Capítulo Tres

– ¿A la antigua usanza? – el cerebro de Hermione trabajaba a mil por hora para entender lo que estaba pasando –. ¿Se puede saber…? ¿Quieres decir acostarnos juntos?

– Yo prefiero llamarlo hacer el amor.

– Es lo mismo.

Harry esbozó una sonrisa.

– Como yo lo hago, no.

Pero no podía ser. No podría hacer el amor. Harry era su mejor amigo y su relación funcionaba porque nunca la habían complicado fingiendo que podían ser amigos con derecho a roce.

– No, para nada.

– ¿Por qué no?

– Porque… porque no siento eso por ti.

– Dame una hora y yo haré que lo sientes.

El brillo sensual en sus ojos era tan intenso que Hermione casi podía sentir que estaba acariciándola y cruzó los brazos sobre el pecho para esconder la involuntaria reacción de sus pezones.

– Serás arrogante.

Harry respondió con una sonrisa más arrogante todavía y Hermione lo fulminó con la mirada. Y lo peor era que la idea de hacer el amor con él la excitaba.

– Sé razonable – le dijo – Será mucho más fácil acudir a una clínica. Lo único que tendrás que hacer es donar unos cuantos espermatozoides.

- No.

– ¿Por qué no? A ti no te sirven de nada.

– Si los quieres, vas a tener que conseguirlos a la antigua usanza.

– Deja de decir eso – replicó Hermione, aunque su voz sonó extrañamente aguda al imaginarlo desnudo, a ella pasando las manos por sus fuertes músculos… él entre sus piernas.

– ¿No sientes curiosidad? – le preguntó Harry entonces.

Por supuesto que sentí curiosidad. Durante meses después del baile de graduación no había pensado en otra cosa.

– No, ninguna –mintió.

– ¿Nunca te has preguntado por qué las chicas con las que salían en el instituto nunca querían romper conmigo?

– Por favor… – Hermione puso los ojos en blanco. Pero en lugar de molestarle su arrogancia, la encontré extrañamente excitante –. Nunca se me ocurrió pensarlo.

– No te creo – dijo él –. Después de que te lanzas sobre mí en el baile de graduación…

– ¿Yo me lance sobre ti? Fuiste tú quien me besó.

– Porque no dejabas de pestañear coquetamente…

– Eso no es verdad.

– Me dijiste que nadie te querría nunca y que no me acuerdo quién no era un hombre de verdad y tú necesitas un hombre de verdad.

Hermione lo miró, boquiabierta.

– Yo no hice tal cosa. Fuiste tú quien me abrazó diciendo que la mejor manera de olvidar a Kevin era salir con otro chico.

– No fue así.

– Ninguno de los dos va a admitir nada, así que aceptamos que nos dimos un beso y que no cometimos un error gracias a que llamó mi hermana – dijo Hermione.

– Si eso te hace feliz, de acuerdo.

– Y los dos estábamos de acuerdo en que había sido un error.

– Fue un error porque Kevin te había dejado y yo estaba enfadado con mi novia de entonces. Ninguno de los dos esperaba con esa claridad noche.

¿Eso lo había dicho ella o él? Hermione no lo grababa bien. De hecho, lo único que recordaba perfectamente era el sabor de sus labios y cómo le había dado vueltas la cabeza al sentir el roce de su lengua.

– Fue un error porque éramos amigos y enrollarnos hubiera destrozado nuestra amistad.

– Pero ya no somos un par de adolescentes gobernados por las hormonas – le recordó Harry – Ahora podemos ver el sexo como adultos.

– ¿Como adultos? – repitió ella, insegura.

Lo que Harry quería amenazaba con convertir sus emociones en un nudo gordiano y, sin embargo, se preguntaba si podría hacerlo. Si lo hiciera sin esperar nada, tal vez sería posible disfrutar de un par de noches maravillosas en la cama de Harry y salir con las ideas claras y el corazón de una pieza.

– Pero si nos… si hacemos…

– ¿El amor? – terminó Harry la frase por ella.

– Nos conocemos demasiado bien, somos amigos desde hace años. No hay nada romántico entre nosotros, así que sería como si nos cepilláramos los dientes el uno al otro.

Harry soltó una carcajada.

– Creo que subestima mi poder de seducción.

El brillo travieso de sus ojos hizo que Hermione se echase a temblar.

– Y tú sobrestimas mi habilidad para tomarte en serio.

De repente, Harry se puso serio.

– Si vas a convertirte en madre, no será probable que ocurra en un sitio estéril y frío. La concepción debería ser algo memorable.

Hermione no estaba buscando algo memorable. Las cosas memorables se quedaron con uno para siempre y te hicieron anhelar cosas imposibles. Ella quería algo, práctico, sin complicaciones.

Y, por eso, su decisión de pedirle que fuera el padre de su hijo no tenía sentido alguno. ¿Y si su hijo o hija heredaban la costumbre de Harry de revolver la comida en el plato? Eso la ponía de los nervios. ¿Su hijo tiene la naturaleza impulsiva de Harry? ¿O tal vez su sonrisa, su carisma, sus habilidades atléticas, su madera de líder?

Para ser alguien que lo esperaba todo tan bien, se le ocurrió que no había meditado la decisión de pedirle a Harry que fuera el padre de su hijo.

– Yo preferiría que la concepción fuera rápida y eficaz.

– ¿Por qué no empezamos despacio y exploramos un poco a ver dónde nos lleva?

Hermione tragó saliva.

– Tengo que pensarlo.

– Tómate tu tiempo – dijo él – Yo no pienso ir a ningún sitio.


Pasaron tres días sin que Hermione se pusiera en contacto con él. ¿Estaba tomando en consideración su proposición o había rechazado la idea de plano y estaba enfadada con él por sugerir algo así?

- ¿Harry? ¿Se puede saber dónde tienes la cabeza?

Era Ron, su compañero de carreras. Tenían una esa tarde y conducir distraído a más de ciento cincuenta kilómetros por hora era la mejor receta para un desastre seguro.

– Es que dejó algo por resolver.

– Tú no sueles preocuparte por el trabajo cuando hueles a gasolina.

– Sí, bueno, es algo importante.

Nunca en su vida había dejado que una mujer lo distrajese. Especialmente cuando ese año estaba decidido a ganar y demostrar a Ron lo que estaba perdiéndose por enamorarse.

– ¿Qué pasa, Harry?

– Digamos que he hecho una oferta y sigo esperando saber si ha sido aceptada.

– Ah, ya, el Shelby del 68 que quería comprar el mes pasado.

– No quiero hablar de ello – respondió Harry. Que Ron pensara que se tratara de un coche. Le había prometido a Hermione que sería discreta y lo sería. Aunque no estaba dispuesto a concebir a su hijo como él quería, Harry estaba seguro de que tarde o temprano cambiaría de opinión.

– Si se trata del Shelby, eso es demasiado tarde. Lo compré yo hace dos días – Ron sonrió al ver que Harry fruncía el ceño

– En mi garaje había un espacio vacío. ¿Y de quién es la culpa?

– Mía no – respondió Harry, con cara de pocos amigos.

Unos meses antes, Ron había apostado su Cuda del 69 a que no se casaría, pero cuando la propietaria de la agencia de trabajo temporal que le envió una secretaría resultó ser el amor de su vida, Harry consiguió un coche.

– ¿Por qué sigues enfadado si ganaste la apuesta? Conseguiste el Cuda cuando a mí me costó cinco años convencer al dueño para que me lo vendiera. Me encantaba ese coche.

Pero le gustó más su prometida.

– No estoy enfadado – dijo Harry.

Echaba de menos a su amigo, el tipo que entendía que el amor y el matrimonio eran cosas que deberían evitarse porque enamorarse era peligroso.

– Lavander cree que te sientes abandonado, que has perdido a tu mejor amigo ahora que estoy con ella.

Harry lo miró, escéptico.

– Hermione es mi mejor amiga, tú no eres más que un tipo con el que salía antes de que te enamorases de esa chica.

– Pues yo creo que tiene razón – dijo Ron, como si no lo hubiera oído.

– Sí, claro. Te has convertido en uno de esos hombres que mantienen feliz a una mujer dando la razón en todo.

Ron sonrió.

– No es así como mantengo feliz a Lavander.

Harry experimentó una punzada de envidia. Aunque no tenía razones para estar resentido por la felicidad de su amigo.

– ¿Qué te ha pasado?

Ron lo miró, sorprendido.

– Que me enamoró.

¿Cómo había podido ocurrir? Los dos habían jurado no enamorarse nunca. Después de que el padre de Ron engañase a su mujer, su amigo había jurado no confiar en el amor.

– Eso ya lo sé, pero no entiendo por qué.

– Prefiero estar con Lavander que sin ella.

¿Sería eso lo que había pensado su padre cuando su madre murió en el accidente? Antes de casarse sus padres habían sido amigos, almas gemelas. Ella lo era todo para él y James estuvo a punto de perder la vida cuando murió.

– ¿Y si Lavander te dejase?

– No me dejes.

– ¿Y si le ocurriera algo?

– Esto es por lo que le pasó a tu madre, ¿verdad? – Ron sonrió, comprensivo –. Estar enamorado no garantiza que vayan a hacerte daño, hombre.

– No, es verdad, pero quedarse soltero garantiza que no te lo hará.


Pasó una semana antes de que Hermione se pusiera en contacto con Harry. Y durante esos siete días había estado cambiando vueltas al asunto de… las relaciones íntimas.

Harry no estaba interesado en complicar su amistad con un romance y tampoco lo estaba ella. Y, sin embargo, siempre estaban ahí para ayudarse el uno al otro. ¿Por qué iban a arriesgar su amistad?

Por supuesto, ayudarla a tener un hijo le ofreció una oportunidad de sexo sin ataduras.

Sería un interludio, un par de apasionados encuentros que satisfarían su curiosidad, la de los dos. Al final, ella quedaría embarazada, él se dedicaría a seguir rompiendo corazones y su amistad seguiría siendo la misma de siempre.

Aún no estaba decidida del todo a aceptar su propuesta, pero se sentía inclinada a hacerlo y eso hacía que fuera más sensible a su atractivo. En vaqueros, con una camiseta negra ajustada en el garaje de su casa, resultó tan masculino, tan seguro de sí mismo. Hermione sintió un pellizco en el estómago de admiración femenina.

– ¿Qué tal todo?

Mareada por el impacto de su sonrisa, Hermione indicó la cerveza que tenía en la mano.

– ¿Tienes una para mí?

– Sí, claro.

Harry se dirigió a la nevera que tenía al fondo del garaje y Hermione lo siguió. Cuando se inclinó para tomar la botella, miró su perfecto trasero… y supo que iba a hacerlo.

– Gracias – murmuró, poniendo la botella fría sobre su mejilla.

Harry la miraba, en silencio.

Hermione miró las fotos de Harry y Ron con trajes y cascos de piloto

– ¿Qué tal el fin de semana?

– Ven arriba y te lo enseñaré.

Harry había comprado la casa como una inversión y había contratado a un decorador que la llenó de muebles tradicionales. No eran del gusto de Hermione, pero debían reconocer que iban con el estilo colonial del edificio.

Usaba uno de los dormitorios como almacén para sus trofeos, y aparte de eso solo había un viejo sofá de cuero de su época universitaria frente a una pantalla gigante de televisión. Si no estaba conduciendo o restaurando algo coche en el garaje, estaba allí viendo las carreras de Fórmula 1.

Harry encendió el reproductor de DVD y le mostró el final de la carrera del fin de semana.

– ¿No tiene ganado? –exclamó Hermione–. ¿Qué ha pasado?

Harry se dejó caer en el sofá. Para un hombre tan competitivo como él debe ser difícil llegar segundo.

– Tenía otras cosas en la cabeza.

Hermione se dio cuenta de que la culpaba a ella y le clavó un dedo en las costillas mientras se sentaba a su lado.

– No voy a disculparme por haberme tomado una semana para pensarlo.

– Pero de haber sabido cuál era tu respuesta podría haberme concentrado en la carrera.

– No me lo creo – dijo ella, tomando un trago de cerveza. Harry puso un brazo en el respaldo del sofá, rozándole el hombro con la punta de los dedos.

– ¿No crees que nos haya estado imaginando haciendo el amor?

– Entonces, estarás de acuerdo en que corremos el riesgo de que las cosas cambien entre nosotros.

– No tiene por qué ser así – los dedos de Harry seguían rozando su hombro, haciendo círculos alrededor de las clavículas –. Además, no era eso lo que me preocupaba.

Esa era la razón por la que había sugerido que olvidasen la clínica de fertilidad: para Harry solo era sexo. Muy bien, también podía serlo para ella.

– De acuerdo – dijo Hermione, mirando la pantalla de televisión. Era más fácil hacerlo sin soportar su penetrante mirada –. Pero con un par de condiciones.

Harry se inclinó hacia delante.

– ¿Quieres que te corteje?

Hermione esbozó una sonrisa para disimular su nerviosismo.

– Para nada – respondió –. Tenemos tres días para intentarlo. Si no me quedo embarazada, iremos a la clinica. No pienso alargar esto indefinidamente.

– De acuerdo con esos tres días, pero quiero un tiempo ininterrumpido contigo.

Hermione clavó las uñas tras la etiqueta de la cerveza. Como era típico en Harry, estaba destrozando sus aviones.

Ella había imaginado tres noches de sexo fantástico en su casa, pero volviendo a la suya para revivir esos momentos en privado. No tres días y tres noches sin separarse de él. ¿Y si hablaba en sueños y le contaba sus secretas fantasías? ¿Y si decía algo inapropiado en un momento de pasión?

– Estás loco si crees que nuestras familias van a dejarnos en paz durante tres días.

– Entonces, nos iremos de Houston.

Era ella quien quería quedarse embarazada y debería ser ella quien decidiera dónde y cómo iba a concebir a su hijo. Esa falta de control la ponía nerviosa, la hacía sentirse vulnerable.

– Propongo que nos vayamos a algún sitio, lejos de aquí – siguió Harry –. Un apartado donde podamos concentrarnos en el asunto que nos traemos entre manos.

¿El asunto que se traían entre manos? Había pronunciado esa frase con tal sensualidad que el cuerpo de Hermione vibró de excitación.

– Buscaré un sitio y te mandaré un mensaje – le dijo. Si era ella quien tomaba las riendas de la situación, su hijo no sería concebido en el pueblo en el que tuviera lugar la siguiente carrera.

Iba a levantarse cuando Harry la tomó por la cintura.

– Antes de irte…

Estaba atrapada entre sus fuertes brazos, sus pechos rozando el torso masculino, sus pezones endureciéndose de deseo. El brillo de sus ojos hacia que su corazon latiese a un ritmo anormal, y cuando rozo sus labios dio un respingo.

– ¿Qué haces?

– Sellar el trato con un beso.

– Un apretón de manos sería más que suficiente – Hermione puso una mano en su torso, notando los pectorales de acero bajo los dedos. Los suaves latidos de su corazón parecían burlarse de ella…

– Para mí no – Harry capturó sus labios durante un segundo y luego se echó hacia atrás–. ¿Ama? No ha sido tan horrible.

– Ya, bueno –Hermione intentó disimular su emoción–. No ha estado mal.

– Si te relajases, sería aún mejor.

– No puedo relajarme.

– ¿Por qué no?

– Harry, ¿desde cuándo nos conocemos?

– Desde hace mucho tiempo – respondió él, besándole el lóbulo de la oreja –. ¿Por qué?

– Entonces sabes que yo no hago nada sin planearlo antes.

Harry dejó escapar un largo suspiro.

– No necesitas planear esto. Déjate ir.

¿Y arriesgarse a que descubriera su secreto? Desde que pidió ayuda para quedar embarazada, se había dado cuenta de que sus sentimientos por él iban más allá de la amistad. No era amor, al menos ella no creía que lo fuera. Todavía no. Pero podría convertirse en amor si se acostaran juntos.

Y si Harry descubría lo que sentía por él saldría corriendo, como hacía con todas las mujeres que intentaban conquistar su corazón.

Hermione se puso tensa al notar el roce de sus labios en el cuello.

– Me relajaré cuando nos vayamos de Houston – le prometió –. ¿Se puede saber qué haces? – exclamó cuando Harry la tumbó sobre el sofá, metiendo una pierna entre las suyas.

– He pensado que te sentirías mejor si dejaba de preocuparte que haya o no química entre nosotros - El calor de su cuerpo parecía traspasarla.

– No te preocupes por eso. Seguro que eres un amante fabuloso – Hermione temblaba de anticipación y tenía que hacer algo para controlarse –. Si no fuera así, no habría dejado una larga lista de corazones rotos.

Harry frunció el ceño.

– No sabía que eso te molestaba.

– No dijo que me molestara.

– No sé si te creo –murmuró él, besándole el cuello.

Con sus zonas erógenas, Hermione tuvo que hacer un esfuerzo alerta para no enredar las piernas en su cintura.

– Te estás mordiendo los labios –murmuró Harry–. No sé contra qué estás luchando.

Y Hermione no quería que lo descubriese.

– No me preocupa tu habilidad en la cama. Lo que me preocupa es que si tomamos este camino tal vez no haya salida.

– Ah, ya veo. Te preocupas enamorarte de mi.

– No, me preocupa más que tú te enamores de mí.

– No creo que eso vaya a pasar.

– Yo no estaría tan seguro. Al fin y al cabo, soy adorable. Tú mismo lo has dicho muchas veces.

– Sí, es verdad – Harry la miró con expresión seria –. Cierra los ojos.

– ¿Por qué?

– Ciérralos.

Ella lo hizo, esperando que la intimidara que compartían como amigos fuera suficiente para hacerle olvidar su preocupación sobre las posibles complicaciones.

Si cerraba los ojos, podría creer que el hombre que estaba sobre ella era cualquier otro.

Hermione esperaba que la besara como lo había hecho quince años antes, como si fuera la única mujer en el mundo para él, pero aquel beso era diferente. No era el beso excitante y salvaje que le había hecho dejar que le metiese la mano bajo el escote de su vestido en el baile de graduación.

Los labios de Harry exploraban los suyos con suave pero firme presión. Si le había preocupado sentirse abrumada de deseo y hacer el ridículo… no iba a ser así.

El beso era controlado, deliberado, y se preguntó si Harry estaría lamentando su oferta de hacer el amor. Y, al pensar eso, se le encogió el corazón.

- ¿Ama? – dijo él, besando sus párpados –. No ha estado tan mal, ¿no?

– No esperaba menos de ti.

– ¿Entonces de qué tenías miedo?

¿Y si su deseo por él era más fuerte que el de Harry por ella? ¿Y si esos tres días juntos aumentan su deseo por él?

– Pensar que vas a verme desnuda, por ejemplo – respondió Hermione, intentando bromear.

– Ya te he visto desnuda.

- ¿What? ¿Cuándo?

– ¿Recuerdas esas vacaciones, cuando fuiste con mi familia a St. John? Te diste una ducha en mi cuarto de baño y dejaste la puerta entreabierta…

Había pensado que estaba sola… –¿Me espiaste?

– No, más bien entré y te pillé. Ya lo he visto todo antes.

Y, por su expresión, le había gustado.

Hermione apretó los labios.

– ¿Cuánto tiempo estuviste mirándome?

– Cinco o diez minutos.

Ella abrió la boca, pero de su garganta no salió una sola palabra. Su amistad estaba convirtiéndose en otra cosa y después de aquel fin de semana no sería solo su amigo sino su ex amante. ¿Era eso lo que quería?

– He estado controlando mi ciclo durante los últimos seis meses y estaré ovulando en diez días. ¿Podemos irnos entonces?

– ¿Seguro que quieres hacerlo? –le preguntó Harry.

¿Había esperado que cambiara de opinión después del beso?

– Quiero tener un hijo – respondió Hermione –. Y si acostarme contigo es la única manera de tenerlo, estoy dispuesto a hacer ese sacrificio.

Harry sonrió.

– Muy bien, yo me encargaré de reservar hotel.


Otra vez por aca, les dejo un nuevo capitulo... espero les guste, si hay alguna sugerencia la acepto gustosa... Espero sus comentarios para saber que opinan de la historia... Nos leemos luego, cds