Hola a todos, de nuevo :D
Ya que aquí no puedo crear colecciones como en AO3, subiré este intermedio directamente aquí. Son solo 3 capítulos y espero que les guste. Subiré una segunda parte de la historia principal cuando tenga un poco de tiempo libre.
Nos vemos! :D
Traidores
Capitulo 1: Aun sueño contigo
Tan pronto como el haori de capitán llegó a sus manos por segunda vez, el recuerdo del día de su boda volvió a su mente, y toda su felicidad por su ascenso se esfumó en tres respiros. Ese era el haori que el Capitán Ukitake había hecho para que Kaien lo usara, el mismo que el Capitán Ukitake había arreglado y ajustado para ella porque la consideraba una digna sucesora.
Se suponía que debía estar feliz de usar una prenda que tenía un valor sentimental invaluable, pero no podía.
Cada vez que veía el haori, ella recordaba la mirada de Ichigo el día de su boda, la forma en que la miraba mientras ella caminaba por el pasillo de la mano de Byakuya, y la forma distante en que él le habló cuando le dio el regalo que él e Isshin le habían enviado.
Era como si de un momento a otro se hubieran convertido en extraños. Como si ese vínculo que compartían se hubiera roto de alguna manera que ella no podía entender.
Rukia a menudo se preguntaba a dónde había ido a parar todo ese cariño que se tenían y si algo habría sido diferente entre ellos si él hubiera sido el primero en enterarse de su boda y no el último.
— Felicidades Capitana Kuchiki. Te lo mereces.
La voz de Renji la hizo levantar la vista del haori y salir de esos recuerdos que solían robarle el aliento para concentrarse en el presente, en su familia. Ichika estaba colgada de la espalda de Renji, con una sonrisa tan radiante que hizo sonreír a Rukia en respuesta a esa felicidad.
— Okasan, ¿es cierto que congelaste completamente el lugar cuando liberaste tu bankai? — Rukia estaba esperando la pregunta de su hija, ya que Ichika nunca la había visto liberar su bankai, a diferencia de Renji a quien le encantaba presumir de ello frente a su hija.
— Por completo. Todos huyeron de allí o se convertirían en estatuas de hielo. — Rukia dejó el haori a un lado, junto con todos esos tristes recuerdos, para poder abrazar a su hija. — Siente, todavía estoy fría.
Rukia puso dos dedos en la mejilla de su hija y enfrió su propia piel un poco, lo suficiente para que Ichika se sorprendiera y se emocionara. En esos diez años se había esforzado por mejorar el control de su bankai y estaba orgullosa de ser una con el hielo que habitaba su alma.
— ¡Okasan es increíble!
— ¡Por eso es la capitana del escuadrón 13! — Agregó Renji con una gran sonrisa en su rostro.
Rukia tenía un leve rubor que teñía sus mejillas de un bonito color rosa, ya no era como esos rubores que le quemaban la piel pero servía para resaltar que estaba un poco avergonzada de lo que decían su hija y su esposo.
Esa misma noche, luego de la pequeña celebración que se llevó a cabo en la mansión Kuchiki por su ascenso a capitana, Rukia volvió a ver el haori y la opresión en su pecho volvió a hacerse presente. De nuevo recordó la mirada de Ichigo el día de su boda, así como la expresión de su rostro cuando se casó con Orihime.
El día de la boda de Ichigo, Orihime se veía hermosa con ese sencillo vestido blanco que disimulaba bien el embarazo. Era obvio para Rukia las razones por las que Ichigo se iba a casar, así como también por qué la boda no era más que un trámite en el registro civil y una comida en un bonito restaurante cercano.
Su boda también había sido un trámite en el registro de familias en la Sociedad de Almas, pero ella había tenido una ceremonia y una fiesta que se prolongó hasta el día siguiente.
Orihime se veía feliz y radiante, como si hubiera alcanzado la meta que había perseguido toda su vida, pero Ichigo no. Rukia había aprendido a leer todas y cada una de las expresiones del rostro de Ichigo y aunque él sonreía con sus amigos, Rukia no creía ni por un momento que él fuera feliz.
El vacío en sus ojos se lo decía.
— ¿Estás nerviosa? — La voz de Renji vino detrás de ella y una vez más la arrancó de esos recuerdos del pasado.
— Estoy bien. — susurró Rukia, aun mirando al haori.
Renji se acercó a ella y besó su hombro, bajando sus manos sugerentemente por sus caderas con la intención de llegar al dobladillo de su yukata.
Rukia sintió un escalofrío que le puso la piel de gallina y sintió que las manos de Renji no le resultaban del todo agradables en ese momento porque su mente estaba llena de recuerdos de Ichigo, de esos días que habían sido tan buenos y de los cuales no se había dado cuenta hasta mucho tiempo después, y su cuerpo lo demostró.
— Y lo harás bien. Ahora ven a la cama. — Renji le comenzó a desatar el lazo que sujetaba su yukata en su lugar, pero Rukia lo detuvo antes de que él pudiera desvestirla.
— Estoy cansada. Mañana es mi primer día y quiero hacerlo bien.
Renji dejó de intentar quitarle la ropa, hizo un ruidito con la garganta que le hizo saber a Rukia lo frustrado que estaba y se acomodó en el futón donde solían dormir desde que se casaron.
— Llevas años al frente del escuadrón, lo único que cambia es que ahora tendrás el título de capitán. — Renji palmeó el lugar junto a él y Rukia apartó la mirada del haori para ir a su lugar junto a Renji. — Vamos a dormir, mañana será un día agitado.
En medio de la oscuridad, el silencio y el insomnio, los recuerdos una vez más se apoderaron de su mente y avanzaron en reversa comenzando con el día de la boda de Ichigo, seguido por el día de su propia boda, el día en que él regresó al mundo humano y luego, como último recuerdo, la noche que durmieron juntos en la misma cama en la habitación de Ichigo.
Ella se había quedado en el mundo de los humanos durante unos días para ver que todo estuviera bien con él y sus poderes recién adquiridos, y él estaba feliz de que ella estuviera allí. Aunque no lo dijo, la sonrisa en sus labios y la felicidad que llegaba a sus ojos era todo lo que Rukia necesitaba para saber que Ichigo era feliz.
Rukia soñó con esa noche, con la larga charla y las burlas mutuas que tuvieron sobre todo lo que había pasado durante esos 17 meses, y con la forma natural en que se recostaron en la cama cuando el cansancio los venció. Lado a lado, sin quejas ni peleas de Ichigo porque ella estaba ocupando su espacio.
En esa posición cercana, el olor de la piel de Ichigo llegó a su nariz y antes de que ella pudiera darse cuenta de lo que iba a pasar, él la abrazó contra su pecho donde su corazón latía con una fuerza y velocidad que solo podía compararse con el corazón de ella, que latía de la misma manera acelerada.
Ella levantó la vista con la intención de regañarlo por aprovecharse así de la situación, pero fue en ese segundo que Ichigo la besó. Rukia se sorprendió por ese beso que era inocente y torpe al mismo tiempo, pero en lugar de apartarlo de ella, respondió con los mismos nervios que sintió en Ichigo.
Cuando terminó el beso, ambos se miraron en silencio, ella estaba completamente roja y se notaba que Ichigo también tenía ese rubor en sus mejillas, pero antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, él inició un segundo beso que fue un poco más valiente que el primero.
Fueron besos sin ningún tipo de intención más que seguir besándose hasta que ambos se durmieron uno al lado del otro. Besar a Ichigo se sintió bien. La hizo sentir feliz y amada.
Luego vino la guerra. Y con ella vino la distancia, la confusión y todas las penas.
Al despertar, Rukia tenía el recuerdo de los besos de Ichigo y la sensación de su abrazo en la piel, y se preguntó si a él también le estaría pasando algo similar. Si él soñaba con ella como ella lo había hecho esa noche.
Esa mañana al despertar, Ichigo se quedó mirando el techo de la habitación mientras recordaba el sueño que había tenido la noche anterior y sentía el olor del cabello de Rukia en su nariz, recordando la forma en que ella encajaba en sus brazos con algo que se acercaba a la perfección, así como lo cálida que era.
Soñar con Rukia era una tortura, pero al mismo tiempo era un bálsamo para su corazón adolorido que latía con el peso de sus propias decisiones. Nunca lo diría en voz alta porque solo haría más grande ese sentimiento, pero no podía dejar de extrañarla o de pensar en ella a pesar de que lo había intentado innumerables veces, fallando siempre en el intento.
Volteó a ver a su esposa, quien aún dormía en ese momento, y miró su cuerpo cubierto por la sábana. Él la deseaba y no se podía negar eso, pero el deseo sin amor no era diferente de una vida vacía y él sabía que lo único que le quedaba era seguir viviendo la vida que había elegido.
Se levantó de la cama y comenzó su rutina matutina, y cuando Orihime bajó las escaleras con Kazui, Ichigo ya había preparado el desayuno. Los recuerdos seguían ahí, como todas aquellas veces que soñaba con ese pasado, pero trató de no pensar demasiado en ellos para no hacer más grande el sentimiento de pérdida.
— Kazui-chan, hoy vas a conocer a unos buenos amigos nuestros y a su hija. — comentó Orihime con la emoción reflejada en su rostro mientras le servía el desayuno a su pequeño hijo. — ¿Prometes que te portarás bien?
— Te lo prometo, Okasan. — La respuesta de Kazui solo mostró lo emocionado que estaba por conocer gente nueva. — Seré un buen chico y no haré travesuras.
— ¡Ese es mi Kazui-chan! — Orihime abrazó a su hijo en una muestra de afecto sacada directamente de un manga mientras Kazui intentaba comerse un panqueque.
Kazui era como una versión más pequeña de Orihime, y eso los hacía tan similares que a veces Ichigo se sentía un poco perturbado. El único deseo de Ichigo era que su hijo no heredara el gusto de Orihime por las comidas extrañas.
— Kazui, vamos a comprar cosas para la tarde. — Ichigo se levantó de la mesa y comenzó a recoger los platos sucios para llevarlos al fregadero. — Ve por las bolsas para ir al mercado.
Ichigo tardó más en decir esas palabras que Kazui en ir y venir con las bolsas que pidió. El niño era realmente rápido y a Ichigo le gustaba y le preocupaba eso a partes iguales.
Kazui no había recibido un asauchi ni una transferencia de poderes como la que tuvo Ichigo, pero era un Shinigami. Tenía el uniforme y la espada. Urahara tenía la teoría de que Kazui era un Fullbringer e Ichigo la compartía porque era lo único que podía pensar en ese momento para justificar que su hijo pudiera manifestar una espada.
Cuando terminó de llevar los platos a la cocina, Ichigo se despidió de Orihime y llevó a su hijo al mercado. Kazui estaba emocionado de ir con él y comenzó a correr por la calle a esa velocidad inhumana que lo caracterizaba. Ichigo tuvo que hacer lo mismo, corrió detrás de su hijo dejando solo una pequeña brisa detrás de él por lo rápido que se movía.
La risa de su hijo mitigaba un poco los recuerdos de ese sueño y la ansiedad que había comenzado a sentir por volver a ver a Rukia después de tanto tiempo. Verse una vez cada dos o tres años era algo aceptable para no olvidar que ella le cambió el mundo, le calmó la lluvia por dentro y le dio luz.
Cuando los amigos de Ichigo salieron de la casa y solo quedaron Karin y Yuzu con ellos cuatro, Renji sacó las bebidas que había llevado para ese momento.
— ¿Estamos celebrando algo?
La curiosa pregunta de Ichigo, que bajaba del segundo piso después de haber acostado a Kazui y comprobar que Ichika aún dormía, hizo que Renji sonriera con orgullo.
— Estamos celebrando algo importante pero tuvimos que esperar a que los demás se fueran porque no es algo que ellos entiendan del todo. — Renji habló mientras se aseguraba de que los vasos de todos tuvieran la misma cantidad de alcohol.
— ¿Importante? ¡Finalmente pudiste vencer a Byakuya!
Ichigo dijo eso con genuina sorpresa y Renji sintió una vena saltar en su cabeza por ese comentario fuera de lugar en ese momento. Parecía que Ichigo nunca olvidaría eso y se lo recordaría por el resto de su vida o hasta que finalmente pudiera derrotar a su capitán.
— ¡No idiota! — Rukia se levantó de su asiento y puso sus manos en sus caderas mientras fruncía el ceño a Ichigo. — Es algo más importante que eso.
— ¡Ey!
La queja de Renji hizo reír a Ichigo. Rukia ignoró deliberadamente a Renji y se concentró en Ichigo, sonriendo con verdadero orgullo antes de decir el motivo de esa celebración.
— Está ante ti, Kuchiki Rukia, Capitán del 13° Escuadrón del Gotei 13.
Renji todavía estaba un poco molesto porque Rukia no había cambiado su apellido en el Gotei 13 a "Abarai", pero estaba feliz de ver a su esposa convertirse en Capitán. Además, parecía que lo que fuera por lo que Rukia había estado preocupada la noche anterior se había desvanecido después de la ceremonia de presentación.
Todos felicitaron a Rukia y tomaron sus vasos para brindar por su ascenso, deseándole éxito en su futuro.
— Cuando el viejo se entere, se pondrá muy feliz. — Agregó Ichigo con una gran sonrisa, haciendo que Rukia se sonrojara.
— Aún no me creo que seas hijo de un capitán y que este capitán perteneciera al Clan Shiba. — comentó Renji con los ojos entrecerrados pero con una sonrisa burlona, aprovechando que Ichigo había sacado el tema. — No te veo ni una pizca de nobleza por ningún lado.
— ¡¿Eh?! ¡Soy una persona bastante noble! ¡¿Quieres que te muestre?!
Después de eso, Renji e Ichigo comenzaron a molestarse como un par de niños peleándose por algo tonto, pellizcándose la cara y tirándose del pelo en una situación ridícula. La pelea no paró hasta que Rukia los separó con un golpe en la cabeza a cada uno.
— Se supone que debemos celebrar mi ascenso, no ver pelear a un par de niños. — Rukia los regañó, con las manos en las caderas y una expresión molesta.
— Él empezó. — Ichigo señaló a Renji mientras se frotaba la cara donde Renji lo había pellizcado.
— No habrá más alcohol para ti. — Rukia tomó el vaso de manos de Renji, que acababa de agarrar y beber, y Renji se quejó. Ichigo se burló de eso, pero Rukia también tomó el vaso de alcohol de él para dárselo a Orihime. — Para ti tampoco habrá más alcohol. La pobre Orihime estaba preocupada de que ustedes dos destrozaran la casa.
— Enana malvada. — murmuró Ichigo mientras continuaba frotando donde Rukia lo golpeó.
— ¡¿Qué dijiste, idiota?! — Rukia lo enfrentó, levantando su pequeño puño para golpearlo.
— ¡Nada! De todos modos, no quería seguir bebiendo.
Ichigo miró hacia otro lado, molesto y sin tratar de recuperar su vaso de manos de Orihime, quien miraba toda esa situación que era algo divertida e incómoda al mismo tiempo. Renji no interfirió en esa última parte porque sabía que Rukia podría golpearlo por pelear con Ichigo nuevamente.
Ellos eran un par de amigos demasiado agresivos que no parecían cambiar a pesar de no verse a menudo.
De alguna forma que Rukia no entendía pero por la que estaba muy agradecida, Orihime consiguió un pastel de la panadería en la que trabajaba, lo que hizo que todos se olvidaran de esa pequeña pelea y disfrutaran una porción de ese postre.
Ichigo y Renji habían dejado de pelear por tonterías y estaban en la sala hablando sobre una de las misiones que Renji había realizado la semana anterior. Ichigo lo escuchaba atentamente y de vez en cuando lo molestaba diciendo alguna que otra tontería que derivó en alguna pequeña discusión que se calmaba tan rápido como empezaba.
— Ichigo está muy feliz de que ustedes dos estén aquí. — Comentó Orihime, quien estaba comiendo pastel junto con Karin y Yuzu en la mesa del comedor.
— Eso es cierto, no había visto a Ichi-nii sonreír así en mucho tiempo. — Karin movió el tenedor en su mano mientras hablaba. — Lo que significa que está muy feliz de que estén aquí.
— Así que les agradezco a ambos por venir, Rukia-chan. — Orihime dijo eso con una gran sonrisa, inclinando ligeramente la cabeza para mostrar su agradecimiento.
Rukia se sintió avergonzada por eso, pues las visitas eran pocas y contadas con los dedos, pero aceptó los agradecimientos y expresó el suyo por haberlos recibido ese día y permitirles celebrar un momento tan importante para ella en compañía de ellos.
Todo fluía en una armonía que le gustaba a Rukia, pero las palabras de Orihime y Karin sobre la felicidad de Ichigo comenzaron a rondar su mente, haciéndola darse cuenta de que no se había sentido tan feliz como en el momento en que notó la mirada de Ichigo llena de orgullo porque ella se había convertido en un capitán.
Esa expresión orgullosa y feliz de Ichigo tenía el mismo peso y significado que la que recibió de Byakuya nii-sama, haciéndola sentir llena de confianza en sí misma.
Orihime comenzó a recoger los platos sucios para llevarlos a la cocina y Rukia se ofreció a ayudarla, pero cuando se levantó de su asiento, uno de los vasos sobre la mesa se volcó y parte de su contenido se derramó sobre la falda de su vestido creando una mancha grande y muy notable en la tela.
Rukia maldijo por ensuciar su vestido y le preguntó a Orihime si tenía una servilleta para poder limpiar un poco el desorden de su ropa, pero Yuzu inmediatamente se ofreció a prestarle una ropa limpia. Rukia trató de rechazar esa oferta, pero Yuzu insistió en que no había problema y ella tuvo que aceptar la ayuda.
— Eres parte de nuestra familia y aunque rara vez nos veamos, eso nunca cambiará. — Yuzu agregó mientras la conducía escaleras arriba hasta el segundo piso.
Rukia recordó la vez que pidió posada en esa casa porque ya no podía esconderse en el armario de Ichigo y recordó la forma en que el padre de Ichigo junto con Yuzu la adoptaron como parte de esa familia. Su tercera hija, Isshin había dicho esa vez.
Rukia pensó que Yuzu la llevaría a lo que alguna vez fue la habitación de las gemelas, pero en lugar de eso la llevó a la que fue la habitación de Ichigo, provocando que ella sintiera un golpe de nostalgia cuando cruzó la puerta y vio esa cama y esa ventana donde todo comenzó.
— Creo que este te quedará bien. — Yuzu le mostró un vestido azul bastante bonito que parecía de su talla, y se lo puso en las manos. — Te dejo para que te cambies de ropa.
Yuzu se fue y Rukia se quedó en esa habitación llena de recuerdos, con una mezcla de tristeza y añoranza que corría bajo su piel y hacía que su corazón se acelerara.
Con el vestido en la mano, Rukia caminó hacia el armario donde había dormido durante los dos meses de su vida cuando conoció a Ichigo y deslizó el panel que servía de puerta. Dentro estaba la ropa de Yuzu pero los dibujos que había hecho en la pared todavía estaban allí, intactos. Sonrió al verlos porque eran ella e Ichigo, vestidos de shinigami, con orejas de conejo y luchando contra un hollow.
Rukia los miró por un momento y antes de mover el panel para cerrar el closet nuevamente, se dio cuenta que en el fondo estaba esa almohada con funda de conejitos que Ichigo le había comprado para que pudiera dormir más cómoda dentro de ese closet. Debajo de esa almohada había una caja que estaba etiquetada como "cosas de Rukia", la cual no dudó en tomar para ver su contenido porque quería ver qué había guardado Ichigo además de la almohada.
Se sentó en la cama, dejó a un lado el vestido que tenía que ponerse y abrió esa caja con una mezcla de curiosidad y nostalgia arremolinándose en su corazón. Dentro estaban todos los dibujos que había hecho para explicarle a Ichigo su trabajo como shinigami, la carta que le dejó como despedida cuando Renji y Byakuya fueron al mundo humano por ella, el guante con el que lo sacaba de su cuerpo para ir a cazar hollows y un viejo cuaderno lleno de dibujos y garabatos.
— Son tus pertenencias, las que dejaste aquí antes de irte. Si quieres te las puedes llevar.
La voz de Ichigo, que provenía de la puerta abierta, la hizo mirar hacia arriba mientras los recuerdos seguían rondando su mente y la transportaban a esos días. Por un momento, Rukia imaginó al adolescente Ichigo caminando en pijama con una toalla sobre sus hombros y su cabello mojado.
— ¿Nadie te enseñó a tocar la puerta? — Su voz pretendía sonar molesta, pero no fue así debido a todos los sentimientos dentro de ella.
— Llamé un par de veces, pensé que te habías quedado dormida porque no contestabas y entré. Además, no puedes culparme por entrar en una habitación de mi propia casa.
— Tonto. — Rukia apartó la mirada por un segundo, avergonzada de que Ichigo tuviera razón, y luego volvió a mirar la caja en sus manos. — ¿Por qué todavía guardas esto?
— No sabía qué hacer con ellas. — Ichigo terminó de entrar a la habitación y cerró la puerta detrás de él. — No quería deshacerme de ellas y no sabía si sería correcto devolverlas. No quería sentirme como un exnovio que devuelve las cosas de la otra persona cuando todo ha terminado.
— Ex novio...
Rukia levantó la vista cuando dijo eso, porque etiquetar su relación de esa manera, aunque no era el término correcto, le agregaba peso a la situación. Ichigo estaba sonrojado, rascándose la cabeza y evitando mirarla en un clásico gesto de incomodidad y nerviosismo.
— Lo sé, suena ridículo, pero yo era un adolescente idiota. — Ichigo la miró y le dirigió una sonrisa triste. — Date prisa, el viejo está abajo y quiere felicitarte por tu ascenso.
Rukia asintió pero antes de que Ichigo pudiera salir de la habitación, habló de nuevo. Ver esa caja y lo que había dentro le hizo recordar ese sueño de la noche anterior.
— Ichigo, ¿extrañas esos días?
Ichigo se giró para mirarla y la sonrisa que le dedicó fue triste, otra vez.
— A veces sueño con ellos.
Ichigo salió de la habitación y Rukia se quedó allí, sentada en la cama con esa caja de recuerdos en la mano y con un "yo también" atascado en la garganta.
Gracias por leer! :D
