CAPITULO 15: LA DRAGONA MARINA
Advertencia de Lemon, consentimiento dudoso.
Por medidas de precaución, había puesto a Rhaena bajo custodia en una villa a las afueras de Myr. Allí se dirigía a lomos de Vermithor, en unos pocos minutos, se hizo patente gracias a la presencia de Ala de Plata, la cual estaba fuertemente encadenada. Vermithor rugió de desaprobación, pero solo sería por unos momentos.
Cuando entró en la villa, Rhanea acababa de desayunar bajo la tenta mirada de los guardias quienes la apuntaban con media docena de fusiles de cerrojo. La joven, de apenas catorce años estaba realmente tensa, pero más preocupada por el destino de su hermana y de su abuela, que del suyo propio. Cuando Aegon entró, no pudo ocultar el miedo en su rostro, mientras le miraba con una sonrisa afable.
"Buen día querida prima" dijo Aegon con buen humor "¿Cómo te hallas?"
"¿Dónde están mi hermana y mi abuela?" preguntó Rhaena con verdadera angustia. Afortunadamente para Aegon, ella sería más fácil de dominar. A lo demás estaba mejor cuidada, y era más grácil que su hermana, siendo una delicada belleza casi idéntica a Daenerys Targaryen salvo en su tez morena, pero de mismo pelo plateado.
"Mi tía se está recuperando, y tu hermana está gozando de mi hospitalidad" dijo Aegon con suavidad. Podía ver como quería replicarle, pero fue lo bastante lista como para guardarse sus palabras para ella misma.
"¿Qué vas a hacer con nosotras?" preguntó Rhaena con angustia mientras apretaba sus puños de la impotencia.
"Cuidar de vosotras" dijo Aegon acercándose a ella "¿No es acaso el buen sobrino el que cuida de su tía, o el buen marido el que cuida de sus esposas?"
Rhaena tragó saliva.
"¿Esposas?" preguntó asustada.
Aegon hizo una seña y los guardias se retiraron de la sala. Entonces Aegon se acercó a ella, y la cogió de la mano, entonces la llevó hacía los jardines, allí estaban acurrucados Vermithor y Ala de Plata, a la luz de la mañana de verano sin ninguna cadena a su alrededor. Aegon se acercó a ambos dragones seguido de Rhaena.
"Ambos dragones se aman, y nunca pelearía entre ellos" le dijo Aegon, quitándole de inmediato a Rhaena la tentación de intentar cualquier tontería, al saber que todo sería en vano "Fueron los dragones de Jaehaerys y Alyssane y ahora son nuestros ¿no te parece cosa del destino?"
"El viejo rey no mató al padre de la reina" dijo Rhaena.
Aegon dio un suspiro.
"Yo no maté a tu padre, el murió por su propia en una apuesta por esta tierra, y sé que no habría dudado en matarme, básicamente porque con sus ultimas fuerzas eso fue lo que trató de hacer" dijo Aegon con algo de cansancio "pero dime Rhaena ¿No estas cansada de tanto odio?" le preguntó.
"No se a que te refieres" dijo Rhaena sin poder tranquilizarse.
"Todo esto ha sucedido por que mi padre está cegado por el amor hacía su hija, lo que ha provocado todo esto. Todos están cegados, tu abuela de dolor por la muerte de tu madre y de tu tío, tu abuelo está cegado por su propia ambición e incluso Aemond está cegado por odio y Rhaenyra lo esta por el poder…yo no soy como ellos, a mi no me ciega nada, pues tengo la vista puesta en el futuro" dijo Aegon "Un futuro que puedo ser brillante como la luz del alba o siniestro como el fuego del dragón, y para que el primero se cumpla debo reinar…contigo a mi lado…tu Rhaena serán mi Rhaenys, y Baela será mi Visenya" Dijo Aegon mirándola fijamente.
Rhaena estaba impactada por esa declaración. Estaba confusa y no sabía que hacer, aunque dudaba seriamente que pudiese hacer algo siendo prisionera de Aegon. Necesitaba a Baela, ella era su otra mitad, y a su abuela…preferiría mil veces morir antes de que les pasase nada, y bajo la cabeza resignada a su destino.
"Rhaena, si aceptas ser mi mujer, perdonaré a la casa Velaryon y les restituiré sus privilegios y fortuna. Tienes mi palabra"
Rhaena sollozó un poco con la cabeza baja, pero terminó asintiendo. Entonces Aegon le levantó el rostro suavemente con un dedo. "Necesito palabras" dijo con suavidad, mirando a esos ojos brillantes y asustados.
"Acepto ser tu esposa" dijo Rhaena con voz débil.
Entonces Aegon sonrió y la abrazó, pero su cuerpo le sorprendió con una reacción que no había tenido en mucho tiempo. Y es que no había tenido sexo desde que había muerto, y eso habían sido hacía más de dieciocho años, dibujándose una idea de lo que hacer en ese momento, con esa muchacha de piel tan suave y túnica ligera.
"Ven conmigo" dijo Aegon cogiéndola en brazos. Rhaena se sobresaltó, pero no pudo hacer nada, mientras Aegon la llevó por los pasillos hasta subir las escaleras y llegar a sus aposentos, donde hallaron una espaciosa habitación, y Aegon la puso en la cama con sabanas de seda.
"¿Qué pretendes?" inquirió Rhaena asustada.
"Muy sencillo, tomar posesión de mi mujer" dijo Aegon con amabilidad, mientras la lujuria brillaba en su mirada "a no ser que no quieras ser mi mujer"
"No" respondió Rhaena con debilidad "haz conmigo lo que quieras"
Aegon sonrió, y entonces la sorprendió besándola en los labios. Metió su lengua en su boca, e involuntariamente amabas lenguas bailaron. Rhaena sabía a las naranjas que acababa de desayunar. Pronto comenzó a sentirse acalorada mientras Aegon exploraba más y más su boca, hasta que se tuvo que retirar para encontrar el aire.
"Sabes bien" dijo Aegon con una sonrisa pícara. Pero Rhaena estaba avergonzada y con una extraña sensación sobre todo su cuerpo "desvístete" le ordenó con la suficiente firmeza y ella no pudo negarse sencillamente porque estaba demasiada aturdida.
Poco a poco se quitó la túnica mostrándose a Aegon un cuerpo bien desarrollado, bello y bien formado. Aegon la sentó en su regazo, y la volvió a besar apasionadamente mientras con sus manos acariciaba el cuerpo de Rhaena sin ningún pudo. Rhaena comenzaba a sentirse acalorada cuando Aegon dejó su boca, y dirigió su atención hacia sus senos. Los besó con delicadeza y los rodeó con su lengua durante un rato, mientras Rhaena soltaba varios gemidos. Entonces Aegon volvió a sonreír pero con autentica lujuria, y la tumbó en la cama, con las piernas abiertas mientras ella miraba como se desnudaba.
Antes de nada, se dirigió a su vagina aun sin bello. Con delicadeza besó su clítoris haciéndola gemir. Insertó dos dedos en su vagina a modo de simulación mientras con el pulgar masajeaba su clítoris. Rhaena gemía y su cuerpo se contraía, entonces Aegon le lamió una oreja, mientras le daba besos por todo su cuello, hasta que unos minutos después, los fluidos confirmaban el disfrute de Rhaena, la cual se sentía mareada, pero no disgustada con esa sensación. Entonces Aegon sacó sus dedos del interior de Rhanena, y delante suyo los lamió.
"Sabes bien" le dijo Aegon con una sonrisa mientras la volvía a besar con lengua, estando ahora Rhaena más acalorada.
Aegon se puso encima de Rhaena, y con mucho cuidado comenzó a penetrarla lentamente, mientras aparecían unas gotas de sangre y Rhaena se asustaba mientras estaba siendo desvirgada "tranquila, todo está bien" le dijo al oído antes de besar su oreja. Llevó un tiempo, pero finalmente consiguió meterlo por completo. Rhaena estaba incomoda, pero tras un tiempo moviéndose los gemidos de dolor se volvieron de placer. Su interior estaba tan estrecho, húmedo y caliente que Aegon pronto perdió la razón y comenzó a embestirla con más fuerza, mientras ella gemía de la emoción, aunque aun continuaba doliéndole.
Cada embestida era más fuerte que la anterior, y la cama se movía. Aegon dirigió su atención hacía sus senos acariciándolos, casi estrujándolos mientras hundía su rostro en los largos cabellos de Rhaena. Su olor a manzana solo lo excitó aun más, al recordarle la ultima vez que había tenido sexo en vida.
Trató de aguantar todo lo que el fue posible, hasta que finalmente tras unos minutos de ritmo frenético, terminó corriéndose justo después de Rhaena, llenando su útero con su semilla, mientras ambos gemían del placer. Ambos necesitaron tomar el aire, Aegon besó con salvajismo a Rhaena para luego terminar saliendo de ella. Tumbándose a su lado por unos momentos, poniendo sobre ambos una sábana, vio como la muchacha estaba asimilando lo que acababa de pasar.
"¿Qué te ha parecido?" preguntó Aegon apenas aun recuperado.
"Yo…no sé…que decir" respondió Rhaena abrumada. Por alguna extraña razón su cuerpo se sentía raro, pero sorprendentemente bien, y pronto cerró los ojos, pero Aegon se los volvió a abrir.
"Aun no hemos acabado" dijo Aegon con una sonrisa depredadora mientras retiraba las sabanas "sal de la cama" le ordenó con firmeza.
Rhaena lo hizo sin pensarlo, preguntándose lo que iba a hacer Aegon, ahora que estaba sentado en el borde de la cama, mientras su miembro volvía a erguirse con vigor ante su figura desnuda.
"Aunque vaya a ser tu esposo, no dejaré de ser tu rey, y me debes pleitesía" dijo Aegon con una sonrisa picara "arrodíllate" le dijo.
Rhaena se puso de rodillas mirando a Aegon a los ojos suplicante.
"¿Qué debo hacer?" preguntó Rhaena. No tenía ningun tipo de experiencia, y francamente era demasiado mojigata en esos temas. Pues nadie en Marcaderiva se atrevería a esas libertades con una princesa Targaryen, apreciaban demasiado sus cabezas para eso.
Aegon sonrió y le acarició la cabeza como si fuese una niña.
"Meterlo en la boca y lamerlo" dijo Aegon como si fuese lo más natural del mundo.
"Pero…es demasiado grande" dijo Rhaena con coraje vacilante. Pero no quería enfadar a Aegon, por lo que lentamente cogió el miembro entre sus manos, y poco a poco se lo fue metiendo en la boca.
Apenas pudo con la mitad, y comenzó a lamer con torpeza. Pero Aegon gimió de placer, mientras se encorvaba. Rhaena comenzó a sentirse caliente, aunque no era agradable y ya tenía arcadas, no le repugnaba del todo.
"Más" dijo Aegon.
Entonces puso sus manos en la cabeza de Rhaena y comenzó a moverla lentamente, avanzando por la garganta de Rhaena. Al poco los movimientos fueron más salvajes, y todo el miembro estaba dentro de la princesa, la cual estaba luchando por conseguir un poco de aire que respirar. Después de unos minutos Aegon derramó su semilla, pero le impidió apartarse, y Rhaena se vio forzada a ingerir el amargo líquido, hasta que Aegon la soltó y Rhaena pudo alejarse para respirar, quedando sentada en el suelo mientras Aegon estaba luchando por recuperar el aliento.
Pero Aegon ya estaba fuera de sí, ante una sensación que no había sentido en su vida. se levantó con pesadez y la cogió entre sus brazos, pero la tumbó boca abajo. Rhaena no tuvo la energía ni la voluntad para negarse, mientras Aegon se subía encima de ella. Ya sentía un dedo en su interior, y se revolvió.
Aegon entró con fuerza por detrás, moviéndose lentamente, pero con estocadas cada vez más potentes, Rhaena gritaba y sollozaba sin control, mientras Aegon gruñía. Entonces le puso una mano encima de la espalda impidiéndola moverse. Su otra mano se dirigió a su vagina y masajeó su clítoris, mientras besaba con furia su cuello. No sabía cuando pero pronto el placer y el dolor estuvo a la par en el cuerpo de Rhaena. La cama temblaba como si fuese un terremoto, y los gemidos de ambos se confundían entre sí. Aegon se estaba conteniendo lo máximo posible, experimentando una mezcla de placer y desesperación, mientras esperaba que Rhaena se corriese. Cuando estaba con sus últimas fuerzas, sintió en su mano el ardiente líquido de placer de Rhaena. Aegon dio un fuerte par de estocadas finales y finalmente se corrió, provocando un gemido gutural de la princesa, mientras se derrumbaba encima de ella.
Estuvieron así un rato, hasta que Aegon salió de ella y se tumbó a su lado cubriéndose a el y a ella, con las sábanas. Aegon no estaba en forma, por lo que quedó rendido junto a Rhaena. Se pasaron toda la mañana en la cama, hasta que la llamaron a la puerta con fuerza.
Aegon despertó con pesadez, y se movió con cuidado para no molestar a Rhaena, se puso los pantalones y la camisa. Y abrió la puerta, para ver a su magister de defensa, luciendo rígido, per sabía que era algo importante.
"¿Qué ocurre?" preguntó Aegon medio adormilado.
"Majestad disculpadme por esta intromisión" dijo el antiguo inmaculado bajando la cabeza "pero acaban de llegar noticias importantes de la Bahía de los esclavos, nuestras tropas han ocupado Meeren, y pronto se unirán al príncipe Aemond en el asalto final a Vaes Dothraki. Mi señor requiero de vuestra autorización para ordenar un segundo contingente para proseguir con la ocupación de la Bahía" solicitó el magister.
"Si…de acuerdo, por la tarde enviaré firmaré la orden" dijo Aegon "puede retirarse".
El magister se retiró después de haberle dado una profunda reverencia. Entonces Aegon cerró la puerta y se giró para ver a una Rhaena durmiente. Aegon al observarla se sintió culpable y asqueroso, por haberlo disfrutado. Había dado rienda suelta a sus instintos más bajos, algo que solo había hecho con un par acompañantes de lujo.
Entonces se sentó en la cama y se llevó las manos a la cabeza. La princesa se revolvió al despertarse y lentamente se irguió con las sabanas cubriendo su cuerpo, teniendo una mezcla de aturdimiento y vergüenza, pero aun así dio un fuerte bostezo, llamando la atención de Aegon.
"Yo…lo siento" dijo Aegon con gravedad.
"Me dolió…pero lo disfruté" dijo Rhaena con vergüenza "¿Mi hermana como lo pasó?"
"No la he tocado" dijo Aegon "Tu has sido la única"
"Quiero que mi hermana y mi abuela se vayan" dijo Rhaena acercándose a él con cada vez menos miedo "devolverás a mi abuelo sus bienes y yo seré tu única esposa" dijo la princesa apoyándose en la espalda de Aegon.
"¿Por qué debería de acceder a eso?" preguntó Aegon quitándose las manos de la cara. Su instinto le decía que algo raro había allí.
"Porque me lo debes, porque Baela nunca tendría tus hijos…yo sí, y estoy segura de que tus hermanos podrán tener todas las mujeres que quieran, pero el rey solo debe tener una reina que le dé a sus hijos, si hubiese más de una reina quien sabe lo que sucedería…es un puesto muy peligroso" dijo abrazándole por detrás "Yo tengo una dragona, y las dragonas no les gusta compartir"
"Me parece un buen trato" dijo Aegon rendido a sus pies.
Aegon sonrió, no podía negar que esa chica era hija del príncipe rebelde. Rhaena sonrió y le comenzó a besar el cuello, lentamente utilizando sus armas demasiado bien. Y todo volvió a nublarse hasta el día siguiente.
NOTAS;
Me he visto obligado a cambiar la clasificación de la historia, y a su vez la dinámica de esta, convirtiendo a Rhaena en una digna hija de Daemon que ansía el poder, aunque una parte de ella se está sacrificando para liberar a su hermana de ese destino, porque en parte teme a Aegon.
