Día 13.
Bath time.
—Ah…
Kagome se detuvo a mitad de camino hacia su habitación cuando creyó escuchar un sonido proveniente del baño. Se quedó mirándola por un momento. Por la hora que era, todos deberían estar en la cama y ella se dirigía allí después de estar hasta las tantas en la sala de música.
Pero…. ¿de verdad había oído un siseo?
Y esa voz la reconocía…
Antes de ponerse a pensar realmente en lo que estaba haciendo, se había acercado a la hoja de madera y había pegado la oreja a la superficie, intentando escuchar algo más que le dijera que no se había vuelto loca.
—Ah, mierda— suspiró una voz masculina.
Sí, no era un producto de su imaginación. Pero qué…
—¿InuYasha? — susurró, golpeando suavemente la puerta— ¿Estás ahí?
Las voces al otro lado se callaron por un momento.
—¿InuYasha?
—Eh…—carraspeó, y Kagome escuchó sus pasos acercándose a la puerta— Sí, sí, dame un momento, ya salgo.
—No, yo no quería… bueno… entrar…— musitó confundida— ¿Estás bien? He escuchado…— calló súbitamente y el rubor se extendió por sus mejillas cuando la puerta abrió lentamente y se encontró parado en el umbral a un InuYasha sin camisa, el pelo recogido en una cola alta y los pantalones de pijama descansando un poco más debajo de su cinturilla.
¿Por qué de pronto hace tanto calor?
Se golpeó mentalmente para espabilarse, sin embargo, sus ojos parecieron actuar por sí solos y para su completo bochorno -sí, aún más- fue pillada cuando se quedó mirándole el cuerpo descaradamente. ¡Maldita sea, es que cómo podía dejar de mirarlo! ¡Vaya músculos! ¿Desde cuanto InuYasha hacía ejercicios?
—¿Kagome?
La mencionada parpadeó y sintiendo sus mejillas a punto de explotar por el calor que se debía estar acumulando en ellas, escondió las pupilas en el suelo.
Ahora es un buen momento para que se abra el suelo a mis pies y me engulla.
—¿Estás, eh, bien? ¿Qué te pasa? No dejas de hacer ruidito y gemir, aquí solo y…
Espera. Solo en el baño, gimiendo, sin apenas ropa…
No sería qué…
Oh-dios-mío.
OH-DIOS-MÍO.
InuYasha no estaría… él no estaría…
Volvió a mirarlo otra vez en un acto reflejo con los ojos como búhos en mitad de la noche y las piernas convirtiéndose en gelatina por el simple hecho de pensar que InuYasha estaba…
Oh-dios-mío, no podía ni pensarlo siquiera.
—Per-perdón, no quería mo-molestarte. M-me preo-preocupé, pero no sé si… da igual… yo…— empezó a balbucear como una idiota.
¡¿Qué haces, loca?! ¡Lárgate de ahí antes de liarla mucho más! ¡Corre ahora para que puedas rescatar un poco de dignidad!
InuYasha permaneció con el rostro serio sin apartar las pupilas de ella y Kagome se revolvió en el sitio intimidada y muy, muy avergonzada.
Entonces, el muchacho sonrió lentamente, mostrando esa sonrisa ladeada que ponía el corazón de la muchacha a mil, y despertaba parte de su cuerpo que no sabía que existían.
—¿Qué pasa si te digo que es lo que estás pensando? — su voz bajó una octava.
Oh-mi-dios, oh-mi-dios, oh-mi-dios, no dejaba de repetir en su cabeza.
Estaba un segundo de correr a un convento para meterse a monja porque nunca antes había tenido al Altísimo en su vocabulario por tanto tiempo.
Y qué menos con semejante milagro de la vida en sus narices…
—Yo… yo… yo…— sin saber que decir, pensó que lo mejor que podía hacer para acabar con su humillación era largarse allí lo antes posible. A lo mejor, si no lo veía en tres años, él olvidaría lo ocurrido y ella… en fin, ella podría expiar un poco sus pecados por la cantidad de pensamientos impuros que estaba teniendo.
Decidida, se dio la vuelta, pero antes de que pudiera dar un paso, la mano de él estaba sujetándole el brazo.
—Espera, Kagome.
No, ¡no esperes! ¡No seas tonta! ¡No caigas!
Oyó una risa baja -¿se estaba riendo? ¿De ella?- y entones sintió un tirón. Un segundo después, la puerta del baño se estaba cerrando con los dos en el interior.
Repito: InuYasha. Kagome. En el baño. Solo. Juntos.
¿Había que explicar más?
—¡InuYasha, ¿qué estás haci…?!
—Sshh, baja la voz. ¿Quieres que nos pillen o qué?
¿Pillarnos haciendo qué?
¡¿Haciendo qué?!
—Pero… pero…— caminó hacia atrás, deseando poner la mayor distancia entre ellos, hasta que su espalda chocó con la pared, mientras sentía el corazón a punto de salírsele del pecho.
No le mires el pecho, no le mires, Kagome, sé fuerte. ¡No mires!
—¿Estás bien?
Kagome alzó la cabeza súbitamente y se encontró con que InuYasha estaba mirándola con un tinte de preocupación.
—¿Q-qué?
—Estás roja, muy roja. ¿Tienes fiebre?
¿De verdad le estaba preguntando eso?
—¡Pero serás…!— siseó, aunque se calló a mitad de la frase. Tragó saliva y desvió su atención al suelo— ¿Qué pasa? ¿Qué quieres? ¿Por qué me has empujado para que entrara contigo?
Lo escuchó dar un paso acercándose. Y después otro.
Automáticamente volvió a mirarlo, medio asustada, medio impaciente.
—¡Quédate ahí! — masculló entre dientes, aunque su cabeza gritaba: ¡ven! ¡ven! ¡ven!
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Me tienes miedo acaso? — inquirió un poco burlón, pero haciéndole caso.
Miedo no es preciosamente el sentimiento, pero… no iba muy desencaminado. Aunque no era miedo porque le hiciera algo… malo, precisamente. Agh, ¿se entendía? Porque ni ella misma lo hacía.
Kagome apretó los dientes para evitar responder.
InuYasha rio, ronco y suave, y todos los vellos de la muchacha se le pusieron de punta, sobre todo cuando por el rabillo del ojo lo vio frotarse el lateral del cuello.
Quién fuera esa bendita mano.
Quién pudiera tocar ahí, y más abajo, solo un poco más abajo, para ver si ese pecho se sentía tan duro como se veía.
Quién…
¡Aleja esos pensamientos! ¡Aléjate tú! ¡Corre!
Pero aunque su mente decía una cosa, su cuerpo actuaba de otra manera, y Kagome se quedó allí plantada, sin moverse, viendo como él acortaba la distancia que les separaba con mucha lentitud hasta quedarse unos centímetros de ella.
La respiración de Kagome se detuvo, alzando la cabeza para ver sus ojos, porque la otra opción… ese pecho…
Oh-dios-mío.
Oh-díos-mío.
Sus rostros habían quedado a un par unos veinte centímetros de distancia pero Kagome sentía su mirada por todo su cuerpo.
Y una vez más -sí, otra- su cuerpo te traicionó cuando sus ojos, involuntariamente, se quedaron anclados en los labios de él. Esos apetitosos labios que parecían estar llamándola… y que se estaban moviendo.
Le estaba diciendo algo.
—Quiero pedirte un favor.
Un segundo, dos.
—¿Ah?
InuYasha sonrió y su mirada se iluminó por la diversión.
—Necesito que me hagas un favor.
—¿Qu-qué… qué favor?
Por favor, por favor, dime que quieres comprobar que no te has convertido en humo y necesitas que alguien te toque. O que te estás ahogando y necesitas que te hagan un boca-a-boca. ¡Por favor!
—Esto.
Kagome necesito un par de segundos para asimilar que InuYasha estaba mostrándole algo con una de sus manos. Con muchísimo esfuerzo, consiguió apartar la mirada de él y la desvió al objeto en cuestión: era un bote de crema.
—¿Puedes echármela en la espalda?
Puedo echarte el bote entero y en todo el cuerpo si hace falta.
InuYasha se rio por lo bajo, aunque dio un paso hacia delante para acortar aún más la distancia. Sus labios estaban a un suspiro y Kagome podía oler perfectamente la loción que usaba para ducharse en él. Ahogó un gemido.
—En realidad, es un poco. Lo justo para que me abarque la espalda que es lo que tengo jodido.
Espera… ¿qué? ¡¿Lo había dicho en voz alta?!
¡MIERDA!
—Eh… yo… s-sí, cl-claro— iba a explotarle la cabeza de tanto acumulársele la sangre.
Otro silencio. La sonrisa de InuYasha creció.
—¿Y bien?
—Eh, ¡ah! ¡Sí! — exclamó, sobresaltándose y prácticamente arrancándole el objeto, pasó por su lateral y se colocó detrás de él.
Oh-dios-mío, su espalda…
Y ella iba a tocarla.
¿Es que en su antigua vida había sido un dictador o qué? ¿Estaba soñando? ¿Despertaría antes de poder tocarlo?
Mientras se echaba el potingue en la palma de la mano, creyó leer algo de "tensión muscular" en el bote de crema. Su ceño se frunció.
—¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? — preguntó, extendiendo lentamente la mano hasta que tocó su piel.
Era cálida. Y suave.
Y deseaba perderse en ella para toda la vida.
—Nah— respondió él tranquilo, mientras ella iba esparciéndola con movimientos circulares—Un pequeño dolor en la espalda por haber cogido una caja pesada con una mala postura. No es la primera vez que me pasa.
Así que lo había estado haciendo antes era intentar echarse él solo la crema. Él no estaba… mmm… eso.
Bueno… debería alegrarse por eso… ¿verdad?
¿Pero a mí que me importa?
—Oh— murmuró.
En silencio, hizo lo pedido, maravillándose por lo bien que se sentía tocarlo. Y nunca reconocería que se quedó más tiempo del que normalmente tomaría, pero como InuYasha no dijo nada por ello, ni loca se quejaría ella.
Pero al final, con todo el dolor de su corazón -y otras partes de su cuerpo- dio un paso hacia atrás y alejó la mano.
—Ya está. S-si no ne-necesitas más, me voy a do-dormir, que estoy can-cansada.
—Espera, Kagome.
—¿Qué?
No me digas nada, o si no, no podré contenerme. Déjame irme, por favor, déjame.
Escuchó a InuYasha darse la vuelta, pues había cerrado los ojos para reunir la suficiente fuerza de voluntad para permanecer estoica, y después sintió un roce en el mentón. Suave, cálido. Se dejó llevar y alzó la cabeza.
—Buenas noches, hermanita— susurró con voz grave— Y gracias.
Algo tocó su mejilla, demasiado cerca de donde estaba sus labios, pero sin llegar a rozarlos.
¿Le había dado un beso?
El corazón de Kagome se detuvo.
OH-DIOS-MIO.
Instantes después, Kagome se encontraba a solas en el baño con el cuerpo ardiéndole, el corazón a mil y la mente revolucionada.
¿Dormir?
Ja, antes necesitaba una ducha muy fría para templarse y tranquilizar sus nervios.
Pobre Kagome xD Ella quiere, pero es que no le dejan mantenerse al margen. Y más con una mente tan sucia como la suya. Menos mal que mis queridas lectoras no tienen ese problema y no han pasado la calor que la pobre Kagome ha tenido que aguantar... ¿verdad? *sonríe inocente*
¡Muchísimas gracias a todos los que seguís leyendo esta locura mía, sobre todo aquellos que se toman su tiempo para dejarme un hermoso review! Quiero hacer una mención especial a Beu R y dedicarte especialmente este capítulo porque has sido la única que te has dado cuenta (o me has comentado, en todo caso) de lo que escondía el capítulo 7. Y también porque me ha hecho gracia/ilusión lo que me has dicho sobre tu novio. Espero que no sea mucha tortura para él (? JAJAJAJA
Con respecto a las actualizaciones, la mayoría de las votaciones han ido para la opción dos, así que a partir de ahora las actualizaciones serán los lunes (para empezar con ganas la semana) y los viernes/sábado, depende del tiempo que tenga. ¿Os parece bien?
¡Nos vemos el viernes!
PD: y porque sé que será pesado que haya tanta separación entre los capítulos, aquí os dejo un pequeño adelanto del siguiente capítulo, cuya temática es Comb the hair (peinar el pelo):
«—¿Qué es?
—Ábrelo y verás.
InuYasha lo hizo, y se quedó a cuadros cuando sacó una entrada para un concierto… de música sinfónica…
Se quedó mirándola como un pasmarote.
—Me lo dijiste, ¿no? — inquirió un poco a la defensiva por el incesante escrutinio de los orbes dorados— Pues ahí está. Espero que no tengas que trabajar, si no, bueno…— bajó ligeramente la mirada— será para la próxima.»
