Capítulo 4

Cevdet se despertó de golpe. Se sintió inquieto, ansioso, hacía mucho tiempo que no le sucedía…

Se sentó en la cama y luego de intentar calmarse y recordar algo de lo que soñaba, decidió levantarse por un vaso de agua…

Se puso una bata sobre el pijama y se dirigió a la escalera. Cuando estaba por comenzar a bajar, observó que la luz del estudio estaba encendida. Se rascó la cabeza, ¿acaso se había olvidado de apagarla?

Caminó sin hacer ruido, consciente de que Azize dormía en el cuarto de al lado y cuando llegó, sonrió sorprendido al verla sentada tras su escritorio, con las fotos y una carta en la mano, inclinada hacia atrás, totalmente dormida.

Se acercó despacio, observándola y pensando qué podría hacer. No pudo evitar el debate interno, por un lado, quería seguir contemplándola, ella tenía un magnetismo muy singular para él, pero por el otro, no podía dejarla allí, durmiendo incómoda… ¿y si la despertaba?

Seguramente la incomodaría… y él no quería eso. No quería que ella huyera, pensando… quién sabe qué cosa…

Decidió llevarla hasta su cama, para que pudiera seguir durmiendo.

Se inclinó, le sacó las cosas que tenía en su mano y ella se movió apenas. Él esperó un momento y luego la tomó entre sus brazos y la levantó despacio.

Azize protestó y acomodó sus brazos alrededor de su cuello, su cara sobre su hombro y Cevdet entrecerró los ojos mientras recobraba el equilibrio para comenzar a caminar.

La llevó hasta su habitación y se agachó lentamente para acomodarla. Ella, que aún lo sostenía del cuello, suspiró suavemente y cuando él la soltaba, para cubrirla con una manta, abrió los ojos.

Se quedó mirándolo sin comprender. Era como si siguiera adormilada y no tomara conciencia.

Él se perdió en sus ojos y sonrió apenas. Ella, lo soltó luego de unos segundos y miró sus labios. Luego humedeció los suyos…

-Cevdet…- le dijo en voz baja.

-Planeaba que no te despertaras…- dijo y luego se arrepintió por la familiaridad en el trato, cuando ella se sonrojó.

-Lo siento- dijo solamente ella y lo soltó despacio.

-Estabas… - comenzó y se dio cuenta de que ya no podría volver a atrás y tratarla con mayor distancia porque simplemente no quería- te quedaste dormida y pensé en traerte para que estuvieras más cómoda…

-Te…- dijo y aclaró la garganta, tampoco era una locura que ella lo tratara con más cercanía- te lo agradezco… no me di cuenta…

-¿No podías dormir?

-No pude hacerlo… pensé en mirar un poco las fotos y las cartas… para ver si el cansancio me ganaba… y así fue…- dijo y lanzó una risita nerviosa.

-Descansa…- dijo él con una sonrisa y cuando giraba para irse, ella le habló.

-Cevdet…

-Dime…- dijo girando para mirarla.

-¿Tú tampoco puedes dormir? - le preguntó y él miró hacia arriba, pensando un poco la respuesta.

-Me dormí en seguida… pero tuve un sueño rato y me desperté…

-¿Un sueño raro? - preguntó ella.

-No importa… pero bajaba a buscar un vaso de agua y entonces vi la luz encendida…

-Lo siento…

-No lo sientas… te dejo descansar…

-Espera…- dijo ella y se levantó. Él se quedó mirándola, llevaba puesto un pijama de seda color marfil y estaba descalza- te prepararé algo que te permitirá descansar mejor…- le dijo y él alzó las cejas, sin comprender.

-¿No tienes frío?

-Me abrigaré un poco…- dijo mientras se calzaba y buscaba una bata.


Bajaron las escaleras y fueron a la cocina.

-Siéntate…

-Me haces sentir como un inútil… yo puedo prepararme algo…

-¿Por qué no te quedas tranquilo? Siéntate…- dijo buscando los ingredientes para preparar lo que quería.

Cevdet la observó moverse con naturalidad por la cocina. Ella calentó un poco de leche, y cuando la servía en un vaso, él habló…

-Lo siento, pero no tomaré leche… no me gusta mucho…- dijo y ella sonrió.

-Espera un poco… ya verás…- dijo y él se quedó mirándola, creyendo que podría probar cualquier cosa que ella le diera…

Sacudió la cabeza ¿qué es lo que le ocurría?

Azize añadió un poco de miel y coñac y se inclinó para aspirar el aroma…

-Prueba…- dijo y le extendió el vaso con una sonrisa.

-Mmmm…- dijo él poco convencido.

-Te gustará… confía en mí…- dijo ella e inclinó la cabeza, para que él terminara de convencerse.

Casi lanza una carcajada divertida cuando él cerró los ojos y arrugó la nariz, antes de probar…

Él dio un par de tragos y alzó las cejas…

-El coñac le da un sabor distinto… sabe como a un licor… pero caliente… y muy dulce…

-Exacto…- dijo ella.

-Eres toda una revelación, Azize…- dijo él sonriente.

-Me alegra… hacía mucho tiempo que nadie sentía que yo podía serle útil…

-Has tenido mala suerte de no encontrarte con alguien que sepa valorarte…

-¿Tú lo haces? - le preguntó con una sonrisa.

-Así es… me alegra poder hacerlo, sobre todo si a ti te sirve… se que es un poco tarde para preguntar esto, pero ¿te molesta que te trate con menos distancia?

-No… no realmente… yo… suelo ser muy respetuosa, pero creo que, si vamos a trabajar juntos un tiempo, debemos relajarnos un poco y dejar que esta especie de sociedad fluya… y para sentirse relajado, las distancias deben acortarse… ¿qué hay de ti? Me dijiste que no querías que te llamara coronel… pero…

-Solo Cevdet… así está bien…- dijo él y sintió que su corazón se aceleraba cuando ella levantó su mano y tocó su barba, limpiando la espuma que había quedado allí.

-Tenías manchado…- dijo y él se perdió en sus ojos.

-Gracias…- dijo y ella esquivó su mirada, algo incómoda por el impulso.

-Nunca imaginé que tendría este sabor…- le dijo mientras tomaba, cambiando de tema y ella sonrió.

-¿Has visto? - le preguntó y él asintió- eso te ayudará a conciliar el sueño… vamos para arriba y así puedes acostarte… y yo también…- dijo y bostezó.


Subieron las escaleras uno al lado del otro y cuando llegaron arriba, él la acompañó hasta la puerta de su habitación y ella giró para mirarlo antes de entrar…

-Espero que puedas descansar…- le dijo y él asintió.

-Tú también…- le contestó con una sonrisa- gracias por el vaso de leche que nunca creí que apreciaría…

-Hasta mañana…

-Hasta dentro de un rato…- la corrigió él y ella sonrió- descansa, no hace falta levantarse tan temprano…

-Si te parece bien, bajaré a las 8…

-Perfecto… buenas noches…- dijo él que quería quedarse allí toda la vida.

-Buenas noches…- dijo ella y cerró la puerta.

Se apoyó en la puerta una vez que la cerró y sintió su corazón latiendo acelerado. De pronto recordó el abrazo que, de manera impulsiva le había dado la noche anterior, la sensación de sus brazos rodeándola, su respiración algo entrecortada, lo había sorprendido…

Se preguntó si era una locura sentir todo lo que su piel, su mente y su corazón sentían en ese momento…

Una sonrisa se dibujó en sus labios. Pensó en enviar un mensaje a su jefe para agradecerle haber tomado la mejor decisión en años…


Bueno, esto sigue pronto! Gracias por seguir leyendo! Nos vemos en el próximo!