Hola hermosas, espero les guste el siguiente capítulo, no tuve tiempo de revisarlo, sin embargo no quise dejarlas sin actualización.
LÍNEAS DEL TIEMPO
8
LÍNEA 1
Comenzaba a amanecer cuando en el viejo garaje de Lakewood un inventor sudoroso y cansado limpiaba sus gafas y veía cómo su primo y su yo mayor dormían de manera incómoda en el lugar. El ruido que provocó una de las piezas que cayó repentinamente sobresaltó al par de jóvenes.
-¿¡Qué sucede!? – Preguntó Stear mayor quien se levantó rápidamente al escuchar el estruendoso ruido que lo volvía a levantarse de golpe. Anthony fue un poco más tranquilo en su despertar ya que no tenía mucho tiempo que había comenzado a dormir.
-Lo siento, se me cayó esta pieza. – Dijo Stear menor mostrando uno de los pistones que habían reemplazado del automóvil, sintiendo algo de pena por haber despertado a sus dos acompañantes.
-Lo siento, no quise quedarme dormido. – Dijo Stear mayor frotando su rostro con desgane, sintiendo también pena por haber dejado a su copia menor al frente del proyecto mientras a él lo vencía el sueño. Tenía varias noches sin dormir buscando la manera de arreglar todo y por alguna extraña razón al sentir que su yo más joven estaba ahí lo había hecho relajarse un poco, era una confianza que no sabía hasta dónde o hasta qué punto existía.
-No te preocupes, no pasa nada. – Dijo el menor comprensivo por ver al mayor dormir tan plácidamente. – Puedo darme cuenta que has estado trabajando demasiado estos días. – Le dijo seguro que sabía lo que decía. El mayor sonrió de lado al ver que también él hacía lo mismo.
-Hace unas semanas que encontré este vehículo. – Dijo mirando sorprendido lo que habían logrado ambos inventores por el viejo cacharro de Stear. – Y te puedo asegurar que tenía mucho tiempo abandonado, no un año ni dos. – Dijo seguro de que así era, ya que las piezas que tenía o mejor dicho las que no tenía eran de por lo menos ocho años atrás.
-Se parece mucho al primer auto que construí. – Dijo Stear menor, mirando con nostalgia al automóvil que había prácticamente reconstruido con ayuda del mayor.
-Es verdad. – Dijo Anthony corroborando lo que decía su primo. – Se parece mucho a aquel que terminó en el lago. – Dijo con una sonrisa divertida al recordar aquel pasaje de su vida. – Fue poco antes de que Candy llegara a nuestras vidas. – Dijo de nuevo para suspirar con nostalgia. Stear asintió.
-Desde muy joven me gustó construir cosas. – Dijo Stear menor con entusiasmo. – Mi padre me ayudó a conseguir las piezas para comenzar a fabricar mi propio vehículo y cada que llegaba el barco de mi tío Vincent llegaban más piezas para mí. – Decía emocionado. El mayor lo escuchaba con una sonrisa, le gustaba saber la manera en la que su otro yo había comenzado a entusiasmarse con la ciencia y los inventos y a pesar de que en la época en la que vivía era un joven acomodado y sin problemas económicos podía darse cuenta que lo que era fácil para él al más joven le tomaba demasiado trabajo si lo comparaba a como él había obtenido todo al alcance de su mano.
-¿Cada cuánto era eso? – Preguntó con curiosidad el mayor.
-Una vez al mes aproximadamente, aunque a veces podía tardar en llegar hasta tres meses, dependiendo del lugar y de los viajes que tenía el tío. – Dijo Stear de nuevo con tranquilidad, mientras el mayor abría los ojos sorprendidos por lo que decía.
-¡Wow! ¡Eso es mucho tiempo! – Decía el mayor con sorpresa, mientras los más jóvenes pensaban que era bastante poco lo que tardaban en llegar las cosas, ya que si se hubieran pedido a través de un comerciante podrían tardar hasta seis meses en tener las piezas.
-¿Mucho tiempo? – Preguntó Stear con extrañeza.
-Lo que pasa que estoy acostumbrado a otro tipo de vida. – Dijo disculpándose en cierto modo por su manera de expresarse. – En mi tiempo lo más que se tarda un envío son dos semanas, para tener un auto simplemente me voy a un concesionario, y para viajar a Europa me tomaría unas doce horas. – Dijo causando asombro en los más jóvenes.
-¿Doce horas? ¿Pues qué hacen? ¿Vuelan? – Preguntó Stear interesado por saber si en ese tiempo ya era una realidad volar en avión como tanto era su sueño.
-En mi tiempo los aviones comerciales son la forma más rápida de hacer envíos y viajar. – Dijo Stear hasta cierto punto orgulloso de poder presumir las ventajas de vivir en su tiempo.
-¿Aviones comerciales? Pensé que las personas tenían su propio avión. – Dijo Stear con cierto sarcasmo.
-El tío Albert tiene uno, pero casi siempre lo está utilizando, así que el resto de la familia decide ir en aviones comerciales para no importunarles su viaje. – Tanto Stear como Anthony abrieron los ojos sorprendidos ya que el joven inventor lo había dicho de broma.
-Ni en el futuro deja de trabajar. – Dijo Anthony con cierta nostalgia, era el único familiar directo que le quedaba y no había podido convivir mucho con él por sus constantes viajes y por las diferencias que había provocado su peculiar modo de vida.
-Creo que no. – Dijo el inventor mayor. – Pero no te preocupes, ese es un mal de todos los tiempos y más de donde vengo, hasta Anthony trabaja mucho, incluso Archie quien es el más perezoso de todos. – Dijo de nuevo para que comprendiera que el trabajo jamás se terminaba.
-¿Qué hace Anthony? – Preguntó Anthony para saber más acerca de su otro yo.
-Él es médico al igual que Candy. – Dijo con orgullo, recordando todo lo que habían tenido que atravesar para poder titularse a pesar de haberse enfrentado a la paternidad demasiado jóvenes.
-¿Candy también? – Preguntó con emoción. Stear asintió.
-Se conocieron siendo casi unos niños y se enamoraron de inmediato, para entrar a la universidad Candy anunció que estaba esperando a Alexander y pronto se casaron. – Decía Stear con tranquilidad mientras los jóvenes se sorprendían al saber que la doctora Candy se había casado por estar esperando un bebé, algo poco usual en su tiempo. – Ambos estaban inscritos en la escuela de medicina y a pesar de los contratiempos logaron salir adelante. – Decía con orgullo.
-¿Candy también fue adoptada por los Andrew? – Preguntó Anthony para saber más de ellos.
-Adoptada no. – Respondió Stear tranquilamente. – Pero el tío Albert le ayudó a pagar todos sus estudios, le ofreció asistir a los mismos colegios que nosotros asistimos, sin embargo seguía viviendo en el orfanato. – Anthony sonreía por saber que afortunadamente Candy había podido encontrarlo en ese tiempo. - ¿Y qué me dicen ustedes? – Preguntó Stear a los más jóvenes quienes lo miraron confundidos. – Hace un momento mencionaron a sus padres. – Dijo con un poco de temor.
-El barco de mi padre fue bombardeado durante la guerra y jamás encontraron sus restos. – Respondió Anthony con pesar al recordar que todas las personas que había amado habían desaparecido de su vida. Stear sintió un profundo dolor en su corazón.
-El padre de Anthony trabaja en la marina de Estados Unidos y como tiene otra familia no se frecuentan mucho. – Dijo Stear mayor como mencionando que de todas formas la relación que tenían en su tiempo no era muy cercana.
-Mi padre y mi madre nunca fueron muy cercanos con nosotros. – Dijo Stear menor con resignación. – Y a la muerte de Archie es como si ambos hubiésemos muerto. – Dijo mirando fijamente el pistón que aún permanecía en sus manos. – Ese día fue la última vez que los vi. – Dijo levantándose de su lugar para continuar con el vehículo.
-Lo bueno que cualquier día estaré dispuesto a regresarlos a su tiempo si así lo deciden. – Dijo el mayor con sinceridad al ver que ambos muchachos habían dejado muchas cosas atrás, sin embargo también pudo comprobar que sus vidas eran muy tristes y solitarias y que si no se tuvieran el uno al otro no sabría cómo se podrían sostener.
-Siempre es una opción. – Dijo Stear sonriendo de lado. Anthony sonrió de la misma forma, sin embargo el rubio sabía bien que a pesar de ser una opción no era lo que ambos deseaban, pero también seguía con el temor de que las cosas no resultaran con la enfermera de ojos verdes que había aceptado conocer, lo mismo Stear, él temía que las cosas no salieran como esperaban, sin embargo tanto para él como para Anthony volver no era una opción, porque a pesar de tener a sus padres él lo único que buscaba era proteger a Anthony, quien era el único ser importante que le quedaba con vida, porque sus padres jamás lo habían perdonado al decirle que él había metido esas ideas en la cabeza de su hermano menor y por ello se había enrolado, en pocas palabras lo culpaban de la muerte de Archivald.
Pronto terminaron de armar el vehículo y se adentraron a la mansión para cambiar sus ropas y comenzar su viaje hasta Chicago. Los nervios se hicieron presentes nuevamente en los menores mientras el mayor sonreía con gusto por llevarlos por fin a su destino, pronto cumpliría con aquel deseo de Alexander, aunque tenía que confesar que tal vez podía no funcionar como el pequeño lo deseaba y tendría que apurarse a regresarlos a su tiempo antes de que la batería de la máquina comenzara a fallar y no pudiera reemplazarla.
-Muchas gracias por todo Dorothy. – Dijo Anthony agradeciendo con una sonrisa sincera a la joven de trenzas que ya había aceptado que los Andrew habían regresado con vida.
-No tiene nada que agradecer joven Anthony. – Respondía la joven con una sonrisa amable.
-Es verdad Dorothy, y disculpa el haberte asustado con nuestra repentina aparición. – Dijo ahora Stear igual de sonriente que Anthony. Ambos estaban emocionados por ir a Chicago.
-No se preocupe joven Alistear, lo que pasa que el aviso de la señora Andrew no llegó y no teníamos conocimiento de lo que había sucedido. – Respondió la joven mucama apenada aún por la reacción que había tenido al verlos tan de repente.
-Bien, también ha llegado la hora de despedirme. – Dijo el mayor extendiendo la mano a cada uno de los empleados.
-Un placer haber vuelto a verlo señor Cornwell. – Dijo Benicio con una gran sonrisa y sosteniendo la mano de Stear seguro aún de que era el padre de Stear y Archie. Stear sonrió no muy convencido de que lo tomaran por una persona que a pesar de técnicamente ser su padre era mucho mayor que él.
-Cuídate mucho Benicio. – Dijo Stear acomodándose al frente del volante del vehículo, el cual estaba encendido esperando comenzar el viaje.
Anthony y Stear joven subieron al auto un poco después y con una gran sonrisa en sus labios enfocaron su mirada hacia el frente. El aroma de los rosedales pronto comenzó a invadir sus fosas nasales, mientras el viento fresco golpeaba sus rostros, poco a poco el sendero de las rosas fue haciéndose más pequeño hasta que por fin terminaron abandonando la hermosa entrada del portal de las rosas.
-No puedo creer lo hermoso que es Lakewood en este tiempo. – Dijo Anthony maravillado por lo verde de los jardines.
-Igual yo. – Dijo el mayor quien a pesar de haber ido en varias ocasiones continuaba maravillado por los alrededores. – En mi tiempo los terrenos de los Andrew ya no son tan grandes, hay muchas más casas y puedo asegurarles que no se respira este aire tan puro y tan fresco que entra por mis pulmones. – Dijo de nuevo aprovechando para aspirar el viento helado que golpeaba su rostro, ya que en su Lakewood a pesar de aún ser las afueras de la ciudad la modernización lo había alcanzado y difícilmente podía ver más árboles que casas.
-Pues como te pudiste dar cuenta en nuestro tiempo Lakewood es un lugar seco y triste. – Dijo Anthony suspirando al recordar cómo había permitido que todo se fuese cuesta abajo desde la muerte de Candy y la tía abuela.
-Sí… - Dijo Stear mayor con nostalgia. – Me imagino que fue a raíz de la pérdida de Candy… - Dijo para no hacerlo sentir más incómodo de lo que sabía estaba. Anthony asintió al comentario del mayor, quien seguía manejando por el angosto camino de tierra que lo llevaba hasta el camino principal.
Una vez que Stear tomó el camino principal comenzó a aumentar la velocidad del vehículo. El joven Stear se emocionaba bastante al ver que los kilómetros que había entre Lakewood y Chicago se iban acortando más rápido de lo que él viajaba en su tiempo.
-¿A cuánto vamos? – Preguntó asomándose al odómetro del vehículo. El mayor se hizo a un lado con una sonrisa de orgullo para demostrarle que gracias a él iban más rápido de lo que podían viajar antes. - ¡110 km/hr.! Eso es mucho… - Decía emocionado mientras Anthony y Stear mayor reían por la actitud del joven Stear.
En el departamento de Candy la joven enfermera había permanecido la noche en vela. Archie se había ido la noche anterior para acompañar a Annie a su casa, sin embargo había dicho que llegaría temprano para esperar a Stear y a Anthony, el pobre joven estaba igual de emocionado que Candy por recuperar a su hermano y a su primo.
-Buenos días. – Dijo Anthony a la joven rubia quien tomaba un café para mantenerse despierta.
-Buenos días. – Respondió con timidez al ver al apuesto rubio que sonreía con aquella hermosa sonrisa de ensueño que jamás había olvidado.
-¿No pudiste dormir? – Preguntó Anthony con pena al ver el par de ojeras que enmarcaban el bello rostro de la jovencita.
-Me siento muy nerviosa. – Respondió Candy mirándolo a los ojos con evasión. Anthony sonrió con cierta emoción en su pecho al ver las emociones que provocaba en la pequeña Candy.
-Te comprendo. – Dijo Anthony mientras servía una taza de café para él. - ¿Irás a trabajar? – Preguntó para saber las intenciones de la joven.
-Tengo que hacerlo. – Respondió Candy sin mucho ánimo, no tenía ganas de ausentarse, quería quedarse en el departamento hasta que llegara Stear con Anthony y el otro Stear. – No creo que sea buena idea estar sin hacer nada. – Decía la rubia recordando que para ella era mejor mantener su cabeza ocupada aunque sabía bien que tal vez sus pensamientos no estarían del todo con ella.
-Es mejor así, no sabemos qué tanto tarden en llegar. – Dijo Anthony seguro de que su primo Stear tenía todo bajo control.
Candy se levantó de su asiento y se dirigió a la salida, aún faltaba mucho tiempo para que llegara su hora de entrada, sin embargo quería caminar e intentar calmar sus ánimos.
-¿Tan pronto te vas? - Preguntó Anthony, ya que los días que había estado ahí ella siempre había salido tarde a su trabajo.
-Me gustaría caminar. – Dijo sin más explicaciones, sonriendo antes de cerrar la puerta del departamento, mientras Anthony se daba cuenta que no había probado alimento.
-Compréndela. – Le dijo Terry quien se levantaba del sofá que le había servido de cama los últimos días.
-¿Estás despierto? – Preguntó Anthony creyendo que el rebelde actor estaba dormido.
-No he podido dormir los últimos días. – Se quejó Terry una vez más.
-Nadie te pidió que vinieras. – Dijo Anthony con una sonrisa de lado. – Además Archie debe de estar muy preocupado por ti. – Agregó seguro de que su primo debía de estar histérico por no saber nada de ninguno de ellos.
-Está bien así, tal vez me extrañe. – Dijo Terry con una sonrisa de lado. Anthony solo negó y sonrió a sus palabras. - ¿Crees que las cosas funcionen? – Preguntó de nuevo al rubio, ya que también tenía cierto temor en que todo saliera a la perfección.
-No lo sé. – Dijo Anthony pensativo, apurando su taza de café. – Pero yo espero que sí, porque puedo ver la soledad reflejada en los ojos de Candy. – Dijo el rubio con tristeza, reconociendo que a pesar de que la joven tenía una belleza impresionante al igual que su esposa, el brillo que reflejaban sus esmeraldas era mucho menos intenso que el de su mujer.
-Buenos días papi. – Dijo Alexander de pronto. - ¿No ha llegado mi tío Stear? – Preguntó casi de inmediato el pequeño, emocionado por saber si llegaría ya el mayor con su "encargo".
-No campeón, aún no llegan. – Le respondió Anthony con una sonrisa, acariciando los rubios cabellos de su hijo, pensando en lo que podría suceder si las cosas no salían como él las había planeado.
Candy por su lado salía del edificio Magnolia en total distracción, sin saber que el auto de su primo se estacionaba frente a la acera.
-¡Candy! – Le dijo Archie bajando del vehículo para alcanzarla. La rubia iba tan distraída que no escuchó el grito del elegante.
-¡Archie! – Gritó sorprendida al ver que el gatito se paraba frente a ella con algo de agitación en su respiración.
-Pensé que hoy no trabajarías, Candy. – Le dijo al ver que efectivamente la rubia iba en camino al hospital.
-Tengo que trabajar Archie. – Dijo Candy en respuesta, a pesar de que Archie sabía que no tenía necesidad de trabajar, sabía también que a ella le gustaba sentirse útil. – Necesito distraer mi mente. – Le dijo Candy mirándolo a los ojos. Su mirada parecía de súplica, era como una necesidad en su interior que le impedía quedarse a esperar dentro del departamento.
-Te entiendo, tampoco pude dormir pensando en todo lo sucedido. – Dijo Archie con la misma desesperación de Candy, sin embargo la emoción del joven era diferente a la de Candy. – Ven yo te llevo. – Le dijo intentando llevarla hasta el automóvil para evitar que caminara.
-Te lo agradezco, pero creo que hoy más que nunca necesito caminar. – Le dijo la rubia declinando su ofrecimiento. Archie asintió y comenzó a caminar junto a ella.
-¿No estás de acuerdo en lo que han planeado hacer? – Preguntó Archie para saber lo que Candy pensaba, ya que le día anterior no había podido hablar con ella como hubiera querido.
-No sé qué pensar Archie… - Dijo Candy sin dejar de mirar por el suelo que pisaba.
-¿Tienes miedo? – Preguntó Archie mirándola mientras continuaba avanzando. Candy se detuvo para mirarlo a los ojos.
-¿Tú no? – Preguntó Candy a su primo, quien le sonrió de manera dulce para intentar tranquilizarla.
-Un poco… - Respondió Archie sincero. – Sin embargo daría todo lo que tengo por volver a abrazar a Stear y a Anthony. – Dijo colocando sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Una sonrisa llena de nostalgia aparecía en su rostro mientras se enfocaba al frente del camino.
Candy comenzó a avanzar nuevamente al lado de Archie, atenta a lo que él tenía que decir, ya que tal vez podía calmar un poco las inquietudes que sentía en su pecho.
-Cuando Anthony murió Stear y yo estábamos muy tristes. – Comenzó a relatar Archie, mientras Candy escuchaba atenta su relato. – Teníamos ganas de llorar eternamente, lo buscábamos en cada rincón de la mansión, escuchábamos su risa y más de una vez nos pareció escuchar su reclamo en una pequeña riña entre nosotros. – Siguió recordando aquellos años en los que habían vivido su luto discretamente, ya que ninguno de los dos habían querido exponerlo frente a la rubia. – Sin embargo debíamos ser fuertes por ti, Candy… - Dijo de pronto el joven mientras Candy abría los ojos sorprendida por aquella revelación, ya que ella se había centrado tanto en la muerte de Anthony que jamás pensó en lo que Stear y Archie podrían haber sentido al haber perdido a su casi hermano.
-Lo siento… - Dijo Candy apenada al comprender hasta este justo momento el sacrificio hecho por los hermanos.
-No lo sientas… - Dijo Archie con una sonrisa de nuevo. – Tal vez eso nos ayudó a Stear y a mí a ser más fuertes. – Dijo suspirando profundamente. – Cuando Stear desapareció sentí mucho enfado. – Dijo una vez más ante la sorpresa de Candy. – Sentía una gran furia dentro de mí en contra de Anthony, en contra de Stear. – Decía mientras Candy lo miraba sin comprender el motivo de su enojo. – Sentía que me habían abandonado, creía que ellos estaban juntos sonrientes mientras yo me había quedado aquí solo sin el abrazo o el consuelo de alguno de ellos. – Decía sin dejar de caminar.
-Jamás has estado solo. – Le dijo Candy intentando hacerle ver que ella siempre había estado a su lado, lo mismo que Annie.
-Lo sé Candy, sin embargo no es lo mismo tener de sobreviviente a un ramillete de damas que un día juramos proteger. – Dijo mirando de reojo a su prima, quien se apenó de inmediato por descubrir que había quedado solo con tres mujeres que si bien no eran todas su responsabilidad, él se empeñaba en seguir manteniendo aquella promesa hecha con su hermano y su primo.
-¿Pero no has pensado que no son los mismos? – Preguntó Candy a Archie, temía tantas cosas de aquel plan y esta era tan solo una de ellas. Archie sonrió.
-Tal vez no. – Respondió tranquilo. – Pero como te dije antes lo único que deseo es volverlos a abrazar, tal vez los pleitos con Stear vuelvan, o tal vez no. Tal vez Anthony no sea tan honorable y recto como nuestro Anthony. – Decía esperanzado, con una ilusión en su pecho que lo hacía hablar con rapidez. – De seguro la relación no será la misma que teníamos con ellos. – Agregaba casi casi sin respirar. – Candy… - Dijo antes de que Candy se adentrara al edificio.
-¿Sí? – Preguntó la rubia un poco más relajada por la plática que habían sostenido con su primo.
-¿Cómo se ve Stear? – Preguntó curioso, quería saber un poco acerca del inventor que había hecho posible que todo esto ocurriera.
-Es exactamente igual. – Dijo la rubia con una sonrisa y una mirada llena de ilusión. – Solo que un poco panzón. – Dijo de nuevo mientras comenzaba a reír de manera traviesa.
-¿Panzón? – Preguntó Archie sorprendido por aquella revelación. Candy asintió a su pregunta. – Siempre le dije que no era bueno pasarse tanto tiempo sentado frente a sus inventos. – Dijo Archie con nostalgia al recordar las veces que discutía con su hermano por el tiempo que se la pasaba sin hacer alguna actividad física.
El rostro de Candy volvió a la seriedad que había mantenido en todo el camino y Archie sonrió para intentar tranquilizarla una vez más.
–Tranquila Candy, puedo asegurarte que la conexión que siento con Anthony y con Candy de la línea dos, es una conexión muy similar a la que siento por ti y que sentí por Anthony alguna vez. – Dijo deteniéndose frente al hospital ya que sin darse cuenta habían llegado a su destino.
-Tienes razón. – Dijo Candy emocionada al recordar lo que sentía al estar cerca de Anthony. Su rostro se tiñó de rojo al recordar ese sentimiento y Archie pudo darse cuenta de ello. - ¿Sentiste lo mismo por Terry? – Preguntó Candy ahora con algo de malicia. Archie arrugó el ceño al escuchar la pregunta.
-Ni me hables de él. – Dijo Archie con cara de total desagrado tan solo de pensar en el actor. – Jamás pensé que diría esto, pero prefiero que nos odiemos a que intente agradarme. – Dijo sintiendo un escalofrío en su pecho al recordar las veces que le había hablado.
-Sí, yo tampoco siento la conexión que sentía con Terry en el pasado, tal vez porque mis sentimientos por él se han disipado. – Dijo Candy segura de que era eso lo que sucedía en su corazón.
-¿Crees que los sentimientos por Anthony también se hayan disipado? – Preguntó Archie seguro de que no era así, ya que acababa de ser testigo de lo que el rubio mayor provocaba aún en la joven enfermera.
-No lo sé Archie. – Respondió Candy con timidez, sintiendo que su rostro volvía a ponerse colorado por el recuerdo del médico Brower. – Tengo que irme. – Dijo Candy dando un beso en la mejilla de su primo para ahora sí salir corriendo hasta la entrada del hospital si no quería llegar tarde como siempre.
-¡Cuídate Candy! – Fue lo único que pudo decir el elegante joven mientras la rubia se perdía entre los pasillos que la llevaban al interior del hospital.
Archie sonrió ante el saludo que Candy le hacía a lo lejos en señal de despedida, indicando que había escuchado sus últimas palabras. Archie sonrió y suspiró mientras por su mente pasaba el recuerdo de cuando él, Stear y Anthony estaban perdidos por ella.
-¿Seguirá Stear enamorado de Candy? – Se preguntó Archie con nostalgia, porque sabía bien que su hermano había sido el primero en olvidarla, mientras que para él había resultado un tanto más difícil, incluso cuando se separó de Terry tuvo la pequeña ilusión de poder reconquistarla, pero cuando se dio cuenta que ahora Albert estaba perdidamente enamorado de ella desistió en avivar aquella pequeña llama que quería encenderse nuevamente dentro de él. - ¡Albert! – Pensó de inmediato al recordar que su tío estaba de viaje intentando darle tiempo y espacio a Candy para que pensara en su propuesta. – Me había olvidado por completo de él. – Decía el pobre chico, quien tenía aquella encomienda de convencer a Candy de que lo aceptara como esposo y que hasta el día de hoy no había conseguido, pensando que desde ese momento en adelante la misión se convertiría tal vez en imposible.
Archie caminaba con sus pensamientos puestos entre su tío Albert y Anthony, quien tal vez no era su primo realmente, sin embargo él deseaba y confiaba en que resultara todo entre ellos y también quería que Candy fuese feliz y tenía que reconocer que jamás había visto a Candy ruborizarse con tan solo un recuerdo, sin embargo si la había visto entristecerse e incluso llorar también por el mismo recuerdo, además su tío era consciente de que los sentimientos de Candy jamás habían sido a su favor y tal vez estando lejos le ayudaría para poder aceptar su temprana derrota.
-Tengo que apoyar la decisión de Candy… – Se dijo una vez más seguro de que decidiera lo que decidiera Candy, él estaría ahí para ella, porque una cosa era que Anthony regresara a sus vidas y otra que se sintiera verdaderamente cómodo entre ellos, porque estaba consciente de que todo podría salir al revés.
Candy por su lado entraba al hospital con un poco de impaciencia, intentando concentrarse en sus labores para así creer que el tiempo pasaba más deprisa. Su corazón se alteraba nuevamente al recordar lo que tal vez la esperaría en su departamento al final de su jornada laboral.
-Tranquila Candy, concéntrate en lo que estás haciendo… - Se decía a sí misma la rubia enfermera, intentando no volver a cometer algún error que la llevara a tener problemas con su supervisora, quien la miraba atenta a lo que estaba haciendo. – Necesito concentrarme más en mis labores… - Pensaba con un largo suspiro como si estuviera resignada a saber que no podía salir de ahí hasta más tarde.
La mañana para la enfermera pasó lenta, mientras sus movimientos repentinamente eran más rápidos de lo normal buscando abarcar más de sus responsabilidades para ver si así terminaba antes, sin embargo no era así, las horas seguían su curso a ritmo normal y para ella se estaba haciendo interminable la espera.
-¿Es aquí? – Preguntó Anthony al Stear mayor al ver que el automóvil se detenía frente al edificio Magnolia.
-Aquí es. – Dijo el mayor con una amplia sonrisa mientras ambos chicos observaban con detenimiento el modesto lugar en el que vivía la rubia.
-¿Candy no fue adoptada por los Andrew? – Preguntó Stear al ver que distaba mucho de la mansión de lujo de Chicago.
-Tengo entendido que así fue. – Dijo Stear seguro de que así había sido, mientras pensaba que no había convivido mucho con la joven enfermera para poder dar una respuesta a sus preguntas. – Pero eso será algo que deberán aclarar directamente con ella. – Dijo de nuevo el mayor mientras estiraba un poco las piernas. A pesar de haber manejado ya varias veces aquel viejo automóvil debía reconocer que era demasiado incómodo comparado con los autos que tenían en su línea de tiempo. – Creo que sería bueno que rediseñaras el interior del vehículo. – Le dijo a su contraparte, quien se bajaba sin mucho problema en su espalda.
-Eso es por la edad. – Dijo Stear menor a su otro yo para molestarlo un poco.
-¿La edad? ¿Acaso te has preguntado cuántos años tendrás cuando te veas así? – Preguntó el mayor ofendido por su doble. Anthony reía porque sabía bien que su primo solo intentaba molestarlo y esa era una forma de demostrar que lo estimaba de verdad.
-Pues Benicio te confundió con papá. – Dijo Stear como si estuvieran hablando del mismo señor Cornwell. Stear abrió los ojos sorprendido al recordar que era verdad lo que el menor decía. – Así que yo creo que unos cuarenta si tienes. – Le dijo exagerando la edad que verdaderamente aparentaba.
-¿¡Cuarenta!? – Dijo con sorpresa, sin embargo no se atrevía a refutar lo que decía el menor por temor a que tuviese razón. - ¿Tan viejo me veo? – Preguntó a Anthony para saber su opinión. Anthony negó con una sonrisa que poco a poco se convirtió en una leve carcajada.
-Tranquilo Stear, solo te está molestando. – Le respondió para su tranquilidad. Stear sonrió de lado mirando a su contraparte, sabía que lo estaba molestando, pero aun así la duda pasó por su mente por unos segundos y quería asegurarse que no fuese así. – Aparentas unos veinticinco años. – Dijo Anthony seguro, tan seguro que hasta Stear se puso a pensar si no había sido él el que le había revelado su edad.
-Pronto cumpliré los veintiséis. – Dijo satisfecho con el cálculo que había hecho Anthony.
-Veintiuno. – Dijo Stear sobando su vientre plano con orgullo.
-Entonces nada más te quedan cinco años. – Le dijo el mayor sobando también su vientre para que se diera cuenta a dónde podría llegar. El menor abrió los ojos sorprendido y Anthony soltó una espontánea carcajada.
-¿En qué año naciste? – Preguntó Stear al reaccionar de pronto que él venía de un tiempo más adelantado a la época en la que estaban.
-Nací en 1990. – Respondió Stear con tranquilidad.
-¡Eso es casi un siglo después que yo! – Dijo el menor con sorpresa al comprender más detenidamente la diferencia de épocas que estaban viviendo. El mayor sonrió por la tardía forma de reaccionar de su doble.
-¿Stear? – Preguntó de pronto Archie, quien venía caminando entretenido en sus pensamientos, cuando de pronto al llegar al Magnolia enfocó las figuras de Stear y Anthony frente al departamento de la rubia. - ¿Anthony? – Preguntó de nuevo con el corazón acelerado, mientras las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos de manera copiosa.
-¿Archie? – Dijeron al mismo tiempo los primos de la línea tres, quien al ver al que para ellos había desaparecido en la guerra se quedaron por un segundo incrédulos por lo que para ellos sería una aparición.
-¡Stear! ¡Anthony! – Dijo Archie con la voz bastante emocionada con los ojos derramando llanto y con los brazos abiertos para recibir a los dos jóvenes que corrían a abrazarlo con el mismo gusto que él los recibía.
Stear mayor no pudo evitar sentir un nudo en su garganta que se iba formando por la emoción que sentía al ver como los tres jóvenes Andrew volvían a reencontrarse después de años de haberse perdido. Archie era el que estaba más asombrado por poder estar abrazando a Anthony y a Stear al mismo tiempo.
-¡Aún no puedo creerlo! – Decía Archie emocionado, mirando a uno y a otro alternando su mirada para enfocar que realmente eran Stear y Anthony los que tenía frente a él.
-Pues tienes que creerlo Archie. – Dijo Stear mayor quien aparecía detrás de los dos jóvenes Andrew de la línea tres. Archie lo miró por unos segundos y después sonrió reconociendo al su hermano con unos años más.
-Gracias. – Le dijo Archie con una sonrisa totalmente sincera, una sonrisa que encerraba todos los sentimientos que tenía arremolinándose en su pecho. Stear sonrió y se dejó abrazar con fuerza por su "hermano" menor, quien lucía realmente joven y elegante, mucho más de lo que lucía en su tiempo.
-No tienes nada que agradecer, Archie. – Le dijo con su linda sonrisa, mientras lo veía maravillado recordando la época en la que su hermano solía salir con Annie Britter. – Me da mucho gusto volver a verte así… - Le dijo reconociendo el brillo antiguo de su mirada.
-¿Así…? – Preguntó Archie sorprendido por las palabras del mayor.
-Tan joven… - Le dijo para desviar un poco el tema. Archie le sonrió y volvió a enfocarse a los más jóvenes.
-¿Van llegando? – Preguntó Archie como si fuese tan solo unos pocos meses que no los había visto. - ¡Dios! ¡Esto es tan loco! – Decía sin poder creer aún que tenía a su hermano y a su primo nuevamente a su lado.
-Vamos llegando. - Respondió Anthony un poco más tranquilo, su corazón había dejado de latir rápidamente y comenzaba a estabilizarse, lo mismo Stear quien sentía que poco a poco se adaptaba a esa nueva realidad.
-Tú voz… - Dijo Archie conmovido al escuchar a Anthony decir más de una palabra. – Es exactamente igual a la de Anthony. – Dijo recordando una vez más a su primo fallecido a los escasos quince años.
-Soy Anthony. – Dijo el rubio con una sonrisa amable. Archie lo miró con ternura asintiendo a su afirmación.
-Sé que eres Anthony, solo que me cuesta separar lo que sucedió aquella tarde de cacería. – Dijo una vez más el elegante joven, quien miraba a Anthony impresionado por su altura, le era extraño verlo de la misma edad que él cuando eso jamás había sucedido en su tiempo.
-Creo que esa tarde todos perdimos lo más importante de nuestras vidas. – Dijo Anthony recordando a su Candy, imaginando que Candy también sentiría ese dolor por siempre en su pecho. Archie asintió aceptando que Anthony tenía razón.
-¡No puedo creer que estés aquí! – Dijo Stear emocionado, no podía con la emoción de saber que su hermano estaba ahí frente a él, sabía que no era el hermano que había perdido en la guerra y Archie sabía que ninguno de ellos eran las personas que había perdido en su mundo, sin embargo los tres comenzaban a sentir que había una conexión tan cercana entre ellos, ese vínculo que habían tenido siempre comenzaba a unirlos de una manera incomprensible.
-Tampoco yo puedo creerlo hermanos. – Les dijo Archie con verdadera emoción.
-¿Y Candy? – Se animó a preguntar Anthony, mientras sentía que dentro de él su corazón volvía a acelerar su ritmo, nervioso por descubrir si al igual que con Archie tendría la misma conexión que un día había desarrollado con su pequeña y adorada Candy.
Continuará…
Muchas gracias al TeamColombia, Rose1404, Mia Brower Graham de Andrew (bienvenida hermosa), lemh2001, Julie-Andley-00 y Silandrew.
Les prometo que después les agradeceré como siempre lo hago.
GeoMtzR
09/08/2023
