CAPITULO 5; EL SEÑORIO DE LAS TRES HIJAS

En la misma noche en la que Myr fue tomada, las tropas de Aegon eliminaron selectivamente a los elementos potencialmente subversivos. Aegon había hecho un análisis a mano alzada, basándose en los análisis sociológicos, como los que había estudiado en su día en Caltech. Y es que Aegon no se engañaba, era plenamente consciente de que su dominio era precario, por lo que se había trasladado a las afueras de la ciudad, para evitar alguna tontería y terminar apuñalado como los señores dragón luego habían acabado dos siglos atrás al poco de la condenación. Esa misma noche, en una villa escribió una carta a su abuelo Otto Hightower, solicitándole que su casa le enviase todos los efectivos que pudiese para mantener la ciudad.

Quizás fuese una estupidez, pues era el segundo hijo y dudaba que la casa Hightower se metiese en esa aventura, pero había tenido que improvisar sobre la marcha, y no podía volver a Poniente de momento, ya que muy de seguro si volvía a pisar esa tierra su padre lo cargaría de cadenas. Por lo que solo cabía la posibilidad de volver como un vencedor, y para ello no solo debía conquistar Myr también debía tener un dominio estable.
En la mañana, se reunió por separado por varios príncipes mercader y les aseguró que si le juraban lealtad, sus propiedades, familias y vida serían respetadas. Por supuesto la promesa de hacer muchos negocios y la presencia de Vermithor fueron demasiado para negarse a sus palabras de "Oro o fuego". En cuanto a los libertos, para evitar que muriesen de hambre o algunos quisiesen volver con sus amos, les concedió momentáneamente tierras en el campo, y continuidad en los oficios siempre y cuando los antiguos amos les pagasen dos dragones de oro al año, que era la mitad de lo que los artesanos más experimentados de Desembarco del rey cobrarían en un año con suerte, acuerdo que fue aceptado a regañadientes, y sus hombres vigilarían que so se cometiese ninguna tropelía.
Huelga decir que Aegon tomo a los diez mil libertos más habilidosos bajo su servicio. Muchos de los cuales eran varios de los artesanos más habilidosos del mundo conocido, pues Myr tenía fama de una sofisticación poco igualable, y esas gentes serían de muy buen uso para sus planes.
En el atardecer de ese día, mientras Vermithor reposaba, el y otros libertos más habilidosos, fabricaban en el sótano de un telar el fuego valyrio, el cual había aprendido sus secretos del gremio de los piromantes, pues Aegon había colaborado en secreto con estos, bajo la apariencia de un niño entusiasta, llegando a utilizar la llama de Vermithor, y aunque tenía un componente mágico Aegon comprendió perfectamente el proceso científico del mismo, pues fue el que los bizantinos emplearon para que su armada dominase el Mediterráneo Oriental. El proceso fue arduo, pero se aseguro de que hubiese las mismas contingencias que en el gremio. Tras casi dos días con sus noches, habían producido cerca de quinientos toneles, estando al borde del cansancio. Por supuesto para evitar que no se filtrasen sus secretos, lo libertos a cargo recibieron el título nobiliario de "hacedores de sustancia" y un alojamiento confinado en la villa con todas las comodidades, pues les impuso un régimen similar al que tenían los maestres.

Tras unas horas de sueño junto a Vermithor, Aegon despertó, una de las ventajas de levantarte a las cinco de la mañana durante diez años. Pero sus hombres y los comerciantes habían hecho los preparativos, y una leva de veinte mil hombres, con alguna experiencia en combate, también había cinco mil mercenarios, partieron en las naves comerciales y las pocas galeras de guerra, que habían sobrevivido al fuego de Vermithor.
Sin tiempo que perder, pues Tyrosh tenía fama de ser la más pendenciera de la ciudad, y probablemente estaría enviando mensajeros para contratar miles de mercenarios, y de seguro que habían ido a la bahía de los esclavos a comprar todos los inmaculados en su haber, por lo que el ataque debía de ser cuanto antes.

Cuasi camuflado al final de la flota, se hallaban un par de barcos con el fuego valyrio, pero en una flota de doscientas naves, pasarían desapercibidas. Como era de prever cuando Tyrosh se hizo visible a las primeras horas de la noche, su gran armada se hizo patente, y Aegon se sintió desmoralizado por un momento de ver los barcos de guerra, frente a la amalgama de barcos que eran sus fuerzas. Pero eso daba igual.
Aegon estaba sobre los lomos de Vermithor, haciendo ordenado la permanecía de las naves en sus distintos, mientras una de las dos naves avanzaba en silencio, hacia la flota enemiga. Puede que no hubiese tenido tanta sustancia como Tyrion Lannister, pero Aegon tenía a Vermithor, y una de las cosas menos conocidas del fuego valyrio es que si este era prendido por la llama de un dragón podía llegar a ser hasta cien veces más potente, y como Vermithor era un dragón digno de la antigua Valyria su llama no defraudaría.

Aegon se acercó a los lomos de su dragón y prendió fuego a una de las naves a una distancia de veinte varas, poniéndose por unos segundos a tiro de la armada, por suerte la noche jugaba a su favor en ese sentido, y sin tiempo que perder se elevaron al cielo.
Entonces el infierno se desató en las cercanías, el silencio de la noche concluido por los gritos de los marinos, quienes aun en el mar seguían ardiendo como piras humanas. El espectáculo era macabro en el mejor de los casos, pues al menos las tres cuartas partes de la flota, estaban ardiendo, y las que quedaban se estaban replegando a los muelles escapando de la tormenta de fuego, tal era el estupor que muchos de los compañeros que estaban en el agua eran abatidos a ballestazos por sus compañeros, pues no querían que el fuego se extendiera a sus propias naves.

"Perfecto" dijo Aegon con una sonrisa. Lamentaba ver morir a tanta gente, pero era una buena causa. Sin tiempo que perder, ordenó a Vermithor que volara lo más alto posible, entonces Vermithor avanzó sin ser detectado hasta el interior de la ciudad. Entonces descendieron en círculos a gran velocidad. El viento del invierno era gélido pero agradable por esa zona, y Aegon sonrió, mientras desde el lado interno de las murallas, quemaba las almenas en un zigzag consumiendo a todo soldado y escorpión que allí encontró. Causando el terror en la ciudad.
Por su parte la armada de Aegon, comenzaba a desembarcar en un lugar alejado de la ciudad, mientras el otro barco de fuego valyrio aprovechó el caos, para seguir avanzando hasta lo que quedaban de los muelles. Entonces Aegon una vez que las almenas estaban destruidas, condujo a Vermithor a destrozar la puerta principal de la ciudad, donde su ejercito de esclavos se estaba congregando, achicharrando a varios cientos, ero aun así no retrocedieron.

"La marcialidad de los inmaculados es aterradora" dijo Aegon sorprendido de su resistencia, por lo que decidió que Vermithor abriese una grieta con su fuego en la muralla, por donde los mercenarios, pasaron y atacaron a los inmaculados por sus flancos, diezmándolos mientras ambas formaciones se masacraban en la entrada principal. Al final Aegon tuvo que incinerar a al menos tres mil más desde la retaguardia.

Finalmente tras romperse finalmente las columnas, tras cuatro mil bajas entre sus fuerzas, el ejercito de Aegon avanzó por la ciudad con poca resistencia. Aunque Aegon desaprobaba aquello, sabía que tampoco podía detenerlos a lo demás muchos de los hombres de Myr que se habían unido a sus huestes lo habían hecho esperando un botín. Por otro lado lo que ocurriese aquí probablemente influiría en Lys.
Entonces esperó afuera de la ciudad. En las playas fue testigo de cómo el segundo lote de fuego Valyrio explotaba en el puerto, arrasando a parte de la ciudad con ello. Los gritos y el acero se escuchaban por toda la ciudad. Aegon cerró los ojos, y se arrodilló en la arena, pues acababa de recordar todos los inocentes que sus tropas matarían, pero en esa época y en ese lugar la gente solo entendía con la fuerza.

"Lo siento" susurró entre lágrimas, quien en su día había matado a cientos de ciudades en un videojuego, pero al hacerlo en la vida real posó una mano en la frente y oro en silencio por perdón. Tras un rato apretó los dientes y los puños y cogió a Vermithor, y volvió a la ciudad.

"¡Basta!" gritó Aegon fuera de sí sorprendiendo a sus tropas "¡Al alba despojaremos de todo a esta ciudad!" la graganta le dolía "¡Acabad con el Arconte!"

Aquella no gusto mucho al ejército, pero entendieron la lógica de Aegon, pues la ciudad debía someterse completamente antes de nada, y reorganizándose marcharon frente al palacio del Arconte, el cual al ser un magister rico, y no un soldado prefirió abrir las puertas de par en par con el estandarte blanco.

Aegon suspiró de alivió, pero el arconte fue abatido por un ballestero de un dispara en el ojo derecho cayendo al suelo muerto, al poco que los demas magísteres. Entonces tomaron el palacio, aunque Aegon ordenó que todos los templos fuesen respetados, y de eso mucho sirvió pues al menos cincuenta mil mujeres y niños quedaron resguardados.
Pero lo más aterrador vino de los barrios ricos, donde los propio esclavos estaban saliendo de las mansiones con las cabezas de sus amos, quien sabe si por venganza o para salvar su pellejo, pero nadie en aquellas familias fue perdonado por sus antiguas propiedades, ni mucho menos por los mercenarios quienes desvalijaron a placer.

Al alba, Tyrosh estaba semidestruida, con más de cien mil cadáveres en sus calles, provocando una devastación que pasaría a los anales de la historia, y sus detractores elevarían al nivel de la masacre de la casas Reyne y Tarbeck. Aegon caminó por las calles seguido por Vermithor, la cantidad de niños asesinados le hicieron girar los ojos con fuerza, pero llegó hacia donde estaba el palacio de Arconte, y allí pronunció su discurso de victoria.
Pronto ordenó la reconstrucción de la ciudad que correría a manos de los poco grandes mercaderes que habían sobrevivido y de los libertos.

Dejando a cinco mil hombres acantonados, volvió a Myr, donde tras otros cuatro días, partió con su armada. Sin embargo, tras su armada quedar hecha trizas, y sabiendo del destino de Tyrosh, Lys se rindió de forma pactada, en la cual la isla tendría un gobierno semiautónomo y se aboliría la esclavitud, a cambio de que los propio lysenses pudiesen escoger a su gobernador. Aegon aceptó aliviado, previó pago de un tributo de dos millones de dragones de oro, aunque bien sabía que la ciudad podía pagar sin problemas el doble.
Sin embargo, volvió a Myr, con diez mil inmaculados liberados de Lys. Estos demostraron ser mas eficaces y de fiar que los mercenarios a los cuales despidió con unas monedas de oro.
Pero ahí no quedó el asunto, pues las sospechas no iban desencaminadas y dos semanas después aparecieron en las zonas limítrofes con treinta mil inmaculados. Razón por la cual no habían logrado encontrar ni una sola onza de oro en las arcas de la ciudad.
Aegon se presentó con Vermithor y cinco mil hombres. Y tras mucho discernir, los enviados le entregaron el mando de los inmaculados, a cambio de una buena compensación económica sin contar el resarcimiento por la destrucción de sus haciendas, y un puesto en el nuevo gobierno de la ciudad.
Y al final del día Aegon volvió a Myr con treinta mil inmaculados liberados, los cuales por una unanimidad decidieron seguirla bajo la promesa de un hogar con su nueva libertad.

Así poco más de una luna acababa de formarse el llamado reino de las tres hijas, con Aegon como gobernante absoluto, siendo un rey en todo menos el nombre.

Desembarco del rey

Obviamente el éxito de Aegon no paso desapercibido, y aun menos con su búsqueda por los siete reinos, en la que salvo por su huida de Bastión de la Tormenta a plena noche, no se supo nada, incluso se miró por Antigua y Altojardín, pero no lo hallaon por ningún lado. También estaba siendo buscado por las Tierras de los Ríos y Occidente, pero el resultado era el mismo. En la familia real la situación era cuanto menos tensa, mientras la reina Alicent estaba al borde de un ataque de nervios, Aemond no solo estaba preocupado sino que sufría las burlas de sus sobrinos por no tener un dragón y Daeron sencillamente estaba triste.
En cambio el rey estaba furioso con su hijo, pero también muy dolido por todo lo que le había dicho y aun más porque no podía refutarlo. Solo las visitas de sus amados nietos mitigaban la angustia que tenía acerca de su primogénito.
Rhaenyra no estaba preocupada por Aegon, pero si por el daño que podía ocasionar con Vermithor, pues sabía que después de Vhagar, era el dragón más grande y antiguo del mundo conocido. Había escrito a la princesa Rhaenys para ponerla en guardia, pues ella era la única jinete de dragones con experiencia de batalla. Leanor aunque sabía montar un dragón, dudaba de que Bruma pudiese ser rival para Vermithor. También estaba meditando llamar a su tío y hacerle regresar, para capturar a Aegon, y que volviese con Laena y Vhagar, pero estaba el problema cuando se escucharon rumores de un dragón broncíneo surcar el Mar Angosto, por lo que suponía que se había refugiado en los Peldaños.

Pero antes de que las noticias llegasen a ellos de cualquier modo, apareció envío una galera myrense a Desembarco del rey, de ella bajó un príncipe mercader en misión diplomática, que solicitó audiencia con el rey Viserys.
El rey dedujo que era por algún asunto de cuando el gobierno de los Peldaños, y querían negociar algún acuerdo, por lo fue recibido en la corte, estando presente el consejo privado, encabezado por lord Corlys Velaryon, principal interesado.

El emisario le hizo una reverencia al rey Viserys, pero llamó la atención el emblema del dragón rojo de los soldados que le acompañaban.

"Sed bienvenido príncipe mercader, decidnos ¿Qué acuerdo queréis proponer?" dijo el rey Viserys con voz cordial, pero tenía algo de pesadez por la medicación.

"No vengo a proponer ningún acuerdo, pues mi señor solo me ha mandado transmitiros una información" dijo el príncipe mercader, un hombre de cincuenta años, y aspecto cuasi dorniense salvo por su pelo cano.

"¿Señor?" preguntó Lord Corlys con curiosidad y es que no había habido ningun nuevo problema con las tres hijas "¿Acaso habéis ungido a un rey?" preguntó acordándose de la guerra diez años atrás, cuando surgieron todos esos caudillos.

"No" respondió tajante el príncipe mercader "Se trata de vuestro hijo el príncipe Aegon".

La sala no se esperó esa declaración. Probablemente el príncipe Aegon había imitado a la princesa Aerea en su fuga a Essos y había caído prisionero de las Tres Hijas con su dragón asesinado, y ahora estas estaban demandando un rescate por él. La propia reina, olvidó todo protocolo, ante el temor por su hijo, y se acercó al emisario, aunque fue interceptada por la escolta.

"¡Mi hijo!" gritó "¿Qué le habéis hecho a mi hijo?"

El príncipe mercader ordenó a sus hombres que la dejaran pasar, y el emisario le entregó una carta, con el sello de un dragón. "Para vos" dijo dándole una lave reverencia, para pronto girarse hacía el rey, quien estaba flanqueado por lord Corlys y lord Strong, quienes lo miraban con antipatía.

"¿Qué queréis a cambio de mi hijo?" preguntó el rey. No lo apreciaba mucho, pero tampoco podía dejarlo en la estacada.

"Nada" respondió el príncipe mercante, dejando a toda la corte confusa.

"¿Cómo que nada?" increpó lord Corlys señalándolo acusadoramente "Queréis que volvamos a la situación anterior a la guerra ¿verdad?"

"Eso no va a suceder" dijo el príncipe mercante con tranquilidad "Pues vuestro hijo Aegon ha conquistado Myr, Tyrosh y Lys, convirtiéndose en el señor de mi persona, como de las tres hijas"

La sorpresa fue tan brutal que todos enmudecieron, incluso se podía escuchar el paso de una rata por el salón del trono. Lord Corlys estaba con los ojos abiertos, y su piel oscura por un momento se puso pálida. La mano permanecía entera pero no podía negar su sorpresa. El rey en cambio reflejaba en su rostro que no era capaz de procesar del todo esa información aun menos creérsela. La reina estaba con los ojos en blanco y el resto de la corte paralizada como si de estatuas se tratasen.

"¿Qué…qué…es lo que habéis dicho?" preguntó el rey aun aturdido.

"Vuestro hijo se autoproclamó rey de los peldaños de piedra, con su dragón y unos mercenarios destruyó nuestra flota y acabó con conquisto Myr, al poco arrasó Tyrosh y Lys se rindió. Se ha convertido en nuestro señor por derecho de conquista" aclaró el príncipe mercader "ha abolido la esclavitud, el pueblo lo ama, tiene un gran ejército y prosperidad traerá a su reinado"

Pero no se lo creyeron de buenas a primeras y lord Corlys dio unos pasos al frente.

"¿Nos tomáis por estúpidos? El príncipe Aegon, es un niño de doce días del nombre ¡es imposible que él haya hecho una proeza de ese calibre!" gritó lord Corlys, casi a punto de atacar al hombre por semejante falacia pero los escoltas hicieron amago de coger sus mandobles, por lo que para evitar que la situación fuese a más, la mano arrastró, al señor de Maraderiva a un lado.

"¡Esto es el salón del trono, no una taberna, conservemos la dignidad!" dijo lord Lyonel Strong.

"Esto…esto no puede ser…" dijo el rey Viserys. Lo ultimo que necesitaba era tener a un hijo como Daemon, pero lo peor es que ser cierto algo como eso, la posición de Rhaenyra se vería desafiada.

"Antes de volver a mi patria, debo de recitaros unas palabras de mi señor" dijo el príncipe mercader abriendo otra carta sacada de su bolsillo "es un poemas"

"Oh padre, padre,

Tu reinado es estéril

Es solo ver tu figura podre

Sentirme febril

Tú, viejo tonto

Que mi derecho has negado

Mi propio reino he forjado

Y fue bastante pronto

Oh, lord Corlys

Ahora señor soy amo de Lys

De Peldaños y Myr,

Vuestros barcos por allí no van a ir

Oh padre, padre

Tan podre, que abnegada mi madre

Oh, lord Corlys, lord corlys

Vuestro Laenor tan bella flor de Lis

Y es bien cierto que la primavera llega

Pues me llena de emoción

Mas es de esperar que roja no sea

Pero aun así vuestros nietos fuertes son"

El rey Viserys hiperventilo de la furia ¿Cómo su hijo podría ser tan irrespetuoso?, al ver el rostro de su amada hija llorando por semejante humillación, la ira se apoderó de él, y cuando se levantó para gritar, resbaló y si hizo un profundo corte en la mano, con el trono de hierro. Dio un grito, y la corte entró en pánico teniendo que ser llevado por la guardia real hacía el maestre Mellos, quien solo lograría que se recuperara cortándole dos dedos.
Y la corte entró en un profundo revuelo, el príncipe mercader miró a un colorado Lyonel Strong y a un ofendidísimo Corlys Velaryon, para darse media vuelta y volver a su nave de regreso a Myr.

Rhaenyra no tenía ninguna duda, debía de escribir a su tío Daemon.