CAPITULO 8: UN OJO Y DOS DRAGONES
Marcaderiva, segunda luna del año 120 DC.
Como era de esperar, el funeral de Laena Velaryon fue un mar de lágrimas. Mientras Vaemond Velaryon recitaba el panegírico en alto valyrio, y lanzando alguna indirecta sobre la autentica sangre Velaryon, que habría causado la risa irónica del príncipe canalla.
Laena Velaryon había vuelto a Marcaderiva tan pronto como se enteró de la muerte de Daemon, cogió a sus hijas y a Vhagar. Aunque quería vengar a su marido, sabía que en su estado no podría plantarle cara a Aegon y a su Vermithor, pues este dragón había acabado con el feroz Caraxes, y no le cabía duda de la destreza de Aegon. Se debía de serlo y mucho para acabar con las tres hijas.
La vuelta fue muy angustiosa, si en algún momento Aegon les hubiese atacado con sus fuerzas, ella y sus hijas estarían perdidas. Cuando regresó a su hogar, su madre la recibió con un caluroso abrazo, y su querida amiga la princesa Rhaenyra la ayudo en sus cuidados. Apenas cuando quedaba una luna para salir de cuentas, envío aquel mensaje a Aegon. Pero lo que no pudo predecir, fue un parto tan doloroso y difícil, que dio lugar a un niño deforme que murió tras vivir un solo día. Pero la salud de Laena Velaryon ya estaba muy tocada. Los maestres no pudieron hacer nada, y murió al tercer día con Rhaenyra presente, mientras trataba de montarse en Vhagar, se cayó al suelo feneciendo entre sangre y lágrimas.
Había pasado ya media quincena desde su muerte, cuando la familia real tras los debidos preparativos al asentamiento de la casa Velaryon. Tanto lord Corlys como la princesa Rhaenys culparon a Aegon de la muerte de su hija. El rey no dijo nada y la reina apretó los dientes ¿Qué culpa tenía su hijo de que Laena Velaryon de que Daemon Targaryen lo hubiese tratado de matar y encima se hubiese aportado a sus hijas? Las manos le sangraban mientras soportaba en silencio el desprecio de la Serpiente Marina y la Reina que nunca fue. A su lado, su padre restituido como mano del rey era su único apoyo, mientras sus hijos estaban totalmente callados y sintiéndose fuera de lugar.
Pero en ese momento, la princesa Rhaenys estaba consolando a sus nietas, aunque miraba a los bastardos de Rhaenyra con frialdad. Corlys mostraba entereza, pero por dentro estaba destrozado, pero con su ambición intacta. Leanor lloraba a mares por la perdida de su querida hermana, y Rhaenyra estaba verdaderamente afligida.
Entonces el ruido de las alas de dragón interrumpió a los hombre Velaryon, que estaban a punto de depositar el féretro de Laena Velaryon en el mar, siguiendo las tradiciones de su casa.
Acercándose a la velocidad del viento, Vermithor aparecía en la lejanía del atardecer. En la distancia, una flota de guerra le seguía. Y la Furia de broce, comenzó a volar en círculos desafiante, dejando clara la amenaza. Su madre gritó su nombre, pero nada ocurrió, y al cabo de unos minutos, los dromones anclaron en la playa.
con la rapidez que les daba su infrahumano entrenamiento, los inmaculados, ahora reconvertidos, en cuatro mil soldados de coraza ligera, espadas cortas en cintura, y lanza y escudo en mano, con capa roja avanzaron. Iban acompañados por quinientos espadachines de Myr, en perfectos uniformes de rojo y verde, rodeándolos en cuestión de instantes. Por la retaguardia aparecían también mil ballesteros de Myr, que no tardaron en apuntar a cada uno de los allí presentes.
Formaron un gran hueco, y luego Vermithor aterrizó, este llevaba en él cuello otra coraza, el vientre con una cota de acero, y las alas revestidas con una capa de otro metal, pero que para el dragón eran tan ligeros como para un príncipe su jubón. Aegon tocó el suelo, y caminó seguido con su dragón. Llevaba un ramo de flores en las manos, y Hermana Oscura en la cintura, de su jubón verde, igual que el de sus hermanos.
Aegon se dirigió hacia el féretro de Laena Velaryon y depositó encima de este el ramo de flores. Entonces murmuró unas palabras rezando por su alma. A fin de cuentas, no deseaba que esa mujer ardiese en el infierno junto a su marido. Cuando terminó se posicionó entre sus padres y los de la fenecida.
"Proseguid con vuestro cometido" les dijo con voz fría.
Y los hombres de la casa Velaryon arrojaron el féretro para que el mar lo engullese junto a las flores. Entonces se produjo un silencio incómodo entre los presentes, una vez concluido el funeral de Laena Velaryon.
Aegon se giró y caminó hasta donde estaba Baela Targaryen, la cual le miraba desafiante mientras su hermana estaba llorando en los brazos de su abuela. La princesa Rhaenys lo miró con dureza, y lord Corlys estaba al borde del estallido, sin embargo, Aegon se quitó de la cintura Hermana Oscura aun envainada y sujetándola entre sus dos manos se la extendió a su prima.
"Esta es la espada de tu padre, tómala ahora es tuya" dijo Aegon con solemnidad.
Todos quedaron perplejos ante la declaración del príncipe. Pero Baela aun desconfió y frunció el ceño en medio de las lágrimas, desenvainando la espada y apuntando a Aegon, haciendo de ella el centro de atención de quinientos ballesteros.
"¡Ni yo ni mi hermana nos iremos contigo!" le gritó Baela a viva voz. El dolor de la perida de sus padres, el miedo y su propio genio la habían enajenado.
"Por supuesto que no" dijo Aegon con gravedad "solo puse aquello en la apuesta para que vuestro padre rechazara el órdago y se fuese por donde había venido. Aunque subestimé la ambición de mi tío, pero creo que es hora de aclarar este malentendido"
"Explícate" dijo la princesa Rhaenys con voz y mirada sombría.
"Envíe una carta a Pentos asegurando a vuestra hija que no debía nada de temer, y que renunciaría a cualquiera de los derechos sobre mis primas, que su padre apostó" dijo sacando una carta sellada de dentro de su jubón "pero para cuando mi mensajero llegó, vuestra hija había cogido a las suyas y estaba cruzando el Mar Angosto. Al poco recibí una carta de vuestra hija, en la que me amenazaba de muerte de ponerle la mano encima a cualquiera de ellas. No envíe ningún mensaje pues quería que no estuviese alterada con el parto, además de sentirse segura en su hogar ancestral…solo espero que la vida os haya dado otro nieto o nieta, para compensaros por la pérdida de Laena"
Rhaenis cerró los ojos por un momento, recordando como el niño había muerto a las primeras horas de la noche, y como Laena gritó de horror, mientras se retorcía en entre sus sufrimientos más atroces.
Aegon cerró los ojos por un momento.
"Comprendo…solo espero que ese niño sea feliz, en los brazos de su madre durante toda la eternidad" le dijo Aegon.
A pesar de haber nacido débil y deforme, Laena lo había amado desde el primer momento que lo tuvo en sus brazos, al igual que Rhaenys, que al abrir los ojos solo vio en Aegon a un muchacho demasiado temerario, pero inocente de lo que había pasado. En su lugar culpo a Daemon de todos sus males.
"Gracias" dijo la princesa Rhaenys con tristeza.
"No tenéis porque dármelas, aunque os debo una disculpa por presentarme en vuestra tierras con esta fuerza, pero amo mi libertad y no quiero ser cargado con cadenas" explicó Aegon, diciendo esto ultimo mirando a su padre.
"No tienes porque" dijo el rey Viserys cansado de las aventuras de su hijo, ya dándose por vencido "el trono de hierro perdona tu insolencia por esta vez" obviamente lo dijo con desgana, pero si almeno contribuía a que hubiese paz en la familia, el rey haría el esfuerzo de perdonar a Aegon, después de todo aun era un joven y tenía que madurar.
"Gracias padre" dijo Aegon dándole una reverencia respetuosa "te prometo que serviré a los siete reinos lo mejor que pueda"
Rhaenyra se tuvo que morder la lengua, por el poema de hace dos lunas. Al poco de eso, Sir Harwin tuvo un incidente en el patio de entrenamiento con Sir Criston, y fue expulsado de la ciudad, para terminar consumido por las llamas junto a su padre.
El rey Viserys asintió, y la reina suspiró de alivio, mientras la mano miraba a su nieto con mirada calculadora, y el fantasma de una sonrisa apareció en su rostro. Aegon dio una señal y sus hombres se dividieron en dos formaciones de derecha a izquierda, flanqueando el camino de regreso a Marea Alta. La situación era tensa, pero Aegon les aseguró que solo atacarían si el lo ordenase. En el camino a pesar de ser el centro de atención, fue abrazado calurosamente por Daeron y un Aemond más retraído le dijo que lo había echado de menos, Helaena estaba abstraída en su propio mundo pero le sonrió con amabilidad.
Al poco de entrar el propio lord Corlys le entregó el pan y la sal a Aegon, quedando bajo las leyes de la hospitalidad.
Durante la cena, toda la conversación generó en torno a Aegon y su proeza a la hora de conquistar las tres ciudades. Aun también hubo alguna pregunta envenenada por parte de su hermana, Aegon en general respondió que todo se lo debía su dragón y a los siete, por supuesto lord Corlys estaba interesado en que Aegon permitiese la libre circulación d esus naves, por lo que le dio una luz más favorable. Al termino de la misma se dirigió por un momento a visitar a su madre, en sus aposentos para la ocasión, acompaña por la mano.
"¡Aegon!" le gritó la reina agitándolo violentamente por la angustia que la había hecho pasar "¿No ibas a recorrer los siete reinos?" le increpó pareciendo a punto de estrangularle "¡¿Quién te dio permiso para forjar tu propio reino?! ¡eres el heredero de tu padre, no un nuevo Daemon!" Aegon se abstuvo de decir nada, sabía que había sufrido mucho sin saber de su hijo, y las cicatrices en la mano, estaban más rojas que nunca.
Otto Hightower tuvo que intervenir y agarró a su hija, que estaba demasiado agitada, y la sujetó hasta que calmó lo suficiente, pero Aegon permaneció con algo de culpa en su rostro, aunque no se arrepintiese de ello.
"Madre" dijo Aegon "tuve que salir de Bastión e Tormentas en mitad de una tormenta, a los lomos de Vermithor, porque había llegado un cuervo. Escape a los Peldaños, y una serie de acontecimientos me llevó a hacer todo lo que tuve que hacer…y la muerte de Daemon era inevitable"
"Nadie tenía que culpa por ello" le dijo su abuelo. A Aegon no le gustaba Otto Hightower, pero respetaba sus habilidades de gestión y como se había abierto paso hacia la cima.
"Madre, padre es alguien de mente errada y cerrada, con el más vale hacer lo que quieras y disculparte, que esperar a que mude de opinión, porque eso nunca ha pasado" le habló Aegon "Además alguien tenía que decirle las verdades, le pesase a quien le pesase. No voy a permitir que por un viejo enfermo este país vaya al desastre" declaró Aegon "Si Rhaenyra sube al trono, mi cabeza será la primera en rodar, y luego la de Aemond y la de Daeron serán las siguientes, grítame todo cuanto quieras, pero mis manos no tiemblan y mi cabeza no duda"
"Aegon" musitó su madre. Su hijo siempre había superado sus expectativas, pero ahora le asustaba. Siempre había sentido algo extraño en su hijo, algo muy diferente de sus hermanos. Pero bajó la cabeza derrotada, no podía rebatir sus palabras. Aegon la ayudó a sentarse, y se despidió de ella besándola en la mejilla.
"Voy a ver a mis hermanos" tenía que evitar que Aemond perdiese un ojo.
Pero cuando salió de la habitación, un guardia de la casa Velaryon le paró el paso.
"Lord Corlys solicita su presencia lo antes posible" dijo el guardia que le sacaba dos cabezas.
"Ahora mismo no puedo" dijo el príncipe Aegon. Pero el guardia le bloqueó haciéndole fruncir el ceño.
"Lord Corlys demanda vuestra presencia encarecidamente" dijo el guardia.
Aegon soltó un rugido de impotencia, y se dirigió a la oficina del señor de Marcaderiva. Este se hallaba solo en la habitación, al frente de la chimenea, pues la primavera apaneas estaba comenzando y aun hacía frío, además de la propia humedad del castillo.
Lord Corlys estaba sentado en su silla mirándolo fijamente. Pero Aegon no se dejó intimidar por el señor de Marea Alta, conocía bien sus puntos débiles, peros e calló y simplemente tomo un asiento frente a él.
"Buenas noches lord Corlys" dijo Aegon "¿Qué puedo hacer por vos?"
Pero ya sabía la respuesta, su recién formada armada, había bloqueado el comercio en los Peldaños de piedra, poniendo en jaque a la casa Velaryon, asfixiando tanto su posición como su riqueza, algo que la Serpiente marina no estaba dispuesta a tolerar ni un segundo más.
"Príncipe Aegon" dijo lord Corlys sonando lo más amable posible. Lord Corlys era conocido por ser un hombre arrogante de carácter intratable, pero ahora debía amoldarse a una posición incómoda "necesito hablar con vos de un asunto urgente"
"Queréis que desbloquee los Peldaños de piedra" afirmó Aegon. Lord Corlys no se molestó en negarlo, ni tampoco se sorprendió, pues sabía que se hallaba ante posiblemente su adversario más temible.
"Las finanzas del reino comenzarán a resentirse si no lo hacéis" razonó la serpiente marina, sirviéndole algo de vino, pero Aegon lo rechazó, además tenía prisa.
"No necesariamente, Antigua y Lannisport están experimentando un incremento de la actividad comercial, seguro que una cosa compensa la otra" rebatió Aegon con una sonrisa un tanto burlona, que hizo que la serpiente marina crispase la mirada.
"Al rey no le gustará que la crisis golpee las Desembarco del rey y Puerto Gaviota" trató de razonar Corlys.
Aegon soltó una carcajada.
"Mi padre quiere la paz, cuando librasteis la guerra en los Peldaños permaneció tan tranquilo mientras vos os jugabais la vida" declaró Aegon "Aunque coincido en que tal vez podamos llegar a un acuerdo"
"¿Y que proponéis?" pregunto la serpiente marina perdiendo la paciencia.
"Quiero que Baela herede Marcaderiva, y que Rhaena me sea prometida en matrimonio" declaró Aegon, sorprendiendo a lord Corlys "y por supuesto que Baela, se despose con Daeron, pues Aemond, una vez que yo ascienda al trono de hierro, lo nombraré señor de Las tres hijas. Esas son mis condiciones, si queréis seguir siendo el hombre más acaudalado de los siete reinos, después de mi" era un secreto a voces que tras la conquista de las tres pendencieras, Aegon se había transformado en el más rico de Poniente, y su dominio sobre los negocios de las tres ciudades probablemente lo hacían uno de los hombres más ricos del mundo conocido.
La serpiente marina ya sabía lo que pretendía Aegon, pero se bebió una copa de vino, para calmar su temple, pues la posición era muy delicada, en parte porque su mujer sin suda apoyaría ese acuerdo.
"Eso no va a poder ser, mi hija en su lecho de muerte prometió a Baela y Rhaena, con Jacaerys y Lucerys respectivamente. Además mi nieto Lucerys ya es el heredero de mi casa, pues Laenor será rey consorte cuando vuestra hermana ascienda al trono" le dijo la serpiente marina, desafiando a Aegon.
Pero Aegon le sonrió con malicia.
"Sois un hombre de gran riqueza, y vuestra mujer sin duda habría sido muchísimo mejor reina que mi padre, pero eso no impidió que El conciliador, cuando murió vuestro suegro, que la princesa Rhaenys fuese pasada por alto en favor de mi abuelo, y finalmente en el conclave de Harrehall en favor a mi padre, siendo superada veinte a uno en apoyo…¿creéis que la subida de mi hermana será sencilla con ese precedente? Además, tengo mis dudas de que vuestra señora esté a favor de que alguien que no desciende de ella" dijo Aegon haciéndolo rabiar. Estaba seguro, que si pudiese haría que lo azotaran.
"Mi casa es asunto mío" le advirtió la serpiente marina "y no permitiré que cuestionéis la legitimidad de mis nietos"
"Cuestiono mi seguridad y la de mis hermanos, si el hijo de Harwin Strong asciende al poder…me vería obligado a tomar caminos tortuosos, pero elevaré mi oferta…decidme que os parecería si añado el señorío de Tyrosh para vuestro hijo"
La serpiente marina soltó una carcajada, ante la raspa que le ofrecía el príncipe.
"Laenor se sentará en el trono de hierro" declaró lord Corlys "Aunque no noego que me gustaría la ciudad para mi casa" eso era cierto, con Tyrsh en su poder la fortuna de lord Corlys podría fácilmente duplicarse.
"Yo estaba hablando de Addam" dijo Aegon "ya sabéis, el hijo de Marilda"
La serpiente marina se quedó sin habla, y no pudo ocultar su sorpresa. Aegon pudo oler la sangre, tras haber atacado su punto débil.
"En estos momentos un barco lo está llevando junto a su hermano Alyn a Myr. Pero estáis de suerte, he decido ampliar mi oferta, mi hermana Helaena se desposará con Addam, y cuando sea rey lo legitimaré, decidme ¿Rhaenyra puede igualar mi oferta? En cuanto a Laenor, no nos engañemos, a vuestro hijo le quitaríais un peso de encima"
La serpiente marina entrado en pánico. Al saber que sus hijos estaban prisioneros de Aegon. Siendo consciente de que estaba entre la espada y la pared, Aegon curvó su sonrisa al saber que había dejado fuera de fuego al ultimo apoyó serio de Rhaenyra. Además, en breve Laenor moriría a manos de su amante, el vinculo con los Velaryon desaparecería fácticamente.
Sin embargo, un guardia golpeó la puerta y entró con una mirada de gravedad. Aegon entonces comprendió que ya había sucedido.
"Lord Corlys" dijo el guardia con agitación "Ha ocurrido una desgracia, el príncipe Aemond fue herido por el príncipe Lucerys"
Aegon y lord Corlys se miraron por un segundo, y fueron corriendo hasta la sala donde prácticamente todos estaban reunidos. Allí se hallaba Aemond siendo tratado por el maestre, había perdido un ojo por el corte. La reina estaba al borde de un ataque de nervios y con el grito en el cielo, mientras Lucerys estaba protegido por los brazos de su madre.
"¡Tu hijo le ha quitado el ojo a mi hijo!" le gritó la reina a Rhaenyra.
"¡Mi hijo está sangrando!" gritó la princesa Rhaenyra.
"¡Atacó a Baela!" gritó Jacaerys en defensa de su hermano.
"¡Ellos me atacaron por reclamar a Vhagar!" gritó Aemond lleno de odio "¡malditos Strong!
Todos callaron por un momento, aunque era un secreto a voces el rey había hecho oídos sordos, y salvo por el poema de Aegon, nadie se había atrevido a pronunciarlo. Y la princesa Rhaenyra dio un paso al frente con cara de gravedad.
"Padre esto es un insulto a tu heredera, y solicito que el príncipe Aemond sea interrogado severamente para conocer al responsable" dijo Rhaenyra haciendo amago de sollozar y debilitando el corazón del enfermo rey.
"¡No será necesario!" gritó Aegon entrando en escena, y poniéndose entre su hermana y su madre, llegando al frente de su padre "¡Fui yo quien lo dijo!"
"¡Aegon!" gritó el rey, de nuevo disgustado con su hijo. Pero Aegon no se amedrentó.
"Padre, se que amas a mi hermana, y que ni yo ni mis hermanos para ti somos nada. Pero es la verdad y todo el reino lo sabe, sino dime ¿Cómo si ambos padres tienen en pelo rubio plateado, los tres niños tienen el pelo castaño? Este no es el primer caso en la familia, tus tías Viserra y Saera también dieron escándalos sonados, pero tu hija es aun peor, por lo menos ellas no exigieron que un hermano fuese torturado" le increpó Aegon.
"¡Basta!" gritó el rey Viserys "¡Desde este mismo momento, todo aquel que cuestione el nacimiento de los hijos de la princesa Rhaenyra, ya sea hombre, mujer o niño se le será arrancada la lengua!"
Aegon tenía el rostro pétreo. Pero miró a su hermano pequeño siento atendido. Sabía que le quedaría una cicatriz espantosa por el resto de su vida, pero le preocupaban más las secuelas psicológicas. Daeron estaba sollozando desconsolado, al lado de su hermano. Entonces se giró para ver a su padre.
"¡Mi hijo ha perdido su ojo, no le volverá a crecer!" gritó la reina llena de ira.
"Alicent…basta…eso no puede ser remediado, y somos una familia…¡una familia!" gritó el rey Viserys, mostrando una inusual energía.
La reina se contuvo las lágrimas, y cerró los ojos, pero Aegon se adelantó antes de que perdiese los estribos. La sujetó por un momento, y la miró fijamente a los ojos, para ver toda la desesperación e ira de Alicent Hightower.
"Tranquila madre…yo repararé esta afrenta" dijo Aegon soltándola y girándose hacía su padre "No eres más que un hombre débil…y el poder no admite hombres débiles"
Todos guardaron silencio. Aegon cerró los ojos por un momento, realmente no quería que esto sucediese, pero no había otra forma. Sin mediar palabra caminó hacía donde estaba Rhaenyra con sus hijos. La tiró al suelo y le arrebató a Lucerys de sus brazos, arrastrándole hacía afuera de Marea Alta.
"¡Aegon!" gritó el rey.
Todos siguieron a Aegon, y la guardia real trató de detenerle, pero los soldados de Aegon se habían infiltrado en la fortaleza. Hubo un amago de lucha pero Aegon se giró para mirarles a todos fijamente.
"¡Suelta a mi hijo!" gritó Rhaenyra.
"No voy a matarle ni a mutilarle" dijo Aegon "pero si me seguís todos, veréis cual será su castigo" El rey le grito que se detuviera, pero Aegon lo ignoró.
Entonces afuera de Marea Alta, los cinco mil soldados de Aegon permanecían en guardia, sobresaliendo Vermithor. Caminaron un rato hasta llegar donde responsaban los dragones. Allí se hallaban Syrax, Vermax, Arrax y Bruma estaban reposando. Entonces todos se pararon a la espera de la decisión de Aegon, quien mantenía sujeto a Lucerys.
"Mi príncipe" suplicó el lord comandante "detened esta locura"
"Princesa Rhaenys ¿Dónde está vuestro hijo?" le preguntó Aegon mirando de reojo a la mujer con sus nietas detrás, que le miraba expectante.
"No lo sé" respondió la reina que nunca fue, aunque sospechababa que sabía que su hijo estaba con su amante.
"Una pena, un padre debería de estar aquí…pero que se le va a hacer" dijo Aegon.
"¿Qué vas a hacer?" preguntó Alicent temerosa de lo que pudiera hacer su hijo.
"Vermithor dracarys" dijo Aegon. Entonces subió en sus brazos a Lucerys, y le abrió a la fuerza los parpados, mientras Arrax su dragón era achicharrado ante su ojos, gritando el pequeño y su dragón al unísono. El lord comandante trató de agarrar a Aegon, pero se vio detenido por diez espadachines de Myr. Entonces Aegon tiró a su sobrino al suelo con delicadeza, mientras se revolvía.
Aegon levantó el brazo demostrando el dominio que tenía de su dragón, y señaló a Vermax, el cual fue carbonizado ante los gritos de Jacaerys. Entonces señaló a Syrax, abrió su mano y luego la cerró con fuerza. Ante los ojos de todos, Vermithor se abalanzó sobre la dragona, arrancándole la cabeza de cuajo y rasgando pedazo a pedazo cada parte de la dragona. Dos soldados de Aegon sostuvieron a Rhaenyra la cual profería gritos de dolor al ver a su dragona parcialmente devorada. Bruma salió en su defensa, pero Vermithor era el doble de grande de Bruma y fácilmente pudo arrancarle la cabeza de cuajo, matándolo al instante. Solo se salvó de su profanación porque Aegon le hizo un gesto con la mano para que se retirara.
Todos sin excepción contemplaron con horror la macabra escena, Rhaenyra le grito maldiciones sin cesar a su hermano, mientras los guardias la sostenína para evitar que cayera al suelo de rodillas.
Aegon caminó hacía ella y su padre, quien estaba destrozado. Entonces se cruzó de brazos detrás de su espalda, mirándolos con frialdad.
"Mi hermano perdió un ojo para ganar a su dragón, tu hijo perdió a su dragón para no perder su ojo. tu primogénito por agredir a mi hermano…y tu dragona ha muerto por tus faltas. No vuelvas a faltar a respeto a mi madre ni a mis hermanos…y eso también va por ti" le dijo girándose para ver a su padre medio desmayado por la impresión y la medicación.
Y los cuatro dragones ardieron al amparo de la noche. Entonces todos contemplaron con horror como la sombra de Aegon se erigía sobre el reinado de Viserys. En ese momento puso en duda que Rhaenyra sería la segunda reina que nunca fue.
