Día 3.
Under the rain
Cuatro meses. Habían pasado cuatro meses exactos desde que los Taisho entraron en la vida de Kagome, y esta todavía no había de llegado a la fase de aceptación.
Aún no se creía lo mucho que había cambiado su vida de la noche a la mañana. Un día estaban su padre y ella viviendo a solas en esa casa tan grande y al siguiente, la buena de Izayoi y su… inclasificable hijo estaban allí donde ella estuviera en la casa. Sobre todo, pasaba con Izayoi, pues era quién siempre estaba en el hogar, encargándose de la casa y trabajando telemáticamente como editora de una humilde editorial que aspiraba a alcanzar renombre. A InuYasha apenas lo veía más allá de los desayunos, pues en la escuela habían caído en clases diferentes -gracias a Dios- y por la tarde él desaparecía muchas de ellas y no volvía hasta después de cenar, lo que hacía que Kagome lo viera más como compañeros de pisos que apenas coincidían que familia política. Kagome nunca preguntó a dónde iba o qué hacía, pues no era algo que debiera interesarle y, si era sincera consigo misma, buena parte de ella agradecía esa ausencia, pues echaba muchísimo de menos al volver a su casa la sensación de saber que estabas a solas y podías hacer -casi- cualquier cosa. Al menos, cuando Izayoi tenía alguna reunión importante de su trabajo o se iba por ahí con su padre, Kagome sentía como todo volvía a la normalidad.
Pero los cambios que había tenido lugar en su casa no solo tenían que ver con el número de personas que (con)vivían bajo un mismo techo, y eso era en parte el motivo por el que no aún no se había puesto a gritar de pura frustración ante el giro que había dado su vida.
La razón de esto tenía un nombre, una identidad:
Kane, su padre.
Tener a Izayoi en casa, en su vida, parecía haber causado un cambio de ciento ochenta grados en él y Kagome casi ni reconocía a su antiguo padre en él… para su profunda gratitud. Tampoco es que lo viera mucho porque desde que tenía uso de razón, la usencia de su padre había sido una constante en su vida, pero ahora… "entretenido" como estaba con su nueva esposa era como si… como si simplemente le hubieran quitado un peso de sus hombros y, por fin, supiera lo que era respirar plenamente, sin sentir que cada pasado de su vida era milimétricamente controlado. Aún tenía su rutina convenientemente establecida, pero era increíble no tener que estar mirando constantemente por encima de hombre, comprobando lo que hacía, cuánto dormía o lo que comía.
Temía el momento en el que su nueva vida, aquel bosquejo de lo que debería haber sido una existencia tranquila, llegase a su fin como quien despierta de un dulce y apacible sueño para descubrir que todo había sido una cruel mentira de su imaginación. Sin embargo, después de tantos días angustiada y obsesionada con lo que podría venir en un futuro, había decidido que era el momento de dejarse llevar… un poco.
Disfrutar. Relajarse.
Simplemente vivir cada segundo.
¿Y si, de pronto, había llegado al final del túnel y, de pronto, podía detenerse por un segundo a sentir la cálida luz solar en su piel?
¿Y si el cambio que había dado su vida… solo iba a mejor?
Después de tanto tiempo viviendo en la oscuridad, bajo presión, no imaginaba que el poder alzar la cabeza para poder mirar más allá del muro que habían construido a su alrededor, la haría sentir tan… bien.
Kagome suspiró con una pequeña sonrisa bailando en sus labios y se apresuró a guardar las cosas en la mochila. Lo único que deseaba era volver a casa para descansar un ratito en su cama bajo un kilo de mantas, pero debía ir al conservatorio - adónde iba desde que pudo sentarse en el banquillo y tocar las teclas- para practicar, pues en menos de una semana tenía un concierto donde ella era la voz principal. Le esperaba largas horas de ensayos por delante…
Se colocó los zapatos en la entrada pensando en las melodía que Myoga le haría practicar hasta que, repentinamente, oyó un sonido a lo lejos que la preocupó. Oh, no… ¿estaba lloviendo?
¡Mierda! Y ella que no se había traído paraguas. ¿En qué momento había dado lluvia para ese día? ¡Si ayer estaba el cielo despejado y hacía calor!
Desde la entrada del instituto, se quedó mirando la lluvia caer mientras seguía refunfuñando para sí misma. Tenía que ir sí o sí a ensayar, pues si no iba su padre podría enterarse de su escaqueo y eso podría significar el final de aquella… inusual paz, pero si hacía los veinte minutos de camino que había desde el instituto al conservatorio, quedaría empapada… lo que derivaría a un inoportuno resfriado y un fracaso estrepitoso en la siguiente semana. Y, una vez más, podría atraer la ira de su padre.
¿Qué podía hacer?
—Toma.
Kagome se sobresaltó, sorprendida por la voz que escuchó a su lado. Miró con los ojos como plato a InuYasha, quién le estaba tendiendo un pequeño paraguas azul con actitud despreocupada.
Era la primera vez en las últimas dos semanas que le hablaba directamente; antes, no había surgido la ocasión. InuYasha no era muy hablador, ni siquiera con su madre que solía intentar amenizar las pocas comidas que compartían.
—¿Para mí?
—¿Quién más hay por aquí, tonta? — puso los ojos en blanco.
—Pero…
¿Por qué no lo cogía sin más? ¿Por qué tenía que darle más vueltas al asunto?
¿Por qué su corazón de pronto amenazaba con escapársele del pecho?
—Imaginé que no habrías mirado el tiempo para hoy— la miró de reojo y de su mochila sacó otro paraguas, esta vez negro— Siempre que sales se te olvida la chaqueta, así que no sería muy extraño que con el paraguas pasase lo mismo. Veo que tuve razón.
—Yo…
¿Se había fijado? ¿Se había dado cuenta?
Cogió el objeto que le tendía, agradecida, pero no tuvo tiempo a expresárselo con palabras antes de que InuYasha abriera el suyo y empezara a caminar hacia donde sea que fuera en las tardes. Kagome se quedó allí, parada, viendo su figura ir haciéndose cada vez más pequeña…
Y por primera vez en esos cuatro meses deseó saber más de sobre su inesperado -y anteriormente no deseado- hermanastro.
¡En el siguiente habrá mucha más interacción, lo prometo! Este ha sido un poco de toma de contacto entre la antigua vida de Kagome y la nueva (y todo lo que está por venir... hmmm) Como veis, ha sido un "gran" cambio, pero... ¿durará para siempre?
Sabéis que no soy mucho de hacer spam o recomendaciones, pero me vais a permitir que os hable de mi querida amiga MdeMagus. Ella también está haciendo el reto de Flufftober y me gustaría que le dierais una oportunidad a su historia: Futari no Kimochi. ¡Os prometo que no os arrepentiréis! He leído sus dos primeros capítulos y amo su forma de expresarse y cómo plasma la relación de InuKag. Es simplemente hermoso.
