CAPITULO 10: LA FUGA

A la mañana siguiente, tras una noche desvelado, Aegon y Vermithor estaban buscando a Daeron por los alrededores de la isla, hasta encontrarlo durmiendo en los lobos del dragón funesto. El propio dragón estaba durmiendo en la forma que una pensaba podría dormir un perro.

"¡Daeron!" gritó Aegon desde el aire, pues temía la reacción de Daekarys. Y su hermanito despertó con pesadez, dando un gran bostezo mientras se estiraba, y se quitaba una manta de lana, aunque el propio dragón era lo suficientemente caliente como para que no pasara frío.
Pronto Daeron bajó de los lomos del gran dragón y llegó hacia su hermano.

"Lo siento hermano…pero es que su llamada es muy fuerte" se disculpó Daeron con una sonrisa avergonzada.

"No pasa nada" dijo Aegon mirándolo fijamente. Lo cierto es que su hermanito le había sorprendido, aunque no del todo, pues sabía que durante la danza de los dragones llegó en su momento a ser la mayor amenaza para Rhaenyra, y sin duda alguna de no haber muerto en ese incendio, habría sucedido a Aegon como rey. pero a partir de ese momento decidiría criarlo el mismo, pues había decidido convertirlo en su heredero, ya que no confiaba de todo en Aemond. Sabía que sonaba raro, pero mentalmente tenía cuarenta y un años y veía a sus hermano más bien como a sus hijos "Pero a partir de hora voy a ser yo quien te cuide…arrodíllate Daeron"

Daeron así lo hizo y Aegon puso su espada en su hombro.

"Yo Aegon Targaryen, guardián de las tres hijas, te nombro a ti Daeron Targaryen, lord dragón de las tres hijas y señor de Lys, ante nuestros dragones como testigos"

Ambos dragones rugieron al unísono en señal de aprobación. Y Daeron se levantó pletórico de ese nombramiento. Pues aun era un niño muy pequeño y la fantasía aun renaba en su cabeza, pero Aegon haría de el un gran sucesor, pues conociendo la personalidad de su hermanito le quedaba a dedo el dicho de Onosandro de Mandaras cuando aprendas a obedecer.

"SABÍA DECISIÓN"

Aegon abrió los ojos con fuerza al escuchar la potente voz, y vio como Daekarys lo miraba fijamente. Por un momento quedó paralizado de la emoción sin importarle que supiese ya de la existencia de la magia.

"Daeron…¿ha sido tu dragón quien ha hablado?" preguntó Aegon, a lo que Daeron se sorprendió.

"¿Puedes escucharlo hermano?" preguntó sorprendido "¡Creí que yo era el único!"

"SOLO MI SEÑOR Y LOS FENECIDOS PUEDEN ESCUCHARME"

Aegon tragó saliva, al parecer ese dragón sabía de él más de lo que cualquiera podría saber y si se lo contaba a Daeron estaría en graves problemas.

"¿Pero mi hermano está vivo?" inquirió Daeron rascándose un momento la testa "¿Cómo puede escucharte entonces?" preguntó mientras Aegon contenía el aliento ante lo que pudiese decir el dragón.

"QUIZÁS ES POR ESO QUE LLAMAÍS EXCEPCIONALISMO"

Aegon suspiró de alivio ante la respuesta. Pero Daekarys lo miró fijamente, diciéndole con la mirada que si sabía que estaba en verdad muerto, pero algo dentro de el le dijo que podría confiar en el dragón, tal vez por que revelarlo solo causaría daño a su señor.

"Gracias" le dijo Aegon, pero Daekarys gruñó.

Entonces el estómago de ambos hermanos rugió aguardando su desayuno. Aegon sacó de la bolsa que tenía en el lomo de Vermithor unas naranjas. Serían un aperitivo para cuando llegasen a Desembarco del Rey.

Desembarco del rey

Era ya de buena mañana en la capital, en la que como era costumbre los miles de jornaleros, tenderos, mujeres de mala vida y demás gente de la ciudad ya estaban tratando de ganarse la vida como buena o malamente podían según cada caso, cuando el cielo se vio escurecido por las alas de un gran dragón, que los más viejos pensaron que era Balerion renacido. Junto a el se hallaba Vermithor, que, desde la distancia, no se podía apreciar la diferencia de tamaños. Pero entonces ambos dragones aterrizaron en uno de los patios de la fortaleza roja destruyéndolo todo a su paso.

Aegon y Daeron bajaron de sus dragones. Y el primero con una sonrisa fría, fue seguido del segundo con una sonrisa emocionada, mientras arrastraba envainada su espada de acero valyrio. Pero pronto una comitiva real vino es su recibimiento.
la primera en aparecer fue la reina Alicent, seguida de Sir Criston Cole. Detrás suya vinieron toda la corte al poco, hasta que finalmente aparecieron su abuelo y su padre, este ultimo muy debilitado por viaje.
Pero todos pusieron la misma cara de asombro y miedo a ver a tan magna bestia mirándolos fijamente con sus ojos grandes y verdes.

"¡Madre, Padre!" dijo Daeron emocionado "¡Ya tengo dragón! ¿os gusta? Se llama Daekarys"

Pero todos estaban demasiado asustados ante tan monstruosa presencia, aunque el rey recordó cierto parecido en su hijo a la emoción que tuvo el cuándo monto a Balerion por primera y ultima vez.

"¿De donde ha salido ese dragón?" preguntó el rey Viserys con interés, pues parecía era sin duda más grande de lo que Balerion lo fue en sus mejores días.

"De Rocadragón padre" respondió Aegon "llevaba en la isla desde poco después de la condenación, aunque nosotros lo conocíamos como El Caníbal"

Nada más escuchar ese nombre, sonaron gritos de horror de entre los cortesanos, no era para menos pues de ese dragón se escuchaban historias a cada cual más inquietante, y su aspecto parecía corroborar todas y cada una de ellas.

"¡Aegon!" gritó la reina "¿Cómo se te ha ocurrido esa temeridad?"

"Madre, en realidad Daeron iba a reclamar Ala de Plata, pero cuando estaba a un segundo de hacerlo, Daekarys apareció fuera de la cueva y trató de matarnos, llegando incluso a destrozar la cueva. Atacó a Daeron, pero mi hermano – dijo acariciándole la cabeza – se subió a su cabeza y llegado a sus lomos sacó una espada de acero valyrio que esta incrustada entre sus escamas, mientras el dragón se revolvía con violencia en el cielo, y yo trataba de salvar a mi hermano. Pero entonces Daeron reclamó al dragón, reconociéndole como a un señor dragón…pues Daekarys había sido la montura de Aurion, que logró escapar de las ruinas de Valyria, después de ver a su señor y a su ejercito perecer. La espada que lleva mi hermano es la espada de ese señor dragón"

Todos los presentes quedaron impactados por tal revelación. Ahora Daeron se había convertido en el jinete del dragón más poderoso de los siete reinos, y posiblemente el más grande pues en la boca de Daekarys sin suda cabían tres uros sin problemas. El rey Viserys en un gesto algo inusual se dirigió a su benjamín y le acarició la cabeza, sonriéndole con gentileza. E incluso decreto un banquete y un fastuoso torneo para celebrar tal hazaña.

En el transcurso del banquete Aegon reveló que había nombrado a Daeron señor de Lys, convirtiéndolo en uno de los señores más ricos de los siete reinos, superando a los Hightower. Sin embargo, al ver a Aemond celarse de ser eclipsado tan pronto, lo nombró señor de Tyrosh, y su hermano se levantó y lo abrazó. Al rey no le gustó que Aegon estuviese repartiendo posiciones entre sus hijos, pero Aegon le dejó bien claro que era su derecho de conquista. Dejando a una mano y a una reina muy complacidos, mientras Rhaenyra se había negado a asistir al banquete, y había decidido ir a Pozo dragón cuanto antes.
Según Aegon tenía entendido, Rhaenyra reclamó a la dragona Tessarion, mientras que Jacaerys reclamó a Fuego Solar y en cambio Lucerys consiguió incubar otro huevo del que nació Shrykos. Y según parecía Rhaena se dirigía a Rocadragon para reclamar Ala de Plata, pero Aegon no le dio demasiada importancia, mientras sus tropas permanecían acantonadas en Rocadragón ocupándola fácticamente.

En cualquier caso, muy pronto la proeza de Daeron se extendió por los siete reinos, y lord Corlys, como buena serpiente marina que era, regresó a Desembarco del rey en la siguiente luna. Aparecía jovial y sorprendentemente amable con todo el mundo, algo nada usual en él. Trajo los mejores dulces y las mejores bagatelas que podía haber encontrado, y agasajo a todos los príncipes, pero todos los obsequios, atenciones y halagos fueron a parar al príncipe Daeron, quien recibió tantos como todos los demás príncipes y princesas en su conjunto. Aegon que por aquel entonces había ido a visitar al septon supremo para atraer a la fe a su lado, tuvo que dejar la audiencia para volver a toda prisa a los lomos de Vermithor.
De vuelta en la fortaleza roja, halló a esa serpiente marina, junto a una Rhaenyra sospechosamente dulce, envolviéndose sobre su inocente Daeron.
Por aquel entonces su abuelo estaba muy ocupado gobernando desde el consejo privado, mientras que su madre tenía que cargar con otra recaída del rey.

"¡Daeron!" gritó Aegon dándole un empujón a su hermana "serpiente y hermana malas"

"Me ofendes Aegon" dijo Rhaenyra "¿acaso no puedo cuidar de mi hermano?"

"Claro, claro…como tus hijos son tan fuertes" dijo Aegon causando el fruncir del ceño en su hermana "¿Por qué no va a cuidar de Aemond, seguro que agradecería más tu atención? Y en cuanto a vos lord Corlys ¿a que debemos vuestra presencia? El consejo no está aquí reunido, consejero de barcos.

"Solo estaba agasajando a nuestro valiente príncipe" dijo la serpiente marina con amabilidad forzada. Aun temía a Aegon, y a este no se le pasó por alto, que estaba tratando de lavarle el cerebro a su hermano, por lo que agarró a Daeron y se lo llevó de allí en brazos, sin admitir objeción alguna.

Entonces se lo llevó a su madre, quien ante su presencia despues de atender al rey. le mostró toda su angustia, y tras dos horas de lloros y gritos, su hijo más querido quedó convencido de que Rhaenyra y sus hijos eran malos. No había sido algo limpio, pero Aegon sabía que solo su madre podía tener la suficiente influencia sobre su hijo para hacerle entender. Daeron aparte de eso, era un chico bueno y obediente que por nada del mudo quería ver a su madre infeliz, y a sabiendas del mal que le había hecho Lucerys a Aemond, se autoconvenció profundamente hacía la causa de Aegon.
Esa misma noche, durante la cena, a la cual sobre la mesa estuvieron tanto Aegon como sus padres, hermanos y hermana, y abuelo, por supuesto se le sumó lord Corlys quien con palabras amables, solicitó que el príncipe Daeron fuese su pupilo en Marcaderiva, mientras Baela lo era de la corona, preparándose así para su matrimonio con Jacaerys. Mientras que Lucerys partiría con ellos para aprender de su futuro posición como señor de Marea Alta.

"¿Y que tiene que ver mi hermano pequeño con todo esto?" preguntó Aegon irritado. Pero reconocía la audacia de la serpiente marina, pues ya había tanteado el temor del rey, pero no el hasta donde era capaz de llegar el propio Aegon, por lo que estaba haciendo su propia apuesta personal.

"Teniendo en cuenta los desafortunados sucesos de la luna pasada sería bueno para acabar con rencores pasajeros, además es el señor de Lys, y necesitará que alguien le enseñe a gobernar sus dominios" dijo lord Corlys en su tono más suave.

"Si es así ¿no sería mejor que fuese Aemond? A fin de cuentas es el agraviado en este asunto, quizás sería una buena idea, así Aemond y Lucerys podrían estrechar lazos después de todo"
Pero la serpiente marina tenía respuesta.
"Mi príncipe vuestro hermano Aemond necesita el cuidado de vuestra madre, después de su perdida, pero por supuesto también es bienvenido en el pasaje. Allí vuestra tía os tratara como si fueseis hijos suyos"
Aegon no dudaba de que Rhaenys tuviese corazón para eso, pero lo que realmente importaba es que la serpiente marina trataría de lavarles el cerebro, o simplemente deshacerse de ellos en el momento adecuado para tratar que Addam, Alyn o cualquiera de sus bastardos reclamasen a los dragones más grandes.

"¡Mis hijos no se irán de mi lado!" gritó la reina, pero el rey tenía una idea diferente.

"Alicent, no es una mala idea" dijo el rey Viserys al ver la sonrisa de Rhaenyra a lo que le frunció el ceño como nunca.

"¡Yo me niego!" gritó Aegon dando un golpe en la mesa "ninguno de mis hermanos ira a vivir a Marcaderiva. Para empezar, porque si necesitan aprender algo ya esta aquí su abuelo, que tiene más de ocho años de experiencia como mano, o Sir Tyland o lord Wild, y por otra parte no confío en vos, pues fue vuestra ambición la que llevo a vuestra hija a la muerte"

"¡Aegon!" le gritó el rey Viserys, pero no consiguió amedrentarle.

"Calla viejo decrepito" le dijo Aegon mirándolo con una frialdad que hizo temblar al rey "¿No te da vergüenza dejar a tus dos hijos en manos de alguien que codicia tanto ver su sangre ene l trono de hierro?

Lord Corlys se levantó de la mesa.

"¡Esto es una afrenta!" gritó la serpiente marina "mi casa es Valyria, la madre del conquistador era Velaryon ¿Cómo podéis decir que ansió poner mi sangre en el trono cuando ya está sobre ella?"

"Pues por el mismo motivo por el que se celebró el consejo de Harrenhall, porque queríais que vuestra mujer muese la reina, y vuestro hijo tras de ella, porque a vos obsesiona vuestro maldito legado, y no dejaré que sea pagado con la sangre de mis hermanos. Esa es mi ultima palabra"

"Padre esto es un insulto a nuestro mas antiguo y valioso vasallo, no puede quedar así" dijo la princesa Rhaenyra.

"Yo no quiero ir" dijo Aemond, aun con el ojo cicatrizante, y Daeron lo secundó con su vocecita de niño pequeño.

"Alteza no sería prudente en estos momentos" trató de aconsejarle Sir Otto. Pero el rey ya estaba desbordado del estrés, y se llevó su mano a la cabeza, cayéndosele la corona. Aegon se levantó y se la puso, y por un instante miró con lastima a aquel hombre.

"Creo que sería mejor debatir esto mañana, una vez que el rey se halle mejor ¿no crees hermana?"

Sin nadie mas que objetara, todos se marcharon a sus aposentos, salvo el príncipe Daeron, quien se fue a dormir con su hermana la princesa Helaena porque según Aegon tenía miedo, mientras la reina Alicent y Rhaenyra tuvieron una agria discusión.
Unas horas más tarde, Aegon abrió un pasadizo en sus aposentos, que había sido construido en su día por Maegor el cruel, y que había descubierto durante sus exploraciones cuando tenía diez años. Cogió una antorcha, y caminó hasta llega a la habitación de Helaena, donde se encontraba Daeron abrazando a su hermana.
"Daeron" dijo con suavidad mientras le tocaba el hombre "nos vamos de viaje, ven vamos" dijo levantándolo con cuidado y llevandoló en brazos por los pasadizos junto a una Helaena ensimismada, hasta llegar a la habitación de Aemond, con el tuvo fue más claro, no dudó en seguir a su hermano por los pasadizos hasta llegar a la parte trasera del patio destrozado, donde se hallaba Vermithor, puesto que Daekarys y Vhagar estaban afuera de la fortaleza debido a su tamaño.

Sin embargo, allí se encontraron con quinientos hombres de la casa Velaryon, bajo las ordenes de una serpiente marina, ya prevenida de lo que había sucedido en Bastión de Tormentas. Pero Aegon no se amedrentó.

"¡Vermithor, drakarys!" gritó Aegon desde la distancia.

Los dragones tenían un oído más agudo que los humanos, por lo que el dragón en cuestión de segundos se alzó y escupió su fuego quemando a doscientos hombres Velaryon. Sin tiempo que perder corrieron hacía el dragón. pronto comenzaron a dispararles flechas, y una de ellas acertó a Aemond en una pierna, teniendo que cargar Aegon con el, al igual que Helaena con Daeron el cual sollozaba de miedo.
Vermithor rodeó el lugar con su fuego, quemando a muchos mas, pero generando tal humo que cegó a los arqueros el tiempo suficiente, para que Aegon llegase a los lomos de su dragón, y este alzase el vuelo, aun sujetando firmemente a sus hermanos.
Daeron gritó "¡Daekarys!" y el dragón no tardó en volar con ellos, mientras que Vhagar pronto se les unió aunque más lenta por su edad. Huyendo hacía Rocadragón.

Allí Aemond fue atendido por el maestre Gerardys a punta de espada. Pues Aegon nada más llegar ordenó a sus hombres tomar el castillo, cosa que hicieron con poca resistencia, ya que muchos se les unieron. Allí permanecieron durante tres días, hasta que su hermano se encontró mejor.
Pero entonces llegó a la fortaleza un cuervo, este anunció que Aegon había sido puesto en busca y captura bajo el cargo de alta traición. Al parecer las llamas de Vermithor quemaron parte de la fortaleza roja, provocando muchos muertos y obligando a la corte a salir apurada de la misma.

"Hay que irse de aquí cuanto antes" declaró Aegon, y al día siguiente el, sus hermanos, sus dragones, sus naves y soldados partieron hacía Myr, para no volver en mucho tiempo. Sintió lastima de no poder llevarse con ellos a su madre, pero ya hallaría el modo de tráela con ellos. Entonces reparó en Helaena, quien lamentaba el no poder haberse llevado con ella a Sueñafuego, pero estaba mirando detenidamente a una hormiga.

"Cuando volvamos, la muerte un festín se dará"