CAPITULO 2: DRAGONES Y PARTIDA
119 DC
Con doce días del nombre cumplidos, Aegon era un muchacho más bien formado. Se había sometido a un riguroso entrenamiento, que le había recordado a cuando esta realmente vivo y trabajó a medio tiempo en una obra, después de que a los dieciocho le echasen a la calle. Seguía practicando con la espada, pero había desarrollado una gran habilidad con el arco, quizás fruto de todas las veces que barajó comprar un pistola, para pegarse un tiro y terminar con todo.
En cualquier caso, tras la boda de Rhaenyra con Leanor, había nacido el ultimo de sus hermanos, el príncipe Daeron, y poco después el primero de los hijos de Rhaenyra, Jacaerys, cuyo cabello castaño y nariz chata no pasó desapercibido ante nadie. Y con el devenir del tiempo nacerían Lucerys y Joffrey, con mismas características, pero más revuelo en la corte, con su madre a la cabeza poniendo el grito en el cielo, y el rey Viserys ignorando todos los comentarios, demasiado feliz por su hija.
Por su parte Aegon se había dedicado a cuidar a sus hermanos. Con una buena enseñanza, cualquiera de ellos podría superar en conocimientos a la mayoría de los maestres a los diez años, y es que el mundo estaba en un estado tan atrasado, que no le extrañaba que los historiadores la acuñasen la "era oscura". Por lo que había redoblado sus esfuerzos, y escrito treinta y dos libros más con sus conocimientos en química, ingeniería, medicina, electrónica y economía, aunque dudaba de que volviese a ver el más sencillo de los aparatos eléctricos de su anterior vida.
Pero a parte de aquello creo un recetario de cocina, pues le consolaría un poco tener platos de su mundo. Un día se metió en las cocinas de palacio, y ante la mirada de los cocineros, preparó las primeras hamburguesas de Poniente, también había hecho unas pizzas familiares de ternera, con queso, tomate y champiñones. Había cortado las patatas, y las había freído en aceite, en lugar de las sempiternas hervidas. Lo bueno de las cocinas reales, es que aunque toscas, tenían en de todo en abundancia. Incluso le dio tiempo, gracias a los cocineros más experimentados, que pudieron replicar su proceso, pudo preparar natillas caseras.
Al llegar la hora de la cena, la reina estaba con la cara roja de ver a su primogénito servir la comida, mientras Rhaenyra soltaba una risita, y el Rey perplejo le preguntó a Aegon que estaba haciendo. "Simplemente innovar" dijo. En cualquier caso, todos disfrutaron de la comida e incluso sir Leanor declaró que nunca había cenado tan bien antes, y el rey Viserys soltó una carcajada al ver la gran pizza, y la metáfora que había hecho su hijo cobre la unión. Aunque no fue tan pacífica cuando los pequeños quisieron repetir en natillas.
Unos días más tarde, sin embargo, irrumpió en el consejo cuando este estaba a punto de terminar. cuando entró con unos criados que llevaban potas de fideos y tallarines en salsa de tomate, con carne picada. "Padre tengo una propuesta" dijo Aegon mientras le servía un buen plato. Conocedor de las conservas de trigo, creía que se podría optimizar con la pasta, la cual podría servir como alimento para la población, pues con la suficiente infraestructura, sería relativamente económico de producir, pero a pesar de que todos lo disfrutaron, el rey decidió rechazarlo.
"Aun eres muy joven para pensar en esas cosas" dijo Viserys, haciéndole contener el enfado, por todo su esfuerzo, aunque Lyonel Strong admitió que podía ser contemplada.
Aegon se retiró después de darle a su padre una reverencia forzada.
Más tarde a la noche, pudo ver como en la cena solo prestaba atención a los hijos de Rhaenyra. Aegon no sentía ninguna simpatía por el hombre, eso había quedado claro hace ya mucho tiempo. Para el, Viserys I no era más que un desgraciado leproso que nunca debió de haber sido rey. Pero el hecho de que estuviese ignorando tan vehementemente a sus hijos menores le sacó de sus casillas. Aun así se calló, y procuró atender a Aemond y a Daeron. A Helanena más tarde le trajo varios insectos, y le explicó algo de información sobre ellos.
Sim embargo había que hacer el intento, aunque supiese que era una causa perdida de antemano.
A la mañana siguiente, cuando su padre ya se había levantado, y por supuesto recibido su dosis de medicación, para su enfermedad. Aegon solicitó una audiencia privada, después de esperar un largo rato, por fin pudo entrar.
El rey tenía un aspecto lamentable, con la perdida de su mano, y medio rostro perdido, al igual que algunos dientes. Se le notaba el dolor, y no olía nada bien. Aegon contuvo el disgusto de esa presencia.
"Buen día padre" dijo Aegon con neutralidad "He venido a pedirte una cosa"
El rey Viserys suspiró, su hijo no tenía malas ideas, pero le atosigaba y la verdad casi nunca lo entendía, aunque todos dijesen lo brillante que era. Pero de todos modos le escucharía.
"¿Has tenido una nueva idea?" le preguntó su padre con el fantasma de una sonrisa condescendiente.
Pero Aegon negó con la cabeza.
"No padre, no tengo una idea, tengo una petición" Aegon guardó un momento para suspirar "Quiero lo que me corresponde por derecho, el principado de Rocadragon como el mayor de tus hijos varones"
La sonrisa del rostro del rey desapareció al instante. Su hijo nunca había hablado del tema, a diferencia de su madre, y su abuelo. Y se lamentaba de su ambición.
"Tu hermana será la reina" dijo el rey "y tu y tus hermanos le serviréis fielmente"
Aegon frunció el ceño y contuvo el aliento. Ya sabía se aquello, pero su respuesta era bastante molesta. Aun así tendía que intentar razonar con ese hombre.
"Padre ¿Por qué mi bisabuelo, a la muerte del príncipe Aemon nombró como príncipe de Rocadragon a mi abuelo el príncipe Baelon, pasando por delante de la princesa Rhaenys? ¿Y por que esta fue pasada de nuevo en el conclave de Harrenhall, en tu favor veinte a uno? Dime…porque las leyes que te concedieron en trono de hierro, me las niegas a mí, tu primogénito varón, tú el primogénito varón de mi abuelo, el segundo hijo varón del viejo rey.
"Yo era el primogénito de mi padre, y Rhaenyra es mi primogénita" trató de razonar el rey Viserys.
"Pero esto no es Dorne" trató de razonar "El conciliador, era el tercer hijo del rey Aenys. Antes de el estaban Aegon el incoronado, y el príncipe Viserys. Cuando Maegor fue derrocado, el conciliador era el rey, pese a que su hermano mayor tenía una niña, la princesa Aerea…¿entiendes por donde voy?"
"Hijo…eres demasiado joven para entenderlo" zanjó su padre "pero algún día lo entenderás"
Lo único que consiguió fue que el rostro de Aegon se frunciese de frustración. Notaba el enfado de su hijo, pero se contenía.
"Sin embargo, aun cuando Rhaenyra era tu primogénita, Baelon fue tu heredero por un día" espetó Aegon.
Viserys bajó la cabeza, la perdida de Aenma le dolía como el primer día. Y Baelon, su hijo que gran príncipe hubiese sido. Pero aun le quedaba su amada Rhaenyra, y sería una gran reina.
"Padre, el amor no es un buen consejero" continuó Aegon "Y no voy a permitir que lo que es mío acabe en mano de un bastardo como Jacaerys"
"¡Aegon!" le gritó el rey "¡Hablas de tu sangre, de mi hija! Cuida tus palabras" le advirtió el rey, pero Aegon no se amedrentó.
"Soy tu hijo, y Aemond, Helaena y Daeron, aunque no seamos nada para ti, al menos comparados con los…vástagos de Rhaenyra ¿tienes el valor de negarlo? o peor aun ¿tienes idea del año que les haces tus hijos? Tus hijos son personas no recambios de juguete" Entonces Aegon miró con dureza a ese hombre. El no había tenido un padre cuando estaba vivo, pero eso decir que era padre, era algo exagerado.
El rey perdió los nervios, y trató de abofetear a su hijo, pero Aegon esquivó al anciano. Y este perdió el equilibrio, aunque Aegon lo sostuvo para evitar una mala caída. El rey estaba hiperventilando, y su apestoso aliento le revolvió el estómago, por lo que lo sentó en la silla. Pero no podía negarlo, y quería que su hijo se marchase de allí cuanto antes.
"Padre, he decidido partir en aventura a recorrer las ciudades libres" dijo Aegon.
"No…te lo prohíbo…" dijo Viserys con pesadez.
"Cuando vuelva me disculparé" dijo Aegon, saliendo de la habitación de su padre, ignorando los problemas de su padre. Sir Harold lo miró con incomodidad, Aegon le pidió que convocara a loa maestres, debido a que su padre había sufrido un percance.
Sin tiempo que perder, fue a sus aposentos, y cogió sus libros, no debían de caer en malas manos. Llamó a un sirviente e hizo que se los llevasen al patio. Tenía que darse prisa, antes de que la guardia real se movilizara. Pero aun así interrumpió las lecciones del maestre para despedirse de sus hermanos. Aemond le suplicó que lo llevase con el, y Daeron sollozó, pero les dio un abrazo.
"Tranquilos, en cuanto vuelva os conseguiré un dragón a cada uno" les consoló, antes de salir de la habitación, aunque ellos insistieron en acompañarle por lo menos hasta el patio. Pero entonces apareció su madre, seguida por Criston Cole, quien se acercó alterada hacia su hijo y le agarró por el cuello.
"¡Aegon!" le gritó furiosa "¿Cómo es eso que te vas?" "¡Eres el príncipe heredero!"
Pero Aegon permaneció inalterable.
"Me voy por que no soporto a mi padre, porque estoy harto de su amor a su Rhaenyra, de sus constantes desprecios a mi, a ti y a mis hermanos…voy a viajar por los siete reinos, durante un tiempo, aunque descuida, volveré en uno o dos años"
"¡¿Dos años!? gritó su madre sin poder creérselo.
"Mi padre es un idiota, va a arrastrar al reino al desastre con su estúpida obsesión con su hija, y la muerta de su mujer. Madre, no soporto a padre, su estupidez me saca de quicio, o me voy ahora mismo o prendo fue a la fortaleza y acabo con todo" dijo Aegon comenzando a andar apresuradamente.
Al poco de llegar a los jardines, ya estaba seguido por media corte. Al poco la guardia real aparecía para frenarle el paso.
"Alto" dijo Ser Arryk "mi príncipe, por orden de su gracia, debemos de escoltaros a vuestros aposentos"
Rhaenyra se asomó por una de las ventanas, aun estaba acunando al príncipe Joffrey, pero miraba la escena con diversión. Argon se dio cuenta y rodó la mirada, al ver como la guardia le tenía rodeado. Quizás debería de haber cogido su espada, pero tenía un dragón.
"Vermithor" dijo en voz alta y clara. La furia de bronce se había puesto en forma y ochenta y cinco años, no eran tantos para un dragón. Y había se había puesto en forma, durante los últimos seis años. incluso había crecido unos cuantos pies. Además, Aegon ya tenía mucha experiencia montándolo, a costa de feroces discusiones con sus padres.
El dragón de bronce soltó una llamarada y cundió el pánico en la fortaleza. Entonces Aegon aprovechó para subirse a los lomos de su dragón con el baúl de libros, bien cerrados, mientras el dragón se estiraba.
"¡hermana tus hijos son fuertes!" le gritó Aegon a Rhaenyra. Y esta le dio una mirada mortal, pero Aegon le dedicó una sonrisa burlona, y le sostuvo la mirada desafiante. Aunque muchos se horrorizaron por la osadía del príncipe.
"¡Solves Vermithor!" gritó Aegon, y el dragón emprendió el vuelo, forzando a varios de los cortesanos a retroceder del miedo y de la fuerza. Entonces Aegon con un poco de miedo, pero mucha emoción se alejó de Desembarco del Rey, lo más rápido que pudo. Era curioso que por primera vez de muerto se sintiese libre, aunque en vida la felicidad le había sido muy fugaz. Al menos podría disfrutar de ese momento.
"Primer paso los Peldaños de piedra"
