Cobardía
Capítulo 4: Equilibrio
Unos años después.
Después de la cena, cuando Kazui finalmente se había ido a su habitación para seguir estudiando, Ichigo recogió los platos de la mesa con una lentitud inusual antes de llevarlos al fregadero como lo hacía todas las noches.
Llevaba mucho tiempo esperando ese momento, aquel en el que la amenaza de Orihime ya no tuviera valor, y por fin ese momento había llegado. El matrimonio era insostenible y ambos lo sabían, pero Orihime se negaba a admitir la realidad y prefería fingir que tenían una familia perfecta.
Ichigo también había contribuido a esa mentira, pero estaba cansado de fingir que todo estaba bien entre ellos solo por Kazui.
— Orihime, es hora de divorciarse.
Orihime dejó caer un plato al suelo ante el impacto de esas palabras. Los restos de comida, junto con los fragmentos de la cerámica, estaban esparcidos por el suelo.
El silencio detrás de ese sonido fue largo y pesado, e Ichigo pudo ver que la mirada de Orihime pasaba de la calma a una que reflejaba dolor y desesperación mezclados con ira.
— ¿Así que finalmente lo admites? Durante todos estos años...
— No estoy admitiendo nada, Orihime.
Ichigo la interrumpió antes de que pudiera decir algo que Kazui no debía oír. Ellos trataban de no discutir frente a Kazui, pero a veces, en momentos como este, era imposible mantener la voz baja.
— ¿Entonces por qué? ¿Por qué quieres destruir nuestra familia?
Los ojos de Orihime se llenaron de lágrimas e Ichigo se tragó la respuesta a esa pregunta porque no quería aumentar el dolor de su todavía esposa.
— Iré a la Sociedad de Almas. Kyoraku-san me ofreció un puesto como capitán y...
— Es por ella, ¿no? — Orihime lo interrumpió. — Siempre será por ella. Nos dejas por ella. No te importa nuestro hijo y no te importa nuestra familia. Solo te preocupas por ella.
Ichigo apretó la mandíbula porque Orihime tenía razón, era por Rukia y su hijo, el que tuvo con Rukia y que se apellidaba Kuchiki.
Y por sí mismo, porque sentía que ya no tenía cabida allí.
Sus hermanas tenían una vida estable y se habían ido de casa. Su padre era feliz en el mundo humano, en su clínica y en su vida, pasando el tiempo, pero él sentía que le sobraba y que no tenía ningún propósito.
Fue por eso que la propuesta de Kyoraku hizo que la balanza entre su vida en el mundo humano y el mundo espiritual terminara ladeándose hacia un lado.
— Kazui tiene un lugar en la Academia Shino y está feliz de estudiar allí. Urahara no puede enseñarle más y tiene que aprender a controlar su...
— ¡Entonces iré contigo! — La voz de Orihime tenía un tono de desesperación que preocupó a Ichigo. — Iremos los tres, nos mudaremos a la Sociedad de Almas.
— No. No perteneces allí.
— ¡Tú tampoco perteneces allí! ¡Tu lugar está aquí! ¡Con nosotros! — Orihime apoyó la espalda contra una pared y lentamente se deslizó hasta quedar de rodillas. Estaba llorando y las lágrimas corrían por sus mejillas hasta su barbilla. — Tu lugar está con nosotros.
Ichigo se arrodilló frente a ella y la sujetó por los hombros para tratar de calmarla un poco. Nunca le gustó verla llorar porque él era el causante de esas lágrimas. Su cobardía era la causa de esas lágrimas.
— Entiéndeme. Si te quedas aquí, es posible que encuentres a alguien que pueda amarte de la forma en que mereces ser amada. Alguien que te dé lo que yo nunca podré darte.
— Todo es por ella. Si ella nunca hubiera aparecido, si nunca la hubieras conocido, entonces seríamos felices. — Orihime se secó las lágrimas después de decir eso. — Te daré el divorcio, pero no volverás a ver a nuestro hijo. Me lo llevaré para que...
— ¡No, okasan!
La voz de Kazui atravesó la amenaza de Orihime e hizo que ambos prestaran atención a la puerta de la cocina. Ninguno de los dos se había dado cuenta de que Kazui estaba allí y no sabían cuánto había escuchado de esa conversación.
— Kazui-chan, esto... No deberías...
Orihime empujó a Ichigo y se levantó del suelo lo más rápido que pudo, secándose las lágrimas pero incapaz de componer su expresión.
Ichigo había hablado con Kazui y le explicó, tanto como se podía a un niño de 11 años, sus razones para separarse de Orihime. La charla con Kazui fue difícil para Ichigo porque lo primero que le preguntó su hijo fue: "¿ya no amas a okasan?"
Kazui era muy pequeño e Ichigo no sabía cuánto había entendido su hijo sobre este tema, pero esperaba que hubiera sido suficiente para entender que las personas merecían recibir el amor que les daban y que el amor los debía hacer felices.
— No quiero dejar de ver otosan ni que me lleves lejos. — Kazui caminó hacia Orihime tan rápido que se vio borroso y la abrazó. — Si me dejas ir a la Sociedad de Almas, te prometo que los fines de semana te visitaré y te traeré los dulces que te gustan.
— Kazui-chan...
— Y seré bueno... y haré mi tarea...
La pequeña voz de Kazui se quebró un poco cuando dijo eso último. Orihime comenzó a llorar, abrazando a su hijo, quien le devolvió el abrazo con fuerza, e Ichigo se quedó en silencio.
Orihime miró los papeles del divorcio frente a ella, todos ya tenían el sello de Ichigo y solo faltaba el de ella para que se separaran oficialmente, y ella no quería hacerlo. Quería seguir intentando que su matrimonio funcionara porque se negaba a creer que todo había terminado.
Orihime no entendía por qué si ella tenía mucho amor para todos, este no era suficiente para que todo fuera como siempre lo soñó, con el hombre que soñaba y con un hijo que había hecho con todo el amor que ella sentía por él.
Habían estado casados durante casi 12 años y no podía entender por qué Ichigo le estaba haciendo esto, por qué la dejaba para seguir corriendo detrás de Rukia cuando él sabía que nunca la alcanzaría.
Rukia pertenecía a otro mundo, tenía otro tipo de vida y siempre ponía en peligro la vida de Ichigo. Rukia era una shinigami, un fantasma que ya había vivido y quien le estaba robando la felicidad.
Orihime miró a Ichigo, que estaba a su lado en ese juzgado, y trató de rogarle que no le hiciera eso pero se tragó las palabras al mirarlo a los ojos. Amenazarlo con llevarse a Kazui era inútil porque de alguna manera Ichigo había hecho inútil esa amenaza, y lanzar acusaciones frente a un abogado sobre la infidelidad con un shinigami solo serviría para cuestionar su cordura.
Tatsuki tenía razón cuando le dijo que debió haber dejado a Ichigo después de ese beso, cuando le dijo que Ichigo era un idiota que no veía lo que estaba frente a él y que ella se merecía algo mejor; pero Orihime pensó que nunca habría nada mejor que Ichigo.
Él era su caballero de brillante armadura, quien la rescató de Las Noches y arriesgó su vida por ella, quien volvió a la vida solo para protegerla de la 4ta Espada, y quien luchó contra Aizen solo porque él la había secuestrado.
Nadie haría por ella lo que Ichigo hizo por ella y nadie moriría por ella como él lo hizo.
— No hagamos esto más largo, Orihime.
Orihime volvió a mirar el papel y se preguntó si su matrimonio habría funcionado si le hubiera dado a Ichigo un hijo más, si hubiera tenido el coraje de quedar embarazada a pesar de que Ichigo no quería tener más hijos.
Ella nunca lo sabría.
Orihime tomó su sello y lo colocó en el papel, poniendo fin a su matrimonio a pesar de que era lo último que deseaba. No era justo. Rukia estaba tomando todo de ella.
Rukia le robó a su alma gemela, su príncipe y el amor de su vida.
Rukia le robó todo.
Orihime se fue de esa casa y de ese matrimonio sin nada más que con lo que llegó, la custodia compartida de Kazui y una pensión mensual que Ichigo prometió darle porque la casa donde vivían era de Isshin y no tenían bienes en común.
Orihime se preguntó si siempre todo había sido tan conveniente para Ichigo en caso de divorcio y si él había estado pensando en divorciarse desde antes de casarse; pero no quiso preguntar porque ya tenía bastante dolor con lo que estaba sintiendo en su corazón en ese momento.
Rukia se dio cuenta de que el crecimiento de Ichika se había detenido cuando la comparó con Kazui la tarde en que él e Ichigo llegaron para establecer su residencia en la mansión Kuchiki como invitados de Byakuya.
Ichika tenía 14 años pero aún parecía una niña de 10 años. Kazui, que era dos años menor que ella, ahora parecía mayor que ella. Lo mismo sucedió con Ichigo, quien mientras viviera en el mundo humano continuaría envejeciendo como un humano.
Rukia, por otro lado, no había envejecido más que un ápice que podría ser "nada".
Ichigo se instaló como invitado de Byakuya en la mansión Kuchiki mientras este se preparaba para su toma de posesión como capitán y conseguía un buen lugar para vivir, y Rukia aprovechaba que Renji iba a beber para tomar a Ichika e ir a la mansión de visita.
El kido silencioso siempre era necesario porque Ichigo se colaba en su habitación después de asegurarse de que todos estuvieran dormidos.
Lograr que Ichika entendiera por qué no podía llamar a Miharu "hermanito" le tomó a Rukia más que unas pocas pláticas, principalmente porque Renji hacía ruidos de molestia cuando ella mencionaba el tema. Afortunadamente, Byakuya intervino en ese asunto y después de hablar con Ichika, ella comenzó a llamarlo "Miharu-chan".
Renji se negaba a aceptar que nunca podría ser parte de la vida del niño de la manera que él quería, sin importar cuántos años hubieran pasado, y siempre encontraba la manera de sacar el tema cuando Ichika no estaba presente.
Incluso llegó a sugerir que cuando el niño fuera mayor, ellos podrían hablar con él para explicarle sus orígenes y le dijeran quién era su verdadero padre.
Rukia solía ignorar esos comentarios porque sabía que era el orgullo herido de Renji el que estaba hablando, y ella prefería ir a su escuadrón o algún otro lugar, lo que hacía que Renji se enojara por ser ignorado de esa manera y se fuera a beber a algún lado.
Los rumores sobre su afición a la bebida y su trato rudo hacia sus subordinados comenzaron a circular cuando Byakuya lo envió de licencia obligatoria por lastimar a un nuevo recluta.
Rukia sabía que no poder presumir de ser el padre del heredero del clan Kuchiki era algo que estaba matando a Renji, pero lo que más dolía en el orgullo era la evidente preferencia del Clan Kuchiki por Ichigo, quien había sido solicitado como instructor privado del pequeño heredero y pasaba tardes enteras con Miharu.
Cuando Renji descubrió lo que hicieron los ancianos del clan, le preguntó a Rukia por qué habían elegido a Ichigo, un completo extraño, como instructor de Miharu en lugar de su propio padre.
Rukia respiró hondo y le dio a Renji una mirada de reproche antes de responder:
— Te habrían elegido a ti si tu comportamiento no fuera tan reprobable.
— ¿Mi comportamiento no es aceptable para el Clan Kuchiki pero el de Ichigo sí? — Preguntó Renji, molesto y ruidoso como siempre.
— Ichigo nunca se ha presentado a trabajar apestando a alcohol o maltratando a sus compañeros de trabajo. — respondió Rukia, comenzando a lavar los platos de la cena. — ¿Puedes decir lo mismo de ti?
Renji apretó los puños y la señaló con el dedo, mostrando toda la ira en él.
— ¡Hablarás con esos viejos y les dirás que quieres que yo sea el instructor de mi hijo! — exigió Renji. — O si no yo...
— ¿Qué vas a hacer? — preguntó Rukia, dejando los platos con jabón. Renji apretó los puños, tratando de contener su ira. — Los ancianos te lo dijeron, Miharu no es tu hijo. Él pertenece al Clan Kuchiki y cuanto más rápido lo aceptes, mejor será para ti.
Esta vez, Renji apretó los puños y no regresó hasta el amanecer.
Una de las muchas noches después de que Ichigo fuera nombrado capitán del octavo escuadrón y se mudara a su propia casa con Kazui, Rukia puso los papeles del divorcio sobre la mesa.
Ya había sido suficiente con la cobardía.
Ichigo lo había hecho, se deshizo de un matrimonio que nunca estuvo destinado a ser, y ella finalmente tuvo el coraje de hacer lo mismo.
— Sé que fue por tu culpa. — Dijo Rukia mientras Renji leía los papeles del divorcio con una expresión sombría. — Hiciste que Ichigo se alejara de mí y evitaste que estuviéramos juntos. Así que, por favor, dame el divorcio y evita que continuemos con esta farsa del matrimonio.
— No.
La respuesta de Renji no sorprendió a Rukia, quien esperaba que él se negara ya que lo conocía, pero la enojó. Afortunadamente Ichika se había ido con Kazui al mundo humano y estaban solos en la casa.
Rukia se había preparado para tener esa discusión.
— Renji, terminemos esto y tratemos de llevar una vida pacífica por nuestra cuenta, como los amigos que solíamos ser. Lo nuestro fue un error. Casarse fue un error.
Renji puso los papeles sobre la mesa, como si fueran tonterías y nada más, y le sonrió a Rukia.
— No te voy a dar el divorcio, Rukia. No cuando Ichigo vive aquí y es soltero. No dejaré que corras a sus brazos.
— ¡Renji!
— ¡Prefiero vivir una vida miserable contigo que permitir que te vayas con ese ladrón!
— ¡Ichigo no es un ladrón!
— ¡Claro que lo es! ¡Te está robando de mi lado!
— ¡Nunca fui tuya, Renji!
El silencio entre los dos después de esa declaración fue pesado. Renji tomó los papeles en su mano, elevó su reiatsu y los desintegró en ese momento.
— Nunca podrás estar con él, Rukia. No te daré el divorcio.
Rukia apretó los puños, sintiéndose impotente en ese momento, mientras Renji salía de la casa.
Ichigo estaba sentado en el techo de su casa en la Sociedad de Almas, disfrutando del fresco de la noche, las estrellas y el silencio que había en ese lugar mientras pensaba que ir allí había sido la mejor decisión que había tomado.
Era un Shinigami, nació para serlo y no tenía forma de escapar de esa innegable verdad. Siempre buscó la pelea, aunque al principio no quería verlo, era cierto y por eso estar en la sociedad del alma lo hacía sentir como en casa.
"Hablando de peleas, aquí viene una".
La voz de Zangetzu lo hizo mirar hacia el lugar de donde venía una fuerte presión espiritual, la cual reconoció de inmediato. Ichigo había entrenado tantas veces con Renji que era fácil para él reconocerlo aunque no lo viera.
"Seguramente la reina ya habló con él y no está contento. ¿Lo matamos?"
La oferta de Zangetsu era tentadora, pero podría meterlo en problemas y no quería eso porque tenía mucho que perder. Arriesgarse a un ataque dominado por la ira haría que todo lo que él y Rukia habían pasado se desperdiciara.
El ataque de Renji fue directo y si no hubiera sido por todo el entrenamiento que había tenido y sus instintos de supervivencia, el golpe habría sido efectivo. Ichigo vio a Zabimaru retirarse antes de atacar de nuevo. Había hostilidad en el ataque y Zangetzu estaba ansioso por responder, por lo que repeler el siguiente ataque fue demasiado fácil.
— ¡¿Me puedes decir qué diablos te pasa, Renji?!
La pregunta de Ichigo, que fue un grito lo suficientemente fuerte para que Renji la escuchara, fue seguida por otro ataque que tuvo que esquivar si no quería perder su brazo. Renji estaba atacando con intención asesina y eso solo hacía que Zangetsu vibrara de emoción.
— ¡Renji!
Fue en ese momento que ambas espadas chocaron, ambos enfrentados. Renji lo miraba de la forma en que uno mira una amenaza que necesita ser erradicada, pero Ichigo trataba de mantener la cara seria.
— ¡Pensé que éramos amigos! — gritó Renji mientras los filos de las espadas sacaban chispas. — Pero lo primero que haces cuando vienes aquí es tratar de quitarme a mi esposa.
Ichigo lo empujó, las espadas resonaron y ambos se quedaron a una distancia considerable, mirándose como lo hacen los enemigos jurados.
— ¡No te voy a quitar nada! ¡¿De qué diablos estás hablando?!
Zangetsu se rió de eso. Ichigo no estaba tomando nada de Renji porque Rukia nunca le había pertenecido. Rukia era libre de elegir con quién estar.
— Sé que hablaste con Rukia y le dijiste de lo que hablamos aquella vez. ¿Por qué lo hiciste?
"La reina nos está eligiendo. ¡Vamos a matarlo!"
El siseo de Zangetzu le hizo cosquillas pero Ichigo mantuvo la calma. Renji estaba molesto y el estallido de poder posiblemente haría que aparecieran varios oficiales para investigar, pero lanzarle un cero que lo desintegrara hasta los huesos era demasiado tentador.
— Estábamos hablando de los viejos tiempos y salió el tema. Rukia merecía saber por qué me alejé de ella.
Renji no respondió, en su lugar agarró su espada con fuerza y cargó contra Ichigo, haciendo que las hojas chispearan de nuevo. Ichigo se defendió y se movió rápido. Renji lo imitó y siguió atacándolo hasta que las espadas volvieron a chocar y quedaron frente a frente.
— Te dejaré esto claro, Kurosaki. Nunca, escúchame, nunca voy a darle el divorcio a Rukia.
Ichigo reunió energía en el filo de su espada y la liberó haciendo que Renji se alejara.
Esas palabras lo enojaron y la idea de matarlo se volvió realmente buena, pero antes de que Ichigo terminara de pensarlo, varios oficiales del primer escuadrón aparecieron junto al Capitán Comandante.
— ¿Que está pasando aquí? ¿Entrenamiento nocturno? — Preguntó Kyoraku con una voz animada pero con una mirada seria.
— Sí, un poco de entrenamiento. No podía dormir y Renji estaba cerca.
La mentira salió de la boca de Ichigo con demasiada facilidad, haciéndola parecer casi real. Había estado diciendo tantas mentiras en los últimos años de su vida que se había vuelto fácil hacerlo.
— No entrenen tan tarde y avisen antes de hacerlo. Pensamos que había problemas.
— Lo siento Capitán Comandante. — habló Renji, volviendo a envainar la espada. — No volverá a suceder.
Renji fue el primero en irse e Ichigo se quedó un rato hablando con Kyoraku, quien le recordó que las peleas entre compañeros estaban prohibidas.
El lunes siguiente, cuando Renji fue al escuadrón y se presentó frente a su capitán, lo primero que escuchó fue la pregunta:
— ¿Firmaste los papeles?
Renji no esperaba que su capitán lo supiera, pero después de un momento toda la situación se volvió demasiado obvia para él. Kuchiki Byakuya había hecho todo el papeleo para que ese matrimonio se llevara a cabo y era obvio que también tendría que ver todo el papeleo para el divorcio.
— No tengo intención de firmar ningún papel anulando mi matrimonio con Rukia, Capitán. Me preocupa el honor y la reputación de mi esposa y la familia Kuchiki si hubiera un divorcio.
A Renji no le importaba nada el honor y la reputación de la familia Kuchiki en ese momento, lo que le importaba era que Rukia no corriera a los brazos de Ichigo y que Ichika no pasara por un proceso como el divorcio.
— Mañana irás a una misión de exterminio. — Byakuya le entregó un papel con las órdenes de trabajo y especificaciones. — Hay un hollow que está causando estragos en esa zona. Los equipos que han sido comandados previamente han fracasado, por lo que es tu deber acabar con esa amenaza.
Renji asintió ante la orden, un poco sorprendido de que el capitán no cuestionara sus razones para no divorciarse de Rukia, y le aseguró que él mismo se encargaría del problema.
— Como desees. — Byakuya volvió a sus papeles por un momento antes de hablar. — Si puedes manejar esto, te consideraré como uno de los instructores de mi hijo.
Renji había golpeado a Byakuya cuando mencionó el honor de la familia Kuchiki, y Byakuya le devolvió el golpe recordándole que Miharu nunca sería su hijo ni lo llamaría padre.
Renji solo pudo apretar los puños y tragarse el enojo antes de ir y prepararse para la misión del día siguiente.
Miharu podía tener el cabello negro y lacio de su madre, y unos extraños ojos de color claro que recordaban vagamente a los de Ichigo, así como esa expresión seria que era prácticamente un sello distintivo de pertenecer al Clan Kuchiki, pero cuando Miharu sonreía era como ver el reflejo de la sonrisa de Ichigo en el niño.
Cualquiera que hubiera visto a Ichigo sonreír con verdadera alegría podía ver el abrumador parecido entre ellos.
Cuando Miharu tuvo la edad suficiente, fue presentado a la nobleza como heredero de la familia Kuchiki. Hicieron una gran fiesta y todo salió como debía ser para una celebración tan importante.
Ichigo sabía que cuando Miharu creciera y el parecido con él se volviera realmente obvio, sería el momento de contarle a Miharu sobre sus orígenes, pero por el momento le bastaba ser mentor del niño y saber que el niño lo amaba como a un padre.
Tenía tiempo para eso, una eternidad en toda la extensión de la palabra, y tenía a Rukia a su lado. Habían pasado tanto tiempo escondiéndose que podían esperar un poco más, lo suficiente para que su relación no se viera tan mal y pudieran tener una vida tranquila.
Porque después de todo, ambos tenían una reputación que mantener y tenían que mantener las apariencias.
Ichika estaba de pie en una colina en el distrito de Inuzuri, contemplando en silencio el nombre de su padre tallado en la piedra que servía para marcar su tumba y recordando el último día que lo había visto con vida.
Su padre se sintió alentado por la misión y le había prometido que cuando regresara irían al mundo de los humanos para ver uno de los muchos festivales que solía haber allí. A Ichika le gustaba el mundo de los humanos, y la idea la entusiasmó mucho porque iría con su papá.
Esa misma noche, Ichika se enteró que se quedó sin padre.
Los informes decían que pidió ayuda, pero cuando llegó la ayuda, Renji y varios otros oficiales habían sido asesinados por el hueco que habían ido a exterminar. El hueco fue derrotado, pero cobró muchas vidas valiosas en el proceso.
Fue un duro golpe para todos, especialmente para Ichika porque su padre era la persona que más admiraba en el mundo y con quien pasaba más tiempo. Fue gracias a su madre que ella pudo asimilar un poco de todo lo sucedido, y fue también gracias a su madre que su padre descansaba en el lugar alto donde se conocieron.
— Son las únicas que encontré. — La voz de Kazui hizo que ella apartara la mirada del apellido de su padre, el que estaba orgullosa de llevar, y volvió su atención a su acompañante.
Kazui le estaba entregando un pequeño ramo de flores silvestres, por lo que ella le agradeció antes de que él se fuera para darle privacidad. Ichika se había olvidado de llevar flores, siempre las olvidaba, pero Kazui siempre la seguía con algunas flores silvestres en la mano y se las entregaba.
Él era su mejor amigo.
Kazui decía que su madre le enseñó eso, a llevar siempre algo cuando visitaba las tumbas, pero ella siempre lo olvidaba y aparecía frente a su padre con las manos vacías.
Cuando era una niña, Ichika deseó muchas veces tener una madre como la mamá de Kazui, quien siempre estaba pendiente de él a pesar de vivir en el mundo humano, pero a medida que ella crecía pudo entender por qué su propia madre siempre estaba ocupada y por qué casi ninguna mujer shinigami tenía hijos.
Cuando la madre de Kazui comenzó a envejecer y su mente empezó a divagar, Ichika agradeció que su madre fuera eterna.
— Miharu fue presentado ayer como el heredero del tío Byakuya. — Ichika se sentó frente a la tumba de su padre y comenzó a arreglar las flores silvestres que le dio Kazui. — Había mucha gente allí y okasan me hizo ponerme un kimono. Me gusta más la ropa del mundo humano que los kimonos, pero ese era bonito. El tío Byakuya dijo que cuando Miharu esté listo, también será un Shinigami como yo, como Kazui y como el tío Ichigo. ¿Sabías que el tío Ichigo tiene familia aquí? Yo no lo sabía, tienen un apellido raro, les gustan los jabalíes y...
Y los fuegos artificiales.
Espero que esto les haya gustado :D
Saluditos a Mikanji e Inverse (espero que te haya gustado la descripción de Miharu) por haber pasado por aquí :D
Nos vemos!
