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Summary
Luego del quiebre en la relación de Tarble y Vegeta, sus caminos volverán a encontrarse. Uno influenciando entre las sombras a un imponente imperio capaz de hacer frente a los saiyajin, y el otro con todo el poder que hace tantos años deseó y había olvidado. En medio de esta guerra descarnada, Bulma se dará cuenta de la peor manera que es imposible estar en ambos bandos.
El Legado II
Tercera Parte
XL
Otra Vida
Hipnotismo de un flagelo
Dulce, tan dulce
Cuero, piel y metal
Carmín y charol
Cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor
Cada lágrima de hambre
El más puro néctar
Nada más dulce que el deseo en cadenas
(Canción Animal / Soda Stereo)
Seis meses después…
Las fiestas privadas en Trantor eran muy diferentes a las que organizaban para invitados ilustres de otros planetas. Había exceso, mujeres, hombres y lo que se quisiera en el momento, además de comida y alcohol, pero jamás se acercarían a los desenfrenos que organizaban los altos mandos en Vegetasei, lo que hacía que estas veladas no fueran tan desagradables, pues las peleas que ocurrian eran otra manera de celebrar y se detenían en el momento adecuado, al igual que el sexo que no sucedía sobre una mesa porque un bruto quiso tomar a una sirvienta sin aviso. En este planeta al menos tenían la decencia de retirarse a un lugar apartado . Aunque nada de eso ayudaba a que Tarble estuviera a gusto, y si se quedaba solo lo hacía por cumplir y hacerse visible luego de una buena racha de trabajos con Hazel, el hijo mayor del rey.
Estaba sentado en la mesa principal, a la izquierda del príncipe. Diez personas más eran los que ocupaban un puesto de honor, mientras que frente a ellos, las otras mesas largas estaban repletas de guerreros, en su mayoría hombres, que comían y festejaban de buen humor.
—¿Aburrido? —preguntó Hazel luego que la persona con la que conversaba a su derecha se levantó de la mesa.
—Cansado —respondió Tarble, con expresión seria. Su ropa estaba impecable como siempre, pero en el cuello se veían rastros de heridas, al igual que en su rostro.
—Podrías ir a un tanque —comentó Hazel sonriendo satisfecho, sin soltar su copa.
—Estoy bien —se limitó a responder y le dio un sorbo a su whisky.
Desde que Tarble le había dado acceso a sus planetas más ricos, los que tenían el líquido especial para realizar el compuesto necesario que hacía funcionar los tanques de recuperación, había equipado los puntos más importantes de sus planetas con las máquinas para ayudar a sus mejores tropas a recuperarse en tiempo récord.
Por supuesto la noticia no fue bien recibida por Rave, que insistió en reclamar los planetas para el reino, pero ahora se encontraban custodiados por guerreros de Tarble y Hazel, dificultando su recuperación, en especial desde que declararon perdido a al rey Vegeta, por lo que la reina había estado ocupada en otros asuntos.
El buen trabajo en equipo y el cede de los planetas importantes, habían servido para que Hazel lo tuviera en buena consideración, lo cual para Tarble era valioso, especialmente desde que el hombre había tomado más relevancia a la hora de las decisiones, pues la salud del rey no había sido la mejor últimamente, lo que lo había obligado a mantenerse en sus aposentos la mayor parte del tiempo.
—Y estarás mejor cuando sepas que envié dos flotas con materiales Treet Cincuenta y cinco.
—¿Más soldados? —preguntó interesado. De ser así podría mover alguno de sus hombres a otros trabajos importantes, pero sin dejar vacantes los puestos importantes. Tenía que darle a entender que los planetas no le pertenecían y se trataba de un trato.
Estaba consciente que Hazel no confiaba del todo en él por el simple hecho de ser saiyajin, pero sí le había sido de mucha ayuda estos meses trabajando juntos, por lo que tenía que seguir mostrándole lo valioso que era.
—Y material para construir más tanques. Necesitamos hacerlos llegar a nuestros aliados. Al menos unas muestras, para que vean la buena voluntad de Trantor y de mi padre. Y claro, si quieren negociar por más tanques… —Comió un par de gajos de fruta roja y luego bebió vino de su copa.
Tarble asintió y revisó su reloj debajo de la manga del guante de cuero negro.
—Tengo que irme. —Terminó el contenido de su vaso y se puso de pie.
—¿Tan pronto? La gente nos está celebrando, también hay guerreros tuyos en las mesas.
—Estuve el tiempo suficiente —respondió decidido.
—¿Al menos vas a llevarte una de las ciervas para celebrar? Te lo mereces —preguntó Hazel en voz baja para que solo escuchara Tarble.
—Gracias por la sugerencia, pero no.
—No tienes que fingir conmigo —comentó tranquilo, con la espalda apoyada en su asiento de madera—. Sé que desde que llegaste de buscar a la princesita saiyajin, tú y mi hermana duermen en piezas separadas, y lo entiendo, así son las cosas con los matrimonios por conveniencia, pero tampoco tienes que fingir una decencia que no existe, Tarble. Sé que siempre escoges la misma sierva para llevar a la cama, y eso sí que no está bien. Puedes tener aventuras, pero si la gente comienza a hablar que te enamoraste de una simple sierva que sirve la comida en las fiestas en desmedro de mi hermana, eso sí que está mal.
Qué forma tan sutil de decirle que lo tenía vigilado, pensó Tarble, pero la mujer de la que hablaba Hazel, era una de las esclavas del reino que le pagaba para darle información y también de paso hacer creer que disfrutaba de la compañía de un cuerpo tibio como todos los hombres poderosos del lugar.
—Lo tendré presente, Hazel. Con permiso —respondió sin cambiar la expresión de su rostro y salió del salón, seguido de otro saiyajin que había estado en un rincón del lugar observando la conversación.
(...)
Bulma no dejó que la alarma sonara más de cinco segundos. Estiró la mano y sin abrir los ojos, la apagó. Ya se sabía de memoria la rutina que consistía en levantarse muy temprano, ducharse, ir al trabajo, desayunar en el trabajo, recibir pedidos durante todo el día, tal vez viajar a alguna parte alejada del planeta y si tenían suerte, a algún planeta cercano para encargarse de una misión capaz de aportar con un subidón de adrenalina que siempre era bienvenido, especialmente desde que se establecieron sin querer en el planeta.
Pero el día de hoy sería diferente.
—Necesito vacaciones —susurró Bulma, tapada hasta el cuello. Solo se movió un poco para mirar a Vegeta que estaba acomodado boca abajo observándola.
—Pensé que estas eran tus vacaciones —susurró algo adormilado. Los dos lucían despeinados y sus rostros evidenciaban las pocas horas de sueño.
—De algún modo siempre termino involucrándome demasiado —respondió Bulma.
—Hace más de un año salimos de Vegetasei porque ibas a trabajar para mí —comentó Vegeta sonriendo de lado, dándole la razón, pero también esperando la respuesta de Bulma que no tardó en llegar.
—Contigo —lo corrigió sonriendo. Lo obligó a voltearse para sentarse sobre su abdomen y usó el cobertor para cubrirse desde los hombros. La mañana estaba fría y ninguno llevaba ropa que los protegiera—. ¿Estás listo para hoy?
—Desde que puse un pie en este lugar que estoy listo para dejarlo —respondió contemplándola. Bajo el cobertor, pasaba las manos por sus piernas.
—No juegues al saiyajin malo conmigo, no te funciona. Sé que te gustó aquí, de lo contrario no hubieras estado tanto tiempo.
—Puede ser, pero ya fue suficiente. Necesito vacaciones de este lugar.
—Y las tendrás. Ahora vamos a trabajar. —Se inclinó y besó en la boca, pero Vegeta no la dejó bajar de su abdomen.
—Al demonio la puntualidad, es él último día —dijo, y sacó las manos para quitarle el cobertor.
Se veía hermosa. El largo de su cabello ya se acercaba a su cintura y caía liso y despeinado entre sus pechos, ocultando marcas que Vegeta había dejado la noche anterior y también aquellas cicatrices pasadas que de vez en cuando le quitaban el sueño y ella ignoraba intentando hacerse la fuerte, fingiendo que no pasaba nada. Pero los dos cargaban con un pasado fuerte y demonios que habían ido perdiendo terreno el último tiempo gracias a la compañía del otro.
Volvió a recargarse sobre Vegeta, y esta vez se mantuvo ahí, atrapada en un abrazo y un beso que podría haber durado una eternidad, de no ser porque se quejó.
—¿Qué pasó? —preguntó el hombre abriendo los ojos, topándose con los de ella.
—Mi cabello —dijo separando los torsos, con la mano derecha pegada a su cabellera a la altura de su hombro.
No fue necesario decir más, no era la primera vez que sucedía. Vegeta la tomó de la muñeca y con cuidado se encargó de quitar el cabello que se había enredado en la pulsera.
—No deberías usarla para dormir —comentó concentrado en quitar los suaves hilos celestes entre las figuras de colores que colgaban de la cadena de plata azulada.
—Me gusta —reclamó porque no entendía su apego a la alhaja—. No serán joyas de la realeza, pero es importante.
—Entonces deberías contar tu cabello.
—No me agradó ninguna peluquería de este planeta. Ya será cuando nos vayamos de aquí.
Vegeta respondió con un gruñido, atento de no causarle dolor, mientras que Bulma esperó paciente.
—Listo —dijo cuando liberó la muñeca—. ¿Ahora seguimos?
La joven le hizo caso y se quitó la pulsera. Tuvo que estirarse un poco para dejarla en el pequeño velador, junto al despertador y se apresuró a regresar a la boca del hombre.
(...)
—¿Algo que deba saber? —preguntó Tarble luego de un rato en silencio. Ya se habían alejado lo suficiente del lugar de celebración y sabía que podían hablar.
—No hay grandes cambios —respondió Sett, que iba un par de pasos detrás—. Todo sigue igual a como estaba cuando partimos en misión.
El hombre de treinta años y metro ochenta, había sido una de las opciones que Broly le había dado a Tarble para reemplazarlo.
—¿Rave no ha intentado nada aún?
—No. Sigue ocupada movilizando sus ejércitos contra un imperio que corrió el rumor tenía al rey Vegeta, pero sí envió unas naves de guerra en dirección a sus planetas. No creemos que sea con intención de atacar por el momento, están demasiado lejos, no es para levantar alarmas aún.
—Claro que no. Está ocupada con planetas más importantes para ganarse la atención de las familias poderosas dueñas de ejércitos, pero ya aparecerá.
—Informantes en Vegetasei dijeron que aún les quedan reservas para los tanques de recuperación, pero casi han agotado las fuentes de los planetas que la producen. La reserva más grande la tiene usted.
—Esa mala costumbre de usar los tanques de recuperación solo hace que sus cuerpos olviden la capacidad natural de sanar y sea menos efectiva cuando de verdad se necesite —comentó el príncipe sonriendo al recordar a Broly y sus palabras. Ahora sentía dolor en gran parte de su cuerpo, pero había descartado por completo el uso de los tanques de recuperación. Era parte de su entrenamiento—. Hasta aquí bastará —dijo luego de otro rato largo sin hablar y avanzar por los tranquilos y silenciosos corredores de palacio—. Puedes retirarte.
—Lo esperamos mañana temprano para entrenar, príncipe Tarble —respondió e hizo una corta reverencia en señal de respeto y despedida.
—Lo sé, lo sé —respondió arqueando las cejas sin que su soldado lo viera. Desde que regresó a Trantor entrenaba casi a diario, pero seguía sin convertirse en algo que disfrutara, pero sí necesario y por eso siempre lo hacía.
Cuando estuvo solo, continuó recorriendo el lugar. Ya era tarde, por lo que sabía no se encontraría con nadie. Como todo palacio, este contaba con entradas y pasillos secretos que se preocupó de conocer y memorizar para cuando fuese necesario, algo que aprendió de Bulma durante su larga estancia en Vegetasei.
Cuando llegó a destino y entró a la habitación, las dos mucamas que se encontraban conversando en voz baja junto al balcón para no quedarse dormidas por la avanzada hora, se apresuraron a saludar y abandonar el lugar. Ya estaban acostumbradas a estas visitas nocturnas, y bien sabían que mínimo duraban un par de horas, por lo que tendrían tiempo para ir a comer y recuperar energías del turno nocturno.
En cuanto estuvo solo, se quitó el abrigo y su rabo se desenrolló para dejar sobre una mesita el scouter que siempre llevaba consigo. Sonrió como no lo hacía hace unas semanas en cuanto se acercó a la cuna de madera fina y sacó a la pequeña criatura que dormía plácidamente envuelta en cobertores de suaves y cálidos colores.
—¿Me extrañaste? —susurró cuando la acomodó contra su pecho, con cuidado para no despertarla ni ser brusco. Aún no lograba acostumbrarse a tener entre sus brazos a un ser vivo tan delicado con tan solo un par de meses de vida—. Yo también te extrañé. —Apoyó su mano abierta en la espalda y caminó por la amplia habitación tranquila y solitaria, preocupado de no interrumpir su sueño.
Si bien cuando regresó a Trantor acompañó el resto del embarazo a Dahlia, la culpa lo hizo volverse más frío, marcando un límite que ella también se encargó de poner luego de tantos meses sin saber de él. Esa misma distancia hizo que el joven continuara sin mucho interés en el tema hasta que nació dos meses antes de lo esperado, y en ese momento fue amor a primera vista.
Pese a la baja estatura y peso, su cuerpo ya lucía más recuperado, aunque aún le faltaba por reponerse, lo que hacía que tuviera asistencia día y noche en caso de que algo le sucediera. Tarble entendió la preocupación, los poderes de la gente de Trantor no afloraban hasta alcanzar la adolescencia, pero también tenía sangre de saiyajin, la que definitivamente ayudó a pasar estos meses sin ningún sobresalto. Otro rasgo característico de su raza que heredó fue la colita, la que ahora estaba enrollada en la muñeca de Tarble pese a no haber despertado. Se vería casi por completo como un saiyajin si no fuera por el blanco de su cabello, el único rasgo característico que tomó del lado materno, lo que hacía recordar a algunos saiyajin albinos que lamentablemente no alcanzaban la edad adulta por ser tan diferentes al resto y ser considerados portadores de malos presagios, y sin mencionar el alto precio alguien podía pagar por un simple rabo blanco.
Luego de ponerse el scouter al oído, salió al balcón a tomar aire fresco que solían evitar por un asunto de sobreprotección, pero era mitad saiyajin, no le haría mal, todo lo contrario. La noche estaba agradable, la vista privilegiada, repleto de árboles gigantescos, plantas y flores trepadoras que se confundían con las aves de colores que dormitaban entre el follaje. Y ya todo fue perfecto cuando finalmente escuchó su voz.
—Qué puntual, como siempre. —dijo la voz ronca cuando la llamada se conectó.
—No me perdería la llamada por nada —respondió Tarble en un susurro, sin dejar de sonreír y sabía que desde donde se encontrara Broly, sonreía igual—. ¿Puedes hablar?
—Sí, estoy en casa cocinando, no hay problema. ¿Estás con Will?
—Sí. Está durmiendo, pero sabe que estoy con ella.
—Que crezca pronto, ya quiero conocerla.
—Eso quiero —respondió, y con suavidad, posó los labios en la cabeza de la niña.
Dado la situación actual, era imposible incluso pensar en sacarla de palacio, pero más a futuro, cuando todo terminase y estuviera más grande podrían juntarse. No pretendía quitársela a Dhalia, era una madre ejemplar que solo se despegaba en las noches de la niña porque sabía de sus visitas nocturnas. No sería capaz de hacerle algo así a la niña ni a su madre, pero tampoco estaba dispuesto a renunciar a ella.
—¿Tienes todo listo para el viaje?
—Sí. Acabo de hacer un buen trabajo, no tendré inconveniente en perderme unos días. ¿Qué tal tú?
—Tengo que acompañar a Torn a un planeta cercano, pero va a estar ocupado, no me va a extrañar.
—Perfecto. Kyle convenció a mi mamá para que la acompañe, así que seremos cuatro esta vez.
No se veían desde hace casi dos meses, ya era demasiado y tenían que solucionarlo. En cuanto a Kyle, ya eran tres meses, por lo que era una reunión necesaria para todos.
—¿Estás consciente que tendrás que cambiar las medidas de la preparación?
—Lo sé —respondió sin dejar de acariciar la cabeza casi calva de la niña salvo por un mechón blanco que parecía flequillo—. Tú eres el cocinero, deberías hacerlo tú.
—Te comprometiste la última vez. Además te di las instrucciones detalladas hace un mes. ¿Has practicado?
—En mi cabeza a diario. —Escuchó la risa del hombre antes que respondiera.
—Te quedará bien.
—¿Pero me vas a ayudar? —Decidió entrar a la habitación cuando sintió las mejillas frías de la pequeña. Se sentó en un sillón para continuar con la charla. Tenían horas programadas para hablar de trabajo, y esta no era una de ellas.
—Estaré contigo. Además alguien tiene que controlar a Kyle para que no se coma los ingredientes.
—Ya lo tengo pensado —dijo sonriendo—. Llevaré comida extra para que no desordene lo mío.
—Bien pensado. ¿En qué lugar nos veremos ahora?
—Es una sorpresa, te va a gustar.
—¿Algún adelanto?
—Vas a arruinar la sorpresa.
Luego de más de una hora hablando sobre la preparación de los platos, la próxima reunión y otras cosas de interés de ambos, cortaron la llamada y el silencio volvió a apoderarse del lugar. Intentó alejar la muñeca atrapada con la pequeña colita blanca, pero no pudo.
—¿No quieres irte a acostar, Willow? Ya es tarde.
De respuesta, la niña solo soltó un suspiro y continuó durmiendo sobre el pecho de su padre.
—Está bien, quedémonos aquí, después tendré tiempo para dormir.
Volvió a posar su nariz contra la cabeza de la niña y cerró los ojos. Todo la culpa que sentía por la forma en que había nacido desaparecía mientras la estrechaba en sus brazos y se impregnaba de su aroma. No lograba comprender del todo cómo podía sentir un amor así, pero ahí estaba y sentía que ya no podía vivir sin él.
Cuatro meses atrás
—La tercera es la vencida —dijo Bulma luego de ingresar a la atmósfera del planeta.
—¿Tú crees? —preguntó Vegeta acomodado en el asiento del copiloto. Tenía un cigarro en la boca, los pies sobre el tablero de mando y solo vestía el pantalón ajustado con el que había estado entrenando, ya que Bulma solía quitarle la parte de arriba de su ropa para usarlo de camisón.
—Claro que sí. Jamás me equivoco —respondió. Recuperó su cigarro del cenicero que estaba sobre el tablero y sonrió confiada, dándole las últimas instrucciones a la nave. El asiento del piloto era grande y cómodo, lo que le permitía estar con las piernas sobre este. Además de la camiseta del hombre, solo llevaba pantaletas.
—Fallaste en los dos primeros planetas.
—Porque la tercera es la vencida —dijo segura de sí misma.
—Si tú lo dices…
Esta vez no hubo problema intentando evadir la seguridad de los soldados de Tarble, ya que cuando el planeta estaba bien ubicado, abastecido y la gente ya podía comenzar a reconstruir sus vidas, los saiyajin se retiraban. Su amigo no tenía tantos soldados en comparación con otros poderosos importantes de Vegetasei, por lo que no podía dejarlos en un lugar fijo. Y Bulma estaba al tanto de eso, como muchos otros detalles importantes que le sirvieron para ingresar a los planetas en busca de Dende, aunque sin éxito aún.
—¿Qué crees que haya pedido de deseo? —preguntó Bulma pensativa. Tal vez hubiera sido más fácil volver a llamar a Tarble e insistirle que le dijera, pero su orgullo fue más fuerte y necesitaba averiguarlo por ella misma. Además, así tenía otra excusa para seguir viajando y compartiendo con Vegeta. Excusa que el saiyajin también agradecía para no tener que entrar en detalles de lo que pasaba con ellos como pareja—. Lo único que entendí fue el nombre de Broly y creo que había comenzado a decir el mío, pero llegaste tú a golpearlo y luego desaparecieron… ¿Habrá pedido que los llevaran al lugar donde se encuentra Kyle? Se veía tan preocupado por ella…
—¿Robarme las esferas para eso? —comentó Vegeta incrédulo—. Es demasiado simple. Ya sabía que Kyle estaba bien. No iba a robarlas para eso.
—Entonces no sé qué podría haber sido.
—Conociéndolo —dijo Vegeta—, y ahora que sé a lo que verdaderamente se dedica con su ejército, lo más lógico sería pensar que hubiera pedido revivir a Koora.
—Sí —respondió la joven con calma, dándole la razón—. Pero el dragón los llevó a otro lugar, así que no tiene sentido. Fue otro el deseo.
—Sí —murmuró con la mirada perdida en la vista exterior.
Los dos continuaron fumando en silencio, mientras la nave ya casi llegaba a tierra firme.
—¿Estás segura que es por aquí? —preguntó Vegeta ya harto de tener que esquivar a la gente que iba de un lado a otro.
Habían llegado a un pueblo bastante grande y con recursos, totalmente diferente a lo que pensaban se encontrarían, con distintas razas que se veían a gusto yendo de compras a los negocios que ofrecían su variada mercancía por el hecho de provenir de diferentes culturas. Vegeta no llevaba nada de ropa que lo diferenciara como saiyajin, y la chaqueta oscura alcanzaba a cubrir parte del rabo, mientras que lo poco visible pasaba como un excéntrico cinturón.
—Escogimos mala hora para llegar. Todos están de compras —comentó Bulma mientras memorizaba la ubicación de un par de tiendas en las que vio ropa linda.
—¿Es el lugar? —insistió malhumorado. Jamás le gustaron las aglomeraciones y mucho menos que lo pasaran a llevar. En esos momentos afloraba el príncipe que dormía en su interior y se alteraba si alguien lo tocaba.
—Sí, sí es —respondió Bulma unos pasos más adelante, sin mirarlo—. La amiga de Tarble tiene una florería y estoy casi segura que tiene que ser en este planeta.
—Entonces podría volar y buscar desde arriba.
Estuvo a punto de elevarse cuando Bulma lo tomó de la muñeca.
—¿Ves a alguien más volando por aquí? Recuerda que toda esta gente perdió su planeta y familia mayoritariamente por los saiyajin o sus aliados y tú piensas volar sobre ellos con tu cabello que grita que eres hijo de tu padre —Ignoró su ceño fruncido por el comentario de su aspecto y lo tomó de la mano para jalarlo entre la gente y así avanzar con mayor velocidad.
Pudieron escapar del mar de razas hasta que Bulma se detuvo ante una tienda de flores. Pese a que aún no entraban y habían solo unas pocas puestas en un mesón al aire libre para su exhibición, Vegeta sintió el potente aroma atiborrar sus fosas nasales, y para su asombro, no fue incómodo.
—Entonces este es el plan —dijo Bulma luego de soltar la mano de Vegeta para ordenar el cuello de su chaqueta—. Yo hablo y tú no dices absolutamente nada.
Vegeta respondió con otro ceño fruncido y un gruñido, haciendo sonreír a Bulma.
—Exacto —respondió. Lo besó en la boca e ingresó al local de flores esperando que fuera el de Gure para no tener que buscar por todo el pueblo.
El interior era precioso, como estar en una mini selva repleta de flores y plantas de distintos colores, tamaños y aromas que se comunicaban entre ellas con movimientos suaves e incluso sonidos. Hace un segundo, en el exterior, hacía calor, pero el interior tenía su propio clima fresco y agradable. Tarble le había comentado lo buena que era su amiga para las plantas, pero era mucho más que eso.
Tuvieron cuidado por donde pisar para no dañar nada, pues la flora abarcaba todos los rincones de la tienda, en la que ya no se distinguían esquinas ni ventanas, y para su suerte, Gure se apresuró a aparecer cuando escuchó la campanita que sonó cuando abrieron la puerta.
—Buenas tardes —saludó Gure amistosa—. ¿En qué puedo ayudar…? —No terminó la oración. Sabía que había visto a esa pareja en otro lugar, pero dónde...
Bulma sonrió y Vegeta se quedó detrás de ella en silencio, cumpliendo con su parte del plan.
(...)
—No puedo con ustedes, me sobrepasan —exclamó Raditz agotado luego de sentarse en el mismo banco en el que estaba Broly. Dejó una toalla limpia sobre sus piernas desnudas y mojadas y usó otra para comenzar a secar su abundante cabello.
—No estás mal —respondió Broly que ya se había puesto el pantalón pero continuaba desnudo del torso y con el cabello mojado, con la espalda apoyada en la pared del camarín y de piernas abiertas, aún cansado luego de tan arduo entrenamiento.
Los dos lucían cansados, pero Raditz aún conservaba las mejillas rojas por tanto esfuerzo pese a haberse duchado con agua fría.
—Necesito más —dijo Raditz decidido, y se percató que el agua de una de las duchas continuaba corriendo para seguir hablando y nadie más escuchara—. Me pusiste a cargo de un escuadrón, tengo que dar el ejemplo.
—Y lo haces.
—¿Hablas en serio o es porque somos amigos? —preguntó algo inseguro.
—Si no fueras apto para el cargo no te hubiera puesto, ni hubiera confiado en ti —musitó mirándolo. Bebió todo el contenido de su botella, mientras que Raditz continuó ordenando su cabello antes que comenzara a secarse y quedara hecho un desastre.
—¿Has sabido de Kyle? —consultó después de un rato. Desde hace un tiempo que Broly, para tranquilizarlo, le había confesado que se encontraba sana y salva con Bardock y que no volverían jamás al planeta, pero no le había revelado el detalle que se encontraba con Koora. Eso aún era un secreto que debían guardar.
—Está bien, también ha preguntado por ti. Cuando estemos fuera de palacio la contactaré para que le hables.
—Bien —respondió sonriendo—. No puedo creer cómo han cambiado las cosas estos meses. No quiero imaginar cómo estaremos en seis meses más.
—Espero estar lejos de aquí —respondió reflexivo, contagiando a su amigo.
—Yo espero estar esperando un hijo para ese entonces.
—¿Cómo sigue eso?
—Bien, supongo —dijo y sonrió pensando en lo fogosos que habían estado el último tiempo, mucho más de lo acostumbrado—. El doctor dijo que con el tratamiento debería salir todo bien. Es el cuerpo de Ginn que se tiene que acostumbrar.
—¿No será mejor que deje las misiones?
—Por el momento no quiere. Ya cuando quede embarazada me encargaré de convencerla, ahora no vale la pena.
—Podrías también pensar en ver otro planeta donde vivir.
Raditz detuvo la respuesta al escuchar el cese del agua. A los segundos salió Rasp desnudo y empapado.
—Siempre siento que están secreteando a mis espaldas cuando tienen la oportunidad —comentó el príncipe, caminando hacia ellos sin pudor alguno—. ¿Cuándo van a hacerme parte de su grupo especial? Ya son meses trabajando juntos —dijo mirando a ambos hombres, pero luego se dirigió solo a Broly—. Estoy dispuesto a hacer cualquier iniciación con tal de pertenecer.
—El requisito es estar vestido —bromeó Raditz.
—Aburrido —respondió Rasp y fue hasta el otro extremo del camarín donde estaban sus cosas.
Raditz se preocupó en vestirse mientras Broly continuó descansando. Se encontraban en el camarín del salón de entrenamiento de Rasp, con quién habían compartido los últimos meses, ya que el príncipe había comenzado a trabajar para Torn solo para fastidiar a su madre, lo que hizo que Broly tuviera más contacto con él. Rasp no tenía muchas responsabilidades debido a su alto rango, por lo que podía hacer lo que quisiera, pero fue algo que aprovechó Broly para poder tener más acceso a palacio además del que ya contaba por ser hijo de Paragus y hombre de confianza de Torn. Mientras que Raditz estaba enfocado en los trabajos de rescate y sabotaje que Broly le encargaba y no era parte de lo que sucedía con el hermano menor del rey, pero aprovechaba cada invitación a entrenar con Broly y Rasp para poder estar en forma y cumplir con sus obligaciones.
—¿Vamos a ir a beber ahora o tienen que seguir trabajando? —preguntó Rasp en voz alta desde su lugar. Los hombres no podían verlo porque unos casilleros se interponían en medio del camino.
—Me vendría bien algo de comer —comentó Raditz.
—Estoy ocupado —respondió Broly.
—Haz lo que tengas que hacer más tarde —insistió Rasp—. Vamos a beber, incluso Raditz aceptó sin pedirle permiso a Ginn. Tú no tienes que pedirle permiso a nadie.
—Está bien —respondió sin muchas ganas, mirando a Raditz que le sonreía—. También tengo hambre.
Fueron Broly y Raditz quienes vieron primero a Berry y Leek entrar al camarín. La mujer no se tomó la molestia de mirarlos y fue directo donde se encontraba Rasp, mientras que el príncipe se sentó en una de las bancas a solo metros de los guerreros, sin quitarle la vista de encima a Broly, su objeto de odio actual, ya que sentía que estos meses le había quitado la atención de su padre y no importaba cuánto hiciese, jamás sería suficiente para tenerlo satisfecho.
—Podrías esperar a que terminara de vestirme —comentó Rasp sin mirarla, fingiendo pudor mientras secaba de manera brusca y apresurada su cabello corto—. Qué poco decoro, hermana.
—No tengo tiempo para tus bromas —respondió de brazos cruzados y apoyada en uno de los casilleros—. Si vine hasta aquí es porque me has estado evadiendo y sabía que te encontraría en este lugar.
La joven se movió un poco para mirar a los hombres sentados, pero pronto volvió la atención a su hermano.
—No entiendo por qué sigues juntándote con esa gente. ¿No te has llevado a la cama aún a esa bestia que aún lo sigues a todos lados? —Para la princesa, Broly tampoco era de sus personas favoritas ya que desde que su hermano comenzó a juntarse con él, perdió el control que nuevamente estaba ejerciendo sobre él.
—¿Por qué preguntas? ¿Quieres confirmar si me interesa de verdad para luego matarlo? Me atrevo a decir que es más fuerte que tú, así que si fuera tú ni lo intentaría. —Dejó la toalla y se puso un pantalón limpio.
—Yo no maté a tu mujer —respondió aburrida de siempre escuchar lo mismo.
—No te creo —respondió tajante.
—No vine a hablar de eso —dijo queriendo volver al tema principal.
—¿De qué querrías hablar conmigo?
—De nuestra madre. Necesita de nuestro apoyo.
Rasp rió antes de responderle.
—Nuestra madre no necesita de mí. Te tiene a ti que haces todo lo que le dice y a Lok, con quien tiene asegurado el reino ahora que el rey está desaparecido.
—Tenemos que mantenernos unidos. Hay grupos que no la quieren a ella en el poder.
—Estoy muy seguro que encontrará una forma de comprarse a todos los que no estén contentos con ella. Pareciera que no la conoces.
—Al menos deberías dejar de trabajar para Torn. Ya sabemos que es para molestarla.
—¿Lo hago bien, no?
—Estamos en guerra, Rasp.
—Somos saiyajin —respondió levantando un poco la voz—. Siempre estamos en guerra. No acaba una cuando estamos comenzando otra.
Berry hizo una pausa antes de continuar.
—Hey —dijo Leek a Broly—. ¿Cuál es el siguiente destino de mi padre?
—Sabes muy bien que no puedo decírtelo —respondió con calma.
—Soy el hijo de quien te da las órdenes —dijo mirándolo a los ojos.
—Y me ha ordenado no hablar con nadie sobre lo que se discutió en la última reunión. Tendrás que ir con él.
Leek continuó cruzado de brazos y se limitó a sonreír. Estaba mucho más repuesto que hace seis meses, pero con un aspecto totalmente diferente, ahora con el cabello largo, amarrado y el flequillo sobre los ojos, cubriendo el que hace muchos años Vegeta le había quitado. Había decidido dejar de ser la imitación de su hermano para que su padre dejara de mirarlo con desprecio por no ser como él, pero ahora el sentimiento que despertaba en su progenitor era rechazo al ni siquiera poder ofrecerle un vago recuerdo del hijo perfecto que había perdido.
—Disfruta tu momento mientras puedas. Así es mi padre, te hace creer que eres muy importante para él mientras le sirves, pero después te va a desechar.
—Lo tendré en cuenta —respondió.
Al ver que Broly y Leek se quedaron en silencio observándose, Raditz se puso de pie. Ya estaba vestido y listo para marcharse, y no le agradaba continuar en ese lugar. Rasp era diferente al resto de los príncipes de palacio y por eso no tenía problema alguno en compartir tiempo con él.
—Creo que tendremos que dejar la comida para otro día.
—Vamos —dijo Broly y también se puso de pie, cargando en un hombro su bolso con pertenencias, al igual que Raditz.
—No se vayan sin mí, tenemos una cita —exclamó Rasp y se apresuró en alcanzarlos, poniéndose al medio y apoyando un brazo sobre el hombro de cada hombre—. No crean que voy a dejar de ir a beber con ustedes para quedarme con esos amargados.
—Te dije que iba a ser inútil —comentó Leek a Rave cuando los guerreros ya se habían perdido de vista.
—No voy a rendirme —sentenció la mujer.
(...)
—Sí que eres hábil —comentó Bulma al ver que Vegeta terminaba su parte del trabajo.
El hombre solo se encogió de hombros y la miró altanero, como si no fuera nada complejo lo que estaba haciendo.
La pareja estaba sentada junto a un mesón grande de metal lleno de aparatos electrónicos que debían tener listos para hoy, pues era su último día en el planeta. Hace una semana informaron la decisión para no recibir más pedidos, por lo que los últimos días solo les habían llegado regalos en agradecimiento por todo lo que habían hecho en el planeta. Sobre el mesón solo habían aparatos electrónicos de uso diario, nada realmente importante, pero meses atrás, Bulma se dedicó a facilitarle la vida a la gente diseñando desde filtros para el agua, como máquinas para ayudar y facilitar el cultivo y cosecha de los alimentos. Todo lo que fuere necesario y se le ocurriera en el momento para continuar haciendo del planeta un lugar habitable y considerarlo su hogar.
—Tuviste una muy buena maestra que te enseñara —dijo igual de engreída que él.
—Me llevo todo el crédito —dijo y se puso de pie directo al segundo piso del galpón donde se encontraba su cuarto de entrenamiento que Bulma le construyó en cuanto se dio cuenta que pasarían un tiempo en el planeta.
—Quédate con el crédito —exclamó para que lo escuchara—. Pero los regalos son para mí. —Continuó trabajando mientras comía unos chocolates que le obsequiaron las últimas personas que llegaron por sus aparatos. Para que su largo cabello no le molestara, acostumbraba llevarlo en una trenza ajustada.
La mayoría de las cosas que le habían llegado era comida que definitivamente guardaría en una cápsula refrigerador para conservarlas para el viaje. Lo demás era ropa, adornos extraños típicos de cada cultura, incluso animales vivos y muchos arreglos florales que definitivamente se los daría a Gure, pues ella les daría mejor destino.
Avanzado el día, luego de un entrenamiento arduo, con un mesón repleto de regalos y todos los trabajos ya entregados, Vegeta bajó desde el segundo piso bañado y con ropa limpia. Se acercó a la mujer que le daba la espalda, pero se detuvo cuando notó que estaba hablando por video llamada con sus padres, lo que lo hizo regresar sus pasos para darle privacidad, sin embargo no pudo evitar quedarse en su lugar cuando escuchó parte de la conversación.
—¿Conociste a alguien? Eso es interesante.
Vegeta reconoció la voz. No era la primera vez que Bulma se comunicaba con ellos estando en el planeta. Se trataba del hombre que no era su padre biológico.
—Sí. Y como vamos a viajar, estaba pensando ir a visitarlos. Hace mucho que no nos vemos.
—Eso sería maravilloso, Bulma —exclamó el científico. La calidad del sonido había mejorado mucho y podían verse en la pantalla, pero con mucha interferencia—. ¿Alguna vez nos habías presentado un novio? —consultó en voz alta.
—Jamás —se apresuró Morgan en responder—. Ni siquiera Troy, que fue tan importante, nos lo presentó como correspondía.
Al escuchar el nombre de su ex, instintivamente Bulma volteó para asegurarse que no estuviera Vegeta. Al no verlo continuó concentrada en la llamada, mientras que el saiyajin no movió ningún músculo, oculto detrás de un estante metálico repleto de cables, partes inservibles de máquinas y naves pequeñas que Bulma insistió en no tirar porque en cualquier momento podrían servir para algo. Podría levitar y regresar al cuarto de entrenamiento, pero la curiosidad fue más grande.
—Aquí la importante soy yo. No me han visto en años, pensé que querrían pasar tiempo conmigo.
—Claro que sí —respondió el hombre mayor—. Te extrañamos mucho, Bulma.
—Pero también queremos conocer a tu novio —dijo Morgan inmediatamente después, haciendo que su amigo asintiera.
Bulma sonrió. Pese a no ser pareja sentimental, los dos llevaban tanto tiempo juntos que se complementaban incluso a la hora de hablar.
—¿Lo conociste ahora último? —consultó el Dr. Brief.
—Hace un tiempo. Se llama… —solo hizo una pausa de un segundo para pensar y continuar hablando—. Argon.
No se atrevió a decir Vegeta. Ese nombre era distintivo de la realeza saiyajin. Ya cuando lo vieran en persona y lo reconocieran podría explicarles en detalle cómo fue que terminó con el príncipe de los saiyajin. Aunque claro, tampoco podía entrar en tantos pormenores.
—Ya habíamos escuchado ese nombre —comentó Morgan pensativo—. ¿No era ese hombre para el que estabas trabajando?
—Trabajaba con él —lo corrigió el científico, haciendo que su hija sonriera.
—Sí, ese mismo… Ahora estamos juntos… y sí, es especial —dijo, y sintió su corazón acelerado. No se avergonzaba de estar con Vegeta, pero le daba miedo la reacción de su padre cuando lo conociera en persona.
—¿Cuándo estarán acá? Tenemos que preparar la bienvenida —dijo Morgan.
—Todavía falta mucho, estamos muy lejos, pero quería prepararlos, para que la sorpresa no fuera tan… sorpresa… —Terminó con las cejas arqueadas, evidenciando que había algo más pero no lo decía. Ahora que lo pensaba, lo mejor sería hablar con Morgan una vez que estuvieran en el planeta para que la ayudara a preparar a su papá.
—¿Prepararnos? —repitió su padre—. Estaremos encantados de recibir a tu novio, querida.
—Lo sé, papá…
Vegeta continuó en silencio, pero se alejó de su escondite, de regreso al segundo piso. Sabía que el próximo destino era el planeta de los padres de Bulma, pero no le había dicho nada sobre ser presentado…
(...)
Koora observó con cuidado en todas direcciones antes de quitarse el casco para poder respirar el aire fresco de la tarde y recuperar el aliento luego de la batalla. Estaba ubicada en lo que en algún momento fue una pequeña ciudad y ahora solo quedaban ruinas. Ellos no habían sido los culpables de la destrucción de edificios y hogares, pero sí quienes detuvieron la masacre organizada por un imperio menor que le servía a los saiyajin. Se recargó en lo que quedaba del muro y cerró los ojos, dándose tiempo para descansar. No se movió cuando sintió que alguien llegaba volando y se ponía a su lado para hacerle compañía.
—Es un buen planeta —comentó Bardock luego de prender un cigarro.
Al igual que la guerrera, llevaba su uniforme de cuerpo entero de carroñero. Todos eran iguales, negros, ajustados y con protecciones donde las necesitaría cualquier carroñero promedio al no ser tan poderoso, lo que hacía que fuera imposible de distinguir los rangos al momento de la batalla, pues se hablaban por los comunicadores incorporados a los cascos, lo que hacía que ni siquiera pudiesen escucharlos a no ser que así lo quisiesen.
—No lo suficiente —respondió la mujer recuperándose luego de una semana combatiendo sin parar.
—Ninguno lo es —dijo con una sonrisa de lado.
Koora abrió los ojos para mirarlo. Él también lucía con heridas en el rostro y en partes del cuerpo que quedaron expuestas porque el traje terminó dañado debido a los brutales ataques.
—Tiene una buena ubicación, pero es pobre en recursos naturales y hay mucha gente débil incapaz de defenderlo si intentan recuperarlo. No tenemos tanta para dejar aquí y seguir con nuestro trabajo.
—Sí —murmuró y le pasó el cigarro cuando la vio estirar la mano hacia él—. Tendremos que sacarlos de aquí, y de paso todo lo que nos pueda servir.
—En eso somos buenos —dijo orgullosa.
Los últimos meses su reputación había crecido tanto que en los planetas afectados los distinguían de los otros carroñeros que solo se metían a estrellas previamente purgadas. También interceptaban navíos para robarlas junto con sus cargas, ya fueran armas, naves o personas. Cada vez iban creciendo en cuanto a lo material y guerreros, pero aún les faltaba un lugar físico para acomodar todo en un solo lugar. Ya no bastaba con la estación espacial en la que vivían y en los pequeños planetas escondidos donde refugiaban a las personas.
—Los mejores —respondió sin emoción alguna, como acostumbraba.
—Antes era tan fácil —comentó algo fastidiada—. Tenía los ejércitos, el poder, las naves, todo a mi disposición. Y ahora incluso tengo que estar escondida—. Fumó una vez más antes de regresárselo.
—No será por mucho tiempo.
—¿Crees que me recuerden? Ha pasado mucho tiempo.
—Si no es así, los haremos recordarte.
—No podemos volver a antiguos comportamientos —dijo pensativa—. Somos saiyajin, pero tiene que haber otra forma de conseguir un planeta que nos sirva sin llegar masacrando. Hace mucho tiempo nos desmarcamos del resto.
—En algún momento tendremos que recurrir a la fuerza más bruta. Es nuestra mejor ventaja.
—Cómo carroñeros no querrán unirse a nosotros, como saiyajin mucho menos, no importa cuán diferentes seamos de Vegeta y el imperio... La única persona que creyó en mí fue Alina y ya sabemos cómo terminó eso. —Recibió lo poco que quedaba de cigarro y aspiró un par de veces antes de tirarlo—. Suficiente descanso. Regresemos a trabajar —dijo, y enseguida lo tomó el rostro con ambas manos para que se le acercara.
El hombre obedeció y la abrazó de la cintura.
Luego de varios besos mezclados con el sabor del cigarro, sudor, tierra y sangre, caminaron por los escombros hacia donde se encontraba el resto de los carroñeros.
—¿Cómo está Kyle? —preguntó Koora.
—Enojada —respondió Bardock—. La próxima vez tendrás que dejarla participar en la batalla desde el comienzo. Es una guerrera, y buena. Podía con el reto, no es una niña.
—Lo sé, pero me cuesta separar las cosas con ella. Me aterra pensar que pueda pasarle algo.
—Y por eso ahora tendrás que soportarla de mal humor.
—Justo cuando estamos llevándonos bien —dijo haciendo una mueca. Se detuvo a medio camino cuando vio hacia su izquierda un grupo de sobrevivientes junto con algunos de sus guerreros.
La gente en agradecimiento les ofrecía comida, lo cual estaba bien, ya que servía para distender el ambiente, pero entre sus soldados, y sin casco estaba Kyle con las manos llenas por los regalos que le habían obsequiado un par de mujeres jóvenes casi de su misma edad. Se veía interesada mientras le enseñaban a usar uno de los aparatos.
—Al menos ya no está enojada —comentó Bardock mientras encendía un cigarro.
—No me gustan que acepten regalos. Esto no es por interés —dijo seria.
—No es importante —insistió el hombre.
—¿Qué tal si la reconocen? Continúan buscándola en toda esta parte del universo mucho más ahora que la búsqueda se extendió a Vegeta.
—Hablaré con ella —se limitó a decir.
—Hazlo, por favor —pidió y continuó su camino mientras que Bardock se dirigió hacia Kyle.
(...)
Los soldados dejaron a Broly ingresar al despacho de su padre que se encontraba sentado a la mesa intentando almorzar. Por un lado tenía los platos y dos esclavas atendiéndolo, mientras que el otro lado de la mesa tenía su computador, papeles y dos personas de su confianza escuchando sus ordenes.
Se sentó al otro extremo de la mesa, cerca de la comida y aguardó en silencio, escuchando con atención mientras sacaba de las cosas que habían en los platos.
—... por eso la búsqueda se centró en ese sector. Lo más probable es que aún se encuentre dentro de ese cuadrante. No hay muchos planetas por ahí, así que darán con su paradero si sigue ahí —dijo el soldado de mayor edad.
—Lo quiero aquí en cuanto lo localicen, y no olvides enviarle el regalo a Atlas, lo encuentren o no.
—Sí, señor.
Broly supo que no hablaban del rey Vegeta, ¿de quien se trataría entonces? Si estaba metiendo a Atlas en esto es porque el asunto era importante.
—Ahora díganme qué pasó con la misión sorpresa.
Ahora fue el turno del soldado más joven para responder.
—No funcionó, señor —respondió incómodo de tener que dar malas noticias.
—¿Qué? ¿Todavía no lo solucionan? —preguntó Paragus levantando la voz.
—Alguien les debe haber avisado de la trampa porque no siguieron el señuelo y fueron por la flota verdadera.
—¿Cuánto se llevaron? —preguntó mirando a sus hombres como si fueran los culpables de todo.
—Más de la mitad, señor —respondió el segundo hombre, evidentemente avergonzado por la situación.
—Son carroñeros, maldita sea, son parias expulsadas de sus tierras que no tienen organización. Ni siquiera tienen un planeta, no son nada. ¿Y no pueden ser controlados? ¿Desde cuándo se han vuelto tan importantes? —preguntó pero no esperó respuesta y se dirigió a su hijo—. ¿Quieres trabajo, Broly? Hasta ahora nadie ha podido atrapar a unos simples carroñeros que decidieron cambiar de rubro y atacar imperios en lugar de buscar las sobras de los planetas atacados.
—Ya tengo mucho trabajo con Torn —respondió fingiendo cero interés, preocupado por la comida. Sabía muy bien que se trataba de Koora y su gente.
Paragus dio un par de instrucciones más antes de despachar a los guerreros, dando por terminada la reunión. Después de tanto tiempo recibiendo visitas de su hijo un par de veces a la semana seguía teniendo cuidado con todo lo que hacía y decía, no solo delante de él, sino que de todo el mundo, especialmente desde que se declaró al rey como extraviado.
Por un simple gesto de su mano, una de las esclavas se apresuró en servirle vino a Broly, pero el guerrero ignoró la copa, pegado de lleno en el plato con carne cortada en cubos y bañada en salsa picante.
—No puedo creer que tenga que estar perdiendo el tiempo intentando controlar una plaga común como unos simples carroñeros cuando hay otros que deberían encargarse de eso, pero no hacen su trabajo por querer jugar a las alianzas cuando no les corresponde —murmuró molesto.
—Desde que el rey no está, todos parecen trabajar para ganar algo por su desaparición —comentó Broly luego de tragar.
—Si el rey no se encuentra disponible es la reina la que queda a cargo hasta que el heredero tenga la edad para gobernar —dijo serio, sin mirarlo, por fin con algo de tiempo para comer.
Broly sabía que hablaba en serio y no pretendía adueñarse de nada como la mayoría pensaba o bromeaba al respecto. Siempre había sido fiel al reino, más allá de quién estuviera a cargo.
—Todos no piensan así —dijo antes de sacar más carne con un tenedor largo.
—Pero Torn definitivamente sí. Debe estar muy contento con todo lo que está pasando —reprochó algo estresado. No se molestó en cortar mucho la carne en su plato y se llevó a la boca un trozo grande.
Broly no respondió a ese comentario y Paragus no insistió. Ambos eran cuidadosos con lo que revelaban al otro.
—¿Alguna noticia de Kyle? —Esa siempre era una buena excusa para acercarse y hacer que su padre hablara, pues sabía muy bien de la relación que tenía con la princesa.
—Nada. Se la tragó un agujero negro. Tengo los mejores escuadrones buscando a la princesa y al rey por separado, y aún nada. ¿Y qué hace la reina mientras tanto? Lleva de misión al príncipe para que vean lo poderoso que es, pero aún es un niño, no sirve de nada eso. Deberían estar en el planeta poniendo orden.
—¿No fueron a atacar a un imperio que dice tener al rey?
—Solo fueron alardes y mentiras de un príncipe ebrio que quiso jugar a ser interesante. Mis hombres investigaron y es imposible que lo tengan. Y ahora por estúpidos sus planetas pasaran a ser del imperio saiyajin.
—¿Qué piensas hacer entonces?
—Ya lo hice, pero no estoy gritando para que todos me escuchen. Quiero lo mejor para el imperio, necesitamos estabilidad y sin alguien que ponga orden no se va a lograr.
Broly decidió no indagar más. Su padre era demasiado desconfiado y ya había hablado demasiado. Pero estaba seguro de que algo grande planeaba.
(...)
—No era necesario que dejaras la otra casa, estaba en un mucho mejor lugar —comentó Straw sentado a la mesa mientras Ginn calentaba la comida a unos metros de él.
—Sí, era más cómoda, pero Raditz quería volver a su antigua casa y a mí no me molestaba —respondió sin voltear. No quiso agregar que Raditz no se sentía a gusto viviendo en la casa que le pertenecía. Cuando ya estuvo todo listo, llevó los dos platos a la mesa y se sentó frente a su padre.
—Huele bien —dijo Straw desconfiado.
—Tranquilo, no lo hice yo. Raditz lo cocinó anoche.
Satisfecho con la respuesta, el hombre comenzó a comer.
—¿Dónde habías estado metido? —preguntó Ginn luego de un rato de comer en silencio—. No supe de ti en meses, pensé que habías muerto en alguna misión.
—Estaba trabajando.
—¿En qué? Lo último que supe de ti fue que ya no estabas al mando de ejércitos.
—Dirigiendo misiones —se limitó en responder sin más detalles, preocupado de la comida.
La mujer lo quedó mirando mientras se pasaba la mano por la mejilla derecha sin darse cuenta. La cicatriz que ya no estaba tan marcada como en un comienzo, lucía como la continuación de su sonrisa y contrastaba dramáticamente con su rostro femenino, lo que en un saiyajin era bueno.
—¿Trabajos secretos?
—Solo trabajos.
—Está bien, si no quieres entrar en detalles… Pero eso me hace pensar que estás metido en cosas raras. Cuando era niña siempre parecía que nos ocultabas algo.
—Ten en cuenta que se viene una guerra y todos tenemos que estar preparados.
—Vivimos en guerras, papá —comentó sonriendo por su dramatismo.
—Ahora es diferente. Nuestro rey está desaparecido y los enemigos lo ven como señal de debilidad. Ya hay quienes se están levantando en nuestra contra, incluso dentro de nuestro planeta.
—Es un imperio, no sería la primera vez que la gente esclavizada trataría de recuperar su libertad —comentó encogiéndose de hombros, pero se arrepintió enseguida de sus palabras al ver la mirada severa de su padre. Jamás le había importado decir lo que pensaba, incluso ante su padre, pero últimamente, desde que se declaró la desaparición del rey los ánimos estaban tan caldeados y el fanatismo de los saiyajin más ortodoxos había crecido, por lo que los saiyajin menos bélicos no eran bien vistos.
—¿Y qué hay de tu trabajo? ¿Cómo sigue? —preguntó estudiándola.
—Bien —respondió tranquila, como si no fuera importante—. Gano bien, así que no tengo que trabajar todo el tiempo y podemos preocuparnos de tener hijos. —No quería conversar ese tema con él, pero era mejor distraerlo.
—Es lo peor que podrías hacer en este momento. Necesitamos a todos los mejores guerreros preparados y tú eres una guerrera de élite.
—No voy a parar toda mi vida por una guerra que no tiene fecha. Estoy preocupada de poner las inyecciones que me dio el doctor de palacio.
—¿Inyecciones? —preguntó frunciendo el ceño.
—Tengo problemas hormonales —explicó—. No tengo idea qué significa eso, es algo con mi cuerpo, pero el doctor es el que sabe y dijo que si quería embarazarme tenía que tomar pastillas e inyectarme.
—¿Problemas hormonales? Por favor, eres mi hija, de las mejores guerreras, no puede haber nada malo en tu cuerpo.
—Gracias, papi —dijo sonriendo, fingiendo estar conmovida—. Me alegra que estés orgulloso de mí, pero el doctor nos hizo exámenes a los dos, y fui yo la que tenía problemas. La semilla de Raditz está sana y fuerte.
Vio satisfecha a su padre volver a concentrarse en la comida.
—Como sea… —comentó el hombre luego de un rato—. Ten cuidado con lo que haces. Estás viviendo en un área de terceras clases y otras razas mugrosas que ni siquiera deberían vivir aquí y además metiéndote en trabajos cuestionables. Cuando llegue el momento va a ser difícil ayudarte.
—No estoy haciendo trabajos cuestionables, solo dejé las misiones más violentas porque me estoy cuidando para quedar embarazada —mintió de la mejor forma posible considerando que hace unas semanas junto con Raditz y un grupo de saiyajin saboteó una flota de naves saiyajin que llevaba esclavos y armamento.
—Espero que sea así.
—Lo es. —Estiró la mano para tocar el brazo de su padre—. Me gusta que te preocupes por mí. Me recuerda que eres más que un vórtice lleno de odio.
—Eres mi hija —respondió sin cambiar su aspecto severo.
Ginn pensó que jamás había visto sonreír a su padre.
Broly 4
En cuanto recuperó la consciencia, el pequeño, observó a su alrededor. No sabía qué había pasado, pero no era la primera vez que despertaba asustado y agitado. La desorientación y dolor de cabeza le dificultaron identificar enseguida que se encontraba en la sala de su propio hogar. Sentado en el suelo, observó sus manitos pintadas de sangre. ¿Era suya? Sentía que no era así pese a llevarse una mano al centro del dolor en su cabeza y mancharse con su propia sangre. No entendía qué pasaba, no lo recordaba. Estaba entrenando con otros niños de distintas edades cuando uno mayor se metió al grupo para alardear de su poder…
—¿No te bastó con lo que hiciste? ¡¿Ahora quieres llevártelo?!
—¡Es lo mejor! Ahora fue el hijo de alguien sin importancia, pero si pasara con el hijo de un guerrero importante los tres terminaríamos enterrados! ¡No tengo el poder para evitar eso!
Las voces discutiendo acaloradamente llamaron su atención y lo hicieron levantarse para acercarse, esconderse y observar. Tampoco era la primera vez que luego de despertar herido escuchaba a sus padres discutir. Su mamá tenía la mejilla derecha morada y parte del labio hinchado, mientras que su papá tenía los nudillos con heridas y manchadas con lo que parecía ser sangre. Ninguno había notado que ya estaba despierto.
—Esto es tu culpa que insistes en hacerlo entrenar —exclamó la mujer molesta al borde de las lágrimas—. No lo necesita, no todos los saiyajin nacemos para eso.
—Es lo que corresponde para el hijo de alguien como yo, Olive —respondió Paragus.
—Lo expones a que pasen cosas así. ¡Sabes lo que pasó con mi hermano que tenía el mismo problema! ¡Pero no te importó porque todo se trata de tu estatus!
—Y nunca vas a ser capaz de entenderlo, eres tan simple —respondió con un dejo de desprecio.
La joven mujer frunció el ceño y dejó escapar las lágrimas por su comentario. Ella no era una guerrera pese a ser alta y tener buen estado físico. Tampoco pertenecía a alguna familia importante, todo lo contrario, se había criado y crecido en uno de los lugares más humildes del planeta, sin embargo el destino la llevó a conocer a Paragus, un hombre varios años mayor que había perdido a su esposa sin alcanzar a darle heredero. Los primeros años habían sido buenos, sin grandes contratiempos. Sin embargo todo cambió cuando Broly tenía cerca de dos años y demostró tener más poder del que un niño de su edad podía controlar, además de súbitos arranques de ira que eran muy difíciles de controlar. Desde ese entonces había luchado por alejar a su niño de los entrenamientos, lo que provocó más discusiones entre ellos, resquebrajando la relación, dando pasos a periodos turbulentos seguidos de lapsos tranquilos que cada vez duraban menos.
—Vete a buscar una guerrera digna de ti, pero yo me quedo con mi hijo.
—Es mi hijo también y sé muy bien cómo se arregla lo que tiene. —Hizo el ademán de regresar a la sala donde pensaban que continuaba durmiendo, pero Olive se puso en su camino.
—¡No vas a volver a ponerle una mano encima! —advirtió tocando el pecho del hombre. Eran de la misma estatura y aunque no tenía gran poder que pudiera hacerle frente a Paragus, no le tembló la mano—. Solo haces que sus ataques sean más violentos.
—Si no lo hubiera hecho tendríamos más bajas. Mira cómo estás, algún día podrías ser…
—¡Cállate!
—¡No! ¡Vas a escuchar te guste o…!
—¡Yaaa! —gritó Broly por sobre Paragus al mismo tiempo que salía de su escondite. No le gustaban los gritos y mucho menos ver a su mamá llorando—. ¡Cállate! —chilló molesto, olvidando el dolor de cabeza y mareo.
Los adultos miraron al niño a sabiendas que el pequeño temblor que comenzaron a sentir era a causa de él. Paragus intentó acercarse para detenerlo de la única forma que sabía hacerlo antes que la situación empeorara, pero Olive le ganó y alcanzó a tomar a Broly en brazos. Ella también conocía una manera de calmar la latente explosión de su hijo, pero se le hacía casi imposible cuando estaba Paragus presente.
—Ya no vamos a gritar más —susurró Olive—. No te preocupes. —Lo estrechó por la espalda y las piernas y se alejó para que Paragus no interviniera.
—¿Qué pasó, Mah? —preguntó Broly con la cabeza apoyada en el hombro de su madre. Pasó su mano por la mejilla amoratada de la mujer, pintándola de sangre en el proceso.
—Nada, estaba entrenando.
—Tú no entrenas, Mah —dijo sin modular bien y la abrazó por el cuello.
—Tenemos que bañarnos, estás sucio y herido —comentó cambiando el tema.
Pese a las ganas que sintió de separarlos al ver los ojos desafiantes de Broly, Paragus guardó silencio y se mantuvo en su lugar. Sentía que ese exceso innecesario de cariño era el que arruinaba el carácter y comportamiento del niño, sumado a no poder entrenarlo debidamente. Lo más sensato sería arrebatárselo y someterlo a lo que todo futuro guerrero vive desde pequeño, pero seguía prendado al recuerdo de los buenos años que compartieron juntos, y eso lo hacía débil ante ella.
—Mandaré a construir una cabaña alejada de la gente donde puedan estar —dijo más calmado, pero sin relajar su expresión por un momento.
—En las montañas —se limitó a responder Olive. No se quedó ni un minuto más en el lugar y se llevó a su hijo para bañarlo y curar las heridas.
(...)
Broly no tuvo que ver la hora para saber que ya era tarde y le quedaba poco tiempo de sueño. Tenía las luces apagadas, pero las cortinas corridas y las ventanas abiertas para dejar entrar la brisa fría de la noche. Ya se estaba haciendo recurrente tener sueños con mezclas de recuerdos, y aunque no lograba recordar todo, cada vez despertaba con alguna sensación diferente en el pecho.
Quitó las frazadas y se levantó. Desnudo y a oscuras, paseo por su hogar que continuaba en perfecto estado como cuando Tarble se lo había obsequiado, aunque sí un poco desordenado, pero nada terrible, ya que no pasaba tanto tiempo en él como quisiera, además trataba de recordarse a sí mismo guardar las cosas en su lugar después de usarlas, pero no siempre lo hacía.
Pasó a la cocina a echar un vistazo al refrigerador para ver qué faltaba y abastecerse la próxima vez que regresara. El olor de las frutas y verduras frescas lo hizo recordar cuando su mamá lo sentaba sobre los muebles de la cocina para que le hiciera compañía. El saber que pasó más tiempo con su madre de lo que pensaba, lo hizo sonreír y abrir el apetito. Cocinaría algo antes de marcharse, pero primero se daría una larga ducha para despertar por completo.
Tres meses atrás
Sentada a la misma mesa en la que solía tomar su descanso para almorzar cuando trabajaba con sus padres, Milk apoyó el mentón en su mano y maravilla observó a su hijo llevando las bandejas de platos a los clientes junto con su abuela. Llevaban solo dos días de visita y el niño se desenvolvía como si hubiera crecido entre ollas calientes, cuchillos filosos y clientes exigentes. Su velocidad natural al ser mitad saiyajin y el entrenamiento lo habían vuelto extremadamente ágil, por lo que fácilmente podía correr y llevar bandejas pesadas y llenas sin derramar una sola gota. Pensó que sería todo un lío convencerlo de no llevar su armadura de guerrero al planeta, ya que había ocasiones en que incluso dormía con ella, pero tenía un niño inteligente y luego de explicarle ciertos asuntos sobre cómo se sienten algunas personas (en especial su abuela) respecto a los saiyajin, accedió a dejarla en la nave.
—Es como si hubiera crecido en este planeta, con nosotros —comentó el hombre mayor luego de sentarse junto a su hija. La mirada se le iba entre su nieto y Milk, que lucía mucho más grande la última vez que la vio, cuando aún la consideraba una niña. Una niña que se embarazó de un saiyajin y decidió seguirlo porque creía estar enamorada de él.
—Pensaba lo mismo —respondió Milk. Estuvo a punto de ir a ayudarlos debido a la gran cantidad de clientes, pero Gohan lo estaba haciendo muy bien y su madre estaba embelesada por el pequeño, por lo que no quiso interrumpir su momento.
—Has hecho un muy buen trabajo con él. Es un niño excepcional.
—Ha sido trabajo de sus dos padres —dijo sonriendo.
—Tengo que admitir que pensé que sería diferente —reflexionó—. Me hubiera gustado que Kakarotto viniera con ustedes para conocerlo mejor.
—Tenía mucho trabajo. Tal vez para una próxima visita puedo hacer que nos acompañe. —No quiso mencionar que era probable que su madre lo recibiera con aceite hirviendo y por eso no le insistió que los acompañara.
—Yo puedo hablar con ella para la próxima visita que hagan. ¿Por qué se va a repetir, verdad?
—Claro que sí —respondió alegre. No podía dejar de sonreír. Se sentía tan a gusto y en casa como si hubiera estado ausente por unas semanas y ahora todo volvía a la rutina, como siempre debió ser.
(...)
—¿Por qué vinieron tan pocas hoy? —preguntó Milk luego de dejar los últimos recipientes grandes con cosas deliciosas para comer que había preparado. A la mesa habían solo dos de las ocho mujeres que acostumbraban visitarla dos veces a la semana para clases de lectura, escritura y de paso conversar y distraerse.
—Muchas no salieron porque tenían miedo —respondió una mujer de aspecto similar a Milk, solo que su piel era grisácea al igual que su cabello y solo tenía cuatro dedos en cada mano. A veces era difícil entenderla, pero con el tiempo habían sido capaces de descifrar su acento marcado.
—Sí —comentó la otra que parecía que podría describirse como una pantera antropomórfica—. Nuestros amos están en misión, por eso pudimos salir. Todos en el planeta están cada vez más violentos con los que no son saiyajin.
—Sí, últimamente ha estado todo muy hostil —respondió Milk—. Extraño el mercado de mi antiguo hogar, ahí todos los saiyajin eran de clase baja y no había problema con las otras razas, en cambio en el mercado de aquí solo esperan que hagas las compras y regreses a tu casa —mencionó con una mueca.
—Tienes que decirles que eres mujer de un guerrero importante, no pueden tratarte mal a ti —dijo molesta la primera—. Al menos que a alguna de nosotras la traten bien, aunque tú no eres una de nosotras…
Milk no respondió a eso. No sabía cómo ayudarlas además de lo que ya hacía.
Ni siquiera el grupo de esclavas que trabajaban en las casas de saiyajin poderosos creía que Milk era la mujer del dueño de la casa. Habían aceptado la invitación a comer y estudiar pensando que el guerrero pasaba la mayor parte del tiempo fuera del hogar y por eso ella se aprovechaba. Grande fue la sorpresa cuando en una de sus reuniones, lo vieron llegar y saludar a Milk de forma afectuosa y con beso sin importar que estuvieran mirando. El niño saiyajin que tenían en común era otra prueba que Milk no era esclava ni tampoco concubina, lo cual era raro entre saiyajin de alto rango. Habían matrimonios con hombres y mujeres de otras razas, pero solían tener el mismo rango y/o poder de pelea.
—Si tuviera la oportunidad, tomaría una nave y me iría muy lejos de aquí —comentó la segunda mujer.
—Pensé que tu planeta había sido destruido —comentó Milk.
—Cualquier otro lugar sería mejor que este. Mi amo no me golpea, pero no puedo conformarme solo con eso. En mi planeta era alguien importante, y acá incluso me acostumbré a llamar a mis captores amos, no quiero morir así… —calló en cuanto escuchó el ruido de la puerta abrir.
Las dos esclavas ya llevaban tanto tiempo en Vegetasei, que a pesar de saber que no corrían peligro en esa casa, bajaron sus miradas y guardaron silencio. A Milk le había tomado mucho trabajo que dejaran de ponerse de pie cada vez que Kakarotto llegaba, pero esta otra costumbre había sido imposible de erradicar.
—¡Llegamos, mamá! —exclamó Gohan que cada vez se veía más grande debido al entrenamiento.
El niño fue directo hacia su madre para besarla en la mejilla y luego saludó a sus visitas que sí levantaron la mirada para saludarlo, e incluso sonrieron, enternecidas por el pequeño tan bien educado y de noble corazón. Pero volvieron a bajar las miradas cuando Kakarotto entró a la sala. Para suerte de ellas solo besó a Milk, saludó rápidamente y se retiró por otra puerta.
—No me voy a quedar a almorzar —exclamó desde otro lugar—. Tengo que salir, voy a llegar tarde.
—Te dejé ropa limpia en la cama —dijo Milk y se puso de pie para ir a ayudarlo—. ¿Necesitas algo?
—No, quédate con tus amigas, yo me encargo. —Se escuchó más lejos, lo que indicaba que ahora estaba en el segundo piso y desde ahí llamó a su hijo—. ¡Gohan!
—Con permiso —se disculpó el mitad saiyajin y fue corriendo hacia el segundo piso luego de sacar cuatro galletas de uno de los platos.
—Ojalá los niños para los que trabajo fueran así —dijo la mujer de cabello grisáceo—. Soy como una escoba que habla y puede cocinar en esa casa… Se nota que ese hombre te quiere…
Milk sonrió pero no respondió. Le costaba alardear sobre lo mucho que quería a Kakarotto cuando la mayoría de los temas que hablaban en cada junta era de las penurias que vivían a diario. Ya sea siendo maltratada por algún saiyajin de regreso a casa o violada por su amo.
(...)
—Cómete eso —dijo Kyle desde el otro lado de la celda—. Lo robé especialmente para ti.
Al interior de la celda, Vegeta, que evidentemente había perdido masa muscular la quedó mirando y luego la bandeja con comida que estaba en el suelo. Sí, se veía delicioso, muy diferente a cuando era otra gente que le traía su comida y la escupían frente a él antes de pasársela. Los últimos cinco meses los había pasado en esta celda más grande y cómoda, pero la monotonía junto con el collar que drenaba su energía se habían encargado día a día de deteriorar un poco en varios sentidos.
—¿Mi gente me sigue buscando? —preguntó sentado en el suelo. Se sintió extraño hablar, ya que desde hace un tiempo se había rehusado a hacerlo. Solo con Kyle.
—Sabes que no puedo…
—¿Acaso puedo hacer algo desde acá? Habla de una maldita vez, Kyle.
—Eres el rey, nunca han parado de buscarte y no creo que dejen de hacerlo.
—¿Han estado cerca?
—No lo sé.
—¡Kyle…!
—¡No lo sé! —dijo más fuerte. No mentía. No era un tema que le gustara hablar y ya que su padre la llenaba de preguntas cada vez que lo visitaba, le facilitaba las cosas el no saber para no tener que mentirle—. ¿Sabes? Estuve en una misión.
—¿Como esos come basura? —al ver su rostro sorprendida le aclaró las cosas—. Han venido con parte del traje puesto y ocultan sus rabos en el cinturón de armas. Ya sabía algo de ellos antes de que me atraparan… Eso fue inteligente —reconoció—. Esconderse bajo la fachada de carroñeros que todos subestiman.
—Sí —respondió observándolo desde su asiento. Hace varias semanas que lo notaba diferente, más tranquilo, como apagado, sin gritos ni amenazas o recordatorios de su constante traición al continuar junto a Koora.
—¿Qué tal la misión? ¿Peleaste?
—Sí. Había guerreros poderosos —prefirió dejar para sí el detalle que Koora la dejó entrar en batalla cuando ya tenían el triunfo asegurado.
—¿Los mataste? —preguntó, pero continuó hablando por ella—. Sí, claro que sí lo hiciste. Eres una gran guerrera, mi hija.
—¿Por qué no me llevaste a misiones cuando pequeña? Siempre me hiciste entrenar como cualquier guerrero debía hacerlo, y me llevaste a algunas misiones al principio, pero no continuaste haciéndolo.
—Ahora que lo pienso debería haberlo hecho. No estaríamos metidos en esto y tú me hubieras dejado salir en cuanto tuvieras las oportunidad. Juntos hubiéramos degollado a todos los traidores —dijo con calma y Kyle pudo ver el brillo en sus ojos que le indicó que era mejor no seguir hablando sobre el tema.
El hombre acercó la bandeja hasta sus piernas y comió con ganas. Cada vez que venía Kyle sabía que podía comer sin problema.
—Papá… —habló la joven, pero el hombre no respondió, concentrado en la comida. Kyle se levantó del asiento y se sentó en el suelo, lo más cerca que pudo del rey.
(...)
—Es una lastima que se vayan. Pensé que se quedarían más tiempo —dijo Gure con ojos tristes.
—Cuatro meses es mucho tiempo considerando que veníamos por unos días —respondió Bulma aún incrédula de haber pasado tanto tiempo en un planeta que bajo cualquier circunstancia encontraría aburrido y sin nada interesante.
—Sí —secundó Vegeta—. Además ya estoy cansado de ser el esclavo del enano —respondió Vegeta cruzado de brazos sin quitarle la vista de encima a Dende que estaba junto a Gure.
Los cuatro se encontraban en el patio trasero de la casa que Vegeta y Bulma compartieron el tiempo que estuvieron en el planeta. Ya habían guardado sus pertenencias y solo tenían que abordar la nave para marcharse a su nueva aventura.
—¿Vas a insistir que todo lo hiciste por interés? —preguntó Dende con rostro serio y desafiante. Ni una sola gota de miedo quedaba en ese jovencito.
—¿Vas a hablar de una maldita vez? —contra preguntó el saiyajin.
—Nunca mentí —respondió con una leve sonrisa de satisfacción.
—Como sea —dijo Vegeta—. Vete al infierno, enano del demonio, y Gure. —Inclinó la cabeza en señal de respeto—. Gracias por recibirnos.
—No fue nada —dijo la risueña criatura—. Vuelvan pronto.
—Eso jamás —sentenció ya camino a la nave. Su momento de buena educación no había durado mucho.
Bulma y Gure se sonrieron.
—Creo que hemos pasado más tiempo viajando al interior de una nave que en tierra firme —reflexionó Bulma luego de encender un cigarro, instalada en el asiento principal junto al tablero de mando de la nave. Una nueva, más grande y equipada que modificó durante los meses de estadía en el planeta.
Como se había vuelto una costumbre, Vegeta ocupaba el asiento del copiloto mientras fumaba su cigarro. No respondió el comentario de Bulma al estar concentrado en sus pensamientos.
Sí, era otro viaje largo, y solo llevaba un día transcurrido, pero esta vez no irían en busca de esferas, ni de secretos, ni tampoco una misión para acabar conocer el punto débil de los saiyajin o Freezer. Esta vez irían al planeta de los padres de Bulma, lo cual era más intimidante, ya que hasta ahora pensaban que se trataba un hombre cualquiera y no el una vez príncipe de los saiyajin heredero al trono, y considerando la historia que le contó Bulma de cómo tuvieron que huir de su planeta natal…
—¿Qué pasa? —preguntó la joven—. ¿Te acostumbraste a estar en tierra firme?
—Me gusta viajar, está en nuestra sangre —respondió y la quedó mirando.
—También de esa manera es más fácil escapar cuando comienzan a acercarse a ti —bromeó sonriendo.
—Me quedé está vez, ¿no? —susurró serio.
—Sí, y yo también —respondió aún con su linda sonrisa—. Y ahora vamos a ir al planeta de mis padres.
—¿Y en ese planeta está el tipo con el que te ibas a casar?
La pregunta la tomó totalmente desprevenida, tanto así que balbuceó un par de palabras incoherentes antes de responder.
—N-no, no. Es de otro planeta.
—Debe haber sido muy importante si ibas a casarte con él —comentó sin dejar de mirarla, con una fingida expresión de indiferencia para no demostrar que le interesaba el tema.
—Claro que lo fue en su momento —respondió Bulma, ahora atenta al tablero de mando de la nave. Se sentía incómoda hablando de Troy, más que nada porque era el rey del imperio que Vegeta en su adolescencia había ayudado a casi destruir, de lo contrario no tendría inconveniente de contarle sobre su ex prometido—. ¿Por qué preguntas por él ahora?
—No lo sé. Ni siquiera me importa el tema —respondió con el cigarro en la boca.
—Tranquilo, no te vas a encontrar con él.
—Hablas como si le tuviera miedo —dijo ofendido—. No le tengo miedo a nada.
—Lo sé, gran hombre macho. —Lo miró de reojo, pero pronto concentró su atención en los controles. Algo no andaba bien, su experiencia pilotando se lo dijo.
Hubo un corto silencio incómodo que cortó Vegeta.
—Pero si no hablas de él es por algo, ¿no?
—¿Cuándo has hablado de las mujeres con las que has estado? —Esta vez lo miró directo a los ojos.
—No he estado a punto de casarme con ninguna. Jamás he tenido nada serio.
—¿Lo que vivimos estos últimos seis meses tampoco? ¿Qué demonios…? —susurró y se sentó con la espalda recta para operar la nave. No le estaba obedeciendo.
—Es diferente —dijo y en cuanto apagó el cigarro en el cenicero del tablero, encendió otro.
—¿Esta es tu forma bruta y poco romántica de saiyajin de pedirme matrimonio?
—¿De qué estás hablando? —Ya no fue capaz de seguir con su cara sin emociones—. ¿En qué momento dije que…? Eres muy astuta para cambiar el tema, Bulma.
—Un momento, la nave…
—Ahora es la nave, qué poco ingeniosa.
—¡No! —insistió—. Algo le pasa a la nave, no obedece.
Una violenta sacudida interrumpió la interpelación de Vegeta. Fue como si algo hubiera chocado la nave de frente, pero no había nada y el radar tampoco indicaba algo en las proximidades.
Los dos se hicieron hacia delante para intentar ver algo, pero solo encontraron la inmensidad del espacio, hasta que de un segundo a otro, como por arte de magia, o simplemente una tecnología mucho más avanzada, un crucero de guerra desactivó sus escudos de invisibilidad y apareció ante ellos, gigante y monstruoso. Solo entonces Vegeta se puso de pie alterado y a la defensiva, captando los poderosos y numerosos ki en su interior.
—¿Qué está pasando? —preguntó Bulma nerviosa al ver el rabo erizado de Vegeta.
—Nada bueno respondió. —Ni siquiera le pidió que intentara alejar la nave. Sabía que sería imposible—. Es una nave de los draxon.
—¡¿Qué?! —exclamó Bulma. Sabía muy bien de quienes hablaba Vegeta.
Poco a poco todo fue tornándose más oscuro. Sin que Bulma tocara algo, la nave se adentró hacia las fauces del monstruo de metal hasta que terminó siendo tragada, quedando en la completa oscuridad cuando los comandos y luces se apagaron.
Continuará…
Hola a todos, gracias por llegar hasta aquí.
Pensé que no terminaría jamás este capítulo por lo que me pasó la última semana. Como les conté en facebook, estuve mal de salud, seguramente por el estrés acumulado estos años, más la mala alimentación y el sedentarismo (vivo sentada al computador haciendo clases y escribiendo el fic) y no he salido a andar en bicicleta. Y creo que tuve tres achaques (dolencias) diferentes en una semana jajajaja, y solo tengo 37 años, que me espera en 10 años más. Pero aprendí de eso y llevo una semana comiendo mejor, en menor cantidad y espero hacerme un tiempo para pronto volver a salir en bicicleta. Solo es una semana, pero me siento mucho mejor por el hecho de comer más sano y beber agua.
Bueno, enfoquémonos en el fic. Será cortito porque tengo cosas que hacer.
En los prox caps se vienen los flashbacks con lo que pasó entre Vegeta, Bulma y Dende. Y también sobre la pulsera de Bulma.
Cambie el summary, pero el original lo dejé en el prólogo, primer capítulo de la primera y segunda parte para que no se pierda, y lo más seguro que a futuro lo vuelva a cambiar.
La canción de este capítulo de hoy es de Vegeta y Bulma.
Me encanta el nombre de la mamá de Broly (esta plataforma debería dejar poner emoticones, imaginen que puse el corazón negro)
Sorry por los errores que puedan encontrar. Siempre leo y reviso antes de actualizar, pero siempre se pasan miles.
Quería escribirles más, me hace bien desahogarme en las notas de autor, pero el tiempo apremia. De todos modos continuaré reportandome semanalmente en mi pagina de facebook para contarles los avances del fic y mis penurias. En el caso que no haya reporte es porque en la semana hubo más penurias que avances del fic jajajaja.
Un abrazo grande y gracias por los rws. ¡Que estén bien!
Dev.
03/10/2022
