CAPITULO 17; LA TIERRA ANCESTRAL

Myr, sexta luna del 125 DC

A la luz de un invierno suave, en su villa de recreo Aegon estaba sentado ante el mapa del mundo conocido. Le acompañaban sus hermanos Aemond y Daeron, el primero que había vuelto victorioso de su ofensiva contra los Dothraki. A lomos de Vhagar habían arrasado Vaes Dothraki, y la mayoría de los khales estaban hechos cenizas o dispersos. Los khalasares habían quedado al borde del exterminio, y los pocos que quedaban, estaban siendo cazados por las tropas del general Manes, aunque se tenía conocimiento de su puesta en fuga por las Montañas de los huesos. Pronto enviaría varios batallones a la creación de una red de puestos fronterizos.
En cualquier caso, Aemond había vuelto victorioso, y ahora en el mapa, buena parte de Essos, desde Lys hasta Ibbei, desde Andalia hasta Lhazar, estaba cubierto de rojo. Solo Braavos y Lorath estaban fuera de su dominio. Al este la única ciudad libre de su dominio no era otra que Qarth, pero pronto llegarían a acuerdos comerciales.

Aemond, estaba pletórico, pues no solo había tenido de demostrar su valía, sino que ahora cinco de sus esposas estaban en cinta. Daeron estaba jugueteando con su copa de jugo de naranja, pues Aegon le había prohibido terminantemente ingerir alcohol. No estaba del todo de acuerdo, pero era demasiado buen muchacho como para desobedecer a su hermano.

"Por el nuevo imperio" dijo Aemond alzando la copa.

Aegon sonrió con cansancio y alzó la copa al igual que Daeron, y las copas chocaron. Entonces los sirvientes les trajeron unos trozos de pizza con ternera y queso curado fundido, y comieron un rato en silencio, hasta que Aegon comenzó a hablar.

"Hemos conseguido un resultado asombroso" dijo Aegon en tono analítico "Aemond, tu labor en Volantis ha sido solo comparable al de Visenya con la claudicación del Nido de Águilas y tu batalla contra los Dothraki ha sido solo comparable con de Campo de fuego" dijo mirando con cordialidad a su hermano menor, quien se vio embargado de gratitud, pues Aegon había sido el único junto con Daeron que si le habían dado un verdadero reconocimiento "En cuanto a ti" dijo señalando al benjamín "hiciste un buen trabajo en Norvos, y te llaman el dragón Osado" Daeron se sonrojó, pero se sintió feliz por las palabra de su hermano.

"En solo unos meses hemos hecho más que el conquistador y sus hermanas en dos años" prosiguió Aegon mientras señalaba el mapa, manchándolo con unas gotas de grasa en la península ancestral "pero ha llegado mi hora"

"¿Qué quieres decir?" inquirió Aemond.

"Aquí hay algo que no esta bien en el mapa" dijo golpeando con su dedo donde estaba Tyria. Daeron abrió los ojos de la sorpresa, pero Aemon estaba expectante.

"Hermano…" dijo Daeron temiendo lo que creía que iba a decir.

"Valyria" dijo Aegon "Es hora de eliminar la maldición"

Aemond y Daeron guardaron silencio tratando de asimilar lo que estaba diciendo su hermano. Aegon era brillante, mucho más que cualquier mortal, eso era una verdad bien conocida, pero no podían dar crédito a lo estaban escuchando. Habían escuchado historias acerca de los horrores que había en su hogar ancestral. La flota del reino de la roca, la de Volantis…nadie había regresado.

"Hermano…eso es una locura" dijo Aemond.

Aegon se recostó en su sillón, y cerró los ojos por un momento. Era el momento de contarles una conjetura.

"Para alguien que no sabe a lo que se enfrenta es una locura, para alguien con nuestros medios y conocimientos…solo un riesgo"

"¿Qué quieres decir?" preguntó Aemond con curiosidad, sabía que algo se les estaba escapando.

"Descubrí lo que causó la condenación" declaró Aegon "y contestaré a vuestras preguntas, después de contaros mis descubrimientos"

Al ver como sus hermanos asintían al unísono, se tomo un trago de jugo de naranja para refrescarse el gaznate, y aclararse la voz.

"Hace varios años" prosiguió Aegon "llegó a mis manos un libro del septon Barth. Allí la antigua mano dejo escrito, que en el oro de Roca Casterly, Valyria halló su perdición. Eso es cierto…en parte. Pues como bien sabréis la ambición de nuestros ancestros era insaciable, y excavan…mejor dicho, los esclavos excavaban las entrañas de la tierra en busca de oro y metales preciosos. Pero como la del idiota de nuestro tío, esa ambición suya fue lo que los llevó a la perdición. Valyria era el hogar de hechiceros sin par, y estos recurrieron a la alquimia, para transformar las piedras en oro. Hicieron un experimento…que tuvo consecuencias desastrosas…pero no se habría producido la condenación de no ser por los hombres sin rostro"

Ambos hermanos se sorprendieron, pero Aegon prosiguió.

"En las catorce llamas cientos de miles de esclavos fueron llevados a la muerte, para seguir nutriendo la riqueza de los señores dragón. En realidad, era algo peor, por medio de la magia de sangre aplastaban las revueltas y revivían a los esclavos, para hacerles seguir trabajando en las minas. Pero volvían a la vida perdiendo un poco de su humanidad cada vez. El primero de los hombres sin rostro era un de esos esclavos, surgió en una noche, y dio el descanso a un pobre esclavo. Con el pasar del tiempo, ese gremio creció y consumaron su venganza. Los hombres din rostro asesinaron a los hechiceros que administraban las catorce llamas, por supuesto no fueron todos, pero en aquella época había numerosas luchas por el poder entre las cuarenta familias en un juego de tronos por el poder, en el que muchos fueron asesinados al amparo de la noche. Por eso los hombres sin rostro no fueron detectados. Finalmente, tras el cataclismo, surgió el mar humeante. Hace siete décadas la princesa Aerea y Balerion regresaron malheridos de Valyria. Las bestias con las que se toparon fueron sin duda los gusanos de fuego y los engendros resultado de los experimentos que hacían con los esclavos. Y por supuesto a eso se le añade los gusanos blancos del mar humeante, los cuales son una mutación de los gusanos de fuego" concluyó Aegon.

Cuando Aegon concluyó, sus hermanos estaban pensando en lo que acababan de escuchar. Aemond se tomo un trago de vino veraniego. Pero la información era valiosa, muy valiosa. Y no podía caer en malas manos.

"Pero…¿Qué haremos ahora?" inquirió Daeron sin saber lo que debían hacer.

"El conquistador tuvo la ambición de unir los siete reinos bajo su mando" volvió a hablar Aegon "pero también tuvo un sueño, como el que tuvo Daenys. Sobre una segunda larga noche, y la venida de los caminantes blancos…porque son reales"

Aemond y Daeron se sobresaltaron, aquello era terrorífico ¿Qué podrían hacer? Pero por fortuna tenían dragones grandes y feroces.

"Los caminantes blancos fueron creados por los niños del bosque a partir de la magia del hielo, ocho milenios atrás para defenderse de los primeros hombres. Pero se les fue de las manos, lo que los llevó a aliarse con los primeros hombres, y el ultimo héroe Azor Ahai, con la magia del fuego, forjó a Hielo, la espada de los Stark, la primera espada de acerco valyrio. Pero eso no quiere decir que no sea imposible de controlar, Brandon el constructor, lo logró a la hora de construir el muro, aunque fuese con la ayuda de los gigantes. Los valyrios consiguieron controlar el fuego con muchas formas, pero no del todo, los engendros que moran en las ruinas de la ciudad son la prueba de ello" dijo Aegon.

"Hermano…todo esto es demasiado" respondió Aemond, luciendo verdaderamente preocupado, aquello era demasiado alocado para no ser cierto.

"Y necesitaré vuestro apoyo" dijo Aegon "estoy preparando una fuerza de cincuenta cil hombres, y cinco acorazados y nueve dirigibles para la expedición a Valyria…yo la comandaré"

"¿Y que debemos hacer nosotros?" preguntó Aemond con gravedad.

"Daeron, partirás con dos mil hombres y un acorazado a las ruinas de Casa Austera, tu dragón también os acompañará, allí encontraréis hielo, pero no es un hielo corriente, sino uno de brillo azulado. Cogeréis todo lo que podáis y lo llevareis a Tyrosh, allí lo procesaremos. Solo entonces comenzaremos la misión"

"Dioses" dijo Aemond llevándose una mano a la cabeza.

"Aemond, tu papel será importante, pues liderarás la ofensiva con veinte mil soldados, doscientas piezas de artillería. Contarás con Vhagar y cinco dirigibles. Marchareis desde Volantis, por la carretera valyria. Vuestro objetivo, será avanzar por la parte de la península continental. Entrareis por la ciudad de Gaerya, al sur del Mar de los Suspiros, asegurareis cada ciudad hasta llegar a Oros. No quiero riesgos innecesarios, en cuanto la situación se complique os replegareis. Mantendrás posiciones en los alrededores de Oros"

"¿Y cuando iniciaremos el plan?" pregunto Aemond.

"En un año" respondió Aegon "pero retiraros, a descansar porque el mundo nos necesita"

Cuando sus hermanos se retiraron para volver a sus aposentos, necesitaban mucho en que pensar, pero luego hablaría en privado con Daeron. Entonces salió al balcón, y vio como Vermithor estaba en los jardines acurrucado junto a Ala de Plata, mientras Rhaena paseaba con su abuela, llevándola en silla de ruedas. Realmente tenía dudas de lo que podía suceder, pero acababa de lanzar una moneda, ahora estaba conteniendo la respiración.

"Menos mal que no se lo he contado todo" suspiró Aegon, pero las implicaciones serían decisivas para el mundo.