara. No contento con eso lo golpeó en la rodilla, haciendo que terminara arrodillado, aún luchando por recuperar la compostura ante un golpe que lo dejó sangrando profusamente. Leek era por mucho más poderoso que él, sin embargo por esa manía de menospreciarlo y su pésimo estado actual, ni siquiera pensó en la posibilidad de que pudiera atacar de regreso.

—No te atrevas a tocarme de nuevo —dijo Tarble mientras se arreglaba el abrigo y camisa que terminaron arrugados por el agarre de Leek. Ahora estaba serio, sin ninguna pizca de sonrisa en su rostro—. No necesito a nadie que me cuide.

—Voy a matarte —exclamó en cuanto salió de su asombro, pero Tarble no se quedó a escucharlo. Tenía muchas cosas que hacer y poco tiempo.


(...)


—¿Cómo va todo? —preguntó Bulma luego de entrar al cuarto de la nave que Vegeta se acaparó para entrenar. Llevaba una botella con agua para ofrecer y no esperó a que le diera permiso para entrar, simplemente se acercó a él, obligándolo a dejar de hacer las flexiones para prestarle atención.

—Bien —respondió evidentemente agotado y sudado. Se acomodó en el suelo y se quitó las muñequeras metálicas que Bulma había hecho especialmente para él.

—¿Han funcionado bien? —consultó mirando las muñequeras pero sin tomarlas. Vegeta respondió luego de beber.

—Perfecto. —Necesitó un poco más para recuperar el aliento. No entendía bien cómo Bulma había logrado hacer que las muñequeras aumentaran su propia gravedad, lo que hacía que se sintieran mucho más pesadas cuando eran activadas, pero lo cierto es que le estaba sirviendo para entrenar y mantener la cabeza distraída.

—Ya pronto tendré listas las tobilleras.

—¿Y la computadora?

—Está lista. Solo necesitamos acercarnos un poco más al próximo planeta… —dijo distraída mirando el pecho sudado de Vegeta que aún conservaba heridas del combate contra Broly—. ¿Crees que podrías enseñarme algo de lo que haces?

—¿Te refieres a entrenar?

—Lo que sea —respondió encogiéndose de brazos.

—Demasiado ambiciosa para ser una mecánica.

—Científica —respondió con una sonrisa. Qué extraño se sintió llamarse a sí misma científica luego de tanto tiempo obligándose a verse limitada por el simple rango de mecánica.

Vegeta que hasta ahora continuaba más preocupado de recuperarse para seguir entrenando, miró a Bulma y levantó una ceja.

—¿Científica?

—Tengo posgrados en matemáticas, física, biología, mecánica, robótica, aeronáutica, entre muchas otras cosas —respondió sin una pizca de humildad en su cuerpo—. El que sigan llamándome mecánica es casi peyorativo.

—Interesante —respondió no muy sorprendido de la amplia gama de campos que Bulma dominaba. Lo novedoso era que estaba dando información real de su vida, y eso le encantó—. ¿Aprendiste sola?

—Algunos sí, otros tuve ayuda de Morgan y de mi papá y tomé ramos en universidades para dejar contentos a mis papás. Según ellos era para ampliar mis conocimientos, pero estoy segura que me insistieron solo para que conociera gente.

—Eso es mucha más información que me diste cuando estaba considerando que trabajaras para mí.

—Contigo —corrigió Bulma.

—Supongo que heredaste el cerebro de tu padre.

—Así es, aunque también es mérito propio —respondió orgullosa—. Por lo que puedes deducir que pese a que no tengo nivel de pelea y que no puedo hacer aparecer bolas de energía con mis manos, hay algo que me puedas enseñar. Soy muy buena alumna —añadió coqueta. Estaba de excelente humor luego de que la prueba de embarazo salió negativa.

—Algo me dice que no lo eras y contradecías y corregías a tus profesores todo el tiempo.

—Alguien tenía que decirles cuando cometían errores. Y también algo me dice que tú eras igual.

Los dos sonrieron ante esos comentarios.

—Creo que hay algo que puedo enseñarte —dijo Vegeta estudiándola.

—Lo que sea, quiero aprender —respondió entusiasmada.

—Puedo sacar provecho a tu bajo nivel de energía.

—¿Qué se puede hacer con él?

—Pese a lo bajo que es, aún puede descubrirse con rastreadores de alta potencia, y si alguien sabe sentir el ki y tiene paciencia, podrían encontrarte eventualmente… Puede que no seas capaz de sentir el ki de los demás, pero puedo enseñarte a esconder el tuyo de los rastreadores y la gente.

—Dime más. —Se acomodo y ambos quedaron con las espaldas rectas, sentados en el suelo frente a frente.

—Es solo un asunto de concentración y relajación, pero te lo advierto, tendrás que trabajar mucho en eso, guardar silencio y calmarte. ¿Crees que podrás hacer eso?

—Claro que sí puedo hacer eso —dijo, y lo golpeó en el hombro, ofendida por lo que infería.

—Entonces empecemos —dijo ignorando esa acción para nada relajada de la joven.

—Comencemos —respondió decidida.


(...)


Luego de la discusión falsa, Broly se retiró a una parte solitaria de palacio para no encontrarse con nadie más. Era increíble que solo había pasado un par de horas y ya un soldado de otro general se le había acercado para invitarlo a una reunión. Efectivamente el hombre que sacó segundo lugar en el torneo individual y fue el último en pie en el grupal, llamaría la atención de muchos guerreros de alto mando, pero como abandonó el planeta a los pocos días de terminar el torneo, no se enteró del interés que despertó en tantos poderosos. Y más ahora que había dejado de trabajar para el príncipe Tarble y se encontraba libre. Tan solo esperaba que su idea funcionara y fuera Torn el que quisiera tenerlo entre sus filas.

—Broly —dijo el hombre a un par de metros del guerrero.

Broly suprimió el respingo ante la sorpresa que alguien lo encontrara en aquel lugar. Solía visitar ese pasillo exterior que daba a un patio de soldados de élite que casi nunca ocupaban por pasar en misiones, pero claro, al ver quien le habló, se sintió estúpido al no pensar que fácilmente lo encontrarían ahí.

—Padre —respondió calmado, sin emociones. Ni siquiera se había percatado de su presencia.

—¿Piensas quedarte en el planeta? —preguntó Paragus al tiempo que lo escudriñaba. Veía un cambio grande en él. A simple vista daba la impresión que podía controlarse a la perfección sin arranques de ira como cuando era más joven.

—No lo sé aún. ¿Ya te fueron con la noticia? —Se cruzó de brazos y apoyó en el pilar de piedra, junto a la balaustrada.

—No puedes pasar desapercibido luego que ganas el torneo anual.

—Me buscaste recién ahora. No cuando llegué hace unos días —mencionó mirándolo a los ojos. No se sentía incómodo enfrentándolo. No era como antes, sin embargo, ese desprecio continuaba presente, aunque ahora era capaz de ocultarlo a la perfección, como si ya todo estuviera superado.

—Sabes que no me gusta tu trato con el príncipe —dijo y soltó un gruñido de desagrado.

—Pues ya se acabó.

—¿Qué fue lo que pasó en la reunión con Torn? ¿Qué quería el príncipe Tarble con él?

—¿Directo al grano, no? —comentó levantando una ceja—. No voy a contar sus secretos porque ya no trabajo para él. No soy ese tipo de lacra.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—No lo sé. No he pensado nada aún.

—Sea lo que sea que hagas ten cuidado con Torn. No confío en él.

—No necesito que me digas con quién puedo o no puedo estar. —Lo miró esperando a que le levantara la voz e intentara controlarlo, pero eso no ocurrió. Con ese corto cambio de palabras y la actitud del guerrero, Paragus supo que las cosas no serían como antes.

—Lo sé —se limitó a responder, y quiso cambiar el tema. Le interesaba hablar con su hijo e intentar sacarle alguna información sobre Tarble—. Ya que no tienes trabajo que hacer, vamos a comer, yo invito. Hace meses que no sabía de ti, quiero que hablemos.

—Está bien —respondió con tono desinteresado. En otra ocasión se hubiera negado, pero ya que se iba a quedar en el planeta, tenía que tener contacto con él y sacarle la mayor información posible respecto al rey Vegeta y su desaparición.


(...)


—Fui a ver a mi papá —dijo Kyle a Bardock en cuanto se tragó la comida. Como siempre estaban en un salón solitario comiendo y el silencio se estaba volviendo realmente incómodo entre los dos, cosa rara en ellos.

—Qué bien —respondió sin emociones, como siempre, concentrado en la comida, sin mirar a Kyle.

—Tuvieron que operarlo y lo cambiaron de lugar por lo que hiciste, tendrá que pasar mucho tiempo acostado... No era necesario reaccionar así, no fue tan importante —comentó haciéndose la fuerte.

—Tú no reaccionaste como si no fuera tan importante.

—Me atrapó de sorpresa —respondió intentando bajarle la intensidad al problema, y dejó el plato de lado, interesada en la conversación—. Él es así, él…

—No quieras justificarlo. No te va a ir bien conmigo.

—Está bien, pero al menos prométeme que no volverás a atacarlo.

—Te lo prometo —masculló con una mueca en sus labios que no pudo evitar—. Después de todo, ya no podré acercarme a él, y tú deberías hacer lo mismo.

—Voy a seguir viéndolo —dijo decidida—. No puedo evitar lo que va a pasar con él en algún momento, pero… —Hizo una pausa porque le dolía imaginarlo muerto—. Puedo acompañarlo el tiempo que le queda.

—Pierdes tu tiempo —respondió. No le conmovía en nada verla sufrir por ese demonio—. Sería mejor si lo mataran y ya. Tenerlo con vida va a traer más problemas que beneficios.

—No sigas —articuló molesta, cruzada de brazos.

—Al menos debería estar siendo torturado, pero no, ahora está en una cama con almohadas y…

—¿Estás celoso de él porque le digo papá y a ti no? —preguntó la joven casi sin hacer pausa, y aún así Bardock no la miró por estar atento a la cena.

—No pretendo ser tu padre, Kyle. Soy pésimo y jamás he sabido serlo.

—¿Y sabes qué pasa con Koora al menos? —consultó. Además de Varic, Bardock era el único amigo que tenía en la nave, (aunque ahora no sabía cómo quedaba su relación con el hijo de Karev). Koora era la tercera persona con la que compartía, así que estaba más que al tanto del quiebre entre los dos por lo ocurrido con su padre hace unos días.

—¿Qué tengo que decir para que me dejes terminar de comer en paz?

—¿Te gusta, no? ¿La quieres? —Ya que no tuvo respuesta continuó—. No conozco mucho a Koora pero se nota que está interesada en ti. Deberías ser honesto con ella.

—Eso comenzó antes de que nacieras, no te metas en eso.

—¿Vas a mirarme al menos una vez? —alzó la voz molesta y con un movimiento veloz de su mano logró quitarle el plato antes que él pudiera notarlo.

—Kyle… —también habló más fuerte que lo habitual, pero ella se le adelantó.

—A ti te conozco más tiempo que a ella y sigo sin saber qué hay en tu cabeza. Si eres así porque naciste así o porque es más fácil hacer como si no te importa nada, pero Koora se merece que sigas con ella porque te interesa o que termines, pero no términos medios.

—¿Ahora son amigas porque te dejó ver a Vegeta?

—No somos amigas. La mitad del tiempo intenta decirme qué hacer y la otra mitad trata de que haga lo que quiera sin que me dé cuenta, y eso me molesta más que cuando es directa, pero no es mala, solo está acostumbrada a dar órdenes. —Terminó encogida de hombros.

Bardock tardó un momento en reaccionar antes de ponerse de pie tan rápido que casi tiró la silla.

—Ya me quitaste el hambre, Kyle.

—¿Eso me vas a decir? —preguntó indignada, viéndolo marcharse—. ¡¿Quién es el adulto y el adolescente aquí?! —Al ver que no volvería, acercó el plato de Bardock para terminar la comida y no desperdiciarla.


(...)


—Y así concluye el circuito por la casa —dijo Milk antes de dejar el computador en la mesa de la cocina y sentarse. En la pantalla podía ver a la perfección a sus padres, con los que no había hablado hacía demasiado tiempo.

Ahora que las cosas estaban mejor en el trabajo de Kakarotto, podía usar buena tecnología para comunicarse con ellos, y no solo a través del comunicador, con el que únicamente podía escuchar sus voces.

El lugar es grande y ordenado, muy moderno —comentó asombrado el hombre mayor.

—¿Todos las casas son así o solo la tuya? —consultó curiosa la mujer.

—Sí, mamá —respondió sonriendo—. No es que la gente aquí viva en cuevas, ya te lo he explicado antes. Hay casas mucho más modernas o más humildes que esta.

Pese a la primera impresión que tuvo de su nuevo hogar, ya no sentía que fuese un lugar grande y frío, especialmente cuando compartía con Gohan y Kakarotto que amaron la casa desde el primer momento.

—Está linda —dijo la mujer con rostro más serio. Jamás iba a aceptar que su hija se hubiera ido a vivir a un lugar tan peligroso como Vegetasei.

—¿Y dónde está Gohan? —preguntó el hombre ansioso.

—Está en clases —respondió Milk.

—¿Tienen escuelas en ese planeta? —volvió a aflorar el tono incrédulo de la madre.

—Claro que sí —mintió con voz más aguda. En parte, era verdad, ya que Gohan se encontraba en una escuela, pero no estudiando ni ejercitando su cerebro. En realidad se trataba de una escuela de combate en donde entrenaba casi a diario, pero no tenía deseos de compartir esa información con sus padres, ya que aún le costaba aceptar la idea de que su pequeño retoño se convirtiera en un guerrero.

Pensé que esos salvajes no sabían ni leer —comentó la mujer.

Milk pudo ver en la pantalla como su padre le daba un poco disimulado codazo a su madre. Al parecer los ancianos habían olvidado que los podían ver.

—Hay algunos que no saben, pero sí hay lugares para aprender —exageró—. Yo misma comencé enseñándole a Gohan y luego ayudé a las cocineras de palacio—. Me gusta, me hace sentir bien.

¿Entonces no veremos a nuestro nieto? —preguntó el hombre.

—No en este momento, pero puedo volver a llamarlos más tarde cuando regrese para que los salude. Ahora podemos hablar más seguido. Kakarotto me obsequió este aparato para que podamos comunicarnos.

Si ese saiyajin no te hubiera robado de nuestro lado podríamos hablar a diario y en persona —comentó la mujer encogiéndose de hombros, pero su esposo regresó al tema anterior para no comenzar una discusión sin sentido.

—Muero de ganas de ver y conversar con Gohan. Debe estar grande y fuerte.

—Y muy inteligente —añadió con orgullo Milk—. Está mucho más avanzado que los niños de su edad. Lo van a adorar, es un niño encantador.

—Sería lindo conocerlo en persona —dijo la mujer, pero en esta ocasión no fue confrontacional, sino que esperanzada.

Milk notó el brillo en los ojos de los ancianos.

—No quería arruinar la sorpresa, pero les diré: como Kakarotto está tan bien en el trabajo, tiene acceso a naves y podré usar una para ir a visitarlos y conozcan a Gohan en persona.

—¿Hablas en serio, Milk? ¡¿Van a venir a nuestro planeta?! —preguntó feliz.

—Sí, papá. Le he hablado a Gohan mucho de ustedes y tiene muchos deseos de conocerlos y probar la comida del restaurante.

—Le vamos a hacer todos sus platos favoritos, tienes que enviarnos una lista —respondió la mujer, ahora dichosa.

—Podrán preguntarle ustedes mismos cuando hablen con él más tarde. —Volvió a sonreír con ganas al ver a sus padres tan contentos.


(...)


—¿Me escuchan? —Volvió a repetir Bulma mientras corría al dormitorio con el computador entre sus brazos. Vegeta se encontraba entrenando, por lo que jamás se dio cuenta de lo que ocurría fuera de la habitación—. Trabajé semanas para tener un computador mínimamente decente y poder comunicarme con ustedes. Digan que pueden escucharme.

Sí querida… estamos.

Pese a la interferencia, Bulma identificó la voz de su padre y eso le bastó para sonreír. Le hubiera encantado ver sus rostros, pero se conformaba con oirlos

Sí que te gusta preocuparnos, Bulma

Ahora reconoció a Morgan.

—Lo siento —dijo sin dejar de sonreír—. Perdí mi computador y todas mis herramientas. Tuve que empezar de cero para poder comunicarme con ustedes.

¿Cómo perdiste tus …? ¿Te robaron? —dijo el padre de la joven con tono preocupado.

—No, tranquilo. Fue en un trasbordo de naves. Estaba agotada de tanto trabajar y para cuando ya me di cuenta, mis cosas estaban a cientos de miles de kilómetros de distancia. —Era más fácil culparse que contar que la nave en la que viajaba explotó en el espacio y salió viva casi por suerte.

¿Cuándo volverás? —consultó Morgan—. Ya es mucho tiempo desde que te fuiste.

—No lo sé… Decidí tomar vacaciones, y no sé cuánto tardaré.

¿No estabas ya de vacaciones? —preguntó el ex científico.

—Sí, pero terminé trabajando. Estas sí que son vacaciones.

Entonces te las mereces, querida, pero te olvides de nos…

La joven creyó perder la comunicación, pero luego de largos segundos de ruido blanco, volvió a escuchar a su padre.

—Prometo que al terminar las vacaciones volveré a visitarlos —dijo sin darse cuenta que no incluyó ningún plan de venganza en su acotada agenda.

A no ser que vuelvas a ponerte a trabajar en medio de las vacaciones —comentó Morgan riendo.

—Ya saben cómo soy —respondió de buen humor, y de pronto extrañó mucho las cenas familiares que tenían los cuatro.

Procura descansar bien para que regreses con nosotros. Te extrañamos mucho —dijo el hombre mayor.

—Y yo a ustedes —contestó melancólica, aunque se obligó a sonreír, ya que por fin estaba hablando con sus padres—. No sé cuánto tiempo tengamos para hablar, así que cuéntenme todo lo que ha pasado en mi ausencia.

—No mucho, en realidad —dijo Morgan—. Imagino que tú tienes cosas más interesantes que… ¿O me equivoco?

—No mucho —dijo sonriendo y agradecida de que no pudieran ver su rostro rojo. Si supieran todo lo que ha vivido desde que los dejó, le pedirían de rodillas que volviera enseguida.


(...)


Ya entrada la madrugada, Tarble pudo por fin regresar a su habitación. Debería estar cansado, pero aún continuaba con la adrenalina al máximo luego de todo lo que había vivido en solo un par de días. Pese a que jamás había buscado la aprobación o aceptación de la gente de Vegetasei, disfrutó la nueva forma en el trato aun con ropas diferentes a las de los saiyajin, y a los que no les gustaba para nada, callaban .

Dio unos cuantos pasos al interior de su cuarto cuando encontró un par de prendas tiradas en el suelo: la armadura del guerrero junto con uno de sus guantes. Avanzó un poco más y se topó con el otro guante y la parte de arriba del traje sobre el sillón (al menos en ese momento Broly había recordado la promesa de no tirar la ropa al suelo ), pero evidentemente segundos después volvió a olvidarla, pues cerca de la puerta del baño estaban tirados los pantalones y botas. En lo que desabotonaba el abrigo, Broly salió del baño, aún con el cuerpo mojado y una toalla sobre la cabeza. Ninguno habló enseguida, pero la sonrisa cómplice de ambos fue decidora. Había sido un buen día para ambos.

—No solo me escupiste, ahora tiras la ropa al suelo —dijo Tarble aparentando indignación, sin dejar de mirar a Broly que se fue a sentar a los pies de la cama, donde continuó secando su cabello.

—Las otras veces que te he escupido te ha gustado —respondió confrontacional, aún en su papel de guerrero rebelde.

Tarble debió esforzarse por no reír, pero el suave rojo en sus mejillas lo delató.

—Debería cumplir con mi amenaza y castigarte —sentenció luego de recobrar la compostura y lanzar el abrigo al sillón.

Broly lo miró desafiante y respondió cuando ya lo tuvo a su lado.

—Hazlo si te atreves, pero que sea con tus propias manos.

—¿No lo he hecho antes, ya? —respondió altanero, mirándolo a los ojos. Y de un momento a otro los dos rompieron el personaje y se sonrieron, volviendo a esa normalidad que tanto disfrutaban cuando estaban solos. Permanecían atentos a las energías externas, los más cercanos eran los guardias de Tarble y no había ningún otro ki merodeando por el lugar. Tenían algunas horas para compartir en paz antes de volver a pretender.

—¿Qué tanto lo compró Torn? —preguntó Broly.

—Todo —respondió y tomó la toalla del guerrero para continuar secándole el cabello—. No es difícil creer que un guerrero de tu nivel no esté satisfecho conmigo. Tu idea de discutir frente a Torn fue excelente, ahora solo hay que esperar a que te contacte.

—Ya me habló el soldado de un general. Quiere que vaya a verlo para hablar.

—¿Sí? Qué rápido corren las noticias —dijo sorprendido y satisfecho—. Deberías aceptar e ir a hablar con él.

—¿Tú crees?

—Claro. No tienes que aceptar, pero así se va a hablar más de ti y serás más atractivo para Torn.

—Está bien, lo haré —murmuró, y le quitó la toalla para arrojarla al suelo, a sabiendas que Tarble no le gustaba el desorden.

—En verdad quieres que te castigue —dijo levantando la ceja y mirando la toalla en el suelo. Estuvo a punto de alejarse para levantarla, pero el guerrero lo tomó del pantalón y lo atrajo de un tirón.

—Me gustas más con armadura de guerrero —comentó Broly mientras le desabotonaba la camisa negra, pero no se la quitó—. Aunque esta ropa tiene lo suyo… ¿Ya tienes pensado qué guerrero va a tomar mi lugar? Necesitas alguien poderoso y de confianza que te acompañe, especialmente ahora —dijo mientras le pasaba las manos por el abdomen.

—Me encargaré de eso durante el viaje. —Con los pies se encargó de quitar los zapatos, mientras Broly saboreaba su torso.

—Hay algunos nombres que te puedo recomendar.

—Lo tendré en cuenta… De alguna forma tú también harás lo mismo, cambiarás de príncipe —comentó observándolo, con las manos en su cabello.

Broly hizo una pausa para mirarlo. Sabía muy bien que hablaba de Torn, pero no perdió oportunidad para recordarle el episodio en la biblioteca.

—Hay más de un príncipe interesado en ocupar tu lugar —dijo sonriendo de lado, y más aún al ver que Tarble entendió a la perfección lo que quería decir.

El joven quedó un segundo boquiabierto ante aquel comentario, pero pronto reaccionó frunciendo el ceño.

—Primero que todo, ese… —se obligó a desacelerarse y calmarse antes de continuar—. Rasp no es príncipe de verdad, le regalaron el título porque su madre se casó con el rey. Y segundo, ya me olvidé lo que pasó.

—¿Seguro? Porque no parece —preguntó con las manos en las piernas del príncipe. Definitivamente ese pantalón ya estaba estorbando, quería sentir su piel—. Porque tu rabo está erizado, igual que en la biblioteca —comentó mirando la extremidad de Tarble que hace un rato había dejado su cintura y se había estado moviendo relajada ante sus atenciones.

—Estás pidiendo a gritos que te castigue. —Regresó a la apariencia seria que debió fingir cuando pelearon ante Torn y sus hombres.

—Ya te lo dije, mientras sea con tus propias ma… —No terminó la oración. Tarble lo tomó con brusquedad del cuello y aplicó fuerza para obligarlo a subir por completo a la cama para lanzársele encima sin darle tiempo a reaccionar.

Los dos forcejearon al mismo tiempo. Tarble para mantener el control y Broly para recuperarlo.

—Quieto —ordenó Tarble, afirmándolo de las muñecas y apretando los muslos en su abdomen—. Quieto —repitió con tono de mando, y ya que no tenía oportunidad de ganar ante la fuerza de Broly, sacó provecho a que conocía sus puntos débiles. Liberó una de sus muñecas para recargar la mano abierta sobre su pecho, justo donde tenía una herida a causa del combate con Vegeta y que no había sanado del todo por no respetar los descansos y entrenar a diario.

Broly apretó los dientes por el dolor, sin embargo no se calmó. Trató una vez más de ganar la partida, pero Tarble volvió a ejercer presión con toda la mano y no se detuvo hasta que dejó de moverse.

—¿Satisfecho? —preguntó con voz profunda.

—Aún no —respondió acomodándose mejor en la cadera del guerrero para mecerse sobre su erección. Sin dejar de moverse se inclinó y depositó un suave beso en la herida del pecho y volvió a presionar, pero ahora solo hasta el punto en que el dolor se confundía con placer.

Broly no resistió más y agarró al joven del cuello para reclamar su boca. Excitados por el forcejeo y todo lo que había hecho en solo un par de días, sus cuerpos reaccionaron con rapidez ante los besos y roces bruscos. El guerrero separó las piernas para que Tarble pudiera acomodarse entre ellas, y arrodillado, se bajó los pantalones solo lo suficiente para continuar.


Horas después la pareja descansaba en silencio y relajada. De un momento a otro la conversación cesó y solo quedaron las caricias y el calor del otro. Si no fuera porque se encontraban en un lugar hostil para su relación, el momento sería perfecto.

Broly, que estaba cómodamente apoyado sobre el abdomen de Tarble sintiendo la mano acariciar su cabello, cerró los ojos por un momento y se dejó llevar por el cansancio. Los dedos del príncipe poco a poco fueron moviéndose más lento hasta que se detuvieron por completo y los dos cayeron rendidos.

—Tengo que irme —balbuceó Broly cuando entre la inconsciencia del sueño cayó en cuenta en el lugar y situación que se encontraban. Sin muchos ánimos se estiró, haciéndose la idea lo arriesgado que era permanecer en el cuarto de Tarble luego de lo bien que resultó lo que habían hecho.

—Sí, es mejor —respondió Tarble luego de bostezar. Aún no comenzaba el día en Vegetasei, lo mejor era empezarlo separados.

El guerrero dio besos sonoros a Tarble desde el ombligo, subiendo por el abdomen, el pecho, hasta llegar al cuello, haciéndolo sonreír por culpa de la barba, que aunque estuviera más corta y ordenada le provocaba cosquillas. Se besaron un par de veces y finalmente se levantó para ir por su ropa que continuaba repartida por la habitación. Al pasar junto a un espejo, notó en su hombro la marca de los dientes de Tarble junto con rastros de sangre fresca. Había sido un recuerdo, muy al estilo saiyajin, que se habían hecho el uno al otro ahora que tendrían que volver a separarse. Una marca así no se iría fácilmente, ni siquiera en él que sanaba más rápido que el común de los saiyajin.

—Ve a dormir, al menos un par de horas —susurró Tarble. Bostezó una vez más y se acomodó boca abajo abrazando una almohada.

Cuando Broly ya estuvo vestido, armadura incluida, arropó a Tarble, besó su cabeza y se retiró. Le haría caso e iría a dormir, pues tenía mucho que hacer y necesitaba recuperar energías.


El joven no supo si su scouter comenzó a sonar en cuanto Broly se marchó o una o varias horas después, pero cuando la idea de que pudiese tratarse de Kyle cruzó por su cabeza, no tardó en reaccionar para tomar el aparato y llevárselo al oído.

Veo que sigues con vida —dijo la voz femenina.

Pese a la interferencia, Tarble supo enseguida quién era.

—Bulma —dijo aliviado—. Me alegra oírte bien.

A mí también —respondió e hizo una larga pausa que Tarble no supo descifrar si se debía a la mala conexión o porque estaba pensando qué decir, aunque pronto se lo aclaró.

—¿Sigues ahí? —preguntó sentado y completamente despierto.

Sí. Como bien sabes, perdí todo mi equipo y la nave… no es de las mejores.

—Entonces no creo que sea buena idea tener la conversación pendiente ahora —dijo concentrado en la voz de su amiga que se escuchaba como si estuviera hablando dentro de un pozo profundo—. A no ser que así lo quieras.

No —corroboró Bulma—. No tengo buena señal para eso, y nos tomaría mucho tiempo y creo que estaríamos hablando una semana entera… Solo quería decirte que estamos bien, y de paso saber que tú también lo estuvieras…

Tarble tuvo problemas para entender las últimas palabras de Bulma, pero no le pidió que lo repitiera, pues había algo más importante y tenía que ver con su madre.

—¿Dónde están? —consultó interesado.

—... nave... Ningún destino aún… —respondió y agregó enseguida—. No puedo dejar de pensar… pediste. Lo repaso una y … no logro descifrarlo.

—Te lo diré, pero necesito que me digas una ubicación, algo, deben de tener en mente un destino —dijo y se puso de pie. Cuando dio el primer paso sintió dolor al interior del muslo derecho, donde los dientes de Broly estaban profundamente marcados. Se llevó la mano a la herida palpitante y luego observó un par de yemas manchadas de sangre.

Si no me dices… averiguarlo por mi cuenta, sabes que puedo.

—Estoy consciente de que eres capaz de lo que quieras, pero escúchame, esto es muy importante, Tienes que decirme dónde estarás con Vegeta… ¿Bulma, me escuchas? —No podía decirle la verdad. Le había prometido a su madre que Vegeta se enteraría por ella que se encontraba con vida.

Vegeta ni siquiera sabe que estoy hablando con… ¿Por qué tanto interés en… paradero?

—Es largo de explicar, pero te aseguro que pronto entenderás… ¿Bulma? ¿Bulma?

Escuchó su voz y su claro intento por sacarle la verdad acerca del deseo, pero al parecer, ahora no lo escuchaba de regreso, pues no respondió a ninguno de sus llamados. Luego de un par de minutos de oír su voz hubo interferencia y después nada.

Resignado se quitó el scouter de la oreja y corrió un poco la larga y pesada cortina para ver al exterior. Ya estaba saliendo el sol, lo que significaba que había alcanzado a dormir un poco luego de la partida de Broly. Miró la cama, se veía tentadora, pero terminó dirigiéndose al baño, necesitaba una ducha y ponerse a trabajar. No se molestaría en llevar su scouter a sus hombres para que rastrearan la llamada, con Bulma ese tipo de cosas no funcionaba.


Koora 11 - Bardock 14


Sin ponerse de acuerdo, como cada día luego del arduo entrenamiento, la pequeña niña llegaba hasta las cercanías de palacio y esperaba a su padre que siempre terminaba de trabajar a la misma hora. Luego de un beso en la cabeza (saludo que jamás pasaba desapercibido al ser una muestra de cariño que solía hacerse en la intimidad de las cuatro paredes), la pareja voló en dirección a su hogar, y como era costumbre, se contaron todo lo que hicieron durante el día. El hombre le relató a grandes rasgos su trabajo con el Rey Vegeta y cómo tuvo que volver a escribir los contratos casi siete veces porque ni el monarca ni los reyes "amigos" lograban ponerse de acuerdo en la redacción y uso de ciertas palabras, lo que casi terminó en un combate en medio del salón. Mientras que Koora le informó sus avances en el entrenamiento y que la habían felicitado por su avance, aunque no sentía merecerlo, ya que creía que el trato preferencial que le tenían se debía a lo famosa que había sido su madre.

¿Y por qué crees eso? —preguntó el hombre con voz suave, atento de su hija. Afirmaba con ambos brazos y contra su pecho para que no se escaparan a mitad de vuelo, el maletín de cuero gastado donde llevaba los cuadernos y documentos de su trabajo.

Desde un comienzo los entrenadores fueron diferentes conmigo. Aún no habían visto de lo que era capaz y ya me daban el favor, y todos mis compañeros se dieron cuenta de eso, y lo odio —respondió la jovencita que también llevaba material de su padre en un estuche oscuro.

Desde eso ha pasado un tiempo, ya has demostrado lo que vales. Eres la más joven de tu grupo, eso es importante, siéntete orgullosa de tus logros.

No me gusta el trato preferencial. No soy mi madre. Si voy a ganar algo va a ser por mis méritos —respondió con el ceño fruncido.

Eres igual a ella, en muchos sentidos, no solo su fuerza y aspecto, y es un peso que tendrás que llevar siempre, pero aún eres joven, y tienes mucho tiempo para hacer que comiencen a verte como un individuo aparte del recuerdo que dejó tu madre —dijo el hombre sonriendo. Su mirada suave y cejas gruesas lo hacían lucir diferente a la mayoría de los hombres de palacio. Y claro, él no era un guerrero, más bien un hombre de letras y números que había tenido suerte de trabajar en palacio y por ese motivo terminó conociendo a una de las mejores guerreras del planeta que curiosamente se fijó en él.

Sea como sea tengo que esforzarme más.

Nadie dijo que la vida en este lugar fuera fácil. De algún modo u otro algo ocurrirá para recordarte que vives en Vegetasei —respondió sonriendo, como si estuviera resignado, haciendo que por fin ella soltara una sonrisa.

Eso nos hace fuertes, ¿no?

Así es, Koora.

Padre e hija descendieron cuando ya vieron su hogar desde las alturas. La casa se encontraba en un sector tranquilo del planeta, donde vivían guerreros que iban en ascenso y gente que tenía puestos importantes en palacio y no necesariamente relacionados con fuerza física, como era el caso del padre de Koora.

¿Entonces qué vas a hacer mañana? —preguntó el hombre sin dejar de mirar a su hija.

Seguir esforzándome hasta que comiencen a hablar de mí y no de los logros de mi madre.

Así es, y también valorar cara triunfo, sin importar su tamaño. Ahora ve a bañarte y después bajas a ayudarme a cocinar la cena.

Si gustas puedo ayudarte a corregir los documentos, pero me gusta cocinar —dijo arrugando la nariz, recordándole a su padre que solo tenía once años y se trataba de una niña pese a su comportamiento maduro.


Más tarde, como cada noche hace un par de semanas, la niña salió con un emparedado grande y generoso envuelto en papel y se sentó en el escalón de la entrada a esperar. Se distrajo viendo a la gente pasar, todos concentrados en sus asuntos, sin detenerse a conversar o hacer vida social. En más de una ocasión revisó si su cabello largo continuaba ordenado y tirante en la cola que había hecho, y en cuanto a las heridas por el entrenamiento… Eso le gustaba, la hacía lucir mayor, ya que por su baja estatura todos pensaban que era mucho menor.

Pensé que no ibas a venir —dijo cuando vio al adolescente acercarse a ella, y sin saludar se sentó a su lado.

Me dormí en el bosque —respondió Bardock, concentrado en la comida que la niña había preparado para él.

¿Qué estabas haciendo allá? ¿Andabas en la Zona? —preguntó en tono de reproche observando las heridas frescas en su rostro.

¿Lo dices por esto? —dijo apuntando su labio roto que ardió por culpa de la salsa picante, pero no importaba, estaba delicioso—. Fui a la Zona a apostar, pero no peleé. Eso lo hizo mi padre —comentó con desprecio.

Volviste a casa —comentó sorprendida.

Quería ir por mis cosas, pero el hijo de puta estaba esperándome, y ya te puedes imaginar el resto. —Se encogió de brazos y volvió a engullir un trozo grande de pan.

¿Cómo te sientes?

Tarde o temprano pasaría, ya no tenía nada que hacer en ese lugar —respondió más preocupado de la comida, como si el otro tema no tuviera ninguna relevancia.

Puedo ir por algo para limpiar las heridas.

Un cigarro me vendría mejor. Ve a robarle uno a Tarble.

Mi papá no fuma, pero puedo preguntarle si te deja dormir con nosotros un tiempo. No puedes dormir en el bosque toda la vida.

¿Quién dice que no?

Déjame ayudarte, ¿somos amigos, no? —insistió.

Solo nos conocemos porque tu casa queda cerca de la mía, niña, nada más.

Siempre terminas viniendo aquí cuando tu padre te golpea o corre de casa, no digas que no somos amigos —respondió molesta.

No comiences a dar lastima —dijo Bardock. Solo le quedaban dos mordiscos para terminar su cena.

¿Lastima yo? —dijo con sus ojos bien abiertos. Se puso de pie, se paró frente al joven cruzada de brazos—. No soy quien recurre a una niña de once años cuando tiene problemas. Dime. ¿Tienes pensado qué hacer con tu vida?

Ni siquiera sé qué voy a comer mañana —dijo con calma.

Eres poderoso, podrías buscar un escuadrón para unirte.

¿Para hacer todo el trabajo duro y que se lleven todo el motín y yo quede con prácticamente nada?

Así es como todos comienzan, después si destacas te pagarán más. No creo tener que decirte como funciona todo, lo sabes muy bien.

Mejor voy a la Zona y hago dinero ahí.

¿Cómo el que hiciste apostando hoy y por eso viniste hasta acá en busca de comida?

Bardock solo la quedó mirando. Cómo le había golpeado la respuesta de la niña.

No todos tienen la vida planeada como tú, Koora.

No, pero puedes empezar por algo. Busca una misión, un objetivo y mantente ocupado en algo.

Tal vez tengas razón —dijo, y limpió sus manos con el papel en el que venía envuelto el emparedado que ya había terminado—. Lo mejor sería tomar una nave y largarme de este lugar.

Cuando sea mayor también voy a buscar misiones, tal vez coincidamos en alguna —dijo sonriendo y volvió a comprobar que su pelo estuviera ordenado.

Lo dudo mucho. Mientras yo esté en una misión de mierda tú vas a estar trabajando para un escuadrón de élite.

Como sea, vas a estar mucho mejor trabajando que perdiendo tu tiempo en la Zona.

Hablas como una mujer mayor —comentó en tono de burla.

Y tú como un niño —respondió igual.


(...)


Koora no notó el momento en que Bardock entró al cuarto de entrenamiento. Estaba tan molesta y dolida entrenando, enfocada en un adversario imaginario, al que golpeaba sin parar y hubiera atacado con potentes rayos de energía sino se encontrara al interior de una nave en medio de la nada. Necesitaba llegar pronto a la base principal para dejar a Vegeta encerrado y escondido en un mejor lugar y luego concentrarse en el trabajo para no pensar más en lo que se estaba llevando toda su energía y concentración pero que no quería enfrentar.

—Koora —llamó a la mujer para que se detuviera. Era ahora o nunca.

La guerrera se detuvo, jadeante y agotada. Miró a Bardock con ojos duros y permaneció en su lugar.

—¿Ocurrió algo?

—No —respondió y estuvo a punto de buscar un cigarro, pero se detuvo. No sabía bien qué diría, todo esto era nuevo, así que necesitaba estar concentrado solo en ella—. Quiero que hablemos.

Koora se quitó la polera holgada y la usó para secar el sudor en su cuello y pecho.

—Te escucho —respondió sin hacerse expectativas.

Bardock avanzó hacia ella antes de hablar.

—Respecto a lo que pasó —comenzó—. No volverá a pasar… Me aproveché y no respeté tu cargo.

—Disculpa aceptada —dijo aún con expresión seria—. Pero es con el soldado que agrediste que tienes que hablar. En este lugar pertenecemos todos al mismo bando, no nos agredimos.

—Hablaré con él —respondió.

—¿Algo más?

—¿Qué más quieres que diga? —preguntó de forma honesta, pero con su típico tono, lo que hizo que Koora no se lo tomara bien.

—Ese es el problema, Bardock —respondió y dejó salir lo que sentía, algo que simplemente no había podido hacer en la reunión con sus otros hombres. Allá había sido la reina hablando, ahora podía ser simplemente Koora—. Siento que estás conmigo solo porque no te puedes marchar porque Kyle está aquí.

—No es así —dijo, pero Koora siguió. Necesitaba decir lo que sentía.

—Ya no se trata de mí acostándome contigo para fastidiar a Vegeta y conformándome con las migajas que me dabas mientras vivías el duelo por la muerte de tu mujer. Pensé que eso había quedado claro. Si vamos a estar juntos esta vez es porque los dos lo queremos y punto. Yo quiero estar contigo. ¿Tú quieres estar conmigo?

—No sé ser diferente.

—Era tan simple como decir que sí o no, Bardock —dijo dolida—. Tampoco soy la niña enamorada del desastre de adolescente que no sabía qué haría con su vida. No tengo tiempo para eso… No es necesario que te vayas, puedes quedarte, Kyle te necesita. —Caminó hacia la puerta, pero antes de que se abriera, el hombre le habló.

—Espera —dijo. Alcanzó a la mujer antes que saliera, y puso la mano en el seguro electrónico de la puerta para que no saliera—. Dame una oportunidad —pidió mirándola a los ojos—. Sí quiero.

Koora pareció pensarlo antes de responder.

—No pretendo obligarte a nada, no tien…

—No. —Ahora fue turno de él para interrumpir—. Quiero quedarme aquí, por Kyle y por ti y quiero seguir ayudándote.

—Está bien —respondió contenida, evadiendo su mirada. Ya era mayor para saltar a sus brazos con lo poco o nada que tenía que ofrecerle—. Veré qué puedes hacer. Ahora tengo una reunión, más tarde ya sabes dónde encontrarme. —Acercó su mano hacia la del hombre para que la quitara del seguro electrónico y dejara que la puerta se abriera.

Esta vez salió del lugar y Bardock no la siguió, pero ya no se quedaría sin hacer nada.


(...)


Bulma se asomó al pequeño cuarto que era la cocina de la nave. Se mantuvo escondida detrás de la pared observando a Vegeta que estaba de lado y cocinaba concentrado. Afortunadamente para ella, Vegeta era el encargado de la comida, y gracias a eso jamás tenía que poner un pie dentro de ese lugar, salvo para comer. Guardó silencio y procuró que el hombre no se diera cuenta de su presencia, tal como le había dicho. Tenía que poner en calma cuerpo y mente hasta que los latidos de su corazón se apaciguaran. A simple vista, sonaba como algo simple, pero ya llevaba varios días intentando sorprender a Vegeta sin éxito.

Ahora entendía por qué Tarble y los demás saiyajin habían estado tan empecinados en buscar su ki y ganar la competencia cuando convivieron en la nave y aprendían a sentir el ki. Ella no estaba haciendo exactamente lo mismo, su entrenamiento era para esconder su propia presencia, pero ya estaba obsesionada por lograrlo, típico a su forma de ser. Este era un reto distinto a los que estaba acostumbrada a imponerse.

Sin proponérselo, fijó su atención en las manos del hombre mientras cortaba y picaba una verdura color naranjo. Le encantaban sus manos masculinas y más aún ahora haciendo algo tan simple como una tarea casera. Eran cosas como esas las que hacían que olvidara todo el pasado de ese hombre para continuar conociéndose, como si todo el tiempo que llevaban viajando no fuese suficiente. Pero necesitaba más, mucho más. Después de todo, durante el tiempo que estuvo estudiando, rechazó a cualquier pretendiente por simples detalles, y en cambio con este saiyajin…

—Te desconcentraste —dijo Vegeta sin dejar su tarea.

—¿Qué? —preguntó e hizo una mueca al caer en cuenta que Vegeta había notado su presencia—. ¿Cómo te diste cuenta?

—Ibas bien, pero perdiste la concentración y tu presencia prácticamente me gritó que estabas ahí escondida. —Dejó el cuchillo y la verdura para mirarla—. ¿Qué te distrajo?

—Nada —mintió observando sus manos. Sintió como su humor se arruinaba a causa de su nuevo error. No estaba acostumbrada a fallar tantas veces en algo—. Es tu culpa, por estar ahí haciendo el almuerzo con tus manos —exclamó y se retiró del lugar dejando a Vegeta totalmente confundido por ese tipo de respuesta.

El saiyajin decidió retomar el trabajo, no porque disfrutara de cocinar a diario, lo que sí le gustaba era comer todos los días, y era el único de los dos capaz de hacer algo decente. Ya que Bulma era tan buena en todo, podría también haber sido buena cocinera, pero no, esa habilidad se iba a la lista de cosas que la joven no quería intentar o era pésima, junto con la capacidad de limpiar y ser ordenada. De todas las mujeres en el universo tenía que fijarse en la más caótica y mala cocinera.

—Ya te dije que no se trata de ser silenciosa —dijo cuando sintió su ki acercarse—. Tienes que concentrarte en relajar tu cuerpo y mente.

Frustrada, Bulma gritó y saltó a la espalda de Vegeta. Se aferró a su cuello y le abrazó la cintura con las piernas.

—Eso es todo lo contrario a relajar cuerpo y mente —dijo Vegeta con calma.

—Eso intento —respondió tensa, mordiendo su mejilla.

—Creo que esto no es lo tuyo —dijo sin dejar de preparar el almuerzo, como si no la tuviera sobre su espalda.

—Lo voy a lograr, ya vas a ver.

—Vas bien encaminada, Bulma —ironizó. Se quejó cuando Bulma mordió más fuerte.


(...)


Pese a que le hubiera encantado seguir durmiendo, el hambre fue más fuerte que todo, así que a Ginn no le quedó más opción que levantarse, vestirse y revisar la herida en su mejilla antes de salir del pequeño cuarto de la nave. Aún estaba fresca y palpitante, por lo que la mantuvo cubierta con vendaje.

Caminó en silencio por los corredores de la nave, topándose de vez en cuando con tripulantes y otros viajeros como ella, que en ningún momento pensaron que se trataba de una saiyajin, debido a su baja estatura y la ropa holgada que llevaba ocultaba su rabo y cuerpo tonificado. La nave en la que viajaban era tan grande, que podría estar un mes entero recorriéndola y siempre encontraría un lugar nuevo por conocer, pero afortunadamente, tenía la capacidad de sentir el ki de las personas, por lo que no le fue problema rastrear a Raditz, que tal como imaginaba, estaba en una de las tantas cocinas de la embarcación.

Admiraba la facilidad de Raditz para acercarse a la gente y no provocar rechazo pese a que su cuerpo y apariencia gritaban que se trataba de un saiyajin, pero tal como lo pensaba, cuando llegó a la cocina, lo encontró cocinando como si fuera uno más del lugar. A su lado estaban los trabajadores conversando diversos temas sin importancia y preparando los cientos de platos para ese piso de la nave, y vaya que tenían que hacer milagros con los ingredientes que tenían a mano, ya que esta sección era de las más baratas, por lo tanto no había mucha variedad o calidad en la comida.

Se acercó a un escaparate metálico, sacó una pieza entera de pan y se fue a sentar a un mesón solitario. Solo tuvo que poner cara de pocos amigos para disuadir al trabajador que pretendía pedirle regresar la comida. Sí, la ropa ocultaba sus rasgos saiyajin, pero el personal del lugar ya sabía quien era, precisamente por Raditz, y nadie era lo suficiente valiente o estúpido para ponerse a discutir con una saiyajin por una simple pieza de pan.

La herida en la mejilla le impedía comer como solía hacerlo, así que no le quedó otra opción que llevarse bocados pequeños a la boca y masticar lentamente. Se entretuvo mirando a Raditz cocinar y conversar, lo que la hizo perderse en sus pensamientos. Ahora que estaba mejor y analizaba lo sucedido, caía en cuenta que jamás había estado tan cerca de la muerte, al igual que Raditz. Eso le hacía replantearse todo. Aún quería tener hijos con él, pero ¿quería hacerlo en Vegetasei? Hace mucho tiempo que dejaron las misiones violentas y purgas, lo que significaba que sus hijos tampoco participarán en ellas, pero si continuaban viviendo en ese planeta sus hijos lo verían como algo normal, lo cual no quería, pero si lo acostumbraban a este estilo de vida diferente terminarían sufriendo las consecuencias al no encajar en un lugar así… No podía creer que aún ni intentaba embarazarse y ya estaba preocupada por la crianza de hijos imaginarios, algo que nunca antes le había interesado, hasta que Raditz se lo mencionó. Todo indicaba que tendrían que abandonar el planeta, pero era difícil imaginar una vida afuera. Estaba tan arraigada la pertenencia en Vegetasei en la cultura de los saiyajin que pensar en abandonarlo era como renunciar a uno mismo, cuando ya casi lo había hecho en el momento que decidió no asesinar más por placer y ganarse la vida de otra forma.

Raditz perdió la concentración en lo que hacía cuando sintió el ki de Ginn a pocos metros de ella, y sonrió al verla intentando comer un pan que seguramente había sacado sin permiso. Se limpió las manos y fue con ella.

—Pensé que dormirías hasta mañana —dijo cuando llegó a su lado y se arrodilló junto a sus piernas.

—Yo también, pero moría de ganas de comer pan añejo y duro.

—Aquí está el mejor de la nave —dijo sonriendo, con las manos apoyadas las piernas de Ginn.

—Solo por ti no he ido a los niveles superiores a robar comida de verdad.

—Ya queda poco para llegar a Vegetasei y te haré un banquete con tus platos favoritos.

—Estás impaciente por llegar —comentó sonriendo de lado, pero se encargó de volver a quedar sin expresión. Era la mejor manera para que la herida no doliera, lo que la hacía lucir más intimidante ante las personas del piso que trataban de evadir la mirada intensa y amenazante de saiyajin.

—Sí. Hay cosas que quiero llegar a hacer —respondió intentando no verse ansioso.

—¿Cosas? Estoy al tanto de una, la que involucra una cama, tú y yo. ¿Cuál es la otra?

—Tengo un trabajo nuevo, con Broly.

—¿Trabajo con él? —dijo curiosa.

Era evidente que durante los meses que compartieron viaje y batallas, esos dos habían consolidado una amistad intensa. Le gustaba que Raditz tuviera un amigo como Broly, pero esto no lo había visto venir.

—Te diré más detalles cuando lleguemos. No tengo mucha información.

—No sabes de qué trata y aún así estás interesado —dijo levantando una ceja, y se tuvo que recordar no sonreír. Eso tenía Raditz que le encantaba, la hacía sonreír mucho—. Está bien. Espero que les vaya bien.

Raditz se le acercó a la boca y depositó con suavidad sus labios para no lastimarla.

Ginn presionó un poco, hasta que le fuera soportable el dolor, y frunció el ceño cuando sintió ojos indiscretos sobre ellos. Bastó una mirada rápida a los inoportunos para que volvieran a preocuparse de su trabajo y les dieran privacidad.


(...)


—Si me soltaran las amarras podría comer solo —dijo Vegeta a Kyle que estaba sentada junto a su cama con un plato de comida intentando alimentarlo.

—Eso no depende de mí. Lo siento —respondió mientras revolvía la sopa caliente intentando entibiarla.

—Esto es humillante. Ni siquiera tengo energía para atacar, podrían soltarme para comer solo, pero prefieren denigrarme —murmuró con dificultad. Costaba trabajo entender lo que decía, tenía el labio inferior hinchado, al igual que buena parte del rostro, y aún conservaba el collar que controlaba su energía, por lo que la gran cantidad de heridas que tenía no podrían sanar con la capacidad típica de los saiyajin.

Era demasiado peligroso darle siquiera un poco de energía para dejarlo recuperarse, y decidieron mantenerlo en la cama atado de las muñecas y tobillos para controlarlo con mayor facilidad hasta que pudiera regresar a la celda.

—Tienes que comer para recuperarte.

—Para que después me maten. Porque eso es lo que harán conmigo, y lo sabes y lo estás permitiendo. —Se movió un poco intentando acomodarse, pero un dolor punzante recorrió su abdomen y piernas. La extensión de sus amarras era limitada, ni siquiera tenía la posibilidad de sentarse en la cama, y aunque lo tuviera, estaba demasiado herido para lograrlo.

—No digas eso —dijo mirando la sopa. Se sentía culpable, como si fuera cómplice de lo que ocurriría con su padre. Su parte saiyajin veía la muerte como algo normal, de todos los días, pero el otro lado, el que fue criado por Tarble, la hacía sentir el peso de lo que ocurriría.

—¿Y qué hace esa sabandija aquí? —preguntó Vegeta molesto, mirando con desprecio al guerrero que estaba de pie junto a la puerta de la habitación.

El hombre no dijo nada, pero la mirada de odio hacia el monarca bastó para transmitir todo lo que pensaba de él y cuánto estaba en desacuerdo de que estuviera en una cama en lugar de la jaula donde pertenecía, sin ninguna atención a sus heridas.

—No me permiten estar sola contigo —y agregó en voz baja cuando se le acercó para darle sopa—. Tal vez si muestras que te puedes comportar, el guardia podría esperar afuera.

Vegeta bebió y tragó con ganas, pero estaba tan golpeado que fue más un martirio que alivio beber aquel caldo. Si no fuera porque moría de hambre, no consumiría nada.

—Qué estupidez —sentenció, y no dijo más. Si fuera por él, continuaría insultando y amenazando a todo aquel que entrara a la habitación, incluida Kyle, pero antes de la primera visita de la joven, Koora le advirtió que si volvía a lastimarla, lo regresaría a la jaula con todos los huesos rotos y sin tratar.

Tenía que tener paciencia. Ser inteligente e incluso seguir el consejo de Kyle y comportarse. No era mala idea quedarse con la joven a solas, ya que eventualmente podía sacar provecho de lo que sentía por él e intentar persuadirla para escapar con su ayuda. Por el momento era la única forma que se le ocurría para huir. Estaba convencido que sus hombres tarde o temprano lo encontrarían, pero no por eso se quedaría tirado sin hacer nada.

—La próxima vez que venga puedo traerte algo de la cocina —dijo sonriendo. No sabía muy bien qué decir o hacer para reducir el nivel de incomodidad, pero al menos podía estar con él. No quería que pasara los últimos momentos de su vida solo.

Vegeta la contempló preparando otra cucharada de sopa simplona e insípida. Tenía deseos de tirar el plato al suelo y gritarle que era una traidora por dejarse lavar el cerebro por Tarble y Koora, pero se limitó a abrir la boca y tragar con dificultad.

Debía tener paciencia y fingir.


(...)


—Voy a extrañarte —dijo Tarble mientras besaba el rostro de Broly. Estaba sentado sobre el guerrero y ambos en la cama que ocuparía durante su viaje.

—Y yo a ti —respondió Broly. Tomó a Tarble de la nuca y lo detuvo para que los besos se centraran en su boca. Con la otra mano le sujetaba y acariciaba el rabo que se encontraba liberado—. Pero no será mucho tiempo —comentó tranquilo.

—Y será para mejor —respondió recargando la frente contra la de él.

Estaban en un punto solitario de Vegetasei para poder tener la oportunidad de despedirse sin riesgo alguno. Ya habían hablado y puesto de acuerdo sobre cómo trabajarían desde la distancia, ahora solo quedaban las últimas palabras antes del hasta pronto, totalmente diferente a como había sido la primera vez que debieron separarse. En esta oportunidad se encontraban en la misma sintonía, enfocados en un objetivo importante.

Escucharon un golpe desde afuera. Se trataba de un soldado, que sin entrar, informó que la nave ya estaba lista para partir. Eso significaba que Broly debía marcharse.

—Ya tengo que irme —dijo Tarble arqueando las cejas. Estaba preparado para lo que venía, pero como sea lo extrañaría pese a que ahora tendrían la oportunidad de verse más seguido con previa organización al no encontrarse tan lejos como la primera vez.

—Cuídate, y no olvides comunicarte conmigo cuando sea necesario.

—Tú también. Incluso fuera del horario que acordamos.

—Sí —dijo Broly luego de otro beso. Acarició la mejilla de Tarble, concentrado en sus ojos. Sí que lo iba a extrañar.

—Te dejé un regalo —informó el joven príncipe sonriendo. Atrapó la mano de Broly y le besó la palma, pero no pudo seguir cuando el guerrero se movió con agilidad y ahora fue quien quedó arriba.

—Yo no tengo regalo para ti —comentó con el ceño fruncido, le hubiera gustado darle algo.

—Podrás tenerme uno la próxima vez que nos veamos.

—¿Qué regalo es?

—Es una sorpresa. Es para cuando te sientas estresado por toda esta locura y quieras relajarte y alejarte de todo. Tienes que ir a buscarlo a la cabaña.

—Te amo —dijo Broly con voz ronca, ocultando el rostro en el cuello del príncipe.

—Te amo —respondió Tarble acariciando su cabello.

Se abrazaron con fuerza y sus rabos se entrelazaron.


(...)


—¿Qué estás haciendo? —preguntó Vegeta a Bulma que insistía en desordenar su cabello al estar más maleable por encontrarse bajo el chorro constante del agua caliente de la ducha.

—Déjalo así, me gusta —respondió la joven entretenida formando un flequillo con el pelo del saiyajin que se estaba lleno de shampoo.

—Es molesto —comentó, y la tomó de las muñecas para alejar sus manos, pero Bulma las regresó a su cabello en cuanto se liberó del agarre.

—Te ves guapo. Déjame terminar —reclamó concentrada.

Vegeta reclamó con un gruñido, pero le permitió continuar jugando con su pelo.

—Vi unas imágenes tuyas cuando adolescente. Te veías guapo con flequillo, ¿por que te lo quitaste?

—No lo sé, solo pasó —respondió. Y tal como ella estaba ocupada jugando con su cabello, él aprovechó la cercanía para contemplar lo bella que se veía desnuda, empapada y sonriendo despreocupada—. ¿Qué hacías viendo fotos antiguas mías? —preguntó de repente con el ceño fruncido.

—Desapareciste de un día para otro, eras un enigma y te investigué, pero no encontré nada… eras un jovencito tan guapo —agregó coqueta—. Si nos hubiéramos encontrado cuando jóvenes en otro contexto, te hubiera dejado seducirme. —Se preocupó de quitar el resto del shampoo y cuando terminó, abrazó al hombre por el cuello.

—Si nos hubiéramos conocido de adolescentes hubiera sido un desastre —respondió sonriendo de lado y tomando su cintura para acercarla a su pecho. Se besaron un largo rato antes de seguir la conversación.

—Tienes razón —dijo Bulma con la boca contra la de él—. Por lo poco que me contó Tarble de ti y lo demás que escuché por otros lados, no hubiera importado cuan guapo estabas, hubiera preferido al bajito y delgado de tu hermano. —Bajó una mano para tomar el rabo desde la base y se lo apretó, provocando que el hombre la arrinconara.

—¿Qué clase de perversión es esta? —preguntó luego de besar su cuello—. Hablar de la última persona que quiero ver en este momento cuando estoy por cogerte. —Mordió su cuello provocando que la joven soltara un gritito de diversión.

—No te pongas celoso. ¿Estoy acá contigo, no? —Besó la comisura de boca y volvió a apretar el rabo, tal como le gustaba.

—No estoy celoso —se apresuró en aclarar, ignorando la corriente que le recorría la columna cada vez que Bulma presionaba su rabo, y agregó con las cejas arqueadas—: Aunque ustedes fueron tajantes cuando dijeron que llegué un año tarde a ese club raro que tienen los dos.

—No es un club raro, se llama amistad, y no suenas como alguien que no está celoso. —Con la mano libre le arregló parte del flequillo que se había desordenado por el agua.

—¿Tengo que repetir que esta no es la conversación que esperaba para un momento como este?

—Lo siento —respondió Bulma, y cortó el paso del agua—. Vamos a la cama para mostrarte cuánto puedo concentrarme en ti.

Vegeta no respondió, pero la levantó de las caderas y salió del lugar. Solo unos pasos le tomó para caer en la cama donde continuaron besándose hasta que Bulma volvió a hablar.

—Aunque sabes, estos últimos días he pensado mucho en Tarble. —Al ver la cara de hastío de Vegeta y que se movió con la intención de levantarse, lo abrazó del cuello para que permaneciera sobre ella y se apuró en explicar—. Es una curiosidad científica, de aventurera. Imagino que a ti te pasa lo mismo, pero por orgullo no dices nada.

—Habla —dijo esperando que fuera rápido para regresar a lo suyo.

—¿Acaso no tienes curiosidad de saber qué deseo pidió? —Al ver que el rostro de Vegeta se suavizó supo que ese tema también le molestaba.

—Imagino que tienes una forma de averiguarlo —dijo sin una pizca de asombro. Esa mujer que no tenía ni un ápice de poder físico, pero era capaz de todo.

—He estado pensando en algo, ven conmigo—dijo llena de energía. Se puso de pie, tomó una camiseta de Vegeta y salió hasta el puesto de mando de la nave mientras se vestía para proteger del frío su cuerpo mojado. Vegeta no se tomó la molestia de tomar ninguna prenda y fue tras ella, esperando que todo esto valiera la pena.

—Verás… —comenzó Bulma ya sentada en el asiento del piloto, manipulando la computadora de la nave—. Cuando estuve en Vegetasei trabajando para Tarble…

—Veo que no te molesta trabajar para él —la interrumpió cruzado de brazos y piernas, ya sentado a su lado.

—Esa es otra cosa que alguien que no está celoso no diría —respondió mirándolo de reojo con una sonrisa que lo obligó a dejar de mirarla y concentrarse en la pantalla que tenían al frente—. Como sea… Necesitamos saber dónde está Dende. A qué planeta lo envió Tarble cuando lo sacó de la nave antes de que explotara. En ese momento de adrenalina no había tiempo para pensar a qué lugar mandarlo.

—A esta altura puede estar en cualquier lugar de la galaxia. ¿Esa es tu grandiosa idea? ¿Para esto me sacaste de la cama? —refunfuñó mientras con ambas manos desarmaba el flequillo que Bulma se había esmerado tanto por formar.

—Vamos, Vegeta, ya me conoces. Y también conoces algo a tu hermano, no creo que haya enviado a ese niño a cualquier lugar para que quedara a su suerte —respondió tecleando a esa velocidad que solo ella era capaz. El cerebro de la nave era mucho más limitado que las naves que acostumbraba pilotar, pero lograría lo que quería aunque le costara un poco más.

—Hay algo que sabes y yo no —dijo atento a ella y a la pantalla.

—Tarble posee planetas —respondió concentrada.

—Todos los saiyajin importantes tienen. Como príncipe activo debe tener decenas. ¿Pretendes que busquemos en todos los planetas de Tarble?

—Hay una lista más reducida —confesó la joven—. Planetas que no están en la lista oficial de Vegetasei y que Tarble se encargó incluso de tener ocultos de los radares.

—Y tú sabes dónde están.

—Así es.

—¿Por qué Tarble tiene planetas escondi…? —No terminó de formular la pregunta cuando tuvo la respuesta—... Koora hacía lo mismo —susurró sorprendido, pero no de que Tarble sea capaz de eso, sino de no haberse dado cuenta antes. Simplemente pensó que su hermano se había rendido e intentado encajar con el resto para sobrevivir en un lugar tan hostil como Vegetasei. Sí, había escuchado que los ejércitos de Tarble dejaban mucho menos bajas y destrucción en comparación con otras milicias saiyajin, pero lo asoció a la manía de su hermano de que todo estuviese ordenado y perfecto.

—Siguió el legado de su madre —comentó ocupada en su búsqueda.

—Tarde o temprano hará que lo maten —dijo para sí mismo, encogiéndose de hombros, como si no le importara y cambió el tema—. Entonces, ¿la lista de planetas se reduce a cuánto?

—Solo cuatro —dijo antes de apretar una última tecla. La ubicación de los cuatro planetas aparecieron en pantalla—. Y dos de ellos no están muy lejos. Son lugares tranquilos donde hay refugiados de distintas razas que perdieron su hogar. Es perfecto para enviar a Dende.

—Se supone que en dos de esos puntos no hay ningún planeta con vida —susurró estudiando el mapa estelar—. Sabandija lista, no cometió los mismos errores que Koora.

—Cómo científica que soy, detesto no tener respuestas. Quiero saber qué deseo pidió y ese niño nos puede decir. Cuando lo encontremos yo hablaré con él, tú te puedes esconder.

—Ya estás dando por hecho que quiero pasar varios meses de mi vida en algo que se supone quería olvidar.

—¿Entonces no quieres saber qué deseo pidió?

—¿Esto no se trata de volver a buscar las esferas? —preguntó desconfiado y notó como el rostro de Bulma se puso tenso. Definitivamente no le había gustado la pregunta.

—Eso lo di por terminado mucho antes de que las reuniéramos todas, ya te lo había dicho —dijo seria. Entendía que lo preguntara y desconfiara, pero no por eso no dolió—. Entonces. ¿Quieres o no? ¿Vamos a buscar al niño verde o volvemos a nuestras vidas?

—No tengo una vida a la que regresar. Vamos a buscar a ese maldito niño —respondió sin dudar.

Bulma recuperó la sonrisa y programó la nave para que cambiara de rumbo.

—Allá vamos —dijo con ojos brillantes. Le encantaba tener una excusa más para continuar con Vegeta y el hombre se encontraba en la misma situación respecto a ella—. Una nueva aventura nos espera.

—La cama nos espera —la corrigió y tomó de la mano para llevarla de regreso a la habitación.


(...)


En cuanto Broly llegó a su viejo hogar, la cabaña en las montañas, notó que había algo diferente. Antes de acercarse a la puerta, percibió olor a pintura recientemente seca y a limpieza, solo le tomó un vistazo rápido para notar que ya no había ninguna tabla fuera de su lugar y las ventanas tenían todos los vidrios intactos, muy diferente a como la última vez que la vio, totalmente opuesta a como la recordaba desde hace más de quince años que es cuando ya nadie se preocupó de ella y comenzó a deteriorarse.

Una vez en el interior, debió quedarse junto a la puerta para contemplar el lugar en su esplendor. Tenía muebles nuevos, todo ordenado como si jamás hubiera estado abandonada. Tarble no solo la había mandado a restaurar, también estaba completamente equipada, para vivir en ella o guarecerse cuando sintiese que lo necesitaba.

Revisó el cuarto que había compartido con Tarble la primera vez que estuvieron juntos y cada vez que necesitaron un lugar aislado para estar tranquilos y sin riesgos a ser encontrados, justo antes de abandonar el planeta ya hace mucho tiempo (al menos se sentía como si hubiera transcurrido más tiempo del real). Ahora tenía una cama grande y cómoda, cosas tan simples como cobertores y muebles que no se caían a pedazos. Le hubiera gustado que Tarble estuviera, pero encontró algo de él en la habitación. En un mueble junto a la ventana habían algunos de los libros que lo vio recolectar en la biblioteca para llevarlos en la cápsula. Ahora entendió porque se llevaba precisamente esos que no eran de su gusto, en cambio para él sí.

Luego de recorrer el lugar, asombrado de lo mucho que había cambiado, terminó en la cocina. El refrigerador era ancho, casi tan alto como él y estaba repleto de cosas deliciosas para comer o para preparar. Eso lo hizo sonreír y que crecieran las ganas de pasar unos días en la cabaña cocinando y descansando. Los muebles de la cocina, al igual que todo en la cabaña, eran nuevos, así que sería interesante cocinar algunas de las recetas que aprendió de Raditz.

Un impulso lo hizo recargarse en uno de los muebles cercano al fogón. Pese a estar sentado y sus pies tocaban en el suelo, sintió casi como si pudiera balancear unas piernas cortas y delgadas, mientras que con manos pequeñas y torpes comía una fruta jugosa, ensuciando su rostro, ropa e incluso el suelo, pero no importaba, estaba demasiado embelesado por el dulzor del fruto que se mezclaba en su nariz con el delicioso aroma a comida que su madre preparaba.

¿Puedes adivinar qué ingrediente nuevo le puse esta vez, Broly?

El niño de cuatro años hizo una pausa y levantó la cabeza para olfatear. Solo tuvo que aspirar una vez para identificarlo.

Pimento —pronunció mal, pero seguro. Continuó devorando la fruta y moviendo sus piernas, golpeando con los pies el mueble.

Qué nariz la tuya —exclamó riendo la joven alta y de abundante cabello desordenado.

Se acabó —gimoteó Broly cuando se dio cuenta que estaba masticando la cáscara de la fruta amarilla que no era dulce y agradable como su interior. Hizo una mueca de desagrado cuando tragó algo que no correspondía y reaccionó abriendo la boca para botar lo amargo.

La joven se apresuró a poner una servilleta de papel en su boca para recibir la cáscara masticada y no terminara en el suelo.

Mira qué desastre —comentó con voz suave que no tenía relación a su altura. Con la misma servilleta intentó limpiarle las mejillas, y cuando el golpeteo de los pies del niño contra el mueble fue demasiado, con suavidad lo tomó de las piernas para detenerlo—. Cuando termine aquí vamos a limpiar y bañarnos. ¿Está bien?

Broly se limitó a observarse y limpiar sus manos pegajosas en la camiseta que ya estaba manchada por el almíbar. Su madre le hizo el pelo hacia atrás para besar su frente que de alguna manera también había terminado dulce y pegajosa.

Broly observó su entorno. Se encontraba solo, sin aroma a comida o sabor dulce en su boca y mucho menos su madre. La remodelación de su antiguo hogar activó algo en su cerebro, despertando un hermoso recuerdo dormido que no sabía existía. Pese al par de lágrimas que cayeron por su mejilla, y de las que no estuvo consciente, sonrió, aún con la sensación cálida en su pecho.


Continuará…


Bueno, ya saben porqué del nombre del capítulo...

El próximo capítulo comienza con un salto de tiempo importante, y se podría decir que se empieza a maquinar el conflicto principal de esta tercera parte. Y también pienso cambiar el summary, para que estén atentas. (Summary que compartí en mi pagina de Facebook hace un tiempo)

Lo del embarazo de Bulma era falsa alarma. Sí, soy malvada y las ilusioné jajajajaj (como dijo Acuairana en un rw del cap anterior, era demasiado simple para que estuviera embarazada y ya). Pero reitero lo que les dije. Trunks se viene y no será al final de la historia. Cada capítulo está más cerca de llegar.

Esto no tiene relación con la historia y es nada más para desahogarme… A propósito de Bulma haciendose un test de embarazo… Hace un poco más de un mes pasé por lo mismo. Tuve que hacerme un test de embarazo porque tenía 10 dias de retraso (algo que jamás me había pasado porque tomo pastillas hace como 14 años y gracias a eso soy muy regular) Tanto mi esposo como yo estábamos muy nerviosos porque no queremos tener hijos, además considerando la inestable situación económica y su enfermedad, así que esos cuatro minutos de espera fueron terribles. Afortunadamente salió negativo (y al otro día me llegó el periodo) jajajaja, pero sí que la pasé mal con cada día de retraso y luego haciéndome el test. Bueno, eso era, ahora regresemos con el fic:

Y por supuesto se vendrán flashbacks de lo que sucedió en este salto de tiempo, porque ocurrirán cosas importantes. Como también se vienen más flashbacks de los personajes, como vieron, hubo de Koora y Bardock cuando adolescentes y de Broly cuando pequeñito con su mamá. Ah! por si se fijaron, en el flashback de Bardock y Koora o de Tarble, no puse hace cuántos años sucedió esa escena, porque ya me fui al carajo y no calculo bien jajajaj. Así que cuando sean saltos de tiempo importantes voy a poner la edad de los protagonistas en ese momento, y si es un flashback que no ocurrió hace mucho, lo haré como siempre.

En cuanto a Perseverancia II: Ahora trataré de escribir el primer capítulo. Como ya saben, es una historia relajada, como la primera parte y para los que no me siguen en Facebook les cuento que serán dos historias paralelas que en algún momento se juntarán. El primer grupo está conformado por Bulma, Vegeta, Raditz y Nappa y el segundo: Tarble, Broly, Kakarotto y Milk. Es algo muy ligero que me tiene muy entusiasmada.

Fragmentos: También estoy escribiendo un one shot para Fragmentos, es un regalo de cumpleaños atrasado (muy atrasado). Los protagonistas son Vegeta y Bulma (durante los famosos 3 años). No es largo, así que espero terminarlo pronto.

Ahora otro aviso no relacionado al fic (esto parece Youtube que pone avisos en medio de las canciones jajajaja). Simplemente recordarles que hago clases particulares de inglés online, a adolescentes y adultos. Clases de una hora, personalizadas y con una reunión previa (sin costo alguno) para evaluar el nivel de inglés y así preparar la clase de acuerdo a sus conocimientos y necesidades. Cualquier consulta me hablan por interno y con gusto les responderé. Si toman clases conmigo, al final de la lección les proporcionaré spoilers de El Legado XD jajajajaja.

Y bueno, eso sería todo por hoy.

Besos y abrazos grandes para las que dejan comentarios aquí en la historia y en Facebook. Hay quienes dejan en las dos partes, pero como lo hacen con diferentes nombres y además soy pésima para recordarlos, no las identifico bien.

Espero que nos leamos pronto,

Dev.

18/08/2022