CAPITULO 18; BODA
Myr, ultima luna del 125 DC
Había transcurrido varias lunas desde el término de la conquista. Pero ahora Aegon se hallaba con el problema de gestionar un imperio de esa desmesura. Ahora sus dominios abarcaban un terreno más amplio del que lo había sido la Rusia zarista, y al igual que este era muy diverso. Por el momento había resuelto dividir la administración en dos gobernaciones, una militar y civil, para evitar demasiada concentración de poder. Por otro lado a su vez había instaurado un sistema de rotación bianual por el cual los gobernadores militares debían trasladarse a otra región cada dos años. Esto no lo aplicaba al gobierno civil, el cual en prácticamente todas las ciudades había semi autonomía, salvo en Lhazar el cual tenía una situación de "particularidad propia".
Sin embargo, las horas de trabajo rara vez disminuían, y Aegon caía rendido sobre la cama. Al parecer dirigir un régimen autocrático era más estresante de lo que se esperaba. Mientras Rhaena dormía desnuda a su lado. ¿Pero que podía hacer? Su gabinete tenía poder, pero debía de permanecer atado en control "y no puedo instaurar una tetrarquía" pensó Aegon en las reformas de Diocleciano a finales del siglo III, pero tampoco era factible. Daeron era muy joven, y Aemond aunque confiaba en el, cualquiera de sus esposas sería una debilidad, y quien sabe si alguna de esas familias trataría algo contra el.
"Aegon…¿ocurre algo?" preguntó Rhaena despertando, pero Aegon siguió igual de sombrío.
"Nada importante…vuelve a dormir" le dijo con molestia. Pero Rhaena sele acerco, y lo miró fijamente, incomodándolo un poco "es solo el traslado de la capital" trató de dar una excusa, en parte cierta, pues estaba previsto el traslado de la capital de Myr a Volantis, en un plazo inferior a dos años. Esto se motivó en parte porque Volantes era la ciudad más grande de Essos, pero también ofrecía una posición más central, pues no convenía que la capital estuviese tan en el borde del propia imperio.
Entonces Rhaena le puso sus manos en los hombros y comenzó a masajearle la espalda a Aegon. Poco a poco Aegon comenzó a relajarse y quedó tumbado bocabajo en la cama. Aunque aun llevaba puestos sus calzones blancos, mientras una chica de catorce años y como vino al mundo le masajeaba. Rhaena lo miraba fijamente, pero aunque estaba aliviado sabía perfectamente que ella podía ser tan intrigante como su puñetero padre.
"Necesitas reposar" dijo con voz suave "tanto esfuerzo no es bueno…yo me preocupo por ti"
"Claro, tengo que vivir lo suficiente para consolidar mis dominios, y por supuesto que mi hijo crezca lo suficiente para que no haya ninguna regencia" pensó Aegon. Aunque actuase como la mujer más cariñosa del mundo, ella no lo quería, ni el a ella, pero tampoco era necesario el amor en el matrimonio.
"El imperio me necesita, y necesita que trabaje a destajo y de forma sublima" le respondió con cansancio "Esto no es Poniente, aquí no hay feudalismo, ni señores ni caballeros, esto es el imperio Targaryen, soy el monarca absoluto de más de sesenta millones de almas…y en cinco años he hecho más que mis ancestros en dos siglos"
"Te entiendo" dijo Rhaena "pero deberías cuidar más de tu salud"
"Tranquila, dentro de poco tomaremos una quincena de reposo en Lys" le dijo Aegon.
Rhaena se sorprendió, y por un momento ralentizó sus manos mientras pensaba lo que acababa de decir, pues en el medio año que llevaba allí nunca la habían permitido salir de Myr, ni siquiera salir de la villa de recreo. Pero había oído hablar de Lys y era un lugar de recreo para los señores dragón, tenía buen clima y su padre siempre guardaba buenos recuerdo de esa isla, aunque sospechaba que era por sus casas del placer. La sola idea de que Aegon la denigrase de tal modo la hacía rabiar, y es que una cosa era su hermana, que por mucho que le doliese verla reducida a tanta miseria, debía de admitir muy a su pesar que ella misma se lo había buscado. Pero ahora ya daba igual. Había visto el poder militar de Aegon, y era lo suficientemente lista para comprender que el destino de Rhaenyra estaría sellado, una vez que Aegon virase su vista hacía el oeste, y conociendo como conocía a su hermana, sabía que le esperaría la muerte, ya bastante suerte tuvo cuando el Ladrón de ovejas fue derribado y apenas salió lastimada.
"Estaremos en una mansión privada, allí tendremos todo tipo de distracciones, cantantes, bailarines, paisajes ensoñadores, los mejores manjares…" dijo Aegon con una sonrisa débil, pero Rhaena seguía muy extrañada "aunque si no quieres ir, no te preocupes que voy yo solo" continuó.
"No, iremos juntos" dijo Rhaena. Sabía que quebía mantener controlado a Aegon todo lo que pudiese, y ya de paso que no engendrase un bastardo al que le dejase todo su doinio, pasando de ella y de sus futuros hijos, algo como hizo Viserys con los hijos de Rhaenyra, algo que ella nunca toleraría.
Finalmente durmieron juntos, y a la mañana siguiente, tras asearse y vestirse, desayunaron en compañía de Daeron. Aunque el desayuno solo constó de naranjas, uvas y manzanas, pues Aegon siempre insistía en tomar un desayuno lo más saludablemente posible. Aegon había entrado un poco después por unos asuntos, y desayunó en silencio unas pocas naranjas, hasta que entró el mayordomo y le susurró algo al oído.
"¿Ocurre algo hermano?" preguntó Daeron.
"No" respondió Aegon con una sonrisa "pero tenemos algo que hacer en el salón" dijo levantándose. Rhaena se levantó, al poco también lo hizo Daeron, y caminaron por los pasillos, custodiados por decenas de guardias armados.
Al cabo de un rato, se abrieron las puertas, y en el inmenso lugar, había apenas unas treinta o cuarenta sillas. También había un fotógrafo, y varios criados, mientras aparecían varias muchachas de blanco.
"¿Qué es todo esto?" pregunto Rhaena haciéndose una vaga idea.
"Nuestra boda" dijo Aegon como si fuese lo más natural del mundo "creo que cuanto antes la tengamos mejor"
Rhaena se quedó sin palabras. Por supuesto que no iba a negarse ni mucho menos, pero todo aquello era más precipitado, era demasiado frío y siendo sinceros, esperaba que fuese la boda más fastuosa de la historia, como la boda dorada de Alyssa Velaryon y Rogar Baratheon. Pero tampoco podía quejarse, a fin de cuentas iba a ser reina.
Tampoco discutió cuando sus damas de honor, la llevaron para arreglarse, sabiendo que ya no podía oponerse.
"Hermano" dijo Daeron "¿no es esto un poco precipitado?"
"Para nada" aseguró Aegon con buen humor "Rhaena en cualquier momento puede quedar en cinta, y no conviene que mi primer hijo con mi primera esposa no sea legítimo, sería un verdadero insulto"
Daeron se sorprendió.
"Enhorabuena hermano" dijo Daeron con una dulce sonrisa.
"Todavía no está embarazada, pero dentro de poco lo estará" dijo Aegon, aunque comenzaba a extrañarse porque en más de cinco lunas aun no había quedado en cinta, cuando sabía que en el canon, había tenido con un Hightower seis hijas, aunque quizás fuese por su corta edad.
Al poco comenzaron a llegar los invitados, fueron pocos, pero lo más granado de la sociedad, encabezado por el primer magister Phoenymon, y seguido por todos los demas magistrados, todos ellos acompañados por sus esposas y algún hijo, arreglados a toda prisa por los mejores estilistas. También aparecieron varios generales, e incluso un emisario de Braavos quien venía a cerrar un acuerdo sobre el comercio de grano. Otro en llegar fue el septon Eustace, quien poco despues de la muerte de Otto Hightower, marchó a Myr temiendo represalias por parte de los negros, quedando entonces bajo sustento de Aegon, quien lo nombró septon mayor de Myr, aunque la fe de los siete fuese casi irrelevante en Essos, aunque le permitiría oficiar la boda.
Pero en ultimo lugar lo que llamó la atención es que lo hizo con dos chicos con trajes de azul marino, con un caballito de mar visible en sus corbatas azuladas. Eran morenos, de pelo rubio plateado, fuertes y bellos. En sus cinco años bajo el cuidado de Aegon, Addam y Alyn habían sido no solo legítimados, sino también habían recibido una esmerada educación, además de una generosa renta, por no hablar del buen cuidado, de aquellos chicos que se habían quedado huérfanos de madre, poco antes de la primavera roja. Ahora estaba férreamente adoctrinados para servir al gobierno de Aegon.
"Addam, Alyn, sed bienvenidos" dijo Aegon con efusividad.
Addam le estrechó la mano a Aegon, mientras le bajaba la cabeza en señal de respeto al igual que su hermano Alyn. Lo cierto es que tenía planes para esos chicos, quizás almirantes de flota o capitanes de crucero, la tradición naval de los Velaryon podría serle de mucha utilidad.
"Majestad es un honor que nos hayáis invitado a vuestros esponsales" dijo Addam, a lo que Aegon sonrió.
"Como no iba a invitar a los tíos de la novia, además Addam, quiero que tu como heredero de Marcaderiva, acompañes a tu sobrina Rhaena hacia el altar" dijo Aegon.
"Es un gran honor majestad" dijo Addam haciéndole una reverencia, mientras un sirviente le guiaba para ir a por Rhaena.
Alyn le hizo una reverencia, antes de sentarse al lado de Daeron, al cual también hizo una reverencia. Lamentablemente Aemond, en aquellos momentos, se hallaba haciendo una visita a Lys, oficialmente para tratar unos asuntos con la banca Rogare, acerca de una inversión comercial en Volon Therys, aunque en secreto estaba negociando un matrimonio entre la joven Larra Rogare y Daeron, pero Aegon, según varias fuentes sospechaba que Aemond podía tener un interés muy pecaminoso para la muchacha, lo cual ciertamente le disgustaba, pero también era cosa de la época. Solo esperaba que no cometiese el horror de dejar a una muchacha de once años en cinta.
Finalmente, tras media hora, en la cual, por supuesto llegó una princesa Rhaenys ya notablemente recuperada, en compañía de Baela, quien parecía una dragona enjaulada. Ambas llevaban vestidos azulados, pero su atavío poco importo ante la cara de basilisco que puso Rhaenys al ver a Alyn sentado en primera fila, lo había visto solo una vez de lejos, en las lunas que allí llevaba cautiva, pero al verlo allí mismo, lo miró con dureza. En cambio, Baela lo vio con simpatía y tuvieron una sencilla charla para calmar el ambiente, con la ayuda de Daeron.
Dos filas de dos docenas de guardias cada una, se desplegaron alrededor del pasillo, entre los asientos. Al poco aparecieron las damas de honor, lanzando pétalos de rosas, mientras que Rhaena apareció cogida del brazo por Addam. Rhaenys nunca en su vida se sintió más ultrajada, al ver como la hija de su difunta hija era entregada ni mas ni menos que por el bastardo de su esposo, que para colmo de males había deshonrado a ambas, muy posiblemente contra su voluntad. Entrecerró la mirada, pero permaneció fría como un tempano, le habían quitado su dragona, su libertad, y ahora le estaban quitando una nieta, pero Aegon nunca le quitaría su dignidad.
"Majestad" dijo Addam en tono humilde "Como heredero de la casa Velaryon, os agradezco el honor de entregaros a mi sobrina como vuestra esposa"
Aegon sonrió con cordialidad.
"El honor es mio, por poder desposarme con una hija de nuestro primer y mas leal vasallo"
Addam le hizo una ultima reverencia a Aegon, y se alejó para sentar junto a su hermano, desafortunadamente tuvo a su lado a Rhaenys, la cual si las miradas pudiesen matar, Addam a esas alturas ya estaría carbonizado, por lo que permaneció firme aunque con los nervios a flor de piel, ante la hostilidad de la esposa de su padre.
El septon Eustace comenzó con la ceremonia, la cual duró un cuarto de hora, hasta que llegó el turno de la capa, aunque Aegon hizo una modificación, y en su lugar entregó un anillo con un gran rubí a Rhaena, el cual se lo puso con delicadeza en su dedo anular. Rhanea parecía muy nerviosa, aunque era comprensible al ser una chiquilla, y ni esa era la boda que esperaba ni Aegon sería el que quisiera tener como esposo, pero llegada la hora de la verdad cuando su encanto vaciló, hizo de tripas corazón y dijo un "Si" frío, pero claro, siendo declarada la esposa de Aegon tras unas últimas palabras del septon.
Los aplausos, mas bien educados, aunque hubo algunos efusivos, pronto fueron sustituidos por las felicitaciones hacia la pareja, dando paso a un opíparo banquete, con carne asada, ternera con menestra de verduras, empanada, pasteles de limón y mora. Se sirvieron los mejores vinos y el mas refrescante hidromiel.
Entonces Aegon alzó su copa y todos callaron.
"¡Por la verdadera unificación del linaje de Baelon y Aemon!" exclamó con alegría.
Todos aclamaron, mientras Rhaenys permanecía pétrea al ver como estaban llamando cornudo a su difunto hijo de forma explícita. No probó ningun plato, y en cuanto pudo levantarse, se retiró a sus aposentos.
Rhaena quien en ese momento estaba bailando con Aegon, hizo un intento de liberarse del agarre de su esposo pero fue en vano, y siguieron danzando.
"Estate tranquila" le dijo Aegon a su esposa "ella y tu hermana ya son libres" continuo "dentro de unos días las mandaré de vuelta a Poniente"
Rhaena se sorprendió, eso era algo inesperado.
"¿Por qué harías eso?" preguntó.
"Porque te lo prometí, además ellas ya no tienen ningún dragón, y los que quedan en Poniente no son rivales para los nuestros, aparte de estar ya todos con jinete" dijo Aegon "ellas no son nada"
Rhaena se sintió ofendida ante el desprecio que le acababa de hacer Aegon a su abuela y a su hermana, pero fue lo suficientemente lista como para no tentar a la suerte. En su lugar, pararon el baile y comenzó una segunda tanda de fotografías.
