CAPITULO 9: EL DRAGÓN FUNESTO
Tras aquella fatídica noche, al alba la corte abandonó Marcaderiva, salvo por la excepción de Leanor Velaryon, el cual, al ver a Bruma decapitado, quedó destrozado en los brazos de su madre. La princesa Rhaenys miró a Aegon con dureza, y en ese mismo instante supo que había ganado a una enemiga para tener en cuenta. Aunque lord Corlys permaneció callado a su lado, pues no se atrevía a causar la ira de Aegon por temor a lo que les pudiese suceder a los hijos que había tenido con Marilda.
El rey Viserys había estado sorpresivamente callado, y lloraba en silencio el dolor de su hija y nietos. El que había perdido a su dragón sabía mejor que nadie lo terrible que era perder ese vínculo. Por un momento miró a Aegon con dureza extrema, preguntándose como su hijo podría haber hecho algo tan abominable. Por un momento quiso ordenar que lo predieran y encerrarlo en lo más profundo de las celdas negras, pero el contingente y su dragón imposibilitaron cualquier valor que el rey pudiese haber tenido, y su hijo podría rebelarse y fácilmente acabar con una parte de su familia allí mismo.
A partir de aquel alba, el rey Viserys sería acompañado por el temor de que Aegon se rebelase contra el, y matara a su hija y nietos, pero aun así defendería la posición de su hija hasta su último aliento. Por su parte la reina Alicent, estaba temerosa de lo que pudiese hacer su hijo, pero aun así orgullosa de que se hubiese comportado como un verdadero hermano mayor y hubiese vengado el ojo de su hermano, y ya de paso las afrentas de Rhaenyra, aunque no aprobaba del todo que hubiese ido tan lejos.
Pero cuando sus hermanos estaban por subir a la nave real, Aegon se interpuso. Con el iban quinientos espadachines de Myr, más mil inmaculados y otros tantos ballesteros. A su lado también se hallaba Vermithor, el cual se erguía con su parcial coraza amenazante sobre quienes estaban en la isla.
"Madre quisiera llevarme a Daeron conmigo" dijo Aegon "Ahora que Aemond tiene su propio dragón, quisiera llevarlo conmigo pues Vermithor y Ala de plata, tuvieron una nidada y tal vez mi hermano logre eclosionar uno de los orbes"
La reina se sorprendió. Su primer razonamiento fue en negarse en rotundidad, Daeron era su ultimo hijo, y también el más querido. Sin embargo, su padre le susurró algo al oído hablándole sobre la necesidad de que Daeron tuviese un dragón y convenciéndola de que con Aegon estaría a salvo.
Pero el rey intervino.
"No Aegon" dijo el rey con voz sombría "tu hermano es demasiado pequeño para ir a Rocadragon"
"Padre, cuando yo tenía la edad de Daeron, ya había reclamado a Vermithor…y a tus nietos los orbes les eclosionaron en la cuna…si quieres puedo llevarlos conmigo a Rocadragón para que reclamen y que traten de incubar a otro huevo"
"¡Jamás!" gritó Rhaenyra llena de dolor, rodeando a Jacaerys y a Lucerys protectoramente "¡No quiero volverte a ver en mi vida! ¡Sí te acercas a mis hijos te juro que…!"
Vermithor dio tal rugido que heló la sangre a mas de uno. Aun así Rhaenyra siguió mirando desafiante a Aegon, pero este solo le dedico una sonrisa burlona, y que no soportaba a una chica tan malcriada. El que no había tenido nada en su infancia, siempre había odiado a todos esos niños ricos, y el ver como una mujer tan estúpida se le entregaba el mundo en bandeja, hiera o que hiciera, le hizo hervir la sangre.
"Oh vamos querida hermana, en Pozodragón aun quedan buenos dragones para reclamar, lastima que a Aemond no tenga otro ojo que sustituya al suyo…pero que se le va a hacer"
"¡Aegon!" le gritó su padre deseando perderlo de vista "podrás llevarte a tu hermano contigo, siempre y cuando jures que lo protegerás con tu vida"
"Lo juro por mi vida" dijo Aegon alzando una mano "¡Daeron ven conmigo!" le dijo a su hermano pequeño.
La reina abrazó a su benjamín antes de que este se fuese de su lado y caminase a paso sencillo hacia su hermano. Aegon cogió a su hermano entre sus brazos, y le sonrió al parecer ya pesaba más, y se dio media vuelta, seguido de sus hombres.
"Padre" dijo dándose por un momento la media vuelta y mirándole con frialdad "cuídate" para nadie paso por alto la amenaza ¿pero que se podía hacer? Tras la muerte de Daemon, Aegon era el jinete de dragón más temible. Nadie podía negar sus habilidades marciales, tras la conquista de las tres hijas, pero sobre todo, nadie negaba su implacabilidad al ejecutar a cuatro dragones, algo que ni el mismo Maegor se había atrevido a obrar. Probablemente tendría que deshacerse de Rhaenys Targaryen cuanto antes, pero era una buena mujer y le daría en beneficio de la duda…por un tiempo.
Las naves de Aegon emprendieron el camino opuesto de las reales. Lo ultimo que vieron antes de alejarse fue la figura de Vhagar. El camino hacía Rocadragon fue tranquilo, y a mediodía consiguieron llegar al hogar ancestral de la casa Targaryen.
Al principio en la fortaleza les dieron un recibimiento frío, pero cortes. El maestre Gerardys no les tenía afecto, pero fue respetuoso al igual que el castellano. Solo comieron un poco de carne asada antes de emprender el viaje a Motedragón, a lomos de Vermithor. Pronto llegaron, y Daeron estaba emocionado.
"Tranquilo" le dijo Aegon cuando comenzaron a meterse en la cueva. Iban acompañados en la retaguardia por Vermithor. Aegon cogió de la mano a Daeron, y este se la apretó, el pobre tenía un poco de miedo, pero permanecía con entereza, Pronto se hizo visible Alda de Plata. La dragona de la reina Alyssane, era experimentada, y la más grande disponible en esos momentos. No era Meleys, pero sin duda sería mucho mejor que Tessarion. Lo primero que haría una vez que comenzase su reinado sería demoler Pozadragón, y revertir la crisis de los dragones. Cuando Vermithor y Ala de Plata al verse se acercaron, y se acurrucaron para asombro de Daeron.
"Eran los dragones de nuestro bisabuelos, el amor que se tenían aún sigue vivo en sus dragones" le dijo Aegon con una sonrisa. Daeron sonrió emocionado, mientras su hermano le revolvía el pelo.
"¡Asombroso!" dijo Daeron con su dulce vocecita de niño pequeño.
"¿Por qué no te acercas a Ala de Plata y la reclamas?" le preguntó Aegon sonando más como un padre que un hermano, pero Daeron tembló un poco y bajó la cabeza.
"Aegon…tengo miedo" dijo Daeron "no seré capaz"
Pero Aegon le sonrió.
"Daeron" dijo con voz suave "Yo también tuve miedo cuando reclamé a Vermithor, pero lo logré ¿sabes por qué?" Daeron negó con su cabecita "pues el valiente no es el que no tiene miedo, sino aquel que sabe dominarlo. Y tú tienes la sangre del dragón, y mi fe en tí"
"Si hermano" dijo Daeron, dando unos pequeños pasos hacia Ala de plata.
Aegon miraba atento como su hermanito avanzaba lentamente hacía la dragona, pero cuando estaba a un palmo de rozarla con su mano, el rugido más aterrador que cualquiera podría imaginarse resonó desde afuera de la caverna. Ambos dragones alzaron sus cuellos asustados, en especial Vermithor.
Daeron fue derribado sin querer por Ala de Plata, siendo recogido por poco por Aegon. La caverna apenas estaba iluminada, se escuchó una respiración espeluznante, y el ruido de cuatro patas robustas. Como dos esmeraldas llenas de odio, el Canibal de su tamaño, destrozaba la caverna a su paso.
Vermithor ya estaba listo para lanzar su llamarada más potente, pero se hizo el silencio, y Aegon apartó hacia atrás todo lo que pudo a Daeron. Entonces el Canibal con la velocidad del sonido derribó las piedras y al propio Aegon cayendo al suelo partiéndose el labio, mientras veía con impotencia como llegaba con su cabeza tamaño carroza sobre Daeron, atravesando las propias paredes de la caverna.
"¡Daeron!" gritó Aegon con todas sus fuerzas. Vermithor sintiendo el dolor de su jinete, rugió con todas sus fuerzas, ofreciéndole su lomo a Aegon. El Canibal con una fuerza sobrenatural incluso para un dragón se giró destrozando el lugar. Ala de Plata cogió su nidada lo más rápido que pudo, y Vermithor retrocedió para salir lo más rápido posible.
A los pocos segundos, la caverna se había derumbado por completo ante la fuerza del Canibal, y a la luz del día, Aegon fue el primero en ver al más grande de los dragones salvajes, el cual se decía que moraba allí antes de la llegada de los Targaryen.
El Canibal era sin duda diferente a cualquier dragón que antes se hubiese visto, con su tamaño posiblemente superior a Balerion. En lugar de dos, tenía cuatro patas más alas. Su color negro como el carbón, en su cabeza tenía varios cuernos, y en su rostro de odio sobresalía una cicatriz, que le abarcaba la mitad de su rostro, que hacía ya mucho tiempo se la había hecho otro dragón. Sus ojos verdes y brillantes eran tan grandes como el mismo Aegon.
Sin embargo, el corazón de Aegon estaba con el corazón en un puño y horrorizado por el destino de su hermano.
"¡Ahhhhhhh!" gritó una vovecita.
Aegon abrió los ojos y la boca horrorizado al ver que su hermanito estaba colgado de uno de los cuernos del Canibal. Al parecer con todas sus fuerzas y el valor de Azor Ahai, Daeron había escalado por el tremebundo rostro del dragón, en medio de la oscuridad más siniestra.
"¡Daeron!" gritó Aegon con todas sus fuerzas. El caníbal era casi el doble de grande que Vermithor, pero tenía que rescatar a su hermano, y sin pensárselo gritó "¡Dracarys!" y el aliento de fuego de Vermithor golpeó con toda su fuerza las patas delanteras del Canibal pero solo consiguió causarle una ligera molestia. Ala de Plata acudió en su auxilio, y es abalanzó sobre el dragón salvaje, pero solo consiguió hacerle unos rasguños poco serios en torno al cuello.
El Canibal desplegó sus alas oscureciendo el cielo, rugió a modo ensordecedor, y elevó sus alas. Vermithor se alzó a los cielos, en su persecución del dragón salvaje. Aegon rescataría a su hermano, aunque fuese lo ultimo que hiciese. El caníbal lanzó una llamarada negra como la noche, más potente que cualquier fuego que jamás hubiese visto, quizás tuviese algún compuesto químico extraño. Las esquivaron por mu poco, pero el propio Vermithor, hubo de retroceder, para evitar sus efectos. Y el dragón tenía miedo, pero aun así Aegon se las ingenió para que diese un rodeo.
"¡Daeron aguanta!" gritó Aegon mientras lo seguía desde la distancia.
Estuvieron recorriendo toda la isla, a la velocidad que Aegon creía que era superior a la del Concorde. El Canibal se revolvía, con violencia por la presencia de Aegon y temía que Daeron cayese al vacío.
Aunque no pudiese verlo, Daeron se estaba sosteniendo con fuerza a uno de los cuernos, el miedo le reforzaba su voluntad y recordó las palabras de su hermano. Con todo el valor del mundo, saltó a otro cuerno, y gritando con todas sus fuerzas, corrió por gran cuello, hasta sus lomos. Entonces se agarró con todas sus fuerzas, sangrándole las manos mientras el Caníbal daba vueltas con mas violencia.
"Dioses" musitó Daeron sin creerse lo que estaba ocurriendo, o más bien sin entenderlo completamente del todo. Entonces vio sobresalir en medio de la negrura, un pequeño resplandor esmeralda brillando a la luz del atardecer. Daeron avanzó en medio de la violencia del Canibal, cada paso le costó un mundo, y con sus manos ensangrentadas, alargó la mano hacía la piedra verde. Entonces sintió un mango de acero, y con todas sus fuerzas sacó una espada más grande que el propio Daeron.
El Caníbal se alteró y rugió con fuerza, pero había algo inscrito que llamó la atención de Daeron que ponía Daekarys, la propia espada regeneró las heridas de las manos de Daeron y gritó con todas sus fuerzas.
"¡Daekarys!" gritó Daeron y el dragón abandonó el odio en su rostro "¡Ñuhor līr gūrēnna!" (tomaré lo que me pertenece) ¡Daekarys yo te reclamó!
El Caníbal dejó de revolverse, y se dirigió a su guarida, pero no entró. En su lugar se tumbó en la tierra, permitiendo que Daeron bajase con un poco de dificultad. Aun asustado deambuló por el lugar, era realmente sombrío con poca vegetación, en medio de las rocas. Y francamente solitario.
"NUNCA PENSÉ QUE UN TARGARYEN SE CONVERITIRÍA EN MI JINETE"
"¿Cómo?" preguntó Daeron dándose la vuelta y viendo como el Caníbal le miraba fijamente, pero sin odio, es más como con una especie de veneración.
"PEQUEÑO YO SOY DAEKARYS UN DRAGÓN ERRANTE, LLEVO MORANDO ESTA ISLA DESDE LA DESTRUCCIÓN DE MI HOGAR Y LA MUERTE DE MI SEÑOR, EL MÁS GALLARDO DE ENTRE LOS JINETES"
"¿Quién fue tu jinete?" preguntó Daeron con curiosidad y su miedo desvaneciéndose.
"AURION, EL PRIMER Y ÚLTIMO EMPERADOR DE VALYRIA. MUERTO EN EL PRIMER Y ÚLTIMO DÍA DE SU REINADO"
"¿Por qué puedo hablar contigo?" inquirió Daeron "¿es este el famoso vinculo entre dragón y jinete?"
"SI Y NO, YO SOY UN DRAGÓN DE OTRA CASA, LAS CUARENTA FAMILIAS TIENEN DRAGONES LOS DRAGONES DE CADA FAMILIA TENEMOS CARACTERÍSTICAS DISTINTAS. LOS TARGARYEN SOIS UNA FAMILIA INFERIOR, PERO NO TE CONFUNDAS YO TE SIRVO A TI POR DERECHO PROPIO, NO A TU FAMILIA"
"Valyria se perdió hace dos siglos" respondió Aegon "Solo los Targaryen sobrevivimos a la condenación"
"MUCHOS SOBREVIVIERON. MI ANTIGUO SEÑOR Y YO CAMINAMOS EN BUSCA DEL FEUDO. TRASPASADO UN MAR DE HUMO EL MAL SE EXTENDIÓ EN LAS HUESTES. LUCHE CONTRA ENGENDROS EN MI PATRÍA Y COGÍ A MI SEÑOR, BUSQUÉ SU CURACIÓN HASTA LLEGADO ESTE LUGAR, QUE AENAR CON FUEGO SU ALMA QUEBRÓ. DESDE ENTONCES HE ESTADO AQUÍ VAGABUNDO EN TIERRAS POR LAS QUE ANTAÑO VOLABA CON ORGULLO, DEVORANDO LOS HUEVOS DE VUESTROS DRAGONES"
Daeron vio en su cabeza una feroz batalla entre un hombre joven de aspecto heroico, y otro maduro más otros dos jinetes, frente a un hombre de aspecto horrible que montaba al Caníbal. El que parecía el líder cayó junto a su dragón a manos del Canibal, y de un solo zarpazo derribó a otro. Ese joven con aspecto lloroso saltó a los lomos del Canibal y degolló al hombre de aspecto horrible, del cual brotaron gusanos blancos en el suelo. El caníbal rugió y acabó con otro dragón arrancándole la cabeza de un mordisco. Para retirarse en la oscuridad de la noche, y sumirse en las cavernas en las que estaba allí mismo.
"¡Daeron!" gritó Aegon llegando a máxima velocidad. Se posó en el suelo seguido de Ala de Plata. Pero lo que vio le sorprendió y se bajó abrazando con fuerza a su hermano. El rostro de Aegon estaba lloroso por pensar que lo había perdido "¡Lo siento, lo siento mucho!"
"¡Aegon mira tengo mi propio dragón hermano y…!"
"POR FAVOR NO DIGAS A NADIE QUE PUEDES HABLAR CONMIGO, NO QUIERO QUE SEPAN QUE LES ODIO A MUERTE SI NO PUEDO GRITARSELO A LA CARA"
"Vale" dijo Daeron con poco convencimiento.
"Ehh… ¿Qué dices?" preguntó Aegon confuso "Un momento ¿el Caníbal es tu dragón?"
"Se llama Daekarys" dijo mostrándole con una sonrisa el espadón de acero valyrio "Es un dragón de la vieja Valyria. su anterior jinete fue un señor dragón llamado Aurion"
Aegon estaba perplejo por lo que estaba escuchando, y aun más por ver a su hermano intacto. Por un momento quiso tocar la espada, pero Daekarys le rugió haciéndole caer al suelo asustado.
"SI ALGUÍEN QUE NO ERES TU TOCA LA ESPADA LO REDUCIRÉ A CENIZAS"
"Mejor no la toques" dijo Daeron con una sonrisa nerviosa "A Daekarys no le gusta la gente"
Aegon soltó un suspiro, y ambos hermanos se tumbaron. Dentro de poco anochecería y sus estómagos comenzaron a rugir. Pronto ambos volvieron en sus respectivos dragones hacia la fortaleza. El menor con el dragón más grande que existía en el mundo conocido y el mayor con el susto más grande de toda su vida.
Por fortuna la carne asada y el hidromiel les facilitó un poco el sueño, aunque Daekarys permaneció oculto en las cuevas, observando desde la distancia a un Daeron escapándose para verle, mientras Aegon caminaba con Vermithor a su lado afuera de la fortaleza, pensando lo que iba a acaecer en medio de una noche calmada, pero sin paz, mientras Daeron volaba en círculos sobre el dragón funesto.
