Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
―Hablé con mi mamá.
Edward gira la cabeza para mirarme, con los ojos muy abiertos, sorprendido.
Estamos acurrucados en su cama, yo recostada en su costado ileso, su brazo alrededor de mí. No hemos dicho mucho desde su revelación. Es mejor aclarar las cosas y poner nuestras cartas sobre la mesa antes de intercambiar "te amo" correctamente.
Echo la cabeza hacia atrás para mirarlo mejor y me encojo de hombros.
»Tenías razón ―le digo―, necesitaba escucharla, por mí.
―Yo también me equivoqué ―añade, respirando hondo antes de continuar―. No debería haber volcado todo mi dolor en ti. Eso no fue justo. No se trataba de mí.
Sonriendo suavemente, froto mi pulgar contra su pecho, mirando mi mano que descansa allí.
―Sin embargo, lo entiendo. Entiendo por qué lo hiciste.
―Déjame adivinar... Esme te lo contó.
Haciendo una mueca, asiento. Pero no está enojado, me agarra con más fuerza, diciéndome en silencio que está bien.
―No hace que lo que hice esté bien ―susurra―. Llevó a esto. Lección aprendida.
―¿Sí? ―cuestiono, levantando mis cejas.
Él asiente, sus ojos recorriendo mi rostro.
―He aprendido mucho recientemente. Me has enseñado mucho.
―Tú también me has enseñado mucho ―confieso en voz baja.
Mordiéndome el labio, levanto la parte superior de mi cuerpo, usando mi codo para sostenerme, así puedo mirarlo.
»¿Crees que podemos seguir haciéndolo?
Su rostro se arruga con confusión, mirando mis piernas, pensando mucho. No tengo ninguna duda de que no tiene idea de a dónde voy con esto, así que decido rápidamente sacarlo de su miseria.
»No podemos seguir haciendo esto ―indico, maldiciendo la forma en que mi garganta se aprieta y mi voz ronca, a punto de romperse―, no es saludable, lo entiendo ahora.
Su expresión es ilegible; no me mira, su ritmo cardíaco se acelera, su cuerpo rígido. En pánico.
»Quiero estar contigo, Edward. ―Sus ojos parpadean para encontrarse con los míos brevemente, pero no puede sostener mi mirada―. Sin embargo, no podemos seguir corriendo en círculos, haciéndonos daño y negándonos a comunicarnos. Nos destruiremos.
Abre la boca e inhala profundamente, sus ojos reflejan el dolor y la incertidumbre que siente. Necesito sincerarme y dejarle el resto a él.
»Estar contigo es una serie de altibajos extremos y paralizantes ―continúo, mi voz tan tranquila y tan agonizante que no estoy segura de que pueda oír―. Necesitamos encontrar un término medio, consistencia. Necesitamos ayudarnos y dejar de huir cuando pensamos que es demasiado.
―Lo siento ―susurra, tan roto. Niego con la cabeza y me inclino para acunar su rostro, instando a sus ojos a que se encuentren con los míos.
―Deja de disculparte. ―Sonrío suavemente―. Tal vez necesitábamos esto. Tal vez este es el punto de quiebre que necesitamos.
―No podemos terminar ―se ahoga, con los ojos llorosos―, te amo. No sé qué haré sin ti. ―Sus ojos me suplican, me imploran―. Nunca he amado a nadie en mi vida, no desde... Emma, y eso es diferente. No sé qué hacer, no puedo... te necesito…
―No voy a ir a ninguna parte ―le aseguro, cortando su ansiosa divagación antes de que se exalte. Sus ojos se encuentran con los míos y puedo ver que no me cree―. No si prometes conseguir ayuda. Ambos la necesitamos. Yo también conseguiré ayuda. ―Respiro hondo y bajo la cabeza hasta que mi frente descansa contra la suya―. Quiero que seamos un equipo. Que trabajemos juntos. Que nos curemos juntos.
Nos quedamos en silencio durante mucho tiempo, no aparto la mirada de su rostro, sus ojos recorren la habitación, su ceño fruncido mientras piensa. No quito mi frente de la suya, ni mi mano de su mejilla, manteniéndolo conmigo, manteniéndolo cerca.
Traga ruidosamente, sus ojos se encuentran con los míos.
Cuando asiente, no puedo contener mi sonrisa.
―Está bien ―gruñe, aclarándose la garganta―. Está bien.
―¿Sí?
De nuevo, asiente, luciendo preocupado pero decidido.
―Yo... conseguiré ayuda ―promete―, haré cualquier cosa para mantenerte en mi vida.
―¿Porque me amas? ―pregunto, sonriendo. Él resopla y pone los ojos en blanco, pero asiente―. Bien ―me río―, porque… yo también te amo.
Su cabeza cae hacia atrás sobre el cojín, con los ojos muy abiertos, incrédulo.
Inclinándome hacia adelante, lo beso suavemente, nuestros labios rozándose, nuestra respiración silenciosa.
―Te amo ―le digo, con más fuerza esta vez.
Sus labios están de vuelta en los míos antes de que pueda respirar, ambos sonriendo.
