Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Una luna sin miel" de Christina Lauren, yo solo busco entretener y que más personas conozcan este libro.
Capítulo 16
Estoy llegando a mi auto cuando escucho la voz de Edward que llega desde la otra punta del estacionamiento.
Me giro y lo veo acercarse con cuidado entre el lodo y el hielo hasta que llega hacia mí. No se puso el abrigo para perseguirme y tiembla de frío.
—¿Estás segura de que estás bien?
—La verdad que no, pero lo estaré —pienso en voz alta.
—¿Quieres que te acompañe?
—No. —Hago una mueca para que entienda que no quise ser tan tajante. Me esfuerzo por hacer a un lado mi enojo. Respiro y, aunque sigo temblando, sonrío; no tiene la culpa.
Necesito hablar con Nya. Necesito pensar y encontrarle algún sentido a que Dane se haya atrevido a decirme algo como eso justo en el momento en que su hermano se alejó. Necesito resolver de qué carajo voy a trabajar. De inmediato.
—Creo que prefiero ir a casa y entrar en pánico en soledad — digo mientras rasco la punta de mi bota contra el hielo.
—De acuerdo. Pero si necesitas compañía, escríbeme. —Edward gira la cabeza y analiza mi rostro.
—Lo haré. —Me muerdo los labios para aguantar el impulso de pedirle que venga conmigo y me contenga. Sé que eso no ayudará en nada—. No seré buena compañía esta noche, pero igualmente me resulta raro pensar en dormir sola en mi propia cama. Me arruinaste.
Le gusta lo que escucha. Avanza y se inclina para darme un beso profundo y cálido, un oasis pequeño y dulce entre tanto desconcierto. Cuando se aleja, acaricia mi frente. Es tan amoroso.
Comienza a nevar y los copos aterrizan en sus hombros, sus manos, la punta de sus pestañas.
—Te fuiste de golpe —comenta, y no me sorprende que insista. Me estoy comportando como una maniática—. ¿Qué sucedió mientras estaba en el baño?
Respiro hondo y lo dejo salir de a poco:
—Dane hizo un comentario bastante de mierda.
—¿Qué dijo? —Edward se aleja apenas en un gesto tan sutil que creo que ni sabe que lo hizo.
—¿Por qué no lo hablamos en otro momento? —pregunto—. Te estás congelando.
—No puedes decir algo así y luego pedirme que la deje pasar. —Toma mi mano, pero no entrelaza sus dedos—. ¿Qué sucedió?
Meto el mentón en el cuello de mi abrigo y deseo poder desaparecer, como si fuera una manta de teletransportación.
—Se me insinuó.
Una ráfaga de viento lo despeina, pero me está mirando tan fijamente que ni siquiera se estremece por el frío.
—¿A qué te refieres? Como… —Frunce el ceño—. ¿Te tocó?
—No. —Muevo la cabeza—. Sugirió que podríamos intercambiar parejas solo por diversión. —Quiero reírme, escucharme decirlo en voz alta suena ridículo. ¿Quién hace algo así? ¿Quién se le insinúa a la novia de su hermano, que también es la hermana de su esposa? Edward no dice nada, entonces repito más despacio—. Me sugirió que podríamos pasarla bien juntos, Edward.
Un momento de silencio.
Dos.
—"Pasarla bien juntos" no necesariamente significa intercambiar parejas. —Su expresión se vuelve burlona.
Cálmate, Isabella. Lo miro fijo y cuento hasta diez.
—Sí, es justo lo que significa.
Vuelve a endurecerse y siento en su voz que se pone a la defensiva.
—Estamos de acuerdo en que su sentido del humor no siempre es el más apropiado, pero Dane nunca…
—Entiendo que te resulte desconcertante en muchos niveles, pero sé cuándo alguien se me está tirando.
—Sé que Dane a veces es inmaduro y un poco egocéntrico, pero nunca haría algo así. —Se aleja, notoriamente frustrado. Conmigo.
—Tampoco le mentiría a Nya por solo Dios sabe cuánto tiempo mientras se revolcaba con quien se le antojaba, ¿no?
—Creí que habíamos acordado que no sabemos cuál es la situación. Es posible que Nya ya lo sepa. —Incluso con esta luz tenue, puedo ver que el rostro de Edward se ha enrojecido.
—¿Le preguntaste a tu hermano?
—¿Por qué haría eso? —dice y agita las manos como si lo que estuviera sugiriendo no solo fuese innecesario, sino absurdo—. Isabella. Habíamos decidido que íbamos a olvidarlo.
—¡Eso fue antes de que se me insinuara mientras estabas en el baño! —Me quedo mirándolo, deseo que reaccione de algún modo, pero se cierra por completo, no puedo descifrar su expresión—. ¿Nunca consideraste que tal vez lo pusiste en una especie de pedestal (que, por mi parte, no puedo comprender) y eres incapaz de ver que es una completa basura?
Edward se estremece y ahora me siento mal. Dane es su hermano.
Mi instinto me dice que me disculpe, pero las palabras se atascan en mi garganta, trabadas por el enorme alivio que siento de poder por fin decir lo que pienso.
—¿Nunca consideraste que estás viendo lo que quieres ver?
—¿Qué significa eso? —Me enderezo—. ¿Que quiero que Dane se me tire?
Tiembla, y no estoy segura de si es por el frío o por la furia, y responde:
—Significa que estás molesta por haberte quedado sin trabajo, que estás acostumbrada a amargarte por todo lo que tiene Nya y tú no, y no puedes ser objetiva con nada que tenga que ver con eso.
Se siente justo como un puñetazo en el estómago e, instintivamente, me alejo. Sus hombros caen de inmediato.
Llamas. En el costado de mi rostro…
—Mierda. No quería…
—Sí, querías. —Doy la vuelta y sigo caminando hacia mi auto.
Sus pasos me siguen por el asfalto lleno de sal.
—Isabella, espera. Vamos. No huyas. —Tomo las llaves y abro la puerta con tanta fuerza que las bisagras chillan—. ¡Isabella! Solo…
Cierro la puerta de un golpe y, con las manos temblorosas y los dedos entumecidos, logro embocar la llave y poner el auto en marcha. El ruido del motor peleando por encender tapa sus palabras.
Finalmente logra arrancar y avanzo en reversa. Camina a mi lado con la mano en el techo del auto buscando llamar mi atención. Hace tanto frío que puedo ver mi respiración, pero no siento nada. Mis oídos están ensordecidos.
Me mira alejarme y lo veo achicarse en el espejo retrovisor.
Nunca estuvimos tan lejos de ese amanecer en Maui.
El camino a casa es difuso. Alterno entre estar enojada conmigo por todo esto, atemorizada por mi situación económica, furiosa con Dane, triste y decepcionada con Edward y destrozada por Nya. No alcanza con la esperanza de que Dane haya dado vuelta la página luego del casamiento: es un mal tipo y mi hermana no tiene ni idea.
Intento no ser dramática ni analizar de más lo que dijo Edward.
Intento darle el beneficio de la duda y pensar en cómo me sentiría si alguien acusara así a Nya. Ni siquiera tengo que pensarlo: haría cualquier cosa por mi hermana. Y ahí me doy cuenta. Recuerdo la sonrisa de Dane en el aeropuerto y mi sorpresa de hoy cuando se me insinuó con su hermano a solo unos metros. La seguridad de Dane en ambos casos no tiene que ver conmigo ni con mi capacidad para guardar secretos, sino con Edward y su incapacidad de creer que su hermano podría hacer algo malo. Edward lo defendería hasta la muerte.
Considero ir a la casa de Nya, pero si es verdad que iba a encontrarse con nosotros en el bar, no estará allí. Y luego de eso, volverán juntos. Definitivamente no quiero estar allí cuando Dane regrese.
No creí que fuera posible, pero mi ánimo se desmorona todavía más cuando llego al estacionamiento. No solo está el auto de mi mamá (ocupando mi lugar), sino también el de Alec y Astoria, lo que significa que también está mi tía Mione. Obvio.
Dejo el auto en la otra punta del complejo, arrastro los pies por el asfalto y subo las escaleras hasta mi apartamento. Ya puedo escuchar la inconfundible risa de mi tía. Mi madre y ella son las más cercanas en edad, pero no podrían ser más diferentes: mamá es elegante y quisquillosa; Mione es relajada y se ríe todo el tiempo. Y, mientras que mamá solo nos tiene a mí y a Nya (parece que un par de gemelas fue más que suficiente para ella), su hermana tiene siete hijos meticulosamente separados por dieciocho meses. Tardé muchos años en darme cuenta de que no todos tenían diecinueve primos hermanos.
Aunque mi núcleo familiar es relativamente pequeño si se compara con el resto de los Swan y los Black, un extraño nunca hubiese adivinado que en la casa en la que crecí vivían solo cuatro personas porque en todo momento había al menos dos más. Los cumpleaños eran eventos multitudinarios, a la cena de los domingos se sentaban treinta comensales estables y nunca pudimos estar tristes en soledad. Parece que nada cambió.
—Estoy segura de que es lesbiana —dice la tía Mione mientras empujo la puerta. Me mira y señala a Tori—. Dile, Bella.
Me desenrollo la bufanda del cuello y sacudo la nieve de las botas. Luego de la penosa caminata por el estacionamiento, mi paciencia está debilitada.
—¿De quién hablamos?
—Ginny. —La tía está parada en la cocina picando tomates sobre la encimera.
Ginny, la hija más chica del hermano más grande de mamá y Mione, el tío Arthur.
—No es lesbiana —digo—. Sale con ese chico… ¿cómo se llama?
—Boston —completa Tori.
—Cierto. Dios, qué nombre tan horroroso —comento.
—Es el nombre que le pones a un perro —concuerda Tori—, no a un hijo.
Me deshago del abrigo y lo revoleo en el respaldo del sillón.
Inmediatamente mamá se aleja de la masa que está estirando y atraviesa la habitación para colgarlo donde va. Se detiene frente a mí y corre el cabello de mi frente.
—Te ves terrible, mija. —Me gira la cabeza hacia un lado y hacia el otro—. Come algo. —Me besa la mejilla y vuelve a la cocina.
La sigo y sonrío agradecida cuando Tori apoya una taza de té frente a mí. Por más que me queje de que mi familia siempre se esté metiendo en todo… debo reconocer que tenerlos aquí se siente bastante bien. Pero también significa que debo decirle a mamá que me despidieron.
—Un corte de cabello no vuelve a alguien homosexual, mamá—argumenta Tori y Mione la mira incrédula.
—¿La has visto? —le responde—. Lo lleva rapado a los costados y azul arriba. Se lo hizo luego de… —baja la voz a un susurro— la boda.
Mamá y la tía se hacen la señal de la cruz al mismo tiempo.
—¿Qué es lo que te preocupa de que sea lesbiana? —Tori gira hacia mi sillón, donde Diego está tirado mirando televisión—. Alec es gay y no te molesta.
Se da vuelta cuando escucha su nombre.
—Alec es gay desde el útero —dice la tía Mione y se gira hacia él—. Tenía revistas Vogue debajo de su cama en lugar de pornografía.
—Ya nadie tiene revistas pornográficas, mamá —dice Tori, pero Mione la ignora.
—No me preocupa que sea lesbiana, solo creo que deberíamos saber, para poder presentarle alguna chica.
—¡No es lesbiana! —exclama Alec.
—¿Entonces por qué tenía un consolador en su mesa de noche? —nos pregunta la tía Mione a todos.
—Aquí vamos de nuevo —masculla Alec mientras aplasta la cabeza contra una almohada.
—Tiene treinta y tres años, ¿qué hacían husmeando en su mesa de noche? —Tori mira fijamente a su madre. Tía Mione se encoge de hombros como si ese dato fuera irrelevante para el curso de la historia.
—Estaba ordenando. Era púrpura, enorme y tenía una pequeña… cosita de un lado. —Mueve un dedo para demostrar a qué se refiere.
Tori se lleva una mano a la boca para contener la carcajada y yo bebo un sorbo de té. Sabe a tristeza y agua caliente.
—¿Qué tiene que ver eso con que sea lesbiana? —Mamá deja de picar y apoya el cuchillo.
—Que las lesbianas usan esos cinturones… —La tía Mione mira a mamá y parpadea.
—Basta, mamá —dice Tori—. Muchas personas tienen vibradores. Sin ir más lejos, yo tengo una caja llena. Y ni te cuento la colección que tiene Bella. —Hace un gesto con la cabeza en mi dirección.
—Gracias, Tori.
—Parece una decisión inteligente ser lesbiana en esta época. Los hombres son lo peor. —Mamá toma su copa y bebe un largo trago de vino. No está completamente equivocada.
—Y bien, ¿por qué están cocinando en mi apartamento? — pregunto e inclino la cadera contra la encimera—. ¿Y cuándo se van?
—Tu papá tenía que ir a buscar algunas cosas a la casa — explica Tori mientras apaga la estufa y corre la cacerola. Esa es la única respuesta y, en esta familia, eso es suficiente: papá no suele ir a la casa (vive solo en un condominio cerca de Lake Harriet), pero cuando va, mi mamá evacúa el perímetro de inmediato. Las pocas veces que logró juntar el coraje para quedarse, no pudo resistirse a hacerle pequeñas maldades: una vez usó su colección de discos de vinilo como manteles individuales y posavasos; otra vez, cuando pasó antes de un viaje de trabajo de una semana, escondió una trucha debajo del asiento de su auto que no pudo encontrar hasta la vuelta, era verano.
—Ojalá hubiera nacido lesbiana —comenta mamá.
—No me hubieses tenido —me quejo.
—No hay problema —dice mientras golpea mi mejilla.
Miro a Tori sobre la taza y contengo la carcajada que crece dentro de mí. No quiero que se escape porque podría convertirse en un cacareo histérico que terminaría en un llanto incontenible.
—¿Y a ti qué te sucede? —me pregunta la tía, y me toma un momento darme cuenta de que me habla a mí.
—Su nuevo novio la debe haber dejado agotada —canta Tori mientras hace un bailecito sexy frente al horno—. Me extraña que no haya venido contigo. Entramos porque no vimos su auto. No queríamos verlos en plena acción.
Todos enloquecen por mi relación con Edward…
¡Al fin! ¡Se te estaba por pasar el tren!
¡Son perfectos el uno para el otro! ¡Es muy gracioso que se odiaran!
¿Un par de gemelas con un par de hermanos? ¿Es legal?
… hasta que puedo traerlos de nuevo a la tierra. Alec viene a la cocina y se quema por robar algo de una sartén.
—No estoy segura de que sigamos juntos —advierto—. Puede que sí, pero acabamos de pelearnos. No lo sé con certeza.
Todos se quedan boquiabiertos y una pequeña parte disociada de mí se quiere reír. Parece que Edward y yo hubiéramos estado juntos por años. Mi familia se encariña demasiado rápido. Pero la verdad es que yo también.
No puedo ni pensar en que lo nuestro haya terminado porque me atraviesa un dolor punzante.
Y, guau, el ánimo cambió. Pienso por tres segundos si me conviene o no decirles que también me despidieron, pero sé que tengo que hacerlo. Si Dane le dice a Nya y ella habla con alguno de mis primos y mi mamá se entera de que me despidieron y no se lo dije, llamará a todos sus hermanos y, antes de que pueda reaccionar, tendré cuarenta mensajes de mis tíos y tías exigiendo que llame a mi madre de inmediato. Enfrentarme a la situación ahora será terrible, pero mucho mejor que la alternativa.
—Además —digo con una mueca—, me despidieron del trabajo.
El silencio nos invade. Despacio, muy despacio, mamá baja la copa y Mione la intercepta.
—¿Te despidieron? —pregunta mamá. El alivio se apodera de su rostro mientras agrega—. Te refieres a Butake.
—No, mami, me refiero al trabajo que empecé hoy.
Todos suspiran. Alec avanza y me envuelve en sus brazos.
—No —murmura—. ¿En serio?
—En serio —asiento.
La tía Mione toma mi mano y mira a mamá y a Tori con los ojos bien abiertos. Su expresión grita: Me estoy esforzando mucho para no llamar a toda la familia en este mismo momento.
Pero mi madre sigue muy concentrada en mí; su gesto de mamá osa me dice que está lista para la batalla.
—¿Quién se atrevió a despedir a mi hija en su primer día de trabajo?
—El dueño de la compañía, de hecho.
Y, antes de que pueda comenzar su sermón sobre la injusticia, les explico lo que sucedió. Se sienta en un taburete y sacude la cabeza.
—No es justo. Estabas en una encrucijada.
—A mí me parece muy justo. Me gané unas vacaciones gratis. No tenía por qué mentir. Pero me atraparon. Así es mi suerte.
Tori rodea la encimera para abrazarme y tengo que hacer un gran esfuerzo para no llorar. Lo último que quiero es preocupar a mamá porque (aunque todavía no lo sepa) tendrá que guardar todo su amor maternal para Nya.
—Llama a tu padre —dice mamá— y pídele dinero.
—Mami, no voy a pedirle dinero a papá.
Pero mamá ya está mirando a Tori, quien toma el teléfono y comienza a escribir un mensaje de mi parte.
—Déjame hablar con David —interviene la tía María. Ron es el hijo mayor del tío Arthur y la tía Molly, dueño de un par de restaurantes famosos en Twin Cities—. Apuesto a que tiene algún puesto para ti.
Tener una familia enorme viene con algunos beneficios: nunca estás solo para resolver los problemas. No me importa si tengo que lavar platos, la posibilidad de conseguir trabajo es un alivio tan grande que me derrito.
—Gracias, tía.
—Bella tiene un doctorado en Biología. ¿Quieres que sea camarera? —Mamá mira mal a su hermana.
—¿Vas a evaluar un trabajo desde tu pedestal? —La tía Mione levanta las manos—. ¿De dónde sacará dinero para pagar la renta?
—Nadie en esta familia es demasiado bueno para un trabajo que nos permita pagar las cuentas. —Me paro entre ellas y las beso en la mejilla, primero a Mione y luego a mamá—. Valoro cualquier ayuda.
De cualquier modo, luego de Butake me postulé a todos los puestos para los que estaba formada, y solo quedé en Hamilton. En este momento estoy tan agotada que no puedo ponerme selectiva.
—Dile a Ron que lo llamaré mañana, ¿de acuerdo?
A esta altura del día, mi batería está a punto de agotarse. Con al menos un problema encaminado (el empleo) mi cuerpo se desmorona y de pronto siento que podría quedarme dormida parada.
Aunque la comida que están preparando huele increíble, no tengo nada de hambre y sé que tendré el refrigerador lleno mañana.
—Buenas noches —balbuceo. Nadie discute cuando me retiro por el pasillo hacia el dormitorio.
Me meto en la cama y miro el teléfono. Tengo algunos mensajes de Edward de los que me ocuparé mañana. Abro la conversación con Nya, me escribió hace una hora.
Nya:
Por Dios, Belly, Dane me contó de tu trabajo.
¡Estoy llamándote!
Yo:
Te llamo mañana
Nya:
De acuerdo, linda. Te quiero.
Yo:
Yo también.
Temiendo a la conversación que tendré mañana con mi hermana, apoyo el teléfono en mi mesa de noche y me cubro la cabeza con la manta. Ni me molesto en quitarme la ropa. Cierro los ojos y me entrego al sueño con el sonido de mi familia llegando desde el ambiente de al lado.
