CAPITULO 20; PUNTO MUERTO
Desembarco del rey, segunda luna del año 126 DC
Tras el desastre de la campaña de apoyo a Pentos, el trono de hierro había quedado en una situación realmente delicada. Corlys Velaryon, se enfrentaba al escenario a un escenario claramente desolador para su casa. Más de un tercio de su flota había ardido, en la bahía de Pentos, pero lo realmente llamativo, fue que sus barcos fueron destruidos por una extraña nava, que disparaba bolas de acero explosivo. Pero la peor fue la captura de su mujer, y de sus nietas, así como la muerte de Meleys y El Ladrón de Ovejas. Por si eso fuese poco, el imperio que Aegon había forjado en Essos, más pronto que tarde tornaría sus intereses hacía Poniente. A todo ello se le sumaba el agravamiento de la enfermedad del rey, quien llevaba ya medio año postrado en la cama, mientras que la princesa Rhaenyra se había marchado a Rocadragon a incubar varios dragones, lo cuales habían comenzado a eclosionar, siendo la única buena noticia en mucho tiempo. Por su parte la serpiente marina gobernaba el reino desde su posición como mano del rey, pero su posición era cada vez más delicada. Los Velaryon eran la segunda casa más poderosa de los siete reinos, después de los Targaryen, pero tras la perdida de sus dragones, y de buena parte de su flota y riqueza, su poder se había visto considerablemente reducido.
La situación llegó a tal punto que se vio forzado a traer a quinientos hombres de su propia casa, desde Macaderiva, para reafirmar su control sobre la capital. Pues no ignoraba el hecho de que Aegon aun tenía muchos partidarios en la corte, capitaneados por Jasper Wylde y Tyland Lannister, quienes en secreto aun tenían contacto con el príncipe, y quienes eran los más críticos con su gobierno. Se había visto tentado de despojarlos de sus posiciones en el consejo privado, pero lo había descartado por temor a que se produjese represalias desde occidente, que degenerasen en el estallido de una guerra civil. Por lo que entonces, se hallaba a solas con la compañía de su hermano Vaemond, el cual a pesar de ser su sangre a veces podía ser un autentico dolor de muelas, pues todas las noches discutían sobre si no debían cambiar de bando.
Sin embargo, aquellas lunas de tensa calma tuvieron su fin cuando una nave, más grande que cualquiera que antes hubiesen surcado los mares. El ironclad Jaenera hizo su aparición portando la bandera del dragón rojo cobre un fondo oscuro, la insignia de Aegon. Nada más enterarse movilizó a sus hombres y a la guardia, saliendo el mismo con espada y armadura al frente. También hizo una llamada a los piromantes, se había asegurado de que produjesen el suficiente fuego valyrio para repeler un ataque de Aegon como ultimo recurso. Con todas sus fuerzas marchó hacía los muelles, a través del lecho de pulgas, totalmente desierto.
Pero cuando llegaron, solo vio un puñado de barcas, dirigiéndose hacía ellos.
Los ballesteros estaban en posición, incluso con la bandera blanca en aquellos tiempos no se podía bajar la guardia. Aunque en la lejanía la serpiente marina a pesar de su edad, vio de lejos a su esposa y a una de sus nietas por lo que ordenó a los ballesteros retirarse. En cuestión de minutos desembarcaron en los muelles en compañía de ese príncipe mercader tan molesto, y varios soldados de uniforme y arma extraña. Durante un momento hubo un silencio incomodo, y la serpiente marina apenas se atrevió a sostener la mirada a su mujer, a pesar de la alegría de verla a ella y a Rhaena.
"Saludos lord Corlys" dijo el príncipe mercader "por la presente el gobierno de mi nación le comunica la puesta en libertad de la princesa Rhaenys Targaryen y lady Baela Targaryen, así como la devolución de su pecunio depositado en la banca Rogare" continuo y sacó de una caja, un extraño pergamino que se le entregó en mano a la mano del rey.
La serpiente marina miró el pergamino, en el ponía La Voz del Dragón de título. Tenía varias páginas, pero lo que le llamó la atención fue la anormal imagen en primera página de su nieta Rhaena, con un joven, extrañamente vestidos. "Boda de su excelencia con Rhaena Targaryen" musitó, abrió el periódico y a un muchacho atractivo, que no era otro que su hijo Addam llevando al altar a su sobrina, en calidad de heredero de Marcaderiva. En la siguiente página aparecía otra imagen del recién matrimonio junto con miembros del gobierno y sus hijos al lado del príncipe Daeron, junto con su esposa y su otra nieta, claramente enfadadas por el evento. Siguió hojeando, pero solo encontró noticias e imágenes sobre la reconstrucción de Qohor, o varios proyectos en Volantis, y la huida de los Dothraki, aparte de algunos apartados de economía y exteriores.
"Naturalmente dichos fondos han sido confiados a ser Addam, en concepto de heredero vuestro" agregó el príncipe mercader antes de dar media vuelta hacía la barca en compañía de sus soldados, para volver al Jaenera, con la misma rapidez con la que habían venido. En unos minutos el Ironclad zarpó de inmediato rumbo a Myr.
La princesa ni se dignó a mirar a su marido, paso de largo de camino a la fortaleza roja. Los soldados se dispersaron salvo un contingente, que la serpiente marina envió para protegerla de posibles enemigos. Entonces se enfocó en su nieta, quien estaba realmente furiosa, aunque no con el, e incluso le dio un breve abrazo antes de andar furiosa por las calles, con mirada asesina.
Ya en la torre de la mano, la princesa Rhaenys se quedó sentada en su silla al lado de la chimenea. Sus ojos lila estaban ardiendo, si pudiese seguro que escupiría fuego por la boca. Corlys entró en el salón y se sentó con mucho cuidado, para no perturbar a su mujer, y mantuvo el rostro distante, incapaz de sostenerle la mirada.
"Querida" pronunció buscando unas palabras que no encontraba.
"Por eso has nombrado a Lucerys heredero de Marcaderiva ¿verdad? Entre bastardos no hay mucha diferencia" le espetó con dureza.
Corlys se trabó la lengua.
"He perdido a mis hijos, a mi dragona y ahora a mi nieta…todo por culpa de tu ambición" le habló con verdadero rencor "fue a mi a quien le robaron el trono, no a ti…pero tú no podías estarte quiero. Rhaenyra y Daemon, ambos son la misma escoria" guardó silencio un momento para mirarle con una dureza que habría partido a hermana oscura "Tu y tu obsesión por tu maldito legado…¡Abre los ojos Corlys! – le gritó con rabia – eres tan mortal como cualquier otro hombre, pero a ti te quedan dos hijos, a mi solo a mis nietas" le espetó "Cuando vi como Rhaena iba al altar de la mano de tu bastardo y como se la entregaba a Aegon, en calidad de heredero tuyo, no sentí mayor humillación en mi vida, ni cuando el conclave ni cuando me pusieron los grilletes"
Corlys estaba con la lengua trabada, la culpa y la vergüenza era demasiado para él. Había enfrentado muchas dificultades en la vida, y había afrontado aun más peligros, pero enfrentarse a la verdad, era algo que siempre le había asustado. Ahora que la tenía delante no podía reunir el valor para sostenerle el rostro.
"Cuando nació Laena estaba asustado" confesó Corlys con voz ahogada "El parto fue complicado, pero nació sana y salvaje, y yo fui afortunado de tener a la niña más hermosa del mundo sostenida en mis manos. En aquel momento no pensé en el trono, ni en mi fortuna, ni en mi legado, solo pensé en mi hija. Cuando nació Laenor pensé lo mismo, pero entonces tu tío falleció y ocurrió el conclave. Te vi tan cerca del trono, a Laenor como tu heredero, a Laena como mi heredera…todo lo que podríamos haber hecho por lo siete reinos…ahora me doy cuenta de lo equivocado que estuve" se sinceró la serpiente marina sollozando de amargura. Casi sin darse cuenta se postro en el suelo y bajo la cabeza hacía su esposa.
La princesa Rhaenys, sollozó en silencio y alcanzó una mano para acariciar la cabellera de su esposo. Quizás algún día le podría perdonar, no lo sabía, pero aun lo amaba, aunque su orgullo de sangre y fuego le gritase un buen Drakarys.
Durante los siguientes días durmieron en habitaciones separadas, y apenas le dirigió la palabra. Pero aun así concentraron gran parte de su tiempo en Baela. Ambos se dieron cuenta de lo llena de rabia y odio que estaba su nieta hacia Aegon. Por supuesto lo atribuyeron a que había sido el responsable de la muerte de su dragón y a la humillación a la que la sometió, aparte de haberle arrebatado a su hermana. Nunca sospecharían hasta que punto la había deshonrado, Baela jamás diría a nadie lo que Aegon le había hecho.
Desde el primer día entrenó en el patio de armas con la espada. Ya era fiera, pero después de aquello cogió volvió más iracunda que nunca, se imaginaba que a ensartaba a Aegon a cada estocada que daba, dejando mal parados a todos aquellos a lo que se le pusieron por delante. Como cada mañana se levantaba con nauseas, y su malhumor cada vez era más estridente, al punto que solo encontraba consuelo en sus abuelos.
Cuando ya había pasado una quincena de su regreso, el rey Viserys se encontró brevemente mejor, y pudo sentarse a la mesa a comer, allí recibió a su prima y a su sobrina y se alegró de verlas de nuevo. Pero la conversación fue breve y el trato muy forzado, pues por mucho que detestase a Aegon, la princesa Rhaenys no podía evitar culpar a Viserys de todo lo que había pasado.
Al poco apareció Rhaenyra con sus tres hijos quienes tomaron asiento en la mesa. A regañadientes Rhaenys reconoció que sus "nietos" eran buenos muchachos, pues no tenían la culpa de los errores de su madre. También asistieron la reina Alicent, bastante apagada y la única hija que le quedaba a su lado, tan encriptada como siempre.
"Querida tía" dijo la princesa Rhaneyra con educación "gracias a los dioses que el monstruo de mi hermano te liberó a ti y a Baela, aunque la mento las perdidas del Ladrón de ovejas y Maelys, mis hijos y yo compartimos ese dolor…si no lo detenemos acabará con toda nuestra casa" dijo con gravedad.
La princesa Rhaneys no se molestó en responderle, le tenía demasiado desprecio a esa mujer que tanto había deshonrado a su difunto hijo.
La comida fue en silencio y tensa, sobre todo entre la reina y la princesa de Rocadragón, pero en mitad de la comida, Rhaenyra se levantó y pronunció una especie de discurso, que llamó la atención de todos.
"Quisiera brindar por nuestra familia, porque a pesar de todas las desgracias que estaban que nos han acaecido. Pero nuestra familia no está unida, y temo que nos desgarremos. Baela – dijo dirigiéndose a la muchacha – tienes el valor y la fuerza de Visenya, si tu padre estuviese aquí estaría orgulloso de ti, y yo no puedo sentirme más orgullosa de tenerte como hija y a mi buen Lucerys como su buena esposa"
"¿Cómo decís?" preguntó la serpiente marina haciéndose una idea a lo que se refería.
"Es necesario reunificar la casa del dragón" prosiguió Rhaenyra "La unión de Jacaerys y Helaena será lo mejor para los siete reinos"
El rey Viserys se levantó como una especie de cadáver viviente, pero una débil sonrisa en su repugnante cara deformada por la lepra se formó haciendo que más de uno tuviese ganas de vomitar la carne asada que acababan de comer, entones el matrimonio Velaryon se indignó a un nuevo nivel por esta ofensa.
"Es una magnifica idea" dijo el rey con una voz débil. La reina bajó la cabeza, quería protestar, pero no podía, y Helaena esbozo una extraña sonrisa al mirar a Jacaerys, sonrisa que el chico correspondió. Casi de forma inadvertida Helaena se llevó una mano a la barriga, y la princesa Rhaenys entrecerró la mirada.
La serpiente marina hizo un amago de levantarse pero su esposa le detuvo con la mirada. En su lugar se retiraron de la mesa sin mediar palabra. Baela también se fue, pero todo aquello le daba igual, pero se encerró en su habitación y se tumbó en la cama.
En otra habitación de la torre de la mano, fueron recibidos por Vaemond quien se sorprendió de verlos llegar tan de repente, debido a que tenía el periódico en las manos. Se levantó de la silla y se acercó a su hermano.
"Hermano ¿Qué ha ocurrido?" le pregunto a la serpiente marina.
"¡Una ofensa es lo que ha ocurrido!" gritó furioso, y Rhaenys se llevó una mano a la cabeza.
"La chica está en cinta de Jacaerys" dijo Rhaenys, sorprendiendo a ambos hermanos "solo hay que ver como se llevó la mano al vientre mientras sonreía"
La serpiente marina pegó un fuerte golpe en la mesa, pero Rhaenys se retiró para estar con su nieta, ya que su esposo se centrase en su ego.
"¡Maldita sea ese moribundo y la ramera de su hija!" gritó Corlys sentándose en su silla, mientras Vaemond estaba de píe expectante, pero no perdería la oportunidad de hacer valer sus puntos, como había tratado durante todo ese tiempo.
"¡Esa puta!" gritó Vaemond "seguro que ha roto el compromiso porque la otra tiene a Sueñafuego" En eso el hemano menor de Corlys tenía razón, pues tras las perdidas de Meleys y El Ladrón de Ovejas, Sueñafuego era el dragón mas grande que no estaba en posesión de Aegon.
"O que tal vez cree que si casa a Jacaerys con Helaena, su hermano no se atreverá a cruzar el Mar Angosto" razonó Corlys, pensando que tal vez era un intento desesperado. Quizás si Rhaenyra cediese sus derechos al trono en favor de su hijo, la unión tendría cierta legitimidad, y quizas Aegon renunciase a Poniente.
"Aegon cada día es más fuerte" le habló Vaemond "Viste esa nave, y yo vi como una sola de esas monstruosidades acababa sin problemas con un tercio de nuestra flota. Apenas tuve suerte de salir con vida, y solo el Ladrón de Ovejas pudo destruirlo. Cuando hayan terminado de construir su flota, su posición en los mares será hegemónica. También tienen maquinas voladoras que destruyen ciudades, y artefactos que disparan terribles explosiones, cuando llegen a Poniente nada impedirá que tomen esta ciudad"
Corlys estaba contrariado, pero su hermano hablaba con razón.
"El rey aun está vivo, e hizo que todos los señores jurasen lealtad a Rhaenyra" le rebatió "no lo tendrán tan fácil"
"El rey se muere, y Aegon puede contar perfectamente con Occidente y los Hightower, quien sabe si con las Tierras de la Tormenta…eso solo para empezar ¿y cuando Aegon entre con Vermithor, Vhagar y el Canibal? Pueden replicar la masacre de Campo de fuego, y ninguno de los dragones que la corona posee podrán hacer frente a ese poder.
La serpiente marina sabía a donde se refería su hermano.
"¿Y que sugieres?" le preguntó.
"Tienes dos hijos y una nieta que ya es reina" le dijo Vaemond lo más suave que pudo "Ellos ya están en un bando"
"Yo traté de matarlo" reconoció Corlys "¿Por qué querrá perdonarme?"
"Ese chico es inteligente y pragmático, sabe que con nuestra ayuda su reinado puede ser más sencillo…y además ya nos ha humillado bastante" dijo Vaemond hurgando en el orgullo de su hermano.
La serpiente marina bajó la cabeza. No tenía muchas más opciones, en cualquier caso, la casa Velaryon estaba ya atada a Aegon. Por otro lado, aquella era la única opción que tenían para evitar la guerra civil. Apoyó la cabeza en una mano. Debía de haber aceptado la propuesta de Aegon en primera instancia, todo habría sido diferente. Pero el viejo Velaryon se dio cuenta de como Aegon había cambiado las tornas, y humillado sin paliativos, y ahora debía de tragarse su orgullo.
"Tienes razón…necesitamos movernos"
