CAPITULO 4; PELDAÑOS Y CONQUISTA
Aegon quizás se había precipitado por lo que acababa de hacer, pero en absoluto se arrepentía. El rey Viserys, era un hombre demasiado ciego y estúpido, y Aegon era lo suficientemente listo para saber que cualquier intento de cambiar en algo a ese viejo leproso sería totalmente estéril.
Estuvo vagando por unos días, hasta llegar a Bastión de Tormentas, allí fue recibido por lord Boros, digno ascendiente de Robert Baratheon, el cual le agasajó con un gran banquete, que Aegon a sabiendas de la naturaleza de lord Boros, sabía que se habría celebrado de todos modos, pero comió un buen trozo de jabalí y bebió un poco de vino para brindar con el guardián de las Tierras de la Tormenta. Pero se mantuvo en guardia, todo lo que ese hombre no sabía de letras o cualquier saber, lo compensaba con una ambición a la par que la de Corlys Velaryon, algo que quedó demostrado cuando le presentó a sus cuatro hijas. Aegon las trató a todas con cortesía, y debía de reconoces que eran bastante atractivas, pero estaba en el cuerpo de un chico de doce años, y ya había muerto hacía mucho tiempo, por lo que deshecho la idea.
En cambio, Aegon fue a visitar a la anciana Jocelyn Baratheon. La ultima hija de la reina Alyssa Velaryon, y por consiguiente su media tía bisabuela. Al principio fue un tanto arisca, quejándose de que su hija debía de haber sido la reina, pero para su sorpresa Aegon le dio la razón y le dijo "Cualquiera habría sido mejor que mi padre" y la anciana se río. Y mantuvieron una charla amigable, aunque al poco tuvo que retirarse pues lord Boros reclamaba su presencia.
No obstante, temiendo no con poca razón que su padre hubiese mandado cuervos a todos los castillos de los siete reinos, para que lo trajesen de vuelta con cadenas si fuese preciso. Se escabulló en medio de la noche, no sin antes dejar una nota de agradecimiento a lord Boros que más tarde sería leída por el maestre. Y esquivó por poco las cadenas, pues cuando estaba subiéndose a Vermithor en medio de la lluvia, juraría que habría visto a un cuervo llegar al castillo. Sin tiempo que perder emprendieron el vuelo por el Mar Angosto.
Por aquel entonces el cuarto de los llamados reyes de los Peldaños acababa de ser abatido, pero aun había combates. Tras toda la mañana de vuelo, divisaron una pequeña isla. Sombría deshabitada, pero con una caverna lo suficientemente grande para que ambos fuesen resguardados. Allí permanecieron durante varios días, Vermithor cazaba pescado para ambos, pero el agua dulce se les estaba agotando. Pero una idea surgió en medio de la sed.
"Vermithor ¿no deberíamos presentarnos a nuestros vecinos?" preguntó Aegon con una sonrisa maliciosa.
Y Vermithor rugió escupiendo algo de fuego, pero Aegon sintió su alegría.
El primer barco que abordaron fue una galera de Myr, aprovechando el factor sorpresa, aterrizaron en medio de la nave, y Aegon exigió a punta de espada todo oro, alimenta y agua dulce que allí tuvieran. Esta como era una galera de guerra de las tres hijas, apenas llevaba unos toneles de agua dulce, y provisiones para dos tres días, pero que para Aegon sería un mes. El vino lo deshecho, y en cambio quinientos dragones de oro no le vinieron nada mal. Así que abandonó la nave con su botín.
A la noche se dio un festín con Vermithor mientras las provisiones de un mes se reducían a dos días. En los siguientes días fue atacando las naves comerciales de las tres hijas. El botín fue más cuantioso, junto con diez mil dragones de oro en una nave, y el triple en la siguiente, Aprovechando la destreza de Vermithor se escondían en las nubes, y aparecían de improviso haciendo zozobrar al barco, o dañándolo lo mínimo posible.
En solo cinco días lograron saquear al menos diez barcos, y obtuvo un botín considerable de mas de doscientos mil dragones de oro. Pero termino sabiéndole a poco.
"Si robas un barco era un ladrón, si robas mil eres un rey" le dijo a Vermithor, mientras se comía una naranja.
A la mañana siguiente partió a Piedrasangre, que era donde su Daemon había establecido en su día el centro de su estéril reinado. Entró por sorpresa en la fortaleza desmontó de Vermithor, y sin mediar palabra cogió al cuarto rey de los Peldaños, un aventurero venido a más, y al que las tres hijas tenían ya los días contados. Como el hombre estaba borracho, le fue más fácil cogerle del cuello y con un gran esfuerzo, pues el hombre pesaba lo suyo, tirarle al borde de la pendiente, llevándoselo las olas con un solo grito.
Entonces Aegon les sonrió con arrogancia y dijo "¿No es una bienvenida un poco fría para vuestro nuevo rey?"
Ya sea por miedo o emoción todos vitorearon a Aegon, aunque dejando de lado lo primero, el dragón que tenía les ayudaría de maravilla frente a las naves de las tres hijas.
Y dicho y hecho, a la mañana siguiente cinco mil mercenarios y cincuenta y dos naves partieron a enfrentarse a la flota de las tres hijas, y retomaron Horcagris, amenazando con marchar hacía Myr. Peor pronto la flota de dicha ciudad apareció junto con la de Tyrosh de refuerzo. Habiendo sido prevenidos por los atracos previos de un dragón, habían traido consigo los escorpiones que habían tenido guardados para Daemon y Caraxes, y la flota de Aegon se hallaba superada ocho a uno, y prácticamente rodeada.
Entonces el batir de las alas ensordeció el mar, y desde la retaguardia Aegon descendió como una lanza de Dorne, aprovechando su punto débil para quemar cincuenta galeras en menos de treinta segundos, y otras tantas en una segunda vuelta. Los escorpiones comenzaron a disparar flechas a discreción y Vermithor las esquivó, pero entonces para sorpresa de todos se zambulleron en el agua, y Aegon agarrado con todas sus fuerzas a las escamas, soportó como el dragón destrozaba como si fuesen juguetes, y durante el siguiente cuarto de hora, al menos veinte barcos fueron hundidos por las fauces de Vermithor, quien volvía a sumergirse al agua dándole a Aegon dos segundos para recuperar oxígeno. Hasta que impactaron la nave del príncipe almirante, la cual era la mas grande todas. Entonces Aegon saltó a lo que quedaba de la proa, mientras la gente luchaba por saltar al agua, y se encontró al príncipe almirante, el cual trató de partirle en dos, pero la escasa estatura de Aegon jugo a su favor y levantando su mano, le atravesó el cuello con la espada, atravesando el cráneo, chocando la punta con el caso del fenecido.
Aegon estaba impactado por haber matado a alguien por primera vez, la adrenalina corría por sus venas, mientras unas gotas de sangre caliente manchaban su rostro. Vermithor rugió con toda su furia, mientras las naves de sus hombres se abalanzaron sobre las naves de la ahora desorganizada flota.
Con cerca de un tercio de las naves destruidas, se lanzaron al abordaje de las naves intactas. Atacaron en manada, y como una bandada de hienas los corderos yacían flotando con manchas de bermellón tiñendo el azul del océano. La correlación de fuerzas se había reducido cinco a uno, y los myrenses tardaron demasiado en contraatacar, aunque la mayoría de las naves ya comenzaban a retirarse ante las nuevas llamaradas de Vermithor, las cuales estaban derritiendo su acero.
Lo que vino después fue una autentica cacería, donde las naves de Myr fueron pasto de las llamas, mientras las de Tyrosh ya se habían retirado dejando a sus compañeros a su suerte. Aunque gracias a que Aegon voló en círculos a los lomos de Vermithor, pudieron ser capturadas cuarenta y tres dromones, con sus efectivos.
Al final del día tenían en su haber en Piedrasangre, cuarenta y tres dromones, y dos mil prisioneros. Aegon ordenó que los oficiales enemigos fuesen "tratados" a conciencia. Con todo pudieron darse un gran banquete con las provisiones capturadas. Aunque Vermithor y Aegon se quedaron en un rincón reposando, salvo para beber agua dulce con unas naranjas.
"Si…yo también estoy exhausto" dijo Aegon con una sonrisa cansada, a lo que Vermithor rugió a baja potencia.
Tras dos días de reposo, Aegon partió con Vermithor y tres mil mercenarios. Consciente de que habría estarían esperándoles con todas sus fuerzas, esquivó a Tyrosh, pensando que allí se concentrarían el mayor número de fuerzas al ser la posición más cercana. Aegon desembarcó diez leguas más al norte en compañía de sus hombres. Dio un rodeo por el camino largo a la ciudad, a marchas forzadas, en tres horas habían llegado a las puertas de la ciudad.
La llama de Vermithor abrió una brecha en las murallas. Quienes estaban en las almenas fueron carbonizados, salvo por aquello que saltaron al vacío para evitar la gran llamarada, pues los muros de Myr eran amplios, aunque no tenían punto de comparación con la muralla negra de Volantis.
Vermithor se dirigía al puerto quemando las calles a su paso, mientras tres mil mercenarios, en cambio en el puerto, las cuarenta naves capturadas, aparecían ardiendo acercándose a la flota que defendía la ciudad.
Obviamente no se esperaban del ataque ni mucho menos que fuese tan rápido, pero en cuestión de minutos las fuerzas navales de Myr estaban destrozadas. Vermithor se giró y acabó con miles de soldados esclavo. Estos eran inmaculados de Astapor, orgullo de las legiones de Ghis, pero como había quedado demostrado cinco milenios atrás, eso de nada servía frente a un dragón, y cientos de soldados yacían con la piel y sus armaduras fundidas en monstruosas deformidades que solo el fuego del dragón pudo hacerse.
"Misión cumplida" dijo Aegon desmontando en la sede de los magísteres. Entonces entró en el palacio flanqueado por mil de sus hombres.
Los magísteres estaban resguardados por quinientos inmaculados. Pero la sombra de Vermithor no dejaba dudas del resultado de cualquier acción defensiva. Fue el mayor de ellos, Allen Maquir, quien dio un paso al frente, tenía el pelo blanco pero los ojos oscuros como los dornienses.
"Señores, son ustedes mis prisioneros" dijo Aegon "desde este mismo momento Myr queda bajo mi dominio"
Sin duda, el hombre estaba extrañado de que el general fuese un niño, al que aun no le había salido la sombra del bigote. De hecho la mayoría de los allí presentes le sacaban una cabeza, y Aegon se sentía un poco como Napoleón Bonaparte tras Toulon. Se cruzó las manos sobre la espalda, a la espera de lo que el hombre le quisiera decir.
"Señor" dijo el magister con educación forzada "estoy seguro de que podremos llegar a un acuerdo…"
Aegon sonrió.
"Myr está bajo mi dominio" dijo con tranquilidad "vuestro ejercito esta carbonizado, vuestras murallas fundidas, mis hombres están aquí, mi dragón está aquí…¿Qué acuerdo proponéis…que me pueda interesar?"
El magister Maquir pensaba que podía volver la situación a su favor, pues a sus ojos Aegon no era más que un niño mimado, con demasiado poder que podía ser controlado con buenas palabras.
"No podéis mantener la ciudad…aquí hay mucha gente y Tyrosh y Lys acudirán en nuestro auxilio" dijo Maquir en tono condescendiente, pero Aegon sonrió con malicia.
"¿Cuántos esclavos hay en Myr?" preguntó Aegon con falsa inocencia "creo que es una proporción tres a uno…unos trescientos mil esclavos ¿no?, hay un viejo proverbio que dice tendrás tantos enemigos como esclavos tengas"
Entonces salió del palacio y asomado y elevándose sobre Vermithor, miró fijamente a la ciudad, después de un rato se aclaró la garganta.
"¡Pueblo de Myr! Gritó con todas sus fuerzas casi doliéndole la garganta "¡Queda abolida la esclavitud desde este mismo momento!" "¿¡Me oís ahora sois libres!?" "¡Salid a las calles sin amo!"
Durante unos segundos hubo un silencio sepulcral, pero tras unos minutos salieron a la calle los primeros libertos, era los más humildes, pero pronto se convirtieron en centenas y luego en miles. Todos estaban conmocionados, pero Aegon se río de la alegría.
"¡Libertad!" gritó Aegon alzando el brazo con el puño, cerrado "¡Libertad!"
"Libertad" dijeron algunos, pero pronto ese canto se siguió repitiendo una y otra vez, hasta que termino resonando a más potencia "¡Libertad, libertad!" gritaron y levantaron los brazos al cielo. Mientras que, en el interior de las mansiones, los amos estaban mirando desde las sombras la escena con temor. Aegon pronto tomaría medidas preventivas para deshacerse de los elementos nocivos antes de acabar como los señores dragón que murieron apuñalados junto con sus dragones en la sombra. Y levantaría una leva.
"Pronto Lys y Tyrosh…nada mal para la primera semana"
