Día 4.
Indirect Kiss
—¿Qué te ha pasado esta noche?
Kagome detuvo sus dedos a mitad de la melodía y miró por encima de hombro en dirección a la puerta. Su respiración se detuvo durante un instante cuando vio a InuYasha apoyado en el quicio de la puerta con los tobillos cruzados y bebiendo agua de una botella de plástico. Por la toalla que le colgaba del cuello y el rastro de humedad en sus cabellos, imaginó que acababa de salir de la ducha.
—¿Qué haces aquí?
InuYasha alzó un hombro.
—No sabía que estaba prohibido venir aquí.
—No, eh… no— parpadeó para intentar reponerse y decidió que lo mejor era dejar de mirarlo, por eso, volvió de nuevo la vista al frente y posó los dedos en las teclas blancas, aunque nos los movió de ahí— Perdón, no estoy acostumbrado a tener compañía aquí.
Por algo, aquella sala donde se encontraba su piano y su insaciable colección de música era su refugio particular de la casa. El lugar donde podía llegar a sentirse genuinamente feliz. Aunque también había momentos en los que la odiaba con toda su alma, sabía que ni el piano ni la música tenían la culpa.
—Te has saltado la cena.
—Sí, bueno, no tenía mucha hambre— murmuró, empezando a tocar los primeros acordes de la melodía principal de El castillo ambulante, la película de su infancia, a la que recurría a menudo cuando se encontraba estresada.
—Ah.
El silencio que tuvo lugar a continuación fue amenizado por las suaves notas del piano. Kagome sentía perfectamente la mirada del muchacho en su espalda y aquello la puso irremediablemente nerviosa.
—Tocas muy bien.
Más me vale, quiso responder, pero terminó tragando saliva y asintiendo en reconocimiento.
—Gracias. Eso intento.
Escuchó pasos a su espalda, pasos acercándose, y su corazón pegó un pequeño salto. Kagome había tocado para ciento -si no miles de personas- en un sinfín de conciertos sin que le temblase las manos o las piernas, pero había algo en el hecho de que él, InuYasha, su… nuevo hermanastro, estuviera mirándola, con toda su atención puesta en ella, que causaba que el rubor cubriera sus mejillas y su estómago burbujeara por el nerviosismo.
¿Qué le estaba pasando?
Decidida a tranquilizarse, a demostrar que nada raro estaba pasando, Kagome movió los dedos con fluidez por el instrumento. La canción pronto llegaría a su fin y, antes de pararse a pensar, las notas habían evolucionado a la mítica melodía de Titanic, otra de las películas de su adolescencia. Luego, vino otra canción y el impulso de sonreír por el reflejo de la mueca divertida que apareció en el rostro masculino, la dejó momentáneamente descolocada.
—Piratas del Caribe— InuYasha apoyó los antebrazos en un lateral del piano.
—Tienes buen oído.
—Esa es demasiado fácil— puso los ojos en blanco.
—¿Ah, sí? — arqueó una ceja en su dirección— A ver qué tal esta.
Sus dedos se movieron, rápidos, certeros, y la melodía cambió bruscamente a mitad de la canción. Nuevas notas sonaron en la habitación y Kagome se quedó observando un poco embelesada la mueca pensativa que apareció en el rostro de él.
—Me suena… Espera, creo que lo tengo en la punta de la lengua… Mmmm… ¿Jurassic Park?
—Bingo— rio, asintiendo. InuYasha se mostró complacido.
—Al final te tendré que creer— le sonrió de lado.
Kagome estuvo a punto de fallar en un acorde tonto que se sabía de memoria de todas las veces que la había tocado, pero es que el vuelco que había dado su corazón la dejó, una vez más, momentáneamente descolocada. Sintiendo la boca seca, bajó la mirada y se centró en sus dedos. Sin decir nada más, tocó una nueva melodía y cuando él anunció el nombre, pasó a otra, y después a otra, y a otra, y a otra.
El tiempo pareció detenerse para ellos, inmersos como estaban en el pequeño juego de adivinanzas que habían creado. Por primera vez en muchísimo tiempo, Kagome se sintió a gusto y en paz consigo misma mientras tocaba el piano y recordó por qué amaba tanto tocarlo, lo bien que se sentía dejar volar tu mente y simplemente… sentir la música. Mostrar aquello que tu corazón deseaba.
Casi parecía ser ajena a esos sentimientos que en un principio la habían maravillado, en sus primeros años aprendiendo, como si llevara muchísimo viviendo en lo que pensaba que era el mundo real para luego descubrir súbitamente que no es más que un sueño.
Tocó una nueva melodía e InuYasha tardó más tiempo en responder.
—Esta no la conozco.
—Es una de mis favoritas en el mundo, se titula Helium— respondió, mientras pensaba distraídamente en la letra:
I'm trying but I keep falling down
I cry out but nothing comes now
I'm giving my all
And I know peace will come
I never wanted to need someone [1]
—Por poco. Pero me gusta cómo suena.
Terminó de tocar y un cómodo, pero a la vez extraño silencio, se instaló en la habitación. Kagome se quedó mirando sus dedos, flexionándolos lentamente pues le molestaban después de estar tocando tanto tiempo.
—Toma, ¿quieres?
Alzó la cabeza y se quedó mirando la botella que InuYasha le estaba tendiendo. Tragó saliva, y hasta ese momento no advirtió de cuan seca tenía la garganta seca. Pero… ¿se atrevería?
—Gra-gracias— murmuró con el corazón a punto de salírsele del pecho.
Destapó el tapón de la botella y se quedó mirándola por un par de segundos. Cuando se dio cuenta de lo tonta que debía estar pareciendo, cerró los ojos y bebió intentando dejar la mente en blanco. Sin pensar qué boca había estado tocándola antes.
—Es increíble como tocas. Has ido cambiando de canción sin dudarlo ni equivocarte ni una vez. Lo haces ver como un juego de niños, casi parece que hasta yo podría ponerme y hacerlo— bromeó, aparentemente indiferente a la batalla interior de Kagome.
Kagome sonrió, agradeciéndole sus palabras, pero, de pronto, su visión se desvió hasta el reloj analógico que había colgado en la pared detrás de él y su corazón se detuvo. Media noche. Había perdido casi dos horas…
¿Cómo no pudo darse cuenta antes?
—Tienes que irte.
—¿Qué? ¿Por qué? — la sorpresa y extrañeza surcó el rostro masculino.
—Porque… eh… tengo que seguir ensayando. No puedo entretenerme.
—Pero…
—Por favor— se quedó mirando las teclas, con el peso de las últimas dos horas sobre sus hombros, y por el rabillo del ojo, atisbó como el ceño de InuYasha fruncía.
—Vale, vale, me largo. Bueno, hm, no te duermas tarde, ¿eh? Que mañana tenemos clase y los lunes cuesta más trabajo— se fue, contrariado por el repentino cambio.
Kagome sabía que esa noche no podría dormir. El próximo recital era el martes y los últimos días tenía que trabajar y ensayar hasta que sus dedos se le cayera del esfuerzo para que todo saliera perfecto. No podía ser menos que eso, era inaceptable.
Pero el simple hecho se escuchar un ligero atisbo de preocupación, inquietud, en InuYasha mejoró su ánimo considerablemente. Y si a eso se le sumaba las dos últimas horas donde todas sus preocupaciones y problemas habían desaparecido; donde, por primera vez en muchísimo tiempo, había disfrutado de tocar…
Kagome suspiró y se acomodó mejor en el asiento. No sabía por qué, pero, de pronto, la larga y solitaria noche ya no se le hacía tan pesada y agónica como había pensado en un principio.
Mientras seguía ensayando, la letra de la canción volvió de nuevo a su cabeza y fue incapaz de olvidarla:
Yeah, I wanted to play tough
Thought I could do all just on my own
But even Superwoman
Sometimes needed Superman's soul [2]
(1) Lo estoy intentando, pero sigo cayendo.
Grito, pero no sale nada.
Estoy dando todo de mí,
y sé que la paz llegará,
nunca quise necesitar a alguien.
·
(2) Sí, quise hacerme la dura,
pensé que podría hacerlo todo sola.
Pero incluso Superwoman
a veces necesitaba el alma de Superman.
Punto 1: Ya se imaginarán de donde he sacado el título de la historia, ¿no? Ténganlo en cuenta porque será importante para la pareja. Por cierto, si no la han escuchado, lo recomiendo fervientemente, la canción es preciosa. Se llama Helium y es de Sia.
Punto 2: Como vamos viendo, hay otro pequeño acercamiento entre ellos, pero Kagome aún sigue recelosa. ¿Podrá abrirse alguna vez con él por completo? El juego de adivinar la melodía es algo que hago mucho con mis hermanos y me pareció divertido ponérselo a ellos, aunque claro nosotros lo hacemos con música porque por desgracia no sé tocar ningún instrumento :(
Punto 3: Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, no sabéis lo feliz que me hace que esté gustando tanto esta locura mía. Sois increíble, sobre todo Chechy14 y mi querida MdeMagus por tomaros la molestia de comentar en cada capítulo. ¡Os quiero mucho!
¡Nos vemos mañana!
