CAPITULO 14; UNA PROMETIDA

Poco después de la ocupación de Pentos, Braavos accedió a las condiciones de paz impuestas por Aegon y la ciudad libre mantuvo intactas tanto su independencia, como tierras y riquezas. Entonces, en las siguientes dos semanas, Aegon había vuelto triunfal a Myr, donde organizó un gran desfile de la victoria, en el que participaron quince mil soldados. Con orgullo Aegon hizo caminar a una Baela encadenada delante de él y su dragón, al igual que dos mil soldados de Pentos que fueron hechos prisioneros. Como un animal enjaulado, rugió pero solo le valieron unos azotes y la severa amenaza hacía su abuela para que llorase de la impotencia, mientras decenas de miles de personas se reían de ella.
Aegon observaba como la pobre muchacha caminaba lastimosamente con el peso de sus cadenas, mientras el a lomos de Vermithor montaba por las calles. Hubo gente quienes le tiraron basura y piedra a Baela, llegado el punto de hacerle sangrar un hombro. Hubiese tenido un efecto mayor haber hecho desfilar también a Rhaenys pero aun se estaba recuperando de las operaciones, y tenía para dos meses de reposo absoluto.

Cuando llegaron a la gran plaza, Daeron los estaba esperando con cinco mil soldados y los magísteres. Estos al ver la posición se arrodillaron, y la imagen del terrible Daekarys bajar su cabeza ante la llegada de Aegon, fue una notable representación de su poder. En la gran plaza, se asomaba en medio de las banderas del dragón dorado, el retrato del propio Aegon, en forma similar al de Mao en Tinanmen.
Daeron puso cara de pena al ver a su prima en ese estado, pero aun así no vaciló en su lealtad, y levantó su espada al igual que su dragón rugió cuando Aegon estuvo en el centro de la plaza. Entonces se produjo el encuentro y todos aclamaron enfervorizados, al rey antes de que este hablase.

"Myr, Tyrosh, Lys, Volantis, Norvos, Qohor y ahora Pentos, todos forman parte de esta gran nación" dijo Aegon "¿Dónde están nuestros enemigos?" preguntó Aegon señalando a los prisioneros "¡Encadenados!" y la multitud rugió enfervorecida "¡Eso es lo que les espera a cualquiera que nos desafíe!" y la multitud volvió a rugir "¡El nuevo orden acabará con los Dothraki, y la Bahía de los esclavos, será la Bahía de los libertos, Sarnor se unirá a nuestro manto, al igual que Lhazar o Ibbei, todos bajo misma nación!"

Entonces uno de los oficiales dio un paso al frente y gritó; "¡Un pueblo, una nación, un único emperador!"

Todos los soldados repitieron el mantra, mientras la población aclamaba fuera de sí, mientras Vermithor y Daekarys rugían con orgullo. Aegon sonrió. Se alegraba de haber preservado la disciplina de los inmaculados, pues habiendo puesto en práctica una profunda jerarquización organizativa, había comprobado con agrado como el ser humano tendía a obedecer ciegamente a una autoridad fuerte, similar a la de los jenízaros durante los primeros tiempos del imperio otomano. Por supuesto esto se había aplicado a la población, habiendo establecido un nivel de propaganda solo comparable con el de Mao en China. Interviniendo el estado en todos los aspectos de la sociedad que fueron posibles. Incluso la producción de armas, estaba a cargo de gremios especializados, que como los piromantes vivían enclaustrados bajo una fuerte vigilancia y su suerte de privilegios otorgados por el estado.
Por supuesto siempre había alguna disidencia, pero la guardia roja, que era la policía secreta "trataba" el problema con los métodos necesarios, propiciando un policial encubierto. Aegon no era estúpido y sabía de buena tinta que necesitaba de los comerciantes y artesanos, a los cuales dio una serie de privilegios otorgados bajo la financiación del estado. La política del palo y la zanahoria funcionaba, y pronto los elementos más incomodos de Volantis no serían más que un recuerdo lejano, en el resto de las ciudades libres dado el nivel de destrucción el miedo era tal que no habría resistencia. Pues Aegon estaba preparando su propia versión del salto adelante, pero sin los catastróficos errores del dictador chino, pronto los cientos de miles de libertos le servirían para colonizar la Gran llanura Dothraki, en un proceso similar al de la expansión de Estados Unidos por el oeste, y es que según sus cálculos, la gran llanura era tan grande como Siberia, aunque por fortuna tenía un clima más benévolo, y un excelente lugar para crear "campos especiales" para disidentes.

Luego de un fastuoso banquete en la plaza, en el que asistieron cien mil de las personas más desfavorecidas de la ciudad, a los cuales Aegon escuchó, consoló y dio algo de dinero, pues quería cuidar la imagen de monarca benevolente, y es que el liderazgo paternalista era a la larga el más productivo, como lo había sido el liderazgo de Lee Kuan New en Singapur.

Esa misma noche, después de acostar a Daeron. Aegon fue a visitar a las princesas Rhaenys y Baela, las cuales dejando de lado la humillación del desfile habían sido tratadas acorde a su posición. Cuando entró en la habitación, una Baela con las heridas vendadas, pero aseada y aun encadenada lo miró con puro odio.
La princesa Rhaenys estaba apenas consciente por la morfina. Y postrada en la cama tenía una sonrisa relajada, pero aun así seguía mirando a Aegon con dureza. Pero Aegon les sonrió burlonamente.

"Caraxes, Syrax, Bruma, Vermax, Arrax y ahora Meleys y el ladrón de ovejas…en este lustro los dragones han caído como moscas" dijo Aegon con gracia burlesca "pero dime Baela ¿te ha gustado tu recorrido por las calles de Myr?"

Baela trató de abalanzarse sobre Aegon, pero las cadenas eran muy pesadas. Aun así lo miró con puro odio en sus ojos, mientras le rugía.

"¡Monstruo!" le gritó llena de rabia "¿Cómo puedes ser tan cabrón?"

"Tu padre fue un buen maestro" le dijo Aegon "el príncipe canalla me enseñó muy bien…ya sabes tu padre…una pena que la turba hiciese pedazos su cadáver"

"¡Tu lo mataste!" le acusó Baela. No tenía un gran cariño por su padre, pues nunca había querido a su madre, y siempre la había tratado con poca calidez tanto a ella como a Rhaena por haber nacido mujeres. Pero aun así su muerte le dolía "¡Asesino!".

Aegon soltó una carcajada burlona, que hizo que Baela entrecerrara los ojos.

"Tu padre era un hombre ambicioso y cruel, que se casó con tu madre por pura conveniencia al ver cuan lejos había caído en la línea sucesoria. Mató a su primera esposa, y por supuesto que no habría dudado en matarme a mi o a mis hermanos por el trono del imbécil de mi padre…pero tu padre murió por su propia mano, en una apuesta para tratar de ganarme aquello de lo que no fue capaz en cuatro años, lo que yo gané por derecho propio en menos de una quincena. Sir Harold y Sir Arryk fueron testigos de ello. Pues Vermithor estaba preparado para recibir al wyverno sangriento, aunque al final hubo de ser eliminado pues cuando tu padre pereció Caraxes enloqueció y habría destrozado la ciudad de no se por la pronta respuesta de Vermithor…¿y aun tienes el valor de llamarme asesino de parientes? Desde luego eres tan estúpida como tu padre"

Baela iba a decir un improperio, pero Rhaenys la acalló con un gesto de la mano, levantándola muy pesadamente y miró fijamente a Aegon.

"¿Qué quieres?" preguntó la princesa con una voz muy calmada por la droga.

"Quiero lo que es mío por derecho" declaró Aegon "el principado de Rocadragón como legítimo heredero de mi padre"

"¡El rey designó como heredera a tu hermana!" le gritó Baela "¡Tú no tienes derecho al trono!"

"Tu abuela era la heredera de su padre, el príncipe Aemon ¿crees que al viejo rey eso le importó cuando designó a mi abuelo el príncipe Baelon como su heredero? ¿o como en el conclave tu abuela fue de nuevo pasada por alto en favor del idiota de mi padre, siendo superada en una proporción de veinte a uno en apoyos? Te lo voy a dejar claro, las vergas tienen preferencia, y la mía es la legítima de sangre ¿te ha quedado de claro princesa?" le espetó Aegon visiblemente enfadado, no era su intención le daría a Baela un buen escarmiento.

"¿Y eso te da derecho para desafiar la palabra de tu padre?" preguntó Rhaenys con cierta acusación en sus palabras.

"Tengo el derecho de proteger mi vida y la de mis hermanos. Para tu información querida tía, escapé con ellos porque tu marido quería matarme a mi y a Aemond. Sospecho que a lo mejor querría a Daeron para casarlo con Rhaena, pues necesitaría de su sangre para controlar a Daekarys" le espetó Aegon.

"La casa Velaryon no olvida su palabra" le respondió Rhaenys "Mi esposo nunca mataría a sus parientes bajo su propio techo"

"¿Y por que no?" inquirió Aegon "Yo maté a cuadro dragones en las tierras de tu esposo, uno de ellos el dragón de tu hijo. Además, la serpiente marina siempre ha sido muy ambiciosa, tanto que para poner su descendencia en el trono de hierro no le importa casar a sus dos nietas con bastardos. Y tía por favor, por el respeto que te tengo, no trates de negarlo. Tu hijo Laenor era un buen hombre, docil y gentil, no era mi amigo, pero respeté el hecho de que cuidase a los hijos de Rhaenyra como suyos propios, y no me cabe duda de que los quería como tal. Pero tu hijo está muerto, al igual que tu hija. Dime tía ¿No has pagado ya un precio muy elevado por la ambición de tu esposo? Un esposo que te deshonró teniendo a Addam y Alyn, dos bastardos tenidos con una tal Marilda, los cuales llevan siendo mis rehenes durante cinco años. Pero si te sirve de consuelo, son muchachos buenos y honrados como lo fueron tus hijos en vida. Por eso tu marido planeaba ese ataque, pues ya los tenía bajo mi poder ¿te ha quedado clara la verdad?"

Rhaneys cerró los ojos por un momento, era demasiada información para asimilar, pero rápidamente volvió a tener el desafio en su semblante.

"¿Qué quieres de nosotras?" preguntó Rhaneys.

"Nada. Sin Meleys solo eres una mujer más" le respondió a su tía, para terminar, dirigiéndose a Baela "Y en cuanto a ti, quiero que sepas que me encargaré personalmente de que no vuelvas a tener un dragón en la vida, aunque reconozco que no esperaba que consiguiese reclamar al Ladrón de ovejas. Cuando era un niño me encontré con el en Rocadragon, aunque nos ignoramos mutuamente lamento su perdida. Haber perdido a un posible dragón, no que tu hayas perdido al tuyo, quiero decir"

Baela le gruñó y lo miró con odio. Pero Aegon ni se inmutó.

"¿Has visto todo lo que he construido?" preguntó Aegon "Eso es porque yo no dependo de mis dragones, al menos no tanto como vosotras, que estáis ciegas ante lo que está pasando, pues el poder de los dragones se debilita y cada vez son más pequeños a causa de encadenarlos y mantenerlos en Pozo Dragón como mascotas. Aquí hay mucho más en juego que un simple trono hecho con espadas fundidas"

Entonces aparecieron dos guardias en la habitación, grandes como montañas y con aspecto poco amigable, que cogieron a Baela por cada brazo, mientras esta se resistía y gritaba improperios.

"Naturalmente la princesa Baela, permanecerá en sus propios aposentos fuertemente custodiada" dijo Aegon, quien apenas permitió que Baela se despidiese de su abuela.

"Espero que sepas lo que estas haciendo" le dijo la princesa Rhaenys pero Aegon sonrió.

"Lo mejor para el mundo" le dijo mientras se giraba "que tengas una buena noche tía"

Entonces poco después, Aegon caminó por los pasillos de la villa, y llegó a una habitación al otro lado del edificio. Allí encontró a Baela encadenada sobre su cama, mirándolo con odio y rabia en sus ojos, pero Aegon sonrió, aunque por dentro se sintiese un poco mal.

Baela tenía el pelo rizado y suelto, mientras su piel morena ahora estaba lavada, llevaba un camisón blanco puesto a la fuerza por las criadas, bajo amenaza de ser puesto por los propios guardias. Pero parecía un poco más mayor a pesar de tener solo trece años, y Aegon sintió que el poder y la lujuria se apoderaban de sus sentidos en ese momento.

"Sabes Baela, hace unos años le propuse a tu abuelo casarte con Daeron, y a Rhanea conmigo, fue una pena que no aceptara" dijo Aegon.

"Mi abuelo tiene mejor sentido del gusto" le espetó Aegon "y mi hermana nunca se casaría con un cabrón como tú"

La sonrisa que Aegon esbozó le envió escalofríos a Baela, quien, aunque no lo quisiese reconocer había algo en él que la aterraba.

"Ella se casará conmigo…al igual que tú" le dijo Aegon.

Baela por un momento se quedó paralizada, tratando de procesar lo que había dicho Aegon, y de repente comenzó a gritar por auxilio y a tratar de zafarse de sus cadenas, pero fue en vano, y solo consiguió que le sangraran las mulecas y las piernas.

"¡Prefiero ser devorada por tu dragón antes de que me toques!" le gritó llena de furia.

Pero Aegon sonrió con frialdad y la miró fijamente.

"Estas en tu derecho de escoger, pero hazlo sabiendo que antes de que Vermithor te devoré a ti, te obligaré a mirar como devora trozo a trozo a tu abuela" le dijo Aegon una amabilidad siniestra.

Baela entonces se hecho a llorar mientras trataba de escapar con todas sus fuerzas. Pero Aegon se puso encima de ella y la abrazo, aunque Baela tardo un rato en callarse, hasta que la angustia la dejó casi sin fuerzas y sin voz.

"Por favor…no lo hagas" le suplico Baela con voz débil.

"¿Crees que quiero hacer esto?" le preguntó "Pero me has hecho perder mucho ¿sabes cuanto costó construir el Balerion? Y tu lo quemaste sin miramientos, la que me consuela es que se llevó por delante a media flota Velaryon. Pero tu sangre me es demasiado útil para desperdiciarla, espero que puedas entenderlo…cuando tengas a mi hijo entre tus brazos"

Entonces se levantó y le puso una manta por encima. Ya tendría más tiempo adelante para tenerla, y le dio un beso en la frente que hizo que la otrora fiera, temblase como una gatita desvalida.

"Que pases una buena noche" le dijo saliendo de la habitación para que llorase en silencio.

A la mañana siguiente le llegó un mensaje de su hermano Aemond, a lomos de Vhagar había eliminado a un gran khalasar en las cercanías de Norvos. Según lo cual al menos veinte mil supervivientes del ataque, habían cortado sus coletas y se habían arrodillado ante el príncipe, quien le escribía para comunicarle que se dirigía hacia las ruinas de Essaria.
Aegon arqueó una ceja, solo esperaba no tener que arrepentirse de confiar en su hermano y que cometiera alguna temeridad. Por eso le ordenó que se dirigiese con veinte mil soldados hacía la bahía de los esclavos. Los inmaculados nutrirían aun más el ejército, y los ricos inmensos depósitos de cobre, similares a los de Chile, incrementarían el desarrollo tecnológico.

De todas formas, un par de días después Baela fue llevada al comedor privado de Aegon. Allí entonces estaban los cuatro, pero Daeron es extraño de ver a Baela tan callada y con la cabeza baja, dejada de toda alegría.

"Aegon ¿Por qué la prima está así?" preguntó Daeron, al ver su lamentable estado.

"De la emoción hermanito" le respondió "Al fin y al cabo somos una familia ¿no es así Baela? No te preocupes por tu hermana, ella estará junto a ti, conmigo…para siempre" le dijo Aegon con macabra alegría.

Entonces Baela rompió a sollozar, deseando estar de nuevo en el regazo de su madre, y que esta la abrazase y le dijese que todo eso era una pesadilla, como la niña que realmente era.