CAPITULO 11: REY POR DERECHO PROPIO
Tras una semana llegaron al fin a Myr. Por fortuna los colaboradores de lord Hightower eran leales, y el ejército recién constituido había permanecido leal a Aegon. Por lo que se sabía, hubo un amago de alzamiento por parte de los supervivientes del viejo régimen en su ausencia, pero este fue pronto aplastado.
Nada más llegar a la Villa Naranja, ordenó que se extremaran las medidas de seguridad sobre el la edificación, triplicándose los efectivos e incluso poniendo catadores. A partir de ese día ni él ni sus hermanos comieron sin una supervisión fidedigna. Para mayor seguridad había ordenado a Aemond que guardase cama durante una quincena, no fuese a ver recaídas. Helaena y Daeron dormirían en la misma habitación pero en camas separadas.
También ordenó la puesta en alerta del ejército, y los piromantes ya tenían cerca de cinco mil frascos de fuego valyrio, si atacaban se defendería.
Entonces Aegon se encontró en su día del decimo tercer nombre, presidiendo una reunión de emergencia. Lo más importante de todo sería formar un gobierno, y se creó una serie de magisterios. En primer lugar el magisterio de la tesorería, el cual recayó en Xaro Phoenymon, un mercader de vino veraniego que había forjado su negocio de la nada, hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de Myr, pero que no pudo acceder al magisterio en su día debido a que los nuevos ricos no eran del todo bien vistos. El segundo magisterio en crearse fue el de construcción y producción industrial. Un nombre un tanto extraño, pero que recayó en el experimentado Muzar Iteris, quien había fundado y gestionado uno de los mejores talleres artesanales de cristal, siendo una referencia en el gremio, pero quien tenía fama de avispado y un talento innato para la gestión, pues había fundado una especie de empresas que hoy en día se le podría considerar un holding. El tercer magisterio, el de educación y arte recayó de Soresys, un liberto de más de cincuenta años y posiblemente uno de los más grandes eruditos del continente, siendo que ejercía como preceptor de los hijos de los más pudientes, aceptó el cargo abrumado, después de que Aegon le llamase para otorgárselo.
El cuarto magisterio fue el de seguridad y leyes, y estuvo a cargo de Mossador, un eunuco proveniente de Naath, el cual nadie dudaba que cumpliría su función de forma impecable. El quinto fue el magisterio de la defensa, que recayó en Arentio, quien había estado con Aegon desde que se proclamó rey d ellos Peldaños de Piedra. No era un hombre muy culto, pero tenía experiencia en el campo, y sin Aegon solo era un aventurero con deudas crecientes. Los otros dos magisterios, el de agricultura recayó en Bereno Vollun un rico hacendado, y el de protección popular en manos de Koson, un sacerdote del dios rojo.
El propio Aegon se autonombró primer magistrado de forma temporal, pero se reservó para si mismo el mandato sobre el ejército. pero dejando de lado los nombramientos había venido noticias desde Poniente. La sesión estaba teniendo lugar en una gran mansión que un príncipe mercader había tenido a bien ceder al estado, a cambio de cinco de años sin cobro de impuestos.
Resulta que al parecer Aegon había raptado a sus hermanos y a sus dragones, matando a cientos de hombres de la casa Velaryon en su huida, y se le acusaba de traición a los siete reinos. La siguiente noticia que había escuchado fue que Otto Hightower había sido destituido como mano, y hecho prisionero en las celdas negras. Había sido remplazado por la serpiente marina. Aunque de su madre no tenía noticias.
"Que ignominia" dijo el magister Soserys con horror "¿Qué clase de padre ordena la muerte de sus hijos?"
Aegon negó con la cabeza.
"Mi padre es un imbécil, un débil y un cobarde…pero no un asesino de parientes" dijo Aegon. Por muy mal padre que fuese lo conocía lo suficientemente bien, como para saber que no era un asesino de parientes "Esto es obra de la serpiente marina, sabía que con mis tropas acantonadas en Rocadragón era especialmente débil, y pensó que o era en ese momento o nunca. Apuesto a que había envenado mi copa de vino" dijo Aegon, y es que no se le olvidaba que la serpiente marina había jugado un papel importante en el envenenamiento de Aegon cuan este se hallaba sitiado por los Tully y los Stark. Tenía que deshacerse de ese Tywin Lannister con rastas "Mi padre está demasiado enfermo, y ciego de amor por mi hermana y sus bastardos. Seguro que ella tramó todo eso con la serpiente marina, para así hacerse con el trono de hierro una vez que mi padre muera. Ella me odia por lo que le hice a su dragona, y a los dragones de su eunuco e hijos. Y lord Corlys actúa para ver a su sangre sentada en el trono de hierro, algo que le duele desde hace diecinueve años. Pero esto le va a salir muy caro…Arentio.
"Si majestad" dijo el hombre corpulento poniéndose rígido.
"Dad orden a la flota de que bloqueen los Peldaños, cualquier barco que quiera pasar por ahí, deberá de pagar los peajes que en su día pusieron las tres hijas. Decidles que mantengan posiciones, pues si los Velaryon aparecen acudiré con Vermithor a darles una calurosa bienvenida. Veamos si puede seguir siendo el más rico de Poniente sin su amado comercio. Por cierto señor Phoenymon, enviad un mensaje al Banco Rogare, decidles que por órdenes del gobierno, los depósitos de la casa Velaryon en la misma permanecerán inmovilizados hasta nuevo aviso"
Los Velaryon tenían una parte de su fortuna en dicho banco, y Aegon no estaría sorprendido de que la serpiente marina estuviese enviando emisarios hacía la familia de banqueros. Un banco que se precie jamás permitiría que los bienes de uno de sus clientes le fuesen expropiados, pero congelados por orden del gobierno, era otra historia.
"Como vos ordenéis" dijo el magister. Pero todos pensaron que era una buena idea, el comercio aun era muy importante en las tres hijas.
"Pero el siguiente punto que me atañe que me preocupa es Essos. Mi tío tenía muy buena relación con Pentos, y estoy seguro de que Volantis tratará de aprovechar este momento. la serpiente marina podría convencerles para formar una gran coalición contra nosotros, y así repartirse las tres ciudades a placer" dijo Aegon apoyando sus manos en la mesa y cerrando los ojos por un momento. no era así como se supoía que debían de desarrollarse los acontecimientos "debemos de realizar una movilización económica, alcanzar nuestra autosuficiencia"
Todos callaron por un momento, y entonces Aegon cogió uno de los libros que había traído con él. En este se especificaban varias técnicas sobre la producción de comida enlatada. Algo que sería vital para los próximos inviernos. Aegon había querido que su revolución industrial comenzara con el desarrollo de la industria textil, pero el contexto lo obligó a cambiar radicalmente sus planes, y tendría que posponer su viaje a Sothoryos al menos una década más. Pero ya había tomado una decisión, y la revolución industrial se centraría en la alimentación, el transporte y las armas.
"Señores, si hacemos los que tengo planeado, las tres hijas sustituirá a Valyria como el imperio más poderoso que el mundo haya conocido" dijo Aegon mirándolos fijamente, mientras sus colaboradores estaban expectantes.
"Convertiremos a las tres hijas en el centro de la industria alimentaria y del transporte, y por supuesto por medio de la innovación armamentística. Mañana mismo les daré una muestra" dijo Aegon dando por zanjada la reunión.
Aquella misma tarde llamó a los mejores artesanos en ballestas de la ciudad. Trabajaron en una forja toda la noche, y es que elaborar aquello era muy difícil con esa limitación tecnológica. Fue muy caro, por no hablar de lo que tuvo que pagar a varios mercaderes para obtener los ingredientes para preparar la polvora, pero ya bien entrado el alba, bastante tosco y algo primitivo todos sonrieron, pero pronto lo mejorarían. El mundo conocido ahora iba a saber lo que era el fusil de cerrojo.
Solo se tomó una jarra de leche de desayuno, pues los magísteres estaban por llegar. Pero en lugar de la sala, los hizo llamar a los jardines, donde también se hallaba Vermithor. El cansancio reinaba en la cara de Aegon con unas ojeras pronunciadas, y su piel pálida, se le notaba que estaba cansado pero contento.
Todos le hicieron una reverencia y se refirieron a el como "majestad" y el les saludó, mostrándoles el extraño artilugio.
"Mossador" dijo Aegon con voz cansada. "¿tienes buena puntería?" y el hombre lo afirmó, pues hasta hace unas pocas semanas no era más que un inmaculado. Entonces señaló un jarrón que estaba en el otro extremo del jardín, y le entregó el artilugio, previa una breve explicación "ahora apunta al jarrón y aprieta el gatillo" le ordenó.
Mossador apretó el gatillo, y el cartucho hizo pedazos el jarrón en menos de un instante, sorprendiendo a los presentes por el ruido y la potencia. Luego Aegon le ordenó que volviese a disparar, pero al mástil donde izaba un banderín a cuatrocientas varas. El inmaculado así lo hizo y el mástil se partió en dos de un solo tiro.
"Mis distinguidos señores ¿se imaginan el poder de un ejercito con cincuenta mil de estas armas?" preguntó Aegon con una sonrisa.
Y todos comenzaron a reír con mayor o menor audacia. El magister Iteris, fue el mas alegre, con ese poder en sus manos incluso el más nutrido y feroz de los khalasares perecerían ante sus fuerzas. Ahí es donde entraba Iteris, pues el había recibido en secreto los planos para la construcción de una factoría de armas, sobre la base de los talleres del gremio de ballestas. Sin duda los artesanos de gremio se matarían por elaborar los mejores fusiles.
"Que cada hombre se encargue de una tarea, y el maestro supervise el trabajo final. Si hacemos esto, en dos lunas el objetivo será cumplido" los magísteres se extrañaron por estas palabras, pero un sirviente entregó a Phoenymon un libro que contenía varios ejemplos económicos, en el cual el propio Aegon había destacado y adaptado el ejemplo de Adam Smith sobre la fabricación de clavos.
Entonces Aegon se retiró a dormir a su cama, y no se despertó hasta el atardecer. Cuando se levantó fue a visitar a sus hermanos con quien cenó brevemente. Todos estaban preocupados por su madre, pero Aegon les aseguró que tan pronto como pudiese la traería junto a ellos. Aemond vociferó que iba a ir a por ella, pero Aegon lo mandó de vuelta a sus aposentos, mientras se llevaba a Daeron a la cama, y le contaba un cuento sobre los hijos del bosque, y como su magia sigue aun viva.
Pero al salir de la habitación se topó con Helaena, quien lo miraba con preocupación. Aegon tuvo la decencia de sentirse culpable, pero permaneció entero.
"Aegon ¿era todo esto necesario?" preguntó Helaena. Y Aegon suspiró.
"Temo que sí, tanto yo como Aemond y Daeron jamás estaremos a salvo si Rhaenyra llega al poder. Aun menos sus hijos fuertes" le dijo Aegon "Ya viste a los soldados Velaryon en los patios de la fortaleza roja"
Helaena no estaba del todo de acuerdo con lo que había dicho Aegon.
"Jacaerys es un chico muy gentil" dijo Helaena con una sonrisa triste en su rostro.
Aegon se llevó una mano a la cabeza al confirmar que su hermana estaba enamorada de su sobrino.
"El poder cambia a la gente" le dijo Aegon "Pero no te preocupes, en cuanto pueda te traeré a Sueñafuego" le dijo Aegon a su hermana, dejando que esta entrara a dormir con Daeron en sus aposentos.
A la mañana siguiente, revisó a lomos de Vermithor los campos colindantes a Myr. Eran realmente extensos, y aunque apenas fuese una tercera parte de las Tierras de la Tormenta, eran realmente ricas. Observó con cuidado a los grandes terratenientes, los cuales podrían ser un estorbo. Por ende, su siguiente paso fue la llamada revolución agraria. En la cual el estado compraría a todos estos la mitad de sus tierras, las cuales repartiría a modo intransferible a los campesinos, los cuales se organizaron en cooperativas o sociedades dirigidas, donde habría un equilibrio de poderes.
No fue de mucho agrado entre los terratenientes, pero pronto creó en los talleres la cosechadora y elaboró en un edificio aislado, que luego comenzaría a conocerse como la factoría química, donde se producirían los pesticidas para evitar tragedias inoportunas como la crisis de la patata de Irlanda. Así mismo hizo imprimir copias del libro que había escrito hace años sobre agricultura. Había trabajado tanto para adquirir unos viñedos en la Toscana, que apenas logró pisar una vez, antes de que todo se le viniese abajo.
El propio Aegon les explicó como elegir las semillas, y les informó de como iban a estar disponible pronto las cosechadoras y los arados de hierro para su la pronta mecanización del campo. También introdujo la rotación de cultivos sustituyendo el barbecho, más tarde enviaría efectivos a ayudar a los gremiales, que Aegon no tardaría en transformarlos en empresas con participación estatal.
También se reunió con los pescadores, al poco de entregarles sus mejores sardinas, Aegon se puso a trabajar en las primeras latas, y tras una tarde de sudor y sangre, consiguió crear la primera comida enlatada de ese mundo. A los pocos días la abrió y los magísteres degustaron con alegría unas sabrosas sardinas.
Pero Aegon piso el freno en los siguientes proyectos, y pronto dio instrucciones de preparar todo tipo de comidas en especial con legumbres. Aun así habría que esperar un par de años a la conclusión de su reforma agraria. Además debía de andar con cuidado, las ciudades eran ricas y el comercio abundante pero el gasto sería inmenso, y podría surgir una importante inflación.
La siguiente luna fue completamente tranquila, hasta que a Myr llegó una carta firmada por su padre, en la cual se exigía que entregase las tres hijas al trono de hierro, disolver su ejercito y hacer regresar a sus hermanos y hermana a la capital o de lo contrario sería declarado traidor al reino.
Aegon leyó la carta delante de sus hermanos, los magísteres y buena parte de la elite de su dominio. Guardo silencio y cerró por un momento los ojos esperando las reacciones de los que le seguían.
"El trono de hierro nunca ha tenido ningún poder sobre nuestra tierra" dijo el magister Phenymon.
"Si os negáis habrá una guerra, pero si aceptaís habrá tiranía" habló Iteris. Aborrecía a Daemon y a Corlys había perdido a dos hijos en el mar Angosto por culpa de esos dos canallas, por lo que su posición ya esta clara.
"¿Lucharemos contra padre?" preguntó un Aemond taciturno.
"No. solo contra los soldados que envíe" respondió Aegon.
Con Daemon muerto, y siendo Rhaenys la única verdadera jinete de dragón al servicio del rey Viserys, ya estaba clara la balanza en el conflicto. Aunque los seis reinos combinados tenían una profunda superioridad numérica, una vez que los fusiles estuviesen listos, además de contar con el fuego valyrio, sería derrotados sin apelación. En la practica aquello era solo una puesta en escena.
"Las tres hijas no tienen rey" declaró Aegon,
"En lo que a mi respecta, tú que me libraste de las cadenas al igual como a mis hermanos, eres nuestro único rey" declaró Mossador, y hubo gritos de aprobación. Pronto esos gritos se volvieron unánimes. Incluso Aemond y Daeron corearon enfervorecidos. No le querían, al menos no del todo, el era un conquistador, pero uno que les era rentable, por eso le apoyaban y no tenía oposición.
"Bien" dijo Aegon con un suspiro "por la presente me autoproclamo rey de las tres hijas" en realidad lo llevaba siendo de facto desde hacía tres lunas, pero ese era un detalle irrelevante. Entonces afuera Vermithor rugió de alegría, acompañado por Vhagar y Daekarys, y todos aclamaron a Aegon con más furor que nunca.
Esa misma noche Aegon, Aemond y Daeron volaron en círculos alrededor de la ciudad, mientras estallaban las fiestas por la proclamación del reinado de Aegon. Pero en el suelo Helaena los miraba con tristeza antes de partir de vuelta en un dromón hacia Desembarco del rey. No quiso despedirse, en su lugar sollozó sola en la nave mientras en la distancia veía a sus hermanos por ultima vez.
