Día 12.

Promise ring


El expectante silencio del auditorio solo duró un par de segundos. De pronto, se escuchó una palmada al fondo, seguida de otra, otra, y otra, y pronto un gran revuelo se levantó en la habitación.

Kagome, sentada en el piano colocado en medio del escenario, se quedó mirando fijamente, casi sin moverse, como los miles de personas que había presente le aplaudían, sintiendo una sensación de calidez recorrerle el pecho.

Si me aplauden es porque les gusta, ¿verdad?, se preguntó como cada vez que tocaba.

Finalmente, se levantó del banquillo y con agilidad se acercó al final del escenario para hacer una agradecida y protocolaria reverencia. A mitad de esta, también como cada vez, su cuerpo se paralizó por un par de segundos, aunque siempre conseguía salir de ese estupor sin que nadie -esperaba- se diera cuenta.

Se incorporó, sonrió al público una última vez y se dio la vuelta para salir del escenario por uno de los laterales.

En su cabeza se proyectaba la imagen de ese asiento en primera fila que le pertenecía para invitar a quién quisiera y que siempre, siempre, estaba vacío.

Aquella vez no fue una excepción.

·

Kagome suspiró, quitándose la bufanda mientras caminaba por la casa intentando hacer el menor ruido posible. Estaba tan metida en sus pensamientos, que no fue hasta que llegó a la cocina y entró, que no se dio cuenta de que la luz ya estaba encendida de antes. Y que ya había hay alguien en la habitación.

Se detuvo en el umbral, con los ojos como plato, y el corazón brincándole en el pecho al reconocer la persona.

—¿Cómo te ha ido?

—Oh, ah, ¿uh? — balbuceó como una tonta.

Mierda. El sueño debía estar haciendo mella en ella, después de toda la semana sin descansar apenas, que ya no sabía ni lo que decía.

InuYasha levantó la mirada del cuaderno en el que estaba escribiendo -¿serían deberes? ¿A estas horas de la madrugada?- y la clavó en ella.

—El recital. Supuse que era esta noche, no sueles venir a estar horas— miró el reloj, donde las dos manecillas señalaban al uno.

—Ah, sí— asintió, apartando rápidamente la mirada y dirigiéndose hacia el fregadero en busca de un vaso para beber agua.

—¿Entonces? — insistió él— ¿Ha ido bien?

Creo que sí, pensó, aunque dijo otra cosa:

—Sí.

—Me alegro.

El silencio se instaló en la habitación y Kagome, quién le daba la espalda, se quedó mirando el vaso en sus manos como si contuvieran todas las respuestas del universo. En su cabeza, no dejaban de resonar su voz borracha mascullando «tú eres mío», para después proyectarse la mueca de disgusto y confusión de él cuando, la noche después de la fiesta, se encontró con que había vuelto la ley del hielo que había sabido sortear la última vez.

No hablar más de lo estrictamente necesario. No relacionarse. No verse.

No… nada.

Solo… ensayar, ensayar y ensayar. Todo lo demás eran distracciones que no podía permitirse.

¿Qué se había creído? ¿Que su insubordinación no le traería consecuencias? ¿Que su padre no terminaría dándole la vuelta a cualquier cosa que hiciera fuera de sus normas?

Había salido medio airosa de la última vez, no dejaría que hubiera una tercera.

No, señor.

Sin embargo, pese a que pensaba eso, no pudo evitar mirar por encima del hombro a InuYasha, como una pequeña acosadora que no puede dejar de buscar a su ídolo donde estuviera, y su corazón aleteó emocionado al verlo allí, en su misma habitación, los dos solos. ¿Cuándo había sido la última vez? Este se encontraba inclinado sobre la mesa, mordisqueando el lápiz con expresión frustrada y pensativa y mirando el cuaderno como si estuviera a punto de lanzarlos por la ventada en cualquier momento.

Hubo un momento que resopló y se apartó el cabello azabache de la cara, y al no haberse esperando el momento y creerse que había sido pillada, Kagome saltó en el sitio, ganándose una mirada curiosa por parte del chico.

Con las mejillas al rojo vivo, Kagome se volvió hacia el fregadero y decidió que era un buen momento para subir a su habitación. Estaba molida, exhausta, y aún no sabía cómo tenía fuerzas para seguir en pie después de las últimas semanas. Murmurando un "buenas noches" que, honestamente, no estuvo segura de si lo oyó, pasó por su lado rumbo a su habitación.

—Oye, tú tenías al profesor Kimoto, ¿no?

Se detuvo justo antes de llegar a la puerta, dudando por un milisegundo si pasar de largo o quedarse.

Debes irte. Lo más sensato es que te vayas.

Sí, el problema es que desde que conoció a InuYasha la sensatez parecía haber huido por la ventana…

—Sí— se vio diciendo.

¡No! ¡No! ¡Vete!

—¿Sabes cómo se hace el trabajo este de las ecuaciones?

Kagome cerró los ojos un segundo, dos. Al tercero, un suspiro había escapado de sus labios y se había dado la vuelta.

Te arrepentirás…

—¿Sabes que hay que entregarlo mañana, no?

—No me digas, genio— replicó sarcástico, refregándose las sienes— ¿Por qué crees que sigo aquí, eh? Es un maldito rompecabezas.

—¿A ti nunca te enseñaron que no hay que dejar las cosas para el último momento?

¿Eso había sido una broma? ¡Mierda!

¡Vete! ¡Vete! ¡Vete!

—Da igual— gruñó, lanzándole una mala mirada— Apenas he tenido tiempo libre con el trabajo y después cuando me ponía, no podía concentrarse, así que aquí estoy liado a esta hora, pero para escuchar tus sermones y burlas siempre hay tiempo.

Kagome contuvo el deseo de sonreír por el tono refunfuñón del chico.

¿También sonreía? ¿Qué le estaba pasando?

Te dije que era una mala idea…

—Vale, perdona. No pude evitarlo— apretó los dientes con fuerzas y se acercó hacia donde estaba el muchacho para asomarse por encima del hombro —A ver, en realidad lo que tienes que hacer es usar una serie de ecuaciones que, con los datos que te dan….

InuYasha la escuchó, medio atento a la explicación, medio embelesado por la cercanía de la chica, por lo que tuvo que aferrarse con fuerzas al lápiz en su mano hasta el punto de sentirlo crujir en sus dedos para no hacer otra cosa mucho peor. Cuando Kagome terminó de explicar, InuYasha solo había entendido la mitad del ejercicio.

—Entonces, que me quede claro. Con estos de aquí— señaló el enunciado — ¿tengo que hacer algo con ellos? ¿Cambiarlos de medida o algo?

—No— Kagome sacudió la cabeza— Simplemente los pones en los huecos libres que deben estar y haces la operación.

—¿Y el resultado final sería la respuesta a la pregunta?

—No, después hay que hacer otro paso. Mira—se incorporó súbitamente e InuYasha tuvo el deseo de girarse y agarrarla para que se no se marchara, pero al ver que giraba en la mesa de la cocina y se sentaba en unos de los laterales, junto a él, su cuerpo se relajó de una forma bastante patética—, haz lo primero que te he dicho y ahora vemos lo que hacemos con el resultado.

Nervioso como estaba -cuando Kagome estaba a su lado siempre lo hacía sentir como un adolescente imberbe y patoso-, tardó un poco más de la cuenta en hallar el resultado, pero terminó consiguiéndolo y una sonrisa satisfecha se formó en sus labios.

—Bien— le animó la joven— Ahora, fíjate en lo que te pregunta. ¿No crees que falta algo?

InuYasha leyó un par de veces el enunciado, esperando que en algún momento le sonara la flauta y supiese la respuesta, pero honestamente, todo era bastante confuso.

—Pon especial en los datos que te dan. Hay uno que todavía no hemos usado…

—¡Ah, ya sé! — exclamó InuYasha, emocionado. Se puso a escribir rápidamente y cuando terminó, le enseñó el cuaderno a Kagome— ¿Así es? ¿Está bien?

—Muy bien, al final lo has conseguido— ella también sonrió y el corazón de InuYasha se saltó un par de latidos. Qué bonita era su sonrisa y cuánto la había echado de menos… — ¿Ves que no era tan difícil?

—Si no fuera por ti, me veo toda la noche dándole vueltas.

—Pasa al siguiente, a ver si ese también lo entiendes.

—Vale.

InuYasha volvió su atención a las hojas con los problemas, un poco más tranquilo, y una sensación de calma se instaló en él al saber que Kagome se encontraba a su lado. Parecía tonto, lo sabía, pero había algo en esa chica que lo hacía sentir como si tuviera el mundo en sus manos.

El único problema es que, aunque eso hubiera sido posible, lo que más ansiaba en realidad, había sido vetado y él no sabía cómo acceder a ello.

«Tú eres mío», rememoró sus palabras de aquella fiesta y como si lo viviera de primera mano otra vez, sintió cómo si corazón amenazó con escapársele del pecho. Recordó la sorpresa filtrándose por él, y después la felicidad…. El anhelo, el deseo de tener algo que nunca sería suyo…

Porque Kagome era una como una estrella. Allí en el soberbio firmamento, brillaba por sí sola, atrayendo la atención de todos cuantos posaban sus ojos en ella, deslumbrante y cálida como una de ella, pero cuando un pobre incauto estiraba la mano para tocarla… se daba cuenta de que ella en realidad se encontraba a millones y millones de kilómetros de distancia, etérea e inalcanzable. Y solo podía admirarla desde la distancia, deseando y soñando con que en algún momento ella bajase la mirada y se diese cuenta de tu existencia…

Aunque su lugar siempre estaría con las estrellas.

Ascendiendo, alto, muy alto…

Demasiado lejos para él.

InuYasha sabía todo eso, claro que lo sabía. Se había dado cuenta de todo en las primeras semanas de convivencia con su nueva hermanita. Vivían mundos demasiado diferentes, ellos eran tan distintos como el agua y el aceite y estuvo seguro de que si la situación con sus padres no se hubiese dado, jamás habrían tenido la oportunidad de hablar aunque estudiasen en el mismo colegio. Sí, mierda, sabía eso porque no dejaba de repetírselo. Sin embargo, había algo en ella que le impedía mantenerse lejos.

¿Su expresión apacible y segura? ¿La sonrisa cálida de la que había tenido el privilegio de ser receptor? ¿La pasión y el amor que desprendía cuando hablaba y/o tocaba el piano? ¿Ese aire melancólico con el que le había pillado algunas veces? ¿O ese misterio que era en sí Kagome para él, con sus entresijos y rincones llenos de secretos que deseaba conocer?

Maldita sea, no lo sabía, pero como no averiguara pronto qué hacer con todo el cúmulo de sentimientos que escondía en su interior… iba a volverse loco de remate.

No pudo contenerse, y, motivado por ese mismo cúmulo de sentimientos inexplicables, cuando en realidad debía estar terminando una operación, levantó al cabeza un poco para poder mirarla de reojo sin que ella se diese cuenta.

Su corazón saltó y su estómago se retorció cuando la pilló con la cabeza apoyada en sus manos, los ojos entrecerrados como si estuviera a un suspiro de quedarse dormida y con los hombros hundidos por el cansancio.

Mierda, estaba en sus últimas fuerzas, se la veía, y él había sido un egoísta por hacerla quedarse a su lado simplemente para disfrutar su compañía, sobre todo después de que, irrazonablemente ella se hubiera alejado otra vez de él sin darle explicaciones. ¿Lo haría mil veces? Claro que sí, pero no a costa de la salud de Kagome y mierda, se la veía ojerosa y taciturna, como si llevase demasiadas horas en pie.

Sin embargo, pese a todo, también la vio hermosa… cálida… inalcanzable…

No pudo contenerse.

—¿Este concierto era también sin público?

Kagome se espabiló, la pregunta le había cogido desprevenida y en el poco tiempo que tardó asimilar la respuesta, InuYasha aguardó la respuesta, conteniendo la respiración. Temió haberse pasado de la raya, haber tocado un tema que haría que nuevamente las barreras de Kagome se alzaran y lo dejase fuera una vez más.

Pero es que no podía evitarlo…

—No— terminó diciendo en voz baja, con la vista puesta en la mesa— ¿Por qué?

InuYasha también apartó la mirada.

No lo digas, pensó en el mismo momento que su boca soltaba:

—Me dijiste que podría ir a verte la próxima vez.

Kagome respingó en el sitio.

¿Se acordaba de lo que le había dicho la primera vez que visitó la cafetería donde trabajaba? Ella creyó… mierda, se ilusionó cuando él se lo dijo porque nadie de su entorno cercano antes que él había tenido el más mínimo interés por su música, pero pensó que había sido algo del momento, algo que se dice pero en realidad no se piensa o después, cuando pasa el tiempo, se pierde el interés.

Además, con todo esto de la separación, que apenas se hablasen o tuviesen relación, la relación de ellos se había enrarecido mucho y… pensó… nunca creyó que él aun así, quisiese ir a verla.

Un cosquilleo se asentó en su estómago y para evitar que él se diese cuenta de lo tonta que estaba siendo, cogió lo primero que pilló en la mesa -una botella vacía de refresco que InuYasha debía haberse tomado- para ponerse a juguetear con ella y tener su atención en un punto fijo.

—N-no creí que te interesara de verdad— se escusó, encogiéndose ligeramente de hombros— Esos sitios suelen ser un poco aburridos, largos y tediosos.

—Te dije que quería verte, ¿no? De no ser así no hubiera dicho nada, no me tomes por idiota— InuYasha frunció el ceño como si le molestase que ella creyese eso de él.

—Bu-bueno.

—Quiero verte tocar— siguió diciendo, y la seguridad en su voz hizo que el corazón de ella empezase a aletear como un colibrí— Cuando lo has hecho delante de mí en la sala de música, me fascinaste por completo, por lo bien que lo haces, por todo lo que eres capaz de transmitir en un par de minutos de melodía, así que no puedo evitar pensar cómo sería escucharte en tu elemento. Cuando hay cientos, por no decir miles, de personas en silencio maravillados por lo que sale de tus dedos. Cuando tienes a todos metidos en el bolsillo, seguramente pensando "joder, esta chica toca como los ángeles" — la mirada de él la atrapó cuando no pudo evitar quedarse mirándolo y todo su cuerpo se estremeció— Me gustaría ser una de esas personas, ¿sabes? Me gustaría estar allí sentado, en primera fila, en última, no me importa. Incluso me pondría el traje que tengo guardado en mi armario y que solo me puse una vez para una boda que acompañé a mi madre y que juré que nunca más lo usaría. No me importaría hacerlo si con eso consigo integrarme en tu mundo. Lo verdaderamente importante es que estaría allí y pensaría junto con esos ricachones: "joder, esta chica toca como los ángeles… como yo sabía que haría"; porque nadie más que tú sabe las horas que le entregas cada día, el esfuerzo y la dedicación con la que ensayas, pero yo también lo sé, y estando allí, pensaré justo después "el aplauso que reciba al terminar es una minúscula parte de lo que realmente se merece por esto, pero aun así es todo suyo" — de pronto, InuYasha calló y su ceño se pobló de arrugas— Oh, mierda, Kagome, ¿qué…? N-no… no llores— estiró la mano para enjuagar sus lágrimas.

La muchacha, un poco ida, también se llevó las manos a la cara y efectivamente descubrió que se le habían saltado las lágrimas. ¿En qué momento había empezado a llorar? Ni se había dado cuenta.

Cielos, había estado tan conmocionada y conmovida por las palabras que InuYasha le había dedicado que… no…

—L-lo siento— balbuceó como una tonta, enjugándose rápidamente las lágrimas.

—Perdóname, no quería hacerte sentir mal…

¿Sentir mal? ¿Era idiota o qué?

—¿Qué? ¡No! — alzó inconscientemente la voz y se maldijo por su arrebato, pero la suerte estaba de su lado, y gracias al cielo, nadie había aparecido para investigar las voces. En realidad, no sabría qué esperarse si su padre aparecía allí— No ha sido tu culpa, de verdad, y no me has hecho sentir mal, e-es so-solo que… nadie me había dicho nunca nada como eso… y yo…

—¿Nadie te ha dicho lo bien que tocas? No me lo creo.

Nadie que me importara, en realidad…, pensó para sí misma, mirándolo fijamente. Nadie que lo sintiera de verdad.

—Solo me emocionaron tus palabras— confesó en un murmullo, apartando la mirada.

Un silencio se extendió por la habitación, uno tenso, pero cargado de significado, que hizo que los vellos de Kagome se pusieran de punta.

—¿Entonces?

—¿Eh?

InuYasha le mostró una sonrisa medio tentativa, medio resignada.

—¿Me dejarás "maravillarme" de ti?

El corazón de Kagome ranqueó. A este ritmo, no le sorprendería si se quedaba en el sitio por lo loco e irregular que estaba trabajando.

Tragó saliva, bajó la vista hasta la botella que descansaba en sus manos y permaneció en silencio.

Su mente dictaba un rotundo no, mientras que su corazón, su alma, le suplicaba que sí, que lo necesitaba allí.

¿A quién debía hacer caso?

Volvió a mirarlo y lo vio allí aguardando la respuesta, casi sin moverse ni respirar, y de pronto algo hizo click en ella.

Y sencillamente lo supo.

En silencio, miró la botella una vez más y bajo la atenta y extrañada mirada del chico, desenroscó el tapón y cogió el círculo de plástico que envolvía la boca del envase. Después, extendió el brazo y cogió la mano -grande, cálida, fuerte- de InuYasha en la suya. Él se dejó hacer, intrigado y confundido, aunque no pudo evitar abrir los ojos cuando vio como Kagome deslizaba el aro de plástico por su dedo anular como si fuera… como si fuera un anillo.

Fue incapaz de decir algo porque la mirada nerviosa que la joven le echó entre sus pestañas, como si temiera su reacción, se le clavó en su corazón.

—Este "anillo" representa mi promesa de que la próxima vez que actúe, vendrás conmigo—Súbitamente, apartó la mirada -no las manos- y se puso a parlotear inquieta:— Es un poco tonto, lo sé, pero lo vi en una película, aunque en ella se dan unos anillos hechos de hilos, porque, tú sabes, él es pobre y no tenía dinero en ese momento para hacerle un regalo, pero me pareció muy bonito el gesto porque ese anillo simbolizaba la promesa de llevarla a conocer Irlanda, su lugar de origen y del que se marchó cuando era una cría. Este, en cambio, es un poco tonto y feo, lo primero que he visto… Cielos, ¿por qué lo he hecho? Mejor te lo quit-

—¡Eh! — InuYasha apartó la mano, como si el contacto le hubiera quemado— ¿Por qué lo haces?

—Porque es una tontería lo que he hecho— lo miró con los ojos como plato—, es un simple aro de plástico de un refresco y…

—Y nada. Esto me lo guardo— le respondió con un brillo de diversión y… algo que Kagome no sabría explicar en su mirada—. Te lo recordaré siempre. Mírate, me das más munición para meterme contigo por esas películas romanticonas que ves.

—No, por favor— se quejó con las mejillas al rojo vivo— No seas malo, olvídate de lo que he dicho, por favor.

—Ja, qué más quisieras— se encogió de hombros con una amplia sonrisa— Además, me lo quedaré también para recordarte que me lo has prometido. Ya no te me escaparás otra vez.

—Venga, ¡es una tontería!

¿Quién le mandaría a ella hacer semejante estupidez? ¡Agh No necesitaba a nadie para avergonzarse, ya lo hacía ella solita, y le salía muy bien.

La sonrisa de InuYasha se hizo más grande, disfrutando enormemente el sofoco de Kagome, y para burlarse de ella, se sacó el anillo y se lo meneó en el rostro.

—¡Agh, bien, haz lo que te dé la gana! — siseó en sus narices, poniéndose repentinamente en pie— Me voy a dormir, que ya es muy tarde. Avíatelas tú solo con los problemas que quedan— gruñó, pasando por su lado sin mirarlo.

Tonta, tonta, tonta y ¡más que tonta!

¿Qué había pensado al hacer semejante sandez? ¿Qué le pasaba cuando estaba con él? ¿Se volvía estúpida o qué? Al parecer, estaba más que comprobado. InuYasha no solo hacía peligrar la relación que tenía con su padre, también era un peligro para su salud mental y emocional porque cuando estaba con él todo dejaba de tener sentido y se convertía en una chica… tonta… y…

Sin preocupaciones, resonó en su cabeza por un segundo, pero rápida lo alejó de su cabeza, y mientras que se escabullía a su habitación en silencio, deseando pensar en todo menos en lo que había hecho, una melodía llegó a su cabeza.

Helium, otra vez esa canción.

Maldita sea, a este ritmo empezaría a cogerle coraje porque era escucharla y pensaba en InuYasha y era pensar en el chico y se le venía la canción a la cabeza. ¿Qué le estaba pasando?

Esta vez, el fragmento en cuestión que le fue imposible dejar de tararear al momento de prepararse a dormir era el estribillo:

Help me out of this hell

Your love lifts me up like helium

Your love lifts me up when I'm down

Down, down

When I've hit the ground

You're all I need [1]

Maldita-sea.

Estoy perdida, gimoteó para sí misma.

·

Mientras Kagome no era más que un hervidero de nervios en la planta de arriba, InuYasha se había quedado en la mesa de la cocina. Con las tareas repentinamente olvidadas, observaba el aro de plástico -el anillo de promesa- que sostenía en una mano y una sonrisa tonta partía su rostro en dos.

No todo estaba perdido aún, pensó para él mientras lo hacía rodar entre las yemas de sus dedos.

Atesoraría aquel maldito objeto como si de una reliquia familiar se tratase.


(1) Ayúdame a salir de este infierno,

tu amor me eleva como el helio.

Tu amor me eleva cuando estoy triste (abajo),

triste, triste.

Cuando he chocado contra el suelo,

tú eres todo lo que necesito.


Sé que todos estáis tirándoos de los pelos porque InuYasha se entere de una vez de su situación (me pasa lo mismo), pero siento deciros que todavía no es el momento. Después de toda una vida bajo a presión, todavía Kagome siente miedo de las consecuencias de su padre y no es algo que pueda cambiar de la noche a la mañana. Sin embargo, hay alguien que conocéis perfectamente que no dejará de insistir... y este es un ejemplo de ello.

(Y lo que vendrá en los siguientes capítulos, lo prometo, no son de mucho sufrir)

El momento llegará, lo prometo. No desesperéis mucho.

¡Muchas gracias a todos los comentarios que recibí en el anterior capítulo! Sois maravillosos, en serio. Ayer estuve baja de ánimos, pero todo vuestro apoyo me sentí muy feliz y emocionada por el increíble recibimiento que estaba teniendo esta historia. ¡Llevo todos y y cada uno de vuestros comentarios en mi corazón!

También me gustaría anunciaros algo. Actualmente tengo hasta el capítulo 17 escritos, y no creo que en los 10 finales pueda seguir el ritmo de las actualizaciones diarias (más que nada porque los capítulos cortos precisamente no me salen y algo me dice que preferís que sean largos), así que planteo dos opciones: 1- actualización diaria hasta que llegue a dónde esté escribiendo y a partir de ahí, iré actualizando conforme vaya escribiendo o 2- espaciar las actualizaciones un poco (poner dos o tres días por ejemplo a la semana) para que nunca me quede sin ninguno y tengáis (espero) capítulo regularmente. Yo preferiría lo segundo, pero os lo dejo a vuestra elección. Decídmelo en los comentarios y me atendré a lo que tenga más votos.

¡Nos vemos mañana con los resultados y un nuevo capítulo, que, creo, os divertirá xD! El próximo tema es Bath time (lo dejo a la imaginación...)

PD: Mención especial a mi primera intención de hacerlo en formato viñetas y solo este capítulo tiene 7 páginas. Si es que en los líos que me meto yo sola...